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  • La belleza

    Autor: Jerónimo Muñoz

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    30 diciembre, 2018 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Especial, José María Fayos

    Autor: Rafel Calle

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    20 mayo, 2018 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Jacques Brel – Ne me quitte pas

     

     

    Autor: F. Enrique

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    17 mayo, 2018 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Cinco mujeres de las letras españolas del siglo XIX

    Autor: Alonso Vicent

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    17 mayo, 2018 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Unidos

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Apego

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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    25 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Avenida de la poesía

    Avda de la poesía

    Autor: Rafael Valdemar

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    24 octubre, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Los amoríos de Doña María del Real y Don Gabriel Mendieta

    Autora: Marisa Peral

    Cuentan las viejas leyendas que Doña María del Real fue presa del mal de  amores y que, debido al abandono que sufría por parte de su amado D. Gabino, cedió al acoso de un insigne y apuesto caballero que, procedente de las tierras de ultramar, se asentó en la ciudad malacitana.

    Doña María se enamoró perdidamente de Don Gabriel Mendieta y en sus ardores escribió un único e inédito soneto que, pese a la casualidad del diminutivo utilizado, no quiso dejar en manos de nadie que pudiera descubrir su infidelidad. La depositaria de este documento fue una gitana; Dolores “La Dormilona” llamada así por su gesto somnoliento que atribuían al humo del cigarro que pendía permanentemente de la comisura de su desdentada boca, a la que acudía Doña María para que la echase las cartas con el fin de saber lo que le deparaba el futuro y averiguar los deslices de su, antes, bien amado Don Gabino. Al morir “La Dormilona” su cueva fue saqueada por su prole y el soneto, junto a otros documentos, que creyeron sin valor, fue vendido como papel al peso para sacar unos cuantos reales. Un viejo librero, sabedor de que encontraría auténticas joyas escondidas, visitaba a esos compradores de papel y encontró el susodicho soneto que, años más tarde y tras arduas investigaciones, supo de quién procedía y a quién fue dedicado.

    Ante la imposibilidad del chantaje, pues Doña María ya era una anciana y sus amantes habían fallecido, el librero decidió publicarlo en el noticiero local con el consiguiente escándalo para la egregia familia de Doña María.

    Se hace mención a que, debido al estado de enamoramiento de Doña María del Real, este soneto podría llamarse “enajenado” o, quizá, “dislocado”, incluso podría llamarse “irreverente” pues ni es endecasílabo ni alejandrino ni inglés ni caudato, ni siquiera es un soneto reversible, y no fue capaz de escribir un soneto “poliginio” Ni siquiera respetó el orden lógico de los sonetos.
    Una auténtica joya que nadie ha sido capaz de catalogar a pesar de que algunos de sus versos, alguna vez, riman.

     

    SONETO DEL AMOR INCOMPRENDIDO

    Si al llegar al punto del encuentro
    observáis en mi rostro un arrebato
    no lo tengáis en cuenta, seguid el rastro,

    es tan sólo un disimulo timorato
    y yo os haré pasar tan buenos ratos
    que olvidaréis del mundo su maltrato.

    Rendida y enamorada de vuestra gran elocuencia
    me tenéis a vuestros pies sin paliativos ni antojos
    amadme sin compasión, más sin espinas ni abrojos
    que yo os daré dulce miel para colmar la impaciencia.

    Hoy os debo confesar, Gabi de los bellos ojos,
    que a pesar de mis enojos por vuestra cruel insistencia
    mi cuerpo es débil, señor, y no soporta abstinencia
    en consecuencia, mi amor, esperadme en los matojos.

    Gabi de mis amores, ardo en deseo
    en unas pocas horas os poseo.

    Vuestra en cuerpo, y también en alma.

     

    30 junio, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Playboy

    playboy

    Autora: Hallie Hernández Alfaro

    Comprar alegría; un momento de placer y belleza au natural.. o con artificios, importa muy poco.

    Mujer, femenina liturgia, estrógenos y poco abrigo. Inusitada y preferente en el recinto de ellos, en las cantinas de etílico bagaje, en los rincones semioscuros de la psique… A solas y frente a la arcaica fantasía, a raudales implícita en los motivos del hombre.

    Acceder a las páginas donde el ojo es majestad y complacencia. De carne y hueso, con olor a tinta recién editada; la emoción agota los párpados y la imagen prevalece en la nocturnidad que gime.

    Insinúa el pliegue y la eclosión, el subastado instante de la cercanía; esa íntima lealtad al labio captor, al movimiento presentido.

    La hipotermia social encuentra un sitio de apego, una columna que favorece el despertar en muchos aspectos. Símbolos y hedonismo, lúbrica esencia que aborda las zonas más primitivas y sublimes del cerebro humano.

    Portada, instinto en pose, desafiando el mito entre las manos, obturando el lente gélido de la realidad sin colores.

    Tentación y primor, demasiado inmaterial para producir celos, demasiado perfecta para la competencia terrenal. ¿Quién ha pensado en enamorarse de la chica de abril? ¿quién ha pensado siquiera poder tocar la voluble inmanencia de sus piernas al aire? Más aún, ¿quién ha querido verla en las proximidades de su cocina, disponiendo tostadas y preparando un café? ¿O sí, o ha sido ese, el sueño más recurrente de cualquiera de sus lectores?

    Playboy, juego de hombres, pulsiones, ocio, deseo.

    Nació en Chicago en 1953 y voló alto, dejando su influjo en incontables parcelas del inconsciente…

    29 junio, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La magia de la existencia

    Autora: María Rodríguez.

    alquimista-fosforo

    ¿Qué es la Alquimia?, pregunto.

    Es el arte de la Transformación, se me responde.

    Los antiguos sabios y magos ancestrales, enseñaban los secretos de la Alquimia para hacer pasar a los mortales de un estado de sufrimiento e ignorancia a un estado de iluminación y dicha. Para moverse en esos estados había que ser fuertes en la Verdad, y alejarse de  juicios duales, que se mueven entre el bien y el mal.

    Un sabio dijo una vez:” La alquimia opera en todo momento; es imposible impedir las transformaciones que se presentan constantemente en todos los niveles de la vida “

    Se cree  que la Alquimia es la transformación de un metal inferior en oro y sin embargo- en realidad – es la transformación personal que sucede y los que más interesa, principal propósito: encontrar la Perfección. Por eso es entendible que esa transformación se dirija hacia el oro, que es el más perfecto de los metales porque no se corrompe, cuando en realidad lo que se busca es la Perfección en el ser humano con lo que significa: liberarse del sufrimiento, la enfermedad, el miedo, las dudas, el temor.

    ¿Cómo conseguir esta alquimia? ” El secreto no está en cómo buscar, sino hasta donde buscar”…. La búsqueda es parte de nuestra propia experimentación, aventuras  personales,  hasta encontrar ese cambio, que se origina dentro de nosotros, lejos de esta personalidad con la que actuamos ahora y que percibimos y elaboramos desde nuestra propia soledad.

    La Esencia es infinita y Una con el Universo, sin límites de espacio ni tiempo y ahí es dónde se encuentra la alquimia,  en cambiar las experiencias de la personalidad por las vivencias cotidianas de nuestro Ser.

    Pero esta Sabiduría de los Magos y sabios ancestros, se perdió cuando llegó la era del raciocinio, que sostiene  que la Alquimia   es imposible, y así fue como esta Sabiduría fue quedando relegada a las historias y leyendas cantadas por los trovadores, en palacios y pueblos. Y las personas  empezaron  a aceptar que eran seres limitados, un conjunto finito de carne y hueso en pequeños rincones de tiempo y espacio.

    Dejaron de recordar que somos flujo de vida propia, Esencia, Amor, búsqueda de perfección en una aventura más allá de lo finito, imposible de limitarla en un espacio o tiempo, aún más allá de la energía y la luz, pues la energía sigue siendo materia   sutil, pero  materia al fin y al cabo, que hemos de aprender a traspasar para llegar al núcleo brillante que anida en nuestro interior. Solo el Silencio interior, nos alumbra dirigiendo nuestros pasos.

    La Alquimia es el acto más creativo que podemos realizar para con nosotros mismos. No nos damos cuenta pero –ya- somos nuestros propios alquimistas, trasmutando constantemente las células sin vida, en la mantenida encarnación viva de nosotros mismos

    Los cuatro elementos – tierra, agua, fuego y aire, se combinan para llegar al mágico producto que es la Vida . El fuego, que no es un fuego visible, ni siquiera un calor metabólico  funde a los otros elementos para crear la existencia, pero ¿podemos destilar el fuego que anima  al resto de los elementos sin vida?

     

    Ahí está la magia de la existencia:

     EL ACTO MÁS CREATIVO Y MÁGICO, que podemos realizar

     

    Artículo basado en el libro  ” El Sendero del Mago”. Deepak Chopra

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El año sin verano

    Autora: Rosa Marzal.

    En abril de 1815 se registró en Indonesia una de las peores erupciones volcánicas en la historia de la humanidad. La cantidad de gases y partículas liberadas a la atmósfera trajo consigo un cambio en el patrón de la circulación atmosférica que afectó al continente europeo el siguiente año, sobre todo durante la época estival y que comúnmente se conoce como “el año sin verano”. Las consecuencias ambientales, económicas, sociales y sanitarias fueron terribles:

    En Asia se alteró el ciclo del monzón, dando lugar a devastadoras inundaciones. Los caminos se poblaron de refugiados climáticos, campesinos hambrientos que mendigaban comida. Las heladas arruinaron los cultivos en Europa, y en Norteamérica, la sequía hizo otro tanto; en ambos lugares faltaron alimentos. . El frío no remitió siquiera al aproximarse la temporada estival. Hubo nevadas hasta mediados de junio ¡y en Roma cayó nieve rosa! El trastorno climático dejó al hemisferio norte sin verano, y tuvo otro impacto menos conocido: sirvió de catalizador de una de las obras literarias más influyentes de la modernidad.

     

    El año sin verano y el arte.

    Tuve un sueño, que no era del todo un sueño.
    El brillante sol se había extinguido y las estrellas
    vagaban apagándose en el espacio eterno.
    Sin luz y sin rumbo, la helada tierra
    oscilaba ciega y negra en el cielo sin luna.

    “Oscuridad”   Lord Byron.

    En junio de 1816, Lord Byron alquiló la mansión Villa Diodati junto al Lago Ginebra en Cologny, Suiza. Allí pasó los meses de estío junto a su médico, John Polidori, Percy B. Shelley  y su esposa, Mary, hija del filósofo radical William Godwin y  la precursora del feminismo Mary Wollstonescraft; a quien acompañaba su hermanastra Claire Clairmont.

    Para combatir el aburrimiento Byron sugirió que cada uno de los presentes escribiera una novela de terror. El médico de Byron, Polidori escribió la novela “El vampiro”, precursora del vampiro en el que se basó el Drácula de Bram Stoker  y, por su parte, Byron compuso el poema “Darkness” (“Oscuridad”) en el que mezcla nostalgia y melancolía con los tintes apocalípticos y desoladores que se habían asentado entre los más pobres.  Mary Godwin (más tarde Mary Shelley) escribió su famoso “ Frankenstein o el moderno Prometeo”, una de las obras cumbre de la literatura universal,  enmarcada en la tradición de la novela gótica. Explora temas como la moral ciéntifica, la creación y destrucción de la vida, y la audacia de la humanidad en su relación con Dios, temas que siguen interesando a todo tipo de lectores.

     

    turner

    Los icónicos atardeceres de los óleos  de Turner, con esas veladuras que se creían fruto de un defecto en la vista del pintor, tenían en realidad su origen en la atmósfera turbia producto de la ceniza volcánica del Tambora.

     

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Humanismo y erasmismo en Cervantes y el Quijote

    Autor: Julio González Alonso

     

    El desafortunado lance de Miguel de Cervantes con Antonio Sigura (1568), maestro de obras de la Corte, en el que éste acabó malherido y Cervantes condenado a la amputación de su mano derecha, hizo que el autor del Quijote saliera de España huyendo del castigo y viniera a parar a la Italia del Renacimiento. Una oportunidad para un Miguel de Cervantes joven, perseguido por la Justicia y temeroso de su pasado judío, que hará lo posible e imposible para eludir la sentencia y ocultar con heroísmo, títulos que nunca consiguió e influencias que le valieron poco, la amenaza de su historia familiar.

    Las contrariedades no consiguieron hacer de Cervantes un resentido; antes bien, con una actitud irónica y hasta estoica, se alzará ante cada revés y nos mostrará una actitud positiva sin dejar a un lado la crítica. El humor cervantino es la base inteligente de su escritura. Y a todo ello contribuyeron decisivamente las ideas renacentistas y su paso por Roma, ciudad que, a buen seguro, deslumbraría con su historia y ambiente a nuestro escritor más universal.

     

    No fue nuestro Cervantes hombre universitario. Son bien conocidas sus opiniones sobre muchos de los autores que presumían de haber pasado por la Universidad, aunque la Universidad no hubiera pasado por ellos sino en los aspectos más hueros y artificiosos de la cultura académica. Con una formación equivalente a lo que vendría a ser un Bachillerato Superior, Miguel de Cervantes completó su educación con lo que da la vida y el contacto con el Humanismo y las corrientes reformadoras que se extendían por la Europa de Felipe II.

     

    Así, no es de extrañar que en su obra y especialmente en la novela y el Quijote, no dejemos de encontrar las huellas de su formación y la formulación de sus actitudes abiertas al libre pensamiento. Para una persona crítica con la sociedad de la época y progresista, las ideas humanistas representaban una ocasión de renovación y regeneración de un mundo anclado en lo medieval que se desplomaba y hundía en el teocentrismo. Para un judío converso representaba un ideal de justicia y libertad.

    6 Quijote-Erasmismo

     

    El antropocentrismo se instala así en el pensamiento cervantino. El Quijote, siguiendo el fervor por lo humano del neoplatonismo, apunta a la idealización de la realidad, el reconocimiento de lo natural y lo bello (el deleite que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y concordancia que ve o contempla en las cosas que la vista o la imaginación le ponen delante ), aunque sea desde la locura del personaje y la locura de quienes lo rodean.

     

    El nuevo ideal de hombre, según Castiglione, será el perfecto caballero, es decir, el hombre de armas y de letras. Y en don Quijote se dará esta fusión, calurosamente argumentado –además- a través del discurso de las armas y las letras (I, 37-38), así como la exaltación de un pasado idílico o utópico en el de “la edad de Oro” o “Edad Dorada” (I,11) en el cual, al hilo de lo mejor de la literatura renacentista, expondrá el ideal de un mundo natural de armonía y fraternidad del que la vida pastoril parecía ser el mejor ejemplo.

     

    Efectivamente, el Quijote, como libro de libros, recoge entre sus capítulos novelas pastoriles. Incluso a don Quijote se le pasará por la cabeza la idea de hacerse pastor (II, 67 y 73). La figura humana no ocupará solamente el centro de las creaciones artísticas, pictóricas o escultóricas, sino que desbordará también las páginas de la literatura renacentista.

     

    Uno de los muchos aciertos de Cervantes tiene que ver con el tratamiento que hace del lenguaje en el Quijote; en él encontramos tanto una elaboración culta del lenguaje como una dignificación del habla popular. Otro rasgo moderno de gran proyección en el futuro será su apuesta por el uso de las lenguas vernáculas y su rechazo de las traducciones (I,6.-II,16), con las que será muy crítico, así como el sentido que tiene de lo que es la evolución de la lengua y su enriquecimiento con el uso de palabras nuevas: que el uso las irá introduciendo con el tiempo, que con facilidad se entienden; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene poder el vulgo y el uso (II,43). Las lenguas nacionales cobran con Cervantes gran prestigio.

     

    Del erasmismo, encontramos en Cervantes no pocas actitudes. Así veremos desfilar, desde la primera página, su crítica y el rechazo de los libros de caballerías: son en el estilo duros: en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las cortesías, mal mirados; largos en las batallas, necios en las razones, disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la república cristiana como a gente inútil. (I,47). El Quijote se escribe, expresamente dicho por Cervantes, para acabar con la literatura caballeresca. Pero no se escribe para rechazar los ideales caballerescos y la imagen del caballero, sino –más bien- para restaurarlos. Le siguen la defensa de la religiosidad interior y el libre pensamiento, el rechazo de las ostentaciones y apariencias engañosas y, cómo no, el rechazo de la idea de cristianos viejos y nuevos. Pero todo lo anterior lo asienta sobre el concepto erasmista de la locura y la denuncia de las supersticiones (I,22-II,9-II,58-II,73), las prácticas corruptas envueltas de actitudes piadosas; por su pluma pasarán los médicos, los comerciantes, el clero y sus vanidades, así como leguleyos y otra suerte de oficios y personajes.

     

    A este respecto las interpretaciones varían según cada época. Lo cierto es que Cervantes escribió de modo que en su tiempo no fuera fácil desvelar el fondo crítico de sus escritos presentándose como cristiano y católico convencido. Y no hay que dudar que lo fuera, aunque sí de un cristianismo de miras amplias y desencorsetado. Antonio López Calle, en “Benjumea y el Quijote como sátira antirreligiosa”, recoge el pensamiento que Nicolás Díaz de Benjumea (1820/1884) expone en “La estafeta de Urganda ò aviso de Cid Asam-Ouzad Benenjeli sobre el desencanto del Quijote” (Londres.1861). Según su punto de vista, el Quijote es “una obra antirreligiosa” con un personaje “racionalista librepensador anticatólico” que será rigurosamente crítico con “las supersticiones y algunas creencias religiosas”, además de “enemigo del clero y de la Iglesia y debelador de la Inquisición”. En su concepción global, Benjumea cree ver en Dulcinea “el símbolo de la libertad de la razón” y en Sancho “un símbolo del pueblo español y, por extensión, de la humanidad” que hará su recorrido “hacia su propia emancipación de la tutela religiosa” a través del instrumento de la educación o la instrucción recibida, que en la novela correrá a cargo de don Quijote.

     

    No puede ser mi intención rebatir éste u otros puntos de vista sobre la realidad última encerrada en el Quijote. Pienso que hay algo de extremismo en las afirmaciones expresadas y que los extremismos quitan más razón que dan. Pero, considerando las corrientes culturales europeas del momento, la situación imperial de España, el dominio de la Iglesia y la historia personal y familiar de Cervantes, de cuanto Benjumea expone hay bastantes cosas a tener en consideración.

     

    Las corrientes literarias erasmistas siguieron dos derroteros. Por un lado y bajo la influencia del humanismo italiano se consagrará la novela pastoril. Por el otro, siguiendo a los movimientos reformistas, aparecerá en España la novela picaresca. Podemos decir que el Quijote participa de ambos aspectos y que desde ambos combate las dos obsesiones de la época: la cuestión social del honor y la de la limpieza de sangre.

     

    Si nos paramos a ver a don Quijote como un prototipo de antihéroe, loco, marginado, buscando arreglar injusticias y “desfacer entuertos”, enfrentado a un mundo que se desmorona, nos daremos cuenta que entronca con el mundo literario de la picaresca. De hecho, Cervantes lo tendrá presenta cuando por boca de Ginés de Pasamonte se referirá al Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, (I,22) considerándolo tan bueno que hará pequeño al Lazarillo de Tormes. Agreguemos otra característica común con la picaresca como es el carácter itinerante de la novela, siguiendo también el ejemplo de las de caballerías, ubicando su acción en escenarios diferentes en una sucesión de aventuras o la búsqueda de las mismas que poco tienen que ver las unas con las otras si no es por la proverbial inteligencia de Cervantes para hacer girar toda la obra en torno a la personalidad poderosa de su personaje, el hidalgo manchego Alonso Quijano o Quijada el Bueno, alter ego del caballero don Quijote de la Mancha.

    26 febrero, 2017 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Anecdotario infame de la Villa y Corte

    Autor: Vicente Fernández Cortés

    Anecdotario

     

    LAS CLASES DE ESPAÑOLES SEGÚN D. PÍO BAROJA*
    Corría el año 1904 y aquella tertulia, que había abierto el gallego Valle-Inclán en el Nuevo Café de Levante, hervía por las noches
    con la flor y nata de los intelectuales de la Generación del 98 y los artistas más significados, entre ellos Ignacio Zuloaga, Gutiérrez Solana, Santiago Rusiñol, Mateo Inurria, Chicharro, Beltrán Masses o Rafael Penagos.

    Y aquella tarde noche del 13 de mayo de 1904 el que sorprendió a todos los presentes fue Pío Baroja. Porque cuando se estaba hablando de los españoles y de las distintas clases de españoles, el novelista vasco sorprendió a todos y dijo:

    – “La verdad es que en España hay siete clases de españoles… sí, como los siete pecados capitales. A saber:

    1) los que no saben
    2) los que no quieren saber
    3) los que odian el saber
    4) los que sufren por no saber
    5) los que aparentan que saben
    6) los que triunfan sin saber
    7) los que viven gracias a que los demás no saben.
    Unamuno y Benito Pérez Galdós aplaudieron a Baroja. Sobre todo por el último punto. Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces hasta “intelectuales”.
    (*Reseña tomada de Internet)

    Baroja

    ¡Genial Baroja!

    En el variopinto panorama literario español siempre han existido figuras destacadas en el campo de la dialéctica despiadada. Citando a escritores de reconocido ingenio se me viene a la cabeza aquella anécdota protagonizada por su enemigo íntimo D. Ramón María del Valle Inclán a propósito de la asistencia de éste al estreno de un melodrama infumable firmado por el entonces reciente premio Nobel, José Echegaray. Este ingeniero y tecnócrata de éxito (fue ministro de Fomento durante el turbulento reinado de Amadeo I de Saboya) era tan mal escritor y tanto rechazo causaba en la grey intelectual de la época que tuvo que padecer las burlas más encarnizadas de sus colegas. El caso es que en un momento de la función en que se ponderaba a la heroína, su partenaire declamaba con histriónica dicción: ¡tiene cuerpo de seda pero nervios de acero!. Valle, que estaba atento a la escena en la primera fila, no debía de tener esa noche el cuerpo para metáforas y con toda la retranca que sólo los llamados a la gloria se pueden permitir se encaramó al proscenio y en posición de arenga vociferó solemne: ¡Eso no es una mujer, es un paraguas!. Os podéis imaginar la carcajada unánime del respetable. El “viejo idiota”, que así llamaba don Ramón al eminente matemático, allí presente, debió pensar que la tierra, en aquello de tragarse a las personas, procede con intolerable falta de oportunidad. No le faltaba razón a Umbral cuando aseguraba que sus gafas, más que gafas, eran como un doble monóculo de doble impertinencia.

    Irascible y pendenciero fue víctima de una querella criminal tras haber protagonizado un alboroto en la Carrera de San Jerónimo con D. Miguel de Unamuno y el mismo Baroja.
    Antes de la comparecencia, su abogado le había prevenido con reiteración de la debida compostura a observar en presencia de la autoridad judicial.
    En los preliminares del procedimiento, el magistrado, siguiendo el protocolo habitual, le interrogó por su nombre, solicitud que fue satisfecha sobre la marcha por el demandado.
    La pregunta siguiente consistió en conocer su oficio para incluirlo en el sumario:

    -Soy escritor, señoría.
    -¿Sabe leer y escribir?, le requirió el juez.
    -No, señoría
    -Me extraña la respuesta.
    -Más me extraña a mí la pregunta

    Me imagino el desapacible sobresalto de su letrado. Les aseguro que de haber sido éste que les cuenta quien le asistiera habría dado el caso definitivamente por perdido y acercándome al estrado hubiera zanjado sin compasión: Solicito para mi defendido la pena capital con carácter irrevocable.

    Lo que no pue sé, no pue sé y ademá e imposible.

    Esta rotunda e irrefutable conclusión, frase de culto en los cenáculos más castizos de la tauromaquia, es propiedad exclusiva del famoso espada Rafael Guerra “Guerrita”, hombre más experimentado en lides taurinas que en sutilezas retóricas. Por suerte, tras el brutal ataque que lo confinó a las puertas de la extinción, el denostado pleonasmo sobrevivió milagrosamente al atropello y hoy por hoy continúa siendo un recurso estilístico a disposición del escritor que desee enfatizar un argumento.

    Al rey Alfonso XIII (como a toda la realeza) le entretenía abatir a tiros a todo bicho viviente que se moviera por las dehesas, perversión que solía satisfacer en uno de los cotos que poseía su buen amigo el marqués del Mérito por tierras de Córdoba. Invitado “Guerrita” a una de esas carnicerías apareció a caballo embutido en una llamativa pelliza zamorana enriquecida en su pechera por exóticos festones rojo púrpura. Una vez en presencia del monarca y tras los saludos de rigor Su Majestad le comentó con gesto campechano:

    Rafael, cuando te vi venir de lejos le pregunté al marqués: ¿quién es ese señor que se aproxima a galope tendido con ese atuendo colorado? ¿No será un obispo?

    Respuesta del “califa”: Majestad, ¡qué obispo ni que cuerno, en lo mío yo soy el Papa!

    Abundan las anécdotas en esa etapa prodigiosa. Otra divertida es aquella atribuida a la arrogante y casquivana Emilia Pardo Bazán. Mujerona de complexión cetácea pero de afilada pluma no le tembló el pulso para publicar una irónica semblanza del también Nobel, bujarrón ilustre, don Jacinto Benavente. Refractaria al eufemismo y trabucando una conocida fábula de Samaniego escribió en la gaceta literaria de mayor tirada de la Villa y Corte: “Hermosa cabeza pero…sin sexo”. No tardó el famoso autor de Los intereses creados en replicarle en el mismo rotativo: continúe usted, señora, continúe “…dijo la zorra al busto”.

    Al bueno de D. Jacinto nunca le faltaron detractores inclementes con su palmaria orientación sexual. Se cuenta que una vez, disfrutando de su habitual paseo matinal por el madrileño Paseo de Recoletos, un par de perdonavidas, machos ibéricos ellos, se plantaron delante de él y con toda la mala leche que suele destilar la intransigencia homófoba le advirtieron desafiantes: nosotros no dejamos pasar a los maricones. A lo que respondió impasible el dramaturgo sorteando al enemigo en una media verónica gloriosa: pues yo sí.

    Y recuperando la acera siguió caminando tranquilamente hasta el café Gijón.

    Célebre fue la caótica relación amorosa que mantuvieron la Pardo Bazán y Benito Pérez Galdós en sus años mozos. En cierta ocasión, ya marchitos los amoríos y flagelados por una juventud abolida quiso el destino que se cruzaran en unas escaleras. D. Benito subía lentamente con el natural sofoco que su avanzada edad le imponía cuando se apercibió de la presencia de su antigua amante que comenzaba a bajarlas. La desahogada gallega debía de albergar algún resentimiento inconfesable porque ni corta ni perezosa y sin el menor recato se le antojó espetarle: Adiós, viejo chocho.
    Es de suponer que de manera inmediata cayera en la cuenta de su desatino pues como suele decirse así se las ponían a Fernando VII y más teniendo por delante a una de las mentes más brillantes del parnaso español.
    Para escapar de la implacable réplica del novelista, se precipitó escalones abajo con toda la celeridad que le concedían sus maltrechas caderas pero aún así le dio tiempo a escuchar en la distancia la trémula voz de su anciano amigo:

    A diós, cho cho vie jo.

    O aquella del mismo don Pio con Rubén Darío. Sabéis que éste era de Nicaragua y de ascendencia indígena mientras que la de Baroja lo era de industriales de la panadería (Viena Capellanes, café que aún existe y donde yo mismo ordenaba mis apuntes de universidad en mis años de estudiante). Pues bien, en un arrebato de guasa inmisericorde, al de Metapa se le ocurrió soltar esta perla sobre su colega: “Pío Baroja es un escritor con mucha miga, se ve que es panadero”; a lo que contestó raudo el vascongado: “Darío es un poeta singular; tiene buena pluma, se nota que es indio”

    En fin, queridos y desocupados lectores, ya veis que en aquel convulso ambiente del Madrid de principios del siglo XX no todos los escritores se llevaban todo lo bien que pudiera inferirse de su egregia condición de intelectuales de pro.
    Es cierto que el mundo ha cambiado desde entonces pero para bien o para mal el ser humano persevera en su terca singularidad excluyente.

    Y es que como sostenía Tomasi de Lampedusa en Il Gatopardo, es necesario que todo cambie para que todo siga igual.

    4 noviembre, 2016 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Acercamiento a “Casandra”, poema inédito de Gabriela Mistral

    “Que en días amargos
    piadosos los cielos
    te vieron nacer”

    Juan Godoy

    La relevancia que cobra Mistral, ya señalada tantas veces por la fauna literaria, no es otra que la que adquiere desde sus letras, la virtud de entregar a partir de su obra poética las formas de su estar en el mundo. La cosmovisión mistraliana, se desarrolla a partir de los desérticos cerros de un valle rico en soledad y en figuras rocosas que se grabarán de forma indeleble en su poesía y en su paso por la literatura universal. Pero todo este “literaturizar” no es más, y cosa que no es menos, que el análisis de las causas de una mujer, del profundo palpitar de las emociones, del trabajo doloroso y matutino de una infancia entre las breves hierbas de su valle hasta los pasajes por un continente antiguo.

    gabrielaGabriela Mistral, entonces, comienza a construir su magnífica obra en los albores de la infancia, con la sombra de un padre perdido en el mundo, y con la ternura infinita de su madre, Petronila Alcayaga. No cabe duda de que la gama de conocimientos que la pequeña Lucila Godoy Alcayaga desde esos tiempos iniciales adquirió fueron vitales para la construcción poética, y para los lectores que en el tiempo nos acercaríamos a admirar su obra. Es interesante en esta etapa de la construcción del entendimiento de la obra mistraliana, recordar que Juan Godoy, era un hombre culto, de amplios conocimientos del lenguaje, latín, griego, filosofía, literatura y teología; lo que lleva a sospechar las razones de la inquietud intelectual de la poeta. Además, de la mano de don Adolfo Irribarren, adquiere conocimientos botánicos, biológicos, geográficos y astronómicos, lo que sin duda cimentó su creatividad posterior. Tampoco se debe olvidar la ruralidad, el ingrediente de las fábulas y cuentos que los habitantes de los pueblos le entregaron. Esta etapa de aprendizaje resulta imprescindible en la formación intelectual que más tarde decantaría en la creación literaria.

    Casandra, es un texto poético de Gabriela Mistral que resulta un hallazgo en todo orden de la palabra. En primer lugar, es importante destacar el hecho de que este texto forma parte de unos 300 poemas hallados recientemente en los baúles de la fallecida albacea de Mistral, la estadounidense Doris Dana y, por lo tanto, es parte de los poemas inéditos de Gabriela Mistral. Este hecho, nos impide dilucidar con certeza el tiempo para el cual fue escrito; sin embargo, todo indica que no es parte de sus primeros poemas, pues existen constantes elementos que hablan de una extranjería. Todo hace pensar que este texto debe haber sido escrito en una fecha posterior a los años veinte, pues es en ese entonces que la poeta comenzó su peregrinaje internacional, comenzando por México, país que le extendió los brazos y fomentó en ella un fuerte lazo con Latinoamérica.

    Iniciando por el título del poema, “Casandra”, existe una intertextualidad con los libros mitológicos escritos por Homero y, a partir de él, con una serie de otros escritores a lo largo de la historia de la literatura universal. En la antigua mitología griega, Casandra era hija los reyes de Troya, Hécuba y Príamo. Fue sacerdotisa de Apolo, con quien pactó, a cambio de un encuentro carnal, la concesión del don de la profecía. Sin embargo, cuando accedió a los arcanos de la adivinación, rechazó el amor del dios; éste, viéndose traicionado, la maldijo escupiéndole en la boca: seguiría teniendo su don, pero nadie creería jamás en sus pronósticos. Tiempo después, ante su anuncio repetido de la inminente caída de Troya, ningún ciudadano dio crédito a sus vaticinios. Puesto que Casandra no amaba a Apolo, éste la maldijo convirtiendo su don en una fuente continua de frustración y dolor. Con su don, don divino al fin y al cabo, fue capaz de predecir la tragedia de Troya, la muerte de Agamenón y su misma desgracia, pero fue incapaz de hacer algo para impedir tales resultados, por causa de la maldición de Apolo. Era una incomprendida, a menudo tildada de loca, encerrada en su casa o encarcelada, lo que le hace enloquecer. Casandra, sufre de diversas formas, recibiendo maltratos y violaciones así como constantes humillaciones que finalmente desencadenan en su muerte.

    Además, resulta interesante que desde la primera estrofa se identifica amada, no por los poderosos de su patria, sino por los negados, los residentes en huerfanía, los animales, los elementos naturales heridos por las fuerzas de la misma naturaleza e incluso por las cosas carentes de vida. Mistral, ya reconoce aquello que la historia se ha encargado de recordar a los actuales amantes de la literatura: la falta de reconocimiento y de atención a quienes, cual Casandra, merecen ser leídos y oídos, acaso apreciados por su labor literaria. Se acerca a su estancia forastera, y a los recuerdos del dolor por su tierra, la cual desde la lejanía era amada, mas no por sus poderosos, sino por lo simple de sus pueblos, por lo herido de sus montes y sus horarios. Además, resalta su dolor y su soledad en el amor, la búsqueda inherente de compañía que como ser social pretendía, pero que en su profunda sensibilidad le era estéril, dolorosa en su bitácora, castigada desde los inicios del amor en sí, el amor de pareja y el amor de nación que tan hondamente desarrollaba, pero que tan mal pagado era. Por otro lado, es inevitable el acercamiento a las primeras sombras de amor que la joven Lucila viviría, sí, la sombra de muerte en el amor inicial por parte de su Romelio Ureta, quien resulta motivo y dolor de la escritura primigenia de los “Sonetos de la muerte” por parte de la poeta.

    El poema concluye, como concluye la asombrosa analogía creada a partir de Casandra y la vida propia de Gabriela Mistral. Es así como en el crepúsculo del texto, la hablante señala a la historia mitológica, quizás abandonando aquello que en un comienzo fue su papel como figura de una actual vidente rechazada, y acercándose de forma más directa a la intertextualidad con textos de la literatura universal que tratan el papel de Casandra; textos tales como: La Iliada, La Odisea, La Eneida. Mistral relata de forma poética, a través de versos, principalmente endecasílabos, el ocaso de Casandra, pero esta vez, como se dijo, ya despojada del papel que la hablante en algunos momentos toma y actualiza en su propia vida. Aun cuando quizás se pueda desprender del final del texto, la constante conversación que Mistral tiene con la muerte, y ésta vez nos invite a pensar que a través de la misma muerte puede retornar a su amado.

    A modo de reflexión no literaria y a partir de las circunstancias en que este texto fue encontrado, resulta interesante cuestionar sobre lo pertinente de hacer público un poema inédito. Desde la misma figura de Casandra, y en ella o a través de ella se puede ver el rechazo de Mistral en su papel profético o poético, y el cuestionarse la razón de un texto inédito en una mujer tan reconocida. Difícilmente pudo haber sido por no tener los medios económicos para hacer una autopublicación de esta obra. También resulta improbable que se deba al desinterés de las empresas editoriales en el trabajo de una Premio Nobel de Literatura. Entonces, surge la pregunta sobre cuál es la razón de ser inédito y, es más, considerando la irregularidad métrica en el poema “Casandra”, cosa que resulta por lo menos extraña, conociendo la obra de la excelente Gabriela Mistral, se puede cuestionar si este texto para la poeta estaba concluido formalmente en la escritura o si ella realmente deseaba que viera la luz; y a la vez, hasta que punto se respeta lo que el autor quiere o permite que se lea de su obra. Todo lo anterior sin considerar lo provechoso del aspecto comercial que significa para las editoriales y empresarios del rubro literario el hallazgo y publicación de éstas obras. .

    La poesía de Gabriela Mistral es, indudablemente, una de las voces más trascendentales que Latinoamérica ha dado a luz. Su palabra es y será, causa de estudio y crítica, de análisis y de constante retorno, pero por sobre todas las cosas, su palabra poética es un lugar para la emotividad y el encuentro con uno mismo, con la verdadera persona secreta que en el lector hay. Por ello, “Casandra”, no es sino una muestra de autoconocimiento, del mundo interior rico en cualidades de la poeta; pero también, es una muestra de sus carencias y dolores, a través del personaje mitológico.

    gabriela_tumbaMistral, describe hondamente su desolación por la tierra, su paso a veces inadvertido en medio de la urbanidad de Chile. En ella, en su poesía, hay una honda visión social; y  es por ello que es capaz de la descripción, del encuentro con su penuria y su tránsito por el mundo, por el inabarcable sufrimiento por la muerte del amor, y en el amor. “Casandra”, es producto de su estudio y conocimiento de las fuentes más antiguas de la literatura, y a la vez, es una mezcla de desgarro y erudición, que no pasa sin conmover. Resulta el poema un lugar donde habitar, donde escarbar para sentirse uno en el hablante y vivir su profético rechazo en medio de las masas, de los eruditos, de la continentalidad y lo gubernamental de las políticas, incluso y sobre todo, culturales.

    El poema mistraliano, resulta un diario, una desnudez del yo interno, y a la vez un reparo o crítica a la sociedad ajenizada de la función literaria y social de la poeta. Hay un dolor de muerte en todo el texto, que no hace sino sugerir el abandono que hace la propia hablante en su don, en su creatividad y su expresión artística; pero este dolor no hace más que condescender con el dolor de otros tantos que ayer y en el hoy viven su misma aflicción. El poema está lleno de la vida de Casandra, está lleno de un dolor conmovedor que irreductiblemente transita a la muerte, de la hablante y de su amado. Pero hay el reconocimiento externo, las palmas palpitantes de naciones que no son la suya, y hay bagaje y recorrido, lugares donde ser en su don, acaso desarrollar, al igual que muchos artistas actuales, un trabajo literario o artístico que sea reconocido, lamentablemente lejos de una Ilión muchas veces incapaz de reconocer a tiempo sus propios valores.

    “Casandra”

    A las puertas estoy de mis señores
    blanca de polvo y roja de jornadas,
    yo, Casandra de Ilión a la que amaron
    en su patria los cerros y los ríos,
    la higuera oscura y el sauce pálido,
    el cordero del mes y el cabritillo,
    el huérfano y también lo inanimado.

    También la hora y el día me amaron,
    menos el día yerto del exilio.
    Al primer carro de los vencedores
    subí temblando de amor y destino
    en brazos del que amé contra mí misma
    y contra Ilión, la que hizo mis sentidos,
    y cuando ya mis pies no la tocaron
    mi Patria enderezada dio un vagido
    como de madre o hembra despojada:
    voz de ciervo o leoncillo
    ternerillo o viento herido.
    Miré el tendal oscuro de mi raza
    y tales rostros no me vi en los bárbaros.

    Todo me amaba dentro de mi casta
    y sobre el rostro de Ilión todo fue mío:
    dátil de oro y semblantes de oro,
    las islas avisadas, los riachuelos.
    Pero yo, para ser hembra eterna
    no amé el amor y he amado al enemigo.
    El vencedor cuyo rostro da frío
    en su carro me trajo y en su pecho,
    y he cruzado arenales y bajíos,
    y las aldeas arremolinadas
    al eco de mi nombre ya maldito,
    y yo no las he visto ni escuchado
    de traer en mi bien los ojos fijos
    y he de venir recitando mi muerte
    como un refrán desde niña sabido.

    Escucho tras de las puertas de bronce
    los pasos de la hembra que se acerca
    y que me odia antes de haberme visto.
    Tampoco en la Tebas le valen puertas
    de bronce a la mujer apercibida
    para no oír la hora que camina
    sin sesgo hacia Casandra y Clitemnestra.

    Yo soy aquella a quien dejara Apolo
    en pago de su amor los ojos lúcidos
    para ver en el día y en la noche
    y ver lo mismo arribar su ventura
    que su condenación. Así Él lo quiso.
    Todo lo supe y vine a mi destino
    sabiendo día y hora de mi muerte.
    Vine siguiendo a mi enemigo y dueño,
    rehén y amante, suya extranjera,
    sabiendo de su muerte y de mi muerte
    y de la eternidad de ambos hechos.
    A las puertas estoy oyendo el paso
    de la hembra que me odia antes de verme
    escuchando los pasos presurosos
    de la que ya apuró su vaso rojo
    y viene en busca del segundo sorbo.

    ¡Voy, voy ! Ya sé mi rumbo por la sangre
    de Agamenón que en su coral me llama.

    Tampoco la mujer apercibida
    que está golpeando a las puertas extranjeras
    dejó de oír la hora que venía y venía
    recta hacia ella y Clitemnestra.

    Todo lo supe y vine a mi destino
    recta hacia el sitio de mi acabamiento.

    Sin llanto navegué por mar de llanto.
    Yo vine, aunque bien sabía
    y bajé de mi carro de cautiva
    si rehúsa, entendiendo y consintiendo.

    No vale ¡ guay !  el bronce de la puerta
    para que yo no vea a la que viene
    por camino de mirtos a buscarme
    ebria de odio y recta de destino.

    La mujer sanguinosa me destestaba
    pero es la sangre de él la que me ciñe
    y el hilo del coral quien lleva
    consigo a aquella que es rehén y amada
    y las puertas se cierran sobre aquella
    que de veinte años lo tuvo sin amarlo
    y a quien yo amé y seguí por mar, islas, penínsulas
    y aspirando en el viento del ábrego
    la bocanada de la patria suya.

    Vi Atenas antes de tocar su polvo
    y veo la chacala de ojos bizcos,
    le veo la señal apresurada
    y el botín de mi cuerpo en sangre tinto.

    Ya abre las puertas para recibirnos
    según recibe el cántaro reseco
    el chorro de su sidra o de su vino,
    con tu cuerpo gastado cual las rutas
    deseada fui como la azul cascada
    que ataranta los ojos del sediento.

    Ya estamos ya, los dos, ricos de púrpura
    y de pasión, ganados y perdidos,
    todo entendiendo y todo agradeciendo
    al Hado que sabe y me salva.

    Ya me tumban tus sanguinarios siervos
    y ya me levantan en faisán cazado
    pero el alto faisán de tu deseo
    después de su rapiña y de su hartazgo
    te dejará en las manos de sus siervos
    y volarás conmigo los espacios
    ricos de éter y de constelaciones.

    Antes del alba habré recuperado
    yo al Agamenón, al rey de hombres
    en él voy de vuelo, ya voy de vuelo.

     

    Poema extraído del diario “El Mercurio”, Santiago, Chile, N 62.927, pp. E1, E2 y E3, Domingo 22 de julio, 2007.

    1 junio, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Presidentes

    Ese dicho de “A Ia vejez, viruelas” nunca 10 encontré tanto sentido como ahora. Sarkozy, presidente de Ios galos, nada que ver con Asterix, está como de novios con Ios españoles. Y bien sabido es que, como buenos vecinos, nos hemos llevado a escobazos con casi todo lo que fuera francés a excepci6n del CHANEL N° 5 Y Ia Torre Eiffel

    Mejor así, a ver si Iogramos un buen compromiso, antes de que lleguen Ios cuernos con el mandamás venezolano. Chaves y el francés forman dueto para rescatar a Ingrid Betancourt, esa casi presidenta con cara y pose de virgen antigua. Empecinados como están Ios FARC colombianos en que nadie toque a su rehén. Y es que ¡ Menuda publicidad que se enganchan sin apoquinar un solo dólar. Estos cabritillos morenos son tan conocidos ya como Ios potitos No soltarán su presa ni a tiros. ¿O sí ?

    Parece que todos Ios terroristas se han puesto de acuerdo para machacar al personal y tenernos con apretones de barriga cada dos por tres. Pero, ya Iegan Ios buenos. Por 10 menos en Ias pelis se cargan a Ios malosos y salvan a Ia chica. Así era antes. Hace algún tiempo que a Ia pobre actriz si no Ia zurran encima es por puro despiste.

    En su gira política italiana, hozando votos para su nuevo mandato, Silvio Berlusconi dice que es mas alto que Putin y Sarkozy. ¡ Que programa electoral tan raro !. También dice que bajará Ios impuestos, como todos dicen.
    AI menos el nuestro, el de aquí, el alto (que diría Silvio), no se Ianza a rescatar doncellas en aviones estatales, ya que hay otras maneras de hacer el ridículo. Lo que está Iogrando don Zapatero, José Luis para íntimos, es cabrear a todos Ios partidos con el asunto de Ia dádiva a fondo perdido de Ios 400 euros. ¿ Dónde se han escondido Ios míos?
    No es presidenta de país, pero es Reina. Isabel dos palitos., estará contenta con Ia Sentencia que absuelve a Ios suyos de toda sombra de duda. La justicia inglesa tardará en decidirse, pero al final clava Ios rejones en todo el morrillo. Su nuera anterior, Ia primera, ya puede descansar tranquila. Ella estará muerta pero Ia culpa Ia tuvieron, mire usted, un borracho y unos fot6grafos. Es que nadie está libre de que Ie cuelguen el letrerito de Matón del barrio.

    KELO GALAM

    1 junio, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El gusto hedonista y sensual francés en el crepúsculo del “Antiguo régimen” (2ª parte)

    La gran teoría de la belleza da paso a las distintas bellezas

    El sentimiento y el encanto son propios a las inclinaciones de los sentidos, el gusto favorece al entendimiento, y con él a la libre determinación del querer

    I. Kant
    Desde la antigüedad la belleza ha sido entendida como armonía y proporción de las partes, siendo característica propia de la naturaleza que el hombre mediante la razón es capaz de percibir, pero nunca mediante los sentidos. Es también una característica objetiva de las cosas nunca subjetiva, y de carácter universal.  El arte imita la naturaleza y atendiendo a unas leyes concretas es capaz de mostrarnos dicha cualidad. Cuando se hable de belleza en la antigüedad no se refiere tan sólo a la belleza de la naturaleza sino también a la belleza moral y ética. Esta es la gran teoría de la belleza que cae definitivamente en el siglo XVIII, y aunque, no de forma general, seguirá habiendo fieles seguidores a dicha teoría, no obstante, he de decir que anteriormente también ha habido detractores pero de forma aislada. En el Renacimiento Petrarca habla del non se chè, algo indescriptible que escapa a la razón y que no atañe a los leyes de la belleza, Jenofonte dice que una cosa es bella si se ciñe a la función que desempeña…

    En el siglo XVIII nace la Estética como una rama más del saber filosófico a manos de Baumgarten y podríamos decir que las reflexiones acerca de la filosofía del arte se ponen de moda. Anteriormente los filósofos ya se preocupaban por este ámbito del saber, por lo que de cierta manera se institucionaliza la filosofía del arte como disciplina. En torno a la belleza hay distintos discursos que argumentan que la belleza no está sujeta a unas normas, que es subjetiva, a la misma vez que universal y el método de conocimiento no es la razón, sino la percepción, el conocimiento sensible. El saber ya no es metafísico sino que se busca un método de conocimiento que nos permita abordar la verdad sin errores, formulándose distintas teorías del conocimiento. Voltaire, por ejemplo, opina que el hombre debe volver a la naturaleza y a la simple cultura del corazón.

    La belleza pierde su carácter moral y cuando se habla de ella se hace normalmente en relación al arte o al ser humano, pero no a las cualidades morales de éste: la belleza pierde su valor de perfección de las partes, no se habla de las partes sino del conjunto. Según Ursula Franke:

    “mediante la imitación de la naturaleza >> y perfecta se deben transmitir nuevas impresiones, que arranquen al receptor de su visión usual y cotidiana de las cosas y de los seres humanos y que le proporcione un placer no cotidiano” [1]

    La belleza se convierte en algo subjetivo, en un juicio del gusto. Un individuo puede emitir un juicio sobre una obra sin saber por qué le gusta o le agrada, si este juicio se repite con distintos individuos debemos entender el mismo como un juicio normativo, ya que, aunque sea subjetivo, se convierte en universal. Cada momento tiene un gusto determinado, influenciado por la cultura, la historia… y el rococó responde perfectamente al gusto de la nobleza decadente y de la alta burguesía que la emula constantemente, es el gusto de una época.

    El gusto es uno de nuestros sentidos que desde la antigüedad se considera el más bajo de los cinco por necesitar poner en contacto al objeto a degustar con la boca para experimentarlo[2], pero en la Edad Moderna se comienza a usar con un sentido metafórico, convirtiéndose en una facultad espiritual y moral de juzgar. Se comienza a hablar del buen gusto como la cualidad de discernir entre lo bello y lo que no lo es. Se ve como cualidad que no poseen todas las clases sociales y se convierte en un valor en alza. El hombre de buen gusto es aquel que tiene la cualidad de la elección en todos los ámbitos de su vida, que le lleva no sólo a elegir lo más bello sino lo mejor. Esta cualidad se asocia al juicio racional, al buen criterio.

    Para Arteaga[3], en su obra Bello ideale, el uomo di gusto es aquel que posee sensibilidad y una imaginación activa reflejo de la imagen del bello ideale que posee en su interior. Blaise Pascal, en Pensèes, defiende que cada individuo posee un modelo interior con el que mide la belleza y fealdad de las cosas, y la concordancia entre su modelo interior y el objeto de su conocimiento es lo que le provoca placer, lo que conocemos como una experiencia estética. Tatarkiewicz defiende que en el siglo XVIII “el gusto, junto con la imaginación, ha tomado el lugar de la razón: el gusto reconoce la belleza, y la imaginación la crea”[4]. Shaftesbury parte de la existencia de un moral sense responsable del enjuiciamiento de lo bello y lo bueno en la tradición sensualista de Dubos, Burke, Hume, etc. que entienden el gusto como un juicio de la sensación independiente del entendimiento. Otros opinan que es un juicio del entendimiento que atiende a unas reglas. Kant sintetizará ambas posturas diciendo que el juicio del gusto es desinteresado, subjetivo y universal.

    En cuanto a si la belleza es objetiva o subjetiva ha habido un debate histórico entre los que defienden que la belleza está en el objeto y es objetiva, es decir, no depende de la persona que lo observe sino del objeto mismo, pues es bello por naturaleza. La otra concepción, con menos adeptos, defiende que las cosas son neutras y nosotros le conferimos dicha cualidad proyectándosela al mirarlas: se trata de una belleza relativa. En el siglo XVIII la postura subjetiva es rápidamente aceptada como una percepción de la mente, incluso durante la Ilustración. La belleza posee distintas categorías como son la aptitud, ornamento, gracia, lo sublime, lo pintoresco… en el siglo XVIII se pensaba que eran distintos tipos de placeres, “placeres de la imaginación”.

    La aptitud se refiere a la adecuación, algo es bello cuando cumple la función para la que ha sido realizada. Tanto Hume como Adam Smith piensan que muchas cosas bellas tiene su origen en la utilidad para la actividad que deben desempeñar. Estos objetos eran realizados por operarios, aunque eran los filósofos y entendidos quienes las alababan, de ahí que cobre gran importancia la realización de vajillas, muebles, etc. de tal manera que cobran gran prestigio en la sociedad francesa del momento recibiendo numerosos encargos y costando muchos muebles más que cuadros por ejemplo.

    El ornamento u ornatus se diferencia de lo formal o venustas, siendo la forma lo importante y el ornamento lo superfluo. En el rococó este orden se subvierte, la forma arquitectónica se convierte en el soporte o el mero pretexto para una rica y variada decoración en la cual la yesería será máxime representante, pero también los paneles de madera, las telas, los tapices o los espejos… son los elementos encargados de engañar a nuestros sentidos hasta elevarnos al tan deseado estado de éxtasis estético, embriaguez o incluso, alienación de los sentidos, sin perder nunca la elegancia de la cual este arte hace alarde. El ornamento, no obstante, no sólo se supedita a la pared sino que los muebles consiguen la independencia del paramento llenando el espacio de las íntimas estancias, dando gran movimiento y sobre todo multitud de posibilidades para un entorno preparado para lo inesperado, para albergar cualquier juego inesperado y estos muebles se decoran también de forma exquisita. Sobre ellos se pueden disponer objetos insólitos, exóticos, llenos de elegancia, que pueden ir desde un reloj a una pequeña escultura. Las mujeres, que en este espacio y en esta sociedad comienzan a tener un papel importante, forman parte de este ornamento con el maquillaje, las joyas, las pelucas, los vestidos, etc. El ornamento no es, como en siglos anteriores, lo superfluo o accesorio, sino más bien la nota de color de la belleza rococó, aunque no la única. Con el ornamento la belleza no sólo se atiene a la función, sino también al placer y al deleite de los sentidos mediante lo formal.

    Felibien dice que “el buen gusto hace que las cosas comunes sean bellas, y las cosas bellas, sublimes y maravillosas”[5], surge así el dualismo entre la gracia o belleza y lo sublime. La gracia se encuentra relacionada con el non se ché, es la gracia según Felibien aquello que agrada sin atenerse a unas reglas[6]. En el renacimiento italiano estas dos teorías de distinta procedencia se fusionan para referirse a aquello que no se puede expresar con palabras, que fascina al espectador y no se atiene a unas reglas. Diderot dirá a aquellos que se oponen a un gusto exento de normas estables por qué se convierte así el arte en algo caprichoso: “¡cálmate sophista! jamás lograrás persuadir a mi corazón de que se equivoca al estremecerse, ni a mis entrañas de que yerran al conmoverse”[7]. No obstante, en este periodo se suele circunscribir la gracia a lo femenino y juvenil (lo cual no es extraño ya que en la antigüedad la gracia se entendía como alegoría de lo femenino mientras que la dignidad de lo masculino). Esto se traduce formalmente como aquello que posee unos movimientos delicados y líneas ondulantes, características también de la feminidad. En el rococó, gracia y grandeza se presentan como opuestos, aunque en el renacimiento esto no fuese visto así. El rococó se asocia a un arte donde prima la gracia y por esto muchas veces se habla de un arte afectado y superficial, ambos como características de lo femenino. Las mujeres de la aristocracia se encuentran en un ambiente más libre y alrededor de ellas (Madame de Pompadour por ejemplo) se realizan salones literarios. En Memorias de Casanova[8] se muestra cómo a un enamorado del amor le gustan todas las mujeres porque todas poseen algo bello, complaciéndose, por lo demás, de un cierto grado de refinamiento intelectual, influenciado ya por las luces de la Ilustración. Por otra parte, la relajación de las costumbres y la paulatina desaparición del envaramiento físico hace que la mujer tome posturas más cómodas y relajadas en cuanto al protocolo anterior; un ejemplo claro es el cuadro Lectura de Moliere (1727) de J.F. de Troy.

    En el Rococó se habla de la gracia como cualidad de la belleza, que se asocia a lo sensual, placentero, sinuoso, colorista… frente al predominio de lo formal propio de Poussin y del arte neoclásico. Los ambientes se convierten con esta cualidad en un deleite para los sentidos que viene determinado por el color, las formas sinuosas y los efectos sensuales. Hogart habla de la belleza como línea tortuosa conectada con el empirismo y el rococó. Burke, esteta del arte rococó por excelencia, llega incluso a definir las cualidades del objeto para que adquiera la gracia o belleza: menudez, lisura, variación gradual o fragilidad. Está a favor del placer de los sentidos, mostrando su especial atracción por los objetos bellos y agradables. Para Burke la gracia contrasta a lo sublime que es grande, terrorífico, horroroso. La gracia o belleza mantienen el placer estético a la altura de la sensualidad y la frivolidad y así nos muestra una expresión del arte que maneja lo placentero, muy ligado sabiamente al poder de la imaginación y por tanto al intelecto, todo para suscitar la tan deseada experiencia estética. Según Rosario Assunto no puede diferir este goce de otros placeres de la vida, excepto por una mayor exquisitez consciente de sí misma:

    […] por la belleza que pone un objeto precioso sobre un mueble destinado a uso casero, dándole un toque de elegancia- y por esta razón no sólo en los objetos, sino en el ritual <laico> del protocolo mundano, toda rigidez quedaba dulcificada, poniendo en evidencia esta estética el gusto de su mundo: la galantería, la elegancia, el je ne sais quoi […] incitaban a continuar en la vida mundana aquella expectativa de placer que el galanteo, haciendo de él un fin en sí mismo; […]contaba más con la elegancia y el arte de saber estar que la riqueza y la sinceridad-.[9]

    Así continua diciendo que la felicidad se toma como virtud, lo bello como lo placentero, siendo por tanto bueno y moral. Esta estética concibe el  mundo como un paraíso de galantería donde la gracia hace de puente entre la ética de la felicidad y la estética de lo placentero.

    Gracia es la belleza frívola y mundana, de origen sensible, un placer de sensaciones para los sentidos, así es como se debe entender la gracia en el rococó, es reflejo claro del ideal estético del momento.

    En este siglo se pone de moda el tratado de Pseudo-Longuino Sobre lo sublime que, pese ser un tratado de oratoria, se lee como si un tratado de estética se tratase, por cuanto alcanza una influencia desorbitada, de tal manera que podríamos, incluso, podría afirmarse que produce una revolución del gusto, que propone una concepción sentimental del arte. Esta postura está muy cercana a la actitud que en algunas ocasiones nos produce el contacto con la naturaleza, relación hombre naturaleza que aparece con bastante abundancia en las pinturas de esta época donde la naturaleza nos muestra su lado más amable recreando ambientes pastoriles o escenas de cacería entre otras cosas, pero en muchas ocasiones estos cuadros de aspecto banal nos ofrecen un aspecto muy melancólico de la naturaleza que luego veremos con fuerza en el romanticismo. Addison (1705) ya usa el adjetivo romantic como atributo de un paisaje que se presta a narraciones fantasiosas. Pero será Burke quien defina lo sublime como opuesto a lo bello, pero también a lo sublime como aparecía en los tratados clásicos que solían confundirlo con lo bello. Burke basa dicho sentimiento en el horror, temor y dolor. Esto se opone radicalmente a las premisas del arte clasicista francés, se acerca más al gusto por la luz, el color, lo caprichoso, irracional que se releja en las manifestaciones naturales. Semejante cuestión puede apreciarse en el acabado de los cuadros o en las pinceladas de estos que están llenas de vibración, rapidez y espontaneidad en el acabado, algo opuesto al terminado relamido que se puede apreciar en el clasicismo. También se observa en el gusto por los bocetos que empieza a suscitar tanta aprobación en la época, así como en el uso del pastel o las acuarelas. Dice Burke “he notado que los bocetos inacabados me agradan más que muchos dibujos perfectamente rematados”[10].

    Lo sublime se refiere no sólo a la naturaleza sino a cualquier cosa que sea capaz de suscitar este estado en nosotros. Lo sublime se relaciona con lo pintoresco: así, lo pintoresco puede desembocar en lo sublime, pero no al revés. La diferencia entre ambos conceptos es que lo pintoresco no suscita terror, mientras que lo sublime sí. Posteriormente Kant establecerá la diferencia entre el placer de lo bello pintoresco como una categoría más de la belleza y lo sublime; será un placer positivo en el caso de la belleza y en el de lo sublime, negativo o displacer. La imaginación no produce violencia ninguna que sí se da en lo sublime[11]. La luz tiene gran importancia en los sentimientos de placer o displacer que puede producirse en una obra.

    El color cobra gran importancia, no sólo para hacer visibles los objetos, sino para que ésta se convierta en la esencia misma del cuadro, ya que esta luz lo que genera es un ambiente que no sólo se da en el cuadro sino también, por ejemplo, con la vibración de ésta sobre la multitud de espejos que se disponen por todas partes, creando un ambiente coloreado que varía según la intensidad de luces y sombras. También hay matices de superficies blancas que igualmente reflejan luz y elementos dorados. Todo esto ayuda a transportarnos al éxtasis de los sentidos, cercano quizás al sentimiento de lo sublime: es casi, podríamos decir, un espacio psicotrópico.

    [1] HENCKMANN, W y LOTTER, K. (eds.): Diccionario de estética, Barcelona, Crítica, 1998, pág. 31.
    [2] JACOBS, H. C.: Belleza y buen gusto. Las teorías de las artes en la literatura española del siglo XVIII, Madrid, Iberoamericana, 2001, págs. 167-168.
    [3] Íbidem, págs. 267-268.
    [4] TATARKIEWICZ, W.: op.cit., pág. 181.
    [5] Ibidem , pág. 204.
    [6] Ibidem , pág. 202.
    [7] VENTURI, L.: Historia de la crítica de arte, Barcelona, Gustavo Gili, 1979, pág. 144.
    [8] BORGHINI de GALLEGO, S.: Manierismo, barroco y rococó, Buenos Aires, Centro editor de América Latina, 1977, pág. 89.
    [9] ASSUNTO, R.: Naturaleza y razón en la estética del setecientos, Madrid, Visor, 1989, pág. 97.
    [10] Íbidem, pág. 33.
    [11] Íbidem, pág. 38.

    1 junio, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La emoción poética

    Se ha escrito mucho sobre la emoción poética, muchos autores han tratado de explicar lo que casi nos parece inexplicable; una emoción casi palpable recibida a través de la escritura.

    A pesar de los diferentes puntos de vista, en todos los casos se llega a lugares  comunes.

    Emoción espontánea, revivida, madurada, única, compartida, incomprensible… pero siempre existe una confluencia, porque, al fin y al cabo, poesía y emoción están íntimamente ligadas, aunque cada uno tengamos nuestra particular manera de adecuar los términos.

    ed04_orozJosé Ángel Valente decía que “la emoción viene a ser consecuencia de una experiencia susceptible de ser conocida sólo en el poema”

    lo cual nos hace pensar en un sentimiento único e irrepetible. Desde esta perspectiva,

    la poesía se convierte en un descubrimiento, en una especial manera de aproximarse a lo no sentido todavía.

    William Wordsworth, por su parte, insiste con que “la poesía nace de la emoción revivida en tranquilidad”

    Esto contrasta con la idea de Valente, pero lo cierto es que la emoción poética es un sentimiento personal, en este caso transferible, y la única razón está en nuestra individualidad, la cual puede ir amoldándose con el paso del tiempo.

    Al escribir poesía, el poeta es incapaz de percibir la emoción, el proceso, algunas veces automático, de escritura, hace que la parte emocional se sitúe en un segundo, pero latente, plano, y solo la lectura posterior le dará la posibilidad de conectar con el placer psicológico que esta conlleva.

    Es el instante quien marca el rumbo del poema, pese a que en ocasiones tengamos preconcebida la idea, este se abre paso y va dejando esa “impersonalidad” que muchas veces ve reflejada el poeta cuando vuelve a sus textos.

    El poema avanza, se destruye y se regenera automáticamente, a veces sin más vivencia que el propio latido de los versos

    S.T. Eliot,  nos dice en su famoso ensayo “Arte” – el único medio de expresar una emoción consiste en el hallazgo de un “correlato objetivo”, esto es, de un juego de objetos, una situación o una secuencia de acontecimientos que constituyen la fórmula de esa particular emoción; de tal modo que cuando los hechos externos, que deben terminar en una experiencia sensible, son dados, la emoción es inmediatamente evocada.»

    Gil de Biedma por su parte, afirma “para el poeta lo decisivo es la contemplación de una emoción, no la experiencia de ella”

    ed04_oroz_2Ciertamente, la meta del poeta es trasladar de alguna manera esa emoción, que no necesariamente ha tenido que sentir alguna vez, ya que el escritor puede trabajar desde la posibilidad emocional, para después llegar a traducirla.

    Para ello necesita una mezcla de sentimiento y pensamiento; aquello que tantas veces hemos llamado inspiración.

    No creo que se trate de emociones enteramente nuevas, aunque sí, que la poesía sea la única manera de extraerlas.

    Algo así como utilizar un cuchillo después de descubrir una moneda en un bolsillo cerrado.

    El cuchillo sería en este caso la técnica poética, con la cual iríamos abriendo el instinto

    para sacar esa sorpresiva e ilusionante emoción.

    Por tanto, el poeta, lo que hace es traducir las sensaciones más allá de lo permitido por el propio lenguaje, intenta llevar al grafismo aquello que es imposible por naturaleza.

    Gil de Biedma nos dice en “El oficio de escribir”

    “Un buen poema, en cuanto obra de arte, es un objeto suscitador de emoción significativa, de emoción inteligible; luego, en un buen poema no puedes distinguir entre emoción e inteligencia.”

    Aquí es donde comienzan a romperse los muros entre creador y lector, podemos comprobar que los más grandes poemas de la literatura española se definen por esa ausencia de búsqueda lectora, desprenden esa emoción inteligible que es capaz de mostrarse clara y lúcidamente más allá del lenguaje.

    ed04_oroz_3Esto no tiene nada que ver con la incomprensión, más bien todo lo contrario, ya que el lector no necesita descifrar nada, simplemente siente y deja fluir esa emoción sin más esfuerzo que el de su propia inconsciencia.

    Gil de Biedma cita también a Baudelaire

    Le génie- decía – c’est l’enfance retrouvée à volonté. “Quien no sepa en algún modo de salvar su niñez, quien haya perdido toda afinidad con ella, difícil es que llegue a ser artista, casi imposible que pueda nunca ser poeta, y no por ninguna razón sentimental, sino por un hecho, muy simple: la sensibilidad infantil constituye, por así decir, un campo continuo, y la poesía no aspira a otra cosa que a lograr la unificación de la sensibilidad”. Gil de Biedma 1994.

    En nuestra memoria esté posiblemente la llave de la emoción poética, cualquier experiencia humana es susceptible de ser transformada.

    La infancia lleva consigo una despreocupación que sujeta lo verdaderamente importante de la vida, después llega el poeta con su memoria inagotable para indagar en lo no conocido, para iluminar esa oscuridad latente que seguirá generando posibilidades de por vida.

    Lo que queda claro es que la poesía es un instrumento esencial para percibir emociones impresas, no existe, por el momento, otra manera mejor de comunicarnos

    sensorialmente.

    Poetas y lectores unidos bajo el inasible roce de la palabra exacta.

    Luis Oroz.

    1 junio, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La descripción del imperio, la luna y el lazarillo

    Para asegurar el progreso material, la sociedad actual exige de manera progresiva, especialmente desde el siglo XIX, una mayor especialización de sus miembros en aspectos concretos de las ciencias, las técnicas y aún de las artes. Y esa especialización se inicia cada vez más temprano en el período de formación de los todavía niños. Las consecuencias de este proceso, algunas sin duda positivas, son esencialmente la creciente proliferación de especialistas incultos –pero con reconocimiento social- y la alarmante escasez de personas con amplio espectro de conocimientos y sensibilidades. Este, a nuestro entender, lamentable alejamiento en nuestros días del ideal humanista se aprecia con mayor crudeza cuando, retrocediendo en el tiempo, tenemos la ocasión de recorrer la vida y la obra de muchos personajes, algunos muy conocidos y otros casi olvidados por la historia pesar de la trascendencia que sus actividades tuvieron en su época.

    Este es el caso de un discreto y eficaz funcionario de Felipe II, del que se ignora casi todo lo que se refiere a su ámbito personal pero que dejó contribuciones de gran relieve en campos tan alejados como la geografía y el derecho, la literatura y la administración, la gramática y la astronomía.

    testamentoJuan López de Velasco nació en la soriana villa de Vinuesa en torno a 1535, siendo sus padres Juan López Carrasco y Catalina Velasco, visontinos ambos y de condición humilde. De su infancia sólo se conoce que tuvo dos hermanas y dos hermanos varones, siendo posiblemente el mayor de todos ellos. Se ignora cuáles fueron sus estudios y en dónde los realizó, aunque consta su amplia formación humanística, su dominio del latín -lengua en la que redactó diversos escritos que se conservan en la Biblioteca del Monasterio del Escorial- y el conocimiento de otras lenguas como el francés, el italiano y también el árabe. No se ha conseguido encontrar ninguna prueba documental de su presencia en aulas universitarias ni de que alcanzara ningún grado académico; pues de ser así, necesariamente aparecería éste en alguno de los numerosos documentos oficiales en los que su nombre figura, como era costumbre obligada de la época.

    De la lectura de su testamento, se desprende que nunca llegó a contraer matrimonio ni dejó descendencia, por lo que no resulta muy aventurado suponer su pertenencia al clero secular.

    indigenasLas primeras noticias sobre sus actividades le colocan en Madrid al servicio del Real Consejo de Indias desde 1563, colaborando en la recopilación de la ya abundante normativa real dirigida a las nuevas tierras del otro lado del Atlántico. A esta tarea se dedicó López de Velasco durante una década, actuando como ayudante del licenciado don Juan de Ovando, “el príncipe de los legisladores de Indias”. La promoción de Ovando a la presidencia del Consejo de Indias en 1570 significó una profunda remodelación de esta institución y la creación en 1571 del más importante “oficio” de naturaleza científica en la España de Felipe II: Cronista-Cosmógrafo Mayor del Real Consejo de Indias.

    Las obligaciones de su titular abarcaban desde la redacción de una “historia general” de las Indias hasta la confección de unas tablas “cosmográficas” con las coordenadas matemáticas de todos los lugares del imperio. Además, debía controlar todos los aspectos científico-técnicos de las navegaciones, como la elaboración de las cartas náuticas que utilizaban los pilotos y maestres de los navíos de la “carrera de Indias”.

    Es evidente que el titular de ese oficio tenía necesariamente que poseer una amplísima formación tanto en las letras como en las matemáticas; López de Velasco sin duda gozaba de tales conocimientos, pues fue el elegido por Felipe II para  desempeñarlo. La actividad desplegada por el nuevo oficial real fue realmente asombrosa: elaboró un conjunto de extensos formularios dirigidos a todas las autoridades civiles y religiosas de Indias con el objeto de obtener informaciones exhaustivas sobre aspectos muy diversos de la geografía, la historia, las costumbres, las lenguas, las razas, los cultivos, las especies animales, vegetales y minerales y sus aplicaciones terapéuticas, etc.

    instruccionEn el Cuestionario enviado en 1577 añadió López de Velasco una “Instrucción para la  observación de los eclipses”; en ella explicaba un procedimiento original suyo para determinar la coordenada longitud de los lugares a partir de los datos obtenidos en la observación de los eclipses. Lo realmente fascinante es que López de Velasco diseñó así y coordinó el primer gran programa de observación astronómica de la historia: Durante diez años, centenares de personas simultáneamente y desde innumerables puntos del imperio en tres continentes observaron y midieron los eclipses de luna que acontecieron, posibilitando la confección de tablas de coordenadas mucho más correctas y generales.

    eclipse_de_lunaCon parte de las respuestas de los cuestionarios y con datos anteriores López de Velasco presentó a Felipe II en 1780 su Geografía de Indias, que constituye la primera geografía de América elaborada con datos oficiales. El rigor de la obra determinó que el monarca prohibiera su publicación y ordenara que únicamente podía ser consultada por los miembros del Consejo de Indias, pues contenía datos de alto valor estratégico que no debían trascender.Las obligaciones históricas y cosmográficas no fueron un impedimento para que el humanista soriano publicara en 1573 dos volúmenes de naturaleza muy diferente. En uno de ellos salían a la luz un conjunto de poesías de Cristóbal de Castillejo, secretario del Emperador Don Fernando, y en el otro se recogían la Propaladia de Torres Naharro y el Lazarillo de Tormes.

    Las obras citadas habían sido prohibidas por el Índice expurgatorio del Cardenal Valdés de 1559, que consideraba que en alguna de sus partes se atacaba al clero o se hacía burla de alguno de los preceptos de la Iglesia. Pero como se seguían publicando en el extranjero con gran éxito, el Consejo de la Inquisición consideró entonces la conveniencia de volver a editarlas en España, pero eliminando lo que se considerara pernicioso. Esta tarea de depuración se encargó a Juan López de Velasco, quizás una prueba más de su posible pertenencia al clero; como  recompensa por su trabajo el rey le concedió el Privilegio de edición de las tres obras durante diez años.

    No fue ésta su única relación con el mundo de las letras, ni mucho menos. Así, posiblemente por la laboriosidad y eficiencia que demostraba, el monarca solicitó en 1581 su colaboración y asesoramiento para la adquisición de volúmenes destinados a la Biblioteca del Monasterio del Escorial. Fruto de su trabajo fue una serie de “Memorias” sobre los fondos de otras bibliotecas, con la intención de buscar obras de interés para su traslado al Escorial, y una especie de catálogo o inventario titulado “Libros de Romances para la Librería de San Lorenzo”.

    cosmo_mayorlazarilloEn 1582 salió en Burgos el único trabajo que publicó en vida: Ortografía y Pronunciación Castellana, que escribió a sugerencia del Cardenal de Toledo e Inquisidor General, don Gaspar de Quiroga.  Pero el texto no es únicamente un manual de ortografía al modo convencional, sino un profundo tratado de filología, en donde se analizan el significado y la procedencia de varios centenares de palabras, las más habituales y comunes del lenguaje de la época, comparándolas frecuentemente con sus equivalentes francesas, italianas y árabes e ilustrándolas con el análisis de sus raíces latinas.

    Otra obra suya sobre la misma materia es “Vocabulario etimológico de la lengua castellana (recogido en el códice L-I-13 de la Biblioteca del Escorial), en el que analiza los orígenes del castellano, que encuentra en el latín y en el árabe apoyándose en gran cantidad de vocablos. En ese mismo Códice hay otros breves trabajos filológicos suyos, entre los que destacan las “Etimologías arábigas, griegas y latinas” y un Memorial dirigido en 1588 al Presidente del Consejo de Castilla en el que hace un análisis de la mala situación de la enseñanza “primaria” en Madrid, recomendando como remedio el que los maestros sufrieran unos exámenes por oficiales reales que acreditaran su aptitud.

    En otro códice escurialense, el B-IV-3 se conservan dos manuscritos más de López de Velasco, tan sorprendentes como un Cuaderno de refranes y unos Proverbios.

    ortografiaEn 1588 Felipe II, en reconocimiento a sus servicios, decidió encargarle la Secretaría de Hacienda, con carácter de propiedad y con el salario realmente elevado en la época de 1000 ducados anuales. La noticia de tan alto nombramiento llegó a Vinuesa, su lugar de nacimiento, en una carta remitida por los procuradores sorianos en Cortes que se leyó en el Ayuntamiento. La Corporación acordó enviar otra misiva a López de Velasco dándole el parabién por el oficio.

    López de Velasco consumió los últimos diez años de su vida redactando un Dictamen para la reforma de la Hacienda española y unas Advertencias para instrucción de secretario, escribiendo sobre temas científicos -como un breve tratado sobre cometas y una dura crítica a la astrología judiciaria- y preparando una edición de las obras completas de san Isidoro.

    Precisamente, cuando estaba culminando este trabajo falleció en las casas que tenía alquiladas en la calle de Toledo. A pesar de su proximidad al monarca dejó a su hermana como única propiedad dos casas en su Vinuesa natal, unos pocos ducados a sus dos criados y una cantidad algo mayor para misas por su alma en la iglesia de los jesuitas de Madrid.

     

    MARIANO ESTEBAN PIÑEIRO

    Doctor en Ciencias Físicas.

    Licenciado en Derecho.

    Profesor Titular de Matemática Aplicada (Facultad de Ciencias, Universidad de Valladolid)

    Co-Director del International Committee for the History of Nautical Science and Hydrography.

    Director del Instituto de Historia de la Ciencia y de la Técnica (Instituto de Historia Simancas). Universidad de Valladolid.

    Miembro Extranjero de la Academia de Historia de Portugal.

    Miembro Correspondiente de la Academia da Marinha de Portugal, en la clase de Artes, Letras e Ciencias.

    Investigador Principal en Proyectos de Investigación financiados por Instituciones Públicas Nacionales y Regionales, sobre temas relacionados con la Historia de la Ciencia española del período 1450-1700, en especial sobre la Matemática y sus aplicaciones.

    Autor/coautor de 6 libros y más de noventa artículos sobre las materias anteriormente indicadas.

    Responsable y/o Asesor de Exposiciones de naturaleza científica, Programas de Divulgación Científica y Asesor de distintas Instituciones sobre Divulgación y Comunicación Científica

     

    BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

    Esteban Piñeiro, M., Matemáticas, Astrología y Navegación en la España del Siglo de Oro. Historia de una cultura. Vol. 2, pp. 690-740. Junta de Castilla y León, 1995. Valladolid

    Esteban Piñeiro, M., Los Cosmógrafos del Rey. Madrid. Ciencia y Corte. Pp. 121-139. Consejería de Educación y Cultura. Comunidad de Madrid. 1999. Madrid

    Esteban Piñeiro, M., Los Cosmógrafos y otros “oficios matemáticos”. Historia de la Ciencia y de la Técnica en la Corona de Castilla. Vol. 3, pp. 129-146. Junta de Castilla y León. 2002. Valladolid

    Vicente Maroto, I.; Esteban Piñeiro, M. Aspectos de la ciencia aplicada en la España XVI. Junta de Castilla y León. 1991, 1º ed., 2006, 2ª ed. Valladolid

    1 junio, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Poesía en Venezuela

    ojo_poeticoHablar de Venezuela en el ámbito poético es trasladarse a siempre. Pero debemos comentar nuestro tiempo presente, ya que la historia literaria venezolana es muy extensa. Obviamente, haciendo remembranzas en algún momento de quienes han marcado pauta o han influido en nuestra poesía; porque en esta tierra colorida, además de un paisaje espléndido, también tenemos herencia plural  e  influencias tanto del viejo continente como de los grandes escritores de nuestra América.

    Pablo Mora

    Pablo Mora

    Haciendo un breve repaso con el genial Pablo Mora (Premio Libro Poesía 2005 con la obra “Sombra Antigua”), al respecto, encontramos una extensa información que no es posible resumirla en un folio, por lo tanto, nos hemos limitado a resaltar aquellos aspectos más relevantes. Pero detengamos la mirada un instante en este hombre del mundo de las letras, quien es poeta, ensayista, periodista y profesor universitario. Es uno de los escritores más representativos en el país. Por ser quizá el poeta más comprometido con “el acontecimiento”, cada uno de sus libros hace parte de la evolución literaria del verso tachirense. Mora perteneció a la generación de la Cueva Pictolírica (1969), y al Taller literario Zaranda (1980); su adhesión a la generación Almada (2000) lo reafirma como un patriarca de la vanguardia local. Es de los pocos escritores venezolanos publicados reiteradas veces por la Universidad Complutense de Madrid.

    Pablo Mora es además un incansable cultor de la poética local y universal: sus ensayos sobre Manuel Felipe Rúgeles, Rafael Guerrero y Beroes dan cuenta de ello y aún más su trabajo como editor en la página Web poesía.org, verdadero santuario del poema. (Tomado de Catálogo de Autores) “Fue la palabra mi plural oficio. Inocencia feroz de la costumbre de ir entre la sombra de los sueños soldando la armadura de los ríos. Fue la costumbre de la insomne urdimbre, antigua sombra de la fértil siembra, ventana al descubierto, asombro, enigma, al borde del crepúsculo en peligro. Italia, aldea y sombra ya me dejan, el silencio, los pájaros, los ciegos, los zaguanes dirán que no me vieron. Capricho, noche y Borges ya se alejan. Muy descaradamente perniciosa mi vida es una fuga repentina”. (De Sombra antigua).

    Traemos a propósito la figura Tito Núñez Silva, quién es oriundo de  Maracaibo (Selección Poética 1966-1998) con quien Mora comparte el premio antes mencionado.:

    “La poesía es pan
    ella alimenta el corazón de los ricos
    y de los pobres
    Aquellos lo han olvidado en abundancias
    Los otros la buscan en sus sagradas iras
    La poesía es viento y el viento canta
    A veces palabra y la palabra habla”

    Dice el poeta Pablo Mora que no existirían los “pablos y los titos”, si no hubiesen existido Blas de Otero (español), Miguel Otero Silva (venezolano, de la generación del 28), Pablo Neruda y  Cesar Vallejo, principalmente.

    El colombiano Gonzalo Arango, marca una pauta para los poetas de la corriente “Poesía Experimental”, así como el chileno Nicanor Parra (antipoesía). Venezolanos de estas corrientes poéticas, como José Antonio Yépez, barquisimetano, dice: ”El poema, más que partir del silencio, aspira a él. Habría que agregar todavía: Los poemas más perfectos han sido escritos en la proximidad o sobre esos fondos de los silencios”. Así como comparte que la mejor poesía la tiene la tierra, el indígena. (Véase Verbigracia)

    Así pues, haciendo un vuelo rasante, sin ahondar, encontramos a Rafael Cadenas, quien es poeta y ensayista, también oriundo de Barquisimeto, Estado Lara.

    “Vives piel adentro.
    Ignoras
    que ser
    significa: alcanzable”

    Rafael Fauquié

    Rafael Fauquié

    Rafael Fauquié, quien nace en Caracas y dice: “Creo en una escritura viva, dúctil, incluyente; asociada a elasticidad y ligereza, a ritmo y concisión; escritura suelta y ligera, capaz de acercarme hacia todas  las interrogantes y a todas las continuidades; escritura libre que, libremente, diga. Creo en la levedad necesaria de una escritura alada y fragmentaria que no tema ni a la errabundez ni al silencio; que nombre las palabras que he ido aprendiendo a decir en mi caminar, las que me acostumbré a pronunciar junto a las rutas recorridas, las que dibujé al lado de mis huellas y en medio de mis énfasis. Creo en una escritura incesantemente móvil; viajera como el pensamiento, jalonada de múltiples y efímeros hallazgos. Creo en una escritura de gestos suspendidos, de revelaciones perpetuadas en un diálogo interminable. Creo en una escritura convertida en hilo conductor de mi camino, que rehuya toda idea de conclusión; y que no pierda nunca su imaginario de larga cadena de significativos añadidos, de cambiantes comprensiones, de siempre renovadas convicciones”

    Destacar la importante figura de  Eugenio Montejo, en el ámbito latinoamericano, quien evoca el sensualismo, la poesía infantil.  Ganador del Premio Nacional de Literatura 1998.

    Todo estos últimos tres mencionados, con una notoria influencia de los españoles José Hierro,  Juan Ramón Jiménez y José Ángel Valente (inspiradores de la actual poesía venezolana).

    Guillermo Sucre: Nacido en Tumuremo-Venezuela, 1933. Poeta, Profesor de literatura hispanoamericana en diversas universidades, es autor de ensayos literarios (Borges, el poeta, 1967; La máscara, la transparencia, 1975) y poemarios (Mientras suceden los días, 1961; La mirada, 1970; En el verano cada palabra respira en el verano, 1976; Serpiente breve, 1977; La vastedad, 1990). Ha traducido a André Breton, Saint-John Perse, William Carlos Williams y Wallace Stevens.

    José Antonio Ramos Sucre, poeta venezolano, nació en Cumaná, estado Sucre el 09 de junio de 1890; murió en Ginebra el 13 de junio de 1930, “víctima de su propia soledad”.

    plumaOlvidado durante algún tiempo es reconocido y admirado internacionalmente a partir de la década de los cincuenta. “Los críticos de su época lo habían definido como un poeta cerebral, impermeable a las respiraciones de la vida, y por tanto, condenado a la creación de paisajes irreales o abstractos. Sus textos permitían adivinar, sin embargo, detrás de un sutil enmascaramiento, una historia de soledad, neurosis y desinteligencia con el medio.”

    “…Siempre será necesario que los cultores de la belleza y del bien, los consagrados por la desdicha se acojan al mudo asilo de la soledad, único refugio acaso de los que parecen de otra época, desconcertados por el progreso…”

    La búsqueda calmada de Carmen Verde en Mieles (2003), es la restauradora del bienestar interno, de la piel, de la poesía que se va estructurando en el tiempo. Autora de “Mieles.

    Así pues sigue esta tierra pariendo hombres y mujeres de letras, como dice la escritora Luisa Futoransky, argentina, sobre la poesía:

    “El pescador conoce de aparejos, sedales, tanzas,
    cañas, anzuelos y plomadas.
    El pescador sabe devolver al agua
    las palabras
    que no sirven”

    Venezuela es un país poblado de pescadores, definitivamente…Para terminar, existe actualmente un número bastante elevado de poetas, noveles, que están recorriendo el mundo y esta misma tierra, realizando trabajos interesantes, ya que debido al  escenario actual, se  da pie al movimiento de poesía social y antipoema. Trabajos interesantes se encuentran hoy día en la red, donde las fronteras han sucumbido, gracias a la tecnología. Ya no podemos hablar de nacionalidades, pues el poeta a mi criterio, es, ciudadano del mundo.

    Bibliografía y sitios Web de interés:

    http://artespoeticas.librodenotas.com/corrientes/
    http://members.tripod.com/analid/
    http://www.arteycolor.net/fundacion_chacao.htm
    http://www.cenal.gob.ve/agencia/pablo.htm
    http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/tiguerra.html
    http://aladecuervo.net/logogrifo/0510/sem1/chino_valera_mora.html

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Complementación pertinente y no pertinente. Prosa y Poesía

    El ser humano, para comunicarse, utiliza palabras, pero, como es bien sabido, estas palabras han de estar ordenadas según una norma. No es posible acumular una serie de palabras y pretender que signifiquen algo. Así, no podemos decir, por ejemplo:

    Debajo en unieron rojo mesas.

    Normalmente, las palabras se organizan según la estructura que denominamos frase. Así, podemos decir:

    La niña canta.

    Hemos utilizado un artículo, un nombre y un verbo. Se ha observado la norma sintáctica.

    Pero podemos hacer nuestra frase más concreta y especificar o determinar qué niña es la que canta. Para ello utilizamos los complementos del nombre.

    Y podríamos decir:

    La niña risueña canta. Se ha complementado el nombre “niña” con el adjetivo “risueña”. No nos referimos a cualquier niña, sino, precisamente a aquella que es risueña.

    O también:

    La niña del panadero canta. El complemento es ahora un grupo nominal.”del panadero”.

    También podríamos decir:

    La niña que está en el jardín canta. El complemento es una oración: “que está en el jardín”.

    También admiten la complementación los adjetivos, los adverbios y los verbos. Veamos ejemplos de ello:

    La niña siempre risueña canta. Se ha complementado el adjetivo “risueña” con el adverbio “siempre”
    La niña canta suavemente. Se ha complementado el verbo con un adverbio.
    La niña canta baladas a su madre por las tardes. Se han añadido un complemento directo (baladas), un complemento indirecto (a su madre) y un complemento circunstancial (por las tardes).

    Con estos ejemplos de complementación será suficiente para exponer la argumentación que se pretende realizar.

    Se van a escribir a continuación todas las frases que han sido citadas como ejemplo, precedidas de a), y, a continuación de cada una de ellas, otra análoga a la a), precedida de b).

    a)      La niña risueña canta
    b)      La niña verde canta

    a)      La niña del panadero canta
    b)      La niña de la parcialidad canta

    a)      La niña que está en el jardín canta
    b)      La niña que está en la bombilla canta

    a)      La niña siempre risueña canta
    b)      La niña lejos risueña canta

    a)      La niña conta suavemente
    b)      La niña canta habitablemente

    a)      La niña canta baladas a su madre por las tardes
    b)      La niña canta queso a su ceniza por los triángulos

    comple_pertinente_03Como se ve, en todas las frases, a) o b), se observa escrupulosamente la normativa sintáctica. En ninguna se coloca una conjunción como sujeto ni una preposición como complemento del nombre, etc. Pero en seguida advertimos que la complementación de las frases a) se ha realizado de una forma que la lógica no repudia, se ha realizado de una forma pertinente. En cambio, en las frases b), la complementación realizada no es pertinente. No se puede decir que una niña sea verde ni que canta queso, etc. La estructura sintáctica es correcta pero no así la estructura lógica de la lengua.

    Pero esta no pertinencia o “impertinencia” en la complementación es admisible si nos situamos, no ya en la prosa conceptual y genérica, no en el lenguaje denotativo, sino en la poesía, en el lenguaje connotativo, en el que la significación de las palabras está alterada de forma que el que percibe el discurso experimente una emoción.

    Esta complementación “impertinente”, que nos extrañaría e incluso nos contrariaría si la leyéramos en un libro científico o en la reseña periodística de un suceso, y que, en todo caso, si allí aparece, no entenderíamos en absoluto, esta “impertinencia”, decimos, cobra valor significativo en poesía. Y es porque, en poesía, la significación de las palabras se abre a todo un abanico de posibilidades, apertura que el contexto promueve.

    comple_pertinente_02En poesía, el contexto ―todo o, más frecuentemente, una parte de él, incluso una sola palabra― modifica algunos significados de forma que las palabras así modificadas pierden su carácter conceptual, objetivo, para adquirir una significación subjetiva, con la carga emotiva, sensorial, volitiva, afectiva, etc. que la subjetividad conlleva. Y es en esta modificación en donde reside el hecho poético.
    Veamos algunos ejemplos, sacados de poetas consagrados:

     y un horizonte de perros
    ladra muy lejos del río    

    (García Lorca)

    El nombre “horizonte” se complementa con un grupo nominal, “de perros”, al que “ladra muy lejos…” le confiere su significado. No es que el “horizonte” sea, objetivamente, conceptualmente, “de perros”, es que “allá, muy lejos, por el horizonte, se oye un ladrido de perros”, como diríamos con el lenguaje denotativo. Pero no solo el último entrecomillado es lo que percibimos de los versos citados: existe en nuestro ánimo una sensación de amplios espacios misteriosos, de paz y quietud campestre, de lentitud en el paso del tiempo, etc. Todo una compleja carga de valores emotivos que en la frase denotativa entrecomillada no existen.

    Apreciamos que el lector, al enfrentarse con algo que rompe la norma que, habitualmente, rije la lengua que él habla y que él oye y comprende, al encontrar que lo que oye o lee en el poema no está de acuerdo con esa norma, rapidísimamente vuelve a codificar el mensaje, pero ya con su carga emocional, con sus nuevas connotaciones. La mente del lector (u oyente) sigue dos pasos consecutivos: primero, el choque, la imposibilidad de comprender el mensaje con arreglo a “la norma” habitual; segundo, una nueva codificación del mensaje del que capta su recóndito significado connotativo. Y todo ello, acompañado de un sentimiento de placer estético.

    Veamos, más rápidamente, otros ejemplos:

    Palpita un mar de acero de olas grises     
    dentro los toscos murallones roidos         

    (A. Machado)

    El nombre “mar” tiene dos complementos nominales, uno impertinente (“de acero”) y otro pertinente (“de olas grises”). El lector advierte que el mar no puede ser de acero, pero, en seguida, advierte el verdadero significado, la connotación que nace de este complemento del nombre, que se refuerza con el segundo complemento: mar de aspecto metálico, duro, frío, violento, yermo, etc.

    Dientes de flores, cofia de rocío,
    manos de hierbas, tú, nodriza fina,
    tenme prestas las sábanas terrosas
    y el edredón de musgos escardados.         

    (Alfonsina Storni)

    Cuatro complementos del nombre impertinentes: Un adjetivo, “terrosas” y tres grupos nominales “de rocío”, “de hierbas” y “de musgos escardados”. Se advierte la gran densidad poética del fragmento. Como no es el caso de copiar el poema entero, bástenos decir que la poeta, antes de suicidarse (realmente se suicidó), habla con la tumba donde será sepultada (nodriza fina) enumerando sus circunstancias (flores, rocío, hierbas…). Todo es una continua metáfora.

    Nuestros cuerpos se comprenden cada vez más tristemente,
    pero yo amo esta púrpura desolada.
    Ah la flor negra de los dormitorios, ah las pastillas del amanecer.  

    (A. Gamoneda)

    Fácilmente, a estas alturas, se advierte lo que queremos destacar.

    Pero hay algo más que señalar. Y es que los complementos impertinentes pueden ser de dos clases. Para explicar esta clasificación, pongamos dos ejemplos de complementación no pertinente o, como hemos llamado aquí, “impertinente”:

    Palpita un mar de acero de olas grises
    Palpita un mar de horno de olas grises

    Vemos que, en la 1., el lector, al chocar con la “impertinencia” de “mar de acero”, codifica el mensaje sin atenerse a la norma usual y encuentra un significado subjetivo, como se expuso más arriba. Entonces, al placer estético de la “impertinencia, se une el placer estético de la aprehensión de la connotación. Se ha eludido satisfactoriamente el absurdo. Se ha llegado a la poesía.

    Pero en 2., al enfrentarse con la impertinencia “mar de horno”, se queda atascado, inmovilizado. Si en el contexto no hay nada que sugiera un significado impensable de “horno”, entonces un “mar de horno” no le sugiere nada. Solo siente el placer estético derivado de la “impertinencia” en sí misma. No puede eludir el absurdo. Solo es poesía si a priori se ha decidido unificar esta con el absurdo.

    Decía André Breton, padre del surrealismo: “La imagen más vigorosa es la que presenta un más alto grado de arbitrariedad”. Y se llegó a la escritura automática que, en la poesía española, se realizó, casi siempre, introduciendo subrepticiamente un cierto grado de control.

    Ha habido diversos intentos de dotar a la no pertinencia absurda de un valor poético en cuanto se admite como posible encontrar un nexo remoto entre el complemento y alguna connotación, si no inmediata, sí remota, recurriendo a complicados vericuetos psíquicos. (Léase, por ejemplo: Superrealismo Poético y Simbolización. Carlos Bousoño. Editorial Gredos.Madrid).

    Es de reseñar, antes de finalizar, que lo dicho para la complementación es válido igualmente para la predicación (La mesa es “navegante”. El perro está “sideral”, etc.) e, incluso, a toda la estructura oracional: “Verdes ideas incoloras duermen furiosamente” (Avram Noam Chomsky. Syntactic Structures.)

    Como conclusión a este artículo, solo añadiremos que, al final, y en cada caso, será el lector quien, con su bagaje psíquico individual e irrepetible, abriendo su sensibilidad al poema, responda con sinceridad a la omnipresente pregunta de ¿te ha emocionado?

    Jerónimo Muñoz Palma. Marzo, 2.008

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Poesía lárica: poesía del retorno

    La designación de una poesía lárica obedece a una corriente nacida en la segunda parte del Siglo XX en la geográfica zona sur de Chile. Tal denominación no tiene como objetivo normalizar un momento de la lírica chilena, sino designar una tendencia en la creación poética en la cual los poetas que la componen tienen ciertos factores estéticos y éticos que los aúna, todo lo anterior sin tener un acuerdo previo. Pero, para entender el verdadero valor de esta poesía, vale la pena resolver ciertas cosas, como qué significa la existencia de una poesía lárica, de dónde procede y cómo se identifican los poetas láricos.

    Jorge Teiller

    Jorge Teiller

    En primer término, debemos decir que la dimensión alcanzada por la poesía lárica es tan amplia que poetas con distintos estilos y visiones estéticas bien podrían ser reconocidos en esta vertiente. Entre quienes pueden ser llamados poetas láricos, según Jorge Teillier, fundador de esta denominación, existe un “rechazo a veces inconsciente a las ciudades, estas megápolis que desalojan el mundo natural y van aislando al hombre del seno de su verdadero mundo”. La poesía de los lares es, ante todo, una respuesta al desarraigo. El estar en el mundo de los poetas láricos no apunta a lo que a mediados del siglo pasado buscaban los poetas en desarrollo de la poesía chilena, quienes veían en el “desarraigo”, el viaje a Europa, un reniego, sin tener una base sólida de su propia cultura y tradición, desconociendo sus bases históricas y, por el contrario, prefiriendo las foráneas mientras existía ignorancia de las bases culturales de la sociedad por conocer. Estos, que buscaban el éxodo, tenían principalmente motivos de orden político o comercial, siendo parte de la pequeña burguesía chilena. Es en contra de esta postura que florece la poesía lárica, nace como una respuesta, como un reafirmar la tradición y la historia de la literatura chilena. Existe en los poetas de los lares, una búsqueda del medioambiente, una fusión con la naturaleza y un retorno a lo originario del hombre en contacto con el mundo, no como una experiencia meramente literaria, sino como una experiencia vital.

    Mitológicamente hablando, los lares son los dioses romanos encargados de velar en las encrucijadas y los recintos domésticos. Los romanos creían en la vida de ultratumba y pensaban que los lares o los amos pasaban a ser espíritus tutelares o protectores de la casa y de la familia. El término “lárico” es abanderado por el poeta Jorge Teillier, quien basa la denominación en una carta enviada por Rilke a Witold Hulewicz en 1925 después de finalizar su obra “Elegías de Duino”, donde insta a  valorar las cosas relativas a la propia tradición cultural que contienen en sí elementos familiares y que, a su vez, coexisten con las cosas pertenecientes a otras culturas que carecen de historia en este nuevo ambiente, principalmente los objetos hechos en serie por la masa exportadora mercantil. Al respecto, Rilke señala que “las cosas vividas y animadas, las cosas que comparten nuestro saber, decaen y no pueden ya ser sustituidas. Nosotros somos quizá los últimos que han conocido todavía semejantes cosas. En nosotros está la responsabilidad, no sólo de conservar su recuerdo (esto sería poco e inseguro), sino su valor humano y lárico (“Lárico” en sentido de las divinidades del hogar, los “lares”).”

    La poesía de los lares, no es una poesía exclusiva de un lugar geográfico, más bien, es una situación de contraste entre las grandes urbes con la ruralidad que lentamente desaparece. Es en esta ruralidad, donde las tradiciones de los pueblos se preservan o se borran junto a ellas, y es a estas tradiciones a las que el poeta lárico es sensible; sin embargo, la mirada lárica también puede potenciar de cierta forma la urbanidad con su progreso insaciable, pues esta representa una temporalidad que también se agota y se sustituye. Se enmarca al poeta lárico como hermano de los seres y las cosas, como un transeúnte de la cotidianeidad y, por tanto, el lenguaje poético de éste lleva impreso la vida cotidiana, rechazando un lenguaje brillante y efectista. Más bien, promueve el léxico basado en las cosas comunes, pero bajo un contexto poético novedoso que surge para el poema. Hay cierta búsqueda de una edad de oro, una edad perdida en el inconsciente colectivo que no sólo envuelve la perdida infancia sino, inclusive, el viejo paraíso terrenal; de esta manera los referentes son poetas como Serguei Esenin, Dylan Thomas, George Trakl, Gerard de Nerval, René Guy Cadou, Milosz, entre otros.

    El poeta lárico, en síntesis, busca mostrar la profunda realidad existente tras la vida cotidiana de su prójimo, la nostalgia por lo rural, por la infancia y la edad perdida; es un habitante del mundo, haciendo poesía para “amigos desconocidos”.

    Tres poetas láricos

     

    A un niño en un árbol
    Jorge Teillier (1935-1996)

    Eres el único habitante
    de una isla que sólo tú conoces,
    rodeada del oleaje del viento
    y del silencio rozado apenas
    por las alas de una lechuza.

    Ves un arado roto
    y una trilladora cuyo esqueleto
    permite un último relumbre del sol.
    Ves al verano convertido en un espantapájaros
    cuyas pesadillas angustian los sembrados.
    Ves la acequia en cuyo fondo tu amigo desaparecido
    toma el barco de papel que echaste a navegar.
    Ves al pueblo y los campos extendidos
    como las páginas del silabario
    donde un día sabrás que leíste la historia de la felicidad.

    El almacenero sale a cerrar los postigos.
    Las hijas del granjero encierran las gallinas.
    Ojos de extraños peces
    miran amenazantes desde el cielo.
    Hay que volver a tierra.
    Tu perro viene a saltos a encontrarte.
    Tu isla se hunde en el mar de la noche.

    Alberto Rubio

    Alberto Rubio

    Es el camino

    Alberto Rubio (1928 – 2002)

    Es el camino que condujo mi infancia.
    Aquí está el mismo cerco, allí las zarzamoras
    llenándose de polvo, allí la piedra agreste,
    y un niño fantasmal que eternamente sigue.

    Y el cabello camino verdea con el sauce,
    cayendo en hondonada sobre el pecho.

    Es el mismo camino. Allí está el horizonte
    viviendo de crepúsculo, siguiendo al mismo niño.
    Allí la zarzamora cubriéndose de polvo,
    mientras miran los álamos testigos en el cerco.

    Es el mismo crepúsculo adonde marcha el niño.
    Y más allá, la historia que comienza ahora…

    Rolando Cárdenas

    Rolando Cárdenas

    Regreso

    Rolando Cárdenas (1933-1990)

    Un día regresaremos a la ciudad perdida
    como las estaciones todos los años,
    como una sombra más en las tardes,
    preguntando por antepasados
    o por el río en cuyas aguas se quebraba el cielo.
    Será en invierno
    para revivir mejor los grandes fríos,
    para ver de nuevo
    el humo negro de los barcos cortando el aire,
    para escuchar en las noches
    los pequeños ruidos de la nieve.
    Nos sentaremos a la mesa como si tal cosa
    a probar el pan de otros días.
    Un pájaro que cruce por la ventana
    nos hará pensar en el bosque de pinos
    donde el viento se revolvía furioso.
    También preguntaremos por antiguos amigos
    pensando quizás en el rostro de alguna muchacha.
    Aún existirá el boliche
    donde se reunían viejos campesinos.
    Nos invitarán a beber y a conversar
    asuntos que nadie olvida.
    El tiempo no es más que regreso a otro tiempo.
    “Todos nos reuniremos alguna vez bajo tierra”.
    Alguien nos reconocerá a la vuelta de la esquina.
    Será como venir a saludar desde otra época.

    Bibliografía

    Teillier, Jorge. Boletín de la Universidad de Chile, Santiago, N°56 (05.), pp. 48-62, 1965.

    Traverso, Ana. Discusión del concepto de poesía lárica. Documentos Lingüísticos y Literarios 24-25: 63-70, 2001 – 2002.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El riesgo de ser mujer

    complementacion_pertinenteLa sociedad que nos ha tocado vivir, sin haber sido elegida por ninguno de nosotros, día por día nos sorprende alcanzando formas de expresión que nos desconciertan. Por ejemplo, los malos tratos son un fenómeno muy antiguo. Lo que resulta novedoso, es su denuncia como problema social, siendo este cada vez más complejo de entender incluso por los propios expertos.

    También es evidente que el fenómeno de la violencia siempre ha existido desde incluso antes de entrar a formar parte de esta sociedad, especialmente si se nace mujer, ya que la agresividad que se expresa sobre la mujer empieza incluso antes del nacimiento.

    En algunos países, con la practica de abortos selectivos según el sexo, o tras el nacimiento, cuando un padre al tener una hija puede matar a su bebe por ser una hembra. Todos los años, millones de niñas son sometidas a la mutilación de sus genitales. Una niña también tiene mayor probabilidad que sus hermanos de ser violada o agredida sexualmente por miembros de su familia, entorno más cercano o cualquier desconocido. Incluso en algunos países, cuando una mujer soltera o adolescente es violada, puede ser obligada a contraer matrimonio con su agresor, o ser culpada y encarcelada por haber cometido un acto delictivo. Ahora bien, es después del matrimonio, cuando sobreviene el mayor riesgo de violencia para una mujer, al habitar esta en su propio hogar, donde su esposo, puede golpearla, violarla e incluso matarla.

    dibujo_riesgo_mujerDe este modo, la violencia contra la mujer ha sido definida por las Naciones Unidas como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en el vida privada”.

    Y es precisamente en el ámbito privado, con la familia, con sus seres más queridos y cercanos donde mayor violencia puede llegar a vivir una mujer, por paradójico que pudiera parecernos. De hecho los hombres que son condenados por violencia hacia sus parejas, solo uno de cada cuatro, son también violentos fuera del ámbito privado. Una violencia que puede ejercerse en el ámbito físico, sexual o emocional.

    Según el instituto de la mujer en su última encuesta realizada, casi 4 de cada cien mujeres mayores de edad, se consideran a si mismas como maltratadas, pero por sus declaraciones, son casi diez de cada cien, las mujeres que deben considerarse técnicamente como maltratadas. Las recientes cifras sobre las denuncias presentadas en nuestro país por mujeres, superan ya las diez mil en lo que a delitos de violencia contra la mujer se refiere, disparándose esta cifra a más de treinta mil, si tomamos en cuenta las que pueden considerarse como faltas.

    riego_de_ser_mujer_2Ahora bien, si tomamos en cuenta las cifras sobre las mujeres que han muerto a manos de su pareja o ex pareja, observamos que es entre los treinta y los cuarenta años, donde mayor numero de victimas podemos encontrar, con un total de diecisiete muertes al fin de los noventa, y de más de veinticinco en el año que acabamos de dejar atrás, siendo el siguiente rango de edad con mayor numero de muertes el comprendido entre los veintiuno y los treinta años. Edades que lejos están de viejos acervos y arquetipos sobre la figura de la mujer en nuestra sociedad, y que en un principio nos hace pensar que esta no seria la razón única de su actuar.

    Han sido varios los intentos por trazar un perfil de la victima y del agresor, así como muchas las voces contrarias a este propósito, siendo una realidad poco concluyente. Cierto es que hasta no hace demasiado tiempo, eran muchos los que pensaban en un perfil que subyacente hacia a la mujer maltratada, mas vulnerable a la violencia, de lo que ya era sólo por ser mujer. En realidad la amplia mayoría de mujeres agredidas en cualquiera de sus formas generalmente, no tienen un historial psicológico anterior, siendo la mayor parte de sus problemas una consecuencia de esta situación, y no una causa.

    De este modo, sería el menoscabo producido en las mismas, lo que mejor podría definirlas, aisladas socialmente como una consecuencia de su situación y con un intervalo de entre cinco y diez años, para atreverse a descubrir su secreto mas amargo, que quizá por razones de precariedad económica y dependencia emocional, esperan años para denunciar la situación.

    En todos estos años se ha realizado un enorme trabajo por parte de administraciones, organismos, asociaciones y personas individuales para enfrentar una situación que, en muchas ocasiones, se presentan incluso antes de que la mujer llegue a nacer.  Pero, hasta este momento no se había realizado un esfuerzo decidido por enfrentar el reto que nuestra sociedad tenia con la mujer maltratada. Un ejercicio de responsabilidad y madurez que no tardaría en dar respuesta. El Instituto de la Mujer, los Centros de la Mujer , los Centros De Acogida, el Servicio de Atención a la Mujer en las comisarías de policía, los Centros Municipales de Información a la Mujer , Centros de Información y Asistencia a Mujeres Víctimas de Agresiones Sexuales, Juzgados específicos de violencia de genero y cientos de Asociaciones y Organizaciones de atención a la Mujer.

    Pasando el tiempo de las estadísticas y las cifras, faltaba aún un paso firme y decido hacia la madurez responsable de toda una sociedad, la ley integral de violencia de género y el tratamiento de los agresores. Si pensamos en los hombres violentos en el hogar, estos no constituyen una muestra homogénea. Ha habido intentos de establecer perfiles en función de múltiples variables sin conseguir resultados suficientemente satisfactorios.

    Probablemente una de las más conocidas es la ofrecida por Dutton y que se puede resumir en la presencia de tres perfiles.

    Uno cíclico o emocionalmente inestable, que suele presentar una intensa dependencia hacia sus parejas, al tiempo que se observa en ellos un temor irracional a ser absorbidos por estas. Pasan invariablemente por una etapa de acumulación de tensión, que finaliza con algún tipo de maltrato. El hipercontrolador, con un perfil de evitación y agresión pasiva, es un individuo que puede pasar inadvertido incluso para profesionales familiarizados con el problema de la violencia familiar. Su objetivo es obtener sumisión y obediencia de su mujer. Es minucioso, perfeccionista y dominante. Presenta unas ideas rígidas acerca de la división de roles, la educación de los hijos, etc. Se suelen observar dos subtipos, uno activo caracterizado por un exceso de control perfeccionista, y otro pasivo que suele vivir distanciado emocionalmente de la pareja.

    Y por ultimo el mas complejo de tratar y el que peor pronóstico tiene, el psicopático. Suele tener antecedentes penales y de violencia en otros contextos, generalmente no presenta sentimientos de culpa, lo que le convierte en extremadamente peligroso.

    Desde modelos más centrados en la terapia familiar, Simon y Shuster proponen otros dos tipos de maltratador que comparten rasgos y características con los anteriores.

    Uno definido como una cobra. Es muy probable que sea agresivo con todo el mundo, que no dependa emocionalmente de otra persona, pero insista en que su compañera debe hacer lo que él quiere siempre, propenso a amenazar con armas o cuchillos, y que se calma internamente según se vuelve agresivo. Es difícil tratarlo con terapia psicológica, posiblemente tenga antecedentes penales y con frecuencia abusan de las drogas o del alcohol, lo que le convierte en impredecible. Suele presentar características sociopaticas siendo frío y calculador. Su violencia surge de su necesidad patológica de salirse con la suya, ser el jefe siempre, y asegurarse de que todo el mundo (incluyendo su esposa), sepa que él es el jefe. Después de que su mujer ha sido físicamente maltratada y tiene miedo, a veces cesa este tipo de abuso y lo reemplaza con un constante maltrato psicológico, a través del cual le deja saber a su víctima, que el abuso físico podría continuar en cualquier momento. Todo un torturador.

    Y otro que descrito como un Pit bull, un hombre encantador y que a las demás personas les suele caer muy bien, excepto a sus parejas, celoso y con un intenso miedo de que lo abandonen, que priva a su esposa o novia de su independencia y reacciona violentamente durante una discusión. Es el que tiene un mayor potencial para el tratamiento. Su inseguridad y acentuado temor al abandono le convierten en un hombre susceptible y que fácilmente desarrollara celos sobre su pareja, motivo por el cual puede iniciarse todo el ciclo de la violencia y acumular tensión con facilidad al sentirse de continuo engañado.

    En general, no son enfermos mentales y, por ello, son responsables de sus conductas, pero, sin embargo, presentan limitaciones psicológicas importantes en el control de los impulsos, en el abuso de alcohol, en su sistema de creencias, en la autoestima, en las habilidades de comunicación y de solución de problemas, en el control de los celos.

    Muy bien estudiadas por los especialistas, principalmente el profesor Echeburúa. Así un maltratador, es aquel hombre que ejercen alguna de las formas de abuso (físico, psicológico, económico, sexual…) con su esposa o compañera, vulnerando su libertad y ocasionándole algún tipo de daño físico, psicológico, social, o económico… No obstante, es preferible utilizar términos más descriptivos, que no hagan referencia al “ser” sino a la “conducta”. Así hablamos de hombres que ejercen violencia familiar, violencia de género o violencia machista. En ocasiones, la violencia aparece asociada con la psicopatológica. Pero, en líneas generales, podemos afirmar sin dudas que el hombre que ejerce maltrato no es un enfermo mental.

    La cura que es un concepto eminentemente médico y ya que en su amplia mayoría no se trata de enfermos mentales, sino de conductas, creencias y actitudes que causan daño en otra persona, el abordaje exclusivamente judicial y policial de la violencia en el hogar resulta claramente insuficiente. Al poco tiempo éstos vuelven a constituir una nueva pareja y la violencia sólo se desplaza de una mujer a otra, por este motivo es tan necesario el tratamiento de estos hombres. Los estudios indican una media de siete años para poder hablar de una verdadera terapia a un maltratador. Algo que en muchos casos es inviable de cualquier modo.

    Bien es cierto, que son personalidades muy difíciles, tratamientos muy complejos, tiempos y recursos prolongados en el tiempo y que muchas veces vuelven a reincidir. En el Reino Unido el ministerio del interior dejo de financiar los recursos para la terapia de estas personas y decidió invertir el dinero en casas de acogida y el marcado electrónico de estos hombres. Ellos también sufren las consecuencias de su propia incapacidad para vivir una intimidad gratificante con sus parejas, como la perdida de la esposa e hijos en muchos de los casos, el aislamiento y deterioro interpersonal, el rechazo familiar y social y una dificultad para tomar conciencia del problema y por tanto para pedir ayuda. Volviendo a viejas dicotomías, tratamiento o medidas represivas.

    El hecho es, que tras padecer la violencia, muchas de estas mujeres terminan despersonalizadas, al mismo tiempo que generan dependencia de la persona que las maltrató. La sufren mujeres de todas las edades, grupos sociales, niveles económicos y culturales, sin diferencia de nacionalidad o religión. La gravedad de las secuelas, el alto coste social y económico, y en especial la degradación que produce la violación del derecho de las personas a ser tratadas como tales y al respeto que merece toda existencia humana, los convierten en una cuestión de gran relevancia pública.

    En la dinámica del maltrato se produce una perversión del vínculo en el que se establece un estado en el que agresor y victima terminan necesitándose. La víctima porque sola, siente que no es nadie y el miedo y la angustia la paralizan, y el maltratador, porque se siente que es alguien a través de la dominación que ejerce. Es muy frecuente que la situación de apego llegue a tal extremo que la víctima termina protegiendo y disculpando al maltratador.

    El resultado es un camino a través del cual, la víctima, va perdiendo la confianza en sí misma y la capacidad de respuesta, llegando a presentarse frecuentemente lesiones y secuelas psicológicas, que en unos casos pueden representar una situación limitada en el tiempo, como un cuadro de ansiedad reactiva a la situación vivida, que con el tratamiento adecuado desaparece y no quedan secuelas, mientras que ante situaciones traumáticas parecidas, hay casos en los que tras un periodo de tiempo considerable, el cuadro no ha desaparecido o incluso se ha agravado y por lo tanto será considerado como una secuela crónica que dejara un huella imborrable en lo mas intimo de la persona.

    Como secuelas mas frecuentes entre las mujeres que han sufrido violencia podemos encontrarnos con trastornos de angustia, respuestas de ansiedad, depresiones, fobias, trastornos psicosomáticos, por estrés postraumático y estrés agudo. También son habituales los trastornos adaptativos y en ocasiones disociativos, dificultades en el área de la sexualidad, menoscabo de la autoestima y la identidad. Perdida de confianza en si mismas, desconfianza, y retraimiento social. Todas estas formas de expresión del dolor de la mujer maltratada adquieren formas propias de expresión en funciones de la personalidad de la misma y seguirán su curso según los recursos y apoyos sociales con los que están dispongan. Aun si bien, la secuela mas grave de todas seria el intento de suicidio como llamada de auxilio al entorno o su consecución tras un haber tirado la toalla.
    Eloy González Arranz

    Psicólogo especialista en psicoterapia y psicología clínica, legal y forense.
    Especialista, acreditado por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.
    Presidente de la Asociación Internacional del Teléfono de la Esperanza de Valladolid.

    E-mail:  egarranz@cop.es

    LECTURAS RECOMENDADAS:

    Ley de Protección Integral contra la Violencia de Género:
    LEY ORGÁNICA 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.
    B.O.E. núm. 313, de 29 de diciembre de 2004.

    – Cosri, J. (1995). Violencia Masculina en la pareja. Buenos Aires. Paidos.
    – Echeburúa, E. (1996). Personalidades violentas. Madrid. Piramide.
    – Dutton, D.G. (1997). El Golpeador. Buenos Aires. Paidos.
    – Echeburúa, E y Corral, P. (1998). Manual de violencia familiar. Madrid. Siglo XXI.
    – Sarasúa, B. y Zubizarreta, I. (2000). Violencia en la pareja. Malaga. Editorial Aljibe.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El gusto hedonista y sensual francés en el crepúsculo del “Antiguo régimen”

    Artículo dividido en tres partes que iremos publicando, sucesivamente, en los próximos números.

    Primera parte.

    En su Ética a Eudemo, Aristóteles describe exactamente aquello que conocemos como experiencia estética, que él denomina, al igual que Pitágoras, “asumir una actitud de espectador”. Creemos realmente necesaria describir esta actitud tomando para esto las palabras de Tatarkiewicz1:

    “a) se trata de la experiencia de un placer intenso que se deriva de observar o escuchar, un placer tan intenso que puede resultarle al hombre difícil apartarse de él; b) esta experiencia produce la suspensión de la voluntad hasta tal punto que se encuentra, por decirlo así, ; c) la experiencia tiene varios grados de intensidad, resultando a veces ; sin embargo, en comparación con otros placeres que, cuando son excesivos, resultan repugnantes, nadie encuentra repugnante un exceso en este tipo de experiencia; d) la experiencia es característica del hombre y sólo de él; otras criaturas tiene sus placeres, pero estos se derivan más bien del gusto y del olfato que de la vista y la armonía percibida; e) la experiencia se origina en los sentidos, sin embargo no depende de su agudeza […] los animales no tienen este tipo de experiencia; f) este tipo de placer se origina en las mismas sensaciones […]: de lo que se trata es que las sensaciones puedan disfrutarse bien por sí mismas, o por las cosas con las que se asocia [….]”

    Al leer lo anteriormente citado nos podemos trasladar sugerentemente a la habitación de un hotel francés o a cualquiera de los salones parisinos de los cincuenta primeros años del siglo XVIII, en donde la belleza, la gracia y el buen gusto eran el primer paso para embriagar nuestros sentidos e inmiscuirnos en un lugar donde lo importante no era el contenido o el objeto individual y singular de la estancia (aunque hubiese un ávido consumo de piezas singulares) sino la sensación, la fascinación, el placer… que dicho espacio es capaz de proporcionar al individuo que vive sus días en un estado de abandono arrebatador constante. Ese abandono es preludio de lo que se avecinaba, reflejo de la sinrazón de un siglo en el que la razón empezaba a llamar a las puertas de toda la esfera intelectual.

    Curiosamente solemos ver el rococó como antítesis del neoclasicismo, y es cierto que ambos estilos en apariencia resultan diferentes, casi como si hubiese una fractura entre ambos. Debemos entender que durante el rococó seguía realizándose un arte académico que seguía fiel al clasicismo francés que era visto como un arte heredero de la antigüedad, el cual prácticamente pasa sin cesura hacia neoclasicismo. A pesar de los excesos, el rococó, es también un arte en el cual germinan las ideas ilustradas. No debe olvidarse que no sólo estaba dirigido a los aristócratas, sino también a la alta burguesía, y que el paso del reinado de Luis XIV a la Regencia supuso una relajación de las costumbres bastante inusitada, acercándose más a lo burgués que a lo cortesano. Las obras en las que los personajes aparecen en actitudes cotidianas o banales, resaltando sobre todo su lado humano, reflejan esta nueva cultura.

    Las actitudes son menos grandilocuentes, destaca el gesto leve, moderado y elegante, la insinuación constante de lo sensual. El amor se convierte en una escenificación permanente, en un juego galante donde los amantes pueden disfrutar plenamente de la complicidad y casi de la aceptación social. Es un juego muy antiguo que ha sido aceptado tanto en el ámbito masculino como en el femenino: es difícil saber si la infidelidad se convierte en el deporte nacional o lo era ya. Dice Montesquieu2: “A un marido que quisiera poseer él sólo a su mujer se le consideraba como un perturbador de la alegría pública y como un insensato que quisiera gozar él sólo de la luz del sol excluyendo a los demás hombres”. Esta sociedad se deja llevar por el amor sin pensar en las consecuencias. El hombre ha dejado a un lado la moral férrea y la etiqueta para disfrutar de todo aquello que exalta sus sentidos. Gusta de la conversación perspicaz, de los placeres de la mesa –no sólo la riqueza de los alimentos sino también del arte de una bella mesa (decorar la mesa con preciosas vajillas, cubiertos, copas, flores, centros de mesa…)–, la música superflua y melodiosa, la poesía ingeniosa, la decoración exquisita, los ropajes, las joyas, los perfumes, el maquillaje… todo constituye un placer y un arte. Es como si conservasen la exquisitez de la aristocracia y las costumbres burguesas más relajadas, pero con un toque elitista y diferenciador. Hay que tener en cuenta que al hablar de la sociedad rococó nos referimos a la realidad particular de un determinado sector social.

    Los espacios se vuelven más íntimos, no sólo por la complicidad y la relación de los individuos con el entorno, sino también por el tamaño, que es más reducido a lo ancho y lo alto. Las habitaciones anteriormente podían tener usos más diversos, eran polifuncionales, pero en esta época las necesidades de habitabilidad cambian y la disposición interior del espacio y su distribución se modifican.

    A finales del reinado de Luis XIV la corte abandona Versalles, donde queda un desolado y austero rey que mantendrá dicha actitud hasta su muerte. La aristocracia se traslada a Paris y adopta un modo de vida más burgués, adoptando como vivienda los hoteles pequeños, pero exquisitos, más íntimos que la corte. Cuando el duque de Orleáns toma la regencia del futuro delfín Luis XV, se traslada al Louvre y comienza una nueva etapa llena de alegría, frivolidad y despreocupación, ocupándose más bien poco de sus funciones como gobernante en funciones.

    El regente promueve este nuevo estilo aunque, no obstante, el traslado de la aristocracia de Versalles a Paris hace que el hombre adopte per se esta nueva actitud, una nueva manera de conocer y aprehender el mundo, la influencia de la burguesía, la universidad, los intelectuales, el caos propio de la ciudad, la desnaturalización… reflejada también en el arte.

    Kant frente a la estética de lo placentero

    Podríamos citar a muchos escritores que critican y censuran este arte, empero resulta interesante centrarse en Kant como filósofo coetáneo a dicho gusto, de gran influencia en el arte y la teoría del arte posterior, como crítico mordaz de este periodo o más bien de este arte, destacado sobre todo en la teoría de la vanguardias hasta los 1970 aproximadamente.

    Kant define su juicio del gusto como un juicio desinteresado, subjetivo y universal. Se opone al gusto sensual, placentero y embriagador del rococó, posicionándose como seguidor de la forma, el dibujo y de todo arte que no engañe a los sentidos ni a la razón, cuyo fin sea cultural y no placentero.

    Su idea de la belleza tiene ciertas concomitancias con la idea de belleza en la antigüedad puesto que ésta es capaz de acercarnos a la idea, es agradable por tanto para el intelecto, un placer diríamos espiritual, no sensorial, de ahí que prefiera la poesía de los antiguos frente a la de sus contemporáneos, que es demasiado ingeniosa y artificiosa. La música es para él casi un arte maldito, ya que está destinado al placer sensorial y efímero. La única melodía un tanto respetable sería la vocal por sus relaciones con la poesía. Intenta acercar el juicio moral y el juicio estético basándose en el concepto de belleza como bien moral.

    Rosario Assunto3 explica cómo para Kant en el rococó las Bellas Artes se confunden de las Artes placenteras, puesto que éstas han caído de su pedestal para estar al servicio del placer y la gracia. El cuadro es todo el ambiente, que es “más grande y omnipresente”; con sus propias palabras Kant describe el ambiente como:

    Un jardín con las más variopintas clases de flores, un cuarto con toda clase de adornos (incluidos los abalorios propios de las damas), constituyen, una fiesta suntuosa, una especie de cuadro, que como los cuadros propiamente dichos, están ahí sólo para ser mirados, para entretener la imaginación en libre juego con las ideas y ocupar el juicio estético sin un fin determinado4.

    Esto supone para Kant la caída en lo mundano del arte, aunque más bien lo que propugnaba es aquello que posteriormente vitoreará el surrealismo: la unión arte-vida. En el cuadro de ambiente rococó no hay separación ninguna entre las artes y la escenificación que la persona lleva a cabo en este espacio, donde reina la apariencia y lo teatral. Tal circunstancia es posible gracias a la relajación de la moral y las costumbres, y unos nuevos planteamientos vitales, donde el individuo busca un estado constantemente embriagador que le separe del mundo, mostrándole sólo aquello que le es amable, placentero, superfluo y sensual. Eros anda suelto con sus flechas y todos desean ser apuntados por él.

    No obstante es una estetización de la vida que el individuo contemporáneo fácilmente debe entender puesto que en nuestra sociedad todos los objetos son bellos independientemente de su función, las imágenes que nuestro mundo proyecta son bellas pero, al igual que en el rococó, están vacías: su único fin es vender, prometiéndonos placer, anestesia para nuestros males. Al igual que en el rococó, mientras que el mundo muere de hambre, nosotros nos cegamos al placer de los sentidos y del consumo de objetos atractivos y llenos de gracia. A nuestra era se le denomina en muchas ocasiones neobarroca, pero podríamos decir también, o más bien, neorococó, ya que, al igual que aconteciera en aquel ayer, el contenido moral ha desaparecido de nuestras vidas.


    1  TATARKIEWICZ, W.: Historia de seis ideas. Arte, belleza, forma, creatividad, mimesis, experiencia estética, Madrid, Tecnos, 1990, págs. 352-353.
    2  VIÑAMATA, A.: El rococó, arte y vida en la primera mitad del siglo XVIII, Barcelona, Montesinos, 1987, pág. 17.
    3  ASSUNTO, R.: Naturaleza y razón en la estética del setecientos, Madrid, Visor, 1989, págs. 107-111.
    4  Íbidem, pág. 109.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La soledad

    Dulce y amarga, fértil y árida, ella es la única capaz de encender un diálogo con nosotros mismos, de revelarnos las respuestas de lo no preguntado.

    soledad_02Existe una increíble contradicción dentro de la propia soledad, una fuerza ambivalente que abre y cierra sueños al compás de la psique.

    Alejándonos de todo, abrimos un paréntesis dentro de la realidad, un espacio de tiempo donde nada es absoluto, donde la razón se multiplica.

    Las dudas llegan y hacen o deshacen todo lo que creíamos dormido, el mundo se convierte en un pequeño espacio donde el pensamiento toma su lugar privilegiado y ofrece, muchas veces, una “espiritualidad” espontánea.

    Las diferencias estriban en la capacidad para entrar y salir de ella, ser conscientes de esa adicción que produce el sentirse plenamente comprendido, una compleja sencillez que circunda cualquier pensamiento, por pequeño que sea.

    La soledad social se traduce en una meditada incomprensión que va provocando poco a poco una ausencia de libertad dañina e irreal; esta,  nutrida emocionalmente, da paso a una introspección tan profunda como estéril, pues va dejando al desaliento comiendo de su propia memoria.

    Pero hay otros lugares donde la soledad emerge como oxígeno en medio del océano consciente, una huida, una búsqueda interior donde posiblemente se encuentra uno de los tesoros más valiosos de la humanidad.

    soledad_01Así, la soledad puede llevar consigo una salvación o una condena, el aire más amable o la más dura contaminación  para una mente dispuesta a entregarse por entero.

    El ser humano necesita de esa soledad, gracias a ella y a la meditación que sujeta su nombre, existe la vida en común.

    Seguramente existe también un equilibrio que sujeta los hilos de la personalidad, algo que no se puede medir pero que inconscientemente presentimos.

    Escribir y leer es arrastrar la soledad hasta el lugar exacto, es transformar la palabra en un puente para tu propio paso, seguro o peligroso, pero abierto para trazar una  ruta de ida y vuelta.

    Palabra  y soledad unidas para mostrarnos el camino del pensamiento útil, el lugar donde enterraron el más preciado tesoro.
    Luis Oroz.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Un paseo por el agua

    Fernando Fernández-Polanco

    Fernando Fernández-Polanco

    En la era de la alta tecnología electrónica, los gestos de abrir un grifo y ver salir agua potable, o de “tirar de la cadena” y que nuestros excrementos desaparezcan, son tan elementales y cotidianos que han perdido toda su magia. Sólo cuando una avería en el suministro inutiliza el servicio, comprobamos lo difícil que es vivir sin agua de calidad fácilmente accesible.

    Para centrar la importancia capital del agua como sustancia que controla la vida en la tierra, empecemos recordando que ningún organismo puede desarrollarse sin agua. En nuestra escala humana resulta evidente que podemos sobrevivir unos minutos sin aire, unos días sin agua, unas semanas sin alimento y unos años sin ordenador o televisión.

    agua_01Otro aspecto aún más importante se revela al considerar que el 80% de nuestro cuerpo es agua y que el componente mayoritario de los alimentos es también agua. No es de extrañar que, consciente o inconscientemente, toda la actividad humana haya girado en torno al agua.

    Además, no puede olvidarse que, a pesar del desarrollo tecnológico, el agua continúa siendo el principal vector de transmisión de enfermedades mortales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más del 40% de las defunciones por malaria y cerca del 94% de las provocadas por enfermedades diarreicas ―dos de las principales causas de mortalidad infantil― podrían evitarse mejorando la gestión del agua.

    Recordemos que la mayor parte del agua que bebemos se elimina del cuerpo humano en forma de orina y heces, que constituyen uno de los principales focos de contaminación de las aguas naturales. No es de extrañar que la gestión de las aguas residuales haya constituido, a lo largo de la historia, un importante problema social.

    UN POCO DE HISTORIA

    Uno de los grandes hitos de la evolución humana es el paso de la vida nómada a la sedentaria. En cualquier época y lugar del planeta los asentamientos estables se han realizado junto a fuentes de agua de calidad y en múltiples ocasiones el crecimiento de los núcleos urbanos ha estado limitado por la cantidad y calidad del agua disponible, tanto para uso directo como para la producción de alimentos. No en vano las primeras grandes civilizaciones se asocian al nombre de los grandes ríos, Eufrates, Tigris y Nilo, junto a los que se asentaron.

    Tomando Babilonia como primera referencia histórica de nuestro paseo, los restos arqueológicos indican que el agua se transportaba manualmente desde el río, en cántaros de arcilla y se acumulaba en grandes vasijas del mismo material. Aunque ya existía una especie de jabón hecho a base de cenizas (álcali) y plantas aceitosas, parece evidente que Nabucodonosor no podía ducharse, sino que sus esclavos le “regaban” con cántaros de agua para eliminar el “jabón”.

    La principal huella de la civilización cretense es el Palacio de Knossos, en el que ya se encuentran conductos cerámicos cuya misión es conducir el agua de lluvia que se recoge en los tejados hasta cisternas de almacenamiento. También aquí se encuentran los restos de la primera letrina con asiento de madera y depósito de agua, en la que las deyecciones humanas se evacuan con agua corriente y se conducen hasta el río.

    agua_03Paseando ahora por el antiguo Egipto, encontraremos algunos aspectos de notable interés. En primer lugar y para el agua de bebida se comprueba la pericia de los egipcios para perforar pozos profundos que proveen de agua de excelente calidad. Así, el llamado “Pozo de José” construido junto a la pirámide de Gizeh, tiene una profundidad de casi100 m, excavados en al roca. Otro aspecto significativo es el empleo de los primeros ingenios mecánicos para facilitar la subida del agua hasta las zonas de consumo. La noria o “rueda egipcia”, formada por potes cerámicos solidarios a una cadena que gira movida por tracción animal, supuso un importante avance tecnológico.

    En los palacios y viviendas ricas se encuentran “cuartos de baño” formados por una esquina con suelo de piedra, en la que el dueño era “duchado” a cantaros por sus esclavos, mientras el agua corría por un canal cavado en el suelo hasta una poceta que era vaciada manualmente. El rito del baño estaba tan presente en la vida diaria de las clases dominantes que en algunas tumbas de reyes, junto a los elementos cotidianos que permitirían el nuevo estado de vida: alimento, bebida, prendas de abrigo y armas de caza, se han descubierto “cuartos de baño”.   En estas tumbas de más de 4.500 años de antigüedad, se han descubierto nichos de piedra con orificios de salida del agua cerrados con tapones de plomo y conectados a tubos de cobre que permitían su desagüe.

    Aunque como en muchas otras áreas la cultura romana es heredera de la tradición helénica, la ingeniería del agua se asocia al desarrollo de la sociedad romana.

    Dos hitos históricos han quedado en la memoria colectiva, los acueductos y las cloacas.

    El acueducto “conducción de agua” es conocido desde antiguo como sistema para llevar el agua desde lugares elevados hasta otros situados a cotas inferiores. En función del carácter de plaza fuerte, periódicamente sitiada, algunas ciudades de la antigüedad utilizan, como en la actualidad, conducciones enterradas fuera de la vista del enemigo. Los romanos capaces de mantener épocas de paz más dilatas, recurren a los acueductos para salvar las depresiones del terreno y conducir el agua hasta las fuentes de las ciudades. El acueducto de Segovia es un esplendido ejemplo de conjunción de ingeniería civil utilitaria y diseño artístico, con belleza plástica mantenida a lo largo de los siglos.

    La cloaca como gran avance de la ingeniería sanitaria romana mantiene su vigencia, de forma que los actuales sistemas de alcantarillado son conceptualmente idénticos a las cloacas romanas.

    Desde la óptica del suministro y evacuación del agua, tras mas de cuarenta siglos de historia, la situación en las postrimerías de la edad moderna, es desoladora, el agua es directamente captada en pozos o conducida hasta las fuentes públicas y desde allí transportada manualmente a las viviendas, desde las que el agua residual, sin ningún tipo de tratamiento, se vierte a los cauces naturales, con los consiguientes problemas sanitarios.

    LA CALIDAD DEL AGUA DE CONSUMO

    En este sentido la problemática del agua no se relaciona únicamente con la cantidad disponible, sino con su calidad, en particular cuando hablamos de agua de boca. Así, el deseo de disponer de agua “inodora, incolora e insípida” es tan antiguo como el hombre y en todos los periodos históricos existen evidencias de que se tomaban medidas para disponer de agua agradable y segura.

    agua_02En el Sus’ruta Samhita (2000 a .d.C) se indica que “el agua tiene que ser hervida al fuego o calentada al sol o sumergiendo un hierro  caliente o purificada por filtración a través de grava y arena”. En grabados encontrados en las tumbas de Amenophis II y Ramses II se representa un equipo de clarificación del agua contenida en vasijas elevadas, donde los sólidos sedimentaban y el agua clarificada era vertida mediante un sifón a un recipiente colocado en el suelo. En diferentes épocas y lugares se han utilizado diversos materiales filtrantes y adsorbentes para eliminar partículas sólidas y sustancias que confieren olor y sabor al agua.

    Aproximándonos a la revolución industrial, en 1703 el científico francés La Hire presentó su plan a la Academia de Ciencias Francesa, proponiendo que cada casa tuviese un filtro de arena y una cisterna cerrada para recoger el agua de lluvia, pero deben pasar casi cien años hasta que en Escocia se instale la primera planta de tratamiento mediante filtros concéntricos de grava y arena, aunque el agua se seguía transportando en carro de caballos. En 1804 Glasgow es una de las primeras ciudades en conducir el agua tratada hasta los domicilios mediante tuberías. Comienza, en los países industrializados, la era del agua corriente, que no se generaliza hasta bien mediado el siglo XIX y que pone fin a una de las rutinas domesticas mas penosas: “ir por agua a la fuente”, ahora basta abrir un grifo para tener agua abundante y segura.

    EL TRATAMIENTO DE AGUAS RESIDUALES

    agua_04Volviendo a las aguas fecales, la evolución durante siglos fue prácticamente nula; en nuestro Siglo de Oro los vecinos al grito de “agua va” vacían sus orinales directamente a la calle, que en el mejor de los casos tiene un albañal central que facilita la evacuación hasta el arroyo más próximo. El redescubrimiento y reimplantación de la cloaca romana esconde el problema, la superficie de las calles queda limpia, pero por sus entrañas circulan heces y orines que siguen vertiéndose a los ríos y arroyos.

    No es hasta 1860 que el francés Mouras propone la construcción de las primeras fosas sépticas, capaces de retener gran parte de la materia en suspensión, eliminando del agua parte de la carga contaminante, pero manteniendo la materia no sedimentable y la soluble.

    El mayor avance para tratar estas fracciones remanentes, es la aplicación de sistemas biológicos, cuyo origen es la intensificación de los procesos de autodepuración natural que ocurren en los ríos.

    Para los observadores avispados existía la evidencia de que, a suficiente distancia de un vertido urbano, el río volvía a recuperar unas condiciones razonables; en consecuencia, algún mecanismo natural se encargaba de destruir la contaminación. Con el desarrollo empírico de la microbiología se llega determinar que muchos microorganismos presentes en los cursos de agua son capaces de “alimentarse” metabolizando la materia orgánica, transformándola en dióxido de carbono y en nuevos microorganismos. El secreto de la transformación radica en la necesidad de disponer de suficiente oxígeno para mantener ese metabolismo; si el agua residual se airea en un depósito los microorganismos crecen “comiendo” la contaminación. La nueva era de los procesos biológicos de tratamiento está servida.

    Como punto final y con una mirada optimista hacia el futuro, nuestro gran reto socio-económico es la reutilización del agua. Piensa que de los más de 100 litros diarios que utilizas, menos de uno es realmente consumido, el resto continúa siendo agua, sucia, pero agua.

    Fernando Fernández-Polanco

    Catedrático de Ingeniería Química de la Universidad de Valladolid.
    Experto en tratamientos anaeróbicos de aguas residuales.
    Experto en proyectos de investigación sobre la gestión del agua.
    Ex Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid.

    LECTURAS RECOMENDADAS:

    EL AGUA Y LA TIERRA (LA HIDROTECTONICA)
    de SOLER LICERAS, CARLOS
    COLEGIO DE INGENIEROS DE CAMINOS, CANALES Y PUERTOS. Año de edición: 2005
    Plaza edición: MADRID

    PROYECTOS DE PLANTAS DE TRATAMIENTO DE AGUAS: AGUAS DE PROCESO, R ESIDUALES Y DE REFRIGERACION
    de ISLA DE JUANA, RICARDO  Año de edición: 2005  Plaza edición: MADRID

    GESTION SOSTENIBLE DEL AGUA Y EVALUACION DE IMPACTO AMBIENTAL DE OBRAS HIDRAULICAS
    de MELLADO RUIZ, LORENZO
    EDITORIAL COMARES  Año de edición: 2004 Plaza edición: GRANADA

    EL AGUA QUE NO DUERME: FUNDAMENTOS DE LA ARQUEOLOGIA HIDRAULICA A NDALUSI
    de BARCELO, MIQUEL y KIRCHNER, HELENA y NAVARRO, CARMEN
    FUNDACION EL LEGADO ANDALUSI Año de edición: 1996  Plaza edición: GRANADA

    LOS ROMANOS Y EL AGUA: LA CULTURA DEL AGUA EN LA ROMA ANTIGUA
    de MALISSARD, ALAIN
    EDITORIAL HERDER, S.A.  Año de edición: 1996  Plaza edición: BARCELONA

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La imaginación creadora

    200107Existe la capacidad de crear una realidad alternativa que se sustenta en el universo del instante, un universo infinito donde podemos descubrir nuevas galaxias cada día.
    Una serie de factores se mezclan en un cóctel de silencio,  surge así la fantasía, una  creatividad tan innata como asombrosa.

    La imaginación es algo inherente al ser humano, pero ha de producirse una pérdida sutil de la conciencia para que ésta pueda manifestarse libremente.
    ¡Quién no ha escapado alguna vez del peso de su cuerpo, y se ha visto besando una parte de la memoria!
    El arte, en todas sus expresiones, tiene también en la imaginación su mejor aliado, aunque el artista base su obra en una realidad palpable, es capaz de transformarla y dotarla de esa unicidad que necesita para ser especial.
    En otras formas de arte el concepto imaginativo puede ser diferente, la creatividad fluye desde un prisma instantáneo.
    La imposibilidad de imaginar en el momento, por ejemplo, de la creación poética, hace  que el grado de inventiva tenga que ver con un cúmulo de sensaciones, muchas veces ligadas a un tiempo previo de imaginación.
    El mundo, tal y como hoy lo concebimos, se empeña en despojarnos de ese don,
    tendemos a quitar importancia a lo impalpable, a dejar el peso del aprendizaje de los niños sobre un montón de libros, necesarios pero frágiles.

    gronxadorLa imaginación nace de una necesidad, de un vacío sujeto al pensamiento y que se irá llenando con las experiencias de la vida.
    Tal vez este es el motivo por el cual los niños son los grandes portadores de ese talento.
    Es precisamente en la infancia donde se abren inconscientemente las puertas de la imaginación y el niño hace de esa ficción una realidad indispensable.

    El poder seductor de lo desconocido, o de lo conocido y difícilmente expresable se manifiesta en la poesía de una forma inequívoca, una realidad fingida o no, pero transformada y servida, en palabras, a nuevas imaginaciones.

    Fomentar el universo de la ilógica puede crear, con el tiempo, una lógica aplastante.
    Tal vez los genios cimentaron su éxito en el aire, para construir el más sólido de los conocimientos.

    Imaginar es convertirse en Dios, un creador de futuros imperfectos.
    Luis Oroz. 

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La poesía colombiana, hoy más vigente que nunca

    José Asunción Silva

    José Asunción Silva

    En Colombia, más exactamente en su capital, Bogotá, se creó hace 21 años un verdadero monumento a la poesía colombiana llamado: “La Casa de Poesía Silva”. Este hermoso lugar, que además, se encuentra en el centro de la ciudad, rodeado de todas aquellas primeras construcciones, realizadas por colonizadores españoles. Lleva el nombre del famoso poeta Colombiano José Asunción Silva, quien falleció  el 23 de mayo de 1896 a la edad de 30 años. Silva se suicidó, dejando una carta para que no se culpara a nadie de su muerte.

    Esta fue la primera casa de poesía que se abrió en el ámbito de la lengua española y  fue fundada el 24 de mayo de 1986 por Belisario Betancur, entonces Presidente de la República. Su actual director es el abogado y escritor Pedro Alejo Gómez.

    La Casa de Poesía Silva, es una fundación privada sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es facilitar y propiciar el estudio, conocimiento y goce de la poesía de todos los tiempos y países. En la actualidad, no sólo es refugio de viejos poetas, además es semillero de futuros artistas de la palabra.

    Colombia es tierra fértil de poetas, y para conocer su esencia, debe caminarse por los pasillos que exaltan a estos hombres y mujeres que hoy tienen un lugar especial en nuestro país, donde son recordados, admirados y disfrutados por los amantes de las rimas y los versos.

    La Casa de Poesía Silva

    La Casa de Poesía Silva

    Además de la Casa Silva, existen otros lugares de máxima expresión poética en Colombia. Uno de ellos se encuentra muy cerca de la Casa de Poesía, y es la  Fundación Pombo, donde las familias se reúnen para leer. Dicha fundación lleva el nombre de Rafael Pombo (1833–1912), famoso por sus fábulas y, según la intelectualidad nacional, el poeta colombiano más respetado de todos los tiempos.

    Las fabulas de Pombo, conocidas por todos los colombianos y lectura obligada para los estudiantes de Primaria. Dedica gran parte de su obra a los niños. También se le conoce como el poeta más romántico de Colombia.

    Desde 1991, Medellín (Colombia) ha sido sede del Festival Internacional de Poesía. Por regla general, dicho encuentro se ha celebrado en el mes de junio. En el 2004, más de 70 poetas provenientes de 52 países, figuraron en la lista de participantes, y los visitantes se contaron por miles.

    En la vigésima Feria Internacional del Libro en Bogotá, que se efectuó en abril de 2007, la revista colombiana ULTRIKA, entregó el premio “Ciudad de Bogotá”, y se reunieron poetas de varios países como: Argentina, Austria, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Italia, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Suiza, Venezuela y Colombia.

    El programa incluyó lectura de poesías, presentación de obras y entrega de distinciones a poetas, entre ellos el colombiano Juan Gustavo Cobo Borda.

    Entre los invitados estuvieron: Jorge Ariel Madrazzo y Marcos Silber, de Argentina; Wolfgang Ratz, de Austria ; Martha Gantier, de Bolivia; José María Zonta, de Costa Rica; Pablo Armando Fernández y Alberto Rodríguez Tosca, de Cuba; Edwin Madrid, de Ecuador; y Craig Arnold, de Estados Unidos.

    También Guadalupe Grande y Fernando de Villena, de España; Carlos López, de Guatemala; Rigoberto Paredes, de Honduras; Margarita Cuellar, de México; Francisco Ruiz Udiel, de Nicaragua; Pedro Rivera, de Panamá; Luis La Hoz, de Perú; y Adriano González León, de Venezuela.

    Entre otros poetas colombianos destacados tenemos a León de Greiff (1895–1976) quien fue famoso innovador a la hora de usar la palabra, la ironía, las reflexiones filosóficas y el humor en la poesía.

    Fernando Charry Lara (1920-2004), el último de los poetas clásicos de Colombia, se abrió camino hacia el interior de los anales de la poesía colombiana por medio de un trabajo compuesto por 35 poemas. Su primer libro, Nocturnos y otros sueños, fue publicado en 1949, con prólogo escrito por Vicente Aleixandre quien, más tarde, en 1977, ganara el Premio Nobel de Literatura.

    Los poetas colombianos, viven para siempre y son queridos eternamente. Sus letras, versos, y literatura en general no sólo quedan grabados en los libros, sino también en lápidas y  parques que llevan su nombre; así como avenidas, museos, bibliotecas y, principalmente,  en el corazón de la gente colombiana que ama la literatura y  la poesía.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Breve aproximación a la poesía andina

    El tema de la posibilidad de una Cultura Americana es un tema impuesto por nuestro tiempo, por la circunstancia histórica en que nos encontramos, indicó el filósofo mexicano Leopoldo Zea. La búsqueda de una identidad propia fue una de las problemáticas que el mundo americano debió enfrentar, principalmente en el Siglo XX. Pero, ¿de qué forma esta búsqueda se hizo patente en Latinoamérica?, ¿de qué maneras la cuestión de la identidad se ha visto reflejada en la actual poesía latinoamericana?

    benjaminLa unidad geográfica que produce la Cordillera de los Andes da a luz un sistema de vida que resulta interesante desde tiempos precolombinos y, por ello, es relevante analizar algunos hechos y algunas características de lo que se ha denominado “Poesía Andina”. En primera instancia, es importante señalar que esta poesía obedece a una estética directamente relacionada con lo social, cultural y político del contexto andino. Por otro lado, es interesante que esta cultura, mestiza e indígena moderna, posee una identidad que va más allá de lo que lo indígena en sí pudiera abarcar, pues en la actualidad acepta una transculturización que propone nuevos elementos en relación a lo directamente andino. En cuanto al léxico, la denominación no obedece al uso directo de la lengua aymara, quechua o a algún dialecto; más bien, postula a una lengua que integra la tradición hispánica con la tradición vernácula, que da a lugar una escritura polifónica, de resistencia, doble y marginal, reiterativa e híbrida, que se manifiesta, especialmente, por medio de la tradición oral, pues, además, tiene entre sus características una riqueza musical que bien puede ser cantada.

    El punto medio entre silencio y lenguaje, que consigue la poesía, se ve fuertemente ligado a la pérdida de un idioma originario en el trabajo de los poetas andinos. Existe una suerte de revolución y de búsqueda en la orfandad lingüística, que conmueve profundamente. En este sentido, hay cierta similitud con el surrealismo, pues, en medio del juego lingüístico, se produce una profunda conexión con el plano psíquico.

    Sin duda, en la voz de los más universales poetas de Latinoamérica, existe una poesía andina. Casi en un diálogo poético, Gabriela Mistral desarrolla una poesía utilizando características geográficas y lingüísticas relacionadas con las culturas andinas; su libro más representativo, Tala, y toda su obra están basados en referentes de esta índole, llegando incluso a desarrollar en su libro póstumo, “Poema de Chile”, un diálogo poético en el cual interviene un niño indígena, Diaguita, a través de los diferentes poemas que componen la obra. Hjalmar Gullberg, secretario de la Academia Sueca, en su discurso de entrega del Premio Nobel de Literatura, indicó sobre Mistral: “expresa la calma cósmica que envuelve a la tierra sudamericana, cuyo aroma llega hasta nosotros”   Por su parte, Neruda reivindica el mundo andino y, en Canto General, crea una de las poéticas más ancestrales con Alturas de Machu Picchu. La Academia Sueca, al momento del reconocimiento, calificó su obra de “poesía, que, con el efecto de una fuerza natural, hace revivir el destino y los sueños de un continente”. Desde el Perú, César Vallejo levanta una poesía que es más que una identificación con la problemática peruana de su época relacionada con el indigenismo; es así como, en los Heraldos Negros, su voz se devela desde el espíritu aborigen que en la mixtura llevaba. En Oliverio Girondo, la construcción musical de su obra tiene un fuerte acercamiento al mundo andino, que bien nos acerca a otra cuestión importante, como el plano rítmico de esta escritura. En todos los poetas más representativos de Latinoamérica es posible encontrar rasgos de esta escritura, pero ¿qué hay de los poetas actuales?.

    Resulta necesario hacer un recuento de la Poesía Andina de la actualidad, y conocer y reconocer la voz de los poetas más relevantes en este ámbito, desde la poesía de Zurita, cantando en el dolor de los Andes algún poema en quechua, o la ternura y conmoción de Juan García Ro a su abuela indígena y “la yaraví de la amada ausente/ doliendo en el pecho herido”; o, por otro lado, la voz del atacameño Volantines preguntándose “los fameñandúes ¿qué son?”; y casi respondiéndole, desde Bolivia, Ramiro Quiroga señala: “mientras el asombro de los flamencos/ se recorta en los rojos ponientes”. En Perú, el trabajo de Gloria Mendoza Borda se ha ido potenciando como la voz femenina más relevante de la poesía andina; indica en su libro Q’antati deshojando margaritas: “hay palabras/ que me brincan/ y que no son mías/ qolilita/ soy aymara enceguecida/ soy quechua en nombre de Micaela”. Por el lado argentino de la cordillera, el poeta Jorge Leonidas Escudero se descubre en su entorno andino: “Aquí anduvo un tozudo hombre buscando/ en esta altivez de los cerros sanjuaninos”.

    La poesía andina, guarda una tradición por descubrir, un idioma en creación, un nombre en las poéticas del mundo que debe ser difundido. Hay en ésta poesía sangre e historia, dando paso a una liberación lingüística, a un enriquecimiento de la herencia cultural a partir del contexto y del descubrimiento de un pensamiento propio, de una poesía andina.

    Bibliografía
    Huamán, Miguel Ángel. Frontera de la escritura. Discurso y utopía en Churata. Lima, Editorial Horizonte, 1994.
    Zea, Leopoldo. En torno a una filosofía latinoamericana. Cuadernos Americanos 3 (mayo-junio 1942): 63-78. México, 1942.
    Churata, Gamaliel. El pez de oro, o dialéctica del realismo psíquico, alfabeto del incognoscible. Puno, Corpuno, 2ª ed.1987.

    29 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • La creación poética

    La actividad creativa es uno de los ámbitos superiores del comportamiento humano, y una de las cualidades que mejor definen esa etiqueta de “Ser superior” que el hombre se autoasigna dentro de la naturaleza; y la máxima expresión de la actividad creativa es la “poética”. Hay que tener en cuenta que este termino “poético” debe incluir no sólo la palabra escrita en forma de “poema” sino toda forma artística que comunique de una manera no mensurable, no definible..¿ “mágica” quizá? , con el inconsciente humano colectivo, esos cimientos primigenios y principales sobre la que se eleva la historia social, cultural y sentimental y que compartimos todos los seres humanos

    Blade Runner

    Blade Runner

    La sensibilidad la podemos definir por la capacidad de respuesta de nuestro sistema nervioso frente a estímulos del medio ambiente. Estas respuestas pueden ser más o menos complejas dependiendo del estímulo, de nuestra concentración, o de la meta que nos propongamos conseguir una vez analizado el estímulo. Por ejemplo: En un partido de fútbol el cuerpo de un futbolista de élite realiza una gran cantidad de respuestas concatenadas y de alta complejidad organizativa frente a estímulos que se producen en una secuencia vertiginosa. Si nos ponemos a analizar seriamente nuestro sistema nervioso resulta verdaderamente sorprendente su capacidad de respuesta.

    Pero quizá es en la actividad creadora o artística en todas sus formas: música, literatura, pintura, escultura etc…, donde la repuesta se hace más compleja y enriquecedora de la actividad vital; es la de más alta calidad y sensibilidad frente a los estímulos medio ambientales, sean estos puramente físicos: el color, el olor, el tacto, el sonido, o no tan físicos sino más intelectuales: amor, desamor, dolor, alegría, nostalgia, esperanza, angustia, soledad, etc…. Esta actividad es patrimonio único de los seres humanos y los enriquece en el conocimiento propio y de sus congéneres.

    Podemos considerar el hecho creativo en dos vertientes:

    El artista busca de manera activa ―a veces urgente― su obra, porque su emoción es viva y recurrente frente a un estimulo concreto ―tanto interno como externo― y necesita de una expresión más o menos inmediata, a la cual no se puede sustraer: el sujeto se siente verdaderamente impresionado y surge una necesidad imperiosa de crear… de dar respuesta a esos estímulos, es lo que llamamos “inspiración”.
    El creador también puede acometer su obra de manera digamos “más tranquila”, me explico: En principio no hay ningún agente, “ningún cambio medio ambiental” que lo excite; todo es serenidad emocional en su acontecer. Pero el hecho creativo puede surgir igual; tan intenso, sincero y de calidad artística como el anterior. Pongamos el caso de la creación poética, que es el que nos ocupa:
    Nosotros, en nuestra cotidianidad, estamos sometidos a una gran cantidad de estímulos de naturaleza muy diversa de la que nosotros no somos conscientes; o sí lo somos, pero no les damos importancia y al final olvidamos pero dejando una impresión indeleble en nuestro espíritu. El secreto consiste en conjurar, iluminar, y recuperar de nuevo esas impresiones y “aprehenderlas”, hacerlas nuestras mediante las palabras, plasmándolas en la obra; quizá más bellas y resplandecientes aún, todo depende de nuestra sensibilidad, imaginación…. y también claro está de nuestra técnica y cultura, que las potenciarán indudablemente. Cualquier pequeño detalle puede tomar de repente una importancia desmesurada porque atravesando mágicamente el tiempo “ya fosilizado”, nos enlaza directamente con lo sentido, pudiendo desencadenar y conjurar toda una serie de acontecimientos aparentemente olvidados; véase aquel magnífica expresión de devolución temporal que es la magdalena de Proust:
    “Pero en el instante mismo en que el trago mezclado con migas del bollo tocó mi paladar, me estremecí, atento a algo extraordinario que dentro de mí se producía. Un placer delicioso me había invadido, aislado, sin que tuviese la noción de su causa. De improvisto se me habían vuelto indiferentes las vicisitudes de la vida, inofensivos sus desastres, ilusoria su brevedad, de la misma forma que opera el amor, colmándonos de una esencia preciosa; o mejor dicho, aquella esencia no estaba en mí, era yo mismo. Había dejado de sentirme mediocre, contingente. mortal. ¿De dónde había podido venirme aquel gozo tan potente?. Lo sentía unido al sabor del té y del bollo. pero lo superaba infinitamente, no debía ser de igual naturaleza ¿de dónde venía? ¿Qué significaba? ¿Dónde cogerlo………………………………………………………………………………….
    …………………………………………………………………………………………………………………………..
    ………………………………………………………………………………………………………………………………En cuanto reconocí el sabor del pedazo de magdalena mojado en tila que mi tía me daba (aunque todavía no había descubierto y tardaría mucho en averiguar el por qué ese recuerdo me daba tanta dicha), la vieja casa gris con fachada a la calle, donde estaba su cuarto, vino como una decoración de teatro a ajustarse al pabelloncito del jardín que detrás de la fábrica principal se había construido para mis padres, y en donde estaba ese truncado lienzo de casa que yo únicamente recordaba hasta entonces; y con la casa vino el pueblo, desde la hora matinal hasta la vespertina y en todo tiempo, la plaza, adonde me mandaban antes de almorzar, y las calles por donde iba a hacer recados, y los caminos que seguíamos cuando hacía buen tiempo. Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té […]»

    La actividad creativa es un ejercicio de descubrimiento interior; podemos llegar a revivir estímulos del pasado cuyas respuestas pueden llegar a ser sublimes en el conocimiento de nosotros mismos y en la conmoción espiritual del espectador de una obra de arte.

    28 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • El sueño literario de la vida

    Poesía es escapar de la distancia y alcanzar esa cumbre que forman las palabras.
    El misterio poético comienza en la conciencia humana, es la suma de nuestra propia ignorancia, la extracción de ese “yo” que jamás llegaremos a reconocer completamente.

    ¿Acaso la belleza de la rosa es la suma de cada una de sus partes?

    Arthur Rimbaud

    Arthur Rimbaud

    Decididamente no, el amor, el odio, la ternura y todos los valores humanos son indefinibles por naturaleza, esto le da al poeta la oportunidad única de intentarlo, un intento que le llevará toda una vida.

    Esa es la razón que nos convoca, la razón que hace imposible la extinción de la poesía.

    Ahora vivimos en una época distinta a la de nuestros abuelos, la lectura está al alcance de todos. Conocemos el poder de la palabra escrita, todo el que ésta es capaz de ejercer sobre la mente humana.

    ¿Por qué  la poesía es algo minoritario?

    Sencillamente porque nos hace pensar, algo tan natural como el pensamiento y que la prisa, el entretenimiento y otros factores están dejando en un segundo plano.

    Nos da miedo mirarnos en el espejo ajeno, encontrarnos allí, a la intemperie, mostrando esa “debilidad” que muchas veces encerramos detrás de los barrotes del orgullo.

    Esto probablemente va a cambiar porque la humanidad y la deshumanización a la que hemos llegado así lo requieren, esa capacidad única que tiene la raza humana de tomar conciencia del sentimiento individual y colectivo será la base de un futuro cercano.

    Sentir el lado poético de la vida es valorarnos a nosotros mismos, comprender la grandeza que las pequeñas cosas y, por qué no, reconocernos súbditos de ese pensamiento sin el cual nada hubiera sido posible.

    Huimos hasta el límite de nuestro cuerpo, sin llegar a perder nuestro propio horizonte.

    Palabra a palabra, peldaño a peldaño, nos subimos al sueño literario de la vida para poder divisar la esencia más profunda del paisaje.

    Si, poesía es escapar de la distancia y alcanzar esa cumbre que forman las palabras.

    28 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

  • Poesía chilena en tiempos de dictadura

    Pablo Neruda

    Pablo Neruda

    Doce días después del golpe militar y del bombardeo de los aviones cazas Hawker Hunter sobre el Palacio de la Moneda, se realizaban los funerales del poeta Pablo Neruda en lo que sería el primer acto masivo de resistencia a la junta militar. En una especie de acto suicida, miles de personas acompañaron en despedida al poeta que generaba desde su lecho de muerte la resistencia al régimen militar recién establecido. La figura del poeta se alzó como  arma con la cual enfrentar el dolor y, a través de la fuerza ancestral de su palabra, detestar la situación política de este quebrado nuevo Chile.

    Muchos son los acontecimientos políticos que hicieron de aquella época un tiempo de dolor que marcaría inevitablemente a quienes vivieron los sucesos del 11 de septiembre de 1973, así como de quienes creceríamos en un país plagado por la dictadura. Sin embargo, así como la voz de un recién fallecido Neruda acontecía entre los ciudadanos de aquel entonces, muchos otros poetas de aquel periodo continuaron en su trabajo poético en medio del dolor y de una lucha que, a partir de la palabra, se hacía presente en el nuevo panorama de la poesía chilena.

    Desde el desierto de Atacama hasta las últimas tierras de América en el sur chileno, y desde las heladas alturas de la Cordillera de los Andes hasta el Océano Pacífico, el memorial de voces se hacía presente a partir de una tradición literaria que aún conservaba patrones de la poesía latinoamericana, que servirían de guía y de consuelo en el desamparo de aquel presente. La urgencia de los tiempos no enmudeció la palabra, ni impidió que la tradición poética se estancara; por el contrario, bajo el alero de poetas mayores como Parra, Rojas, Anguita, Teillier y Linh, un listado innumerable de poetas jóvenes construyó una obra entrañable que bien vale la pena conocer y recordar.

    Gonzalo Millán

    Gonzalo Millán

    La poesía escrita durante la dictadura militar, da a luz poetas que fueron transformándose en patrones de la poesía chilena. Es así como, tras la edición de “La Ciudad”, publicada en 1975, Gonzalo Millán se constituye en uno de los poetas más importantes del período: “Amanece/ se abre el poema”, y a partir de entonces la obra de este poeta se transforma en causa de estudio y seguimiento continuo de las nuevas generaciones. Por otro lado, el sistema de citas y referencias semióticas, que realiza en “La nueva novela” el poeta Juan Luis Martínez, hace de él un decano de la neovanguardia; las lecturas y saberes de los que se alimenta Martínez se extienden a todos los campos en los que el lenguaje fragiliza los criterios de verdad y de realidad, por encima de la presunción de verosimilitud. Por su parte, en la ruralidad del sur chileno, el entrañable Floridor Pérez se hace eco de los aterrorizados tras la publicación de “Cartas del prisionero” y, a veces con cierta ironía y haciendo uso de un lenguaje coloquial, se enfrenta a la opresión: “No saben -nos decían- qué les espera./ Pero yo lo sabía:/ tras días piedra meses muro,/ tú me esperabas a la puerta del cuartel./ Y ésa fue mi victoria”. También, Jaime Quezada, el querido, fomentaba el trabajo de otros jóvenes y escribía “Astrolabio”, a medida que trabajaba con uno de los grupos poéticos más importantes de la época, “Arúspide”.  Elvira Hernández, se constituía como una de las mujeres poetas más importantes en Chile, mientras su libro – poema “La bandera de Chile”  se incorporaba al canon de la poesía de los ochenta, durante la dictadura. Un joven Raúl Zurita, sentaba las bases de la poesía más dolorosa que se ha escrito en Chile el último tiempo, y se establecía como uno de los poetas más importantes en Sudamérica con libros como “Purgatorio”, “Canto a su amor desaparecido” y otros más recientes como “INRI”, que le valió el premio Casa de las Américas, de Cuba por la aguda mirada lírica y descarnada de la miseria política y social de Latinoamérica.

    Diego Marquieira

    Diego Marquieira

    Diego Maquieira establecía una poesía novedosa y atractiva, casi pictórica o cinematográfica, pero a la vez desgarrada en los “Sea Harrier”; y mi amigo Álvaro Ruíz le cantaba a sus amigos muertos en “A orillas del canal”. En el norte chileno, en medio del desierto de Atacama, el mismo que era lugar del terror y donde los cuerpos de miles eran arrojados al mar o enterrados en los lugares cercanos a Pisagua, un joven universitario estudiante de Castellano, Ariel Santibáñez, que poco antes había sido retratado en una foto memorable junto a Pablo Neruda y los otros integrantes de la histórica revista Tebaida, pasaba a formar parte de los miles de detenidos desaparecidos hasta hoy no encontrados; de este poeta sólo quedan algunos registros manuscritos y uno que otro poema publicado en revistas: “Soy más oscuro que una iglesia/ ocultando su penumbra/ o un pájaro enredándose en sus propias alas”.

    Víctor Jara

    Víctor Jara

    Además, de forma especial debo incluir el nombre de Víctor Jara, quien nos dejara de legado la poesía a través de su música y un registro conmovedor de la situación de un Chile antiguo y, que al igual que Ariel Santibáñez, fuera asesinado por el régimen militar. La poesía chilena durante el período de la dictadura no se calló ni mermó en su hondura ni en la cantidad de poetas que alzó la voz, tanto como para oponerse al régimen militar, como para hablar sobre las cosas importantes del ser humano. El listado de poetas presentes en ese entonces es enorme, y la diferencia de estilos y la riqueza lingüística, así como temática. No puedo omitir en este listado los nombres de poetas como: Tomás Harris, Stella Díaz Varín, Juan Cámeron, José Ángel Cuevas, Miguel Arteche, Arturo Volantines, Omar Lara, Jorge Etcheverry, Julio Piñones, Walter Hoefler, Naín Nómez, Gonzalo Contreras, Oscar Hahn, Teresa Calderón, Eduardo Llanos Mellusa, Rolando Cárdenas, Efraín Barquero, Ennio Moltedo, Enrique Gómez Correa, Lila Calderón, Carmen Berenguer, Armando Uribe, Malú Urriola, Aristóteles España, Rosabetty Muñoz, Clemente Riedemann, Erick Pohlhammer, Hugo Zambelli, Alberto Rubio, Delia Domínguez, Ramón Riquelme, David Turkeltaub, Enrique Volpe, Jaime Gómez Rogers (Jonás), Hernán Miranda, Edmundo Moure, Manuel Silva Acevedo, Soledad Fariña, Edgardo Jiménez, Bruno Serrano, Enrique Valdés, Heddy Navarro, Paz Molina, Juan Pablo Riveros, Claudio Bertoni, A. Bresky, Horacio Ahumada, Jorge Torres, Eugenia Brito, Carlos Cociña, Hernán Rivera, Carlos Trujillo, Nicolás Miquea, Elicura Chihuailaf, Paulo de Jolly, Arturo Fontaine, Verónica Zondek, Antonio Gil, Jorge Montealegre, José María Memet, Sergio Mansilla, Bárbara Délano,  Malú Urriola, Andrés Sabella, Rodrigo Lira o Mauricio Redolés con sus textos canciones preguntándose: ¿Qué será de mi torturador?.

    El compromiso con los sucesos y la situación que el país sufría en el terrible tiempo de la dictadura dio pie para que los poetas mostraran su postura y guardaran un registro de la atrocidad. La relación entre política y poética abarcó todas las voces de los poetas de ese periodo crítico de la historia de Chile y sentó las bases para la actual nueva poesía chilena.  Muchos de los jóvenes poetas de ese entonces hicieron una poesía que bien vale la pena estudiar, recordar, y hacer de ella un ejemplo de la postura que debe tener el poeta como parte de la sociedad en los sucesos que le rodean.

    Bibliografía
    Contreras, Gonzalo, “Poesía chilena desclasificada (1973-1990)”, 1ª Ed., étnikaeditorial, Santiago, Chile, 2006

    28 mayo, 2015 • Artículos, Revistas • Vistas: 0

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