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  • Pequeños textos

    Autor: Macedonio Tracel.

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    26 octubre, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Un joven cualquiera (Cap. 1)

    Autor: Ramón Carballal.

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    26 octubre, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Miedo

    Autor: María R. Alfano.

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    26 octubre, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Ofelia (personaje de Shakespeare)

    Autor: Alfonso Alfaro.

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    26 octubre, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Rememorando el olvido

     

    Autor: Ventura Morón.

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    26 octubre, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas

    Selección realizada por: Hallie Hernández Alfaro y Rafel Calle.

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    26 octubre, 2017 • Poemas, Revistas • Vistas: 0

  • Después del frío

    Autor: Arturo Rodríguez Milliet.

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    25 octubre, 2017 • Revistas, Teatro • Vistas: 0

  • Explorando la narrativa del Boom

    Autora: Marimar González.

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    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Exopoética

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Con Borges y contra Borges

    borges

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez Continue Reading

    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La invención poética del Quijote

    Autor: Julio González Alonso.

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    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Stephen King

    king

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Unidos

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Apego

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Avenida de la poesía

    Avda de la poesía

    Autor: Rafael Valdemar

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    24 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El verso de la escuela Alaire

    Autor: Rafel Calle.

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    24 octubre, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • A vueltas con el evolucionismo

    Autor: Rafel Calle.

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    24 octubre, 2017 • Cartas Forales, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Óscar Distéfano

    Oscar

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    24 octubre, 2017 • Entrevistas, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Carlos Justino Caballero

    foto Carlos JC

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    24 octubre, 2017 • Entrevistas, Revistas • Vistas: 0

  • Revista Nº18 – Octubre 2017

     

    Julio, Rafel, Ferreiro, en la presentación de la antología Alaire 2016

    Julio G. Alonso, Rafel Calle, J.J.M. Ferreiro, en la presentación de la antología “Alaire 2016″. Centro Riojano de Madrid, julio 2017

     

     

    CRECIENDO ALAIRE

    Edita: Asociación Poético Cultural Alaire.
    www.editorialalaire.es
    info@editorialalaire.es
    Director: Rafel Calle
    Dto. de contenidos: Hallie Hernández Alfaro
    Dto. técnico: Pablo Ibáñez

    24 octubre, 2017 • Revistas • Vistas: 0

  • La callejuelas dormidas

    calles mojadas

    Autora: Marisa Peral

     

    Por calles donde la luz se filtra vergonzosa, quizás, de vez en cuando, contaré algún que otro gajo de naranjas prendido en los aleros y balcones de los que cuelgan rastras coloradas de pimientos entre burdas y nobles ropas de trabajo. Son esos lugares apacibles donde curiosas y tímidas ancianas juegan a la brisca sentadas junto a los portones, con una niebla de leña y olor a guiso recio flotando en el ambiente.

    ¡Es un ritual reconfortante el contemplar antiguas celosías y adivinar que, tras el gastado apresto de los encajes, hay ojos inocentes que nos siguen! O presentir, tras las enmohecidas cancelas, patios que son pequeños reinos en los que siempre mandan los rosales para entregar una rosa distinta cada día: las más perfumadas y erguidas, las que resplandecían casi con luz propia o las relegadas, cubiertas con suaves telarañas.

    En el letargo silencioso de las siestas era el aire tan dulce que se saboreaba hasta el cansancio con la apacible necesidad de los conversos. Entre claroscuros jugaban las manos con sombras chinescas y un zumbido de moscas nos recordaba que había llagado la hora de la merienda: ¡limonada con masitas francesas horneadas!

    A veces, cuando la tarde no tiene apenas resplandores, nos sorprendía el viento de poniente. Es como si los visillos se rebelasen detrás de los cristales emplomados. De pronto las calles se colmaban de lluvia. Una lluvia caliente y vaporosa con un susurro placentero y decoroso que le daba al ambiente una tibieza de crepúsculo, la paciencia del remanso, la claridad sumisa del río cotidiano. Y al pasar la borrasca me enseñaron las calles ese fulgor que se volvía espacio y la vida volvía a sus portones y ventanas.

    No he nacido yo para moverme en lujosas avenidas, sino en las callejuelas quietas y sombrías con caminitos y recodos donde también es posible descubrir una estrella.

    30 junio, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Número 7

    autobus 7

    Autor: Allen Rambó

    Es buena hora para montarse en el autobús. No es ni tarde ni pronto. Sino la hora del autobús. El número 7. Siempre que lo espero me invade una infantil alegría de victoria. Como el que va a un zoo por primera vez. Tantas especies, tantos animales, tanta crueldad encerrada en una gran jaula con ruedas. Sólo estamos 2 personas esperándolo. Una señora sin rostro, como el que nunca ha visto un atardecer o ha subido una montaña, y yo. Pero eso me da igual. Ella no es quien quiero ver. Lo quiero a él. O a ella. Es como un ángel, sin sexo ni memoria. Y por fin, grandilocuente y puro, llega la gran bestia tallada en acero y aluminio. Se balancea con su ópera de gruñidos y humo negro. Se arrodilla ante mí, sumiso, como pidiéndome por favor que pruebe su esencia de todos los días. El conductor no es partícipe de esta historia. Siempre los he odiado. Intentan amansar a una fiera salvaje de por sí. Pago y entro. No está lleno, pero tampoco está vacío. Unos cuantos escolares con sus retráctiles uniformes, una anciana con la fatal etiqueta de la muerte y la chica pelirroja con lo efímero tatuado en sus ojos. Podría pasarme días hablando de ella. Pero esto no es un poema. Ni un cuadro. Me limitaré a observarla como se hace en los zoos. Me siento en el asiento más próximo al motor de esta máquina, quiero sentir su corazón incoloro. Puede que lo haga como un recuerdo de cuando yo te sentía a ti y tú a mí. O puede que no. Puede que solo sea un último intento de ver que hay alguien vivo. Me siento un superviviente de una gran peste que busca, sin remedio, el inútil roce de lo humano. Hoy solo lo sentiré 2 paradas. Echo un vistazo (esta vez más profundo) de las especies y de la crueldad que escode su gran alma mecánica. Los escolares parece que ya no están. No lo sé, no me interesan. La mujer con la etiqueta de la muerte puede que ya haya muerto. No me importa. La señora que se ha subido conmigo salió volando. Tal vez. Pero la chica. Yo quería buscar a la chica pelirroja. Sólo para buscar un hálito de ti. O si no para buscarte a ti, en unos ojos sin quiebros ni maniobras raras. Unos ojos vírgenes. ¿Es eso lo que buscaré en las mujeres que vea en el autobús el resto de mi vida? No lo sé. Me gusta pensar que tú estás en todas ellas. Sigo sin encontrarla. Los asientos, las ventanas, la música de mis cascos me dicen que nunca existió. Prefiero pensar que ahora es ceniza. Así podré seguir buscándote en los ojos de todas las chicas que vea en el autobús. Pero eso será mañana. Ahora tengo que bajarme y dejar que su carrocería arda. Sé que todos los días, a la hora del autobús, vendrás para desnudar todos tus pasajeros. Y otro día más, sé que me brindarás unos ojos en los que poder buscarla.
    “¿A qué hora pasa el número 7?”

    30 junio, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • El anciano en la sala de música

    anciano

    Autor: Óscar Distéfano

    La conversación quedó cortada como por una filosa guadaña invisible; y las palabras, las últimas que se pronunciaron, heridas en la abierta garganta, salpicaron deletreadas el espacio para ir perdiéndose como un eco de estupor con el humo de los cigarrillos. El sudoroso olor de los jóvenes en aquella tarde de tórrido verano, contribuían también, al acre olor que despedía el ambiente.

    Las miradas quedaron paralizadas, los ojos derrotados como astros caídos de sus órbitas, las bocas semiabiertas, en el silencio agobiante que se produjo.

    Hasta los Beatles parecieron titubear en aquel pasaje de “Lady Madonna”, cuando la silueta del anciano apareció entrecortada por la hoja de la puerta.

    Frente a la intermitente fuerza del ventilador, la otra hoja fue abriéndose lentamente, desprendiendo un gemido cansado y sin final. Y se vieron los ojos del viejo hombre aparecido, más azules que el cielo, más cansados que el de Cristo en el Gólgota. Era su apariencia la de un gladiador vencido, agonizando sobre las arenas, que buscaba revertir la incoherencia del orden existencial.

    El cuerpo de hombros caídos y de piernas dobladas sobre sus rodillas, soportaba estoico el viejo traje de hilo color marrón desteñido que probablemente lo había utilizado por última vez veinte o treinta años atrás; y que hoy, luego de haberlo meditado mucho tiempo (de lo cual disponía en su monótona existencia), luego de haber madurado la idea durante meses, decidió ponérselo. Y probablemente, también, para expresar en aquel último lenguaje disponible, el deseo de recuperación de su latir humano. No era un pedido demente que exigía el título de Napoleón, sino el grito del alma en el cuerpo derruido, el clamoroso gemido del hombre enfermo, del hombre marginado en la senectud que, dolorosa e injustamente, era empujado hacia el abismo de la soledad y el abandono.

    Nadie pudo soportar el estrujo de aquella presencia, de aquella cabeza canosa casi pelada, de aquellas manos temblorosas y arrugadas, de aquel rostro enjuto y triste que expresaba décadas de sol y lluvias, de risas, llantos, odios y pasiones definitivamente idos. Ninguno tuvo el coraje de sostener la mirada. Todos bajaban los ojos hacia las frías baldosas, y el más sensible se cubría el rostro disimuladamente con los brazos.

    Un cigarrillo iba quemándose entre los dedos inmóviles.

    Terminó la música en el tocadiscos automático, y ello sumió a los hombres en un silencio insoportable. Se oía, tan sólo, el aullido lejano de un perro callejero. Se hacía difícil hasta respirar. Algunos detenían momentáneamente el ritmo de sus respiraciones, por temor a los resoplidos.
    A pesar del trabajo persistente del ventilador, los jóvenes sudaban copiosamente. Los sudores se deslizaban en los rostros, por las mejillas, y nadie se atrevía a secárselos.

    Luego, cuando todo inducía a pensar que el ambiente iría a estallar en cualquier momento, se escuchó como un débil quejido que parecía nacer de la entraña misma de la tierra. Entonces, las miradas se alzaron, tal vez animadas en que todas las hicieran juntas, y vieron que unos inseguros dedos trataban de enjugar las lágrimas que se desprendían del mismo cielo. Las pupilas acuosas parecían mundos que sangraban transparentes. Fuera de toda duda, se advertía que aquellas retinas seguían imprimiendo las imágenes de muchachos vigorosos, con sus torsos desnudos, escuchando música; la guitarra descansando sobre un sofá; los vasos, el humo, los pósteres de grupos de rock famosos pegados en la pared, los libros en la pequeña biblioteca; es decir, la imagen del desparpajo de la juventud. Tal vez esos ojos veían ya, no ese momento, sino el suyo propio, el de sus veinte años, el de su propia juventud para siempre perdida.

    Todo fue doloroso y patético.

    Cuando uno de los jóvenes –el dueño de casa- se levantó y dijo: “-¿qué haces aquí, papá? Vamos, te llevo de regreso a tu cuarto”, los otros quedaron perturbados y paradójicamente aliviados por la visión de aquella figura humana en decadencia que se alejaba.
    Uno de los jóvenes, el que siempre ensayaba pensamientos filosóficos, murmuró: “La vida es un relámpago en el tiempo eterno”.

    30 junio, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Los amoríos de Doña María del Real y Don Gabriel Mendieta

    Autora: Marisa Peral

    Cuentan las viejas leyendas que Doña María del Real fue presa del mal de  amores y que, debido al abandono que sufría por parte de su amado D. Gabino, cedió al acoso de un insigne y apuesto caballero que, procedente de las tierras de ultramar, se asentó en la ciudad malacitana.

    Doña María se enamoró perdidamente de Don Gabriel Mendieta y en sus ardores escribió un único e inédito soneto que, pese a la casualidad del diminutivo utilizado, no quiso dejar en manos de nadie que pudiera descubrir su infidelidad. La depositaria de este documento fue una gitana; Dolores “La Dormilona” llamada así por su gesto somnoliento que atribuían al humo del cigarro que pendía permanentemente de la comisura de su desdentada boca, a la que acudía Doña María para que la echase las cartas con el fin de saber lo que le deparaba el futuro y averiguar los deslices de su, antes, bien amado Don Gabino. Al morir “La Dormilona” su cueva fue saqueada por su prole y el soneto, junto a otros documentos, que creyeron sin valor, fue vendido como papel al peso para sacar unos cuantos reales. Un viejo librero, sabedor de que encontraría auténticas joyas escondidas, visitaba a esos compradores de papel y encontró el susodicho soneto que, años más tarde y tras arduas investigaciones, supo de quién procedía y a quién fue dedicado.

    Ante la imposibilidad del chantaje, pues Doña María ya era una anciana y sus amantes habían fallecido, el librero decidió publicarlo en el noticiero local con el consiguiente escándalo para la egregia familia de Doña María.

    Se hace mención a que, debido al estado de enamoramiento de Doña María del Real, este soneto podría llamarse “enajenado” o, quizá, “dislocado”, incluso podría llamarse “irreverente” pues ni es endecasílabo ni alejandrino ni inglés ni caudato, ni siquiera es un soneto reversible, y no fue capaz de escribir un soneto “poliginio” Ni siquiera respetó el orden lógico de los sonetos.
    Una auténtica joya que nadie ha sido capaz de catalogar a pesar de que algunos de sus versos, alguna vez, riman.

     

    SONETO DEL AMOR INCOMPRENDIDO

    Si al llegar al punto del encuentro
    observáis en mi rostro un arrebato
    no lo tengáis en cuenta, seguid el rastro,

    es tan sólo un disimulo timorato
    y yo os haré pasar tan buenos ratos
    que olvidaréis del mundo su maltrato.

    Rendida y enamorada de vuestra gran elocuencia
    me tenéis a vuestros pies sin paliativos ni antojos
    amadme sin compasión, más sin espinas ni abrojos
    que yo os daré dulce miel para colmar la impaciencia.

    Hoy os debo confesar, Gabi de los bellos ojos,
    que a pesar de mis enojos por vuestra cruel insistencia
    mi cuerpo es débil, señor, y no soporta abstinencia
    en consecuencia, mi amor, esperadme en los matojos.

    Gabi de mis amores, ardo en deseo
    en unas pocas horas os poseo.

    Vuestra en cuerpo, y también en alma.

     

    30 junio, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Poemas

    Selección de poemas del foro Alaire, por Víctor Mallada y Armilo Brotón

    poemas

    En tus manos 

    Manuel Alonso    

     

    En tus manos,
    por culpa de la nieve,
    un pájaro se posa en una sílaba,
    que no cuenta,
    y entran y se cuelgan,
    como peces brillantes
    los amores más extraños.
    Ángeles huérfanos,
    como bestias hermosas,
    de la mano del amor.
    Cómplices de un invierno,
    muy parecido a un niño.
    Y fiel a su propio espíritu,
    el último suida.
    En tus manos diáfanas, sobreseídas,
    por dinero negro y olvido.

     

     

    La epístola de Sabina

    E.R. Aristy

     

    Según se revelaron los hechos,
    yo, Sabina, una analfabeta,
    poseía – en parte- y en completa colaboración,
    una Biblia, un par de chancletas,
    y los pantis de la vergüenza,
    por si acaso, el diablo tiente,
    y me llevan de emergencia
    a la mano de un doctor.
    ¡ Guay mi mai! Era 1965 cuando los yanqui
    probaron los dulces de Lucinda,
    con la culata de un rifle
    quebraron la vitrina,
    y se ñampiaron- por lo meno- cuatro libra
    de bolas de tamarindo.
    Sabina bien callaíta,
    me colé patio atrá,
    y encontrándono con Rosanita,
    no abrazamo a cantar.
    Las balas sonaban cerca,
    y olía a goma quemá
    !jaleluya! Dio é bueno,
    del mandil manchao
    saqué mi libro santo,
    ¡Jaleluya, Dio é bueno!
    esta ve no fue la niña,
    Sabina fijó los ojo
    en el libro de corintio,
    y leí toíta la letras,
    ¡Jaleluya, Dio é bueno!
    como to una maetra.

     

     

    Frío

    Armilo Brotón

     

    Es verdad que los ojos de viejo
    lloran un palomar helado
    alumbre
    que disuelve la córnea hasta los pies
    dolorosa búsqueda del color
    que el tiempo roba.
    En esa textura de vidrio
    escucho
    se deslizan las palabras
    son arados
    mientras el pensamiento
    abre las venas que el invierno atora
    en un ictus asesino.
    Una taberna abriga
    el viejo llora un relámpago
    que recorre mi cuerpo
    tiene ganas de vivir
    sus manos tiemblan
    su voz se entrecorta.
    ¡Como no vengas me voy!
    Mi mano en su hombro.
    ¿Dónde viejo
    dónde fueron tus aperos
    de sólida muleta enamorada?
    En la herrumbre del vino
    en la esquina de la mesa
    cuando el decanter
    posó un rumor ácido de madrugada
    cuando eran las tres
    y todo sabía a dios
    cuando dos miradas apuntaban
    al cono sur de barlovento
    observando emocionadas
    cómo queda impreso el pasado
    en el mármol líquido
    de un leve y preciso instante.

     

    El tiempo es más terco que los mitos

    Rafel Calle

     

    Conozco dos maneras de juzgarme,
    reírme de mi suerte o llorar hombre abajo.
    Atisbo las virtudes temerarias de un anticiclón
    que, si bien, como todas mis bonanzas, sé que solo está de paso,
    me seduce el carmín de la sangre cansina,
    es un pulso de paz, un preludio afectado
    de antiguallas románticas y modernos equívocos
    en los trémolos hitos del pasado.
    Parece reclamar que acaben mis desganas,
    me pide aventurarnos en la vitalidad de los sentidos;
    dice que el tacto de la vida a veces nos engaña
    por más que decidamos vivir a flor de piel,
    menciona las cosas por sentir que aún siguen intactas,
    el armazón de sueños, la luna de papel,
    la rebelión de las entrañas,
    el aroma de la luz
    de un astro diligente en la evocación del alba.
    Sí, me asegura que todo es veraz, como el vasto vigor
    que sucede en un efluvio de corazones y sábanas.
    Y, yo, sin poder remediarlo, aún temo transmitir las sensaciones de un castillo de arena en la orilla de un azar implacable, bajo un sol de justicia, cuando azuzan las olas y los miedos ancestrales que se muestran sumisos con las almenas informes, las alturas en vilo, los muros sin rigor, deteriorados, o bien, ya derruidos sobre la base que soporta el peso de la tierra, en la gravedad de saber que de tierra es el destino.

     

    Y, sí, el tiempo es más terco que los mitos.

     

     

    Noches de luna llena

    Ramón Carballal

     

    Siempre a la espera de un quizá.

    Esta noche invita la palabra a ser comedia azul,
    brillos de copas, melancolía, faros de neón
    en autos incombustibles…
    Y el camino, el paso como gimnasia rota
    con la sed de los rótulos
    parpadeando en la risa.
    No había un nombre que decir,
    tampoco un cuerpo
    o su refractaria exactitud.
    Era demasiado pronto para el olvido,
    demasiada la luz del artificio
    para que el reloj no inventara
    una historia.
    El látigo de un verbo me indica el sol ausente,
    la salida hacia el claror de la luna sólita.
    Somos tres las pieles sin sombra,
    tu miras,
    yo miro
    ella mira
    el oscuro pozo de los ventanales,
    los pájaros del parque callan
    como músculos de piedra.
    Así comenzará el sueño de una primavera virgen,
    su largo talle, sus medias negras,
    el color impertinente de sus vestidos.
    En la mágica deriva de mi juventud,
    caen los fuegos fatuos igual que luces de mar.
    Hombre de agua soy,
    náufrago o capitán de un barco errante
    ya ido.

     

    La casa del mar

    Javier Dicenzo

     

    Hay una casa en el mar lleno de fantasmas
    mientras el cielo gira en sus dolencias;
    Un fuego alto que el universo
    Quema en cada segundo de los latidos
    Aquellos que fugaron las madrugadas.
    En la casa del mar existen maldiciones
    Potencias que buscan milagros del anochecer.
    Las voces de la soledad van hacia el sur
    Las islas y los imposibles se resguardan
    en la casa hay sangre de dioses inmortales
    de fugitivos días que nunca serán.
    Irrumpen las paredes y espejos
    esas diminutas partículas de sol
    han aparecido imágenes en sus lugares.
    Dicen en las leyendas
    que los relojes tocan los inviernos,
    que esa casa anuncia el Apocalipsis,
    que las bocas nunca fueron siete,
    que nada existe en su alma de casa.
    He decidido siendo un hombre
    ir hacia esas latitudes
    donde lo misterioso ocupa cada lugar.
    A pesar de los dioses
    desisto un destino en esa mansión
    la casa del mar es tenebrosa
    por eso no buscaré mas al viento
    ni el guía que me lleve a esa soledad.
    Ignoro si alguna cruz de mediodía
    padece los fantasmas de la casa de azul.
    Recorreré unas millas hasta la lancha
    crujiré un poco para disimular mi estado
    sobre la historia predicha.
    Esa casa padece un quejido de pájaros suicidas
    es por eso que maldije mi guarida
    es por eso queescribo versos de Baudelaire;
    no puedo contra la incógnita
    de revivir cada día en ese sitio oscuro
    donde las lombrices van y acechan las hendijas.
    Tirados están los murciélagos
    tras la isla perdida en medio de la noche
    los búhos blancos van al campanario.
    Sé muy bien que hace poco el viento
    soplaba la bandera roja de la casa del mar,
    que unas miradas cruzaron el descampado
    que los gritos se escuchaban
    hacia unos espejos
    que reflejaron otro mundo de visiones
    Imposibles de rescatar en el viento.
    Aún así tengo temor
    de nombrar
    la casa del mar sin que se me hiele la sangre.
    Al tomar esta copa de vino en esta habitación
    la espera es otra cosa que no existe allá
    en la casa.
    ( Los colmillos blancos están colgados en una habitación de la casa del mar)

     

     

    Navegando

    Óscar Distéfano

     

    No es el rumbo calculado,
    no es el pilotaje que imprime a la apatía
    la emoción de avistar la lumbre
    creciendo en lontananza.
    Ni los asomos pueblan
    estas horas de duro sol
    donde el céfiro calla inerte
    al garete de nuestras ambiciones.
    Es viva la inquietud,
    es penoso el naufragio
    en la tarea inútil de medir distancias.
    Debería volver
    al punto de partida
    para ajustar los matices del sueño.
    La travesía espera de las nubes
    oráculo de buena singladura:
    vuelos de pájaros,
    el resplandor creciente y la esperanza ciega
    del puerto de jamás llegada.

     

    Ahora

    F. Enrique

     

    You will tell me you love me

    Tonight at noon

    (Adrian Henri)

     

    Tú me dirás que me amas
    esta noche al mediodía.
    Ahora, detenidos en ese murmullo del mar de nuestra vida
    que nos trae los años lejanos que no vuelven a la playa,
    sin poder descifrar la noche que tuvimos
    la primera vez que nos colmamos de besos
    sin pausa, sin cadena.
    Ahora que se nos fue aquel bandolero insolente
    que el niño de la Cuesta imitaba
    con gritos y un caballo imaginario,
    sin aquel edificio sin futuro que nos ocultaba a los ojos de los otros
    cuando se abría tu falda y mis dedos retaban
    los botones de tu blusa,
    sin aquella farola donde leíste
    la declaración de amor que se me pierde
    en la espesura de las rimas,
    sin aquel brillo extraño que descubrí en tus ojos
    y aún tiembla en cada estrella.
    Ahora que la tarde se cierra con los barcos
    que pasan por los sueños en busca de otros mares,
    que los contrabandistas cenan con políticos, banqueros,
    mientras hay abogados que limpian expedientes
    y algunos comerciantes que extienden sus alfombras
    mientras Dios cambia su rostro un poco más cada noche.
    Ahora que la avenida ya no nos reconoce y el alma se estremece
    buscando la juventud que se nos fue con un billete de ida
    sin fecha y sin retorno.
    Ahora que ansío decirte nuevamente que te amo
    como aquellos que soñaban “esta noche al mediodía”,
    decirte que te quiero otra vez en las aceras de tu calle
    como si la palabra, la nube y el deseo
    no se hubieran marchado con los vientos del sur
    sin decirnos adiós, sin hacer la maleta,
    como si el corazón de aquella adolescente con tu nombre en el pecho
    volviera a visitarme y se quedara
    y yo no estuviera en el alambre persiguiendo la luna que quisiste
    como un gato que llora trastornado,
    sin red y sin confianza.

     

    Días

    Marius Gabureanu

     

    Algunos domingos son como romances de entierro
    susurrados por el sordo ente de las campanas.
    Entonces venero la obscenidad del mismo refugio
    como un alma de caracol.
    Algunos sábados son un espasmo dilatado,
    un ocaso acuchillado por garzas.
    Es cuando me siento libre de todos los crímenes
    y mastico el musgo de lamento
    crecido sobre la mueca de la nada.
    Algunos viernes el aire se inquieta
    y vomita más sombras de lo que merezco.
    Y me destierro del pasado, me arranco los cuerpos
    de la telaraña del credo, me vuelvo ateo de mi mismo.
    Algunos jueves llueve y el universo parece que se resume a llover.
    Entonces padezco de lluvia y de lenguas de albatros naufragado.
    Algunos miércoles son el soplo ácido de las primaveras del veneno
    y uno se adhiere al trance de escalofríos,
    uno cree que la salvación es cosa de bruja.
    Algunos martes son el miedo silencioso
    sin gatos y sin calles que olvidar,
    como el galope de las amebas.
    Algunos lunes son esqueletos de domingo
    y un duelo de murciélagos
    advierte que el tiempo devora al tiempo.

     

     

    Papel

    Julio González Alonso

     

    Papel impoluto. El tiempo en los relojes
    y los calendarios sin fechas.
    La mañana es oscura habitación,
    tintero gigantesco que se tragará el día.
    Será el tiempo
    la pluma que escriba la historia en el blanco
    de la memoria; tinta amarga de escritura
    sobre el papel luminoso y la llegada de la muerte,
    alba del último día, última sonrisa,
    fecha última,
    lápida
    de la vida.

     

    Canción virgen

    Hallie Hernández Alfaro

     

    Líbame Hombre,
    afloja el nudo de mi pecho,
    alarga el blanco solsticio
    con este gemido que hace espuma del sí;
    no pares de moldear adagios
    o de hacer música para la sed.
    Líbame Incendio,
    carbonero blues que me consume;
    las horas tardan un abril o más,
    la noche empeña su ardor en los costados
    y el frío ya no tiembla
    ha corrido el verso en la panacea de tus dedos.
    Líbame Amor,
    que nadie
    ha sido antes que tú.

     

    Surf

    Luis M.

     

    Venías con una flor salada en la cara
    y aquella mochila,
    presumida y amaestrada,
    devoto apéndice y jovial
    guardaespaldas de tus andares.

    Y ese océano ineludible
    de tus ojos
    que traía al mismo sol
    bajo su mando,
    derritiendo mi ultra estudiado/insolvente
    guión diario,

    …remolino estelar que desencajaba
    y al segundo se tragaba
    de un solo bocado
    la horma de mis tan trabajadas
    seguridades de tiza
    y cristal caramelizado.

    Venías con un centro comercial
    de feromonas
    emboscando a la estruendosa
    y babeante nidada adolescente
    con la hisca de tus brillos
    y no transparencias afiladas,
    venenosas,
    subrayando a pincel
    esa rima prolífica
    que era tu cuerpo de diosa
    juvenil.

    Solíamos surfear en las orillas
    de aquel instituto,
    para envidias insanas
    de fantasmales y multiclonados
    transeúntes,
    desalados y unicolor.

    Aquella primavera, cuando tú,
    con esa playa en tus labios,
    aliviabas mis prematuras arcadas
    existenciales.
    Entonces espolvoreabas
    tu adictiva y candente seda
    sobre mis alas de zángano azul.
    Alguna vez, también, te llovías
    a mi espalda;
    entonces yo moría varias veces
    (hasta la siguiente cita)
    en un interminable invierno
    de veinticuatro horas.

    Intuíamos el frágil desequilibrio
    de aquellos días
    entre ecuaciones de pétalos impares,
    gramáticas furtivas y silenciosas,
    maremotos familiares
    y otros arrecifes inevitables
    de la edad.

    ¡Cuánto surfeábamos
    en esas tardes de lunas rosas
    que aceleraban mis arterias
    e insuflaban sus palpitantes
    atolones emergentes!.

    ¡Cuánto confluían en mi estómago
    aquellos puertos nocturnos
    y sus tormentas de mariposas carnívoras,
    desinventando los relojes
    tras los inflamables poros
    de nuestro inverosímil reino
    de cera, salumbres y miel.

    Luego volvió el frío.
    Y yo ya solo podía ver
    una aleta de tiburón
    rondando la sopa
    a la hora de la cena,
    una boca de cocodrilo
    dibujada en tus labios,
    que ya no me veían;
    y junto al viejo y seco
    acantilado de hormigón,
    y aquel último rayo de sol
    hincándose en mi pecho,
    me regresaban aquellas náuseas
    de escolar en su primer día
    de colegio.

    Y las olas se desinflaban
    al tiempo de mi risa.
    La playa me gruñía.
    Y otra vez volvía a mi esencia,
    a mi versión original
    de náufrago,
    …o de común -y eterna-
    sardina gris,
    orbitando a coletazos
    entre el tráfico ciego y hambriento
    de la desencantada
    y mate ciudad

    sin mar.

     

    Servilleta de papel

    Roberto López

    A partir de la tercera copa,
    el jardín parecía ubicarse en sus palabras,
    el eco de su voz era quien levantaba muros
    y dibujaba callejones en la noche.
    Magia condensada en pequeñas ampollas,
    el amor como trasunto literario
    discurre en ondas de complicidad
    universalmente aceptadas.
    Abrir, cerrar, trazar rayas y dibujos
    en un panel que simula la noche primordial,
    algo así como si fuéramos los artistas de Nazca,
    los demiurgos de Rapa Nui
    o los Magos de Oriente.
    En medio de los ruidos de siempre,
    los conocidos ruidos que nos erigen y nos crean
    como monstruos, carne consciente,
    en medio -digo- del taller de Penélope,
    que teje y deshace desmenuzando el tiempo de la espera,
    un sutil len de la memoria despechada
    cruza veloz la noche de mi mente acallada,
    abandonado el sebo del ayer,
    la estridente minucia de la herida que otrora ardió en mis venas,
    la delicada red que intuyó un mundo inabarcable
    en la imposible superficie de una servilleta de papel.

     

    Back to Black

    Pablo Ibáñez

     

    Tú vuelves a ella y yo vuelvo a lo negro. 
    Amy Winehouse, Back to Black

     

    Ese César que obscenamente arenga
    sus legiones en víspera de muerte
    desdeña la templanza que hace fuerte,
    la ingrávida quietud que amor devenga.
    El miedo es su razón. Tal vez obtenga
    corona de laureles, roce inerte
    de algún esclavo griego que liberte,
    mas no brillar de ojos que sostenga.

    Tú tampoco dejabas prisionero
    detrás de tu dolor de poetisa;
    tu victimismo dandy era tu acero.

    Es fácil no escuchar si hay parapeto:
    tú vuelves a tu prosa blanca y lisa
    y yo retorno al negro y al soneto.

     

    A sensación

    J.J.M. Ferreiro

    Para crealo todo de novo,
    acantoade o ollo, transgredide
    sangrando a cicatriz do un.
    O mar caeu do ceo.
    A Terra ergueuse dos infernos.
    O home,
    a traxedia e a sensación;
    o vermello da cor, a turbación da imaxe.

    Na pantalla nocturna
    está detido
    o retrinco dun lóstrego.
    Descansa gozoso en se mesmo.

    Versión en castellano:

    Para crearlo todo de nuevo,
    aislad el ojo, transgredid
    desangrando la cicatriz de lo uno.
    El mar cayó del cielo.
    La Tierra se encumbró de los infiernos.
    El hombre,
    la sensación y la tragedia;
    el rojo del color, la emoción de la imagen.

    En la esfera nocturna
    está paralizado
    el jirón de un relámpago.
    Descansa gozoso en sí mismo.

     

    Way Tuli

    Víctor Mallada

     

    Way tuli, way tuli, los niños cantaban
    mientras se mofaban de uno que estaba sin circuncidar
    él era mestizo de blanco y nativa
    wai tuli escuchaba con sorna encendida
    y sólo quería ser como los otros
    un niño normal.

    Un día de junio, con unos amigos
    se fueron al río cercano a bañarse.

    Estuvieron un rato bien largo jugando
    en el agua, saltando desde un cocotero
    y cuando ya estaba medio tiritando,
    el miembro bien recogidito,
    mascando las hojas de una guayaba
    apoyado el prepucio en un tocho cercano
    de un golpe certero de un palo
    sobre una navaja de las de afeitar
    le hicieron el corte que le confería
    ser adolescente como los demás.

    El mismo escupió las hojas masticadas
    sobre aquella herida y en aquel lugar
    se vendó temblando, mordiendo la rabia
    porque le esperaban unos cuantos días
    de andar más despacio, curarse la herida con mucho cuidado
    y poner todo el tacto del mundo para miccionar.

    Pero ya podía ser uno de tantos,
    sentirse orgulloso por haber cruzado
    la verja dificil de la adolescencia
    con la frente inhiesta
    y ya, sin prepucio, enfrentarse a la vida
    sin tener que escuchar con despecho
    las voces que un día cantaran way tuli, way tuli…
    pues era valiente curtido en dolores…
    tan sólo un muchacho…
    como los demás.

     

    Animal palabra

    Rosa Marzal

     

    Un silencio rojo
    te precede.
    Te preceden
    el aullido de perros
    que husmean un rastro de abismo
    en la opacidad de los silencios,
    y bendicen
    la infancia de tus lágrimas.

    Vistes de largo
    las torres de papel
    que me refugian
    de la jauría del tiempo.
    Aligeras
    mi equipaje de tumbas.
    Apareces,
    repentina,
    desnuda..
    profunda.
    Sola en el grito
    de ese látigo
    que viola
    la estación de las esperas.

    -Rugido
    de animal- palabra
    enaltecido por el fango de mis vísceras-

    Centellean las alas de un cometa
    sobre el escaparate del poema
    y las avispas de una muerte lenta
    hieren el candor de la luz
    cuando zumba el barro de tu aura
    en los altares raídos
    de un recuerdo.

    Solsticio de noche
    bajo ubres de llanto.
    Verbos-espada
    desarmando pretéritos;
    palomas de sangre
    sobrevolando un beso suicida
    florecido en el magma de la duda.

    Yo,
    guardiana de los guarismos de tu alma,
    mantengo encendido
    el fuego de tu hálito sagrado.

    Te retengo
    en el barbecho de mi hipocondría.

     

    La penúltima partida

    Gerardo Mont

     

    Oteando
    los yoes que me endosan los cincuenta,
    navegando las lluvias
    del paraguas,las estelas de Machado,
    encalla esta rancia humanidad
    en boga… Cosas del poeta.

    Y un bombín a lo Magritte robo a Sabina
    y discurro en sobriedades con tarjeta:
    del negocio de mi vida
    con fondos del estado;
    de la arcilla de una culpa
    pagada por mis deudos;
    de los miedos recontando en códigos actuales,
    resumiendo las distancias
    en ópticas de fibra… Es lo mismo aquí que allá,
    sin especias de Las Indias.

    Y por si acaso caen otras manzanas
    y alguna Eva se deshoja en la webcam,
    entre los hombres rezagados en mis cómics,
    deidades del flash drive invoco del bolsillo.
    ¡Qué es suficiente computar peces y panes!

    Arreboles de neón en el turbión de la avenida,
    van pactando mis mareas en los cuerpos aledaños,
    a las puertas y a ventanas ataviadas de sus fobias,
    a la afonía de las teclas,
    a esos vértigos de esquinas.

    Y hago el amor en cielos escarchados de botellas
    con mensajes que quizás nadie recoja;
    y hago del vocablo, ritos
    entre dientes, repujando en las piedras
    ojivas para email;
    ajustando estos dioses que soy
    y me vomitan .

    ¿Y quién calzará mis pies de golondrinas?
    ¿Y quién sembrará mi grano de mostaza?
    ¿Por la turbación del puente, se devuelve el agua
    a los cántaros ilesos?

    Googleo en las voces del follaje
    y en las verdades de los álamos umbríos,
    el verbo en el reverso de la historia,
    entre la savia de las fuentes primigenias
    y esta orilla, me rescribe.

    Y en el mármol agrietado
    por los ángeles del pecho,
    este hombre solo
    con la laptop, casi siente,
    casi sueña,
    casi gana su penúltima partida.

     

    Licántropo

    Ventura Morón

     

    No, no todo eso es
    lo que piensas.
    No, no todo eso
    es,

    no.

    Es,
    todo lo que de un día sorbió la luna de mis hombros,
    en aullidos, libre, tras los campos,
    en cruz políglota mis piernas desnudas,
    el beso de piedra bajo las suelas,
    el invierno que no duele,
    un fino olor a sangre
    que me llama,
    y mis dientes gritando antes del alba.
    No soy tan malo, sólo
    el mundo hundió su trémula liturgia en mi corazón de crudo barro,
    y ahora, asoman mis fauces al desequilibrio
    de no ser casi nada, tan sólo
    algo parecido a algún lobo que huye tras tu rastro,
    un humo consistente que toma forma de sombra y garras como adioses,
    un delirio de estrellas conmovidas que se balancean en mi carrera
    hacia tus pasos de seda blanca, transmisora de caminos,
    hacia el lugar donde pueda saciarme con tu recuerdo
    y devorarlo, poco a poco, mientras lloro a la vez tu pérdida,
    y sigo corriendo
    bajo un violento infinito que lanza cometas de preguntas en mi busca,
    que no entiende esta naturaleza animal que me nombra,
    y exhala enredaderas que se cuelan por mi boca,
    para hacerme caer,
    mientras aúllo, sin remedio,
    mientras me cazan
    y nublan este oasis de sentimientos que se deseca
    hasta que llega el innombrable día.
    Entonces, me desentierro, hago
    como si fuera como ellos, astuto, invisible
    recorro metódicos supermercados , aceras desnutridas, la rabia
    que se acumula en los apretados infiernos armados de sus zapatos,
    la naftalina que cuelga de la lengua
    dejando unas palabras densas que huelen
    a olvido.
    Y me digo que debo intentarlo.
    Espero a la madrugada
    mientras se transfigura mi alma en sinestesia,
    voy tomando curvas a la velocidad en que mueren los besos,
    muerdo otras huellas a mi encuentro transformándolas en metáforas de un deseo,
    y acelero con mi camada atravesando grutas de avenidas como destierros,
    dando al mundo un río agrio de evadidos
    que avivan el clamor de la noche inundándola, eufóricos,
    de irrefrenables aullidos,
    mientras mi corazón se bebe el reflejo
    de tu palpitante luna
    en el espejo manso de mi memoria.

     

    Un fado en la voz

    Pilar Morte

    Traigo la aflicción de los fados,
    el triste corazón debilitado,
    voz del pueblo en su nostalgia,
    acompañando su miseria.

    Llevo adentro de mi alma
    todo el mundo con el canto,
    un océano por agua,
    suave como llega el alba.

    Esta música brota
    para abandonar las sombras,
    anudar a las almas la esperanza,
    y amor al maltratado pueblo.

    Lloro porque me duele la vida
    de la desdicha que arrastra,
    por los sueños que no han muerto
    y que callan por las venas.

    Oh fado, voz del hombre,
    que entonas sufrimiento y pena
    canta dulce en estas horas,
    hunde en la raíz tus notas.
    Oh fado, fado mío,
    tú que habitas la tierra más profunda
    consuela del dolor y de la muerte,
    pon tu mirar sereno a esta condena.

    Oh fado, fado mío
    música del pueblo.

     

    Los hombres de Aia

    José Manuel Saiz

     

    Los hallaron en Aia- le dije. Él
    al fin descansa.

    Eran siete, según
    la crónica de entonces.
    No eran soldados.
    Tampoco eran del pueblo.
    Los enterraron juntos al amparo
    de un hayedo,
    con una piedra encima y una cruz
    hecha con palos.

    Y yo también le dije,
    sin saberlo, pues nunca
    se supo quiénes fueron,
    que el más joven (que Dios
    y ese hombre me perdonen)
    era el abuelo.

    Mamá decía siempre,
    que murió en Aia. Sí, solo eso.
    Como tantos y tantos otros, pensaba yo (y ella
    fingía no saberlo). En un hayedo
    una lápida hoy habla de Manuel y tal vez
    él nunca estuvo allí.

    Esa tumba hace tiempo
    que está vacía. Pero esto…
    ¿ya qué importa?
    Si mamá ya lo sabe, si mi abuelo
    me perdona, si un hombre extraño
    recibe una oración…
    demuestra que el amor
    solo es misericordia.

    Ahora nadie llora.
    Ahora nadie busca.… Y además
    aquellos hombres tienen
    al menos un poema
    que les nombra.

    De sastre

    Josefa Agüera Sánchez

     

    (Para todas la abuelas que eran -y son- unas artistas de la aguja)

    Empiezo por las letras, lo primero.
    No quiero que se pierda una puntada.
    Una vez la inicial esta hilvanada
    el resto van sumándose al reguero.

    ¿Una palabra? Más de lo que espero.
    Mi labor quiere ser recompensada.
    ¿Una frase? La dicha no soñada.
    Mucho hilo para tan poco acero.

    La paciencia me empuja a que persista
    en mi modesto arte de modista
    que hasta el punto final no esta completo.

    Y con esta labor, mi poesía,
    -Pobre infeliz que no lo merecía-
    podrá vestirse un traje de soneto.

     

    29 junio, 2017 • Poemas, Revistas • Vistas: 0

  • El versículo de la Escuela Alaire

    Autor: Rafel Calle

    Para saber lo que es un versículo tenemos que tener muy claro lo que es un verso.

    El verso es la unidad resultante de la segmentación del lenguaje entre pausas métricas.

    El verso está delimitado por la pausa versal, es decir, la pausa versal es lo que convierte un renglón en un verso, por eso también se llama pausa métrica. Sin la pausa versal o métrica no puede haber verso

    Bien, pero lo dicho, que es tan fácil de entender, sufre los ataques provenientes de las ocurrencias de muchos escritores de poemas. Por ejemplo, los encabalgamientos léxico y sintáctico, no son más que ocurrencias de autores de poemas; después, los estudiosos de la métrica, los han calificado como accidentes métricos, porque, para no perder el sentido de lo que se está leyendo, no hay más opción que romper la pausa versal, es decir, también se rompe el patrón métrico pretendido.

    Otro ejemplo de supuesta ingeniosidad se da en la terminación del verso en partícula átona (artículo, preposición, conjunción…). De acuerdo, son ocurrencias y para los estudiosos pueden significar elementos de reflexión con los que hallar nuevos movimientos conceptuales en el mundo de la versificación.

    Lo que pasa es que la mayoría de esas ocurrencias provienen de un elemento lúdico que aparece en la versificación, las más de las veces se trata de juegos estilísticos sin más, a los que acompaña infatigablemente un proceso rimático. Es decir, la rima es la responsable de la primeras y desde luego de la mayoría de incursiones en los muestrarios lúdicos de la combinaciones supuestamente versales.

    Por fortuna, hoy en día no se dan tantos artificios en la versificación, hace bastantes años que los autores se han dado cuenta de que el lenguaje literario es inherente a la eufonía, no hace falta buscar rarezas genialoides para hallar coincidencia fónica, porque basta con una buena labor mediante el lenguaje literario. Digo eufonía y no digo musicalidad, porque me parece necesario diferenciarlos. Aunque esa es otra cuestión que ahora nos llevaría mucho tiempo.

    Veamos algunos ejemplos de ocurrencias en supuestos versos:

    3 ejemplos de Antonio Carvajal

     Rosas, todas; y no son
    la rosa. Todos los ti-
    los, no la paz. El jazmi-
    nero enlaza su canción
    con la cal, […]
    ¡Oh nube, cuánta calén-
    dula en flor espera llu-
    via que le niegas tan hu-
    raña y avara sabien-
    do que es el agua sostén
    ……………………………………………………

    Amo los días de
    noviembre: vino nuevo y crisantemos.
    Días para la fe
    perdida, cuando hemos
    de estar luchando por lo que queremos
    y contra lo que no
    queremos.
    …………………………………………….

    …de abnegaciones que
    los ojos y sus lágrimas, los labios
    y la memoria de
    los besos, de tan sabios
    no sabían. Tiene el agua resabios…

    Pérez de Ayala

    Sus brazos, marmórea guirnalda
    tibia y sensual, me asieron, y
    ardió en sus ojos de esmeralda
    una infinita luz. Cedí.

    Luis Carlos López

     Hombre de pelo en pecho, rubio como la estopa
    rubrica con la punta de su machete. Y por
    la noche cuando toma la lugareña sopa
    de tallarines y ajos, se afloja el cinturón…

    Rubén Darío

    …a pesar de Nabuco, embajador, y de
    los delegados panamericanos que
    hicieron lo posible por hacer cosas buenas….
    con las alondras y con Garcilaso y con
    el sport. ¡Bravo! Sí. Bien. Muy bien. ¿Y La Nación?
    Por eso los astutos, los listos, dicen que
    no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
    El temporal no deja que entren los vapores. Y
    un yacht de lujo busca refugio en Porto-Pí..
    Ah, señora, si fuere posible a algunos el
    dejar su babilonia, su Tiro, su Babel…

    Bueno, podríamos seguir poniendo ejemplos de ocurrencias en poetas que, sin duda, tienen su importancia en la historia de la poesía, pero creo que con estos ejemplos puede ser suficiente. Obsérvese que siempre el meollo de la cuestión es la rima o, mejor dicho, una coincidencia fónica al final del verso.

    A raíz de las ocurrencias, sobre todo, en poetas de renombre, dichas gracias se extienden hasta el verso multimétrico, pero ya sin objeto de crear coincidencias fónicas, sino por un puro entretenimiento estético. Y ahí sí que se entra en un estado conceptual tremendamente confuso, porque no hay la más mínima razón objetiva para tanto desaguisado.

    A todo esto, Tomás de Iriarte, no puede menos que reírse de tal estado de cosas versales, cuando dice en las siguientes líneas:


    Muchos dicen que porque al
    verso siguiente va con
    las palabras de otro, don
    Fulano pasa por mal
    versista; pero aun con tal
    error, cumple como buen

    poeta, pues poniendo en
    sus versos cabales las
    sílabas, deja a otro más
    hábil colocarlas bien.

     

    Estoy con D. Tomás, lo mejor es colocar correctamente las sílabas, no porque queramos prohibir los ejercicios lúdicos, no, que cada cual haga lo que quiera, pero, por favor, que no nos haga comulgar con ruedas de molino. Los versos tienen que atenerse a unas reglas, básicas, pero primordiales para la propia supervivencia de los versos. Es decir, si en la versificación damos todo por bueno, más pronto que tarde el verso desaparecerá, porque cualquier ocurrencia será indiscutiblemente un verso.

    Podría poner muchos ejemplos de teorías de filólogos, tratadistas, poetas, catedráticos de literatura…, pero en ninguna de ellas hay un concepto claro como el agua con respecto a la versificación, todas son contradictorias, porque no se atreven a cortar el problema por lo sano.

    La versificación de la escuela Alaire se basa en tres premisas fundamentales:

    1. La pausa versal es inamovible, se debe respetar siempre y en todo caso.
    2. Todos los versos deben poder subsistir a la pausa versal, sin perder el sentido de lo que se está diciendo y formando una unidad sintáctica; hablamos de esticomitia.
    3. Los signos de puntuación impiden la sinalefa, es decir, no se puede hacer sinalefa entre signos de puntuación.

     

    Estos tres puntos se pueden desarrollar profusamente y también dotarlos de mucha complejidad, es una cuestión de tiempo, práctica y aptitudes.

    – A partir de ahí, es fácil afirmar que un versículo no es un verso, porque un versículo no observa la pausa versal.

    – Un versículo solo termina su sentido por medio del signo de puntuación, por lo tanto, en el versículo no se puede hablar de encabalgamientos, puesto que se lee exactamente igual que la prosa.

    – Si un verso quiere terminar con una partícula átona, no resultará un verso sino un versículo.

    – El versículo se parece mucho al verso multimétrico (llamado libre), porque emplea o puede emplear el lenguaje literario con la misma profusión que en el caso del verso, por lo cual, está a caballo entre el verso y la prosa literaria. Del verso, la técnica literaria; de la prosa, su misma estructura formal que puede ser corta, media o larga, pero formalmente prosa.

    – El versículo es la forma del poema en la que prácticamente no existe ninguna norma, todo cabe, ahí caben todas las ocurrencias habidas y por haber.

    – Sin embargo, en el verso, se tienen que respetar unas premisas, lo cual no significa que no se pueda evolucionar, claro que sí, pero dentro de las normas, básicas; unas normas muy básicas, pero que bastan y sobran para desautorizar cualquier ocurrencia que se quiera hacer pasar por un verso.

    – El concepto de la escuela Alaire permite cualquier ocurrencia en el poema, para eso decimos que el versículo es poesía.

    – El versículo está para amparar aquellos poemas que se saltan las normas de la versificación.

    – El versículo es un seguro de vida para el verso y para toda la versificación.

     

     

    29 junio, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • Diferencias entre poema en prosa y prosa poética

    Autor: Rafel Calle

     

    Queridos amigos del foro Alaire:

    Lo primero que apunto es que la diferencia no está entre poesía y narrativa, por la sencilla razón de que la narrativa no es exclusiva de la prosa, es decir, existe el poema que narra tal y como puede hacerlo la prosa.

    La poesía no es antagónica de la prosa. Antagónicos son prosa y verso. El poema puede escribirse en verso y en prosa. La prosa no puede escribirse en verso.

    Una novela, una obra de teatro, un diálogo…, incluso, por poner un ejemplo extremo, un anuncio de prensa o televisión, a su vez, pueden ser poemas. Todo depende del lenguaje que se haya utilizado en cada caso. La poesía es el padre y la madre de la literatura, por consiguiente, es el cénit del lenguaje literario.

    Dentro de las más de trescientas figuras retóricas que forman el lenguaje literario, unas son más complejas que otras desde el punto de vista cognitivo. Los tropos, el tratamiento sinestésico, la polisemia, el simbolismo… pueden procurar una gran complejidad semántica, lo cual nos lleva a la dificultad de comprensión de lo leído, a diferencia de otros elementos que ayudan a la comprensión, por ejemplo, el símil, aforismo, anáfora, perífrasis, en general las figuras de dicción…; así que, con mucha frecuencia, cuando un texto se nos presente con la suficiente complejidad, no tendremos problemas para catalogarlo como poema. Las dudas vendrán cuando un texto se presente a base de un lenguaje que no tenga obstaculos para ser aprehendido, cuando el mensaje sea o parezca nítido desde el punto de vista literal.  Sin embargo, en todos los casos podemos hablar de poema. Es decir, el poema está por encima de la dificultad de ser comprendido desde la racionalidad. Sencillo o complejo, ambos pueden ser poemas.

    Se tiene que ir con mucho cuidado al utilizar el término “poético”. Poesía no es una escultura ni una pintura ni cualquier otro elemento que no pertenezca al lenguaje literario. La excepción está en la música. Obviamente, la poesía está casada con la música, basta con escuchar cualquier pieza de la música ligera y nos daremos cuenta de que las letras son poemas, de más o menos calidad, de más o menos rigor literario, pero conforman una especie de poema o pseudopoema donde se suele echar mano de los recursos más fáciles y/o más eficaces desde el punto de vista rítmico, cuales son las rimas, asonancias y, claro está, las anáforas (repeticiones continuas). Este asunto, viene a incidir en mi teoría de que actualmente se escucha más poesía que nunca; la poesía se lee muy poco, porque continuamente se está escuchando. Todo el mundo escucha canciones. Y sí, ese es el gran problema que tenemos los poetas que escribimos. Se me ocurre que lo único que podemos hacer es intentar escribir lo mejor que nos sea posible. Y ya veremos si cambian las modas.

    El poema en prosa, tanto si es narrativo, como si no, independientemente de su complejidad literario-semántica, solo se diferencia del poema en verso, en su estructura formal. El verso busca la estética y, deshaciéndola, se halla la prosa; eso es todo.

    La prosa poética no tiene nada que ver con el poema, si bien, esta clase de textos pueden albergar pasajes donde el lenguaje rítmico-literario aparezca tan profuso y/o complejo como en un poema, en general, se tratará de un lenguaje literario más sencillo, más aprehensible para el lector. Por otro lado, en la prosa poética, la eficacia rítmico-melódica de los campos sintáctico-semánticos, no es la misma que en el poema en prosa.

    Seguiremos, queridos colegas.

    Abrazos.

     

    29 junio, 2017 • Cartas Forales, Revistas • Vistas: 0

  • Miguel Hernández Gilabert

    MiguelHernandez

     

    Autor: Julio González Alonso

    Hizo 100 años, aquél de 2010, del nacimiento del poeta; 68 de su muerte en las cárceles franquistas, con 31 de edad. Y hoy perviven el hombre y el mito; pero, por encima de todo, su obra literaria.

    Del hombre y sus contradicciones sabemos los orígenes en Orihuela (Alicante), su formación en el espíritu católico conservador de las Escuelas del Ave María, también de sus estudios de bachillerato con los jesuitas, de disponer a su alcance de profesor particular cuando su padre, mirando bien por el negocio familiar, lo pone a trabajar como cabrero. Hombre extremadamente observador que  su estrecho contacto con la Naturaleza lo llevará al conocimiento minucioso de los nombres y características de toda clase de pájaros y otros animales y plantas. Inteligente y brillante en sus estudios y con ganas ilimitadas de saber y aprender. Será, en este sentido, ocasión para que le saque provecho a la extraña amistad con Ramón Sijé teniendo acceso a una bibliografía extensa, al igual que su relación con el controvertido Luís Almarcha que acabaría -una vez terminada la guerra civil- siendo obispo de León. Tanto Ramón como Almarcha eran de derechas, incluso se podría decir que de extrema derecha si atendemos a las veleidades ideológicas y políticas  predicadas y practicadas por Sijé: impulsar a la juventud a una actitud antiliberalista, poniendo como objetivo de la vida un orden moral basado en un concepto retrógrado de la decencia y animando a esa misma juventud a luchar contra los subversivos utilizando la violencia, haciendo uso de lo que en aquel entonces se conocía como el derecho de estaca. De Luís Almarcha qué decir si lo dejó morir en la cárcel. Él mismo escribió, confesando su remordimiento: Dicen que el tiempo lo borra todo y, a veces, lo único que hace es reavivar el fuego de los recuerdos con mayor fuerza para nuestro pesar. Almarcha es quien pagará la primera edición del poemario de Miguel titulado Perito en Lunas. Le consigue publicaciones en el periódico El Pueblo (Orihuela) que él mismo dirige  y Miguel le solicita algunas influencias para buscar trabajo en Madrid que no prosperarán. Pero cuando puede salvarle la vida, no lo hace.

    ¿Cómo un hombre como Miguel Hernández llega a un compromiso tan fuerte con las izquierdas después de haberse rodeado de estas amistades? Tal vez la respuesta, una respuesta posible, la encontremos en su natural inteligencia, por un lado, y por otro la apuesta por las libertades y el compromiso con el pueblo por un progreso social que él veía necesario y que adivinaba posible con el proyecto de la II República. Las amistades madrileñas, Antolaguirre, Rafael Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y, sobre todo, la influencia de Pablo Neruda, resultaron decisivas en el enfoque político de sus ideas y la asunción de su compromiso que dará comienzo nada más proclamarse  la II República al ser nombrado presidente de las recién constituidas Juventudes Socialistas de Orihuela. Participará de manera muy activa en las Misiones Pedagógicas de 1935 con M.Zambrano, la pintora Maruja Mallo, V. Aleixandre y el propio Pablo Neruda.  Más adelante, sorprendido y aterrorizado por el asesinato de Federico García Lorca en los primeros días de la sublevación militar del 36, se apunta al Partido Comunista y marcha al frente. Escribe Viento del Pueblo. También ha escrito la Elegía primera dedicada a F.García Lorca. A diferencia de la elegía a su amigo Ramón Sijé, escrita desde el remordimiento y el sentimiento de culpa por su alejamiento y práctico abandono de dicha amistad, ésta se escribe desde la admiración por la talla literaria de Lorca (admiración no correspondida, pues García Lorca no lo podía sufrir y evitaba a Miguel) y también desde el miedo por lo que significaba de amenaza para todos este crimen. Se casa por lo civil en 1937 con Josefina Manresa, hija de un guardia civil sublevado , y viaja a Rusia con una delegación cultural de la República. En aquel contexto escribe con fervor revolucionario versos exaltados sobre el país soviético, admirado por el adelanto de su industria. A su vuelta, cuando intenta huir a Portugal, es apresado por la guardia de frontera portuguesa y entregado a la guardia civil española. Es condenado a muerte. La presión desde el exterior promovida por Neruda, Cossío, Fray Justo Pérez de Urbel y Aleixandre, junto con la mediación de Luis Almarcha a petición del propio Miguel que confiaba en el obispo, harán que le sea conmutada la pena de muerte por la de 30 años de cárcel. Las condiciones impuestas por Almarcha a Miguel serán leoninas: 1.- Que se casara por la Iglesia. 2.- Retractarse públicamente de sus ideas políticas confesando su arrepentimiento y declarar que lo mejor para España era lo que estaba pasando porque era una regeneración moral para el país. 3.- Firmar algunos poemas que le dieron ya escritos, de carácter religioso y conservador y 4.- Renunciar a la publicación de Viento del Pueblo.

    Miguel Hernández se niega y comprendiendo que solamente pretenden instrumentalizarlo en  favor del Régimen franquista, repudia a la familia Almarcha. Únicamente accederá, más tarde y viéndose morir, a casarse por la Iglesia para no perjudicar más a su hijo y a su mujer, que había solicitado  la administración de un estanco como hija de guardia civil muerto en la contienda bélica.

    Miguel enferma. Solicita su traslado a Valencia para ser asistido en un hospital, pero su reclamación no será atendida y su precario estado de salud empeora, acelerándose su final. Muere en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942 afectado de tuberculosis. Nace el mito.

    Aún después de muerto, el obispo Almarcha lo perseguirá insistiendo a la viuda para que le entregue -según él para asegurar su custodia– la obra inédita de Miguel Hernández y la presiona, a su vez, para que renuncie a la publicación en  Argentina de Viento del Pueblo. Josefina ni renuncia ni  entregará nunca a Luís Almarcha los escritos inéditos de Miguel.

    Mito, hombre, poeta; ya para siempre estas tres características acompañarán su nombre y su memoria. A los 100 años de su nacimiento en 2010, 75 éste de 2017 de su muerte  abandonado a la suerte de la tuberculosis en el penal de Alicante, es de justicia reconocer su figura y la trascendencia de la obra literaria de un hombre honesto con su tiempo y consigo mismo, víctima de una España atormentada por el odio de la guerra y lo que la sobrevino, una crueldad sin parangón en una dictadura entregada a los excesos

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Con Bukowski y contra Bukowski

    Malowski

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez

    Con Bukowski, por Cristóbal Loriente.

     

    Estimados compañeros:

     

    Los poemas de Charles comienzan con una imagen:

    unas tetas adolescentes o un culo en vaquero bien ajustado,

    o un incendio en una biblioteca,

    o una rata en el pecho de un mendigo,

    o un gato cojeando y medio muerto.

     

    Los poemas de Bukowski son una escalera de imágenes que

    reflejan la catástrofe personal de seres abominables,

    como el tuerto que soba los cuadernos de una niña;

    el loco que recoge flores de un jardín ajeno,

    o el sepulturero resacoso que escupe encima del

    ataúd.

     

    Los poemas de Bukowski me incitan a beber sin contemplaciones,

    sin remordimientos de conciencia, sin ratas en el

    corazón;

    empino el codo y me toco la polla,

    -qué gusto, Charles-,

    no serás un buen poeta,

    pero cómo me ayudas

    a vivir.

     

    “El whiskey es la sangre de los débiles”, escribiste.

     

    En fin, los poemas de Bukowski pusieron a mi polla

    en pie de guerra.

     

    Qué más le puedo pedir a un puto poeta.

     

     

    Contra Bukowski, por Pablo Ibáñez

     

    No me gusta la poesía de Charles Bukowski. No me emociona, no me ayuda a vivir, no me divierte, no me inspira nada bueno (ni malo), no me interesa. Me aburre. Me aburre soberanamente su ortodoxia sucio-realista. Es como un macarra de discoteca: aburre, siempre tiene que ser el que más bebe, el que más putas conoce, el que más tacos dice, el mayor fracasado, el que más escandaliza. Me aburre la tramposa glorificación del fracaso urbano, década tras década, siempre el mismo rollo. Me aburre la academia de la contracultura bukowskiana, su rigidez minimalista, su insípida sobriedad.

    “El whiskey es la sangre de los débiles”

    Me parece una metáfora mediocre, gastada y rancia. Y cursi.

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Acerca del prólogo a las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra

    novelas ejemplares

    Autor: Julio González Alonso

    Lejos de los 22 años que tenía cumplidos antes de huir a Italia e intentar escapar al riguroso castigo de serle amputada la mano derecha en condena por las heridas inferidas a Antonio de Sigura en una mala partida, y que más tarde la batalla de Lepanto se cobrará con la herida de su mano izquierda, Miguel de Cervantes, concluida y publicada la primera parte de su don Quijote, enfrenta el prólogo de las Novelas Ejemplares en el que, con más amargura que sorna, da comienzo con su autorretrato: Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada; de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Éste, digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre del dueño, llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades.

    Declara Cervantes su condición de tartamudo, aunque no lo sea en absoluto para dejar por escrito las verdades que pueden ser entendidas aun por señas. Y tratando de lector amable a quien lea el prólogo, le advierte de la honestidad y valor del conjunto de las llamadas Novelas Ejemplares, imposibles de mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que las leyere.

    Reitera la bondad y provecho de estas doce novelas en las horas de asueto y recreo donde el afligido espíritu descanse. Y antes, confiesa, se cortaría la mano con que las escribió que permitir que de su lectura se siguiera algún mal deseo o pensamiento, porque –asegura- mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano.

    Tres detalles no menores podemos encontrar en el párrafo que cierra este interesante prólogo:

    1.- Proclamar  ser el primero en haber novelado en lengua castellana sus propias obras, no imitadas ni hurtadas.

    2.- Adelantar, si la vida no le abandona antes, el anuncio de la aparición de los Trabajos de Persiles, una segunda parte de las dilatadas hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza y luego las Semanas del jardín.

    3.- Dedicar las novelas al poderoso Conde de Lemos, esperando que Dios le dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sutiles y almidonados.

    Miguel de Cervantes parece querer curarse en salud atacando con elegancia a los encumbrados académicos y universitarios pedantes y pagados de sí mismos que tanto aborrecía, entre los que se cuenta Lope de Vega, más que posible autor del Quijote apócrifo de Avellaneda, y acérrimo enemigo de Cervantes. El Fénix de los Ingenios era incapaz de reconocer, por temerlo, el talento narrativo del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, aunque en su fuero interno sabía de su verdadero alcance. Casi hasta el final de su vida no hizo otra cosa que denostar la escritura de Cervantes y despreciar su valía en general y particularmente en el género dramático, género en el que Lope se encumbró y rayó a gran altura de una manera incuestionable.

    Del prólogo se desprenden algunas reflexiones; unas, nos llevan a percibir la soledad del genio de las letras españolas, incapaz de conseguir apoyos para sus obras en forma de escritos, cartas, sonetos o poemas laudatorios, y encajar, en cambio, numerosas críticas y burlas por ello, dando a entender la falta de nivel y calidad literaria de Cervantes. Contra esta situación se revuelve con amargura y, de forma irónica, alumbrará sus obras con escritos de su puño y letra atribuidos por él mismo a personalidades imaginadas. Otras reflexiones nos detienen ante la excesiva prevención sobre la subrayada bondad y moralidad de sus escritos, lo que no es para menos en una España convertida en imperio con pies de barro, en la cual el hierro fiero e implacable de la Inquisición era una espada de Damocles para los cristianos nuevos o judíos conversos, en cuya nómina es probable que estuviera  Miguel de Cervantes.

    Hay algo trascendental en las Novelas Ejemplares y en el Quijote, como es que fueran escritas desde la ironía, la imaginación y la locura, que casi todo lo excusa y hace pasar por irreal e irrelevante, cuando lo que dejó escrito, de haber sido cabalmente entendido e interpretado, habría sido suficiente para enviar a la hoguera al autor junto con sus obras. Y no fue entendido el profundo mensaje de su obra porque, perdidos en lo más irrelevante y grotesco, no vieron y menospreciaron el valor y alcance de lo escrito por quien había sabido ver el futuro en el presente. Se le ignoró y no hizo caso, como el resto de sus coetáneos. En una lectura mostrenca de los textos cervantinos, no fueron capaces de interpretar las claves que con tanta claridad se nos revelan tras el paso de los años, razón por la cual no tuvo que vérselas seriamente con la Inquisición.

    El ingenio de Cervantes en un mundo hostil para alumbrar sus escritos de reflejos equívocos, salvaron para el mundo una de las obras más grandes de la literatura, desde sus prólogos a su más ignorado poema u obra de teatro, de lo cual –los que conformamos este mundo o gran parte de él- nos alegramos y celebramos con indisimulado entusiasmo.

     

     

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Playboy

    playboy

    Autora: Hallie Hernández Alfaro

    Comprar alegría; un momento de placer y belleza au natural.. o con artificios, importa muy poco.

    Mujer, femenina liturgia, estrógenos y poco abrigo. Inusitada y preferente en el recinto de ellos, en las cantinas de etílico bagaje, en los rincones semioscuros de la psique… A solas y frente a la arcaica fantasía, a raudales implícita en los motivos del hombre.

    Acceder a las páginas donde el ojo es majestad y complacencia. De carne y hueso, con olor a tinta recién editada; la emoción agota los párpados y la imagen prevalece en la nocturnidad que gime.

    Insinúa el pliegue y la eclosión, el subastado instante de la cercanía; esa íntima lealtad al labio captor, al movimiento presentido.

    La hipotermia social encuentra un sitio de apego, una columna que favorece el despertar en muchos aspectos. Símbolos y hedonismo, lúbrica esencia que aborda las zonas más primitivas y sublimes del cerebro humano.

    Portada, instinto en pose, desafiando el mito entre las manos, obturando el lente gélido de la realidad sin colores.

    Tentación y primor, demasiado inmaterial para producir celos, demasiado perfecta para la competencia terrenal. ¿Quién ha pensado en enamorarse de la chica de abril? ¿quién ha pensado siquiera poder tocar la voluble inmanencia de sus piernas al aire? Más aún, ¿quién ha querido verla en las proximidades de su cocina, disponiendo tostadas y preparando un café? ¿O sí, o ha sido ese, el sueño más recurrente de cualquiera de sus lectores?

    Playboy, juego de hombres, pulsiones, ocio, deseo.

    Nació en Chicago en 1953 y voló alto, dejando su influjo en incontables parcelas del inconsciente…

    29 junio, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Vicente Fernández Cortés

    Vicente

    Entrevista por: Hallie Hernández Alfaro

     

    Sus sonetos fechos al itálico modo me descubrieron un mundo insólito y deslumbrante

     

    – ¿Cuándo descubres el escritor de poemas que te habita?

    La verdad es que mi inclinación hacia la literatura se va perfilando desde mi lejana adolescencia. En mis clases de bachillerato descubrí todo aquel universo literario que me brindaban los textos que nos imponían de aquella manera, torcida y obligada, pero aún así devino fascinante mi primera aproximación a la palabra escrita.

     

    – Tus sonetos son una grandiosa mezcla de belleza y excelencia. ¿Cómo se inicia tu amor por la poesía clásica?

    Bueno, el ideal de belleza es un concepto vago, siempre relativo. Como digo, el colegio me abrió las puertas, estimuló mi afición dormida.

    Sucede que mi padre contribuyó al impulso a través de una amplia biblioteca de contenido ecléctico que yo escarbaba sin su consentimiento para no incurrir en libros prohibidos que, a su juicio, no me correspondía acometer aún. Pero se me escurrió entre las manos un ejemplar de las Poesías Completas del Marqués de Santillana. Sus sonetos fechos al itálico modo me descubrieron un mundo insólito y deslumbrante.

     

    – ¿Hay alguna autora que podrías calificar como importante en tu formación literaria ?

    En narrativa me inicié con Carmen Laforet, Agatha Christie, Fernán Caballero y algunas otras que me hicieron ver que la literatura no se postulaba necesariamente en masculino. Más adelante me interesaron Selma Lagerlof, Grazia Deledda, Francoise Sagan y, como no, Marguerite Yourcenar y sus Memorias de Adriano. En Poesía hay muchas. Dicen que todo hombre tiene su lado femenino y a mí siempre me has fascinado entender el hecho poético desde la perspectiva de una mujer. Por darte algunos nombres se me vienen a la cabeza la polaca Wislawa Szymborka, Concha Zardoya (nada que ver), Gabriela Mistral, Alejandra Pizarnik y más recientemente, Sara Castelar Lorca, insigne poeta que comparte vida y libros con mi buen amigo Benjamín León. Y todas aquellas que lucharon con su pluma contra la discriminación por razón de sexo.

     

    – Se ha debatido mucho acerca de la vivencia del acto creativo y de cómo se origina el producto literario. ¿Cómo llega Vicente al último verso de un poema?

    Es éste un asunto complejo. Alguien dijo que el hombre es solo la mitad de sí mismo, la otra mitad es su expresión. En mi personal manera de concebir el estímulo creativo tiene mucho que ver la emoción y todos sus laberintos. Un poema tiene que emocionar, conmover, o no es poema. Me parece plausible la acometida de un texto poético por el mero placer de escribirlo pero creo que, sin entrar en dignísimas excepciones, supone una empresa arriesgada. Pienso que eso que se ha dado en llamar inspiración debe siempre estar sustentado en una mínima formación literaria que la oriente. Lo sustancial es tener una idea a desarrollar que dote de contenido a la forma que lo sostiene.

     

    – ¿Has deseado alguna vez escribir una novela? ¿Qué novelistas contemporáneas/os podrías decir que son materia obligada para los jóvenes interesados en narrativa?

    Claro que sí pero ya sabes que la narrativa transita por senderos muy distintos a la poesía, son aventuras literarias muy distintas. La poesía protege, en los escuetos márgenes que le concede un folio, el arrebato y la emoción mientras que la novela exige una actitud creativa que se desarrolla en términos mucho más serenos y alargados. No tengo favoritos actuales pero considero novelistas de obligada lectura en lengua extranjera a Thomas Mann, Joseph Conrad, Henry James y Alice Munro. En español, García Márquez, Ana María Matute, Eduardo Mendoza.

     

    – Puesto a elegir, ¿jurado o participante en un concurso de poesía?

    No soy yo, Hallie, poeta aficionado a los certámenes. Nunca me ha movido la comparación excluyente y competitiva pero si me obligas a elegir siempre preferiré la participación a la selección.

     

    – ¿Ha sido tu enorme sensibilidad una cualidad difícil de compaginar con la realidad inmediata o al contrario ambas conviven en total armonía?

    Anticiparé a mi respuesta una precisión que me parece obligada: mi sensibilidad como poeta resulta tan limitada como inducida. Las escurridizas musas solo nos ofrecen sus favores agazapadas entre los versos de los grandes poetas cuando se les lee a pecho descubierto, es solo desde esa realidad donde se nos brindan.

    A mí me cuesta encontrar el argumento poético pero entiendo que la Poesía se nutre de todo aquello que a la persona le es inherente, nada le es ajeno si procede del avatar humano. El Arte en general, no es más que el resultado de un feliz encuentro: la mera y variopinta realidad y la sensibilidad para arrancarle lo que tiene de conmovedor.

     

    – Si tuvieses la posibilidad de publicar una antología sólo con seis poetas… ¿a quiénes elegirías ?

    Es difícil elegir a solo seis poetas para una antología pues requiere una sintonía, una aproximación estética e intelectual entre los poetas que debieran configurarla. Si fuera solo por placer personal elegiría a Antonio Machado, Miguel Hernández, Ángel González, Gabriela Mistral, Jorge Guillén y tal vez a Luis Alberto de Cuenca.

     

    Ha sido un placer dialogar contigo, Vicente; gracias mil por tu valiosa presencia en este espacio.

    Toda mi gratitud a ti por regalarme la oportunidad de expresarme. Todo un placer departir contigo.

     

    Tres poemas de Vicente Fernández Cortés:

     

    Armisticio

     

    Vencida mi alma inquieta, desespera

    en un desdén letal que en ella impacta,

    se parapeta en la trinchera abstracta

    de una vana ilusión, de una quimera.

     

    Soldado soy y alborotar quisiera

    la paz secreta de tu piel intacta,

    ser el asedio en la medida exacta

    del cerco de tu boca guerrillera.

     

    ¡Ay furia colosal, tormentos raros!

    reprime mi invasión, que ya no aspire

    a la conquista de tus labios caros.

     

    Concédeme, si acaso, que no expire

    la ardiente llama de tus ojos claros

    y aunque así me miraras, que te mire

     

    Así te quiero yo

     

    Si alguna vez en mi avatar te extraño

    es náufrago en tu boca delincuente.

    Mi mar es solo mar si es tu torrente

    y tu aguacero, amor, su dulce caño.

     

    Todo me acerca a ti, todo me ata

    en este fuego lento que me arde

    eres mi cruz, mi miedo más cobarde

    la cegadora llama que me mata.

     

    Una galerna fiera en tu sonrisa

    alborota mi nave y mi cordura

    y en su humedal caliente me aposenta.

     

    Así te quiero yo, diosa indecisa

    Electra hoy, mañana Vesta pura

    ardiente brasa o tempestad violenta.

     

    Mientras duermes

     

    Me asaltas sin piedad a pura lencería

    con una mueca obscena y transgresora

    mientras esgrimes, desafiante, una exigua divisa de satén.

    Con la precisa habilidad de Ariadna me enredas en tu trama como un Teseo inerme.

    Y te asedio.

    Y reprimes mi embestida como una loba enferma transida de su celo.

    Y me buscas

    y pongo en cuarentena todas las leyes del recato.

    Hasta que agotes los límites de mi desenvoltura y determine:

    -Ya eres mía-

    Y te adhieres a mi causa anticipando un ademán perverso en inequívoca seña de capitulación.

    Luego, al fin, cansado de pensarte, te encontraré yacente, ajena a mi batalla

    y preso de una ternura innumerable

    te observaré rendida ante mi almohada en brazos de Morfeo.

    -Buenas noches princesa-

    Y cuando un suspiro insomne corrija tu sosiego y me increpes contrariada:

    -¿por qué me has despertado?-yo te diré en voz baja:

    Discúlpame amor mío, ya sabes que me muero por mirarte mientras duermes.

    Que descanses.

    Y amortiguando un beso en tu mejilla apagaré el candil que iluminó mi sueño.

    29 junio, 2017 • Entrevistas, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Arturo Rodríguez Millet

    Arturo

    Entrevista por: Hallie Hernández Alfaro

    • Egresado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) como Médico Cirujano en 1983 y Post-grado en Psiquiatría en 1989
    • Formación en Psicoterapia Cognitiva en la Unidad de Terapia Cognitiva y Sexual de Caracas en 1990
    • Colaborador docente en cursos de post grado en Psiquiatría de la UCV
    • Coautor del libro “Terapia Cognitiva para los Trastornos de la Personalidad” Ed. El Nacional, Caracas 2008.
    • Incursión en actividad teatral amateur con el Grupo Escénic del Centro Catalán de Caracas en 2011
    • Premio como “Mejor Actor Principal” en Festival de Teatro Interclubes de Caracas los años 2011 y 2012. Mención especial como “Mejor Dramaturgia” en el mismo Festival del año 2014 con la opera prima “Abuelo Meu”
    • Segundo Premio Concurso de Relato Alaire “Ramón Ataz” 2013
    • Autoría de obras de teatro breve presentadas en Caracas: “almagemela.net” 2015 y en Madrid: “5ta. Esencia” 2017. En fase de montaje la obra larga “Desde la Cornisa”

     

    – ¿ Cómo nace la poesía dentro del humano erudito y sensible que te define ?

    Puedo asegurarte que estoy muy lejos de ser un erudito, simplemente tengo el nivel de formación e información suficiente para desempeñarme adecuadamente en mi profesión y en mi rol de ciudadano común. La sensibilidad, en cambio, es un don que la divina providencia puede otorgar, no hay ningún mérito propio en tenerla, aunque si es responsabilidad de cada quien tratar de desarrollarla.

    De allí, tal vez, nace la poesía, de la necesidad inherente al ser humano de expresar la mucha o poca información que como individuos únicos e irrepetibles hemos podido acumular, para compartirla con el resto de nuestros semejantes y construir entre todos este universo abstracto que llamamos cultura. La poesía es el divino accidente dondeconfluye lo que somos, lo que necesitamos expresar, el don de la sensibilidad y la palabra.

    – Llevar a Catalunya en la sangre es una predisposición a la valentía moral, cuéntanos un poco ¿ cómo ha manejado tu yo la fuerza de tus ancestros ?

    En realidad, no llevo sangre catalana en mis venas. Es más bien mi sangre venezolana la que está en Catalunya porque mi único hijo vive en Barcelona desde hace cinco años y mi sangre brotará en esa tierra porque allí nacerán mis nietos. En mi caso, la “valentía moral” no es algo que me tocó manejar como una reminiscencia ancestral lejana, todo lo contrario, la viví intensamente y en primera fila. Tengo la dicha de tener por padre a uno de los más importantes intelectuales y artistas plásticos de mi país y de nuestro tiempo, Alirio Rodríguez. Crecer a su lado siendo testigo excepcional del desarrollo de su creación pictórica y escrita, verme involucrado en la épica de su obra, ha sido y sigue siendo uno de los principales bastiones para cualquier cosa que pueda llamar mi fortaleza ética e ideológica.

    – ¿ Qué autores venezolanos, poetas o narradores, han sido para ti fuente de inspiración?

    Si hablamos de autores venezolanos que hayan hecho impronta en mis años juveniles, tendría que mencionarte a José Rafael Pocaterra con sus “Cuentos Grotescos” y a Pedro Emilio Coll con su entrañable cuento “El diente roto”. En cuanto a poetas, fue un hallazgo importante para mí la obra de José Antonio Ramos Sucre. Sin embargo, no sé si resulte muy atrevido afirmarlo, pero en realidad no creo que mi fuente de inspiración haya estado nunca en los autores que he leído. La pulsión para escribir, en mi caso, ha surgido siempre de la vivencia activa, de las bofetadas directas que nos da la realidad en la cara sin la mediación de otro intérprete por los transeúntes desconocidos con los que me tropiezo a diario en una urbe cada vez más seducida por los demonios de la anomia. Es allí donde creo se encuentra eso que solemos llamar inspiración; los pocos autores que leo, en todo caso, más han servido para evadirme que para imbuirme en el accidente creativo.

    – Sin pensar demasiado, ¿ qué libro o libros has leído y nunca has podido olvidar ?

    “Las lanzas coloradas” de Arturo Uslar Pietri; “Narciso y Goldmundo” de Herman Hess; “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda; “1.984” de George Orwell; “Un mundo Feliz” de Aldous Huxley; “El nombre de la rosa” de Umberto Eco.

    – El teatro es una expresión artística donde somos más de uno y las emociones son un compendio que mueve las tablas. ¿ Qué influencia ha tenido tu experiencia como actor en el desarrollo de tu poesía ?

    Los seres humanos no contamos con la suficiente capacidad cognitiva para comprender la integralidad de lo que somos, por eso nos valemos del recurso de“departamentizarnos” pero ese esfuerzo lo único que logra, en verdad, es producir. Me siento incapaz de comprender: cómo el hombre que soy se convirtió en psiquiatra, qué movió al psiquiatra a escribir; qué influencia tuvo en el poeta hacer teatro… no sería cierta ni honesta cualquier elucubración que haga sobre la concatenación de influencias en ese mestizaje de roles. Todo cuanto soy ahora es consecuencia de lo que he hecho y todo cuanto hago en la consulta, en las tablas o en una página en blanco, es un destilado último de cuanto he hecho, de mi esencia. Sólo a modo anecdótico, podría decirte que incursionar en la actuación me llevó de nuevo a la escritura, justo ayer me informaron que mi obra, “Después del frío”, ganó un concurso de dramaturgia en otro portal literario donde participo y la misma será presentada por un grupo teatral en España.

     

    – Sabemos en Prosa Alaire de tu talento para los micro-relatos y para la narrativa corta. ¿ Cómo percibes a los jóvenes autores venezolanos que han optado por la aventura de escribir una novela ? ¿ Cuál de ellos recomendarías como lectura nutritiva e imprescindible para los amantes de la literatura ?

    En efecto, tanto en narrativa como en poesía, siempre me ha atraído el minimalismo, la célebre expresión del Arquitecto Mies Van der Rohe: “ menos es más ”, ha sido por mucho tiempo un lineamiento importante entre mis búsquedas a la hora de escribir: una aproximación estética a la médula conceptual de cuanto pretendo expresar. Debo confesar que no soy un consumidor sistemático y organizado de literatura, mi actividad profesional compromete la mayor parte de mi tiempo útil, así que no podría hablar con propiedad sobre las actuales tendencias o el surgimiento de nuevos movimientos literarios que sin duda se vienen generando en mi país. Sin embargo, pienso que autores actuales como Boris Izaguirre, Francisco Súñiga y Federico Vega constituyen una referencia importante en ese género.

     

    – Recuerdo haber tenido el honor de dialogar en una entrevista virtual para Alaire con Antonieta Madrid. ¿ Hay algún libro de ella que sientas cercano a tu corazón ?

    Una buena demostración de que estoy muy lejos de la erudición. Antonieta Madrid es una importante autora venezolana y, según tengo entendido, buena parte de su obra ha sido traducida a varios idiomas, sin embargo, no he leído nada de su autoría. Tu pregunta me obliga a incluirla en mis lecturas pendientes.

    – Si, en el aquí y ahora, tuvieses la posibilidad de publicar a tres escritores de poesía, ¿ quiénes serían los afortunados ?

    No podría darte tres nombres, de lo que sí estoy seguro es que todos serían de la comunidad poética de Alaire.

     

    Mil gracias por tu tiempo y tu bondad al responder, Arturo. Placer haber conversado contigo.

     

    Tres poemas de Arturo Rodríguez Millet

     

    Tiranía

     

    Algo perverso hay, sin duda,

    en los espejos de palacio

    frente a los cuales pasa revista el tirano

    a las arrugas en su traje.

     

    Algo abyecto hay, estoy seguro,

    en las lisonjas oportunas

    y repugnantes complacencias

    de genuflexos serviles

    con voracidad aurífera.

     

    Algo queda en las calles, solo un poco,

    del eco de ilusas promesas,

    retumbando una y mil veces

    para convertir la utopía

    en esperanza perdida.

     

    Algo de sangre queda, en este caso no poca,

    en el asfalto que alguna vez afianzo la protesta.

    A estas playas llega, de recónditos lugares,

    un oleaje de indiferencia, o peor aún, de vítores

    a la épica mentira de revoluciones ajenas.

     

    El tirano se peina frente al espejo,

    los adulantes celebran,

    la justicia se oculta sonrojada entre las piedras

    mientras gárgolas de palacio escupen fuego a la tierra

    porque de esa tierra está hecha la gente…

     

    Y un imbécil foráneo

    justifica lo que ve en el espejo,

    que algo tiene de perverso…

    no hay duda.

     

     

    Efervescencia

     

    Nívea gaviota, vuelas, con alas de tenue efervescencia,

    así te esfumas, así destierras mis pupilas del perfil de tu horizonte.

    Sediento de marejadas, has decretado en mis playas templanza de acantilado.

     

    Fuiste promesa de sol en atardecer de tormenta

    pero siguen salpicando los charcos reflejos de luna en mengua.

     

    Aún conservo la lejanía que tu brisa impregnó en un pañuelo,

    el cartucho de tinta que diluye los versos que aún no escribo

    y la placenta que nutre cada uno de tus desdibujados besos.

     

    Todavía mis dedos preguntan por aquel pliegue oculto en tu piel,

    siguen mis ojos despeinando el perfume escondido en cualquier cabellera negra

    y regresa tu voz emergiendo de cada vacío, maltratando mi nombre a silencios.

     

    Los colores del ocaso acortan las horas mientras las sombras se elongan,

    el reloj se torna sospechoso de reiterar escenarios

    y la araña duerme a la espera del primer insecto suicida.

     

    Un chubasco de agua clara cae donde reinan las arenas

    se evaporan las gotas antes de tocar el suelo,

    alas de gaviota que, efervescentes, alzan vuelo.

     

     

    Justo al final

     

    Justo al final de tu muslo izquierdo

    – en un pliegue íntimo y discreto –

    dejé oculto en su humedad

    al ente de mi deseo.

     

    No tiene forma ni sustancia.

    Se alimentará de sí mismo

    cada vez que tus labios

    pronuncien mi nombre en un quejido.

     

    Emanará el placer de cada surco

    que rozaron mis manos

    y de mis ojos invocarás la calma

    para acallar los gemidos…

     

    Cada vez que mis labios

    se fundan en tu cuello

    y susurren tu nombre

    en un soplido.

     

    29 junio, 2017 • Entrevistas, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Carmen Pla

    CarmenPla

    Entrevista por: Hallie Hernández Alfaro

    Soy profesora titulada en yoga terapéutico, amante de la naturaleza y de los animales, pero lo que más me gusta es rodearme de buena gente.

     

    – Tu poética es sólida y muy cuidada. ¿ Cómo ha sido tu incursión en el mundo de la escritura ?

    Desde niña siempre me fomentaron la lectura. Las aventuras de Julio Verne me abrieron todo un mundo, creo que es fundamental la lectura para enriquecer la palabra. En mi época de estudiante tuve la suerte de tener un profesor de lengua y literatura que me hizo valorar ” el arte de la palabra” y la importancia del buen uso del lenguaje. Me presenté a un concurso de poesía y quedé finalista. Ahí comenzó todo. Me aficioné y realicé dos talleres de creación literaria que me han servido de mucho.

    – ¿Qué autores han sido fundamentales para tu formación literaria?

    Me fascinaron: Pedro Salinas, Miguel Hernández, García Lorca, Machado… me despertaron la sensibilidad para cultivar los buenos sentimientos, sentirme humana y útil. Me llevaron por un camino de aprendizaje continuo. También tuve dos grandes referentes; Hermann Hesse y Walt Whitman, me pusieron el mundo al revés.

    – A menudo se habla de poesía de género, ¿Existe, en tu opinión, una diferencia sustancial entre la poesía escrita por mujeres y la escrita por hombres?

    Creo firmemente que la sensibilidad abarca a los dos géneros, la facultad humana y la inteligencia para escribir una obra. Es cierto que la mujer necesita trabajar más para conseguir lo mismo, es el handicap y estereotipos fundados que aún laten y nos han perjudicado. Se sigue leyendo poco a las mujeres. También es verdad que hay mujeres que han marcado historia por su tenacidad admirable.

    – Puestas a fantasear, ¿Cómo visionas la poesía dentro de medio siglo? ¿Avanzaremos con las tecnologías de punta o quedaremos rezagados y con posibilidades de extinción?

    Como decía Gabriel Celaya “La poesía es un arma cargada de futuro”. Mientras el ser humano necesite expresarse, comunicarse y tenga memoria, la poesía estará presente, no creo que muera en el tiempo, siempre que nos identifiquemos con una obra será actual. La tecnología avanza, prueba de ello es todo lo que ahora mismo se mueve por internet. El problema, es cuando no se hace buen uso y se convierte en un espacio tóxico promoviendo la competitividad o el narcisismo. Ahí estaremos perdidos. Creo que la palabra se puede prestar para hacer verdaderas innovaciones virtuales, crear nuevos conceptos o símbolos con el fin de trasmitir y comunicar.

    Muchas veces sucede que nos identificamos plenamente con una obra y casi sentimos que somos parte de ella. ¿Ha habido alguna obra de narrativa, novela/ensayo/ cuento corto/ que hayas leído y que sintieses tan propia que hubieses querido escribirla tú?

    El libro “Nada” de Carmen Laforet por la mezcla de realismo y existencialismo.

    – ¿ Cómo sientes el acto creativo ? ¿Pulsión, visión, mezcla de ambas, razón?

    La necesidad de escribir va surgiendo, me ayuda mucho el espacio abierto. La filosofía es otra de mis pasiones, me gusta encontrar respuestas y de un modo u otro me sirve de guía para escribir. Tengo la suerte de poder compaginar mi profesión con la afición a escribir, me sirve de puente y punto de referencia con la creatividad, donde afloran con facilidad los sentidos y la sensibilidad. Creo que mi profesión es la continuidad de mi poesía y viceversa. Me hace desarrollar la intuición que me resulta favorable y positivo para escribir.

    – Según tu criterio, ¿qué función cumplen los foros virtuales de poesía en el desarrollo de los autores noveles?

    Cumplen un papel fundamental, te abre una puerta, te permite conocer, aprender y corregir, siempre que sea un lugar donde se valore a la persona y el ánimo para desarrollar crecimiento. El trabajo y las exigencias son de cada uno, después siempre puedes seguir por otras sendas. Para escribir poesía hay que leer mucha poesía, me parece un requisito fundamental.

    – De los poemas que has leído, me gustaría que nombraras dos de tus favoritos.

    Me gusta mucho el poema de Maria Pilar Gonzalo “Ya no estás solo” por la fuerza de trasmisión del vacío de dolor y de ausencia, es un poema que ayuda a sentir y a pensar el sentimiento. Y el de Jerónimo Muñoz ” Orden remendada” por el conocimiento en técnica y calidad poética.

     

    Ha sido un placer y un honor compartir este momento contigo, Carmen, Mil gracias.

     

    Tres poemas de Carmen Pla:

     

    Te explicas como nadie

     

    Llegas y vas más adentro

    donde hablan los deseos,

     

    un beso no se hace sin revuelo,

    sin labios, dedos, y un iris muy secreto.

     

    Me oyes y te oigo, me tocas

    con tu deseo realizado,

     

    sobre neblinas de aureolas

    de senos sonrosados.

     

    Un océano diminuto

    de savia verdadera,

    entre huecos que presienten

    las últimas prendas.

     

    Tócame, si logro imaginar

    tus manos tibias,

    mientras mi sudor

    humedece tu rostro.

     

    Tócame, tócame otra vez,

    que algo dentro se suicida

    mientras los dedos juegan

    los últimos milímetros.

     

     

    Tres hojas

     

    Soy del poema la cabecilla de un pozo seco,

    argumento que desborda la imaginación.

     

    Elevación y crecida

    vida y muerte,

    una escalera medida y desnuda

    revestida de la creación.

     

    No sé si me sostienen sus peldaños,

    sus barandillas,

    el ruiseñor diabólico

    que me tala en silencio interior;

    la aurora de la conciencia

    en toda la jornada en sus frágiles ramas,

    o la extremada fragancia que huelo a rededor.

     

    Estrella del destino, puerta que me ciñe

    de un patio mi prisión,

    flores serviles me recogen

    en esa oscuridad y reclusión,

    formando un áspero ascetismo

    del discernimiento mi conclusión.

     

    Tres hojas de la tierra prometida:

    la de mis ojos en sueño,

    la vigilia de la razón,

    y una última postergada y ufana

    escondida en el áurea dormida;

    que sólo me despierta

    el oído del creador.

     

     

    La palabra que te lee

     

    Las palabras nos leen con la misma emoción

    que un pájaro atraviesa el cielo de tu verso,

    con el labio preciso de tu boca que modela

    la inusitada llama;

    el pétalo de lluvia ajado por la lágrima.

     

    No sé de ti ni de tu silencio,

    no sé cuando golpearon los tibios recuerdos

    transportando la pasión que siento.

     

    Las noches con engendros de quimeras viejas,

    que olvidaron la identidad de nuestros cuerpos.

     

    Volví a creerme una alondra con viento en las entrañas,

    una flor deshojada por la nieve del abismo,

    un afán recubierto de anillos añorando el olvido,

    las palabras,- tan tuyas -, siguieron haciendo mi trabajo.

     

    Fueron bocas que humedecieron los sueños

    proclamando: las tardes que no vivimos,

    las lluvias que no mojaron.

     

    Ayer las vi,

    salían del cincel de las sombras,

    vibrando con la misma intensidad que el amor

    y zozobrando estriadas huellas viscosas.

     

    No encuentro los adjetivos adecuados

    ni los amaneceres deslumbrantes,

    pero… – si la palabra que te lee –

    leyendo te siento sin dividir el tiempo,

    con todas las cortinas ocres de tus ojos.

     

    Cuando caen de un soplo en su letargo,

    mi voz descansa todavía en ti.

    29 junio, 2017 • Entrevistas, Revistas • Vistas: 0

  • Revista Nº17 – Julio 2017

    Portada. Conspiración poética permanente. Ven y Rebélate Alaire!.

    CONSPIRACIÓN POÉTICA PERMANENTE

    ¡VEN, REBÉLATE ALAIRE!

    Edita: Asociación Poético Cultural Alaire.

    www.editorialalaire.es

    info@editorialalaire.es

    Director: Rafel Calle

    Dto. de contenidos: Hallie Hernández Alfaro

    Dto. técnico: Pablo Ibáñez

    29 junio, 2017 • Revistas • Vistas: 0

  • El monje de “El mercenario”

    Autor: Dark Moon Walker.

    Tal vez sepas que los escritores nos inventamos todas las historias que contamos, incluso las que son ciertas, ya sea por proteger la intimidad o integridad de sus involucrados, porque la realidad es tan dura que queremos suavizarla, porque, por el contrario, la exageramos para denunciarla o, simplemente, porque desde nuestros cerebros hasta las letras que escribimos están nuestros recuerdos; y estos no son del todo fiables. Razones por las que pueda que ahora no creas la siguiente historia; pese a cierta. Pues, de seguro, la verdadera trama de este relato, ocurrió en algún sitio, cuyo nombre nunca supe, a un tipo tal cual hay miles. Por lo que no nombraré lugares ni el nombre real de quién me contó la historia por la que, ahora, me invento la siguiente. O tal vez, quién sabe, pueda que nunca lo sepas y te esté mintiendo en todo; y sinceramente.

    El caso fue que, hace tiempo, conviví por unos meses con ciertos mercenarios muy nacionalistas, aunque ellos se llamaban militares, más promovido por este afán mío de documentarme que por involucrarme con ellos. Y porque, por esos azares de la vida (aunque el azar no existe), no me quedó otra salida más consecuente que vivir con ellos, pues siempre he sido de economía más bien pobre.
    Eran tres y, todo hay que decirlo, militares de élite, pertenecientes a dos fuerzas especiales militares del país en el que resido, aunque todos se habían formado en la misma base. Por su trabajo habían viajado a muchos países y, bien pagados, a otros tantos habían ido por su cuenta. Eran grandes y fuertes, todos tenían tatuajes, aunque ninguno visible a simple vista, y, al menos dos de ellos, eran groseros y fanfarrones. La verdad es que eran groseros, bien groseros, pues suele ser una característica de los miembros de estos cuerpos militares especiales, y es que pasan mucho tiempo a solas con su unidad en condiciones inclementes, con lo que esa es su forma de animar al que se ha caído, al herido, al débil, o a sí mismos.

    Por esta deformación profesional primero me llamaron “Gafas”, luego “Letritas”, después me llamaron “Pico de Oro” pero por último decidieron tácitamente llamarme por mi nombre; cosa que les agradecí, y les agradezco.

    Mas no hablaré de los tres, pese a que me contaron todos muchísimas historias, me centraré sólo en uno, el de mayor rango e inteligencia, aquel que hablaba varios idiomas con corrección y de forma educada; y a quien yo llamaba “Jefe”. Aquel al que sólo me referiré en esta historia como “El mercenario”.

    Lo podría llamar “El militar” pero creo que se ajusta mejor el otro nombre ya que entre los mercenarios y los militares sólo veo una diferencia. Y es que el militar, si le conviene, mata a sus enemigos mas, el mercenario, si puede, mata los enemigos de otros. Y este caso, el que ahora os cuento, se ajusta más a lo segundo que a lo primero. Aunque nunca hablé de esto con “El mercenario” ni con ninguno de los otros dos, ni en sus borracheras más sinceras, que fueron muchas y con diversas drogas. Y, aunque tampoco creas esto, no se los dije más por pena de ellos, por lo que podrían pensar de sí mismos con tal idea, que porque aún tenía que vivir allí; y me podían inflar a golpes.

    En una de esas noches en las que los cuatro estábamos ebrios, a las tantas de la madrugada, cuando uno de ellos estaba follándose a una en su cuarto, el otro estaba inconsciente en el sofá y “El mercenario”, sentando a mi lado, haciéndose un porro, me contaba no sé qué de las prostitutas vietnamitas y porque ellos entraban de tres en tres a los burdeles. “El mercenario”, aquel hombre alto, musculoso, fuerte, de mirada dura y ancha mandíbula; se me echó a llorar.

    Fue un llanto extraño, no por la impactante imagen de ver a aquel hombretón llorar, sino porque, simplemente, en silencio, sin proferir ningún sonido, le empezaron a caer mansas lágrimas desde sus ojos que recorrieron su moreno rostro hasta gotear por su barbilla, enmudeciéndolo de repente, y haciendo que desenfocase su vista.

    Recuerdo que, en ese momento, por mi ebriedad y natural sensibilidad, me dio por extender una mano y con su dorso secar las lágrimas que ya caían desde su barbilla, tras lo que me espetó un seco: “¡¿Qué haces?!” Pregunta a la que yo respondí mintiendo, diciendo que iba a mojar el porro.

    Pasó un tiempo callado, hasta que terminó de hacerse el porro y empezó a relajarse fumándolo, instante en que me hizo una extraña pregunta para la situación en la que nos encontrábamos pues, como quien pregunta si sabes la verdad de un secreto, me dijo: “¿Crees en Dios?” A lo que no respondí pues de inmediato continuó hablando.

    Me contó que él antes no creía pero que empezaba a creer, por lo que le pregunté a qué se debía el cambio y, tras mirarme seria y fijamente a los ojos, como sopesando si me reía de él o si era conveniente contestarme, en el breve espacio de tiempo que duró aquel porro, me contó la verdadera trama de esta historia.

    Él me dijo que se la habían contado, que le había pasado a un conocido pero, los silencios que tuvo mientras me contó la historia, aquellos momentos en los que perdía la vista, se llevaba el porro a los labios y era cuando se daba cuenta de que ya estaba apagado. Aquellos extraños y largos momentos en los que brillaban sus ojos pidiendo más llanto; no me dejaron duda alguna de que era él quien había vivido todo aquello.

    Creo que me lo contó a mí porque, aunque esto tampoco te lo creas, la gente suele contarme sus intimidades, supongo que pensando que, no siendo para ellos mal tipo, si yo no les censuro, si no los juzgo o los critico; lo que hicieron estuvo bien.
    Me lo contó a mí y en voz baja, con voz impersonal, hueca, porque tenía que contárselo a alguien. Así, de un tú a tú, sincero, sin uniformes ni galones. Me lo contó a mí y de esta manera porque hay secretos que matan; y matan literalmente. Me lo contó a mí, simplemente, porque, por muchas razones, yo estaba allí y le escuchaba. Me lo contó a mí y, pese a que fue hace muchos años, y nunca lo he escrito y a nadie hablado; yo ahora a ti te lo cuento.

    Las fuerzas especiales militares trabajan siempre en toda zona de conflicto bélico, sea o no oficialmente. Cuando es oficial lo denominan “operaciones especiales” y, cuando no es oficial, “guerra no convencional”. Estas “operaciones”, tanto oficiales como no oficiales, son de multitud de tipos según su objetivo. Así las hay de reconocimiento, para recabar información sobre el enemigo comunicándose con contactos nativos, las de sabotaje de objetivos militares, las de formar la milicia o cuerpos de seguridad nativos (a lo que llaman algunos, en argot militar, “multiplicar”) o, simplemente, matar a alguien en particular. Y, esto último, fue la misión que le encomendaron a “El mercenario” y a otro militar. La misión que me contó.

    Alrededor de un año antes de esa conversación que tuvimos “El mercenario” y yo dicha noche, como ya dije, lo mandaron a él y a otro a matar a alguien, un dirigente político, en un país extranjero. Los motivos, que por años investigué después, fueron bien sórdidos; crear inestabilidad política e iniciar un nuevo conflicto armado para lo de siempre. Destruir un país con el negocio de la guerra y hacer negocio después con su reconstrucción. Cosa que bien sabía “El mercenario”; pues de tonto no tenía nada.
    La misión se llevó a cabo como todas las misiones de alto secreto, con sumo celo, bien estudiadas, sin dejar ningún cabo suelto. O eso trataron, pues aquellos mandos militares, los que planearon la misión, no sabían nada sobre el alma humana; por lo que jamás la tuvieron en cuenta.

    Así, en el mayor de los secretos militares (aquellos que jamás son reconocidos ni en sus victorias ni en sus fracasos) “El mercenario” y el otro militar viajaron en avión, por separado y como turistas, hasta un país. Desde donde viajaron a otro país en un helicóptero militar de una autonomía de vuelo de doscientos kilómetros con el que, de esta manera, de doscientos en doscientos kilómetros, desde base militar a base militar, volaron sobre todo éste segundo país hasta la frontera de un tercero; lugar en el se encontraba su objetivo.

    Una noche, pese a que el tiempo no acompañaba, pues era la época de lluvias de la zona, tras que sus mandos se enteraran de que su objetivo no andaba lejos, les ordenaron a él y al otro tomar sus equipos que, según “El mercenario” me explicó con mucho detalle, contaba esa vez con un fusil de francotirador, un arma voluminosa y pesada, que utilizaría su compañero. Supongo que me lo explicó con tal detalle para distenderse, para tratar en algo de quitarle gravedad al asunto hablando de naderías que le entretenían mientras buscaba el valor para seguir hablando.

    De esta forma me explicó que esa noche, “El mercenario” y el otro, saltaron con cuerdas sobre la selva de ese tercer país desde un silencioso helicóptero que voló a tan baja altura, para evitar los radares, y en tan oscura noche, que en una ocasión, tras chocar las ruedas del pequeño helicóptero con las copas de los árboles, según sus propias palabras, casi se van todos a la mierda.
    De esta manera entraron clandestinamente en el país, sin insignia en sus uniformes ni identificación alguna, portando equipo procedente de multitud de países; bajo el más absoluto secreto. Y una insistente lluvia.

    “El mercenario” me contó que el descenso del helicóptero fue complicado, pues no sólo fue esquivando árboles y bajo una fuerte lluvia, sino que cayeron sobre una pendiente llena de lodo por la que se deslizaron, cayendo al suelo más de una vez, dando vueltas aparatosamente junto a su pesado equipo. Hasta que llegaron a terreno más llano.

    Allí se orientaron y empezaron a hacer camino por horas, sobre blando barro y bajo una lluvia persistente. Sus órdenes eran buscar la aldea donde se encontraba el objetivo, aldea que se hallaba a unos veinte kilómetros de su posición, vigilar apostados en una loma cercana, desde donde se podía divisar perfectamente la aldea, coordinados por radio con sus mandos a la espera de la descripción del objetivo, asesinar a su objetivo, caminar a marchas forzadas treinta kilómetros hasta el punto de evacuación donde un helicóptero los recogería; y olvidar todo el asunto.

    Caminaron los dos, por estos motivos y de esta manera, por muchos kilómetros hacia dicha loma pero la lluvia no sólo insistió sino que aumentó de tal forma que se les hizo impracticable el camino por lo que, tras haber visto por el trayecto una cueva, decidieron regresar y refugiarse en ella. Mas la cueva estaba habitada.

    Pues en ella vivía un viejo monje, un anciano ermitaño y ciego. Según lo que me contó “El mercenario”, al anciano se lo encontraron de pie y sonriente, apoyado en un palo, que le hacía las veces de bastón. Me dijo que tenía unos ojos brillantes, muy brillantes y oscuros, esas arrugas de los ancianos amables y una sonrisa de dientes tan blancos que, en conjunto, daba la sensación que era un niño sucio y no un anciano vestido con harapos.

    Cuando entraron el anciano no más les sonrió con esa sonrisa espontánea que tienen a veces los niños, mientras les brillaban sus ciegos ojos, y les hizo alegres ademanes para que entraran, señalando una pequeña hoguera, invitándoles a calentarse. “El mercenario” y el otro, tras registrar toda la cueva, mientras el anciano se afanaba en hacer una infusión para sus invitados, resolvieron quedarse allí hasta que amainara la tormenta y así volver a hacer camino hacia su objetivo. Y allí, en ese momento, tras que el anciano les sirviera una infusión, que ninguno de los dos tomó, y se sentara frente a ellos con sus manos sobre su rústico y pequeño bastón, sin dejar de sonreírles; empezó la discusión. La discusión que tuvieron “El mercenario” y el otro sobre qué debían de hacer con el anciano.

    “El mercenario” opinaba que simplemente debían dejarlo atado y con una mordaza, pues siendo ciego no podía describirlos y ya que los dos se hablaban en inglés y con diferentes acentos, pues ambos procedían de países muy distintos, no podría dar ninguna información útil sobre ellos, más que eran extranjeros; cosa que nada importaba pues, tras matar a su objetivo, todos deducirían que habrían sido extranjeros. Sin embargo, el otro opinaba que era mejor matarlo para no correr riesgos. Algo a lo que se refirió por dos veces como “divertirse” con una sádica sonrisa en su rostro y tocando con una mano su puñal de combate. “El mercenario” insistió en que no era necesario matar al anciano, pues, tal cual era, no era peligro alguno para la misión. Mas el otro continuó opinando que era mejor matarlo.

    Y así se pasaron discutiendo acaloradamente durante casi dos horas ante el silencioso, sonriente y ciego anciano hasta que la lluvia paró de repente y se hizo un patente silencio en la selva. Momento en el que el otro, sin dejar de sonreír con sus dientes y labios pero mirando de una forma grave y oscura, se dirigió al anciano sacando su puñal de combate. “El mercenario” le dijo que parase, el otro no le respondió y continuó su camino moviendo el puñal como si cortara el aire, sádico y divertido, mirando al anciano que no dejaba de sonreírles. Pero, cuando se acercó al anciano, éste, sin dejar de sonreír ni levantarse de su asiento, cual niño contento, le propinó dos fuertes golpes con el palo, uno en la mano y otro en el diafragma, lo que casi provocó que el otro dejara caer el puñal y que perdiera casi por completo la respiración; haciéndolo retroceder. Motivo por el que el militar, lleno de ira, cuando recobró el aliento, profiriese un “ahora si me voy a divertir” y se dispusiese de nuevo a matar al anciano. Y posiblemente lo hubiera matado si el “El mercenario”, en un acto visceral e irreflexivo, movido por sus propias pasiones, por su ego y por su odio, no hubiese sacado su pistola y le hubiese pegado un tiro en la nuca al otro. Un disparo que, amplificado por la cueva, sonó por la silenciosa selva, resonó, patentemente, durante muchos kilómetros, alertando a todos los que lo escucharon. Y, cuando se acabó de propagar el sonido, para sorpresa de “El mercenario”, el anciano, aún sonriente, le dijo en inglés: “Buen chico.”

    Tras ello, impactado, “El mercenario” abortó la misión, enterró el cadáver del otro junto al equipo de éste en la selva, caminó hasta el punto de evacuación, comunicó por radio que habían sido casualmente sorprendidos por unos milicianos mientras se dirigían a la loma, que sólo él había conseguido sobrevivir. Y fue evacuado de allí en helicóptero.

    Cuando terminó de contarme todo esto, “El mercenario” me preguntó sin mirarme, sin querer mirarme, con un hilo de voz, casi musitando: “¿Crees que hizo bien mi amigo? ¿Que tenía razón el anciano?” Yo no le contesté, simplemente, tomé de su mano el porro apagado, lo encendí y, tras inspirar largamente por la nariz y exhalar con mi aliento un suspiro lleno de humo, mientras fumaba, embriagado por las drogas que había tomado, a esas horas de la madrugada y embargado por mis propias emociones y ego; comencé a llorar en silencio, extrañamente, sin proferir sonido alguno.

    Sé que lo más seguro es que no me creas pues soy escritor, por lo que pensarás que sólo es una impostura, un invento, que “El mercenario” no existe, que nunca ha existido, y aún menos los monjes ancianos, ciegos y ermitaños que saben defenderse y hablan inglés; pero lo cierto es que esta historia es tan cierta como mis propios recuerdos.
    O tal vez no, quién sabe, pueda que nunca lo sepas; y tan sólo mienta…

    Aunque, realmente; qué más da.

    26 febrero, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Matar la Omertá

    Autor: Pablo Ibáñez.

    Tu bata respira la cocina y el pasillo de la misma manera que entonces, madre, pero tus pasos son ahora cuidadosos y meditados, de pingüino. Has perdido brío, es normal. Calientas el café en la misma encimera de granito negro, acaso ya un poco macilenta por el paso del tiempo, y tu conversación sigue siendo reposada y gráfica, incluso al adentrarnos en revelaciones mucho tiempo postergadas.

    — Pero tú no eras Borderline. Lo dijo un psiquiatra de Madrid, muy reputado.

    Estiras un brazo lentamente al azúcar de las baldas; me levanto y te ayudo. Tengo miedo y vergüenza: he venido a que me cuentes qué paso hace muchos años, qué recuerdas, si la leyenda que bulle en mi cabeza contiene realidad. Yo ahora estoy mal y no sé por qué. Yo no sé si hablar en crudo del pasado es bueno o no, si es justo o no. Dicen que sí —ese terapeuta tan serio y tan caro…—, yo no sé.

    — Mamá, ¿conservas el cuchillo?

    De repente suena el timbre del portal, siempre has tenido suerte en estas lides. Un técnico que viene al ascensor, no sé qué pasa, ha venido ya dos veces. Prefieres concentrarte en esas cosas del día a día, es normal. ¿Yo qué hago aquí?

    Detrás de la ventana está lloviendo suavemente. La calle se parece a la de entonces, más pequeña. Han construido un bloque de viviendas enfrente, en el solar que estuvo condenado de maleza muchos años. Un perro monstruoso protegía la verja de lanzas herrumbrosas, yo pasaba por delante cada día hacia el colegio. Me enseñaba los dientes desde dentro y me ladraba sordamente, bestialmente, me buscaba los ojos con sus ojos llenos de odio.

    — ¿Te acuerdas de Rodrigo?

    De repente te muestras animada, me sirves un café, intentas rebajar mi gravedad azucarándola, anegar un pasado dudoso con un presente mío que entiendes muy brillante. Gracias madre.

    —Tu padre siempre decía que llegaría lejos. Está de reponedor en el Día de la esquina.

    Un día cogí un pequeño cuchillo de la cocina y lo escondí en la maleta del cole. Al pasar por delante de la verja, abrí la maleta, saqué el cuchillo y comencé a acuchillar los dientes de aquel maldito perro. Notaba la manga del jersey ensangrentándose, pero el perro no cedía en su odio, ladraba y ladraba, intentaba morderme desesperadamente y yo acuchillaba y acuchillaba su hocico, el metal afilado crujía al golpear en calcio, perforaba sus enormes encías torpemente. Sus ojos odiaban y odiaban, totalmente enloquecidos, y los míos también. Y aquel policía de barrio se aburría mucho, era el jefe, estaba deseando acción contra alguien débil. Me apartó de la verja, tiró el cuchillo y se cebó en mí a golpes. Su uniforme olía a naftalina, el perro no callaba.

    — Cariño, fue hace muchos años… Aquello ya pasó. Tu padre ya no puede recordarlo, ya no puede recordártelo en silencio en cada una de sus miradas de decepción. Has salido de aquello, has sobrevivido. Dorita la del quinto me dice siempre lo alto y lo guapo que estás, y lo educado, lo elegante, qué buen mozo. Olvídalo.

    Madre, me has dado un beso en el umbral, una sonrisa cariñosa y cómplice. Afuera sigue lloviendo suavemente; la calle es la misma de entonces pero nosotros hemos cambiado. Yo he cambiado. El mundo ha cambiado, y quizá no quiera o no sea capaz de asimilarlo en algún recodo de mí mismo. Una brisa de otoño remonta la avenida y azuza las agujas de aguacero. Respiro unos minutos el portal, me arropo el loden y camino lentamente hacia la noche.

    26 febrero, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Mi noche de espanto a lo Chéjov

    Autor: Gerardo Mont.

    Al norte, la ciudad abre su mejor sonrisa: casas de lujo, edificios modernos, servicios múltiples y exclusivos, como dientes bien tratados, adornan la zona de los ricos. Al sur, los colores se van degradando, acercándose a las tonalidades de la miseria y el vicio: salas de masaje con final feliz, cantinuchas, sodas sucias, moteles de baño compartido y de divisiones a media altura entre los cuartos, donde se entremezclan los gemidos, logrando ráfagas de placer fingido muy parecidas al dolor o a la desesperanza de aquellos que, tendidos en la acera, no son más que el crudo testimonio de que siempre hay daños colaterales en los negocios lucrativos. Hacia el este, asciende el asfalto hacia otra provincia, dejando desperdigadas las tiendas de precio moderado y las económicas americanas que exhiben ropas de marca, usadas, y de tallas desproporcionadas para físicos, digamos reservados – que no quieren llamar la atención de otras especies –, pero nada que un par de costuras no pudieran corregir. Hacia el oeste las ventas callejeras, la avenida principal, el tráfico infatigable, las presas continuas y extenuantes, las multitudes que acuden a sus buses como a su última esperanza, soñando con sueños que se cumplen. Y yo allí en el medio como un punto que no sabe con quién tiene que tomar partido.

    Mi amigo circunstancial, al que yo llamo Aznavour porque cada vez que viene al país, a observar aves y mujeres, empalaga el edificio con la música del famoso trovador, me había dicho un par de horas atrás, en un español terriblemente francés, con gárgaras incluidas: “Creo que su ami ggo Ricagdo mug-rió”. “¿Y porqué lo cree?”, pregunté de inmediato demasiado sorprendido. “Pogque hagbía un ¿fég-retro? en su apagtamento y mugcha gente que me degcía: mug-rió Ricagdo”. Luego desapareció tras su puerta, como por arte de magia, aunque le hice evidente mi deseo de continuar interrogándolo. Mi corazón se movía como una mujer al ritmo del perreo. La noche anterior yo había soñado que mi amigo yacía rígido y amoratado en un gran cajón, tan grande como un congelador de cantina; y en el contexto de mi afición reciente por lo paranormal, la adrenalina me gritaba que así, tan pronto, me estaba haciendo receptivo.
    A pesar de la terrible noticia pude pensar que eso de la elegancia y la respetuosa manera de conducirse del francés es otra mentira, de esas que llevan sólo la intención de enfatizar nuestros descuidos y carencias tercermundistas; roles perpetuados por el cine que sólo muestra la cara amable y romántica de aquellas naciones europeas y la triste y miserable de nuestros países.

    No sé por qué razón mi mente, no obedecía a mi intención de concentrarme en el lógico y necesario dolor que me tendría que tener clavado, dado el reciente deceso de mi gran amigo Ricardo. Aunque como siempre, tuvo poco tino aun para su última despedida, así que no debía esperar mucho sentimiento por su ausencia, máxime que había muerto precisamente en lunes, cuando ni las gallinas ponen.

    Un día para volver a la realidad, era el lunes, para calentar motores e iniciar el rutinario viaje del burócrata hacia los viernes por la tarde. No era un día para morir, sino para otro maldito principio, como el de un zombi, que hasta días después decide tomarse algunas energéticas para blandir sus gruñidos e intentar con ellos la imposible coherencia del mensaje. Para colmo de males caía una noche fría y una terrible bruma hacía sentir los cuerpos en la calle como tras un muro, o en otra dimensión y eso se traducía en un bloqueo parcial de mis nuevas habilidades, y aunque lo intentaba no lograba captar, sino, leves impulsos, tenues percepciones entremezcladas con mi lógica preocupación, ya no por el muerto, pero sí por los vivos, por lo que yo tendría que decirles, para parecer coherente y sensible.

    El lunes, definitivamente, no era un día para morir. Quién querría morir un lunes, si espera, como sé que lo esperaba mi amigo, que muchos asistan a la vela con una alegre versión de “los dolientes”: con lágrimas, pero con mucho que decir respecto al muerto. Yo hubiera preferido, en el peor de los casos, un fin de semana, que aunque hubiera estropeado planes previos, o interrumpido algunos tragos, la lengua, por decirlo de alguna manera, hubiera estado más ligera…, capaz de sacar los ases de la manga, porque sin duda aquel “vicho”, así lo requería desde el otro lado, donde le hubiere tocado en suerte, estar.

    Bueno, y allí estaba yo, recostado al poste del alumbrado, intentando planificar mi ascenso hacia el departamento de esa esquina, que reniega de los puntos cardinales y que así, a la deriva, trazaba en mi mente una noche de espanto a lo Chejov, con féretro en la sala, y la mierda de una trama macabra de muertos y sus formas de morir, con las que pretenden engañar a sus amigos, haciéndoles creer que antes de aquello estaban vivos… Aunque en honor a la verdad, no recordaba bien la trama del famoso cuento y casi estaba seguro de que no iba por allí, a mi mente le daba, en ese mal momento, por hacerse la interesante ante la inminente necesidad de subir aquellas gradas y robarle un buen tanto de protagonismo al muerto… Y mal, no podía concentrarme para no caer en los excesos de un llorón que no acepta la inevitabilidad de la muerte, pero tampoco en los del impasible, tan cercano a lo inhumano, tan político.

    Miré al segundo piso, las sombras parecían espectros a la luz de las lámparas y al ritmo de ese metal tan pesado que escuchaba en vida o más bien ingería como una droga. La escena para alguien que le conocía tan bien como yo, no era nada extraña, pues solía decir en vida: “A mi muerte quiero metal y un ambiente de tragos y luz baja para que los compas me sientan a su lado y en su ambiente”. Creo que él no consideró que tratándose de un muerto, se colarían los malos y los buenos vecinos, alguno que otro enemigo, para gozar de aquello, los compañeros de trabajo y no pocos vampiros del estado, de esos que eternizan los linajes políticos a cambio de un buen puesto. ¡Qué de vibras encontradas debía haber allí dentro!

    En los minutos subsiguientes hice un mayor esfuerzo por concentrarme, pero no logré imaginar una postura adecuada y aún menos un discurso. Las manos entre las bolsas del pantalón me harían parecer un tonto, pero mis manos sueltas y nerviosas harían ademanes que de seguro, serían contrarios el apropiado sentimiento. Mi mente, entonces, decidió divagar en las muchas perspectivas que apuntaban a la esquina. Extrañamente en Ricardo, como en su apartamento, también confluían todos los índices. Como burócrata choricero había amalgamado alguna fortuna, recibiendo untadas de dudosos extranjeros, que le permitía ser bien aceptado en los clubes exclusivos del norte, en sus fiestas privadas y en sus submundos de excesos, digamos elegantes; pero como divorciado andropaúsico, rodaba desvergonzadamente en los excesos, digamos poco elegantes, del sur; y como uno de ellos, al sur o al norte, siempre era el alma de la fiesta. Además, aunque venía del este, de aquella otra provincia, más rural, más apacible, cuna de algunos próceres, abordaba siempre su apartamento por las congojas del oeste, bien acongojado.

    Encendí un Marlboro mentolado, aunque estaba dejando de fumar pues ya había calado en mí, eso de, “fumar mata”. Sentí un placer indescriptible, casi sexual, pero cuando ya había terminado con un jalón de a pulmones llenos, me sentí culpable. Sin embargo, me consolé pensando que la muerte de mi mejor amigo lo ameritaba, y encendí el segundo. Me gustó observar como las volutas de humo se mezclaban con la niebla, la usurpaban, pero luego se perdían en ella. En ese momento, aquello me pareció sexual, también, y con la culpa a flor de piel, froté mi cabeza y pensé en la muerte de Ricardo, en las posibles razones del deceso.

    Barajé primero, los clásicos motivos: Accidente, suicidio y homicidio. Por supuesto, era casi imposible imaginar que un hombre de edad media, deportista y mujeriego incorregible, pudiera decir adiós, así como así, de manera natural, a un mundo al que amaba y escurría.

    Sus ancianos padres, de acuerdo a mis cavilaciones, llorarían con certeza un accidente. “Sin duda – dirían –, habrá preparado la leche con veneno para algún gato, y su estado etílico y el hambre habrían hecho el resto. Desde niño jugaba a darles muerte. ‘La venganza del ratón’, solía llamar el juego. Pero era sólo un juego, él era incapaz de una maldad premeditada”.
    Claro, yo asumí que siendo Ricardo tan predecible, tendría que haber muerto de algo así, como con leche envenenada. Una muerte sin garbo, cinematográficamente trillada, como todas sus bromas, y terriblemente estúpida como su sentido del humor… Por Dios, mi mente aún divagaba. Recordé los malos ratos que me hizo pasar, burlándose simuladamente de mi raquítica conversación, de mi manera de quedarme ido y llenar mi boca con cerveza para aparentar –según él – que era algo más que un vegetal, porque tenía movimientos voluntarios. Aunque la realidad es, que voluntariamente escojo para mí, un perfil bajo, que encubra mis intereses y capacidades, para no involucrarme en esas estupideces que llegaron a cansarme después de algunos años: jugar de técnico de fútbol avezado, de un don Juan con muchos pluses, de gran aventurero y millonario, o de gran cantante en los Karaokes y cosas por el estilo, que todos en el grupo vomitaban de los demás compañeros, pero perpetuaban, asintiendo con una risa sorprendida, para recibir en consecuencia, el mismo trato cuando les llegara el turno de exagerar lo propio.

    Por esa razón, por burlarse, un par de meses atrás yo le había acertado un puñetazo en el rostro, que de inmediato se le inflamó y poco después fue tomando, color de golpe en serio, con el ojo correspondiente, rojísimo del rebote, para completar el cuadro. Desde ese día, no sólo él, sino que todos me trataban con más consideración y a veces abordaban temas de mi interés en los cuáles yo era la última palabra (fácil ante su absoluto desconocimiento). Sin embargo, a pesar de su nuevo y excelente trato, yo había acumulado tal rencor, que un solo golpe no lo podía haber desahogado, aunque tuve que aprender a disimular, para aparentar la nobleza y el temple cristiano que yo profesaba cuando, como ya dije, de vez en cuando abordábamos mis temas sobre ciencia, o más recientemente, sobre temas paranormales y espirituales.

    Pero ahora, yo tendría que ser convincente, pues de seguro alguien tan aferrado a lo terreno, aún vagaría entre esas cuatro paredes observándonos, añorando su fama de hombre de mundo, los halagos, sus excesos. Lo imaginé con su maldita risita de entre dientes, mirándome y luego mirando a los otros, queriéndoles decir quién sabe que barrabasadas del que llamaba mejor amigo. Casi le doy gracias a Dios por habérmelo quitado del camino, pero desistí a mitad del intento, avergonzado. Entonces sentí una especie de miedo premonitorio caminándome en la espalda, mientras se entremetía un flash de mi memoria que me hizo recordar como algunos meses antes, el primo de una prima, llamado Josúa, tras tomarme las manos, me advirtió que debía cuidarme, que no debía involucrarme en asuntos paranormales en los que yo no fuera completamente imparcial. Quise hacer caso a la advertencia y no pecar de necio.

    Bueno, pero cuando uno divaga, divaga. Retomé las posibilidades clásicas y consideré la perspectiva que de seguro asumirían los hermanos: por su parte jurarían que habría mano criminal. Quizás algún dinero del que ellos aún no estaban enterados, habría sido el móvil (nos es natural a los humanos la ambición), y vivir en los lindes de una vecindad patibularia, habría sido su desgracia. “Con un revólver en la cabeza, cualquiera se la juega a ingerir veneno, para luego vomitar, tomar leche pura como loco, o correr al hospital si tiene chance”, diría la hermana menor de los tres hermanos vivos, la cirujana, tan bella como engreída.

    Los amigos, sin duda, no estarían de acuerdo. “Un suicidio, es lo que aquí ha pasado – dirían –. Con todos los enredos que este man tenía, cualquiera agarra a martillazos el reloj”. “Que si qué, no entiendo como no lo hizo antes. Tres pensiones, una güila preñada y deudas de juego y droga a más no poder, a cualquiera le dan un buen motivo. ¿No creen?”.

    Yo por mi parte llegaría de último, dándole un matiz propio a la cosa: “Todos tienen la razón. La leche preparada para envenenar un gato, sería el detonante de esas ganas de suicido, pero en el momento preciso para evitarlo, habrían llegado los acreedores, tan violentos como inmisericordes, y lo habrían obligado a beber la leche del animal, como una manera de humillarlo. Y ante el pronto efecto, de la fuerte dosis del veneno, habrían desistido de dispararle para mirarlo sufrir un rato”. De inmediato recapacité, el mismo frío en la espalda me advirtió que Ricardo esperaba lo mejor de mí.

    La noche se volvía tétrica, la bruma era tan densa que imaginé que podría untarme el dedo y chuparla, pero que esa noche tendría un sabor amargo. Me abstuve. El féretro en el centro, la escasa luz, esas voces guturales del heavy metal y el punk rock, convertían la escena en un ritual satánico, con sacrificio y todos los ingredientes ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Por respeto al muerto que aún vagaba en la estancia, sacudí de mi mente el pensamiento.

    Una prostituta al otro lado de la calle me distrajo. Era hermosa, con tacones y una falda corta sin excesos, bien entallada. “Con este frío – pensé –cómo anda con las piernas descubiertas. Claro, ella sabe lo que tiene… Pero –recapacité – no parece una prostituta ¿qué hace allí entonces, de ese lado del mundo, sola y tan elegantemente vestida?”. Pude notar, entonces, que miraba hacia la ventana, como preguntándose qué pasaba, y yo que andaba un poco sexual después de varios días de ayuno involuntario, crucé la calle (extrañamente me sentí inseguro), le ofrecí un cigarrillo y fuego a la vez. Aceptó con un gesto que decía ¿y por qué no?, y sin más me puse a explicarle que había un muerto, uno que merecía estarlo por patán, pero que era mi mejor amigo. Ella paró los ojos, se recostó contra la pared flexionando una rodilla. Interpreté esa flexión como un lenguaje corporal, una invitación al acercamiento. Adopté la misma postura al lado y le conté todas las horribles acciones de mi amigo muerto, su manera de burlar a las mujeres (y a cuantos podía), cosa que ninguna, fuera cual fuera su condición, merecía. A esa distancia tuve un mejor panorama del interior y pude observar cómo, ritualmente quizás, se acercaban de uno en uno al féretro, corrían la tapa – deduje por el movimiento a pesar de que me daban la espalda –, y luego la cerraban para volver a su lugar. Ella se mostró demasiado receptiva, entonces le pregunté: “¿Qué haces aquí, a esta hora?”. “No, nada, sólo pasaba y me quedé mirando. No soy prostituta, por si acaso”, contestó. “Bueno, no lo pensé, por si acaso. Y también sólo miraba, porque no sé qué hacer, ni que decir. Tal vez puedas ayudarme…”

    Acto seguido la invité a una cerveza en el bar más próximo, como ha treinta metros hacia el sur. Y como dicen por allí, una cosa condujo a otra. Fuimos a un motel muy próximo. Ella una mujer desconsolada por alguna razón que no quiso decirme y yo necesitado de una piel tibia, que alejara ese frío que expiden los muertos y envuelve a los suyos los primeros días.

    Antes de despedirse con un beso en la mejilla, me dijo: “Sabes, estoy embarazada, aún no se me nota, ¿verdad?”. “No, no se te nota. Para nada”, le respondí y ella continuó: “Estuvo rico, sabía a venganza”. “Por qué”. “Por el malparido que me preñó”. De súbito tomó hacia el norte a toda marcha, yo la seguí a alguna distancia hasta llegar de nuevo al poste. Entre flashes de su maravilloso cuerpo, reflexioné sobre lo que me había aconsejado. Al fin, me decidí a ascender.

    ¡Por Dios!, cuando llegué a la escalera, un par de conocidos, casi amigos, gritaron hacia arriba: “Llegó Ricardo”. Me pareció de mal gusto, un irrespeto para los verdaderos dolientes, que aunque serían muy pocos, merecían consideración; y no sólo por gritar, sino por llamarme con el nombre del difunto, doblemente desacertado. De esas cosas yo si tenía cuidado, porque a mi manera de ver, sin ser profundas, mantienen la sociedad más o menos cohesionada. Seguí ascendiendo lentamente, el cuerpo de la hembrita titilaba entre mis dudas. Al llegar a la puerta, me faltaba el aire, como si hubiese ascendido varios pisos rápidamente. Sentí una debilidad en las rodillas, fruto quizás, de esos pensamientos encontrados que se agolparon en mi mente. Hasta el miedo asomó su nariz fría, inconsecuente.

    Ingresé lento, de acuerdo al plan que me había trazado, todos se habían alineado delimitando el camino ineludible hacia la muerte. De fondo los gritos guturales a un volumen moderado, las luces más tenues de lo que había imaginado y la terrible (así me pareció en el momento) ausencia de sus padres y hermanos. “¿Habría pasado algo entre ellos de lo cual yo no estaba enterado?, me pregunté. “Ya habrá tiempo para indagar en los detalles”, me contesté. Las miradas penetrantes también acosaban mis rodillas, bajé aún más el paso y mire hacia ambos lados con el mejor gesto de pesar que pudo dibujar mi rostro. Pensé que serían adecuadas algunas lágrimas, pero éstas, no me obedecieron.

    Antes de descorrer la tapa, puse la mano sobre la misma…, no sé, quizás para ser consecuente con mi nueva nota parasicológica.
    De pronto un grito cortó el silencio, como un bisturí que expone las entrañas. Un torrente de ideas sanguíneas probó mi salud cardíaco al máximo. Allí estaba, desencajada, la hermosa mujer de la que me había despedido minutos antes. Se tendió sobre la tapa maldiciendo la desgracia de haber conocido a Ricardo, y de que así porque así, la dejara con su hijo en las entrañas y el mundo encima.

    La abracé procurando mi mejor abrazo, puro, sincero, solidario, pero solo quise besarla. Mientras lloraba en mi pecho, no pude evitar que mi mente se desbocara nuevamente. Imaginé a Ricardo herido, ingiriendo su diabólica medicina, con la que él pretendía “ambientar” a sus amigos. Muy a pesar de mi voluntad, sentí una enorme satisfacción y quise sacarle el dedo al espectro que sin duda precedía aquel rito espectral de desencantos y malicias. Permanecí sumido como en una burbuja con ella aferrada a mí y yo a ella algunos minutos. Quise eternizar aquel momento, pero ella miró hacia todos lados y me soltó con el gesto de alguien que se lanza al vacío. Una rockera que yo no conocía la tomó de las manos y la sentó en una silla. Tuve entonces que confrontar el rostro de aquel “vicho”, en mi interior ya no podría llamarlo amigo. “Ojalá estés ardiendo en el infierno”, le dije entre dientes mientras descorría la tapa.

    Alguien subió la música al máximo, los vidrios retumbaron y todas las luces se encendieron. Mayor susto jamás me había llevado. Tras la distracción redireccioné la mirada a punto del desmayo.

    ¡Latas de cerveza entre hielo, eso era lo que había en el féretro, no más que eso! El maldito féretro era una gigantesca hielera, muy al estilo de ese estilo de todos los presentes.

    Había caído otra vez… y todos se burlaban. Simulé como mejor pude, ya con lágrimas de risa en los ojos, ya con maldiciones. Al voltearme estaba mi maldito amigo con sus brazos abiertos y me tendí sobre ellos abrazándole, como él a mí, con toda fuerza. Sobre el hombro miré los ojos de la mujer clavados en los míos. Sólo ella no reía.

    26 febrero, 2017 • Relato, Revistas • Vistas: 0

  • Poemas seleccionados del foro Alaire

    Selección de: E.R. Aristy y Óscar Distéfano

    El hundimiento de las pirámides

    Qué extraña distracción tomar asiento
    detrás de las pirámides altivas;
    sentir cómo comienza a removerse
    la arena que sustenta su grandeza.

    Qué síntoma, qué adiós, qué vaticinio
    previene al solitario observador,
    hundido en una silla sin respaldo,
    de la mortalidad de lo inmortal.

    No escucha más que vientos declinantes
    peinándoles la piedra milenaria.

    Qué raro sentimiento compasivo
    convierte el estupor en carcajadas.

    Podría levantarse, golpear,
    chillar como gaviota satisfecha,
    o traspasar la tierra movediza
    y ser como el ajuar que los cadáveres
    se llevan del lugar en que murieron.

    Ramón Ataz

    ~°O°~

    En mí arden pájaros

    No importa irse. Irse vale quizá como quedarse.
    Quizá mas.
    J. R. Jimenez

    DEFINICION Y SUSTANCIA
    Todo se olvida, dices.
    Y el verano, pienso, llegara, como siempre.
    Y el otoño:
    simplicidad perfecta de lo esperado.

    EXPULSADA DE LA MEMORIA

    No te escucho:
    oigo cómo crecen mis uñas,
    cómo el miedo se ha hecho dueño del barrio,
    de la ciudad.

    Cómo se acercan tus pasos.

    O se alejan.
    DE LA CALLE CÉNTRICA DE TU POESÍA

    Vuelves. Crees que todo puedes conjurarlo.
    Como antes.
    Que aún juegas a plantarle batalla a tu abecedario de soldaditos de plomo.

    Nadie está solo cuando a nadie espera, pienso.

    EN ESAS TARDES CANSINAS

    Limosneas mi tiempo. Espera, dices.

    (Sí, aún lo recuerdo: tus dedos encalaban
    la línea del horizonte de mis párpados;
    avaro, el mediodía se enrocaba en las flores del almendro.
    Pasó la lluvia. Y te amé).

    No preguntes: se extravió el futuro.

    LA LUZ INSINÚA LOS GESTOS

    Por eso siempre vuelve, dices.

    «No importa irse. Irse vale quizá como quedarse. Quizá más»
    -pienso-.

    Insinúa esa luz que no se extinguirá nunca.
    Quizá hablas de aquella que asomaba tus ojos
    al borde de los míos, y acallaba instantes
    y derrumbaba límites.
    Olvidas que cada singladura reclama sus olas,
    sus espumas.
    Creo.
    DONDE GRITO TU NOMBRE

    si redescubro espliegos
    y lagartos dormitando a la sombra de las espadañas
    -o transparencias de sol entre las buganvillas-
    y hallo tu comienzo, atempero mi pulso.
    Busco un despertar súbito, silencioso, certero como un disparo
    y asciendo desde la oscuridad a la luz
    camuflada en la mísera condena perpetua del día
    (antes de que la palabra me mate poco a poco:
    cuando le apetezca).

    Si me ha de encontrar la muerte,
    al menos
    que se tome el trabajo de buscarme entre los pájaros que arden en mí
    o en el impronunciable magma de sílabas.

    Blanca Sandino

    ~°O°~

    Lluvia

    De la lluvia amo el brillo
    que deja en la piel de las fachadas.

    A veces furia
    otras calidez,
    beso o ternura.

    La lluvia es un grito
    que se derrama entre las olas del aire,
    su corazón de ángel
    enciende los ríos de la vida,
    su raíz viste de agua
    la memoria de los impermeables,
    el descuido de los paraguas,
    el canto irreal de las alcantarillas.

    Cuando tú paseas vestida de humedad
    hay un eco gris que te sigue
    como una jauría de perros líquidos,
    callados, fieles.

    Me entretiene la redondez y el espasmo
    que la gota huida dibuja en el cristal.

    Veo a lo lejos
    los labios de la gárgola,
    su saliva incansable,
    su acuosa serenidad
    de símbolo.

    Y es en su ferocidad de ráfaga
    donde yo encuentro mi ser,
    desnudo, parado en las esquinas,
    el agua, el viento, la sal
    golpean mi rostro infantil;
    y sé que más allá de este instante de fragor
    hay una bendición que me atrae,
    me doblega,
    me abraza
    con sus tentáculos de ninfa.

    Ramón Carballal

    ~°O°~

    La vida es sueño en llamas

    Sospecho que la vida me reclama
    un poco de la anciana valentía,
    recuperar la ensoñación de llama
    porque es de hielo cada día.

    Y si pretendo vertebrar un mundo
    a la medida del disfraz que pido
    para mutar en Segismundo
    que quiere liberar al reprimido
    buscón de incendios sensoriales,
    habré de convertir la vida en sueño
    que guarde el combustible entre cristales,
    urna, dos brasas y el empeño
    de implosionar su origen de animales.

    De los sueños exploro el prender la consciencia,
    yo y mi obrero del fogón. Y olvido;
    no quiero congelarme en la nieve-cadencia
    que despierta los mantras de las noches en vilo.

    Rafel Calle

    ~°O°~

    Vivir

    Vivir. Seguir morando en la partida
    como el humo en la boca de la hoguera;
    al borde, como el humo, en la ladera
    de la llama que alienta oscurecida.

    Redimir en el fuego cada herida
    abierta al declinar la primavera.
    Ese fuego escondido, brasa austera
    que habitó en el rubor, de amanecida.

    Y límite del mar donde concluye
    -en sueño del azul, su voz de adviento-
    la espuma que, naciente, se diluye,

    dejar al polvo el último fragmento
    de la carne que aún nos constituye
    y erguirse libre,
    interminable,
    al viento.

    Felipe Fuentes

    ~°O°~

    Soy

    Soy el hambre que madruga su sentencia,
    en el olvido y en el antes del sol.

    Soy el verso, la lágrima, la senda.

    Aparezco repetido
    en mascaras
    en juegos de rayuela.

    Amanezco, pero no soy el cimiento.

    Cruzo la puerta y el laberinto,
    Siento la herida, el sino.

    Estoy despierto en la sala de mis condenaciones,
    Por ello huyo de las lágrimas y sus encrucijadas.

    Pero mi jardín se va secando,
    luego abro la puerta y soy
    esto que lees sobre esta hoja.

    Javier Dicenzo

    ~°O°~

    A roza abierta

    Es una paradoja sin sentido
    este cavar el tiempo, a roza abierta,
    minas de soledad entre los ojos
    y, a cambio, no dejar en la senda

    huellas de su pisada taciturna.
    Me asalta en lo profundo de la noche
    su pulso irrefrenable, me lacera
    en la sien como un mínimo martillo.

    No hay nada que parezca más ligero:
    mas como se detiene en las heridas
    a hurgar y hacer más férreo su dominio,

    nada marca su paso lento y firme.
    Sólo esa permanencia en las agujas
    y saber que se fue mientras miraba.

    Josefa A. Sánchez

    ~°O°~

    – Asedio –

    Aúlla la manada desde lo alto del risco,
    el viento acaricia los árboles,
    ríe escondido el diablo
    en su madriguera de sangre.

    La luna baña los barrios,
    sucios haces rompen
    contra ventanas-espejos,
    y mil lentes se enfocan hacia el centro,
    donde los lobos vigilan.

    La avenida es un río furioso,
    desgasta el asfalto las vibraciones,
    se cierran los balcones,
    se tapian las puertas,
    cometas de vidrio surcan los cielos
    y estallan,
    cobardes,
    a escasos metros de la entrada al infierno.

    Suenan los cantos de sirenas,
    agudos, desquiciados,
    desde los cuatro puntos cardinales
    torres de sonido se alzan
    acuchillando palomas
    rumbo al olvido.

    Los nervios se desatan,
    nieve combustible y corazas de arena,
    las calles arden bajo el aguacero.

    Israel Liñán

    ~°O°~

    Risk

    Para inferir en el reino de coltán he olvidado las naves,
    alambique en el zodiaco de la noche.

    Atocha desnuda en flor,
    los andenes, besados por la psicosis de Cupido.

    Para inferirte crucé dígitos en la memoria
    y jugué al milagro terco,
    a colonizar defensas,
    a renacer en modus corazón.

    Tu avance conquistó el funeral del miedo.
    El riesgo mordisqueó neuronas en la carrera;
    pobre adrenalina, pobre historia.

    Para inferirnos ha triunfado el mineral más oscuro.

    Hallie Hernandez Alfaro

    ~°O°~

    Mucho González, poco Ángel

    Pidiendo ayuda a gritos en silencio
    salía del poema hacia la calle.
    Pausaba diez minutos en el atrio, así que remansara
    la tensa inanición de la palabra.

    La brisa del canal soplaba fresca.
    Abría mis entrañas para olerla, sacaba un cigarrillo;
    la noche transitaba sin esfuerzo, algún claxon lejano
    manaba del rumor del universo.
    Fumaba como un niño, libremente.

    Tenía que decir mucho de ti.

    De cómo desalojas la norma cuando pasas,
    del mar de kriptonita en tus pupilas,
    ese mohín cerval cuando calculas,
    las trazas en idioma neardental si te ensimismas.

    Tendría que decir, pero ya sabes
    que hay mucho González, poco Ángel.

    Pablo Ibañez

    ~°O°~

    Desde Blas de Otero

    ” ¿Quién escribe, ¿quién me coge de la mano?
    No es mía ” (Blas de Otero)

    Pero me sirvo de ella, Blas Eterno,
    para esculpir en las rocas todo su nombre,
    aun sabiendo que
    entero su nombre, me cabría en la niña de mis ojos.

    Como el trueno eyacula en la tormenta sin pudores
    y al orgasmo,
    gime al cielo cada uno de los rayos que penetra,
    es su mano,
    Blas del Cielo,
    no mi mano.

    Pero me sirvo de ella, a ras de arena.

    En ofrenda.

    Concha Vidal

    ~°O°~

    El viaje

    El valle estrecho
    que delimitan las cumbres del dolor
    permite vahos de libertad
    que laten aquietados,
    como si la felicidad tan solo fuese
    un lapsus momentáneo
    entre contrariedades.
    Dijo Li Po:
    “Eres bella como una flor,
    Pero las nubes nos separan”.
    ¿Quién podía adivinar que en esas nubes
    viajaban madres imperiosas,
    padres ausentes que de pronto
    sentían la exaltación en la entrepierna
    de una paternidad ausente?
    Así es la vida, la verdad,
    la gran conspiración que nos ocupa
    tantos años.
    Viajamos buscando los oasis
    para olvidar montañas tenebrosas.
    Y, entretanto, el amor
    nos despedaza
    con sus poliédricas cuchillas.

    Roberto López

    ~°O°~

    Ecce Homo

    Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si ganare todo el mundo,
    y perdiere su alma?
    JesuCristo

    Hoy desperté sin dios y sin demonios,
    nada más que estas banderas
    colgando de mis venas,
    en la Avenida Las Américas,
    voy a sacarles partido.

    Avanzo hacia donde quiero,
    me valgo de lo que sea,
    a veces dejo hablar al culo,
    de los dos, es él quien mejor besa.

    Hoy sólo hay hombres,
    mujeres y niños,
    ¡sálvese quien pueda¡

    Si me obliga el momento
    al servilismo, fiel complicidad
    de la balanza ciega,
    lo hago, pero no lo sostengo.

    Soy el clérigo ardiente
    del altar Mancebo,
    el watergate del papeleo.

    Que no se me cruce nadie,
    puñal en mano,
    le clavaremos todos,
    ¿traición?,
    ¿a quién culpar?
    ¿a quién se lanza al silencio
    sin pestañear?

    Vendrá dios a colación,
    si me conviene,
    si viene al caso,
    si acaso me hace «el bueno».

    Miserables,
    insípidos,
    ineptos haraposos,
    ¿qué quieren, sueños?

    Mi sueño es de proezas,
    yo sabré invertir en sueños,
    un capital que compre la conciencia.

    No hay límites,
    quiero lucírmela,
    y si no puedo,
    será ojo por ojo,
    y diente por diente.

    Mis razones son muchas,
    mis delirios tantos,
    mi inconformidad,
    como el caldero curtido
    de las instituciones.

    Si no soy yo,
    no es nadie,
    ese es mi más sentido pésame,
    mi cura, mi fiebre,
    la frigidez de todos
    mis estruendosos orgasmos.

    E. R. Aristy

    ~°O°~

    Rasgos

    A grandes rasgos
    puedo decirte que el aire pesa levemente,
    puedo pintarte dormida entre grises nubes,
    puedo cocinarte un pastel de cumpleaños
    en una función de teatro interpretando mi vida en láminas,
    repitiendo acto tras acto los pasos de la razón y los errores
    huyendo en cada soplo de ese aire impensable que, ya te digo,
    levemente pesa.

    A grandes rasgos,
    Atormentado por esta física implacable que me rige cuerpo
    envuelto de pasiones, celofán interior ocupando el espacio
    con misterios que pesan levemente, igual que el aire ausente
    creando ángulos.

    Así, a grandes rasgos, me debilito en cada formación del día
    a la vez que, a grandes rasgos, me configuro.

    Ignacio Mincholed

    ~°O°~

    Desidia.

    Lo despertó la indolencia
    cuando el sueño deja ya de ser un sueño
    y se convierte en pereza que aplatana
    los sentidos después de una meridiana
    distendida, sin agobios.

    No fue el whisky,
    que casi ni lo cataba, ni una comida copiosa,
    los causantes del erguido pensamiento,
    sino el recuerdo de un día y unos dedos
    enlazados con intenciones traviesas.

    Pero, entre tanto sopor, con la tarde a medio hacer
    para colmo de su vicio, le visitó la desidia
    y no quiso terminar el argumento iniciado
    en aras de una moral que le quedaba en el fondo
    de su armario escrupuloso y algo de remordimiento.

    Y es que, a veces, engañándonos un poco,
    hacemos que una desgana vital
    torne el gozo en negligencia
    pensando que es por virtud
    lo que es solo aburrimiento.

    Victor F. Mallada

    ~°O°~

    Anochecer sin ti

    Acabo de perder en este instante
    el tren de la esperanza.

    Hoy se cumple lo cierto de tu augurio:
    Cuando me dejes, cuando por fin no estés conmigo,
    habrá otro anochecer que te recordará el fuego incierto
    que alumbra este crepúsculo; y, entonces, recuérdalo,
    te dolerán las cosas y lugares
    que ahora no te duelen, porque piensas que no fue hecho
    para los dos este camino.

    Recuerdo
    la tarde en la que tú hablabas de nosotros con palabras
    que solo el alma entiende. La penumbra
    cubría lentamente la plaza de este pueblo,
    borrando de la tierra y nuestra vida la última
    sombra de nuestras manos.

    Desde la misma cruz
    que encumbra el campanario,
    en un ocaso igual a este,
    sentimos descender el ángelus sobre las espigas
    doradas de los campos. A lo lejos
    el ángel del silencio apagaba como ahora
    la candela que brilla sobre el mundo
    y, de la misma forma que hoy aquí
    me anudo a tu presagio, esa noche me deshice
    de ti y de tu camino.

    Aquel anochecer te hizo perder
    el tren de la esperanza, y no lo supe. Soy yo
    en este el que lo pierde, y me duelen los lugares,
    las cosas y lo sabes.

    Por eso tengo el alma preñada de nostalgia
    y te hablo en la distancia
    con las mismas palabras de oración
    que, como tú decías, son las únicas
    que el corazón entiende.

    José Manuel Sáiz

    ~°O°~

    El mundo se derrama

    No sé por qué los males se acercan, si el bien también.
    A veces me presiona un porque
    Para preguntar:
    ¿Por qué me siento mal
    si a veces me siento bien?
    ¿Por qué vivo si tengo que morir?

    El viento preguntón
    le pregunta a las hojas:
    ¿Por qué pregunto? ¿Por qué existo? El porqué.
    Y se distrae
    Yendo sobre las hojas que caen.
    El mundo se derrama.

    Las nubes vuelan sobre la fábrica,
    Alabándola porque ella las creó.
    Entonces le devuelven el favor
    E intoxican a los tiernos animales,
    Que derraman su roja sangre como una bella rosa,
    Que nace en la negra tierra.

    Juan Cruz Bordoy

    ~°O°~

    Aspasia de Mileto

    ¡Hija de Axioco, templa en la belleza
    de tus labios el don de la palabra
    y en tu hermosa oratoria la grandeza
    de la sabiduría toda, labra!

    Haz, Aspasia, que Sócrates acuda
    a visitar el verbo de tu casa,
    ramo verde en la mano y una duda
    que al corazón o a la razón abrasa.

    Portento de hermosura, gracia, ingenio
    en un siglo de gloria para Atenas
    a ti cabe, mujer, desde el proscenio
    representar las más altas escenas,

    que no ha de haber Pericles sin los dones
    del encendido amor de tus pasiones.

    Julio González Alonso

    ~°O°~

    La radio antigua

    Nunca tuve una radio antigua
    de las que se regalan de padre a hijo
    y que, presuntamente, son la mejor tumba de las mariposas
    pero recuerdo a mi padre hablando de una radio así
    mientras se afeitaba en un día de verano
    y enseñándome las mariposas dignas de acabar su vida
    sobre una radio antigua,
    y recuerdo aquel día de verano
    hueco, maldito día de verano
    cuando el cura llegó a nuestra puerta
    y dijo que ya no había espacio para más tumbas
    y que la gente debía tardar en morirse,
    maldito día de verano,
    mi padre se afeitaba con la tranquilidad de los que saben
    que su tumba ha de estar sobre otra tumba
    a la que nadie visita
    y que el viento confundirá el nombre de su cruz con otro nombre
    y la sombra de los nueces será dos veces sombra y doble de amarga.
    Recuerdo aquel día de verano, era un día perfecto para afeitarse
    sin miedo a las cortadas,
    un día perfecto para despedir al ángel de la guarda
    y deshacerse de esas bolas de algodón
    que superaban a las sanguijuelas.
    Sí, recuerdo la fanfarria de silencios
    que llegaba con su canción entrecortada
    desde el norte
    y a las mariposas gordas
    que, de repente, rodeaban mi cuerpo
    como a la carcasa de una radio antigua.

    Marius Gabureanu

    ~°O°~

    Este tiempo que envejece

    Expuse demasiado los rincones, las raíces sin vida.
    Entre palabras fluyó vanidad encubierta,
    y a veces me sentí centro.

    Mostré las huellas del dolor,
    la risa y las muecas que me hizo la vida,
    y vacié el pasado en cántaros de lluvia.
    Todo menos lujuria.

    Pido perdón por empapar con mi tormenta
    corazones solitarios,
    o almas tras belleza sin destino.

    Hoy humea un café descafeinado
    bajo la sombra de la mañana
    y, hundida en el silencio,
    os digo que
    fui feliz en el intercambio de amores,
    de la palabra caldeada en el alma.

    Sobre la cima de este desierto
    miro el mundo
    y me retiro a la tierra de nadie,
    al barco de papel que envejece
    sinuoso en el río.

    No me acogen los dioses,
    se cobijaron de nuestro hacer sin sentido,
    y no tengo ninguna potestad que induzca
    amaneceres de luz.

    El verso acompañó la oscuridad,
    la mía,
    y ahora siento el llanto del mundo.
    No sé cómo afinar los trinos
    de las aves con vida.

    No es fácil crear manantiales
    por eso hay sed y muerte,
    no es fácil abrir fronteras,
    de ahí la soledad.

    Pilar Morte

    ~°O°~

    Levitándote

    Quiero pensar en ti rendida al sueño,
    pensar en ti reducida al sabor de tus axilas,
    a los tangos en la boca de mi madre, como fresas.
    Pensar en ti mientras mi corazón se desarruga ante el espejo,
    ante la serenidad de su mar más turbulento, antítesis del oblivion de los ateos.
    deseo traducirte en mis papilas, mientras sorprendo al lince
    que reposa bajo el párpado, e inhalo tus pequeños labios, tan grandes
    que articulan a veces nuestros límites y otras veces nuestras fugas.

    Pensar en ti como una niña, sin iras o demoras, sin notas extremas,
    Simple, como el frío hipocondriaco que relata tus nostalgias,
    Como un silencio de estertores, como estas horas imparciales
    Que ya superan las glorias cenicientas.

    “Minimaliso” tus sentidos, reduzco tus colores, limito tus fuentes…
    y entonces duermes, como se duermen los violines en sus notas preferidas,
    desdeñando las demás, eternizando una palabra impronunciable.
    Sé de notas, te digo…Escucho las cuerdas
    Que entre los enormes miedos y el pianissimo materno, te dibujan.

    Quiero pensar en ti sin más ruido que tus pasos incorpóreos en mi espalda,
    que mis dedos clandestinos levitándote,
    sin más abrigo que el vértigo disfrazado de tus formas,
    sin más vacilación que no oírte pronunciarme.

    Quieta como la mujer ausente de Neruda, así te pienso,
    sin más deseo que fumarte, que quemarme el labio como un ebrio,
    sumido en la cannabis de tu aroma. No se…, quizás al intuirte regreso a las cavernas,
    quizás dormida solo eres el germen de mis terminaciones sensitivas.
    ¿Qué sueñas? ¿Qué sabes cuando duermes? Así tan quieta ¿olvidas el amor?
    ¿Puedes contar como cuentas en vigilia los segundos?…,¿contar acaso de regreso
    hasta encontrarnos aquel día, cuando nombramos por primera vez
    los nidos en los cuerpos, procediendo simplemente a las caricias?
    Cuentas, así dormida – como novicia asiendo sin sus manos – los acertijos de la vida,
    las flageladas aritméticas del hada, la cábala de los puros.
    revalidas mis ficciones con irrefutables algoritmos.
    tu compleja geometría refuta el alegato que igual química y amor.

    Eres un árbol de colmenas,
    un giro hacia el hogar en la incertidumbre de una esquina,
    pero también una puerta, una pregunta…Por cierto, cada día me sorprendes.
    Tus miembros amputados regresan cuando duermes,
    mientras a mí, aun me duelen las heridas que sin querer te he proferido.

    Los fractales de tu cuerpo me embelesan, como un cumulo de estrellas en la mano,
    como el Aleph a Borges, como el corazón de los dragones nobles a los críos,
    o el espejo de aquel cuento que desmiente vanidades.

    Amarte suele ser una aventura,
    aun si duermes, aun si no escuchas mis mentiras más sinceras,
    porque tus poros permanecen en vigilia,
    y me miran con la misma devoción que te profeso
    cuando digo más allá de las palabras, en silencio
    – por respeto a la calma de tus mareas entreabiertas –
    “te amo”.

    Gerardo Mont

    ~°O°~

    El muro

    Padre mío que estás
    en el muro
    ¡protégeme!
    No duermo. El sueño no sabe alcanzar
    mis lagrimales.
    No duermo, muro santo,
    acúname con la música del mar,
    con un poema que sepa volar
    y roce al contacto de mi corazón
    la punta de una estrella.

    ¡Qué feliz soy en tierra de nadie!,
    ¡qué hermoso este silencio blanco!

    Sin embargo,
    algo golpea febrilmente tu piel,
    dice mi nombre a gritos,
    me atormenta
    el espíritu.
    Su lengua paraliza mi lengua
    cuando me habla de cosas que comprendo…
    Y tengo miedo, Padre mío.
    Entonces araño una oración
    y te reinvento
    mientras escondo mi cabeza en el cielo,
    y trato de acompañar
    la curvatura alada de los pájaros.

    Yo te invoco:
    Madre mía,
    canta muy alto desde el germen
    de tu invisible piedad
    mientras me sueñas;
    que no escuche una sola voz temblar,
    un solo puño de avarienta certeza
    golpeando mi decrepitud,
    desconcertando el llanto silencioso
    con el que bendigo tu Nombre.
    ¿Sabes?
    allá afuera
    se cultivan palabras sobre la dura tierra
    y sus frutos son álgidos, y pesan:
    son pan para los ahorcados,
    leche para la desilusión.
    Y yo solo deseo este plato de negrura
    que aliño con espíritus del aire, con relámpagos de paz
    que atenúan los espasmos de mi desangelado corazón.

    Santificad eternamente esta ceguera,
    Madre mía,
    Padre mío
    que estáis en el muro.

    Rosa Marzal

    ~°O°~

    Los huesos de la luz

    Ocaso derramado en oro;
    el charco del mirar se disipó en la nada.
    En la quietud de las aceras
    el cielo es un brillante pedernal.
    El aire cruje en su vigor de hiel.
    Se encienden los alambres
    y se ensancha la herrumbre de la luz;
    sobre el cemento fértil yacen sus huesos amarillos
    ―la luz tiene los huesos rotos por eso duele;
    su escombro es una asolada cercanía.

    Un rayo de tu imagen atravesó la tarde;
    calcinó la ciudad.
    En ese consumado territorio
    mi carne huele a estrella
    en fusión, a energía racionada
    en cálices calientes.

    Una ventana, un cauce… la espina del deseo
    como una exhalación sensible del perfil:
    La cruz quemada a las orillas de tu piel

    J. J. M. Ferreiro

    ~°O°~

    Detrás de los otoños

    No disipas tus hojas
    en la melancolía del otoño,
    ni te derrochas a los eternos vientos
    ni a la más incitante brisa seductora.

    Tu fértil existencia, tu canto que se adueña
    de toda primavera en cuanto llega,
    reclama su abanico de arco iris
    y el transitar airoso las tardes del estío.

    La diosa Exuberancia se adueña de tus células,
    y florea sobre tu copa
    efluvios de colores; pero no desafías
    la vastedad callada de los prados,
    los infinitos rayos de la muerte,
    la luna en su ovalada pesadumbre,
    pues los favores cósmicos
    no comprenden los límites del alma.

    Sientes el esplendor de la pradera
    desde tus verdes perspectivas,
    desde tus brazos vegetales,
    y recuerdas que la frondosidad
    no avala la arrogancia
    ni migración alguna hacia las nubes.

    Detrás de los otoños
    todo perece siempre.

    Oscar Distéfano

    ~°O°~

    Casa abandonada

    No todos los huesos mueren.
    Lo he visto en las fotografías
    que palidecen en muros desnudos
    hasta fundirse en los desconchones del alma.

    No todo el murmullo acaba
    cuando las venas de la rutina se abren
    y se secan entre el polvo.

    El umbral es un avispero.
    Cruje al trasluz su rostro
    dejando salvajes insectos
    picando las chispas, que flotan,
    en una constelación de olvidos.

    Un ciego parpadeo volátil
    cruza los convalecientes armarios
    susurrando su último desorden.

    Nada queda de la apetencia de los días,
    y sin embargo,
    una hirviente marabunta
    esconde las larvas del renacer
    bajo las rendijas de la vida.

    Ventura Morón

    ~°O°~

    Yo no supe llorar cuando llorabas

    Yo no supe llorar cuando llorabas
    ni supe iluminar tu sombra hundida
    ni sentir la verdad ni la medida
    en el ruego de amor que me dejabas.

    Yo no supe escucharte cuando hablabas
    ni horadé en la hondura de tu herida
    que tocaba el infierno en su caída
    apartando el cuidado que guardabas.

    Solo y perdido siento este lamento
    que no halla consuelo ni clausura
    y no puede olvidarse de aquel día.

    Si no supe vivir en tu tormento
    me merezco el dolor y la locura
    de morir por tus ojos todavía.

    F. Enrique

    ~°O°~

    ¿Acaso tú eres huella de mis versos?

    En la vejez se aprende mejor a esconder
    los fracasos; en la juventud a soportarlos.
    Arthur Schopenhauer
    Yo no sé por qué lloran los sauces
    de mi calle,
    ni por qué el viento escondido en los sueños
    gime en mi voz.

    No sé por qué, ciego a la vida,
    a punto de estallarme el corazón,
    el tiempo va pasando sin la fuerza del nombre
    de mis versos.
    Me estoy viviendo a solas
    mientras las horas me saludan
    cada amanecer,
    pero pasan las noches
    conociéndome olvido, mientras camino
    sobre las hojas secas de mi boca.

    José Manuel F. Febles

    ~°O°~

    Los cafés de París

    Lo primero es, qué buscas en marcharte.
    Con qué acróbatas has decidido justificar tu vuelo.
    De qué abdicas, mientras lamen sus sombras los gatos
    en la noche, y algunas cicatrices
    se nos llenan de cúspides.
    Mira que no es momento de exiliarse
    en reflejos que no saben de estirpes solitarias. Que
    las rosas que dejas, el cielo marinero,
    la luz de madrugada, son de plástico,
    y no recuerdan nada que coagule la vista.

    La rigolé, Café de Flore,
    Boulevard Saint Germain , Rue de Four, a la fin Canettes 46,
    son lunas que hemos hecho poco a poco
    como quien lee un cuento
    que no quiso aprenderse de memoria. Uno de esos refugios
    en los que los otoños
    son la herida de amor de las ciudades.
    Fíjate como cae
    una gota de azul en un vaso de agua. Los cuerpos cambian,
    algo ha cambiado todo,
    pero a nadie le importa saber
    si en ese vaso bebíamos los dos
    y aprendíamos juntos
    a morir con la paz de las estatuas,
    para luego cruzarnos un océano.
    Porque intuirse
    es un puente colgante que se abre,
    y es su rio poder imaginarlo.

    A menudo sucede que la vida
    no es parte de la historia.

    ¡ Garsón, un autre café noir, s´il vous plait!

    Lo ves, no hay miradas perdidas
    que no contengan trazas de juventud.
    Quizás eso nos haga fijarnos en los rostros
    de una forma mejor, menos monástica,
    y traducir los tiempos de un pasado
    cuando la excitación corría
    hasta llegar al fin a serlo todo
    bajo la inmensa cúpula
    que construye, paciente, nuestras horas
    más largas de la noche.
    Y entonces yo dejaba, y tú también,
    que hablase Gil de Biedma.
    Porque en distantes mundos
    también es importante
    que un hombre como otros
    te explique que escribir poesía pertenece
    a esa muerte de limite imposible,
    más honda que la idea de ser niño
    y mucho más absorta que una resurrección.

    Estás dejando pánico en las calles, sobre los desayunos
    de los horarios viejos, linternas de París.
    Y huesos rotos, en un itinerario
    que respira quietud, en el ascenso estelar de los tejados.
    El mundo está luchando por salvarse.

    No sé por qué me dices que te vas.
    Las mesas van quedándose vacías, es verdad.
    Pero tu edad parece más cercana, y hasta ahora
    éramos dos canciones con una misma letra
    que querían poder ser escuchadas
    y perseguir a un rayo
    flotando en la corriente.

    En este espacio tu palabra existe,
    a una hora de aquí
    no sé pensarlo.

    La gente se despide,
    paga su cuenta, retoma sus estilos,
    pero tú quieres irte
    y eso es mucho más pálido, y no conoce
    estancias para contar leyendas.
    Nos conviene mirarnos todavía,
    somos menos si somos muy lejanos.

    Tú ya sabes, el elixir humano de la piel
    soterrado en el cuerpo,
    y que yo he puesto a veces delante de los ojos;
    la indecisión, un gesto, una postura,
    todo lo que es verdad y nos da afecto.

    A duras penas, me quedaré encerrado
    en este sentimiento imperativo
    porque el instante interno
    adquiere desde ahora
    carácter transparente.
    El hombre se acostumbra a disgregarse
    entre lo que le gusta y lo que necesita
    (rara vez coinciden ambas cosas) A que vienen ahora
    tantas muestras de serenidad,
    de las dos eras tú la que
    primero ardía con un brote de luz
    sobre el ancho pacifico del aire,
    la primera en liberar la sintaxis
    y dejar que el sujeto
    matase al predicado,
    ¿acaso ya no es cierto
    que un temblor nunca queda pensativo en la orilla?

    Porque tenerse
    es un puente colgante que se cierra,
    y es su rio poder imaginarlo.

    Manuel Sánchez

    ~°O°~

    La grieta

    A un paso de la penúltima frontera
    con la fatiga a cuestas de tanto ignorarse a sí mismo,
    asomado al futuro por una rendija
    olvida el pan, de tanto ansiar las migajas.

    Sortilegio cromático en espejo de aguamancha
    eran sus sueños de antaño,
    cuando aún respiraba sin necesidad de conceptos
    y su andar lo dictaba la simple inercia del paso primero,
    sin nociones sucintas de elaboradas doctrinas
    ni asociaciones banales con mitologías muertas.

    Hay hambruna de luz, en la ciudad de los grises
    se ahoga el silencio en laberintos de simetría imperfecta,
    ignorada por gárgolas y buitres alguna alondra muere en el suelo,
    sólo un niño llora la fuga de su globo sin vientos.

    Suena el clarín de la guerra inversa
    hay noticias de muertos enterrando a sus vivos,
    pero él… tan sólo se asoma a una mísera grieta.

    Arturo Rodríguez Milliet

    ~°O°~

    Cuentas disonantes

    A mi David

    Me protejo con el sueño me siento dueño de mi silencio.

    De mi silencio no puedes alegar ¿me rebates Prudencio?
    Mi prudencia es el misterio como Séneca sentencio:
    si en la calle hace frío aún me río en la condena
    del Génesis, de la némesis y estiro la cadena.
    ¿Pecado es vivir? Pecado es morir, yo lo elijo
    a mis años, mudo siento que el mundo es rebaño no acertijo.
    ¿Más detalles? No te ralles: es muy claro, no es tan grave,
    la puerta que cierro se abre a mi verso que es la clave.

    Perdonad perdonavidas la verdad no es doctrina
    dudar es la oración que alucina mi retina.
    Vi Damocles en la noche como perro callejero,
    nací,
    llegué, y vencí: con filosofía de César aprendí.
    ¿Te suena esto? No es invento ni portento ni bronca de yuntero,
    tantas formas, tantas normas el cielo se compra sin dinero.
    Con razones sacristanes, no mentiras, la Navidad es putada
    de nada y sin rumbo, sin curro donde el burro es la fachada.

    Y vosotros de rodillas, no me extraña que las tengáis duras.
    No juzguéis no seréis juzgados, no os quejéis dijeron los curas
    y no admito impostura, ten cordura, dijo mi abuela Manuela.
    Villancico que mastico es un rap que dedico a su esquela.
    Sueño que sueño a usuras volar sin mordaza.
    Porque el miedo no me atrapa ni es abrazo ni amenaza,
    el cielo del mañana un dilema que taladro,
    prefiero el suelo, soy el amo, me llaman perro y ladro;
    cuanto puedo, cuanto quiero, no pierdas de vista mi jugada:
    borracho de hachas estridentes -dijo Miguel- de mi boca a la tuya
    ¡qué patada!

    Roger Nelson
    elPerro

    Armilo Brotón

    ~°O°~

    Muerte Virgen

    Conduce su mirada hacia arriba porque alguien
    en algún recodo preguntó por dónde
    se sale sincréticamente de todas las vidas y sólo ahora lo recuerda,
    ahora que no pasa nada. Entonces
    los racimos de círculos son desperdigados desde cualquier vocal;
    cualquier vocal es el viento, la desinencia del aire, y el aire es el volumen
    de todos los cuerpos instigados por la promesa de la desaparición
    como si la desaparición fuese un ente,
    un lunar debajo de la lengua,
    una montaña en la punta de la lengua.
    Aquí estás, cielo,
    te he tocado las manos con el pulgar del pie adentro de la bota,
    me gusta el frío porque rejuvenece el paladar,
    y estoy como reverberando dentro del ojo falso
    de un animal que fue cierto y tuvo su forma incluso
    antes de que su corazón fuese un crisol en que los astros
    ensayan órbitas para perderse en un nuevo centro
    que acaba pareciéndose al lugar desde el que el ser promete sus espacios.
    Belleza, ¿me escuchas?,
    aquí no pasa nada,
    yo repito la inacción con la palma absorta en sus cabellos,
    yo toco su cráneo y mojo mi mano entera
    en una sangre que no pertenece a nadie todavía
    pero cuyo sabor me lava y me pronuncia.

    Bruno Laja

    ~°O°~

    90 años

    …acabo de saber que el edificio en que vivo tiene 40 plantas y que da a 3 calles y a 1 avenida; y es que, entre una especie de niebla densa, en la que he estado inmerso y cegado toda la vida, siempre pensé que mi casa estaba sola y aislada, y que, además, era estrictamente de planta baja; cada vez que salía y cerraba la perta, jamás se me ocurrió pensar en que podría acceder a tales calles o tomar un ascensor hasta el último piso y divisar por completo la ciudad; …e igualmente y de la misma forma, estaba convencido de que la gente que cruzaba ante mi puerta, – que tal vez viniese de un ascensor o se digiriese a él –
    era la misma transitando por la calle, y que por tanto se movía, se alejaba y desaparecía sin más; pero ¿y los ascensores? ¡ah, perdón por este asombro, pero que me dicen de los ascensores…¡ ¡oh Dios mío, gran señor de lavida, que ingenio, que descubrimiento…¡
    como habré podido vivir 90 años sin la menor inquietud,
    sumido en la indolencia, entre 4 paredes,
    y creyendo siempre que el rol de los demás habría de ser también muy similar al mío,
    incluso idéntico; ¡…un ascensor, amigos, un ascensor…¡
    y es que, palpitándome aun, porque ha ocurrido tan solo hace un instante,
    he visto y sentido que rápido, muy rápido, es algo que me elevo hasta el fin del mundo,
    que desde allí arriba me asome y que, de pronto, descubrí el sol, los coches, gente por todas partes, y hasta un rio hermosísimo y limpio que ahora sé que corre justo, justo, al lado de mi casa; …90 años asumiendo que era quimérico abrir, iluminar y transitar por lo imposible; 90 años protegido por candados y resguardando mi casa viva con gruesas cerraduras y altos muros de hormigón, seriamente armados y reforzados;
    y es que nadie, nadie me había dicho cuál era y dónde estaba mi patrón de libertad:
    nadie, que una mujer, o un hombre, fuese un Dios en formación;
    ¡90,90, 90 años…¡

    Antonio Justel

    ~°O°~

    Quietud de seda

    Los pájaros nocturnos inundan con sus cantos la melancolía de la herida. Recuerdan el misterio de las nubes que buscan la belleza. Me asomo a la ventana y contemplo el vacío numinoso que pasa por la calle antes de que el enigma de las horas atraviese el instinto de la niebla. El silencio se abisma en la distancia mientras recuerdo tu rostro sonriente. Todo lo que me ata a tu piel cálida anida entre las sombras de esta quietud de seda. Amo los laberintos de tu cuerpo y desnuda te ofrezco el cofre de mis días. Los sonidos que pueblan las madrugadas blancas son una colección de sucedáneos que aminoran la historia de la nostalgia de los astros.
    Deambulo por rincones de esta ciudad querida que plasma con la lluvia el extravío de todo lo que existe.
    Las hojas caen sin mucho protocolo, sólo porque es otoño… y la hojarasca seca acompaña tristezas desbiográficas que pugnan por salir al horizonte.
    Los pájaros nocturnos son memorias de todos y de todo que graban con sus plumas la liturgia sutil del abandono.
    El tiempo se enamora del amor y capta muy despacio el mutismo de bruma que presiente la visita del ángel protector.

    Ana Muela Sopeña

    ~°O°~

    La Tierra Prometida

    El hombre sale de casa todos los días y anda las calles de la ciudad,
    busca al hombre que sale de casa todos los días y anda las calles de la ciudad,
    anda todos los días, todas las calles, todas las ciudades, todos los países,
    busca al hombre del país, al paisano, al hombre de mundo, anda por el mundo,
    anda las calles, todos los días, anda de calle en calle, va de calle,
    el hombre sale de casa todos los días y anda las ciudades,
    las casas, los países, los mundos, los bares,
    busca al hombre todos los días, las calles a su nombre,
    la tierra prometida.

    Manuel Alonso

    ~°O°~

    El hombre del edificio de la avenida

    Tú, señor del lavavajillas y la recta,
    alma cándida del sofá y rey de sombras.
    Bello durmiente de la galaxia
    y los parches reconfortadores.
    En qué trastero extraviaste la noción
    de ti mismo. Dónde las arenas
    y los planos originales del sueño.
    En qué canal te quedaste a vivir,
    en qué zapatos sembraste montañas,
    en qué bragas buscaste el cielo…
    Y todo para acabar vomitando
    la biblia de la televisión por cable,
    para tapar el horizonte con el ombligo.
    Y si nunca te estiraste con el desparpajo de un dragón
    y si nunca lloraste a tumba abierta,
    si jamás resucitaste veinticuatro días en una semana.
    Ya sabes que los cuentos son mentira
    y que la mentira aliñada sabe a tarta de frambuesa y polietileno,
    pues eres el protagonista de tu cuento.
    Por qué soñar en días de lluvia
    si puedes ser la lluvia entera.
    Ay, triste y valiente pusilánime,
    si no sabes llevar un volcán bajo la piel
    a qué te metes en camisas de altas cumbres;
    porque en un mundo a golpe de silencios y tambor
    has de derrapar guitarras en la sangre,
    llevar playas de coral entre los dedos,
    perseguir rincones desandados y desnudos.
    Nunca los rinocerontes lucieron cascabel,
    nunca las águilas vistieron banderas
    ni amaron en calcetines.
    Te creíste dueño del tesoro,
    te pensaste amo de las llaves
    y no caíste en que las llaves son
    solo entretenimiento de peces,
    simple excusa de portero
    en el edificio de la avenida de los espejos,
    en una casa vacía y sin puertas.

    Luis Muñiz M.

    ~°O°~

    XVIII

    Cuando la veas, dile que estoy bien,
    que baila en mis pupilas el ingenio,
    que escribo sin parar, noche tras noche,
    que forjo mil proyectos de futuro.
    dile que estoy contento con mi vida,
    que pretendo viajar a muchos sitios,
    que casi no me acuerdo de su nombre,
    que no la echo de menos.
    No se te ocurra hablarle de estas sabanas,
    de este pijama azul descolorido,
    de este olor de alcohol y de morfina,
    de mi cabeza calva y amarilla.
    Y que no se te ocurra, sobre todo,
    Decirle que me muero.

    Jerónimo Muñoz

    ~°O°~

    Por si llegara esta noche

    Por si llegara esta noche
    con su mirada blanca y un gorrión dormido,
    con sus manos inversas
    y mi mundo en un frasco ante mis ojos,
    por si me dijera ven a la mitad de un sueño
    y se me quedaran, sin quererlo,
    las ciudades huérfanas de otoños,
    o se presentara, acaso,
    antes de ese arrumaco donde baña la luna
    sus perspectivas vírgenes
    y se hiciera la lluvia en las palabras
    sin haberlas bebido.

    Si no me sobrara el tiempo ya
    para contar insomnios
    y mi piel fuese vidrio condenado,
    o mirara hacia el cielo
    y me nacieran galaxias en los hombros,
    tal vez liberara a los presos que me escoltan el pecho
    y les mostrara
    la cima de ese idioma donde esconde la voz
    sus silencios más largos
    a punto de romperse.

    Les diría
    que fundieran sus gargantas
    para vestir las rosas con tu nombre,
    que te gritaran fuego en los inviernos,
    horizonte en la espera,
    aplastaría sus grilletes
    hasta inventar la materia más pulida
    con que acariciarte,
    una sin recodos donde guardar para luego
    lo que fuera esencia de la risa.

    Les enseñaría a tocarte
    con el abismo y la sed con que contemplan
    los niños el océano,
    con la paciencia rota
    de aquéllos que se buscan a sí mismos.

    Y justo antes de irme
    te hablaría de esas islas donde el tiempo es un árbol
    que cobija el amor de los náufragos
    perdidos en tu cuerpo.
    Allí te esperaría,
    como flor desconocida que llevarte a los labios.

    Mª José Honguero

    26 febrero, 2017 • Poemas, Revistas • Vistas: 0

  • Fantasmas y realidad en la Cueva de Montesinos

    Autor: Julio González Alonso

    La Cueva de Montesinos existe; es uno de los lugares reales de la novela de Cervantes. Lo que en ella ocurrió puede prestarse a interpretaciones de todo tipo; cabría, incluso, una interpretación freudiana de la aventura, similar a la de otras obras literarias, como es el caso de H.P.Lovecraft en Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. La cueva significa la seguridad del seno materno, según S.Freud. Don Quijote, que en su vida ordinaria de caballero andante está entregado al sueño de soñar,en la cueva cae en el sueño de dormir con ensueños y se sueña despierto. En esta visión del subconsciente se establece una libre asociación de ideas que, una vez afloradas, serán sublimadas. Sabemos que los sueños están hechos de retazos y materiales de la realidad, así que en este soñar de dormir de don Quijote aparecerá Dulcinea en su ser de aldeana, tal y como permanece en el subconsciente, y de ahí la necesidad de negar esa realidad a través del encantamiento.

     

    8 Cueva Montesinos2

    Se ha dicho, incluso, que la aventura en la cueva podría tomarse como un precedente de la moderna espeleología. Y se ha dicho con toda la seriedad del mundo.

    También se quiere y puede ver en esta aventura una parodia del descenso de Eneas a los infiernos. El descenso de don Quijote es en busca de conocimiento, como será encontrar las fuentes de las lagunas de Ruidera y los orígenes del río Guadiana.

    Hay quien interpreta toda esta mágica aventura como una comparación de don Quijote con la figura de Jesucristo, que al tercer día volvió de entre los muertos. En la hora escasa que pudo permanecer don Quijote en la cueva se encuentra con muertos, personajes del Romancero, que parecen vivos, y con Dulcinea y unas pastoras que están vivas, pero aparecen encantadas. Don Quijote, entrando en la cueva a modo de tumba, descenderá a los infiernos, tendrá las referidas visiones y volverá del otro mundo contando lo que vio, aunque de un modo confuso y un tanto inseguro de ello, como se verá más adelante cuando pregunta al mono adivino de Maese Pedro «si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos habían sido soñadas o verdaderas» (II, XXV

    Pero si nos atenemos a lo estrictamente literario, cabe observar cómo Cervantes no se aparta un ápice de la intencionalidad de la obra, que no es otra que parodiar los excesos de las novelas de caballerías y los pasajes de este estilo que solían aparecer en las mismas . El episodio de la cueva de Montesinos transcurre impregnado de un humorismo constante, dándole a la visión que tuvo en ella un matiz de fábula mitológica al estilo de Ovidio y Bocaccio(Martín de Riquer).

    Por encima de las lagunas de Ruidera, cerca del castillo de Rochafrida, pudimos visitar este lugar emblemático reseñado por Cervantes en el Quijote, la misma y famosa cueva de Montesinos, a la que que el caballero andante descendió y, entre otras visiones, como hemos dicho anteriormente, se le apareció la imagen de la misma Dulcinea del Toboso, encantada (II, cap. 22 y 23).

    La cueva puede visitarse fácilmente. Provistos de un casco y linternas nos internamos en la sima abierta en medio del tupido bosque de encinas y, con la imaginación necesaria, pudimos ver in situ lo que pudo ver don Quijote en la inconsciencia de los sueños tras su caída y pérdida del conocimiento. Allí fluye, purísima, el agua que explica y da vida a la leyenda del origen de las lagunas de Ruidera, el sabio Merlín nos deja ver las largas barbas blancas de su rostro y casi podemos oír retumbar su voz en la caverna junto a la dulcísima voz de la dama de los sueños del caballero andante, recostada en las sombras. Todo un conjunto de emociones que vale la pena experimentar. Y soñar.

    Para esta aventura encuentra la ayuda inestimable de otro loco de la erudición apodado el primo, con el que don Quijote se entiende de maravilla. Cervantes, hombre de formación no universitaria, aprovecha para arremeter contra los sabios de su tiempo y su saber erudito. El primo, una especie de don Quijote de la erudición absolutamente chiflado, está escribiendo un libro y tratando de demostrar, por ejemplo, quién fue el primero que tuvo catarro en el mundo. Será precisamente este loco el guía que don Quijote necesitará para su aventura en los mundos subterráneos de la cueva, al modo como ocurriera con el ya mencionado descenso a los infiernos de Eneas acompañado de  la Sibila o la guía de Virgilio en el viaje por los infiernos de Dante, con cuyas obras literarias puede establecerse un cierto paralelismo.

    Llegados al pie de la cueva, don Quijote descenderá a la sima atado a una soga. Media hora más tarde lo sacarán de allí totalmente dormido o inconsciente. En sus profundidades ha visto a Montesinos, a Lanzarote, a la reina Ginebra y muchos más, todos ellos encantados. Luego se encontrará con Dulcinea, también encantada en la figura de una campesina saltando y brincando como una cabra en compañia de dos labradoras, tal y como se las presentó Sancho Panza en su momento. Lo curioso de la situación es la demanda de seis reales que le hace Dulcinea por medio de una de sus acompañantes, lo que le pareció a don Quijote muy extraño porque no comprende que los encantados necesiten dinero. En fin, que le da lo que tiene, que en total alcanza los cuatro reales.

    Para don Quijote y el primo del licenciado la aventura no ha sido un sueño. Para Sancho, sí.

    ¿Y para nosotros?

     

    *Martín de Riquer: Aproximación al Quijote.- Para leer a Cervantes

    *Juan Bautista Avello-Arce: Don Quijote como forma de vida

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Con Cernuda y contra Cernuda

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez.

    Donde habite el olvido, 
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo sólo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.

     

    Con Cernuda, por Pablo Ibáñez

    Con el paso del tiempo, Luis Cernuda es reconocido como uno de los mejores poetas de la Generación del 27. Carente del tirón mediático de otros coetáneos –Lorca, Hernández…– o de gloria recibida en vida larga –Aleixandre–, la razón de ese reconocimiento se debe exclusivamente a la calidad de su obra. Cernuda no inventó una manera de ser andaluz, ni de ser homosexual, ni de ser antifascista. Fue las tres cosas a su manera digna y discreta, heterodoxa y apasionada, pero ninguna de ellas terminó siendo basamento de su esencia. Ni él lo quiso. Él era poeta. Y de los buenos.

    Porque, al final, ¿qué es lo que debería permanecer de un poeta?¿A quién le importa si Borges creía o no en la democracia, cuántas veces se emborrachó Bukowsky (una o dos), si Pessoa era antisocialista, o a cuántos chaperos se benefició Gil de Biedma? Lo que importa es la calidad de los textos que nos dejaron. Cernuda no tiene más apoyatura que su propia obra. Hablar de su vida, como de la de Juan Ramón, parece aburrido; da la impresión de que ya sólo eso les invalida para ser de los guays.

    Obra monumental la cernudiana. Amplia, diversa, exigente, seria. Recoge la mejor tradición del romanticismo becqueriano –otro crimen— y la instala en el siglo XX. Experimenta con todas las nuevas corrientes de la época y las adapta con éxito a su profunda manera de ver el mundo y el ser humano. La tensión lírica que consigue contraponiendo sus temas de cabecera –olvido/recuerdo, realidad/deseo, el ahora/el paso del tiempo…– resulta siempre notable y en algunos poemas como el que encabeza este artículo, sobresaliente.

    Cernuda: un gran poeta. Es absurdo ir contra esa verdad.

     

    Contra Cernuda, por Cristóbal Loriente

    Estimado Pablo, una vez más he aprendido de ti, porque
    he aprendido a desaprenderte, me distancio de tus argumentos,
    porque soy ajeno a las antinomias que mencionas,
    porque soy ajeno al GRAN POETA,
    porque soy ajeno al poema Donde habite el olvido,
    porque soy ajeno al olvido.

    Me la suda.
    Que me digan que el poeta se sustenta en la calidad de su obra -me la suda.
    Que me digan que es absurdo ir contra verdades, -me la suda.
    Pues siempre he ido en contra de la verdad, lo siento,
    prefiero la heterodoxia, que no produce esencias, es efímera,
    vida.

    El poema “Donde habite el olvido” me traslada,
    a modo de traición, precisamente,
    a esas aburridísimas clases de Literatura Española,
    en la que todos eran grandes poetas -y a la vez-
    grandes desconocidos;
    clases que me alejaron de la poesía y de la
    vida.

    No, Pablo, no,
    no quiero que habite el olvido,
    quiero la presencia, la vida, el amor;
    prefiero la historia de un duro hijo de puta

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Teresa de Ávila: : 500 años más allá del místico amor

    Autor: Julio González Alonso.

    Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mujer hermosa, de belleza serena, apasionada, gran imaginación vehemente, luego Teresa de Ávila, Teresa de Jesús por decisión propia y Santa Teresa de Jesús, al fin, nos seduce todavía hoy como ayer, después de los 500 años de su existencia, la de una vida marcada por un objetivo: la felicidad; la suya y la de los demás.

    2 Teresa Jesús avila_walls

    Las murallas de Ávila

     

     

    Teresa de Ávila pertenecía a una familia acomodada de judíos conversos o cristianos nuevos. Así como en el caso de Miguel de Cervantes podemos hablar sobre un montón de conjeturas acerca de su pasado judío, la raíz hebrea de la santa de Ávila está fuera de toda duda. Alrededor de 1950, la noticia causó estupor y cierta conmoción. Américo Castro dejó escrito que intuía o encontraba pistas en el estudio de su estilo literario, al que encontraba bastantes similitudes con el de los cristianos nuevos o judíos conversos de la época. Estas sospechas se confirmaron vía documental cuando Narciso Alonso Cortés encontró los papeles en la Real Chancillería de Valladolid que demostraban fehacientemente la ascendencia judía de la familia de Teresa de Jesús.

    Dicho lo anterior, que ni quita ni añade méritos a la obra de Teresa, digamos que su personalidad resultó ser arrolladoramente seductora y apasionada. Ya de niña, leyendo la vida de los santos y los mártires, había ideado escaparse con su hermano a tierra de infieles para sufrir el martirio. Luego, de jovencita, le cogió gusto a las novelas de caballerías de las que fue gran lectora y vivió con intensidad sus amores, batallas, sufrimientos y heroicidades. Todo ello contribuyó a la formación de un lenguaje literario y el modo de abordar, entre otros, el tema amoroso. También la lectura de la obra de San Agustín, como Las Confesiones. Pero la vida religiosa fue lo que cuajó en su alma y acabó siendo monja en contra de la voluntad de su padre. Destaquemos, por encima de todo, el valor que Teresa atribuía a la lectura y las obras literarias, hechas de la palabra, que es la vida y la sabiduría que mueven a la acción, a la que ella se entregó de forma generosa y continuada.

    La formación académica de Teresa de Ávila fue limitada, por lo que debemos hablar de una mujer autodidacta.

    Teresa de Jesús, en su condición de mujer que entiende a las mujeres, se vuelve y revuelve en un mundo totalmente dominado por los hombres y la severa autoridad de la Inquisición, reclamando con inteligencia y seguridad su propia voz desde la obediencia debida. Pero, como comentaba Germán Vega García-Luengos (Santa Teresa de Jesús ante la crítica literaria del siglo XX), a Teresa de Ávila se le daba muy bien hacer que le mandaran aquellas cosas que más quería obedecer. Porque, en el trato personal y directo, parece ser que su capacidad de seducción y persuasión corría, si no más, al menos bien pareja a su belleza. Y, si bien obedeció o que le mandaban, mejor obedeció lo que mandaba su condición de escritora, que fue la pasión de escribir.

    Aquellos juegos de niña de hacer monasterios, de rezar el rosario o pedir limosna, acabaron en pedir limosna, rezar el rosario y hacer monasterios en una sucesión de desafíos para los que la constancia fue herramienta fundamental. Aunque las enfermedades la acorralaron desde joven, éstas solamente afectaron a su cuerpo, no a su espíritu ni estilo de vida, marcado por el humor y el amor. El humor cotidiano y las bromas –a veces pesadas- que gastaba a sus monjas, y un amor místico que empapará toda su obra lírica, sobre la que cabe alabar su arrebatada belleza.

    La poesía lírico-religiosa de Teresa de Jesús se escribe en versos fáciles de una gran originalidad y en un estilo ardiente y apasionado. Sus poemas tienen un indudable acento popular y destacan por su claridad –ella decía: escribo como hablo– incluso al tocar temas complejos como puede ser el de la experiencia mística. Para ello recurre a las comparaciones que extrae de su experiencia y al uso de alegorías o metáforas continuadas para explicar lo inefable y contradictorio, esa desazón de místicos y poetas ante la conciencia de que, según Fray Luís de León, la lengua no alcanza al corazón (Germán Vega García-Luengos). Así, parafraseando a Menéndez Pidal, podemos decir que en su esfuerzo por dar a entender lo incomprensible de la vivencia mística, expresa de forma creativa lo sublime de la erótica amorosa.

    Visionaria impenitente que dice ver a Jesús, visitar el infierno o ver volar ángeles en sus arrebatados éxtasis, trasladará toda su energía espiritual e intelectual a la construcción terrenal de espacios, monasterios, en los que se acogieran a la oración y al amor de Dios, las mujeres. Una vida que, no hemos de olvidar, Teresa la entendía como un medio para hallar la felicidad. Desde su punto de vista, no puede alcanzarse mayor grado de libertad que cuando se es feliz.

    De su obra, resumidamente, destaquemos la parte autobiográfica con, entre otras obras, Las Fundaciones; la doctrinal, en la que destaca Las Moradas y, además de la mencionada obra poética, hay que resaltar el estilo epistolar en sus Cartas, de las que alcanzó a escribir 409.

    Pero, tristemente, y por terminar, el martirio que soñó de niña viéndose descuartizada a manos de los infieles y que –por fortuna- no tuvo que sufrir en vida, lo alcanzó estando muerta y a manos cristianas, o infieles para los llamados infieles por los cristianos. Un mundo, como se ve, todo de infieles según desde qué credo se juzgue a los demás y que, lamentablemente también, 500 años después no ha terminado.

    De modo que, en un ir y venir de su cadáver –encontrado incorrupto y con olor a rosas; un raro y muy lento proceso de descomposición- de Ávila a Alba de Tormes y de Alba de Tormes a Ávila, se va a quedar una mano en esta ciudad, en Alba de Tormes un brazo, un meñique no sé dónde, a Roma llegarán su pie derecho y la mandíbula superior, la mano izquierda acabará en Lisboa, el ojo izquierdo y la mano derecha en Ronda; Alba de Tormes se hará, también, con su brazo izquierdo y el corazón; otro dedo está en París y otro más se encuentra en Sanlúcar de Barrameda. La macabra devoción religiosa parece no tener fin y otros restos y dedos son distribuidos por toda España, gran parte de Europa y América.

    No obstante, importa lo que importa, y después de 500 años de aquel de 1515, sentir la fuerza seductora de esta mujer, su voz femenina y la utoridad del timbre lírico y amoroso de su poesía, no deja de ser sorprendente y alentador, digamos que un milagro en el contexto de la santa, que alienta un futuro de, al menos, otros 500 años. Pero eso ya lo contarán otros.

     

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Fondo y forma inseparables

    Autor: Rafel Calle.

    Estimado amigo Óscar Distéfano:

    Opino que forma y fondo son una misma cosa. Como tú, creo que lo importante es el fondo, pero también creo que no hay fondo sin forma, la que sea, tiene que haberla forzosamente. Pienso que fondo y forma son una cuestión de talento transmisor, van unidos porque no puede ser de otra manera. La forma es el vehículo que utiliza la energía transmisora o el talento, y, claro, cuantas más formas se conozcan, más posibilidades de transmisión para el fondo.

    Veamos, se empieza y se termina desde el cerebro. A la hora de crear, no puedes salir de la mente. El escritor, en muchas ocasiones no es capaz de ser consciente de lo que está creando, por la sencilla razón de que el proceso de creación es instantáneo, solo podremos ser conscientes de lo creado, una vez que lo leamos. Para poder leerlo, tiene que haber sido escrito.
    En ese proceso instantáneo, para vestir el pensamiento, nuestra mente recurre al banco de datos donde aguardan las formas. Dado que el cerebro actúa por la ley del mínimo esfuerzo, la forma que elija en cada ocasión, corresponderá a la forma que más conozca, que tenga más reciente y que mejor se acomode a lo que pretenda transmitir.

    Y he ahí el quid de la cuestión. Dependerá de los conocimientos que se tengan de las distintas formas, el que un autor tenga una obra uniforme o una obra pluriforme. Si no se conocen las formas, el autor solo podrá escribir verso multimétrico y, por lo general, de baja calidad rítmico literaria y, sobre todo, estética.

    Cuando hablo de forma, quiero referirme a la escritura y a todos sus aspectos, además de los propios del verso o del versículo, así que, la forma no solo se refiere al tipo de versificación, sino que también comprende aspectos como la gramática. Y digo que fondo y forma son la misma cosa, porque solo puede haber fondo si hay forma, no hay fondo sin forma. Y afirmo que la forma por sí misma carece de importancia, porque puede haber forma sin fondo, o sea, la forma por sí sola no significa nada aunque pueda tratarse de un ejercicio métrico en el caso del verso medido. Por ejemplo: se puede escribir un soneto métrica y rítmicamente perfecto y, sin embargo, de una calidad muy por debajo del mínimo considerable, deplorablemente vacío de contenidos lírico, literario o semántico.

    Dicho esto, una vez que nace la forma, también nace la poesía escrita. Una vez escrita, la forma es como un chicle, se puede alargar, acortar, mezclar… y el fondo siempre será el mismo, es decir, si coges, por ejemplo, un soneto endecasílabo rimado, deshaces los versos y lo conviertes en cualquier otra combinación, aun en versículo, el poema seguirá diciendo lo mismo. Lo único que habrá cambiado serán aspectos estéticos y estilísticos, pero incluso el ritmo será el mismo, salvo en el asunto de la pausa versal.

    Por eso digo que fondo y forma son la misma cosa y por eso digo que una vez escrita, ojo, una vez escrita, no antes, la forma tiene la importancia que tiene y no tiene ni un ápice más.

    Otro tema es que a algunos de nosotros nos guste escribir todo tipo de combinaciones y, por supuesto, me pasa como a ti, el verso medido me encanta, aunque también me gusta el multimétrico o el versículo porque permiten trabajar el lenguaje literario con más libertad, prácticamente sin ataduras, lo cual nos da un lenguaje más completo desde el punto de vista técnico, literario y semántico, es decir, el desarrollo del lenguaje en el verso medido y rimado se tiene que aclimatar a tales circunstancias y ello conlleva una especie de figuras concretas que, al margen de los tropos, son más sencillas porque se aprovechan para cuadrar metro, rima… En el verso multimétrico, la libertad es mucha, puesto que solo hay una condición, la pausa versal, pero es una condición muy asumible por elástica, además con réditos en todos los campos, ya que permite adentrarse en la sintaxis, la semántica, la musicalidad, la estética…, aportando más o menos complejidad y, en todos los casos, elementos renovadores.

    En fin, nosotros, afortunadamente, podemos escribir como nos apetezca, un día escribimos una estrofa clásica y otro día nos da por trabajar de otra manera. Es lo bueno de haber aprendido los recovecos de la versificación.

    Abrazos.

    26 febrero, 2017 • Cartas Forales, Revistas • Vistas: 0

  • Suprimir los signos de puntuación y otras ocurrencias muy perniciosas para los poemas

    Autor: Rafel Calle.

    Creo que es mucho más importante de lo que parece, el hecho de que el poeta no quiera cambiar las reglas gramaticales. A mi juicio, el poeta no está facultado para cambiar las reglas de la escritura, para tal menester, existen otros especialistas.

    Veamos, quizá valdría la pena que a la hora de valorar la importancia de escribir correctamente, tal y como nos han enseñado desde muy temprana edad y tal y como hemos insistido en aprender (perfeccionar) durante toda nuestra vida, tal vez sería conveniente que nos pusiéramos en la piel de los supuestos receptores de nuestra poesía. O salir del ámbito de los poetas y situarnos en el lugar del lector.

    Los lectores, ay, qué pena de lectores, enfrentados a los vaivenes supuestamente ornamentales de los escritores de poemas, por lo demás y en mi opinión, casi siempre tremendamente perniciosos para la propia poesía. ¿A quién le puede extrañar que la poesía sea consumida casi exclusivamente por los propios poetas? Es así y, desde luego, embrollar la escritura a base de suprimir un elemento crucial para la comprensión de lo escrito (signos de puntuación), no parece la solución ideal para ganar lectores de nuestra causa (poesía&cultura escrita). Después, hay un asunto que también me parece importantísimo, esta vez, de cara a la técnica rítmico-literaria, y es la supresión, de lo que sea, pero supresión que significa restar, es decir, no utilizar signos de puntuación significa empobrecer el poema. La técnica literaria necesita a la gramática, pero la técnica rítmico-literaria aún la necesita más, porque es más compleja que aquella.

    Los grandes avanzados de la supresión de las signos de puntuación, fueron los surrealistas de la escritura automática, luego algunos negaron el automatismo, pero se nombraron igualmente surrealistas, puesto que utilizaban el caos sintáctico-literario, aunque no automático y sí intelectualizado, amén de excluir los signos de puntuación, en parte o en su totalidad, negando la puntuación pero añadiendo detalles de sus propias cosechas; por ejemplo, Aleixandre en Espadas como labios, no puntúa pero añade una mayúscula para avisar de que debería haber un punto, con lo cual consigue un conflicto semántico para los lectores, precisamente, en una obra de importancia capital; qué lástima que un autor como Aleixandre sea tan poco conocido y mucho menos comprendido, pero es así y sus experimentos pseudosurrealistas no le ayudaron mucho en este sentido.

    Ahora, vayamos al germen de la poesía, a la sementera que no es otra cosa que la infancia y las juventudes estudiantes. ¿Cómo pueden enseñar poesía los profesores a los niños, si a la hora de leer los poemas, no los entienden ni unos ni otros? Unos se afanan por enseñar las reglas de la escritura, otros por aprenderlas. Y todos deben desentrañar un misterio gramatical a la hora de leer un poema. No basta con la complejidad, polisemia…, tenemos que poner más trabas.

    Son muchos los escritores que tienen dificultades a la hora de puntuar. Y yo me pregunto, ¿por qué algunos poetas cambian a su antojo las reglas gramaticales que son tan trabajosas de enseñar y tan difíciles de aprender? Y, bueno, a un poeta le da por empezar todos los versos con mayúscula; a otro poeta le da por suprimir las comas; al siguiente le da por quitar los puntos; llega otro poeta y sigue con minúscula después de un punto, en fin, un montón de ocurrencias que no tienen nada de positivo y que son una losa muy pesada, un enorme obstáculo para la evolución rítmica, estética y literaria, porque evita su pleno desarrollo. Es curioso que, probablemente al amparo de los grandes autores que alguna vez no puntuaron, surja una gran cantidad de poetas que suprimen los signos de puntuación porque puntúan deficientemente o no tienen clara la forma correcta de puntuar.

    En fin, cuanta más complejidad o riqueza rítmico-literaria, más importancia de los signos de puntuación en el ritmo, la estética o la semántica, aunque los signos de puntuación que faltan estén en el lugar de la pausa versal, ya que ese si bien es el instrumento de supresión más básico, más racional, no por ello es menos perjudicial que los restantes.

    26 febrero, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • La magia de la existencia

    Autora: María Rodríguez.

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    ¿Qué es la Alquimia?, pregunto.

    Es el arte de la Transformación, se me responde.

    Los antiguos sabios y magos ancestrales, enseñaban los secretos de la Alquimia para hacer pasar a los mortales de un estado de sufrimiento e ignorancia a un estado de iluminación y dicha. Para moverse en esos estados había que ser fuertes en la Verdad, y alejarse de  juicios duales, que se mueven entre el bien y el mal.

    Un sabio dijo una vez:” La alquimia opera en todo momento; es imposible impedir las transformaciones que se presentan constantemente en todos los niveles de la vida “

    Se cree  que la Alquimia es la transformación de un metal inferior en oro y sin embargo- en realidad – es la transformación personal que sucede y los que más interesa, principal propósito: encontrar la Perfección. Por eso es entendible que esa transformación se dirija hacia el oro, que es el más perfecto de los metales porque no se corrompe, cuando en realidad lo que se busca es la Perfección en el ser humano con lo que significa: liberarse del sufrimiento, la enfermedad, el miedo, las dudas, el temor.

    ¿Cómo conseguir esta alquimia? ” El secreto no está en cómo buscar, sino hasta donde buscar”…. La búsqueda es parte de nuestra propia experimentación, aventuras  personales,  hasta encontrar ese cambio, que se origina dentro de nosotros, lejos de esta personalidad con la que actuamos ahora y que percibimos y elaboramos desde nuestra propia soledad.

    La Esencia es infinita y Una con el Universo, sin límites de espacio ni tiempo y ahí es dónde se encuentra la alquimia,  en cambiar las experiencias de la personalidad por las vivencias cotidianas de nuestro Ser.

    Pero esta Sabiduría de los Magos y sabios ancestros, se perdió cuando llegó la era del raciocinio, que sostiene  que la Alquimia   es imposible, y así fue como esta Sabiduría fue quedando relegada a las historias y leyendas cantadas por los trovadores, en palacios y pueblos. Y las personas  empezaron  a aceptar que eran seres limitados, un conjunto finito de carne y hueso en pequeños rincones de tiempo y espacio.

    Dejaron de recordar que somos flujo de vida propia, Esencia, Amor, búsqueda de perfección en una aventura más allá de lo finito, imposible de limitarla en un espacio o tiempo, aún más allá de la energía y la luz, pues la energía sigue siendo materia   sutil, pero  materia al fin y al cabo, que hemos de aprender a traspasar para llegar al núcleo brillante que anida en nuestro interior. Solo el Silencio interior, nos alumbra dirigiendo nuestros pasos.

    La Alquimia es el acto más creativo que podemos realizar para con nosotros mismos. No nos damos cuenta pero –ya- somos nuestros propios alquimistas, trasmutando constantemente las células sin vida, en la mantenida encarnación viva de nosotros mismos

    Los cuatro elementos – tierra, agua, fuego y aire, se combinan para llegar al mágico producto que es la Vida . El fuego, que no es un fuego visible, ni siquiera un calor metabólico  funde a los otros elementos para crear la existencia, pero ¿podemos destilar el fuego que anima  al resto de los elementos sin vida?

     

    Ahí está la magia de la existencia:

     EL ACTO MÁS CREATIVO Y MÁGICO, que podemos realizar

     

    Artículo basado en el libro  ” El Sendero del Mago”. Deepak Chopra

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El año sin verano

    Autora: Rosa Marzal.

    En abril de 1815 se registró en Indonesia una de las peores erupciones volcánicas en la historia de la humanidad. La cantidad de gases y partículas liberadas a la atmósfera trajo consigo un cambio en el patrón de la circulación atmosférica que afectó al continente europeo el siguiente año, sobre todo durante la época estival y que comúnmente se conoce como “el año sin verano”. Las consecuencias ambientales, económicas, sociales y sanitarias fueron terribles:

    En Asia se alteró el ciclo del monzón, dando lugar a devastadoras inundaciones. Los caminos se poblaron de refugiados climáticos, campesinos hambrientos que mendigaban comida. Las heladas arruinaron los cultivos en Europa, y en Norteamérica, la sequía hizo otro tanto; en ambos lugares faltaron alimentos. . El frío no remitió siquiera al aproximarse la temporada estival. Hubo nevadas hasta mediados de junio ¡y en Roma cayó nieve rosa! El trastorno climático dejó al hemisferio norte sin verano, y tuvo otro impacto menos conocido: sirvió de catalizador de una de las obras literarias más influyentes de la modernidad.

     

    El año sin verano y el arte.

    Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
    El brillante sol se había extinguido y las estrellas
    vagaban apagándose en el espacio eterno.
    Sin luz y sin rumbo, la helada tierra
    oscilaba ciega y negra en el cielo sin luna.

    “Oscuridad”   Lord Byron.

    En junio de 1816, Lord Byron alquiló la mansión Villa Diodati junto al Lago Ginebra en Cologny, Suiza. Allí pasó los meses de estío junto a su médico, John Polidori, Percy B. Shelley  y su esposa, Mary, hija del filósofo radical William Godwin y  la precursora del feminismo Mary Wollstonescraft; a quien acompañaba su hermanastra Claire Clairmont.

    Para combatir el aburrimiento Byron sugirió que cada uno de los presentes escribiera una novela de terror. El médico de Byron, Polidori escribió la novela “El vampiro”, precursora del vampiro en el que se basó el Drácula de Bram Stoker  y, por su parte, Byron compuso el poema “Darkness” (“Oscuridad”) en el que mezcla nostalgia y melancolía con los tintes apocalípticos y desoladores que se habían asentado entre los más pobres.  Mary Godwin (más tarde Mary Shelley) escribió su famoso “ Frankenstein o el moderno Prometeo”, una de las obras cumbre de la literatura universal,  enmarcada en la tradición de la novela gótica. Explora temas como la moral ciéntifica, la creación y destrucción de la vida, y la audacia de la humanidad en su relación con Dios, temas que siguen interesando a todo tipo de lectores.

     

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    Los icónicos atardeceres de los óleos  de Turner, con esas veladuras que se creían fruto de un defecto en la vista del pintor, tenían en realidad su origen en la atmósfera turbia producto de la ceniza volcánica del Tambora.

     

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Humanismo y erasmismo en Cervantes y el Quijote

    Autor: Julio González Alonso

     

    El desafortunado lance de Miguel de Cervantes con Antonio Sigura (1568), maestro de obras de la Corte, en el que éste acabó malherido y Cervantes condenado a la amputación de su mano derecha, hizo que el autor del Quijote saliera de España huyendo del castigo y viniera a parar a la Italia del Renacimiento. Una oportunidad para un Miguel de Cervantes joven, perseguido por la Justicia y temeroso de su pasado judío, que hará lo posible e imposible para eludir la sentencia y ocultar con heroísmo, títulos que nunca consiguió e influencias que le valieron poco, la amenaza de su historia familiar.

    Las contrariedades no consiguieron hacer de Cervantes un resentido; antes bien, con una actitud irónica y hasta estoica, se alzará ante cada revés y nos mostrará una actitud positiva sin dejar a un lado la crítica. El humor cervantino es la base inteligente de su escritura. Y a todo ello contribuyeron decisivamente las ideas renacentistas y su paso por Roma, ciudad que, a buen seguro, deslumbraría con su historia y ambiente a nuestro escritor más universal.

     

    No fue nuestro Cervantes hombre universitario. Son bien conocidas sus opiniones sobre muchos de los autores que presumían de haber pasado por la Universidad, aunque la Universidad no hubiera pasado por ellos sino en los aspectos más hueros y artificiosos de la cultura académica. Con una formación equivalente a lo que vendría a ser un Bachillerato Superior, Miguel de Cervantes completó su educación con lo que da la vida y el contacto con el Humanismo y las corrientes reformadoras que se extendían por la Europa de Felipe II.

     

    Así, no es de extrañar que en su obra y especialmente en la novela y el Quijote, no dejemos de encontrar las huellas de su formación y la formulación de sus actitudes abiertas al libre pensamiento. Para una persona crítica con la sociedad de la época y progresista, las ideas humanistas representaban una ocasión de renovación y regeneración de un mundo anclado en lo medieval que se desplomaba y hundía en el teocentrismo. Para un judío converso representaba un ideal de justicia y libertad.

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    El antropocentrismo se instala así en el pensamiento cervantino. El Quijote, siguiendo el fervor por lo humano del neoplatonismo, apunta a la idealización de la realidad, el reconocimiento de lo natural y lo bello (el deleite que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y concordancia que ve o contempla en las cosas que la vista o la imaginación le ponen delante ), aunque sea desde la locura del personaje y la locura de quienes lo rodean.

     

    El nuevo ideal de hombre, según Castiglione, será el perfecto caballero, es decir, el hombre de armas y de letras. Y en don Quijote se dará esta fusión, calurosamente argumentado –además- a través del discurso de las armas y las letras (I, 37-38), así como la exaltación de un pasado idílico o utópico en el de “la edad de Oro” o “Edad Dorada” (I,11) en el cual, al hilo de lo mejor de la literatura renacentista, expondrá el ideal de un mundo natural de armonía y fraternidad del que la vida pastoril parecía ser el mejor ejemplo.

     

    Efectivamente, el Quijote, como libro de libros, recoge entre sus capítulos novelas pastoriles. Incluso a don Quijote se le pasará por la cabeza la idea de hacerse pastor (II, 67 y 73). La figura humana no ocupará solamente el centro de las creaciones artísticas, pictóricas o escultóricas, sino que desbordará también las páginas de la literatura renacentista.

     

    Uno de los muchos aciertos de Cervantes tiene que ver con el tratamiento que hace del lenguaje en el Quijote; en él encontramos tanto una elaboración culta del lenguaje como una dignificación del habla popular. Otro rasgo moderno de gran proyección en el futuro será su apuesta por el uso de las lenguas vernáculas y su rechazo de las traducciones (I,6.-II,16), con las que será muy crítico, así como el sentido que tiene de lo que es la evolución de la lengua y su enriquecimiento con el uso de palabras nuevas: que el uso las irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entienden; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso (II,43). Las lenguas nacionales cobran con Cervantes gran prestigio.

     

    Del erasmismo, encontramos en Cervantes no pocas actitudes. Así veremos desfilar, desde la primera página, su crítica y el rechazo de los libros de caballerías: son en el estilo duros: en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las cortesías, mal mirados; largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la república cristiana como a gente inútil. (I,47). El Quijote se escribe, expresamente dicho por Cervantes, para acabar con la literatura caballeresca. Pero no se escribe para rechazar los ideales caballerescos y la imagen del caballero, sino –más bien- para restaurarlos. Le siguen la defensa de la religiosidad interior y el libre pensamiento, el rechazo de las ostentaciones y apariencias engañosas y, cómo no, el rechazo de la idea de cristianos viejos y nuevos. Pero todo lo anterior lo asienta sobre el concepto erasmista de la locura y la denuncia de las supersticiones (I,22-II,9-II,58-II,73), las prácticas corruptas envueltas de actitudes piadosas; por su pluma pasarán los médicos, los comerciantes, el clero y sus vanidades, así como leguleyos y otra suerte de oficios y personajes.

     

    A este respecto las interpretaciones varían según cada época. Lo cierto es que Cervantes escribió de modo que en su tiempo no fuera fácil desvelar el fondo crítico de sus escritos presentándose como cristiano y católico convencido. Y no hay que dudar que lo fuera, aunque sí de un cristianismo de miras amplias y desencorsetado. Antonio López Calle, en “Benjumea y el Quijote como sátira antirreligiosa”, recoge el pensamiento que Nicolás Díaz de Benjumea (1820/1884) expone en “La estafeta de Urganda ò aviso de Cid Asam-Ouzad Benenjeli sobre el desencanto del Quijote” (Londres.1861). Según su punto de vista, el Quijote es “una obra antirreligiosa” con un personaje “racionalista librepensador anticatólico” que será rigurosamente crítico con “las supersticiones y algunas creencias religiosas”, además de “enemigo del clero y de la Iglesia y debelador de la Inquisición”. En su concepción global, Benjumea cree ver en Dulcinea “el símbolo de la libertad de la razón” y en Sancho “un símbolo del pueblo español y, por extensión, de la humanidad” que hará su recorrido “hacia su propia emancipación de la tutela religiosa” a través del instrumento de la educación o la instrucción recibida, que en la novela correrá a cargo de don Quijote.

     

    No puede ser mi intención rebatir éste u otros puntos de vista sobre la realidad última encerrada en el Quijote. Pienso que hay algo de extremismo en las afirmaciones expresadas y que los extremismos quitan más razón que dan. Pero, considerando las corrientes culturales europeas del momento, la situación imperial de España, el dominio de la Iglesia y la historia personal y familiar de Cervantes, de cuanto Benjumea expone hay bastantes cosas a tener en consideración.

     

    Las corrientes literarias erasmistas siguieron dos derroteros. Por un lado y bajo la influencia del humanismo italiano se consagrará la novela pastoril. Por el otro, siguiendo a los movimientos reformistas, aparecerá en España la novela picaresca. Podemos decir que el Quijote participa de ambos aspectos y que desde ambos combate las dos obsesiones de la época: la cuestión social del honor y la de la limpieza de sangre.

     

    Si nos paramos a ver a don Quijote como un prototipo de antihéroe, loco, marginado, buscando arreglar injusticias y “desfacer entuertos”, enfrentado a un mundo que se desmorona, nos daremos cuenta que entronca con el mundo literario de la picaresca. De hecho, Cervantes lo tendrá presenta cuando por boca de Ginés de Pasamonte se referirá al Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, (I,22) considerándolo tan bueno que hará pequeño al Lazarillo de Tormes. Agreguemos otra característica común con la picaresca como es el carácter itinerante de la novela, siguiendo también el ejemplo de las de caballerías, ubicando su acción en escenarios diferentes en una sucesión de aventuras o la búsqueda de las mismas que poco tienen que ver las unas con las otras si no es por la proverbial inteligencia de Cervantes para hacer girar toda la obra en torno a la personalidad poderosa de su personaje, el hidalgo manchego Alonso Quijano o Quijada el Bueno, alter ego del caballero don Quijote de la Mancha.

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevistas a los ganadores del II Premio de Poesía Ramón Ataz

    Autora: Rosa Marzal.

    El día 18 de noviembre de 2016 Alaire cumplió nueve años de historia, y qué mejor manera de celebrarlo que vistiendo de gala a la palabra, rindiendo a la vez un homenaje a un gran poeta y entrañable compañero del Foro que ya no está entre nosotros. Para ello convocamos el II Premio de Poesía y Relato Corto Ramón Ataz”.
    Los tres ganadores en la categoría de Poesía: Manuel Sánchez, Sergio Ortíz y Gerardo Mont, han aceptado concedernos las siguientes entrevistas.

    Manuel Sánchez, o la madurez de un poeta cuya cosecha da frutos tan extraordinarios como “ESTANCIAS PROTEGIDAS” el poema ganador del II Premio Internacional de Poesia Ramón Ataz.

    -Qué ha aportado la poesía a la vida de M. Sánchez?
    Diversión, conocimiento del lenguaje. Para mí la poesía es una invitación al ingenio, un reto para conseguir musicalidad entre las palabras y entre las ideas, un camino para alejarme de la vulgaridad. También me permite relacionar lo imaginado con lo real, hasta el extremo de resultarme complicado a veces diferenciar una cosa de la otra. Me ha enseñado a conocer lo que no sé , las profundidades de mi imperfección. A buscar respuesta y explicación al mundo en lugares muy diferentes de los inmediatos. Me ha aportado una notable capacidad de escucha y de interés por la expresión de los demás. Me ha enseñado a distinguir lo fácil de lo difícil, a valorar la originalidad, la sorpresa. Me ha permitido acercarme notablemente a la parte inefable del ser humano. La poesía me ha permitido conocer otras maneras de sentir y de expresar con la escritura, a través de la lectura de otros poetas. Y desde luego me ha aportado placer, muchísimo placer. Leer buena poesía es una manera segura de ser feliz, difícilmente sustituible, en mi caso, por ninguna otra.

    -Dime un autor que haya marcado tu trayectoria poética.
    Esto es sencillo: Gil de Biedma.
    No solo ha marcado mi trayectoria poética, también me abrió la puerta a lo desconocido, a una forma sorprendente de hacer poesía.

    -¿Cuál es para ti la materia prima de un buen poema, sus ingredientes esenciales?
    La empatía con el ser humano. El ambiente creado. La capacidad que tenga de transportarte con las ideas a un mundo distinto del habitual. La frescura y la armonía del relato poético. La cercanía de las palabras al pensamiento intuitivo. La carga de sensibilidad que ponga de manifiesto. El descubrimiento de yacimientos poéticos sorprendentes. La expresión gramatical; sus hallazgos. La musicalidad. El ingenio. La capacidad que tenga para sugerir.

    -Manuel, ¿todo poema debe de pasar siempre por el filtro de la razón?, ¿es preciso comprender para sentir, para emocionarse con un texto poético?
    No , no creo necesario que tenga que pasar por el filtro de la razón. Esta es una cuestión que tiene que ver mucho con el tipo de personalidad del lector. En mi caso, soy un escritor realista y experimento el mayor placer en el encuentro con la idea, por tanto, encontrar esa idea es importante. El mundo irracional produce a veces expresiones con un notable contenido poético que llega a través del lenguaje subconsciente.
    En relación con la emoción, puedo decir que no dudo de que se pueda sentir un tipo de emoción en el terreno de lo irracional; emoción de la misma clase que la que se experimenta al escuchar una sinfonía. Pero si de lo que se trata es de sentir una emoción en el sentido más extendido y habitual del término, entonces es necesario pasar por el despacho de lo racional, porque para emocionarse el cerebro humano necesita previamente hacer una valoración de la circunstancia, y esta solo se puede realizar de manera racional.

    ********************
    Sergio Ortiz, enhorabuena por este segundo premio con el que ha sido galardonado tu “DON PERIGNON” un excelente poema que tienen la oportunidad de apreciar y degustar nuestros lectores.

    -Sergio, es la primera obra que has presentado en este Foro. Haznos una breve carta de presentación. Cuéntanos en pocas líneas quién es Sergio Ortiz.
    Vivo en San Juan, Puerto Rico. Fui maestro de inglés a todos los niveles, incluyendo la universidad. Mi profesión posibilitó que viajara a distintos países de américa latina.  Viví en Perú, Argentina, Honduras y México. Viví en la frontera entre Estados Unidos y México la mayor parte de mi vida. Pinto y soy fotógrafo además de ser poeta. Me retire de la docencia en el año 2000. Nunca me casé, no tengo hijos, pero soy un hombre feliz, muy feliz.

    – ¿Cómo te iniciaste en el complejo arte de la escritura?
    Comencé a escribir poesía en mi adolescencia. Leer y escribir pronto se convirtieron en mi salvavidas.  Mis padres no aceptaban mi homosexualidad, era la época. Con el tiempo eso cambió pero ya yo estaba adicto a los palabras y las metáforas.

    – ¿Eres asiduo de los concursos de poesía?, ¿qué opinión te merecen?
    Este fue mi segundo concurso. Ahora si soy asiduo a los concursos, he enviado poemas como a cinco de ellos en los últimos dos meses.

    – Tres autores indispensables para ti, Sergio.
    Federico García Lorca, ¿qué seriamos los poetas sin él?
    Neruda, por supuesto.
    Sylvia Plath, a quien adoro.
    Me pidieron tres pero son casi una infinidad, pues leo poesía vorazmente.
    ********************

    Gerardo Mont, poeta y prosista de sobra conocido en esta casa de Alaire. Felicidades, querido compañero, “LA HÚMEDA RACIÓN DE LOS DÍAS” viene a poner el broche de oro a una impresionante trayectoria poética.

    -Gerardo, ¿cómo entiendes la poesía, como una catarsis, una forma de vida, de autoconocimiento…?
    Regresando a años atrás, recuerdo que me atrajo la posibilidad de decir de forma condensada y de acuerdo a los estudios de los lingüistas modernos (sus estudios me sedujeron con la posibilidad de un lenguaje diferente), cosas que creo, o he visto, y hasta algunas que quizás no habían sido dichas. Entendía la poesía como una forma de comunicación muy humana y menos racional que las matemáticas por ejemplo, o que la misma prosa. Desde ese punto de vista existía un inmenso horizonte expresivo y comunicativo. Pasado el tiempo, comprendí que el ser humano (no solamente el poeta) quiere ser escuchado y aplaudido o consolado, pero que existe poco interés por escuchar, que la belleza nos deslumbra cuando no es necesario ahondar en ella, y que los rincones que nos exigen pensar o confrontar la parte más oscura de nosotros mismos, no nos son muy atractivos. La poesía entonces, me parece una forma de autoconocimiento (en cuanto expresa la mejor versión del autor o de lo que decide mostrar), de egoísmo (en cuanto el autor se considera la medida de la verdad y la mejor pluma en vida (broma)), de búsqueda de la belleza, aunque los productos propiamente humanos generalmente no lo son, lo que la aleja de la realidad, máxime que generalmente enfocamos la visión desde un ángulo muy personal (yo he intentado, quizás sin lograrlo, condensar múltiples perspectivas en un mismo poema, aunque contradiga con esto el concepto de la “imagen única”). Y también me parece un ejercicio literario, que alcanza, a veces, cierta universalización, cuando logra interpretar en versos, sentimientos o deseos comunes a un buen porcentaje de lectores. Con esto quiero decir, que considero que a pesar de que la poesía constituye un lenguaje muy amplio y de múltiples posibilidades (si aplica el principio de semejanza), se sigue circunscribiendo – esa capacidad comunicativa casi ilimitada – a unas fronteras más o menos predecibles (me incluyo). Por supuesto existen los que trascienden las fronteras…, esos son los grandes (algunas veces).

    -Has comentado en alguna ocasión que estuviste a punto de abandonar la escritura, ¿marcó este hecho un antes y un después en tu forma de afrontar el acto creativo?
    Bueno, marcó un después en el que escribo muy poco, y cuando tomo impulso para hacerlo, lo hago afectado por ese sentimiento de resignación, que me hace poner los pies en tierra y aceptar que habré cambiado o transmitido, muy poco o nada (más lo último) . Esto hace que no pueda evitar considerar la poesía, una tarea bastante infructuosa. Y siguiendo con esta sinceridad con la que contesto y pocas veces me permito, confieso que me considero un aspirante a poeta que agoniza sin haber nacido. Cada vez son más escasas las razones que encuentro para escribir y solamente van quedando las que giran alrededor de una vanidad insana o de una afición, casi adicción, a escarbar en el dolor pasado (lo digo en el contexto, solamente, de mi experiencia).

    -Una ventaja y un inconveniente que perciba Gerardo Mont relativo a la repercusión de las nuevas tecnologías sobre la literatura. 
    La ventaja más importante que encuentro, es el fácil acceso a la obra de muchísimos autores (de renombre o no), a su pensamiento, a sus sentimientos, a sus testimonios como protagonistas o testigos del teatro humano. Esta función es para mí, algo práctico, algo que vino a sustituir mi afición de otro tiempo a las compraventas de libros.
    El inconveniente mayor que encuentro, no es para el usuario, es para los autores que sufren la piratería, y como consecuencia se ven diezmados sus ingresos (única consecuencia que imagino porque sus ideas más bien son puestas al alcance de las multitudes). Se me hace difícil imaginar un inconveniente que me afecte como usuario, pues tengo el control de acceder o no a la información. Pero supongo, que para algunos (en este caso no me incluyo) si es un gran inconveniente, porque ser poeta ya no es asunto de unos cuantos iluminados, sino que ahora se trata, de unirse a un foro de naturaleza literaria, de desarrollar un estilo más o menos propio, y de ser aprobado por un número aceptable de sus miembros, pero además, surgen escritores en ellos, que superan inclusive a los que venden libros. Así pues, las nuevas tecnologías, la reducción de las distancias y el acceso al conocimiento, nos permiten, si así nos place, intentar lo propio, sin limitarnos a ser meros lectores. Recuerdo el tiempo en que Poeta se escribía con mayúscula, como si éste fuese un ser humano excepcional, pero ahora…hasta mí me han llamado así, jeje (broma medio en serio).

    – Por último, dime un libro que no hayas conseguido terminar de leer.
    Por Dios, que difícil, son cientos. Ya mencioné que me gusta la lectura y que he sido asiduo a las compraventas. Todo aquel libro que me permitió, después de algunas páginas, adivinar la trama, perdió mi interés y no sumó otro lector a su lista. Pero, por poner un ejemplo (sin mencionar autor), alguna vez, hace varios años, intenté leer algunos libros de corte espiritual, que me parecieron tan lejanos a la realidad humana alcanzable, que ahora no puedo evitar decirle a quién miro con uno en sus manos (si media la oportunidad): “No lea eso, se va a creer especial, y va a mirar hacia abajo a los débiles humanos”. Por último quiero mencionar que me parece gracioso, que ningún conocido aficionado a esos libros considera que ese autor, en buena medida, no se sujeta a sus propios consejos, y que tampoco menciona que él no ha logrado su Nirvana, dejando creer a sus deslumbrados seguidores, que él es el mejor ejemplo de lo que predica. Siempre he creído en algo que llamo “la sinceridad del autor”, aunque supongo que no es conveniente porque el lector espera de éste, convertirlo en su modelo a seguir.

    Gerardo, Sergio, Manuel, muchas gracias, y muchos éxitos más.

    26 febrero, 2017 • A Portada • Vistas: 0

  • Revista Nº16 – Febrero 2017

    9 años_

    Revista Alaire. Nueve años no es nada.

    Edita: Asociación Poético Cultural Alaire.

    www.editorialalaire.es

    info@editorialalaire.es

    Director: Rafel Calle

    Dto. de contenidos: Hallie Hernández Alfaro

    Dto. técnico: Pablo Ibáñez

     

     

     

    26 febrero, 2017 • Revistas • Vistas: 0

  • Los foros de poesía hoy

    Autor: Rafel Calle

     

    Para mí no es una sorpresa que los sitios web se vayan imponiendo como el medio ideal para publicar poemas. Desde el primer día que entré en un foro, supe que acabarían imponiéndose como la mejor y casi la única manera de aprender a escribir poesía y, claro, como el mejor soporte mediático para publicarla.

    Por un lado, la labor didáctica y, por otra parte, el trabajo editorial; he ahí las dos razones fundamentales para la existencia de los foros literario-poéticos. Por consiguiente, caben autores principiantes y autores avezados. Lo ideal es una mezcla de ambos.

    A partir de aquí, se necesita un grupo de autores que escriban bien y que se muestren educados y solidarios. También se necesitan personas que constantemente vigilen el buen funcionamiento del foro. Y, por último, se precisa de gente que ponga su dinero a fondo perdido. Dicho esto, a nadie le puede extrañar que los foros sean sitios muy especiales, muy valiosos y muy necesarios para todo aquel que quiera aprender, mejorar o publicar sus obras, pero también lugares muy difíciles de vertebrar y más difíciles de mantener.

    Un foro de poesía es un auténtico tesoro. Poemas, comentarios, debates, opiniones…, todo a disposición de los lectores aun más allá de nuestros días; cuando no estemos, nuestra obra, nuestras opiniones… perdurarán a lo largo del tiempo como el testimonio de nuestro paso y de nuestro pensamiento. Pepe, Antonio, Juana, María… se habrán ido, pero su paso quedará escrito en el foro que hayan habitado.

    Es por ello que creo que los foros son un importantísimo patrimonio cultural. Cuando pienso que un foro como Poesía Pura pueda dejar de funcionar, me entra una gran congoja. ¡Cuántos y cuántos tesoros poético-literarios alberga en sus entrañas Poesía Pura! Creo que fue en el 2004, entré y me deslumbró. Allí aprendí a dar los primeros pasos en el mundo del poema y allí me obsesioné con la poesía y el medio digital. Espero y deseo que Pura continúe con su actividad.

    Y, bueno, aprovecho para animaros a todos a que dejéis vuestras opiniones en los trabajos de los compañeros y, sobre todo, que los leáis y que también dejéis constancia de ello; no hace falta un gran comentario, basta con unas pocas palabras, porque de este modo se consigue que haya una rotación en las publicaciones.

    También quiero recordar que no conviene elogiar desmesuradamente y menos sin leer las obras; cuando alguien se deshace en elogios hacia un trabajo que tiene poca o ninguna consistencia literaria, demuestra que no ha leído ese trabajo y le hace un flaco favor al autor de turno, porque lo lleva al engaño.

    No hace falta decir que un foro es una editorial. En una editorial lo mínimo que se pide es que se escriba correctamente. Nosotros, en Alaire somos exigentes, pero cada día lo seremos más, de eso que no os quepa duda, porque si hay un cáncer mortal para los foros, no es otro que la falta de pulcritud gramatical en las obras. Ese es el mayor cáncer que puede tener un sitio literario.

    Refiriéndome a Alaire, por un lado, existe un grupo bastante numeroso de autores que muestran altas prestaciones rítmico-literarias y, además, son afectuosamente solidarios con sus compañeros; por otra parte, el nivel medio de calidad rítmico-literaria del foro, está en unos parámetros bastante dignos, de todo lo cual, solo podemos alegrarnos.

    Abrazos.

    4 noviembre, 2016 • Cartas Forales, Revistas • Vistas: 0

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