Ida Vitale, premio Cervantes 2018

La poesía involucra a Ida en sus incursiones esencialistas, simbólicas.

95 años de vida, con exilios e imaginario italiano en las capas de su alma, es una escritora prolífica y merecedora de grandes distinciones. Periodista cultural y docente, traductora.

El premio Cervantes 2018 ha sido para ella; he leído, varias veces, en diferentes fuentes de la prensa, que está dispuesta a viajar hasta Alcalá de Henares para recibirlo.

Nació en Uruguay el 2 de noviembre de 1923, vivió el exilio en México y emigró a Texas.

La poética de Ida Vitale es, en la impronta iberoamericana, una huella notable.

Es muy fácil intuir la riqueza interior, el vuelo de sus palabras, la fuerza incontenible de sus letras.

 

 

 

 

Agosto, Santa Rosa

 

Una lluvia de un día puede no acabar nunca,

puede en gotas,

en hojas de amarilla tristeza

irnos cambiando el cielo todo, el aire,

en torva inundación la luz, triste, en silencio y negra,

como un mirlo mojado.

Deshecha piel, deshecho cuerpo de agua

destrozándose en torre y pararrayos,

me sobreviene, se me viene sobre

mi altura tantas veces,

mojándome, mugiendo, compartiendo

mi ropa y mis zapatos,

también mi sola lágrima tan salida de madre.

Miro la tarde de hora en hora,

miro de buscarle la cara

con tierna proposición de acento,

miro de perderle pavor,

pero me da la espalda puesta ya a anochecer.

Miro todo tan malo, tan acérrimo y hosco.

¡Qué fácil desalmarse,

ser con muy buenos modos de piedra,

quedar sola, gritando como un árbol,

por cada rama temporal,

muriéndome de agosto!

 

 

Fortuna

 

Por años, disfrutar del error

y de su enmienda,

haber podido hablar, caminar libre,

no existir mutilada,

no entrar o sí en iglesias,

leer, oír la música querida,

ser en la noche un ser como en el día.

 

No ser casada en un negocio,

medida en cabras,

sufrir gobierno de parientes

o legal lapidación.

No desfilar ya nunca

y no admitir palabras

que pongan en la sangre

limaduras de hierro.

Descubrir por ti misma

otro ser no previsto

en el puente de la mirada.

 

Ser humano y mujer, ni más ni menos.

 

 

Cuadro

 

Construimos el orden de la mesa,

el follaje de la ilusión,

un festín de luces y sombras,

la apariencia del viaje en la inmovilidad.

Tensamos un blanco campo

para que en él esplendan

las reverberaciones del pensamiento

en torno del icono naciente.

Luego soltamos nuestros perros,

azuzamos la cacería,

la imagen serenísima, virtual,

cae desgarrada.

 

 

Gotas

 

¿Se hieren y se funden?

Acaban de dejar de ser la lluvia.

Traviesas en recreo,

gatitos de un reino transparente,

corren libres por vidrios y barandas,

umbrales de su limbo,

se siguen, se persiguen,

quizá van, de soledad a bodas,

a fundirse y amarse.

Trasueñan otra muerte.

 

https://youtu.be/PrQB_ylnf5E

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Publicado el: 18 noviembre, 2018

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