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  • Mensaje de Fin de Año. La Academia de Poesía Alaire

    Autor: Rafel Calle

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    31 diciembre, 2018 • A Portada, Revistas • Vistas: 0

  • UNI-VERSAL

    Entrevista a Hallie Hernández Alfaro por Rafel Calle

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    30 diciembre, 2018 • A Portada, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Pablo Ibáñez

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    Autor: Rafel Calle

     

     

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    17 mayo, 2018 • A Portada, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevistas a los ganadores del II Premio de Poesía Ramón Ataz

    Autora: Rosa Marzal.

    El día 18 de noviembre de 2016 Alaire cumplió nueve años de historia, y qué mejor manera de celebrarlo que vistiendo de gala a la palabra, rindiendo a la vez un homenaje a un gran poeta y entrañable compañero del Foro que ya no está entre nosotros. Para ello convocamos el II Premio de Poesía y Relato Corto Ramón Ataz”.
    Los tres ganadores en la categoría de Poesía: Manuel Sánchez, Sergio Ortíz y Gerardo Mont, han aceptado concedernos las siguientes entrevistas.

    Manuel Sánchez, o la madurez de un poeta cuya cosecha da frutos tan extraordinarios como “ESTANCIAS PROTEGIDAS” el poema ganador del II Premio Internacional de Poesia Ramón Ataz.

    -Qué ha aportado la poesía a la vida de M. Sánchez?
    Diversión, conocimiento del lenguaje. Para mí la poesía es una invitación al ingenio, un reto para conseguir musicalidad entre las palabras y entre las ideas, un camino para alejarme de la vulgaridad. También me permite relacionar lo imaginado con lo real, hasta el extremo de resultarme complicado a veces diferenciar una cosa de la otra. Me ha enseñado a conocer lo que no sé , las profundidades de mi imperfección. A buscar respuesta y explicación al mundo en lugares muy diferentes de los inmediatos. Me ha aportado una notable capacidad de escucha y de interés por la expresión de los demás. Me ha enseñado a distinguir lo fácil de lo difícil, a valorar la originalidad, la sorpresa. Me ha permitido acercarme notablemente a la parte inefable del ser humano. La poesía me ha permitido conocer otras maneras de sentir y de expresar con la escritura, a través de la lectura de otros poetas. Y desde luego me ha aportado placer, muchísimo placer. Leer buena poesía es una manera segura de ser feliz, difícilmente sustituible, en mi caso, por ninguna otra.

    -Dime un autor que haya marcado tu trayectoria poética.
    Esto es sencillo: Gil de Biedma.
    No solo ha marcado mi trayectoria poética, también me abrió la puerta a lo desconocido, a una forma sorprendente de hacer poesía.

    -¿Cuál es para ti la materia prima de un buen poema, sus ingredientes esenciales?
    La empatía con el ser humano. El ambiente creado. La capacidad que tenga de transportarte con las ideas a un mundo distinto del habitual. La frescura y la armonía del relato poético. La cercanía de las palabras al pensamiento intuitivo. La carga de sensibilidad que ponga de manifiesto. El descubrimiento de yacimientos poéticos sorprendentes. La expresión gramatical; sus hallazgos. La musicalidad. El ingenio. La capacidad que tenga para sugerir.

    -Manuel, ¿todo poema debe de pasar siempre por el filtro de la razón?, ¿es preciso comprender para sentir, para emocionarse con un texto poético?
    No , no creo necesario que tenga que pasar por el filtro de la razón. Esta es una cuestión que tiene que ver mucho con el tipo de personalidad del lector. En mi caso, soy un escritor realista y experimento el mayor placer en el encuentro con la idea, por tanto, encontrar esa idea es importante. El mundo irracional produce a veces expresiones con un notable contenido poético que llega a través del lenguaje subconsciente.
    En relación con la emoción, puedo decir que no dudo de que se pueda sentir un tipo de emoción en el terreno de lo irracional; emoción de la misma clase que la que se experimenta al escuchar una sinfonía. Pero si de lo que se trata es de sentir una emoción en el sentido más extendido y habitual del término, entonces es necesario pasar por el despacho de lo racional, porque para emocionarse el cerebro humano necesita previamente hacer una valoración de la circunstancia, y esta solo se puede realizar de manera racional.

    ********************
    Sergio Ortiz, enhorabuena por este segundo premio con el que ha sido galardonado tu “DON PERIGNON” un excelente poema que tienen la oportunidad de apreciar y degustar nuestros lectores.

    -Sergio, es la primera obra que has presentado en este Foro. Haznos una breve carta de presentación. Cuéntanos en pocas líneas quién es Sergio Ortiz.
    Vivo en San Juan, Puerto Rico. Fui maestro de inglés a todos los niveles, incluyendo la universidad. Mi profesión posibilitó que viajara a distintos países de américa latina.  Viví en Perú, Argentina, Honduras y México. Viví en la frontera entre Estados Unidos y México la mayor parte de mi vida. Pinto y soy fotógrafo además de ser poeta. Me retire de la docencia en el año 2000. Nunca me casé, no tengo hijos, pero soy un hombre feliz, muy feliz.

    – ¿Cómo te iniciaste en el complejo arte de la escritura?
    Comencé a escribir poesía en mi adolescencia. Leer y escribir pronto se convirtieron en mi salvavidas.  Mis padres no aceptaban mi homosexualidad, era la época. Con el tiempo eso cambió pero ya yo estaba adicto a los palabras y las metáforas.

    – ¿Eres asiduo de los concursos de poesía?, ¿qué opinión te merecen?
    Este fue mi segundo concurso. Ahora si soy asiduo a los concursos, he enviado poemas como a cinco de ellos en los últimos dos meses.

    – Tres autores indispensables para ti, Sergio.
    Federico García Lorca, ¿qué seriamos los poetas sin él?
    Neruda, por supuesto.
    Sylvia Plath, a quien adoro.
    Me pidieron tres pero son casi una infinidad, pues leo poesía vorazmente.
    ********************

    Gerardo Mont, poeta y prosista de sobra conocido en esta casa de Alaire. Felicidades, querido compañero, “LA HÚMEDA RACIÓN DE LOS DÍAS” viene a poner el broche de oro a una impresionante trayectoria poética.

    -Gerardo, ¿cómo entiendes la poesía, como una catarsis, una forma de vida, de autoconocimiento…?
    Regresando a años atrás, recuerdo que me atrajo la posibilidad de decir de forma condensada y de acuerdo a los estudios de los lingüistas modernos (sus estudios me sedujeron con la posibilidad de un lenguaje diferente), cosas que creo, o he visto, y hasta algunas que quizás no habían sido dichas. Entendía la poesía como una forma de comunicación muy humana y menos racional que las matemáticas por ejemplo, o que la misma prosa. Desde ese punto de vista existía un inmenso horizonte expresivo y comunicativo. Pasado el tiempo, comprendí que el ser humano (no solamente el poeta) quiere ser escuchado y aplaudido o consolado, pero que existe poco interés por escuchar, que la belleza nos deslumbra cuando no es necesario ahondar en ella, y que los rincones que nos exigen pensar o confrontar la parte más oscura de nosotros mismos, no nos son muy atractivos. La poesía entonces, me parece una forma de autoconocimiento (en cuanto expresa la mejor versión del autor o de lo que decide mostrar), de egoísmo (en cuanto el autor se considera la medida de la verdad y la mejor pluma en vida (broma)), de búsqueda de la belleza, aunque los productos propiamente humanos generalmente no lo son, lo que la aleja de la realidad, máxime que generalmente enfocamos la visión desde un ángulo muy personal (yo he intentado, quizás sin lograrlo, condensar múltiples perspectivas en un mismo poema, aunque contradiga con esto el concepto de la “imagen única”). Y también me parece un ejercicio literario, que alcanza, a veces, cierta universalización, cuando logra interpretar en versos, sentimientos o deseos comunes a un buen porcentaje de lectores. Con esto quiero decir, que considero que a pesar de que la poesía constituye un lenguaje muy amplio y de múltiples posibilidades (si aplica el principio de semejanza), se sigue circunscribiendo – esa capacidad comunicativa casi ilimitada – a unas fronteras más o menos predecibles (me incluyo). Por supuesto existen los que trascienden las fronteras…, esos son los grandes (algunas veces).

    -Has comentado en alguna ocasión que estuviste a punto de abandonar la escritura, ¿marcó este hecho un antes y un después en tu forma de afrontar el acto creativo?
    Bueno, marcó un después en el que escribo muy poco, y cuando tomo impulso para hacerlo, lo hago afectado por ese sentimiento de resignación, que me hace poner los pies en tierra y aceptar que habré cambiado o transmitido, muy poco o nada (más lo último) . Esto hace que no pueda evitar considerar la poesía, una tarea bastante infructuosa. Y siguiendo con esta sinceridad con la que contesto y pocas veces me permito, confieso que me considero un aspirante a poeta que agoniza sin haber nacido. Cada vez son más escasas las razones que encuentro para escribir y solamente van quedando las que giran alrededor de una vanidad insana o de una afición, casi adicción, a escarbar en el dolor pasado (lo digo en el contexto, solamente, de mi experiencia).

    -Una ventaja y un inconveniente que perciba Gerardo Mont relativo a la repercusión de las nuevas tecnologías sobre la literatura. 
    La ventaja más importante que encuentro, es el fácil acceso a la obra de muchísimos autores (de renombre o no), a su pensamiento, a sus sentimientos, a sus testimonios como protagonistas o testigos del teatro humano. Esta función es para mí, algo práctico, algo que vino a sustituir mi afición de otro tiempo a las compraventas de libros.
    El inconveniente mayor que encuentro, no es para el usuario, es para los autores que sufren la piratería, y como consecuencia se ven diezmados sus ingresos (única consecuencia que imagino porque sus ideas más bien son puestas al alcance de las multitudes). Se me hace difícil imaginar un inconveniente que me afecte como usuario, pues tengo el control de acceder o no a la información. Pero supongo, que para algunos (en este caso no me incluyo) si es un gran inconveniente, porque ser poeta ya no es asunto de unos cuantos iluminados, sino que ahora se trata, de unirse a un foro de naturaleza literaria, de desarrollar un estilo más o menos propio, y de ser aprobado por un número aceptable de sus miembros, pero además, surgen escritores en ellos, que superan inclusive a los que venden libros. Así pues, las nuevas tecnologías, la reducción de las distancias y el acceso al conocimiento, nos permiten, si así nos place, intentar lo propio, sin limitarnos a ser meros lectores. Recuerdo el tiempo en que Poeta se escribía con mayúscula, como si éste fuese un ser humano excepcional, pero ahora…hasta mí me han llamado así, jeje (broma medio en serio).

    – Por último, dime un libro que no hayas conseguido terminar de leer.
    Por Dios, que difícil, son cientos. Ya mencioné que me gusta la lectura y que he sido asiduo a las compraventas. Todo aquel libro que me permitió, después de algunas páginas, adivinar la trama, perdió mi interés y no sumó otro lector a su lista. Pero, por poner un ejemplo (sin mencionar autor), alguna vez, hace varios años, intenté leer algunos libros de corte espiritual, que me parecieron tan lejanos a la realidad humana alcanzable, que ahora no puedo evitar decirle a quién miro con uno en sus manos (si media la oportunidad): “No lea eso, se va a creer especial, y va a mirar hacia abajo a los débiles humanos”. Por último quiero mencionar que me parece gracioso, que ningún conocido aficionado a esos libros considera que ese autor, en buena medida, no se sujeta a sus propios consejos, y que tampoco menciona que él no ha logrado su Nirvana, dejando creer a sus deslumbrados seguidores, que él es el mejor ejemplo de lo que predica. Siempre he creído en algo que llamo “la sinceridad del autor”, aunque supongo que no es conveniente porque el lector espera de éste, convertirlo en su modelo a seguir.

    Gerardo, Sergio, Manuel, muchas gracias, y muchos éxitos más.

    26 febrero, 2017 • A Portada • Vistas: 0

  • Entrevista: Julio González Alonso, poeta y apasionado del Quijote

    Autor: Armilo Brotón

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    Apenas cumplidos los tres años, su familia se traslada a la Pola de Gordón, en la montaña central leonesa. En León terminará el antiguo Bachillerato Superior y Magisterio; es entonces que hace las primeras incursiones en el teatro juvenil, llegando a dirigir el grupo escénico de Magisterio y formar parte en la creación de Grutélipo (acrónimo de Grupo Teatral Libre Popular), agrupación teatral que tendría una larga trayectoria en la escena cultural leonesa. Pronto marchó a Barcelona donde tomó contacto con el grupo teatral Los Cátaros fundado y dirigido por Alberto Miralles. Entré en la Universidad en donde empezó Psicología y además de participar en el mundo del teatro comenzó a hacerlo, también, en la lucha política estudiantil.

     

    Después de pasar unos meses en la ciudad de Oviedo, inmerso en la agitación social de la época, llegó el paréntesis obligado de la entonces obligada mili. De vuelta a Barcelona fueron el trabajo en la escuela, la continuación de los estudios de Psicología y el compromiso político con grupos próximos al PSUC, primero, y luego integrado en la CNT, las actividades que ocuparían su tiempo y vida, hasta que fue desplazado a Vizcaya donde terminó Psicología en San Sebastián (Guipúzcoa) y dió por concluida su actividad política tras la escisión de la CNT en el V Congreso en Madrid, en el que participó como delegado.

     

    Y en medio de todos estos días, escribía. Hubo lugar para amores y desamores, rupturas y encuentros que fueron cuajando lo que hoy es su vida familiar.

     

    En mayo del 2015, gana el II Premio de Poesía Trecembre.

     

    – Julio, ¿qué define mejor a la poesía, un buen vino o un soneto de Garcilaso?

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    Son dos aspectos complementarios. El vino representa la experiencia, lo sensorial, la base que sustenta la poesía y de la que se nutre; el soneto de Garcilaso es la expresión de esa experiencia. Podemos degustar poesía a través de ambos canales. Recuerda que Dante Alghieri dejó escrito aquello de que “el vino siembra poesía en los corazones”. Por algo será.

     

    -¿Qué significa la poesía en tu vida?

     

    En este momento representa la oportunidad de expresar mi particular visión del mundo, de la existencia y sus experiencias, de manera equivocada o no. No entiendo la poesía como profesión y ni siquiera ejerzo de poeta, así que mi vida transcurre –afortunadamente- con las mismas complicaciones de las personas que me rodean, los mismos miedos y creo que las mismas dudas e ilusiones. Entre mis necesidades, digamos que se encuentra ésta de escribir poesía de la misma manera que otros tienen la necesidad de escalar montañas, navegar o hacer pajaritas de papel. Creo, no obstante, que la poesía en general –no mi poesía- es una buena herramienta para la convivencia, la comprensión de los demás y que siempre ayudará a hacer posible humanizar y mejorar nuestras sociedades.

     

    -Háblanos del primer poema que te impactó. De su retrogusto. De los versos que te quedaron en la memoria.

     

    Fueron –trato de recordar- versos muy tempranos del romanticismo español, Gustavo Adolfo Bécquer y Espronceda. Los sentimientos y emociones preadolescentes se recreaban bien en la atmósfera de las rimas arrobadas de amor o los versos vigorosos, rebeldes e inconformistas de “la canción del pirata”. A modo de ejemplo, vaya la rima XXI de Bécquer:

     

    ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
    en mi pupila tu pupila azul.
    ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
    Poesía… eres tú.

     

    – Escribía Octavio Paz:

     

    La palabra del hombre
    es hija de la muerte.
    Hablamos porque somos
    mortales: las palabras
    no son signos, son años
    .

     

    A colación de estos versos quiero preguntarte: ¿Para ti la poesía es más memoria o aprehensión del instante?

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    Escribía Julio Llamazares, tocayo y paisano:

     

    No existe otra espiral que el bramido del tiempo.
    Amasar la memoria es bondad de alfareros,
    lentitud de veranos en la fabulación.

    (Memoria de la nieve, 1982)

     

    Han pasado bastantes años desde la escritura de estas palabras y las de Octavio Paz, ¡pero qué actuales y certeras resuenan en el alma!

     

    La poesía, en mi opinión, es vida hecha memoria y nutrida de memoria. Todo cuanto pasa por nuestra experiencia se hace memoria y memoria es la alargada mano del pasado y los orígenes, lo que otros construyeron, soñaron y cantaron para nosotros. En el mismo sentido y en otra entrevista de Alaire del año 2008, dejé dicho que “escribo del mundo que me ha tocado vivir, lo que incluye la memoria histórica que legaron mis mayores. El mundo, sigo pensando, es la poesía; la percepción del mundo y el modo de explicarlo. La herramienta para este fin es la palabra y su poderosa capacidad de evocación y de emoción al crear belleza”. ¿Qué ha de ser, a la postre, este mismo intento de respuesta entregada a “el bramido del tiempo”?.

     

    – Me resulta curioso que muchos poetas hayan tenido alguien de su entorno cercano que les contaba cuentos o les recitaba poemas en la más estricta tradición oral de la lírica. No sé si esto tiene algo que ver con el sentido musical que luego adquiere el futuro poeta, pero creo que tiene una importancia fundamental en la creación del gusto en los futuros lectores. ¿Has tenido alguna experiencia de esto?

     

    He tenido muy cercana la experiencia de los llamados “filandones” que se celebraban en los pueblos leoneses. En las largas noches de invierno, rodeados habitualmente por la nieve en las montañas, se reunían en dos o tres casas hombres, mujeres, ancianos y niños. Había juegos, se hilaba o cardaba la lana y se contaban historias al amor de la lumbre, muchas de ellas en forma de romances y coplas.

     

    Aunque no viví estos “filandones”, sí me llegó su magia a través de los testimonios de mis mayores y de las historias que recordaban. En algún caso también recogí estas historias en lengua leonesa en pueblos de Babia o Laciana de boca de personas ancianas, al lado de un café de pota puesto a la lumbre, como Adelaida Valero en La Cueta de Babia allá por los años ochenta.

     

    Creo que, sin duda, mi imaginación ha adornado estas costumbres y las ha idealizado. Pero no puedo sustraerme al poder de evocación de estos recuerdos.

     

    De cualquier modo, no me parece que sea requisito para la adquisición de ese “sentido musical” al que aludes en tu pregunta el hecho de haber participado de estas experiencias. Tampoco sé en qué medida me ha influido a mí; en todo caso, puedo decir que lo recuerdo con emoción.

     

    – ¿Por qué piensas que es más difícil ser lector de poesía que de prosa? 

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    La intensidad de las imágenes, los vericuetos emocionales por los que transita el poema, la densidad del verso y las múltiples evocaciones e interpretaciones a las que nos enfrenta la poesía, hacen que su lectura deba ser radicalmente diferente a la prosa. Se trata de una lectura más exigente.

     

    – ¿Qué se podría hacer hoy para que este arte tuviera el impacto de la música o la pintura, por ejemplo, en la sociedad?

     

    Pues no lo sé. Lo cierto es que desde hace seis años participo en la experiencia de llevar, junto a otros compañeros, la poesía a la calle, más concretamente, a los bares. La respuesta, contra todo pronóstico, está siendo excelente y en cada convocatoria reunimos una media de ochenta personas, a las ocho y media de la tarde de los miércoles, en bares diferentes cada vez. A pesar de lo aparentemente poco adecuado del ambiente, sorprende el grado de atención que se consigue y la participación que nos prestan.

     

    Debo decir que –en este caso- se tiende a ofrecer una poesía “más fácil” e inmediata, con un lenguaje más directo, más narrativa, y que la calidad resulta irregular. Pero es una buena manera de atraer a un público que no acudiría a un recital convencional.

     

    Tampoco, por desgracia, este éxito se corresponde o viene seguido de una venta sensiblemente mayor de libros.

     

    – ¿Cuáles son tus claves para leer un poema?

     

    Mi actitud ante la lectura de un poema es la de abandono. Me entrego y dejo llevar. No exijo nada “a priori”; luego, sí, juzgo la experiencia según la calidad de las emociones, el valor de la sorpresa, el poder evocador o la belleza alcanzada.

     

    – Tres libros que nunca me regalarías de tu biblioteca.

     

    Siguen sin encontrar su ocasión el “Ulises” de James Joyce, aunque sí me interesó el Retrato de un artista adolescente. Tampoco Marcel Proust con “En busca del tiempo perdido” tiene suerte; suerte que sí tuvieron “Por el camino Swan” y “A la sombra de las muchachas en flor”.

     

    – Poesía en la mirada, en la boca, en las manos. Prospección distinta del mundo que nos rodea para descubrir los acertijos de la vida. ¿Cuál es la materia prima de la que se alimenta tu poesía, los temas que más te motivan para hacer un poema?

     

    Los temas que me interesan o se interesan por mi poesía son todos los que puedes encontrar en cualquier autor: el amor, el paso del tiempo, la historia, los orígenes, la muerte, dios, las tragedias humanas, la injusticia, la felicidad, las dudas, los miedos, la  tristeza, la amistad la belleza, el dolor y la desesperación y, en fin, todo lo que forma parte de la experiencia de estar vivo y saber que la muerte es el punto final del poema.

     

    – ¿Te diviertes cuando escribes o es una necesidad dolorosa?

     

    No puedo decir que tenga una experiencia dichosa del momento de escribir. Lo vivo con desasosiego, como si hubiera perdido el equilibrio cotidiano, con impaciencia. Me siento secuestrado intentando resolver la necesidad de dar forma a algo que pugna por salir; en este sentido, escribir es como parir, dar a la luz, nacer. Cuando ese nacimiento culmina, recupero la calma, me siento más tranquilo, sonrío.

     

    – ¿Cuándo empezaste a escribir poesía?

     

    Empecé a escribir versos con ocho o diez años. Eran unos versos magníficos, llenos de intuición, musicales, llenos de pareados y ripios, amorosos y tiernos. Así los recuerdo. Luego perdí la inocencia y jamás recuperé aquella frescura. Pero quedaron en la memoria de las cosas buenas.

     

    – ¿Podrías definir tu poética?

     

    No podría. Sé que soy diferente de otros autores en la manera de conducir el poema y de tratar lo relevante de los temas. No me identifico con nadie ni creo poder adscribirme a ningún movimiento o corriente poética. No tengo definición. Todo ello, no obstante, no puede negar el hecho de estar influido por las lecturas habituales e interiorizar mucho de lo bueno que pasa por mis manos, aunque sea de manera inconsciente.

     

    – ¿Qué poetas lees habitualmente?

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    Aparte de los autores que publican en Alaire leo poca poesía y casi siempre acabo en los mismos poetas, leídos a sorbos, entre los que se encuentran Blas de Otero, Antonio Gamoneda, Pereira, Antonio Colinas, Caballero Bonald, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Octavio Paz, Leopoldo M. Panero, Bertolt Brecht, Pablo Neruda, Antonio Machado, Góngora, Quevedo, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández, García Lorca, Gabriel Celaya, Huidobro, León Felipe, Victoriano Crémer… y otros muchos de los que una extensa nómina la forman poetas leoneses, como puedes ver.

     

    – ¿En qué términos puedes cifrar tu evolución?

     

    Puedo decir que no me siento estancado, lo que me permite presumir que tengo recorrido por delante y que este recorrido discurre en una evolución hacia una poesía enfrentada cada vez más a su esencia, menos prolija en detalles y frases ociosas u ornamentales. Al menos eso creo percibir en los poemas inéditos en los que estoy trabajando que forman parte de dos poemarios muy distintos. De todo este trabajo no he publicado nada en Alaire y no lo haré hasta que los complete. Últimamente participo menos de lo que quisiera en

    Alaire y lo hago con poemas más convencionales, pero que me resultan interesantes, como puede ser la serie de sonetos sobre personajes cervantinos.

     

    – ¿Crees importante relacionarse con otros poetas? Y aquí quiero indagar sobre la trascendencia de una escuela, de un taller, de un grupo de poetas que pueden caminar con unos objetivos mutuos, para terminar con la última pregunta: ¿Qué significa la escuela Alaire para ti, qué te aporta actualmente?

     

    La relación con otros poetas, cuando estos son de calidad, no deja de ser un estímulo, un acicate para la creación. Me gusta, en esa relación, constatar las diferencias de estilo, planteamientos, voz y recursos. Puedo decir que me siento más a gusto, feliz y motivado, cuanto más grande es esa diferencia y, desde ella, me afirmo a mí mismo.

     

    No me identifico con ningún grupo formado o por formar. La riqueza de la relación con otros autores –en Alaire o fuera de Alaire en otros ámbitos en los que me muevo- se traduce en la conciencia de la diversidad a la que soy fiel.

     

    – Gracias, Julio. Como remate, un brindis parodiando malamente a Kavafis:

     

    Para que sigamos disfrutando la vida amigo. Bebamos este vino fuerte, como sólo los audaces beben el placer. Salud.”

     

    Gracias a ti, Miguel Ángel, y tu paciente e inteligente disposición. Acepto, encantado, ese brindis que me ofreces recuperando la cita de Dante del inicio para hacer también el cierre de la entrevista: “el vino siembra poesía en los corazones”. Salud.

     

     

    4 noviembre, 2016 • A Portada, Revistas • Vistas: 0

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