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  • Cómo mejorar nuestros poemas

    Mejorar poemas

    Autor: Rafel Calle

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    30 diciembre, 2018 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • Complementación pertinente y no pertinente en la poesía

    Autor: Jerónimo Muñoz

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    17 mayo, 2018 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • El ritmo. Un debate caliente

    Resumen del debate mantenido en los foros de Alaire sobre el ritmo en poesía

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    17 mayo, 2018 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • El verso de la escuela Alaire

    Autor: Rafel Calle.

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    24 octubre, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • El versículo de la Escuela Alaire

    Autor: Rafel Calle

    Para saber lo que es un versículo tenemos que tener muy claro lo que es un verso.

    El verso es la unidad resultante de la segmentación del lenguaje entre pausas métricas.

    El verso está delimitado por la pausa versal, es decir, la pausa versal es lo que convierte un renglón en un verso, por eso también se llama pausa métrica. Sin la pausa versal o métrica no puede haber verso

    Bien, pero lo dicho, que es tan fácil de entender, sufre los ataques provenientes de las ocurrencias de muchos escritores de poemas. Por ejemplo, los encabalgamientos léxico y sintáctico, no son más que ocurrencias de autores de poemas; después, los estudiosos de la métrica, los han calificado como accidentes métricos, porque, para no perder el sentido de lo que se está leyendo, no hay más opción que romper la pausa versal, es decir, también se rompe el patrón métrico pretendido.

    Otro ejemplo de supuesta ingeniosidad se da en la terminación del verso en partícula átona (artículo, preposición, conjunción…). De acuerdo, son ocurrencias y para los estudiosos pueden significar elementos de reflexión con los que hallar nuevos movimientos conceptuales en el mundo de la versificación.

    Lo que pasa es que la mayoría de esas ocurrencias provienen de un elemento lúdico que aparece en la versificación, las más de las veces se trata de juegos estilísticos sin más, a los que acompaña infatigablemente un proceso rimático. Es decir, la rima es la responsable de la primeras y desde luego de la mayoría de incursiones en los muestrarios lúdicos de la combinaciones supuestamente versales.

    Por fortuna, hoy en día no se dan tantos artificios en la versificación, hace bastantes años que los autores se han dado cuenta de que el lenguaje literario es inherente a la eufonía, no hace falta buscar rarezas genialoides para hallar coincidencia fónica, porque basta con una buena labor mediante el lenguaje literario. Digo eufonía y no digo musicalidad, porque me parece necesario diferenciarlos. Aunque esa es otra cuestión que ahora nos llevaría mucho tiempo.

    Veamos algunos ejemplos de ocurrencias en supuestos versos:

    3 ejemplos de Antonio Carvajal

     Rosas, todas; y no son
    la rosa. Todos los ti-
    los, no la paz. El jazmi-
    nero enlaza su canción
    con la cal, […]
    ¡Oh nube, cuánta calén-
    dula en flor espera llu-
    via que le niegas tan hu-
    raña y avara sabien-
    do que es el agua sostén
    ……………………………………………………

    Amo los días de
    noviembre: vino nuevo y crisantemos.
    Días para la fe
    perdida, cuando hemos
    de estar luchando por lo que queremos
    y contra lo que no
    queremos.
    …………………………………………….

    …de abnegaciones que
    los ojos y sus lágrimas, los labios
    y la memoria de
    los besos, de tan sabios
    no sabían. Tiene el agua resabios…

    Pérez de Ayala

    Sus brazos, marmórea guirnalda
    tibia y sensual, me asieron, y
    ardió en sus ojos de esmeralda
    una infinita luz. Cedí.

    Luis Carlos López

     Hombre de pelo en pecho, rubio como la estopa
    rubrica con la punta de su machete. Y por
    la noche cuando toma la lugareña sopa
    de tallarines y ajos, se afloja el cinturón…

    Rubén Darío

    …a pesar de Nabuco, embajador, y de
    los delegados panamericanos que
    hicieron lo posible por hacer cosas buenas….
    con las alondras y con Garcilaso y con
    el sport. ¡Bravo! Sí. Bien. Muy bien. ¿Y La Nación?
    Por eso los astutos, los listos, dicen que
    no conozco el valor del dinero. ¡Lo sé!
    El temporal no deja que entren los vapores. Y
    un yacht de lujo busca refugio en Porto-Pí..
    Ah, señora, si fuere posible a algunos el
    dejar su babilonia, su Tiro, su Babel…

    Bueno, podríamos seguir poniendo ejemplos de ocurrencias en poetas que, sin duda, tienen su importancia en la historia de la poesía, pero creo que con estos ejemplos puede ser suficiente. Obsérvese que siempre el meollo de la cuestión es la rima o, mejor dicho, una coincidencia fónica al final del verso.

    A raíz de las ocurrencias, sobre todo, en poetas de renombre, dichas gracias se extienden hasta el verso multimétrico, pero ya sin objeto de crear coincidencias fónicas, sino por un puro entretenimiento estético. Y ahí sí que se entra en un estado conceptual tremendamente confuso, porque no hay la más mínima razón objetiva para tanto desaguisado.

    A todo esto, Tomás de Iriarte, no puede menos que reírse de tal estado de cosas versales, cuando dice en las siguientes líneas:


    Muchos dicen que porque al
    verso siguiente va con
    las palabras de otro, don
    Fulano pasa por mal
    versista; pero aun con tal
    error, cumple como buen

    poeta, pues poniendo en
    sus versos cabales las
    sílabas, deja a otro más
    hábil colocarlas bien.

     

    Estoy con D. Tomás, lo mejor es colocar correctamente las sílabas, no porque queramos prohibir los ejercicios lúdicos, no, que cada cual haga lo que quiera, pero, por favor, que no nos haga comulgar con ruedas de molino. Los versos tienen que atenerse a unas reglas, básicas, pero primordiales para la propia supervivencia de los versos. Es decir, si en la versificación damos todo por bueno, más pronto que tarde el verso desaparecerá, porque cualquier ocurrencia será indiscutiblemente un verso.

    Podría poner muchos ejemplos de teorías de filólogos, tratadistas, poetas, catedráticos de literatura…, pero en ninguna de ellas hay un concepto claro como el agua con respecto a la versificación, todas son contradictorias, porque no se atreven a cortar el problema por lo sano.

    La versificación de la escuela Alaire se basa en tres premisas fundamentales:

    1. La pausa versal es inamovible, se debe respetar siempre y en todo caso.
    2. Todos los versos deben poder subsistir a la pausa versal, sin perder el sentido de lo que se está diciendo y formando una unidad sintáctica; hablamos de esticomitia.
    3. Los signos de puntuación impiden la sinalefa, es decir, no se puede hacer sinalefa entre signos de puntuación.

     

    Estos tres puntos se pueden desarrollar profusamente y también dotarlos de mucha complejidad, es una cuestión de tiempo, práctica y aptitudes.

    – A partir de ahí, es fácil afirmar que un versículo no es un verso, porque un versículo no observa la pausa versal.

    – Un versículo solo termina su sentido por medio del signo de puntuación, por lo tanto, en el versículo no se puede hablar de encabalgamientos, puesto que se lee exactamente igual que la prosa.

    – Si un verso quiere terminar con una partícula átona, no resultará un verso sino un versículo.

    – El versículo se parece mucho al verso multimétrico (llamado libre), porque emplea o puede emplear el lenguaje literario con la misma profusión que en el caso del verso, por lo cual, está a caballo entre el verso y la prosa literaria. Del verso, la técnica literaria; de la prosa, su misma estructura formal que puede ser corta, media o larga, pero formalmente prosa.

    – El versículo es la forma del poema en la que prácticamente no existe ninguna norma, todo cabe, ahí caben todas las ocurrencias habidas y por haber.

    – Sin embargo, en el verso, se tienen que respetar unas premisas, lo cual no significa que no se pueda evolucionar, claro que sí, pero dentro de las normas, básicas; unas normas muy básicas, pero que bastan y sobran para desautorizar cualquier ocurrencia que se quiera hacer pasar por un verso.

    – El concepto de la escuela Alaire permite cualquier ocurrencia en el poema, para eso decimos que el versículo es poesía.

    – El versículo está para amparar aquellos poemas que se saltan las normas de la versificación.

    – El versículo es un seguro de vida para el verso y para toda la versificación.

     

     

    29 junio, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • Suprimir los signos de puntuación y otras ocurrencias muy perniciosas para los poemas

    Autor: Rafel Calle.

    Creo que es mucho más importante de lo que parece, el hecho de que el poeta no quiera cambiar las reglas gramaticales. A mi juicio, el poeta no está facultado para cambiar las reglas de la escritura, para tal menester, existen otros especialistas.

    Veamos, quizá valdría la pena que a la hora de valorar la importancia de escribir correctamente, tal y como nos han enseñado desde muy temprana edad y tal y como hemos insistido en aprender (perfeccionar) durante toda nuestra vida, tal vez sería conveniente que nos pusiéramos en la piel de los supuestos receptores de nuestra poesía. O salir del ámbito de los poetas y situarnos en el lugar del lector.

    Los lectores, ay, qué pena de lectores, enfrentados a los vaivenes supuestamente ornamentales de los escritores de poemas, por lo demás y en mi opinión, casi siempre tremendamente perniciosos para la propia poesía. ¿A quién le puede extrañar que la poesía sea consumida casi exclusivamente por los propios poetas? Es así y, desde luego, embrollar la escritura a base de suprimir un elemento crucial para la comprensión de lo escrito (signos de puntuación), no parece la solución ideal para ganar lectores de nuestra causa (poesía&cultura escrita). Después, hay un asunto que también me parece importantísimo, esta vez, de cara a la técnica rítmico-literaria, y es la supresión, de lo que sea, pero supresión que significa restar, es decir, no utilizar signos de puntuación significa empobrecer el poema. La técnica literaria necesita a la gramática, pero la técnica rítmico-literaria aún la necesita más, porque es más compleja que aquella.

    Los grandes avanzados de la supresión de las signos de puntuación, fueron los surrealistas de la escritura automática, luego algunos negaron el automatismo, pero se nombraron igualmente surrealistas, puesto que utilizaban el caos sintáctico-literario, aunque no automático y sí intelectualizado, amén de excluir los signos de puntuación, en parte o en su totalidad, negando la puntuación pero añadiendo detalles de sus propias cosechas; por ejemplo, Aleixandre en Espadas como labios, no puntúa pero añade una mayúscula para avisar de que debería haber un punto, con lo cual consigue un conflicto semántico para los lectores, precisamente, en una obra de importancia capital; qué lástima que un autor como Aleixandre sea tan poco conocido y mucho menos comprendido, pero es así y sus experimentos pseudosurrealistas no le ayudaron mucho en este sentido.

    Ahora, vayamos al germen de la poesía, a la sementera que no es otra cosa que la infancia y las juventudes estudiantes. ¿Cómo pueden enseñar poesía los profesores a los niños, si a la hora de leer los poemas, no los entienden ni unos ni otros? Unos se afanan por enseñar las reglas de la escritura, otros por aprenderlas. Y todos deben desentrañar un misterio gramatical a la hora de leer un poema. No basta con la complejidad, polisemia…, tenemos que poner más trabas.

    Son muchos los escritores que tienen dificultades a la hora de puntuar. Y yo me pregunto, ¿por qué algunos poetas cambian a su antojo las reglas gramaticales que son tan trabajosas de enseñar y tan difíciles de aprender? Y, bueno, a un poeta le da por empezar todos los versos con mayúscula; a otro poeta le da por suprimir las comas; al siguiente le da por quitar los puntos; llega otro poeta y sigue con minúscula después de un punto, en fin, un montón de ocurrencias que no tienen nada de positivo y que son una losa muy pesada, un enorme obstáculo para la evolución rítmica, estética y literaria, porque evita su pleno desarrollo. Es curioso que, probablemente al amparo de los grandes autores que alguna vez no puntuaron, surja una gran cantidad de poetas que suprimen los signos de puntuación porque puntúan deficientemente o no tienen clara la forma correcta de puntuar.

    En fin, cuanta más complejidad o riqueza rítmico-literaria, más importancia de los signos de puntuación en el ritmo, la estética o la semántica, aunque los signos de puntuación que faltan estén en el lugar de la pausa versal, ya que ese si bien es el instrumento de supresión más básico, más racional, no por ello es menos perjudicial que los restantes.

    26 febrero, 2017 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

  • El ritmo en poesía

    Autor: Rafel Calle

    Para hablar del ritmo en la poesía, creo que debemos partir del ritmo en la escritura, es decir, el ritmo producido cuando la leemos. Si cualquier palabra de dos o más sílabas (salvo preposiciones…) consta de una sílaba tónica y las demás átonas; si el lenguaje escrito tiene muy en cuenta las detenciones (silencios), por medio de los signos de puntuación, etc., tendremos que convenir que la escritura, por básica que sea, tiene un código rítmico: tónica-átona(s)-silencio.

    Ahora bien, cuando hablamos de poesía, lo hacemos de poemas. El poema se diferencia de la prosa básica en que utiliza una variedad del lenguaje llamada lenguaje literario. En la prosa culta o literaria, también se utiliza el lenguaje literario, pero la diferencia con respecto a la poesía se centra en que esta riza el rizo del lenguaje literario -debido a la densidad, complejidad y proliferación de sus recursos- y lo convierte en rítmico-literario, porque aparece una cadena de elementos lingüísticos; eslabón tras eslabón se va vertebrando una cadencia, simétrica o no, mono, poli o multirrítmica, que produce una combinación de sonidos muy emparentada con la eufonía.

    Hablando de poesía, es decir, de poemas, vamos a centrarnos en las cuatro modalidades que existen a la hora de escribir poemas: Poema en verso monométrico. Poema en verso polimétrico. Poema en verso multimétrico. Poema en prosa versicular (versículos).

    Combinación monométrica: En este poema, el ritmo está basado en el lugar que ocupen las sílabas tónicas. La sílaba axial siempre es la penúltima y es la única inalterable (de ahí la alteración silábica aguda y esdrújula al final del verso). Puede ser monorrítmico si los acentos o tónicas coinciden en el mismo lugar en todos los versos, y puede ser polirrítmico si no lo hacen.

    En el verso simple siempre se da la detención al final del verso (pausa versal), mientras que en el verso compuesto, además de la pausa versal, también existe pausa (pausa interior) al final de cada hemistiquio.

    Así pues, en el poema de versos monométricos, está muy claro que las sílabas tónicas se convierten en acentos que marcan el ritmo.

    Si hablamos de verso rimado, el final del verso, es decir, la metría del verso queda doblemente marcada por la pausa versal y por la coincidencia fónica.

    Combinación polimétrica: El ritmo es prácticamente idéntico al del poema monométrico, incluso puede ser monorrítmico.

    Combinación multimétrica: El ritmo lo marca el propio lenguaje del poeta. Puede tener más o menos secuencias rítmicas propias del verso monométrico, del polimétrico y del versículo, en función de variables como, por ejemplo, los conocimientos de métrica y del lenguaje literario, la costumbre, los gustos… El verso multimétrico, comúnmente llamado verso libre, no se diferencia de cualquier otra combinación versal, salvo en que no se premedita, no se tiene en cuenta el lugar que ocupan las sílabas tónicas, ni el número de sílabas que conforman el verso. Sin embargo, en el verso multimétrico, obviamente, también hay sílabas tónicas y, claro está, marcan un ritmo que se verá acotado por los signos de puntuación, por las detenciones por cambio de sentido y por la pausa versal. Así pues, si cortamos el verso multimétrico justamente por cada uno de sus campos sintácticos acotados por las detenciones, se nos mostrará muy claramente el ritmo del poema.

    Es frecuente que el ritmo del verso multimétrico se considere distinto al de los demás versos, pero, en realidad, lo único que cambia es la consciencia rítmica, porque las características del propio lenguaje, del que provienen todos los versos, se encargan de acotar campos sintácticos, semánticos…, idóneos en longitud en el habla normal, que conforman una cadena rítmico-melódica muy emparentada con la de los versos de su misma extensión.

    Para que nos entendamos, al final, el verso multimétrico es o puede ser una combinación de versos, incluso dentro del propio verso, combinados sin rigor métrico, sin la mínima diferencia de dos sílabas entre las metrías.

    Combinación en prosa versicular: Una gran diferencia entre el versículo y el verso se halla en que el versículo no observa la pausa versal.  No existen metrías, es decir, es amétrico.  El renglón acaba a gusto del poeta y solo termina su significado por medio del signo de puntuación. Otras diferencias respecto al verso pueden ser la densidad semántica y la longitud sintáctica, menor en el versículo.  Sin embargo, el ritmo del versículo es o puede ser igual que el del verso multimétrico, salvo en el asunto de la pausa versal.

    4 noviembre, 2016 • Asuntos de Taller, Revistas • Vistas: 0

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