Poesía, literatura y arte
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  • Explorando la narrativa del Boom

    Autora: Marimar González.

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    25 octubre, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Exopoética

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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  • Con Borges y contra Borges

    borges

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez Continue Reading

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  • La invención poética del Quijote

    Autor: Julio González Alonso.

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  • Stephen King

    king

    Autora: Hallie Hernández Alfaro.

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  • Miguel Hernández Gilabert

    MiguelHernandez

     

    Autor: Julio González Alonso

    Hizo 100 años, aquél de 2010, del nacimiento del poeta; 68 de su muerte en las cárceles franquistas, con 31 de edad. Y hoy perviven el hombre y el mito; pero, por encima de todo, su obra literaria.

    Del hombre y sus contradicciones sabemos los orígenes en Orihuela (Alicante), su formación en el espíritu católico conservador de las Escuelas del Ave María, también de sus estudios de bachillerato con los jesuitas, de disponer a su alcance de profesor particular cuando su padre, mirando bien por el negocio familiar, lo pone a trabajar como cabrero. Hombre extremadamente observador que  su estrecho contacto con la Naturaleza lo llevará al conocimiento minucioso de los nombres y características de toda clase de pájaros y otros animales y plantas. Inteligente y brillante en sus estudios y con ganas ilimitadas de saber y aprender. Será, en este sentido, ocasión para que le saque provecho a la extraña amistad con Ramón Sijé teniendo acceso a una bibliografía extensa, al igual que su relación con el controvertido Luís Almarcha que acabaría -una vez terminada la guerra civil- siendo obispo de León. Tanto Ramón como Almarcha eran de derechas, incluso se podría decir que de extrema derecha si atendemos a las veleidades ideológicas y políticas  predicadas y practicadas por Sijé: impulsar a la juventud a una actitud antiliberalista, poniendo como objetivo de la vida un orden moral basado en un concepto retrógrado de la decencia y animando a esa misma juventud a luchar contra los subversivos utilizando la violencia, haciendo uso de lo que en aquel entonces se conocía como el derecho de estaca. De Luís Almarcha qué decir si lo dejó morir en la cárcel. Él mismo escribió, confesando su remordimiento: Dicen que el tiempo lo borra todo y, a veces, lo único que hace es reavivar el fuego de los recuerdos con mayor fuerza para nuestro pesar. Almarcha es quien pagará la primera edición del poemario de Miguel titulado Perito en Lunas. Le consigue publicaciones en el periódico El Pueblo (Orihuela) que él mismo dirige  y Miguel le solicita algunas influencias para buscar trabajo en Madrid que no prosperarán. Pero cuando puede salvarle la vida, no lo hace.

    ¿Cómo un hombre como Miguel Hernández llega a un compromiso tan fuerte con las izquierdas después de haberse rodeado de estas amistades? Tal vez la respuesta, una respuesta posible, la encontremos en su natural inteligencia, por un lado, y por otro la apuesta por las libertades y el compromiso con el pueblo por un progreso social que él veía necesario y que adivinaba posible con el proyecto de la II República. Las amistades madrileñas, Antolaguirre, Rafael Alberti, Cernuda, Delia del Carril, María Zambrano, Vicente Aleixandre y, sobre todo, la influencia de Pablo Neruda, resultaron decisivas en el enfoque político de sus ideas y la asunción de su compromiso que dará comienzo nada más proclamarse  la II República al ser nombrado presidente de las recién constituidas Juventudes Socialistas de Orihuela. Participará de manera muy activa en las Misiones Pedagógicas de 1935 con M.Zambrano, la pintora Maruja Mallo, V. Aleixandre y el propio Pablo Neruda.  Más adelante, sorprendido y aterrorizado por el asesinato de Federico García Lorca en los primeros días de la sublevación militar del 36, se apunta al Partido Comunista y marcha al frente. Escribe Viento del Pueblo. También ha escrito la Elegía primera dedicada a F.García Lorca. A diferencia de la elegía a su amigo Ramón Sijé, escrita desde el remordimiento y el sentimiento de culpa por su alejamiento y práctico abandono de dicha amistad, ésta se escribe desde la admiración por la talla literaria de Lorca (admiración no correspondida, pues García Lorca no lo podía sufrir y evitaba a Miguel) y también desde el miedo por lo que significaba de amenaza para todos este crimen. Se casa por lo civil en 1937 con Josefina Manresa, hija de un guardia civil sublevado , y viaja a Rusia con una delegación cultural de la República. En aquel contexto escribe con fervor revolucionario versos exaltados sobre el país soviético, admirado por el adelanto de su industria. A su vuelta, cuando intenta huir a Portugal, es apresado por la guardia de frontera portuguesa y entregado a la guardia civil española. Es condenado a muerte. La presión desde el exterior promovida por Neruda, Cossío, Fray Justo Pérez de Urbel y Aleixandre, junto con la mediación de Luis Almarcha a petición del propio Miguel que confiaba en el obispo, harán que le sea conmutada la pena de muerte por la de 30 años de cárcel. Las condiciones impuestas por Almarcha a Miguel serán leoninas: 1.- Que se casara por la Iglesia. 2.- Retractarse públicamente de sus ideas políticas confesando su arrepentimiento y declarar que lo mejor para España era lo que estaba pasando porque era una regeneración moral para el país. 3.- Firmar algunos poemas que le dieron ya escritos, de carácter religioso y conservador y 4.- Renunciar a la publicación de Viento del Pueblo.

    Miguel Hernández se niega y comprendiendo que solamente pretenden instrumentalizarlo en  favor del Régimen franquista, repudia a la familia Almarcha. Únicamente accederá, más tarde y viéndose morir, a casarse por la Iglesia para no perjudicar más a su hijo y a su mujer, que había solicitado  la administración de un estanco como hija de guardia civil muerto en la contienda bélica.

    Miguel enferma. Solicita su traslado a Valencia para ser asistido en un hospital, pero su reclamación no será atendida y su precario estado de salud empeora, acelerándose su final. Muere en la cárcel de Alicante el 28 de marzo de 1942 afectado de tuberculosis. Nace el mito.

    Aún después de muerto, el obispo Almarcha lo perseguirá insistiendo a la viuda para que le entregue -según él para asegurar su custodia– la obra inédita de Miguel Hernández y la presiona, a su vez, para que renuncie a la publicación en  Argentina de Viento del Pueblo. Josefina ni renuncia ni  entregará nunca a Luís Almarcha los escritos inéditos de Miguel.

    Mito, hombre, poeta; ya para siempre estas tres características acompañarán su nombre y su memoria. A los 100 años de su nacimiento en 2010, 75 éste de 2017 de su muerte  abandonado a la suerte de la tuberculosis en el penal de Alicante, es de justicia reconocer su figura y la trascendencia de la obra literaria de un hombre honesto con su tiempo y consigo mismo, víctima de una España atormentada por el odio de la guerra y lo que la sobrevino, una crueldad sin parangón en una dictadura entregada a los excesos

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Con Bukowski y contra Bukowski

    Malowski

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez

    Con Bukowski, por Cristóbal Loriente.

     

    Estimados compañeros:

     

    Los poemas de Charles comienzan con una imagen:

    unas tetas adolescentes o un culo en vaquero bien ajustado,

    o un incendio en una biblioteca,

    o una rata en el pecho de un mendigo,

    o un gato cojeando y medio muerto.

     

    Los poemas de Bukowski son una escalera de imágenes que

    reflejan la catástrofe personal de seres abominables,

    como el tuerto que soba los cuadernos de una niña;

    el loco que recoge flores de un jardín ajeno,

    o el sepulturero resacoso que escupe encima del

    ataúd.

     

    Los poemas de Bukowski me incitan a beber sin contemplaciones,

    sin remordimientos de conciencia, sin ratas en el

    corazón;

    empino el codo y me toco la polla,

    -qué gusto, Charles-,

    no serás un buen poeta,

    pero cómo me ayudas

    a vivir.

     

    “El whiskey es la sangre de los débiles”, escribiste.

     

    En fin, los poemas de Bukowski pusieron a mi polla

    en pie de guerra.

     

    Qué más le puedo pedir a un puto poeta.

     

     

    Contra Bukowski, por Pablo Ibáñez

     

    No me gusta la poesía de Charles Bukowski. No me emociona, no me ayuda a vivir, no me divierte, no me inspira nada bueno (ni malo), no me interesa. Me aburre. Me aburre soberanamente su ortodoxia sucio-realista. Es como un macarra de discoteca: aburre, siempre tiene que ser el que más bebe, el que más putas conoce, el que más tacos dice, el mayor fracasado, el que más escandaliza. Me aburre la tramposa glorificación del fracaso urbano, década tras década, siempre el mismo rollo. Me aburre la academia de la contracultura bukowskiana, su rigidez minimalista, su insípida sobriedad.

    “El whiskey es la sangre de los débiles”

    Me parece una metáfora mediocre, gastada y rancia. Y cursi.

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Acerca del prólogo a las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra

    novelas ejemplares

    Autor: Julio González Alonso

    Lejos de los 22 años que tenía cumplidos antes de huir a Italia e intentar escapar al riguroso castigo de serle amputada la mano derecha en condena por las heridas inferidas a Antonio de Sigura en una mala partida, y que más tarde la batalla de Lepanto se cobrará con la herida de su mano izquierda, Miguel de Cervantes, concluida y publicada la primera parte de su don Quijote, enfrenta el prólogo de las Novelas Ejemplares en el que, con más amargura que sorna, da comienzo con su autorretrato: Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada; de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño; la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies. Éste, digo, que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas, y quizá sin el nombre del dueño, llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades.

    Declara Cervantes su condición de tartamudo, aunque no lo sea en absoluto para dejar por escrito las verdades que pueden ser entendidas aun por señas. Y tratando de lector amable a quien lea el prólogo, le advierte de la honestidad y valor del conjunto de las llamadas Novelas Ejemplares, imposibles de mover a mal pensamiento al descuidado o cuidadoso que las leyere.

    Reitera la bondad y provecho de estas doce novelas en las horas de asueto y recreo donde el afligido espíritu descanse. Y antes, confiesa, se cortaría la mano con que las escribió que permitir que de su lectura se siguiera algún mal deseo o pensamiento, porque –asegura- mi edad no está ya para burlarse con la otra vida, que al cincuenta y cinco de los años gano por nueve más y por la mano.

    Tres detalles no menores podemos encontrar en el párrafo que cierra este interesante prólogo:

    1.- Proclamar  ser el primero en haber novelado en lengua castellana sus propias obras, no imitadas ni hurtadas.

    2.- Adelantar, si la vida no le abandona antes, el anuncio de la aparición de los Trabajos de Persiles, una segunda parte de las dilatadas hazañas de don Quijote y donaires de Sancho Panza y luego las Semanas del jardín.

    3.- Dedicar las novelas al poderoso Conde de Lemos, esperando que Dios le dé paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sutiles y almidonados.

    Miguel de Cervantes parece querer curarse en salud atacando con elegancia a los encumbrados académicos y universitarios pedantes y pagados de sí mismos que tanto aborrecía, entre los que se cuenta Lope de Vega, más que posible autor del Quijote apócrifo de Avellaneda, y acérrimo enemigo de Cervantes. El Fénix de los Ingenios era incapaz de reconocer, por temerlo, el talento narrativo del autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, aunque en su fuero interno sabía de su verdadero alcance. Casi hasta el final de su vida no hizo otra cosa que denostar la escritura de Cervantes y despreciar su valía en general y particularmente en el género dramático, género en el que Lope se encumbró y rayó a gran altura de una manera incuestionable.

    Del prólogo se desprenden algunas reflexiones; unas, nos llevan a percibir la soledad del genio de las letras españolas, incapaz de conseguir apoyos para sus obras en forma de escritos, cartas, sonetos o poemas laudatorios, y encajar, en cambio, numerosas críticas y burlas por ello, dando a entender la falta de nivel y calidad literaria de Cervantes. Contra esta situación se revuelve con amargura y, de forma irónica, alumbrará sus obras con escritos de su puño y letra atribuidos por él mismo a personalidades imaginadas. Otras reflexiones nos detienen ante la excesiva prevención sobre la subrayada bondad y moralidad de sus escritos, lo que no es para menos en una España convertida en imperio con pies de barro, en la cual el hierro fiero e implacable de la Inquisición era una espada de Damocles para los cristianos nuevos o judíos conversos, en cuya nómina es probable que estuviera  Miguel de Cervantes.

    Hay algo trascendental en las Novelas Ejemplares y en el Quijote, como es que fueran escritas desde la ironía, la imaginación y la locura, que casi todo lo excusa y hace pasar por irreal e irrelevante, cuando lo que dejó escrito, de haber sido cabalmente entendido e interpretado, habría sido suficiente para enviar a la hoguera al autor junto con sus obras. Y no fue entendido el profundo mensaje de su obra porque, perdidos en lo más irrelevante y grotesco, no vieron y menospreciaron el valor y alcance de lo escrito por quien había sabido ver el futuro en el presente. Se le ignoró y no hizo caso, como el resto de sus coetáneos. En una lectura mostrenca de los textos cervantinos, no fueron capaces de interpretar las claves que con tanta claridad se nos revelan tras el paso de los años, razón por la cual no tuvo que vérselas seriamente con la Inquisición.

    El ingenio de Cervantes en un mundo hostil para alumbrar sus escritos de reflejos equívocos, salvaron para el mundo una de las obras más grandes de la literatura, desde sus prólogos a su más ignorado poema u obra de teatro, de lo cual –los que conformamos este mundo o gran parte de él- nos alegramos y celebramos con indisimulado entusiasmo.

     

     

    29 junio, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Fantasmas y realidad en la Cueva de Montesinos

    Autor: Julio González Alonso

    La Cueva de Montesinos existe; es uno de los lugares reales de la novela de Cervantes. Lo que en ella ocurrió puede prestarse a interpretaciones de todo tipo; cabría, incluso, una interpretación freudiana de la aventura, similar a la de otras obras literarias, como es el caso de H.P.Lovecraft en Viajes al otro mundo. Ciclo de aventuras oníricas de Randolph Carter. La cueva significa la seguridad del seno materno, según S.Freud. Don Quijote, que en su vida ordinaria de caballero andante está entregado al sueño de soñar,en la cueva cae en el sueño de dormir con ensueños y se sueña despierto. En esta visión del subconsciente se establece una libre asociación de ideas que, una vez afloradas, serán sublimadas. Sabemos que los sueños están hechos de retazos y materiales de la realidad, así que en este soñar de dormir de don Quijote aparecerá Dulcinea en su ser de aldeana, tal y como permanece en el subconsciente, y de ahí la necesidad de negar esa realidad a través del encantamiento.

     

    8 Cueva Montesinos2

    Se ha dicho, incluso, que la aventura en la cueva podría tomarse como un precedente de la moderna espeleología. Y se ha dicho con toda la seriedad del mundo.

    También se quiere y puede ver en esta aventura una parodia del descenso de Eneas a los infiernos. El descenso de don Quijote es en busca de conocimiento, como será encontrar las fuentes de las lagunas de Ruidera y los orígenes del río Guadiana.

    Hay quien interpreta toda esta mágica aventura como una comparación de don Quijote con la figura de Jesucristo, que al tercer día volvió de entre los muertos. En la hora escasa que pudo permanecer don Quijote en la cueva se encuentra con muertos, personajes del Romancero, que parecen vivos, y con Dulcinea y unas pastoras que están vivas, pero aparecen encantadas. Don Quijote, entrando en la cueva a modo de tumba, descenderá a los infiernos, tendrá las referidas visiones y volverá del otro mundo contando lo que vio, aunque de un modo confuso y un tanto inseguro de ello, como se verá más adelante cuando pregunta al mono adivino de Maese Pedro «si ciertas cosas que había pasado en la cueva de Montesinos habían sido soñadas o verdaderas» (II, XXV

    Pero si nos atenemos a lo estrictamente literario, cabe observar cómo Cervantes no se aparta un ápice de la intencionalidad de la obra, que no es otra que parodiar los excesos de las novelas de caballerías y los pasajes de este estilo que solían aparecer en las mismas . El episodio de la cueva de Montesinos transcurre impregnado de un humorismo constante, dándole a la visión que tuvo en ella un matiz de fábula mitológica al estilo de Ovidio y Bocaccio(Martín de Riquer).

    Por encima de las lagunas de Ruidera, cerca del castillo de Rochafrida, pudimos visitar este lugar emblemático reseñado por Cervantes en el Quijote, la misma y famosa cueva de Montesinos, a la que que el caballero andante descendió y, entre otras visiones, como hemos dicho anteriormente, se le apareció la imagen de la misma Dulcinea del Toboso, encantada (II, cap. 22 y 23).

    La cueva puede visitarse fácilmente. Provistos de un casco y linternas nos internamos en la sima abierta en medio del tupido bosque de encinas y, con la imaginación necesaria, pudimos ver in situ lo que pudo ver don Quijote en la inconsciencia de los sueños tras su caída y pérdida del conocimiento. Allí fluye, purísima, el agua que explica y da vida a la leyenda del origen de las lagunas de Ruidera, el sabio Merlín nos deja ver las largas barbas blancas de su rostro y casi podemos oír retumbar su voz en la caverna junto a la dulcísima voz de la dama de los sueños del caballero andante, recostada en las sombras. Todo un conjunto de emociones que vale la pena experimentar. Y soñar.

    Para esta aventura encuentra la ayuda inestimable de otro loco de la erudición apodado el primo, con el que don Quijote se entiende de maravilla. Cervantes, hombre de formación no universitaria, aprovecha para arremeter contra los sabios de su tiempo y su saber erudito. El primo, una especie de don Quijote de la erudición absolutamente chiflado, está escribiendo un libro y tratando de demostrar, por ejemplo, quién fue el primero que tuvo catarro en el mundo. Será precisamente este loco el guía que don Quijote necesitará para su aventura en los mundos subterráneos de la cueva, al modo como ocurriera con el ya mencionado descenso a los infiernos de Eneas acompañado de  la Sibila o la guía de Virgilio en el viaje por los infiernos de Dante, con cuyas obras literarias puede establecerse un cierto paralelismo.

    Llegados al pie de la cueva, don Quijote descenderá a la sima atado a una soga. Media hora más tarde lo sacarán de allí totalmente dormido o inconsciente. En sus profundidades ha visto a Montesinos, a Lanzarote, a la reina Ginebra y muchos más, todos ellos encantados. Luego se encontrará con Dulcinea, también encantada en la figura de una campesina saltando y brincando como una cabra en compañia de dos labradoras, tal y como se las presentó Sancho Panza en su momento. Lo curioso de la situación es la demanda de seis reales que le hace Dulcinea por medio de una de sus acompañantes, lo que le pareció a don Quijote muy extraño porque no comprende que los encantados necesiten dinero. En fin, que le da lo que tiene, que en total alcanza los cuatro reales.

    Para don Quijote y el primo del licenciado la aventura no ha sido un sueño. Para Sancho, sí.

    ¿Y para nosotros?

     

    *Martín de Riquer: Aproximación al Quijote.- Para leer a Cervantes

    *Juan Bautista Avello-Arce: Don Quijote como forma de vida

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Con Cernuda y contra Cernuda

    Autores: Cristóbal Loriente y Pablo Ibáñez.

    Donde habite el olvido, 
    En los vastos jardines sin aurora;
    Donde yo sólo sea
    Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
    Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

    Donde mi nombre deje
    Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
    Donde el deseo no exista.

    En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
    No esconda como acero
    En mi pecho su ala,
    Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

    Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
    Sometiendo a otra vida su vida,
    Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

    Donde penas y dichas no sean más que nombres,
    Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
    Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
    Disuelto en niebla, ausencia,
    Ausencia leve como carne de niño.

    Allá, allá lejos;
    Donde habite el olvido.

     

    Con Cernuda, por Pablo Ibáñez

    Con el paso del tiempo, Luis Cernuda es reconocido como uno de los mejores poetas de la Generación del 27. Carente del tirón mediático de otros coetáneos –Lorca, Hernández…– o de gloria recibida en vida larga –Aleixandre–, la razón de ese reconocimiento se debe exclusivamente a la calidad de su obra. Cernuda no inventó una manera de ser andaluz, ni de ser homosexual, ni de ser antifascista. Fue las tres cosas a su manera digna y discreta, heterodoxa y apasionada, pero ninguna de ellas terminó siendo basamento de su esencia. Ni él lo quiso. Él era poeta. Y de los buenos.

    Porque, al final, ¿qué es lo que debería permanecer de un poeta?¿A quién le importa si Borges creía o no en la democracia, cuántas veces se emborrachó Bukowsky (una o dos), si Pessoa era antisocialista, o a cuántos chaperos se benefició Gil de Biedma? Lo que importa es la calidad de los textos que nos dejaron. Cernuda no tiene más apoyatura que su propia obra. Hablar de su vida, como de la de Juan Ramón, parece aburrido; da la impresión de que ya sólo eso les invalida para ser de los guays.

    Obra monumental la cernudiana. Amplia, diversa, exigente, seria. Recoge la mejor tradición del romanticismo becqueriano –otro crimen— y la instala en el siglo XX. Experimenta con todas las nuevas corrientes de la época y las adapta con éxito a su profunda manera de ver el mundo y el ser humano. La tensión lírica que consigue contraponiendo sus temas de cabecera –olvido/recuerdo, realidad/deseo, el ahora/el paso del tiempo…– resulta siempre notable y en algunos poemas como el que encabeza este artículo, sobresaliente.

    Cernuda: un gran poeta. Es absurdo ir contra esa verdad.

     

    Contra Cernuda, por Cristóbal Loriente

    Estimado Pablo, una vez más he aprendido de ti, porque
    he aprendido a desaprenderte, me distancio de tus argumentos,
    porque soy ajeno a las antinomias que mencionas,
    porque soy ajeno al GRAN POETA,
    porque soy ajeno al poema Donde habite el olvido,
    porque soy ajeno al olvido.

    Me la suda.
    Que me digan que el poeta se sustenta en la calidad de su obra -me la suda.
    Que me digan que es absurdo ir contra verdades, -me la suda.
    Pues siempre he ido en contra de la verdad, lo siento,
    prefiero la heterodoxia, que no produce esencias, es efímera,
    vida.

    El poema “Donde habite el olvido” me traslada,
    a modo de traición, precisamente,
    a esas aburridísimas clases de Literatura Española,
    en la que todos eran grandes poetas -y a la vez-
    grandes desconocidos;
    clases que me alejaron de la poesía y de la
    vida.

    No, Pablo, no,
    no quiero que habite el olvido,
    quiero la presencia, la vida, el amor;
    prefiero la historia de un duro hijo de puta

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Teresa de Ávila: : 500 años más allá del místico amor

    Autor: Julio González Alonso.

    Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, mujer hermosa, de belleza serena, apasionada, gran imaginación vehemente, luego Teresa de Ávila, Teresa de Jesús por decisión propia y Santa Teresa de Jesús, al fin, nos seduce todavía hoy como ayer, después de los 500 años de su existencia, la de una vida marcada por un objetivo: la felicidad; la suya y la de los demás.

    2 Teresa Jesús avila_walls

    Las murallas de Ávila

     

     

    Teresa de Ávila pertenecía a una familia acomodada de judíos conversos o cristianos nuevos. Así como en el caso de Miguel de Cervantes podemos hablar sobre un montón de conjeturas acerca de su pasado judío, la raíz hebrea de la santa de Ávila está fuera de toda duda. Alrededor de 1950, la noticia causó estupor y cierta conmoción. Américo Castro dejó escrito que intuía o encontraba pistas en el estudio de su estilo literario, al que encontraba bastantes similitudes con el de los cristianos nuevos o judíos conversos de la época. Estas sospechas se confirmaron vía documental cuando Narciso Alonso Cortés encontró los papeles en la Real Chancillería de Valladolid que demostraban fehacientemente la ascendencia judía de la familia de Teresa de Jesús.

    Dicho lo anterior, que ni quita ni añade méritos a la obra de Teresa, digamos que su personalidad resultó ser arrolladoramente seductora y apasionada. Ya de niña, leyendo la vida de los santos y los mártires, había ideado escaparse con su hermano a tierra de infieles para sufrir el martirio. Luego, de jovencita, le cogió gusto a las novelas de caballerías de las que fue gran lectora y vivió con intensidad sus amores, batallas, sufrimientos y heroicidades. Todo ello contribuyó a la formación de un lenguaje literario y el modo de abordar, entre otros, el tema amoroso. También la lectura de la obra de San Agustín, como Las Confesiones. Pero la vida religiosa fue lo que cuajó en su alma y acabó siendo monja en contra de la voluntad de su padre. Destaquemos, por encima de todo, el valor que Teresa atribuía a la lectura y las obras literarias, hechas de la palabra, que es la vida y la sabiduría que mueven a la acción, a la que ella se entregó de forma generosa y continuada.

    La formación académica de Teresa de Ávila fue limitada, por lo que debemos hablar de una mujer autodidacta.

    Teresa de Jesús, en su condición de mujer que entiende a las mujeres, se vuelve y revuelve en un mundo totalmente dominado por los hombres y la severa autoridad de la Inquisición, reclamando con inteligencia y seguridad su propia voz desde la obediencia debida. Pero, como comentaba Germán Vega García-Luengos (Santa Teresa de Jesús ante la crítica literaria del siglo XX), a Teresa de Ávila se le daba muy bien hacer que le mandaran aquellas cosas que más quería obedecer. Porque, en el trato personal y directo, parece ser que su capacidad de seducción y persuasión corría, si no más, al menos bien pareja a su belleza. Y, si bien obedeció o que le mandaban, mejor obedeció lo que mandaba su condición de escritora, que fue la pasión de escribir.

    Aquellos juegos de niña de hacer monasterios, de rezar el rosario o pedir limosna, acabaron en pedir limosna, rezar el rosario y hacer monasterios en una sucesión de desafíos para los que la constancia fue herramienta fundamental. Aunque las enfermedades la acorralaron desde joven, éstas solamente afectaron a su cuerpo, no a su espíritu ni estilo de vida, marcado por el humor y el amor. El humor cotidiano y las bromas –a veces pesadas- que gastaba a sus monjas, y un amor místico que empapará toda su obra lírica, sobre la que cabe alabar su arrebatada belleza.

    La poesía lírico-religiosa de Teresa de Jesús se escribe en versos fáciles de una gran originalidad y en un estilo ardiente y apasionado. Sus poemas tienen un indudable acento popular y destacan por su claridad –ella decía: escribo como hablo– incluso al tocar temas complejos como puede ser el de la experiencia mística. Para ello recurre a las comparaciones que extrae de su experiencia y al uso de alegorías o metáforas continuadas para explicar lo inefable y contradictorio, esa desazón de místicos y poetas ante la conciencia de que, según Fray Luís de León, la lengua no alcanza al corazón (Germán Vega García-Luengos). Así, parafraseando a Menéndez Pidal, podemos decir que en su esfuerzo por dar a entender lo incomprensible de la vivencia mística, expresa de forma creativa lo sublime de la erótica amorosa.

    Visionaria impenitente que dice ver a Jesús, visitar el infierno o ver volar ángeles en sus arrebatados éxtasis, trasladará toda su energía espiritual e intelectual a la construcción terrenal de espacios, monasterios, en los que se acogieran a la oración y al amor de Dios, las mujeres. Una vida que, no hemos de olvidar, Teresa la entendía como un medio para hallar la felicidad. Desde su punto de vista, no puede alcanzarse mayor grado de libertad que cuando se es feliz.

    De su obra, resumidamente, destaquemos la parte autobiográfica con, entre otras obras, Las Fundaciones; la doctrinal, en la que destaca Las Moradas y, además de la mencionada obra poética, hay que resaltar el estilo epistolar en sus Cartas, de las que alcanzó a escribir 409.

    Pero, tristemente, y por terminar, el martirio que soñó de niña viéndose descuartizada a manos de los infieles y que –por fortuna- no tuvo que sufrir en vida, lo alcanzó estando muerta y a manos cristianas, o infieles para los llamados infieles por los cristianos. Un mundo, como se ve, todo de infieles según desde qué credo se juzgue a los demás y que, lamentablemente también, 500 años después no ha terminado.

    De modo que, en un ir y venir de su cadáver –encontrado incorrupto y con olor a rosas; un raro y muy lento proceso de descomposición- de Ávila a Alba de Tormes y de Alba de Tormes a Ávila, se va a quedar una mano en esta ciudad, en Alba de Tormes un brazo, un meñique no sé dónde, a Roma llegarán su pie derecho y la mandíbula superior, la mano izquierda acabará en Lisboa, el ojo izquierdo y la mano derecha en Ronda; Alba de Tormes se hará, también, con su brazo izquierdo y el corazón; otro dedo está en París y otro más se encuentra en Sanlúcar de Barrameda. La macabra devoción religiosa parece no tener fin y otros restos y dedos son distribuidos por toda España, gran parte de Europa y América.

    No obstante, importa lo que importa, y después de 500 años de aquel de 1515, sentir la fuerza seductora de esta mujer, su voz femenina y la utoridad del timbre lírico y amoroso de su poesía, no deja de ser sorprendente y alentador, digamos que un milagro en el contexto de la santa, que alienta un futuro de, al menos, otros 500 años. Pero eso ya lo contarán otros.

     

    26 febrero, 2017 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Viaje al interior de la poesía

    Autor: Guillermo Cuesta

    Viaje al interior de la poesía

    Poesía es una fórmula literaria que se caracteriza por ser la más pura manifestación que la palabra acopla al sentimiento, a la emoción y a la reflexión intimista del ser humano, en torno a la belleza, al amor, a la vida, a la muerte… tanto si está escrita en prosa como en verso.

     

    A partir de esta definición y en consecuencia la POESÍA será:

    Épica: si aplica su narración, descripción y diálogo a hechos legendarios o históricos, con la finalidad de alabarlos y exaltarlos. En su concepción y textura intervienen generalmente versos de longitud considerable. Como ejemplo de lo aquí expuesto se puede resaltar La Ilíada, de Homero.

    Dramática: si es una composición versificada, creada para ser representada teatralmente. Desarrolla, por lo tanto, un hecho o situación o un conjunto de ellos alrededor de un tema sobre el que expondrán su arte y representación los distintos personajes. La poesía dramática podrá convertirse en comedia, tragedia o drama según el tono y resultados de la misma:

    Comedia: se desarrolla con diversión y gracia, desenlace feliz.

    Tragedia: exposición de porte serio con personajes nobles e ilustres en el que destaca un protagonista rendido a la fatalidad y a lo funesto.

    Drama: representación escénica de hechos tristes o desgraciados entre los distintos personajes de la obra literaria.

    Sófocles y Esquilo dieron auge a estos subgéneros descritos.

    Lírica: si la poesía se componía para ser recitada musicalmente y con el acompañamiento de la lira (de ahí el nombre) era la expresión de la subjetividad, ajustándose a la métrica, medida y ritmo. En la actualidad se define como poesía lo que desde hace tiempo era considerado composición lírica.

    Coral: si la poesía se aplicaba a un conjunto de voces (recitada en grupo) dentro del discurrir poético se denominaba coral ya que era entonada y recitada en coro, en muchos casos como cántico a los dioses.

    Bucólica: si ampara y acoge la idealizada celebración de los paisajes y ambientes de la vida pastoril. Como ejemplo disponemos de Las Bucólicas de Virgilio y los Idilios de Teócrito. Todas estas variantes de la poesía exigían que hubiera una inspiración que dio en llamarse Musa para las artes y las ciencias desde que en las culturas grecorromanas se las consideraba diosas inspiradoras. El termino de Musa se consideraba en sentido figurado para describir a la mujer amada o a la que trae la inspiración en las formas de expresión cultural..

     

    Evolución histórica del término o concepto

    Grecia

    En tiempos de Platón, siglos V y IV a. d.C, la palabra poesía abarcaba el concepto de literatura. Poiesis significaba «hacer», en un sentido técnico, y se refería a todo trabajo artesanal, incluido el que realizaba un artista. Tal artista es el poietés ‘creador, autor; fabricante, artesano; hacedor, legislador; poeta’, entre las múltiples traducciones que otorga la palabra. Consecuentemente, poiesis era un término que aludía a la actividad creativa en tanto que supone actividad y otorga existencia a algo que hasta entonces no la tenía. Aplicado a la literatura, se refería al arte creativo que utilizaba el lenguaje.

    La poesía griega se caracterizaba porque era una comunicación oral representada ante un auditorio realizada por un individuo o un coro con acompañamiento instrumental.

    Platón divide la concepción poética en imitativa, no imitativa y épica bajo la concepción filosófica de las dimensiones metafísicas. De esta primera clasificación platónica, se desprende el origen de la vinculación del género poético con la característica enunciativa de la presencia de la voz del autor. Por lo demás, el uso del verso no era en esos momentos relevante, por cuanto la literatura antigua se componía siempre en verso (incluidos los escritos teatrales).

    Como se ha señalado, Platón lleva la literatura al contexto de un tratamiento referido a determinados problemas filosóficos.

    Fue Aristóteles quien, por primera vez, afrontó la elaboración de una teoría literaria independiente. Su obra clave es Poética (c. 334 a. C). Aristóteles introduce, en primer lugar, un elemento novedoso en la descripción de la poesía, al tener en cuenta que, al lado del lenguaje representativo de la imitación cabe la aplicación de armonía y ritmo.

    Distingue, al igual que Platón, entre narración pura (ditirambo) y narración alternada (épica)

    La poesía, siendo una de las manifestaciones artísticas antiguas, se vale de diversos artificios o procedimientos: a nivel fónico-fonológico, semántico y sintáctico o del encabalgamiento de las palabras, así como de la amplitud de significado del lenguaje.

    Para algunos autores modernos, la poesía se verifica y adapta en el encuentro con cada lector, que otorga nuevos sentidos al texto escrito. De antiguo, la poesía era también considerada por muchos autores una realidad espiritual que estaba más allá del arte según esta concepción. La calidad de lo poético trascendería el ámbito de la lengua y del lenguaje. Para el común de los mortales la poesía es una forma de expresar emociones, sentimientos, ideas con las que la imaginación se expande.

    Aunque antiguamente, tanto el drama como la épica y la lírica se escribían en versos medidos, el término poesía se relaciona habitualmente con la lírica, que, de acuerdo con la Poética de Aristóteles, es el género en el que el autor expresa sus sentimientos y visiones personales. En un sentido más extenso, se dice que tienen «poesía» situaciones y objetos que inspiran sensaciones arrobadoras o misteriosas, ensoñación o ideas de belleza y perfección. Tradicionalmente referida a la pasión amorosa, la lírica en general, y especialmente la contemporánea, ha abordado tanto cuestiones sentimentales como filosóficas, metafísicas y sociales.

    La metáfora y su imagen suponen la construcción de una realidad semántica que, acoplada al significado unívoco, da sentido a otros alternancias extrañas y distintas o distantes.

     

    Historia

    Las primeras testimonios de poesía escrita aparecen en los jeroglíficos egipcios unos 2500 años a. de C. Son cantos de trabajo y religiosos representados en tablas cuneiformes. Tanto el poema de Gilgamesh, obra épica de los sumerios, como la Ilíada o la odisea de Homero suponen que eran textos para trasmitirlos oralmente y que eran una recopilación de historias y episodios anteriores.

    Las narraciones orales eran en verso ya que ese método era agradable al oído y permitía recordar los textos con mayor facilidad.

    El primer poeta posterior a Homero que se adaptó a los motivos y reglas de la poesía fue Hesíodo (Los trabajos y los días). La poeta Safo, nacida en la isla de Lesbos, fue autora de obras para celebraciones nupciales.. Anacreonte escribió sobre la juventud y los placeres de la mesa. Calino de Efeso y Arquíloco de Paros, crearon la elegía. Arquíloco inventó el verso yámbico y se expresó con sátiras. Píndaro alcanzó la cima lírica coral dedicándose a la alabanza de los participantes en los juegos olímpicos.

     

    Roma

    Roma creó su poesía basándose en los griegos. La Eneida, de Virgilio, se considera la primera obra maestra de la literatura latina, y fue escrita pocos años antes de la era cristiana, al modo de los cantos épicos griegos, para narrar las peripecias de Eneas, sobreviviente de la guerra de Troya, hasta que llega a Italia. La edad de oro de la poesía latina es la de Lucrecio y Catulo, nacidos en el siglo I a. C., y de Horacio (maestro de la oda), Propercio y Ovidio. Catulo dedicó toda su poesía a una amada a la que llamaba Lesbia. Sus poemas de amor, directos, simples e intensos, admiraron a los poetas de todos los tiempos.

     

    La Silenciosa Poética de China y el legado de Confucio

    Entre las grandes civilizaciones del mundo la china es la cultura más antigua, a pesar de adversidades y represiones. La clave de esa fortaleza reside, sin lugar a dudas, en las ideas del filósofo Confucio, trasmitidas a través de la música, la poesía, la caligrafía, la pintura…

    El legado que aportó Confucio supone un descubrimiento de ideas relacionadas con las leyes del universo y la relación del hombre con la naturaleza. La libertad, decía, consiste en la búsqueda de la verdad. El liderazgo debe depender de la moral y no de otras circunstancias o disposiciones.

    El Concepto de los poemas silenciosos se obtiene de la fusión de la poesía y la pintura. Dentro de un poema hay una pintura y dentro de una pintura, un poema.

    El gran arte en China formaba parte de la vida cuotidiana. Los invitados presentaban en reuniones culturales pinturas a los compañeros, que a su vez expondrían oralmente un poema que hiciera referencia a la pintura. Esto demuestra que las reuniones eran no para matar el tiempo, sino para aplicar y extender cultura.

    Toda la parafernalia expuesta era como un gran conjunto cultural a estudiar, desarrollar y representar.

    La combinación entre pintura y poesía era muy apreciada. Unos versos o un poema servían para empezar a desarrollar imágenes y pinturas. Con ello se reducían las limitaciones propias de las partes con lo que el conjunto obtenía ventajas específicas.

    Las pinturas disponían de cualidades líricas en un reino poético, pudiendo dejar partes del cuadro vacías, para que fueran ocupados por la imaginación de los presentes.

     

    La Poesía japonesa y la Naturaleza

    Desde el momento mismo del nacimiento de la poesía en Japón, ésta se impregna con humildad del numen de la Naturaleza. No se miente al afirmar que todas las formas poéticas, la mayoría de los poemas y las muchas generaciones de poetas llevan implícitos la marca inefable de la Madre Naturaleza. Para el bardo japonés resulta muy difícil renegar de la flora, de la fauna o de los elementos de su país, ya que renegar de éstos sería renegar también de sí mismo.

    Tanka

    Tanka o waka es el poema de 31 sílabas japonés. Es una de las formas poéticas niponas por excelencia, ligada a la vida relajada de las cortes Heian. Se estructura en cinco versos de cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas respectivamente.

    Haiku

    Posterior cronológicamente al tanka y, sin duda, deudor de él, el haiku está formado por tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente (se constata que coincide con la estructura de los tres primeros versos del tanka). Según algunos estudiosos , el haiku ideal ha de mostrarnos dos ideas contrastadas: una sería la de trasmitirnos el lugar o el momento en el que se realiza la acción (kigo) y la segunda lanzarnos un breve y profundo concepto filosófico o moral para la reflexión después de su lectura.

     

    Los trovadores

    La poesía trovadoresca y galante se originó en la Provenza, al sur de Francia, y fue el antecedente de la riquísima producción de los poetas italianos del sigloXIII, como Dante Alighieri y Guido Cavalcanti. Poco más tarde, Petrarca llevó a su máxima expresión el llamado “dolce stil nuovo” (dulce estilo nuevo), con su poesía amorosa dedicada a su amada Laura.

     

    Características técnicas de la poesía

    La métrica

    El arte de combinar rítmicamente las palabras no es lo único que distingue a la poesía de la prosa, pero hasta mediados del siglo XIX constituía la mejor forma de diferenciar ambos usos del lenguaje. La versificación tiene en cuenta la extensión de los versos, la acentuación interna y la organización en estrofas.

    La rima

    Es la coincidencia de las sílabas finales en versos subsiguientes o alternados, Representa otro elemento del ritmo, igual que la aliteración, que es la repetición de sonidos dentro del verso, como en este de Góngora: «infame turba de nocturnas aves», donde se repite el sonido ur y también se juega una rima asonante en el interior del verso entre infame y ave. La rima es consonante cuando coinciden en dos o más versos próximos todos los fonemas a partir de la vocal de la sílaba tónica. Es rima asonante cuando solo coinciden las vocales.

    La poesía en lengua castellana se mide según el número de sílabas de cada verso, a diferencia de la poesía griega y de la latina, que tienen por unidad de medida el pie, combinación de sílabas cortas y largas (el yambo, la combinación más simple, es un pie formado por una sílaba corta y otra larga). En la poesía latina los versos eran frecuentemente de seis pies.

    Por el número de sílabas, hay en la poesía en lengua castellana versos de hasta 14 sílabas, los alejandrinos. Es muy frecuente el octosílabo en la poesía popular, sobre todo en la copla. Las coplas de Manrique se basan en el esquema de versos octosílabos, aunque a veces son de siete, rematados por un pentasílabo. A esta forma se le llama «copla de pie quebrado». La irregularidad silábica es frecuente, incluso en la poesía tradicional. Por ejemplo, en poesías de versos de once sílabas se pueden encontrar algunos de diez o de nueve.

    Las estrofas (grupos de versos) regulares, de dos, cuatro, cinco y hasta ocho versos o más corresponden a las formas más tradicionales. El soneto, una de las más difíciles formas clásicas, se compone de catorce versos, generalmente endecasílabos (once sílabas), divididos en dos cuartetos y dos tercetos (estrofas de cuatro y de tres versos), con distintas formas de alternar las rimas.

    La alternancia de sílabas tónicas (acentuadas) y átonas (sin acento) contribuye mucho al ritmo de la poesía. Si los acentos se dan a espacios regulares (por ejemplo, cada dos, tres o cuatro sílabas), esto refuerza la musicalidad del poema. Mantenida esta regularidad a lo largo de todo un poema, se logra un efecto muy semejante al del compás musical.

    La poesía del siglo XX ha prescindido en ocasiones de la métrica regular y, sobre todo, de la rima. Sin embargo, la aliteración, la acentuación y, a veces, la rima asonante, mantienen la raíz musical del género poético.

     

    Actualidad

    El ruso Roman Jakobson habla del lenguaje poético indicando que el mensaje forma parte del poema. Consigna que en la función poética del lenguaje el eje sintagmático (orden gramatical del discurso) se proyecta sobre el eje paradigmático (selección léxica). El estadounidense Ezra Pound en su libro El arte de la poesía indica que el poeta es responsable social de moldear la realidad. En la misma obra describe Pound la fanopea, manejo de la imagen; logopea, discurso del pensamiento poético y melopea (manejo del ritmo y la eufonía. Los poetas Kahn y Laforgue a fines del siglo XIX introducen la versificación libre, liberando así al verso de las restricciones de la métrica y la rima. Esto implica para el poeta un arma de doble filo, por una parte lo libera de los cánones, pero, por otra parte lo coloca frente a la responsabilidad de que el poema nazca generando su propia forma rítmica y eufónica tomando en cuenta solo la finalidad de su propia expresión. Parecería que los criterios para saber si un texto es o no es un poema se han diversificado. Ya no priva la expectativa de clasificar en sonetos, liras, décimas, etc. sino la percepción del fenómeno poético encarnado en lenguaje. Actualmente, con la apertura de la experiencia histórica como un repertorio susceptible de ser reciclado en nuevas combinatorios, muchas de las formas clásicas se han retomado con un sentido abierto.

    El papel que juega la poesía en el siglo XXI, se encuentra ligado al avance tecnológico y científico. Surgen nuevas corrientes de Poesía, nuevas formas de manifestación, como la metapoesía, biopoesía, la poesía ecológica, la poesía virtual, transmodernista, entre otros, además de que asistimos a una renovación o por lo menos un reemprendimiento de ciertos vanguardismos y estéticas críticas, como la poesía de la conciencia.

    El Día Mundial de la Poesía fue proclamado por la Conferencia General de la Unesco y se celebró por primera vez el 21 de marzo de 2000. Su finalidad es fomentar el apoyo a los poetas jóvenes, volver al encantamiento de la oralidad y restablecer el diálogo entre la poesía y las demás artes (teatro, danza, música, etc.).

    4 noviembre, 2016 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Carlos Edmundo de Ory

    Autora: Rosa Marzal

    Carlos E

    “La vida es una letra de inmenso corazón

    que levanta sus brazos frágiles hacia arriba

    clamando de continuo

     

    ¡La vida es una Y! “

     

     

    Inquieto, asilvestrado, infantil, hondo, tremendamente singular y creativo, Ory mostraba su ser “poeta mago” en casi todo, desde la variedad de su amplia poesía hasta su indumentaria bohemia, pasando su amor al “happening”. Así define el poeta Luis Antonio de Villena a uno de los autores vanguardistas más singulares y revolucionarios del panorama poético español del siglo XX.

     

    Carlos Edmundo de Ory nace en Cádiz el 27 de abril de 1923. Hijo del poeta modernista Eduardo de Ory, fue fundador, junto a Serneti, del Postistmo (contracción de postsurrealismo), un movimiento que buscaba ser el resultado de todas las vanguardias literarias precedentes. Su propuesta era expresar la realidad quebrando el lenguaje convencional y reconstruyendo un universo poético propio; pero su producción literaria no solo se centró en el ámbito de la poesía vanguardista, fue también epigramista y traductor, sonetista y poeta del amor metafísico. Entre 1955 y 1967 fija su residencia en París donde trabaja como bibliotecario en la Maison de la Culture, lo que le lleva a fundar, tirando del hilo de la contracultura, el Atelier de Poésie Ouverte (A.P.O.).

     

    Entre sus poemarios destacan: “Metanoia”, “Poesía abierta”, “Soneto vivo”, “La flauta prohibida” y su antología “Música de Lobo”, “Aerolitos” (proposiciones en las que fragmenta la realidad para reconstruir el pensamiento: “la risa es el sexo del alma”, “los recuerdos son la salud de la enfermedad de vivir”…)

     

    Carlos Edmundo de Ory fallece en Amiens (Francia) el 11 de noviembre de 2010. Su obra, ignorada por mucho tiempo, ha cobrado gran valor en nuestros días, siendo traducida a diferentes idiomas.

     

     

    EROS TREMENDUM

     

    En la noche del sexo busco luz

    y encuentro más y más oscuridad

    sin tiempo sobre el tuyo cruz con cruz.

     

    Subo y bajo y gravito mi testuz

    cae sobre el muro de tu atroz ciudad

    sin puertas donde al fin me da mitad

    de entrada a la tiniebla un tragaluz.

     

    Mantel mi espada cubre los manjares

    mis brazos y mis piernas son a pares

    con los tuyos en forma de escorpión.

    4 noviembre, 2016 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas foro Alaire

    Algo de nuestro tiempo (Julián Borao)

    Ese tiempo fue el tiempo de las lámparas rotas,
    fue el tiempo del impulso que fragmentó lo intacto,
    la noticia del aire y sus compases,
    el grito en el vacío que nadie reprodujo
    confuso en un silencio seccionado y absurdo,
    como si cada historia no fuese de repente
    sino el frágil decurso del espasmo común
    que inclinó la balanza hacia el abismo.

    Fue ése quizás el tiempo que nunca perseguimos,
    el tiempo de la luz.

    Tal vez exista aún su ser incierto,
    tal vez en las promesas que no fueron
    exista la razón de su hipnotismo.
    Como si fuera nuestro ese lugar
    que hoy permanece
    atado a nuestras vidas.

     

    ¿Es posible volver al hogar? (Ramón Carballal)

    No es un palacio ni un cromo ni un vendaval de zafiros.

    Crece la infancia con un balón de mercurio,
    crece con pasillos de hembras rosadas,
    se extiende como el cansancio del leopardo
    y la rugosa piel de la herida,
    acampa en habitaciones sin luz
    y dorados de terciopelo en la sangre vespertina.

    Tengo memoria, tengo la araña que baja a su nido,
    a reconocer su lecho, su arbitrario crisol, su herrumbre.

    La casa, el hogar,
    su silencio se eleva como una llanura de sutiles auroras
    y retorna a las grecas de un suelo sin edad,
    a los paisajes de qué dentaduras,
    en medio de qué música,
    tan lejos del grito de los caballos verdes.

    Duermen los ecos en su narciso de hojalata;
    encuentro gestos, preguntas, pómulos de nieve.

    Y todo eso, amigo, no es más que el regreso.

    Regreso (Aubriel Camila de la Prad)

    1
    ahora es hora de arcángeles en silencio
    de palomas de hielo
    en campanarios sin nubes
    es hora de veladuras
    sobre los matices inquietantes de la noche

    2
    sin embargo tus ojos
    zona de enigmas
    donde se guarece mi imagen completa
    a lo largo del tiempo

    3
    atravieso ventanas de niebla candente
    levísimos puentes
    para llegar al recuerdo de mí misma

    4
    nunca habité espacios serenos como parques
    ni perspectivas quietas
    sólo sé de aullidos en noches de lobos
    de abedules sedientos
    de preguntas al filo del abismo
    de eternos desabrigos

    5
    pero es la hora
    la misma de siempre
    la hora en que las campanas
    deshacen mi nombre en el viento
    y vuela en cenizas a tus manos

    6
    Hombre de sueños como hogueras
    en tus ojos se desnudan
    todos mis misterios

    7
    ahora es hora de mirarte
    entrar sin miedo en el territorio fractal
    de tus pupilas
    y completarme
    para siempre.

    Luna     (Marcos de la Mancebía)
    Como vana ilusión de enamorado,
    de eterno selenita,
    acudes tú,
    refugio de la atroz esquizofrenia,
    con tu pálida llama de dulzura,
    a romper el hechizo
    que sellé en sortilegio con Erato.

    Fénix perecedero, que perturbas
    la cordura que anuda mis sentidos
    al anhelo febril de ser un dios,
    no asocies el rencor a mis palabras,
    porque eres tú
    dulce sueño en mis noches de lunático.

     

    Alzar el canto  (Pilar Morte)

    Hemos rodado cuesta arriba tras el metal prohibido,
    y el viento hizo temblar la luz, indagando
    la vibración que curte la piedra, el fuego escondido.

    Recuperamos el sentido de un dios que se crea,
    el agua contenida en el cántaro, la lluvia de lo real.

    Descorremos el velo y la flor se abre cálida,
    entonando su música, que afino con ella,
    -sinapsis con la piel sus pétalos de seda-
    y dejo de ser yo para adentrarme en el todo,
    quebrando el reloj, el perfil que define.

    Un segundo es bastante para ver lo inefable,
    la armonía del caos, el trascender del paso.
    Un segundo alcanza la cima, y estremece
    a la paloma en vuelo que descubre la altura…y canta

    Inmutable  (Hallie Hernández Alfaro)

    Estabas allí, en el rúnico limbo de la tarde
    con las manos acribilladas de mayo
    y Werther enfundado en las cenizas.
    No tardé en reconocer la pira inconclusa de miel fatua
    el aullido ronco del lobo que huye,
    esa voz que avivaría por décadas el osario de mis nanas.
    Seguías allí, como el faro disidente que migra con el tiempo
    cicatrizando, una por una, las heridas de Pandora.
    Olvidé que eras el labio ferroso que agota las nupcias,
    el atrio ajeno de lluvias, la tumba adolescente de mis perdones.
    Has vuelto a mirar el pecho de Lotte, despojado de cisnes
    y todavía callas, cuando hablo de amor.

    Todo es tan breve que no os dais ni cuenta  (Jaume Vendrell Kyuss)

    Breve como un bocado de libertad.
    De amplitud que se resiste a extraerle al viento
    la coreografía sin trayectoria de sus cálidas melenas.

    Breve como el instante de arroz
    que deja huérfano al cuenco
    en la boca que anhela luciérnagas.

    Tan breve como el pigmento de la acuarela
    soterrada bajo el folclore iracundo del agua.

    Breve como el lapso
    que arranca cuervos de vuestro duelo
    en forma de vocablos virtuales sin sentido.

    Como la botella de vino cuando me pongo.
    Como la noche que da paso al ruido de las horas,
    al rugido que unta la goma desde el sueño hacia el asfalto,
    de la lengua hasta el insulto que a nuestros pies aguarda.

    Todo es tan breve hasta que deja de serlo,
    que la hoja del puñal avanza y avanza
    por el viaducto que cuelga de la carne
    y no os dais ni cuenta.

    Para que…

     

    El lector  (Carmen Iglesia)

    Me gusta que en tu boca tiemble el agua
    porque, cuando haces líquido el idioma,
    las palabras se vierten fuera de los renglones
    y el mundo se sumerge en un papel.
    Mientras hablas de libros,
    irrumpe en la memoria la voz de los ausentes
    -eres como un olvido que el tiempo desordena,
    como un sorbo de lluvia en Marrakech-.
    Manchas de sal todos los nombres
    y encierras el temor en un cuaderno;
    mientras lees, tu tiempo se hace charco.

     

    Desde el límite del recuerdo hasta la religión de sus brazos (Marian Ramentol)

    A mi madre, que ya siempre será de agua.

    Los besos póstumos nacieron para doler,
    y a mi me grita el vientre cuando te dejo mojada
    y vuelvo a la vida dentro de tus ojos acabados,
    flotantes como tu cuerpo para siempre.

    Esos ojos de gesto tan pequeño, sonríen
    desvestidos bajo la bisagra de los párpados.

    Con la hipoteca de agua
    que nunca acaban de pagarle al mar,
    llevan el mundo en el aire,
    callados como lluvia en la arena de julio,
    como incendios bellísimos,  catedrales feroces,
    inviernos confundidos en los siglos de unas manos,
    y la sangre despierta subida al caballito de lo vivo
    o lo muerto.

    Yo la veo y la mirada se anticipa
    desde el límite del recuerdo hasta la religión de sus brazos,
    donde las calles olvidan los bordillos, el tiempo
    nortea más allá de las conjugaciones del horizonte
    y las nubes desnudas
    ofrecen velocísimas sus labios sin cielo,
    apretados.

    Me quedo suspendida, grave,
    una isla dormida sobre el margen izquierdo del milagro,
    sin partos de frambuesa y sin verdades.

    Con las cicatrices creciéndose hacia atrás,
    clavando alfileres en el origen del misterio,
    espero de nuevo esa carne triste, súbita,
    amada sobre el frío de una soledad perfecta,
    blanca y eternamente suave
    durante el norte de todas las horas que me queden.

    La poesía ha muerto  (Esteban Granado)

    Dicen que ha muerto el arte de caminar el mundo de puntillas
    sin sublevar la permanente melancolía del tiempo,
    su despótica tristeza.

    Dicen que ha muerto el arte de romperse, el arte de caer y revolcarse,
    el don curioso, el presagio honorable, la diestra de dios padre
    o el color de la tierra del olimpo:

    que ha muerto alanceada y torturada
    tiroteada en un motel de carretera
    apuñalada por el joven bruto
    envenenada con tacón de aguja
    que ha muerto ahorcada en su corbata sedicente
    sublimando su célebre fatiga

    (y hasta Nas dice que el hip-hop ha muerto, con una rosa negra entre las manos).

    La poesía ha muerto.

    Dicen que sonreía recitando el poema y chocaba las copas con el rictus encima,
    vestida de domingo, con el justo perfume, el maquillaje justo
    y las justas alhajas titilando su pátina de abril,
    que rimaba cursiva y flagelada, al margen de las páginas,
    y se dejaba llevar por la fortuna oscureciendo su gloriosa cabellera

    (y luego, en un suspiro,
    que el hedor a eternidad se extendía por los desabrigados horizontes
    colapsando bandadas de garzas invernales,
    y que la sangre, en su contorno inabarcable,
    era un líquido huérfano y era el reflejo azul de un río bravo).

    La poesía ha muerto, pero está dormida,
    es libre de rodar o de pedir asilo,
    libre de sacrificar el copioso rebaño de Calíope
    o de enmendar la plana al propio firmamento

    (y algunos dicen que su tumba es frágil como una plataforma de rocío,
    como una formación de hojas de hierba).

    21 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El papel de los militares en la Transición democrática

    Se trataba de hombres todavía jóvenes, posiblemente demasiado para llevar el tipo de traje con  el  que pasaban revista.  Seguro que por momentos se sintieron ridículos con aquella corbata y la gabardina que habían comprado al tomar posesión., con el intento de marcar un ritmo al caminar que agradase a jefes y oficiales, con esa forma de alzar  el mentón y enderezar el brazo al avanzar… Volvían a ver uniformes verdes, boinas negras y gorras de plato,… el pensamiento retrocedía a la tensión y las ganas de agradar, a la instrucción del Campamento de Milicias y el ensayo de la jura de bandera. Para ellos la vida había pasado a gran velocidad desde todo aquello, tan rápido que los recuerdos estaban borrosos y los hábitos aprendidos se estaban olvidando.  Por momentos, podía ser que temieran que el paso que intentaba ser marcial resultase ridículo y  que el crujir de los zapatos recién estrenados se oyese hasta en la grada que cerraba la explanada.

    Tras las compañías en formación de firmes permanecían alineados viejos carros de combate de origen estadounidense.   Uno de los hombres de traje sonrió al pasar ante el viejo conocido, el mismo modelo de tanque que cuando era alférez de Milicias.  Era material obsoleto, ya usado en Corea, totalmente  inútil para una guerra moderna.  Con todo, cada tanque pesaba cincuenta toneladas y tenía un cañón de 105mm.  Estaba claro que no serviría para una guerra exterior pero si  para dominar en pocas horas  una ciudad.  Se había visto en  Santiago de Chile, en Buenos Aires, en Valencia,… por muy poco no había ocurrido en Madrid. La sonrisa se  fue desvaneciendo del rostro del político dejando en su lugar una mueca de inquietud: los tanques servían para aplastar toda resistencia civil, para eso seguían  activos y precisamente por eso las bases de la División rodeaban Madrid.

    Los carros tenían una misión y él tenía la suya así  que dejó de marcar ese paso marcial que, de olvidado, resultaba ridículo, venció los viejos temores y continuó su revista de tropas firme pero sereno,  demostrando que el poder civil a partir de ese día dirigiría a esos hombres tan acostumbrados a ordenar pero también a obedecer.

    Así   quedó recogido el momento en las fotos de la prensa:  unos dirigentes políticos muy jóvenes con pelo todavía demasiado largo, con la apariencia extraña que les daban  aquellos trajes tan poco habituales en ellos pasando revista con aire solemne a generales que  podrían ser sus padres.

    Este sería el final de la historia.  La formación de un gobierno con un abrumador apoyo popular tras las elecciones generales de 1982 y las reformas acompañadas del reciclaje profesional de los mandos producto del ingreso de España en la OTAN terminaron con una tradición de protagonismo militar en la vida política que se remontaba a doscientos años atrás.
    UN MODELO MILITAR ANÓMALO.

    Todo se resume en una pintura mural: dos hombres con vestidos desarrapados y caras torradas por el Sol están luchando.  Las caras expresan resentimiento,  inquina de plumas blancas teñidas de rojo en el corral de gallos, de perros que mueren con la mandíbula rígida sobre el cuello del contrario, de odio tal que verter la sangre no es malo cuando el enemigo ya riega con la suya los terrones cuarteados por el Sol.

    Podemos llamarlo cainismo, una palabra con la que los libros de historia de España del S. XIX, se referían a la culminación de los males patrios. Era una manera de reducir a concepto el devenir de una época en la que las diferentes opciones políticas, las luego llamadas “dos Españas,” se enfrentaban sin conseguir prevalecer e implantar un modelo político de forma definitiva.  Se hablaba de la lucha entre Abel y Caín como defecto nacional y ahí cabían los que gritaban “viva la Pepa” y  los serviles que replicaban “vivan las caenas”, los progresistas y  los moderados, carlistas y republicanos.

    Goya, sordo y hastiado del país, lo había reflejado de una forma más directa: rasgos agitanados de los que adoraban los románticos europeos que nos visitaban en busca de patillas, bailaoras, bandoleros y  miseria ajena; ojos que acometían con ese  brillo de navaja con que miran las bestias acosadas; saña, sudor y el perenne paisaje de estepa desolada por sequías  y contiendas, de tierra que no da pan.  Los dos peleadores cuentan con un tosco instrumento de contienda, un garrote o cachiporra: ese es el Ejército.

    Desde el S. XIX el modelo militar español se había caracterizado por ser radicalmente diferente del de otros países europeos, caso de Gran Bretaña o Francia.  Allí el Ejército se considera  un instrumento de la política exterior del Estado, quedando apartado de tareas  como el orden público y sin siquiera concebir la posibilidad de decidir por la fuerza de las armas la situación política.

    En España la imposibilidad de las distintas opciones políticas de poder contar con la fuerza necesaria para construir un determinado modelo de Estado dio lugar a la búsqueda de un apoyo que pudiese decantar la situación política a su favor.  Ese apoyo fueron los mandos militares.  El resultado fue un siglo diecinueve de inestabilidad, pronunciamientos militares, ejercicio abusivo de las funciones de orden público y los llamados “espadones” como árbitros del juego político.
    Al comienzo del siglo XX el problema parecía superado.  La fórmula restauradora de Cánovas concebía al monarca como militar y jefe del ejército importando la fórmula prusiana del “Rey soldado” como medio para asegurar la estabilidad del régimen frente a la tradición golpista del siglo anterior.  La abstención militar del juego político duró justo el tiempo en que el sistema turnista funcionó.  A partir de ahí, la vuelta de la debilidad política y la descarga en la clase política de la responsabilidad de los fracasos militares en las contadas acciones exteriores de la época (Desastre del 98, Annual,…) hace que los militares desarrollen una ideología en la que se atribuyen el papel de elemento más limpio de un país en decadencia por la mala actuación de la clase política.  El proceso culminó con el  propio rey implicado en un golpe de Estado que, tras crear grandes esperanzas de regeneración, terminó por caer en el descrédito arrastrando en su derrumbe al propio monarca.
    La II República arrastró en su polarización a los propios militares y así un sector del ejército cayó en una ideología reaccionaria que llegaba a una identificación del Ejército como la parte más pura de la nación, como su misma esencia.  Esa polarización sería uno de los elementos desencadenantes de la Guerra Civil.

    EL EJÉRCITO FRANQUISTA.

    Habían untado el pelo de brillantina y recortado el bigote, el ordenanza estaba planchando el uniforme, en pocas horas desfilarían ante el Generalísimo por las calles del Madrid vencido.  Tres años de barro y frío, de camaradería y virilidad.  En unos meses tendrían que reincorporarse a las facultades: Anatomía, Química Orgánica, Derecho Romano, paseo a la salida de clase y rondas de la tuna.  Después vendría una cómoda vida en un país pacificado, el sentar cabeza con una enamoradiza compostelana y educar hijos, la misa de doce, un destino de secretario de juzgado o médico de pueblo, de tertulia de rebotica y Adoración nocturna.  El coronel les había comentado que casi no había mandos, que el Caudillo les daría la oportunidad de seguir su carrera en ese Ejército que conquistaría un Imperio.  Más barro o tal vez arena, nieve o calores del desierto y luego otros desfiles bajo el Arco de la Ciudad Universitaria como oficiales victoriosos en Gibraltar, en Marruecos, en Orán,…en Rusia.

    Desfilaron orgullosos por un Madrid donde las pancartas de “No pasarán” habían desaparecido sustituidas por un mar de manos alzadas.  Aquel día lucía un Sol radiante para el joven  ejército de la Nueva España.  Fonseca seguía triste y sola, abandonada por los que desfilaban, por los que murieron, por los presos y exiliados,…,  alejada por esos tres años que marcaron tantas vidas, demasiado lejos.

    Así nació el Ejército de la longeva dictadura del general Franco, un ejército por una parte viejo, en el sentido de que sigue manteniendo la mentalidad reaccionaria, vocación interior y  autoconciencia de esencia nacional propia de tiempos antiguos, con elementos radicalmente nuevos.  Entre estos últimos la nota fundamental es que el ejército franquista no era una fuerza militar al servicio del Estado sino al servicio del régimen y, más especialmente de su cabeza: Franco.  Estaríamos casi ante un ejército personal que debía fe ciega a su “caudillo.”

    Este papel debe ser explicado atendiendo a una serie de rasgos como composición, actitudes, papel en el Régimen, prerrogativas, medios e imagen social.

    Por su composición, se trataba de un ejército creado “ex novo”: durante la Guerra Civil la mayor parte de los mandos militares habían sido fieles a la República lo que implicó un vacío de jefes y oficiales que se cubrió recurriendo a los estudiantes universitarios como oficiales de baja graduación.  Posteriormente se les permitió continuar en la vida militar en condiciones de ascenso muy ventajosas.  Esos jóvenes oficiales de complemento que participaron en el llamado Desfile de la Victoria, treinta años después constituían la auténtica columna vertebral de las Fuerzas Armadas y su adhesión a la figura de Franco era absoluta. El franquismo no los había hecho héroes en la conquista de un imperio colonial o en la derrota del comunismo pero les había dado una sólida carrera profesional, un estatus social, las costumbres de cuartel como forma de vida superior a la de los civiles y, por encima de todo, los recuerdos de cuando siendo muy jóvenes ganaron una guerra a las órdenes del Caudillo. Frente a la politizada oficialidad anterior a la Guerra ahora se contaba con mandos caracterizados por un culto extremo a la jerarquía.

    Al mismo tiempo, el ejército franquista fue utilizado como instrumento de adoctrinamiento de la población en los valores del régimen por medio de la institución del Servicio militar.  Si en cualquier ejército de reemplazo el servicio militar suele implicar un instrumento de inculcación de valores patrióticos, en este caso “nacionalización” se identificaba con obediencia absoluta al régimen, así como disciplina y sumisión a la jerarquía  social, apatía y valores tradicionales.

    A partir de los años cincuenta la tradicional actuación del Ejército en materias de orden público cedió terreno a las instituciones civiles, lo que llevó a un alejamiento de los militares de la lucha directa contra las llamadas “fuerzas subversivas” aunque sus características y despliegue sobre el territorio seguían haciendo que realmente solo resultaba apto para controlar una sublevación a gran escala.

    En otros aspectos como salarios, la realidad era que la oficialidad estaba muy mal pagada, lo que se compensaba con prestigio social inculcado por el régimen, mientras que su armamento era completamente obsoleto (esto en parte producto no sólo de la falta de enemigos exteriores sino también del aislamiento internacional del régimen franquista).

    Por último hay que tener en cuenta que, pese a la adhesión inquebrantable, la desconfianza del dictador contribuyó a aumentar su falta de operatividad a fin de evitar cualquier posible golpe de estado contra el Régimen.  Se dice que si una unidad mecanizada tenía carros de combate, el combustible y la munición estaban en manos de otras unidades.  Esto daba lugar a que todo levantamiento debía contar con la participación de varios jefes militares y sería facilmente detectado en la fase preparatoria.
    LA TRANSICIÓN: MENTALIDAD DE LOS MILITARES.

    En la transición democrática la gran mayoría de la alta oficialidad y jefes de las FFAA corresponden al tipo que puede denominarse “conservador”.  Éste es el ejemplo de militar típico del régimen anterior: disciplinado, con culto a la jerarquía,… franquista hasta la médula pero también consciente de que tras la muerte de Franco debería haber ciertas reformas.  Esas reformas estaban en buenas manos ya que el Jefe del Estado es el sucesor elegido por el propio Franco, militar y nueva cabeza de las FFAA. Además los protagonistas del proceso político (Suárez, Fernández Miranda,…) son miembros de la elite del régimen franquista y todas las reformas se hacen sin romper el ordenamiento jurídico anterior.  En todo caso, la situación política y social del país no les gusta, preferirían volver atrás pero Franco está muerto y el deber de un militar es acatar el orden establecido.  Sólo tomarían el poder si se lo ordenase el Rey o la situación política del país fuese desesperada.

    Con todo, el estamento militar no es uniforme y existirán otras actitudes ante el proceso político en marcha:

    a) Ultraderechistas: Eran pocos pero resonantes y considerados por sus compañeros como leales a los que la fidelidad extrema al Régimen anterior les hacía olvidar valores como la disciplina.   Por sus colaboraciones en periódicos como El Alcázar o El imparcial aparentaban tener un peso  importante en las filas militares.  En realidad en los cuartos de banderas se les apreciaba pero no se les apoyaba.

    b) Liberales: Escasos pero situados en los altos niveles del estamento militar.  Su idea de Fuerzas Armadas era semejante a la de los países de la Europa democrática.  Militares de este grupo como el general Díez- Alegría o Gutiérrez Mellado no eran bien vistos por sus compañeros ya que estaban alejados de su orden de valores y en las antípodas de su visión del Ejército.

    c) Demócratas: Muy pocos y  de baja o media graduación. Estaban encuadrados en la Unión Militar Democrática. Resultarían represaliados por su actividad y la gran mayoría abandonarían las armas.  Para sus compañeros eran el símbolo de que, como en Portugal, la subversión estaba entrando en las FFAA.
    ACTUACIÓN MILITAR EN EL PROCESO: El ejemplo de la legalización del PCE y el problema de fondo.

    Los  rasgos del militar de tipo “conservador” marcarán la actuación del estamento en el proceso de Transición. Así lo habitual es que ante una decisión política poco popular en el ámbito militar los discursos y arengas destaquen la disciplina y el acatamiento de las normas como valor castrense.  En segundo lugar, el papel de los militares es siempre reactivo, nunca tienen iniciativa.  De hecho, se toma una decisión política y los militares se encuentran con ésta ya tomada sin que puedan imponer la revocación de la misma.  Además su propio orden de valores les impide que actúen como colectivo organizado con capacidad de anticipación y veto de la acción política.

    Un caso palmario de actuación en este sentido es la legalización en 1977 del Partido Comunista de España.
    La legalización pudo comenzar con un hombre que fuma ante la televisión.  Al otro lado de la nube de Ducados pasan los féretros en blanco y negro. El hombre aparta la mirada para contemplar el círculo que acaba de formar espirando humo. Su mujer se queja de que cada vez fuma más y come menos, de que si sigue así pronto abandonará este mundo.  El pensamiento se desplaza al lugar a donde se dirigen los féretros, a las palabras “cementerio civil”.  Siente que el término civil acompañando a cementario  añade soledad,  abandono,  desamparo del que duerme sin el consuelo de la Fé.

    En la televisión se ven puños en alto y ramos de flores con forma de hoz y martillo. Mientras enciende un nuevo pitillo advierte el contrasentido de cortar flores para honrar la memoria de las vidas segadas, de podar para conmemorar una vida que se fue.

    En medio de la nube de humo el cortejo avanza silencioso, los rostros demuestran emoción pero no hay aspavientos  ni se escuchan gritos, nadie se altera.  El fumador piensa en los ultraderechistas en los entierros de asesinados por ETA o el GRAPO, en como interrumpen el incipiente descanso de los fallecidos, en los intentos de agresión a las autoridades, en los insultos al vicepresidente del Gobierno.

    Apaga bruscamente el negro en el cenicero, aplasta el filtro.  Tiene que tomar pronto la decisión.  Les transmitió por Gutiérrez Mellado o por Pita que nunca legalizaría a los comunistas pero se acabó el dar largas…tiene que hacerse ya. Pronto habrá elecciones generales y el Partido tiene que estar legalizado.  Carrillo se pasea por Madrid con total impunidad, los líderes europeos le insinúan que sin el PCE España no será una democracia real y justo ahora aparecen los del búnker y asesinan a esos abogados en la calle  Atocha.  Los generales tendrán que aceptarlo si lo hace por sorpresa, si no hay vuelta atrás. El mejor momento será en un momento de parálisis, cuanto pueda actuar él sólo,…en  plenas vacaciones de Semana Santa.

    Da una fuerte calada al Ducados que encendió sin darse cuenta.  Sí, está siempre preocupado y fuma demasiado.  Los niños le dijeron ayer: “Papá, desde que eres Presidente cada día fumas más.  Mamá dice que así te  vas a ir pronto al Cielo”.  ¡Vaya con Amparo asustando a los críos!  Por un momento mira como el humo sube en espiral llevando consigo una pequeña parte de su alma de fumador compulsivo, después baja la mirada para contemplar como los ataúdes entran en el cementerio. En el cementerio civil. La duda lo asalta, tendrá que consultárselo a Tarancón: ¿A dónde van las almas de los mártires del materialismo?
    Tanto para los ministros militares como para toda la cúpula militar esa actuación de Adolfo Suárez fue una auténtica traición personal. El resultado fue la dimisión del Ministro de Marina, almirante Pita da Veiga y un comunicado de los jefes militares en el que afirman que la legalización “ha provocado una repulsa general en todas las Unidades del Ejército.  No obstante, en consideración a intereses nacionales de orden superior, admite disciplinadamente el hecho consumado”   Este caso es el ejemplo más destacado de la dinámica de actitud reticente pero disciplinada, titubeos de las elites políticas ante la posible actitud del Ejército y la actuación final de éste meramente reactiva, sin capacidad de presionar o vetar la toma de decisiones.

    Por último, un aspecto relacionado es la actuación de los políticos ante un estamento militar que sabe que no simpatiza con la evolución política. Tanto los gobernantes como los dirigentes de la oposición tendrán en cuenta la necesidad de no herir la susceptibilidad de los militares y para eso  procurarán no tomar nunca decisiones bruscas ni declaraciones explosivas, no actuar de forma radical contra los ultraderechistas, no inmiscuirse en la autonomía interna de los militares y  compensar las decisiones impopulares en el ejército por medio de aumentos en los presupuestos de Defensa.

    Dentro de esta tónica general de relación entre militares y civiles los tres elementos o acontecimientos esenciales que provocarían la aparición de la dinámica anterior serían la ya vista legalización del Partido Comunista de España (PCE), el surgimiento del Estado de las Autonomías (que implica abrir el camino a las reclamaciones nacionalistas y el abandono del centralismo para acercarse al modelo de distribución territorial de la II República) y finalmente el problema terrorista vasco que actuó de forma especial contra los militares, creando una situación de tensión continua en la que los militares acataron la estrategia antiterrorista de los gobiernos de UCD pese a preferir métodos más expeditivos.  Realmente la violencia terrorista es el gran problema de fondo.  Es posible que la legalización de la fuerzas de la oposición o la descentralización del Estado fueran asumidos sin grandes problemas si se realizaran en un contexto de paz política y social. Por el contrario, el comenzar un proceso de apertura política en medio de una vorágine de asesinatos políticos de la que precisamente los militares (incluyendo Guardia Civil y Policía Armada) son objetivo prioritario hace pensar que los gobiernos en minoría de la Unión de Centro Democrático son incapaces de hacer frente a la subversión. Llevando el argumento más allá, decisiones políticas como la legalización del PCE o el nacimiento de las autonomías para los militares son ejemplos de una claudicación progresiva frente a los enemigos de la patria.
    EL GOLPE DE ESTADO DEL 23-F DE 1981.

    Si durante todo el proceso de democratización el peligro de la innovación militar había pendido sobre la sociedad española, la amenaza se materializó al fin con el intento de golpe de Estado de febrero de 1981.  Este va a ser el punto de inflexión de esta historia, el momento en que una rebelión militar pudo truncar la naciente democracia pero a la vez la ocasión que demostró el fracaso de la añeja vía del pronunciamiento.
    Su evolución y protagonistas es bien conocida por todos ya que, aparte del recuerdo que la mayoría mantienen de los acontecimientos,  las distintas cadenas de televisión programan reportajes especiales y documentales cada aniversario.  Como en una película varias veces vista conocemos a los buenos y a los malos, el argumento y la conclusión en forma de juicio militar pero, como hechos procedentes de la realidad y no de un guión cinematográfico, sabemos que muchas piezas del rompecabezas siguen ocultas.

    Si algo nos enseña en sus  formas el golpe del 23-F es la vigencia de los rasgos más característicos de la España diferente y exótica que tanto gusta a los descendientes de Washington Irving y Merimée.  Recobraba  España su papel de singularidad en la civilizada Europa: el país de la faria y el brandy de cantina cuartelera, del bandolero serrano y el guitarrero de cuadro del primer Manet.  Reaparecía espectacularmente ese rasgo de orientalismo que los alemanes o británicos admiraban en el valor del torero y despreciaban en su fanatismo y ausencia de valores democráticos ignorando, eso sí, el papel que los dirigentes políticos de sus países habían ejercido en los doscientos años de tragedia hispana.

    La aparición del teniente coronel y sus hombres entre taco viril y disparos a ritmo de trote del caballo de Pavía nos mostraron los rasgos más propios de una época que parecía superada o de un lugar lejano.  Realmente Tejero parecía un personaje  propio de tierras de bananero y cafetal, de latifundistas y guerrilleros, de machismo y calor húmedo, de viejos coroneles que vegetan esperando una pensión e inquietantes oficiales adiestrados por la CIA.  Aquel día se vio como una parte de España continuaba siendo más cercana en valores y mentalidad política al siglo XIX y los países que había contribuido a crear que a la Europa occidental de finales del S.XX.  Por suerte, esta vez ganó la otra España.

    En todo caso, del pronunciamiento fracasado podemos extraer consecuencias positivas y negativas para la salud del proceso democrático.

    Así podemos considerar como positivas el hecho de que los golpistas no tienen realmente un proyecto político común.  De hecho, los ultraderechistas  Miláns y Tejero pretenden imponer el poder del Ejército por medio de una Junta Militar siguiendo el ejemplo chileno o argentino.  Por el contrario, el general Armada plantea un gobierno de concentración de todas las fuerzas políticas presidida por él mismo.

    Otro aspecto positivo es que los golpistas causaron una impresión personal pésima y el juicio posterior se convirtió en un espectáculo poco honorable de sálvese quien pueda a costa de quien sea.

    Por último es esencial  considerar el hecho de que tanto entre el conjunto de la población española como entre las fuerzas políticas (obviamente dejando de lado fuerzas políticas simplemente testimoniales) el rechazo a la intentona fue absoluto.
    El elemento inquietante a tener en cuenta es el hecho de que los distintos capitanes generales no se movilizaron a favor del golpe simplemente por disciplina.  Si el Rey en ese momento les ordenase apoyar a los alzados no tendrían el menor escrúpulo en hacerlo. Esto demuestra el desprecio absoluto que los mandos tienen al orden constitucional y el hecho de que para destruir el orden constitucional pueden recurrir incluso a un artículo de la propia Constitución, el polémico 62 que hoy  interpretamos en un sentido de “jefatura honorífica” pero que expresamente  establece que el mando supremo de las FFAA corresponde al Rey.

    LA CONCLUSIÓN DEL PROCESO.

    El fin del protagonismo militar en la vía pública se produjo a partir de 1982  con la llegada del PSOE al poder, con esa revista de las tropas y vehículos de la División Brunete con la que comencé a redactar este trabajo y que resultó un símbolo de que las cosas estaban cambiando.

    Podemos considerar las siguientes razones como causa de la desmaterialización de los fantasmas involucionistas:

    – La  victoria por mayoría aplastante del PSOE, una fuerza de izquierdas, demostraba a los militares que formaban parte de una sociedad con una mentalidad absolutamente distinta a la suya e impedía cualquier pretensión de presionar a un gobierno con apoyo de la opinión pública y escasa simpatía por la intromisión militar en la vida civil.

    – El triunfo electoral daba paso a un gobierno que, si bien no era el que más les gustaría, tendría estabilidad para abordar los problemas del país, comenzando por la violencia terrorista.

    A partir de ahí, los nuevos gobiernos socialistas emprendieron la labor de sumisión total del estamento militar al poder civil, afrontando así la radical transformación de un ejército con vocación interior a un modelo enfocado a  la defensa externa.  Eso implicó una gran reducción de efectivos del Ejército de Tierra, modernización progresiva de los medios técnicos y supresión radical de la autonomía del estamento con respecto a unos mandos civiles que, antes de este momento, sólo ejercían un poder teórico sobre los Jefes de Estado Mayor.

    El paso de los años hizo el resto y así los jóvenes militares que imaginé desfilando en un Madrid vencido hace años que pasaron a la reserva cuando no a la residencia de ancianos o, con graduación incluida, a la esquela del ABC.  Los sustituyeron oficiales mucho más técnicos y menos politizados, más preocupados por la puntuación de unas maniobras que por una situación política en la que tampoco ningún contendiente los requería para actuar como garrote.  Sí, el  tiempo ha pasado tan rápido en España que los jóvenes dirigentes que pasaban bandera a las tropas están semijubilados presidiendo patronatos de fundaciones o acomodados como conferenciantes de lujo, de tal modo que de aquel político que fumaba demasiado sólo queda un cuerpo enfermo: su alma ya acompaña  a los abogados de Atocha y a Tarancón en el sueño de los justos.

    La culminación del proceso fue la progresiva adaptación de las Fuerzas Armadas a un nuevo  modelo centrado en la tecnología y la eficacia en el combate al que estaban obligados ante la adaptación a la OTAN.  A partir de ese momento y hasta hoy las FFAA han realizado una espectacular transformación a un modelo de intervención exterior siendo capaces de realizar también el cambio del tipo de ejército de reemplazo propio de un contexto de guerra fría a un  nuevo planteamiento de fuerza militar profesional centrada en la intervención en áreas lejanas tanto en situaciones bélicas como de auxilio humanitario.

    El balance de esa actuación es un ejemplo de esfuerzo personal y profesionalidad que exorciza el espectro ecuestre de Pavía y el tal vez bienintencionado espíritu de Primo, que acalla los  berridos ramplones de Tejero y la  fantoche verborrea de Queipo de Llano.  Un modelo de FFAA propio de un Estado democrático que quita toda posibilidad tanto a la minoría que sueña con un pasado sólo para ellos glorioso como a los que desde  fuera contemplan al país con esa pública condescendencia que encubre el íntimo desdén.  En definitiva, el camino de los ejércitos en la España actual parece haber culminado en la radical abstención de los asuntos públicos característica de las democracias avanzadas.

    Anselmo Lorenzo Pascual.
    Licenciado en Derecho. Profesor de Geografía e Historia

     

    ________
    BIBLIOGRAFÍA:
    -Agüero, Felipe: Militares, civiles y democracia.  La España postfranquista en perspectiva comparada, Madrid: Alianza Editorial,1995.
    -Busquets, Julio: Militares y demócratas, Barcelona: Plaza &Janés, 1999.
    -Cardona Escanero, Gabriel: El problema militar en España, Madrid: Albor Libros, 2005
    -Fernández López, Javier: El Rey y otros militares.  Los militares en el cambio de régimen político en España (1969-1982) Madrid: Editorial Trotta, 1998.
    -Lleixá, Joaquim: Cien años de militarismo en España, Barcelona: Editorial Anagrama,1986.
    -Muñoz Molina, Antonio: Ardor guerrero,  Madrid: Alfaguara, 1995.
    -Tusell, Javier: La transición española a la democracia, Madrid: Historia 16,1999

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  • El camino de Santiago 2ª parte

    LOS PASOS ENCONTRADOS

    “Si algo sucede una sola vez, no tiene porqué volver a suceder; si sucede dos veces necesariamente sucederá una tercera”. Pavlo Cohelo. El Alquimista

    En agosto de 1993 Pilar y yo hicimos la Ruta Jacobea desde Roncesvalles a Santiago de Compostela en bicicleta de montaña. Catorce años después repetimos parte de la experiencia junto a su hermano Patricio que la inició en el año 2005 con la intención de realizar varias etapas cada año hasta completarla probablemente en el 2008 o 2009. En aquella primera ocasión en 1993, a Pilar y a mí nos incitaba el afán de superar un recorrido de 800 km que nos atraía más por la dificultad física y técnica que por su significación religiosa o entramado cultural.

    Buen Camino Peregrino
    1253220630Un cuatro de agosto, a las 05:00 de la madrugada emprendimos viaje partiendo desde Arboleas, pequeño municipio al norte de la provincia de Almería,  hacia Logroño para continuar El Camino justo donde lo dejó Patricio en agosto del 2005.
    Aproximadamente sobre las 14:00, ya en tierras riojanas, mientras buscábamos un lugar donde almorzar la radio anuncia el Año Machadiano en Soria. Unas águilas sobrevolaban a nuestro paso bajando el puerto de Piqueras a unos 55 km. de Logroño; nos detuvimos en un confortable asador, Venta de Panzares, donde pudimos degustar un excelente asado mientras desde el interior del establecimiento divisábamos el lindante arroyo y las águilas sobrevolando el riachuelo donde tras el almuerzo remojamos los pies.

    Ese primer día pasamos la noche sobre un improvisado colchón en un polideportivo municipal, fuimos bien recibidos por Gonzalo, el hospitalero, un sevillano regordete, barba blanca y edad avanzada que según nos comenta ha recorrido varias veces El Camino; el hospitalero sevillano nos aconsejó al respecto y nos dio todo tipo de facilidades para pernoctar y dejar el coche en el recinto del polideportivo hasta nuestro regreso ocho días después. Por la tarde-noche visitamos el centro histórico de la ciudad –el mismo Gonzalo en tono bromista nos aconsejó tener cuidado en caso de optar por realizar la “senda de los elefantes” porque todo el que la hace acaba “trompa” por la abundancia de bares y tasquitas-.
    Arrullados mis huesos en los cuerdos recodos
    apestaban las horas

    yo le gritaba al mundo
    delegando en los sueños que anduvieran por mí
    a explorar de la vida sus inciertas esferas

    Corrían las agujas
    los minutos pasaban

    y asombrados mis huesos
    golpeando su aplomo desataban  amarras
    enjuto como cáscara arrugada
    salté firme a la tierra
    las zancas enojadas hacia atrás caminando
    con mi incómoda música en la historia y el tiempo
    regresando a las lirios y a la hiedra
    Paciente
    el Camino aguardaba nuestros pasos
    Tiritaban los dientes en la canícula de agosto
    Logroño. Relevancia cultural en el Camino de Santiago

    1253220650Logroño es una ciudad agradable para el viajero, rica en historia y tradiciones que se conservan desde la Edad Media, por sus calles empedradas han transitado durante siglos comerciantes, artistas y peregrinos conformando un nudo de relevancia cultural y estratégica en el Camino de Santiago. El río Ebro atraviesa su casco urbano y cuatro puentes comunican la ciudad, siendo el más antiguo el Puente de Piedra, también denominado Puente de San Juan de Ortega, en referencia a la capilla que existía en su margen izquierda. Es uno de los símbolos de Logroño y lugar de entrada del Camino de Santiago a la ciudad. Deambulando por la rúa Vieja, nos topamos con la Fuente del Peregrino en la rúa Barriocepo que nos volveríamos a encontrar al día siguiente pues es paso obligado para la salida de la ciudad siguiendo las flechas amarillas del trazado Jacobeo. Así y  todo durante el paseo por el casco viejo de Logroño pudimos observar el estado decadente y maltrecho en parte del recorrido que hicimos. En la Taberna Portales, en la calle del mismo nombre junto a la Catedral Santa María de la Redonda (siglos XV-XVIII), comimos un bocata con una cerveza y para regresar compramos en una heladería de la misma calle Portales un helado que fuimos comiendo de regreso al improvisado albergue en el polideportivo. A las cinco de la mañana la gente ya empieza a rebullirse, se zarandean dentro de los sacos sobre los improvisados colchones, se palpa la inquietud a esas horas de la madrugada y poco a poco los peregrinos vamos iniciando la etapa del día, para nosotros la primera desde hacía varios años. Mochila en la espalda, nos aguardan 28,3 km. hasta nuestro siguiente destino, Nájera.

     

    Foto 1. Puente de Piedra. Logroño
    Foto 2. Fuente de los Peregrinos. Logroño

    Imágenes cedidas por Pilar González. www.enlabuhardilla.com

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  • Réquiem, según el caníbal

    Algún día todos tendrán que seguir al caminante.
    José Luis Calva Zepeda

     

    I.

    Seguramente Thomas Harris habría esbozado una sonrisa si la noticia que ese día, estremecía a la ciudad de México, hubiera sido la puesta en escena de su célebre obra: The Silence of the Lambs. No fue así, la nota era tan roja y real como los crímenes confesos del ciudadano Chikatilo, quien ostentaba un título en literatura, mismo que había obtenido graduándose en un curso por correspondencia.

    En medio de una vorágine de flashes y preguntas, aparecía el jefe de la policía local, manifestando con suficiencia la captura de José Luis Calva Zepeda, presunto responsable de asesinato. Nada de especial tendría la roja nota de esos reporteros si, Calva desde el primer instante no hubiera sido encontrado en flagrancia; y si colgados dentro del clóset del departamento que investigaban, los guardias no hubieran encontrado los restos humanos de su última novia.

    Días antes, los vecinos, molestos por el hedor que provenía del departamento de Calva, habían denunciado a las autoridades la actitud sospechosa del habitante de esa vecindad de la colonia Guerrero, un antiguo barrio en el centro mismo de la ciudad. Ya había oscurecido, cuando la policía llamó, identificándose previamente a su puerta; el alarmado hombre, crispado de nervios y miedo, no tenía opción, jaló las cortinas y miró abajo, calculó casi seis metros desde la última cornisa y se lanzó por la ventana hacía la calle.

    Aturdido, se levantó tambaleante y miró de frente, no había tiempo que perder. El Eje Uno Norte, es una serpiente atiborrada de automóviles, en sus aceras se instalan cientos de barracas de madera y tela, donde el mercado negro hace grandes negocios con los artículos de contrabando que allí se expenden. El operativo policiaco era importante y a las afueras del departamento, ya esperaba un grupo de uniformados  a la expectativa. Al ver que un sujeto se despeñaba desde la ventana del sospechoso inmueble, le gritaron preventivamente, le ordenaban que se detuviera, José Luis Calva no hizo mayor caso y se arrojó al tráfico.

    Fue un lance desesperado e inútil, en ese mismo instante circulaba a toda velocidad un distraído automovilista que, sin percatarse del lance de Calva, terminó arrollándolo y expulsándolo hacia la acera. El hombre después de ser lanzado al aire, cayó sobre el filo del pavimento. Su complexión atlética le permitió resistir el golpe del guardachoques del auto, pero en la pirueta contra el parabrisas se fracturó el cráneo y se desplomó sangrante.

    Apresuradamente intentó incorporarse, pero la vista se negaba a presentarle imágenes lúcidas. Las luces multicolores de los puestos comerciales de la avenida terminaron por confundirlo. En ese instante el cuerpo de policías, llegaba a toda prisa a aprehenderlo.

     

    II.

    Sentada en la jardinera, apuraba hacia sus labios un maltrecho cigarrillo, exhalaba con impaciencia evidente aquél flaco carrujo de aromático humo de marihuana. Sus largas piernas apenas cubiertas por una minúscula falda de piel, sujetada por una brillante pretina, se balanceaban a un lado y a otro. Por el extremo de la contra esquina, al verla, levanté mi brazo agitándolo para llamar su atención. Ella correspondió de igual forma y se levantó del frío cemento de la jardinera, para ir a mi encuentro. Era una sexoservidora ya entrada en los treinta y tantos; usaba peluca rubia, aunque ella misma era rubia, alta, esbelta, de ojos verdes. Lo primero que me dijo fue que no quería ver su nombre publicado, que no quería que nadie más se enterara que ella había sido la última persona que había estado con La Jarocha, antes de ser encontrada muerta, mutilada y depositada en una vieja maleta, sobre el camellón de una avenida de la ciudad.

    -Esa noche-, relató la rubia –llegó La Jarocha, bien contenta, porque se había ido a comprar unos vestidos bien cachondos, de esos que tanto le gustaba ponerse para la chamba. Allí en la esquina de Insurgentes y Puebla, en la mera glorieta, está la tienda de ropa. Hay de todo: vestidos de policía, de enfermera, de sirvienta, de bombera, de gatúbela, muy chidos, muy lucidores…-

    En ese momento me interrumpe el mesero del Vips para tomarnos la orden; dejando de lado la carta, ambos pedimos sólo café, aunque su mirada se fija maravillada sobre la cubierta glaseada de los pastelillos. Antes de continuar su relación me pide el dinero acordado para la entrevista –son quinientos város manito, ya vez que es lo que dejo de ganar por estar aquí, chismeando…-, discretamente le extiendo bajo la servilleta un billete que ella guarda sin prisa entre sus senos.

    -Pos ya te digo, andaba rechinando de nueva La Jaro, y me modeló, dio sus vueltas y yo cagándome de la risa le di un par de nalgadas, porque no pude resistirme a su enorme culísimo. Así estuvimos cotorreando un rato hasta que me dijo que iba a dar un voltión por San Pablo, porque allí hay unos hoteles, de ésos, de los “piojito”, pero que sacas buen váro en menos de quince o veinte minutos. Ya vas güey, ya vas güeya, le dije y yo me volví con las otras compis que ya encendían la estufa de esa noche, así le decimos “estufa”, pero es un tambo de fierro que rellenamos de basura y echamos lumbre, para calentarnos, nos calentamos antes que los clientes- y soltó con pudor, la rubia doble, una risa tibia, y triste.

    La mañana después a esa fogata, la policía acordonaba el paso de contra-flujo que divide los dos sentidos de la avenida Tlatelolco. Alrededor de una maleta mal cerrada, se desbordaba un charco de sangre y las miradas de los vecinos y paseantes curiosos que, apenas podían contener unos guardias. Era un hecho inédito y espantoso en la historia de la nota roja, aún para los viejos detectives de la procuraduría; acostumbrados a convivir con el crimen y la tortura cotidiana.

    -Yo vi al hijo de la chingada, llevaba una chamarra negra y unos pantalones désos que traen muchas bolsas en las piernas, antes de llegar a la esquina, le hizo la parada a un taxista y la agarró del brazo, le dijo algo que la hizo reír a la pobrecita, y luego se metió con él, nunca la volví a ver-.

     

    III.

    Verónica salió apesadumbrada de la clínica, tenía tres hijos que dependían de ella y bien sabía, que el sueldo que ganaba, era por demás insuficiente para poder sufragar los gastos de una neurocirugía. El médico había revisado sus análisis y le diagnosticaba cavernoma cerebral. Los dolores eran intensos y la ansiedad insoportable; una taquicardia le invadía las extremidades y la piel le escaldaba de manera tal, que aún rascándose con ímpetu y rabia, no cesaba ese deseo de arrancarse con las uñas esa insufrible sensación. En ese trance, Juan Carlos, vecino y amigo de ella, la encontró en el autobús que la llevaba de vuelta a casa. La escuchó y la miró con sincera compasión, al percatarse que su amiga de la infancia temblaba sin control, ante la idea de dejar a sus hijos huérfanos y desvalidos.

    Esa misma noche, tocaban con insistencia a la puerta de Verónica. Apenas se divisaba por una rendija en el muro, la tenue luz de la calle. Preguntó quién llamaba, contestó una voz amable y familiar y, ella abrió. Era Juan Carlos y otro hombre, bien parecido, de sonrisa distinguida y acogedora. Su amigo de la infancia le presentó a su acompañante, le dijo con gran satisfacción que estaba conociendo al mejor curandero del mercado de Sonora, era herbolario y místico sanador de males. Según Juan Carlos, el hombre era un experto santero y que, seguramente, encontraría la cura para la extraña dolencia que le aquejaba.

    José Luis Calva Zepeda, le extendió la mano para saludarla, ella hizo lo mismo. Al momento, el curandero le señaló galantemente lo hermosos que eran sus ojos. -Sin embargo- le advirtió, -tienen “un daño”, un trabajo que alguien te ha hecho, pero no te asustes, para remediar eso he venido aquí, para traerte paz-. La mujer, sintió un alivio casi inmediato ante la presencia de ese hombre tan educado y tan seguro de las palabras que profería.

    Semanas después Verónica le confesó a su madre que hacia ya tiempo salía con ése hombre. Se presentaba todas las tardes en punto de las seis, en la esquina de la farmacia donde trabajaba como dependienta, -me lleva flores, me lleva una hoja doblada de papel, y cuando la abro, siempre lleva escrito un poema-. La sonrisa de la madre, al escuchar el ilusionado relato de su hija, pronto se desvaneció. Una semana más tarde, la chica caminaba cabizbaja, casi no hablaba, a los niños tan sólo les llamaba con monosílabos, su mirada perdida y nublada contrastaba con la fotografía de una Verónica sonriente, con la fotografía de ese portarretratos que descansa sobre un sencillo mueble que su desconsolada madre aún conserva.

    Al poniente de la colonia Xaltipac, en el suburbio de Chimalhuacán, corre lentamente un canal de aguas negras, una fétida nube cubre continuamente las calles de ese barrio olvidado. Cierta mañana, el enterrador del panteón municipal, encontró dos cajas de cartón, perfectamente apiladas una sobre otra. Pensó que se trataba de la basura que los vecinos contiguos dejan por doquier. Luego se acerco y vio cómo de una ceja de la caja superior, sobresalía un paño o vendaje teñido de sangre amoratada. Las moscas se daban un festín sobre el suelo de tierra donde goteaba esa melaza púrpura. Con la punta metálica que llevaba consigo, abrió la ceja y ya no pudo jalar más la punta, se había atorado con el contenido. Jaló de nuevo con tanta fuerza, que las moscas azuzadas volaron por doquier como un enjambre de sombras.

    Unas horas más tarde, el panteón municipal estaba lleno de curiosos vecinos, de policías mal uniformados, mal encarados, de cámaras de televisión que no cesaban de apuntar sus lentes de aumento hacia las cajas que, a menos de veinte metros abrían sus vientres al sol, exponiendo su terrible contenido.

    Cuando el médico forense llegó, los obesos policías apenas tuvieron tiempo de incorporarse de las tumbas donde descansaban; dio algunas indicaciones mientras se colocaba los guantes de látex. Otro hombre con bata, le extendía pequeños frascos con reactivos para tomar huellas dactilares y una brocha de cerdas muy suaves. En bolsas transparentes de plástico fue depositando las partes humanas de un desconocido, hasta que al sujetar entre ambos forenses el tórax de la víctima, pudieron reconocer el sexo entre una tupida costra sanguinolenta. Se trataba de una mujer de complexión media, seccionada con escoriaciones presumiblemente de un objeto dentado, posiblemente una sierra de carpintería.  Los peritos en criminalística no esperaron a enfocar sus cámaras fotográficas hacia el hallazgo. Un policía masculló unas palabras a su compañero. Parecía otro caso más, de los otro cinco conocidos asesinatos descubiertos en esa misma zona, hacía unas semanas atrás.

    Uno de esos asesinatos, se asemejaba mucho al modus operandi del “descuartizador del Bordo”, como había llamado la prensa local, al presumible responsable de esos bárbaros crímenes. En la central forense de Ciudad Neza, los investigadores habían resguardado partes desolladas de una joven adolescente que había hallado un taxista, quien circulaba en la zona aledaña a la colonia Xaltipac, justo en la avenida Bordo de Xochiaca, donde se localiza el tiradero de basura o, relleno sanitario, mas grande de la zona metropolitana de la ciudad. La joven presentaba una serie de golpes en el rostro, a decir del jefe de médicos, había sido un crimen pasional: “por experiencia, puedo decir que esa clase de contusiones se presentan en casos bien identificados de parejas sentimentales, que se ciegan de odio al atacar a sus amantes”;  pero, la chica era una adolescente de trece o catorce años, no había consistencia en las elucubraciones del médico. Al parecer era la coartada oficial, para encubrir la verdad, que un merodeador asesino rondaba esos barrios marginados y que, la policía del municipio y más aún, la policía de toda el área metropolitana era incapaz de detener.

     

    IV.

    Rápidamente el hombre cizallaba las rodajas de cebolla en la tabla de madera, era evidente su habilidad con el cuchillo de hoja ancha, con la mano derecha sujetaba la cabeza de la cebolla, mientras que con la mano izquierda lanzaba repetidas veces la navaja reluciente, dejando caer el peso completo de su brazo sobre la tabla, al tiempo que deslizaba hacia atrás los dedos con que sujetaba el aromático bulbo. Una vez que terminó con las cebollas y tomates verdes, deslizó hacia la sartén el contenido de la madera, y el aceite que ya se calentaba, lanzó pequeñas gotas calientes hacía fuera. Una mujer sentada en el sillón junto a una blanca mesa, miraba con devoción la faena del hombre, se imaginaba que el resto de sus días comería y comería hasta hartarse, con los platillos que su poeta le prepararía. No parpadeaba el hombre, su mirada brillante se asemejaba a ésas gotas de aceite hirviente que expulsaba la sartén al contacto con el tomate. Sus labios no saboreaban, no gozaban el aroma cálido que llegaba a sus fosas nasales; en cambio sí sonreía, era la suya una sonrisa larga, pronunciada, perfectamente coordinada con la imagen reflejada del aceite que crujía en sus ojos. Repentinamente algo recordó, el hombre soltó la sartén en la negra parrilla y dejó saltear el contenido mientras buscaba en la alacena que se encontraba a su lado un condimento desconocido para su acompañante. Hurgó con la aprensión de no encontrar el frasco que por un momento casi pasaba por alto. La mujer cariñosamente le pregunta qué es exactamente lo que busca, qué forma o color debería tener. El responde con una voz que no parece salir de sus labios sino de su nariz. Sus fosas nasales insuflaban con rapidez y su frente de pronto arrugada se vio poblada de gotas frías, de sudor: “putísima madre, no la hallo, no la hallo, chingado frasco aquí lo deje hace una semana”. La mujer se consternó al escuchar semejantes palabras, no es que no las conozca, no, no es que nunca las haya pronunciado ella misma, lo que ocurre es que su pichón, su poeta, su amado paladín las pronuncie en un instante que tan románticamente estaban pasando.

    En ese momento hincado sobre la alacena, había ya vaciado casi todo el mueble, en el piso se mezclaban frascos de vidrio con cintas de tela adhesiva con los nombres de sus contenidos. Uno de estos frascos rodó inesperadamente a los pies de la mujer. Solícita lo levantó del piso y lo acercó a la mesa que bordeaba la pared del departamento de José Luis Calva Zepeda. Con extrañeza miró como la frente de su amado se bañaba con perlas de sudor, pronto tomó una servilleta de papel y se colocó en cuclillas para limpiarlo. El hombre esquivó la mano de ella –como eres pendeja –gimió- quítame esta madre de la frente. Ella retrocedió al instante y se levantó con sorpresa y miedo. El se incorporó y miró que la sartén expelía humo y un picantísimo olor a quemado. Giró la perilla del quemador y sentándose en el borde de la mesa, echó inesperadamente a llorar. Al principio emitió un bajo sollozo que progresivamente se fue convirtiendo en un dolido quejido de lágrimas –todo lo eché a perder, con una chingada, todo, solo quería hacerlo perfecto, prepararte una sorpresa linda, digna de ti –dijo para la mujer quien no salía del azoro, de la indignación de la reacción previa de su amado, indecisa no sabía si consolarlo o darse la vuelta y azotar la puerta al salir y volver a casa.

    El hombre tosió ligeramente y secándose el llanto se dirigió a las ventanas para correr las cortinas y los cristales, el humo se disipó lentamente hacia la calle. De reojo miró que la mujer había tomado su bolso y una chamarra negra imitación de piel y, disponiéndose a salir del departamento. José Luis dio dos grandes zancadas para alcanzarla y sujetarla firmemente del brazo, luego la bordeó por la cintura y la estrechó contra su pecho. Se miraron fijamente, luego de un silencio repetidamente le suplicó perdón por su anterior actitud; ella reconsideró, pensó que tenía frente a sí a un gran hombre, sensible y perfeccionista y que eso era todo. La mujer abrió de nueva cuenta su bolso y sacó un pañuelo absorbente, limpió el rostro humedecido del poeta y amorosamente lo besó una y otra vez. La sangre de José Luis galopaba en su interior sin freno, sentía el calor que le invadía de nuevo el cuerpo entero, luego, acercó su boca contra la de ella, la besó con el maxilar completamente abierto, los labios de la mujer quedaron dentro de la boca del hombre, podía sentir una lengua sellándole los labios y unos dientes apretándole el rostro. Las manos de José Luis comenzaron a acariciarle iracundamente los brazos, la espalda, la nuca, el cuello, ésos dedos parecían agujas calientes que exploraban su cuello; él sintió la palpitación de la sangre que recorría por la vena yugular de la mujer, sintió el flujo candente y vital que le excitaba; sin desprender sus labios, sus manos comenzaron a apretar y apretar con rigidez el cuello de la mujer. Entonces, el poeta, mordió sin respirar siquiera, mordió con una ira inexplicable que le inyectaba las venas del rostro enrojecido. La mujer no comprendía lo que ocurría, ante la falta de aire intentó desprenderse las manos del hombre, desprenderse de esa boca que la asfixiaba y la hería con esos dientes duros que se hincaban salvajemente en su rostro. Los pulmones de la mujer estaban a punto de estallar ante el esfuerzo de exhalar una bocanada de aire que no llegaba. Frías lágrimas corrieron por su rostro. Luego perdió el conocimiento, el hombre sintió como el cuerpo de ella se tornaba flácido, tibio, inerme, luego un ligero espasmo, hasta que finalmente cedió. Su corazón dejó de latir, sus ojos desorbitados miraban hacia fuera; el hombre lloraba.

    V.

    Tendido sobre el escenario, un fardo de paja forrado de papel brillante de color rojo, era la única escenografía que había solicitado José Luis, quien daba estrictas indicaciones al tramoyista. Juan Carlos obedecía sin contradicción, acercaba un alto banco de madera y afinaba frente al fardo un micrófono reluciente. Las luces, las luces cabrón –le impelía el hombre que vestía una negra capa de tela raída. El tramoyista subía y bajaba de la escalera para darle gusto a su maestro. Frente al escenario se dibujaban ordenadas las filas de mesas y sillas que habrían de ocupar los asistentes.

    Dubitativo, el dueño del café Deja-Vu iba de un extremo a otro, entre los pasillos de las mesas, reflejando un nerviosismo que contrastaba con la lúdica placidez del hombre de la capa. Finalmente se decidió y se acercó a intercambiar unas palabras. Inquirió al actor sobre las condiciones del cover: “Quedamos de no cobrar nada güey, cincuenta város es mucha lana para los clientes asiduos y, quién sabe si llegue gente, la situación está muy pinche como para pagar eso…”. El actor y dramaturgo ni siquiera permitió que terminara la censura, le dio una palmada diciendo:”No hay tos mi hermano, la gente es agradecida y sabe que el arte cuesta, al menos, cobrarás las entradas de mi madre y mi hermana que sí vendrán”. Dicho esto, se dio la vuelta y continuó dando instrucciones al tramoyista. Al tiempo Juan Carlos daba pequeños golpes al micrófono para probar el volumen del sonido, insatisfecho con sus resultados volvió hacia José Luis. La mirada de su maestro, era la mirada severa y condescendiente de un padre, que le decía con ternura “no seas pendejo, y abre los graves, ajusta el ecualizador automático, sin eco”. Agachando la mirada Juan Carlos, cesó su frustrado intento, al fondo el dueño del café le gritaba que ya venía el muchacho que se encargaba del sonido. Juan Carlos se retrajo y volvió una vez más la mirada hacia su maestro, esta vez los ojos del poeta se perdieron en la oscuridad del escenario, sus labios mascullaban un ensayo del papel que interpretaría, un personaje más bien flojo, poco trabajado, un monólogo que parecía una memoria panegírica sin contenido espiritual. Sus gesticulaciones y sus movimientos discordaban del texto, aún con ello, el actor se saboreaba cada vez que terminaba una frase, como si fuera una interpretación excelsa.

    En un momento, el actor dejó sus ensayos finales y con los ojos desorbitados, se dirigió severamente al tramoyista, había olvidado un elemento importantísimo tras bambalinas, la razón central y vital del éxito de esa tarde: “cabrón, cabrón” –decía lamentándose al punto de derramar un profuso llanto-, “se te olvidó poner la canasta de frutas y la botella de aguardiente al Santo, así como lo solicitó el Santo”. Aterrorizado, Juan Carlos apenas pudo balbucear monosílabos para justificarse. El santo niño de Atocha, era el santo patrón dominante del culto de los dos hombres, así como José Luis había sido iniciado en el rito de los ciento un caminos de la santería orisha, él había sido apadrinado por el poeta y le debía los favores del santo que también lo había elegido. De esta manera, ambos hombres sostenían una unión tan sólo indisoluble por la muerte.
    VI.

    Frente a la sucursal del BBV de la avenida Sullivan esperaba de nueva cuenta a la sexoservidora rubia. Debajo del puente que cruza el Circuito Interior, un chico vendía el diario vespertino, los titulares hablaban del caníbal: “muerto por su propia mano”, aseguraban las autoridades del penal donde había sido detenido, mientras su caso se investigaría para su proceso y enjuiciamiento.

    Inesperadamente unas manos rodearon mis ojos, suavemente, la esencia de un perfume rancio se posesionó del aire que respiraba. “Adivina, adivinador”, decía mientras reía la rubia, detrás de mi. “Se mató, ¿supiste?” me dijo sin quitar las manos de mi rostro. “Dicen que se ahorcó él mismo con las agujetas de sus zapatos” continuó informándome del suceso. “Bien merecido lo tiene el cabrón ése, ¿no crees?”. Si me sueltas, podría responderte –dije girando mi cuello para librarme de sus perfumadas manos-.

    Una, dos, tres veces sonó el timbre del teléfono de la oficina del subteniente de la policía. En torno a una mesa, otros dos hombres, oficiales también, sostenían cinco cartas cada uno, en el centro de la mesa un cenicero desbordaba los filtros de las boquillas de innumerables cigarrillos ya calcinados. Uno de los hombres alcanzó a halar el auricular: ¿quien?, una voz se escuchó temblorosa por la bocina. “Habla el Jota-ce, ¿está mi comandante?”, el oficial cubrió la bocina con la palma de su mano y dirigiéndose al jefe le dijo:”es su chivato mi sub, que le tiene un caso”. Es mi putita, ese pinche madrina –replicó el jefe-. “¿Qué chingados quieres, cabrón?, y más vale que ahora si sea buena, porque ya te traigo entre ojos pinche puto de mierda”. No, mi sub, no se enoje, es sobre lo de las muchachas que encontraron en El Bordo, otro taxista vi a un compa de su ruta y dice que el sospechoso vive por el rumbo de Mosqueta…”

    Conteniendo la respiración hasta colgar el teléfono, sin dejar terminar el reporte de su soplón o “madrina”, el jefe finalmente soltó la respiración. De inmediato bajó los pies de la mesa y abotonó su camisa, mientras se colgaba la corbata, decía para sus adentros: “esta es la buena, concuerda con el dato de los vecinos, ahora si hijos de la chingada, se acabó el Sub, porque yo sé, que me dicen sub, sub desarrollado, como si ellos fueran tan altos, hijos de su pinche madre, a ver qué dicen ahora, que gane la promoción, mendigos envidiosos”. Acto seguido, el jefe dio instrucciones a sus subalternos. Quiero un nueve en Mosqueta y Eje Uno Norte, posible cincuenta, nadie se mueve hasta que yo llegue.

    Finalmente, la rubia cedió y bajó sus manos. Te llamé porque quería enseñarte una foto de La Jarocha –decía mientras miraba su extrañamente blanca dentadura- aquí la traigo galán. Que gentileza, ¿puedo verla? –respondí. Ah, nooo, te la vendo, ya ves que nada es gratis en este mundo, mira, los del Alarma me ofrecieron quinientos, pero por ser para ti te la dejo en trescientos varitos. Contrariado le repliqué: “es mucho dinero por una foto, además, somos amigos, ¿o no?”. Divertida, echó reír estruendosa, mientras reconsideraba: “no aguantas nada, nada más te estoy checando”. Enseguida extrajo de un sobre una tarjeta de papel fotográfico, la tomó devotamente, como si fuera una imagen religiosa, y la levantó a la altura de mi rostro. En la imagen, una pareja de mujeres jóvenes en lencería, se abrazaban voluptuosamente, una de ellas era la rubia, sin peluca, con el pelo muy corto. La otra, La Jarocha, era una mujer blanca con pelo teñido de rojo, con una mirada alegre y pícara. Al fondo en el templete, detrás de una cortina, a contraluz se alcanzaba a apreciar una sombra, la silueta de una persona de pie, y el haz neón que descansaba sobre el cuerpo de las mujeres. ¿Y dónde les tomaron esta foto? –pregunté, sin dejar de escudriñar el papel. “En una fiesta de suinguers, nos contrataron para dar un show, lesbian, y lo hicimos muy bien, hasta luces y sonido usaron, fíjate, atrás de la cortina había un monigote que leía no sé qué madres de réquiem”.

    Dicho esto, la rubia introdujo de nuevo el papel en el sobre, volvió a mirarme: “¿de veras crees que se suicidó?”, moví la cabeza negativamente. Ella dejó salir libre un sonoro suspiro, se colgó el bolso al brazo y echó a andar poco a poco, volviendo la vista me dijo: ¿no te interesa un trabajo de chulo?, en vez de pagarte, creo que terminarías pagándome a mí –propuso, riéndose divertida. Unos pasos más adelante, cerca de una caseta telefónica, un automóvil de lujo aparcó al lado de ella, la ventanilla posterior bajó y la figura de un hombre se inclinó hacia fuera, ella murmuró unas palabras y, entonces, levantando los pies como una bailarina de ballet hizo un graciosos giro, dejando apreciar sus bien formadas piernas, luego la portezuela del auto se abrió, ella volvió a mirarme a lo lejos y guiñándome el ojo, agitó suavemente la mano, diciéndome adiós.

    21 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Sancho Panza. Aproximación al personaje.

    La posteridad, y la decisión última del autor, han hecho que conozcamos el Quijote con el nombre exclusivo del caballero andante; pero no es menos verdad que la figura de Sancho Panza, negada en el título, es compañía imprescindible del Caballero de la Triste Figura en cualquier tipo de representación gráfica o escultórica que se precie. Nunca, al referirse a la inmortal obra cervantina, aparecerá don Quijote solo; y podría decirse más, no entenderíamos la figura del ingenioso hidalgo sin la compañía del gracioso escudero.

    El personaje de Sancho se incorporará a la novela en el capítulo VII de la primera parte, pero ya en el capítulo IV don Quijote habrá puesto en él sus mientes nada más comenzar la novela. La del alba sería, y saliendo de la venta contento, gallardo y alborozado por verse y creerse armado caballero por el ventero en la larga noche de su primera salida, cuando cae en el pensamiento de los consejos que el susodicho ventero le diera en orden a viajar abastecido de las cosas necesarias, como dineros y camisas, y determinó volver a su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recibir a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito para el oficio escuderil de la caballería.

    Si la imagen de don Quijote se acomoda a la del loco ingenioso, la apariencia de Sancho responde al prototipo del hombre campesino sin formación ni otra pretensión que la de subsistir en medio de la pobreza ancestral en la que se encontraban los labriegos de la España del siglo XVII. Cervantes puso la misma atención en la apariencia física del escudero que en la del caballero de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, alto de cuerpo, estirado y avellanado de miembros, entrecano, nariz aguileña y algo corva y los bigotes grandes, negros y caidos. Recordemos que en el Quijote nada es arbitrario y, efectivamente, es más que probable que Cervantes conociera y siguiera las pautas marcadas por Huarte de San Juan en su obra Examen de ingenios (1575) para describir al hombre de temperamento rico en inteligencia y en imaginación, de carácter colérico y melancólico y propenso a manías, como cabalmente cuadra a la catadura de don Quijote . Del mismo modo, el aspecto de Sancho Panza, robusto, rollizo, de corta estatura y de temperamento sanguíneo, tranquilo, observador y socarrón, se corresponde exactamente con el tipo de personaje que Cervantes quería desarrollar, el rústico que le diera la réplica a don Quijote en los abundantes diálogos que aprovechará para contraponer las veleidades caballerescas de don Quijote con la realidad abrupta que representa Sancho. Dos visiones –como subraya Martín de Riquer- sobre el mismo mundo que pisan ambos personajes, llenas de contrastes: locura y sensatez, cultura y rusticidad, ingenuidad y picardía, que toman asiento en dos figuras también contrapuestas: el recio y enjuto caballero y el escudero gordo y chaparro; el uno a lomos de un escuálido rocín, y el otro subido a su borrico.

    Los primeros rasgos de la personalidad de Sancho Panza los encontramos dibujados con nitidez en el encuentro de ambos (I-VII), en el cual don Quijote le propone el oficio de escudero, cosa que medianamente entiende Sancho en qué consiste, siendo como es, tal y como textualmente se dice,  un labrador, hombre de bien –si es que este título se puede decir del que es pobre-, pero de muy poca sal en la mollera. El caso es que, con promesas tan peregrinas como la de poder llegar a ser gobernador de una ínsula, arcaísmo que ya no se usaba en el siglo XVII y del que Sancho desconocía su significado, pero comprendiendo perfectamente el privilegio y la ventaja de de lo que significaba ser gobernador, Sancho le da a entender a don Quijote que acepta el trato y, pese a no gustarle a éste la idea de acompañarse de un asno, le pone en aviso del día y la hora de la partida, encareciéndole que no olvidara llevar alforjas, cosa que no olvidará Sancho, además de la bota de vino que agrega por cuenta propia. De este modo, puestos en camino y yendo Sancho sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, lo primero que éste le recuerda a don Quijote es su promesa de una ínsula, asegurándole que por más grande que ésta fuera, él sabría gobernarla.

    El optimismo desbordante de don Quijote contrasta con la suspicacia de Sancho; así, ante las dudas que le asaltan de que su mujer Teresa Panza pudiera llegar a ser reina, rebaja las expectativas a llegar a ser, como mucho, condesa, mientras que don Quijote le dice que lo que haya de ser lo encomiende a Dios, pero –agrega- no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos de ser adelantado.

    A lo largo de la novela, los personaje de don Quijote y de Sancho irán evolucionando, tanto en su actitud, como en la interpretación que en cada momento hacen de la realidad, observándose una quijotización paulatina de Sancho Panza que corre pareja con una visión de la realidad menos deformada por parte de don Quijote. Durante toda la primera parte de la novela el caballero enfrentará la realidad desde la locura, conformándola al mundo de los libros de caballería. Don Quijote expresa, entiendo, el desconcierto de una sociedad renacentista inmersa en una profunda crisis de valores; de este modo, los anhelos de reforma, progreso y bienestar, son puestos en práctica apelando a la acción y el compromiso como forma de ejercer la búsqueda de los cambios necesarios para encontrar las nuevas claves que explicaran el mundo que pugnaba por abandonar definitivamente el medievo. Sancho Panza,  en medio de este cambio, aun no entendiendo las razones últimas de su amo, sí cree que puede resultarle de alguna utilidad confiando, en último caso, en que la acción liberadora ejercida por don Quijote daría sus frutos. Sancho confía  en el valor de la cultura, de la que él carece pero que reconoce en el hidalgo y convecino al que sirve, y seguirá en la compañía del caballero andante aunque vea que los molinos de viento son lo que son y no lo que pretende que sean don Quijote, de quien apostilla que este hecho no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza. Pero la quijotización de Sancho ha comenzado ya y avanzará de forma imparable hasta conseguir la ínsula prometida que, como expresión simbólica de los cambios necesarios para una nueva sociedad, se consagrará en el cambio personal, la culturización y el compromiso intelectual que alcanzará con los ideales de don Quijote. No es solamente la reivindicación del derecho a ejercer las funciones de gobierno de un plebeyo, como representa en la práctica el gobierno de Barataria, sino que, por encima de las burlas de los condes y el acierto de las acciones de gobierno ejercidas por Sancho, él se sabe, finalmente, en posesión de las herramientas que le proporcionaron la cultura y el aprendizaje bajo la influencia de don Quijote. Estas herramientas le darán la ocasión de saberse dueño de sí mismo y saberse instrumento del cambio social en una toma de conciencia progresiva, lo que significará el triunfo de don Quijote, justo cuando él mismo se abandonará al dominio de la razón y la lucidez en la interpretación prosaica de la realidad, ya postrado en el lecho de muerte.

    La evolución del personaje de Sancho se hace patente  de forma notable y claramente  perceptible en su lenguaje, como podemos comprobar ante la inminente tercera salida de don Quijote (II-V). La expresión renovadora y transformadora de la palabra, elemento cultural de primer orden, es cada vez más evidente en nuestro personaje, que elabora discursos y razonamientos al estilo de los usados por su amo, lo que suscita sorpresa, asombro y confusión en su mujer Teresa Panza, la cual afirma no entenderle cuando habla de tan rodeada manera  desde que se hizo miembro de la caballería andante. Pero Sancho le replicará con razones que el mismo don Quijote hubiera suscrito, permitiéndose, incluso, corregir a su mujer tal y como él mismo es corregido por don Quijote; de este modo, cuando Teresa Panza cede a las pretensiones de su marido sobre el futuro de sus hijos y le dice: Y si estáis revuelto en hacer lo que decís, Sancho Panza, con reposada autoridad le replica: resuelto has de decir y no revuelto.

    La escisión producida entre Sancho y su mujer alcanza en ésta a reivindicar el apellido de soltera, pues parecía costumbre tomar el del marido una vez casada la mujer. Así, ante el paisaje de cambios pintado para la familia, Teresa  rechaza los mismos de manera contundente con palabras del siguiente talante: Siempre, hermano, fui amiga de la igualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives de “dones” ni “donas”; Cascajo se llamó mi padre; y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de llamar Teresa Cascajo. Lo que deja muy a las claras la desconfianza que la embargaba en mudar de estado en los términos que Sancho le propone.

    En el mismo estilo oratorio, Sancho define el objeto de su segunda salida con don Quijote, tercera para el caballero, dirigiéndose a su mujer:

    …porque no vamos de bodas, sino a rodear el mundo, y a tener dares y tomares con gigantes, con endriagos y con vestiglos, y a oír silbos, rugidos, bramidos y baladros; y aun todo esto fueran flores de cantueso si no tuviéramos que entendernos con yangüeses y con moros encantados.

    Resulta tan evidente este cambio en Sancho Panza que, incluso, se sugiere en dos ocasiones y entre paréntesis, la posibilidad de que este V capítulo de la II parte sea apócrifo. Cambio que, como se observa, se trasluce en una interiorización progresiva por parte del escudero de los planteamientos de don Quijote, actuando ante Teresa Panza con el mismo convencimiento con que él ve actuar al mismo don Quijote.

    Así como existen precedentes del Quijote en otras obras literarias, muchas de las cuales fueron totalmente desconocidas por Cervantes, también podemos encontrar un claro precendente del personaje de Sancho Panza en el libro de caballerías español el Caballero Cifar, el cual, con seguridad, Cervantes no llegó a conocer nunca; en él aparece también un escudero que acostumbra a mezclar en sus conversaciones refranes y sentencias con no pocas divertidas ocurrencias que lo hacen extremadamente gracioso. Pero si en alguna obra encontró alguna inspiración Miguel de Cervantes para sus personajes y el estilo de su novela, ésta es, sin duda alguna, la novela caballeresca catalana Tirante el Blanco, de Martorell (1460). No sólo no será salvada del fuego esta obra en la pira en la que hicieron arder las novelas de caballerías que formaban la biblioteca de don Quijote, sino que tras los elogios sobre la obra, encontraremos similitudes con la misma en el Quijote; sobre todo, el depurado humor, el uso frecuente de refranes, el recurso a los diálogos familiares y coloquiales, la aparición de una gama de personajes representativos de la sociedad de la época con sus servidumbres y grandezas y, sobre todo -como acertadamente subraya Martín de Riquer- porque trata las aventuras de un héroe de medida humana que lleva a cabo sus andanzas por tierras hispanas.

    Se percibe, no obstante, una diferencia notable en la quijotización de Sancho respecto a la actuación de don Quijote cuando estaba imbuido de su pasión caballeresca y liberadora; porque así como don Quijote conforma la realidad a su visión idealizada y la realidad es el mismo mundo idealizado que él proyecta, Sancho acomodará la realidad a la visión idealizada de la cual espera sacar algún provecho solamente para dar consistencia a las creencias de don Quijote, de tal modo que cuando afirma ver a Dulcinea en cuerpo de princesa y acompañada de hermosas doncellas no deja de estar viendo a tres campesinas manchegas; cosa bien diferente en don Quijote que cuando asegura ver gigantes, o ejércitos, o monstruos, los ve en lugar de molinos, rebaños de ovejas u odres de vino. Sancho aprende que este tipo de recursos son útiles y sirven en el mundo de don Quijote, y lo alimenta para sostener dicho mundo, del que espera grandes ventajas y del que aprende constantemente.

    Pero al igual que en el encuentro con los Duques, Barataria fue una experiencia real para Sancho, aunque significó todo un gran engaño, para don Quijote fueron reales todas y cada una de sus aventuras por él imaginadas y vividas. Detrás de cada realidad, la de Sancho y la de don Quijote, existe la poderosa motivación del deseo. El asunto adquiere mayor importancia cuando Sancho interioriza esa capacidad y descubre su ínsula Barararia personal, momento en el que el escudero se sabrá dueño de su destino y capaz de transformar la realidad.

    Es en esta parte de la obra donde la quijotización de Sancho parece irreversible y llega a creer a pies juntillas cada una de las experiencias vividas en el ambiente cortesano recreado por los nobles. Don Quijote, que ya había empezado a ver ventas y no castillos, no tiene que imaginar nada en el contexto en que se halla, pues se corresponde puntualmente con la versión literaria que tenía del mismo. Es Sancho el que se toma toda la puesta en escena por verídica y actúa en consecuencia, ocasión que le dará para hacer una gran demostración de su sentido común y buen arte para el gobierno, conviertiendo Cervantes el episodio en una crítica de la ambición y reflexionar –en palabras de Martín de Riquer- sobre la amarga conclusión de que un gobierno perfecto y justo no pasa de ser una utopía.

    A partir de este momento y tras la laboriosa y meticulosa elaboración de la novela, la evolución de Sancho será imparable y será el personaje el que guiará en la escritura la mano de Cervantes hasta su final, cuando al pie del lecho de muerte del caballero andante, éste le pide perdón por haberlo entregado a lo descabellado de su aventura y ponerle en la ocasión de parecer también loco. Entonces, Sancho, le replicará pidiéndole que no se muera, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin nadie que le mate. Ante la solicitud de Sancho de volver al campo, esta vez para hacerse pastores y encontrar desencantada a Dulcinea, se impondrá el alter ego de don Quijote:
    -Señores –dijo don Quijote- vámonos poco a poco, pues ya en nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo estuve loco, y ya estoy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y soy ahora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno.

    La curación casi repentina de la locura de don Quijote poco antes de morir parece plausible y se explican algunos de estos casos en la psiquiatría actual, de tal modo que Cervantes probablemente consultaría a alguna autoridad en la medicina de la época, y por otro lado nos demuestra, una vez más, ser un gran conocedor del alma humana y de las enfermedades mentales.

    Pero, a partir de este momento, Sancho Panza sabe que su vida está enteramente en sus manos y que él mismo puede y debe ser dueño de su destino, sin poder evitar ya a estas alturas que el recobrado Alonso Quijano el Bueno concluya con su testamento, y muera.

    Julio González Alonso.

    21 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Ursula Wölfel

    URSULA WÖLFEL
    1922 (RFA). Maestra.
    Sus obras de marcado contenido social han sido traducidas a más de quince idiomas;
    Premiadas una por una y en su conjunto.

    “Si sabes meditar, observar y conocer
    Sin ser escéptico;
    Si sueñas, y los sueños no te hacen esclavo;
    Si piensas, sin ser sólo pensador…
    Entonces,
    serás hombre, hijo mío.”

    Rudyard Kipling
    En un posible muy certero puedo afirmar que el libro sobre el que pergeño estas letras, cayó en mis manos hace veinte años, manchado de hollín y ceniza resoplada.
    Tras un incendio en la biblioteca del colegio donde trabajaba  mi madre, fueron llegando a casa libros ennegrecidos, entre ellos un título: Campos verdes, campos grises.

    En la introducción ya se advierte con letras grandes y espaciadas, que las historias que  nos van a ser contadas son ciertas, y por eso resultan incómodas.
    En la lectura nos sumerge, la autora, no en un preparado fantástico de esos que gustan a nuestros niños (y a nosotros no es más fácil que entretengan su mente sin porqués más allá de esos concentrados de varitas mágicas), sino en una realidad a secas, parca, sin muchas explicaciones, sin edulcorantes…
    Por ser verdaderas, estas historias no suelen tener un final feliz.
    Al leerlas, se nos plantean muchos interrogantes que cada uno resuelve a su modo, con su edad, con su mundo de suelo firme.

    Ursula Wölfel escribe sin moralejas, sin didactismo y sobre todo sin aburrir; a pesar de hablar de cosas como la marginación,  la guerra,  la opresión, hambrientos, alcohólicos… el secreto seguramente estribe en mostrar de cada personaje su esbozo psicológico, que hace que llegue al pensamiento y se convierta en un significado a través de la emoción.

    Cuando hablamos de literatura infantil, olvidamos que la infancia no debe estar higienizada del mundo real, de ese mundo que eriza la piel y lacera el alma.
    Desproteger a nuestros niños, a nuestros muchachos, no significa traicionarlos;
    tampoco me debo a la idea de crearles una cuna utilitarista aséptica.

    Leyendo Campos verdes la razón se invierte, porque estos se señorean sobre los Campos grises y, en el mundo de color crematístico suele ser bien al contrario;
    Luego se nos representa “Un país semejante”, donde no se puede decir lo que se piensa, ni se puede saber todo aquello que uno sabe.
    Qué tremendo silogismo para un niño, qué fuerza vital para su desarrollo.

    No podría decir la impresión que tuve la primera vez que me paseé por estos campos, ni qué muesca dejaron en mi conciencia; sólo decir que las primeras lecturas deben forjar una voz propia sobre el mundo circundante: que nuestros olvidados no sean nuestro futuro.

    21 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Enrique Pérez y “La extensión”: un habitar los espacios

    “palabras no destinadas, como las palomas de después,  al sacrificio de la comunicación”
    María Zambrano
    La extensión, ese lugar donde las palabras comienzan a coincidir con lo remoto, donde los espacios se encuentran para descubrirnos en otros, en uno mismo elevado a la instancia que hace posible la comunicación en lo dicho y lo callado, ahí, es donde nos lleva Enrique Pérez Arco con su último poemario que lleva ese nombre y en el que nos invita a comprender, desde la perspectiva del que observa y se siente parte de la observancia, ese discurrir de la palabra en el estrato más íntimo y revelador de la naturaleza humana…lo no visible: “he llegado al instante azul de la noche/ he abierto la puerta muy despacio/ y desnudo, entre las telas colgadas/ he cruzado mi cuerpo hasta el principio/ dispuesto a no regresar.”

    Este poeta granadino, afincado en Madrid, nos habla desde el verso metido en otra piel, un tercero necesario para completarse, esa otra piel que hace del poeta un legado de sí mismo y que es capaz de extenderse, a pesar del tiempo y los lugares, que nos llevan, en muchas ocasiones a una extraña incomunicación en la poesía, con todo el contexto que envuelve ese problema metafísico del exilio de la palabra poética del que ya se percataran hace años poetas como Rilke y Eliot  y que después retomara Paul Celan, al que Enrique Pérez vuelve en sus lecturas, dada la implicación de su obra con los fundamentos de la obra de éste, donde expresa el sentimiento existencial de lo absurdo de la vida moderna y la imposibilidad de comunicación:

    “La búsqueda del ser que poética y filosóficamente ha estado muy ligada al tema del tiempo y su fugacidad, hoy en día considero que tiene más que ver con el tema del espacio, la búsqueda de otro espacio más respirable en todos los sentidos, en el que sea posible y necesario convocarnos unos a otros, quizá a costa de percibir con más claridad nuestra desnudez y nuestro desamparo, y entonces desde ahí poder sentirnos más iguales, más cercanos. La poesía, que contiene  algo de ese espíritu de convocatoria, pues se completa a sí misma en la recepción del lector, nos permite un conocimiento y un acercamiento distinto a nuestra realidad, un conocimiento más sensible que se abre hacia un espacio interior, hoy cuando parece que nuestra manera de vivir hace demasiado hincapié en los objetos y en su posesión.”

    Años pasaron antes de que este poeta se topara con el taller de escritura de Andrés Mencía y junto al colectivo Patrañas decidiera volver a esa sencillez infinita  de la que se hace eco en sus poemas y que le ha llevado a ” La extensión”, publicado por la Editorial Patrañas en la colección  Poetas Cronopio, 2006, en la cual, también encontramos títulos tan sugerentes como : ” Galápagos de California” de Emma de Coro, “La cinta de Moebius” de Jesús Malia y “Cuando una espátula enseña los gavilanes” de Alfredo Poyo, una colección de poesía que apuesta por autores nuevos y que ofrece la posibilidad de expresión a formas novedosas que van aflorando en las periferias de los círculos oficiales de difusión, toda una empresa que ya ha obtenido muy buenos resultados, desde su comienzo con la publicación del libro “De vuelta en Palestina”, de Luis Roldán y que ahora se lanza nuevamente, este mes de Febrero con la novela” La multitud silenciosa” de  Francisco Ruiz Carrasco.
    El devenir de la escritura de Enrique Pérez le ha inclinado largo tiempo hacia la prosa poética y la versificación fuera de todo canon, tan sólo la palabra apoyada en la escritura libre y nunca encasillada más que en un ritmo interno que el poema se adjudica en su origen, en el desarrollo del acto creativo:

    “Voy por donde me lleva la intuición, el sentido me pide a veces cierta división, con vistas a facilitar la lectura, y sobre todo es la “oralidad” y el ritmo del poema, que debe seguir creo yo una especie de ritmo interior. Celan, al que llegué a través de Valente hace tiempo, pero al que vuelvo ahora con más interés,  hablaba del poema como oración, aunque creo que no en el sentido que yo quiero darle, de ritmo interior.”

    A pesar de los años que separan a este poeta de su entorno natal en Andalucía, de los montes que rodean una juventud rural, en Íllora, a pocos kilómetros de donde naciera Federico García Lorca, su palabra nunca ha dejado de incidir en ese medio, en la condición de este entorno sureño y arraigado a las costumbres y a las personas que han marcado una forma de ser y habitar el mundo: “ El hijo se los llevo colgando como pájaros/ cazados, mientras su dedo más frío se dormía/ sobre una memoria rebosante de cereal.”

    La memoria es el elemento unificador que va dando cuerpo a una obra que nos habla desde cada sensación, desde esos espacios que se van quebrando al tiempo que producen el milagro de la reconstrucción en el lector, en su nueva forma de respirar. Estos destellos podrían recordarnos a la música de Webern y su quebradizo ritmo, esos espacios respirables de intimidad donde la palabra casi llega a destruir su significado para componer y componerse: “Crece el esparto y hay hombres/ que tejen cestos al atardecer./Y hay rincones,/ como axilas del mundo,/ donde siempre huele la retama.”

    Y es en esa memoria donde el poeta se deja ver con mayor desnudez, donde va abriendo las sensaciones al lector de una forma tan sencilla como evocadora, porque hay un motor ineludible donde el recuerdo es la forma de combustión más fuerte, donde compone, como ya dijera Claudio Rodríguez, esa “nueva alianza” con el presente del poeta, con su temblor y las diferentes geometrías del bosque que llenan la existencia en la palabra, en la vida que se puebla de noche y de frío, pero que late a cada destello de la oscuridad:

    “La posibilidad de la poesía surge para mí  de un impreciso destello exterior, muchas veces recuperado a través de la memoria, materia sensible en cualquier caso, que roza o despierta alguna fibra del interior. A partir de ahí, el poema es para mí una búsqueda. Búsqueda o desvelamiento de realidad o de otra realidad, búsqueda también de un  conocimiento distinto al  racional, búsqueda de belleza y de un extraño placer, pero  durante la escritura de este libro ha sido fundamentalmente búsqueda de otro espacio, de otra respiración.”

    La búsqueda sea, posiblemente, la que lleve a Enrique Pérez a “La extensión”, a ese terreno en el que todo puede ser la puerta y también puede ser la llave, porque los espacios habitados por el silencio hablan de lo que conocemos pero no definimos y es ahí, en el lugar extendido, donde se le pone nombre y música y una sencilla anatomía del alfabeto que construye para recorrerse sin trabas ni estridencias, tan sólo en lo esencial del aire y sus contornos, y aquí recuerdo las palabras de Valery, cuando decía que un poema nunca se termina si no que se abandona, podría ser la razón por la que los textos de Enrique Pérez dejan esa sensación de continuidad en el lector, de extendida complicidad con el sentir que nos acerca y nos congrega a los mismos pulsos. Pudieran ser sus poemas, estos delicados trazos de  abandono.

    Homero

    Recogió la dicha de las baldosas
    de la calle, mojadas por una lluvia fugaz,
    y se la llevó como un pájaro,
    como un tazón caliente
    entre las manos del invierno.

    Ni lo vieron desaparecer por la esquina,
    bajo la farola, pisando el círculo
    amarillento de la luz con sus palabras.

    Los ladridos, encerrados, pegaban su hocico
    a los cristales, porque el olor estaba fuera,
    donde el aire movía los trapos del balcón.

    La ciudad, desierta, tirada en medio de la calle,
    respiraba el frío hinchando con lentitud
    sus ropas húmedas, boca arriba,
    bajo la cúpula negra del pensamiento,
    pisada, herida por sus huellas,
    como si una bota le hubiera dejado
    palabras calientes en el cuello.

    Era aquella belleza toda una extensión de pozo
    donde nadie lo había visto hundirse.

    Cuando amaneció y dejaron salir a los perros,
    ya no pudieron encontrar el rastro.

    21 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Blade Runner

    BLADE RUNNER

    La ciencia ficción ha sido desde sus orígenes un género ligado a la serie B, que se exportó del cómic al cine allá por los años 30. Tim Burton hizo popular la figura de Ed Wood, el paradigma del director mediocre y sin un duro que se las ingeniaba de cualquier manera para crear un película infumable con ínfulas pseudo científicas. Fue, sin duda, la mejor interpretación de Johnny Depp, que consiguió enternecer al espectador con las cuitas de un realizador que, si bien tenía un talento innato para sacar el máximo partido al escaso presupuesto de que gozaban sus filmes, era del todo inconsciente de las limitaciones de su ingenio.

    Lo que pocos saben es que, en realidad, la ciencia ficción nació para el celuloide pocos años después de patentarse el cinematógrafo. El pionero en estas lides fue el gran Georges Méliès, un creador único que, cuando los Lumière aún seguían dando a su invento una función meramente documental, él ya era consciente de su increíble potencial. En el año 1901 rodó “El viaje a la Luna”, una explosión de imaginación que retomaba la línea trazada por Julio Verne. Años más tarde dirigiría joyas tales como “El Melómano” o “El Reino de las Hadas”. Ningún director (con la única excepción de Kubrick) ha cuidado tanto del resultado final de sus obras como él, que tenía la costumbre de pintar los negativos para dar una pátina de color a elementos tan llamativos como el fuego o el agua.

    En la década de los 20, Fritz Lang alcanzó una de las cumbres de la ciencia ficción con la conspicua “Metrópolis” (1926), una película cuya influencia a nivel artístico ha llegado hasta nuestros días. El ambiente opresivo de una ciudad con altos edificios y calles angostas, tan connatural al expresionismo, se tomó prestado en filmes como “Matrix” o “Dark City”. La importancia de “Metrópolis” es tal que hasta el momento tiene el mérito de ser la única película declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Está claro que en esa decisión pesó no poco su mensaje marcadamente marxista y mesiánico.

    Unos años más tarde, y antes de embarcarse a EE.UU. ante el auge del III Reich (Lang rechazó la proposición de Goebbels de convertirse en el director del Instituto de la Cinematografía del Nacionalsocialismo), el genial director austriaco, en colaboración una vez más con su esposa y guionista Thea von Harbou, dejó para la posteridad otra excelente película: “La mujer en la Luna” (1929), que es conocida, además de por su valor cinematográfico, por haber sido la fuente de inspiración para la NASA a la hora de hacer la cuenta atrás en el lanzamiento de las naves espaciales. Estas películas tan megalómanas nunca se habrían realizado sin el respaldo de la UFA Films, la mayor productora por aquel entonces a nivel mundial, y cobijo de todos los cineastas expresionistas curtidos en el Teatro de Berlín de Max Reinhardt.

    Sin olvidar “La invasión de los ladrones de cuerpos”, de Don Siegel, no fue hasta el año 1968 cuando se volvió a plantear una película de ciencia ficción con más aspiraciones que las de epatar a un público adolescente ávido de marcianos y platillos volantes. Con “2001: Una Odisea del Espacio” Kubrick reinventó el género, dotándolo de una profundidad de la que carecía. Por más que muchos se empeñen en ver en ella una película huera y grandilocuente, “2001” es la conjunción más notable que se ha producido nunca entre tres artes: el cine, la literatura (con “Así habló Zaratustra”, de Nietzsche) y la música (con la pieza homónima de Richard Strauss). Este filme es más que una elipsis memorable; es mitología del celuloide.

    Kubrick había puesto el listón muy alto en este género, pero hete aquí que llegó Ridley Scott, un director que sólo contaba en su haber con un filme (“Los Duelistas”, basado en un relato de Joseph Conrad), y en un período de tres años rodó dos obras maestras: “Alien, el octavo pasajero” (1979) y “Blade Runner” (1982). Es difícil encontrar en la biografía de algún cineasta un despegue tan fulgurante como éste, y también es difícil que a un inicio tan prometedor le suceda una trayectoria entreverada de fracasos estrepitosos (“La tormenta blanca”, “La teniente O´Neill”), películas menores (“1492: La Conquista del Paraíso”, “Hannibal”) y películas que, pese a ser buenas, no están a la alturas de sus primeras creaciones (“Thelma y Louise” y “Gladiator”).

    Ridley Scott se definió a sí mismo como un mercenario y, como tal, está al servicio del que más paga. Su talento está fuera de toda duda, pero su desmedida ansia pecuniaria ha sido un obstáculo para que su carrera fuera más sólida. Toda película es un producto, pues aspira a obtener unos beneficios, pero un director debe jerarquizar sus intereses en función de sus ambiciones, ya sean intelectuales, sociales o simplemente mercantiles. Scott se decantó por esta última senda, y con ello se echó a perder. No obstante, tiene un dominio del medio audiovisual tan acendrado que aún sigue siendo capaz de crear obras relevantes. Por si fuera poco, sus inquietudes (y su bolsillo, que nunca le abandona) también abarcan otros campos, como la publicidad, donde es un consumado maestro. Basta ver el anuncio que ideó para la marca Apple para darse cuenta de su prodigiosa imaginación. Conmemorando el año en que se cumplía la apocalíptica profecía lanzada por George Orwell, asestó un duro golpe a Microsoft convirtiéndolo en el Gran Hermano de la célebre fábula futurista “1984”.

    “Blade Runner” es una adaptación de la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Este escritor se ha hecho muy famoso en los últimos tiempos, pues sus obras han servido de inspiración a películas como “Desafío Total” o la más reciente “Minority Report”. Pasa por ser uno de los autores más destacados del género de ficción, junto con Ray Bradbury y Aldous Huxley. Existe unanimidad a la hora de designar a su primera novela citada como su mejor creación. No es “Fahrenheit 451”, y tampoco contiene las reflexiones filosóficas y el halo poético de su adaptación, pero es una novela muy recomendable.

    Si antes hablaba de la influencia de “Metrópolis”, la de “Blade Runner” no es menos notable. Ridley Scott introdujo la novedad de fusionar dos géneros, la ciencia ficción y el filme noir, creando así un híbrido muy sugerente. La incorporación de la voz en off de Rick Deckard dota al personaje de una introspección psicológica que, a la postre, deviene el armazón sobre el que se asienta el filme. Pero las huellas del cine negro no se quedan aquí. El ambiente por el que se mueven los personajes, la ciudad de Los Ángeles en el año 2019, está impregnado de una neblina mefítica producida por la lluvia ácida. En los despachos predomina una oscuridad rasgada por los haces de luz que penetran a través de los intersticios de las persianas. Los ventiladores giran sus aspas con una cadencia tan perezosa como los movimientos de los personajes. La gabardina de anchas solapas es la indumentaria más repetida. Los personajes tienen rostros inexpresivos (el visaje que compone Harrison Ford no dista un ápice del de Humphrey Bogart en “El halcón maltés”).

    Analizar la estética de “Blade Runner” daría para un capítulo aparte, pero eso ya lo han hecho otros antes que yo, y considero que tiene más interés discurrir sobre el significado de sus imágenes. La clave para entender esta película está en el ojo, en ese ojo que mira al espectador en el arranque del filme y en cuyo iris se ven reflejados los destellos luminosos de las explosiones que sacuden el cielo macilento de la urbe. La importancia del ojo está subrayada por la cantidad de veces que aparece en primer plano: el ojo de los replicantes que se someten al Test de Voight-Kampff , el ojo del búho de Rachel, los ojos del fabricante Chew, los ojos del Doctor Tyrell que Roy Batty hunde en sus cuencas, los ojos de Pris que Batty cierra en señal de dolor por su muerte, etc. “Blade Runner” es un tratado sobre la visión, en la línea de la “Dioptrique” de René Descartes. El ojo procesa alrededor del 80% de la información de nuestro entorno. El ojo es señal de vida, pues cuando se bajan los párpados, o se está muerto o se está dormido (que no es sino la forma de estar muerto en vida). A los replicantes se les escapa la vida, que es lo mismo que decir que están perdiendo la vista. Roy Batty declama en su epitafio: “He visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser… Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. ¿Hay en la Historia del Cine una frase más profunda y que a la vez resuma con tanta claridad el sentido de la película en que se enmarca? Los ojos, que en el caso del Nexus 6 eran prestados, le sirvieron para acumular experiencias. Por medio de ellos se sintió vivo, él que era un replicante (en la novela se les conoce con el nombre de andrillos). Es de una belleza empírea que una lágrima pueda arrebatarte la memoria, porque, no lo olvidemos, el ojo está conectado al cerebro mediante el nervio óptico, y el recuerdo y la memoria son nuestra identidad. Sin recuerdos no somos nada. Un androide necesita de vivencias, aunque sean espurias, como en el caso de Rachel. ¿Quién podría vivir sin un pasado? Resulta terrorífico pensar que un día podemos despertarnos y, de pronto, echar de ver que no sabemos quiénes somos. Los replicantes coleccionaban fotografías (Deckard era un replicante, eso huelga decirlo) porque les servían para inventar historias acerca de su vida. Por otra parte, todos tenemos la necesidad de trascender nuestra propia existencia para dejar una huella indeleble en los que nos rodean; todos necesitamos que, a nuestra muerte, se nos recuerde. Ése es el origen de todas las relaciones humanas: la amistad, el amor, el odio… Los sentimientos son los medios que tenemos a nuestro alcance para lograr que las personas que nos sobrevivan guarden un recuerdo de nosotros. Al final, todos viviremos en los recuerdos de nuestros seres queridos, en su memoria o en una fotografía ajada por el paso del tiempo.

    “Blade Runner” es uno de esos extraños casos en que un reparto no muy destacado se pone de acuerdo para conseguir la interpretación de su vida. En este sentido, mención aparte merece Rutger Hauer, que nos impresionó a todos con su caracterización del prócer Roy Batty. Su porte hiperbóreo y majestuoso, con esa expresión de melancolía y crueldad, nos ha brindado secuencias inmarcesibles como cuando recita a William Blake o cuando salta el precipicio que le separa de Deckard con una nívea paloma oprimida al pecho, y cuyo vuelo en libertad simboliza la migración de su alma y la liberación del detective. No obstante, siempre se le recordará por su epitafio, por esa célebre frase que todos los amantes del cine conocen de memoria. Después de “Blade Runner” trabajó en un par de películas de una calidad aceptable: “Los señores del acero” y “Lady Halcón”. A partir de ahí, sólo ha intervenido en películas de medio pelo o productos televisivos grises y adocenados.

    Sean Young ha tenido una trayectoria paralela. En su caso, ni siquiera se puede decir que participara en ninguna película digna.

    Harrison Ford ha sido el que ha tenido una carrera más brillante, pero más por el nombre de las películas en las que ha intervenido que por sus interpretaciones. Sin lugar a dudas, Rick Deckard fue el personaje que marcó su vida profesional.

    No podía acabar esta crítica (que más aparece un ensayo) sin hablar de la música que acompaña a las imágenes. Vangelis compuso para “Blade Runner” una de las mejores bandas sonoras de la Historia del Cine. Nunca un saxofón sonó tan bien como en el Love Theme que se oye cuando Deckard está sentado frente al piano con una mirada ausente. El End Title es famoso, entre otras cosas, porque sirvió a Informe Semanal de sintonía. Vangelis y Scott volvieron a juntarse unos años más tarde en “1492: La Conquista del Paraíso”, y, una vez más, el compositor heleno creó una obra sublime.

    “Blade Runner” fue un estrepitoso fracaso en su día. Los críticos la vapulearon y el público le dio la espalda. Es el vivo ejemplo de que lo valioso sólo es aceptado años después de su estreno. Para quien esto firma, “Blade Runner” es, sin ningún género de dudas, una de las tres mejores películas jamás realizadas.

    Óscar Bartolomé Poy.

    Crítico cinematográfico, escritor y poeta.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a José Juan Martínez Ferreiro

    1253222259José Juan Martínez Ferreiro es licenciado en Biología por la Universidad de Santiago de Compostela y trabaja como Profesor de Enseñanza Secundaria en la especialidad de Biología y Geología desde 1993. Actualmente y desde el año 2000 trabaja en el IES Vilar Ponte de Viveiro.

    “Que yo recuerde empecé a escribir poemas desde edad muy temprana, 14 o 15 años; participando en Revistas escolares o de ámbito local”, afirma el poeta. Desde aquella, su actividad literaria se organiza en períodos de activa producción con otros de inactividad total. Ahora lleva seis de años de trabajo literario, más o menos continuado, y en los tres últimos muy activamente.

    – En 1988 ganó el premio Feliciano Rolán organizado por la Diputación de Pontevedra y el Ayuntamiento de La Guardia con el trabajo “Temporalidad”.

    – En 1989 obtuvo el 2º premio en el citado certamen con “Desistir de las Playas”.

     – En el año 2001 quedó finalista con la obra “Canchales” en el certamen “Fernando Ledesma” organizado por el Concello de Viveiro (LUGO).

    – En el año 2006, con la obra “El hombre inacabado”, fue finalista en el Premio Internacional Gerardo Diego, certamen organizado por la Diputación de Soria

    – Ha participado en alguna que otra antología poética con algunos de sus poemas, Libro de poetas (2004) Libro de poetas (2005) Experimento poético (2006) y en Antología poética del grupo Alaire (2008

    Tiene reunida su obra poética en varios poemarios (todos inéditos): El hombre inacabado (finalista premio Internacional Gerardo Diego 2006); El otro lado; Los vidrios de la orquesta; Permanecia; El forjador de tierra; Sobre la imaginación, y Aquellas pértigas.

    La poesía de J. J. M. Ferreiro es un deslizamiento hondo y continuo de espacios y vitalidades sanguíneas. Su fuerza lírica sobresale campos y valles; construye, imagina, trasciende…
    He sostenido siempre que Galicia es una tierra casi angélica, donde convergen sinos, trazos, nódulos, panoramas, nostalgias y paraisos creativos innegables. Hombre, poeta, padre…en el tranvia vertiginoso de los Vivos: ¡qué tu palabra siga creciendo y acompañando el cielo de la estética en el mundo!

    ¿ Qué significa el acto poético para ti?

    Sobre el acto poético, José María Valente teoriza y reflexiona de manera muy lúcida en su ensayo “Las palabras de la tribu”. Valente concibe el acto poético como un proceso de comunicación pero sobre todo de conocimiento, podemos resumir estas ideas en lo siguiente:
    Hay dos vertientes en el acto de creación, una primaria, que surge de la creación del poema mismo, del diseño de la forma y especiales elementos lingüísticos o rítmicos, y que supone una nueva y particular forma del conocimiento que es la experiencia poético. No hay otra manera de llegar a ella sino es mediante el lenguaje poético, y su cuerpo es el poema, visto éste como una estructura emergente, es decir, compuesta de la interacción de elementos que gracias a un funcionamiento coordinado adquiere nuevas propiedades de orden muy superior. La segunda vertiente es la de comunicación, y que por ser en el poema expresión, la lleva implícita en su mismo cuerpo, y es al poeta mismo al que primero se le comunica esta nueva cara de su experiencia.

    ¿ Cómo se produce el descubrimiento de tu vocación poética?

    Que yo recuerde creo que esto del gusanillo poético ocurrió a partir de un día en que el profesor de Lengua y Literatura —creo que estaba yo en 3º curso del antiguo bachiller (1971)— nos encargó como ejercicio la confección de un poema, el mío trataba de los “avatares” de un caballo que corría desbocado por los raíles de un tren, al profesor le gustó mucho, me felicitó y me mandó leerlo al resto de la clase. Creo que fue la primera vez que alguien me felicitó por algo que había construido yo, sólo yo, aquello era enteramente mío; lo cual me lleno de un gran orgullo adolescente; sí, podríamos decir que este fue el disparo de salida. Desde aquella he escrito de una manera más o menos frecuente, excepto a partir del conocimiento y entrada en los foros de Internet —hace cosa de ocho años—, cuando la cuestión poética se convierte en un hecho más que frecuente, algunas veces obsesivo.

    ¿ Qué autores han influido de manera decisiva en tu voz lírica?

    El primer poeta que realmente me impactó de una manera muy especial fue Arthur Rimbaud, sobre todo su poema “El barco ebrio”, toda una cumbre lírica en la poesía de todos los tiempos, después las indispensables “Flores de Mal” de Charles Baudelaire y de la poesía internacional Walt Whitman, Rilke, y la poesía francesa en general.
    De los españoles citaré por orden generacional los que a mí más me han impactado: Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Borges, Octavio Paz, José M. Valente, Claudio Rodriguez, Gonzalo Rojas, Francisco Brines, Bonald… de la más reciente me gusta Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, y por encima de todos al gran Antonio Gamoneda; fue un hito muy importante en mi trayectoria poética poder conocerle en persona y hablar con él para la entrevista que le hicimos Rafael Calle y yo mismo, publicada en el primer número de la Revista Alaire, en su edición de papel.
    Otro autor que de manera muy especial recomiendo a todo escritor de poesía y de literatura en general, es Marcel Proust; su obra “A la busca del tiempo perdido” es una verdadera lección de exploración del mundo sensible en todas sus facetas.

     ¿ Cómo ha sido tu experiencia en los diferentes foros de poesía?

    Creo que los foros de poesía son la herramienta más importante que he utilizado para el aprendizaje de la poesía. Como he dicho más arriba, empecé a escribir a los 15 años, pero de manera más activa, hasta hacerse una actividad crucial de mi vida, lo comencé a hacer a partir de mi entrada en el año 2001 en los foros argentinos de poesía.com, ya desaparecidos. Allí conocí a amigos entrañables como por ejemplo Alonso de Molina, compañero inseparable en todas las aventuras poéticas emprendidas. Desde aquella he navegado por todos los foros de Internet con una actividad de verdadero “cuelgue forístico”; el más importante por el tiempo que a él dedique y por las personas que allí conocí, poesiapura).  Durante esta travesía he conocido y contactado virtual y físicamente con gran cantidad de poetas, y han surgido proyectos literarios de todo tipo. Toda esta experiencia es la que hace al poeta J. J. M. Ferreiro actual, si es que poeta se le puede llamar.

    La vida, la muerte, el “yo existencial” y los valores humanos fundamentales están presentes en tus trabajos. ¿Cómo compagina el poeta José Juan su universo sensible con la realidad inmediata?

    Pues la verdad se va llevando, mi trabajo en esa realidad inmediata a la que te refieres es como profesor de Biología y Geología en Enseñanza Secundaria en el IES Vilar Ponte de Viveiro, concretamente este año imparto clases en los cursos de Bilogía y Geología de 3º y 4º ESO y Biología de 2º de Bachillerato; trabajo durante las mañanas, y algo de la tarde la dedico para corrección de trabajos y preparación de clases. El resto de mi tiempo está dedicado, una parte a la familia y otra a la poesía; algunas veces se producen interferencias entre los diversos apartados, y las chispas pueden ser ruidosas con algún conato de incendio; pero bueno, he aprendido a ser un buen bombero, y “la cosa” no ha llegado a mayores.

    Me gustaría que nos hablaras un poco del movimiento poético en Galicia.

     “He sostenido siempre que Galicia es una tierra casi angélica, donde convergen sinos, trazos, nódulos, panoramas, nostalgias y paraísos creativos innegables” por esto mismo que tú dices es tierra de poetas y literatos de altura, piénsese por ejemplo en Rosalía de Castro, Valle Inclán, José María Valente…. Durante este pasado siglo ha habido autores muy importante,: autores como Curros Enriquez, Celso Emilio Ferreiro, Blanco Amor, Cunqueiro, Rafael Dieste, Avilés de Taramancos, Manuel María, resultan imprescindibles

    ¿Cómo sientes la juventud gallega respecto a la noción de poesía?

    Actualmente la poesía sobre todo la escrita en gallego, está en plena efervescencia, por su ambición y diversidad temática, por su exquisita profundidad reflexiva. Junto autores ya cimentados como Xesús Manuel Valcárcel, Claudio Rodriguez Fer o Miguel Anxo Fernán Vello, debemos de citar a jóvenes voces de indudable calidad poética como Marta Dacosta,  Olalla Cociña, Yolanda Castaño, Miro Villar….

    ¿Has intentado alguna vez la prosa poética?

    He hecho algunos intentos al respecto, en textos que tienen dos versiones, una versal y otra en forma de texto de la prosa. Tengo muchas dudas al respecto, porque más de un texto mío tiene estructura más narrativa y debería optar por la definitiva forma de prosa. Esta es una cuestión que me preocupa mucho

    ¿Qué autores en lengua española clásicos y contemporáneos recomendarías como lectura oigada para  los que intentan poesía?

    Me remito a los ya citados en una pregunta anterior, a los que habría que sumar la lectura obligada de Cervantes, Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, sobre todo su “Juan de Mairena”.

    Imagínate que podemos hacer magia, que genios y dioses te dan la palabra para pedir tres deseos, ¿ cuáles serían tus peticiones?

    En sentido profesional, solamente uno, que engloba por lo ambicioso de sus esperanzas a los otros dos, y es el que se pudiese llevar a buen puerto el proyecto literario del “Grupo Alaire”, el que fuese reconocido su indudable valor literario en el panorama de la lírica española actual, para conseguirlo tenemos previsto un plan de publicaciones personales y de antología que utilizará como plataforma de lanzamiento, la indudable calidad mediática de la Revista Alaire.
    Los que tienen que ver con lo personal me los prefiero callar.

    Ha sido un inmenso honor dialogar contigo.

    El placer es mío querida amiga. Todo un honor que pensases en mí para esta entrevista.

    El declive de tu tristeza.

    El declive de tu tristeza
    se extiende como un bosque interminable frente a un espejo.

    No sé si eres la muerte
    pero tu voz desarreglada, tu semblante marchito y tu cielo de plomo,
    me atormentan en esa inmediatez previa a cualquier contacto.
    Esa distancia es un puñal entre tinieblas,
    la piedra que detiene una mirada
    ―descomunal anchura de la sombra.

    Un día, todas las estrellas se quedarán a solas.
    Transitarán conmigo las vigas de tu ausencia.
    Fuera quedará el tiempo como un follaje inútil.
    En el lienzo de mis visiones se descrucificará el campo,
    el mármol de las tumbas y su estatua imprevista
    ―el río con su multitud de álgebras instantáneas.

    Alcanzado esta singladura,
    rota la intimidad y la amenaza de mí mismo,
    con lentitud, con hierro en las rodillas,
    llego a una pulsación sobre el color de Otoño.
    Callo y bajo a los patios en el agua,
    desvanecida como la niebla en los balcones
    ―turbia luz de las cosas espontáneas,
    de rostros jabonosos de tanta vaguedad.

    Una derrota. La derrota de siempre.
    El pan en su cielo de trigo.
    Un arco impenetrable sobre los cobres de la luz,
    en su tangente tensa a la raya del horizonte
    ―tonalidad endeble donde todo se arrasa.

    Arde, allá lejos, la carne de los hombres
    ―maderas de la nada―
    brillando el mismo mar en cada roca,
    el mismo ojo en cada pez.

     Amarcord

     “Amarcord”, contracción fonética de “A m´acord” en dialecto romañolo, que podría traducirse por “me acuerdo”, fue el título que definitivamente Fellini dio a la mítica película que se rodó durante 1973 en Rimini, en la región de Emilia-Romaña, y en los estudios de Cinecittá de Roma.
    (Del libreto de la película “Amarcord”. Edición de “Planeta de Agostini”)

    En la gruta sellada de la infancia un soplo de la luz sueña el pasado
    …Amarcord.

    Recorro un laberinto de paredes mohosas
    donde al final de un túnel ondea una sábana blanca.

    En la gruta invocada de la infancia,
    caminos y luciérnagas crecen en mí espacios clamorosos
    ―precipicios y aromas en el éxtasis
    espectros
    …Amarcord

    Es un ruido de vidrios;
    una hoguera callada que se extiende sobre un bosque de imágenes marchitas
    …Amarcord

    Busco algún germen
    o el tímpano que vibre en un estrato de cincuenta años;

    Es en el bar del pasado. Entre la luz flamea el polvo de la harina. Rayos sucios y miopes agrietan una sombra de imágenes ajadas entre voces profundas. Hay botellas de vino soñando el mostrador.
    Tojo y viento salvaje. Azoteas blanquísimas perdidas en penumbra. En la más alta loma, en las fachadas de la iglesia, vagabundea el tiempo quieto de un niño entre castaños; allí siempre es noche de estrellas húmedas, luna de mar y ostra de abril; allí, entre los laureles, se repiten el púrpura vivaz de las muchachas, el ruido de las tómbolas, la música y la verbena.

    Unos dedos extraordinarios abren estas imágenes
    cuando diviso los castaños al mar,
    disipado a lo lejos, tras el arenal blanco.
    Desde lo más remoto entra en mí la materia que no soy,
    crecen en mí las carnes que ya no son mi carne
    ―cuerpos de arcilla fúlgida
    …Amarcord.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El Poema del Método (Primera parte)

    El Poema del Método (Primera parte)

    Rasgos líricos en el Discurso del Método de René Descartes

    El Éxodo

    René Descartes nació en La Haye en Touraine —cerca de Poitiers— el 31 de marzo del año 1591. Eso lo sabemos. Es parte de nuestro inconsciente cultural. Es información.

    Descartes publicó el “Discurso del Método para dirigir bien la Razón y hallar la Verdad en las Ciencias” ( nombre completo de dicho ensayo científico, que resultó ser espina dorsal del corpus filosófico de la modernidad occidental) en el año 1637. También lo sabemos. También es testimonio histórico.
    Incluso sabemos que dentro del “Discurso” yace inscripta la célebre proposición latina “Cogito ergo Sum” (pienso, por tanto existo). E intuyendo su peso específico, casi sospechando su condición nuclear, su carácter de piedra basal del edificio gnoseológico, igual ignoramos cómo, porqué o dónde figura en la obra. Confiamos en la comunidad académica. Replicamos.

    En estas líneas hablaremos sin embargo de aquello que no sabemos. Desinformaremos. Recelaremos. Tejeremos con mano vacilante un ligero decurso lioso, volante. Escribiremos crepuscularmente, de modo esquivo. Transitaremos por geografías cubiertas, por franjas de eclipse. Escribiremos como desertando. Y tal vez escribir no sea más que eso, un éxodo. Pues aquí nos evaporaremos. Saltaremos por sobre las jurisdicciones de la seguridad. Optaremos por un cierto abatimiento. Casi hablaremos de manera refractaria, rehusando áreas completas, repulsando arrogancias luminosas.

    Quiero decir: intentaremos la poesía.

    Y lo que no conocemos no sólo provoca el brillo de las certezas por contraste, sino que aún posee un brillo propio y particular. Lo no sabido no sólo es ausencia de información, sino cierta presencia en sombras, cierta vacuidad habitada, cierto perfume.
    Apagaremos por tanto grandes linternas, e iremos al tacto por orfanatos misteriosos. Deambulando por entre ruinas o bosquejos. Prefiriendo la nocturnidad, la belleza del baño de la semipenumbra. Iremos lejos de la omnisciencia.

    René Descartes murió de frío en Estocolmo. Eso no lo sabemos. Aunque es un dato biográfico fácil, no lo sabemos. Y digo que no lo sabemos porque no logramos detener el torbellino ansioso de la lectura en dicho punto. No podemos fijar-nos. Nos arrastra la pulsión sintética, el vértigo de la curiosidad, la posposición. Este dato que no podemos conquistar comienza a oler distinto, comienza a picar y a mudar el color de nuestra urgencia.

    Vale la pena repetir: René Descartes murió de frío en Estocolmo.

    Quizá ahora estemos listos para el viaje.

    La Periodicidad Estética

    El doctor Francesc LL. Cardona dice en un estudio preliminar para el “Discurso del Método”:

    “…en todas las circunstancias, la extensión del pensamiento —el pensamiento de Descartes— mide exactamente la extensión de la frase…”.

    Lo sorprendente es que atribuye tal característica a la periodicidad idiomática inherente a un pensamiento académico recién emancipado de la lengua eclesiástica  (el latín).
    Es una razón diurna, hermosa también. Es un motivo seductor, casi felino. Por lo tanto debemos escaparle.
    Nosotros lo diremos tenebrosamente y en sencillo:

    Si el largo de una idea coincide con el largo de la cadena semiótica que la transporta —a la idea— o la consuma, entonces hay ritmo.

    Y si hay ritmo hay timbre.
    Y si hay timbre hay tenor fonológico.
    Y si hay tenor fonológico hay estructura inteligente.

    Si las ingenierías sintácticas no son meramente utilitarias hay derroche. Derrochar es ornar. Ornar es desbordar.

    De modo que la observación del Dr. Cardona nos hace tropezar inevitablemente con una gratuidad, incluso con una inconveniencia. El “Discurso” corre como un río. Limpio, despojado, estilísticamente desenmarañado. Y corre a una velocidad proporcional. Vale decir: fluye vestido y a tiempo. Posee cierta escondida liturgia sonora, cierta leve morfología improcedente. Está poseído por cierta belleza.

    Hemos dado con la radiación formal del discurso. Lo que distingue la prosa práctica de la prosa decorativa es su ajuste. Si el hilo escritural fuese todo el tiempo apropiado, no habría voluntad rítmica. Precisamente al revés de lo aparente, de lo consensuado. La buena talla denota adorno, y la disonancia señala ausencia de cincel.

    La cadencia embrionaria de una prosa donde los largos de los significantes encajan en los largos semánticos, es poesía. Es talla. Es buena talla. Es talla consciente. Convite.

    Lo diremos en forma tenebrosa y en sencillo, nuevamente: el “Discurso” del Método es ineficazmente  acompasado, gracioso.

    En otras palabras, la meta-intención es estética. O: la pluma de Descartes activa involuntariamente arquitecturas sintácticas melódicas. No nos referimos a golpes fonéticos, sino a la blancura métrica de las construcciones oracionales. Nos referimos al aroma.

    Pongámoslo todavía de otro modo. Es estético en tanto y en cuanto es más que sintético u operativo, y menos que cronístico.
    Cuando las ideas rebalsan el volumen del texto nos encontramos probablemente ante un cuerpo epistemológico funcional. El contenido es más profundo y rico que la maquinaria escritural que lo contiene. En cambio, cuando el texto es frondoso, opulento, y supera espacialmente (físicamente) a los conceptos que comprende, nos hallamos quizás ante un relato o testimonio periodístico. La prosa es más cuantiosa que el mensaje. Pero en el caso que nos ocupa, el “Discurso”, existe una nivelación, una consanguinidad perimetral, existe una fricción benigna que confiere congruencia dimensional. Existe gracia.

    Una Ética Fugaz

    Nos vamos oscureciendo. La luna de la noche de la poesía va tomando posición en el empíreo del texto. Comenzamos a desconocer terriblemente el “Discurso”. Comenzamos a soñar a Descartes y entonces dejamos de atropellarlo.

    Tampoco sabemos que la tercera parte del “Discurso” propone una ética provisoria. Lo dicho, una ética fugaz. Tal vez toda norma es ineludiblemente efímera. Quizá habría que repensar la sociedad en términos tácticos más que ontológicos.

    ¿Qué esquemas sociales imperarían si hubiéramos adoptado códigos jurídicos flotantes? ¿Cómo sería el aspecto fisiológico de nuestro mundo si hubiésemos asumido la precariedad constitutiva y constructiva de la materia y de la forma?

    Descartes acomoda la ética a la cadencia. Todo es volátil. Todo es voluble, interino, pasajero. La pregunta que se nos madura en la boca es: ¿y esto es malo?

    El registro cursivo de la acción humana ¿ha de ser pétreo, taxativo?
    Si una regla es una consecuencia procesal, ¿por qué habría de ser definitiva?

    ¿Una piedra es realmente algo perenne? ¿Acaso todas las cosas no son pactos de partículas, y por lo tanto, acontecimientos más o menos estables, pero al fin y al cabo,  circunstanciales, finitos, temporarios?

    También la ética es un objeto, una concentración óptica, un ser. Y entonces, convenio, estrategia del tiempo.

    Me imagino el mundo. Me imagino un mundo donde la ética sea provisional. Lo presiento eólico, alado. Hasta se me ocurre flexible, acuático, totalmente sensible. Un mundo femenino, lunar. Un mundo ágil, nerviosamente ingenioso. Un mundo suave, dulce y nutriente. Un mundo al galope, constelado y en piel viva. Un mundo onírico, articulado por argucias creativas y no por constantes. Se me antoja un mundo festivo, apenas aprensible, multipolar, y polisémico. Como un juego.

    Y el juego es poesía.

    Una ética que rige por su fragilidad es hermosa. Es una ética de bolsillo o de alforja. ¿Quién nos ha inculcado que los pertrechos de viaje son necesariamente inferiores? Una ética de la docilidad, de la aceptación. Una ética de la exploración y para aventureros. Una bio-ética.

    El corazón Obrero

    ¿Es posible que tampoco sepamos que en la quinta parte del “Discurso”, Descartes habla largo y terso del corazón del hombre? Sí, es posible. Y peor todavía: es cierto. Animémonos entonces a no saberlo a conciencia. Atrevámonos a iluminar en estos papeles que luego el olvido se encargará de disolver. Qué otra cosa es escribir sino un olvidar de memoria.

    El corazón del cual habla René Descartes es el epicentro térmico, el horno. Es la máquina, la bomba. Y sin embargo, hablando biológicamente, habla de un corazón noble, habla de un corazón humano, de un corazón obrero y fiel.

    Por lo dicho, el manifiesto por antonomasia de la modernidad lleva en su centro un corazón. Nada más bello que esto.

    Nada más hermoso que un corazón.

    Rafael Teicher

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    Método del Poema

    Semióptica

    En la cuarta parte del “Discurso del Método” podemos atrapar dos aleteos líricos, dos golpes estéticos inconscientes —entendiendo el inconsciente en el modo en que lo hace Giorgio Agamben ( como región desconocida, como patria del olvido, como penumbra ), más que en el sentido ortodoxo freudiano—. El primer pulso plástico sucede cuando Descartes decide observar el adagio ( la sentencia que es conclusiva y elemental al mismo tiempo ) “Cogito ergo Sum”. Se detiene frente a la talla ( escultura ) semántica. Se asoma al reflejo, palpa la piel significante y significativa del “Cogito”, lo aborda cual cuerpo ajeno. Toma distancia, lo asesina ópticamente, o lo redime. Compone la forma del adagio caliente, recién parido desde los laberintos de la ratio, y lo conversa fenomenológicamente, lo
    toca.

    El fervor pirético y especulativo ha gestado su criatura, su huevo, su monstruo ( el ontos siempre es teratológico en la medida en que es otro ).
    Descartes ha desarticulado los juegos de espejos del mundo corpóreo a fuerza de herramientas discursivas, su hablar desarma serenamente, pela, y abre.

    Regresa de la faena con una tesis sangrante en la bolsa.

    El “Cogito” brilla como un pez desbocado en el borde de la vida.

    El pescador —Descartes— engreído tiene para con su presa ( el “Cogito” ) una comunión predatoria; la reconoce, la identifica, se mira en ella, se mira en los ojos muertos del pez racional, y llora —una manera convenida de decir que se enamora de la radiación morfológica que envuelve el sentido, y ya no del sentido en sí.

    Ha cazado un gamo en el bosque macilento de las ideas del poder y lo exhibe por primera vez colgando del gancho de la lengua.
    Lo escucha ( volviéndose hermeneuta ), lo circunda y acecha como a una piedra negra del cielo, lo extroyecta hasta desconocerlo —lo olvida—, que es el único modo de entenderlo como otredad, como objeto cargado, como un beso que se recibe.

    Lo mira con el discurso, lo palpa sintácticamente, y lo arrulla.
    Descartes está de pie frente a la tela con el pincel entre los dientes. Y mira. El espacio-tiempo que emerge de esta actitud de espera y regocijo se denomina arte.

    El explorador metafísico sudante resuella ante la víctima —el “Cogito”— porque la busca según las maniobras de su forma, ya no bajo el hechizo de su hilván. El discurso calla al pie de un dios inconexo que titila.
    Descartes mira el “Cogito” como un adolescente alienado, y dicha vocación óptica es poesía.

    Entonces nos confiesa al fragor gramático de su carrera, que el gran muerto ( el adagio, el ciervo sangrante, el “Cogito” ) luce diáfano y distinto: evidente. Descartes ama, y los amantes ven.

    Lo evidente es lo que hace bellas las cosas. Vale decir, son tan reales, tan congruentes, tan presentes, están tan instaladas en el acontecimiento, que se vuelven nido para la proyección del amor.

    A Descartes lo embruja el centelleo esquémico del “Cogito”, su esplendor lingüístico, su conversión en espejo que deja paso al ser. Le gusta. Gusta del pez expuesto como gustaría de la mano de un hada.

    El segundo aleteo armónico-estético que pillamos en la cuarta parte del “Discurso” resulta casi consecuencia cronológica de lo antedicho. Descartes pregunta más o menos así: ¿Qué es lo que hace que no pueda estar seguro de la claridad de las proposiciones? ¿Por qué no puedo verlas a todas claras y distintas ( evidentes )? Y es como si inquiriera: ¿Por qué dudo sobre la cantidad y la calidad de la belleza que hay o que visita las cosas? O mejor:

    ¿Qué hace que perciba —o sienta, o entienda— a algunas ideas ( objetos ) como bellas y a otras no?

    La respuesta en términos sencillos es que el que observa no es perfecto y sólo participa en —o de— la visión clara y distinta de un ser perfecto. Un ser que todo lo ve. Que ve. Que todo lo ve hermoso. Un ser cuya mirada hermosea al mundo, lo cual quiere decir crearlo. En la medida que el uno que mira no es el ser perfecto, localiza la belleza.

    Estamos constreñidos a la fractalización del mundo, a la polaridad. Volverse del lado de Dios es tal vez trascender los antónimos mediante la percepción de una belleza ineludible. Quien dice: Todo es bello, baila.

    Y Dios baila.

    Así las cosas, toda vez que caemos en el embeleco de la fuente ( la belleza, el estado de refracción ) accedemos a una evidencia. Como si el agua fuese la casa de lo concreto, pero la solidez, recinto del ensueño. Y aún: quizá lo masivo no sea más que viento. Y el rostro, la materia invertebrada y primera, el peso.

    El mundo en el cual se despliega el relato cartesiano es ciertamente brilloso, pleno de reverberación y de ruido cromático. Los postulados refulgen cual mansos relámpagos, resplandecen como muelles en el río del conocimiento de las sustancia.

    La voz del “Discurso” cuenta el mundo. Y el mundo es una ingeniería aérea en suspenso, una pompa.

    La luz emana de las cosas como la palabra que corta el útero o como el pájaro que rompe la eternidad.

    Leer amenamente el “Discurso” es despojarlo de las semiosis parasitarias que se le han adherido durante el desarrollo de la fricción epocal. Hay que leer desnudos.

    Insisto: hay que leer desnudos.

    Y leyendo desnudos, el “Discurso” es un poema, el poema del mundo. El poema de un mundo donde el celo por la propiedad privada ( Agamben ) es reemplazado por la gestión pública del juego.

    Monólogo sobre el Secreto

    Place pensar la sexta parte de la obra de Descartes como un extenso monólogo acerca de la prudencia.
    Se consuma en este período textual-expositivo una verdadera ponencia sobre ética editorial y sobre el significado de la censura.
    Pero un libro es un cofre de los secretos, un arca hundida, una llave en la arena. Y no hay manera de leer en alta voz. La metáfora es un secreto en acción, un mecanismo de protección de la identidad.

    Escribir es mentir, hablar es mentir. Y mentir es proteger. La poesía es secreta. Y el discurso es su vaina, su piel.

    La Resonancia Poética

    La poesía es el ajuste modular que deviene en eco. Es un eco. El eco estructural, eso es.

    De modo que la actitud conjunta del “Discurso” es estética. El cauce es rítmico. La alocución compone un cuerpo de recepción, una materia que invita a la escritura de la vida del hombre.

    Hacer poesía es hacer hojas. Un poema es más el papel que el grafismo. Es un espacio. Y el “Discurso del Método” es una tabla donde es dable anotar una nueva ontología del alma.

    La voz que cuenta es limpia, despejada. Es cordial también. Ocurre junto al fuego, o al borde de una tinaja. El espíritu confesional arrima los ojos, los liga, los enreda en el árbol de los sueños del mundo.
    En este sentido, Descartes, no vocea, sino canta.
    Canta.
    Y canta con sobria melodía, canta el madrigal de la forma de la belleza. Canta alturas y bajos, canta alteraciones o contrastes primarios. El texto canta. Todo texto canta. Los espacios son necesariamente música.
    La poesía resulta del vaivén de las formas.

    Rafael Teicher

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Alonso de Santos

    “LA CENA DE LOS GENERALES”

    El 16 de octubre de 2008 se estrenó en el Teatro Lope de Sevilla la comedia La cena de los generales, de José Luis Alonso de Santos, dirigida por Miguel Narros y protagonizada por Sancho Gracia y Juanjo Cucalón.

    La obra alcanzó un gran éxito y, desde entonces, está realizando una gira de amplia repercusión popular por muchas ciudades españoles: Alicante, Cádiz, La Coruña, Burgos…

    A Madrid llegará el próximo mes de septiembre para inaugurar la temporada en el Teatro Español. A la vez, aparecerá la edición en la prestigiosa colección Clásicos Castalia: un caso insólito, considerar ya obra clásica una comedia estrenada  hace menos de un año…
    Toda la crítica está de acuerdo en que José Luis Alonso de Santos (nacido en Valladolid en 1942) es el mejor ejemplo y testimonio del teatro español nacido en la etapa democrática.

    En su carrera teatral, tres fechas son especialmente significativas: la primera, el 19 de noviembre de 1975, la víspera de la muerte de Franco, cuando se inscribe en la Sociedad General de Autores de España su primera obra dramática, ¡Viva el Duque, nuestro dueño!

    La segunda fecha sería el 26 de octubre de 1982, al inaugurarse la temporada en el Centro Dramático Nacional
    (Teatro María Guerrero de Madrid), dirigido entonces por el gran director de escena José Luis Alonso Mañes, con su obra El  álbum familiar. Simbólicamente, eso significaba el pleno reconocimiento oficial – y, a la vez, el acta de defunción – del teatro independiente, que, durante el franquismo, había intentado una gran renovación estética y política de nuestra escena.

    La tercera fecha sería la del 6 de septiembre de 1985, al estrenarse en el Teatro Bellas Artes de Madrid (dirigido por una figura tan prestigiosa como José Tamayo)   Bajarse al moro.

    Esta obra de Alonso de Santos se convierte muy pronto en un éxito internacional y en una ventana sobre la nueva sociedad española: como obligada referencia para el nuevo teatro español, se ha representado en los escenarios y estudiado en las universidades de muchos países.

    Después de eso, la carrera teatral de Alonso de Santos ha sido muy intensa: éxitos como La estanquera de Vallecas ; versiones cinematográficas; dirección de la Compañía Nacional de Teatro Clásico; hace unos meses, publicación, por Editorial Castalia, de su Obra Teatral completa – por el momento – en dos gruesos volúmenes.

    Además, Alonso de Santos ha publicado dos volúmenes teóricos, La escritura dramática  (1998) y Manual de teoría y práctica teatral (2007), que no tienen parangón en nuestro país. A cualquier persona interesada por la reflexión sobre el teatro, se los recomiendo encarecidamente, pues unen la amplia información , la profundidad de pensamiento,la claridad expositiva  y la experiencia escénica.

    Desde el comienzo de su carrera, la crítica ha advertido siempre en este autor un valor básico: su condición de hombre de teatro, que escribe siempre pensando en la representación, en el espectador, con un claro afán de comunicación. A eso se deben, en gran medida, sus éxitos.

    En el teatro, Alonso de Santos lo ha hecho casi todo, además de escribirlo: interpretarlo, dirigirlo, dirigir una compañía, enseñarlo, adaptarlo y hasta recorrer con el autobús, como los antiguos cómicos de la legua, muchas carreteras españolas…

    La obra estrenada hace pocos meses, La cena de los generales, plantea una situación dramática insólita y bien interesante. Nos sitúa en Madrid, en abril de 1939, pocos días después de que haya concluído la guerra civil.

    En esa fecha, el triunfante Generalísimo Franco decide ofrecer una cena de homenaje a algunos de sus generales en el Hotel Palace. La responsabilidad de organizarla recae en un Teniente de Intendencia (al que encarna Juanjo Cucalón) .
    Tiene que lidiar con el veterano maître del Hotel, interpretado por Sancho Gracia.

    El primer problema surge porque los cocineros del Hotel están presos, por ser contrarios al bando triunfador: para salvar la cena, no hay otra solución que sacarlos de la cárcel. Los camareros, en cambio, son de derechas: no planteará problemas convocarlos pero sí las habrá en su forzosa convivencia con los del otro bando.

    A partir de ahí, se multiplican las dificultades: los alimentos, las bebidas, el café, los adornos… Con sutileza, el maître va consiguiendo, poco a poco, todo lo que quiere: el teniente ha de cumplir como sea la obligación que le han encomendado. Y todo eso hace aflorar, en la escena, los dramas individuales de cada uno.

    Se trata, pues, de una obra coral, que refleja un momento histórico dificilísimo. Ha abordado esta vez Alonso de Santos un tema especialmente conflictivo, todavía, para muchos: el de nuestra guerra civil. Pero su intención, desde luego, no tiene nada que ver con los intentos interesados de remover viejos fantasmas colectivos.

    En su presentación, en Sevilla, definió así su posible mensaje:

    “Con trabajo, dignidad e indulgencia se pueden reconstruir las cosas”.

    Conviven, en la obra, elementos muy dramáticos con situaciones claramente cómicas. El espectador medio se ríe
    pero también se emociona. Y, por supuesto, reflexiona sobre lo que está contemplando.

    La óptica elegida es la de la tragicomedia, de tan ilustre tradición entre nosotros, desde La Celestina hasta la tragedia grotesca de Arniches o el sainete trágico de Buero Vallejo. Tampoco está muy lejos de algunas comedias ácidas del cine italiano: de Fellini, Dino Risi, Totó, Alberto Sordi…

    Todos los personajes, los de uno y otro bando, han sido vencidos, en esta guerra. El ideal que se expone, por supuesto, es el de la reconciliación: el único camino posible, la única esperanza. Se encarna eso en una pareja de jóvenes, que salen a la luz. Pero sólo Dios sabe con qué se van a encontrar, más allá de los muros de esta cocina.

    Con esta tragicomedia, que logra conjugar la calidad dramática con el éxito comercial, José Luis Alonso de Santos se confirma como una de las figuras máximas de nuestro teatro actual.

     

    Texto:
    Andrés Amorós Guardiola.
    Ensayista, crítico literario, historiador de la literatura española.
    Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El plagio literario

    “Corre el rumor, Fidentino, de que recitas en público mis versos, como si fueras tú su autor. Si quieres que pasen por míos, te los mando gratis. Si quieres que los tengan por tuyos, cómpralos, para que dejen de pertenecerme.”  (Epigrama XXX: A Fidentino el Plagiario).

    El plagio es tan antiguo como la propia literatura, anterior incluso a la invención de la imprenta. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua lo define como “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”. Para el creador el plagio constituye el más grave atentado a su derecho de autor ya que significa privarle de su paternidad y, por lo tato, de la relación con su propia obra. Sin embargo, dentro del mundo literario existen posturas diferentes y, hasta encontradas, cuando se debate sobre este tema. Los hay que defienden a ultranza el respeto a la forma que cada escritor imprime a sus palabras pero los hay, también, que basándose en la idea de “que ya todo está inventado” defienden lo se viene denominado “intertextualidad”, afirmando que la literatura no es otra cosa sino una sucesión de plagios.

    Para nosotros, lo que algunos llama “intertextualidad” es beber de otras fuentes, lo que toda la vida de dios se ha dado en llamar influencia, tradición y, en una palabra, literatura, cosa que nada tiene que ver con ” copiar textualmente un original ajeno sin citar al autor verdadero ni mencionar la fuente y sin entrecomillar, imitando el estilo, la expresión literaria y la sintaxis del original”. El que plagia y lo hace intencionadamente -todo plagio para que sea considerado como tal lleva implícito intencionalidad- no hace otra cosa que aprovecharse del trabajo de otros en su propio beneficio.

    Bien es cierto que en los tiempos que corren prácticamente todo está inventado y que lo que en verdad resulta difícil es encontrar ideas que puedan considerarse originales. La literatura está tan globalizada como el resto de los aspectos y materias de los que hacemos uso en nuestra vida cotidiana. Los propios autores suelen ser los primeros en reconocer sus influencias tanto en lo que se refiere a las temáticas que tratan como a su propio estilo. Pero no hay que olvidar que el Derecho de Autor nunca hace referencia a las ideas, Lo que el Derecho de Autor defiende es la originalidad con la que cada autor plasma esas ideas mediante una determinada forma de expresión.

    Nadie niega que en la literatura, como en casi todas las demás artes, resulte cada vez más complicado encontrar ideas o estilos que verdaderamente puedan considerarse nuevos ( otra cosa sería si nos refiriéramos al campo científico o médico, donde también se producen plagios y donde el tema sería aún mucho más complejo de abordar).  Un mismo tema puede tratarse de mil maneras diferentes sin que se pueda afirmar que existe plagio. Insistimos de nuevo en que el Derecho de Autor siempre se refiere a esa forma de expresión que se es única en cada autor..

    Recordemos también que en cualquier obra literaria está aceptado y permitido -de hecho suele ser una práctica bastante habitual- incluir citas textuales e incluso páginas completas de otros autores, pero siempre citado la autoría.  La diferencia es tan obvia que el que comete plagio, no sólo no cita, sino que pretende hacer pasar por suyo lo que, sencillamente no lo es.

    Queda claro, por lo tanto, que no plagia el que escribe sobre la misma idea que otro, ni el que bebe de otras fuentes y se deja influenciar por ellas, ni siquiera el que re-escribe una obra, bien, como aprendizaje, bien intentado aportar una visión distinta de la misma. Plagia el que de forma intencionada y consciente se apropia de la original forma de expresión de un autor y se la atribuye como propia.

    Si nos abstraemos del hecho de estar hablando de creaciones literarias  que, en algunos casos -como por ejemplo cuando se utiliza como soporte internet-, el autor se presta a mostrar y compartir de forma gratuita, y obviando, incluso, que hablamos de un delito reconocido y tipificado por el código penal, se trata de un acto, además de delictivo, tan poco ético como lo sería entrar en la casa del vecino que te ha prestado unas llaves para que le riegues las plantas y llevarte contigo cualquiera de sus pertenencias.

    Lejos de creer, como afirman algunos, que todo plagio en el fondo es un homenaje – ya que supuestamente sólo se plagia lo que se envidia o admira- y, teniendo en cuenta, que la propiedad intelectual es un terreno más pantanoso que la propiedad a secas, los que justifican o entiende dichos actos no deberían perder de vista que el creador literarios no es un ser de otro mundo sino un trabajador más, comparable, en términos de esfuerzo, a cualquier persona que se pasa, por ejemplo, ocho horas diarias en una oficina y se encuentra con que al final de su jornada laboral, aparece otra persona con la pretensión de atribuirse su trabajo y apropiarse de los derechos que éste conlleva.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Eloy Sánchez Rosillo

    LA IMAGEN PROFUNDAMENTE COTIDIANA DE LA POESÍA

    1253221888La voz de Eloy Sánchez Rosillo (Murcia, 1948) es uno de los referentes de la poesía española contemporánea, desde la publicación de su poemario “Maneras de estar solo” (Premio Adonais 1977), obra que significó su aparición entre la “pomada” lírica.

    Hasta hoy, han pasado muchos poemas, muchas metáforas, tantas que el Eloy actual es posiblemente la perfecta simbiosis de un autor con la alegoría que siempre había buscado. Del recorrido por “Páginas de un diario” (1981), “Elegías” (1984), “Autorretratos” (1989), “La vida” (1996), libro del cual recientemente se ha publicado la 10ª edición, “La certeza” (2005), por cuya obra se le concedió en Premio Nacional de la Crítica, hasta llegar a “Oír la Luz” (2008), su último trabajo, toda esa labor creadora viste de gala a un pedazo importante del mundo de los versos, en la última parte del siglo XX.

    Profesor de literatura española en la Facultad de Letras de la Universidad de Murcia, la sed insaciable de su universo poético, aún tiene muchas imágenes por escanciar.

    Eloy, ¿cómo se llama la última pica que ha puesto usted en Flandes?

    No me dedico yo a poner picas en Flandes. No es lo mío. Lo que he intentado desde mi adolescencia hasta hoy es escribir buenos poemas, que es mucho más difícil que poner picas en Flandes.

    ¿Qué le dice la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor”, refiriéndonos a Eloy Sánchez Rosillo? Expláyese si es de su gusto.

    Aunque haya sido yo durante una buena parte de mi vida un poeta acusadamente elegíaco y muchos poemas míos se basen en el recuerdo, hoy no subscribiría esa frase. Mi concepción del tiempo ha ido evolucionando. No es ya algo lineal y fragmentado, dividido en compartimentos estancos, sino que hoy siento el presente, el pasado y el futuro como “tiempo entero” en el que siempre está todo sucediendo, dentro de este gran sueño maravilloso de la vida.

    ¿Es importante nacer en el momento y el sitio adecuados? En todo caso, ¿cómo ha influido el entorno y las circunstancias en la transmutación del joven Eloy en el poeta y profesor Sánchez Rosillo?

    No tenemos posibilidad de elección, así es que debemos conformarnos con lo que nos toque y, dentro de nuestro momento y en nuestro lugar, tratar de llegar verdaderamente a ser. El entorno y las circunstancias moldean y condicionan, pero, sobre todo a partir de ciertas alturas de la vida, nuestro espíritu debe tratar de sobreponerse a ellas y llegar a cumplirse, con el viento a favor o en contra.

    ¿A quién o a quiénes recuerda especialmente por sus enseñanzas? ¿Esa gravedad, más allá del tono de la voz, que le ha percutido para siempre?

    A mi madre, que en todo momento fue para mí (un hijo nada fácil) amor, bondad, paciencia, y sensibilidad inteligente.

    Usted, que se quedó sin padre a los siete años, sabe lo duro que es crecer sin el progenitor. ¿Cómo recuerda ahora al niño, al joven Eloy, haciéndose hombre sin uno de sus referentes?

    Pienso que el fallecimiento de mi padre me hizo tomar conciencia del tiempo y de la muerte de manera precoz, y esa concienciación acaso me llevó a su vez tempranamente a la soledad y a la melancolía, es decir, a la interiorización.

    1253221913¿Qué es lo que ha querido transmitir Eloy Sánchez Rosillo a su descendencia? ¿Las líneas maestras de la vocación pedagógica del Eloy padre?

    Nunca he entendido la paternidad como un asunto pedagógico, es decir, que en ningún caso he actuado en lo que respecta a mi hijo (el único que tengo) con arreglo a planes estrictos de los que no hubiera que apartarse. En cada ocasión he improvisado como mejor he sabido lo que el sentido común y el amor parecían sugerirme. Mis equivocaciones habrán sido sin duda innumerables, pero espero que mi hijo haya sido capaz de advertir mis buenas intenciones invariables y que me juzgue por ellas.

    Pregunta para el poeta, ¿la mujer es…? De acuerdo, preguntaremos también al profesor, ¿la mujer representa…?

    Creo que no hay que hacerle esta pregunta al poeta ni al profesor, sino sencillamente al hombre. La mujer es fascinación y misterio. El sueño del vivir ha sido y sigue siendo mágico para mí gracias a ellas. Nada tendría interés ni sentido si ellas no estuvieran ahí.

    ¿Recuerda el primer poema que escribió? ¿Cuál fue el motivo?

    El motivo fue alguno de mis primeros enamoramientos. Recuerdo con nitidez la ocasión (tenía yo catorce años; estaba en la playa) y recuerdo también vagamente los versos que lo componían, pero no creerá usted que soy tan ingenuo como para hacerlos públicos ahora.

    ¿Dónde se encuentran las raíces de la poesía de Eloy Sánchez Rosillo?

    En la maravillosa vida. Yo no soy un poeta libresco y mi poesía no procede únicamente de la poesía. Soy consciente como cualquiera que haya intentado algo en poesía de la importancia insoslayable de la tradición y he empleado toda mi vida en conocerla lo más a fondo posible, pero para mí la poesía no es algo diferente de la vida, un menester de gabinete o de laboratorio, sino que forma parte viva del existir como cualquier otra cosa. No me considero en modo alguno un literato. Soy un hombre que vive, siente piensa y canta. Nada más.

    Hablemos de poesía de la “experiencia”, ¿es usted uno de los representantes de esa tendencia? Por otra parte, ¿hay alguna necesidad, algún vacío que cubrir en esa forma de expresión poética?

    Bueno, eso de que soy un representante de la llamada “poesía de la experiencia” no sé quién lo habrá dicho. Hasta muchos años después de empezar yo a publicar nadie hablaba de esa tendencia. En realidad yo pertenezco cronológicamente a la generación de los novísimos, aunque no tenga nada que ver con ellos y nuestros presupuestos estéticos incluso se opongan. No, yo no acepto ninguna etiqueta de grupo o escuela, pues nunca he pertenecido a ninguna. He escrito como he podido, independientemente, con arreglo a mi verdad, al margen de consignas o modas. En toda escuela, grupo o pelotón poéticos hay mucho de artificioso y de falso, y por tanto de carencias y de necesidades que cubrir. La poesía no puede hacerse con fórmulas y en equipo.

    Si alguien le dice que ese tipo de poesía carece de riesgo, que puede ser una manera de adecuar la falta de algunas habilidades como, por ejemplo, la imaginería poética y que, en todo caso, la poesía de la experiencia no es el equilibrio ideal del poema, porque le falta cierta dosis de lírica mágica, aquella que se transmite por la vía sensorial, ¿pensaría que esas afirmaciones tienen algo de veraces?

    Por supuesto que sí. Un poema en el que falte todo eso que usted señala no es un verdadero poema, tanto si su autor es del Madrid como si es del Barcelona. Insisto: no se puede escribir poesía desde las fórmulas de ninguna escuela; hay que escribir con total libertad y haciendo uso sin limitaciones de todas las facultades del ser y de todos los recursos que la propia poesía pone a nuestra disposición.

    Y si otros le dicen que la poesía de la experiencia es muy necesaria, porque acerca los poemas a gentes de todo tipo, difundiendo la lírica, haciéndose entender, con la única premisa de que los lectores tengan mínimamente un nivel cultural medio; todo eso frente a la poesía inconsciente, aquella que de forma literal dice una cosa incomprensible y que, a veces, sensorialmente transmite otras cosas, ¿qué podría opinar usted de todo eso?

    Mi respuesta a su pregunta anterior vale también para ésta. Añadiré que la poesía no puede padecer de escaseces o de excesos por un extremo ni por otro. Utilizando la muy oportuna frase hecha, diré que ha de ser natural “como la vida misma”.

    En poesía, ¿la imagen es un tesoro de las palabras?

    Lo puede ser en ocasiones, siempre que resulte necesaria y que no esté engarzada en el poema como una mera joyita reluciente. El verdadero tesoro del poema es la emoción, que conmueve y zarandea al lector. Así ha sido desde el principio de la poesía. Y todo lo demás son historias.

    ¿Qué nos dice de la metáfora un autor como usted, que ha hecho del símbolo una forma de expresión casi cotidiana?

    Es fundamental en poesía, puesto que el mundo es pura analogía y todas las cosas están relacionadas entre sí. La metáfora señala esas relaciones. Pero siempre que el poema no venga a ser un “empedrado” de metáforas y nada más, como sucede en algunos poetas de nuestro barroco o de la generación del 27.

    ¿Por qué tendríamos que prescindir, a la hora de escribir un poema, de las palabras que dicen lo que queremos decir, aun a pesar de que fueran términos muy lexicalizados?¿Es posible que incluir palabras como, por ejemplo, “melancolía”, “luz”, “otoño”, “invierno”, etc., en un poema, tuviera su razón de ser, incluso siendo símbolos muy utilizados anteriormente?

    Por supuesto; el poeta habla con las palabras del hombre, con las palabras de cada día; no conozco otras. Pero, eso sí, si esas palabras comunes e incluso desgastadas por el uso forman parte de un poema verdadero, el lector las leerá al mismo tiempo como algo conocido con lo que se identifica y como algo nuevo y nunca dicho con lo que es posible identificarse inmediatamente. Ese es el milagro de la poesía auténtica.

    Si alguien le dice que poesía es, entre otras cosas, la esencia del relato, ¿qué pensaría usted?

    Estoy totalmente de acuerdo. La poesía, en el sentido griego del término, ha de ser el núcleo vivo de toda obra de creación: del poema, desde luego, pero también del relato, de la pintura, de la obra musical, de una escultura.

    Si alguien le dice que la rima, dispuesta de las formas clásicas, se ha quedado obsoleta, ¿qué le contestaría usted?

    En términos absolutos esto no es cierto. Si hubiera ahora un gran poeta que la necesitara y la utilizara con frecuencia veríamos su uso como algo totalmente normal. Pero sí ocurre que se utiliza menos en la actualidad que en otras épocas. Cada época tiene su manera de ser y de andar por el mundo. Pero las peculiaridades de una determinada época en realidad no atañen a la esencia de la poesía, que es siempre la misma en cualquier período, sino a aspectos suyos que no son fundamentales (aunque puedan acaso serlo para que determinado autor llegue a expresarse como él necesita expresarse). Por lo que a mí respecta, la rima no es un elemento capital de mi poesía, aunque en ocasiones la utilice en su modalidad consonante o en su modalidad asonante. La rima es un adorno no fundamental de la poesía. Puede hacerse uso de ella o no. Si se utiliza, en ocasiones podrá realzar la belleza de un poema ya de por sí hermoso, de la misma manera que un bonito pañuelo de seda o un collar o unos pendientes pueden realzar la belleza de una mujer hermosa.

    Ahora, supongamos que un autor afirma que un poema que carezca de sonidos similares, llámense rimas, aliteraciones, etc., es un poema que renuncia a una de las claves de la poesía, es más, asegura que un buen poema, por lo general, tiene una cadena fonológica similar por donde se desliza la melodía, ¿qué le pasa a ese autor? ¿Ha perdido el buen juicio?

    Siempre que se esté refiriendo al ritmo, y no a los posibles adornos del poema, estaría en lo cierto y en su sano juicio. En poesía, como en las demás artes (en cada una a su modo), lo fundamental e ineludible es el ritmo, sea éste tradicional o sea un ritmo personal buscado y efectivamente encontrado por un determinado autor (verso libre). Pero lo que distingue al verso de la prosa es el ritmo. La prosa también tiene su ritmo, aunque distinto al de la poesía. Si un poema carece de ritmo será prosa cortada en renglones de diferente longitud, por más que su autor nos diga que esas líneas son versos. Lo que ocurre hoy es que muchos que se dicen poetas desconocen por completo el oficio y echan por el camino de en medio, afirmando que todo lo que no sea escribir con la “espontaneidad” con la que ellos escriben son antiguallas e imitaciones de imitaciones.

    Eloy, no hace mucho escuché que un lector (en este caso, una persona culta) decía: “este poema combina palabras percutoras, imágenes fantásticas, símbolos de gran originalidad, en fin, metáforas todas ellas muy provistas, pero yo no me he enterado de nada y eso que lo he leído varias veces”. ¿Cree usted que ese lector no está facultado para leer poesía?

    Siempre que el lector sea un hombre de sensibilidad, inteligencia y cultura normales (no hace falta más), afirmaría que ese lector es un tipo absolutamente capacitado para leer poesía que se desconcierta ante un texto impenetrable que le quieren hacer pasar por poesía, y afirmaría también que el autor del poema es un cantamañanas y su poema un galimatías innecesario. El poema ha de entenderse de alguna forma, aunque no sea necesario entender cada una de sus palabras o de sus imágenes.

    Por cierto, ¿qué piensa de los “Novísimos”? Por un lado, Gimferrer, Ana María Moix, Leopoldo María Panero, Molina Foix, Carnero, etc., y, por la otra parte, Martínez Sarrión, Vázquez Montalbán, etc.

    Pues me interesaron poco en su momento primero. Cuando los leía me parecía que escribían como en broma, que no tenían otras pretensiones que las de hacer bromas y epatar con su exhibicionismo cultural (tan pueblerino en el fondo). Alguno de ellos, por otros derroteros, ha hecho después una obra considerable. En general y como grupo me interesan muy poco. Pero es que a mí los grupos, en poesía, suelen interesarme muy poco.

    Si alguien le dice que la poesía no se puede traducir a otro idioma, porque pierde lo mágico, la polisemia, que, en todo caso, al traducir el poema, también se traduce, por lo tanto cambia necesariamente el sentido de lo que quiso (o no quiso) decir el autor; por no hablar de la cadena fónica, la musicalidad del texto, a las cuales no es posible cuadrar en la traducción, más si observamos la métrica de un poema, ¿pensaría usted que decir eso es una barbaridad, un gran error, porque significa renunciar a muchas cosas, etc.?

    Si vamos a la ultimidad de las cosas es cierto que la poesía no puede traducirse. Pero no hay más remedio que traducirla, pues muy pocas personas dominan por completo los diez o quince idiomas que son necesarios para leer directamente la poesía importante del mundo. Con amor y paciencia pueden hacerse traducciones que nos den en nuestro idioma un equivalente muy aproximado del poema original. Lo que no tiene sentido ni vale para nada es una traducción meramente filológica. Pero yo (que soy tan torpe para el aprendizaje de idiomas) les estoy muy agradecido a quienes han traducido bien al español a los grandes poetas del mundo. ¿Qué sería de mí sin las traducciones que me han permitido acercarme a los griegos y los latinos, a los poetas chinos y japoneses, a los poetas ingleses y alemanes, etcétera? Prefiero conocerlos a través de buenas traducciones (aunque haya en ellas algo de merma) antes que ignorarlos por completo

    ¿Cuál es el poeta que más le transmite?

    Afortunadamente no hay uno solo. Son un buen puñado los que me llegan al corazón. Pero puesto en el brete al que usted quiere someterme, mencionaré al más joven y asombroso de todos ellos: Homero.

    ¿Qué opina de Borges?

    En sus mejores poemas es un espléndido poeta y, a pesar de ser tan libresco, no carece de emoción. En ocasiones hay en él un exceso de artificio. Es un maestro muy peligroso, lo mismo que García Lorca o que Claudio Rodríguez, por poner otros ejemplos. Son poetas muy “pegadizos”, con un exceso de estilo en ocasiones, y en seguida se les ve a sus discípulos el plumero, un plumero contaminado inequívocamente por las maneras más evidentes y exteriores del maestro.

    Antes de que se me olvide, ¿es posible que usted se quiera encaminar hacia la plenitud de una cierta libertad versal, después de haber trabajado a fondo la polimetría, sobre todo con versos de metraje impar?

    Pues nunca se sabe, aunque a mí me parece que los ritmos tradicionales ofrecen posibilidades infinitas de combinación, de manera que no tienen por qué resultar pobres o monótonos. Tales ritmos, además, están avalados por siglos de uso satisfactorio, así es que no veo mucho la necesidad de hacer experimentos en este terreno.

    Recuerdo en su libro “La vida” una afinidad a la simbología sencilla, cercana, que también se da en la poesía de Antonio Machado. ¿Cree usted que me falla la memoria? En cualquier caso, ¿qué opinión le merece el maestro sevillano?

    Ojalá haya aprendido algo de él. Me parece un poeta grandísimo, como a cualquier persona decente.

    Fabriquemos el poeta por excelencia, escogiendo los mejor de los autores que usted prefiera.

    Un poeta no se fabrica juntando piezas de aquí y de allá, sino que tiene que nacer entero y verdadero, como un árbol o un río.

    Pongamos nombre al poeta con más talento de la actualidad.

    La actualidad es siempre un terreno resbaladizo. Son varios los poetas espléndidos de este momento y bastantes los poetas considerables. Pero no hay un poeta solo al que haya que ponerle el número uno; esto de la poesía no es como las carreras de caballos.

    ¿Aquel que pudo llegar a ser un gran poeta y se quedó por el camino?

    En la poesía española, quizás el caso más lamentable de poeta en buena parte malogrado por las circunstancias sea Miguel Hernández, un poeta notabilísimo que acaso podría haber llegado a ser un gran poeta si no hubiera muerto tan joven y si los avatares de su vida hubieran sido otros.

    Eloy Sánchez Rosillo, autor reconocido entre los mejores de la lírica actual, ¿dónde va su poesía? ¿Qué queda del Eloy que a los 29 años ganó el premio Adonais?

    No tengo ni idea de adónde pueda ir mi poesía. Quiera Dios que vaya a alguna parte. Yo no escribo con programa, de manera que no puedo saber cómo será la poesía que escriba y ni siquiera si llegaré a escribirla. Ojalá pueda seguir trabajando todavía algunos años. Del Eloy de 1977 quedan la ilusión grande y la vocación firmísima, pero como poeta espero haber aprendido algo en los treinta y dos años que me separan de él.

    ¿Qué sensaciones le produce pensar en la huerta murciana? ¿Cómo siente la tierra que le sostiene?

    De la huerta murciana que yo alcancé a conocer en la niñez no queda ya nada. Hoy todo son invernaderos y verduras y hortalizas de plástico. Nunca he sido un escritor terruñero, pero está claro, creo, que el entorno en el que vivo se percibe de manera inequívoca en mi poesía. Nací y he vivido siempre en Murcia, y me encuentro bien aquí, ya que para un escritor de hoy el vivir lejos de Madrid o Barcelona no tiene las limitaciones de otros tiempos.

    ¿Cree usted que el tiempo pone a cada poeta en el sitio que le corresponde, o que, por el contrario, la fuerza generacional o estilística puede englobar demasiado a los poetas, perdiendo éstos su individualidad.

    Yo soy optimista por naturaleza y quiero creer que el tiempo obra a favor de lo verdadero. Eso es lo que más o menos ha pasado siempre. Ahora bien, con todo el trajín y los enormes embrollos que desde comienzos del siglo XX hacia acá ha habido en las distintas artes, es inevitable pensar que al tiempo le va a costar mucho tiempo y mucho trabajo ir poniendo de relieve algunas cosas e ir echando al cubo de la basura tantas y tantas otras.

    ¿Qué importancia tiene “la claridad” en la obra de Eloy Sánchez Rosillo, se trata de comprensibilidad buscada? ¿Supone un esfuerzo para el Eloy poeta el hacerse entender?

    Como hombre y como poeta yo creo que tiendo a la claridad. No tiene sentido el tratar de ser deliberadamente oscuro. Si publico mis libros con la intención de que alguien me lea y me entienda no puedo permitirme la estupidez y la pedantería de escribir en una jerigonza impenetrable. Me gusta la luz, el agua, el cristal, el aire y todo lo diáfano. Ahora bien, en poesía no se da nada por añadidura. La claridad es también una conquista, el resultado de un proceso de despojamiento de lo accesorio y de lo que puede enturbiar en el que he estado empeñado a lo largo de toda mi vida. Pero la poesía no es sólo claridad. Si no tiene también otras muchas cosas, apaga y vámonos. La claridad en sí misma no es ni mucho menos suficiente para hacer un buen poema.

    Le he escuchado decir en alguna ocasión que los libros monotemáticos pueden resultar monótonos. ¿Por qué cree que los premios y las editoriales buscan, casi obsesivamente, una unidad temática?

    La unidad de un libro la da el tono del mismo, que estará presente en todos los poemas y que es algo peculiar de la voz de su autor, una especie de huella digital fónica. La unidad temática puede dar lugar a la monotonía y cansar a quien pretenda leer un libro de estas características de manera seguida y desde la primera página hasta la última. Es como si siempre nos obligaran a comer de lo mismo, aunque fuera un guiso suculento. La vida es variada, plural, entremezclada, y así prefiero que sean también los libros de poesía. De un libro de poemas exclusivamente de amor, por ejemplo, aunque todos fueran igualmente buenos, nos emocionaría mucho el primer poema, el segundo, el tercero, pero cuando hubiéramos llegado al cuarenta y tres empezaríamos a fatigarnos de tanto amor; nuestra atención decaería y al final hasta nos aburriríamos y el libro bueno terminaría quizás pareciéndonos mediocre o malo.

    En su caso, ¿qué es lo más importante a la hora de cuajar un buen libro de poemas?

    Que el resultado no sea un jueguecito, algo hecho para distraerse y matar el tiempo, sino que sea capaz de llegar al corazón del lector y de conmoverlo por la verdad y la emoción que contenga.

    ¿Qué es lo que menos le gusta, a día de hoy, del resultado de sus andanzas y, ya que estamos, hablemos de las más relevantes?

    Si se refiere a mis andanzas poéticas, sin pecar de vanidoso y conociendo mejor que nadie los infinitos defectos de mi obra, le diré que estoy satisfecho y hasta orgullo de los pasos que en poesía he sido capaz de dar, tanto de los errados como de los acaso más derechos y firmes, porque todos ellos me han ido trayendo hasta aquí y me han hecho ser este poeta que soy. En ocasiones he dicho que para mí el estar en el mundo como poeta es ya un sueño maravilloso. No puedo pedir más.

    ¿Algo que no ha hecho y le hubiera gustado hacer?

    Escribir la Ilíada, pero se me adelantó uno que dicen que se llamaba Homero, por más que no esté del todo claro que se llamara así. Fuera su nombre Homero o Perico el de los Palotes, el caso es que se me adelantó. Lástima grande.

    ¿El mejor consejo que le han dado?

    No me lo dieron a mí directamente, pero no está nada mal para vivir en sociedad: “No hagas a los demás aquello que no quisieras que te hicieran a ti”.

    ¿Algo irrenunciable?

    La búsqueda, el tratar de seguir avanzando en todos los órdenes de la vida, sobre todo en aquellos que podrían mejorarnos como seres humanos. De lo contrario, ¿qué sentido tendría estar en el mundo?

    ¿El pálpito que mece sus días?

    Que todo está siempre comenzando y que nada termina.

    Muchas gracias, Eloy Sánchez Rosillo, ha sido un privilegio conversar con un autor de su talla. Díganos, ¿le queda algo por versar, admirado poeta?

    Muchas gracias a usted, por su atención y su interés. Y sí, la sensación que tengo después de tantos años en la brecha es que todo está aún a medio hacer y que hay que seguir trabajando con ahínco y con ilusión para tratar de conseguir lo que nunca se termina de alcanzar por completo. Por fortuna ocurre lo que le digo, pues el convencimiento de haber realizado del todo lo que pretendíamos nos inmovilizaría y nos impediría seguir avanzando.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • selección de poemas Foro Alaire

    PASEO PEREDA (Mari Cruz Agüera)

    Aquí me tienes hoy,
    gata en celo que surca tus tejados.
    Las olas que humedecen balaustradas
    me salpican los dedos.
    Voy arriba y abajo por la calle
    de luz intensa y tuya
    mientras persigo entre los adoquines
    ese rastro de aromas que dejaste.
    Aquí, sobre este banco de sol tibio,
    se le cayó a tu boca algún silencio
    -aún retozan en él alas de ángel-.
    Y este color henchido de lavandas
    tuvo que florecer sobre tus ojos.
    Sí, me parece verte allá a lo lejos
    reír en las buhardillas,
    mientras dejas caer sobre mi pecho
    gorrïones ardientes de tus labios.
    Quiero trepar, huir hasta tu cuerpo,
    enmarañar mi piel entre tus manos,
    pero me quedo aquí, gata a la sombra
    de este jardín que vibra como agosto.

     

    DONDE UNA NUBE SE DESTIERRA (José Manuel F. Febles)

    ¿Qué harías tú si tu memoria estuviera
    llena de olvido?

    Antonio Gamoneda

    Donde una nube se destierra,
    los últimos jilgueros
    del otoño,
    con la garganta rota, vuelan
    hacia la incertidumbre de la memoria.

    Arado el cuerpo y sin respuestas,
    confuso en el dominio de los tiempos,
    vida no soy, Atlántida deriva de mis
    fondos.

    Ahora queda la sombra del árbol
    -vacío el hueco de mi nombrebajo
    el sol que no brilla,
    huella muerta,
    los labios agrietados de mi boca.

     

    CEMENTERIO DE PÁJAROS (Julio González Alonso)

    Amanecen
    revuelos
    de pájaros; aquellos, los mismos que anidaron
    años de pantalones cortos y vestidos con lazos
    perfumados
    de las misas de domingo, torres
    de campanario,
    hoyos de guá en juegos de canicas;
    aquellos
    que alzaron en los picos
    la extenuada soledad
    de la memoria
    de la infancia y me pregunto
    dónde abandonaron sus alas el aire,
    en qué rincón murieron
    y dejaron el último latido temblando entre las plumas
    de la breve primavera.

    Retornan
    vuelos
    de pájaros –los que cruzaron atrevidos cielos
    de juventuda
    la extremada nostalgia del recuerdo,
    soles de veranos,
    cuerpos abrazados
    y amarilla miel en las colmenas
    de los besos. ¿Y en qué lugar
    murieron? ¿Quién los vio la última vez?
    ¿A dónde fueron?

    Volaron
    los pájaros
    y multiplicaron
    el clamor de sus cantos en los nidos de otoño; ¿pero dónde
    dejaron
    el batir frenético de sus alas? ¿Dónde
    murieron todos?

    Y miro
    hoy
    los pájaros
    en revuelos ruidosos en mi torno; tal vez –me digoaquellos,
    los mismos que me digan
    a qué lugar
    conduce
    el leve último vuelo
    de los días
    de invierno.

     

    HE VUELTO A MI MITAD (Amparo Fdez. del Campo)

    Ahora te veo más claro,
    muchísimo más claro sin las gafas
    Te me asemejas mucho
    a un vaso de cristal con ralladuras
    de esos de Duralex de mala clase
    que se hacen mil añicos si se rompen.
    Nunca supiste amigo mis tendencias
    a esos cristales puros de Bohemia
    que cantan sin esfuerzo a los pellizcos
    y te regalan ruidos sorprendentes
    al roce de una uña bien pintada.
    Deja de molestarme
    con cantos de un cristal de clase baja.
    Ya he vuelto a mi mitad, a mi quietud,
    a la pureza enorme de cualquier transparencia.

     

    EL MAR NACIÓ SIN SOMBRA (Pilar Morte)

    Abandono a los mares mi pasado
    y el reflejo en aliento de cristales,
    entonando en sus aguas el origen
    que devuelve a la mirada su misterio.

    Le doblo el tallo al tiempo persiguiendo
    los signos de las tumbas del ayer
    y libo en la garganta sangre blanca
    de ecos que inquietaron el camino.

    ¿ Cuándo el acantilado acarició las aguas?
    ¿ Por qué nutre del fondo a las gaviotas?

    Han crecido corales sin respuesta,
    el mar nació sin sombra
    y el calor abrasó la certidumbre.

    Nadie retrocedió el último paso
    ni arrancó primigenia nota al alba

    Es tu mirar el que serena enigmas
    con bálsamo de amor en el vacío,
    y es reflejo la luz de tus abrazos
    que rompe el tintineo de la muerte

     

    LLUVIA EN LA MEMORIA (Oscar Distéfano)

    En la sonora lluvia
    que libera en el júbilo a las flores
    recupero la edad de los aljibes.

    El alma, con ingenuo regocijo,
    vuelve a poblarse de hojas
    y a ser árbol que sale a disfrutar
    el poderío de los dioses
    en el patio anegado.
    Vuelve a empapar su verde cabellera
    en la estampida
    que cae desde el cielo.

    La algazara del agua
    invade los rincones del jardín,
    y mis ojos dormidos en la brisa
    sueñan dichas lejanas
    de pies descalzos.

    En el fragor
    de esta aromada lluvia
    me llegan nítidas las risas
    y voces infantiles
    que en una lluvia antigua se engendraron.

    ¿Cómo puede llover
    durante tanto tiempo en la memoria?

     

    TODAS LAS MANOS (Santiago Redondo Vega)

    Todas las manos tienen
    una deuda pendiente con el mundo.

    Una deuda que asuma las distancias
    oxidadas y grises de todas las cadenas
    que sin romper partieron a encadenar olvidos.

    Y queda en cada hombre
    un poso de indolencia por la vida,
    -malherido y culpablede
    gestos que pensamos y no hicimos,
    de aquellas intenciones que no se consumaron
    en el preciso entramado
    de los hechos precisos.

    Y se nos murieron
    millones de minutos –cobardesen
    las manos huecas de los desfiladeros
    abiertamente vacíos de esperanza,
    desperdiciados, oscurecidos, yermos.

    Y es que sólo los propósitos no bastan
    para apaciguarnos las conciencias,
    ni siquiera los buenos deseos
    son armas para el duelo
    si no llegan a empuñarse
    -banderas fehacientescontra
    la indiferencia.

    Hay como mínimo dos mundos
    -si no milesdiametralmente
    hirientes y enfrentados;
    el de quienes rebosan desprecios de abundancia
    y el de quienes rebuscan famélicas miserias,
    y ni unos ni otros son
    química pura.

    Como auténticos cobardes
    sólo supimos callar tanta ignominia.
    ¡Callemos! –nos dijimosen
    tanto no seamos nosotros esas víctimas
    ¡callemos!
    para seguir viviendo mansamente.

    Y atrás – latentes- se nos fueron quedando
    sin un rasguño apenas
    todas las afrentas, todos los desmanes, todas las injusticias, todos los desprecios.

    Y a todas las palabras
    -como a frágil cometa irrelevanteacabó
    por hurtárnoslas el viento
    dejándonos desnudo y malherido
    el fango de Utopía.

    Todas las manos tienen
    una deuda pendiente con el mundo.

     

    NI EL SOL ERA TAN NUESTRO (Federico Ruibal)

    Qué certeza nos queda del abrigo,
    del sol contra los barcos, del regazo
    tan frío ya de madre,
    la hermandad con el mar, los belfos en mi perro.

    Qué de cierto, bajo el barro
    tomado de los labios,
    del olor de la tierra, si el frío de las cumbres
    se trepa ya a mis huesos,
    desatando el planto poderoso
    que vigila, desde la cruz al alba,
    el gálibo fatal de mi infortunio.

    Que es pájaro heridor, y que me barre
    a plomo las lamas de metal,
    y me apartó de la edad de los jarabes,
    del cuento y de la lámpara, la grama y el cordero.

    Es tarde. Ya no queda
    casi pecho a recibir con los disparos.
    Ayer mismo firmé, con la sangre que apuntaban mis deberes,
    un límite finito a tanta luz absurda.

    El sol, funesto y sucesivo,
    va borrando las sendas.

    Hasta el viento me engañó:
    prosigue en fuga.

     

    INFINITA, PERFECTA Y CON LA SANGRE CANSADA (Marian Ramentol Serratosa)

    Con mi cara en la última curva del viento
    atravieso los huesos de la noche,
    la nariz abierta de costa a costa,
    para no perderme ninguno de los secretos
    que guardan las vísceras de los cuervos.

    Así te acompañan mis venas de cáñamo
    con el perfume más triste amarrado a la ventana
    y los días sujetando diez dedos de goma,
    como un chiste de mermelada rancia.

    Te me fundes
    en la arena de un piano de cola muy negro
    reventada de amor y agua,
    y entre las piernas
    un millón de acordes de tu fuga
    sueñan con morir en el próximo parto.

    Cuando los dioses bajan demasiado la voz
    yo sigo manteniendo el equilibrio sobre los nombres,
    asumiendo el riesgo de los acentos
    en los límites atroces de tu huida,
    porque contigo la respiración sale mucho más barata,
    y las nubes son ahora las encargadas de ubicarte
    en el mapa empapado de mis ojos.

    Cada pliegue, cada mota
    de esta ceniza extranjera en el alma,
    te recuerda infinita, perfecta y con la sangre cansada.

     

    La poesía deja tras de sí una especie de “destiempo” una luz artificial que ilumina un camino casi recorrido, un escombro de vida o la belleza de un paraíso plural e intransferible. Tal vez el poeta no sea más que un soñador, un alquimista que pretende transformar en oro las palabras, un loco que busca saciar una sed infinita.

    Aquí traemos solo una muestra de la capacidad poética que puebla el foro www.editorialalaire. com, mentes que siguen creyendo en la poesía como el mejor método para extraer el jugo de la vida.

    Poetas y poesía que buscan unir su verdad, un hilo conductor que les haga creer que es posible traspasar la barrera del lenguaje, saber que detrás de esas palabras existe un universo que se extiende más allá de los ojos, más allá de la propia poesía.

    El instante pasa y el poema se queda sujetándolo, una joya en el cuello de los días, el oro de un alquimista que nunca sentirá que lo ha logrado.

    Selección: Luis Oroz.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • selección de poemas Grupo Alaire

    SABERTE ME RESULTA INEVITABLE (Rafael Calle)

    No podrás entender mi pensamiento
    porque ni yo consigo descifrarme.

    Soy una dicotómica manía,
    seguramente tonta;
    se asusta cuando hablan de cariño
    y sin embargo vive pensando en abrazarse.

    Yo persigo la esencia evolutiva
    al borde complicado
    de la duda indudable.

    Así, mi lado diestro me asegura
    que sólo me equivoco cuando afirmo.
    … que siempre va mejor
    si decido callarme.

    Tú representas el sentir celoso
    de la mente que rula en la edad vigorosa,
    la condición de hembra insospechada.
    Alas de intermitencia
    del ave disconforme
    (con la banalidad)
    que anida en territorio de los ángeles.

    Yo vengo del humano desastroso
    con los sueños que piden un milagro;
    tú caminas la senda de las hadas.
    Indemnes todavía tus sueños primordiales.

    Estar en libertad comprometido
    es la fe del experto en retiradas.
    Una doctrina de perfil hipnótico
    prisionera en el templo donde reza el cobarde.

    Yo lo sé.
    Pero existes.
    Y lo sé.
    Saberte me resulta inevitable.

     

    GIRAMUNDOS (J.J.M.Ferreiro)

    Gira la tarde
    y se incendia en tu vientre.
    Giran el polvo y la acidez del limonero.
    Giran tus ojos verdes en la celda de las voces
    de las muchachas amarillas
    en sus vestidos apretados.
    Da vueltas el Otoño
    sobre las nalgas de otro siglo.

    Giran y vuelan
    las velas en las naves,
    el motor de los vientos
    las hojas de la piel
    … tus serpentinas.
    Giran los tiempos de los vinos
    en tus labios de almendra.
    Gimen todas las voces en tu frente.
    Da vueltas la premura de tu tacto
    en el rescoldo de mis dedos.
    Golpea la pasión
    al borde de tus muslos.
    Giran las casas y sus cosas,
    la mansedumbre de tu nombre,
    el tigre del olvido.
    Giran los vendavales de las almas,
    la lluvia toda; todo el hielo.
    Dan vueltas los terrenos del animal oscuro,
    sus minerales,
    sus dientes en cuchillo.
    Giran los paladares en sus cielos de azúcar,
    las ciudad en sus goznes de ceniza,
    los mares en la boca de los peces.
    Gira la flor solar
    y se desvirga por los campos.
    Giran los astros en su origen;
    la pira de sus médulas.
    Danzan los esqueletos de los dioses
    en esta tarde
    que se detiene al fin
    y cabecea muy cansada
    sobre las sombras aún calientes.

     

    EL MIEDO (Benjamín León)

    El miedo está en los ojos:
    en el rincón del iris que se avienta
    y muere por la noche.
    Los niños ya se esconden bajo el puente,
    el cuerpo de la sombra
    abre su llanto hermoso ante el silencio
    y elige su temblar oscuro.
    Las alas de la muerte se avecinan
    y con la bruma envuelven mi abandono
    para esculpir el miedo.
    Sujeto el llanto entonces
    y caigo en el dolor de mis carencias;
    lleno la voz de muertos que se nombran
    y escribo en la tiniebla de los ojos
    para nacer de nuevo.
    Las faunas se aproximan,
    surgen gemidos hondos en la calle:
    de pueblos que se extinguen,
    de hermanos cuyos cauces exiliaran,
    de mis pequeños hijos extirpados
    y echados a los ríos.
    El miedo está en la gente y en sus días,
    en el dolor del mundo que amanece
    y en la expresión de un dios que va muriendo.

     

    LAS FRONTERAS (Sara Castelar)

    Cayeron de mi pecho nubes rojas
    conteniendo la forma del olvido
    y todas las suturas de la sangre.

    Sobre la voz llovieron continentes
    como soldados de tristeza estéril
    y se manchó la música en los labios
    de la nación sin nombre,
    en mi pequeño corazón de tierra.

    Te hablo desde las fronteras sordas
    que siempre anuncian vida
    en este lado opuesto de los ojos
    y sucedes despacio
    como sucede el cielo sobre el mundo.

    ¿Qué palabra sostiene el porvenir
    de nuestro hogar sin patria?

    Me exilio de los pájaros del hambre
    donde se forja el odio
    y me sumo a los años de tu espalda
    en añoranza impropia de los vivos,
    la eternidad es vid de camposanto.

     

    AL MARIYYA. ESPEJO DEL MAR (Alonso de Molina)

    Forjada en tres culturas, tres raíces,
    un ave se colgó de los misterios
    versado en los arcanos que ocultaba
    el árbol cardinal de sus cimientos.

    Una luz en su eje milenario
    como alzado en un cuadro de acuarelas
    precedía en el rumbo de los sueños
    esa cota de piedra complaciente
    adherida a la crónica del mundo

    Una imprecisa sensación de gozo
    mantiene en sus aristas con prudencia
    el fascinante enigma de un contraste
    sostenido en la calma del paisaje.
    Ese trozo de piel que nos regala
    persevera envolviéndonos selectos,
    desde los pies al interior del pecho
    de armonía en su entrega ilimitada
    con un pacto de hechizo permanente.

    De arena viste intrínsecos secretos;
    las sales son sus aguas, sus montañas
    serenas coronando la memoria
    de su mar, de su gente de sus huellas

     

    UNA VIDA SIN TI (Luis Oroz)

    Estábamos dispuestos a querernos
    para toda una muerte…
    yo pensaba en la cara que pondrías
    cuando vieras las cosas que te escribo,
    cuando sintieras en tu propia carne
    el látigo amarillo del silencio.

    El tiempo puso nombre a los extraños
    y aprendimos a vernos
    con la invidente claridad del loco,
    descubrimos el ámbar de las cosas
    que no se pierden porque nunca han sido,
    la cruda realidad de lo irreal
    en la fingida eternidad de un verso.
    Así nos conocimos…
    quizá hasta el punto de sentirnos uno
    y desandar el sueño de los tristes.

    Aquella dualidad definitiva
    ha mordido mis dedos.

    No hay espejos que pongan en la cara
    la soledad que crece en los paréntesis
    de una vida sin ti,
    y hay heridas que vierten la costumbre
    de no ser escuchado.

    Así es la soledad cuando comparte
    la emoción de una risa que no existe,
    así muere un poeta…
    por eso ha de quererse locamente
    para toda la vida.

    Selección: Luis Oroz.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • un ganso gordo y pardo. mermelada de fresa.

    "Dublineses" de James Joyce

    “Dublineses” de James Joyce

    Si la nieve no tuviera para mí, aún como cuando era niña, tanto de mágico, ¿hubiera olvidado las últimas páginas del relato de James Joyce, Los muertos?, me pregunto.
    Y también me pregunto –intrigada- qué me ha hecho recordar, hoy, agosto, la frase de Mary Jane: Dicen que no habíamos tenido una nevada así en treinta años; y leí esta mañana en los periódicos que nieva en toda Irlanda. Ninguna de las explicaciones que encuentro me convence: suelo decir que más que leer Dublineses,  me axfisié en él (o con él); la prosa de Joyce  tan minuciosa, tan precisa, la combinación explosiva de simbolismo, realismo y costumbrismo, y  perderse de continuo en disquisiciones políticas, morales o religiosas,  dieron al traste con mi deseo de leerle, al menos, en dos ocasiones anteriores. Aún así,  recuerdo el último relato como un todo que, necesariamente, hubiera de desembocar en los bellos párrafos finales.

     

    James Joyce

    James Joyce

    Los muertos –dicen quienes entienden-,  narra  -y magistralmente, añaden-  detalles cotidianos de la época de Joyce. Y  naderías. No sé yo si es pruedente llamar nadería a:

    Un ganso gordo y pardo descansaba a un extremo de la mesa y al otro extremo, sobre un lecho de papel plegado adornado con ramitas de perejil, reposaba un jamón grande, despellejado y rociado de migajas, las canillas guarnecidas con primorosos flecos de papel, y justo al lado rodajas de carne condimentada.

    Parece cierto que sus relatos encuentran motivos para existir  en, y por,  aquella sociedad  pueblerina, apocada y, sobre todo, invadida.  Una sociedad  que mima, y cuida, hasta el más mínimo detalle  la pantomima en la que vive.

     

    "Los muertos" de James Joyce.

    “Los muertos” de James Joyce.

    Otros, que también entienden,  aseguran que en Dublineses, James Joyce alcanzó a escribir una prosa poco más que aceptable,  escrita, eso sí,  “por un britante publicista de sí mismo”, pues, consciente  de  que  los relatos eran muy regulares, y adelantándose a las  posibles críticas desfavorables,  los denominó «Epifanías». Si eso no era (es) digno de un gran publicista, merececía serlo: si no, cómo se explica que todavía oigas (caso de que no te importe te excomulguen –literariamente hablando-): no son relatos,  son epifanías.  Amén, añado yo. Quizá porque a mí me da igual lo que sean. Como me da igual,  un poco igual, lo que  Joyce cuenta en Los Muertos.  Principios  del siglo XX , e  Irlanda,  son un tiempo y un espacio tan alejado de mí, que me declaro incapaz de reconocerme en ellos.

    De la prosa de Joyce –y hablo de Dublineses que es lo único que he leído suyo- me gusta esa forma de insinuar, de no terminar, de no decir definitivamente, y de no  describir físicamente a sus personajes. Pero carentes de la emoción que imprimía a sus historias, por ejemplo,  Dickens -aunque su Londrés también me quedara bastante lejano-,  los temas que Joyce desarrolla en las suyas me dejan fría.  Incluso el motivo que le lleva  a escribir los bellísimos párrafos con los que  ponen fin a Los muertos,  me pareció trivial; y no dejó de parecérmelo hasta que, días después,  pensé en el protagonista. Mr. Conroy , el hombre seguro de sí mismo, que, incluso, parece  intelectualmente superior a los demás, nos muestra su fragilidad hasta en tres  ocasiones:  pregunta a Lily si aún va a la escuela; su respuesta negativa le hace presuponer que pronto se casará con su novio. Lily  responde con cierta amargura,  y Joyce nos cuenta que:  se sonrojó como si creyera haber cometido un error y, sin mirarla, se sacudió las galochas de los pies y con su bufanda frotó fuerte sus zapatos de charol.

    Los 47 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla, expuestos en la Fundación Josep Pla de Pala.

    Los 47 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla,
    expuestos en la Fundación Josep Pla de Pala.

    Más tarde,  la señorita  Ivors, nacionalista convencida,  consigue , también,  hacerle perder su seguridad al acusarle  de poco patriota.
    Es casi al final cuando el autor nos descubre al verdadero Gabriel (¿al verdadero Joyce?)  Antes, y  a lo largo de dos páginas, aún podemos  reconocerle en aquel otro que se siente importante, admirado,  orgulloso de su mujer y de la belleza ésta, y asistimos -en sus pensamientos- a un  irrefrenable deseo de  amarla.  Algo menos de dos páginas le bastan para darnos un motivo que le hace sentir,  otra vez,  su fracaso. Y, aun cuando narra un hecho real, lo hace como con desgana y de una forma que  lo convierte en  poco creíble: en varias ocasiones me pregunté cómo era posible que alguien a quien una antigua canción sume en un pesar tan hondo que le obliga a deshacerse en lágrimas,  había logrado ocultarlo tanto tiempo. Pero en realidad, da igual: el mundo interior del protagonista se refleja en los cristales. Su mujer duerme; él la observa, advierte en su rostro el paso del tiempo y,  aunque no quiere reconocerlo -quizá por primera vez-,  piensa:  aún es bella. La decepción, el dolor, los celos, el fracaso, habitan, ahora, en un aún:

    y, mientras pensaba cómo habría sido ella entonces, por el tiempo de su primera belleza lozana,  una extraña y amistosa lástima por ella penetró en su alma. No quería decirse a sí mismo que ya no era bella, pero sabía que su cara no era la cara por la que Michael Furey desafió la muerte. (…)

    Josep Pla

    Josep Pla

    Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al poniente. Siempre, siempre  el poniente, el oeste, el viaje hacia lo desconocido (o hacia la muerte como, según cuenta una leyenda celta, nos lleva su barquero). Joyce,  permite que aquel hombre, tan seguro de sí, muera ante nuestro ojos  para dar paso a tres párrafos excelentes, que  valen  –casi- por todo el relato;  recordarlos,  y ya ha pasado tiempo,  aún me emociona.

    Gabriel Conroy,  que páginas atrás, cuando el autor se esforzaba en axfisiarme con la agitación  de las hermanas Morkan,  la  música falta de emoción que interpretaba  Mary Jane, el dolor de pies de Lily;  o  con sus pensamientos, en tanto que, majestuosamente, trinchaba el ganso, y  que  se sentía íntimamente complacido, feliz y enamorado, es, en estos momentos, frente al cristal y la nieve, un ser patético  a quien un muerto roba lo único que de verdad poeseía: un pasado tan idealizado como aquel en el que, posiblemente, vivía la sociedad irlandesa que él frecuentaba.

    Hoy estoy convencida de que únicamente con esos mimbres se tejería tan  bello cesto:

    Estatua de James Joyce. Dublín, Irlanda.

    Estatua de James Joyce.
    Dublín, Irlanda.

    Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.

    MERMELADA DE FRESA.

    Cinco vocales, veintiocho letras, frases, párrafos. Formas  y más formas  de decir;  o de entender. O de encontrarte entre los restos de tu  propio naufragio. Y si lo pienso (vale, podría discutir conmigo sobre mis costumbres, pero  sólo conseguiría perder el tiempo) es porque hoy,  igual que cualquier otra mañana,  te nombra cada palabra que me viene a los labios. Por eso, además de despotricar un poco  sobre esta vida mía,  que a veces me recuerda una bicicleta estática, o sobre que estoy  harta de dar pedales que nunca me llevan a ninguna parte, sé, que de nuevo  trazaré  una línea imaginaria sobre el lienzo  cuarteado por el calor,  o por el frío, o por la escasa calidad del óleo con el que fue pintado: lo hago siempre que desayuno frente a él; lo hago desde el día que observé que la mar andaba un poco escorada por babor:  al pintor se le fue la mano y su obra «pierde agua» por la esquina derecha. De seguir así  (sonrío), navegará por el pasillo, o quizá se deslice por la cuerda que baja a lo más profundo de este  pozo que es mi conciencia (o consciencia) para, luego,   regresar húmeda por el  sudor que le  provoca el esfuerzo de traerme ese ‘agua’ que necesito para subsistir. O quizá no llegue a deslizarse. Quizá embarrancará  en  las piedras del brocal,  oscuras de umbría y musgo, refugio de ranas recién nacidas y larvas, que algún día, quién sabe, serán mariposas.

    No. La vida no es una bicicleta estática. Quizá un marino que se embarca cada mañana. Que me embarca: desde que estuve niña en La Habana, canta Carlos Cano –y mientras  él canta, releo la página del libro que he dejado abierto, a mi derecha. Y lo cierro. Cierro Un libro con sabor a sal, a pan; un reencuentro  con la gente del pueblo y con  la luz del mar. Uno de  los textos más íntimos de Josep Pla: Cinco historias del mar.

    (El destino más digno del pan es la boca de los hambrientos, pienso,  pero antes –tú no estás bien de la cabeza,  me digo al tiempo que lo embadurno de mantequilla y mermelada-, antes, repito, lo fue el cestón que lo contuvo. El cestón es como esos textos que olvidamos de inmediato porque nada nos dicen ni  recuerdan;  o como un poema que no nos emociona, porque no  fue escrito, o recitado,  para nosotros:  por eso deja de tener importancia  hasta que vuelves a tener hambre.

    Escultura de Josep Pla en Sant Miquel del Fai

    Escultura de Josep Pla
    en Sant Miquel del Fai

    Yo ya no tengo hambre, pero aquí sigo, sentada, escuchando la muerte que se desangra en blanco y negro sobre las teclas de un piano: redondo, con hechuras de cederrón (no es que no queden  pianos como los de antes, es que no caben en ningún sitio).  Todo sigue su curso, también la  vida. La vida,   que   se atora, se atolondra,  se deja atropellar por los tranvías de las viejas capitales; que viaja en ambulancia, y  regresa de su paro cardiaco en mis recuerdos mientras contemplo un cuscurro de pan, rojo de sal y samba, abandonado en el plato. La vida se alimenta de nuestro propio suero -ése que con tanta arrogancia colgamos de un palo niquelado-, o de una rosa  o de un: «tócala otra vez Sam».

    He cerrado Cinco historias del mar, y abro: Lo que hemos comido, también de Josep Pla. La cocina convertida con el paso del tiempo en mera ilusión del  espíritu, la cocina auténtica, sin prisa y con amor al prójimo que reclamaba Pla, parece renacer en el presente: la  nostalgia del escritor (son palabras de Manuel Vázquez Montalbán, autor del prólogo). Me gusta Pla. Y aunque muchos de sus libros están en catalán y no lo entiendo como me gustaría, lo intuyo. Lo intuyo  como intuyo  cosas escritas en otros idiomas o en el  mío propio:  en mi idioma interior, Ése que sólo uso para hablar contigo,  indescifrable,  como lo son  para los demás -casi siempre-  nuestras intenciones, incluso para ti.

    Intuyo. Y «desacuso» a quien hay acusado (reconozco que hace cinco minutos no estaba yo para florituras) de que –hoy- no soy capaz de ver la magia de las cosas. No es culpa suya. Voy a mirarme en el espejo. A mirarme, y a borrar de mi cara las  pinturas de guerra con las que he amanecido.

    Está buena la mermelada de fresa, eso sí.

    Texto:
    Blanca Sandino.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Gabriela Mistral y la educación

    Dormitorio de Gabriela Mistral

    Dormitorio de Gabriela Mistral

    La obra de Gabriela Mistral es, en resumidas cuentas, la obra de una de las más importantes poetas de la historia. Ella, residente americana y maestra por vocación, es un referente obligado de quienes se acercan a la literatura y, como en este caso, a su función social desde una perspectiva pedagógica. La amplitud de su mirada, la hondura de su interno, la profundidad de sus motivos, hacen de ella una mujer aún en descubrimiento, donde sus pasos son leídos y atendidos de formas renovadas. Es que quizás la riqueza de su mundo interno, aún no es captada por los más hábiles estudiosos; prueba de ello, el reciente hallazgo de parte importante de su obra en prosa y en verso. Es que la trascendencia de la obra de Mistral resulta inmensa y de innumerables y extensos análisis. Pero si quisiéramos hablar de la obra relacionada con la educación en Mistral, no encontraremos un libro publicado y ordenado por ella misma en esta rama importante de su vida. Sin embargo, es posible encontrar antecedentes en poemas y, principalmente en prosa, sobre lo que era su profundo amor por la enseñanza y la educación.
    Grandes Chilenos – Gabriela Mistral, pequeña biografía
    Tras revisar gran parte de la obra de Mistral, podemos encontrar que sus poemas, tratan temáticas relacionadas con la educación; de hecho, “Poema de Chile” es una obra que está en gran parte relacionada de forma indirecta con la labor pedagógica y guía que recibe un niño indígena diaguita por el largo camino de Chile. Así también encontramos aspectos similares y menciones en otros de sus libros. Pero, en sus prosas es donde se expresa de forma más tácita o directa respecto al ámbito educativo; debido a esto, ya que resulta difícil realizar un resumen de una de sus obras relacionándola directamente con la educación, y posteriormente realizar un análisis interpretativo de una de ellas en particular; el resumen abarca, primeramente una breve mención de algunos aspectos esenciales de su pensamiento, y un posterior análisis interpretativo de parte de sus prosas referidas al tema de la educación, considerando las que tienen, a mi modesto modo de ver, mayor relevancia en cuanto a lo que nos convoca.
    Obras
    – Sonetos de la Muerte (1914)
    – Desolación (1922)
    – Lecturas para mujeres (1923)
    – Ternura (1924)
    – Nubes blancas y breve descripción de Chile (1934)
    – Tala (1938)
    – Antología (1941)
    – Lagar (1954)
    – Recados contando a Chile (1957)
    – Poema de Chile (1967, edición póstuma)
    Ilustracion por Daniela Estrada

    Ilustracion por Daniela Estrada

    Ilustracion por Daniela Estrada

    Los textos que señalan la grandeza de la visión mistraliana respecto a las actividades pedagógicas son poemas que de forma particular se encuentran en algunos de sus poemarios, y algunas prosas tales como las que se señalan a continuación, están principalmente dedicadas al ámbito educativo:

    “Oración del estudiante a la gracia”, escrita en el año 1924, en ella Mistral elabora una prosa en la cual el estudiante suplica para tener las capacidades intelectuales que le que le permitan un entender el conocimiento.

    “La oración de la maestra”, que es una prosa conocida de Mistral, escrita en 1919 donde Gabriela Mistral suplica la sabiduría necesaria para ejercer su oficio de forma plena y adecuada.

    En el año 1918, según un manuscrito presente en la Biblioteca Nacional de Chile, escribió las “Palabras a los maestros” donde mencionando a Rodó, insta a los pedagogos a cumplir su oficio de forma adecuada dentro de los establecimientos, señala algunos aspectos cualitativos que permitirán un mayor acercamiento al estudiante.
    “El oficio Lateral”, escrito en 1949, señala cómo con sólo quince años de edad estaba trabajando en la escuela de la Compañía Baja, y su relación con la lectura y la vida de los serenenses de aquel entonces y la posterior visión de la educación que fue adquiriendo a medida que transcurre en sus viajes, y cómo los maestros y las personas de las comunidades viven de acuerdo felices o encerradas en su soledad de acuerdo a sus circunstancias.

    En los “Derechos del niño” de 1927, también plantea fuerte y claramente la necesidad de una educación adecuada y el derecho a recibirla por parte de las instituciones establecidas.

    “Biblioteca y escuela” del año 1947, donde trata el tema de la calidad de la lectura popular que se da en la biblioteca, como las personas no tienen una conciencia lectora y suelen leer libros sin mayor peso; además trata el trabajo del bibliotecario.

    “Niño y libro” de 1935, donde comienza tratando la idea de un cine educativo, pues es más atractivo para los niños; así como la accesibilidad que tienen los libros en los kioscos y cómo estos deben renovar sus propuestas; así como también las lecturas programadas por los programas estudiantiles y otros aspectos relacionados.

    En abril de 1929, escribió “Contar”, prosa en la que señala algunos aspectos relacionados con la retórica en las distintas áreas de la vida, y cómo es posible lograr más contando de una mejor manera dentro del aula.
    Gabriela Mistral en la BBC de Londres,
    conversando con Sir William Haley,
    Director General de la BBC, antes de
    la transmisión de un concierto en su
    homenaje, 20 de enero, 1946
    “Madrinas de lectura”, de marzo de 1926, donde habla de las instituciones y personas que en sus distintos cargos son las que invitan a la lectura.

    Gabriela Mistral en la BBC de Londres, conversando con Sir William Haley, Director General de la BBC, antes de la transmisión de un concierto en su homenaje, 20 de enero, 1946

    Gabriela Mistral en la BBC de Londres,
    conversando con Sir William Haley,
    Director General de la BBC, antes de
    la transmisión de un concierto en su
    homenaje, 20 de enero, 1946

    “Dar un apetito” de 1935, donde insta a los maestros a despertar la curiosidad de los lectores infantiles.
    “Lecturas para mujeres” donde hace una larga lista de lo que se debe procurar tanto al leer, como escribir, ya sea en la enseñanza y en las lecturas propias, promueve un planteamiento estético y señala algunos patrones a seguir en la forma de enseñar estas lecturas.

    “Recado sobre una maestra argentina” de marzo de 1944, explica una serie de aspectos relacionados con Marta Solotti, y explica su forma de vida, su manera de leer, y la estética y ética que ella persigue dentro de su actuar pedagógico.

    “La geografía humana: libros que faltan para la América nuestra” de marzo de 1929 congrega una lista de libros que deberían ser estudiados en América.

    “La reforma educacional de México” redactada en París, entre junio y julio de 1926, representa una obra importante pues es factor de medida de acción y del constante reconocimiento que se le otorga a Gabriela Mistral en las tierras aztecas.

    “Cómo se ha hecho una escuela granja en México”, escrito en México en 1922, da cuenta de cómo aún en la humildad y la escasez fue posible levantar un proyecto escolar y agricultor.

    “Divulgación de principios de las nuevas escuelas” escrito en La Serena en 1922, trata el tema de las escuelas y su compromiso con la lectura a partir de las situaciones dadas en las bibliotecas populares, con el fin de que más personas puedan acceder a ellas.

    “La escuela nueva en nuestra América”, es una carta escrita por Gabriela Mistral a Julio R. Barcos, y que fue utilizada como prólogo al libro: Cómo educa el Estado a tu hijo; fue escrita en Buenos Aires en 1928 y trata la temática del estado docente, los maestros, y el estado espiritual que representa la Escuela Nueva, en los distintos países de América.

    “Con el doctor Decroly, reformador de la escuela belga”, escrita en septiembre de 1926, es una prosa que narra una visita al doctor y su biografía e influencia en algunos países americanos.

    “El método Decroly”, diciembre 1926, trata de la forma en que se lleva a cabo el sistema educativo que plantea Decroly, Mistral lo explica mediante la narración de éste.

    “Imagen y palabra en la educación”, escrita entre julio y agosto de 1956, trata sobre el tema de la imagen en la enseñanza del niño, cómo aprovechar los medios audiovisuales presentes, como en aquel tiempo el cine, dentro del aula.

    “La escuela obrera superior de Bélgica” escrita en agosto de 1926, en ella se explica cómo es que se forma a los dirigentes obreros de todo el país.
    Mistral con un niño

    Mistral con un niño

    Mistral con un niño

    “La imagen de Cristo en la Escuela” de mayo de 1950, señala el papel que debe ocupar la religiosidad en la escuela y cómo esta debe ser no impuesta, sino entregada de una forma adecuada promoviendo la libertad.

    “La escuela imagen de García Moroto”, escrita en noviembre de 1934, en la cual muestra cómo a partir del modelo de este pintor, ayuda a los niños sordomudos a recibir la educación.

    “Una exposición de la infancia”, en enero de 1927, donde Mistral narra su experiencia a partir del magisterio en una galería que tiene una exposición.

    ”La radiofonía y los niños”, de agosto de 1924, es una narración de Mistral donde ella cuenta su último recuerdo hasta ese periodo de México y los niños a través de una experiencia radiofónica.

    “Instituciones Europeas: La Cruz Roja de los Niños”, de febrero de 1927 en ella Gabriela Mistral analiza la institución y su instancia educativa.

    “Sobre el intercambio universitario”, escrito en mayo de 1924, explica su visión sobre por qué el joven recién graduado o el estudiante aún, deben salir y conocer otras fronteras para así tener un desarrollo más amplio y, a la vez, tener presente a quienes son menos dichosos en el ámbito cultural.

    “Conferencias para maestros: El cultivo del amor patrio”, escrito en 1916 o 1917,Mistral explica por qué y cómo deben los maestros enseñar un amor por lo patrio y un equilibrio en esta enseñanza, cómo es productiva.

    “Discurso a graduados de 1933” en ella la poeta explica en su función pedagógica, cómo es que el hecho de estar titulado es un compromiso social y cómo debe llevarse este a cabo, además de la modestia y humildad, así como la constante curiosidad intelectual que debe tener el graduado.

    “Palabras para la Universidad de Puerto Rico”, escrita en noviembre de 1948, en ella Gabriela Mistral habla sobre su visión pedagógica a los estudiantes y maestros de la Universidad respecto al humanismo y a lo que significa ser un profesional.

    “La enseñanza, una de las más altas poesías”, escrita probablemente en 1971, en ella Gabriela Mistral hace un análisis del género y de la forma en que la poesía se enseña y debería enseñarse dentro de las aulas.

    “Poesía infantil y folklore”, Madrid 1935, en ella entrega una guía sobre las lecturas adecuadas para los estudiantes, qué leer, de acuerdo a sus edades y, además, el tipo de escritura que se debería hacer. Además, hay registros de cartas personales donde Gabriela Mistral deja en claro su postura como maestra y pedagoga.

    Video introductorio de la obra “Gabriela Mistral: Ronda de sueños y fantasmas”,
    escrita por María Angélica Díaz y dirigida por Miguel Anabalón

    Resulta difícil enmarcar el pensamiento de Gabriela Mistral en una sola vertiente y conseguir con ello, un resumen de su visión. Tal vez, por la hondura y trascendencia de su trabajo, sería aventurado y erróneo encontrar un resumen de su pensamiento. Sin embargo, pese a todo, si se tuviera que establecer un factor común en toda la obra mistraliana, tanto en la poética como la escrita en prosa llegaríamos a la fuente de sus motivos, y ahí nos encontraríamos con el inmenso amor con que ella realizaba sus funciones poéticas, literarias, pedagógicas y familiares.

    La obra de Mistral, tiene como base una profunda entrega a su quehacer, en este caso, y como lo demuestran sus escritos relacionados al ámbito pedagógico. Por ello, el pensamiento de Mistral, en lo referente a la educación, habla de una entrega docente que parte con la intencionalidad o con la vocación. La verdadera vocación, según Gabriela Mistral, es la que motiva el trabajo concienzudo y preciso en el ámbito de la educación. Por este motivo, en sus escritos tanto de prosa como poéticos, cuando se relacionan con la educación, hablan de una entrega que supera el aula, que va más allá del texto de clases o de la funcionalidad, a veces fría, de los libros. Gabriela Mistral jamás se desprende de su papel docente, y lo que es más, en muchas oportunidades éste toma una importancia mayor que su trabajo literario. En este sentido, podríamos decir que su labor de poeta no se remite a la sola creación literaria, sino que es completa y genuina, pues la poesía es en ella un hecho ligado a todo lo que realiza.
    Gabriela Mistral recibiendo el premio Nobel.

    Gabriela Mistral recibiendo el premio Nobel.

    Gabriela Mistral recibiendo el premio Nobel.

    El trabajo pedagógico, según Gabriela Mistral, se inicia en una amistad, que va más allá de la relación docente – alumno, es un querer al otro y un preocuparse por sus necesidades. El docente debe tener un acercamiento con preocupación genuina por aquellos de escasos recursos o que tienen limitadas sus virtudes por la infelicidad de la vida. Además, demuestra verdadero profesionalismo aquel que es capaz de alejarse de un academicismo frío e ir en pos de quienes están marginados en la ruralidad o en la incapacidad física. Por otro lado, el pensamiento de Mistral en lo relacionado con la educación, aborda temáticas que están ampliamente por los gestores de la educación en su etapa más básica, prestando así ella, una atención especial a los niños, concibiéndolos a estos como los que forjan el futuro, a la manera de Federico Fröebel. Es por este motivo que presta mayor interés en las metodologías de la enseñanza, en la libertad de culto y en la amplitud de miras que debe tener el docente. Además, su visión apunta a relacionar las nuevas tecnologías con el área educativa y así potenciar los conocimientos que el educando adquiera. El pensamiento de Mistral además, presta importancia significativa en la elección que se hace respecto a los autores que se investigan. Prevalece la función social de los textos, la hondura que estos tengan en cuanto a la capacidad reflexiva y motivadora en los estudiantes.

    A modo de conclusión, un texto redactado por Gabriela Mistral referente a su propio pensamiento en lo relacionado con el docente.
    Pensamientos pedagógicos de Gabriela Mistral

    Para las que enseñamos

    1. Todo para la escuela; muy poco para nosotras misma.

    2. Enseñar siempre en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto, y la palabra.

    3. Vivir las teorías hermosas. Vivir la bondad, la actividad y la honradez profesional.

    4. Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna y la relación de cada conocimiento con la vida.

    5. Hacer innecesaria la vigilancia de la jefe. En aquella a quien no se vigila, se confía.

    6. Hacerse necesaria, volverse indispensable: esa es la manera de conseguir estabilidad en un empleo.

    7. Empecemos, las que enseñamos, por no acudir a los medios espurios para ascender. La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien.
    gabriela_0038. Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela ¿dónde podrán exigirse estas cosas?9. La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.

    10. Cada repetición de la orden de un jefe, por bondadosa que sea, es la amonestación y la constancia de una falta.

    11. Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad.

    12. Hay que merecer el empleo cada día. No bastan los aciertos ni la actividad ocasionales.

    13. Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros.

    14. No hay más aristocracia, dentro de un personal, que la aristocracia de la cultura o sea de los capaces.

    15. Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.

    16. Todo puede decirse, pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.

    17. La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en sentido de la tremenda responsabilidad.

    18. Lo grotesco proporciona una alegría innoble. Hay que evitarlo en los niños.

    19. Hay que eliminar de las fiestas escolares todo lo chabacano.

    20. Es una vergüenza que hayan penetrado en la escuela el couplet y la danza grotesca.

    21. La nobleza de la enseñanza comienza en la clase atenta y comprende el canto exaltador en sentido espiritual, la danza antigua – gracia y decoro-, la charla sin crueldad y el traje simple y correcto.

    22. Tan peligroso es que la maestra superficial charle con la alumno, como es hermoso que esté a su lado siempre la maestra que tiene algo que enseñar fuera de la clase.

    23. Las parábolas de Jesús son el eterno modelo de enseñanza: usar la imagen, ser sencilla y dar bajo apariencia el pensamiento más hondo.

    24. Es un vacío intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.

    25. Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.

    26. Como los niños no son mercancías, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela. Nos mandan instruir por horas y educar siempre. Luego, pertenecemos a la escuela en todo momento que ella nos necesite.

    27. El amos a las niñas enseña más caminos a la que enseña que la pedagogía.

    28. Estudiamos sin amor y aplicamos sin amor las máximas y aforismos de Pestalozzi y Froebel, esas almas tan tiernas, y por eso no alcanzamos lo que alcanzaron ellos.

    29. No es nocivo comentar la vida con las alumnas, cuando el comentario critica sin emponzoñar, alaba sin pasión y tiene intención edificadora.

    30. La vanidad es el peor vicio de una maestra, porque la que se cree perfecta se ha cerrado, en verdad, todos los caminos hacia la perfección

    31. Nada más difícil que medir en una clase hasta dónde llegan la amenidad y la alegría y dónde comienza la charlatanería y el desorden.

    32. En el progreso o el desprestigio de un colegio todos tenemos parte.
    visita a la embajada de Chile
    en Londres
    33. ¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante su vida?

    visita a la embajada de Chile en Londres

    visita a la embajada de Chile
    en Londres

    34. Los dedos del modelador deben ser a la vez firmes, suaves, amorosos.

    35. Todo esfuerzo que no es sostenido se pierde.

    36. La maestra que no respeta su mismo horario y lo altera sólo para su comodidad personal, enseña con eso el desorden y la falta de seriedad.

    37. La escuela no puede tolerar las modas sin decencia.

    38. El deber más elemental de la mujer que enseña es el decoro en su vestido. Tan vergonzosa como la falta de aseo es la falta de seriedad en su exterior.

    39. No hay sobre el mundo nada tan bello como la conquista de almas.

    40. Existen dulzuras que no son sino debilidades.

    41. El buen sembrador siembra cantando.

    42. Toda lección es susceptible de belleza.

    43. Es preciso no considerar la escuela como casa de una, sino de todas.

    44. Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.

    45. Todo mérito se salva. La humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste.

    46. Nada es más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto.
    Revista de Educación, Año II N° 1
    Santiago, Marzo de 1923

    Texto:
    Benjamín León.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Pedro Garfias

    pedro_garfiasPedro Garfias
    Mayo de 1901- Agosto de 1967

    “De obscuro pájaro ganchudo la faz,
    reverso insólito de un alma luminosa,
    melancólica, manadora de sueños,
    como la sepultada estrella de la niñez.”

    Juan Rejano

    La memoria se hace vaporosa cuando hablamos de los olvidados.

    Hacer memoria es, en cierto modo, hacer poesía, porque esta, a su vez, es memoria de memorias, y voz reconstruida.
    La memoria suele perder alguna vez al hombre.
    Un poeta puede permanecer en el anónimo y ser un gran poeta. Un poeta, suele pasar muchas veces, del anónimo a la popularidad por razones ajenas a su obra.
    En el caso de Pedro Garfias, para su olvido, influyeron las circunstancias de nuestra guerra y nuestros exilios; y además la costumbre del poeta de guardar sus poemas en la memoria y recitarlos infinitamente sin dejar constancia de ellos más que en el recuerdo de quienes escuchaban, o también dejarlos dispersos como regalo a multitud de amigos.
    “Pasear mi tristeza por la fiesta…
    ¡Qué embriaguez! Y como un loco
    decir en voz alta mis soliloquios.
    Decir mis soliloquios a las niñas,
    Que nunca han de leerlos,
    Con música de risas.”
    Pedro Garfias es un poeta aislado y excepcional en el conjunto de la lírica española de nuestro tiempo, pero no por ello su obra dejó de recoger las experiencias comunes a casi todos los miembros de su generación: vinculado en un principio, a las escuelas de vanguardia, halló posteriormente una voz personal  fincada en la riquísima tradición  (“lastre sentimental” que le reprochara Guillermo de Torre), y  al mismo tiempo, expresión fiel de su  mundo y del tiempo que le tocó vivir: a la postre la guerra y las honda desgarradura del exilio.
    “Porque te siento lejos y tu ausencia
    habita mis desiertas soledades
    qué profunda esta tarde derramada
    sobre los verdes campos inmortales.”
    En la poesía de Garfias es donde podemos encontrar uno de los ejemplos para poder vislumbrar un sentir razonado y un razonamiento sentimental, sin pugnar a exclusión.
    Garfias perteneció, por generación y afinidad con la corriente revolucionaria poética, a los grupos ultraístas que, de 1918 a 1922, removieron un poco el ámbito literario español. Aunque siempre mantuvo un “ultra” propio.
    “Libertad para el preso,
    justicia para el pobre,
    respeto para el loco.”

    Dirigió la última revista ultraísta española, que se llamo “Horizonte” y donde colaboraron desde Juan Ramón Jiménez y Machado, hasta Espina y Jarnés, con Alberti y Lorca.
    Durante la guerra publica en el periódico Frente Rojo y en la revista Hora de España.
    En 1938 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su libro Poesías de la guerra española, del cual canta Víctor Manuel su “Asturias”:
    “Prepara tu salto último
    lívida muerte cobarde
    prepara tu último salto
    que Asturias está aguardándote
    sola, en mitad de la Tierra,
    hija de mi misma madre.”
    En abril de 1939 marcha a Inglaterra donde escribe Primavera en Eaton Hasting, que en palabras de Dámaso Alonso es el mejor poema del destierro español:
    (poema bucólico con intermedios de llanto).

    INTERMEDIO: LLANTO SOBRE UNA ISLA

    Ahora
    Ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado
    La cabeza en la bruma y los pies en el agua
    Y el cigarrillo apagado entre los dedos…

    Ahora
    Ahora sí que voy a vaciaros ojos míos, corazón mío,
    Abrir vuestras espitas lentas y vaciaros
    Sin peligro de inundaciones.

    Ahora voy a llorar por vosotros los secos
    Los que exprimís vuestra congoja como una virgen sus pechos.
    Y por vosotros los extintos
    Que ya exhaláis vapor de hieles.

    Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber por qué
    Cuyos porqués resuenan todavía
    En la tirante bóveda impasible…
    Y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas madres,
    Vientres de larga voz que araña los caminos.
    Un llanto espeso por pueblecitos
    Que ayer triscaban a un sol cándido y jovial
    Y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas.
    Y por las multitudes
    Que pasan sus vigilias escarbando la tierra…
    Un llanto viudo por los transeúntes
    Tan serios en el ataúd de su levita.

    Ahora
    Ahora puedo llorar mis llantos olvidados
    Mis llantos retenidos en su fuente
    Como pájaros presos en la liga.

    Los llantos subterráneos
    Los que minan el mundo y lo socavan
    Los que buscan lo flor de la corteza
    Y el cauce de la luz, los llantos mínimos
    Y los llantos caudales acudan a mis ojos
    Y fluyan en corrientes sosegadas
    A incorporarse al llanto universal.

    Sobre esta roca verdinegra
    Agua y agua a mi alrededor
    Ahora sí que voy a llorar a gusto.

    Pedro Garfias, nómada por las circunstancias, engendró un desarraigo personal de trovador.
    Un camino de anecdotarios que sus coetáneos nos traen para nuestro gozo: saquemos sus poemas al viento, que nuestra voz remede la voz del poeta, y no muera lo importante.

    “A veces grito iracundo:
    aquí me falta un lucero,
    aquí me sobra una estrella.
    ¿Quién hizo este firmamento?
    Una voz piadosa dice
    Que no es cielo sino techo.
    ¡Por mi vida, grito yo,
    dejadme saber mi sueño!
    Donde yo pongo los ojos
    Todo es cielo.”

    Texto:
    Amparo Guillem.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • la mirada que mira al mar. 1ª parte

    La cabeza que mira al mar

    En el año 1999 hice un viaje de vacaciones a Chile. En dicha ocasión visité la casa-museo de Pablo Neruda en la localidad de Isla Negra. Como era 25 de diciembre el museo estaba cerrado y había muy pocos turistas merodeando las arenas aledañas al edificio, y alguno que otro vendedor de recuerdos típicos o refrescos.
    Era un día profundamente solar, tórrido, poblado de ventiscas oceánicas. Un día de amarillos musculosos y de viscerales rojos explosivos. Un día detenido, modular, ardiente, casi africano.

    Me dirigí a la pequeña playa acotada perteneciente a la estructura del museo. Había una cabeza de piedra del poeta casi al borde del declive costero y del oleaje pacífico; en la proa de la casa.
    Por uno momentos permanecí absolutamente solo junto a la talla. Puse mis manos sobre la roca que ardía crepuscularmente, como el lomo de una antigua bestia, como un parche.
    El homenaje me hizo comprender la importancia de la obra de Don Pablo en mi vida. La piedra era una piedra musical, una pieza de materia que aceptaba un eco, el eco del cincel. La roca visitada por la onda. Un nido, un regazo para un impulso estético.

    Besé la mejilla apenas cóncava con un beso frío, vocacional, continuo.
    Esa cabeza muerta, ese animal terrible que estiraba el hocico hacia las olas con urgencia histórica e invisible, era una oda.
    El mundo todo era una oda, y yo un picapedrero, un oyente.

    La vigilia plástica

    En al casa en la que vivía con mis padres en Morón, una barriada, entre morena y gringa, del cordón industrial que abriga por el oeste a la ciudad de Buenos Aires, había una biblioteca de cedro lustrado con delgadas puertas de vidrio cubiertas con cortinas marrones. Los libros murmuraban mi nombre tras esos paños polvorientos, me provocaban, silbaban como granujas libres, me contaban un secreto sobre las cabelleras de las mujeres lindas, sobre el olor del pasto fresco, sobre los dibujos de las alfombras, sobre la cera y los faraones. Eran pájaros o sapos, cosas vivas viviendo tras el telón.

    Eran estrellas.

    Comencé a leer temprano. Leía con la naturalidad con que se comen galletas con leche o con la que se corre gritando y riendo, sin objeto. Era feliz leyendo como acostándome en los tejados tibios de las casas, como mirando los motores de los autos en los talleres mecánicos, como soñando el primer beso.

    Ninguna de las valiosas obras que retiraba de la biblioteca y leía bajo la mesa, junto a la ventana, en el lecho en noches radiantes, en el patio con la bicicleta a los pies, ninguna de esas obras, digo, me había hecho cosquillas en las manos, ninguna me había impulsado a bailar sobre un charco de lluvia, ninguna me había hecho temer a los espejos.
    Leía a grandes autores, pero con los ojos cerrados, con el cuerpo en silencio, con la piel nevada, penumbrosa, nonata.

    Prosa y poesía eran meros asuntos de vestuario.

    Lo que era dicho en oraciones podía ser dicho bajo el signo de los ritmos. Los derrames de versos, bien podían transcribirse con holgura, a bosquejos por bloques narrativos. La intensidad dependía del brillo conceptual. Aún no conocía ni intuía la existencia de la revelación, del rayo: aún no ingresaba en la vigilia plástica, en el arte.

    Descenso al Cuerpo

    A media infancia, yo ya hacía algunas adquisiciones bibliográficas propias. Pedía a mis padres o abuelos que me compraran ciertas obras que atraían mi curiosidad intelectual o que rimaban con mis afinidades pre-ideólogicas; en una palabra, que olían parecido a mí. De este modo llegó a mis manos el “Tercer Libro de las Odas”, de Pablo Neruda.
    No lo leí de inmediato. Tengo la costumbre de habitar dos tiempos paralelos respecto a los libros: el tiempo de la adquisición y el tiempo de la lectura. Ambos tiempos se despliegan de modo independiente constituyendo dos discursos o historias completas. Esta costumbre no ha variado hasta la fecha. De modo que en mi caso, las urgencias adquisitivas no van necesariamente de la mano de las urgencias lectivas.

    isla_negra_nerudaResulta lógico que no pueda precisar cuánto tiempo transcurrió entre la compra del libro de las odas y la lectura del libro de las odas. Lo seguro es que por motivos fortuitos o inconscientes, comencé un día de verano la lectura de otra obra de Neruda, que sí estaba en la biblioteca de cedro.

    Comencé a residir en la tierra, descendí.

    La lectura de los poemas de “Residencia en la tierra” hizo que me sientiera dentro de un cuerpo por primera vez. Quizá sentirse dentro de un cuerpo es dejar de ser niño, el niño es ubicuo, grácil. Lo cierto es que mi cuerpo leía. No leía con esa conciencia del entrecejo, óptica, flotante y amorfa, sino que leía con mi cuerpo, vale decir: mi cuerpo quedaba enredado en la lectura. Mejor aún: de la lectura resultaba mi cuerpo. De la lectura irrumpía un cuerpo donde yo habitaba. O tal vez: de la lectura sucedía un yo conciente que se reconocía constreñido ( o liberado: la sensación era ética y gnoseológicamente neutra, entonces reversible ) en un cuerpo.

    En esos días no contaba con un bagaje cultural como para justipreciar y contener el fenómeno que estaba viviendo. Mi instrumental expresivo era más bien mimético; elevado, pero replicante. No podía cercar la experiencia. No podía rotular ni connotar el espacio corpóreo recién amanecido. Sudaba y temblaba como un crío ante el manto negro de una diosa del trueno.

    La sensación se parecía a otras sensaciones. Lo curioso es que ninguna de ellas estaba vinculada al mundo abstracto, y menos al de la literatura. La sensación era similar a un estrechamiento.

    El Estrechamiento

    lo que sentía mientras leía los poemas de “Residencia en la Tierra” era un estrechamiento, un abrazo envolvente y mullido, un cierto amparo terrible, paroxístico, como un sacudimiento apenas salvaje. Me sentía la hembra contenida, vibrada. Tomaba conciencia de la erogeneidad de mi cuerpo, o de mi cuerpo como manojo sensorial, como propuesta.
    Me he preguntado desde entonces, si la feminidad, no es llanamente, un estado de insomnio, una recuperación espacio-táctica del cuerpo propio, una ocupación profusa y precisa de todo el volúmen ontológico, una espera.
    Yo sentía que Neruda me ceñía diligentemente, iniciáticamente. Que me incluía y abarcaba en secuencia, que sus poemas consumaban una opresión benigna entorno a mí.
    Neruda me otorgaba el beneficio de un cuerpo, la conciencia de la soberanía material de un artificio capaz de ser rodeado.
    Estaba sorprendido. Hasta ese momento, la lectura, había sido para mí un modo de estrujar al otro, una invasión en la oscuridad del no-yo. Leía emprendiendo excursiones, belicosamente. Leía conquistando masas negras. Leía irradiando, derramándome en la superficie de la realidad exógena y denominando a dicha maniobra o conjunto de maniobras: desvelación.
    De pronto, los mantras de Neruda operaban una inversión de polaridad, un lance insospechado. Ahora era yo el asediado, el acometido, el captado, por una otredad.
    Me leían.
    Antes de los poemas de Neruda, yo expoliaba ciudades literarias y rendía tesoros. Mi mente depredadora velaba como el ojo de un cíclope. Organizaba la república de la memoria de un modo gélido. Era un geómatra, un chauvinista.
    Los libros habían sido hasta ese tiempo concubinas, torsos femeninos, objetos esclarecidos. Pero a partir del contacto con la poesía de Don Pablo, comenzaba a descolonizar la intemperie; se alzaba un afuera.
    Me sentía amado por primera vez, y esta sensación habilitaba un grado de amor propasado, un amor intempestivo y foráneo que reducía mi celo, que me sojuzgaba dulcemente.
    El reino era abatido por el caballero.

    En Brazos del Asombro

    Una vez domiciliado este ramo de sensaciones nuevas en mi estructura estable de personalidad, el romance con “Residencia en la Tierra” pasó a su fase de memorización esteretipadora. Quiero decir: como todo proceso mnemotécnico, el racimo de sensaciones referido, perdió cierta especial actualidad, extravió la exaltación o euforia coyuntural y fue deslizándose ineviotablemente hacia la intelectualización.
    isla_negra_neruda_casaTodos sabemos que el erotismo de los hechos presentes se diluye por el simple transcurso. Sabemos que las figuras vivas se desprenden del urente presente endocrinológico, y se van tornando indeterminadas, teoréticas. Lo rojo se vuelve lentamente azul. Olvidamos el escozor. La causticidad rabiosa del instante se disuelve y muda en abstracción lógica. Se desangran los “hechos objetuales” y quedan desnudos. Lucen en lo profundo de la noche de la memoria como arquitecuras frígidas, como estereotipos. Hemos salido de la primicia de la vida para entrar en los palacios del recuerdo.
    Y esto me sucedió con los poemas de “Residencia en la Tierra”. El estupor dejó paso al hábito. El deslumbramiento inaugural se volvió reserva o incluso usanza. Y, como si la mutación de un estado vigente en recuerdo, entregara forzosamente y como recompensa una prenda, fui poseído por la necesidad de volver a estar en brazos del asombro, y además, como corolario: emularlo.
    Neruda había despertado, creado o iluminado en mí, una zona durmiente: la zona erótica, el agua.
    Tenía conciencia permanente de mi cuerpo como fiesta, como intersección de esferas cósmicas o fenomenológicas. Lo vivía como nudo, como zona invitatoria, como lazo y como jardín para el encuentro con el sentido. Lo llevaba cual secreto gritado.
    Sabía que mi cuerpo era regalo para el cuerpo. Que era conciencia de la superposición de formas. Que era una forma privilegiada por la selección morfológica. Comprendía que mi cuerpo era resonancia, choque. Resultado de infinidad de encuentros y colisiones previas. Me sabía como pacto formal provisorio en el caos, como acuerdo de líneas.
    Comencé a entender cada cuerpo como una emergencia causal o caprichosa en un océano de tensiones antojadizas.
    Y yo, nada menos que yo, iba en un cuerpo. ¡Increíble! Yo era un cuerpo. Yo era ese haz apretado, ese núcleo nacido de mútiples topetazos y de los encontronazos de fragmentos y causas previas.
    Podía amar y ser amado.
    Podía estrechar escribiendo y ser estrechado leyendo.

    Texto:
    Rafael Teicher.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Maram Al-Masri

    “Lo que más me atormenta del lenguaje…Es que no sea suficiente…
    Y lo que más me angustia de la escritura es que no te describa.
    Eres una mujer difícil…
    una mujer que no ha sido escrita…”

    Nizar Qabbani

    maram_almasri_01Con estas palabras del poeta sirio Nizar Qabbani quiero tratar de aproximarme a una mujer, que muy posiblemente sea indefinible, casi tanto como lo es la esencia de los versos, la poesía misma…Maram Al Masri, que nació en Latakia, Siria, lleva desde Paris, varias décadas, dejando constancia de su particular forma de ver la poesía, consagrada a labores de traducción y al propio desarrollo de su obra. Esta exploradora de la literatura y de sus formas de convivencia con la belleza de lo cotidiano, realizó estudios de Literatura Inglesa en Damasco y en la actualidad está íntegramente dedicada al mundo de las letras. Cuenta en su haber con varias publicaciones de poesía que en España han tenido una gran aceptación, para tratarse de un género tan poco concurrido entre los gustos lectores; Te amenazo con una paloma blanca, publicado en Damasco en 1984, así como en los siguientes ya publicados en España en la colección Lancelot, Murcia, Cereza roja sobre losas blancas, 2003, por el que obtuvo el Premio Adonis del Foro Cultural Libanés a la mejor creación árabe en 1998, o Te miro en 2005, que cuenta con un prólogo de Luis Alberto de Cuenca donde podemos descubrir claves que nos acercan mucho al verdadero corazón de la obra de esta interesantísima poeta siria:

    “La poesía de Maram Al-Masri es engañosamente sencilla…Puede parecer de fácil acceso a cualquier tipo de lector, pero muy pocos son capaces de penetrar en el tejido sutilísimo de la tradición que subyace a cada verso de Maram, donde con- fluyen la tradición poética de la poesía árabe de raíces preislámicas, tan ligada al eterno tema del amor, con sus inevitables derivaciones a la sensualidad y al erotismo, y la tradición lírica de la modernidad europea, que busca en la irracionalidad y en el sueño la razón de ser de lo humano.”

    En estas líneas que tan bien definen las raíces de la obra de Al Masri, encontramos claves muy importantes para poder llegar a comprender en su totalidad el valor, no sólo literario que contienen sus textos, sino también la riqueza cultural que aportan estos versos tan absolutamente plenos de espiritualidad y de profunda introspección en los elementos fundamentales del concepto amoroso y su proyección a todos niveles en el ser humano. La influencia preislámica, de gran notoriedad en toda su obra, sabe coexistir con gran pericia junto a los entornos más modernos de la poesía europea y su contexto cultural, lo que demuestra una gran habilidad, ya que hablamos de poesía actualísima que sin embargo no deja de pasar por los bastiones típicos de la antigua poesía yâhilí, curiosa denominación por otra parte, ya que en árabe se denomina así a todo lo precoránico y que viene a significar poesía de la ignorancia, o la poesía que se hizo cuando se ignoraba el Corán, donde encontramos poetas como, Imru’ al-Qais ibn Huyur al-Kindî, Zuhair ibn Abî Sulmà al-Muzanî o Lailà al-‘Afîfa bint Lukaiz, todos ellos caracterizados por una sencillez llena de matices. Sin dejar atrás la influencia de la poesía árabe actual, encabezada por el recientemente desaparecido Darwish, el ya mencionado Nizar Qabbni o Adonis, uno de los más importantes poetas árabes vivos, que dijera de ella estar en deuda con sus versos, o la poesía árabe femenina actual de Inaya Yaber o Nada El Haye, entre otras. Todo un abanico de autores enraizados en una cultura valiosísima poéticamente y que se asienta en pilares muy sólidos ya desde su propia definición lingüística , teniendo en cuenta que en árabe, la poesía no es una “confección” (poiesis) formal, sino un conocer o sentir (shi‘r), fondo, percepción afectiva: “una cosa que se agita en nuestro pecho y que nuestros labios pro- fieren” y que esta concepción está asumida e interiorizada de forma innata en los poetas árabes a pesar de los intentos de Ibn Jaldûn por recoger un concepto más centrado en las formas que en fondo: “Poesía es la expresión basada en metáforas y descripciones, ajustada a un ritmo y rima, con versos mutuamente independientes en contenido y sentido, siguiendo los métodos usados por los árabes.” Aunque Maram siempre ha declarado que ella escribe para conocer sus secretos, que la escritura es un acto de libertad absoluta y que aunque existen todos estos precedentes en la poesía árabe, “la mujer siempre ha tenido cuerpo y deseo”, por lo tanto su obra es básicamente el resultado de sus propias experiencias y su forma de mirar la vida con los grandes ojos de la poesía.

    maram_almasri_02Resulta curioso observar cómo esta poesía de origen árabe se sigue sustentando en los aspectos positivos de la existencia, también en la poesía escrita por mujeres, la idea central siempre es la vida, todos sus recodos y es a partir de este elemento vital desde el cual se va construyendo ese universo poético donde la sensualidad, el erotismo y la feminidad conviven de forma innata con todas las realidades del mundo, sus miserias y sus gozos, mientras que la poesía occidental femenina que más auge ha adquirido en los últimos tiempos, encabezada por figuras ya emblemáticas como podrían ser Alejandra Pizarnik o Sylvia Plath, se sustentan en elementos totalmente contrarios, fluyendo el universo poético de una idea más asociada a la muerte y a los elementos trágicos de la condición humana en su convivencia con la sociedad, la naturaleza y las sensaciones en general. Se podría decir que el grito cambia de dirección, pero no deja de ser una llamada de atención a la observancia del fondo de las emociones humanas y que sus contenidos tienen un efecto muy similar de impacto en el lector.

    La poesía de Maram Al Masri tiende de forma clara hacia la imagen, ya desde sus títulos se adivina una intención visual para destacar el concepto que pretende desarrollar, como si fuera un fogonazo directo y comprensible por cualquier lector, ya es meritorio conseguir la exacta definición de todo una obra en tan sólo una línea; Te amenaz o con una paloma blanca, un título muy significativo en el contexto que este libro sale a la luz, su Siria natal, de la que ella dijera:

    “Siria ha entrado en una complicada y difí- cil espiral de integrismo y prohibición, desde que los musulmanes se han hecho con el poder y deciden todo bajo el prisma único de su particular lectura del Corán. Mi Corán no es el mismo que el suyo. Y mi país ahora no es el que yo conocí y tanto amé cuando era niña o joven e iba a bailar y se podía vestir libremente. Leer lo que cada cual quisiera. Y ser de verdad libre.”

    "Dejo que la poesía me use, que use mis ojos, mis sentidos, mi memoria, mi experiencia, mi historia y que con mi ayuda ocupe el puesto que ella misma desea.”

    “Dejo que la poesía me use,
    que use mis ojos, mis sentidos,
    mi memoria, mi experiencia,
    mi historia y que con mi ayuda
    ocupe el puesto que ella
    misma desea.”

    O su segundo libro, Cereza roja sobre losas blancas, donde la imagen, tan absolutamente sensual y sugerente nos introduce en un universo femenino, donde la mujer asume todos los roles posibles en la sociedad actual, desde la amante esposa sometida hasta la más liberal, pasando por los recuerdos de la que también fuera niña en un tiempo. Un libro completísimo donde, en la rigurosa brevedad y sencillez que caracteriza su obra, casi podríamos reconocer un estudio sociológico acerca de la condición de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad actual, sin omitir la parte emocional más básica que de- fine la condición femenina universalmente. Todos sus libros están publicados en edición bilingüe, jamás ha descartado el árabe en su obra, a pesar de que sus libros están prohibidos en su país de origen, de hecho, sus raíces como poeta mujer siria han marcado un precedente para muchas otras mujeres, árabes o no, que ven en ella un estandarte de la libertad de expresión y el derecho a la igualdad.

    Está claro que la visión poética de esta autora es la de quien ha asumido la poesía en su observancia diaria del mundo y de esa forma natural fluye hacia los cauces del poema, que por otra parte suele ser siempre corto y directo en su forma, ya que no necesita de ornamentos para destacar el concepto en el que quiere centrar la atención, hablamos de una poesía casi conceptual donde cada lector percibe desde su propia óptica la visión poética. En los versos de Maram no se pueden hacer divisiones entre el universo poético y el sencillo y material mundo en que vivimos, si no que ambos son el hábitat donde la poesía está en continuo movimiento y fase de captura, como si de un objetivo fotográfico se tratara o de un sencillo espejo con la capacidad esencial de devolver la mirada desafiante de una mujer capaz de apelar con la palabra a, muy posiblemente, un sexto sentido:

    Me gusta pensar que soy como un espejo que refleja el pensamiento y la inspiración, los secretos escondidos y manifiestos que habitan dentro de mí. Dejo que la poesía me use, que use mis ojos, mis sentidos, mi memoria, mi experiencia, mi historia y que con mi ayuda ocupe el puesto que ella misma desea.

    Texto:
    Sara Castelar Lorca.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Alejandra Craules Bretón

    alejandra_craules_01Alejandra Craules Bretón, poeta mexicana nacida en la Ciudad de Puebla. Estudió Letras Españolas en la Universidad Veracruzana y se diplomó en Creación y Apreciación Literaria en el prestigioso Centro Cultural Casa Lam en México DF, México. En 2003 ganó el premio nacional de poesía otorgado por el Instituto Mexicano de la Juventud con su primer poemario “Palabras Fértiles” el cual fue publicado por el Instituto Hidalguense del la Juventud y el Deporte. Su segundo poemario “Puntos Cardinales” fue publicado por la editorial independiente Todas las Voces y en breve verá la luz “Dragonearías y Laberintos” poemarios inspirados en los Cantares de Gesta y leyendas medievales como Bewoulf, el cantar de los Nibelungos y la poesía épica.

    Su enorme afición por la literatura medieval la ha traído a residir en Europa

    El amor por la literatura medieval la encaminó a mudarse a la tierra que soñó desde niña -actualmente Alejandra radica en la provincia de Pordenone al norte de Italia- y que llevada por las lecturas de su padre vivió los cuentos de hadas, naciendo desde entonces su pasión por las letras: “Recuerdo y aun conservo el primer poema que escribí, tenia ocho años, en la época que asistía al catequismo, es un poema con tintes religiosos, hablo de Dios emulando el español de España que es el de la Biblia, me causa risa por que en México no usamos el vos y lo uso en ese poema”. Prosigue Alejandra inmersa en sus recuerdos: “Continué escribiendo en mi niñez y mi adolescencia, ya sabes, lo tí- pico de los adolescentes, el mundo contra uno, amores fallidos, sueños, ilusiones… Cuando estudiaba el bachillerato fundé el periódico escolar, y en la universidad escribí para algunos diarios locales en la sección del cultura

    Conozco a la Craules desde el año 2006 en que el poeta Abraham Chinchillas la alineó, junto a otra veintena de nombres, en un documento Word, una relación de invitados para el poemario “El sol desmantelado” homenaje al poeta británico estadounidense Wystan Hugh Auden, su poema “El escudo de Aquiles” fue incluido en dicha antología editada por Albatrospress. Al dirigirme a ella por primera vez para esta entrevista, a través del teléfono, percibí una voz afable, amistosa, con la naturalidad del que habla a menudo con un amigo, sentí que estaba hablando con una persona entrañable y cercana. Hablamos por ejemplo de su familia de hondo calado católico, de la relación con su padre que la admira aunque nunca se lo ha dicho abiertamente; hablamos de las veces que ha cambiado de ciudad, de residencia; de las muchas ocasiones en que ha tenido que elegir entre la compra de un libro o el almuerzo de ese día, de la superación del dolor por la hija que se le fue y de su enorme afición por la literatura medieval que es lo que la ha traído a Europa.

    Su poesía haya sido traducida a una lengua tan diferente a la nuestra como es el albanés

    Caligrama Coliseo.

    Caligrama Coliseo.

    Inquieta, se confiesa adicta a la poesía actual de todo el mundo y puede reconciliar la indiferencia de lo desconocido en permeables mestizajes artísticos; así influenciada por el poeta húngaro Andrâs Petöcz y la artista visual coreana Yunmee Kyong con quienes compartió experiencias durante su estancia en CAMAC* y en la búsqueda de nuevas miras para la poesía, Alejandra Craules, ha presentado algunos de sus poemas (como en su momento hicieran Apollinaire, Cabrera Infante, Huidobro,…) visualmente revestidos de caligramas; caligramas que actualmente se encuentran de gira por los diferentes campus y preparatorias de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo. Por otro lado y con objeto de promover su poesía entre los jóvenes musicalizó con la colaboración del grupo musical AWEN su poemario Puntos Cardinales que presentó teniendo como fondo música medieval.

    De manera especial comenta acerca de su interés por la comunicación y está dispuesta a traducir a nuevos poetas y por supuesto facilita el que a la vez se pueda traducir su poesía a diferentes lenguas, como ya ha ocurrido en los idiomas inglés, italiano y albanés. No sorprende, pues, que su poesía haya sido traducida a una lengua tan diferente a la nuestra como es el albanés, por la Sociedad de Escritores Albaneses Pegasi e incluida en la ANTOLOGJIA POETIKE “KORSI E HAPUR” AUTORË TË LIDHJES SË KRIJUESVE “PEGASI” DHE TË TJERË.

    Su poesía se muestra en una doble ver- tiente, en primera instancia se manifestó, desde sus entrañas de madre al exterior de la vida, por el dolor inmenso ante su hijita muerta: “ya no calzarás nunca mi cuerpo / solo permanecerás con la nuca en el suelo / los ojos semiabiertos / la cordura en el viento” (Palabras Fértiles); y reabriendo sus ojos a la ilusión por la vida, crece su poesía sustentada en sensaciones que desde el exterior hacia ella misma la alimentan: “Dicen que el viento tenía nombre / sabía a nuez de la India / latía en los oídos recién nacidos del cielo” (Puntos Cardinales). Alejandra, partiendo de imágenes cotidianas construye versos capaces de llevar al lector al núcleo de su composición, pararlo ahí y detener el poema para que el leyente se acomode en él y se meta dentro.

    En el centro, Alejandra con otros artistas en CAMAC.

    En el centro, Alejandra con otros artistas en CAMAC.

    En un poema busco que me lleve por medio de sus imágenes a saborearlo, a degustarlo, a mirarlo desde el espíritu mismo del poema.

    ¿Qué es para ti escribir, que te apasiona del poema, del verso, de la poesía?

    Escribir es una forma de vivir, de ver el mundo, de inventar tu realidad o de escapar de ella, es en ello una conducta un tanto autística, la poesía cuando estas inmerso en el proceso puedes ausentarte del mundo, no escuchas mas que tu voz interior, el ritmo de tu corazón, de tu respiración, los versos se convierten en la imagen de ti mismo, y viven con la forma de tu alma.

    De qué escribes ¿En tu poesía está implícito el compromiso?

    Escribo de lo que vivo, no se si es poesía de la experiencia, pero lo que captan mis sentidos, lo que sucede en el instante para mi persona, depende el estado de animo y lo que me rodea. Estoy comprometida con la poesía, con darle vida, con escribirla y leerla, con promoverla, con difundirla.

    Cómo llegaste a la poesía, tú elegiste a la poesía o fue la poesía quien te eligió ¿Sois buenos compañeros?

    Hemos sido buenos amantes, que como todos los amantes nos que se buscan algunas veces uno otras el otro, y que algunas veces llegas a pensar no ser la una para el otra. Sin embargo, creo que la poesía fue lo que la vida y Dios me dieron a cambio al partir alguien a quien amaba y aun amo, mi hija María de Jesús, cuando realmente empecé a escribir poseía fue después de su muerte cuando todavía era una bebe de apenas 27 días de nacida. También fue una promesa a mi pequeña, en su último día de vida tomé de su pequeña mano y le prometí eternizarla y encontré en la poesía la forma de hacerlo. Creo que la poesía es una panacea, me ayudó a no enloquecer de dolor.

    Durante su estancia en CAMAC.

    Durante su estancia en CAMAC.

    ¿Qué te sugiere esta frase: “El escritor nace, no se hace”? ¿Crees que se puede aprender a escribir?

    Creo que los genios nacen, es parte de su persona, no tienen necesidad de la teoría, por otro lado creo que los que amamos la literatura y la escritura, si bien tenemos el espíritu creativo necesitamos también de la poética, la hermenéutica, retórica y el estudio de la lengua aunque no dudo que haya quien escriba sin estas bases y lo haga bien. Empero no creo que se pueda aprender a escribir, puedes aprender la teoría para que tus escritos tengan los fundamentos para estar bien realizados, puede asistir a talleres, estudiar Lengua y Literatura, pero es como la pintura, te puede gustar la pintura, tomas clases y pintas uno que otro cuadro que pones en tu casa y que tus amigos sin duda elogiaran, pero que no es para exponer en un museo, puedes incluso dar clases de pintura de su historia, puedes aprender la técnica pero el don no se adquiere, el don es un regalo con el que sin duda naces, puedes ser metódico, adquirir el oficio, escribiendo diario, leyendo, estudiando, sin embargo el talento es nato.

    ¿Quién escribe? Ponte en la piel del lector, ¿qué esperas encontrar en un poema?

    Creo que depende del tipo de lector que sea; como persona dedicada a las letras, que he estudiado la literatura, que escribo, busco forma y contenido, un poema bien escrito que me lleve por medio de sus imágenes a saborearlo, a degustarlo, a mirarlo desde el espíritu mismo del poema. Cómo aficionada, como mujer que lee por el simple gusto de hacerlo, sin pensar en métrica y ritmo, busco el contenido, quiero identificarme con el poeta, hacer mío el poema como si yo misma lo hubiese escrito, una empatía de sentimientos, creencias, pensamientos y vivencias.

    Los Concursos literarios son muy subjetivos, todo depende de los jurados y de su perspectiva; lo que para algunos puede ser una verdadera obra de arte, para otros sólo son palabras escritas en un papel.

    ¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Crees que el afán por concursar está más jus- tificado por dar a conocer la propia obra o porque ganar conlleva un aporte económico en algunos casos sustancioso?

    Creo que son muy subjetivos, todo depende de los jurados, de sus gustos, de sus aficiones, de su perspectiva de la literatura, lo que para algunos puede ser una verdadera obra de arte para otros sólo son palabras escritas en un papel. Por un lado creo que como escritor buscas que se publique tu obra y los premios pueden ayudar a ello. Para mí el ganar el premio del Instituto de la Juventud si me ayudo para que me publicaran mi primer poemario. Por el lado de lo económico al menos en mi país y se que no es el único, no vives de lo que escribes, sólo los escritores renombrados y con buenos contactos lo pueden hacer, así que el dinero del premio muchas veces puede ser un incentivo mas para poder seguir escribiendo y darle el tiempo que necesita el escribir y no tener que buscar otro trabajo para vivir y dejar solo poco tiempo a la escritura. Es en cierto modo una ilusión que muchos desean y pocos alcanzan, aunque muchas veces escritores que son mas talentosos y merecen mas el premio lo pierden ante un autor que tiene buenas relaciones, al menos eso siempre pasa en México con la becas y estímulos del gobierno federal y estatales que son mal empleados y se destinan a amigos y conocidos de los funcionarios y jurados, muchas veces me pregunto para que publican convocatorias, muchos autores esperanzados por que saben que su trabajo es bueno entran a concurso, invierten tiempo y el poco dinero que tienen para elaborar su proyecto y al ver publicada la lista de los acreedores a los estímulos ven que no están en ella, y miran con impotencia que nuevamente son las mismas personas las que obtienen los apoyos.

    Caligrama Instrucciones para un arcángel.

    Caligrama Instrucciones para un arcángel.

    Qué aportan al mundo, a la sociedad, los poetas ¿De qué forma debería ser la poesía para que gane adeptos y que no sea considera como mera cosa de gente sensiblera y como dijo Celaya ”La poesía es un arma cargada de futuro”

    La poesía esta en todas partes, todos aun el mas insensible alguna vez se ha detenido a mirar por un segundo la poesía de la tierra, del universo, del “ser humano”, de la vida, sólo que no saben que es poesía. En mi experiencia como enseñante no puedo decir maestra, de poesía que intenta transmitir ese amor y pasión por la poesía, tienes primero que quitarle de la cabeza a los muchachos y a la gente en general, que la poesía es cursi, aburrida y que solamente habla de amor y que fue escrita por gente que murió hace mucho y por lo tanto es pasada de moda. El problema no es la poesía es que tipo de poesía le das a leer a los niños y a los jóvenes en la escuela, de eso depende todo. Actualmente con la velocidad con la que se vive, con los medios de comunicación masiva llámese televisión, Internet, radio, la poesía necesita atrapar el tiempo en que esta escrita, el ritmo con el que se vive. En ese aspecto yo he buscado hacer atractiva la poesía para los jóvenes presentándola musicalizada, y ahora visual con los caligramas, como poeta algunos asumen riesgos, otros tomas formas que no son nuevas mas no son usuales y les das un giro. La sociedad necesita poesía para no caer en el materialismo absoluto, imagino uno sociedad sin poesía totalmente robotizada. Durante toda la historia de la civilización el poeta ha jugado un papel sin duda importante, por que no ha sido sólo un sensibleros han sido hombres y mujeres que han aportado ideas, conceptos, han explicado con poesía lo que no se podía explicar de otra forma, los poetas han cantado la misma historia, han sido portavoces de generaciones y culturas. Sin duda la poesía es un arma cargada de futuro, el poeta tiende a predecir sin necesidad de una bola de cristal ha donde y como camina el hombre. Poeta y sociedad una relación extraña, el poeta a veces ermitaño huye de ella, la impreca, la maldice, el poeta que toma la lucha y la lleva a la palabra activa y en su idealismo busca cambiar la sociedad, hacerla con una justicia poética mas ecuánime, mas involucrada con el mundo y el alma. Hagamos de los niños poetas y habrá menos guerras, hagamos de la poesía el única arma y no acabaremos con el único lugar donde podemos habitar, la tierra, hay que dar poesía a los enfermos del alma y calmará su dolor.

    De todos tus trabajos ¿cuál es el más entrañable para ti?

    Hay varios, cada poema en le momento en el que fue escrito tomaba una parte de mi de quien soy, pero sin duda Palabras Fértiles, mi primer poemario es el mas entrañable y el que más me duele, Mis gustos más enfermizos es un poema que extrae todo el dolor que lo muestra crudo y dulce.

    Tu poesía muestra un lenguaje directo, expresivo y ciertamente imaginativo, tus letras parece como si quisieran hacer un pacto con el lector, ¿acaso tienen vida propia tus letras?

    A veces la poesía se apropia del poeta, lo hace su medio, habla a través de él, habla de ella y para ella. Las letras hacen del poeta poseído y es cuando es la poesía y no el poeta el que habla. Intento poder llevar al lector con la imagen poética a ver con mis ojos, a sentir con mi alma.

    ¿Dime tres matices que te pueden influir en tu manera de escribir y sentir la poesía?

    Como vivo el amor o desamor desde el erotismo como referente y no el propio amor, introspección de donde vengo y a donde voy, quién soy para mi y los demás y fantasía de la niña que no he dejado de ser, de la mujer que soy.

    ¿Cómo es tu proceso al escribir ¿Cómo haces, qué cosas remueves hasta concretar un poema?

    Es un proceso que inicia con la introspección de una idea, un sentimiento, de un acontecimiento, que gira en mis pensamientos y sueños, palabras y palabras que vienen en multitud, las voces del exterior se unen en mi propia voz.

    Caligrama Laberintos.

    Caligrama Laberintos.

    ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y qué libros debieran ser leídos y que tu recomiendas?

    No he podido terminar Rayuela, los libros que pienso deberían ser leídos son primero la Biblia, El Profeta de Gibrán Kalhil Gibrán, El agua y los sueños todo lo que encuentren de Gastón Bachelard, Las seis propuestas para el próximo milenio de Italo Calvino, Las flores de Mal de Baudelaire, Las iluminaciones de Rimbaud… en fin no terminaría.

    ¿Qué dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía y que ha decidido ser poeta?

    Primero tomárselo enserio, ser mas que un diletante, leer, leer y leer, escribir, escribir y escribir, no creer que al escribir la primer versión de un poema sea la definitiva, hay que pulir, que tallerear, darle la oportunidad a nuestra propia obra de crecer y madurar. Para mi es importante el conocimiento de la lengua, hay que estudiar gramática, es necesario tener junto cuando se lee el diccionario y buscar las palabras que no se conocen para saber bien el significado, y así poder crecer en nuestro acervo lingüístico, la palabra es la materia prima, hay que conocerla bien para poder escribir por lo menos algo aceptable.

    Eres muy joven así y todo, la experiencia de la vida ¿te ha curtido, se refleja en tu forma de escribir?

    Definitivamente influye y se refleja, la vida me ha curtido sin duda, mi hija muere cuando yo tenia 21 años, cuando tenia 3 años muere mi hermano, como dicen el que vive una situación limite como enfermedad, muerte de un ser amado, accidentes cambia dentro de si, el dolor es un estado que te lleva a diferentes vertientes de los sentidos, a veces tocando la locura, es increíble como el dolor te hace sentir tan vivo, te lleva por caminos de tu mente que no conocías, es dolor es tan tangible que lo sientes en la piel, en el aire, el dolor te transmuta al grado de no poder reconocerse a uno mismo frente al espejo, y ese dolor abre tanto tus sentidos que cuando vuelves a amar a tener esperanza y fe es aun mas fuerte de lo que pudo ser sin que hubieses sentido ese dolor.

    Palabras Fértiles, Puntos Cardinales,… De qué estamos hablando Alejandra?

    Palabras fértiles lo escribí durante el Diplomado en Creación y Apreciación Literaria que cursé en La Casa Lamm en la Cd. de México, a dos años de la muerte de mi hija, fue cuando la poesía después de años tomo forma, no eran ya solo versos sueltos o ideas en forma poética, y es además el poemario dedicado a la memoria de mi hija, con este poemario gané el Premio Nacional a Proyectos Artísticos en la categoría de poesía y fue con el que mi abrí la puerta en el mundo literario. Mientras Palabras Fértiles es desde el interior, Puntos Cardinales son mas de lo exterior hacia el interior, lo que como poeta miras, la calle, la ciudad, las estrellas.

    ¿Con qué sueñas Alejandra?

    Difícil, sueño con tanto y tan diverso, sueño con hacer que mi hijo y mi hija desde donde me guarda estén orgullosos de mi, sueño seguir creciendo en esta relación con la poesía, encontrar lo que continuo buscando en ella, sueño despertar cada mañana y mirar los ojos azules de los que estoy enamorada, sueño que me poesía pueda llegar a la gente y llegarle dentro, sueño con ver mi nuevo trabajo impreso.

    Regálanos, Alejandra, a los lectores de Alaire unos poemas.
    Elígelos tú mismo.

    La espada se empuña
    con la mano izquierda
    tres veces una reverencia ante Jesucristo
    se corta el cielo con ella
    de oriente a poniente
    y se expulsa al diablo
    de poniente a oriente
    nuevamente se cierra el cielo
    para no dejar regresar al maligno
    Con la empuñadura junto al corazón
    se reza un padre nuestro
    se envaina la espada en el interior
    Siempre hay que tomarla
    con la mano izquierda
    para poder persignarse con la derecha
    y luchar en el nombre de Dios

    Calle
    De Palabras Fértiles. Ed. Instituto Hidalguense de la Juventud y el Deporte 2003.

    La calle llora otra vez
    descalzo deshaces cadenas
    de líquido amniótico
    La calle sangra otra vez
    sientes deslizarse sensaciones
    deshiladas y deslavadas
    La calle ríe otra vez
    tu imitándola despejas sueños
    en proceso de desencanto
    La calle despierta otra vez
    ya no calzarás nunca mi cuerpo
    solo permanecerás
    con la nuca en el suelo
    los ojos semiabiertos
    la cordura en el viento

    Entrevista por:
    Alonso de Molina.

    *CAMAC. Centro de arte multidisciplinar que acoge a artistas y científicos de todo el mundo, ubicado en la ciudad de Marnay-sur-Seine, a unos 100 Km. de París, Francia.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • una ocasión para regalar o regalarse una buena lectura. Ediciones del Quijote

    ed_donquijote_01Cualquier fecha, momento, época del año u ocasión, son buenas para ponerse delante de una obra como el Quijote y descubrir motu propio la riqueza, originalidad y frescura de esta novela universal o bien dejarse sumergir en una segunda o tercera lectura para encontrarse disfrutando sosegadamente de muchos de los pasajes que en lecturas anteriores hemos pasado por encima en el empeño de no perder el hilo de las aventuras del caballero andante. Pero estas fechas, además, son también muy apropiadas para regalar algo a alguien, que de verdad merezca la pena; en este caso, sin dudarlo, se puede tomar el camino de una buena librería e ir directamente a las estanterías donde se encuentre el famoso Quijote.

    Quizás merezca la pena recordar, antes de seguir adelante, que los ingleses, tras la primera publicación del Quijote en lengua inglesa en 1612 (Londres, Thomas Shelton.-Primera parte) y de la segunda en 1660, fueron también los primeros en reconocer su extraordinario valor y declararla obra universal. El sentido irónico, el humor refinado y la crítica, no pasaron desapercibidos para los habitantes británicos. Los franceses no tardarían en seguir los pasos de los ingleses y en París, de la mano de César Oudin en 1614 y de François de Rosset en 1618, verán la luz y obtendrán el reconocimiento general las dos partes del Quijote. Italia no tardará en sumarse con las ediciones de 1622 (primera parte) y 1625 (segunda parte) en Venecia. En España se tardará todavía unos cien años en reconocer el valor universal de esta obra… Volviendo al camino de la librería y una vez frente a las distintas ediciones del Quijote, hay que decidir cuál de ellas escoger. Puede haber quien piense, bueno, ¡y qué más da!, si todas las ediciones son de la misma novela. Pues no, no da igual, y no me refiero a elegir la edición por la calidad de la encuadernación, el papel y el precio final; ni siquiera por el tamaño del volumen o los volúmenes, si están editadas por separado la primera y segunda partes del Quijote. Me refiero al tratamiento de la obra, el rigor de la publicación según la princeps, la calidad de las posibles notas al margen o información complementaria, así como la existencia o no de algún texto crítico o comentario.

    De la obra cervantina existen ediciones raras y muy buenas, como la princeps de Juan de la Cuesta, faccísimiles de la primera edición, cuyo permiso se dio el 26 de septiembre de 1604, quedando impresa la obra en Madrid el 20 de diciembre, para aparecer en el mercado en enero de 1605, realizándose una segunda edición para Portugal el 9 de febrero del mismo 1605. Existe una edición de 1968 (Palma de Mallorca, Algaguara, The Hispanic Society of America, Papeles de Son Armadans).

    Otras dos ediciones raras y también buenas son la de Pellicer, en cinco tomos, de 1797-98 (Juan Antonio Pellicer.- Madrid.- Gabriel de Sancha) y la de Diego Clemencin en sies tomo de 1833-39. También existe una edición de Luis Astrana Marín (Madrid.- ed.Castilla) de 1966 que reproduce los comentarios de Clemencin.

    Existen, también, ediciones malas, deplorables, de las cuales tengo una que no quiero mencionar y de la que se salvan solamente las ilustraciones de Dore.

    ed_donquijote_02Dicho lo anterior, es bueno saber que en el mercado hay de todo. Por ello, para evitar el tropiezo de llevarnos a casa una mala edición y prescindiendo de buscar ediciones raras y difíciles como las mencionadas, que son más adecuadas para los estudiosos del tema, debemos ir un poco informados para encontrar las ediciones buenas, y dentro de ellas, elegir la que mejor se adecúe a nuestras necesidades.

    De las cuatro ediciones que he leído, descartada la quinta edición ya mencionada que no merece la pena, os propongo que os fijéis, en primer lugar, en la edición cultural dirigida por Andrés Amorós (El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha – Miguel de Cervantes Saavedra.- Ediciones SM-Madrid 1999).

    La edición de Andrés Amorós está orientada para cualquier lector de cualquier edad que quiera disfrutar leyendo. Tiene la ventaja de seguir las primeras ediciones de 1605 y 1615 y se han modernizado levemente la ortografía, la puntuación y algunos detalles del léxico. Conserva extraordinariamente bien el ritmo y respeta escrupulosamente la semántica. A su favor cuenta, además, el disponer de unos materiales auxiliares de primera mano que ayudan a tener una idea bastante exacta del contexto cultural de la época, con vocabulario, representaciones de los ves- tidos, armas, costumbres, mapas, refranes, etc. que posibilitan un conocimiento directo y claro de la obra y la época, ayudándote a sumergirte en el mundo cervantino con naturalidad a través de los sesenta temas presentados. Tiene la obra de Andrés Amorós, publicada en un sólo tomo, otra característica que la hace sumamente manejable al disponer de párrafos numerados en cada página con anotaciones al margen para la interpretación del texto, dispuestas de tal manera que no entorpecen la lectura.

    En mi opinión, tanto para quienes se aproximen por primera vez al Quijote, como para los estudiantes o para quienes quieran releer la obra recreándose con aspectos circunstanciales y buenas explicaciones, la edición de Andrés Amorós es la más recomendable y no les defraudará, pues amén de los recursos mencionados, la buena organización de la obra y la encuadernación y tipo de letra, harán de ella una lectura verdaderamente amena y productiva.

    ed_donquijote_03Otra edición muy buena y recomendable es la de Francisco Rico, con un estudio preliminar de Fernando Lázaro Carreter y la colaboración de Joaquín Forradellas (Ed. Crítica.- Barcelona, 2001). Son muchas las ventajas de esta excepcional edición que yo recomendaría para iniciados en el Quijote o para quien quiera acercarse a la inmortal obra cervantina sin complejos. Mencionaré, en primer lugar, que sigue la edición de Juan de la Cuesta. Se trata de una obra limpia, con las adaptaciones gráficas imprescindibles y las indicaciones de los lugares en donde se aleja de las primeras ediciones para facilitar un posible cotejo. La obra está dirigida a los hablantes del español como lengua materna sin necesidad de estudios universitarios de filología o historia. Además del estudio preliminar sobre las voces del Quijote, de Lázaro Carreter y la colaboración de J.Forradellas, podemos disfrutar de prólogos como el de Jean Canavaggio (Vida y Literatura: Cervantes en el Quijote), el de Sylvia Rouband (Los libros de caballerías) o el de Anthony Close (Las interpretaciones del Quijote).

    La edición mencionada de Francisco Rico está muy bien encuadernada en tapa dura y viene acompañada de un CD (disco compacto) en el que, además de poder leerse la obra, posibilita la realización de diferentes consultas sobre la misma. La edición está patrocinada por el Instituto Cervantes y realizada por el Centro para la Edición de los Cásicos Españoles (en su momento adscrito a la Fundación Duques de Soria) y se publicó en 1998 como volumen 50 de la Biblioteca Clásicos de Editorial Crítica.

    Una tercera edición a tener muy en cuenta por su excepcionalidad, es la de John Jay Allen (Don Quijote de la Mancha I; Don Quijote de la Mancha II. Ed. Cátedra.- Madrid.- 1987, 9ª edición), cuyo éxito es indiscutible. La edición de que dispongo, publicada en dos tomos en formato de libro de bolsillo, tiene en su contra la poca calidad de la edición y la letra. Diría que es una obra para estudiosos de la que cabe destacar su seriedad, con notas contrastadas de las principales ediciones, aunque sigue –principalmente- la de Hartzenbusch (El ingenioso hidalgo Don Quxote de la Mancha.- ed. de Juan Eugenio Hartzenbusch.- 4 tomos.-1863) en algunos pasajes conflictivos. Tiene una lista muy buena de las palabras afectadas por las nuevas normas ortográficas, ya que la edición sigue a las ediciones modernas en cuanto al uso de la puntuación, acentuación y ortografía.

    Como he dicho anteriormente, encuentro esta obra más adecuada para aquellas personas que quieran estudiar un poco más a fondo el Quijote; la cuidada introducción, centrada en localizar la génesis del Quijote en el contexto histórico y social de la España y el mundo de Cervantes, sin perder por ello de vista los valores literarios, sobre todo en lo referido a los orígenes y nacimiento de la novela, hacen de esta edición un referente imprescindible.

    La cuarta edición que yo recomendaría es la de Martín de Riquer. Existen varias ediciones. En la primera de 1962 se publicó con el Quijote de Avellaneda. Hay algunas ediciones de la editorial Planeta que presenta un texto menos cuidado. La edición de 1994, en dos tomos, con ilustraciones de Salvador Dalí, tapa dura y lomo de tela, es la que estoy manejando en este momento y desconozco la existencia de ediciones posteriores.

    ed_donquijote_04La edición de Martín de Riquer no se aparta en su integridad del texto de las primeras (1605, para la primera parte y 1615, la segunda). Para ello se siguieron las ediciones faccisimiles publicadas por la Real Academia Española en 1917. Podría decirse que es la edición más respetuosa con la princeps.

    En el preámbulo, Martín de Riquer nos ofrece una biografía de Cervantes, una reflexión sobre el propósito o finalidad del Quijote, un estudio muy interesante sobre la locura de don Quijote y un repaso sobre la composición, tipos y estilo de la obra.

    Dejadas a un lado las sugerencias sobre las diferentes opciones editoriales, de las que –amén de las comentadas- existen cientos; incluso recientes ediciones muy afortunadas para lectores infantiles, que van desde la adaptación de los capítulos más significativos a la edición en viñetas o cómic de las aventuras del caballero manchego y su escudero Sancho, no quisiera dejar pasar la ocasión de recomendar otra lectura; ésta, para la cual no hace falta haber leído previamente el Quijote, viene servida de la mano de Andrés Trapìello con el título Al morir don Quijote (Ediciones Destino, Barcelona.-2004).

    El escritor leonés (Manzaneda de Torío, León.-1953), apasionado de la obra cervantina en general y del Quijote en parti- cular, recrea en esta novela la vida de los personajes que dan vida al Quijote una vez que éste ha muerto. No es difícil hallar referencias a la obra cumbre cervan- tina en otras publicaciones de este autor, como se puede leer en su premio Nadal 2003, Los amigos del crimen perfecto (pag.48) (Destino, Barcelona.-2003): Las novelas policiacas clásicas, como yo las entiendo, son cosa de hombres, como las de caballería. ¿Quién es Dulcinea? Nada, nadie, una sombra, el deseo de don Quijote. Por eso el Quijote no les gusta a las mujeres. Allí no sale una mujer románti- ca, que suspira. El que suspira es el hombre, y eso a las mujeres no les gusta ni en la vida ni en las novelas. O como agrega más adelante (pág. 287): a don Quijote, para vivir, le bastaba con lo ficticio. Lo necesario acabó con su locura, pero también con su vida.

    El conocimiento y el buen gusto de Andrés Trapiello, nos aseguran una obra bien hecha, amena, creíble, que nos traslada a aquel octubre de 1614 al pie del lecho de muerte del ya reconvertido caballero don Quijote en su alter ego Alonso Quijano, el bueno, para, respirando con un lenguaje actual el aire otoñal de ese lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, tomar el pulso, la lágrima, la emoción, el sueño y aspiraciones, la ilusión y la vida cotidiana apegada al terruño, el paisaje y la luz que con el hidalgo manchego compartieron Sancho, ama, criada, sobrina, cura, bachiller, barbero y cuantos personajes tuvieron que seguir su vida cotidiana.

    ed_donquijote_05Los ingleses, tras la primera publicación del Quijote en lengua inglesa en 1612 (Londres, Thomas Shelton.-Primera parte) y de la segunda en 1660, fueron también los primeros en reconocer su extraordinario valor y declararla obra universal. El sentido irónico, el humor refinado y la crítica no pasaron desapercibidos para los habitantes británicos. Los franceses no tardarían en seguir los pasos de los ingleses y en París, de la mano de César Oudin en 1614 y de François de Rosset en 1618, verán la luz y obtendrán el reconocimiento general las dos partes del Quijote. Italia no tardará en sumarse con las ediciones de 1622 (primera parte) y 1625 (segunda parte) en Venecia. En España se tardará todavía unos cien años en reconocer el valor universal de esta obra…

    Creo que es tiempo y buena ocasión ésta de la Navidad para que muchos españoles, aunque sea 400 años después, tengan ocasiòn de celebrar el Quijote como patrimonio literario y cultural universal. La fórmula es bien sencilla, acercarse a una librería, sonreir, hojear las diferentes opciones puestas a la venta o preguntar por alguna de las aquí recomendadas y llevársela a casa. Como complemento para los que quieran más o para aquellos que les guste empezar por el final, la novela de Andrés Trapiello, Al morir don Quijote, es una ocasión perfecta; o para quienes, leído el Quijote, quieran seguir la historia que, tal vez, muchas veces quisieron imaginar. Ahí la tienen, minuciosamente descrita, con acierto, con amenidad y con ese punto de ironía que los ingleses, a buen seguro, sabrían apreciar y valorar. Esta vez, a lo mejor somos nosotros los primeros en darnos cuenta de lo bueno que tenemos. No dejemos escapar la ocasión.

    Texto:
    Julio González Alonso.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Cierta forma de libertad: Van Gogh

    van_gogh_01Alguien escribió una vez, en relación al arte, que “el mecenazgo se adecúa a los tiempos y cumple una función de vertebración social y de apoyo a la cultura y el capitalismo industrial adquiere un título de altruismo y legitimidad”. ¿Qué hubiera opinado Van Gogh de todo este linaje de benefactores que en el mejor de los casos consumieron un mezquino impase entre copa y copa para balbucear que los girasoles –vendidos en 1987 por más de cuarenta millones de dólares actuales – están rela- tivamente bien pintados?. El célebre cuadro, obra de un espíritu cosmogónico y que representa una parte de un universo particular, fue paseado, entonces, por diversas ciudades europeas para despertar la avidez de los posibles compradores a la manera de un objeto. ¿A que mausoleo fue a parar?; las sospechas de los observadores fue lo suficiente para incluir la acción dentro de los anales de las más ruines especulaciones. A nadie importó si los girasoles son o no la obra más acabada de las siete que pintó el genial artista; pero fue importante, para su venta, dar a conocer que es una de las tres variantes con quince girasoles, que no está firmada y que posiblemente sea la que destinó para decorar la habitación de Gauguin. Todo adquirió tal relieve, que los fisgones y los arribistas de turno inventaran argumentos para formar parte del cortejo que durante un breve tiempo acompañó a la obra hasta su nueva tumba en espera de un mejor destino que el que le habían otorgado. Van Gogh sentó las bases sobre las que se apoya el juicio de la creatividad. Sus famosos girasoles son, simplemente, un derroche de amor. La obra fue realizada en homenaje a la vida, aquella que se deslizaba sin tregua en una agonía que lo acompañó hasta el final. Los girasoles son las flores más sedientas de luz, sin ella no existen, la misma que su autor les contagiara y que ahora, por jactancia o por ese malsano vicio de los récords, se antepongan intereses a su propia naturaleza y ocupen un lugar de privilegio en un sepulcro ornamentado para el solaz de unos pocos. Van Gogh sintió y sentirá hambre y también sus girasoles mientras la carroña usurpe sus derechos de libertad y el lugar público y perenne siga desierto por la ausencia de ese trozo de universo. Ahora, Van Gogh y sus flores pertenecen al atractivo mercado de arte donde los “entendidos” se manifiestan y se decreta el destino de las obras. Pero también esos elegidos crean, contrariamente al artista, solo tinieblas. Seguirán rotulando, catalogando, evaluando, pero nunca verán la obra. Solo sabrán que la pintó un loco al que se le rindió el póstumo homenaje de pagar por él tan exorbitante suma y que el feliz comprador se recluyó en la sombra para despertar más interés.

    van_gogh_02En aquella oportunidad, una vibrante ovación remató el fulminante negocio –apenas cinco minutos de puja- y alguien que pasa a la gloria, no exactamente el pintor, sino el feliz adquirente que volvería a encerrar la obra en alguna fortaleza sin saber, ni falta que hace, que los girasoles son, en esencia, la representati- vidad de la luz., pero no la de tungsteno que deberá seguir soportando.

    El sol de Provenza, la Casa Amarilla, la visión caleidoscópica de Saint Remy son ya anécdota de un visionario que a través del tiempo se convierte en “super star” y da por tierra con los pronósticos del mercado internacional. Es que Van Gogh siempre fue un extremista: en vida nadie pagaba; ahora nadie puede pagar. De todas formas el cuadro sigue entre nosotros; peor destino tuvo el de la Colección Yamamoto quemado durante la segunda guerra mundial. Los girasoles, tal vez, logremos verlos expuestos, prestados, en algún museo como otros tantos cuadros que pertenecen al patrimonio de la humanidad –según dicen- y que son propiedad de los “benefactores” que citamos al principio –algunos muy diligentes los sepultan en impenetrables cajas de seguridad- aunque los románticos aseguren que los cuadros sufren de claustrofobia y que lo que desean es salir a la luz, que para ello fueron creados.

    Observando los girasoles, quienes leímos en las cartas de Van Gogh que el artista es el hombre unido a la naturaleza, pensamos que hoy más que nunca estamos lejos de ese precepto que su genio postuló como la máxima posibilidad de comprender que a través del arte el hombre puede comunicarse.

    La anécdota

    En 1888, Vincent Van Gogh se trasladó a Arlés en busca de paz. Alquiló la ya famosa “casa amarilla” donde recibió a su colega Paul Gauguin al que consideraba un maestro. Preparó una habitación con lo mejor de sus pobres pertenencias y la decoró expresamente con cuadros de girasoles. La convivencia en principio fue fructífera para ambos artristas. Gauguin observaba los ru- tilantes colores de Van Gogh y éste a su vez admiraba las personales composiciones del maestro que sería en un futuro el iniciador de la pintura decorativa y simbolista. Pero al bienestar también le sucede la tragedia; y ésta ocurrió. Van Gogh remontó hacia un destino ignoto, cruel y sanguinario; su compañero también; los dos convergieron en una misma sincronía: la fatalidad.
    Uno creó un profundo océano donde innumerables artistas bebieron nuevas percepciones; el otro, Van Gogh, fue más allá de todo, apartó las sombras de la luz, dejó los cielos límpidos y permitió que el sol, el que tanto amó, inundara los campos de trigo y el alma de los hombres que lo cosechaban, buscó en los ojos de cada modelo -según sus propias palabras- la presencia de dios. En realidad se situó fuera del mero ejercicio plástico, fuera de la codicia, el dominio y el contexto mercantil; más allá de las disputas estéticas, al igual que el sol, brilló con luz propia; más allá del bien y del mal…más allá.

    Texto:
    Victor Saul.
    Revista ANDRÓMEDA.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • San Juan de la Cruz. Una síntesis global para nuestro tiempo (I)

    san_juanNunca me ha gustado, al menos desde que me dedico a estos asuntos de la mística cristiana, afirmar que vivimos en una época de orfandad espiritual (Inés Riego de Moine, 2005). Siempre he sido, en este sentido, más hegeliano y mucho más de Teilhard de Chardin. Me explico: pienso que en el universo la espiritualidad tiene sus etapas pero nunca se queda huérfana, ni tampoco el ser humano se queda en estado de orfandad. Se trata únicamente de distintas tonalidades de luz. Puedo aceptar que se hable de crisis de fe (Metz, 1979) porque la historia del hombre, también la espiritual, tiene sus luces y sus sombras (sombras que incluso siempre se asombran, como dijo Rosalía). En definitiva, estoy más cerca de los que afirman, como el agnóstico Malraux, que “el siglo XXI o será místico o no será el siglo XXI”, o de los que afirman como Rahner que “el cristiano del futuro o será un místico, es decir, una persona que ha experimentado algo, o no será cristiano” (1969), que de los que creen que la época espiritual del ser humano ya ha tocado a su fin. La dimensión espiritual del ser humano sigue estando presente en formas muy diversas y cada vez con mayor resonancia. Incluso las viejas y anquilosadas formas de religiosidad histórica claman por una renovación profunda que, en algunos casos, se viene produciendo progresivamente desde hace algunas décadas. Teólogos católicos actuales como Eugen Biser anuncian que la presentación moral y dogmática del Cristianismo está llegando a su fin, pero ahí está, inamovible y seguro, su futuro místico.

    Desde este futuro místico, en un mundo global e intercultural, emerge la figura y la obra de San Juan de la Cruz, quien hunde sus raíces no en su temporalidad propia de hace más de cuatrocientos años, sino en la mismidad de la condición humana y es por eso que, aparte de ser un poeta fuera de su tiempo y de cualquier tiempo, se presenta como un eterno y siempre contemporáneo compañero de viaje del ser humano. El lenguaje de Juan de la Cruz tiene la capacidad de re-inventarse. No lo digo solamente yo, ya lo han dicho muchos, cristianos y no cristianos, ateos, marxistas, agnósticos, budistas, musulmanes, hindúes… El lenguaje de este carmelita descalzo del siglo XVI tiene los espacios en blanco suficientes como para poder entablar un diálogo fecundo con cualquier persona de cualquier época y con una sola finalidad: insistir una y otra vez en que esto que llamamos lo absolutamente Otro, Dios, o si quieren, ese Misterio que continuamente se nos escapa, no es otra cosa que una etapa del Universo. Siempre me gusta decir a mis alumnos que Dios es el Universo mismo pero no como una forma de panteísmo es decir, afirmando a Dios en cada individualidad, sino como una forma de globalidad, inabarcable para el ser humano. Nadie así puede ver ni conocer, completamente a Dios, hasta que el Universo no llegue a su final. Esto que yo les explico más o menos modernamente, ya lo expresó Juan de la Cruz cuando en la canción decimotercera del Cántico Espiritual, la esposa cae en la cuenta después de una larga búsqueda de que:

    ¡Mi amado, las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos…

    Ya saben, y si no lo saben yo lo explico, que la ausencia total de formas verbales en esta estrofa tiene como único objetivo conseguir la identificación de Dios, el Ser amado, con todo el Universo, con lo cercano y lo lejano, con lo conocido y con lo extraño con lo que comprendemos y con lo que nos resulta incomprensible. Igual que ocurre hoy. No importa que seas creyente, no importa de qué religión, no importa tampoco que seas ateo o agnóstico, a san Juan de la Cruz le basta con que tengas conciencia de que eres un “yo”, un sujeto dentro de esto que llamamos Universo. Esto es suficiente para que el pueda ofrecerte su explicación actualísima de su propia comprensión de Dios, del hombre y del mundo.

    No en vano, a partir sobre todo del primer tercio del pasado siglo (porque antes pasó como un desconocido excepto en ambientes estrictamente religiosos), Juan de la Cruz comienza a despertar un inusitado interés en diversos territorios en los que anteriormente le había sido denegado el paso o a los que no había tenido acceso en ese afán incomprensible de ocultación al que este carmelita había sido sometido. La Literatura, la Lingüística, la Psicología, otras creencias religiosas, otras espiritualidades, la Historia, la Ecdótica, etc. comienzan a hacerse eco de los versos y la prosa sanjuanistas conformando así el amplio caudal de riqueza que la mística de Juan de la Cruz ofrece al hombre de nuestro tiempo. A estas particularidades dedicaremos nuestros próximos artículos.

    Texto:
    Antonio José Mialdea Baena.
    Doctor en Filología Española.
    Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
    Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación.
    Director de la revista internacional ‘’San Juan de la Cruz’’.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • la última revelación europea: Irene Némirovsky

    nemirovsky01El que, por obligación crítica o devoción literaria, siga la narrativa que se publica en España  tendrá que leer bastantes best-sellers, obras  de género, lanzamientos basados en la notoriedad de un autor… De vez en cuando, una perla, que compensa de todo lo anterior.

    Eso me ha sucedido a mí con Irene Némirovsky: desde que “descubrí” Cien años de soledad  no me había impresionado tanto una novela de autor para mí desconocido como su Suite francesa. Claro que, como en el caso de la obra de  García Márquez, este “descubrimiento” lo comparto con la crítica más exigente de todo el mundo.
    En este caso, además, la biografía de la autora añade un valor insólito. Pero lo esencial, por supuesto, no es la anécdota sino la calidad literaria, verdaderamente extraordinaria.

    Como decía un famoso descuartizador inglés, vayamos por partes. Irene Némirovsky nació en Kiev en 1903. Era hija de un banquero judío ucraniano. Su familia huyó de la Revolución rusa y llegó a Francia en 1919. La joven estudió Letras en la Sorbona y muy pronto empezó a escribir, además de llevar una vida mundana. Hablaba ruso, francés, polaco, inglés, finés, yiddish y hasta vasco.
    En 1926 se casó con Michel Epstein, otro banquero judío y tuvo dos hijas. Poco después alcanzó cierta fama literaria con sus novelas David Golder y El baile, alabadas por el judío Joseph Kessel y el antisemita Brassillach. En España, sin embargo, no tuvo ningún eco, que yo sepa.

    La invasión alemana afecta al matrimonio: ella no puede publicar ni él, trabajar en la Banca. Se refugian, con sus hijas, en un pueblecito del interior, Issy-l’Evêque: allí, escribe incansablemente.
    En 1942, Irene es detenida y llevada al campo de Auschwitz, donde muere de tifus. Poco después le sigue su marido, asesinado en la cámara de gas en el mismo campo.
    En el año 2004, sus dos hijas publican una novela que había quedado inacabada, Suite francesa. La había escrito en letra minúscula, para economizar tinta, y papel de muy mala calidad. Sesenta años después de haberla escrito, recibe el Premio Renaudot. Un par de años más tarde, se publica en España y los libreros españoles lo consideran el libro del año.
    Es una historia tan conmovedora como la de Ana Frank, quizá, pero con una obra de mucha mayor calidad literaria.

    La crítica del mundo entero se rinde a su talento, visible en todas las obras que se siguen publicando: la última, el año pasado, El ardor de la sangre (eds. Salamandra).
    La Suite francesa pretendía ser una gran sinfonía de la guerra mundial, con una estructura musical  – que hoy la crítica compara a la Quinta sinfonía – y muchos personajes . De las cinco partes previstas, sólo llegó a escribir dos.

    La primera presenta los horrores de la guerra, la ocupación alemana de París y la huída de la gran ciudad de personajes de todas las clases sociales. Es un fresco histórico comparable a  Guerra y paz, de Tolstoi. La segunda nos sitúa en un pueblo francés ocupado y puede recordar a Madame Bovary, de Flaubert o algunos relatos de Maupassant: estas referencias suponen ya un máximo elogio.

    nemirovsky03Denuncia la autora el nazismo pero no es maniquea. Son malos tanto muchos personajes alemanes como los franceses
    y también los judíos: la guerra, con sus condiciones extremas, hace aflorar los defectos que hay en el fondo de cada ser humano…
    Caracteriza a la Némirovsky la ausencia de sentimentalismo, el tono implacable: “quiero contar lo que le pasa a la gente y nada más”. Muestra, como Conrad, la “línea de sombra” que a veces traspasamos, pero también el nacimiento del amor. Para ella, la causa de todos los males, además de la condición humana, es creer que se debe sacrificar el individuo a la sociedad, al “espíritu de la colmena”, sea el que sea.

    Se ha dicho que su obra es una comedia: como la Comedia humana de Balzac o la Divina Comedia del Dante. Como Shakespeare, ve lo grande a través de lo pequeño: una hoja, un gato, un juguete abandonado…
    Su propósito literario, en la Suite francesa, era hacer algo verdaderamente trascendental; llevarnos, como Beethoven y Goethe, “por el dolor a la alegría”.
    Ese es el poder de la gran literatura. Y la tragedia de una gran escritora, reconocida ahora, en el mundo entero, mucho después de haber desaparecido.

    Texto:
    Andrés Amorós Guardiola.
    Ensayista, crítico literario, historiador de la literatura española.
    Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense de Madrid.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Dalí y el Cine

    Si la significación del término “genio” se le puede aplicar a alguien, uno de los candidatos que más justificadamente lo merece es “Salvador Dalí”, dado lo exclusivo de su personalidad, creatividad e imaginería artísticas. Aquello de “el genial Salvador Dalí…” es moneda corriente desde las primeras décadas del Siglo XX tanto en el mundo periodístico como en cualquier tipo de ensayo sobre Arte en general.

    dali_imageDalí siempre iba un paso más allá del mundo que nos rodea, tanto en lo social como en lo ético y estético; nunca cayó en la trampa virtual que nos ofrecen los sentidos.

    Las relaciones con el cine de Salvador Dalí fueron esporádicas pero siempre con el sello, personal y contundente, de su exclusiva mirada a la realidad consciente e inconsciente.

    Es lógico pensar que en los años veinte cuando la iniciación artística de Dalí y Buñuel— la relativamente reciente aparición del cine incidiera directamente, dado sus posibilidades estéticas, sobre la concepción que del arte ambos tenían.

    daliLa más importante aportación de Dalí al séptimo arte se encuentra en la colaboración con Luis Buñuel para la realización del film “Un perro andaluz” (1929) peo también debemos destacar la “sonada” colaboración en “Recuerda” (1945) de Alfred Hitchcock, concretamente en la parte referente a los decorados, cuando la secuencia de regresión hipnótica en la queGregory Peck desvela sus sueños para mediante la psiquiatría interpretarlos y hacer que de esa manera recupere la memoria. Otra importante incursión fue la realización del cortometraje“Destino”, encargado a mediados de los 40 por Walt Disney a Salvador Dalí, pero que no fue estrenado hasta el año 2003, y nominada al Oscar en 2004.

    Profundicemos un poco en la génesis y motivación de ese gran hito en la historia del cine: “El perro andaluz”.

    perroEl primer concepto de naturaleza estética que aparece en Dalí es el de “putrefacción”. Lo putrefacto, ya se trate de personas u obras de arte o literatura, es lo arcaico e inactual, lo conservador y tradicional, lo tópico y lo retórico, lo sentimentaloide y lo pompier .

    Dalí y Lorca planearon hacia 1925 un libro sobre ”la putrefacción”, para el que Dalí realizó muchos dibujos, que se refieren a la hipertrofia de las emociones melodramáticas, la autocomplacencia del figurón orgulloso de su preeminencia social, con grandes bigotes, uniformes y medallas, el arraigo del burgués bienpensante y la sensiblería ñoña .

    Muchos estudioso afirma que desde este punto de vista es posible entender “un perro andaluz” como “un putrefacto andaluz”, y esto último como una alusión a Lorca en el momento en que Buñuel lo sustituye en la intimidad de Dalí, tras haberle éste reprochado la “putrefacción” de Canciones y Romancero gitano , en cartas de junio de 1927 y septiembre de 1928, respectivamente.

    La razón es que en la reseña de Un perro en La Gaceta Literaria de junio de 1929 por Eugenio Montes, que pudo asistir al preestreno privado en París el día 6, se señala que el film se oponía a la lírica con “drama y tradición” -¿la deLorca y similares, que Dalí y Buñuel consideraban putrefacta?

    perro_1En sus memorias, “Mi último suspiro” escribe Buñuel : “Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa, y al llegar a Figueras yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él, a su vez, me contó que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas.

    (…) Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué. En ningún momento se suscitó entre nosotros la menor discusión.”

    perro_2En rodaje fue muy rápido y debió de ser pintoresco, según cuenta el mismo Dalí : “El encargado del atrezo] nos confesó que creía estar soñando. He aquí algunas de las cosas que le pedimos: una modelo desnuda para quien debía hallar modo de que llevase un erizo de mar vivo bajo cada brazo; un maquillaje para Batchef en que apareciera sin boca, y otro en que su boca fuera reemplazada por pelos (…), cuatro asnos en descomposición, cada uno de los cuales debía colocarse sobre un piano de cola; una mano cortada, un ojo de vaca y tres hormigueros”

    En cuanto a las hormigas, Buñuel había escrito a Dalí el 22 de marzo de 1929 pidiéndole que las llevara consigo a París, “cogidas el mismo día de tu viaje” y transportadas “en una caja pequeñita de madera cerrada por todas partes excepto por un agujerito cubierto con tela metálica fina”y quería hormigas españolas “porque las francesas son parvas”.

    De declaraciones directas al autor de este artículo, del gallegista en el exilio mejicano Elixio Rodríguez  (amigo personal, y compañero en el exilio, de Pepín Bello, a su vez íntimo amigo, desde su paso por la Residencia de Estudiantes, de Buñuel y Lorca)  fue el cineasta gallego Carlos Velo quien suministró las tales hormigas recogidas de los montes aledaños a la Localidad orensana de Cartelle.

    El artículo que “rescatamos” en esta entrega ―publicado en la Revista “Poesía”, de la que ya dimos reseña en el numero anterior de esta revista―  Dalí, con el léxico y tono que le carecteriza, reflexiona sobre el espíritu cinematográfico (el pájaro del film), arremetiendo contra lo “putrefacto” que muchas veces el cine aporta (el film artístico en terminología dalinina –pone como ejemplo de el “Metrópolis” de Fritz Lang) y alabando sus virtudes y posibilidades en su faceta más creativa (film anti-artístico).

    Debemos de tener en cuenta que este texto fue escrito al poco tiempo de estrenada “Metrópolis (1927)” de Fritz Lang,o sea estamos en los albores del cine, y entre los artistas, y sobre todo los plásticos, había mucha discusión sobre los derroteros que habría de llevar este nuevo “arte” para ser considerado como tal.

     

    Film Arte/Film-Antiartístico (a Luís Buñuel, cineasta)

    recuerdaEl pájaro del film, igual que el de la fotografía no hay que irlo a cazar lejos;  está en todas partes, en cualquier lugar, en el sitio más insospechado. El pájaro del film, no obstante, es de un tan sutil y perfecto mimetismo, que permanece invisible en sus vuelos por entre la desnuda objetividad. Por esto, el descubrirle es de gran importancia poética.

    Ninguna caza más espiritual que la de este pájaro, del que no podemos percibir la presencia. Ninguna caza tan poco menos cruenta y más desangradora, a la vez es casi un juego, el pájaro es preso, cerrado dentro de la cámara oscura y libertado de nuevo por el cristal de la lente, ausente de anilina y con las alas cloroformizadas.

    Si escuchamos, oiremos la música blanca y negra de las diversas velocidades de estos pájaros al salir por la Vía láctica, eléctrica, del proyector. Entonces será dulce de percibir cómo los más vertiginosos vuelos son una sucesión de quietudes, y los más inesperados batimientos de ala, un seguido de calmas anestesiadas: cada nueva luz, una nueva anestesia.

    recuerda_1La luz del cine es una luz toda espiritual y toda física a la vez. El cine capta seres y objetos insólitos, más invisibles y etéreos que las apariciones de las muselinas espiritistas. Cada imagen del cine es la captación de una incontestable espiritualidad.

    El árbol, la calle, el partido de rugby, en el cinema, son perturbadoramente transustanciados; un dulce pero mesurado vértigo nos lleva a sensuales trasmutaciones específicas. El árbol, la calle, el partido de rugby pueden degustarse lentamente con una paja, como los granizados. El temblor vivísimo del viento en el ligero vestido de ella puede recogerse en una cajita de aluminio igual que el mercurio. El pájaro del cine es un timbre, el pájaro del cine es aún el aire de un ventilador.

    Se necesita más fantasía para disparar sobre un árbol de pájaros invisibles que sobre otro en el que estos hayan sido dispuestos previamente disfrazados de pájaros cubistas,  el pájaro del film, no obstante, transparente y delicado, muere instantáneamente bajo cualquier disfraz,  bajo cualquier capa de pintura.

    El filmador anti-artístico dispara sobre una pared de ladrillos y caza inesperados y auténticos pájaros cubistas.

    El filmador artístico dispara sobre falsos pájaros cubistas y caza un inservible ladrillo. El filmador ignora el arte; filma de una manera pura, obedeciendo únicamente a las necesidades técnicas de su aparato y al instinto infantil y alegrísimo de su filosofía deportiva.

    El filmador artístico conoce el arte casi siempre groseramente, y obedece a las arbitrariedades continentales de su genialidad.

    El filmador antiartístico se limita a emociones psicológicas, primarias, constantes, estandarizadas, así tienda a su supresión de la anécdota.

    Cuando se llega a la monotonía y repetición de ésta, cuando se sabe lo que tiene que pasar, entonces empieza a sentir la alegría de la inesperada diversidad técnica y expresiva. El filmador antiartístico llega a acción y signos constantes.

    Cara rasurada del bueno; agudísimo y fino bigotito del malo;  persecución y tiros en el auto, etc., etc.

    Pipa, frutero, guitarra, racimo de uvas, botellita de rhum, papel de música, etc.

    metropolisSe sabe que los grandes trágicos griegos escribían, los unos después de los otros, trazadamente sobre los mismos temas. El público no iba a emocionarse en el espectáculo de acontecimientos inesperados; buscaba su placer, su emoción, en el desenvolvimiento de acontecimientos inesperados, ya que eran conocidos.

    Por estos caminos, el cinema anti-artístico ha creado todo un mundo característico y diferenciadísimo de emociones e imágenes-tipos, propias, completamente definidas y claras en el concepto común de los miles de gentes que forman los grandes públicos cinemáticos. Además, toda esta creación es una creación orgánica y homogénea, producto de anónimas aportaciones y de un perfeccionamiento logrado por el camino de la estandarización.

    La máscara del malo, sus gestos, su vestuario, la mano que llama a la puerta va afinándose de emoción dramática y visual, todo esto va puliéndose y está mejor a cada nuevo film, llega a la perfección por proceso análogo de embellecimiento cada día más turbador de los aeroplanos.

    El cine artístico, en cambio,  no ha logrado fijar ningún tipo universal de emoción: muy al contrario, cada nuevo film ha tendido al máximum descuartizamiento a la más absoluta disociación, al más incontrolado inorganismo.

    dali_image2El filmador artístico, corrompido por la absorción inasimilada de la literatura y con un afán risible de originalidad, tiende a la máxima complexidad de conflictos psicológicos y expresivos, intrincados, dentro el más grande y variado surtido de recursos muchas veces extracinematográficos, todo eso lleva, naturalmente de cabeza a la anécdota con apariencias de trascendentalismo, pero en el fondo, de una perfecta inocencia y puerilidad.

    El anónimo filmador anti-artístico filma una blanca confitería, una anodina y simple habitación cualquiera, la garita de un tren, la estrella del policeman, un beso en el interior de un taxi. Una vez proyectada la cinta resulta que se ha filmado todo un mundo de cuento de hadas de inenarrable poesía.

    Frizt Lang organiza un magno espectáculo: arquitectos, ingenieros, intersección de reflectores potentísimos, grandioso escenario dantesco, proporciones llamadas grandiosas, donde se mueven las multitudes, las luces y las máquinas, etc., etc., con todo el teatralismo de la peor pintura de historia. Que un Moreno Carbonero pinte Edad Media y rascacielos no es indiferente. El cine, de este modo, deviene instrumento expresivo de la más gratuita y vulgar anécdota; su palpitación pura, recién nacida es espantosamente infectada con todos los gérmenes de la putrefacción artística.

    Cuidado también con el inocente concepto de la grandiosidad; Miguel Ángel con el Juicio Final no es más grande que Wermeer  de Delft con su Dentèliere de Van der Meer, al lado de una Sixtina puede calificarse de dimensiones grandiosas.

    El cinema, por su riqueza técnica puede darnos la visión concreta y emocionante de los espectáculos más grandiosos y sublimes, sólo privilegio hasta hoy de la imaginación del hombre, dice el filmador artístico. Así, el film deviene pura ilustración de lo que imagina el artista genial.

    El film anti-artístico, por el contrario, lejos de todo concepto de sublimidad grandiosa, nos enseña,  no la emoción ilustrativa de los desvaríos artísticos, y si la emoción poética completamente nueva de todos los hechos más humildes e inmediatos, imposibles de imaginar, ni prever antes del cinema, nacidos del espiritual milagro de la captación del pájaro film.

    El metteur en scène artístico necesita de innumerables y extrañas circunstancias para sus realizaciones, necesita, por ejemplo, trasladarse mil años en el porvenir y filmar la emoción cósmica (siempre ilustrativa) del ritmo imponente de una monstruo manifestación huelguística, desfilando entre inmensos edificios blindados…, pero para nosotros más conmovedor es el ritmo de la ágil pero lenta ascensión de la absenta, en la soleada capilaridad de un inmediato terrón de azúcar… Y no por la sencilla y humilde física de nuestro drama, dejaremos de sentir una emoción menos cósmica, sino que, por el contrario, el pulverizado titilar niquelado de punto de aguja fonográfica de la mica sacarínica aproxima más espiritualmente nuestras pupilas a la tierna pulsación lejana y débil de las constelaciones.

    ¡Oh, Fritz Lang!, que buscas el espectáculo en los más desorbitados y grandiosos escenarios y tienes el espectáculo de emoción única, cosquilleante la carne. La mosca que se pasea por entre los pelos de tu brazo recién arremangado, rápida y calma a patas de aparato sensímetro, y que está a punto de volar y describir sobre el cielo límpido y helado de la mañana la caligrafía más viva e insospechada que nunca puede crear tu grosera fantasía.

    Los mejores intentos del film artístico, algunos selectos, citemos el de Man Ray y el de Fernand Leger, parten de una inexplicable equivocación fundamental; la emoción más pura sin salirnos de los ojos (el film de Man Ray es únicamente dirigido a los sentidos) no hay que buscarlo tampoco entre un mundo de formas inventadas. El mundo del cine y el de la pintura son bien distintos; precisamente las posibilidades de la fotografía y del cinema están en esta limitada fantasía que nace de las cosas mismas.

    En las demás producciones de cine, más o menos artísticas, los principios de cansancio, aburrimiento y tristeza característica del hecho artístico, están presentes; sólo el cinema anti-artístico, especialmente el cinema cómico, produce films cada vez más perfectos, de una emoción más inéditamente intensa y divertidísima.

    Cinema anti-artístico, jovialísimo, claro, soleado, producción de máxima sensualidad dormida a copia de inyecciones del anti-opio, que es la objetividad desnuda.

     

     

    Texto:
    J.J.M. Ferreiro.

    DOCUMENTACIÓN:

    • Revista Arce: Un perro andaluz, de Dalí y Buñuel, y Viaje a la luna de García Lorca:http://www.revistasculturales.com/articulos/6/arte-y-parte/319/1/un-perro-andaluz-de-dali-y-bunuel-y-viaje-a-la-luna-de-garcia-lorca.html

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Antonio Gamoneda

    antonio_gamoneda_01Estuvimos allí, J.J.M. Ferreiro y yo, frente al maestro. Es, como habíamos imaginado, reposo de la mente, balcón de los ferrocarriles de mayo, inconsciencia magistral de la historia del verso.
    Fueron casi cuatro horas hablando con Antonio Gamoneda. El poeta, cuya obra ha permanecido aislada de cualquier tendencia poética, contestó pacientemente a cuarenta y tantas preguntas, y lo hizo con una exquisita condescendencia. Deberemos agradecer al autor de “Descripción de la mentira” tan gratificante y aleccionadora conversación de la cual, estoy seguro, tanto Ferreiro como un servidor, hemos aprendido muchísimas cosas, no en vano se trata de un poeta de los grandes.

    Llegamos pasadas las cuatro de la tarde; su casa, en el centro de León, huele a literatura descarnada, al presidio de la sabiduría ecléctica, a solidez de voz gravosa, como grava la hermosura ética el paso de los trenes en la condición genial. ¡Ay de nosotros! Hostigando al maestro, sometiéndolo a un bombardeo continuo en la zona que menos le gusta transitar: la consciencia del creador.

    En un momento dado, después de hablar durante dos horas del cosmos que habitan los poetas, nos pidió un receso. Le habíamos insistido, una y otra vez, intentando que nos mostrara su forma de crear poesía, de manera que, al reiniciar la sesión, lo primero que hizo fue dejar muy clara su postura al respecto. Primero tentando el respaldo de su silla, luego adelantándose hacia el borde de la mesa y, una vez compuesto, arqueadas las cejas de unos ojos cerrados, tal vez buscando la imparcialidad del verbo, producto de una mente que obliga a reflexionar, como si quisiera transmitir la esencia de su pensamiento, nos dijo:

    “Todo lo que ustedes me están preguntando está genialmente resuelto en tres, cuatro palabras, que no son mías, esas palabras les contestan a todo, me da igual que sea el pensamiento o la forma: “un no saber sabiendo, un entender no entendible, un no sé qué que queda balbuciendo”, palabras todas ellas de san Juan de la Cruz. Él lo dice de una manera que yo pienso que es irrefutable, es decir, tenemos conocimiento, pero a la hora de crear olvidamos. Las palabras no vienen a causa de un proyecto, pero tampoco vienen por casualidad. El fondo y la forma son la misma cosa; la forma va proporcionando el sentido general”.

    Después, seguimos hablando hasta pasadas las siete de la tarde. Aquí tienen el resultado de la conversación con Antonio Gamoneda.

    El patio de la casa donde vive el maestro.

    El patio de la casa donde vive el maestro.

    El patio de la casa donde vive el maestro.

    P.) Maestro, ¿hasta dónde piensa llegar su evolución como poeta?

    R.) ¿Hasta dónde? Yo no puedo saberlo, en todo caso, espero que amigos entrañables y muy competentes, tales como Miguel Casado, Ildefonso Rodríguez, y mi propia hija, profesora de literatura en la Universidad de Salamanca, se encarguen de ponerme una bufanda que me enmudezca, en cuanto mis neurotransmisores empiecen a fallar. Por otra parte, cuando la potencia poética finaliza, se tiene que saber asumir, aunque nunca se sabe cuándo ocurrirá. A veces el poeta acaba muy temprano. Los poetas somos como los yogures, tenemos fecha de caducidad, ya lo decía Claudio Rodríguez, a mi juicio, el poeta español más importante de la segunda mitad del siglo XX. Por mencionar algunos casos, ahí están Jorge Guillén, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, todos ellos autores importantes que no supieron callar a tiempo.

    P. Borges dijo que su mayor legado fue la biblioteca de su padre, que la releía constantemente porque allí continuaba el espíritu de su progenitor; y usted, ¿releerá hasta el último día “Otra más alta vida”? El único libro que le dejó su padre, ¿es tal vez el punto de partida del hombre, del poeta, finalmente del pensamiento de Antonio Gamoneda?

    R. Ese libro representa, efectivamente, el conocimiento elemental de un lenguaje que no es el coloquial de todos los días, en un chiquillo de cinco años y lo ata a la poesía para los restos. Septiembre de 1936, la Guerra Civil está en marcha, la represión también, con las escuelas cerradas, el único libro que habita nuestra casa es “Otra más alta vida”, un poemario escrito por mi padre. Paradójicamente, a raíz del infortunio cultural que supone no poder asistir a una escuela, y no tener más que un libro de poemas para aprender a leer, lo cierto es que esa situación me permitió caminar los primeros pasos simultáneos en los signos de la escritura y en un lenguaje que conllevará las formas de expresión simbólica que se utilizan en el lenguaje poético. El destino quiso que descubriera precozmente el mundo de la poesía, leyendo a mi padre, cuando sólo buscaba saber cómo se tenían que leer y escribir los signos convencionales.

    Mi padre que fue un poeta menor, nunca un mal poeta, admiraba a Rubén Darío y profesaba una curiosa simpatía hacia Ramón de Campoamor. Dos poetas ciertamente contradictorios cuya influencia (mayor por parte de Darío) asoma en la obra de mi padre. Por sus amigos, Juan Huría, Torner, Goico Aguirre, entre otros, sé que era un liberal avanzado, anticlerical, y muy riguroso consigo mismo, a los efectos de cumplir con los deberes y de disponer de los derechos. Portador de una amable carga de ironía, el resumen que de él me hicieron sus amigos fue que se trataba de un bohemio que dejó de serlo por amor. Profesionalmente dirigió y administró “La Voz de Asturias”, de Oviedo y, aunque dicen que era un hombre bueno, inclinado a la ternura, también se cuenta que tenía momentos de mucho rigor, en aquellas ocasiones que podía sentirse cargado de razón. No puedo decirle mucho más de mi padre, puesto que murió cuando yo apenas había cumplido mi primer año de vida.

    P. ¿Cómo se puede definir a una madre, cómo se admite su ausencia, cómo se puede expresar la gratitud hacia ella?

    Rafel Calle, Antonio Gamoneda y J. J. M. Ferreiro.

    Rafel Calle, Antonio Gamoneda y J. J. M. Ferreiro.

    R. Empezaré por el final diciendo que la gratitud hacia una madre no se expresa, sino que se tiene y se lleva dentro. Pienso seriamente que una madre, o bien, es indefinible o tiene muchas defi- niciones. Ella viuda y yo su único hijo, existía un gran afecto, teníamos una gran compenetración. Su misión en la vida era su hijo, mientras el poeta trataba de ocuparse de su madre. Debo decir que la relación entre una viuda con el hijo único, puede condicionar excesivamente la vida del niño, sobre todo hasta que éste llega a la adolescencia, por el caudal de amor y la gran cercanía que le hacen dependiente de su madre. Su ausencia la admito con tranquilidad, porque cuando se detuvo, no tenía sentido seguir en movimiento. Murió en 1995, en su silla de ruedas, mientras yo le daba de comer.

    P. ¿Cómo se le ha dado eso de compaginar la abstracción, el recogimiento del autor, con la familia? ¿Siente que ha podido disfrutar suficientemente de sus seres queridos?

    R. Este asunto es muy difícil de equilibrar, porque la vocación literaria deviene en una vida de sacrificio, donde se tienen que adecuar las situaciones y los senti- mientos afectivos con las obligaciones que se van contrayendo inevitablemente, a medida de que el autor va cuajando su obra. Por ejemplo, dentro de un mes tengo que viajar a siete países de América para dar conferencias, etc., pues bien, si mi esposa no viniera conmigo, o no sería posible que me fuera o tendríamos que sufrir una separación. Para que eso no ocurra viajaremos juntos, pero, así y todo, el trastorno de cambiar los hábitos, etc., existe. En cualquier caso, siempre he estado pendiente y muy vinculado a mi familia, de forma que he preferido colocar al hijo, al padre y al esposo, por delante del poeta. No me arrepiento de ello.

    P. Después del infausto accidente que sufrió, hace cuatro años, cuando fue golpeado por una furgoneta, ¿cómo lleva su gran afición a los largos paseos?

    R. Mal, lo llevo mal, pero con resignación; para mí hoy en día caminar quinientos metros es una heroicidad, cuando yo era de aquellos que caminan diez kilómetros diarios. En el accidente sufrí una lesión en el hueso sacro que no tiene solución. En fin, los paseos largos son realmente buenos para la salud y, además, pienso que son muy beneficiosos para el pensamiento poético, porque lo normal en la persona andariega es que ande rítmicamente, con lo cual consigue un ritmo determinado que puede ser el ritmo de la palabra. Y el ritmo de la palabra es la esencia de la causa poética.

    P. Hablemos del frío, de lo que significa para usted ese símbolo, cómo ha querido desarrollarlo, en base a qué; hablemos de “Libro del frío”, en nuestra opinión, una cumbre de la lírica en lengua castellana. ¿Hablamos de su obra maestra?

    R. El frío, como símbolo resume una realidad en sí mismo, no es un lenguaje figurado, sino que conlleva, como digo, una carga de realidad. Obviamente, no se trata del frío que se mide con un termómetro. En mi obra hay una constante referencia a la muerte, y no es casual, piense usted que crecí en el único barrio obrero de León, donde ocurrieron mucho horrores, mientras mi madre, no sé si equivocadamente o no, me hablaba con mucha frecuencia de mi padre, lo cual implícitamente traía el recuerdo de su ausencia, al tiempo que alimentaba la noción de mi orfandad. El frío, pues, serían las sensaciones que produce la noción de la muerte. En cuanto a si es mi obra maestra, pues no lo sé. Los buenos lectores y los críticos sensatos piensan que mis obras mayores se dan en “Libro del frío” y “Descripción de la Mentira”, dejemos que sean ellos quienes las clasifiquen.

    P. Dijo usted, en cierta ocasión, que su obra tiene “una apoyatura existencial”. ¿Podemos colegir de ello que usted habla en sus poemas de cuanto le ha sucedido? En todo caso, ¿sigue pensando lo mismo?

    R. Más que una apoyatura existencial, que, aunque no recuerdo haberlo dicho, puede que lo dijera, ahora pienso que mi obra es, en sí misma, un hecho existencial en el que la palabra se da en unión estética. Una palabra dirigida por una rítmica, que resulta ser, a fin de cuentas, el pensamiento poético.

    P. Maestro, tenemos la impresión, por nosotros mismos y por los compañeros del foro poético Alaire, de que en el poeta el cercenamiento de la capacidad creativa es directamente proporcional al aprendizaje, o sea, cuanto más se sabe, menos se puede escribir ¿qué es lo que cree usted al respecto? ¿Ocurre eso? ¿Le ha ocurrido a usted?

    "He preferido colocar al hijo, al padre y al esposo, por delante del poeta. No me arrepiento de ello”

    “He preferido colocar al hijo, al padre y al esposo,
    por delante del poeta. No me arrepiento de ello”

    R. No soy consciente de lo que sé, mientras no me lo dicen mis propias palabras escritas, dado que en mí, como en casi todos los autores, el pensamiento es posterior al lenguaje. El lenguaje, a continuación o simultáneamente, parte de la experiencia, luego, es un hecho existencial. Sin embargo, no seré consciente de lo que he escrito, hasta que pueda llegar a leerlo. Por otro lado, nunca he frecuentado ambientes literarios, mis amigos han sido gente obrera del barrio donde me he criado, gente buena, amistades reales. En realidad, me molesta un poco la vida literaria y, dentro de ella, lo que menos me agrada es pertenecer al jurado de un premio.

    P. Hablemos de su afición a revisar los poemas, ¿hay un porqué? ¿Se trata de una afición que parece rendir pleitesía al inconformismo, o estamos hablando de un autor eminentemente perfeccionista?

    R. No es una voluntad de perfeccionismo; ni siquiera tengo la seguridad de que los poemas, una vez revisados, vayan a ser mejores que antes. Mire, Rafel, si todas las células de mi cuerpo y mi visión de la realidad poética se van renovando continuamente, ¿por qué no tendría que renovar mis poemas? Pienso que el poema está vivo y tiene que ser adecuado al Antonio Gamoneda de ahora.

    P. D. Antonio, ¿para qué tanta dedicación rítmico, técnico estilística, si luego lo que vale es la capacidad de emoción del texto? En todo caso, ¿qué importancia le atribuye al ritmo, a la rima, a la métrica, o sea, a los aspectos formales de un poema?

    R. La palabra estilo tiene su importancia en la búsqueda de la perfección o la imperfección en el poema. Tiene sentido, además, como forma de recibir una información poética que, obviamente, difiere con el lenguaje normalizado, pero que puede hablar de lo mismo. La métrica y la rima son pautas que me interesaban cuando tenía una idea muy primeriza de la poesía, pero, ahora, no me interesan demasiado.

    Sin embargo, cuando hablamos del ritmo, estamos hablando de la esencialidad poética. El componente desencadenante del lenguaje poético es el ritmo. La métrica y la rima pueden tener su lugar en la estructura del poema, en la medida que el lenguaje poético lo demande y, a mí, no me lo demanda.

    P. Hace cuatro años, usted dijo «En la poesía no se escribe con programa ni proyecto: de lo desconocido se llega al conocimiento. Desconfío mucho de los poetas que escriben con un tema, una deliberación previa y hasta una organización esquemática de la pieza. Teniendo en cuenta que en su obra, a nuestro juicio, tiene usted algunos trabajos bellísimos escritos a la manera del soneto clásico y que, además, uno de sus últimos poemas es un romance polimétrico con rima asonante, el que precisamente publicaremos en el próximo número de la revista ¿a qué se refería? ¿Nos puede explicar la esencia de esas declaraciones?

    "No es una voluntad de perfeccionismo; ni siquiera tengo la seguridad de que los poemas, una vez revisados, vayan a ser mejores que antes”

    “No es una voluntad de
    perfeccionismo; ni siquiera
    tengo la seguridad de que
    los poemas, una vez
    revisados, vayan a ser
    mejores que antes”

    R. Miren ustedes, yo no prohíbo la rima, pero no me preocupa; no prohíbo la métrica, pero tampoco me preocupa. Escribo simplemente con una mecánica rítmica que puede darme, o no, un montón de endecasílabos, u otro tipo de versos, pero es que, y ahora voy a Aristóteles, hay una correspondencia entre los hechos, las formulas y los recursos estilísticos en la base musical del lenguaje poético o, lo que es lo mismo, en el ritmo. Yo digo, esencialmente, que suceda lo que tiene que suceder y punto. En cuanto a los sonetos, pues qué quieren que les diga, si ahora estuviera escribiendo un poema y, al terminarlo en el verso decimotercero, me diera cuenta de que la estructura era la propia del soneto, pero que para serlo faltaba un verso, créanme, no lo añadiría. En cuanto al poema que ustedes llaman romance polimétrico, pues me di cuenta de que al escribirlo estaba funcionando dentro de una asonancia, pero eso fue cuando ya lo estaba terminando. Surgió la rima en los versos sin buscarla. Yo no busco nada, me busca el verso a mí. No tengo proyecto. Las palabras no vienen por casualidad, si bien, yo soy conducido por el ritmo mientras se va creando un lenguaje que, a su vez, va creando el pensamiento, hasta llegar al final. Es el ritmo, yo soy conducido y él hace el resto.

    P. ¿Cervantes o Quevedo?

    R. Cervantes. Aunque él no creía poseer el don de los poetas, yo pienso que su poesía está absolutamente radicalizada, es decir, con las raíces puestas en la vida desde la prosa. Sin embargo, en Quevedo, que es un gran poeta, su poesía puede tener las raíces en el capricho, de tal forma que, pudiendo ser vida, no es lo mismo que en el caso de Cervantes.

    P. Háblenos de sus referentes, de sus autores preferidos, de aquellos a quienes admira por su periplo y/o por sus obras.

    R. Mis principales referentes carecen de nombre, bien porque son anónimos, o porque su nombre ha desaparecido por debajo de su obra. El cancionero popular, desde las jarchas hasta nuestros días; dejando al margen a los muchachos que montan un grupo musical para hacer ruido. Hablando de cosas serias le diré que el blues, el jazz y, sobre todo, La Biblia son referencias importantes para mí. Garcilaso, Juan de Yepes, Góngora y Cervantes han sido autores que me han acompañado siempre, a pesar de que creo que su influencia no se hace notar en mi obra, más que nada porque no he podido alcanzar su calidad. Los que sí han tenido influencias directas en mi poesía han sido los simbolistas franceses, Rimbaud y Mallarmé, fundamentalmente.

    P. ¿Cómo se llaman aquellos autores que nunca ha dejado de leer?

    R. A Kafka, Faulkner y Cervantes, nunca los tengo demasiado lejos.

    P. Maestro, ¿cuál es el poeta del siglo XX?

    R. Bueno, a mi juicio, el poeta, en lengua española, más importante del siglo XX es Cesar Vallejo.

    P. ¿Dónde colocamos a Gonzalo Rojas?

    R. Rojas es un poeta excelente, pero mientras que en Vallejo asoma la vida, en Rojas se muestra la habilidad. Un poeta excelente, insisto.

    P. ¿García Lorca?

    R. Es el poeta que más me interesa entre los autores nacidos en España del siglo XX. Aunque algunos dicen que fue un poeta menor, yo pienso que García Lorca no tenía nada de poeta neopopular. El Romancero gitano y Diván del Tamarit, no son, en modo alguno, poesía popular a poco que nos fijemos en lo que dicen.

    P. Hablemos de Poeta en Nueva York, ¿es la obra cumbre de Lorca? En todo caso, ¿se trata de una obra surrealista?

    "Me remito a Jesús Fernández Palacios, al punto en que Gil de Biedma le dijo que la generación del cincuenta era una invención del marketing”

    “Me remito a Jesús Fernández Palacios,
    al punto en que Gil de Biedma le dijo
    que la generación del cincuenta era
    una invención del marketing”

    R. Si tuviera que salvar de un naufragio un solo libro de Lorca, probablemente salvaría Poeta en Nueva York, pero no es esa su única obra considerable. Por otro lado, Federico insistía mucho en que ese poemario no era poesía surrealista, coincidiendo con lo que digo yo, cuando me hablan de surrealismo refiriéndose a “Descripción de la mentira”. Para el surrealismo ya tenemos a Bretón, con ese automatismo psíquico puro, que no es el de Lorca ni, por supuesto, el mío.

    P. ¿Miguel Hernández?

    R. Dotado, sincero y entrañable poeta, pero tenía un problema. Antes usted ha comentado que cuanto menos se supiera más facilidades habría para escribir, bien, estoy de acuerdo. Pues podría ser que Hernández no supiera mucho y por ello escribiera bien. Sin embargo, a Hernández posiblemente le faltó saber olvidar lo que sabía. Hernández no sabía lo suficiente para poder olvidar lo que sabía. En mi opinión, lo que más le perjudicaba era esa gran preocupación que tenía por la forma.

    P. ¿Qué piensa de los poetas de su generación, tiene o tuvo relación con Barral, Goytisolo, Caballero Bonald, Gil de Biedma, Ángel González, José Ángel Valente, etc.?

    R. Me remito a Jesús Fernández Palacios, al punto en que Gil de Biedma le dijo que la generación del cincuenta era una invención del marketing. Retomando aquello de que el poeta tiene una fecha de caducidad muy temprana, ahí está Gil de Biedma, una persona de gran inteligencia, excelente crítico literario, que se dio cuenta muy pronto de que su poesía no daba para más. Posiblemente Gil de Biedma es un ejemplo claro del poeta que sabe mucho, pero que a la hora de escribir no puede olvidar lo que sabe.

    P. Poetas actuales, ¿García Montero, Carlos Marzal, Benjamín Prado?

    R. No me interesa gran cosa ninguno de ellos. Pienso que el minirealismo que practican, hace mucho tiempo que está agotado. Se dio cuenta Gil de Biedma, hace más de treinta años, pero ellos aún no se han percatado. Miren ustedes, un hombre tan poco sospechoso de ser idealista como Jean Paul Sartre, afirma que la poesía es inútil en el terreno de las realidades objetivas. Marzal, García Montero, Prado, entienden que la temática crítica es importante, pero yo pienso que no lo es. Por ejemplo, García Montero milita o militaba, según creo, en el partido comunista, pero ese partido a lo único que aspira ahora es a sacar algún voto que le permita permanecer. En fin, la razón de que un poeta no me interese hay que buscarla en que tenga la sospecha de que su poesía no es un hecho existencial, que no es una prolongación de su vida. Puede ser una obra literaria muy bien escrita, pero a mí eso me trae sin cuidado. La poesía que tiene el único mérito de estar bien hecha, no me interesa.

    P. ¿Por qué la mayoría de la obra de la mayoría de poetas no va a ningún sitio? ¿Tan difícil es escribir buena poesía?

    R. La hoja en blanco produce terror, los escritores tienen que escribir, quieren escribir, por lo tanto, escribimos… Yo he destruido más obra de la que he publicado y, así y todo, he tenido que dejar de pensar en si estoy conforme con mi obra, o no lo estoy.

    P. ¿Qué importancia le damos a la metáfora, si es que tuviera alguna?

    R. Yo no pienso en esas cosas. Existen, las utilizo, pero no sé ni cómo ni dónde ni por qué.

    P. ¿Considera importante recitar bien el poema? en todo caso, ¿qué importancia le damos a la pausa versal?

    R. Yo respeto la pausa versal, pero no siempre, es decir, acorto la pausa del final del verso, en función de lo que sigue, o bien, puedo encabalgar los dos versos, creando una unidad versal que comprenda parte del verso siguiente. Por otro lado, leer bien un poema es fundamental.

    P. Maestro, hablemos del estilo, del suyo, de los estilos que sepa usted que existen.

    R. No tengo interés por lo estilístico.

    P. ¿En sus reflexiones sobre el porqué del ser humano, ha podido concluir alguna cosa, le encuentra alguna explicación?

    R. No hay un porqué, es decir, no existe nada verdaderamente claro que proporcione sentido, ir de la inexistencia a la inexistencia. Dentro de ese periodo ontológicamente absurdo aparecen cosas, como pueden ser el amor, la amistad, el placer, etc., son hechos que tienen un valor positivo, pero no son un porqué.

    P. Don Antonio, ¿cree usted que podemos remediarnos? ¿Pintamos algo en la fabricación del ser que somos y/o del que seremos?

    R. ¿Remedio? ¿Qué tipo de remedio? ¿Quieren ustedes hacer un poder vital e histórico de mí? Si es eso, tengo que decirles que no hay remedio y, en todo caso, no me interesa. Somos el que somos y no sabemos porqué.

    P. Teorizando un poco ¿dónde están los límites de lo honesto? En todo caso, ¿cuál es para usted el mejor sistema de convivencia posible?

    R. Los límites de lo honesto están donde empieza lo deshonesto. Entiendo la vida como un hecho patrimonial en el que los bienes y los males tienen que estar repartidos de una manera sensata y justa. Tengo un entendimiento social de la vida, pero no hablo de socialismo; hay muchas formas de entender la palabra socialista. Pensar en que nosotros no somos los únicos que existimos, tal vez ayudaría mucho al ser humano.

    P. Brevemente, varios nombres propios, ¿Adolfo Suárez?

    R. Funcionó positiva e inesperadamente. En el falangista había un hombre sensato y ecuánime.

    P.  ¿Felipe González?

    R. Socialista sincero y muy listo, pero muy personalista: “el socialismo es lo que yo digo y se acabó”.

    P. ¿José María Aznar?

    R. Un tipo poco recomendable.

    P. ¿José Luis Zapatero?

    R. Un hombre honrado que no sabemos si tendrá el nivel de estadista adecuado para lo que necesitamos hoy en día.

    P. Para terminar, decirle que ha sido un auténtico placer conocerle, Antonio Gamoneda, muchas gracias por su gran hospitalidad; díganos, ¿qué le queda por hacer, maestro?

    R. Sé que hay muchas cosas que no he podido hacer, y que hay otras que no he sabido hacer, con todo, a pesar de que no tengo proyectos, sí le diré que me gustaría repasar el montón de poemas que tengo esperando mi atención. Nada más; sólo gracias a ustedes, Rafel y José Juan, por venir a mi casa a interesarse por mí.

    Antonio Gamoneda.
    Oviedo (1931).

    Ha vivido desde los 3 años en la ciudad de León
    la cual ha influenciado notablemente en su trayectoria poética.
    Premio Cervantes (2006).
    Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2006).
    Premio Nacional de Poesía (1988).
    Premio Castilla y León de las Letras (1985).

    Texto: Rafael Calle.

    18 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Vicente Huidobro y Guillermo Sucre

    Textos rescatados vuelve otra vez a ese fondo literario inagotable que constituye la desaparecida revista “Poesía”, de la que damos cumplida referencia en ediciones anteriores de la publicación virtual “Alaire”.
    Esta vez “rescatamos” un magnífico artículo de Vicente Huidobro celebrando con su genial pluma, el arte cinematográfico del gran Harry Langdon.

     Vicente Huidobro

    Vicente Huidobro

    El film se frunce, se impacienta y la pantalla se disloca de risa. Harry Langdon atraviesa la tela con una ampolla de vida, ampolla de lágrimas peligrosas, y parece decir al mundo:
    —Heme aquí: soy el nuevo gran cómico del cinema.
    Había dos: era necesario un tercero para la formación de un triunvirato. Evidentemente.
    Ahora el telescopio descubre a Harry Langdon (cuando la “nova pictoris” se rompe en cuatro) en la célebre constelación donde Chaplin y Buster Kaeton reinaban desde hace siglos.
    Es divertido como un niño. Natural en el gesto cómico como Douglas en el atlético. Sin complicación su risa llega a alcanzar la frescura bíblica. Es joven como Adán y tan fotogénico como Eva. Es el circo entre el Tigris y el Éufrates.
    Ha perdido el paraíso lo busca por las calles de New York o en su bolsillo.
    Juglar: con la vida y con la muerte, con la alegría y con el dolor, con la riqueza y la miseria como con platos, y se pasea por el peligro como por un campo de flores.
    Puede matarnos con una patata frita, pero resucitáis con miradas llenas de rádium.
    Nada tiene importancia ni nada es trascendental. Todo muere al terminar un suspiro, todo recomienza en el pliegue de un beso y sabe saludar al público cruzando los pies para presentar en su mano derecha el ramillete de su sonrisa.
    Mi ahijado, Harry Langdon, trabaja para las fieras, sin miedo porque es inocente. Inocente hasta matar las fieras, hasta no sentir ni frío ni calor, ni hambre ni sed; inocente hasta llegar hacer oír a los sordos, hasta enamorar a la cieguecita y puede ser que algún día hasta resucitar a los muertos.
    V.H.

    Harry Langdon

    Harry Langdon

    Hace algún tiempo ya descubrí al poeta Venezolano Guillermo Sucre y me quedé impresionado por la fuerza y calidad de su poesía.
    Selecciono aquí unos versos suyos editados en “Ínsulas Extrañas. Antología de la poesía en lengua española (1950-2000)”(Ed.- Galaxia-Gutenberg).

    Del poema “Semejante a su semejanza”:

    “Quien lo disuelve todo alcanzará la limpidez
    Quien todo lo ha dicho dibujará el silencio.
    De las redes vacías salta el pez estelar.
    De un hombre tan cercano a la lejanía veremos siempre el rostro radiante,
    la humildad del ya innombrable esplendor.”

    Los que piensan que les ha llegado la hora” (poema completo)

    Los que piensan que les ha llegado la hora
    y se aprestan a asumir su destino
    los que saben que siempre llegan a deshora
    contra todo destino

    los que escriben para sobresalir
    no para encontrar la salida- ¿Qué salida?

    los que sólo viven para poner la vida en palabras
    los que escriben para poner la palabra en la vida

    los que lo coleccionan todo para sentirse perdurables
    los que han contemplado una sola vez la belleza
    y ya ello les depara una riqueza un desamparo
    para siempre

    la vida no es avara ni para preservarla
    hay que saber también arriesgarla
    como en el amor: más fuerte cuando más lo alimenta
    el desamor
    más vívido cuando nace y se extingue cada día

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del foro Alaire

    LA PALABRA

    La palabra como realidad intangible, como ficción sujeta con hilos de costumbre, como respuesta del lado más humano que pregunta.

    El poema repta, camina, corre, vuela, es una prolongación de la propia existencia, una inercia inexplicable que cruza el tiempo, cuando el tiempo consciente, en realidad, expira.
    La palabra, como el agua que sostiene la onomatopeya de la sed,
    se bebe, incolora, inodora e insípida, pero tiñe y perfuma, deja en la boca un buqué de presagios; todo lo que esperamos de una larga y despistada espera.

    _____________________

    Óscar Distéfano nos muestra el camino de una belleza rutinaria. Su poema “La mano” es un homenaje a lo superfluo, un aplauso al actor secundario que sustenta el guión de una película. Nos hace descubrir la importancia de lo no importante, la grandeza de lo mínimo.

    (Por hoy aún la tengo, carnal y sicalíptica,
    cómplice del deleite de mi boca,)

    -Tania Alegría construye, con su poema, “Un puñado de arcilla” un búnker.
    Nos señala cómo la soledad alimenta la propia soledad; la encumbra, la engrandece.
    La profundidad de esa palabra que cae sobre la conciencia y su silencio.
    La extrañeza plural de un mundo único, tapiado por la luz del pensamiento.

    (Tan sola que tu sombra no cruzará contigo el gres de los umbrales)

    – Blanca Sandino abre, a través del verso, la enorme ventana del amor.
    Mitad descriptiva, mitad vital, su palabra rompe el tiempo y se aproxima a esa sensibilidad extrema, al vuelo de las emociones que levanta el recuerdo.
    Poesía con mayúsculas.

    (sobre la arena húmeda,
    la huella de tus labios tiene frío.)

    – Mario Martínez se desata con un elegante soneto, en el cual existe una preciosa carga sorpresiva.
    Describe, lúcido y veraz, la personalidad de algo aparentemente impersonal.
    Palabras, que extraídas de su sonoridad, supuran la inmortalidad de su temática.

    (concierto soy de celos, sinfonía
    inacabada y triste del afecto.)

    – Carmen Iglesia nos sorprende con un poema imaginativo y sensorial.
    Los versos sujetan la coherencia de la ilógica.
    Como ejemplo, el propio título “He roto el lunes” donde la imagen se ofrece para ser recorrida, desarmada.
    Un lenguaje “elástico” que nos lleva a esa verdad universal de la pureza sin disfraces, lo que nos hace, simple y felizmente, humanos.

    (Quise ser yo:
    un paisaje de arena
    una postal de alambre sobre el miedo.)

    – Ramón Carballal explora la palabra, la lanza y la recoge antes de caer, para colocarla en un lugar seguro.
    El amor exprimido o la levedad de una pasión eterna, su poema ordena el desorden de los sentimientos, acaricia el surrealismo con las manos de una realidad palpable; la soledad y la memoria, caldo de cultivo.

    (Después del túnel otra vez la sombra y en ella un relámpago,
    una catedral de hombros donde orar.)

    Disfrutad de la lectura y, como en una taza de café, mirad el poso que la palabra deja…

    Luis Oroz.

    POEMAS


    LA MANO
    (Óscar Distéfano)

    No sé dónde la diestra yacerá su meneo
    ni en qué funda de mármol sus falanges menguadas.

    ¿Recordará su tacto la seda de mi herida,
    el cincel frío
    con que forjó mi imagen,

    o los gusanos de cadáveres sin nombre
    carcomerán sus uñas?

    Por hoy aún la tengo, carnal y sicalíptica,
    cómplice del deleite de mi boca,
    hurtándole su hastío a la guitarra,
    al ajedrez, al póker o al jardín,

    cleptómana del verso,
    hostigando la aldaba de la noche
    para calmar su artritis con un tropo siquiera.

    UN PUÑADO DE ARCILLA (Tania Alegría)

    A veces te despiertas y es como si murieses de espanto y de extrañeza
    al vislumbrar el día, discernir sus escollos,
    evaluar cuántos pasos te alejan de la noche.

    Árido suelo espera la impronta de tu mano
    y no hay más que un puñado de arcilla para erguir
    la colosal muralla que encierra tus silencios.

    Tan sola que tu sombra no cruzará contigo el gres de los umbrales,

    tan muda que las voces no encontrarán el rumbo que lleva hacia tus tímpanos
    construirás, obstinada, las cercas de tu patio.

    Y nada llegará incólume al crepúsculo.

    Vendrá la luna clara a alumbrar los despojos
    mientras de tu mirada los pájaros emigran.

    Mañana volverás, sin otros argumentos
    más que tu mano obrera y un puñado de arcilla,
    a construir los muros que encierran tus silencios.

    A TU MANERA (Blanca Sandino)

    Dedicado

    La cara de los sueños mirada pura es, viene derecha,
    diciendo: “A ti te escojo, a ti, entre todos” como lo dice el rayo o la
    fortuna.————————————————Pedro Salinas

    Hay nubes sin color, sin artificios, que trasparentan un cielo inalcanzable;
    tiene hoy la mar color de fortaleza, y sobre ella,
    libre, planea entre gaviotas -grito blanco y azul- una cometa.

    De cuando en cuando, las olas
    -que como piratas disfrazados de sal abordan nuestra sombra- se reparten
    un horizonte en busca de miradas,
    dos minutos de paz,
    dos «convergerte»,
    cuatro decirte amor lo que tú quieres,
    y un sólo repetirse
    una vez, y otra vez, y otra vez, el nombre de mi nombre, en tus labios.

    Hasta que la tarde, como una catarata palpitante de vida,
    y enrojecida como un campo de sueños y amapolas,
    se abaja hasta la tierra, y se delata.

    Se delata; delata su último deseo: trasfundirse sobre la piel del mundo
    (rugosa y acerada)
    para morir su bella muerte entre unas rocas que
    por un instante olvidan que son rocas:
    grises como la soledad, como la pena o la tristeza grises, para amarla.

    Y mientras mis manos -ya barcos de papel a la deriva- amor mío,
    navegan por insondables mares donde aún se oye tu risa,
    y con mis dedos, el aire de la noche cuenta ausencias,
    sobre la arena húmeda,
    la huella de tus labios tiene frío.

    ME LLAMO (Mario Martínez)

    Soy absurdo, cobarde e imperfecto,
    una mentira azul, una utopía,
    un fallido remanso de alegría,
    depósito sin fondo de lo infecto.

    Soy una maldición, soy un defecto,
    un vivir sin vivir, una agonía,
    concierto soy de celos, sinfonía
    inacabada y triste del afecto.

    Cegando su mirar a quien me fía,
    acabo siendo cruel, incluso abyecto,
    a cambio de ser yo dinero acepto,

    no hay otra voluntad más que la mía.
    Me llamo Amor y nadie lo diría…
    si no fuera otras veces tan perfecto.

    HE ROTO EL LUNES (Carmen Iglesia)

    Para que tú me vieras rompí el lunes.

    Salté sobre mi sombra
    para hacerle cosquillas a la noche.

    Quise ser yo:
    un paisaje de arena
    una postal de alambre sobre el miedo.

    Elegí para ti la desnudez.
    No el artificio,
    no las sombras,
    no el misterio.

    La verdad que pronuncia lo que soy.
    El despojo de un gesto
    que en los ojos encuentra su lenguaje.

    EL ESQUELETO DE UN HUÉRFANO (Ramón Carballal)

    Después del túnel otra vez la sombra y en ella un relámpago,
    una catedral de hombros donde orar.
    Te conocí en hojas que caían de calendarios,
    suave y exacta como un reloj de nubes.
    El equívoco es como un párpado que no conoce el color
    ni navega en aguas de marfil. ¿Cómo se matan estrellas
    si un rompecabezas se aferra a la piel y crece y late
    como un tejido de sueños? Pronto aprendí que la verdad
    se parece a un espejismo, sus cabellos cabalgan la noche
    y la noche es tan sólo un dinosaurio sin esquinas.
    Nuestro mundo se ciñe al cristal, es pequeño como un nido de átomos,
    en él, los espejos crean el caos y miles de planetas se arrullan
    hasta morir en tu centro. Al amor le gusta ser viajero,
    sube a los áticos y a veces adivina la primavera entre ceniceros de invierno.
    Pasaron los años que han perdido todas las guerras,
    sobrevive lo que no se ve, el muérdago del deseo,
    la pared blanca donde mis labios se entregan, la playa donde reposa
    el esqueleto de un huérfano.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Grupo Alaire

    POÉTICA ALAIRE

    Visiones distintas de un mismo pensamiento, razones que resbalan por cada una de las voces que componen el puzzle de “Alaire”.

    La poesía nos une y a la vez nos separa, nos zarandea en diferentes direcciones para hacernos llegar a un mismo punto.
    La búsqueda, por el puro placer de buscar, el solo encuentro de una nueva gruta donde asentar los pies de la imaginación.
    Poetas que desean recorrer ese camino, tal vez para mirar atrás… y descubrirse.

    Incluso sacados de su contexto, los versos hablan y sujetan el eco de una vida…

    -(Puedo ver el suicidio en la marea
    y el tránsito del mundo que infecta los cordeles.)

    Benjamín León
    ________________________

    -(En la matriz del luto
    se engendra una nación sin herederos)

    Sara Castelar
    ________________________

    (Diría que regresa la chispa de la piel,
    los labios humedal de un beso ecosistema,)

    Rafael Calle

    ________________________

    – (Nada de lo que somos es sagrado en nosotros,
    se consume en lo breve de la entrega y las horas.)

    Alonso de Molina

    ________________________

    -(La fusión del espíritu
    descompone los huesos y disuelve las carnes,
    luego se templa en un tumor de piedra)

    José Juan Martínez Ferreiro

    __________________________

    POEMAS

    LAS FURIAS (Benjamín León)

    El litio en las acequias de la furia yergue su espada:
    ciudades en incendio
    y campos que agonizan en la noche.
    Mi rostro yace en furia, mi corazón se agota,
    suenan los pájaros sin luz y escampa el aire.
    Puedo rogar misericordia o pan,
    fundir entre las vértebras el miedo,
    abrir la desnudez como las manos de un mendigo
    que insiste en sus heridas.
    Puedo ver el suicidio en la marea
    y el tránsito del mundo que infecta los cordeles.
    Esto es el frío y la tardanza, la hiel hirviendo en minerales,
    la rápida extensión de la escasez,
    la venda y lo senil en cada hueso.

    PRELUDIO DE LA SOMBRA (Sara Castelar)

    A los muertos del mar

    Hay una oscuridad que avanza
    y se enquista en los ojos
    como un dardo de ébano,
    el alfabeto no conoce lápidas
    de los muertos del mar
    ni el racimo de nombres que fermentan
    en donde nadie escucha.

    Hablo para la herida húmeda
    de aquella negra meretriz
    de la trastierra
    y sus hijos oscuros,
    tan largamente muertos.

    Las esposas del aire deshacen sus pañuelos
    sobre los arrecifes,
    a las orillas turbias
    de un mar que en su vergüenza
    se arrodilla
    para besar sus pies.

    Somos anatomía helada,
    los gurús del silencio en fila rigurosa
    a las puertas del pudridero,
    llevamos en las uñas
    goteras de cal viva
    y el lodo de la desmemoria.

    En la matriz del luto
    se engendra una nación sin herederos
    y la vida se estrecha
    como un voraz preludio de la sombra.

    EL DESTINO DEL AGUA (Rafael Calle)

    Por tu pelo se enreda la distancia del tacto,
    estilo sugerente de un bosque de azabaches,
    presidio de las hebras que cautivan la sombra del lápiz ya sin punta,
    grafito temeroso y oscilante,
    que viene de escribir una historia del ansia.

    Regresas del cariño nuclear,
    del gen de la caricia que se mudó temprano;
    regresas de vivir la adversidad en los dedos ausentes
    y lloras la consciencia de las manos en celo.
    Regresas tú y la semilla canta.

    Diría que regresa la chispa de la piel,
    los labios humedal de un beso ecosistema,
    la ciencia del latido comparado
    al arte de sentir los dos a un tiempo.
    Diría que regresa el destino del agua.

    HISTORIAS DE CUALQUIER OTOÑO II (Alonso de Molina)

    “¿Qué voy a hacer ahora? ¿Qué voy a hacer?
    Saldré a toda prisa como estoy, y andaré por la calle
    con el pelo suelto, así. ¿Qué vamos a hacer mañana?
    ¿Qué vamos a hacer jamás?”

    T. S. Eliot. La tierra baldía (131-134)

    Un universo frágil
    se extiende en las paredes buscando su destino,
    como si de menguar en la naturaleza
    las ciudades se urdieran mártires y verdugos.

    Solo la brevedad es tan cierta que duele.
    Nada de lo que somos es sagrado en nosotros,
    se consume en lo breve de la entrega y las horas.

    Un día el viento llegará sin advertencias
    destruyendo la savia sus íntimos caudales
    e imprimirá su llanto, en tanto displicente
    una vela prendida ungirá sal al mundo
    y cambiarán los ojos que perciben la tierra.

    De la tierra baldía nos hemos resignado
    a sus desérticos eriales;
    hemos construido un universo
    de infructuosos principios que no admiten la entrega
    ni soportan la gélida gula de la indigencia;
    siendo lujuria y sed olvidamos a Dios,
    sin querer otro dios, sin pretender ser dios,
    sin respetar a Dios;
    y no hay perdón ni agua que redima el olvido
    e inunde la memoria de paz justicia y libertad.

    El universo es prenda y fianza, rehén convicto,
    rémora sin escritos que preserven al hombre
    del hosco escupitajo del rencor;

    más allá de los mares, la redondez del orbe
    se nutre de la espuma que besa el infinito,
    para aplacar al hombre y fabricar promesas
    que puedan conciliar la fría búsqueda
    de los inexplorados diamantes del destino
    (disimulados en los frágiles, agrietados valores del hombre)
    con las breves paredes del universo;

    en tanto habla el desierto,
    yo escribiré mis últimas excusas .

    LAS NORMAS DE LA GLORIA (J.J.M. Ferreiro)

    Es una norma de la gloria
    la invasión encendida de los cuerpos.
    La fusión del espíritu
    descompone los huesos y disuelve las carnes,
    luego se templa en un tumor de piedra.

    Son nuestros ojos la ventana
    donde una luminaria enardece los signos
    y el sueño del sentir no tocado.

    Levantar el palacio de los cuerpos.

    Toda la cifra del aroma.

    Todas sus alas materiales:

    arquitecturas del deseo,

    allí donde arde un jardín penitente en sus flores,
    la mística del cuerpo devorado:
    en su espina dorsal está el misterio
    ―el escualo se asienta en un relámpago de agua.

    HUMANAMENTE PÁJARO (Luis Oroz)

    Conocerás el destino
    y crecerá tu voz al acercarse la noche
    y al ir sabiendo que la vida es
    una inmensa, profunda compañía.

    Antonio Gamoneda

    Humanamente pájaro,
    extendiendo las alas de septiembre
    para alcanzar su voz,
    -como se alcanza el humo en un fuego de esperas-
    asciendo la corriente de aire cálido
    que sostiene su peso sobre el mundo.

    Hay una rama negra que cimbrea
    al escribir “amigo”
    bajo el árbol helado del silencio.

    Los años, como adverbios de tiempo suspendido,
    han formado su nido en la copa nocturna
    de las irrealidades
    y desmembran “ahoras” y “mañanas”
    en la hambrienta garganta del pasado.

    La pena es el fracaso de la imaginación.

    Y yo sigo en el aire
    aprendiendo el dialecto de los muertos,
    a pesar de saber que estoy cayendo
    en la más absoluta compañía.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los ojos del camino

    Logroño – Nájera 28,3 km. Comienza el Juego de la Oca

    Durante todo el camino encontramos vestigios de como fue el camino en el pasado. En la foto, ruinas del antiguo hospital de peregrinos de san Juan de Acre- Navarrete

    Durante todo el camino encontramos
    vestigios de como fue el camino en el pasado.
    En la foto, ruinas del antiguo hospital de
    peregrinos de san Juan de Acre- Navarrete

    Tras pasar la primera noche, alineados entre varias decenas de peregrinos que hacían el Camino en bicicleta, en el improvisado albergue del polideportivo municipal de Logroño, situado a la vera del río, el cinco de agosto de 2007 a las 06:45 emprendemos camino hacia Nájera cruzando el Puente de Piedra por donde discurre el río Ebro atravesando Logroño. Recorremos la Rúa Vieja, travesía más antigua de la próspera capital riojana, en pleno casco histórico siguiendo la flecha amarilla que en adelante nos acompañará durante todo nuestro recorrido, nos volvemos a topar, igual que la tarde anterior, con la Fuente de los Peregrinos entre las rúas Barriocepo y Norte, junto a la iglesia de Santiago el Real, donde en su singular pórtico aparece el apóstol Santiago doblemente caracterizado como peregrino y guerrero; a la derecha, en el suelo de la plaza de San Pablo, el Juego de la Oca, que según el “Codex Calixtinus”, especie de guía de viaje para los peregrinos, publicado en el año 1130, recomendaba las etapas a seguir durante el día, ya que por la noche el peregrino medieval se dejaba guiar por la Vía Láctea. Cada una de las casillas del Juego de la Oca, tiene asignado una población o entorno de etapa y muestra los símbolos tanto para el viaje de ida como el de vuelta; según los Templarios, el Juego de la Oca comenzaba justo en Logroño.

    Atravesamos la Puerta del Camino también llamada puerta del Revellín, anclada en los restos de la muralla medieval. Cruzamos la ciudad por calles estrechas que discurren por el mismo camino que desde la Edad Media impuso la peregrinación, encaminando los pasos por la vía verde que nos conducirá hasta el Parque de La Grajera, a poco más de cuatro kilómetros de Logroño, lugar donde el peregrino se topa con un excelente área de descanso.

    Navarrete, pueblo con aspecto de plaza fuerte medieval. Famoso por su alfareríad

    Navarrete, pueblo con aspecto de plaza
    fuerte medieval. Famoso por su alfareríad

    Logroño,
    este lugar inquieto, sediento en sus arterias,
    reveló a nuestro tránsito sus secretos de siglos:
    los pórticos erguidos,
    los corvos canalones,
    las remisas fachadas,
    Cuántas veces, ¡Ay!,
    hemos rondado en callejuelas y sombras
    hurgando en el cansancio de los siglos,
    aferrando con alma y dedos
    los ojos del Camino

     

     

    ruinas del antiguo hospital de peregrinos de san Juan de Acre- Navarrete

    ruinas del antiguo hospital de peregrinos
    de san Juan de Acre- Navarrete

    Decididos a desayunar en Navarrete

    El camino asciende levemente entre viñas, a unos dos kilómetros antes de Navarrete un estrecho sendero de tierra dirige nuestros pasos entre miles de pequeñas cruces que los peregrinos improvisan con un par de palitos (vástagos de cepas principalmente) colocados entre las mallas metálicas que acotan este trecho de El Camino de la autovía. Sobre las 09:30 llegamos a Navarrete, habíamos completados nuestros primeros trece kilómetros de esta primera etapa y merecíamos un descanso que hicimos a la vez que nos desayunábamos un buen bocadillo de tortilla de patatas con generosa taza de café con leche. Tras este descanso emprendimos nuevamente la marcha y ya no paramos hasta llegar a Nájera poco más de 15 km. adelante. El Camino desde Navarrete a Nájera discurre por terreno variado con algunas pendientes fuertes que no se hacen sentir por lo agradable del trecho pero especialmente incómodos los 5 últimos km. que son en bajada por terreno pedregoso con algunos trechos de impacto visual muy desagradable: escombros, chatarra, basura,… ¡Deberían cuidar estas apariencias los responsables de El Camino de Santiago! La sed y el dolor que empiezo a notar en los pies me dan alas, así que me adelanto un poco y sediento llego a Nájera a las 13:00, inmediatamente compro una botella de agua y tendido sobre la acera en la calle, junto a otros peregrinos doy buena cuenta de ella.

    Nájera, real villa de reyes y corte del reino Pamplona-Nájera en tiempo del rey Don García, fue etapa del Camino a partir del año 1030, en que Sancho el Grande decide desviar el itinerario de los peregrinos. Su hijo García IV mandó después edificar el Monasterio de Santa María la Real y un albergue fijando así, definitivamente, su carácter de ciudad de peregrinación. El Monasterio, un templo gótico edificado sobre otro anterior a principios del siglo XV, acoge el claustro y el sepulcro de Doña Blanca, el de Diego López de Haro, así como el panteón de los Reyes y el Coro, obras maestras de su época.

    Nájera. Un contratiempo tras otro

    Navarrete, pueblo con aspecto de plaza fuerte medieval. Famoso por su alfarería

    Navarrete, pueblo con aspecto de plaza
    fuerte medieval. Famoso por su alfarería

    Repuesto de la sed, aún me queda atravesar toda la ciudad y cruzar el puente sobre el río Najerilla para llegar hasta el albergue municipal situado junto al río, con la desagradable sorpresa de que está cerrado; un cartel anuncia que el albergue permanece cerrado por desinfección, es domingo y todos los hoteles y hostales de la ciudad están completos según nos informa muy amablemente, tras hacer varias llamadas de teléfono, la señorita que atiende en la oficina de turismo. Hasta esta oficina de turismo me llevó, junto a una chica del grupo de italianos en su propio coche con una amabilidad e interés poco común en la mayoría de las personas, Benito (a la postre primo de Marta, la alcaldesa de Nájera que esos días andaba de vacaciones). El Sr. Benito pasaba con su esposa cerca del albergue municipal cuando me dirigí a él para solicitarle información al respecto. Se ofreció a ayudarnos desde el primer momento, nos vio cansados tras más de 28 km de marcha y el próximo pueblo a más de 6 km. en una tarde calurosa que paradójicamente, además, anunciaba lluvia. El primo de la alcaldesa nos llevó a la oficina de información que estaba a punto de cerrar, desde el teléfono de la oficina de información peleó con ahínco y mostró su indignación y contrariedad por esta situación pues estimaba que efectivamente el albergue necesita ser fumigado pero Nájera es una gran ciudad del Camino de Santiago y no puede dejar de ser hospitalaria con los peregrinos y alternativas tiene: un polideportivo, un pabellón multiusos, incluso en la propia oficina de información existen 40 camas para albergue que estaban vacías. Finalmente el bueno de Benito nos lleva al párroco de la iglesia de la Santa Cruz, muy cerca de la oficina de información donde estábamos y de su propia casa donde nos hubiera dado albergue el mismo de no ser tantos, sumábamos 12 entre los 9 italianos y los 3 españoles. Son las tres de la tarde y Don Rafael el párroco está almorzando, nos atiende por el telefonillo y bastante contrariado accede a darnos albergue pero a partir de las nueve de la noche y siempre que fuéramos duchados, así pues nos aconsejó ir a la piscina.

    Nos despedimos del grupo de italianos hasta las 21:00 horas en que iríamos juntos a la parroquia de la Santa Cruz y cruzando el puente por tercera o cuarta vez ese día nos fuimos a la piscina. Al llegar en la entrada nos dicen que la entrada para acceder al recinto se saca en el ayuntamiento –ejem es domingo-, expliqué a la señora que está al cargo de la entrada que a consecuencia de estar el albergue municipal cerrado llevábamos más de dos horas dando vueltas por Nájera, que estábamos cansados, que algunos teníamos ampollas en los pies y que con mucho gusto le pagamos las entradas pero que no nos obligue a seguir caminando, la buena mujer nos permite el acceso y se niega a cobrar el 1,50 de la entrada. Descansamos en la sombra sobre la hierba, nos aseamos un poco y casi a las 16:00 nos sentamos en la terraza del restaurante de la piscina donde comemos algo ligero y charlamos con otros comensales del lugar que ya cuentan habían hecho el Camino unos años antes y viendo mis ampollas y las de Pilar nos aconsejan pincharlas con una aguja, poner Betadine y dejar un hilo para que drenen. Con estas personas comentamos en hecho de que el párroco solo nos recibirá a partir de las nueve y justo se había puesto a llover, así que las previsiones de descansar sobre la hierba se fueron al traste; estas personas nos presentaron a una mujer que suele alojar en su casa a peregrinos y nos la presenta. La buena mujer, Mili, tras acomodarnos en un cuarto de su casa muy cerca de la piscina nos ofrece zumo, nos lava la ropa, nos ofrece ayuda para las ampollas y sobre todo nos proporciona mucha conversación, demasiada conversación para unos cansados peregrinos. Sobre las 21:00 bajamos a la avenida junto a la ribera del Najerilla, picamos algo para cenar y subimos para dormir. Mili había salido de marcha con sus amigos y no hizo ruido al regresar a casa.

    Imágenes cedidas por www.enlabuhardilla.com

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Dulcinea, el amor y las mujeres en el Quijote

    Estatua Dulcinea Plaza de España. Madrid

    Estatua Dulcinea
    Plaza de España. Madrid

    El primer capítulo de la novela cervantina termina con la presentación de la dama de los sueños de don Quijote: Dulcinea del Toboso. Acaba de darle nombre al personaje que jamás asomará a las páginas del Quijote merced al sutil arte con que Cervantes trata este personaje femenino.

    Recordemos que don Quijote no hace sino seguir el ejemplo de lo que hacía todo caballero andante de cuantos conoció a través de los libros de caballerías, así que decidió convertir en su dama a una moza labradora, Aldonza Lorenzo, de muy buen parecer y vecina de un pueblo próximo al suyo. Lo que ocurre es que el nombre de la susodicha moza le parece de una gran vulgaridad, dado que corría el dicho de “A falta de moza, buena es Aldonza”, por lo que tomará la decisión de cambiárselo. Alonso Quijano, que había estado algo enamorado de Aldonza Lorenzo, aunque jamás le había dado noticia o parte de sus sentimientos, le otorga el nuevo nombre de Dulcinea del Toboso al convertirla en su dama, la dama de don Quijote, alter ego de Alonso Quijano.

    Lo que conviene recordar es que este nombre ya era conocido por Cervantes a través de la novela Los diez libros de Fortuna de Amor del sardo Antonio Lofrasso, en la que aparecen Dulcineo y una pastora llamada Dulcinea.

    Museo Casa de Dulcinea en el Toboso

    Museo Casa de Dulcinea en el Toboso

    Dulcinea es, en el marco de las creencias de don Quijote, una necesidad. Serafín Vegas, en El Quijote desde la reivindicación de la racionalidad, insiste en lo subrayado anteriormente demostrando que don Quijote, en su búsqueda de un mundo más justo y mejor ordenado, se ve obligado a seguir fielmente los dictados de los ejemplos de los antiguos caballeros andantes, entre los cuales está el ser caballero enamorado de “la más alta princesa del mundo”, y don Quijote, al investir a su dama de los adornos y más altas virtudes, no lo hace porque lo desee de manera subjetiva, sino que viene determinado por una exigencia objetiva de racionalidad que hace que la creencia en Dulcinea “se convieta en motor de lo mejor que don Quijote pueda y deba racionalmente hacer”.

    Podemos proseguir reconociendo que no es Dulcinea del Toboso, alter ego de Aldonza Lorenzo, la única mujer representada en la célebre novela cervantina; pero sí resulta ser el personaje más complejo y que mejor sustenta la realidad del personaje don Quijote, alter ego de Alonso Quijano. Si nos preguntáramos qué cosa es la que mejor representa a Dulcinea, creo que la inmensa mayoría responderíamos que esa cosa es el amor. Dulcinea y el amor, o Dulcinea, el amor y las mujeres… No sé si es el mejor orden o conviene otro, como el amor, las mujeres y Dulcinea. Pero lo que sí es cierto es que los tres aparecen en Cervantes y, particularmente, con inusitada relevancia en su Quijote.

    Aldonza Lorenzo autentica identidad de su alter ego idealizado por Don Quijote

    Aldonza Lorenzo autentica identidad de
    su alter ego idealizado por Don Quijote

    El tema promete, sobre todo porque Dulcinea es la mujer que encarna un amor tan imaginado como la propia Dulcinea. Es, en definitiva, una mujer también imaginada. Una mujer sin correspondencia en el mundo real y que aparece reflejada en las brumas de los sueños de don Quijote tozudamente convertida en campesina de maneras rudas, encantada de esta manera por las artes de Sancho y nunca desencantada del todo porque los azotes que el propio Sancho debía administrarse para lograr el desencantamiento, jamás se llevarán cabalmente a efecto.

    Pero yo me pregunto, al igual que muchos se preguntarán y de la misma manera que lo hizo Andrés Trapiello en Los amigos del crimen perfecto (pág. 4): ¿Quién es Dulcinea?. La respuesta de Trapiello, una de las respuestas posibles, es que Dulcinea no es nada, nadie; o sea, que resulta ser una sombra, el deseo de don Quijote.

    Yo agregaría que este personaje múltiple, proteico, tiene su razón de ser y existir solamente para que exista don Quijote, que es la realidad de don Quijote mismo. Sin él, don Quijote sería Alonso Quijano.

    Dulcinea del Toboso por Charles Robert

    Dulcinea del Toboso por Charles Robert

    Cervantes utiliza el recurso literario del desdoblamiento (Dulcinea en el Quijote y Segismunda en el Persiles) para conseguir una configuración fragmentada del personaje, que se hace enormemente complejo. Este recurso es algo más que literario y, en mi opinión, puede constituir objeto de investigación para la psicología, ya que la naturaleza dual del sujeto está asentada en las distintas culturas de manera universal. El mundo exterior funciona como un espejo del yo, lo que produce inseguridad. El doble se constituye en un filtro entre el ser primigenio y el espacio social; el individuo se proyecta a sí mismo y recibe su imagen en el reflejo del otro que pasa a convertirse en su alter ego, desposeido de toda amenaza al dejar de ser un extraño.

    La identidad del personaje de Dulcinea queda intensificada mediante la capacidad de deseo (como apuntaba A.Trapiello) que suscita en otro personaje, don Quijote, y la valoración que de ella hace a través del amor. Pero el truco del valor de Dulcinea consiste en que es un ser que atrae y resulta inalcanzable. Este proceso de mitificación se realiza mediante el desdoblamiento, y funcionará de acicate para la acción de don Quijote una vez que queda convertida Dulcinea en centro de atención, de atracción y deseo, a quien encomienda votos, promesas, acciones y sacrificios. Dulcinea es un personaje inventado por otro personaje y nace porque es necesario, como hemos apuntado de forma reiterada anteriormente, para dar estamento de realidad a don Quijote (Ver I, 1: ¡Oh, cómo se holgó el caballero… cuando halló a quien dar nombre de su dama!). Su alter ego, Aldonza Lorenzo, permanecerá totalmente ajena a su propio proceso de sublimación.

    Dulcinea de Salvador Dali

    Dulcinea de Salvador Dali

    Siendo Dulcinea una quimera, su inventor -don Quijote- lo sabe, y su amor no puede pasar de ser platónico y asexual, lo que le sirve -no obstante- para quedar inmunizado contra el deseo físico hacia cualquier mujer que se cruce en su camino; tal ocurre cuando se da el caso de que la buena Maritornes había quedado con un arriero que también estaba en la venta en que aquella noche se refocilarían [ ] y cuéntase desta buena moza que jamás dio semejantes palabras que no cumpliese, por lo que allá se dirigía la susodicha moza a cumplir la palabra empeñada cuando, en la oscuridad, tropezó con don Quijote; éste la asió fuertemente creyendo que era la hermosa hija del castellano que iba a seducirlo y se despacha con un discurso alabando la belleza de la que creía princesa mientras la rechazaba en nombre de Dulcinea. El arriero, que estaba atento a lo que ocurría y viendo peligrar su negocio, ya que Maritornes no consigue librarse de los brazos de don Quijote, decide intervenir y de un puñetazo le deja aturdido y con la cara ensangrentada.

    Otro ejemplo de lo consecuente que resulta ser su conducta con los principios del caballero manchego es el que citamos a continuación, cuando Doña Rodríguez, que es la dueña de la duquesa y mujer de pocas luces, natural de las Asturias de Oviedo(sic), que encarna la estupidez de quienes creen a pies juntillas la historia de don Quijote, va a solicitarle, aprovechando la intimidad y la discreción de la noche, que interceda para enderezar un entuerto hecho a su propia hija y que tiene que ver con asuntos de matrimonio. Don Quijote piensa que su visita tiene que ver con intenciones amorosas y carnales, por lo que la rechaza de plano en una escena cómica que no tiene desperdicio (II.-Capítulo XLVIII), porque don Quijote no puede -ni por pensamiento- flaquear y serle infiel a su idealizada dama.

    Don Quijote cuenta a Sancho que nunca a visto a Dulcinea y que está enamorado de oidas lo que lleva a Sancho a engañar a Don Quijote con una campesina

    Don Quijote cuenta a Sancho que nunca a
    visto a Dulcinea y que está enamorado de oidas
    lo que lleva a Sancho a engañar a Don Quijote
    con una campesina

    De este modo, se cuenta que seis días estuvo sin salir en público, en una noche de las cuales, estando despierto y desvelado [ ] imaginó que la enamorada doncella venía para sobresaltar su honestidad (se refiere a Altisidora, sin caer en la cuenta de que lo ocurrido con ella había sido una broma ideada para burlarse del caballero) y ponerle en condición de faltar a la fe que guardar debía a su señora Dulcinea del Toboso.
    -No- dijo, creyendo a su imaginación, y esto con voz que pudiera ser oída- no ha de ser parte la mayor hermosura de la tierra para que yo deje de adorar la que tengo grabada y estampada en la mitad de mi corazón y en lo más escondido de mis entrañas [ ]

    Podemos darnos cuenta de cómo Dulcinea no es una mujer en el sentido humano y realista del término, ni es tampoco un personaje activo, sino que es, ante todo, un oscuro objeto del deseo que mueve el ánimo de don Quijote que ha caido en la red de su amor. (Dice don Quijote, I-25: Yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad).

    Don Quijote, Dulcinea y Sancho

    Don Quijote, Dulcinea y Sancho

    Dulcinea es creada voluntariamente para ser amada, porque don Quijote tiene que amar para ser quien quiere ser; de esta manera Dulcinea se convierte en el centro del alma de don Quijote, es decir, en un reflejo interior de lo que quiere ser, con lo que consigue negarse a sí mismo ser el alter ego de Alonso Quijano. El secreto de la genial locura de don Quijote radica en esta invención que convierte en real lo disfrazado y en inexistentes a Alonso Quijano y Aldonza Lorenzo.

    Si compartimos la definición del deseo como carencia, como ausencia, como lo incompleto, comprenderemos que su satisfacción ha de ser la posesión de lo anhelado. En el caso de Dulcinea sólo se puede llegar a ella a través de Aldonza Lorenzo, pero se hace inalcanzable en la sublimación que don Quijote hace de Dulcinea, protegiendo de este modo el objeto del deseo. El truco es perfecto, y el personaje puede seguir existiendo, eternamente anhelado y eternamente negado.

    La representación de lo femenino en Dulcinea está hecha de las emociones que inspira y por eso la representación que de ella nos hacemos desplaza a la realidad. Dulcinea es una criatura múltiple, proteica, hecha de sueños y de deseos que recibe el ser de quienes la imaginan y admiran.

    don quijote finalmente derrotado por el caballero de los espejos

    don quijote finalmente derrotado
    por el caballero de los espejos

    Que la imagen que tenemos de Dulcinea está estrechamente unida a la hermosura del amor, y que éste es el lamento de don Quijote, está fuera de toda duda. Cuantas mujeres desfilan por la novela con sus distintos perfiles: pastoras, campesinas, nobles, putas, doncellas… difieren de Dulcinea en que en la vida el amor que comparten está más hecho de pasiones, intereses y otras circunstancias, de hombres más o menos mostrencos, más o menos enamorados o tan enamorados que alcanzan el suicidio (muerte de Grisóstomo por el amor de Marcela). Dulcinea está condenada a permanecer apresada en la idealización enfermiza del caballero manchego, así que cuando se topa con ella en la realidad, sólo puede alcanzarla por vía de la negación de esa realidad para que prevalezca la máxima aspiración del caballero andante. Este dualismo del personaje de Dulcinea representada por su alter ego Aldonza Lorenzo a cuya costa se crece y hace el personaje sin que ella intervenga ni tenga noticia de ello, es algo más que un recurso literario de Cervantes, es la constatación de que las mujeres no seguirán a don Quijote en su locura tal y como lo hizo Sancho, aunque fuera espoleado por el interés de ser gobernador de una ínsula.

    Claro que siempre se puede argumentar lo mucho que trastoca el amor los sentidos, sobre todo durante el episodio adolescente y narcisista del enamoramiento, que vienen a justificar las palabras:

    Rocinante.- Asno se es de la cuna a la mortaja,
    Babieca.- ¿Es necedad amar?
    Rocinante.- No es gran prudencia. ¿Queréislo ver? Miradlo enamorado.
    (Introducción.- Diálogo entre Babieca y Rocinante.- Soneto)

    De la irrealidad de Dulcinea, de la irrealidad del amor y de la fuerza arrolladora de esta irrealidad es de lo que se nutre la mayor aventura de don Quijote camino de las playas de Barcelona donde será derrotado por el caballero de los Espejos, y volver definitivamente a su casa para morir cuerdo después de haber vivido loco. Por eso, en el final, ya no está Dulcinea.

    Julio González Alonso.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los topos

    ¿A dónde Huirás, Caín, postrer Caín?

    Hijos de la ira de Damaso Alonso

    Hijos de la ira de Damaso Alonso

    Huyes contra las sombras huyendo de las sombras,
    Huyes
    Cual quisieras huir de tu recuerdo,
    Pero cómo asesinar al recuerdo,
    Si es la bestia que ulula a un tiempo mismo
    Desde toda la redondez del horizonte…?

    Dámaso Alonso.
    Hijos de la ira.

     

     

    los artistas que siguieron en España vivieron un exilio interior

    los artistas que siguieron en
    España vivieron un exilio interior

    En el ahora aséptico, intentamos hacer Memoria de una parte de nosotros con tantos agujeros negros de pintoresquismo, que los nietos del desencanto retrotraen la realidad de un pasado próximo a límites lejanos de casacas.
    La pasión por la memoria nos hace ser espectadores de la problemática de los olvidos teñidos de nostalgia.
    Hoy rescato un libro desvencijado por el tiempo y la mala encuadernación; un libro de letra prieta que estremece: Los topos.
    Jesús Torbado y Manuel Leguineche hacen del periodismo el oficio más demócrata porque dan la voz a los otros, a los “topos”; dan la voz de forma tan directa, que resuena en los oídos.

    Leyendo las horas de conversación con estos hombres y mujeres, la guerra visceral cobra una imagen inesperada y atroz: toda España en irracional amok.
    Para comprender este libro hay que detenerse a pensar en los mecanismos del terror desde todos sus ángulos, desde todas las Españas…

    Los Topos de Jesús Torbado y Manuel Leguineche

    Los Topos de Jesús Torbado
    y Manuel Leguineche

    La memoria actual es un collage, una reorganización de imágenes del pasado donde se tapan heridas a base de conmemoraciones.
    Tendríamos que preguntarnos qué significa para nuestros jóvenes eso de “exilio interior”, o qué fueron los “maquis”; y una pregunta más,
    qué significa para ellos que España se bañara en sangre a partir del 36 sin tregua.
    En estos tiempos que corren nos deleitamos con esta amnesia crónica, con la
    memoria-fetiche objetivada y cómoda,
    y nuestros jóvenes se asientan en esa desmemoria cultivada.
    Cuando hacemos uso de la memoria reflexiva nos adentramos en un camino pantanoso donde nuestra historia o nuestras historias caen en la nostalgia; se pierden entre testimonios residuales y enfermos; se amortajan con pactos de olvido…
    Y el fantasma que recorre nuestra tierra ya no tiene rostro.

    Un largo cadáver histórico, nos revuelve el entendimiento y por mucho que queramos no ser lo que fuimos, ahí tenemos muestras de ambas españas sin nombre, amontonadas
    en fosas comunes.

    Incendio provocado sobre la Iglesia de San Francisco de Borja

    Incendio provocado sobre la Iglesia
    de San Francisco de Borja

    Los topos, con esa manera de sobrevivir a toda costa, con ese miedo que les envenenó días y días, nos demuestran que no está todo dicho, que la historia es lo que queremos ver y la criba es un arte de la memoria.
    Tras tres décadas escondidos, haciendo de sus huecos membranas vitelinas, nos descubren sus mundos, con recuerdos que son como si hubieran dormido todo ese tiempo y despertaran con la amnistía del 69.
    Hay un vacío de tiempo, que ha hecho de cada agujero de topo una puerta hacia el delirio personal de miedos, rencores, pero sobre todo de vida.
    La España necrófaga que les vio reaparecer los infravaloraba con la denominación de “tontos de a pie”, o subrayando la inutilidad de su resistencia.
    Habían aparecido varios “muertos” del 39.

    La Historia nos espera escondida tras las palabras de doble fondo, tras las palabras mudas, tras un cambio generacional…
    No dejemos que nos engulla la memoria, a fuerza de olvidos mal curados.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Eduardo R. de la Cruz

    La poesía puede ser un rincón de soledades luminosas, un grito imperioso de justicia, un cofre de emociones heridas. Eduardo es un poeta con consecuencias…ciudad, afectos, política, infancia, nociones de amor, exactitud de las ciencias…todo converge en su sensibilidad privilegiada.El resultado es un sobresalto estético memorable, un viaje lírico por corredores secretos que inevitablemente fecundan su verbo.

    El mundo espera por su palabra…nosotros también!

    eduardo_01Nací en el sur de la Ciudad de México, un día 5 de mayo de 1974. Debido a que mi madre era una trabajadora de jornada completa, salía muy temprano del suburbio y me dejaba al cuidado de mis abuelos. Siendo ellos, emigrantes del estado de Querétaro, traían una tradición oral de narraciones y leyendas propias de su región. Estas mismas me fueron inculcadas y también prepararon en mí una sensibilidad ante la palabra.

    Debido a la situación económica tan precaria de mi familia, mi madre apenas pudo terminar su educación elemental, eso sí, con notas tan brillantes que ninguno de sus posteriores hijos ha podido igualar. Esto viene a representar una enorme responsabilidad en esa generación de chicos que nacimos en los setentas. Vivimos las crisis económicas más lamentables y, la sigilosa represión estatal que soportaba aquel régimen, que gobernó mi país durante 70 años, ese que Vargas Llosa llamaría alguna vez la dictadura perfecta.

    Estudié ingeniería industrial, en la Universidad Autónoma Metropolitana, donde editaban periódicamente un folleto literario; en ese tiempo ya contaba yo con un buen número de composiciones escritas. Así que decidí enviarles una colaboración para publicarla. Jamás me llamaron, y opté por no enviar más ningún trabajo a cualquier tipo de instancia. Un par de años después de graduarme en ingeniería, la compañía donde laboro me envió a un posgrado de Mercado, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y, un año más tarde a una maestría en Administración y Finanzas en la Universidad de las Américas. Finalmente llego al foro literario Al Aire, y decido mostrar mi trabajo, siempre, con el ánimo de establecer un diálogo participativo con otros escritores.

    ¿Cómo descubre Eduardo a Eduardo poeta?

    James Joyce

    James Joyce


    Que gran responsabilidad asumirme como poeta; porque esencialmente me considero un lector, eso sí constante, de algunos poetas, de algunos narradores. En todo caso sería un intérprete de lo que ocurre en mi entorno. Precisamente es en ese entorno, donde encuentro una insuficiencia a subsanar. Y es esa desazón que me invita a escribir mis propia historias y, encuentro que la poesía es un descubrimiento en sí misma, un descubrimiento sensitivo e intuitivo de la estética real, en un mundo de fuerzas salvajes.

    ¿Qué autores influyeron en tu escritura, a quiénes nombrarías maestros?

    Todos los días encuentro nuevos maestros; siendo la literatura un arte tan cercano, a la tradición oral más remota, coincido con quien dice que todos somos producto de todos. En ese sentido he sido un alumno (muy malo, en verdad) de Neruda, que para mi ha sido como un Virgilio en el infierno de Dante. De la poco conocida obra poética de James Joyce donde también muestra el genio provocador que fue su narrativa, su temática y su vida personal, en el estilo humano de su correspondencia con Nora Barnacle por ejemplo. Por supuesto de la literatura de José Emilio Pacheco, que conocí en mis años universitarios, donde hallé la cúspide de un diálogo privado. Igualmente, hallo una referencia en Kafka y esa lucha personal con los demonios y las tentaciones del hombre, no como un hombre aislado, sino como un individuo que es transgredido por la realidad, llamémosla sociedad, familia, legalidad o tradición.

    Háblanos un poco de tu formación profesional. ¿Cómo se instala la vida poética en ella?

    Octavio Paz

    Octavio Paz

    Mis maestros universitarios formales han sido rigurosos cientificistas, allá ellos. Seguramente estarán bien defraudados conmigo, porque al menos la tercera parte de mi jornada colegial, la pasé en la biblioteca, en la sección de humanidades y literatura universal. La ciencia, en la esfera poética, es un intersticio donde podemos encontrar eslabones perdidos, pero que pocos escritores se atreven a explorar, salvo los novelistas de ciencia ficción. Para mi esas enseñanzas formales, son herramientas valiosas en el instante de la referencia lírica, porque físicamente, la palabra, “la palabra increíble” (como dice un poeta), toma su justa dimensión, que es su dimensión natural. Allí, un poeta puede decir: “la velocidad es un éxtasis” y, un científico no puede refutarlo.

    Personalmente creo que escribir un poema se asemeja a un proceso viral. La bacteria (musa, inquietud, visión) los síntomas (la pulsión abrumadora de expresar el misterio, la afectividad, el concepto) y la curación (el cuerpo y el alma disfrutan la sanación poética) ¿Te has sentido alguna vez enfermo de literatura?

    Me ha encantado esa figura, aunque a decir verdad yo considero a la literatura, más que un acto viral, un acto vital, un reflejo de la existencia, un encuentro constante. Tu pregunta me recuerda esa búsqueda de Artaud, que fue un viaje a los extremos y, sus letras y su expresión humana tocaron y sobrepasaron esos límites. Y él sostenía que estaba en una contienda permanente de su propia expresión y su propia enfermedad. Y es que el escritor lucha por manifestarse, por mantener la idea, no ya en el acto mismo de la escritura, tanto como en el de su inserción con el derredor. Seguramente esa necesidad nos cause una molestia y por ende una reactivación del ciclo poético.

    Eres un escritor joven, ¿Qué le dirías a tus compañeros latinoamericanos y españoles con respecto a la vocación poética?

    Pablo Neruda

    Pablo Neruda

    Nuestro mundo hace 10, hace 15 años era impensable Hallie, en nuestra América se luchaba por un borde al cual asir nuestras naciones, náufragas de los colapsos económicos, políticos o militares. Hoy veo una indolencia en los jóvenes de las grandes ciudades, un desapego que rebasa el nihilismo más absurdo. El joven de hoy es más cercano a la virtualidad del messenger y el ipod, más que al prójimo que al vecino; la palabra y la reflexión han pasado al último lugar de la civilización; por ello necesitamos más que nunca la visión humana del poeta.

    En tus escritos se transparenta ideología y espíritu de cambio, ¿qué rol le asignarías al poeta como ente social?

    El rol es un compromiso con el entorno. Aquí voy a apelar al rol de Carlos Martínez Rivas, de Roque Dalton, de Ernesto Cardenal, de Mahmud Darwish, a su lid abierta y decidida desde las letras. Me parece que la historia nos deja muy claro que en cada generación surge una tendencia artística acorde con su circunstancia. Si vemos el siglo de oro, y lo comparamos con los beats, vemos una forma irreconciliable, hoy mismo lo leemos entre los “neorrabiosos” y los “miraquelindo”. Sin embargo el fondo es el mismo, porque la necesidad humana de expresión en Quevedo es la misma que en Gingsberg, su contraposición al status quo de su tiempo es consustancial. Esa necesidad es el rol del poeta en su sociedad, aún siempre.

    ¿Qué poetas mexicanos recomendarías a nuestro foro?

    Ante todo, en México la literatura debe sacudirse la pantomima, en que la ha convertido la política cultural los últimos años, ahora hay más espectáculo que una propuesta que ataña a la sociedad. Aún así tenemos una tradición poética muy importante que se remonta a Netzahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, López Velarde, Octavio Paz, Carlos Pellicer, José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, a nombres como Efraín Huerta, Thelma Nava, Homero Aridjis, Elías Nandino, Alberto Blanco. Igualmente una narrativa muy propia y muy crítica, aquí veo a José Agustín, Armando Ramírez, Carlos Monsiváis, Jorge Ibargüengoitia, o Luis Spota, como los últimos grandes representantes de esa herencia.

    POEMAS

    como el suspiro de un amante, que sabe que todo lo ha perdido

    una noche
    larga como el insomnio de un moribundo,
    mi piel es un escarceo de hormigas marchando al cieno,
    de repente, detienen su marcha
    buscan, buscan, buscan con
    desesperado aliento
    un extrañado y circunspecto sabor
    una a una,
    se arrojan a un abismo infinito,
    una a una,
    se desprenden de sí mismas
    no sin asombro,
    descubren el bruñido filo de la soledad.

    esa noche desordenadas luces
    saltan sobre el horizonte de la avenida Pantitlán,
    como si buscaran
    alguna oscuridad perdida,
    alguna descripción del vacío, mientras
    mis hormigas huyen
    como golondrinas reptando
    reptando, reptando dentro de gastados zapatos Florsheim.

    Indefensas ante la caída
    oscura como el piquete de los abrojos
    apenas
    alcanzan a balbucear un rasguño centrípeto
    desde el fondo de mi vacio.

    como un homenaje,
    a aquellas invertebradas muertes oscuras y olvidadas,
    resucito noche a noche
    entorno a un plinto y su altar
    gris como la sonrisa
    que apenas recuerdo,
    el dolor multiplicado por el enjambre,
    la desesperada ansiedad que la sed nocturna
    me acosa
    por el aroma extrañado y ajeno de tu boca.

    esa noche,
    noche, noche, cuando más resplandecen
    los labios de una anémona, mis dedos dejan de ser
    recuerdo. Devorado por algún instante
    perdido
    y algunas hormigas aún tiritan
    pienso:
    que el aroma que han de reencontrar
    en mi propia muerte
    quizás como la luz del canto de la entropía de tus besos
    sea infinito.

    consumptie, dan is er

    el ciclo es el mecanismo
    ………que le da nombre al destino;
    ………en la profundidad de la gran mentira,
    ………cauterizada como abducida prestidigitación,
    ………una hambrienta molécula
    ………subsiste.

    la hosca piedra
    que habrá de lamer la sangre;

    ………labrada en la seducción
    ………que las vestales
    ………de la mass media
    ………apuran llamar
    ………modernidad,

    impaciente anhela su turno.

    Tlacaélel depura la obsidiana
    y millardos de inocuos protozoarios
    asisten a su propia inmolación
    ………la sangre fluye incontrolable
    ………las leyes de la economía eyaculan
    ………la llama del sol financiero resurge.

    ………Ese holocausto sofoca
    la rubia expresión de la top model
    que nos aviva al consumo, Prometeo nos alcanza
    la antorcha:
    …………..somos pequeñas luces
    ………….embebidas de vacuidad,
    ………………………calcinándose.

    En el primer plano del cuadro maldito:
    ………el poeta apresura el fuste
    contra las venas oscuras de sus hijas;
    pervivirán a la salmuera del sacrificio,
    ………………………y a su insurrección.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los días, las noches

    1227650436Desde hace algún tiempo vengo recuperando un antiguo deseo: que llegue la noche. Es, estoy segura, lo que más deseo. Lo deseo porque necesito con urgencia, reposo, silencio; y es que he de poner los cinco sentidos en apartar de mí el pesimismo, el miedo a que hoy, esta noche, no pase. No quiero que ningún sentimiento negativo empañe la emoción que siento en tanto espero que ocurra, la que me embarga cuando por fin ocurre, y en la que sigue conmigo cuando sé que de nuevo he de esperar que amanezca.

    Y ocurre desde que hace dos semanas, casi de madrugada, recibí una llamada de teléfono de alguien a quien no conozco. Y lo curioso es que, al parecer, él -el hombre que llama-, tampoco sabe quién es.

    Cuando descuelgo, tras mi «dígame», indefectiblemente escucho las mismas frases:
    –Señorita –silencio-, lamento molestarla; aunque usted no me crea estoy seguro de que no soy yo, al menos ese que yo creo ser, quien llama.

    La primera vez que se lo escuché decir, me quedé tan sorprendida que tardé unos segundos en cortar la comunicación. A la mañana siguiente me sonreí al recordarla, y pensé que la gente tiene tanto tiempo libre que no sabe qué hacer para entretenerse. Pero me equivoqué. Sí, me equivoqué: han pasado los días, las noches, y su llamada se repite, y se repite. Cada amanecer suena mi teléfono y vuelvo a escucharle repetir la misma frase. Yo guardo silencio; nunca digo nada.

    Hace dos semanas me sorprendió con un cambio en su monólogo: tras esos instantes de silencio que yo guardo antes de cortar la comunicación, le escuché desearme las buenas noches. Desde entonces, cuánto, cuánto, y cuántas veces, tengo que contenerme para no desearle lo mismo.

    Me temo que un día le voy a preguntar quién no es, y quién cree que es. Y lo malo, pienso, es que si me lo dice, tendré que confirmarle que no lo conozco y entonces… dejará de llamarme. No quiero que eso ocurra. Hacía mucho tiempo que nadie marcaba mi número de teléfono –tanto- que he estado a punto de dar de baja la línea; y tanto que nadie se preocupaba por mí, ni me daba las buenas noches. Saber que ese hombre, sea quien sea, seguirá llamándome mientras yo sea capaz, únicamente de sonreír al escuchar su voz, y de dominar mi curiosidad, me ha devuelto la alegría, los días, la impaciente por que llegue la noche, y el deseo.

    Blanca Sandino

    1227650474

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • “Travesía” de Julio Piñones, compleja andadura del poema

    Julio Piñones

    Julio Piñones

    La presentación del libro de poemas “Travesía”, de Julio Piñones, representa el inicio de una travesía que ya no se circunscribe solamente a las temáticas del propio libro; sino que también significa el punto de partida para la Editorial Universidad de La Serena, puesto que éste resulta ser el primer libro de poesía de la editorial de ésta casa de estudios Chilena. Lo anterior, adquiere mayor relevancia cuando vemos el nacimiento de una editorial en una tierra semidesértica que cada vez resulta más alejada de los céntricos focos literarios y donde las posibilidades editoriales son mínimas. Por ello, es doblemente oportuno el título “Travesía” , para el quinto libro de poemas de Julio Piñones, Doctor en Filología Hispánica, profesor de Teoría y Estética Literarias, y Literatura Española de la Universidad de La Serena.

    En “Travesía”, nos hallamos primeramente con esa búsqueda del poeta con lo esencial de su propio oficio, la desnudez del hombre ante la palabra poética. Hay una búsqueda del lenguaje preciso en la exposición de los rasgos elementales de la construcción del texto, lo que recuerda las palabras de Octavio Paz señalando que la moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos, sino en su conducta frente al lenguaje. Sin embargo, esta búsqueda del lenguaje, de la exactitud léxica, se ve acompañada por otros referentes que dan cuenta de la labor de “orfebrería” que el autor realiza sobre su trabajo; otros aspectos de tipo fónico y rítmico, en algunos casos con una cuidada métrica, inciden en el tratamiento del tema de una forma implícita y se conjugan con los aspectos semánticos de cada poema, totalizando esta travesía hacía el hallazgo de un lenguaje poético.

    travesia_02“Travesía”, dividido en cuatro apartados, da inicio con la primera sección, “Orfebrería”, que presenta cinco poemas que nos acercan a la creación poética en sí misma. Existe un metadiscurso poético, que procura el lenguaje desde el primer poema, “Escritura”, donde el trabajo creador supone necesariamente del reconocimiento del lector: “Porque las vías del poema son múltiples/ y el lector construye sus vías”, señala oportunamente el texto, iniciándonos en esas vías de lector ante el poema. Por otra parte, desde la distribución espacial del texto, logro que resulta habitual en el libro y que posibilita un ritmo pausado en la lectura, hallamos distintos recursos estilísticos de gran efectividad que propenden hacia la claridad o al énfasis en el discurso. Además, y en concordancia con las múltiples vías hacia el poema, está la conciencia del conocimiento que debe tener el poeta sobre los recursos del oficio a la hora de hallarse bajo condición creadora: “pero el oficio de orfebre consiste/ en trabajar con todos los materiales”, indica en el crepúsculo del primer poema, “Escritura”. Cada enunciado remite a la poesía, a su capacidad creativa y expresiva, a su luminaria develadora de misterios. En toda la primera sección, “Orfebrería”, hay un tratamiento del sustantivo y el verbo por sobre el adjetivo, y una demostración sucesiva del trabajo de la palabra poética y de sus elementos con un final estético: “Hay que harnear los elementos./ Hay que abonar surcos quemar borradores”. La concordancia de la forma con el fondo en toda la primera sección del libro, engendra una visión magistral del oficio creador y de la responsabilidad sobre el propio texto.

    La segunda sección, “Personajes”, da cuenta de una serie de situaciones y protagonistas de la cotidianeidad que se constituyen en la experiencia diaria del hablante, quien apela al lector sobre las acciones de éstos en cuanto a aquel. En este sentido, existe una poesía que se centra en los ejes habituales del poeta, donde subsiste en un contexto ajeno al oficio, y que finalmente habla de las circunstancias del hombre, hombre – poeta, en el medio. Por otro lado, hallamos en esta segunda sección el uso de un lenguaje poético más adherido a referentes cotidianos, con cierto aire coloquial, pero con la crudeza del enfrentamiento que se vive a diario con el sistema. Piñones realiza una descripción sincera sobre la incertidumbre financiera y la repercusión de ésta. Habla sobre las máscaras de aquellos que nos rodean habitualmente y que se transforman en el veneno amenazador de la productividad literaria o incluso laboral, y cómo es que existe un disfraz sobre estos “personajes” existentes en la vida de cada sujeto; sin embargo, no resulta desesperanzador, más bien el discurso poético anima a no adormecerse y a la continuidad. El leve tono irónico, en este caso, resulta una pieza importante en la reflexión social que realiza, lo que además se ve intensificado con ciertos elementos negativos que se potencian con una correlación de términos y con el uso de la anáfora, como ocurre en el poema “Avatares”: “De la basura se alimentan los cóndores/ De la basura se alimenta alguna gente”.

    portada travesia de Julio Piñones

    portada travesia de Julio Piñones

    La tercera sección de esta travesía poética de Julio Piñones, “Espejos cóncavos”, reúne cuatro poemas donde el hablante se acerca a lo íntimo y al desarrollo de la relación de pareja, con sus altos y bajos ante lo rutinario, el desgaste, lo memorial, y la pérdida de la unidad que sólo se conserva en presencia física . Existe una suerte de degradación del amor que se va generando a medida que se avanza por los poemas de este apartado, se contempla “la partida de los mejores tiempos”, esa fatiga del amor que pronto se vuelve costumbre y rechazo.

    Parte importante de la tercera sección de “Travesía”, guarda una relación con elementos del fastidio; el hablante nombra los lugares antiguos del amor que han ido extraviándose en los años y que hoy son mesa de la rutina, pese a la búsqueda y a la continuidad que intenta la readecuación: “Reunir antecedentes que demuestren/ cuán querida has sido. Destacar los placeres/ disfrutados en los primeros años” señala con dolor y profundidad a medida que utiliza certeros y breves versos. Pese a lo aparentemente normal de ésta pérdida del amor, hay un no renunciar a ese estado, un querer vencer lo que aletarga la vitalidad de las relaciones mediante la valoración de lo anteriormente amado y de los sacrificios para lograr lo que se tiene en la actualidad. En este sentido, el discurso transcurre bajo una suerte de brumosidad emotiva, que se desliza en todo el trayecto de reflexión que “Espejos cóncavos” ofrece. Por otro lado, la utilización de un léxico relacionado con lo hogareño, permite cierto clima de familiaridad con los quehaceres diarios, pero ya sin la sorpresa del inicio, sino con esa seguridad de la relación consumada, que es la misma seguridad que suele ser la causa del descuido.

    La sección cuarta y final de esta travesía del poema, nos remonta a la tierra, al lugar del hablante, a la desértica zona de Atacama de Chile, y a la riqueza de su tierra seca, de sus pocos montes, de su estrellada soledad. Julio Piñones logra atar en su discurso poético una oda a las alturas cordilleranas donde el léxico ya no se basa en lo cotidiano, como en las secciones anteriores, sino que esta vez da paso a una extracción de palabras que deben su riqueza semántica a la aridez de Atacama. Es así como en su poema “Desierto” ofrece la posibilidad de futuro tras la estéril zona: “Algo de sus voces trae el viento/ algo de su olor a piel de puma./ El yaraví de la quena/ absurdo peregrino/ será el último sobreviviente”. Pero tras lo estético y semántico de su visión de la tierra, está el caudal histórico que hay tras los kilómetros de sequedad; por ello resulta muy destacable la conclusión del libro, su último poema “Cementerio en el desierto” donde nos recuerda la función social que tiene el arte, el poema, la función de sensibilizar y rememorar o acercarnos a las raíces de lo propio. Piñones se acerca a la riqueza salitrera de otros tiempos que hoy se conservan en la memoria histórica y bajo kilómetros de la esterilidad desértica de Atacama. Es en la etapa final de “Travesía” que la función social adquiere más fuerza y logra lo señalado por el filósofo alemán Walter Benjamin: “Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”, y cómo no si el poema que concluye el libro nos lleva a la soledad de los muertos del desierto: “bajo las arenas/ de un cementerio en el desierto/ parientes y amistades conversan/ para abreviar la noche…”. Así, tras este conmovedor final, concluye la “Travesía” por donde este reciente libro nos conduce.

    En “Travesía” de Julio Piñones, tenemos un libro donde el disfrute estético ofrece variados matices, donde hay madurez y rigurosidad poética, donde hay riqueza de recursos y un espléndido uso del lenguaje como muestra de la poesía que inicia su viaje y que se forma en la riqueza geográfica de la zona nortina y mineral de Chile.

    Benjamín León

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La mirada que mira al mar (IV y última parte)

    palabra_01Una micro-ontología del enredo

    Una vez que nos hallamos en posesión de los rollos del paraíso. Una vez que hemos cosechado en el viento del texto un manojo de bocetos y de signos edénicos, podemos preguntar si aquellas palabras ( o proto-palabras ) que funcionan como planos de las cosas, como polos de los que emanarán las cosas, como cartografías inherentes en las cosas, son las mismas que pronuncia el hombre, o si las que pronuncia el hombre son mimesis de otras palabras más antiguas verbalizadas por los demiurgos.
    Y también podemos preguntarnos, en el caso de ser disímiles, en el caso de ser Otras que las palabras humanas, quién es el que las emite o declama, cuál ( o qué cosa ) es la voz narrativa del discurso poético, cuál ( o qué cosa ) es el susurro que recorre los embrollos del cosmos, cuál ( o qué cosa ) es el bullicio que anima la pluralidad del Ser. Y la respuesta quizás sea: “En el principio era la palabra”. Vale decir: En el principio era la memoria y antes aún, era el enredo.

    La juerga de los dioses parlantes
    palabra_02
    En orden estricto: Antes que el piélago combinatorio de las cosas, antes que la masa profusa del no-ser, o del ser en potencia pura. Antes de los gradientes y de los haces, había efervescencia, conato permutativo, motilidad, capricho. Luego, ciertas zonas se diferenciaron, se estructuraron, se reglaron; irrumpió lo Otro de lo Uno: el dos, la cifra, el movimiento o la posibilidad ( que es movimiento ontológico, si es que hay otro ). Llamamos a esto: memoria; espacios de memoria, perduración zonal, contraste. En extremo: poli-celebración, banquete, juerga de los dioses parlantes.

    La erupción generativa

    En el principio, los espacios de fijación pujaban y se empujaban entre y con espacios de olvido.
    Antojos y consecuencias colisionaban constituyendo módulos de retención y módulos de permisividad. El ontos se matrizaba, se abría en cotos de persistencia y en cotos de vértigo. Se desgarraba formándose. Brotaba definiéndose. Se con-formaba como circunscripciones interpolares, como juego de conjuntos, como contacto.
    La termodinámica cedía ante la disonancia. Y mejor todavía: la disonancia térmico-ontológica se convertía en palabra.

    La palabra es memoria, diferencia, chorro desde el vacío, erupción, ruptura del velo de la ausencia.

    La maquinaria del verbo

    Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos (Neruda)

    Escucha como el viento me llama
    galopando para llevarme lejos
    (Neruda)

    Una palabra es un territorio, un cuenco para un momento sistémico, un arreglo.
    La palabra, cada palabra, es una ciudad que crece al borde de un abismo. Cada palabra es superviviente de una catástrofe de azares y silencios. Cada palabra es una hacienda donde se facturan y procesan presencias, donde se facturan y procesan auras. Cada palabra es un taller: cada palabra es una máquina.

    La palabra se filtra a través de la solidez del silencio, huye arduamente de la jaula del silencio, se emancipa. Y por tanto, la palabra es siempre palabra redimida, gratitud, desajuste y brinco.

    La palabra es rastro, cicatriz, botín. Es documento de la conflagración del silencio. Es juramento y testimonio de una convulsión afónica, de una refriega generativa. La palabra es escombro, humo.

    De modo que las palabras son esquirlas, vainas. En cambio, las cosas, son campos de combate entre la ausencia y el acto. Las cosas son soplidos, vidrio rojo y tibio que exhala el bardo en la noche, besos.

    Docenas de esculturas de libros abiertos volando en el viento en homenaje a Neruda en Parral

    Docenas de esculturas de libros
    abiertos volando en el viento en
    homenaje a Neruda en Parral

    A veces sentimos que las palabras son materias plásticas, que son engrudos o rudimentos, y que los objetos son resonancias, que son gama, variante. Pero en otras ocasiones se nos presentan las palabras como transparencia, y las cosas, por el contrario, como caídas, como cerrazones, como obstrucción.

    El poema de acción

    Lo cierto es que el poema resulta del discurso, acaece por la enumeración de las cosas. Lo cierto es que el poema es un discurso taumatúrgico que rasga las telas del silencio y del olvido, que rompe el huevo del no-ser y el del antojo, y brilla en la arena del tiempo.

    El poema ( el discurso ) es la corriente triunfante, la dirección.

    El poema descompone los cristales espesos de lo posible y nace. El poema es el reguero que se consuma en la playa de la existencia. El poema realiza ( hace real ), se realiza ( se hace real ), se auto-realiza realizando. Es acción.

    La realidad es un estallido, es texto.

    Un meneo contra la higiene
    palabra_05
    Cuando nos movemos, cuando todos lo seres, todas las cosas, se mueven, hablan. Hablar es cambiar. El silencio es sólo una manera elegante de mentar lo inmóvil. De modo que, el poema, como discurso que es, es un movimiento, un meneo.

    Repito: Un meneo.

    Hablamos contra la solidez terrible del no-ser. Poetizamos contra la higiene, contra la asepsia, y contra la castidad de la ausencia ( higiene, asepsia y castidad que constituyen la ausencia ). De modo que escribir es manchar, y pronunciar es revolver, y decretar es enturbiar, y rayar es contaminar, y costurar es pringar, y construir es salpicar.

    Escribimos engrasando lo omitido, incluso escribimos destrozando la luz.

    Meta-acústica o un coro en la niebla

    crucifixión manuscrito federico garcia lorca

    crucifixión manuscrito federico garcia lorca

    Las cosas son gritos ( palabras voceadas frente a una cueva ), y son traumas ( etimológicamente: sueños ). Son imposibles.
    Todo es imposible, porque es tan fuerte y tan inevitable como una palabra. Toda la potencia del universo radica en la potencia de los gritos, no más que eso. Sólo eso.

    Gritos.

    Antes de la palabra hay acecho. Después del discurso, impera el juego ( porque “juego” es el nombre solar para mentar “sistema” ).

    La realidad discursiva ( el poema del mundo ) acontece por supresión de olvidos, por tacha de nadas, por superposición de cantos.
    La realidad del mundo es una canción, un contrapunto suave de estratos corales.

    La realidad es un coro en la niebla.

    Talla y coda

    tumba de pablo neruda

    tumba de pablo neruda

    Cada palabra es una gota que se esfuerza desde la totalidad hacia la intemperie. Es preferencia, atropello.

    Cada palabra y cada cosa son tallas en el hervor. Son esculturas en la opulencia.

    Cada palabra es un ojo que excava, una mirilla hacia el hado o un dedo que apunta. Y cada palabra implica cuantiosas repulsas.
    El ser ocurre por repulsas.

    La palabra es lo que sobrevive al repudio, es un hueso hundido en el barro de lo posible.

    El cuerpo demoníaco del tiempo resiste el grito, pero el grito vence.

    La palabra es impulso, vibración de la espada.

    La palabra es filo y sangre.

    Sucede que cuando escribimos o leemos poesía, las palabras nos trinchan y amputan. Sucede que oímos los alaridos. Sucede que nos asomamos a una tromba negra.

    Un poema es una crónica, una teogonía. Un poema es una historia; la historia dorada de una cosa. Un Génesis.

    Y, si un poema no quema ni pincha ni duele, no es.

    El arte incomoda. Completa, e incomoda al mismo tiempo.

    Todo esto es lo que yo pude observar en aquellas Odas de Neruda. Descubrí una física literaria, descubrí una fisiología textual.
    Supe que era un brujo.

    Rafael Teicher

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

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