Poesía, literatura y arte
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  • Los topos

    ¿A dónde Huirás, Caín, postrer Caín?

    Hijos de la ira de Damaso Alonso

    Hijos de la ira de Damaso Alonso

    Huyes contra las sombras huyendo de las sombras,
    Huyes
    Cual quisieras huir de tu recuerdo,
    Pero cómo asesinar al recuerdo,
    Si es la bestia que ulula a un tiempo mismo
    Desde toda la redondez del horizonte…?

    Dámaso Alonso.
    Hijos de la ira.

     

     

    los artistas que siguieron en España vivieron un exilio interior

    los artistas que siguieron en
    España vivieron un exilio interior

    En el ahora aséptico, intentamos hacer Memoria de una parte de nosotros con tantos agujeros negros de pintoresquismo, que los nietos del desencanto retrotraen la realidad de un pasado próximo a límites lejanos de casacas.
    La pasión por la memoria nos hace ser espectadores de la problemática de los olvidos teñidos de nostalgia.
    Hoy rescato un libro desvencijado por el tiempo y la mala encuadernación; un libro de letra prieta que estremece: Los topos.
    Jesús Torbado y Manuel Leguineche hacen del periodismo el oficio más demócrata porque dan la voz a los otros, a los “topos”; dan la voz de forma tan directa, que resuena en los oídos.

    Leyendo las horas de conversación con estos hombres y mujeres, la guerra visceral cobra una imagen inesperada y atroz: toda España en irracional amok.
    Para comprender este libro hay que detenerse a pensar en los mecanismos del terror desde todos sus ángulos, desde todas las Españas…

    Los Topos de Jesús Torbado y Manuel Leguineche

    Los Topos de Jesús Torbado
    y Manuel Leguineche

    La memoria actual es un collage, una reorganización de imágenes del pasado donde se tapan heridas a base de conmemoraciones.
    Tendríamos que preguntarnos qué significa para nuestros jóvenes eso de “exilio interior”, o qué fueron los “maquis”; y una pregunta más,
    qué significa para ellos que España se bañara en sangre a partir del 36 sin tregua.
    En estos tiempos que corren nos deleitamos con esta amnesia crónica, con la
    memoria-fetiche objetivada y cómoda,
    y nuestros jóvenes se asientan en esa desmemoria cultivada.
    Cuando hacemos uso de la memoria reflexiva nos adentramos en un camino pantanoso donde nuestra historia o nuestras historias caen en la nostalgia; se pierden entre testimonios residuales y enfermos; se amortajan con pactos de olvido…
    Y el fantasma que recorre nuestra tierra ya no tiene rostro.

    Un largo cadáver histórico, nos revuelve el entendimiento y por mucho que queramos no ser lo que fuimos, ahí tenemos muestras de ambas españas sin nombre, amontonadas
    en fosas comunes.

    Incendio provocado sobre la Iglesia de San Francisco de Borja

    Incendio provocado sobre la Iglesia
    de San Francisco de Borja

    Los topos, con esa manera de sobrevivir a toda costa, con ese miedo que les envenenó días y días, nos demuestran que no está todo dicho, que la historia es lo que queremos ver y la criba es un arte de la memoria.
    Tras tres décadas escondidos, haciendo de sus huecos membranas vitelinas, nos descubren sus mundos, con recuerdos que son como si hubieran dormido todo ese tiempo y despertaran con la amnistía del 69.
    Hay un vacío de tiempo, que ha hecho de cada agujero de topo una puerta hacia el delirio personal de miedos, rencores, pero sobre todo de vida.
    La España necrófaga que les vio reaparecer los infravaloraba con la denominación de “tontos de a pie”, o subrayando la inutilidad de su resistencia.
    Habían aparecido varios “muertos” del 39.

    La Historia nos espera escondida tras las palabras de doble fondo, tras las palabras mudas, tras un cambio generacional…
    No dejemos que nos engulla la memoria, a fuerza de olvidos mal curados.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Eduardo R. de la Cruz

    La poesía puede ser un rincón de soledades luminosas, un grito imperioso de justicia, un cofre de emociones heridas. Eduardo es un poeta con consecuencias…ciudad, afectos, política, infancia, nociones de amor, exactitud de las ciencias…todo converge en su sensibilidad privilegiada.El resultado es un sobresalto estético memorable, un viaje lírico por corredores secretos que inevitablemente fecundan su verbo.

    El mundo espera por su palabra…nosotros también!

    eduardo_01Nací en el sur de la Ciudad de México, un día 5 de mayo de 1974. Debido a que mi madre era una trabajadora de jornada completa, salía muy temprano del suburbio y me dejaba al cuidado de mis abuelos. Siendo ellos, emigrantes del estado de Querétaro, traían una tradición oral de narraciones y leyendas propias de su región. Estas mismas me fueron inculcadas y también prepararon en mí una sensibilidad ante la palabra.

    Debido a la situación económica tan precaria de mi familia, mi madre apenas pudo terminar su educación elemental, eso sí, con notas tan brillantes que ninguno de sus posteriores hijos ha podido igualar. Esto viene a representar una enorme responsabilidad en esa generación de chicos que nacimos en los setentas. Vivimos las crisis económicas más lamentables y, la sigilosa represión estatal que soportaba aquel régimen, que gobernó mi país durante 70 años, ese que Vargas Llosa llamaría alguna vez la dictadura perfecta.

    Estudié ingeniería industrial, en la Universidad Autónoma Metropolitana, donde editaban periódicamente un folleto literario; en ese tiempo ya contaba yo con un buen número de composiciones escritas. Así que decidí enviarles una colaboración para publicarla. Jamás me llamaron, y opté por no enviar más ningún trabajo a cualquier tipo de instancia. Un par de años después de graduarme en ingeniería, la compañía donde laboro me envió a un posgrado de Mercado, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México y, un año más tarde a una maestría en Administración y Finanzas en la Universidad de las Américas. Finalmente llego al foro literario Al Aire, y decido mostrar mi trabajo, siempre, con el ánimo de establecer un diálogo participativo con otros escritores.

    ¿Cómo descubre Eduardo a Eduardo poeta?

    James Joyce

    James Joyce


    Que gran responsabilidad asumirme como poeta; porque esencialmente me considero un lector, eso sí constante, de algunos poetas, de algunos narradores. En todo caso sería un intérprete de lo que ocurre en mi entorno. Precisamente es en ese entorno, donde encuentro una insuficiencia a subsanar. Y es esa desazón que me invita a escribir mis propia historias y, encuentro que la poesía es un descubrimiento en sí misma, un descubrimiento sensitivo e intuitivo de la estética real, en un mundo de fuerzas salvajes.

    ¿Qué autores influyeron en tu escritura, a quiénes nombrarías maestros?

    Todos los días encuentro nuevos maestros; siendo la literatura un arte tan cercano, a la tradición oral más remota, coincido con quien dice que todos somos producto de todos. En ese sentido he sido un alumno (muy malo, en verdad) de Neruda, que para mi ha sido como un Virgilio en el infierno de Dante. De la poco conocida obra poética de James Joyce donde también muestra el genio provocador que fue su narrativa, su temática y su vida personal, en el estilo humano de su correspondencia con Nora Barnacle por ejemplo. Por supuesto de la literatura de José Emilio Pacheco, que conocí en mis años universitarios, donde hallé la cúspide de un diálogo privado. Igualmente, hallo una referencia en Kafka y esa lucha personal con los demonios y las tentaciones del hombre, no como un hombre aislado, sino como un individuo que es transgredido por la realidad, llamémosla sociedad, familia, legalidad o tradición.

    Háblanos un poco de tu formación profesional. ¿Cómo se instala la vida poética en ella?

    Octavio Paz

    Octavio Paz

    Mis maestros universitarios formales han sido rigurosos cientificistas, allá ellos. Seguramente estarán bien defraudados conmigo, porque al menos la tercera parte de mi jornada colegial, la pasé en la biblioteca, en la sección de humanidades y literatura universal. La ciencia, en la esfera poética, es un intersticio donde podemos encontrar eslabones perdidos, pero que pocos escritores se atreven a explorar, salvo los novelistas de ciencia ficción. Para mi esas enseñanzas formales, son herramientas valiosas en el instante de la referencia lírica, porque físicamente, la palabra, “la palabra increíble” (como dice un poeta), toma su justa dimensión, que es su dimensión natural. Allí, un poeta puede decir: “la velocidad es un éxtasis” y, un científico no puede refutarlo.

    Personalmente creo que escribir un poema se asemeja a un proceso viral. La bacteria (musa, inquietud, visión) los síntomas (la pulsión abrumadora de expresar el misterio, la afectividad, el concepto) y la curación (el cuerpo y el alma disfrutan la sanación poética) ¿Te has sentido alguna vez enfermo de literatura?

    Me ha encantado esa figura, aunque a decir verdad yo considero a la literatura, más que un acto viral, un acto vital, un reflejo de la existencia, un encuentro constante. Tu pregunta me recuerda esa búsqueda de Artaud, que fue un viaje a los extremos y, sus letras y su expresión humana tocaron y sobrepasaron esos límites. Y él sostenía que estaba en una contienda permanente de su propia expresión y su propia enfermedad. Y es que el escritor lucha por manifestarse, por mantener la idea, no ya en el acto mismo de la escritura, tanto como en el de su inserción con el derredor. Seguramente esa necesidad nos cause una molestia y por ende una reactivación del ciclo poético.

    Eres un escritor joven, ¿Qué le dirías a tus compañeros latinoamericanos y españoles con respecto a la vocación poética?

    Pablo Neruda

    Pablo Neruda

    Nuestro mundo hace 10, hace 15 años era impensable Hallie, en nuestra América se luchaba por un borde al cual asir nuestras naciones, náufragas de los colapsos económicos, políticos o militares. Hoy veo una indolencia en los jóvenes de las grandes ciudades, un desapego que rebasa el nihilismo más absurdo. El joven de hoy es más cercano a la virtualidad del messenger y el ipod, más que al prójimo que al vecino; la palabra y la reflexión han pasado al último lugar de la civilización; por ello necesitamos más que nunca la visión humana del poeta.

    En tus escritos se transparenta ideología y espíritu de cambio, ¿qué rol le asignarías al poeta como ente social?

    El rol es un compromiso con el entorno. Aquí voy a apelar al rol de Carlos Martínez Rivas, de Roque Dalton, de Ernesto Cardenal, de Mahmud Darwish, a su lid abierta y decidida desde las letras. Me parece que la historia nos deja muy claro que en cada generación surge una tendencia artística acorde con su circunstancia. Si vemos el siglo de oro, y lo comparamos con los beats, vemos una forma irreconciliable, hoy mismo lo leemos entre los “neorrabiosos” y los “miraquelindo”. Sin embargo el fondo es el mismo, porque la necesidad humana de expresión en Quevedo es la misma que en Gingsberg, su contraposición al status quo de su tiempo es consustancial. Esa necesidad es el rol del poeta en su sociedad, aún siempre.

    ¿Qué poetas mexicanos recomendarías a nuestro foro?

    Ante todo, en México la literatura debe sacudirse la pantomima, en que la ha convertido la política cultural los últimos años, ahora hay más espectáculo que una propuesta que ataña a la sociedad. Aún así tenemos una tradición poética muy importante que se remonta a Netzahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, López Velarde, Octavio Paz, Carlos Pellicer, José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, a nombres como Efraín Huerta, Thelma Nava, Homero Aridjis, Elías Nandino, Alberto Blanco. Igualmente una narrativa muy propia y muy crítica, aquí veo a José Agustín, Armando Ramírez, Carlos Monsiváis, Jorge Ibargüengoitia, o Luis Spota, como los últimos grandes representantes de esa herencia.

    POEMAS

    como el suspiro de un amante, que sabe que todo lo ha perdido

    una noche
    larga como el insomnio de un moribundo,
    mi piel es un escarceo de hormigas marchando al cieno,
    de repente, detienen su marcha
    buscan, buscan, buscan con
    desesperado aliento
    un extrañado y circunspecto sabor
    una a una,
    se arrojan a un abismo infinito,
    una a una,
    se desprenden de sí mismas
    no sin asombro,
    descubren el bruñido filo de la soledad.

    esa noche desordenadas luces
    saltan sobre el horizonte de la avenida Pantitlán,
    como si buscaran
    alguna oscuridad perdida,
    alguna descripción del vacío, mientras
    mis hormigas huyen
    como golondrinas reptando
    reptando, reptando dentro de gastados zapatos Florsheim.

    Indefensas ante la caída
    oscura como el piquete de los abrojos
    apenas
    alcanzan a balbucear un rasguño centrípeto
    desde el fondo de mi vacio.

    como un homenaje,
    a aquellas invertebradas muertes oscuras y olvidadas,
    resucito noche a noche
    entorno a un plinto y su altar
    gris como la sonrisa
    que apenas recuerdo,
    el dolor multiplicado por el enjambre,
    la desesperada ansiedad que la sed nocturna
    me acosa
    por el aroma extrañado y ajeno de tu boca.

    esa noche,
    noche, noche, cuando más resplandecen
    los labios de una anémona, mis dedos dejan de ser
    recuerdo. Devorado por algún instante
    perdido
    y algunas hormigas aún tiritan
    pienso:
    que el aroma que han de reencontrar
    en mi propia muerte
    quizás como la luz del canto de la entropía de tus besos
    sea infinito.

    consumptie, dan is er

    el ciclo es el mecanismo
    ………que le da nombre al destino;
    ………en la profundidad de la gran mentira,
    ………cauterizada como abducida prestidigitación,
    ………una hambrienta molécula
    ………subsiste.

    la hosca piedra
    que habrá de lamer la sangre;

    ………labrada en la seducción
    ………que las vestales
    ………de la mass media
    ………apuran llamar
    ………modernidad,

    impaciente anhela su turno.

    Tlacaélel depura la obsidiana
    y millardos de inocuos protozoarios
    asisten a su propia inmolación
    ………la sangre fluye incontrolable
    ………las leyes de la economía eyaculan
    ………la llama del sol financiero resurge.

    ………Ese holocausto sofoca
    la rubia expresión de la top model
    que nos aviva al consumo, Prometeo nos alcanza
    la antorcha:
    …………..somos pequeñas luces
    ………….embebidas de vacuidad,
    ………………………calcinándose.

    En el primer plano del cuadro maldito:
    ………el poeta apresura el fuste
    contra las venas oscuras de sus hijas;
    pervivirán a la salmuera del sacrificio,
    ………………………y a su insurrección.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los días, las noches

    1227650436Desde hace algún tiempo vengo recuperando un antiguo deseo: que llegue la noche. Es, estoy segura, lo que más deseo. Lo deseo porque necesito con urgencia, reposo, silencio; y es que he de poner los cinco sentidos en apartar de mí el pesimismo, el miedo a que hoy, esta noche, no pase. No quiero que ningún sentimiento negativo empañe la emoción que siento en tanto espero que ocurra, la que me embarga cuando por fin ocurre, y en la que sigue conmigo cuando sé que de nuevo he de esperar que amanezca.

    Y ocurre desde que hace dos semanas, casi de madrugada, recibí una llamada de teléfono de alguien a quien no conozco. Y lo curioso es que, al parecer, él -el hombre que llama-, tampoco sabe quién es.

    Cuando descuelgo, tras mi «dígame», indefectiblemente escucho las mismas frases:
    –Señorita –silencio-, lamento molestarla; aunque usted no me crea estoy seguro de que no soy yo, al menos ese que yo creo ser, quien llama.

    La primera vez que se lo escuché decir, me quedé tan sorprendida que tardé unos segundos en cortar la comunicación. A la mañana siguiente me sonreí al recordarla, y pensé que la gente tiene tanto tiempo libre que no sabe qué hacer para entretenerse. Pero me equivoqué. Sí, me equivoqué: han pasado los días, las noches, y su llamada se repite, y se repite. Cada amanecer suena mi teléfono y vuelvo a escucharle repetir la misma frase. Yo guardo silencio; nunca digo nada.

    Hace dos semanas me sorprendió con un cambio en su monólogo: tras esos instantes de silencio que yo guardo antes de cortar la comunicación, le escuché desearme las buenas noches. Desde entonces, cuánto, cuánto, y cuántas veces, tengo que contenerme para no desearle lo mismo.

    Me temo que un día le voy a preguntar quién no es, y quién cree que es. Y lo malo, pienso, es que si me lo dice, tendré que confirmarle que no lo conozco y entonces… dejará de llamarme. No quiero que eso ocurra. Hacía mucho tiempo que nadie marcaba mi número de teléfono –tanto- que he estado a punto de dar de baja la línea; y tanto que nadie se preocupaba por mí, ni me daba las buenas noches. Saber que ese hombre, sea quien sea, seguirá llamándome mientras yo sea capaz, únicamente de sonreír al escuchar su voz, y de dominar mi curiosidad, me ha devuelto la alegría, los días, la impaciente por que llegue la noche, y el deseo.

    Blanca Sandino

    1227650474

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • “Travesía” de Julio Piñones, compleja andadura del poema

    Julio Piñones

    Julio Piñones

    La presentación del libro de poemas “Travesía”, de Julio Piñones, representa el inicio de una travesía que ya no se circunscribe solamente a las temáticas del propio libro; sino que también significa el punto de partida para la Editorial Universidad de La Serena, puesto que éste resulta ser el primer libro de poesía de la editorial de ésta casa de estudios Chilena. Lo anterior, adquiere mayor relevancia cuando vemos el nacimiento de una editorial en una tierra semidesértica que cada vez resulta más alejada de los céntricos focos literarios y donde las posibilidades editoriales son mínimas. Por ello, es doblemente oportuno el título “Travesía” , para el quinto libro de poemas de Julio Piñones, Doctor en Filología Hispánica, profesor de Teoría y Estética Literarias, y Literatura Española de la Universidad de La Serena.

    En “Travesía”, nos hallamos primeramente con esa búsqueda del poeta con lo esencial de su propio oficio, la desnudez del hombre ante la palabra poética. Hay una búsqueda del lenguaje preciso en la exposición de los rasgos elementales de la construcción del texto, lo que recuerda las palabras de Octavio Paz señalando que la moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos, sino en su conducta frente al lenguaje. Sin embargo, esta búsqueda del lenguaje, de la exactitud léxica, se ve acompañada por otros referentes que dan cuenta de la labor de “orfebrería” que el autor realiza sobre su trabajo; otros aspectos de tipo fónico y rítmico, en algunos casos con una cuidada métrica, inciden en el tratamiento del tema de una forma implícita y se conjugan con los aspectos semánticos de cada poema, totalizando esta travesía hacía el hallazgo de un lenguaje poético.

    travesia_02“Travesía”, dividido en cuatro apartados, da inicio con la primera sección, “Orfebrería”, que presenta cinco poemas que nos acercan a la creación poética en sí misma. Existe un metadiscurso poético, que procura el lenguaje desde el primer poema, “Escritura”, donde el trabajo creador supone necesariamente del reconocimiento del lector: “Porque las vías del poema son múltiples/ y el lector construye sus vías”, señala oportunamente el texto, iniciándonos en esas vías de lector ante el poema. Por otra parte, desde la distribución espacial del texto, logro que resulta habitual en el libro y que posibilita un ritmo pausado en la lectura, hallamos distintos recursos estilísticos de gran efectividad que propenden hacia la claridad o al énfasis en el discurso. Además, y en concordancia con las múltiples vías hacia el poema, está la conciencia del conocimiento que debe tener el poeta sobre los recursos del oficio a la hora de hallarse bajo condición creadora: “pero el oficio de orfebre consiste/ en trabajar con todos los materiales”, indica en el crepúsculo del primer poema, “Escritura”. Cada enunciado remite a la poesía, a su capacidad creativa y expresiva, a su luminaria develadora de misterios. En toda la primera sección, “Orfebrería”, hay un tratamiento del sustantivo y el verbo por sobre el adjetivo, y una demostración sucesiva del trabajo de la palabra poética y de sus elementos con un final estético: “Hay que harnear los elementos./ Hay que abonar surcos quemar borradores”. La concordancia de la forma con el fondo en toda la primera sección del libro, engendra una visión magistral del oficio creador y de la responsabilidad sobre el propio texto.

    La segunda sección, “Personajes”, da cuenta de una serie de situaciones y protagonistas de la cotidianeidad que se constituyen en la experiencia diaria del hablante, quien apela al lector sobre las acciones de éstos en cuanto a aquel. En este sentido, existe una poesía que se centra en los ejes habituales del poeta, donde subsiste en un contexto ajeno al oficio, y que finalmente habla de las circunstancias del hombre, hombre – poeta, en el medio. Por otro lado, hallamos en esta segunda sección el uso de un lenguaje poético más adherido a referentes cotidianos, con cierto aire coloquial, pero con la crudeza del enfrentamiento que se vive a diario con el sistema. Piñones realiza una descripción sincera sobre la incertidumbre financiera y la repercusión de ésta. Habla sobre las máscaras de aquellos que nos rodean habitualmente y que se transforman en el veneno amenazador de la productividad literaria o incluso laboral, y cómo es que existe un disfraz sobre estos “personajes” existentes en la vida de cada sujeto; sin embargo, no resulta desesperanzador, más bien el discurso poético anima a no adormecerse y a la continuidad. El leve tono irónico, en este caso, resulta una pieza importante en la reflexión social que realiza, lo que además se ve intensificado con ciertos elementos negativos que se potencian con una correlación de términos y con el uso de la anáfora, como ocurre en el poema “Avatares”: “De la basura se alimentan los cóndores/ De la basura se alimenta alguna gente”.

    portada travesia de Julio Piñones

    portada travesia de Julio Piñones

    La tercera sección de esta travesía poética de Julio Piñones, “Espejos cóncavos”, reúne cuatro poemas donde el hablante se acerca a lo íntimo y al desarrollo de la relación de pareja, con sus altos y bajos ante lo rutinario, el desgaste, lo memorial, y la pérdida de la unidad que sólo se conserva en presencia física . Existe una suerte de degradación del amor que se va generando a medida que se avanza por los poemas de este apartado, se contempla “la partida de los mejores tiempos”, esa fatiga del amor que pronto se vuelve costumbre y rechazo.

    Parte importante de la tercera sección de “Travesía”, guarda una relación con elementos del fastidio; el hablante nombra los lugares antiguos del amor que han ido extraviándose en los años y que hoy son mesa de la rutina, pese a la búsqueda y a la continuidad que intenta la readecuación: “Reunir antecedentes que demuestren/ cuán querida has sido. Destacar los placeres/ disfrutados en los primeros años” señala con dolor y profundidad a medida que utiliza certeros y breves versos. Pese a lo aparentemente normal de ésta pérdida del amor, hay un no renunciar a ese estado, un querer vencer lo que aletarga la vitalidad de las relaciones mediante la valoración de lo anteriormente amado y de los sacrificios para lograr lo que se tiene en la actualidad. En este sentido, el discurso transcurre bajo una suerte de brumosidad emotiva, que se desliza en todo el trayecto de reflexión que “Espejos cóncavos” ofrece. Por otro lado, la utilización de un léxico relacionado con lo hogareño, permite cierto clima de familiaridad con los quehaceres diarios, pero ya sin la sorpresa del inicio, sino con esa seguridad de la relación consumada, que es la misma seguridad que suele ser la causa del descuido.

    La sección cuarta y final de esta travesía del poema, nos remonta a la tierra, al lugar del hablante, a la desértica zona de Atacama de Chile, y a la riqueza de su tierra seca, de sus pocos montes, de su estrellada soledad. Julio Piñones logra atar en su discurso poético una oda a las alturas cordilleranas donde el léxico ya no se basa en lo cotidiano, como en las secciones anteriores, sino que esta vez da paso a una extracción de palabras que deben su riqueza semántica a la aridez de Atacama. Es así como en su poema “Desierto” ofrece la posibilidad de futuro tras la estéril zona: “Algo de sus voces trae el viento/ algo de su olor a piel de puma./ El yaraví de la quena/ absurdo peregrino/ será el último sobreviviente”. Pero tras lo estético y semántico de su visión de la tierra, está el caudal histórico que hay tras los kilómetros de sequedad; por ello resulta muy destacable la conclusión del libro, su último poema “Cementerio en el desierto” donde nos recuerda la función social que tiene el arte, el poema, la función de sensibilizar y rememorar o acercarnos a las raíces de lo propio. Piñones se acerca a la riqueza salitrera de otros tiempos que hoy se conservan en la memoria histórica y bajo kilómetros de la esterilidad desértica de Atacama. Es en la etapa final de “Travesía” que la función social adquiere más fuerza y logra lo señalado por el filósofo alemán Walter Benjamin: “Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”, y cómo no si el poema que concluye el libro nos lleva a la soledad de los muertos del desierto: “bajo las arenas/ de un cementerio en el desierto/ parientes y amistades conversan/ para abreviar la noche…”. Así, tras este conmovedor final, concluye la “Travesía” por donde este reciente libro nos conduce.

    En “Travesía” de Julio Piñones, tenemos un libro donde el disfrute estético ofrece variados matices, donde hay madurez y rigurosidad poética, donde hay riqueza de recursos y un espléndido uso del lenguaje como muestra de la poesía que inicia su viaje y que se forma en la riqueza geográfica de la zona nortina y mineral de Chile.

    Benjamín León

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La mirada que mira al mar (IV y última parte)

    palabra_01Una micro-ontología del enredo

    Una vez que nos hallamos en posesión de los rollos del paraíso. Una vez que hemos cosechado en el viento del texto un manojo de bocetos y de signos edénicos, podemos preguntar si aquellas palabras ( o proto-palabras ) que funcionan como planos de las cosas, como polos de los que emanarán las cosas, como cartografías inherentes en las cosas, son las mismas que pronuncia el hombre, o si las que pronuncia el hombre son mimesis de otras palabras más antiguas verbalizadas por los demiurgos.
    Y también podemos preguntarnos, en el caso de ser disímiles, en el caso de ser Otras que las palabras humanas, quién es el que las emite o declama, cuál ( o qué cosa ) es la voz narrativa del discurso poético, cuál ( o qué cosa ) es el susurro que recorre los embrollos del cosmos, cuál ( o qué cosa ) es el bullicio que anima la pluralidad del Ser. Y la respuesta quizás sea: “En el principio era la palabra”. Vale decir: En el principio era la memoria y antes aún, era el enredo.

    La juerga de los dioses parlantes
    palabra_02
    En orden estricto: Antes que el piélago combinatorio de las cosas, antes que la masa profusa del no-ser, o del ser en potencia pura. Antes de los gradientes y de los haces, había efervescencia, conato permutativo, motilidad, capricho. Luego, ciertas zonas se diferenciaron, se estructuraron, se reglaron; irrumpió lo Otro de lo Uno: el dos, la cifra, el movimiento o la posibilidad ( que es movimiento ontológico, si es que hay otro ). Llamamos a esto: memoria; espacios de memoria, perduración zonal, contraste. En extremo: poli-celebración, banquete, juerga de los dioses parlantes.

    La erupción generativa

    En el principio, los espacios de fijación pujaban y se empujaban entre y con espacios de olvido.
    Antojos y consecuencias colisionaban constituyendo módulos de retención y módulos de permisividad. El ontos se matrizaba, se abría en cotos de persistencia y en cotos de vértigo. Se desgarraba formándose. Brotaba definiéndose. Se con-formaba como circunscripciones interpolares, como juego de conjuntos, como contacto.
    La termodinámica cedía ante la disonancia. Y mejor todavía: la disonancia térmico-ontológica se convertía en palabra.

    La palabra es memoria, diferencia, chorro desde el vacío, erupción, ruptura del velo de la ausencia.

    La maquinaria del verbo

    Escucha como el viento me llama galopando para llevarme lejos (Neruda)

    Escucha como el viento me llama
    galopando para llevarme lejos
    (Neruda)

    Una palabra es un territorio, un cuenco para un momento sistémico, un arreglo.
    La palabra, cada palabra, es una ciudad que crece al borde de un abismo. Cada palabra es superviviente de una catástrofe de azares y silencios. Cada palabra es una hacienda donde se facturan y procesan presencias, donde se facturan y procesan auras. Cada palabra es un taller: cada palabra es una máquina.

    La palabra se filtra a través de la solidez del silencio, huye arduamente de la jaula del silencio, se emancipa. Y por tanto, la palabra es siempre palabra redimida, gratitud, desajuste y brinco.

    La palabra es rastro, cicatriz, botín. Es documento de la conflagración del silencio. Es juramento y testimonio de una convulsión afónica, de una refriega generativa. La palabra es escombro, humo.

    De modo que las palabras son esquirlas, vainas. En cambio, las cosas, son campos de combate entre la ausencia y el acto. Las cosas son soplidos, vidrio rojo y tibio que exhala el bardo en la noche, besos.

    Docenas de esculturas de libros abiertos volando en el viento en homenaje a Neruda en Parral

    Docenas de esculturas de libros
    abiertos volando en el viento en
    homenaje a Neruda en Parral

    A veces sentimos que las palabras son materias plásticas, que son engrudos o rudimentos, y que los objetos son resonancias, que son gama, variante. Pero en otras ocasiones se nos presentan las palabras como transparencia, y las cosas, por el contrario, como caídas, como cerrazones, como obstrucción.

    El poema de acción

    Lo cierto es que el poema resulta del discurso, acaece por la enumeración de las cosas. Lo cierto es que el poema es un discurso taumatúrgico que rasga las telas del silencio y del olvido, que rompe el huevo del no-ser y el del antojo, y brilla en la arena del tiempo.

    El poema ( el discurso ) es la corriente triunfante, la dirección.

    El poema descompone los cristales espesos de lo posible y nace. El poema es el reguero que se consuma en la playa de la existencia. El poema realiza ( hace real ), se realiza ( se hace real ), se auto-realiza realizando. Es acción.

    La realidad es un estallido, es texto.

    Un meneo contra la higiene
    palabra_05
    Cuando nos movemos, cuando todos lo seres, todas las cosas, se mueven, hablan. Hablar es cambiar. El silencio es sólo una manera elegante de mentar lo inmóvil. De modo que, el poema, como discurso que es, es un movimiento, un meneo.

    Repito: Un meneo.

    Hablamos contra la solidez terrible del no-ser. Poetizamos contra la higiene, contra la asepsia, y contra la castidad de la ausencia ( higiene, asepsia y castidad que constituyen la ausencia ). De modo que escribir es manchar, y pronunciar es revolver, y decretar es enturbiar, y rayar es contaminar, y costurar es pringar, y construir es salpicar.

    Escribimos engrasando lo omitido, incluso escribimos destrozando la luz.

    Meta-acústica o un coro en la niebla

    crucifixión manuscrito federico garcia lorca

    crucifixión manuscrito federico garcia lorca

    Las cosas son gritos ( palabras voceadas frente a una cueva ), y son traumas ( etimológicamente: sueños ). Son imposibles.
    Todo es imposible, porque es tan fuerte y tan inevitable como una palabra. Toda la potencia del universo radica en la potencia de los gritos, no más que eso. Sólo eso.

    Gritos.

    Antes de la palabra hay acecho. Después del discurso, impera el juego ( porque “juego” es el nombre solar para mentar “sistema” ).

    La realidad discursiva ( el poema del mundo ) acontece por supresión de olvidos, por tacha de nadas, por superposición de cantos.
    La realidad del mundo es una canción, un contrapunto suave de estratos corales.

    La realidad es un coro en la niebla.

    Talla y coda

    tumba de pablo neruda

    tumba de pablo neruda

    Cada palabra es una gota que se esfuerza desde la totalidad hacia la intemperie. Es preferencia, atropello.

    Cada palabra y cada cosa son tallas en el hervor. Son esculturas en la opulencia.

    Cada palabra es un ojo que excava, una mirilla hacia el hado o un dedo que apunta. Y cada palabra implica cuantiosas repulsas.
    El ser ocurre por repulsas.

    La palabra es lo que sobrevive al repudio, es un hueso hundido en el barro de lo posible.

    El cuerpo demoníaco del tiempo resiste el grito, pero el grito vence.

    La palabra es impulso, vibración de la espada.

    La palabra es filo y sangre.

    Sucede que cuando escribimos o leemos poesía, las palabras nos trinchan y amputan. Sucede que oímos los alaridos. Sucede que nos asomamos a una tromba negra.

    Un poema es una crónica, una teogonía. Un poema es una historia; la historia dorada de una cosa. Un Génesis.

    Y, si un poema no quema ni pincha ni duele, no es.

    El arte incomoda. Completa, e incomoda al mismo tiempo.

    Todo esto es lo que yo pude observar en aquellas Odas de Neruda. Descubrí una física literaria, descubrí una fisiología textual.
    Supe que era un brujo.

    Rafael Teicher

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Carmen Iglesia

    1227812684“Yo busco la poesía que me emocione y me sorprenda”

    Carmen Iglesia, la poeta de los espejos, de la palabras mimadas y el desnudo interiorismo de unos versos que van componiendo, en pequeñas dosis, todo un universo estético, nos habla de cómo alguien puede estar predestinado a la poesía sin remedio, de cómo la ciudad seduce, la multitud seduce y de cómo se deja ella seducir por las letras de García Montero, Benjamín Prado o Josefa Parra.

    Ella  sabe que su  relación con el verso es irremediable, ahora sólo nos queda descubrir qué hay detrás de las cortinas del ritmo y las ventanas por las que ella nos deja mirarla.

    ¿Quién es Carmen Iglesia y cómo llega a la escritura?

    Nací en Andalucía -en Huelva- pero con 18 años me vine a vivir a Madrid para estudiar Periodismo y me quedé. He colaborado con algunos periódicos y revistas y he trabajado en Gabinetes de Prensa pero, a día de hoy, no ejerzo el Periodismo. Desde hace varios años trabajo en una Agencia de Publicidad. Escribir lo hago desde que era pequeña. Diarios, relatos y poemas terriblemente malos que me llevaba al colegio en una carpeta para repartírselos a las niñas, jajaja… Recuerdo especialmente uno que se llamaba “El alfiletero de mi corazón”, por dios… Escribía, como necesidad, sin más pretensiones. Yo llegué a la escritura a través de la lectura. A mi padre le encantaba leer y mi casa estaba llena de libros, aunque no precisamente de poesía. He sido y soy una gran lectora pero, hasta hace relativamente poco, leía mucha más ficción que poesía.

    1227812709¿A qué poetas consideras tú que deberíamos prestar especial atención para comprender mejor la poesía que se hace actualmente?

    Admiro la poesía de Luis García Montero, sus temas, sus escenarios y sus obsesiones… También me gustan Benjamín Prado, Amalia Bautista, Josefa Parra, Luis Muñoz, Karmelo C. Iribarren, Felipe Beníte Reyes y el Vicente Gallego del principio… Pero no paro de leer y espero que esta lista sea mucho mayor dentro de poco porque me interesa muchísimo la poesía que se hace actualmente en lengua castellana.

    ¿Cuáles piensas que son los elementos indispensables para que el acto creativo te lleve a donde tú quieres llegar en tus textos?

    Desde que aprendí a sentir el ritmo, no concibo mi poesía sin él. Necesito el ritmo. También pienso que el poema que está destinado a ser escrito nace solo pero que es necesaria cierta paciencia que yo aún no tengo. El poema debe reposar pero hasta un límite. La perfección no existe y las correcciones excesivas pueden matar el alma del poema. Lo difícil para mí es encontrar ese punto intermedio entre la prisa y la paciencia.

    1227812785Tu poesía tiende a la introspección, es una poesía intimista, que se recrea en los aspectos más personales de las distintas sensaciones que nos aporta el medio o las circunstancias ¿Hasta dónde llega ese visión interna en ti? ¿Existe un límite?

    Yo creo que el poeta siempre escribe de si mismo y cuántos menos límites le ponga a ese “desnudo” más rica será su poesía. La poesía no es prosa, en la poesía hay que mojarse. No concibo un poeta que le ponga límites al poema por miedo a llegar demasiado lejos… prefiero pecar y que pequen de lo contrario.

    Desde tu personal visión estética de la poesía ¿Cuál crees que es la forma ideal? ¿ Con cuál te sientes más completa como poeta?

    Admiro mucho a los poetas que se extienden sin perder de vista la idea… pero a mí me atrae la brevedad. En la brevedad y en la búsqueda de lo concreto me siento, si no completa, al menos bastante cómoda.

    Háblanos de los pilares que tú consideres fundamentales para que un poema tenga vida, para que mueva en ti los sentidos.

    Yo busco la poesía que me emocione y me sorprenda. Sé que esas dos cualidades no son suficientes par dar cuerpo a un poema pero para mí la técnica tiene que estar al servicio del contenido y nunca al revés. Hay poemas magníficos que me dejan fría. A mí me gusta que el poema me sacuda. Y me atraen también los poetas que nos aproximan a lo cotidiano… En mi opinión le hacen un tremendo favor a la poesía.

    1227812857Aunque los versos son a veces una forma de respirar, irremediable ¿ De dónde nace ese empuje a la escritura en Carmen Iglesia? ¿A dónde te lleva el verso?

    El verso me lleva a todas partes… al pasado, al futuro, al miedo, a la soledad, a la alegría, al amor, al desamor… no hay ningún límite en ese viaje. Yo escribo porque necesito hacerlo, es una especie de curación.

    ¿Qué no has hecho aún en un poema y te encantaría hacer?

    Uy… un montón de cosas… Si es ahora cuando estoy empezando a aprender algo…
    Por ejemplo, no creo que los sonetos sean “mi camino” pero me gustaría escribir un buen soneto de temática no clásica… García Montero tiene algunos, para mí, magníficos.

    Como todos sabemos, hay muchos poetas que no han sido generosamente tratados por la historia ni por la literartura en general, cuéntanos algo de alguno de ellos que tú quisieras reivindicar desde aquí.

    Nada más leer tu pregunta me he acordado de un amigo periodista que me contó hace unos meses que estaba escribiendo un artículo sobre las mujeres de la Generación del 27. Me asombré: ¿pero hubo mujeres en la Generación del 27?. Y resulta que sí, y no sólo poetas, también pintoras, filósofas, novelistas… La verdad es que durante mucho tiempo ni la historia ni la literatura han tratado con demasiada justicia a las mujeres.


    1227812902Tus textos podrían encuadrarse dentro de lo que llaman poesía urbana, según las “definiciones” actuales ¿en realidad existe esa diferencia entre poesía urbana y la que no lo es? ¿tienen las ciudades un elemento poético especial que aún debemos descubrir a través de la poesía? Háblanos de él.

    En mi poesía hay elementos urbanos sólo porque vivo en una gran ciudad y lo que sucede en ella forma parte de mí y de mi día a día pero en defensa del lado poético de las ciudades, puedo decir que en ellas se viven muy intensamente ciertas sensaciones, como la soledad y la incomunicación, pero también la libertad, los encuentros fugaces, la mezcla de gente… la vida está siempre en movimiento y eso me encanta…Si me preguntan, pues sí, yo defiendo el lado poético de las ciudades aunque no creo que lo importante sea el escenario, sino las situaciones y las sensaciones que se dan en ese escenario…

    Tus poemas son increiblemente visuales, en ellos aparecen elementos que se repiten de forma reiterada en casi todos ellos, como el espejo, la palabra, el reloj o el vientre ¿Qué extraña magia tienen estos símbolos para ti?

    Bueno, es que a mí me gusta mucho el cine. Es otra de mis pasiones. El cine ha influído mucho en mí y supongo que influirá en mi poesía, no lo sé, al igual que los viajes. Y esos símbolos a los que haces referencia, pues creo que reflejan mis osbsesiones: el paso del tiempo, la identidad, la necesidad de encontrar respuesta a mis miedos, saber quién soy… qué hago con mi vida… en fin, lo que nos preocupa a todos…

    Para terminar me gustaría que nos contaras ese momento en que descubriste que la poesía debía estar contigo siempre y cómo ha influido en la vida de la Carmen mujer que emociona cada día con sus poemas a tanta gente.

    Es verdad que la poesía va a estar siempre conmigo… Esto es como un veneno. Se mete dentro y no hay manera de sacarlo. Pero yo siempre me he sentido muy cerca de la palabra, así que mi vida no ha cambiado gran cosa, salvo que ahora demando más tiempo para mí y más ratos de soledad. Pero también necesito -y mucho- mis ratos de “no- poesía”. Disfrutar con mis otras aficiones: el cine, la lectura, viajar, comer sushi (jajaja) y, sobre todo, reírme con mis amigos. No creo que la poesía deba convertirse en una cárcel… todo lo contrario.

    Besos

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • San Juan de la Cruz (V y última entrega)

    Estatua de San Juan de la Cruz en Fontiveros

    Estatua de San Juan
    de la Cruz en Fontiveros

    Definir en una sola palabra lo que san Juan de la Cruz ha significado para el siglo XX y sigue significando en los pocos años que llevamos de siglo XXI es una tarea realmente difícil. Pero ya que se trata de concluir este ciclo de intervenciones que he dedicado al místico para esta revista Alaire, a la que agradezco profundamente la invitación a colaborar con mis aportaciones sanjuanistas, voy a arriesgarme.

    La palabra es el silencio, la palabra es silencio. Una aclaración previa y necesaria: hablar de y del silencio no tiene nada que ver, en principio, con ninguna experiencia de índole religiosa. De hecho si algo he aprendido durante estos años es que, precisamente, el valor de la mística radica en ese afán por tomar una cierta distancia de las características propias del hecho religioso en cuanto fenómeno histórico (lo que en ciertos momentos de nuestra historia ha acarreado a nuestros místicos más de un problema con la jerarquía de la Iglesia), de manera que así supone una excelente plataforma para acercarse, desde las “alturas” al movimiento ecuménico que, por otra parte, tanto interés ha despertado durante los últimos decenios.

    Cántico espiritual san juan de la cruz

    Cántico espiritual san juan de la cruz

    Quien haya comprendido en algún modo lo que significa el fenómeno místico, quien haya sido lo suficientemente sagaz cuando se haya enfrentado a la inmensidad de la vida y de la obra del místico de Fontiveros, habrá podido descubrir sin demasiada dificultad que hay una intención clara y contundente por parte del fraile carmelita para guiarte hacia ese no-lugar (ou-topos) en el que, no te quepa la menor duda, siempre existe algún encuentro. La intención sanjuanista a la que me refiero no sólo viene atestiguada por lo eximio de su verbo, la cortedad de su decir, la brevedad de su obra escrita (que es evidente), sino también por el uso frecuente de ciertos elementos filológicos (lingüísticos, semánticos, poéticos, retóricos…) con los que o a través de los que su palabra, tanto la escrita en verso como la escrita en prosa, invita de manera constante a callar. Esto no es, ojalá lo hubiera sido, un descubrimiento de quien les escribe estas líneas, sino que precisamente le debemos al simbolismo francés el redescubrimiento de la mística en su aspecto más formal (de algo tenía que servir el viaje que la mística española hace por tierras francesas desde mediados del XVII o incluso si me apuras desde que Ana de Jesús deposita allí el Cántico Espiritual), en lo que de extraordinario tiene la propia forma del decir poético de Juan de la Cruz, decir en el que los simbolistas seguidos más tarde por algunos poetas y críticos de la generación del 27 coinciden en denominar y en palabras de Jorge Guillén: el lenguaje insuficiente, o lo que es lo mismo, el fondo del poema sanjuanista no está en otro lugar, o no-lugar, que en su forma. No busques porque es inútil la tarea de tratar de encontrar el sentido de los versos sanjuanistas fuera del texto, pero no te olvides de que el texto poético de Juan no se compone sólo de palabras, sino también y mucho más, de silencios, existen lugares y existen no-lugares, ou-topos, utopías.

    Jorge Guillén

    Jorge Guillén

    Tampoco te debe quedar duda alguna de que si Juan de la Cruz te invita a entrar en ese ou-topos que es el silencio es precisamente porque él mismo lo ha experimentado previamente y, habiéndolo experimentado, descubre que es bueno para cualquier ser humano.

    El silencio sanjuanista tiene, se podría decir así, cuatro direcciones o vertientes, las cuales mantienen diferentes correspondencias entre sí que no hacen otra cosa que mostrarnos una y otra vez la coherencia absoluta entre la vida de este ser humano y aquello que trató de comunicarnos a través de sus versos. Lo que no pudo expresar con la palabra convencional, trató de manifestarlo con algún tipo de esquema que se apoya en el signo lingüístico pero que va mucho más allá de él. El esquema podría ser, más o menos, como te lo expongo aquí abajo:

    VIDA OBRA
    SILENCIO EXTERNO
    Personalidad introvertida
    SILENCIO DE LA PALABRA
    Silencio en la palabra como recurso poético
    SILENCIO INTERNO SILENCIO COMO PARTE DEL TEXTO
    LA NOCHE OSCURA ESPACIOS EN BLANCO

     

    Podríamos estar mucho tiempo proponiendo ejemplos extraídos de los versos sanjuanistas, pero ya hay estudios magníficos dedicados a esto como los realizados por Emilio Lledó, Aurora Egido, etc., y te invito a que te adentres en ellos sin demora y descubras estos mecanismos maravillosos que sólo unos cuantos genios han sabido trasladarnos a través de versos aparentemente simples como: “el silbo de los aires amorosos”, en el que la reiteración isotópica de las silibantes recuerda la función apelativa y fática del lenguaje por el que un determinado receptor nos manda hacer silencio; o el “no sé qué que quedan balbuciendo”, en el que la repetición insistente del fonema velar /k/ nos sitúa en un plano de desconcierto propio del que se adentra en una región desconocida; o, y termino, con el oxímoron “la música callada, la soledad sonora” con el que Juan nos quiso expresar que su propio lenguaje o no-lenguaje le sobrepasó incluso a sí mismo.

    ____________

    Antonio José Mialdea Baena
    Doctor en Filología Española
    Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
    Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación
    Director de la revista internacional ”San Juan de la Cruz”
    director@revistasanjuandelacruz.org

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La métrica de los poetas (a propósito de Antonio Carvajal).

    1227649986El próximo 16 de diciembre, la Universidad de Granada va a rendir homenaje a Antonio Carvajal, uno de los mejores poetas españoles vivos, al cumplirse cuarenta años de la publicación, en 1968, de su primer libro, Tigres en el jardín.

    En un momento en el que predominaban entre nosotros la llamada poesía social y el verso libre, un joven de veinticinco años unía la tradición barroca (Góngora, Soto de Rojas) a la surrealista (Aleixandre) y mostraba su virtuosismo en el inteligente uso del soneto y el verso alejandrino.

    Algunos críticos han alineado a este poeta junto a los novísimos: “no es menos culturalista y esteticista que Arde el mar, de Gimferrer” (José Luis García Martín) . Y elogiaron sus “primores preciosistas” (Prieto de Paula), su “vitalismo existencial” (Díaz de Castro).

    Además de llamar la atención sobre este escritor, de una calidad indudable, quiero aprovechar su ejemplo para subrayar la importancia que para cualquier poeta posee el conocimiento de la métrica.

    Así lo ha proclamado siempre el propio Antonio Carvajal:

    “Desde los trece años, la métrica me apasionó… Necesito experimentar con el verso para llegar a la expresión exacta que busco… Nos hemos desacostumbrado a oir la poesía, tan sólo la vemos… Lo que me importa es que la poesía suene, que entre por el oído”.

    Todo esto nace, naturalmente, de la identificación entre poesía y música:

    “Es la materia fónica la que condiciona el significado, no al revés… La música de la palabra tiene su fascinación, tiene su encanto, y, como plenitud sensorial, creo que nos lleva a sitios donde pocas artes podrían conseguir llevarnos”.

    ¿Es todo esto una obviedad que resulta innecesario recordar? Creo que no. En mi opinión, algunos de los artículos más interesantes de esta revista son los de Rafael Calle, que se asoma a este mundo. A sus reflexiones quiero yo sumarme brevemente ahora.

    ¿De dónde surge el problema? Si no me equivoco, algunos poetas consideran este tipo de cuestiones propio de estudiosos y profesores y defienden, a la vez, su espontaneidad creadora y el verso libre.

    Quizá no tienen toda la razón. Es cierto que algunos grandes estudiosos de la métrica española – Rafael de Balbín, Quilis – adoptan un punto de vista pretendidamente científico, que suele limitarse a la descripción casi acústica del fenómeno.

    Otros, como Tomás Navarro Tomás – en su Tratado, no en su Manual – o Baehr complementan esto con la perspectiva histórica, absolutamente inexcusable, a mi modo de ver. (El lector interesado puede acudir al estudio de este último, a la vez completo y sencillo de entender: el Manual de versificación española de Rudolf Baehr, Madrid, editorial Gredos, colección Biblioteca Románica Hispánica, 1970).

    Pero me estoy refiriendo ahora a otra cosa: al poeta debe interesarle no sólo la descripción de los fenómenos métricos (medición de sílabas, rimas, clases de versos, combinaciones en series o estrofas) sino las concretas consecuencias que todo esto tiene para el fenómeno de comunicación poética.

    No estoy hablando de “tecniquerías”. Sé de sobra que el poeta busca crear belleza y transmitir emoción pero todo esto lo hace mediante el verso. ¿Cómo ha de ser indiferente a estas cuestiones? Sería lo mismo que el pintor que no atendiera a las clases de pinceles, lienzos o pigmentos; que el escultor al que no le importaran las variedades de mármol con que va a trabajar…

    Quede claro que , para el poeta, la métrica es un medio, no un fin en sí misma. No se trata de erudición ni de academicismo sino de conocer los instrumentos para llevar a cabo una obra estética. No olvidemos que el auténtico arte se edifica sobre la artesanía, sobre el conocimiento del oficio: Il mestiere di scrivere y Il mestiere di vivere se titulan los dos grandes libros de Cesare Pavese.

    ¿Le debe interesar todo esto al que escribe verso libre? ¡Por supuesto! Para romper bien algo hace falta, primero, saber cómo se construye. Sin el conocimiento de la tradición, la presunta novedad suele quedarse en descubrir el Mediterráneo. Pablo Picasso, el gran rompedor del arte contemporáneo, era un extraordinario dibujante: Eugenio d’Ors lo comparó nada menos que con Rafael…

    En su Divina Comedia Dante llama al trovador provenzal Arnaut Daniel “il miglior fabbro” (‘el mejor obrero, artesano’) y los poetas contemporáneos – T.S.Eliot, Ezra Pound – han recordado con frecuencia este apelativo.

    También se ha llamado eso, como elogio o como crítica, a Antonio Carvajal. El se defiende en un soneto de versos alejandrinos de su libro Miradas sobre el agua (1993), que comienza así:

    “Quizá de la poesía sea yo el mejor obrero.
    Lo dicen tantos. Ellos deben saber por qué.
    Pero no saben darme la palabra que quiero,
    toda ella encendida de esperanza y de fe”.

    Y concluye, en el segundo terceto:

    “Tal vez cordial o vano, tal vez il miglior fabbro,
    pero pocos entienden que en mis palabras labro
    esa fosa con flores que llamamos poesía”.

    Así, sabiendo utilizar sabiamente la métrica, la música callada de San Juan de la Cruz, el poeta logra crear un objeto hermoso. Y eso, según Keats, supone “una alegría para siempre”.

    Para escuchar versos de Antonio Carvajal ir al siguiente enlace:
    http://www.cervantesvirtual.com/portal/poesia/carvajal/audios.shtml

    1227650038

    1227650069

     

     

     

     

     

     

     

    ______________

    Andrés Amorós Guardiola.
    Ensayista, crítico literario, historiador de la literatura española.
    Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de  la Universidad Complutense de Madrid.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • es reco de ses ideas

    ideas_01Una sensación me ha acompañado dulcemente desde mi adolescencia, una emoción, acaso una creencia que suavizaba mi alma: siempre encontraría consuelo en alguna de mis amigas, quizás en ambas dos, pero siempre alguna de ellas tendría palabras de consuelo, ideas brillantes que darían con la solución o imperativas órdenes de mando que dirigirían mis pasos. Y así ha sido.

    Ante esta afirmación algunos conocidos me preguntan, seguramente deseando también su compañía:
    – ¿quiénes son semejantes amigas?
    – ¿no las conocéis? – me asombro-, son la filosofía y la poesía

    Los recuerdos de este artículo pretenden ser una evocación sencilla y entrelazada de algunas de dichas palabras, ideas u órdenes que he recibido a lo largo de los pocos años que mi memoria atesora.

    María Zambrano

    María Zambrano

    Me dijo María Zambrano en su libro “Filosofía y poesía”, que sólo en algunos mortales afortunados poesía y pensamiento han podido darse al mismo tiempo. Para ella el hombre se compone de dos mitades, el filósofo y el poeta, ambos insuficientes por si solos. En la poesía encontraba directamente al hombre concreto y en la filosofía al hombre universal en su querer ser.

    Son dos anhelos en el hombre la filosofía y la poesía, la belleza y la inquietud por conocer. Dicen algunos pensadores respetados que la filosofía nació del asombro, de la maravillosa visión del universo, de la increíble realidad que nos rodea, de las leyes que lo guían y de poder comprenderlas, del asombro ante la magia de la vida. Y yo me pregunté: ¿De donde nació la poesía? ¿Acaso, como dijo Vicente Aleixandre, en el mundo antes de que existiese el hombre, había poesía?

    Para Rubén Darío, la poesía es el arte que vence el espacio y el tiempo. Pero no era una poesía cualquiera, su poesía estaba repleta de filosofía porque afirmaba. “He meditado ante el problema de la existencia y he procurado ir hacia la más alta idealidad. He expresado lo expresable de mi alma y he querido penetrar en el alma de los demás y hundirme en la vasta alma universal… nada es extraño a mi yo. He cantado, en mis diferentes modos, el espectáculo multiforme de la naturaleza y su inmenso misterio. He celebrado el heroísmo, las épocas bellas de la historia, los poetas, los ensueños, las esperanzas. He impuesto al instrumento lírico mi voluntad del momento, siendo a mi vez órgano de los instantes, vario y variable, según la dirección que imprime el inexplicable Destino”

    Lluis Llach

    Lluis Llach

    Entonces los poetas son también mortales afortunados por captar algo que por trascendernos es inmortal y nos hace rozar la eternidad y el misterio. Tantas veces me pregunté por el misterio, esta barrera definida y borrosa que limita lo que comprendo, el acicate de mis aventuras, esa ninfa dormida que todos llevamos en el alma, y que es terriblemente seductora, como poetizaba el filósofo Jorge Ángel Livraga: “cuando la ninfa despierta, toca con su varita mágica todo lo que nos rodea, tornándolo cristalino, haciéndonos amigos de las cosas y del mundo, pero no tolera que se la posponga a los intereses mundanos ni a la fatiga. Ella es esclava y dueña del verdadero filósofo, aquel que se amamanta directamente de los senos de la Esfinge, símbolo maravilloso de la vida”.

    El filósofo bebe de la misma naturaleza, esa es su fuente. La observa y la ama. Continuamente busca conocerla, aunque sea un misterio inapresable. El filósofo es el hombre que, aunque se quedase sin libros podría seguir leyendo y, aunque se quedase sin naturaleza alrededor, podría seguir soñando. Todo filósofo es un eterno buscador.

    Rubén_Darío

    Rubén_Darío

    Continuamente danzan hermanadas filosofía y poesía. Es verdad que Platón enfrenta a la poesía profundamente con la ética en lo que se ha llamado “condenación de la poesía”, pero ¿condena verdaderamente la poesía? Yo veo en su crítica un rechazo a las mentiras adornadas con bellas palabras o sugerentes imágenes. Platón personalmente resuelve de forma triunfal el aparente conflicto, con una pluma repleta de belleza e ideología, hace irrumpir el mito poético cuando la razón finaliza su función.

    Y cuando busco un lazo común entre la filosofía y la poesía aparece el amor, el amor que une todas las cosas, el amor a la sabiduría, el amor a la vida. Nosotros mismos que soñamos, amamos y vivimos, nosotros cuando captamos la más bella idea, la apresamos como la red a la mariposa. Así, imitando los ritmos y cadencias de la naturaleza, expresando lo inexpresable, ordenándolo con adjetivos, metáforas, alegorías y contrastes, dándole al fin, la bella forma del verso.

    La poesía siempre ha estado unida a la música. Hace mucho tiempo los presocráticos entonaban sus cantos y poemas, Confucio cantaba a sus discípulos el elixir de sus reflexiones, y hoy son esos otros poetas-filósofos que llamamos cantautores que tañen las cuerdas de nuestra alma, reflexiones acerca de la vida, piezas que dibujan momentos fugaces, como éstos:

     

    Bob Dylan

    Bob Dylan

    “Si encuentras a un vecino
    que va con una carga,
    ayúdale a aligerarla,
    y no confundas el paraíso
    con una casa en el medio del camino” Bob Dylan

    “Quan surts per fer el viatge cap a Itaca,
    has de pregar que el camí sigui llarg,
    ….
    Més lluny, heu d’anar més lluny
    dels arbres caiguts que ara us empresonen,
    i quan els haureu guanyat
    tingueu ben present no aturar-vos.

    I quan creieu que arribeu, sapigueu trobar noves sendes.

    Bon viatge per als guerrers
    si al seu poble són fidels,
    el velam del seu vaixell
    afavoreixi el Déu dels vents,
    i malgrat llur vell combat
    l’amor ompli el seu cos generós,
    trobin els camins dels vells anhels,
    plens de ventures, plens de coneixences.” Lluís Llach

     

    Cierro este paseo con la razón poética de María Zambrano que nos hablaba sobre una filosofía que es encontrarse a sí mismo, llegar por fin, a poseerse. Llegar a alcanzarse atravesando el tiempo, corriendo con el pensamiento más que el tiempo mismo. El filósofo es el que no habiendo conseguido lo que Josué, detener el sol, sabiendo ya que el sol no se detiene, quiere adelantarse a su curso, y así, si no logra pararle, logra, al menos, lo que es decisivo, ir delante. Estar ya allí, cuando él llegue. Quiere el filósofo, salirse de la corriente del tiempo, de la procesión de los seres. Y así, el filósofo parte despegándose en busca de su ser. El poeta sigue quieto esperando la donación. Y cuanto más tiempo pasa menos puede decidirse a partir. Y cuanto más se demora el regalo soñado, se vuelve hacia atrás. Parte, entonces, pero es hacia atrás: se deshace, se reintegra cuanto puede, a la niebla de donde saliera…”siempre buscando a Dios entre la niebla”.

     

     

    Francisco Capacete González
    Director del espacio de Filosofía y Voluntariado
    Es Racó de Ses Idees
    www.esracodesesidees.com
    971 728835

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • A propósito del primer aniversario de Alaire

    A propósito del primer aniversario de Alaire (noviembre del 2007).

    1227738628Alaire cumple su primer año de vida. Ahora, cuando falta un suspiro para el albor de un sueño que parecía utópico, empiezan a erizarse los últimos vestigios de cordura que un día poblaron mi cabeza. Cuatro años dando tumbos por las peculiaridades del poema, invirtiendo, con una precisión cirujana, la mayor parte del día en buscar el tesoro de los duendes del verso. Solamente con ilusión en las alforjas, pero, de la mano de un grupo de compañeros que hoy son amigos entrañables y excelentes poetas, esa ilusión ha medrado vertebrándose en un foro y una revista virtual que ya funcionan dignamente, y en una revista en papel y un libro de poesía que están a punto de ver la luz.

    Hablando del foro de poesía Alaire, debo decir que estoy muy contento con el trajín versal que los ocupa. La poesía prende todos los rincones del foro, despojando la umbra, además, con el virtuosismo de un comportamiento formal que me parece plausible.
    Veo autores jóvenes con unas condiciones poéticas pletóricas, llenísimas de ilusión, señalando el intersticio sensorial que media entre el horizonte literario flagrante, y el talento que busca la redondez cognitiva.

    A menudo, recibo comentarios de compañeros de los ámbitos literario, académico, o periodístico, haciéndome saber sus impresiones sobre los autores de Alaire, y puedo decir con satisfacción que todos ellos hallan virtudes reseñables entre los trabajos publicados, siendo, a su juicio, la calidad media muy digna.

    Felizmente, estoy de acuerdo con las apreciaciones de nuestros colegas, y me alegro mucho de recibir el espaldarazo, a los autores de Alaire, proveniente de voces profesionales autorizadas, con todo lo que supone que seamos leídos por primeros espadas del cosmos literario.

    Yo añadiría que el estilo o, mejor dicho, las grandes diferencias entre los estilos de los autores que escriben habitualmente en Alaire, conforman un abanico de posibilidades expresivas que enriquecen enormemente nuestro foro.

    En cuanto a la revista virtual Alaire, deciros que su aceptación en el ámbito profesional del bienestar, salud y ciencia, está siendo constante de manera que las colaboraciones en estos apartados son en cada ejemplar más numerosas.
    La calidad de la información está garantizada al contar con algunos de los mejores especialistas en cada una de las áreas.

    Hablando de literatura y poesía, apuntar que la intención es seguir apostando por los trabajos de los compañeros del foro, como grueso de la sección, arropados por nuestros colaboradores habituales, Antonio Gamoneda, Andrés Amorós y Antonio Mialdea, tres voces de auténtica vanguardia en el mundo literario actual.
    Próximamente incorporaremos a Víctor Saul, presidente de la Fundación Víctor Saul para el progreso de las artes y las ciencias, con una amplia experiencia como crítico, articulista y ensayista en el ámbito del arte, en general, y, la pintura, en particular.
    Así mismo, existe la pretensión de aumentar la lista de profesionales asiduos con un filósofo reputado para que nos muestre en sus trabajos las líneas maestras de un pensamiento enriquecedor, pero no tenemos prisa por incorporarlo, porque queremos que sea un profesional a la altura de los colaboradores que tenemos en la actualidad.

    Refiriéndome a la revista Alaire en papel, es sabido que la presentaremos, Dios mediante, el 19 de diciembre en Palma de Mallorca.
    La presentación se hará en un salón del Club Alaire, centro gastronómico y cultural que estamos habilitando a toda prisa en la Finca Son Gual, un predio situado a dos kilómetros de Palma, que ya consta de restaurante, cafetería, piscina, escuela de equitación, pistas de padel, etc., entre una naturaleza autóctona bellísima.

    Pretendemos que el Club Alaire sea un lugar donde cada día haya actividades culturales. Conferencias, recitales de poesía, música, interpretación, seminarios, cursillos, presentaciones de libros, catas, maridajes, etc., tendrán cabida en los salones del club, con el añadido de que en el restaurante se podrán degustar platos de la gastronomía mallorquina ancestral, muy difíciles de encontrar en otros establecimientos.
    En fin, el Club Alaire, queremos que sea un centro neurálgico de la cultura, en este caso balear, que paulatinamente se extienda por la Península, del brazo de la revista Alaire.

    Y qué decir del libro, de la primera antología de poemas de los autores del foro Alaire, sino expresar la gran alegría que me produce la selección que Sara Castelar y Benjamín León han efectuado en una ardua labor recopiladora, a la par que repasaban todos los textos con meticulosidad.
    El resultado, a mi juicio, es un libro de poemas con marchamo de intencionalidad literaria, bellísima y muy moderna. En verdad, esta antología ha superado todas mis expectativas, máxime, cuando Andrés Amorós, sin duda, unos de los mejores críticos literarios del mundo, será el prologuista de nuestra obra. Tendremos que agradecer eternamente a Andrés, el magnífico regalo que nos hace en nuestra investidura poética. Gracias, querido amigo Andrés, de todo corazón, por la gran confianza que has depositado en nuestra poesía.
    Y gracias, a todos vosotros, amigos y colegas que conformáis la antología del foro Alaire. Blanca Sandino, Hallie Hernández Alfaro, Carmen Iglesia, Eduardo R. de la Cruz, Rafael Teicher, Julio González Alonso, Ramón Carballal y Just Gafar, que, con los seis integrantes del Grupo Alaire, habéis hecho posible la antología. Es de justicia deciros que me siento un privilegiado por habitar en la poesía con vosotros.

    Ahora, quisiera hablaros del Grupo Alaire. Sara Castelar, J. J. M. Ferreiro, Luis Oroz, Benjamín León y Alonso de Molina, que desde el primer día han creído en un proyecto increíble, haciéndome real lo que -ahora puedo decirlo, no podía terminar de creérmelo, aunque lo gritaba a los cuatro vientos.
    Ha sido el duende de la poesía, él es el culpable de que se haya reunido un grupo de autores que quieren cincelar la palabra a golpes de pulsión sincera, para conformar la imagen novedosa que representará, finalmente, lo que pueda llegar a dibujar el talento poético de cada cual. Apuesto por ellos, siempre lo hice.
    Gracias, es un honor para mí permanecer junto a vosotros.

    No quisiera acabar sin una mención muy especial a Carlota Calle, la subdirectora de Alaire, y al equipo que comanda formado por Javier Arroyo, diseño y maquetación; David Izquierdo, web master; Carmen Fernández, Dto. Administración, y Leonardo Refulio, Dto. Comercial, en verdad, un grupo de profesionales que, junto a los colaboradores literarios, forman un equipo de primerísimo nivel. Muchas gracias, por la gran labor desarrollada. Vuestro trabajo hace posible que merezcamos la confianza de los anunciantes, en aras de conseguir para ellos una respuesta mediática rediticia. Los clientes son nuestro tesoro, porque, como es sabido, sin ellos nada sería posible. Estoy orgulloso de vosotros y siempre a vuestra disposición.  Siempre gracias, amigos.

    Felicidades, Alaire.

    17 septiembre, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • TEXTOS RESCATADOS. Günter Grass. Jim Morrison. José Emilio Pacheco.

    Rescatamos para el presente número de la revista Alaire un texto de la novela “El Rodaballo” del Premio Nobel alemán Günter Grass, una selección de poemas del desaparecido lider del conjunto de Rock “The Doors” y una carta poema del poeta mejicano Jose Emilio Pacheco.

    Günter Grass

    (Ciudad libre de Danzig, 16 de octubre de 1927), escritor y artista casubo y alemán, galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1999 y el Premio Nobel de Literatura en el mismo año. Son múltiples sus compromisos en los campos del arte, la cultura, la política y los derechos humanos. Aparte realiza obras de ilustración, como en Der Schatten (La sombra. Los cuentos de H. C. Andersen vistos por G. Grass), por la que obtuvo el premio Hans Christian Andersen de ilustración en 2005.

    “El rodaballo”(1977) es una de las grandes obras de Günter Grass, en ella analiza la historia del hombre empezando en el Paleolítico hasta nuestro días, y lo hace en un estilo erudito, irónico y mordaz desde elnductor la Gastronomía y un dios-maestro que orienta “al hombre” en la toma de decisiones a través de la Historia, un pez: “El rodaballo”

    Selecciono aquí un párrafo digno de destacar. Realmente son muchos los que habría que destacar pero éste es muy significativo en el momento actual que vive el mundo.

    En el texto seleccionado, el protagonista (representante-compendio “del hombre”, ser humano masculino), que se reencarna en sucesivos personajes a través de los siglos, se dirige al rodaballo para pedirle disculpas por sus continuas meteduras de pata y también para solicitar ayuda y consejo en estos momentos difíciles.

    Texto:

    “Cuando quise describirle mi capítulo siguiente, el caso de mi pobre Sibylle, me interrumpió: “¡Ya han muerto bastantes!”. Luego empezó a soltar frases como “¡hacer balance!” y “hora de la verdad”. Reafirmó otra vez su misión, desde la paleolítica Aya hasta la tempranosocialista Lena. Se apuntó como éxitos el patriarcado y el Estado como idea, la cultura y la civilización, la historia fechada y el progreso técnico, y se quejó luego de la transformación de las hazañas masculinas en algo monstruoso: “Os dí sabiduría y poder, pero sólo habéis buscado la guerra y la miseria. Se os confió la Naturaleza, y vosotros la habéis despojado, contaminado, dejado irreconocible y destruido . A pesar de toda la abundancia que os entregué no habéis podido saciar el mundo. El hambre aumenta. Vuestra era suena desafinadamente. En suma: el hombre está acabado. Apenas puede controlarse ya tanto perfecto funcionamiento en vacío. Da lo mismo capitalismo o comunismo: por todas partes, la locura hace distinciones sutiles. No es eso lo que yo quise. No os puedo aconsejar ya. La causa masculina se liquida a si misma. Hay que echar el cierre, hijo. Hacer mutis. Hazlo con dignidad.”

    “El Rodaballo” (Gunter Grass, 1977). Ed.- Alfaguara. Traducción de Miguel Sáenz

    Jim Morrison

    (James Douglas Morrison, Melbourne, Florida, 1943- París,1971) pasó su infancia y adolescencia en diversas ciudades y bases militares estadounidenses debido a los continuos traslados de su padre, que era militar. Tras realizar estudios cinematográficos en Los Ángeles, se dedicó a la que fue su primera y constante vocación artística: la poesía. Los poemarios “The Lords” (1969), “The New Creatures” (1969) y “An American Prayer” (1970) constituyen su obra poética. Como cantante y figura carismática de “The Doors”, se convirtió en el símbolo de la rebeldía iconoclasta de la costa Oeste estadounidense de los sesenta. Apasionado lector de Arthur Rimbaud, de Antonin Artaud, de Nietzsche, de Byron y Blake, tras repetidos procesos judiciales por drogadicción, abandonó la música, y se marchó a París para dedicarse a escribir. Poco tiempo después, el 3 de julio de 1971, fue encontrado muerto en la bañera de su apartamento. Enterrado en el cementerio de Pére Lachaise, su tumba es lugar de peregrinación de sus admiradores.

    Rescatamos aquí algunos de sus poemas.

    “Reinventemos a los dioses, a los mitos seculares

    Adoremos los símbolos de los profundos bosques ancestrales

    (Has olvidado la lección
    de la antigua guerra)”

    ***

    “El ojo parece vulgar
    en el interior de su fea concha.
    Sal al exterior
    en todo su Brillo.

    Nada. El aire exterior
    me quema los ojos.
    Me los arrancaré
    y se me quitará el ardor”

    ***

    “Jugadores: el niño, el actor y el tahúr. En el universo de los niños y en el de los primitivos, el concepto de azar no existe. También el tahúr se siente al servicio de un poder exterior. En la ciudad moderna, el azar es un residuo de la religión como también lo es el teatro, y, aún más, el cine: la religión de la posesión.

    ¿A que precio, a cambio de que sacrificio nace la ciudad?”

    ***

    “Nos esperan para llevarnos
    al jardín dividido
    ¿Conoces la palidez y el impúdico temblor
    de la muerte que llega a insólitas horas
    sin avisar, sin cita previa
    como una horrible invitada empalagosa
    con la que te has encamado?”

    ***

    “Podemos inventar nuestros propios Reinos
    imponentes tronos de oro, esos sitiales de lujuria,
    y estamos obligados a amar, en herrumbrosas camas.”

    ***

    “burla constante
    concédenos una hora de magia
    Nosotros los de guante púrpura
    Nosotros los del vuelo de estornino
    y hora de terciopelo
    Nosotros los de la raza del placer árabe
    Nosotros los de la bóveda del sol y de la noche.”

    ***

    “Teme a los señores, son un enigma entre nosotros.
    Los Señores anidan en nuestro interior.
    Nacidos de la pereza y de la cobardía.”

    ***

    “¿Sabes que son plácidos almirantes
    quienes nos conducen al exterminio
    y que obesos y torpes generales adquieren
    el obsceno vicio de la sangre joven?”

    Jim Morrison.

    José Emilio Pacheco

    pacheco2Nació en México, D.F., el 30 de junio de 1939. Ingresó en El Colegio Nacional el 10 de julio de 1986. Premio Nacional de Poesía; Premio Nacional de Periodismo Literario; Premio Xavier Villaurrutia; Premio Magda Donato. Estudió en la UNAM y allí inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Dirigió con Carlos Monsiváis el suplemento de la revista Estaciones, fue secretario de redacción de la Revista de la Universidad de México y de México en la Cultura, suplemento de Novedades, así como jefe de redacción de La Cultura en México, suplemento de Siempre. Dirigió la Biblioteca del Estudiante Universitario. Ha sido profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra e investigador en el Departamento de Estudios Históricos del INAH. Se le han otorgado los premios Magda Donato, Nacional de Poesía, Nacional de Periodismo Literario, el Xavier Villaurrutia, el Malcolm Lowry para trayectoria en el campo del ensayo, Nacional de Lingüística y Literatura, 1992; y en 1996 el Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.

    Tarde o temprano recopila sus primeros seis libros de poemas: “Los elementos de la noche”, “El reposo del fuego”, “No me preguntes cómo pasa el tiempo”, “Irás y no volverás”, “Islas a la deriva”, “Desde entonces, a los que han seguido”; “Los trabajos del mar”, “Miro la tierra”, “Ciudad de la memoria”, así como un volumen de versiones poéticas, “Aproximaciones”. Es autor de dos novelas, “Morirás lejos y Las batallas en el desierto” y tres libros de cuentos: “La sangre de Medusa”, “El viento distante”, “El principio del placer”. Ha editado numerosas antologías como “La Antología del modernismo” y obras de muchos autores como Federico Gamboa y Salvador Novo. Entre sus traducciones figuran “Cómo es” de Samuel Beckett, “De profundis” de Oscar Wilde, “Un tranvía llamado deseo” de Tennesse Williams, a las que se han sumado en años recientes “Cuatro cuartetos” de T.S. Eliot y “Vidas imaginarias” de Marcel Schwob.

    Rescatamos de Las ínsulas extrañas. Antología de poesía en lengua española (1950-2000), selección de Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, José Ángel Valente y Blanca Varela, Galaxia Gutenberg, Madrid, 2002, esta carta-poema José Emilio Pacheco  “Carta a George B. Moore en defensa del anonimato”, en el cual reflexiona sobre el hecho poético y sobre sus autores, los poetas.
    Es mucha la cantidad, calidad y variedad de intentos de perfilar e indagar en el significado de la expresión poética, y que quizás, debido a ello, hacen más confuso y complejo llegar a conceptuar y definir este maravilloso asunto artístico, de lo cual me alegro inmensamente. Este “carta” de José Emilio Pacheco es un intento más de llegar al fondo del asunto, pero lo hace de una forma lúcida y muy interesante.
    “Carta a George B. Moore en defensa del anonimato”

    No sé por qué escribimos, querido George.

    Y a veces me pregunto por que más tarde

    publicamos lo escrito. Es decir, lanzamos

    una botella al mar, alto y repleto

    de basura y botellas con mensajes.

    Nunca sabremos

    a quién ni a donde la llevarán las mareas.

    Lo más probable
    es que sucumban en la tempestad y el abismo.

    Si embargo, no es tan inútil esta mueca del náufrago.
    Porque un domingo
    usted me llama de Estes Park, Colorado,
    me dice que ha leído cuanto está en la botella
    (a través de los mares nuestras dos lenguas)
    y quiere hacerme una entrevista.
    Después recibo un telegrama inmenso
    (lo que habrá gastado usted en enviarlo).
    En vez de responderle o dejarle en silencio
    se me ocurrieron estos versos. No es un poema,
    no aspira al privilegio de la poesía
    (no es voluntaria).
    Y voy a usar, así hacían los antiguos,
    el verso como instrumento de todo aquello
    (relato, carta, drama, historia, manual agrícola)
    que hoy decimos prosa.

    Para empezar a no responderle,
    no tengo nada que añadir a lo que está en mis poemas,
    dejo a los otros el comentario, no me preocupa
    (si alguno tengo) mi lugar en la historia.
    (Tarde o temprano a todos nos espera el naufragio.)
    Escribo y eso es todo. Escribo, doy la mitad del poema.
    Poesía no es signos negros en la página blanca.
    Llamo poesía a ese lugar del encuentro
    con la experiencia ajena. El lector, la lectora
    harán o no el poema que tan sólo he esbozado.

    No leemos a otros: nos leemos en ellos.
    Me parece un milagro
    que algún desconocido pueda verse en mi espejo.
    Si hay un mérito en esto -dijo Pessoa-
    corresponde a los versos, no al autor de los versos.
    Si de casualidad es un gran poeta
    dejará cuatro o cinco poema válidos,
    rodeado de fracasos y borradores.
    Sus opiniones personales
    son de verdad poco interesantes.

    Extraño mundo el nuestro, cada día
    le interesan más los poetas;
    la poesía cada vez menos.
    El poeta dejo de ser la voz de la tribu,
    aquel que habla por quienes no hablan.
    Se ha vuelto nada más otro entertainer.
    Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica,
    sus alianzas o pleitos con los demás payasos del circo,
    tienen asegurado el ámplio público
    a quién ya no hace falta leer poemas.

    Sigo pensando
    que es otra cosa la poesía:
    una forma de amor que sólo existe en silencio,
    en un pacto en silencio entre dos personas,
    de dos desconocidos casi siempre.
    Acaso leyó usted que Juan Ramón Jiménez
    pensó hace mucho tiempo en editar una revista.
    Iba a llamarse “Anonimato”
    Publicaría no firmas sino poemas;
    se haría con poemas, no con poetas.
    Y yo quisiera como el poeta español
    que la poesía fuese anónima ya que es colectiva
    (a eso tienden mis versos y mis versiones).
    Posiblemente usted me dará la razón.
    Usted que me ha leído y no me conoce.
    No nos veremos nunca pero somos amigos.
    Si le gustaron mis versos
    que más da que sean míos/de otros/de nadie.
    En realidad los poemas que leyó son de usted:
    Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

    José Emilio Pacheco

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Hallie Hernández Alfaro

    Vencedora del VII Concurso Poesía Virtual Alaire

    “La Poesía siempre fue semilla. Como viejos amantes, tenemos  la extraña costumbre de separarnos para volver a pactar recorridos y tinta”

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    Hallie Hernández Alfaro

    Nacida en Caracas, Venezuela, y según afirma Hallie, posee lazos profundos y “eternos con la Argentina”. España fue el país de sus abuelos y actualmente reside en el norte de Holanda, país que solo constituye una residencia temporal. Hallie viene participando con manifiesta notoriedad en páginas virtuales de literatura y talleres presenciales de poesía  y tal como exclama: “¡¡Uy hace mucho tiempo!!…Alguna vez gané el concurso mensual de relatos en Grupo Búho y dos veces el concurso de Poesía Breve en La Gran Calabaza”. Borges, Pizarnik, Quiroga, Cortázar, Garmendia, Chalboud, Otero Silva, Silvina Ocampo, Tomás Alfaro Calatrava, según afirma la entrevistada:” han sido nombres profundos y vitales en mi fuero poético. Han influido y moldeado las letras que emergen, los horizontes que alcanzan la luz del papel blanco”.

    1. Hallie, pregunta obligada, desde cuando tu vocación por la poesía, por escribir poemas.

    Desde siempre, escribir era una tarea más- pausa- como dibujar casas y  trabajar en la clase de formación cívica. Imaginar y volcar en diarios,  ¡Uy tuve muchos! Creía que mis memorias serían alguna vez tan valiosas como las de Margarita Yourcenar. Podía estar una tarde completa cerca de la biblioteca de casa descubriendo sonetos, octavillas, lenguaje intrincado que aparecía en los libros del tío Tomás. Era una ventana, un mundo que me tentaba a perderme en sus paredes obnubiladas y en su centro de gravedad transparente.

    2. ¿Qué es para ti escribir, que te apasiona del poema, del verso, de la poesía?

    Escribir!! Para mí es salvación, arte, contemplación, introspección y testimonio –pausa-  El verso puede contenerlo todo, sugerir y aliviar. La poesía cuenta con hombros anchos para llevar la locura hermosa y los secretos de buhardilla.

    3. De qué escribe  Hallie Hernández Alfaro ¿En tu poesía está implícito el compromiso?

    Escribo de mí misma, de mi centro de ansiedad, de mis temores, de mis balbuceos sanguíneos!!!! Creo que escribir poesía es un acto autista que puede ser empático. ¿Compromiso? sí, con independizar el intento poético de mi mano derecha.

    Internet es el gran catalizador que lleva mis letras al otro lado del mundo en fracción de segundos. La velocidad de información y la cobertura del sistema binario es una bendición para cualquier obra de arte.

    Internet es el gran catalizador que lleva mis
    letras al otro lado del mundo en fracción de
    segundos. La velocidad de información y la
    cobertura del sistema binario es una bendición
    para cualquier obra de arte.

    4. Cómo llegaste a la poesía, tú elegiste a la poesía o fue la poesía quien te eligió ¿sois buenos compañeros?

    La Poesía siempre fue semilla y creció con mi edad cronológica. Somos como viejos amantes, conocemos los puntos claves, los talones de Aquiles…tenemos  la extraña costumbre de separarnos para volver a pactar recorridos y tinta.

    5. Qué te sugiere esta frase: “El escritor nace, no se hace”? ¿Crees que se puede aprender a escribir?

    ¡Uy qué difícil Alonso! El poeta debe contar con una sensibilidad enorme para escurrirse en el mundo de los significados, tocar las palabras, seducirlas, tentarlas al camino fértil. Hundirlas en el barro y molerlas como se muele el café. Se pueden aprender técnicas, conocimientos de estilo y tener escuela. Esto también es importante para el poeta actual…

    6. Cada vez se  prodigan en mayor número y gracias sobre todo a portales webs especializados es fácil conocer las bases para participar, ¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿Crees que el afán por concursar está más justificado por dar a conocer la propia obra o porque ganar conlleva un aporte económico en algunos casos sustancioso?

    Creo que el poeta como todo artista siente una necesidad profunda de exhibirse, de sacar hadas y demonios ante un coro de espectadores. Creo que la corriente endorfínica del autor se inunda al ser leído, se contrae de placer…Sí, creo que la necesidad del espejo y refracción en los otros es importantísima. El aspecto económico también puede ser relevante sobre todo para una posible publicación.

    7. ¿Qué aportan Internet y las nuevas tecnologías de la información y comunicación a la poesía y viceversa?

    Internet!!! Casi Magia (así con mayúscula) es el gran catalizador que lleva mis letras al otro lado del mundo en fracción de segundos. La velocidad de información y la cobertura del sistema binario es una bendición para cualquier obra de arte(sobre todo la obra literaria)

    8. ¿Qué aportan al mundo, a la sociedad, los poetas ¿De qué forma debería ser la poesía para que gane adeptos y que no sea considera como mera cosa de gente sensiblera y como dijo Celaya  ”La poesía es un arma cargada de futuro”

    Aportan belleza, magia y emociones estéticas irremplazables. El mundo de los poetas y sus creaciones es un desierto cubierto de flores y piedras blandas y preciosas. Un poema puede salvar una vida o cambiar un destino. Sí, hay posibilidades infinitas de que la voz poética trascienda y siente precedentes importantes. Bertold Brecht y Mario Benedetti son ejemplos inmensos de valentía política y social llevada a la palabra!

    9. ¿De todos tus trabajos ¿cuál es el más entrañable para ti?

    Ay! esa es una pregunta difícil ; cada uno lleva un determinado estado de ánimo en la espalda, una mezcla de intimidad inexplicable, piel y densidad afectiva. Los amo a todos casi por igual…hay algunos que no pierden la vigencia jamás.

    "El baile de la Victoria" de Antonio Skármeta. Lectura Recomendada

    “El baile de la Victoria” de Antonio
    Skármeta. Lectura Recomendada

    10. ¿Qué supone para ti haber conseguido el Premio Poesía Virtual Alaire?

    Una motivación enorme Alonso para seguir aprendiendo!!!, una copa de ánimo y compromiso para seguir intentando Poesía. También constituye una alegría profunda que mis compañeros de foro hayan elegido Habeas Corpus como el poema ganador. Todas las obras presentadas conformaban un universo selecto de lírica y poesía grande, todas merecían el primer lugar.

    11.  ¿Dime tres matices  que te pueden influir en tu manera de escribir y sentir la poesía?

    El estado de ánimo, el amor en todas sus facetas y el acuse de dolor…también (aunque parezca gracioso) mi ciclo menstrual. Reconozco que llevo el género a todas mis letras.

    12. ¿Cómo es tu proceso al escribir ¿Cómo haces, qué cosas remueves hasta concretar un poema?

    No hago nada especial. La pulsión se manifiesta y obedezco la vocecilla interior –pausa- Es como un neonato inquieto que necesita sentir la textura del papel o del monitor. Creo que nunca reviso demasiado, sé que no es una buena costumbre.

    hallie_04

    “El corazón del tártaro” de Rosa Montero. Lectura Recomendada

    13. ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer  y qué  libros debieran ser leídos y que tu recomiendas?

    Cada libro es un desafío y una aventura tentadora –pausa-  si comienzo uno no puedo descansar hasta llegar a la última página .Dos libros fundamentales que son elixir  puro de emoción literaria –pausa- a saber: El baile de la Victoria de Antonio Skármeta y El corazón del tártaro de Rosa Montero.

    14.¿Qué dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía y que ha decidido ser poeta?

    Que esté preparado para sentir!!! Creo  que el poeta ya está decidido antes de concientizar su vocación…

    15. Un mensaje a tus compañeros del Foro Poético Alaire

    Es un honor inmenso la compañía hermosa y comprometida de todos vosotros!!!!!

    Habeas corpus (Poema ganador)

    Aquí tienes mi cuerpo, sin islas desiertas ni antifaces
    contiguo, pálido de caricias
    sujeto a las barandas de una apología triste de jazmines.

    Parece vagar como un cromo deshecho en bajorrelieve
    cuando la llovizna brama la frialdad nocturna
    y los tobillos sangran el claustro de las hiedras mansas.

    Toda yo, incauta de pupilas y marasmos
    desenvaino la espada de mis chacras
    y quiebro la amnesia del cautiverio.

    Aquí tienes mi cuerpo, consignas de cristal hechas agua
    silencioso y expectante a la genealogía de tus pasos.
    Te reitero, querida Hallie, mi enhorabuena por este merecido premio y te agradezco que hayas respondido con tanta amabilidad y gentileza mis preguntas.

    Deseo agradecer a los lectores de Alaire su comprensión y como no, el apoyo  que vienen dedicando desde el inicio, hace ya ocho meses, a la Revista Virtual, apoyo que estoy seguro seguirán prestando en el nuevo formato que tanto en edición impresa como en su edición On Line están perfilando los editores. Por nuestra parte seguimos ilusionados con el proyecto y finalizado con esta sétima y última edición el Premio de Poesía Virtual Alaire volveremos, tras el paréntesis vacacional de agosto, en septiembre con nuevas propuestas, artículos relacionados y entrevistas a poetas del mundo hispano.

    Con un fuerte abrazo me despido hasta el nuevo curso
    Vuestro en la poesía

    Alonso de Molina

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Foro Alaire

    El poeta y su mundo se hacen verso, es el poder del lenguaje que a través de la mano del autor se vuelve hondura, se vuelve trascendencia y belleza necesaria, una búsqueda incesante de lo inexplicable o su encuentro absoluto…en definitiva, poesía brotando de diferentes cauces, pero todos vivos e irremediablemente conectados.
    En esta creación minuciosa de los pilares internos del ser humano encontramos a poetas como Federico Ruibal, Ramón Carballal, Eduardo Díaz o Rosario Alonso, que nos acercan a un universo poético donde la palabra se regenera y se abre a la sensibilidad y al entendimiento de forma cercana y sensitiva. O podemos hablar también del desnudo integral y extremadamente bello a través del verso y la poesía intimista de Pilar Morte o Carmen Iglesia, poesía femenina que desboca la emoción y la lleva a sus consecuencias últimas. O la expresividad novedosa e incisiva de Martín Desormeaux, que nos invita a pensar en el poema como despertador, como detonante para salir del letargo de la cotidianeidad.
    Todos ellos componen una sociedad que se revela a la frialdad del discurrir por este siglo y nos descubre que la vida es un baúl con doble fondo, donde hay mucho que retener, tanto, que tan sólo la poesía es capaz de condensarlo, ellos nos hacen sentir cada día con más intensidad lo que tan acertadamente definió Nietzsche…”esa flecha lenta de la belleza”.

    Escribir.-(Parto) – Federico Ruibal

    parto
    brusca la bolsa de cazar amaneceres
    por juntar el iris suficiente
    con que labrarme asilo

    así trazo la línea a los ponientes
    así enfermo vuestro pecho de días de vivir

    siendo la furia del badajo en la campana
    siendo el grito de la cal albando en los tabiques

    reclamando de nuestro dios liviano
    roca, vientos, mar, hedor, lunas, batalla

    por lograr la alianza con el aire
    su salvaje bendición a búsqueda y capricho

    por levantar mi ser, mi casa, finalmente,
    con la nada poderosa de sus muros

     

    Torre de Hércules – Ramón Carballal

    No es cierto este brazo terminado en campana.
    El héroe ha tejido la piedra como un pilar orgulloso.
    No tiene curvas, solo perfiles, los huecos son el grito del gigante,
    la gran ballena añora su esqueleto, de allí surge la luz,
    la amenaza, la mesura del dominio.
    Nunca anclamos los relojes y suaves funcionarios
    no van a regalarnos la magia. Entre ruinas,
    bustos de naves, mercaderes que soñaron otras ventanas,
    generales de un solo ojo, héroes de diez mil cabezas,
    el paso de un niño recibe atardeceres de plumas.
    Todo sucumbe al laberinto y empuja al cenit,
    allí la esfera se hace esfera y el mar rebota en espejismo
    hasta nacer en su oleaje. Hago mis cuentas y me faltan
    un reguero de naves, velas muertas al sol.

     

    Hoja perdida (Para los niños de la calle) – Eduardo Díaz

    Te miro sacudida por el viento
    desprendida de la fortaleza de la vida.
    Sola te encuentras, hoja perdida,
    en un otoño que todo lo arrebata.
    Desamparada, separada y sin rumbo
    tu frágil ser se desprende en el silencio.
    Llora la tarde, tu despedida
    tibios rayos señalan tu partida.
    Tu piel, tu luz, verdes colores,
    se tiñeron de amarillo color oro.
    Arrancada de tu sabia, de tu vida,
    vas girando por las calles sin retorno.
    Hoy te cruzas a mi paso indiferente,
    deslizando tu mirada en desamparo.
    Extiendo mis manos, quiero tocarte,
    mientras la brisa te aleja suavemente.
    Me asombro de pesar mientras te miro,
    ignorando cual será tu última hora.
    Hoja pequeña, hoja perdida,
    conmueve tu soledad el alma mía.

    Soy – Carmen Iglesia

    Sé que nada se mueve
    que los hombres que he sido se acumulan
    unos sobre otros.

    Benjamín Prado

    Me abriga lo que soy cuando la noche
    inventa la memoria.

    Y ya no soy de trenzas,
    aunque siga anudándose en mi pelo
    el sol como una trampa.

    Elegí ser el vértigo callado
    que abraza a los que sienten hambre y frío.

    Soy la suma de un nombre que se pierde
    bajo la ciega imagen de su miedo.

    Memoria de pez – Rosario Alonso

    Se arañan los instantes  ya reescritos
    que hieren a los bordes del recuerdo
    se gangrenan capítulos enteros
    que conforman la vida como un libro.

    La memoria es un juego de caprichos
    que rellena los huecos del momento
    y una carpa protege del infierno
    que se escapa del cuerpo hacia su olvido.

    La identidad sin nombre se nos pierde
    en el negro que borra los atajos
    donde acaba el retorno de los  trenes .

    La lucidez se esfuma en la corriente
    en un juego de círculo cerrado
    que baña la memoria de los peces.

    Naturaleza y silencio – Pilar Morte

    ¿ Quién exhaló el suspiro, desgarró aquel silencio
    y allí se hizo verbo ?
    ¿ Quién sacó agua del pozo, habló en inmortal voz ?

    Se oyó el grito y la tierra se expandió.
    Las cuerdas de la piel temblaron al sonido
    que deshizo el vacío a pinceladas.

    Hoy el día apagó la luminaria
    disfrazando de sombra altos ecos.
    El silencio combó hacia la muerte
    diluyendo algo nuestro al habitarlo.

    Aquietado el vibrar,
    de algunos escenarios que perturban,
    hizo senda en el aire la propia melodía.
    Agostado el fragor,
    de las flechas que clavan sonido de artificio,
    se eleva al horizonte voz genuina.

    Ahora fluye música del valle,
    pórtico de armonía en su canto
    belleza en el pulsar de mis sentidos.

    A2 – Martín Desormeaux

    La casa es un campo de concentración.

    Cualquier movimiento en falso
    puede activar una bomba
    dentro de los aparatos domésticos.
    Todo es un desastre
    menos tú, Bárbara,
    inquieta hoja de un árbol
    traído de Oriente. Pequeña canción
    de cuna
    anidando en mis oídos
    cuando la oscuridad no alcanza
    para construir las noches.

    En el comienzo de tus manos
    se bifurcan las batallas
    donde todos
    nos convertimos en soldados muertos,
    y no lo sabes, Bárbara,
    ignoras que las huellas que imprimes
    también encienden fuegos de artificio
    sobre los ríos
    y nunca es suficiente la lluvia
    para hacernos olvidar
    los motivos del dolor.
    Bárbara, dentro de tu mundo
    se extiende el idioma virgen
    del Descubrimiento, una señal
    demasiado sangrienta
    de los dioses.

    Todo en ti
    es un fragmento limpio
    flotando a orillas del océano.
    Un amuleto lanzado lejos
    de las creencias,
    una pista
    de aterrizaje forzoso
    para que los planeadores
    se estrellen antes del despegue.

    Un camino de barro
    donde los zapatos
    tropiecen con las piedras
    para marcar
    las señales
    hacia el abismo.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Grupo Texturas

    Agosto nos ha traído poéticamente un caudal de versos que poco tiene que envidiar a otros meses del año de más recogimiento.

    Rafael Calle en “la Ira de las lenguas” nos acerca una voz madura que a través de la metáfora es capaz de modular hasta hacerla sólida, importante y llena de matices. Tal es el caso de Luis Oroz, que nos lleva por los senderos de la nostalgia con la precisión del que siente en estado puro, en su poema “Dicen”, nos adelanta a nuestras propias emociones y se adentra en ellas de forma sutil pero incontenible. J.J Ferreiro, nos deja sin aliento con su filosófico discurrir en “Avísales cuando vengan”, una exaltación lírica que se impone con rotundidad y de una fuerza arrolladora que llega a estremecer. En este línea de profundísima poetización encontramos “De lluvia”, de Benjamín león, un poema que nos cala hasta la médula en su carácter de activador de los más dolorosos detonantes del miedo y la tristeza, esa interminable noche del poeta que se atraviesa a si mismo con su propia palabra. O los “Poemas desde la cordura” de Alonso de Molina, que precediendo con una magistral cita de Panero, nos lleva a los senderos de la locura donde podemos perdernos sin olvidar que la belleza acecha.

    La ira de las lenguas – Rafael Calle

    A vertebrar los sueños te conjuro,
    definitivamente
    al beso que seduce la ira de las lenguas,
    fusión en la codicia de los labios
    y en la tempestad del azar, contigo.

    Gocemos de los pálpitos motrices,
    agujas de un adiós a la perfidia,
    tic tac que rivaliza con la pena,
    el árbol de la luz, la mies enamorada.

    Cereales los dos,
    llega la voluntad de una labranza grave,
    se fue semilla muda
    y ha vuelto voz en grano.

    Avísales cuando vengan – J.J. Ferreiro

    Hay ciertos términos de subversión
    donde el espacio se agarrota
    y el tiempo entrega sus renglones
    aferrándose al caos;
    los pómulos de mar,
    toda su incontinencia
    no ocurren,
    o acontecen mil veces repetidos.
    Allí, el universo
    arrastra la quietud clarividente de lo inestable,
    arde y difunde la cifra del desorden.

    Dios nunca ajusta su guarismo fiel:
    el cero,
    muerte en la cruz de toda su nada.

    ― Avísales cuando vengan
    recién nacidos
    que traigan sus maderas nuevas
    y sus mares circunstanciales;
    luego podremos navegar
    alegremente.

    El Pulso III – Sara Castelar Lorca

    Siento la levedad de lo visible
    su material ternura
    el terrible abandono de la edad
    fraguándose en los ojos,
    ese galope ciego de la historia
    que avanza cuerpo adentro.

    Yo tenía el dolor de las enredaderas
    su eterna obstinación de pájaro,
    el ocre incandescente del otoño
    ardiéndome en los dedos.

    La tristeza es una lentitud de puertas
    donde el olvido duele
    donde el silencio duele
    donde el amor es carne de bisagras
    doblando la memoria.

    Bebo de la resignación
    del útero desierto de una virgen
    bebo del transitable miedo
    del que perdió la fe y renegó del nombre
    bebo de la maraña roja
    del sexo que olvidara su condición efímera.

    En la verdad se quiebra la razón
    y debo la palabra
    debo cada fonema ardido en la belleza,
    tan simple y tan humano
    tan incisivamente hermoso.
    Tu mirada de niño.

    Mi boca es de mujer y nombra
    arandelas de llanto,
    la triste percusión del aire
    muriendo en las cornisas.

    Puedo escuchar la bestia en el callar del hombre
    y seguir desde el pecho brotando en llamaradas,
    un solo corazón para tanta ternura
    y tan sólo una muerte
    para esta soledad tan infinita.

    De lluvia – Benjamín León

    “Así en el tiempo tal océano
    colarse sin inquietar las aguas…”

    Marina Tsvetaeva

    Baja lo gris y el tiempo se entristece. El nudo entre las hojas de los árboles podría ser un náufrago en el borde, un punto que se extienda interminable bajo el cielo, un pájaro exprimiendo su agónico sonar. El porvenir del aire que se extingue, podría sucumbir como el suicidio: ahogarse en sus dobladas alas, inútilmente arder sobre los ojos, perderse bajo Dios. Entonces la memoria, el único pecado. Luego la soledad hecha de carne cayendo con su culpa: la voz y los jardines. Puedo llorar en la quietud, herirme el nombre lentamente en los residuos de la edad y ser la nada y ser del frío. La piel como dominio de la flor y el límite preciso del futuro. Las túnicas del día que aparece, los últimos caballos en galope, el ruido pulmonar quebrando huesos. Qué inevitable inicio del callar. Qué sucesión de vida. Qué grito primigenio hasta el expiro. Solo de luz ante la infancia que cuelga su pasar para dormir como en un bosque. La lluvia indefiniblemente herida goteando al abandono, y cae, cae, cae, tan dulcemente cae mientras subo y te despido en esa sucesión del aire, que pronto no sucede. Esto es lo siempre, ver morir la lluvia; esto es lo siempre, el tacto y la saliva, el cuerpo despidiéndose del cuerpo y de sus llagas, el viento que desmece en el suicidio.

    Dicen – Luis Oroz

    Dicen que los recuerdos son semillas
    que crecen en la tierra de lo que ya no existe,
    que necesitan tiempo, que se hidratan
    con la humedad de la melancolía.

    Dicen que son tardías, que maduran
    con la caricia de otro sol más cálido,
    que se agarran al pecho
    cuando el cuerpo
    se tropieza en el hueco de un minuto vacío,
    que perfuman al triste
    y que nutren al hombre que se muerde las uñas.

    Dicen que la memoria
    solo espera el sabor que la devuelva
    a ese lugar en donde nunca estuvo,
    que no puede moverse
    cuando sujeta el peso de las cosas que pasan.

    Yo sé,
    como tú sabes,
    que todo es relativo,
    que el argumento cae
    como el orgullo que atraviesa el puente
    de nuestra soledad.

    Porque recuerdo el beso de las 7
    con la profundidad del que se siente calladamente lejos.

    Y son las siete y cinco…
    y no te has ido.

     

    Poemas desde la cordura – Alonso de Molina

    “Hembra que entre mis muslos callabas
    de todos los favores que pude prometerte
    te debo la locura”
    Leopoldo María Panero
    -1-

    Detenido en la calma, Yo persigo esta luz;
    para abrasarme dentro busco la vasta llama
    de la tierra y el cielo, esculpida alma nívea,
    originario polvo eterno y primigenio.
    -2-

    Contente!!. No marchite su edad la flor ni el tiempo;
    solo nos pertenece el efímero instante
    y el exacto pasado; inédito el futuro
    nos aguarda en su incógnita quebradizo e inseguro.
    -3-

    La memoria y sus vértigos ciñen formas de un tiempo
    romo, como una tos sin prejuicios ni arrugas,
    anónimo espejismo de la razón expuesta
    que alega ingenuidad en la torpeza del pecado
    y duda si llegar vértice de mentiras
    o con la obstinación de los tercos recuerdos
    -4-

    De los blancos barrotes de la cabal cordura
    me exilio diáfano en bondad y me erijo ido
    en busca de un espejo donde medirme el juicio,
    sin extrañar lo insólito de los últimos versos
    de un poema no escrito, cansado y melancólico
    -5-

    Sin final ni principio donde razona el fuego
    ciñen formas de un tiempo de derretidas lunas
    transformando en pereza los lascivos fermentos
    que transcurren endémicos embebidos de fiebre,
    sin germen ni sentido; sin discurso ni paz
    donde aplomo sin fe arroje sus delirios
    y huir de laberintos tejidos de locura

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Bitácora de Sara Castelar y Benjamín León en La Rioja

    rioja_01“Aún cantan los gallos al amanecer en Medinaceli”, con estas palabras en un austero monumento se recordaba al poeta Ezra Pound en el pueblo del Cid, en Medinaceli, quizás por el conocido reconocimiento que él le había entregado a la poesía provenzal en su visión y proyección poética, y a la vez por ser un monumento valorado por quien acompañara a Pound hasta sus últimos años. El poeta debe hacer de la poesía una experiencia vital, y no sólo un ejercicio lingüístico en pro del poema, más bien, ha de tener una implicación con el mundo a partir de la poesía. Por este motivo, estar ante un monumento a Ezra Pound, era encontrarnos frente a uno de los ejemplos más significativos de lo que debe ser un poeta. Habíamos viajado toda la noche, pues siendo las dos de la madrugada del día sábado 26, y dada mi ansiedad por estar en La Rioja, decidimos aventurarnos a los cerca de 900 kms en una expedición nocturna. Fue así como a media mañana del día sábado 26 de julio nos encontramos en Medinaceli. No pudo haber un mejor anticipo para nuestra llegada a La Rioja.

    Presentación en Autol

    Presentación en Autol

    Entrando por el Valle del Cidacos, no dejamos de asombrarnos de la belleza de sus bosques, que parecían extraídos de cuentos de hadas, pero en un contexto moderno. Las serpenteantes curvas y lo angosto del camino en medio de tanto árbol y los reiterados letreros sobre las huellas de los dinosaurios, no dejaban de impresionarnos. El camino que abría su paso por pequeños túneles, que parecían cuevas en medio de los rocosos cerros, nos llenaba de asombro. La belleza del lugar que nos daba la bienvenida nos preparó para la calidez humana de los riojanos con quienes en unos minutos nos encontraríamos.

    El pueblo de Autol nos recibió con su impresionante monumento natural del Picuezo y la Picueza, y luego, en un costado de la calle principal, el reencuentro después de casi un año con mi amigo, el poeta – pastor, Adrián Pérez Castillo. La calidez de su familia se hizo sentir inmediatamente, pues nos recibieron con un almuerzo que nos devolvió las energías dejadas en el extenso viaje, además del excelente vino que alegró irremediablemente nuestros poéticos corazones.

    Recital en Arnedo

    Recital en Arnedo

    El día domingo 27 de julio, fue un recorrido por los lugares de Adrián, sendas de dinosaurios y sus respectivas huellas petrificadas, castillos y monasterios, campos que resuenan en su poesía, pero que ahora nos eran conocidos a los ojos.

    El día lunes 28 de julio, dada la proximidad limítrofe, retomamos la carretera y nos dirigimos a Francia, donde recorrimos algunos pueblitos costeros del cantábrico y la ciudad de Bayonna, que acunó algún poema nacido en sus calles o al borde de sus ríos. Regresamos al atardecer del día martes 29 de julio, con cierto cansancio por el viaje, pero reconfortados por la hermosura de los paisajes andados y por la experiencia de este otro lugar.

    Tertulia en el colegio La Estación

    Tertulia en el colegio La Estación

    rioja_05

    Conferencia poesía Andina y Etnoliteratura

    El mismo día martes 29 de julio, a eso de las ocho de la noche, fue memorable, teníamos la oportunidad de encontrarnos en una tertulia cerrada con la “Asociación de amigos de la poesía de La Rioja Baja”, institución que hace dos semanas presidía nuestro amigo Adrián Pérez. El encuentro fue un ramo en primavera, la luz de la poesía se extendió en todos los puntos cardinales del colegio “La Estación” que nos cobijaba. Por casi dos horas, unas diecisiete personas hablando el lenguaje más puro y universal de los hombres, era el mejor contexto para el inicio de nuestra poética semana. Expusimos brevemente nuestra visión estética de la poesía, compartimos algunas experiencias relacionadas con lo que anteriormente había sido la publicación del libro antológico “Poemas de mar a mar”. Leímos poemas y disfrutamos de la conversación como se disfruta del vino en una tierra sembrada de vides. Desde entonces, mencionamos y reconocimos en todas las presentaciones a quienes hacían posible nuestra estancia inolvidable en este lugar, familia y amigos que se esforzaron anónimamente por nosotros, instituciones, como la Universidad de La Serena; así como también el proyecto poético de Editorial Alaire. Fue una jornada inolvidable, un inicio especial para lo que nos esperaba.

    El miércoles 30 de julio despuntó el día con una entrevista en la radio de Autol, entonces pudimos explayarnos sobre lo que sería la programación literaria de la semana, los lugares que nos acercarían a las personas de La Rioja. Por la tarde, la Casa de la Cultura de Autol nos abrió sus brazos, y junto a la comunidad y sus autoridades, la Concejala de Cultura Doña Elena Fuertes y el Alcalde D. Pedro José Arnedo, recibieron con aprecio y emoción nuestras palabras. La presentación estuvo a cargo de Adrián Pérez y la Concejala de Cultura de Autol, quienes dieron el inicio de la sesión que continuaría con la exposición de la conferencia “Poesía chilena contemporánea” y la presentación de nuestros trabajos poéticos, tanto la recopilación de Sara, “Verso a tierra”, y la mía “Nostalgias y arraigos”. La publicación correspondía a una edición especial de la revista de poesía Espantapájar@, que realizamos con los amigos en la Universidad de La Serena, en Chile, y que en esta oportunidad traía dividida en cien fragmentos una obra del artista y profesor Hernán Godoy. La televisión local se encargó de grabar el suceso literario, mientras los asistentes escucharon nuestras exposiciones y dialogaron con nosotros diversas cuestiones relacionadas con el oficio, después los presentes adquirieron la revista gustosamente; y, por otro lado, el Ayuntamiento de Autol nos entregó una serie de reconocimientos de cuantioso valor cultural. Una vez finalizado el evento, una cena ofrecida por el alcalde, con la presencia de algunos de los amigos presentes en el recital poético, así como también Teo Basterra y Mario Martínez, amigos entrañables de la “Asociación de amigos de la poesía de La Rioja Baja”. La cena fluyó con interesantes conversaciones de tipo cultural y poéticas, además de ser el momento de nuevas metas en conjunto. Fue una experiencia iluminada por la poesía.

    En Autol con el alcalde y la concelaja de cultura

    En Autol con el alcalde y la concelaja de cultura

    El jueves 31 de julio, se inició el día con las llamadas telefónicas de distintas radioemisoras que nos entrevistaron y nos permitieron expresar nuestra visión poética y leer algún poema en vivo. En total, tuvimos la oportunidad de expresarnos en unas cuatro radios, lo que nos permitió llegar con nuestro entusiasmo poético a más personas; además, nuestra visita fue destacada al menos tres días en los diarios locales. Pero el día recién comenzaba y aún quedaba una presentación importante que realizar. Fue así como a eso de las 7:30 de la tarde nos encontrábamos saludando a los amigos de Ediciones del 4 de agosto, quienes habían sido los responsables de editar mi cuaderno de poesía “Tankas de Pàjaros”, que mediante videoconferencia habíamos presentado el 14 de febrero desde la Feria del Libro de La Serena, Chile. En esta oportunidad, con la notable presentación de María José Marrodán, en el Biribay Jazz Club, en Logroño, fuimos responsables de dar inicio a la cuarta edición del Festival de Poesía Agosto Clandestino, tuvimos la oportunidad de exponer nuestros trabajos y nuestra visión poética ante un auditorio atento y apreciativo, compuesto principalmente por un público joven, con un proyecto de importante alcance literario. Tuve la oportunidad de saldar mi promesa pendiente: leer un poema de uno de los internos de la cárcel chilena en la que realizo un taller de poesía; la evidente conmoción con esta lectura se dejó sentir en un fuerte y extendido aplauso.  Además, resultó conmovedor encontrarnos nuevamente con nuestro compañero Julio González Alonso, que estuvo en la presentación junto a algunos amigos y familiares. El magnífico evento concluyó con una cena de camaradería donde pudimos estar con algunos de los jóvenes integrantes de este proyecto editorial que difunde y organiza un movimiento importante en virtud de una poesía activa.

    Ya viernes 01 de agosto, nuestros corazones estaban llenos de esa paz que entrega la poesía, rebosantes de haber compartido nuestros trabajos y de haber sentido el aprecio de los asistentes y de los amigos que tan gustosamente nos oyeron y acompañaron. Pero el día viernes nos esperaba con un cierre especial para nuestras actividades en La Rioja. Después de pasear un poco por las localidades cercanas, nos dirigimos a un parque lleno de verde en Arnedo, en ese lugar se grabaron dos ediciones del programa de televisión “Vivir la poesía” que conduce Miguel Correas, y que nos dio la oportunidad de leer algunos de nuestros poemas y transmitir a quienes vieran el programa el valor que tiene para nosotros la poesía, su forma y sus lugares, además de la repercusión que debe tener en la vida de los seres humanos.

    Firmando revistas

    Firmando revistas

    La noche del viernes se extendió armoniosamente en Arnedo y nos condujo en el evento que cerraría nuestra semana literaria en La Rioja, esta vez en el recital poético organizado por la “Asociación de amigos de la poesía de La Rioja Baja”. Fue así como en las alturas de un edificio recién inaugurado de Cajarioja, se llevó a cabo este encuentro. La terraza estaba provista de asientos que rodeaban una alfombra verde donde algunos escucharon cómodamente sentados sobre cojines. El acto conducido por Miguel Correas, dio inicio con las palabras conmovedoras del buen Adrián Pérez, que como presidente de la asociación resaltó la amistad y el trabajo que conjuntamente hemos realizado por llevar la poesía a más lugares. Posteriormente, el Director del colegio “La Estación”, un hombre lleno de aprecio a la palabra poética y al valor que ésta debe ocupar en la vida, se dirigió a los presentes expresando, también, su visión pedagógica al respecto. Luego, la Secretaria de la Asociación, María Jesús, leyó un poema de mi coterránea, la Premio Nobel Gabriela Mistral. La sesión continuó con música, de la mano y voz del amigo Michel Garrido y de otros compañeros de la asociación, Alicia y Antonio. El acto era emotivo, poético hasta las raíces del cielo que casi tocábamos en la altura del edificio. Entonces irrumpió Mario Martínez con un poema que nos removió todas las fibras, un poema dedicado a nuestro trabajo y escrito por nuestra presencia en tan cálido lugar. Fue entonces el momento de nuestra participación, primeramente con una conferencia denominada “Poesía andina y etnoliteratura”, donde intenté mostrar algo de la poesía escrita en el sector andino latinoamericano y algo, también, de la interesante poesía mapuche; la recepción fue notable, las personas oyeron atentas y el ambiente poético crecía a medida que se acercaba el momento de nuestras lecturas poéticas. Los asistentes al lugar aplaudieron cada uno de los poemas que recitamos Sara y yo, se conmovieron y nos conmovieron. Los anfitriones nos llenaron los ojos de poesía, y como dijera Walter Benjamin, se acercaron a nuestra poesía con la misma facilidad que los niños entienden el lenguaje de los pájaros la mañana de los domingos. La sesión se extendió por casi dos horas, la noche cayó sobre nosotros mientras firmábamos gustosamente nuestras revistas que se distribuían en gran manera. Aun con el frío viento sacudiéndonos los huesos en las alturas de aquel hermoso edificio, la calidez de las personas nos produjo un sentimiento inolvidable de aprecio, y de agradecimiento por el gran valor que le otorgaron a nuestros esfuerzos por llegar hasta donde ellos y, sobre todo, por el respeto que demostraron por nuestro trabajo literario y nuestra escritura. La noche concluyó con una cena donde el aprecio de los amigos locales se sintió una y otra vez. Las conversaciones sobre poesía se extendieron y el lazo existente se fortaleció con las casi cuarenta personas que estaban presentes. La poesía estuvo en la mesa y en los libros, en las copas de vino riojano que llegaban a nosotros, en lo teórico de nuestras conversaciones y en lo práctico de la fraternidad visiblemente manifiesta, no sólo como unidad lingüística, sino como un todo superior canalizándose en las venas y en las vocales.

    Puesto que nuestro retorno sería el domingo, de madrugada, el sábado dos de agosto, nos permitió estrechar lazos con Adrián, ir a su oficio, estar con él y pastorear las ovejas de su afecto, que son más que un oficio, una forma de vida en paz en medio de la aplanadora vida moderna. Después, por la tarde, un recorrido a la parte alta de La Rioja, con el Monasterio de San Millán de Yuso, patrimonio de la humanidad y cuna de la lengua, donde se conservan los primeros escritos del castellano. Finalmente, el momento de despedirnos de Adrián y su familia, que tan hospitalariamente nos acogieron en nuestra estancia riojana.

    La visita a La Rioja fue la construcción de un recuerdo imborrable, fue el lugar para que nuestra libertad se extendiera mediante los poemas y llegara a otros, a nuestros amigos, a los nuevos amigos y a los amigos desconocidos que de nosotros supieron. La poesía fue el centro y lo que le rodea, lo usual y cotidiano de nuestra andadura. Tuvimos la felicidad de vivir dentro de un ambiente poético a raudales y de esta forma acercarnos y ser con quienes llegan con el corazón abierto a sentir el lenguaje único de la poesía.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Poesía, sueño y locura.

    Immanuel Kant

    Immanuel Kant

    A menudo insisto en que el apelativo de poeta me queda grande, que no es mi piel verdadera, y acostumbro a argumentar que la causa está en la reverencia y respeto que me inspiran los poetas a quienes admiro. Pues bien, hoy, aquí y en vuestra compañía, no estoy tan seguro de que sea ésta toda la verdad si sostengo lo que a continuación expondré, la relación entre la poesía, el sueño y la locura.

    Empezaré por constatar que el entender la cosa de la poesía como cosa de locos, o al menos de gente poco convencional y extravagante, es algo conocido y de dominio público  que las gentes más sencillas expresan sin tapujos. Hasta el cura de Huergas, don Julián, en el concejo leonés de Gordón, decía reconocer que en algunas circunstancias como las de encontrarse ante la belleza del campo o de las mozas, se salía un poco del lugar y se hacía el loco o el poeta. No hay desprecio o menoscavo de la persona y figura del poeta, pero sí se le atribuyen características poco acostumbradas que lo convierten en personaje raro que dice cosas a veces incomprensibles, otras hermosas y las más de las veces, comprometidas. Las gentes sencillas respetan a los poetas.

    Karl Christian Friedrich Krause

    Karl Christian Friedrich Krause

    Yo he afirmado en alguna ocasión que la poesía tiene que ver con el mundo onírico al utilizar la palabra abriéndola a múltiples significados, evocaciones y sugerencias que conectan con ese mundo, resultando ser un poema, en ocasiones, un sueño del que al despertar encontramos apenas dos o tres imágenes vívidas, las que alcanzaron nuestro inconsciente y removieron nuestros cimientos.

    Puede resultar anecdótico, o tal vez no, pero en más de una ocasión me he sentido asombrado escuchando poemas en una conocida emisora de radio, recitados por personas oficialmente locas.

    Arthur Schopenhauer

    Arthur Schopenhauer

    Otro testimonio impresionante es el que nos da el leonés Leopoldo María Panero, recluído largos años en el manicomio de  Mondragón y de cuyas circunstancias actuales lo desconozco todo. Este poeta de la saga de los Panero de Astorga nos dice que su poesía, lejos de ingenua y abismal, no es más que un inmenso truco en el que la locura y la muerte se presentan como dos artificios más de un inmenso poema esteticista. Y es en su texto poético El Golem donde de manera conmovedoramente hermosa nos sugiere a través de la voz que le dice suavemente al Golem: no sueñes; porque, agrega más adelante, cuando anochece y te duermes, se oyen cánticos de iglesia, porque la voz de la iglesia es la voz de la muerte. Dirige su discurso al escritor, al poeta, para ti, que has rozado la última letra; para ti, que has soñado con la última letra y que dedicaste a ella toda tu empresa poética, recordándonos que hay algo peor que el sueño y que la cesación del sueño, y que ese algo peor se llama conciencia.

    Leopoldo María Panero, recluido en un centro psiquíatrico.

    Leopoldo María Panero, recluido
    en un centro psiquíatrico.

    De este poeta oficialmente loco, sorprende la lucidez de su juicio sobre la poesía, nada en sí misma –dice-  sin la lectura en la que no hay que buscar un contenido objetivo. Traslada todo el contenido poético al terreno de la subjetividad, aspecto sobre el que opiné algo parecido en la entrevista que me hizo Alonso de Molina,  declarando que el verdadero poema no es fiel a otra realidad lingüística que la rotura del lenguaje por la metáfora y la metonimia, la sinécdoque, la aliteración y la rima. La poesía se parece así al lenguaje coloquial, y es, como aquel, una destrucción del lenguaje, una negación de la gramática. Pese a todo, los versos, la escritura, el poema, son una realidad objetiva dotada de belleza y en la abstracción de esa belleza es donde el poema corre el riesgo de carecer de sentido, en su invención del lenguaje.

    El Marqués de Sade afirmó, y lo hizo además en verso, que

    todos los hombres son locos; para no serlo
    habría que encerrarse y romper el espejo.

    Hugo Norberto López, de 74 años, es una de las estrellas de la radio "La Colifata", la primera emisora del mundo hecha por enfermos mentales, protagonista de la ultima campaña de una conocida bebida isotónica; recita poemas de Neruda en su espacio.

    Hugo Norberto López, de 74 años, es una
    de las estrellas de la radio “La Colifata”,
    la primera emisora del mundo hecha por
    enfermos mentales, protagonista de la
    ultima campaña de una conocida bebida
    isotónica; recita poemas de Neruda
    en su espacio.

    El autor de Justine y la Filosofía en el tocador, que si no estuvo loco, lo convirtieron en loco y se pasó la mayor parte de su vida internado en cárceles y manicomios fue quien, tal vez como nadie, nos demuestra con su obra el paso de lo racional a lo mágico.

    Manuel Kant, para definir al loco, dice de él que es un sujeto que sueña despierto.  Karl Christian Friedrich Krause, masón, filósofo y de gran influencia en el mundo hispanohablante y Alemania, pionero en reivindicar la igualdad de los derechos entre el hombre y la mujer, los derechos de los niños, así como los derechos de la naturaleza, se refiere a la locura afirmando que es un sueño dentro de la vigilia de los sentidos. Schopenhauer mantiene que el sueño es una demencia corta, y la demencia un sueño largo.

    Poesía, sueño y locura

    Poesía, sueño y locura

    Luciana Prato, en un texto basado en una interpretación de la película de Jean Claude Lauzon, Leolo, y fragmentos adaptados de una entrevista a Julio Cortázar, nos remite a la vida de los niños y su relación con la realidad, lo material, cotidiano y habitual, y los sueños como generadores de mundos utópicos. Afirma que el primer momento de la construcción de la utopía es el sueño (se refiere al sueño de vigilia, aunque también analiza el sueño onírico); el segundo momento, agrega más adelante, es la escritura. La lectura y la escritura conforman así dos experiencias vitales para el soñador. Y el puente para el niño -¿sólo el niño?- entre lo cotidiano, la realidad, y el sueño, la utopía, es la literatura.

    El niño sabe que la utopía alimenta la vida, y entre los creadores de la utopía el niño encuentra al poeta, el domador de versos, un Quijote que lucha contra molinos de viento. Por último, y por no resultar exhaustivos, Luciana Prato aborda la relación del sueño y la locura con el convencimiento de que para soñar, utopizar, es necesario cierto aire de locura y considera que el soñador es loco porque una intensa pasión se apodera de su cuerpo y lo transfigura.

     

    Leopoldo María Panero, en una de sus salidas del Psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria, durmiendo en un banco de la calle Triana.

    Leopoldo María Panero, en una de sus salidas
    del Psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria,
    durmiendo en un banco de la calle Triana.

    Como vamos viendo, sueño y locura van de la mano en las reflexiones de no pocos pensadores. A poco que preguntemos y busquemos, la maraña de teorías y estudios sobre el sueño nos envolverá de manera vertiginosa y nos colocarán al lado de la locura o instalados en la misma locura. Spitta viene a decirnos que el sueño concede al sujeto atormentado por sufrimientos físicos y sensoriales aquello que la realidad le niega, bienestar y dicha. No se trata de convertir al poeta y su oficio en un caso clínico, pero de la atormentada visión del mundo del poeta sabemos algo y de la búsqueda de la felicidad –anhelo compartido por cada ser humano-, también. El asunto está en saber si cada poema es o no la expresión de un sueño y si expresa en su lenguaje encriptado la voz de la locura. El mismo Spitta, encuentra las siguientes semejanzas entre el sueño y la locura:

    1.- Se da una supresión o retraso de la autoconciencia.
    2.- Existe una percepción modificada de los órganos sensoriales.
    3.- Hay un enlace de las representaciones entre sí, exclusivamente conforme a las leyes de asociación y reproducción, formación automática de series y desproporción de las relaciones entre las representaciones como son las exageraciones, la existencias de fantasmas…
    4.- Se manifiesta una modificación o perversión de la personalidad y el carácter.

    El interés por este tema alcanza también a expertos reunidos en Seminarios en los que exponen sus conclusiones sobre aspectos como el sueño y la locura en los personajes de la literatura o los procesos psicológicos del sueño en la creación literaria, entre otros.

    No estoy muy seguro de que muchas de estas características no se correspondan con el fenómeno de escribir un poema. Pero tampoco, confieso con franqueza, me importa demasiado. De elegir un mundo de locos, prefiero éste de la poesía al de la violencia, el odio y la guerra… Hoy, estoy más cerca de aceptar el apelativo de poeta.

    Julio González Alonso.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Nicanor Parra y la antipoesía

    Nicanor Parra

    Nicanor Parra

    Intentar definir qué es la antipoesía quizás en sí resulte un hecho antipoético. Tal vez, derive en mayor comprensión de lo que el término significa acercarse a éste mediante el antipoema. El antipoema es el resultado de un antagonismo, se opone directamente al tipo de poesía escrita anteriormente, las vanguardias; incluso, prolonga algunos rasgos constitutivos de otras corrientes poéticas distribuidas diacrónicamente a partir del modernismo. Tal vez en este sentido, las palabras del iniciador moderno de la antipoesía, Nicanor Parra, tengan una validez insospechada: “Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne / hasta que vine yo/ y me instalé con mi montaña rusa / suban si les parece / claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices”. Hoy, la obra de Parra, y con el la antipoesía, ya está inscrita en la historia literaria de la lengua española.

    Hubo dos aspectos determinantes por los que la publicación de “Poemas y antipoemas” en 1954, llegara a ser objeto de especial atención entre los lectores: primeramente, la desacralización del yo poético, que había imperado en la poesía modernista de aquel entonces y, en segundo lugar, la reincorporación de la oralidad a partir de estructuras sintácticas, frases hechas y lugares comunes. La utilización del elemento contradictorio a los rasgos esenciales de otros tipos de escrituras, frecuentemente más aceptadas. Por otra parte, existe una suerte de liberación de las capacidades expresivas y representativas; sobre todo debido a la utilización del discurso cotidiano inmerso en el texto antipoético, hablamos de fragmentos o de un discurso no literario, como el periodístico, el psicoanalítico, administrativo, comercial. Lo anterior quedará demostrado con lo ruptural de los artefactos parrianos nacidos posteriormente a partir de la misma antipoesía.

    En cuanto a la estructura del texto antipoético, existe diferencia a la del poema tradicional, el cual está constituido como unidad que tiene una autonomía en sí, especialmente en el texto vanguardista, además, tiene ciertas referencias extratextuales, situación relevante en la poesía tradicional. En directa oposición a la estructura señalada, el antipoema rompe la inmanencia y la autosuficiencia del texto haciéndose partícipe de un modelo textual o referencial del cual depende en su estructura, y del cual se nutre en los valores y contenidos que este modelo tiene, así como en lo formal del texto. Sin embargo, pese a esta desestimación de modelos formales y otros de los cuales se huye, el antipoema integra, como hemos dicho, algunos de estos moldes en su estructura. Existen tres momentos en el desarrollo del antipoema: un momento de homologación aparente del modelo que se antipoetiza; una suerte de ambigüedad respecto a la estructura mediante la cual los valores del modelo se ven representados en el antipoema, pero que al mismo tiempo son rechazados por este y desestimados en la ruptura; por último, la ironización y degradación de los modelos en el texto antipoético forman una inversión de elementos y valores, para esto se utiliza la ironía, el ridículo, la sátira, la caricaturización, la ruptura interna del sistema aceptado como modelo.

    Nicanor Parra y Allen Ginsberg

    Nicanor Parra y Allen Ginsberg

    Por otra parte, el antipoema suele remitir no sólo a un texto modelo, sino a varios textos o espacios; de este modo, sus referentes pueden ser textuales y literarios, pero también puede establecer relación con otro tipo de discurso no literario; con elementos de la realidad cultural, social, histórica; con autores literarios o sujetos individualizables. Sus referencias suelen ser múltiples y heterogéneas, constituyendo un verdadero núcleo alrededor del cual se aglutinan elementos referenciales portadores de significación.

    La caracterización del antipoema no puede omitir otros aspectos esenciales. Uno: la tendencia del discurso antipoético a asumir la figura de una narración. Una narración desde luego discontinua, abierta, hecha de fragmentos de acción. Si hay narración, hay narrador y personaje: el sujeto del discurso narrativo es el narrador de sus propias acciones. Un personaje cuyos movimientos tienen como escenario el espacio urbano. Se mueve en el interior de las casas, se desplaza en la calle, recuenta lugares públicos, sobre todo plazas y parques. Habla o escucha, recuerda escenas pasadas, dice lo que ve, saca conclusiones. El sujeto del antipoema suele ser un forastero, una persona del medio rural que se instala en la metrópolis y contempla con su visión esta nueva esfera.

    Después de la primera guerra mundial, que prescindiendo de cronologías oficiales es la que cierra el siglo XIX, el arte europeo se entregó a una revisión fanática de la obra de creación y, por esa vía, de la realidad cultural y social. Se la desmontó pieza por pieza para redefinir principios y funciones e idear nuevos sistemas de signos, a fin de testimoniar la renuncia absoluta a la calidad expresiva y a la sugestión sensual del arte anterior. Ya Rimbaud pensaba en un lenguaje artístico propio, Schönberg se inventa un nuevo sistema musical, y de Picasso podría afirmarse que pinta cada uno de sus cuadros como si quisiera descubrir de nuevo el arte de la pintura.

    Si bien es a partir de la generación de Vallejo y Neruda que la literatura hispanoamericana asume tales preocupaciones, la poesía de Parra representa quizás mejor que ninguna otra la radicalidad de ese impulso a empezar de nuevo. “Como los fenicios pretendo formarme mi propio alfabeto”, dice en “Advertencia al lector”  en Poemas y antipoemas de 1954. Este “alfabeto” o código antipoético, se estructura en la crítica simultánea de la realidad, del lenguaje “poético” y del poema fundado en la ilusión estética. Lo cual sitúa a Parra en la tradición de Brecht. En efecto, Brecth le quita al espacio escénico su neutralidad, lo carga de beligerancia y establece en él la sede de una conciencia crítica que se propone arrancar al espectador de su cómoda posición contemplativa. El método: atacar la ilusión estética. Parra también quiebra la serenidad del espacio del poema, lo abre y a través de fórmulas prosaicas, estereotipadas, llama la atención del lector y le pide que por un instante vuelva la cabeza “hacia este lado de la república”, hacia el espacio del poema que ya no lo pueblan más las imágenes y ocurrencias depuradas, porque se ha transformado en un retablo donde se exhiben las falsas maravillas de una civilización:

    Nicanor Parra

    Nicanor Parra

    Las apelaciones en boca del personaje antiheroico producen en el lector impresiones aparentemente contrarias, pero que en la intención del texto se resuelven en eficacia expresiva. Por ejemplo, hay en la voz que las pronuncia una vibración trágica apenas disimulada que hace que las palabras nos suenen como el prólogo a una noticia catastrófica, lo que no es ciertamente una impresión equivocada. Por otra parte, despiertan en la memoria el eco del lenguaje de los anunciadores de feria, de los circos y de los shows: “señoras y señores, un momento de atención”, “olvidad por una noche vuestros asuntos personales”. La mezcla de lo trágico y lo cómico, de lo grave y de lo vulgar, característica del estilo antipoético, es pues una de las formas que adopta la crítica del lenguaje “poético” y de la ilusión estética.

    El antihéroe se mueve de un lado a otro, va tomado nota del acontecer cotidiano, sorprendiendo lapsus por donde su mirada escrutadora se asoma a la tramoya del gran teatro de la sociedad actual, en cuyo ámbito se representa en acto continuo la farsa de los valores y de las significaciones. Es “una cámara fotográfica que se pasea por el desierto”, “una alfombra que vuela”, “un registro de fechas y de hechos dispersos”. Esta es la razón de por qué el lenguaje de la antipoesía resulta predominantemente informativo: es el lenguaje de una crónica de un sobreviviente en un mundo de ruinas culturales, en un “desierto” humano. Precisamente, en la existencia de un personaje-cronista testimonial del antipoema, tiene su fundamento y su necesidad lo narrativo. La sintaxis prosaica es correlativa de lo narrativo y colabora también a derribar de su trono a la ilusión estética. Para vivir, esta ilusión exige una distancia y una sublimación; el prosaísmo en cambio plantea una interferencia antipoética.

    La antipoesía a partir de Parra plantea una ruptura, un quiebre o un cambio en los moldes establecidos y, a partir de su estética, de ser posible una estética dentro de algo que busca romper incluso sus propia estética, ha permitido que se sumen nuevas formas de escritura, con un lenguaje “poético” distinto a lo establecido anteriormente, incluso dentro de la misma estética antipoética. Ahora valdría bien cuestionarse el sentido que pudiera tener el quiebre sobre el quiebre, o si a estas alturas, ya más de medio siglo de esta reinvención de la antipoesía, es necesario que los poetas sigan “abajo del Olimpo”. Por otra parte, es necesario cuestionar también la validez del ejercicio antipoético en la actualidad a más de medio siglo de su nacimiento o, para ser más concretos, la capacidad de llevar a cabo de forma verdaderamente “antipoética” la estética de los muchos que practican este tipo de  escritura en la actualidad.
    Bibliografía:
    Morales T. Leonidas, Poemas y antipoemas, Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina, Tomo III, Biblioteca Ayacucho, Caracas, Monte Ávila Editores, 1998
    Carrasco Iván: La escritura antipolítica de Nicanor Parra. U., de Chile, Tesis Doctoral, 1985

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • GOLOSINAS LITERARIAS. Un ganso gordo y pardo. Mermelada de fresa.

    UN GANSO GORDO Y PARDO.

    Dublineses" de James Joyce

    Dublineses” de James Joyce

    Si la nieve no tuviera para mí, aún como cuando era niña, tanto de mágico, ¿hubiera olvidado las últimas páginas del relato de James Joyce, Los muertos?, me pregunto.
    Y también me pregunto –intrigada- qué me ha hecho recordar, hoy, agosto, la frase de Mary Jane: Dicen que no habíamos tenido una nevada así en treinta años; y leí esta mañana en los periódicos que nieva en toda Irlanda. Ninguna de las explicaciones que encuentro me convence: suelo decir que más que leer Dublineses,  me axfisié en él (o con él); la prosa de Joyce  tan minuciosa, tan precisa, la combinación explosiva de simbolismo, realismo y costumbrismo, y  perderse de continuo en disquisiciones políticas, morales o religiosas,  dieron al traste con mi deseo de leerle, al menos, en dos ocasiones anteriores. Aún así,  recuerdo el último relato como un todo que, necesariamente, hubiera de desembocar en los bellos párrafos finales.

    James Joyce

    James Joyce

    Los muertos –dicen quienes entienden-,  narra  -y magistralmente, añaden-  detalles cotidianos de la época de Joyce. Y  naderías. No sé yo si es pruedente llamar nadería a:

    Un ganso gordo y pardo descansaba a un extremo de la mesa y al otro extremo, sobre un lecho de papel plegado adornado con ramitas de perejil, reposaba un jamón grande, despellejado y rociado de migajas, las canillas guarnecidas con primorosos flecos de papel, y justo al lado rodajas de carne condimentada.

    Parece cierto que sus relatos encuentran motivos para existir  en, y por,  aquella sociedad  pueblerina, apocada y, sobre todo, invadida.  Una sociedad  que mima, y cuida, hasta el más mínimo detalle  la pantomima en la que vive.

    "Los muertos" de James Joyce

    “Los muertos” de James Joyce

    Otros, que también entienden,  aseguran que en Dublineses, James Joyce alcanzó a escribir una prosa poco más que aceptable,  escrita, eso sí,  “por un britante publicista de sí mismo”, pues, consciente  de  que  los relatos eran muy regulares, y adelantándose a las  posibles críticas desfavorables,  los denominó «Epifanías». Si eso no era (es) digno de un gran publicista, merececía serlo: si no, cómo se explica que todavía oigas (caso de que no te importe te excomulguen –literariamente hablando-): no son relatos,  son epifanías.  Amén, añado yo. Quizá porque a mí me da igual lo que sean. Como me da igual,  un poco igual, lo que  Joyce cuenta en Los Muertos.  Principios  del siglo XX , e  Irlanda,  son un tiempo y un espacio tan alejado de mí, que me declaro incapaz de reconocerme en ellos.

    De la prosa de Joyce –y hablo de Dublineses que es lo único que he leído suyo- me gusta esa forma de insinuar, de no terminar, de no decir definitivamente, y de no  describir físicamente a sus personajes. Pero carentes de la emoción que imprimía a sus historias, por ejemplo,  Dickens -aunque su Londrés también me quedara bastante lejano-,  los temas que Joyce desarrolla en las suyas me dejan fría.  Incluso el motivo que le lleva  a escribir los bellísimos párrafos con los que  ponen fin a Los muertos,  me pareció trivial; y no dejó de parecérmelo hasta que, días después,  pensé en el protagonista. Mr. Conroy , el hombre seguro de sí mismo, que, incluso, parece  intelectualmente superior a los demás, nos muestra su fragilidad hasta en tres  ocasiones:  pregunta a Lily si aún va a la escuela; su respuesta negativa le hace presuponer que pronto se casará con su novio. Lily  responde con cierta amargura,  y Joyce nos cuenta que:  se sonrojó como si creyera haber cometido un error y, sin mirarla, se sacudió las galochas de los pies y con su bufanda frotó fuerte sus zapatos de charol.

    Los 47 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla, expuestos en la Fundación Josep Pla de Pala.

    Los 47 volúmenes de la Obra Completa de Josep Pla,
    expuestos en la Fundación Josep Pla de Pala.

    Más tarde,  la señorita  Ivors, nacionalista convencida,  consigue , también,  hacerle perder su seguridad al acusarle  de poco patriota.
    Es casi al final cuando el autor nos descubre al verdadero Gabriel (¿al verdadero Joyce?)  Antes, y  a lo largo de dos páginas, aún podemos  reconocerle en aquel otro que se siente importante, admirado,  orgulloso de su mujer y de la belleza ésta, y asistimos -en sus pensamientos- a un  irrefrenable deseo de  amarla.  Algo menos de dos páginas le bastan para darnos un motivo que le hace sentir,  otra vez,  su fracaso. Y, aun cuando narra un hecho real, lo hace como con desgana y de una forma que  lo convierte en  poco creíble: en varias ocasiones me pregunté cómo era posible que alguien a quien una antigua canción sume en un pesar tan hondo que le obliga a deshacerse en lágrimas,  había logrado ocultarlo tanto tiempo. Pero en realidad, da igual: el mundo interior del protagonista se refleja en los cristales. Su mujer duerme; él la observa, advierte en su rostro el paso del tiempo y,  aunque no quiere reconocerlo -quizá por primera vez-,  piensa:  aún es bella. La decepción, el dolor, los celos, el fracaso, habitan, ahora, en un aún:

    y, mientras pensaba cómo habría sido ella entonces, por el tiempo de su primera belleza lozana,  una extraña y amistosa lástima por ella penetró en su alma. No quería decirse a sí mismo que ya no era bella, pero sabía que su cara no era la cara por la que Michael Furey desafió la muerte. (…)

    Josep Pla

    Josep Pla

    Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al poniente. Siempre, siempre  el poniente, el oeste, el viaje hacia lo desconocido (o hacia la muerte como, según cuenta una leyenda celta, nos lleva su barquero). Joyce,  permite que aquel hombre, tan seguro de sí, muera ante nuestro ojos  para dar paso a tres párrafos excelentes, que  valen  –casi- por todo el relato;  recordarlos,  y ya ha pasado tiempo,  aún me emociona.

    Gabriel Conroy,  que páginas atrás, cuando el autor se esforzaba en axfisiarme con la agitación  de las hermanas Morkan,  la  música falta de emoción que interpretaba  Mary Jane, el dolor de pies de Lily;  o  con sus pensamientos, en tanto que, majestuosamente, trinchaba el ganso, y  que  se sentía íntimamente complacido, feliz y enamorado, es, en estos momentos, frente al cristal y la nieve, un ser patético  a quien un muerto roba lo único que de verdad poeseía: un pasado tan idealizado como aquel en el que, posiblemente, vivía la sociedad irlandesa que él frecuentaba.

    Hoy estoy convencida de que únicamente con esos mimbres se tejería tan  bello cesto:

    Estatua de James Joyce. Dublín, Irlanda.

    Estatua de James Joyce.
    Dublín, Irlanda.

    Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.

    MERMELADA DE FRESA.

    Cinco vocales, veintiocho letras, frases, párrafos. Formas  y más formas  de decir;  o de entender. O de encontrarte entre los restos de tu  propio naufragio. Y si lo pienso (vale, podría discutir conmigo sobre mis costumbres, pero  sólo conseguiría perder el tiempo) es porque hoy,  igual que cualquier otra mañana,  te nombra cada palabra que me viene a los labios. Por eso, además de despotricar un poco  sobre esta vida mía,  que a veces me recuerda una bicicleta estática, o sobre que estoy  harta de dar pedales que nunca me llevan a ninguna parte, sé, que de nuevo  trazaré  una línea imaginaria sobre el lienzo  cuarteado por el calor,  o por el frío, o por la escasa calidad del óleo con el que fue pintado: lo hago siempre que desayuno frente a él; lo hago desde el día que observé que la mar andaba un poco escorada por babor:  al pintor se le fue la mano y su obra «pierde agua» por la esquina derecha. De seguir así  (sonrío), navegará por el pasillo, o quizá se deslice por la cuerda que baja a lo más profundo de este  pozo que es mi conciencia (o consciencia) para, luego,   regresar húmeda por el  sudor que le  provoca el esfuerzo de traerme ese ‘agua’ que necesito para subsistir. O quizá no llegue a deslizarse. Quizá embarrancará  en  las piedras del brocal,  oscuras de umbría y musgo, refugio de ranas recién nacidas y larvas, que algún día, quién sabe, serán mariposas.

    No. La vida no es una bicicleta estática. Quizá un marino que se embarca cada mañana. Que me embarca: desde que estuve niña en La Habana, canta Carlos Cano –y mientras  él canta, releo la página del libro que he dejado abierto, a mi derecha. Y lo cierro. Cierro Un libro con sabor a sal, a pan; un reencuentro  con la gente del pueblo y con  la luz del mar. Uno de  los textos más íntimos de Josep Pla: Cinco historias del mar.

    (El destino más digno del pan es la boca de los hambrientos, pienso,  pero antes –tú no estás bien de la cabeza,  me digo al tiempo que lo embadurno de mantequilla y mermelada-, antes, repito, lo fue el cestón que lo contuvo. El cestón es como esos textos que olvidamos de inmediato porque nada nos dicen ni  recuerdan;  o como un poema que no nos emociona, porque no  fue escrito, o recitado,  para nosotros:  por eso deja de tener importancia  hasta que vuelves a tener hambre.

    Escultura de Josep Pla en Sant Miquel del Fai

    Escultura de Josep Pla
    en Sant Miquel del Fai

    Yo ya no tengo hambre, pero aquí sigo, sentada, escuchando la muerte que se desangra en blanco y negro sobre las teclas de un piano: redondo, con hechuras de cederrón (no es que no queden  pianos como los de antes, es que no caben en ningún sitio).  Todo sigue su curso, también la  vida. La vida,   que   se atora, se atolondra,  se deja atropellar por los tranvías de las viejas capitales; que viaja en ambulancia, y  regresa de su paro cardiaco en mis recuerdos mientras contemplo un cuscurro de pan, rojo de sal y samba, abandonado en el plato. La vida se alimenta de nuestro propio suero -ése que con tanta arrogancia colgamos de un palo niquelado-, o de una rosa  o de un: «tócala otra vez Sam».

    He cerrado Cinco historias del mar, y abro: Lo que hemos comido, también de Josep Pla. La cocina convertida con el paso del tiempo en mera ilusión del  espíritu, la cocina auténtica, sin prisa y con amor al prójimo que reclamaba Pla, parece renacer en el presente: la  nostalgia del escritor (son palabras de Manuel Vázquez Montalbán, autor del prólogo). Me gusta Pla. Y aunque muchos de sus libros están en catalán y no lo entiendo como me gustaría, lo intuyo. Lo intuyo  como intuyo  cosas escritas en otros idiomas o en el  mío propio:  en mi idioma interior, Ése que sólo uso para hablar contigo,  indescifrable,  como lo son  para los demás -casi siempre-  nuestras intenciones, incluso para ti.

    Intuyo. Y «desacuso» a quien hay acusado (reconozco que hace cinco minutos no estaba yo para florituras) de que –hoy- no soy capaz de ver la magia de las cosas. No es culpa suya. Voy a mirarme en el espejo. A mirarme, y a borrar de mi cara las  pinturas de guerra con las que he amanecido.

    Está buena la mermelada de fresa, eso sí.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Graciela Vergel

    Buenos Aires es una ciudad / poesía. La magia descorcha botellas de olimpos viejos con  rastros de Cortázar. En los cafés a media tarde, el bullicio se vuelve susurro extemporáneo, la libertad se acurruca en las veredas y los vientos hacen implosión en el barrio de San Telmo.
     
    Todo conspira para sentir, para que ese verbo sea el alma máter de las expresiones líricas, de los versos insignes… Allí encontramos a una autora de pequeñas obras diarias, que funde el oro con las palabras, que insemina los fonemas y los misterios como de alguna manera afirmaba Lorca… GraCiela Vergel ha nacido en la Argentina. Una voz que rompe olas y enarbola significados en cada tiempo, en cada esquina del Sur tan querido…

    BIOGRAFÍA

    Graciela Vergel

    Graciela Vergel

    Nací hace bastante en el barrio de Nuñez de la ciudad de Buenos Aires. Tendría que haberme hecho estudiosa para “compensar” mis marcados defectos visuales. Pero fui una niña estrábica, hipermétrope y astigmática y en realidad, entonces no estudiaba tanto. Sólo tenía carucha de “bocho”. Pero escribía todo el tiempo. “Versitos” para mis seres queridos y ¡hasta para una vaca! La vida y el deseo me llevaron a inscribirme en la carrera de Letras a la salida de la escuela secundaria. La muerte prematura de mi madre (que ya era viuda desde muy joven) me llevó a buscar un camino con alguna rápida salida laboral. Así me convertí en Profesora para la Enseñanza Primaria,  sin dejar ni por un momento, de escribir. En el quehacer docente descubrí los problemas de aprendizaje. Mientras tanto, y sin parar, escribía. Me convertí en Licenciada en Psicopedagogía. Pero antes fui madre y autora de mi Primer gran Poema: mi hijo Agustín. Seguí escribiendo. Sobre la realidad de mi país… y entonces, me nacían… algo así como canciones testimoniales. Agustín nació en 1976, un año más que difícil en mi país. No sólo sobreviví. Cuando descubrí que la mayor parte de los problemas de aprendizaje poseían etiología psicógena, me puse a cursar la licenciatura en Psicología. Mientras tanto seguía escribiendo y escribiendo… palabras de amor y – fundamentalmente- de orfandades personales y colectivas.
    Me recibí de Psicóloga y seguí escribiendo y estudiando. Y trabajando sin parar. Hasta que, en el año 1990, concebí a mi segundo Gran Poema de Amor: mi hijo Joaquín.
    Escribí muchos informes psicodiagnósticos: jamás superarán al número de mis intentos poéticos.
    Leí a Freud, a Melanie Klein, a Lacan, a mi amado Winnicott… pero estoy casi segura de que he leído más poesía que teoría psicoanalítica. Y no sólo no me arrepiento de ello. Es algo para celebrar. Como celebro al amor y al milagro de ver a mis hijos crecer a salvo de tantos flagelos.

    Me defino, no por falsa modestia, sino por criterio de realidad, como a una aprendiz tardía de poesía. Puesto que,  si bien escribí toda la vida, sólo después de los cincuenta años comencé a dedicarme sistemáticamente al hecho poético.
    Voy a vivir más de cien para hacer de la Poesía no sólo mi estilo de vida, sino mi único y amado oficio. Ya tengo mi escritorio frente al mar, en Villa Gesell. Sólo me falta tramitar algunas cuestiones de orden económico que me preocupan pero no me asustan. Porque el Amor y la Poesía, valen la pena y fundamentalmente, todos nuestros desvelos y alegrías.

    ENTREVISTA

     

    ¿Qué haces con la Poesía?

    Gran Café Tortoni

    Gran Café Tortoni. Artistas, hombres de letras
    y parlamentarios que lo frecuentaron desde su
    inauguración a fines de 1858, traspasaron algo
    de su personalidad a este tradicional café,
    inseparable ya de la historia de Buenos Aires

    Lo que de inmediato se me ocurre decir es que la Poesía hace más conmigo de lo que  yo hago con ella. Me captura, me genera una manera de mirar y me hace sentir que – a veces- me concede algo así como el don de ser hablada desde su territorio. Luego, cuando no estoy en ése, su fugaz dominio o estado de gracia, la busco en los otros a través de la fortuna que constituyen la lectura y la relectura de poemas. No escribo siempre pero no hay un día en mi vida en el que no me haya nutrido de poesía.

    ¿Cuáles son los elementos que desencadenan en tu alma de poeta el proceso creativo?

    Todo puede llevarme a escribir, desde los contenidos específicos del mundo afectivo, hasta los objetos “aparentemente” concretos. Y dije “aparentemente” porque el amor y  la angustia, la vida y la muerte son los grandes motores del lenguaje poético y del arte en general. Sin embargo, un sombrerito, una pluma, un medio de transporte, cualquiera de las entidades que nos “afectan” o conmueven, pueden llegar a ser disparadores o protagonistas del intento poético. A través de la mirada poética se construyen subjetividades y desde allí, cualquier elemento puede pasar a constituirse en materia prima de la poesía.

    ¿El psicoanálisis como profesión y oficio vocacional ha influido en tu voz lírica? ¿cómo ha sido la interacción de ambos mundos?

    Un clásico del centro porteño

    Un clásico del centro porteño. Frente del bar
    “Tuñón”, por donde pasaron cientos de
    artistas destacados en Argentina.

    Todo lo que somos y lo que hemos vivido más que influir “hacen” a nuestro modo de producir lenguajes. Así que, tanto mis peripecias cotidianas, como los sucesos más significativos de mi biografía, aparecen en mi manera de escribir. Es inevitable, entonces, que mi formación académica esté presente en mis versos. Trato de que no se me “filtre”, empero, el vocabulario específico de mi profesión. Habitualmente fracaso, porque resulta imposible escribir excluyendo nuestra experiencia. Quiero decir que intento eludir términos técnicos, pero termino mostrando de algún modo u otro la “hilachita Psi”. Porque, querramos o no, la poesía es siempre autorreferencial aunque hablemos del fenómeno más diverso respecto de nuestra identidad.

    Por otra parte, hay sin duda un lazo esencial entre el Inconciente y la metáfora. Dicha instancia psíquica se expresa, precisamente, a través del lenguaje metafórico. Cuando un paciente dice “estoy en carne viva”, o “estallo de alegría”, o “me duele el alma”, está usando, sin duda,  la metáfora. Tanto en la salud como en la enfermedad, el sujeto analizado produce un discurso analítico constituido por  material metafórico. No digo que este fenómeno enriquezca, necesariamente, a mi producción literaria. Hasta podría ocurrir que la oscurezca o “encripte”. Lo cierto es que los lazos están y muchas veces, debería agradecerles a mis pacientes no sólo por aprender de sus experiencias de vida sino por proporcionarme incentivos a la hora de la elaboración poética.

    ¿Qué autores, nombres o influencias  han sido factores primordiales en tu hacer poético?

    Mi madre me leía poesía de Neruda, de García Lorca y de Alfosina Storni en la niñez. Con su muerte en mi adolescencia, y tal vez como un modo de no perderla definitivamente, me refugié en poetas como Mario Benedetti, María Elena Walsh, los poemas y el cancionero de la Resistencia Española. La década del setenta dejó una fuerte marca en mi identidad a través de la poética de los Parra de Chile, de Javier Heraud, de Alfredo Zitarrosa, de Raúl González Tuñón, de Leónidas Lamborghini, de Alejandra Pizarnik, por citar sólo a algunos autores.
    Vuelvo a rememorar a mi madre, que me cantaba tangos de Manzi y de los hermanos Expósito, entre otros, en vez de las tradicionales canciones de cuna.
    No puedo excluir la influencia de la murga, tanto de la argentina como de la uruguaya, especialmente de esta última a partir de los años ochenta.

    La importancia de darse a conocer a través de Internet, de colocar sus producciones en el creciente lazo social que constituye la red y el espacio virtual

    La importancia de darse a conocer a
    través de Internet, de colocar sus
    producciones en el creciente lazo
    social que constituye la red y el
    espacio virtual

    En el año 2004, un programa radial con su correspondiente página Web de Poesía hizo que me introdujera de un modo más activo en sus dominios. Se llamaba “Alcanza para todos”. Ese fue un año muy especial en este sentido. Hubo un libro que me otorgó nuevas aperturas, “La pasión de los Poetas”, de Jorge Boccanera. A través de sus páginas me encontré no sólo al autor sino a la circunstancia en la que fuera concebida su obra. También en el 2004 fue fundamental que asistiera a los Encuentros de poesía leída en el desaparecido Bar Tuñón (“ciclo Poesía en el Tuñón”). Allí estuve respirando el mismo aire de grandes poetas argentinos como  María Rosa Mó (coordinadora del ciclo), Jorge Boccanera, Diana Bellessi, Vicente Muleiro, María del Carmen Colombo y Miguel Gaya. Y en el año 2005, casi por casualidad, comencé a escribir en Mundo Poesía, un portal de Internet en el que participo, desde entonces, de modo sistemático y cotidiano. La experiencia de publicar en el foro me enriqueció muchísimo, no sólo por el intercambio “virtual” con innumerables autores hispanohablantes, sino por haberme posibilitado riquísimas experiencias reales como presentaciones de libros o recitales de poesía.

    ¿Has hecho intentos en narrativa?

    Sí, algunos relatos. Pero a la corta o a la larga, mi intención narrativa se acerca demasiado a la prosa poética. Así que, pese a que no soy joven, siento que la poesía está en mi futuro.

    ¿Qué podrías contarnos de la poesía argentina del momento?

    Fundamentalmente que, como diría Eladia Blázquez (otra gran poeta argentina), sobrevive “a pesar de todo”. Quiero decir que es conmovedor registrar el rescate de algunos autores amenazados por el olvido y el nacimiento de poetas jóvenes, pese al predominio de algunos fenómenos sumamente adversos respecto de la producción de poesía. Hablo, entre otras cosas, del uso hegemónico de las nuevas tecnologías, como por ejemplo la del SMS (mensajes de texto), que estandarizan de un modo elíptico a nuestro idioma. Y otros, aún más graves, como el de la “tinellización” de la sociedad argentina (el lamentable programa “Bailando por un sueño” que produce y conduce Tinelli y que  arrasa con el rating).

    Hay un enorme protagonismo de poetas argentinos  que publican en Internet, tanto en foros como blogs. Esto posee, a mi criterio, un aspecto muy positivo porque permite el intercambio y la difusión. Pero al mismo tiempo, no puede perderse de vista el carácter efímero de la red.

    Respecto de edición de libros más recientes, recomiendo: “Innumerable fluir- La poesía de Edgar Bayley, en Poesía argentina contemporánea (Tomo I)”, Editorial: Vinciguerra,  2008 .
    En muy pocos días, la Editorial Losada presentará en el histórico Bar Tortoni “Poemas de amor y otros poemas de amor” por Alfonsina Storni, una selección de poemas de Guillermo Storni.

    La riqueza de la poesía actual aparece como un cúmulo de publicaciones que goza de una vitalidad fecunda y de variadas formas de organización, entre las cuales, cabe destacarse la tenaz existencia de las revistas de poesía, como Jabalí, Plebella, Tsé Tsé, Diario de poesía, y Zapatos Rojos, entre otras. A todas ellas se puede acceder desde Internet y no será sino un viaje fascinante.

    ¿Hay algún o algunos poeta(as) argentino(s) que recomiendes a nuestro foro?

    Tengo una lista, afortunadamente, bastante extensa. No se pueden obviar a Oliverio Girondo, a Joaquín Giannuzzi, a Edgard Bayley, a Juan Gelman y a todos los que ya he nombrado a lo largo de este reportaje.

    ¿Qué le dirías a los jóvenes escritores que se inician en la poesía?

    Les diría que no desistan. Que utilicen todos los recursos existentes para nutrirse y dar a conocer sus escritos. Que se agrupen, que hagan del deseo poético una insistencia. Que no se dejen barrer por el aspecto no “redituable” (en el sentido económico) de la poesía. Hoy el quehacer poético, y especialmente el de los jóvenes (convertidos por las necesidad de mercado en la etapa privilegiada de consumo) resulta indispensable. Porque la poesía, y el arte en general,  cosnstituyen una manera de existir, de sobrevivir a la voracidad consumista. Y, a mi modo de ver, de salvarnos de los abusos de las consecuencias de la cultura de lo descartable que abarca tanto a objetos como a vínculos y al territorio significante de la palabra.
    No dejaría de resaltar la importancia de darse a conocer a través de Internet, de colocar sus producciones en el creciente lazo social que constituye la red y el espacio virtual. Pero también les diría que nada va a suplantar al libro… esa meta por cierto difícil y que hoy tal vez, como ninguna otra cosa, represente a la utopía.

    POEMAS

    OCÚRREME

    "Innumerable fluir" de Edgar Bayley. Lectura recomendada.

    “Innumerable fluir” de Edgar
    Bayley. Lectura recomendada.

    Ocúrreme
    como oportunidad
    innumerable,
    como excepción
    del Nunca.
    Suspéndeme
    el aroma
    de paréntesis
    en el afelpado
    cutis de los días,
    Remóntame
    la pudorosa curva
    de los años,
    con cierta
    escalerita
    de insolencias.

    Y no me dejes caer
    en la tentación
    de la demanda,
    la que corroe
    la tenue mezclilla
    del deseo.

    Ocúrreme
    u ocurrime
    suspéndeme
    o suspendeme,
    transcúrreme
    o transcurrime,
    que para el caso
    es igual.
    Pero jamás
    me desocurras:
    ¡Eso sería fatal,
    sazonador
    de mi existencia!

     
    GraCiela Vergel
    Todos los derechos reservados.

            Marzo 2008
     

     

    Cuando no escribo

    ALfonsina Storni, poeta y escritora argentina. Lectura Recomendada

    ALfonsina Storni, poeta y escritora
    argentina. Lectura Recomendada

    Cuando no escribo
    se me inscriben los naufragios.
    Me doblegan
    los estados imprecisos:
    ciertas abulias con acné
    y una gripal vagabundez.
    Cuando no escribo
    se me graban las atrofias,
    me siento crosta
    enmohecida de la piel…
    y una infección amorfa
    en mis vacíos, hace pie.
    Me desdibujo
    en apariencias
    de indolencias.
    Me desoriento
    y me desSiento.
    Me desalinio y desaliño.
    Cuando no escribo
    me destiño.
    Me indiferencio
    y me disperso
    y no te encuentro
    ni me encuentro.
    Cuando no escribo,
    me desCribo
    en la sordera de mi tez.
    Cuando no escribo me suscribo
    a un territorio del No Sé.
    Me DesSuscribo
    de Morfemas
    en vaivén.
    Cuando no escribo
    me interrumpo,
    y disruptiva
    no deconstruyo
    la locura
    en garrapatitas
    de papel.

    Cuando no escribo
    se me inscriben los naufragios.
    Así que te lo digo
    de una vez:
    esta noche,
    por vos ¡No Naufragué!

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • San Juan de la Cruz. Una síntesis global para nuestro tiempo (IV)

    (continúa desde el anterior)

    San Juan de La Cruz

    San Juan de la Cruz habla de las locuciones
    de Dios: Y son de tanto momento y precio,
    que le son al alma vida y virtud y bien
    incomparable, porque le hace más bien una
    palabra de estas que cuanto el alma ha hecho
    en toda su vida. Acerca de estas, no tiene el
    alma qué hacer (ni qué querer, ni qué no
    querer, ni qué desechar, ni qué temer)…
    Dichoso el alma a quien Dios le hablare.
    Habla, Señor, que tu siervo oye
    (1 R 3,10; Subida del monte Carmelo, XXXI).

    El tiempo transcurre, la obra literaria de Juan de Yepes, o de la Cruz como era conocido en el ámbito carmelitano, sigue siendo leída, pero hasta el año 1601, debido parece, por una parte, al deterioro de muchas de la copias manuscritas (tanto de las pocas autógrafas: algunas cartas, como de las apógrafas), como, por otra, al serio peligro de plagio a que se estaba viendo sometida, nadie se había preocupado de llevar su obra literaria a la estampa. En 1601, los carmelitas Tomás de Jesús  y Juan de Jesús María recibieron el encargo de editar las obras completas del fraile de Fontiveros pero el intento quedó frustrado. Hasta ahora no se ha podido averiguar fehacientemente por qué no se imprimieron. Yo, en la línea argumental que defiendo, me atrevo a aventurar la hipótesis de que el problema esencial con el que se encuentran ambos frailes (aunque Juan de Jesús María fue pronto apartado de esta labor) no fue el de la Inquisición sino el de la depuración textual (aún era una época muy temprana para una cuestión que “medio” ha resuelto el siglo XX). Estos hombres tuvieron que encontrarse ante un avalancha de información que no supieron digerir. Me pregunto qué copia o copias habría manejado del Cántico Espiritual. El caso es que del intervalo que transcurre entre 1601 y 1617 queda aún mucho por decir. Es en 1617 cuando otro carmelita, Diego de Jesús, recibe de nuevo el encargo de editar por vez primera la obra completa de Juan de la Cruz y esta vez el empeño obtiene su merecido premio en 1618. Ahora bien, imagino que buena parte de este esfuerzo se debe al mismo Tomás de Jesús. Diego de Jesús edita las obras del místico carmelita, eso sí, con muchos retoques y sin el Cántico Espiritual. ¿Sólo fueron problemas inquisitoriales los que impidieron publicar esta obra maestra de nuestra historia literaria? En parte puede ser que sí, pero en buena medida creo que hay otro motivo más importante: el desconocimiento de cuál era el poema y la glosa que debían publicarse. Si Diego de Jesús, como el mismo Tomás de Jesús, hubiesen tenido claro qué Cántico era el más fiel al espíritu de Juan lo hubieran publicado. Si hubiera sido necesario, por los problemas inquisitoriales de la época, Diego de Jesús lo hubiese retocado como hizo de hecho con algunos de los otros escritos, o como hizo el mismo Jerónimo de San José en la edición de 1630, en que sí aparece por primera vez en España. Pero no me adelantaré demasiado.

    ¿Qué aconteció con el Cántico Espiritual hasta que sale por primera vez publicado en Madrid? Pues sencillamente que realiza un viaje por tierras europeas antes de volver a la suya propia. Ana de Jesús, la monja carmelita a quien Juan dedica esta obra, sale de España con dirección a Centroeuropa y lleva consigo un ejemplar de CA. En su camino debió dejar una copia en Paris que M. René Gaultier, en 1622, tradujo al francés bajo el título: Cantique d’amour divin entre IesuChrist et l’Ame devote. Gaultier no sólo re-escribe el título sino que, además, tiende a alejarse del texto transmitido por la tradición manuscrita con frecuentes síntesis y otras innovaciones, como la inversión del prólogo y del poema y la supresión de todos los textos latinos de la Biblia (pero precisamente se libra del cotejo de las copias al poseer únicamente el manuscrito que le deja Ana de Jesús). Cinco años más tarde, el Cántico Espiritual  se encuentra en Bruselas. Allí también lo ha llevado Ana de Jesús y allí mismo es publicado por primera vez en lengua española. Sin embargo, y con respecto a la publicación parisina, no se producen en esta ocasión modificaciones sustanciales y las que hay ya se ha averiguado que pertenecen más a errores tipográficos que a manipulación intencionada del texto (la explicación es sencilla: Ana está presente en la edición de este texto).

    Llegamos así a 1630, año en que aparece la edición madrileña de los textos de san Juan de la Cruz, la primera española en la que aparece el Cántico Espiritual. Jerónimo de San José, quien, además de ser el encargado de la edición, escribe un prefacio en el que advierte de la amenaza seria e inquietante del “plagio” que están sufriendo los escritos del místico carmelita y que por este motivo, entre otros, es necesario llevarlos a la imprenta y evitar así el riesgo de falsas autorías y de las graves manipulaciones a que están siendo sometidos, soluciona, desde mi punto de vista, el problema con el que se habían topado Tomás y Diego de Jesús, y así re-escribe (actúa de forma muy similar a Gaultier) por su cuenta un nuevo Cántico que ha sido denominado “texto híbrido” y que consiste en una mezcolanza entre la tradición manuscrita de CA y la lira 11 añadida en CB.

    Hasta aquí el recorrido por la historia. Resumiendo todo lo dicho en la anterior entrega y en esta, se puede observar que el Cántico Espiritual sigue un proceso de creación bastante accidentado desde que Juan de la Cruz inicia su gestación en 1577 hasta que se publica por primera vez en España casi a mediados del XVII. De lo que Juan escribió hasta lo que propone el carmelita Jerónimo de San José en 1630 dista algo más que cincuenta y tres años: la mayor distancia no la produce el tiempo, sino que se encuentra dentro del propio texto; o, dicho de otro modo más complementario: la distancia en el tiempo junto a la triple redacción sanjuanista, cuyos originales no poseemos, han provocado traducciones y manipulaciones textuales de considerable importancia para su historia textual interna. A eso dedicaremos la parte final de este artículo.

    Partamos de una base esencial: si no se conservan los originales de la obra de cualquier escritor, cualquier texto de su autoría que nos encontremos posteriormente puede ser considerado como manipulado, bien por el mismo autor, si existen, como en el caso de este carmelita descalzo, diferentes redacciones de un mismo texto; bien por los diferentes copistas y editores que pueden cometer desde errores simplemente tipográficos hasta intencionadas modificaciones textuales por distintas y variadas circunstancias. Si se conservan, también se puede dar el caso, pero, al menos, siempre tendremos un texto origen, primigenio, fiable, al que poder acudir de inmediato para deshacer los posibles entuertos. El problema, por tanto, es no poder identificar este texto original y, como afirma Paola Elia, autoridad indiscutible en esta materia, no poder así reconocer en la tradición textual las variantes de autor llevadas a cabo durante el lento proceso de creación literaria, diferenciándolas de las alteraciones ajenas a su voluntad.
    Veamos a continuación tres ejemplos significativos.

    La Dra. Mancho Duque nos propone un caso como el que podemos encontrar en el manuscrito M6, perteneciente a la familia de CA’, en el que una monja poco experta en las labores amanuenses cambia en el segundo verso de la segunda lira el “otero” inicial por un “estero”. Así los versos de Juan de la Cruz quedan de la siguiente forma:

    Pastores, los que fuerdes
    allá por las majadas al estero

    sanjuan4_02Esto no tendría importancia si, en primer lugar, la obra de Juan de la Cruz fuese tan extensa que un cambio terminológico llegase a pasar prácticamente desapercibido. Pero sabemos que siendo su obra poética tan mínima, cuantitativamente hablando, cualquier término resulta en muchos casos un símbolo y su mutación altera cualitativamente lo que el poema dice. Y, en segundo lugar, tanto resultan símbolos cada una de sus palabras que, en el ejemplo propuesto, la mutación de “otero” por “estero” modifica sustancialmente el sentido de lo que los versos expresan, ya que “otero” hace referencia a altura y “estero”, que es un término marítimo, nos refiere a un espacio llano.
    Otro ejemplo que propone la Dra. Mancho es el perteneciente al manuscrito m1, que se encuentra  en el convento madrileño de las Carmelitas Descalzas de Santa Ana y que sólo copia el poema en la versión CA. En esta copia se escribe el cuarto verso de la lira 29 de la siguiente forma:
    aguas, arroyos, ardores,

    en vez de decir:

    aguas, ayres, ardores,

    con lo que nuevamente se altera significativamente el contenido de lo expresado en el poema. De la sensación de altitud y de movimiento que provoca el aire, a la sensación de horizontalidad y mansedumbre propias de un arroyo, media un abismo de sentido.
    En cuanto a los comentarios o glosas, la Dra. Elia propone, entre muchos, un caso entre CA, CA’ y CB, en el que se suele repetir un mismo paradigma que consiste en que CA’ suele reducir o simplificar el comentario para comodidad del lector y CB vuelve a recuperarlo e, incluso, a ampliarlo. En el epígrafe sexto del comentario a la lira 9, la tradición textual de CA dice: “según lo dio a entender el propheta Job por estas palabras diciendo”, mientras que la tradición de CA’ lo reduce a: “según lo dio a entender el propheta Job diciendo”. CB, por su parte, lo transforma en: “según lo dio a entender el profeta Job, cuando, hablando con la misma ansia y deseo que aquí está el alma, dijo”.

    ¿Se puede hablar o escribir, entonces, sobre la obra literaria de san Juan de la Cruz como un caso de traducción y, más aún, de manipulación textual, sea o no intencionada? En vista de lo que he escrito anteriormente, creo razonablemente que sí. El proceso histórico de su obra literaria se puede considerar como traducción, por un lado, interlingüística, en el sentido de que poseemos una traducción francesa del Cántico, anterior a cualquier versión española, y en la que hemos visto claros síntomas de manipulación textual, a saber: cambio del título, inversión de los poemas, supresión de los textos latinos de la Biblia, etc; e intralingüística, tanto sincrónica como diacrónica, por dos razones fundamentales: la primera, que la apuntamos brevemente pero en la que no nos detendremos, porque un autor que glosa o explica sus propios versos a través de la prosa (como es el caso de este escritor) está traduciendo para la comprensión de los lectores, el lenguaje más oculto, digamos, de la poesía. La segunda, porque no existen originales de sus textos principales, sino que se conservan únicamente una serie de apógrafos, divididos como ya hemos repetido en tres familias (CA, CA’ y CB) que del “correr de mano en mano” han modificado considerablemente los poemas y comentarios sanjuanistas tal y como se supone que salieron de sus manos. Esto es evidente por las diferencias existentes en las respectivas copias. Estos cambios textuales, incluso supresión de textos completos, fundamenta el hecho de que podamos denominar a este proceso textual como “historia de manipulación”.

    Aclarada esta cuestión, queda por resolver otra no menos importante, la que se refiere a las “secuelas” que han quedado después de este proceso inabarcable e interminable. Como casi siempre suele pasar, todo tiene su aspecto positivo y su aspecto negativo. También en el proceso histórico que ha seguido una determinada obra literaria puede ocurrir que, si ha sido objeto de manipulación y dependiendo de la perspectiva que el lector competente adopte, se pueda concluir, bien que esta manipulación ha resultado positiva, o bien, negativa, o una mezcla de positividad y negatividad. Esta última postura es la que adoptaré respecto a la manipulación sufrida por los escritos sanjuanistas.

    sanjuan4_03El hecho de que, sobre todo, en el Cántico Espiritual se hayan producido toda esta serie de vicisitudes (editoriales, textuales, etc.) han propiciado, con el paso de los siglos, que esta obra haya sido encumbrada a un status literario tan alto que quizás, quién sabe, no lo hubiera obtenido si Juan de la Cruz hubiera dejado concluso el poema con las 31 primeras liras que escribió en la prisión toledana. La no conservación de ese original, y las re-escrituras posteriores, suyas y de otros, han originado un debate que ha “quebrado” completamente los muros carmelitanos, donde celosamente se guardaba, a la vez que ha generado un interés extraordinario por su obra, sobre todo desde Menéndez Pelayo y que continúa en nuestros días. Es decir, la manipulación textual, desde esta perspectiva optimista, ha contribuido favorablemente al éxito y permanencia de los escritos del místico carmelita en la historia de la literatura universal. Los resultados bibliográficos hablan por sí solos.

    Pero también se pude ver todo este proceso desde una perspectiva menos optimista. Carecer de textos autógrafos y, además, sufrir constantes manipulaciones entre los que se conservan como apógrafos, puede haber provocado que los poemas de san Juan de la Cruz hayan “pagado un precio” demasiado alto. Me refiero al elevado riesgo de haberse quedado sin sentido, en términos de deconstrucción derrideana, de dos formas: la primera, en cuanto textos logofágicos (expresión del profesor de la Universidad de Zaragoza Túa Blesa), es decir, en cuanto textos que desde su propio origen tenían que habernos conducido hasta el silencio y que, a la postre, se han llenado de demasiado “ruido”; la segunda, en cuanto textos manipulados cuya transmisión sincrónica y diacrónica los ha hecho, es verdad y así lo he advertido, sobrevivir al espacio y al tiempo pero les ha restado su sentido primigenio, su significado primero, aquella diferencia que une directamente la escritura con la experiencia que funda el propio texto. Aunque parezca que las dos formas expuestas dicen lo mismo, hay ligeros matices que diferencian a la una de la otra: un asunto es la escritura-silencio y otra la experiencia-escritura. El trinomio experiencia-escritura-silencio se produce a menudo en los textos místicos y mucho me temo que en el caso de San Juan de la Cruz, el demasiado “ruido” de la escritura, por todas las re-escrituras y manipulaciones, han bloqueado el paso hacia lo anterior, que es la experiencia; y hacia lo posterior, que es el silencio. Si algo sabemos de su experiencia y de su silencio se lo debemos a que otros textos suyos no tuvieron tanto de este “ruido” alrededor de sí.

    Antonio José Mialdea Baena
    Doctor en Filología Española
    Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
    Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación
    Director de la revista internacional ”San Juan de la Cruz”
    director@revistasanjuandelacruz.org

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La Tragedia Estética del Instante.

    Don Pablo, paseando por la playa de su Isla Negra, encontró un tablón, era una puerta de un barco que había naufragado, lo convirtió en su mesa de trabajo

    Don Pablo, paseando por la playa de su
    Isla Negra, encontró un tablón, era una
    puerta de un barco que había naufragado, lo
    convirtió en su mesa de trabajo

    Una vez que hube finalizado la lectura de “Residencia en la Tierra”, que pasaron ante mí: mares, hierros, amasijos, masas vivas, pretensiones corpóreas, recién entonces, me caí en las odas, alunicé en la odas.

    Si bien mi método de lectura radica en un tiempo autárquico, independiente de la posesión de los libros, a veces un libro conduce a otro de modo coactivo. Fue el caso del “Tercer libro de las odas” de Don pablo. Lo comencé a renglón seguido de “Residencia en la Tierra”, aunque lo había adquirido antes.

    La temática de esta obra me subyugó. Se le cantaba a las mesas, a los zapatos, a los tornillos. En definitiva, Neruda, absolvía los objetos, los perdonaba.

    Los objetos cotidianos recuperaban su candor, su rubor, su brillo.

    El poeta hacía nacer las cosas, las condensaba desde un mar de conciencia difuso. Recuperaba y pescaba formas y esquemas vivos ( cosas ) del flujo hipnoide de la existencia.

    Era un obstetra, un terapeuta de la materia.

    Cada Oda era una constelación, un articulado de piezas unitarias rescatadas. Y yo me sentía jubiloso, ferozmente alegre y festivo. Había lugar para arados y sombreros, para dientes y catalejos, para monedas y membrillos. Había lugar para ruedas, imanes, limones y frascos.

    Leyendo las odas me sentía en casa.

    Comenzaba a comprender que la poesía era más un estado de la conciencia que un determinado estilo fonológico o rítmico. La poesía no dependía entonces de la habilidad métrica, de la astucia para la mimesis fonética, o de la pulcritud metafísica o mítica del espinazo argumental de cada poema. El espíritu poético era una visión, una manera de mirar furiosamente actual, vibratoria. Era una conexión con el cuerpo. Un modo de iluminación o de revelación de la luminosidad inherente de las cosas. De todas las cosas. Sobre todo de las herramientas y de los enseres diurnos, domésticos, modernos también.

    Era previsible, si se residía en la tierra, pues, la tierra se constituiría en el escenario medular. Y en la tierra, en las escenografías de la tierra, los protagonistas eran los objetos, las herramientas del hombre, las piezas naturales, los rostros, los pequeños acontecimientos; la tragedia preciosa del instante material.
    El Protagonismo de las Cosas

    "Por la poesía de Neruda pasa Chile entero, con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas y tórridos desiertos." Salvador Allende.

    “Por la poesía de Neruda pasa Chile entero,
    con sus ríos, sus montañas, sus nieves eternas
    y tórridos desiertos.” Salvador Allende.

    Neruda presentaba las manzanas, las cabelleras dulces de las mujeres, los peces, mediante operaciones anatómico-lingüísticas. Los adjetivos no resultaban de esta faena, suntuosos, barrocos o ñoños, más bien se presentaban somáticos, naturales, hasta sobrios. Don Pablo comparaba cosas comunes con cosas comunes, pero dichas comparaciones no eran comunes, sino portentosas, connaturales y radiantes al mismo tiempo.

    Las Odas que leía no eran colecciones de ideas recortadas del mundo y arrojadas contra la hoja en blanco al son de un jaleo rítmico más o menos espurio. No. Cada Oda era un espacio anatómico, una zona topológica, un escenario articulado y musculazo, donde los objetos triviales y hodiernos, se instalaban con holgura y con vivacidad.

    En las Odas había cosas.
    El las Odas sucedían pequeñas cosas entre las cosas.

    El espacio anatómico era una estructura, y en ese sentido música, paisaje consustancial. La arquitectura espacial de las odas era tácita, secundaria, transparente. Lo que lucía eran las cosas.

    Escribir es Devolver el Aura

    Mucho tiempo después de mis descubrimientos de la sensación poética genuina, gracias a las Odas de Neruda, hallé en los ensayos de Walter Benjamín sobre la fotografía, un concepto redondo para aquella visión objetual, hallé el concepto secular de aura.
    Advierte benjamín que la replicación mecánica de las cosas no puede capturar sin embargo el aura de las cosas. O dicho de otro modo: el apresamiento iconográfico mediante procedimientos técnicos des-aura las cosas, degrada las cosas, digamos.
    El aura es una cierta certeza de irrepetibilidad y eternidad implícitas en la cosa, en toda cosa, no sólo en las piezas de arte. Y eso es lo que vi en las Odas de Pablo: objetos únicos, no fungibles, continuos, salvos.

    Leer las Odas fue para mí como caerme de las fotos a las cosas. Fue entrar en los espacios ficcionales impunemente, como si fuesen verídicos y soberanos.

    Tercer libro de las odas, Pablo Neruda. La temática de esta obra me subyugó. Se le cantaba a las mesas, a los zapatos, a los tornillos. En definitiva, Neruda, absolvía los objetos, los perdonaba.

    Tercer libro de las odas, Pablo
    Neruda. La temática de esta obra
    me subyugó. Se le cantaba a las
    mesas, a los zapatos, a los tornillos.
    En definitiva, Neruda, absolvía los
    objetos, los perdonaba.

    Las cosas estaban más vivas, eran más nítidas, y atestiguadas que las cosas concretas del mundo fáctico. Como si Don Pablo estuviera resaltando un aspecto de las cosas que aún en la cruda realidad estaban perdiendo. Como si con sus ojos y con sus manos las alojara en un espacio estético curativo. Como si las sanase o des-traumatizase.

    Las cosas lucían nuevas, restauradas, vigorosas y beneficiosas en las Odas de Pablo.

    De modo que escribir poesía venía resultando una suerte de ejercicio médico. Se tomaba entre manos a la cosa agónica y se la suturaba, se la frotaba y encendía, y se la afincaba en un ambiente escritural sencillo, tonificante. La maniobra de la escritura confería rabia solar a las cosas. Las reestablecía en la conciencia plena e incandescente de la Vida.

    Escribir es relatar las cosas.
    Escribir es actualizar las cosas.
    Escribir es devolver el aura.
    La Trascendencia Semántica

    Es factible proponer entonces una distinción entre poesía y prosa que no sea de orden melódico o fonológico, sino óptico. Queremos señalar: la prosa es una zona lunar, un barbecho, un campo de objetos residuales o rescoldos pospuestos. En cambio, la poesía es una geografía bélica, es el territorio del mediodía y de la vigencia: la sementera.

    En la prosa las auras disminuyen, se vuelven vespertinas, acuosas. Se sofocan o son sofocadas. En este sentido prosa viene significando el Occidente del lenguaje y poesía su alumbramiento, su Topos Mítico.

    En la medida en que nos precipitamos hacia la prosa, peregrinamos hacia donde mueren las estrellas. Escribir poesía es embarcarse hacia el sol, creer en las “presencias reales” en las que cree George Steiner.

    Interior de la casa de Neruda y objetos personales, en La Isla Negra.

    Interior de la casa de Neruda y objetos
    personales, en La Isla Negra.

    La prosa donde las cosas palpitan, sacan la lengua, trepidan o detonan, es poesía. La prosa poética es poesía, mas la prosa no-poética no es. Es, en extremo, galpón para maquinaria impasible, tenebrismo. La prosa seca está poblada de ex cosas, de caricaturas. En el almacén de las cosas desangeladas no hay perfumes vivos, hay solipsismo, foto-desarticulación. La prosa nuda es desértica, y si en ella hay una voz que clama, pues esa voz, es resabio de poesía.

    Lo que separa la prosa de la poesía no es la presencia o ausencia de cortes esquémicos predeterminados, o la profusión o escasez de consonacias tímbricas categorizadas a priori. No. Lo que deslinda poesía de prosa, es la carencia.

    Donde hay indigencia lumínica, hay discurso termodinámico, superfluo. Sin embargo, donde impera la fosforescencia física radial ( auras ), hay revelación, metáforas, trascendencia semántica.

    De modo que el hecho de que las cosas sean arraigadas ( instaladas ) en montajes litúrgicos, en ingenierías perimetrales o espaciales más o menos ornadas, más o menos filarmónicas, más o menos pirotécnicas ( rima barroca, metros victorianos ), no cuenta.

    Lo que cuenta es la luz.

     

    El Incendio Carnal

    Digámoslo todavía una vez más. La prosa es un cadáver. La prosa es ceniza de metáforas, es la luna. La luna no tiene luz propia, no tiene tierra sexual, ubérrima. La prosa es inevitablemente eficaz, no-lúdica, anti-epicúrea. En la prosa las cosas están castradas. Son olvidos de cosas, más que cosas.

    La poesía es memoria y entonces presencia picante de las cosas. En la poesía hay maniobras genitales, hay carne cruzada por la luz.

    Animar una prosa es como animar un muerto. El prometeo concebido por Mary Shelley es un cuerpo prosístico al que se pretende vivificar mediante un rayo poético. Decimos: la prosa excitada artificiosamente por mecanismos melódicos, seguirá siendo prosa: despojo.

    La poesía surge vestida con tules rítmicos, no hace falta cubrirla. La poesía es un cuerpo productivo, un festejo, un derroche, una insinuación, un incendio.

    Un incendio, repliquemos. Entonces, quemadura, rescoldos, vientres de luciérnaga, hervor, magma vivo, capturas del fuego.

    El fuego.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • “En un lugar cualquiera, un día que no nombro”. A 72 años de la muerte de García Lorca

    “La  luna vino a la fragua
    con su polisón de nardos”

    Galiana, Aurelio Torres (Presidente de la Diputación de Granada), Juan García Montero

    Galiana, Aurelio Torres (Presidente de la
    Diputación de Granada), Juan García Montero

    Algunas veces los versos se convierten en extrañas premoniciones, es lo que pensé cuando la pasada noche del 17 de agosto en Alfacar depositábamos nardos en el monolito que señala el lugar donde se apagó definitivamente la voz de uno de los más grandes poetas de la historia. Una fosa común que permanece inmóvil en un marco verde de naturaleza y memoria viva, tras ese soplo de 72 años, que no han conseguido borrar la huella incandescente del dolor y la barbarie, ni el recuerdo de tantos otros que dejaron allí sus vidas.

    Es curioso como la luna quiso iluminar la velada con una claridad asombrosa, esa misma luna que el la particular simbología de Lorca representaba la cara iluminada de la muerte, ahora se convertía en  una anfitriona de lujo en el contexto de poesía y de recuerdo que la música del maestro malagueño José Luis Zafra supo abrigar con acierto y emoción. El Romancero gitano, obra destacada este año por el Patronato Cultural Federico García Lorca, coincidiendo con el 80 aniversario de su publicación, discurrió en las notas de un piano, en ocasiones dolorido y en ocasiones jocoso, tal como fuera la esencia del Poeta, haciendo que la suavidad de la música acallara, de esa hermosa manera, el recuerdo desgarrador de las balas.

    En la voz de la alcaldesa de Alfacar, Fátima Gómez,  fue posible escuchar el sentir de un pueblo consciente de albergar un hecho tan trágico como trascendente; “estamos en un sitio que nos pesa muchísimo”, o el emotivo discurso del presidente de la Diputación de Granada, Aurelio Torres, que recordó: “rememorar a Lorca es rememorar uno de los momentos más trágicos y simbólicos de nuestra Guerra Civil y a un ser excepcional que trascendió su tiempo”. Palabras tras las cuales el actor Manuel Galiana leyó una trilogía de poemas inéditos dedicados a Lorca, del poeta vasco Gabriel Celaya, poemas descubiertos por casualidad por el gran estudioso de la obra de Celaya, Antonio Chicharro, que han sido publicados recientemente por la Diputación de Granada,  y que incluyen el artículo, del mismo Celaya “ García Lorca en San Sebastián”, donde el poeta habla de la calidad humana de su amigo y además realiza observaciones muy concretas y personales de su obra. Celaya, que tardó dos años en poder sacar de su interior el dolor tan profundo que debe suponer perder al amigo, perder un ser tan especial que era capaz de convertir en poesía todos sus actos, todo su discurrir en el mundo e impregnar a  cuantos le rodeaban, dejó constancia desde su lugar, ya también de recuerdo, de que una pérdida así es capaz de convertirse en encuentro trascendental e importante incluso 72 años después y aunar en un mismo sentir la poesía y el grito de libertad intrínseco que representa discurrir en ella.

    Manuel Galiana, recitando los poemas de Celaya

    Manuel Galiana, recitando los poemas de Celaya

    “En un lugar cualquiera, un día que no nombro”, es el nombre elegido por el Patronato Cultural para esta publicación que representa un testimonio más de la rabia y el desgarro que supone pasear por las aristas punzantes de la guerra y sus irreparables pérdidas.

    Me gustaría destacar de manera especial las palabras del presidente del Patronato Cultural FGL, Alfonso Alcalá; “queremos rememorar este aniversario desde el ámbito festivo y el de la más respetuosa tristeza ya que Lorca continúa siendo una proyección vital”, palabras que definen de una forma sencilla que una obra como la de Lorca debe ser entendida más allá de lo que representa estrictamente en el papel y que el mismo hecho de su muerte representa un proyecto de vida en la libertad, en la poesía y en el destierro de los actos del hombre contra el hombre.

    En una velada tan entrañable, tan repleta de emociones, se echó en falta la palabra de algún poeta, sin restar importancia a las valiosas aportaciones por parte de las autoridades asistentes, que de forma visiblemente emocionada supieron dar un aire conmovedor y necesario a la conciencia colectiva y la memoria histórica, no hubiese sido desafortunado contar en el escenario con algún autor que diera una nota literaria distintiva y reivindicatoria del oficio que Lorca elevó por encima de todas las geografías, todos los tiempos e incluso de todas las muertes.

    Nos llevamos de ese lugar el profundo sentir y el respeto a un hombre que puso en nuestros ojos un universo poético distinto y trascendente, una voz que no se apagará nunca y que seguirá siendo faro para muchos otros.

    ELEGÍA DEL MUERTO JUVENIL

    lorca_03Has muerto. Y todavía te envolvías
    en un aire tembloroso de promesa y sonrisa.
    Has muerto. Y todavía tu risa
    era un torrente de vida no vivida.
    ¡Oh corazón, que ligero flotaba
    como un niño adormecido
    sobre el agua cambiante del momento!
    ¡Oh corazón, nunca hastiado,
    no cargado de dolores y experiencia,
    no maduro ya de muerte preparado!
    ¡Oh corazón, cada día nuevo
    como la maravilla de la vida rubia que,
    imprevista nace con un rumor de frondas
    y carreras y persigue y burla,
    escapa y vuelve, y ríe, y tiembla!
    Has muerto. Y todavía brillaba en tus ojos
    la sorpresa de vivir, de tener un nombre,
    un cuerpo, un tiempo, un amor no agotado
    para esta variedad de días claros.
    Has muerto. Has muerto compañero
    y hoy todavía te veo aturdido,
    preguntando inocente si es cierto.

    Gabriel Celaya. Zaragoza, 1938.

    MEMORIA DE FEDERICO

    I

    Que no murió. Le mataron
    Contra la cal de una tapia luminosa
    me lo dejaron clavado.
    -“Por vuestros padres- decía-.
    Y lo dejaron clavado
    diez pólvoras asombradas
    y una bruta voz de mando.
    ¡Decidme cómo, decidme,
    puede ocurrir tal espanto!
    ¡Ay, hombres sin nombre y madre!
    ¡Ay, sal seca y hueso amargo!
    Diez bocas estupefactas
    y un hombre que estaba al mando.
    Nada más ni nada menos.
    Sólo un vacío sin llanto.
    Y esta rabia que me grita
    que no murió; le mataron.

    II

    ¡Ay, Federico García,
    quién lo podía decir!
    ¡Ay, Federico García,
    muera la guardia civil!
    Lo que en otros no envidiaban
    ya lo envidiaban en ti.
    Un sepulcro con tu nombre
    y una unidad de raíz.
    La sangre que se me agolpa
    quiere ahora hablar por ti.
    Toda la pena de España,
    todo este pus de raíz,
    y más allá de mi mismo,
    el pueblo llora por ti.
    ¡Ay, Federico García,
    muera la guardia civil!
    Gabriel Celaya. 1949

     

    RECUERDO A FEDERICO

    Recuerdo a Federico,
    su corazón que flota como ese niño ahogado
    en las aguas desiertas por una tarde lenta,
    su corazón sin aire
    para el vuelo que, loco, su amor le prometía.
    Recuerdo a Federico,
    sus mentiras que siempre prefería a las verdades,
    sus exageraciones fieramente evidentes,
    sus fábulas, su risa
    que ponía las cosas en su punto exacto.
    Recuerdo a Federico,
    su abundancia, su amor que derramaba
    generoso, en mil cosas, palabras, animales, niños,
    amigos cualesquiera,
    relámpagos parados de su pesada noche.
    Recuerdo a Federico,
    recuerdo que en él pesan ya diez años de tierra,
    recuerdo que ha quedado con un boquete seco,
    nadie sabe por qué, y eso es lo más terrible,
    en un lugar cualquiera, un día que no nombro.

    Gabriel Celaya. San Sebastián. 3 de julio de 1947

    Sara Castelar Lorca

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La edición en España: Una industria desequilibrada

    cada día laborable aparecen en España más de 260 títulos distintos.

    cada día laborable aparecen en España
    más de 260 títulos distintos.

    No pocos escritores españoles prestan escasa atención a nuestra industria editorial: creo que se equivocan. Aunque el punto de vista del escritor y el del editor sean diferentes, los dos se necesitan y viajan en el mismo barco.
    Conviene que sepamos los que a cualquier nivel escribimos que la industria editorial española es una de las más importantes del mundo: según los criterios estadísticos que se adopten , ocupa el lugar tercero o cuarto del mundo.

    ¿A qué se debe esto? A dos razones muy claras: por un lado, una tradición industrial importante, centrada en Madrid y Cataluña (las dos juntas suponen el 62% de la producción nacional). Y, sobre todo, a la importancia universal indudable y creciente de la lengua castellana (el 84’5 de los libros editados en España, el último año).
    No se debe esto a ninguna política – ni de Franco, ni del PSOE, ni del PP – sino a un fenómeno cultural del que los españoles no somos causantes pero sí beneficiarios.

    Evidentemente, no somos una primera potencia mundial
    en petróleo ni en nuevas tecnologías ni por nuestra extensión geográfica. Sí lo somos por nuestra tradición cultural, una de las más gloriosas que existen (muy pocos países pueden presumir de nombres comparables a los de Cervantes, Velázquez, Goya, Picasso, Lorca, Valle-Inclán…) y por el peso cultural y económico de nuestra lengua en el mundo.
    Basta con esa realidad para comprender la ceguera y el paletismo de los políticos que intentan limitar  su enseñanza, dentro de nuestras fronteras.

    Volvamos a la industria editorial para subrayar un doble frente: su gran peso económico, dentro de nuestra balanza internacional, y su enorme trascendencia cultural, como vehículo de una determinada concepción del mundo. El contraste es evidente si lo comparamos con la situación de los libros en francés, italiano o alemán…

    Recordemos también algo obvio: la edición de libros  es un negocio que pretende obtener la lógica rentabilidad, como cualquier otro negocio, pero también sigue suponiendo, a pesar de todos los avances tecnológicos, la mejor fuente de educación y de cultura. Eso de que “una imagen vale más que mil palabras” es simplemente algo que no se corresponde con la realidad.

    Desde hace años, la  industria editorial española está adherida al sistema del ISBN (International Standard Book Number), que permite identificar fácilmente, en cualquier lugar, todos los libros que aquí se editan. Los datos de la Agencia Española del ISBN son los más fiables sobre nuestra realidad editora.

    Recordemos un dato básico: el año pasado, se han editado en papel en España algo más de 75.000 títulos distintos. (Se incluyen aquí, por supuesto, libros de todas las materias, no sólo estrictamente literarios, y dirigidos a cualquier tipo de destinatarios).
    Hagamos una simple operación matemática. Si al número de días del año le restamos los domingos, las fiestas nacionales y los treinta días del mes de agosto – la vacación más habitual – resultará que cada uno de los días laborables aparecen en España más de 260 títulos distintos…

    ¿Es esto bueno o malo? Las dos cosas, como suele suceder. Por un lado, quiere decir que hoy, en España, cualquier lector tiene a su disposición una variedad de títulos, temas, autores…verdaderamente notable, que no hubiéramos podido ni soñar en épocas recientes de mayor pobreza o menor libertad.

    Para asomarse hoy a cualquier sector no es necesario, como en otros tiempos, recurrir a libros publicados en otros idiomas: se traduce muchísimo y muy pronto, porque el mercado potencial español, en el mundo entero, es muy grande.
    También es verdad lo complementario: nunca se han traducido tanto los autores españoles a otros idiomas. Mi amigo Guillermo de Torre tituló uno de sus libros “La difícil universalidad española”.

    Instantánea de la Feria del Libro de Madrid.

    Instantánea de la Feria del Libro de Madrid.

    Baste con un ejemplo: hasta fechas muy recientes, no se tradujo al inglés La Regenta de Clarín. Cuando lo hizo John Rutherford, el  New York Times Review of Books proclamó, asombrado, que era comparable a las grandes obras de Balzac, Dickens o Tolstoi… ¡Por supuesto! Lo que sucedía es que, por no estar en inglés, hasta entonces no la conocían. Hoy, en cambio, se traducen a muchos idiomas sin mayores problemas novelas de los jóvenes autores españoles que no alcanzan, evidentemente, la categoría de Clarín  o de Valle-Inclán…

    Al lado de todo esto, tan positivo, el número de títulos tan elevado que se publican anualmente en España tiene también otras consecuencias poco felices. Por lo menos, éstas, mencionadas esquemáticamente:

    1/ Las tiradas son muy cortas: en general, no más de 3.00o ejemplares; en géneros minoritarios como la poesía o el teatro, bastante menos.

    2/ Con una tirada corta, inevitablemente, el precio de venta del ejemplar se encarece.

    3/ Aumenta la dificultad del almacenamiento y la distribución.

    4/ Ninguna librería de España, prácticamente, tiene todos los títulos que se publican. El lector que desea uno debe pedirlo y esperar que repongan existencias… lo que desanima a muchos.

    5/  El tiempo de permanencia de las novedades en las librerías es cada vez más corto. Casi no existen ya librerías “de fondo”.

    6/ No queda margen económico para la promoción de los libros.

    7/ Es muy difícil enterarse de las novedades, incluso a los críticos especializados. Y no hay espacio en los suplementos culturales para ocuparse de muchísimos libros, que pueden ser valiosos.

    8/ El mercado editorial se divide en dos sectores: los best-sellers, a los que no afectan todas estos problemas, por un lado, y el resto de los libros, por otro. Y no suelen ser los best-sellers los de mayor calidad puramente estética…
    Aunque pueda parecer muy pesimista, creo que este panorama responde a la realidad. ¿No sería mejor, entonces, disminuir el número de títulos? Desde el punto de vista de la comercialización, sin duda; culturalmente hablando, no.
    Con todas estas dificultades, lo que pagamos lectores y autores es el precio de la libertad. Por caro que sea, no quiero yo que ningún funcionario, del signo que sea, me dicte lo que debo escribir, publicar o leer. Y muchas pequeñas editoriales juegan un papel vocacional que abre enormemente el horizonte de nuestras posibilidades de lectura.

    Andrés Amorós Guardiola.
    Ensayista, crítico literario, historiador de la literatura española.
    Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de  la Universidad Complutense de Madrid.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • LOS OLVIDADOS. Nazim Hikmet

    NAZIM HIKMET
    1902 – 1963

    «Era un hombre alto, bien puesto, rubio, de azules ojos y piel rojiza, como un inglés. En lo de turco, más parecía serlo Jorge Amado —y así lo decíamos en broma sus amigos cuando ambos estaban juntos— que aquel gran cantor de Turquía —nieto de un pachá— que muere sin haber visto a su patria.
    Sin conocer palabra de su idioma, nos deleitaba y suspendía el escucharle los poemas. Eran como canciones extremadamente musicales, cuyo ritmo había tomado el poeta de la cantera popular en su país.
    ¡Pobre poeta! Como Nesval , el gran checo, lo traicionó el “miocardio inocente” de nuestro Rubén [Darío]. Su vida fue un ejemplo puro de humanidad y lirismo soldados firmemente, como él veía el contenido y la forma en la escritura; de acción y pasión. Quince años le tuvo el turco reaccionario en una cárcel, y allí enfermó para no curar nunca. De eso ha muerto, y del dolor de amar mucho a los suyos, a su pueblo, y de cantarlos, sin poderlos redimir».

    Nicolás Guillén

    Nazim Hikmet

    Nazim Hikmet

    Nos estamos fabricando olvidos a base de negocio editorial.
    Ya no tenemos excusas para no recordar, para no mirar lo que fuimos. Nadie nos lo prohíbe, excepto la universal pereza intelectual.
    Me remonto a una edición de 1975, de tapas desgastadas y decoloradas.
    Y no hay más.

    Nazim Hikmet fue un poeta que no vino a bordar.
    No hizo concesiones de ningún tipo ni a su tiempo, ni a sí mismo; porque como él mismo decía: no hay que hacer concesiones en las cosas esenciales.

    En los trece años que Hikmet permanece encarcelado, su poesía adquiere un tono más tranquilo, más sereno. Pero físicamente, el poeta está quebrantado.

    En los trece años que Hikmet
    permanece encarcelado, su poesía
    adquiere un tono más tranquilo,
    más sereno. Pero físicamente,
    el poeta está quebrantado.

    Cuando contaba con 17 años, los ingleses tuvieron el dudoso honor de ser sus  primeros perseguidores, y lo hacían no sólo por sus actividades como miembro del  partido nacionalista, sino también por sus poemas, impregnados ya de esa vibración y emotividad que le harían mundialmente famoso.
    La mitad de mi corazón está aquí, doctor,
    Pero la otra mitad se encuentra en China,
    En el ejército que baja hacia el río Amarillo.
    Cada mañana,
    Cada mañana con el alba,
    Mi corazón es fusilado en Grecia.
    Y cuando el sueño rinde a los presos,
    Cuando se alejan de la enfermería los pasos últimos,
    Mi corazón se va, doctor,
    Se va hacia una vieja casa de madera, allá en Estambul.
    Además, doctor, hace más de diez años
    Que no tengo nada en mis manos
    Para ofrecer a mis hermanos;
    Tan sólo una manzana,
    Una roja manzana: mi corazón.
    Por todas estas cosas, doctor,
    Y no por culpa de la arteriosclerosis,
    Ni de la nicotina, ni de la cárcel,
    Tengo esta angina de pecho.
    Desde mi cama
    Contemplo la noche tras de los barrotes.
    Y a pesar de todos estos muros
    Que me aplastan el pecho,
    Mi corazón palpita con la estrella más remota.

    nazim hikmet posa al otro lado de los barrotes de su celda en la cárcel-fortaleza de Brusa

    nazim hikmet posa al otro lado de los barrotes
    de su celda en la cárcel-fortaleza de Brusa

    A los 19 años atravesaba la frontera de Turquía  con Rusia, camino de Moscú. Este muchacho que  andando el tiempo, llegaría a ser uno de los más grandes poetas de nuestro siglo, y aquel viaje decisivo para su vida y su obra.
    En Rusia, Nazin Hikmet traba conocimiento con los grandes poetas revolucionarios de la época: maiakovski, Essenin, Bragritski, etc. También entonces, el poeta conoce verdaderamente al pueblo, como él mismo dice:
    “nieto de un “pachá” nací en una familia pudiente. Por lo tanto, siendo aún pequeño había hecho muchos viajes por Anatolia, pero en soberbias carrozas arrastradas por cuatro o seis caballos, con cocheros y sirvientes… Creía conocer mi tierra natal; pero sólo después, caminando, pude enterarme de cómo vivía realmente mi pueblo. Vi a los heridos de guerra tirados a lo largo de los caminos, comprobé el hambre, la enfermedades, las miserias sin fin de mi gente. Y las sufrí yo mismo…”
    Cuendo Hikmet vuelve a su patria en 1924, no sólo había enriquecido su bagaje cultural y humano, sino también el político.
    Luchador infatigable por su clase (por la clase que él había elegido), sufrió un sin fin de calamidades por ella.
    “Uno no puede hartarse del mundo.”

    El siglo XX

    "Duro oficio el exilio", de Nazim Hikmet. Los Libros De La Frontera traducción de Alfredo Varela. Barcelona, 1976

    “Duro oficio el exilio”, de Nazim
    Hikmet. Los Libros De La Frontera
    traducción de Alfredo Varela.
    Barcelona, 1976

    “Duro oficio el exilio”, de Nazim
    Hikmet. Los Libros De La Frontera
    traducción de Alfredo Varela.
    Barcelona, 1976
    “Dormirse ahora,
    Y despertar dentro de cien años, amor mío…”
    “No.
    No soy un desertor,
    Mi siglo no me asusta:
    Mi siglo miserable, escandaloso,
    Mi siglo valeroso, grande, heroico.
    No me ha pesado nunca
    Haber venido demasiado pronto al mundo.
    Al siglo veinte pertenezco, y me llena de orgullo.
    Me basta con estar ahí donde estoy,
    Entre vosotros. Y con luchar
    Por un mundo nuevo…”
    “Dentro de cien años, amor mío…”
    “- No. Porque pronto y a pesar de todo,
    Mi siglo moribundo y renaciente,
    Mi siglo cuyos días finales serán bellos,
    Mi terrible noche desgarrada por gritos de amanecer,
    Mi siglo estallará de sol, como tus ojos, amor mío”.

    Pese a que Atatürk, padre de la independencia turca, se había convertido en un gran admirador suyo, al año escaso de su regreso debe huir de nuevo a la Unión Soviética.
    Pero Hikmet no se detiene en su exilio y  regresa a su patria en 1928. Entonces  ya era otro hombre, superadas las tentativas de todo poeta que busca su verdadero camino. Nos dice:
    “Comprendí que el poeta debe responder a todos los sentimientos del lector: Yo digo: si está enamorado, que me lea; y también si se siente abandonado y quiere consolarse, si está enfermo o lo habita la esperanza… Que me lea cualquiere que sea su estado de ánimo y su situación. Y si quiere alegrarse con mis canciones, que las aprenda y las cante…”
    Se inicia un período de fecundo trabajo. No sólo escribe poesía, sino también novelas, piezas de teatro, incluso guiones cinematográficos. Trabaja en los periódicos…
    Su poesía sigue depurándose sin cesar, extrayendo de la inspiración popular una gracia propia y ahondando en los recursos del folklore que su país le ofrecía.
    El cancionés es el término que utiliza Hikmet para designar al  idioma oficial de toda la humanidad:
    “… Y están nuestras canciones escritas en la tierra,
    no en ruso ni en francés, tampoco en turco,
    sino en cancionés.”

    Louis Aragon, poeta y novelista francés, forma con otros intelectuales occidentales el Comité Pro-Liberación de Nazin Hikmet

    Louis Aragon, poeta y novelista francés,
    forma con otros intelectuales occidentales
    el Comité Pro-Liberación de Nazin Hikmet

    Atreverse a usar  ciertas formas de expresión en desuso y actualizarlas es a mi entender, una de las misiones de un poeta del pueblo.   Con los ingredientes que Hikmet va adquiriendo a fuerza de mundo real,  escribe poesía hecha de calor humano, en la que los llamamientos a la justicia  y a la revuelta contra la opresión tienen el sabor de la vida misma.
    Hikmet es ya el poeta de su pueblo, pues sabe expresar su sufrimiento y su tristeza a través de un lenguaje propio y al mismo tiempo universal.
    Con la subida al poder de Ismet Inönü, tras la muerte de Atatürk, la situación se hace difícil, más si cabe, para Hikmet. En 1938 es juzgado por un tribunal militar que le condena a veintiocho años de prisión. Trece años después, uno de los jueces declaró públicamente que el poeta había sido condenado ilegalmente, ya que se le aplicó una ley inexistente en aquella época. Encarcelado primero en un viejo acorazado anclado en mitad del Bósforo y luego en la cárcel-fortaleza de Brusa, próxima a la costa del mar de Mármara, Hikmet sigue forjando, verso a verso, su obra, recia y auténtica.
    Hasan Gureh, uno de sus más destacados estudiosos, nos dice:
    “Es cierto que el campesino turco todavía es demasiado ignorante para conocer al poeta cuya vida está a su servicio y que no cesa de cantar su miseria y su sed de justicia. Los Memeth, los Yunus, los Yusuf, de quienes él escribe la historia y que viven en una prisión más negra que la suya, todavía no pueden permitirse el lujo de tener un poeta. Falta que la República, nacida de su sudor y su sangre, se decida a enseñarles a leer.”
    En los trece años que Hikmet permanece encarcelado, su poesía adquiere un tono más tranquilo, más sereno.
    “Regresé del cautiverio
    De la torre
    Que tiene mi enemigo
    En mi propio país.”

    Tristán Tzara, es el seudónimo del poeta y ensayista Samuel Rosenstock, presidió el Comité Pro-Liberación de Nazin Hikmet

    Tristán Tzara, es el seudónimo
    del poeta y ensayista Samuel
    Rosenstock, presidió el Comité
    Pro-Liberación de Nazin Hikmet

    Louis Aragon, que ya en 1934 había presentado la obra de Hikmet al público francés, forma con otros intelectuales occidentales el Comité Pro-Liberación de Nazin Hikmet, presidido por Tristán Tzara. Una campaña de dimensión mundial se pone en movimiento y logra que las puertas de la cárcel de Brusa se abran el 14 de julio de 1950 para el poeta.
    Pero su puesta en libertad es una victoria pírrica.
    Pablo Neruda nos dice:
    “Cerca de quince años lo tuvieron encarcelado por unos versos escritos en su juventud. Solo una huelga de hambre de muchos días y los reclamos del mundo entero le dieron la libertad.
    Me cuenta que aún ahora después de dos años de vivir en el mundo libre no adquiere aún las nociones de la llave y de la luz eléctrica.
    Se le olvidan las llaves porque durante quince años otros abrieron y cerraron su celda.
    Se olvida de apagar la luz en la noche, al acostarse, porque durante quince años durmió bajo una ampolleta encendida.
    Es el más alegre de los hombres.»
    En julio de 1951 Nazim Hikmet consigue salir de Turquía y a  partir de entonces, hasta la fecha de su muerte, reside en una “dacha”, cerca de Moscú.
    En estos años, lejos de su pueblo, de su patria, de sus seres más queridos, Hikmet escribe los poemas más estremecedores de toda  su obra.
    Leyendo la poesía conversacional, epistolar… encontramos su verdadero sufrimiento a la vez que su esperanza: nunca encontró la desesperanza.
    Aquí, bajo estas líneas, dejo la estremecedora  carta última a Memeth, su hijo:
    Por una parte, los verdugos,
    Como un muro nos separan.
    Y además este cochino corazón
    Me ha hecho una malvada jugarreta.
    Mi niño, mi Memeth,
    Quizá las suerte
    No me permita volver a verte.
    Lo sé,
    Tu serás un muchacho
    A la espiga de trigo parecido.
    Cuando joven,
    Yo también era así.
    De elevada estatura, rubio, esbelto.
    Vastos serán tus ojos como los de tu madre,
    Con un rastro de pena amarga a veces.
    Tendrás la frente inmensamente clara
    Y una voz muy hermosa.
    Atroz era la mía.
    Cuando cantes
    habrás de desgarrar los corazones,
    y sabrás conversar brillantemente,
    yo también fui un maestro en la materia,
    cuando no me irritaban.
    ¡Ah, Memeth,
    qué verdugo serás
    de corazones!
    No es fácil educar a un hijo sin su padre,
    No apenes a tu madre.
    Yo no he podido darle la alegría.
    Que la tenga de ti.
    Tu madre,
    Como la seda fuerte, suave como la seda.
    Tu madre,
    Será bella aún a la misma edad de la abuelas,
    Como aquel primer año en la vi,
    Cuando tenía diecisiete años
    A orillas de Bósforo.
    Una mañana, como de costumbre
    Nos separamos ¡hasta luego!
    Era para no vernos nunca más.
    Contar los días es difícil,
    Y uno no puede hartarse del mundo,
    Memeth,
    Uno no puede hartarse.
    No vivas en la tierra
    Como un inquilino,
    Ni en la naturaleza como un turista.
    Vive en esta mundo
    Como si fuera la casa de tu padre.
    Cree en los granos, en la tierra, en el mar,
    Pero ante todo en el hombre.
    Ama la nube, la máquina y el  libro,
    Pero ante todo, ama al hombre.
    Siente la tristeza
    De la rama que se seca,
    Del planeta que se extingue,
    Del animal inválido.
    Pero siente ante todo la tristeza del hombre.
    Memeth, yo moriré tal vez
    Muy lejos de mi idioma,
    Lejos de mis canciones,
    Muy lejos de mi sal y de mi pan,
    Con la nostalgia de tu madre y de ti,
    Y de mi pueblo y de mis camaradas.
    En el exilio pero no en el extranjero.

    Nazim Hikmet en su celda, 1946

    Nazim Hikmet en su celda, 1946

    El 3 de junio de 1963, en su dacha de Moscú, moría Nazim Hikmet, tal como siempre vivió: DE PIE.
    Definitivamente, este es uno de los poetas que no había venido a bordar.
    Pablo Neruda, en unas palabras que me llegan a emocionar dijo:
    El pueblo turco sabe de memoria sus versos, pero su nombre no puede publicarse en Turquía.
    ¡Qué destino éste!
    Ir volviéndose tierra, polvo inmóvil…
    Una nostalgia amarga, una humareda negra.
    ¡Qué destino éste!
    Una tristeza semejante
    Tan triste, mi amor,
    Sólo yo la conozco.

    3 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • LOS POEMAS Y LOS DÍAS.

    El verso.

    Una vez que la pausa versal es obligatoria, como apuntaba en un artículo anterior, llega la hora de escribir el poema. Cada uno de los versos del poema, además de estar de alguna forma concatenados en el contexto, deberían tener, por sí mismos, un mínimo de calidad poético-literaria o, de lo contrario, si respetamos la pausa versal, tendremos  versos que, descolgados del significado, ocasionarán un claro deslucimiento de la obra. Así las cosas, me pregunto, ¿qué motivos nos empujarán a componer cada uno de los versos? ¿qué pautas seguiremos, si es que decidimos premeditar la combinación versal? ¿Cómo sabrá un posible auditorio cuándo acaban los versos que se recitan?

    Como es lógico, estamos hablando de un poema de versos blancos (sin rima) porque, en los poemas rimados en la última sílaba de los versos, es fácil saber cuándo, cómo y dónde termina cada uno de ellos; nos lo indica la rima.

    Yo pienso que cada forma de escribir tiene su manera de recitar.

    "El poeta pobre" de Carl Spitzweg

    “El poeta pobre” de Carl Spitzweg

    Veamos ahora cuántas pausas observaremos en un poema.

    PAUSA VERSAL: la parada que tenemos que hacer al final de cada verso. Es la pausa más larga, y se tiene que procurar que su duración sea uniforme siempre. La pausa versal es uno de los factores que marcan la diferencia entre un poema en verso y cualquier otra estructura escrita. La detención que origina, acompañada del énfasis que pondremos en la última sílaba acentuada de cada verso, nos dará una clara diferencia respecto a otras formas del Arte en la escritura. De ahí, la gran importancia de la educación en la poesía que, a mi juicio, se debería de enseñar en las escuelas a muy temprana edad. El concepto parte de que la poesía es una expresión artística que entra por los ojos y por los oídos, o sea, es más completa, por ejemplo, que la música, que carece de visualidad, si no se está presente durante la interpretación, o que la pintura porque esta no puede llegar con el sonido. Así pues, la poesía, sobre todo cuando se trata de combinar los versos, se debería recitar siempre. Una veces en voz alta, muchas veces en silencio y, otras veces, en voz baja.

    SIGNOS DE PUNTUACIÓN: una detención que representa la mitad del tiempo de la pausa versal. Es la misma que se hace en la prosa.

    CESURA: un pequeño descanso exigido por el cambio de sentido. Es menor que la parada por los signos de puntuación y es idéntico al que se hace en la lectura de la prosa.

    Así, nos resultan tres paradas en el verso, cada una de ellas por un motivo claro.

     Hablemos ahora de componer  el verso.

    Signature — Image by © Royalty-Free/Corbis

    Lo primero que tendremos en cuenta será no caer en contradicciones. Que quede claro que sostener que la pausa versal es obligatoria, no significa que nos guste hacerla y, desde luego, habremos de intentar evitarla en muchas ocasiones.

    Veamos, en un autor que no respete la pausa versal, pero que escriba composiciones monométricas, un soneto endecasílabo, por poner un ejemplo, resultará que sus poemas, al ser recitados por él mismo, o por cualquier otro que no respete la detención al final del verso, perderán la esencia del verso que ha escrito, porque, la razón rítmico estilística del verso, sea cual sea su metro, está en su final, o sea, en la pausa versal. El autor que decimos, hará una pausa cuando llegue al signo de puntuación que corresponda,  lo cual, si no se ha detenido al final del verso anterior, diluirá extremadamente el verso que se escribió en origen.

    Paradójicamente, la pausa versal, pienso que es el enemigo número uno de la métrica, me refiero a la métrica clásica, porque, que consideremos la pausa versal como obligatoria, no significa, como he dicho anteriormente, que no queramos evitarla a la menor ocasión. Desde el momento en que estamos obligados a una detención en cada final del verso y que no podemos dejar versos descolgados en su significado, será imperativo buscar una fórmula que permita evitar las pausas versales. Eso nos lleva directamente a alargar el verso, cuanto sea necesario, por tal de concederle la suficiente calidad literario-poética, en el marco rítmico estilístico que nos parezca conveniente.

     

     

    Parece lícito preguntarse, ¿para qué narices quiero escribir un verso determinado si después ni yo mismo respetaré su linaje? o sea, que al recitarlo, lo mezclaré con otros versos, porque eso es lo que ocurre cuando no respetamos la pausa versal.

    De esta manera, llegamos a  la conclusión de que, en el fondo, estamos hablando de encabalgar el verso, pero encabalgarlo de hecho, escribiéndolo hasta la conclusión de su significado.

     

    ¿Qué pasa entonces con el encabalgamiento? ¿Hemos abolido el encabalgamiento de las combinaciones versales?

    No, en absoluto. Ahora bien, a ese encabalgamiento se le pide un plus: debe estar ensamblado en su verso y, sin embargo, puede pertenecer al anterior. Ahí, en ese punto, el encabalgamiento se convierte en un recurso retórico de primera magnitud;  se produce una asociación de ideas, entre los dos versos, que dejan al receptor deslumbrado, ante tal despliegue de ingenio metafórico. El lector se da cuenta de la circunstancia, pero no sabe por qué se produce ni, obviamente, necesita saber el mecanismo para apercibirse de que algo muy grato está ocurriendo. Ese es un asunto parecido al de la rima. Si no rimamos en las terminaciones de los versos, apenas será perceptible de dónde viene la cadena fonológica, aunque hayamos trufado el poema de rimas y otros sonidos similares en el interior del verso.

    En definitiva, a mi juicio, la razón que puede justificar la composición del verso es la plenitud ideal del mismo.

    El verso tiene que lograr una combinación simbólica que trascienda a su propio significado literal. Sin perjuicio de que no terminé ahí (que el verso esté encabalgado), el significado de ese verso tiene que soportar el aislamiento.

    A partir de aquí, el ritmo y la cadena fonológica serán las herramientas que emplearemos para embellecer el poema.

    Podría parecer que, ante lo expuesto, la métrica queda en segundo plano, pero no es así. Si hablamos de composiciones polimétricas (con versos de varios metros), obviamente, la métrica resultará básica y, si hablamos de combinaciones con versos libres, la métrica perderá relevancia, siempre y cuando el autor sepa lo que está haciendo.

    2 julio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Premio de Poesía Virtual Alaire. Nominados Séptima Edición

    Treinta y un poemas de un total de veintiséis autores. Siendo Just Gafar quien más estrellas rojas ha conseguido en esta ocasión con sus tres poemas nominados. Con dos poemas nominados figuran Óscar Distéfano, Esteban Granado y Emilio Aparicio y con un poema cada uno de los siguientes poetas: Valentín Martin. Susana Palma, Santiago Redondo Vega, Sandra Gª Garrido, Ricardo Serna, Rafael Teicher, Lourdes Spin, Julio González Alonso, José Manuel Sáiz, Javier Dicenzo, Hallie Hernández Alfaro, Francisco Lobo, Federico Ruibal, Enol Sanyago, Elisa Berna Martínez, E. R. Aristy, Carmen Iglesia, Ana Prado, Amparo Bletisa, Alejandra Goerne, Alberto Batania y Adrian Pérez

    “Vivo en Zamora y nací en Ledesma, un pueblo precioso de Salamanca  hace ya un número inconfesable de años”. Afirma la veterana de los foros poéticos Amparo Fernández Del Campo Merino –Bletisa- quien ha obtenido una nominación por su poema Mi casa. Prosigue Amparo Bletisa: “Ante todo diría que es una gran sorpresa verme nominada. Nunca me he presentado a un concurso de poesía ni de ninguna clase tal vez por la inseguridad en lo que hago o por miedo a sentirme evaluada. La poesía tanto como lectora como cuando escribo sigue siendo para mí emoción en estado purísimo y un ejercicio íntimo de reflexión que no es evaluable excepto en la forma. A mis ojos y aún a sabiendas que es muy importante la forma, el ritmo, la musicalidad, la belleza de la palabra etc… no es precisamente lo que más me interesa y tal vez por falta de oficio o por pura incapacidad la cuido demasiado poco. No obstante, agradezco a todos los compañeros del foro que han considerado que con ese poema debía estar entre los finalistas del  7º concurso de Alaire”.

    “Foros como Alaire han hecho posible el que podamos acceder a algo que, antes de su existencia, era poco menos que una utopía: reunir a cientos de personas, de diferentes continentes, en torno a este ideal común, la poesía”. Afirma Emilio Aparicio natural de Santa Cruz de los Cáñamos, “un pueblecito en la provincia de ciudad Real, donde aún sigo viviendo. Soy maestro de Primaria y un empedernido lector de poesía desde mi más temprana infancia”. En referencia al Premio  de Poesía Alaire, Emilio Aparicio, prosigue: “Los premios literarios, como el ‘premio de poesía virtual Alaire’, sirven, si cabe aún más, de acicate para que los poetas nóveles tengan la oportunidad de darse a conocer en un mundo literario, ya globalizado,  que, actualmente, dirige su mirada hacia la red de redes. Por todo esto, doy las gracias a todos aquellos que hacen posible esta ilusión, y felicito a todos mis compañeros seleccionados por el alto nivel que otorgan al concurso, gracias a la calidad de sus poemas. Salud y poesía”. Emilio Aparicio ha obtenido dos nominaciones, dos preciadas estrellas rojas con sus poemas Poética y Despedida de pueblo (Campo de Criptana).

    Penetración es el poema nominado de la poeta de Santo Domingo pero residente en New York E. R. Aristy (ERA) quien afirma: “Ahora que he observado y participado en el proceso del concurso de Poesía Virtual Alaire, he formado una mejor opinión. Me encanta que la votación sea abierta a todos los poetas. Es una participación que nos envuelve a todos y nos anima”. Prosigue E. R. Aristy (ERA):”Ya algunos conocen mis dos mundos; Santo Domingo, República Dominicana y Long Beach, New York. La Poesía es para mí muchas veces la arqueología de los estados enterrados del ánimo, la excavación de aquello que descubre y reconstruye una ciudad perdida en nuestro interior, lo que nos facilita en la comprensión de nuestro propio hallazgo”.
    De nuevo el leonés Julio González Alonso vuelve a obtener el reconocimiento de la estrella roja con su poema Catedral. Julio González Alonso que en el momento de ofrecernos su opinión, viaejro empedernido, acababa de regresar de Austria, afirma: En este concurso, una y otra vez superándose a sí mismo por la calidad y cantidad de trabajos, me siento a gusto y feliz compartiendo espacio con compañeros y compañeras de una talla literaria y humana encomiable. Cada vez que un poema mío es seleccionado para formar parte del concurso siento el estímulo que da el saber que ha merecido este privilegio. Y el agradecimiento; sobre todo a las personas que silenciosa y pacientemente leen, sopesan, seleccionan y toman la última decisión de elegir con criterios preestablecidos los poemas del concurso. Luego, agradecimiento también a quienes deciden desde el foro votar por cada poema, sea propio o ajeno, que lo admirable es la generosidad de leer y colaborar en cada evento. Esta actitud hace que las relaciones sean amables y que la poesía encuentre un espacio y una ocasión única para expresarse.

    Balada para la luz es el poema nominado del joven poeta argentino Javier Dicenzo quien se presenta con estas palabras: Naci en la ciudad de San Pedro, Argentina el 4 de mayo de 1980  y escribo desde temprana edad. Estoy muy conforme con el foro Alaire, y respeto a cada poeta que está compitiendo por el premio. Particularmente mi concepción de la poesía es imparcial no soy buen critico. Mi obra es generalmente una abstracción. Respeto a los poetas en general”, continua Javier Dicenzo , “y no considero que existan poetas menores en la poesía como opinó Jorge Luís Borges. De los poetas de Alaire me gusta la obra de Alejandra Goerne y mi amigo Poeta Juan cruz Bordoy que es de mi misma ciudad a quien aliento y apoyo desde hace un tiempo. Y quiero destacar la buena fe y el nivel literario de muchos de los autores de al aire”.

    El poeta colombiano Just Gafar, a quien deseamos esté completamente restablecido, pues en los momentos de enviarnos su opinión confesaba haber estado algo delicado de salud, afirma: “Me siento muy honrado con esta nueva participación, no sé como agradecer la compañía de los demás poetas en mis escritos. Al mismo tiempo siento que he crecido mucho, muchísimo, gracias a la gran calidad poética de mis otros compañeros y amigos”. Just Gafar que ha obtenido nada menos que tres nominaciones con sus poemas SIN NOMBRE, HANSEL y AMARGURA, continua: “Espero continúe esta maravillosa labor de palabra que realizan, por mucho, mucho tiempo. Abrazos, muchos abrazos desde Colombia”
    “Es la primera vez que participo del concurso, y me ha tomado de sorpresa esta nominación”  afirma el poeta Oscar Distéfano quien ha obtenido dos nominaciones por sus poemas Lluvia en la memoria y Diosa coronada . Prosigue: “Una sorpresa, por supuesto, muy agradable, dada la gran cantidad de poemas de alto nivel que se postean en el foro. Pienso que el concurso es muy importante porque, la sola nominación, ya es un gran aliento, en medio de poetas de gran talento que exponen sus trabajos. Estoy contento de ser parte del foro Alaire. Yo nací en Asunción-Paraguay. También tengo la nacionalidad italiana. Resido en Barcelona y Paraguay, alternativamente”.

    Finalmente enviamos saludos y nuestro deseo ferviente de mejoría en su estado de salud, al veteranísimo poeta, escritor y periodista, Valentín Martín, quien en esta ocasión ha resultado nominado con el poema TERESA dedicado a su encantadora esposa.

    Felicitamos a la totalidad de los poetas nominados en esta Séptima Edición del Premio de Poesía Virtual Alaire y alentamos a todos y cada uno de los usuarios registrados a proseguir en esta línea de superación en el arte de la palabra.

     

    Vuestro en la poesía
    Alonso de Molina

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • José Manuel Sáiz. Vencedor del VI Concurso Poesía Virtual Alaire

    “Seguramente habré leído más poemas de alguno de mis compañeros de este foro que de todos los afamados  poetas juntos”

    Por expreso deseo de José Manuel Sáiz quien afirma  “me he sentido más cómodo así” la entrevista al vencedor del Concurso de Poesía Alaire se presenta en formato narrativo en vez del habitual de pregunta y respuesta a través del siguiente texto enviado por José Manuel Sáiz.
    Estimados amigos y compañeros de Alaire:

    jose_manuel_saiz_02Me produce una gran satisfacción dirigirme a vosotros con estas líneas para dejaros algunas breves  pinceladas sobre mi persona y mi relación con el mundo de la poesía.
    Tengo 48 años  y soy natural de Vitoria (Álava). Estoy soltero, aunque convivo con una mujer maravillosa llamada Olivia  a la que considero, en cualquier caso, mi mujer.
    Tengo una empresa de construcción (de casas de madera Finlandesas), y vivo, como no, en una de esas casitas, en Sabando (un precioso pueblo de la Montaña Alavesa). Es en esa casita y en su jardín pequeño donde yo escribo la mayoría de mis poemas.

    He de confesar que apenas he leído poesía en mi vida. Mi ignorancia en esta materia es grande. Muy grande. Hasta hace poco mis lecturas poéticas apenas han ido más allá de las clásicas rimas de Bécquer,  algo de Juan Ramón Jiménez, un poquito de Neruda y… como no, también de esa poesía con música que encierran ciertas canciones que me gustan, como son las coplas y boleros…; en fin, lo normal en una persona común. Seguramente habré leído más poemas de alguno de mis compañeros de este foro que de todos los afamados  poetas juntos. Recuerdo que un día Luís Oroz me nombró a Mario Benedetti y su nombre me sonó como a defensa central de fútbol italiano. ¿De dónde entonces mi afición a la poesía y más aún siendo de ciencias? Pues no lo sé. Sinceramente no lo sé. De familia no me viene, eso seguro.

    Mis primeros poemas datan de hace aproximadamente 25 años.  Muchos de ellos los he ido exhibiendo en este foro con más o menos fortuna (con menos, sin duda). Antes de eso, la nada.
    Pero sí recuerdo una cosa. Cuando tenía aproximadamente 12 años leí un poema en un libro de texto que me emocionó, sin ser su temática (la muerte) ni propia, ni atractiva para un niño; y a base de leerlo conseguí memorizarlo. Desde entonces esos versos me vienen a la mente muchas veces sin saber bien porqué. Ese poema se titula EL VIAJE DEFINITIVO, de Juan Ramón Jiménez; y empieza así… “Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando…”, seguro que ustedes lo conocen. Este es uno de los poemas que me hubiera gustado escribir a mí.  Creo que su temática lírica ha influido mucho en mi estilo. Aparte de ese poema, creo que no recuerdo ningún título más del mismo autor; -un desastre. Después… la nada. Hasta que aparecieron de pronto en mi vida -hace un par de años- los foros de poesía virtuales; entre ellos, en Diciembre, el de Alaire.

    Últimamente me he comprado algunos libros de poesía (y es que ahora me siento importante: ¡he ganado el concurso de Alaire!). Me he comprado un libro de Benedetti -que me ha defraudado un poco- otro de Bukowski, y otro de Gamoneda. Decir que este último me ha sorprendido gratamente. Su poesía es intimista, y tiene presente en varios de sus poemas (como a menudo hago yo) vivencias de la infancia y la figura de la madre (es un poeta huérfano de padre igualmente); también me ha sorprendido la reiterada utilización de la palabra “corazón” en toda su obra; palabra que yo empleo mucho en mis escritos desde siempre. Curioso.

    Después de este preámbulo me temo, que el poco -y supuesto- prestigio que habría adquirido entre mis colegas con este premio, se habrá esfumado irremediablemente como el humo. Pero es que esa es mi realidad. Y no pretendo aparentar otra cosa que no soy. Nunca he escrito un soneto, por ejemplo, ni he contado jamás las sílabas de un verso. Cometo un sinfín de faltas de ortografía (aunque para eso están algunos amables foristas que me corrigen) y no controlo siquiera la gramática (¡Ay cómo envidio a los que dominan el arte de la literatura!). Como ya he dicho en alguna ocasión, mi estilo se basa en la sencillez y en el sentimiento, y éstos son terrenos resbaladizos que nos pueden conducir directamente al centro del corazón, o hacernos caer en el ridículo. A mí me ha pasado sin duda ambas cosas en poco tiempo. Si se domina la técnica creo que el riesgo se hace menor, se neutraliza, y la posibilidad de éxito aumenta, pero… a veces también son válidos otros recursos.
    Me sentiría enormemente satisfecho si algún forista de Alaire  llegara a identificarse conmigo y con mis palabras y ello le diera ánimos para escribir sin miedo a ser él mismo o a exhibir abiertamente sus sentimientos. Estoy muy orgulloso de haber ganado este prestigioso concurso y de haberlo hecho además al lado de excelentes poetas y mejores personas a las que nunca he considerado rivales ni me he sentido yo rival frente a ellas.

    jose_manuel_saiz_01He de confesar una cosa; y es que, pese a no participar apenas en certámenes poéticos, éste de Alaire no es el único premio que he ganado. Hace un par de años se me ocurrió presentar un poema a un concurso internacional de poesía a ver que pasaba y… vaya, sorpresa,  ¡premio!. Ello fue un gran estímulo para mí. Ese poema es hoy uno de mis preferidos y al que tengo un cariño enorme porque dice mucho de mí; el poema se titula EL CONTADOR DE ESTRELLAS. También he tenido algún trabajo figurando como poema del mes en algún que otro foro… pero sin el prestigio, que a mi entender, tiene este de Alaire.
    La verdad es que no me he prodigado mucho en certámenes literarios. Hasta hace apenas un mes y medio no sabía, por ejemplo, que Alaire hacía un concurso mensual y tampoco entendía muy bien el significado de las estrellitas en los poemas. Ahora me agrada ver esas estrellitas en alguno de mis poemas. En realidad no voy buscando premios sino  llegar a las personas con mis escritos, y parece que a veces, como en este caso, lo consigo. Y eso sí que es un verdadero premio, sin duda.

    Un día perfecto para mi es aquel en el que puedo escribir tranquilamente en mi casa, en invierno, frente a la chimenea; o en verano en la suave armonía de mi jardín pequeño junto a Olivia (lástima que ya no esté Zal, mi perro grande)… y antes de que vengan los sobris a “romper la tarde” con sus sonrisas. Mi casa está  junto a un río; y por eso utilizo mucho su recurso en mis poemas. Es importante para mí el entorno y ese estado de tranquilidad para escribir. Por eso mi poesía es tranquila como mi entorno, y lírica y nostálgica como mi corazón.
    Me veo incapaz -y en cierta forma rehúso- responder a preguntas trascendentes o complejas, como por ejemplo, las que tratan de buscar el sentido trascendental o el aporte de la poesía a la sociedad actual, porque, simplemente, desconozco las respuestas. Esto lo dejo a poetas con mayor solvencia literaria que yo. Prefiero contar de manera sencilla mis pequeñas cosas. Y mis cosas en literatura son tan sencillas como éstas: leer, escribir, sentir… y poco más.  Así soy feliz.

    Me piden en la encuesta que dé algunos matices que influyan en mi manera de escribir y sentir la poesía. Bien, lo haré;  pero, si me lo permiten, a través de dos pequeños ejemplos, -y con esto espero no aburrir a nadie-.
    Quizás algún forista recuerde un par de poemas míos recientes titulados BONDAD y  EL FARO.
    En el primero cuento como yo, siendo niño y acompañado de mi madre, vi como alguien recogía a una persona ebria caída en el suelo ante la mirada displicente de gente cruzada de brazos. Bien, en realidad la historia no fue así. En realidad fui yo mismo quien recogió –hará un año de eso- a esa persona del suelo (con esto no pretendo dármelas de bueno, ¡eh!), pero recuerdo muy bien que entre aquellas personas había un niño acompañado de su madre que me miraba fijamente, muy fijamente -recuerdo su mirada- y pensé que quizás ese niño descubrió algo que sólo se aprende con la vida, y que tal vez ello perduraría para siempre en su recuerdo positivamente. Mi poema lo escribí desde la perspectiva de sus ojos, y de lo que a mí me hubiera gustado que aquella acción hubiera representado para ese niño. Me fijo en cosas como estas y luego trato de expresarlo en mis poemas. Hace poco vi por televisión como en Estados Unidos una mujer murió en el suelo de la sala de espera de un hospital por falta de auxilio y me acorde de mi vivencia –yo vi aquellas mismas miradas desdeñosas y sentí aquel mismo cruzar de brazos.
    En cuanto al poema del faro, decir que lo escribí hace poquito después de ver la secuencia de una película titulada LARGO DOMINGO DE NOVIAZGO (un auténtico poema en imágenes), en la que la protagonista (Audrey Tautou) se sube a un faro con un muchacho al que ama y le pregunta: “¿Hasta dónde se verá el mar desde el faro?” Yo desarrolle mis versos a partir de esa frase y de aquellas escenas. Las imágenes me parecieron de tal ternura que quise expresar ese mismo sentimiento literariamente (con escasa fortuna, dicho sea de paso, porque una cosa es la intención y otra…. ). Ambos ejemplos ilustran un poco de qué fuentes bebe mi inspiración.

    jose_manuel_saiz_03Mi poesía no es compleja porque mi corazón no es complejo. Mi poesía es sencilla en sus formas, aunque a menudo pretenda dotarla de una cierta metafísica -sin pretensiones- que hable de esperanza, de bondad, de la superación, de los miedos…, también me gusta poetizar ciertos tópicos o arquetipos de sobra conocidos por todos, pero que no viene mal recordar a veces -porque uno ha conocido, sufrido, pensado y vivido lo mismo que todo el mundo-. A pesar de todo ello, me cuesta mucho concretar la sencillez. Como soy tan nuevo en esto, creo conservar todavía ese sentimiento poético de la vida que pienso tiene cabida aún en este mundo. Con el tiempo quizás mi estilo evolucione o vaya por otros derroteros más complejos, nunca se sabe. Pero esa será otra historia. Y yo seré otro, sin duda.

    No quisiera acabar esta entrevista sin decir a todos los foristas de Alaire, tanto del concurso como los que no concursaron, a los que me han votado como a los que no, y a  todos los miembros de su administración, decirles, que además de ser unos excelentes poetas y escritores, son unas personas extraordinarias -de lo mejor que se puede encontrar en estos ámbitos-. Podría dar infinidad de nombres… pero no lo haré para no dejarme alguno en el tintero. Ellos ya saben. No me equivocaré si digo que éste, Alaire, es el mejor foro poético virtual y que me siento muy orgulloso de pertenecer a él. Además siento una enorme satisfacción por haber ganado su prestigioso concurso; mucha, mucha satisfacción.
    No se equivocaron. Mi poema es bueno, claro… porque ustedes son grandes y lo hicieron bueno. Y ahora es vuestro. De todos. De Alaire.

    Muchas gracias.
    A todos, un abrazo.

    José Manuel Sáiz – Txopo. EL CONTADOR DE ESTRELLAS  (y de historias).

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Grupo Alaire

    El proyecto del grupo alaire es un paso más en esa búsqueda íntima del ser por hacer palabra la belleza y la hondura de todo cuanto nos rodea, es una vuelta de tuerca en el afán por innovar preservando los caminos ya andados y creando a partir de ellos una poesía nueva, vital y sobre todo conciliadora con la sociedad y la literatura actuales.
    Nos encontramos ante un grupo heterogéneo cuyos postulados básicos pasan por el cuidado de la forma y la innovación constante a partir de las estructuras clásicas. De este modo nos encontramos con la tremenda luz que desprende el lenguaje poético del chileno Benjamín Léon, la fusión total del ser con la naturaleza a través de las inconmensurables imágenes de J.J Ferreiro, pasando por la emotividad palpable y esencial de Luis Oroz, la atrapadora hondura del verso de Alonso de Molina o la pulcritud estética de Rafael Calle. Toda una propuesta poética que pretende hacer de la palabra un vehículo socializante a la vez que hermoso, un proyecto donde la poesía se acerca al día a día, donde se hace posible el verso como elemento cercano a todos los lectores, como ya dijera Valente:  “ la imposibilidad feroz de lo posible”.

     

    Rafael Calle – La gata sobre el tejado de amarTu silueta de gata con los gestos en cuña

    asombra la emoción cuando te miro;
    la magia del contorno en los dones felinos.
    De las fieras nostálgicas tú desembocadura.

    Con tus pliegues se enmarcan las ideas absurdas,
    odiseas al límite de todos lo sentidos,
    opacidad miedosa de un cristal, sin motivo,
    o quizá solo garras y al final solo arrugas.

    Pecho de luz que nutre los añiles,
    garduña en el temblor de los tejados.
    De un poso de inocencia estero de algún río.

    Amamantas la teja de una casa que gime.
    ¡Ay conjuro del norte! ¡Ay del sur malgastado!
    ¿Por qué no ser la loba del brazo de su aullido?

     

    Luis Oroz – Biografía triste de la felicidadNació de la costumbre
    y se dejó llevar, casi dormida,
    sobre el instinto de los años jóvenes.
    Era un jardín donde arrojar futuros
    y cultivar recuerdos.

    Dos décadas pasaron y la muerte,
    asesina de todos los que siguen con vida,
    inyectó la tragedia por sus venas
    hasta dejar en coma al pensamiento.

    Se despertó con la primera risa,
    después de que la ausencia le pusiera en la boca su pistola de olvido,
    resucitó con el bostezo triste
    de los que duermen para sonreír,
    de los que se sujetan a la vida
    con las uñas postizas de la resignación.

    Tuvo el dolor la angustia de los años bisiestos
    y escondió sus heridas
    bajo el tiempo inconsciente de las conversaciones.
    Y fue feliz el gesto…
    igual que la manzana en la boca de Eva.

    Pero a veces la risa es el niño que escapa
    del amigo invisible,
    el soñador que muestra, escondido en sus miedos,
    la transparencia de la realidad.

    Ella resiste junto a las cervezas,
    en la contemplación de los años filiales
    o en la abstracción fugaz del último poema.
    Ella resiste poderosa y única
    y se deja llevar, casi despierta,
    sobre el instinto de los años.

    Como el humo que aleja los pecados del fuego
    sobrevuela el incendio de los nombres.

    Si la felicidad pudiera hablarnos,
    respetuosamente, guardaría silencio.

     

    Benjamín León – La luz de los metales

    A Sara
    “Eres pura, más pura todavía que yo”
    Paul Eluard

     

    1

    Pájaros, formas de haber amado lo volátil de la noche y la imposible huella del rocío.
    Luz, hebra de inextinguible cauce sobre el cuerpo que alimenta la sed y la tiniebla.

    Yo no escribí los símbolos del agua,
    no perpetré la forma a veces tierra de tu voz hecha caída y escaso regocijo en la espesura.

    Yo descifré los últimos metales que en tu cuerpo giraron escondidos;
    y fui el abrigo bajo el viento de las alas, la posibilidad futura de los astros, el suelo abarcador de las raíces.

    Sólo aprendí la paz de la pobreza, la paz de estar desnudo en la temblanza, el gris amanecer de los metales.

    2

    Cuerpo que en ti renace: árbol, palabra o niño donde los brotes de la luz forman el tiempo.

    Explico tu ciudad cuando abandona el grito matinal de la simiente.
    Explico las campanas desmedidas queriendo hundirse en campo de la sombra.
    Explico sobre espejos y espesuras, sobre el jardín y la humedad herida,
    sobre el silencio
    cuando cae.

    Ya conocí la escasa soledad que las ventanas tienen,
    el triste despertar de las cortinas,
    el grito de la sed en los rosales.

    En esta historia escribo sobre el fuego,
    me vuelvo a despojar de la palabra, y escampo en los motivos de la lluvia.

     

    3

    La noche va inusual y tú desnuda, hemos nacido tantas veces y tantas veces hemos muerto.

    Hubo en mi nombre párpados sin prisa: lugares donde hundir la sed y el frío.

    Pero en las cruces viejas se pierden los relámpagos y todo se detiene en círculos de fuego.

    Puedo augurar la luz en la tiniebla y asirme sin temor a tu quebranto, puedo asomar distante en la marea y ver como el invierno se deshace.

    Llevo en la edad un voto de pobreza, pero tu nombre alumbra en el acero y forma su escritura de aire y sombra.

    Amé el amanecer bajo las flores, el círculo profundo de la luz, el ácido fluir de tu hermosura.

     

    4

    Es posible formar el barro de mi voz.

    Debajo de la noche el viento escribe en los cristales.

    Los montes del ayer se incendian y la memoria esculpe su camino.

    Hubo una luz herida en este parque, un pozo donde el miedo se fundaba, un árbol destinado a ser otoño.

    Ahora canto al mundo de la niebla, al débil sollozar de tu ciudad esquiva, y al campo que te enciende los trigales.
    5

    Cayendo en lo invisible un animal de niebla se estremece.
    Habrán acaecido los lugares de la luz, los últimos pilares de la noche, el fuego innumerable de la dicha.

    Escucho en el silencio de tu voz, un madurar de frutas que dilatan el pulso del cobijo.

    Y somos una claridad tan dulce: un surco en el fulgor de la semilla, un párpado extinguiendo la mirada.

    Vemos la sangre urdiendo sus tinieblas, el fuego en el compás del abandono, la oscura inmensidad de los colores.

     

    J.J Ferreiro- El hechizo de Venus – El hechizo de Venus

    El hechizo de Venus
    crece la tierra.

    La extirpa, la sublima.
    Le da la forma.

    Ella es quien me adivina fascinado en el canto.
    Ella muestra su carne en la penumbra;
    penetra el corazón.

    Ella, desde la orilla
    nocturna
    mira los mares
    con todas las luciérnagas rizadas.

    En el fulgor de sus cabellos
    ha sido la crisálida del mundo.

    Luis Oroz – Biografía triste de la felicidad

    Nació de la costumbre
    y se dejó llevar, casi dormida,
    sobre el instinto de los años jóvenes.
    Era un jardín donde arrojar futuros
    y cultivar recuerdos.

    Dos décadas pasaron y la muerte,
    asesina de todos los que siguen con vida,
    inyectó la tragedia por sus venas
    hasta dejar en coma al pensamiento.

    Se despertó con la primera risa,
    después de que la ausencia le pusiera en la boca su pistola de olvido,
    resucitó con el bostezo triste
    de los que duermen para sonreír,
    de los que se sujetan a la vida
    con las uñas postizas de la resignación.

    Tuvo el dolor la angustia de los años bisiestos
    y escondió sus heridas
    bajo el tiempo inconsciente de las conversaciones.
    Y fue feliz el gesto…
    igual que la manzana en la boca de Eva.

    Pero a veces la risa es el niño que escapa
    del amigo invisible,
    el soñador que muestra, escondido en sus miedos,
    la transparencia de la realidad.

    Ella resiste junto a las cervezas,
    en la contemplación de los años filiales
    o en la abstracción fugaz del último poema.
    Ella resiste poderosa y única
    y se deja llevar, casi despierta,
    sobre el instinto de los años.

    Como el humo que aleja los pecados del fuego
    sobrevuela el incendio de los nombres.

    Si la felicidad pudiera hablarnos,
    respetuosamente, guardaría silencio.

    Sara Castelar Lorca – El Pulso II

    Tengo la voluntad arrodillada
    y escarbo con los dedos la conciencia
    de amar en carne viva.

    Resbalan los meandros de la noche
    sobre mis tiernas vértebras,
    el duelo,
    la música,
    ese temblor de agujas cimbreantes
    que estalla en la garganta de los mirlos.
    Qué inmensa pequeñez me sobrecoge.

    Renazco en el arrullo de la bestia
    y sigo siendo frágil,
    me cabe entre los ojos la desnudez entera
    esa palabra-espina que puja por la rosa,
    el miedo,
    la vena retorcida de la noche
    sangrando oscuridad.
    Estoy mordiendo a gritos la belleza.

    Lo no visible crece
    un animal impuro dibuja sus contornos
    y el corazón se enciende de lirios y de sables.
    Es la hora del pulso:
    el instante marino de la tierra
    donde los cuerpos gimen su contrario.

    Se duele el tiempo escrito
    como una herida incierta en los relojes
    como un retal de lluvia en la cartera.
    ¿A dónde van mis alas?
    ¿Qué invierno han inventado los cristales?

    Me habita una mujer de triste lengua
    una mujer pequeña
    perdida entre millones de mujeres,
    la única visible.

    Alonso de Molina – El Sol me absuelve

    “Quiero la playa de pestañas
    de la mujer dorada sobre el cemento
    de mis brazos rotos
    y la luz sin soledad
    de la ausencia del láudano”

    Javier Corcobado (Aventura)

    -1-

    El polvo de la tarde la envuelve en sus dilemas
    mientras en ella arden la imprudencia y el fósforo
    la luz verde del pecho cabecea frustrada.
    Agazapada bajo la luz de las horas,
    sin alas ni perfiles vagamente aclamados,
    persiste en el arbitrio de la llama y el tiempo
    e insólita se eleva besando fe y llanto;

    sus pestañas inertes eluden la sequía
    vertiendo voz y sed tras las quebradas cruces
    de los discursos rotos, rehuyendo el futuro
    de ese animal herido que no besa la paz.
    Atrás quedaron los encendidos iconos…

    …El verbo acariciado

     

    -2-

    ¿No ves mis tantas caras inventariadas?
    ¡¡¡Con en el mismo cuerpo tan opuestas personas!!!
    ¿Donde hallaré las hebras que zurzan mis raíces?

    Quiero purgar el mundo en tu boca;
    mi aliento es un desierto en pugna
    entre la media luz y la oscuridad;

    es soledad mi territorio,
    estoy avanzando hacia otro final.

    Quiero dormir; yo me enveneno solo…

    …El sol me absuelve.

     

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Foro Alaire

    La poesía se abre paso en todas direcciones, los estilos coexisten formando un perfecto ensamblaje donde todo tiene cabida, el verso aflora desde la pulcritud de las formas clásicas que parten de la métrica y el uso de las figuras literarias de toda la vida, hasta la frescura y el riesgo del verso libre donde los ritmos imponen nuevos cánones. Nada ha dejado de estar vigente en esta caza y captura de la belleza que hace de la palabra un ente tan real como etéreo, tan efímero como eterno…y es que los poetas son hombres y mujeres de su tiempo, la poesía no, ella es para todos los tiempos…
    Y para muestra…un botón.

    Eduardo Diaz –  La noche

    Ángulo oscuro del silencio
    donde el sexo envuelto en su sudario
    retiene al mundo en un instante y lo soporta
    para dejarlo desnudo entre las sábanas
    Pequeña tumba en la cripta de los sueños
    donde el dolor cabalga entre serpientes
    cerrojo antiguo, simulacro de la muerte
    indeclinable rotación de la existencia
    Dragón arcaico titilando azufre y fuego
    en malecón donde rompe la inconciencia
    mientras la luna va asperjando soledades
    los viejos náufragos resurgen del silencio
    Pálido nombre acompaña tu existencia
    donde los huérfanos de cielo se cobijan
    y en la textura temblorosa de algún verso
    haces posible la creación del universo
    Arquetipo en la conciencia colectiva
    cuyas páginas no duermen en estantes
    ancho muro, sombrero de los sueños
    donde anidan los cantos y el silencio

    Amparo Bletisa – He vuelto a mi mitad

    Ahora te veo más claro,
    muchísimo más claro sin las gafas
    Te me asemejas mucho
    a un vaso de cristal con ralladuras
    de esos de Duralex de mala clase
    que se hacen mil añicos si se rompen.
    Nunca supiste amigo mis tendencias
    a esos cristales puros de Bohemia
    que cantan sin esfuerzo a los pellizcos
    y te regalan ruidos sorprendentes
    al roce de una uña bien pintada.
    Deja de molestarme
    con cantos de un cristal de clase baja.
    Ya he vuelto a mi mitad, a mi quietud,
    a la pureza enorme de cualquier transparencia.

     

    Julio Gonzalez Alonso – Sólo vengo a preguntar.

    (Tríptico. Paisaje con muchacha saltando a la comba,1936. Salvador Dalí)
    Hoy vengo a preguntar
    por las sombras que huyen bajo el mismo sol
    en direcciones contrarias
    en un cuadro de Dalí.

    No tengo
    hoy
    historia que contaros,
    ni siquiera una anécdota, nada; sólo preguntas
    sobre un sol con dos sombras en un cuadro
    y una muchacha que corre con el cabello al viento
    de un paisaje sólo desierto
    abierto
    a los ojos y la sed
    -a la sed y a los ojos-
    aire aquietado en ruinas y huesos calcinados.

    Adivino tu grito en el exilio del silencio
    de tu sombra
    y el abrazo que esperas de los brazos del tiempo ;

    mujer,

    qué naves has quemado en la piel del deseo
    desatado,
    el labio húmedo
    de pasión y besos de confesonario; qué esparcidas caricias
    te visitaban
    en el lecho de los sueños. Pregunto
    mientras corres y saltas a la comba
    y alejándose tu sombra por el este

    me conmueve el miedo, aire quieto envolviendo tu desnudez
    de niña

    y puedo sólo preguntar tu nombre,
    la urgencia que se agita
    palpitante en tus pechos

    ahora que corro ciego en la dirección contraria de tus brazos
    para atarme al anudado salto de tu cuerda

    y mi sombra, llanura desolada, se pierde en el oeste.

     

    Just Gafar – Poemas incompletos

    a Sylvia Plath

    Me entristece verlos andar por ahí
    Van sin piernas, sin brazos
    Tropezándose entre ellos mismos
    como alfileres

    Algunos de cabeza enorme babean
    sobre la oscura noche
    Otros despiertos me miran extrañados

    No reconocen a su propio padre

    Han bebido de mí
    se han amantado de mí como parásitos
    Aún teniendo una edad vergonzante
    para amantarse

    Pero no han crecido
    No ha nacido en su pecho nada amargo
    a lo que se pudiera llamar alma

    A veces siento que los odio y me maldigo
    No quisiera que alguien llegara
    a burlarse de alguno de estos pequeños

    Habré de condenarlos al silencio Sylvia
    al fuego eterno
    al sepulcro primogénito del olvido
    Habré de meter sus cabezas enormes
    en un horno de gas una mañana
    y ya para siempre

    Y luego acostarme pálido junto a sus cuerpos
    calmado
    como si nunca hubieran existido.

     

    Oscar Diestéfano – La Sed

    tenía sed
    mucha sed tenía

    pasaba el tiempo
    y la sed era su único quebranto
    por las sendas de su rutina
    por los páramos de su mundo

    buscó
    entonces
    el río
    como un reptil que abandona
    su laguna evaporada
    por los caminos de las fieras
    por los vuelos del buitre
    con la sed incurable

    y lo encontró viboreando en la llanura
    surtiéndose a los pájaros
    y se detuvo a beber
    a beber todo el tiempo se detuvo
    todas las horas
    toda su vigilia

    y la sed no se apagaba
    no se apagaba nunca
    y se hizo árbol
    y la sed seguía
    y se hizo pez
    y la sed seguía
    y la sed seguía devorando su entraña
    convirtiéndolo en antorcha
    en lava que incendiaba el río

    y la sed no se apagaba
    no la apagaba la angustia
    ni el hambre
    ni el sueño
    ni el ensueño
    ni el hombre
    ni el poeta

     

    Esteban Granado – Obama

    No votarán en blanco los poetas cabizbajos del Bronx,
    por una vez, no votarán en blanco, como han votado siempre,
    también cuando dejaba de importarles el nombre de la bestia
    y evitaban las urnas transparentes, y los espejos líquidos
    de las televisiones, y los diarios demócratas, y el cine,
    devotos de una forma de justicia poética distante
    del afamado trébol que establece la suerte de los débiles.

    Ha sido derrotado en la batalla, pero vive en las calles.
    Jim Craw sigue campando por su infamia en las calles desiertas
    de los pulcros suburbios que rodean el centro de las urbes,
    en una mano el látigo candente, una Biblia en la otra,
    arcángel mercurial que se dijera tronchando el Paraíso,
    levitando en el aire envenenado, en la nube de smog
    que retuerce el gaznate de las sombras caídas en desgracia.

    Al sur del Polo Norte, el sur en guerra, de Boston a Miami.
    De Vietnam en Vietnam, atiborrándose de niños en peligro,
    de ciudades y aldeas miserables ahogadas en la piedra,
    El Hacha Cautelar -arma homicida de todos los imperios-,
    luz que frecuenta hogares sin retorno, desesperada luz
    que avanza entre amapolas verticales y panteones rubios
    para morir de éxito en la noche completa de los hombres.

    Ningún poeta pierde la memoria, ni dedica canciones
    al genio americano, ninguno exalta la gesta innecesaria,
    la sanción inhumana, la barbarie del Cuerpo de Marines.
    Prefieren contemplar el heroísmo de los críos descalzos
    que deambulan con sus cicatrices por entre los escombros,
    sobrecogerse ante la flor marchita de los viejos mercados
    o recitar con alma el verso muerto que exige la cordura.

    Prefieren escuchar a Nasir Jones (‘…ten years in the game…’)
    y escribir sobre el agua sus pequeños capítulos de gloria,
    o componer baladas imprevistas, odas a la vergüenza,
    poemas a bocados, dentelladas, tragaderas y fauces,
    letras universales que revuelven la impura sopa Campbell
    de los seres felices, con sus máquinas ebrias de poder
    y sus atolondrados rascacielos que irritan a los dioses.

    No votarán en blanco los poetas efímeros de Harlem
    (¡ni el rabino de Brooklyn!), ni siquiera las muchachas neumáticas
    que investigan la rima en los jardines agónicos de Queens.
    Publicarán artículos de impacto en las sucias paredes
    e irán a ver las últimas películas del cine independiente
    con una gran sonrisa candorosa crujiendo entre los labios
    y la satisfacción de ser un pueblo al mando de sus sueños.

     

    Blanca Sandino – Vengo

    Forzada a respirar aunque no quiera, vengo con un dolor antiguo,
    con un sabor a pérdida y fracaso habitando mi boca,
    acarreando a duras penas mis silencios,
    con alma desplegada (para secarla al sol de tanta lluvia).

    Forzada a no morir; forzada a respirar aunque no quiera,
    llego hasta los bordes templados de tu geiser
    tirando de mis huesos fracturados, con el ansia excavada entre los ojos
    de verme reflejada en tus pupilas de cinc y piedra y fuego.

    Vengo… porque necesito contarte tantas cosas:
    los veranos de tranquillón y alfalfa, los otoños de vides, los inviernos,
    las madrugadas oscuras, tan oscuras para pescar estrellas,
    y el cansancio. Este cansancio de no saber, y saberte tan lejos.

    Vengo para guardar en ti mi desamparo de mar embravecido,
    mis alas rotas; mi corazón de virgen portadora de lámparas marinas.
    Y llego, plena de nácares y azules, a ofrecerte mis manos:
    estas manos (tan vacías de ti) desbordadas de plánctones y algas.

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Golosinas literarias. Sube o baja según se va o se viene

    “Sube o baja según se va o se viene.”

    Que te recordase, fue, estoy segura, influencia del libro que he terminado de leer. A veces, no siempre, hago un, no sé cómo llamarlo, es algo semejante a un resumen. No, no es correcto, se parece más a un recorrido hacia dentro con el que trato de descubrir qué huellas o rastros ha dejado en mí -en mi espíritu-, su lectura, la historia. No sólo la historia, también cómo y con qué palabras me la ha transmitido el autor. Una costumbre que tengo desde que escuché en clase de literatura -no es textual- que la creación literaria o la creación de una obra literaria amplía no solo el horizonte del posible lector, sino los del mundo. El mundo se hace más y más grande cuando alguien escribe una novela, un relato, un cuento. En realidad cualquier cosa que se escriba ha de afectarlo, pues todo lo que nos sucede, sucede sobre su antiquísima “piel” de mundo.

    Por ello, y retorno a la primera frase, mientras ‘acariciaba’ durante unos minutos el lomo del libro, costumbre que no puedo evitar cuando termino uno, lo recordé. Nuevamente en mi pensamiento volví a ‘ver’ aquel árbol gigantesco de corteza tan gris que parecía más propia del invierno que de principio de otoño; la ausencia de hojas y su aspecto desolador, fue, fueron, causa de que se convirtiera en uno de los más asiduos y terroríficos personajes de mis pesadillas infantiles. Sobrepasada ya la mitad del tronco, repentinamente, de él surgían varias ramas que más que ramas parecían troncos de otros árboles que le nacieran por dentro. (¿Nacían dentro de ti o te los habías ido tragando uno tras otro?)
    El primero. El uno y el todo. El personaje principal, pero también colectivo. Cada una de sus ramas hubiera podido ser cualquiera de las voces que pronuncian los murmullos que escucha Juan Preciado. Aquel árbol podría ser azotado por el aire, y, todo lo más, le arrancaría una pequeña parte de las frases que Juan Rufo escribió para ser gritadas o susurradas por sus personajes: ésos que tanto me han inquietado porque, o bien no quieren pronunciarlas, o bien Juan Rufo no les permite terminar de decir aquello que quisieran, o aquello que tuvieran que decir.

    El principal, el uno: Pedro Páramo, dueño y señor de vidas, haciendas y honor. Pedro Páramo que después de nutrirse de Comala, lo deja morir. Poco a poco. Por venganza y con ayuda de la revolución que “Sube o baja según se va o se viene. Para el que va, sube; para el que viene, baja.” Una revolución -tan lejana como cercana- que no es atrezo sino, eso me ha parecido, trasfondo de la narración. Él: el árbol. Ellas -ramas que parecen árboles que surgieran del interior del otro, o de Comala, o de las profundidades del infierno-, los fantasmas que pueblan las calles de cuyas paredes afloran voces y risas y llantos.

    Quizá era cierto lo que Dolores Preciado creía. La muerte tiene múltiples voces, finas como hilos y hechas de hebras humanas:

    “De voces, sí. Y aquí, donde el aire era escaso, se oían mejor. Se quedaban dentro de uno, pesadas. Me acordé de lo que me había dicho mi madre: “Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz.” Mi madre… la viva.”
    (…)
    “-Si, Dorotea. Me mataron los murmullos. Aunque ya traía retrasado el miedo. Se me había venido juntando, hasta que ya no pude soportarlo. Y aunque me encontré con los murmullos se me reventaron las cuerdas.”

     Blanca Sandino

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista: Rafael Teicher.

    pluma_teicherCruzamos el charco con todas las de la ley, es indispensable acudir a Buenos Aires para acercarnos a Rafael Teicher, un poeta, un artesano de la palabra que hace y deshace a su antojo en el complejo mundo de lo trascendental, de la esencia, del más allá de la palabra. Su escritura late y hace de la cotidianeidad algo sublime.
    Teicher es un misterio que se desvela amando su obra,  un kamikace llevando la belleza a sus últimas consecuencias que hoy ha querido acercarnos a su mundo, donde coexisten sus voces femeninas acuáticas con muchos de los más grandes autores de todos los tiempos…un amante de la poesía en toda la extensión de la palabra.

    1) Cuéntanos ¿quién es Rafael Teicher y dónde podemos ir a buscarle?

    Rafael Teicher es un albañil, un orfebre, un explorador de sustancias conceptuales y plásticas. Es un “templario” revoltoso que persigue al conejo de Alicia. Un hombre que sueña fuerte y deja huellas en el papel.
    Pueden ir a buscar a Rafael Teicher al crepúsculo que cae como un beso sobre una playa de estacionamiento mojada y vacía. Pueden encontrarlo en un preludio de Bach sentado y riendo. Quizá esté trepando muros ocres en Occitania. Tal vez perdure en el calor de la materia que combate el olvido.

    2) En el caso de un hombre que desarrolla un lenguaje poético de tantos quilates ¿Cómo coexiste en este mundo tan alejado de la elevación?

    De modo apocalíptico ( según la “categoría” de Umberto Eco ), no integrado, como un “padre del desierto” rodeado de licuadoras y televisores. Subsiste en el abismo de sí, como un ermitaño maquillado, subsiste emocionalmente en el agua intentando redimir al agua ( Bailando a partir de Zygmunt Bauman ). Criando a su niño, estudiando, en silencio.

    3) En Teicher  ¿Quién fue primero, el poeta o el hombre?

    Adán nombró las cosas en el Huerto, de modo que el hombre que no es poeta, que no opera de modo metafórico sobre el espacio-tiempo-masa, no es un hombre, sino que duerme, persiste ciego encarcelado en el torbellino inconexo, dura maniatado por la gelidez estática de la hermenéutica epistemológica. No sueña, es un ente detenido, seco, castigado y descastado, es un ser abajado a pieza sistémica, a mediador de cambios utilitarios. Antes que el poeta y el hombre, Rafael Teicher es amor a los que duermen, voz.

    4) Qué poetas-referencia ocupan tus lecturas. Háblanos de ése que es indispensable.

    Muchos. Todos. Indispensable para estos tiempos que corren podrían ser los Beat ( su manera de instalar los objetos cotidianos hodiernos en el escenario poético ), y las voces femeninas acuáticas como Emily Dickinson, Pizarnik, Farrojzad, Virginia Woolf ( ¿Quién puede sostener que “Las Olas” es una obra prosística? ), Marguerite Duras, Simone Weil. Luego,la tristeza lírica de Pessoa, las maniobras topológicas de Vallejo, la enumeración totalizante e iniciática de Whitman, la corporalidad de Salinas o de Ernesto Cardenal. También la consición de los herméticos italianos o de Trakl. Las ideas laberínticas de Borges, la música de Auden. La heterodoxia de Edmond Jabes.

    5) En tu obra desarrollas una estructura muy particular ¿Atiende a  algún patrón desarrollado?

    La obra es resultado, fruto, inevitable, casi mecánico, de un estado particular de conciencia. Cuando la conciencia se expande, se abre, cuando la válvula reguladora deja pasar todo el flujo ( Aldous Huxley ), pues entonces la obra se suda, se dice, se cuenta, se consuma como el perfume de una flor, toma formas, se enfría en formas. En ese estado vivo, luego, la obra deviene, procede, se derrama de él.

    6) ¿Dónde termina el poema como texto y comienza la poesía como forma de vida?

    El universo es un poema. Es aquello que ha manado desde el silencio, aquello que sangra dulcemente, el caldo permutativo de todas las unidades, el organismo caótico, la memoria efímera, el campanazo. De modo que la vida, las presencias cósmicas, las densidades estadísticas en la corriente, la objetualidad oscura y la objetualidad diurna ( la mente ), suceden dentro del poema, son fractalidades, ciudadelas del poema universal.
    “En el principio era el verbo” es un adagio teosófico de penetrante significado estético.

    7) ¿Qué opinas de las estructuras clásicas? ¿Necesitamos conocer las “reglas para romperlas”?

    Necesitamos las reglas como perimetraciones, como geometrías, como hormas o módulos didácticos, como puentes, como medios; nunca como fines o puertos. Las leyes gramaticales y las leyes gnoseológicas son leyes de la ratio, de la conciencia. La conciencia se extiende quebrando normas, soplando sobre las normas como si fuesen vestidos, fecundando regiones virginales, escapando.
    El arte acontece por baile, por diálogo con los huecos y con las presencias. El arte es el premio por la cacería en el océano nocturno. Las reglas son polos, emergencias, tácticas, entonces: arbitrarias, suavemente arbitarias, instrumentales, estratégicas, son báculos, herramientas, momentos fungibles, grados.

    8) Como artesano de la palabra ¿Crees que hay una valoración del trabajo poético, ya no de la sociedad, si no de la literatura?

    No. Se respeta reverencialmente a un piloto de avión como si fuese una suerte de hechicero tribal o un mago. Nadie se atrevería a cuestionar sus cabriolas técnicas ( nadie que no sea piloto ), y se lo aplaude luego del aterrizaje. Lo mismo sucede con el bioquímico al que se le confía la sangre propia para ser analizada. Pero todo el mundo cree que el arte ( las obras literarias ) son raptos de euforia e inspiración que todos pdodrán tener ( de poseer tiempo libre, tiempo de ocio ). De esta creencia tácita se deriva el tono ciertamente despectivo e irónico con que los jóvenes con inquietudes estéticas, artísticas son tratados por el Imperio. Si la obra poética es solamente una improvisación, un vómito espontáneo, el registro pirético de un dictado hecho por los demiurgos, entonces no conlleva trabajo, y si no conlleva trabajo, pues ha de ser gratuito.

    9) ¿Qué opinas de los poetas que desarrollaron una teoría de la poesía en estos tiempos? ¿Tiene algún sentido hacer algo así?

    Sí, tiene sentido. Hay muchos Rorty, Habermas, y pocos Michaux o Bataille. Habrá que compensar.

    10) “La facultad pensante que dispone las palabras y clarifica, debe moverse y saltar con las facultades vigorizadoras, perceptivas y musicales”, estas palabras de Pound me vienen a la mente cuando me acerco a tus textos, ¿Qué importancia crees que tiene la regeneración del léxico en cuanto al proceso de evolución de un poeta? ¿Es el experimentar con él la clave o atiende más a otros factores?

    Pound habla de niveles de conciencia. Pound es un visionario, como Blake. Otorga primado a la apertura espiritual por sobre el trabajo pirotécnico con la lengua ( Ludismo de Sterne, de Cortázar, de Apollinaire ).
    El factor primordial es la posesión, la corrida en el sentido del tempo óntico. Lo esencial es la ingeniería trascendental operada mediante los opuestos dilemáticos, y la cópula de dichos opuestos para la obtención alquímica de la prole ( la obra concreta ).

    11) Qué es Teicher ¿Poeta de culto o poeta del pueblo?

    El Pueblo es mi Culto.

    12) Para terminar, como admiradora de tu trabajo, no puedo dejar de hacer esta pregunta ¿Qué hay que hacer para que Virginia Wolf riegue las flores de esa forma en nuestros textos?

    Amarla sobre todas las cosas, con todo el corazón, con toda la mente, con to el cuerpo, co toda el alma.

    Entrevista por Sara Castelar

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Autores para una cantata

    El hombre ansia el cumplimiento de todas sus esperanzas.
    El furor de nuestro celo se destruye y se reinventa sin cesar.
    Pero no halla justicia ni fortaleza, entre tanta serpiente.
    Y en el tenebroso paraje de la vuelta, entona un canto de soledad.
    Por donde asciende el anhelo de la belleza y de la pasión.

    Y oímos como un estampido en lo alto de bóvedas fantasmales
    el momento en que la humanidad sienta la necesidad de abrazarse.

    He aquí nuestro cautiverio de cilicio de Dios
    y  de estrellarse contra la beldad de las damas.
    De muros hechos siglos y siglos hechos de primaveras
    muertas entre las costillas y el corazón.

    Dioses antes que humanos, sería nuestra dicha.
    Para nada somos humildes.
    ¿Acaso el Reino de los bienaventurados
    es un húmedo pesebre?

    ¡Todos cuantos existimos ardemos en nuestra alma como
    las primeras luces de la mañana! ¡Tan llenos de presencia
    nos sentimos!

    A fuerza de conocer el mundo. ¿Aspiramos a ser
    hermosas criaturas en la naturaleza?

    Sentíamos ser libres,  y ahora las cadenas horrísonas,
    inclinan nuestra  cabeza al trabajo. Sucios de sudor
    por las cuentas o por los versículos esquivos.

    Observa, observa con ojos abiertos a guantazos en el alma,
    el silencio de la derrota del universo. A falta de unas manos
    fuertes, se queda al borde del océano, ebrio de horas desiertas.
    Esperando en ese último aliento todo el aire de suaves calmas.

    Calma así  el furor de su ira provocada
    por las miserias del mundo, adormeciéndose
    sobre tocadores femeninos, cuyo azogue es un serafín.

    Aquel continente fecundo de gracias femeniles,
    el brillo excitante de sus pulseras, brazaletes y sortijas
    donde reflejar la sonrisa: fiel menina de la voluptuosidad.
    Piadoso el oído donde estallan los relámpagos amenazantes
    en la madrugada y hendida de tinieblas, a salvo de los maretazos
    de la costa, los amantes incansables, extenuados por el insomnio
    de la noche, se entronizan  mutuamente, entre besos profundos,
    caricias asedadas, en un Versalles con esculturas de Venus…

    De pajes o doncellas para la servidumbre del amado.
    O de redondas y espaciosas mesas en la hierba cuyo tablero
    está hecho de un mosaico con la efigie de insignes pensadores
    antiguos: Lucio Anneo Séneca, Plotino, Aristóteles…
    Desde su origen la Tierra guardo con celo su creación
    de naturaleza salvaje e intacta. Y nunca tuvo el sol
    la edad de un gigante. Todo transcurría con sencillez
    de lirio en flor de estrellas. Era una soledad perfecta,
    serena, impoluta y salvaguardada por el propio origen.

    Por el conocimiento se hizo el misterio cuyo seno
    es la muerte y la lejanía del perdedor. La eternidad
    es la victoria que colma su memoria de soles.
    Y nuestra carne al borde de la extinción nos habla
    como un chiquillo asustado que busca a su madre.
    Y rumiamos en la noche abierta a nuestro llanto,
    sin comprender siquiera el globo terráqueo
    en un punto perdido del espacio tenebroso de la estancia.
    Se aflige cuando a sus propios ojos no es un tierno
    pierrot en una Venecia en carnaval. Y un diluvio
    de rubor tras el iris de los ojos, lo separa de la fértil tierra.
    Y la memoria viva cual brasas en los márgenes del cerebro.
    Espera algo de las flores, mientras inflaman su pecho.
    Tendente en todo momento, a echarse en la penumbra
    del abandono y la espera. ¿A cuántas bellas almas
    ha mandado al cielo de su imaginación!

    Cuándo libres de las visiones de toda pena y de sus horrores…

    A muchos de nosotros nos azota la incertidumbre
    de un Reino de la espera. No por falta de amor,
    porque tienen por seguro su amor a Él.
    Es por falta de fe.
    Mas su nombre evoca todos los días
    el comienzo del mundo, la gloriosa visión
    de una Tierra enfangada por el momento
    de abominable melancolía. Que mediante
    clamores conciben el infierno lleno de inmundicias.
    Y adónde ira a parar, teme el hombre y  la mujer.

    Y a solas en las peores horas de la soledad
    el lamento teje una red siniestra de recuerdos.
    Que sepulta el día de los vivos, por el número
    de muertos como un alud de tinieblas
    oliscas.
    Y en la vuelta del cráneo se desliza toda
    la eternidad, cuya mandíbula tiene una sonrisa
    de brillante regocijo, y muerde la mortaja de lino
    para ser de nuevo barro y semilla.
    Palabra del tiempo. Palabra de vida.

     

    Alberto Balaguer.

    Columnista. Guionista. Escritor. 

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El vino y Don Quijote

    El vino. Cuando el dios Baco pasea por La Mancha de la mano del Quijote.

    Don Quijote sueña que se halla en batalla con un Gigante y rompe unos pellejos de vino

    Don Quijote sueña que se halla
    en batalla con un Gigante y
    rompe unos pellejos de vino

    Si don Quijote salió a las del alba Campos de Montiel adelante en busca de gigantes y follones a los que enfrentar sus armas y se topó con molinos harineros de viento, ovejas y cuerdas de forzados, ¿cómo no tropezarse con el vino, que hace junto al queso una de las glorias mayores de la extensa Mancha y de la gastronomía española de entonces y de ahora?

    Sería grave error, ya que no pecado -y no venial ni disculpable-, hacer alusión a la gastronomía sin hacer parada en los caldos manchegos que alegran y dan chispa a las mejores mesas. Y no es baladí la mención, cuando podemos comprobar cómo a lo largo del Quijote el vino aparece en 43 ocasiones, casi a partes iguales entre las dos entregas que componen la obra de Cervantes en las tres salidas de Alonso Quijano el Bueno del lugar no declarado por no recordado o no querido recordar, que así sería cosa de que por siglos los distintos pueblos manchegos se disputaran el origen del que dio en llamarse Don Quijote, nombre que tomará de su propio apellido convertido en Quixote, lo que venía a ser una  pieza de la armadura que protegía el muslo de los caballeros, andantes o no.

    Las situaciones en las que podemos encontrar a lo largo de la novela el invento de Baco son muy diversas: entre los pastores, en bodas como las de Camacho, en bálsamos como el de Fierabrás (I.-cap. XVII) en el que el vino sirve de uso medicinal, pues después de ser apaleado y malherido Don Quijote por aquel moro encantado, cura milagrosamente sus heridas mezclando vino con un poco de aceite, sal y romero. Cervantes conocía, tal vez por su experiencia militar, que las infecciones en las heridas abiertas procedían del exterior, por lo que era preciso lavarlas con vino (cap. XXXIV) para evitar que se infectaran.

    La afición y devoción de Sancho por el vino quedan sobradamente documentadas a lo largo de la obra cervantina; ya en la primera aventura de los molinos de viento sabemos que Sancho caminaba muy despacio sobre su jumento, y de cuando en cuando empinaba la bota con tanto gusto que le pudiera envidiar el más regalado bodegonero de Málaga. Más adelante, en el encuentro con los cabreros, Sancho callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque que, porque se enfriase el vino, le tenía colgado de un alcornoque.

    Otra ocasión memorable en la cual se pone de manifiesto el conocimiento que sobre los diferentes vinos demuestra poseer Sancho es la que le proporciona el encuentro con otro escudero llamado el del Bosque (II, cap.XIII), quien  declara traer fiambreras y esta bota colgada del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y abrazos. Sancho Panza, que escucha estas razones con natural interés, así como el del Bosque le pasó la bota y se la puso en las manos, empinándola, puesta en la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo: -¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico! averiguando, a continuación, tal y como le explicó al del Bosque,  que el vino era de Ciudad Real. Presumía Sancho, sin complejos, de tener tan gran instinto en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto patria, el linaje, el sabor y las vueltas que ha de dar…

    don_quijote_02No es de extrañar por cuanto antecede que Don Quijote, entre los muchos consejos que le dio a Sancho Panza con ocasión de ser nombrado gobernador de la ínsula Barataria, incluyera algunos referidos al vino y el uso recto que del mismo conviene hacer, cuando recomendándole un consumo moderado del mismo, le dice: sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado, ni guarda secreto ni cumple palabra.

    Como es sabido, no era costumbre de los caballeros andantes el beber vino, siguiendo las estrictas leyes de caballería, y no consta que Don Quijote contraviniera dicha costumbre, siendo como fue riguroso con sus obligaciones y compromisos; no obstante, podemos encontrarnos cómo en su primera salida y a la llegada a la venta en la que entró como Alonso Quijano y salió armado caballero por el ventero en la forma de  Don Quijote, éste es ayudado a beber por medio de una pajita por la que le daban el vino las mozas que allí servían, sin quitarle el casco de su armadura, que se le había atascado y resultaba imposible de soltar (I, cap. II), antes de que el susodicho casco adoptara la forma de bacina de barbero, tomándola Don Quijote por el mismísimo yelmo de Membrino.

    Otras ocasiones célebres fueron, al menos, la de la Cueva de Montesinos en la que se encontró con la reina Ginebra y su dueña Quintañona, escanciando el vino a Lanzarote, o  la de la aventura de los odres o pellejos de vino(I.-cap.XXXV) que don Quijote ensartó sin ningún miramiento creyéndolos desaforados gigantes y, además, enemigos. El rojo líquido que para la imaginación enfermiza del hidalgo metido a caballero andante era sangre espesa de los descomunales monstruos que se la tenían jurada, debió dejar para los restos un olor imborrable  a tintorro en la venta del mencionado suceso, lo que bastaría -al día de hoy y de haber sido tan cierta como bien contada la aventura- para identificar sin ningún género de duda el lugar exacto del acontecimiento.

    Pero también se hace ostensible la habilidad de las gentes manchegas para conocer la calidad de los caldos de la tierra, como se pone de manifiesto en la historia de los catadores que disputaban cuál de ambos era mejor y más acertado en el diagnóstico de la calidad de los vinos y a los que dieron a probar el vino de una misma cuba y, el uno con la punta de la lengua, y el otro sólo oliéndolo, dijeron que tenía sabor a hierro, el uno, y que sabía a cordobán, el otro.

    Limpiaron la cuba al terminar el vino y encontraron en ella una pequeña llave pendiente de una correa de cordobán.

    Sancho Panza sentado junto a su esposa Teresa, y una barrica

    Sancho Panza sentado junto a su
    esposa Teresa, y una barrica

    La inspirada obra cervantina, como vemos, no ha obviado la realidad cultural del vino enraizada en los orígenes de las costumbres sociales humanas ni siquiera cuando la sociedad renacentista se debatía entre cuestiones muy serias buscando los nuevos pilares en los que sustentar el mundo. Por ello es el vino, igual que la sana locura, el que corre por los caminos mágicos de la topografía del Quijote y se alza a las copas de los hacendados y nobles o llena las botas de escuderos u odres de venteros en las encrucijadas de los caminos reales.

    No hay consejo bueno o malo; pero sí bueno o mal uso de los consejos. Llegados aquí y a la altura de este verano, no será descabellada la idea de tomar un buen vaso de vino tinto, la tarde por montera,  abrir por la primera página el Quijote y dejarse llevar leyendo, desocupado lector, el primer capítulo que célebremente comienza diciendo En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

    Sea.

    Julio González Alonso

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los olvidados: Miguel Labordeta

    Miguel Labordeta
    Julio 1921 – Agosto 1968

    miguellabordetaLeyendo a Stefan Swzeig, la angustia le brinca a una al alma, cuando expresa su nostalgia por el mundo de ayer, y nos describe el salto de fronteras como un mero paseo libre.
    Ahora bien, un día, se aterciopela el entendimiento con la sorpresa, de que en pleno siglo XX, exista alguien que cree carnés de Ciudadanos del Mundo.

    Miguel Labordeta, historiador y poeta (oficios íntimamente ligados) nace con el olvido debajo del brazo, por su condición de Libre Pensador Libre.
    Con esto, no es de extrañar que fundara la Oficina Poética Internacional (OPI) que más tarde, cuando le dejaron (porque estamos hablando de los años cincuenta), pasó a tener publicaciones como revista.
    “Poesía del mundo, para el mundo con el mundo…”
    La voz de Miguel se convierte a cada verso en la voz de cada de hombre que se pregunta por sí mismo.
    “Interiorizar lo irracional del mundo, exteriorizar el inconsciente personal.”
    Pasó sus horas leyendo, paseando por las calles y observando a las gentes, en su difícil vivir cotidiano de posguerra.
    Heredó la misión de su padre como maestro, que distingo muy fuertemente del profesor, labor importantísima en la que deja huella el maestro y el poeta, con la organización de recitales
    poéticos, y prestando a sus alumnos un órgano de expresión como la revista Samprasarana.
    La cultura de los “cafés”, tan necesaria para la identidad de las tertulias poéticas,
    hace que en torno al café Niké se reúnan intelectuales aragoneses.
    Originalidad y potencia expresiva describen a este aragonés, exacerbando su Yo anárquico
    en una cosmovisión riquísima, marcada por ese afán de libertad de verdad, en una sociedad de posguerra.
    El olvido es injusto siempre, pero en el caso de Miguel Labordeta, es un olvido que duele.
    “Ser pensamiento-luz embargando el confín de las tristezas (el pensamiento-luz quería renunciar a sus congojas hundiéndose en el vértigo del tiempo).
    El vértigo el tiempo ansía ser olvido (olvido, olvido, olvido, todo posible ya).”

    En la poesía de Miguel Labordeta podemos unir perfectamente la labor descriptivo-peraltada
    del historiador y la rotundidad feroz a la que se debe el poeta.

    HERMANO HOMBRE

    Caricatura de Miguel Labordeta de José Luis Cano

    Caricatura de Miguel Labordeta
    de José Luis Cano

    ¡Arriba hermano hombre!
    ¡Arriba sobre tus sueños de alegría despedazada!
    Como un rayo asesinas las nadas circundantes y en un pozo de sangre ilusionas tus dones fracasados.
    Todo es cielo en silencio. Tú sólo ruges.
    Tú sólo ríes. Tú sólo lloras sobre el mar.
    Nace la primavera otra vez para ti.
    Y para que tú vengas se han hecho los abismos que en cada vida se crean y las noches terribles en que una vez desolada
    nos advierte para siempre que nada importa ya.
    ¡Arriba esa mirada eterna que desafía océanos impávidos de estrellas y es capaz de enfrentarse cara a cara con la sorpresa de existir en el inocente vértigo del tiempo!
    ¡Todo es quimera en tomo!
    ¡Todo es un tigre merendando entre tumbas y olvido y viento y nubes!
    Pero tu relámpago abraza las colinas y es tu testuz altiva
    como mundos de sombra la exacta demostración dolorosa
    de que el infierno se ha hecho para ti y para que tu la violes sagradamente de ahí a la vida esperando tus puños y tus besos
    y estelares nacientes prometidas surcando tu viejo corazón de niño navegante entre horas sin cerco y horas derruidas y amarguras proféticas moldeando en sollozos la aurora de dioses.
    Portada de Miguel Labordeta.
    Poeta violento idílico (1921-1969).
    Primera Biografía de Labordeta escrita
    por Antonio Ibáñez Izquierdo
    y editada por IFC-Ibercaja-Gobierno
    de Aragón-IEA-IET

    Portada de Miguel Labordeta. Poeta violento idílico (1921-1969). Primera Biografía de Labordeta escrita por Antonio Ibáñez Izquierdo y editada por IFC-Ibercaja-Gobierno de Aragón-IEA-IET

    Portada de Miguel Labordeta.
    Poeta violento idílico (1921-1969).
    Primera Biografía de Labordeta escrita
    por Antonio Ibáñez Izquierdo
    y editada por IFC-Ibercaja-Gobierno
    de Aragón-IEA-IET

    Triste es el fondo de tus ruinas pero un buzo celeste
    tú: hombre hermano maldito minero de ternura luchador sanguinario sin meta fija en las noches ardientes marcha, busca, acaricia, mata… ávido de esplendores dice la palabra, y la tierra sabe de un sentido como espada, y ya no es tan ciego el girar de los soles.El conjunto de su obra no puede entenderse sin tener en cuenta la poderosa imaginación del poeta, así como su sentido del humor -tan corrosivo a veces-, y por supuesto sin comprender su libertad  de libre pensador ad infinitum.

    Su obra es una mezcolanza agradable que ataca la tradición destruyendo la sintaxis, a veces; que se nutre de las vanguardias, a veces; que mira hacia el cubismo, como reconstrucción de la realidad, a veces; del dadaísmo, por su rechazo a la lógica, a veces; del letrismo, del ultraísmo, del creacionismo… a veces; acoge el mundo de la plástica en sus poemas, a veces;
    no olvida a Unamuno ni a Juan Ramón, a veces; tiene en cuenta a la Generación del 27, a veces; refleja las corrientes intelectuales culturales y estéticas como el existencialismo, el psicoanálisis, el marxismo… a veces; conecta con el grupo postista, y participa en el realismo crítico social, cotidiano y tremendista de la década de los 50, a veces.

    Amparo Guillem

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Reportaje: Poesí­a entre presidiarios

    Huachalalume, Poesía en Seguridad

    carcel_benjamin_01Cuando a principios del año 2005 pensamos en lo que se transformaría la Revista de Poesía Espantapájar@, teníamos presente la función social que la poesía tiene, y como tal, buscamos crear un espacio en el medio local donde la poesía convergiera en aquellos más alejados de las, a veces, elites académicas. Por este motivo, no era extraño que en pos de cumplir nuestro proyecto, realizado con el esfuerzo de la artesanía y la manualidad, nos encontráramos caminando con mi amigo Paulo San Páris una extensión significativa de kilómetros por esa carretera que nos conduciría al poblado de Huachalalume, lugar donde desde hace un tiempo está uno de los recintos penitenciarios de alta seguridad más importantes de mi país, Chile.

    Habían pasado unos días desde que publicáramos en la página del diario local la convocatoria para publicar en el próximo número de nuestra revista realizada bajo el alero universitario. Por este motivo, y por el alcance impensado que ha ido adquiriendo en el medio nacional nuestra modesta revista, recibimos un correo electrónico del encargado de los talleres artísticos para los presidiarios en el cual nos invitaba a participar de alguna forma con ellos y hacer, de esta manera que la poesía llegara a lugares retirados de nuestros medios cotidianos. Es así como llegamos al recinto penitenciario, un lugar alejado de la ciudad, un poblado propio, lleno de frío y de soledad, con una construcción enorme para albergar a los presos. Como contraparte, la belleza del paisaje, con sus extensos campos verdes y sus cerros semidesérticos adquiriendo el verde tras el recurso entregado por la lluvia. Así fue como San Páris y yo nos encontrábamos camino a Huachalalume, caminando, como es propio de quien quiere hacer camino.

    Al llegar al recinto penitenciario, recibimos la cordial bienvenida de un gendarme que, cargando una metralleta, nos señaló a Rodrigo, el encargado del taller que nos estaba mirando mientras caminábamos por la carretera hacia lo alto del recinto penitenciario. Ya entregados nuestros documentos de identidad y revisados nuestros bolsos, bolsillos, chaquetas, y ya desprendidos de nuestros teléfonos móviles y anteojos de sol, ingresamos a los fríos y enjaularios pasillos de este moderno recinto. Todo lleno de rejas y barrotes, de alambres para dividir, de gendarmes con armas y con un frío penetrante que nos acompañaba a medida que pasábamos las medidas de seguridad precautorias y nos dirigíamos al taller.

    Tras saludar a los directores de los distintos talleres que se imparten a los internos, pasamos a una sala preparada para el taller de literatura, en ésta ya se encontraban algunos de los diecisiete participantes del taller, varios de ellos con un prontuario delictual muy amplio, que los ha tenido reclusos por años, décadas. Sin embargo, ahí nos encontrábamos con personas privadas de la libertad, pero ansiosas por el tema poético, pues si la poesía no es capaz de entregar una libertad mayor que la que entreguen las llaves de las celdas, entonces qué. Tras una primera sesión introductoria al tema poético, pudimos explayarnos en lecturas, en temáticas sobre gustos y estilos, sobre geografías e historias poéticas. Posteriormente, orientamos nuestro taller a las figuras literarias, viendo con ejemplos extraídos de textos poéticos escritos por autores consagrados cómo el uso de éstas determina un lenguaje poético. Fue emocionante ver la actitud de algunos de los internos de la cárcel, llenos de asombro al comprobar el uso cotidiano que tienen las figuras literarias en un lenguaje informativo, y más aún la rigurosidad que prestaron al realizar los ejercicios que les señalamos con San Páris.

    carcel_benjamin_02Las siguientes sesiones del taller de poesía que realizamos en la cárcel de Huchalalume, fueron también acompañadas por mi amigo poeta Cristian Pérez, y atendieron a aspectos formales del texto que redundan en un conocimiento de causa, tales como lo relacionado con la métrica, el uso del adjetivo y el sustantivo, y cuestiones de tipo semántica y sintáctica que a la larga se pueden tomar o desechar en el proceso creativo, pero es que es conveniente atender o desatender desde el conocimiento de lo que ello significa.

    En realidad, lo más significativo, es ver cómo personas retenidas de su libertad han hecho de la poesía un acto que los eleve a lugares lejanos de los barrotes, donde no hay límites, donde todo es libertad bajo el concepto más alto del lenguaje. Algunos de los asistentes al taller aprendieron a leer en el recinto penitenciario, y han hecho de la poesía un modo de expresión vital para sus limitadas circunstancias. Su aprecio a lo poético no se limita por lo circunstancial del presidio, es así como uno de los participantes del taller guarda en un archivo manual los pocos libros de poesía y literatura de los que disponen, los entrega un viernes por la tarde, que es el día del taller, y los recibe de vuelta el viernes siguiente. Es conmovedor ver cómo con tan pocos recursos y en un lugar de tanto aislamiento social, se concibe un espíritu humano tan noble gracias al efecto libertario que la poesía permite. Hay cordialidad, respeto, silencio y una trascendencia de la poesía sobre los espíritus muchas veces dolidos en sí mismos y en el arrepentimiento. Por ello, una próxima misión consiste en, desde nuestra libertad física, buscar los libros que permitan conformar una biblioteca para los asistentes al taller de literatura de este recinto penitenciario.

    No tengo muy claro quién es el más beneficiado de este taller, si los internos de la moderna cárcel de alta seguridad o yo y mis amigos, que cada vez que salimos del recinto quedamos llenos de gozo y poesía por la recepción y las circunstancias de éstas. La poesía debe tener una función social, y el poeta un compromiso con los más alejados o marginados del deleite interno que la poesía permite. Hacer una obra poética ha de ir más allá de la escritura, como la poesía misma que es más que lenguaje; ha de tener una búsqueda que envuelva a otros, y en este ir y estar, ser o hacerse un poeta.

    Benjamín León

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Textos rescatados: Hollywood y el cine sonoro

    Hollywood y la llegada del cine sonoro. Los rodajes alternativos

    Introducción

    De nuevo desde “Textos rescatados” recurrimos a la desaparecida revista “Poesía”, publicación que ya hemos presentado en ediciones anteriores de la revista virtual “Alaire”. Esta vez Álvaro Armero con la colaboración de Juan Antonio Molina Foix son los responsables de este magnífico artículo sobre uno de los capítulos más curiosos y olvidados de la historia del cine Hollywood en general y del cine español en particular. Con la definitiva implantación del cine sonoro, Hollywood se encontró con el problema de la introducción de sus películas en países de habla no inglesa ―el actual sistema de doblaje estaba aún por descubrir―, para ello se decidió tomar una drástica solución, la de los rodajes alternativos, en los que se filmaba de nuevo una película plano por plano igual que la original pero dialogada en español y con actores hispano-parlantes, todo esto supuso una gran movilización y contratación de escritores y artistas españoles e hispanoamericanos.

    Artículo de Álvaro Armero y con la coloración de Juan Antonio Molina Foix

    Rina de Liguoro, Ligia de Golconda, Rosita Díaz Gimeno y Julio Peña en "Angelina o el honor de un brigadier"

    Rina de Liguoro, Ligia de Golconda,
    Rosita Díaz Gimeno y Julio Peña
    en “Angelina o el honor de un brigadier”

    En el período que transcurre entre las dos primeras guerras mundiales, Hollywood se convirtió en la nueva meca del cine, considerado ya como “séptimo arte” y no como el ingenioso artilugio de barraca de feria, hijo bastardo del teatro y la fotografía que fue en sus comienzos.
    La paralización casi total de las cinematografías europeas como resultado de la primera contienda continental fue aprovechada por el cine americano para despegarse definitivamente de sus rivales, especialmente alemanes e italianos, y alcanzar la supremacía industrial que todavía hoy ostenta. Las bases en que descansó este afianzamiento progresivo de Hollywood fueron diversas y heterogéneas entre sí: desde la agresiva destreza comercial con que consiguieron infiltrarse en el mercado mundial al creciente prestigio y popularidad de sus estrellas (lo que se ha llamado el star system), sin olvidar el eficaz y conciso estilo narrativo posibilitado por los hallazgos expresivos de David W. Griffith, que alejó al cine made in Hollywood del resto de las muestras cinematográficas de otros países.
    En cualquier caso este prolongado apogeo convirtió a la hasta entonces apacible ciudad californiana en centro de atracción universal para hombres de cine, escritores y artistas en general, quienes, al tiempo que huían de la miseria de sus países de origen en busca de nuevos horizontes, creían firmemente en el porvenir de este nuevo medio de expresión, tan característico del siglo XX. De esta manera, al igual que los pioneros que rescataron al cine de sus orígenes verbeneros y fundaron Hollywood, fueron casi exclusivamente emigrantes centroeuropeos y eslavos (muchos de raza judía), la nueva aportación europea del período de entreguerras, ahora de marcado signo intelectual y predominio germánico, contribuyó poderosamente al engrandecimiento de lo que pronto se convertiría en la más poderosa y próspera cinematografía mundial.

    La polémica del sonoro

    Antonio Moreno y Greta Garbo en "La tierra de todos" (1926), dirigida por Fred Niblo y producida por la Metro Goldwin Mayer. Cartel de la película "El Torrente" (1925), dirigida por Monta Bell y producida por la Metro Goldwin Mayer.

    Antonio Moreno y Greta Garbo en
    “La tierra de todos” (1926), dirigida
    por Fred Niblo y producida por
    la Metro Goldwin Mayer.
    Cartel de la película “El Torrente”
    (1925), dirigida por Monta Bell y
    producida por la Metro Goldwin Mayer.

    La apoteosis de Hollywood como primera empresa multinacional del celuloide acaparadora de los mercados mundiales acabó de materializarse con la implantación del nuevo sistema sonoro.
    Durante muchos años, el sonido había sido sólo una remota y curiosa aventura experimental, los ensayos de Edison acoplando un Kinetoscopio con un fonógrafo, al principio, y, más tarde, la sincronización de imágenes con discos gramofónicos de de Pathe y Gaumont. Al comienzo de la década de los veinte las cosas comenzaron a tomarse en serio y el propio Griffith dirigió en 1921 “Dream Street” (La calle de los sueños), uno de los filmes con acompañamiento sonoro.
    Sin embargo, la perspectiva de tan profundo cambio era difícilmente atractiva para la gente del cine: la reconversión de la industria cinematográfica afectó tanto a los productores, cuyos estudios y costosos equipos resultaban anticuados, como a los exhibidores, obligados a reequipar sus locales con el nuevo sistema sonoro. Por otra parte, los artistas y técnicos en general estaban alarmados ante el nuevo reto que suponía la palabra.
    Únicamente la grave amenaza de bancarrota de la productora Warner Bros. pudo vencer la fuerte resistencia, poniendo en el disparadero a la tan demorada novedad técnica. Tras laboriosos experimentos en los viejos estudios Flatbush, en agosto de 1926 se presentó la primera muestra del nuevo invento: “Don Juan” de Alan Crosland, con acompañamiento musical de la ópera de Mozart reproducido mecánicamente. El mismo Crosland dirigía un año después “Old San Francisco” (Orgullo de raza) con banda incorporada de ruidos y efectos sonoros y la finalmente la celebrada “The jazz singer” (El cantante de jazz) que marcó el comienzo de una nueva etapa. A partir de entonces los cines de todo el mundo fueron instalando nuevos equipos acústicos y los estudios de Hollywood que habían esperado hasta el último momento, abandonaron uno tras otro y para siempre la producción de películas mudas.

    Las primeras reacciones fueron contrapuestas. Mientras los públicos acogieron con una mezcla de entusiasmo, sorpresa y emoción el nuevo milagro de la pantalla parlante, una fuerte polémica estética enfrentó al final de la década a intelectuales y artistas acerca de las posibilidades futuras del nuevo invento.
    Tanto la postura favorable como la contraria contaron con defensores ilustres, comenzando la disputa entre los propios cineastas que veían peligrar el complejo y elaborado lenguaje visual desarrollado por el cine mudo. Mientras Thomas Edison y ciertos teóricos como Rudolf Arnheim o el mismo Chaplin repudiaron tajantemente el gran lastre de la palabra, e incluso vaticinaron su ruina, directores como Griffith o el soviético Eisenstein y Pudovkin aceptaron de buen grado la innovación, aunque haciendo hincapié en sus múltiples trampas para la libertad creadora del cineasta. La disputa se extendió a los medios intelectuales, que fueron más coincidentes en su oposición, desde el novelista Aldous Huxley, que calificó el invento de “espantoso artilugio para la producción de entretenimiento uniformado”, hasta los dramaturgos Bernard Shaw o Pirandello, contrarios a lo que denominaba este último “copia mecánica del teatro”. La polémica también alcanzó a España, pese a su tardía incorporación al nuevo medio tras la proyección pública en Barcelona de una película parlante “Innocents of Paris”, protagonizada por el cantante francés Maurice Chevalier, recién incorporado a Hollywood, la exhibición fue en realidad incompleta, ya que en los pasajes hablados en inglés se suprimió el sonido “en atención al público” y sólo se escucharon las canciones de Chevalier. En general, puede decirse que entre nosotros el cine sonoro no tuvo tanto rechazo como en otras partes. Si figuras como el pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol o el escritor Benjamín Jarnés se opusieron a él drásticamente, comparándolo el catalán con la litografía en relación a la pintura y calificándolo el segundo de “gran disco ilustrado”, la inmensa mayoría de escritores y hombres de teatro se mostraron favorables aunque con ciertas reservas.

    Desde Azorín, gran amante y defensor del cine desde sus comienzos mudos, que lo prefería al teatro en razón de la polivalencia de las imágenes, a Ramón Gómez de la Serna, para quien la irrupción de la palabra suponía la superación de la mímica interpretativa, pasando por los dramaturgos Jacinto Benavente y los hermanos Álvarez Cantero y hasta el mismísimo Pío Baroja, quien no vacilo en mostrar su admiración por el séptimo arte, confesando que el sueño de toda su vida era escribir argumentos de películas.

    Dialogadas en español

    hollywood_003Cuando comenzó a generalizarse el sonido los productores norteamericanos se apercibieron de la seria amenaza que suponía la barrera idiomática para la conservación de sus enormes audiencias, no angloparlantes. Los incondicionales públicos francés, alemán, italiano, español y del resto de Europa, eran clientes muy importantes para Hollywood. En el caso español se daba además una doble circunstancia altamente favorable. Por un lado, existía junto al público español un inmenso contingente hispanoamericano que hablaba el mismo idioma. Por otra parte, a diferencia de Alemania y Francia que plantaron cara al coloso americano y se incorporaron activamente al sonido, ni España, ni menos aún México o Argentina, estaban preparados para el cambio, ya que su subdesarrollada industria carecía de estudios adecuados sobre todo de personal técnico y equipos sonoros.
    El obstáculo se venció mediante una solución salomónica: de cada película se rodarían diferentes versiones en los principales idiomas con actores nativos en cada caso. La compañía independiente Sono Art World Wide tomo la iniciativa en 1930, tras los tímidos experimentos de doblaje al español un año antes con las películas “Río Rita”, “Her Private Afair” o “Broadway”, y los fallidos intentos de utilizar una voz en off para resumir el argumento. En lugar de rodar la banda sonora de “Blaze of glory”(1930), técnicos de segunda fila del estudio y actores hispanos disponibles repitieron, plano por plano, la película, dialogándola en español. Así nació “Sombras de gloria” (1930), primer film norteamericano producido directo y enteramente en la lengua de Cervantes.
    Los principales estudios de Hollywood comprendieron las enormes posibilidades que les brindaba esta heterodoxa fórmula y decidieron ese mismo año la producción de versiones extranjeras. Con tal fin contrataron a equipos de escritores y artistas para adaptar e interpretar desde Hollywood las películas americanas con vistas a sus respectivos mercados. Ciñéndose en el caso español, tanto la Metro como la Fox y la Parmount (y en menor medida la Columbia, Warner, United Artist y RKO) iniciaron en serio una política de producción hispanoparlante. Por ello, junto al extenso plantel de interpretes que llegaron a los estudios cinematográficos, la mayoría en paro forzoso, los productores yanquis contrataron en Madrid, Barcelona, Buenos Aires y México D.F. a escritores y guionistas que tradujeron, dialogaron y supervisaron la producción con destino al vasto mercado hispano, lo que el escritor Ángel Zúñiga calificó de poner en el propio idioma nacional “la solfa inglesa”. De la importancia que los productores hollywoodenses daban a sus versiones hispanas da idea la contratación de la primera plana del teatro español de entonces.

    Edgar Neville

    De izquierda a derecha, José López Rubio, Stan Laurel, Eduardo Ugarte, Oliver Hardy y Edgar Neville en Hollywood, 1930

    De izquierda a derecha, José López Rubio,
    Stan Laurel, Eduardo Ugarte, Oliver Hardy
    y Edgar Neville en Hollywood, 1930

    El primero en pisar la meca del Cine fue Edgar Neville, quien llegó en 1928 como turista aprovechando unas vacaciones de su cargo de agregado a la embajada española en Washington. Desde su llegada se relacionó con las celebridades locales. Chaplin fue quien le introdujo en las fiestas de el alta sociedad del cine, unas veces en Pick-Fait, la lujosa mansión de la célebre pareja Douglas Fairbanks y Mary Pickford y otros como invitado del magnate de la prensa norteamericana W. R. Hearts, en los fastuosos fines de semana de su rancho de San Simeón. Atraído por ese ambiente, el polifacético artista madrileño pidió la excedencia y se quedo en Hollywood a observar y familiarizarse con el trabajo cinematográfico.
    Después de rodar un film casero con Charlot, Fairbanks, y otros amigos. Neville fue contratado por la metro, cuyo departamento hispánico estaba supervisado por guionista catalán Salvador de Alberich, adaptador de las primeras películas “dialogadas en español” del estudio del León rugiente, como “Estrellados” (1930) y “De frente marchen” (1930) dirigidas ambas por Edgard Segwik, con el insustituible Buster Keaton hablando en un castellano espectacular y formando pareja con la estrella española Conchita Montenegro o la mejicana Raquel Torres.
    Su trabajo más importante, según confesión propia, fue la dirección escénica los diálogos de “El presidio” (1930) de Ward Wing ―versión hispana de The Big House (1930) de George Hill―, sobre la vida carcelaria de un estudiante condenado a diez años de prisión por haber dado muerte a dos personas de un accidente de coche. Juan de Landa fue el actor encargado de calcar los gestos y movimientos del protagonista de la versión original, Wallace Beery, máximo atractivo del filme. Y con la ayuda de una moviola se reprodujeron con la mayor fidelidad los encuadres y movimientos de cámara. Aún así, la película alcanzó momentos de gran espectacularidad al utilizar por primera vez el sonido en escenas de masa.
    Otras versiones de Neville fueron el melodrama “La fruta amarga” (1930), de Arthur Gregor, escrita con Alberich y con la presencia de Luis Buñuel como ocasional barman, y “En cada puerto un amor” (1930), de Marcel Silver, sobre la vida en un carguero. Pero en 1931, tras cancelar la Metro sus proyectos de versiones hispanas y trabajar para la Paramount en un guión original que nunca llegó a realizarse, Neville regresó a España, incorporándose a la incipiente cinematografía nacional.

    Eduardo Ugarte y José López Rubio

    Reclamados por Neville, Eduardo Ugarte y José López Rubio llegaron a Hollywood en 1930, incorporándose a la sección hispana como dialoguistas y adaptadores. Escribieron “El proceso de Mary Dugan” (1930) de Marcel de Sano, “La mujer X” (1931) de Carlos F. Borcosque, proyecto abandonado por Neville, y “Su última noche” (1931), de Chester Franklin, que en lugar de ser una versión “dialogada en español” era el remake del clásico mudo “The Gay Deceiver” (1926) de John M. Stahl. Esta nueva modalidad, mucho más interesante en el plano creativo, tuvo sin embargo escasa incidencia. Únicamente la Fox pareció prestarle cierta atención con títulos como “Ladrón de amor” (1930), de David Howard, y “La ley del Harén” (1931) de Lewis Seiler, remakes respectivos de “Lover Gambler” (1922), de Joseph Franz, y “Fazil” (1928) de Howard Hawks, escritos por el director de departamento Moré de la Torre, autor también de la primera versión hispana del estudio, “Del mismo barro” (1930) de David Howard, y adaptador de John Ford “El barbero de Napoleón” 1930, y de Raoul Walsh “Horizontes nuevos” y “Camino del infierno” (1931). El propio López Rubio escribió los diálogos de otras dos más, “Dos más uno, dos” (1934) de John Reinhardt, y “Piernas de Seda” (1935) de John Baland, remakes de “Don´t Marry” (1928) de James Taling, y de “Silk legs” (1927), de Arthur Rasson, respectivamente.

    Guerra de acentos

    Charles Chaplin y Edgar Neville durante el rodaje de Luces en la ciudad

    Charles Chaplin y Edgar Neville
    durante el rodaje de Luces en la ciudad

    Aparte de la Metro y la Fox, otros estudios importantes cultivaron la moda de las versiones para el extranjero. La Paramount, por ejemplo, llegó a rodar en catorce lenguas en sus estudios de Hollywood, Nueva York, Londres y París. Sin embargo la actividad en California fue escasa en cuanto a versiones hispanas se refiere, siendo durante 1930 y 1931 director de diálogos y adaptador principal el poeta catalán Joseph Carner Ribalto, autor de la primera producción del estudio, “El cuerpo del delito” (1930) de William McGann de comedias como “Amor audaz” (1930) de Louis Gasnier, protagonizada por Adolphe Menjou hablando en español y “Cascarrabias” (1930), de Cyril Gardner, versión de “Grumphy” de George Cukor, o de farsas musicales como “El príncipe gondolero” (1931) de Eduardo Verturini.

    Extreno de Don Juan 8 de agosto de 1926

    Extreno de Don Juan
    8 de agosto de 1926

    El corresponsal en Hollywood del diario “El Sol”, Baltasar Fernández Cué, fue otro destacado escritor español que llegó a ser supervisor del departamento de español de la Universal, aunque comenzó escribiendo diálogos para otra productora: “El hombre malo” (1930), de William McGann, para la First Nacional, y “Los que danzan” (1931), de Christy Cabanne, para la Warner. Al igual que otros catalanes, como los ya mencionados Alberich, Carner y Moré de la Torre, o Juan Agell, que dirigió la sección hispana de la Columbia, Fernández Cué jugó un papel esencial en este tipo de producciones, interviniendo personalmente en la ejecución material de “La voluntad del muerto” (1930) y “Drácula” (1931) versiones de sendos clásicos del cine de terror dirigidos por George Melford, también director del resto de adaptaciones suyas, como “Oriente y Occidente” (1930) o “Don Juan Diplomático” (1931).
    Esta ambiciosa operación comercial por parte de Hollywood estaba, sin embargo, condenada al fracaso por el escaso interés real que se tomaban los productores. Considerando el atraso y subdesarrollo de los mercados hispanoparlantes, los medios puestos para la realización de estas versiones fueron exiguas y de ínfima calidad. Lo que, unido al general desconocimiento en materia cinematográfica de cuantos se desplazaron a los estudios californianos, y la inaceptable incongruencia que suponía la sustitución de estrellas con carisma por actores casi desconocidos, cuyo merito era ―y no siempre― el dominio del idioma español, motivó la escasa valía de estas películas, calificadas por el historiador García Escudero de “teatro enlatado”.
    Si los esfuerzos fueron, por lo general, baldíos debido a la inadecuación de estos filmes a los verdaderas exigencias de los espectadores a los que iban destinados, otra circunstancia imprevista contribuyó eficazmente a su deficiencia, arrastrando consigo la pérdida de interés por parte del público. Fue la llamada “batalla de la Z”. Alimentad por egoísmos personales y pueriles rivalidades nacionales, una desabrida polémica se entabló entre españoles y el resto de hispanoamericanos ―sobre todo mejicanos, chilenos, argentinos y cubanos― acerca de cual era el idioma que convenía adaptar para estas versiones: si el castellano o el español de América. Esta guerra de acentos, iniciada por los mejicanos que eran la mayoría en Hollywood, causó un notable desconcierto entre los productores y técnicos americanos que no sabían a qué carta quedarse y contemplaban con estupor las agrias discusiones que se producían en los estudios, los unos velando la pureza del idioma y los otros defendiendo sus modismos y singularidades fonéticas.
    El absurdo enfrentamiento, que ocultaban el verdadero problema de la inadecuada elección de temas y su subordinación a los gustos americanos (en lugar de adaptarlos, los traducían casi literalmente sin mudar un ápice las psicologías o esquemas de actuación de los personajes), terminó con la victoria pírrica de la tesis purista cuando Neville convenció a Irving Thalberg, cerebro de la Metro, para contratar al dramaturgo de prestigio Gregorio Martínez Sierra para que dirimiera aquella controversia.

    Gregorio Martínez Sierra

    La actriz Catalina Bárcena

    La actriz Catalina Bárcena

    Acompañado por su primera actriz: Catalina Bárcena, el comediógrafo madrileño llegó a Hollywood en 1931, en un momento en que sus obras más populares recorrían los escenarios de Europa y América, y su célebre “Canción de cuna” (la pieza española más representada en los años veinte) llegó a permanecer 3 años en los carteles de Broadway. Desde los primeros momentos su prestigio y su talento le convirtieron en el pontífice máximo del cine hispano de Hollywood, que no sólo logró la pacificación en el tenso dilema de los acentos, sino que contribuyó positivamente a la superación de su crisis revitalizándolo con temas propios (generalmente adaptaciones de sus comedias) y dando origen, por vez primera, a películas pensadas enteramente en español.
    Su primer encargo fue la dirección (atribuida erróneamente a Benito Perojo) de “Mamá” (1931), adaptación de su propia obra teatral, escrita por López Rubio y protagonizada por Catalina Bárcena y Rafael Ribelles. El éxito de esta película supuso un respiro para el mortecino cine hispano.
    En marzo de 1932 los efectos de la gran crisis se cernieron sobre los estudios de Hollywood, hasta entonces invulnerables a la depresión económica. El descenso vertiginoso de las recaudaciones en taquilla y la aparición de un nuevo sistema de doblaje paralizaron prácticamente la producción de versiones extranjeras. Los magnates del cine americano comprendieron que el doblaje generalizado servía plenamente el problema de comprensión de sus películas sin necesidad de recurrir a versiones “traducidas”.
    Todos los estudios procedieron rápidamente a suprimir sus departamentos extranjeros, a excepción de la Fox, que había invertido grandes sumas en la contratación de populares intérpretes y escritores de calidad para su sección hispánica, y decidió mantenerla en activo con un ligero cambio en su concepción. A partir de entonces y gracias a la influencia de Martínez Sierra, convertido en supervisor del departamento, se impuso al criterio de que las películas americanas hicieran su carrera y las hispánicas buscasen sus propios temas, extraídos de la novela o del teatro o escritos originalmente para la pantalla.
    De este sustancial cambio salieron algunas películas aceptables que nada tenían que ver con la producción norteamericana y estaban realizadas con más medios y mucha mayor fe en sus posibilidades. El tándem Martínez Sierra/López Rubio ―el primero como autor dramático y/o supervisor y el segundo como adaptador― fue el responsable de las películas más celebradas de esta nueva fase: “Primavera en otoño” (1932), de Eugene J. Forde, “Una viuda romántica” (1933), de Louis King, según la comedia “El sueño de una noche de agosto. Yo, tu y ella” (1933), de John Reinhardt, “Señora casada necesita marido” (1934), de James Tinling, y “Julieta compra un hijo” (1933) de Louis King, escrita directa y expresamente para el cine por el dramaturgo. En ella, Catalina Bárcena interpreta a una amnésica, víctima de un accidente ferroviario, cuyas peripecias al llegar a Hollywood y ser confundida con una famosa estrella europea que muere sin identificar en el mismo siniestro, dan pie a una divertida sátira de la capital del cine.
    Otro español que se benefició de esa reactivación hispana de la Fox fue el periodista y autor dramático Miguel de Zárraga, corresponsal del diario “ABC”. Además de sus puntuales reportajes (escritos y radiofónicos) sobre la actualidad española en Hollywood y sus críticas de estrenos en la revista Cine-Mundial. Zárraga había participado desde el principio como guionista en versiones dialogadas en español como “Hollywood ciudad de ensueño” (1931), de José Bohl, o “Cheri Bibi” (1931), de Carlos F. Borcosque. En 1932 se pasó, como tantos otros, de la Metro a la Fox y supo arrimarse al exitoso filón de los filmes “originales en español”, en su caso basculando alrededor de la estrella mejicana José Mojica, cantante de ópera convertido en ídolo de los públicos hispanos de los años treinta. Para él escribió el guión original de la que sería su más popular película “La cruz y la espada” (1933) de Frank Strayer, brindándole el papel de su vida al encarnar la mítica figura de fray Junipero Serra en un audaz episodio de las misiones españoles en la California de siglo XVIII, que sin duda influyo en su espectacular retirada pocos años después para ingresar en un convento franciscano.
    En cuanto a Zárraga, repitió con bastante menos éxito su asociación con Mójica en “Las fronteras del amor” (1934), de Frank Strayer, y fue rebajado a traducir una de las últimas versiones “dialogadas en español” titulada “Nada más que una mujer” (1934), de Harry Lachman, cuyos diálogos fueron escritos por Jardiel Poncela.

    Enrique Jardiel Poncela

    Enrique Jardiel Poncela

    Enrique Jardiel Poncela

    El popular escritor madrileño Enrique Jardiel Poncela había llegado a Hollywood en 1932 reclamado por su amigo Martínez Sierra, fiel a su política de reemplazar improvisados traductores de diálogos por autores prestigiosos. Su primer cometido fue escribir un guión original de comedia musical para José Mojica en la misma línea de “Mi último amor” (1932), de Lewis Seiler, o “El rey de los gitanos” (1933) de Frank Strayer, escritas ambas por López Rubio. Su título fue “La melodía prohibida” (1933) de Frank Strayer, y apenas añadió algo nuevo a la típica estructura de las películas del astro mejicano salpicadas de canciones en la que Jardiel colaboró también como letrista. Luego siguió su intervención (no acreditada) como dialoguista en la mencionada “Nada más que una mujer” y su adaptación de una obra del argentino Julio Escobar en “Asegure a su mujer” (1935) de Lewis Seiler, con un triángulo de intérpretes principales formado por Conchita Montenegro, Antonio Moreno y Carlos Villarios, que había doblado a Bela Lugosi en la versión hispana de “Drácula”.
    Su último y más celebrado trabajo en Hollywood fue la adaptación para el cine de su célebre “Angelina o el honor de un brigadier” que al principio encontró resistencia entre los productores por la novedad de sus diálogos en verso, pero finalmente fue dirigida en 1935 por Louis King. Después de muchas dificultades Jardiel se salió con la suya y como despedida consiguió una de las más originales películas españolas del período hollywoodense caricatura finísima del espíritu y las costumbres del Madrid de finales de siglo pasado, interpretado con justeza y buen humor por Rosita Díaz Gimeno, que había trabajado ya en Joinville y fue contratada por la Fox en 1934. Fue el canto del cisne del estudio como tal. A partir de su asociación con la 20Th Century para formar una nueva y poderosa multinacional del cine, el departamento hispano de la Fox, último reducto de las versiones en lenguas extranjeras, fue definitivamente desmantelado. Así concluía un interesante y poco conocido capítulo de la raquítica historia del cine español.

    J.J.M. Ferreiro

     

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Ensayo. La mirada que mira al mar. 1ª parte

    El Estrechamiento ( Pesquisas Poéticas )

    La cabeza que mira al mar

    En el año 1999 hice un viaje de vacaciones a Chile. En dicha ocasión visité la casa-museo de Pablo Neruda en la localidad de Isla Negra. Como era 25 de diciembre el museo estaba cerrado y había muy pocos turistas merodeando las arenas aledañas al edificio, y alguno que otro vendedor de recuerdos típicos o refrescos.
    Era un día profundamente solar, tórrido, poblado de ventiscas oceánicas. Un día de amarillos musculosos y de viscerales rojos explosivos. Un día detenido, modular, ardiente, casi africano.

    Me dirigí a la pequeña playa acotada perteneciente a la estructura del museo. Había una cabeza de piedra del poeta casi al borde del declive costero y del oleaje pacífico; en la proa de la casa.
    Por uno momentos permanecí absolutamente solo junto a la talla. Puse mis manos sobre la roca que ardía crepuscularmente, como el lomo de una antigua bestia, como un parche.
    El homenaje me hizo comprender la importancia de la obra de Don Pablo en mi vida. La piedra era una piedra musical, una pieza de materia que aceptaba un eco, el eco del cincel. La roca visitada por la onda. Un nido, un regazo para un impulso estético.

    Besé la mejilla apenas cóncava con un beso frío, vocacional, continuo.
    Esa cabeza muerta, ese animal terrible que estiraba el hocico hacia las olas con urgencia histórica e invisible, era una oda.
    El mundo todo era una oda, y yo un picapedrero, un oyente.

    La vigilia plástica

    En al casa en la que vivía con mis padres en Morón, una barriada, entre morena y gringa, del cordón industrial que abriga por el oeste a la ciudad de Buenos Aires, había una biblioteca de cedro lustrado con delgadas puertas de vidrio cubiertas con cortinas marrones. Los libros murmuraban mi nombre tras esos paños polvorientos, me provocaban, silbaban como granujas libres, me contaban un secreto sobre las cabelleras de las mujeres lindas, sobre el olor del pasto fresco, sobre los dibujos de las alfombras, sobre la cera y los faraones. Eran pájaros o sapos, cosas vivas viviendo tras el telón.

    Eran estrellas.

    Comencé a leer temprano. Leía con la naturalidad con que se comen galletas con leche o con la que se corre gritando y riendo, sin objeto. Era feliz leyendo como acostándome en los tejados tibios de las casas, como mirando los motores de los autos en los talleres mecánicos, como soñando el primer beso.

    Ninguna de las valiosas obras que retiraba de la biblioteca y leía bajo la mesa, junto a la ventana, en el lecho en noches radiantes, en el patio con la bicicleta a los pies, ninguna de esas obras, digo, me había hecho cosquillas en las manos, ninguna me había impulsado a bailar sobre un charco de lluvia, ninguna me había hecho temer a los espejos.
    Leía a grandes autores, pero con los ojos cerrados, con el cuerpo en silencio, con la piel nevada, penumbrosa, nonata.

    Prosa y poesía eran meros asuntos de vestuario.

    Lo que era dicho en oraciones podía ser dicho bajo el signo de los ritmos. Los derrames de versos, bien podían transcribirse con holgura, a bosquejos por bloques narrativos. La intensidad dependía del brillo conceptual. Aún no conocía ni intuía la existencia de la revelación, del rayo: aún no ingresaba en la vigilia plástica, en el arte.

    Descenso al Cuerpo

    A media infancia, yo ya hacía algunas adquisiciones bibliográficas propias. Pedía a mis padres o abuelos que me compraran ciertas obras que atraían mi curiosidad intelectual o que rimaban con mis afinidades pre-ideólogicas; en una palabra, que olían parecido a mí. De este modo llegó a mis manos el “Tercer Libro de las Odas”, de Pablo Neruda.
    No lo leí de inmediato. Tengo la costumbre de habitar dos tiempos paralelos respecto a los libros: el tiempo de la adquisición y el tiempo de la lectura. Ambos tiempos se despliegan de modo independiente constituyendo dos discursos o historias completas. Esta costumbre no ha variado hasta la fecha. De modo que en mi caso, las urgencias adquisitivas no van necesariamente de la mano de las urgencias lectivas.

    isla_negra_nerudaResulta lógico que no pueda precisar cuánto tiempo transcurrió entre la compra del libro de las odas y la lectura del libro de las odas. Lo seguro es que por motivos fortuitos o inconscientes, comencé un día de verano la lectura de otra obra de Neruda, que sí estaba en la biblioteca de cedro.

    Comencé a residir en la tierra, descendí.

    La lectura de los poemas de “Residencia en la tierra” hizo que me sientiera dentro de un cuerpo por primera vez. Quizá sentirse dentro de un cuerpo es dejar de ser niño, el niño es ubicuo, grácil. Lo cierto es que mi cuerpo leía. No leía con esa conciencia del entrecejo, óptica, flotante y amorfa, sino que leía con mi cuerpo, vale decir: mi cuerpo quedaba enredado en la lectura. Mejor aún: de la lectura resultaba mi cuerpo. De la lectura irrumpía un cuerpo donde yo habitaba. O tal vez: de la lectura sucedía un yo conciente que se reconocía constreñido ( o liberado: la sensación era ética y gnoseológicamente neutra, entonces reversible ) en un cuerpo.

    En esos días no contaba con un bagaje cultural como para justipreciar y contener el fenómeno que estaba viviendo. Mi instrumental expresivo era más bien mimético; elevado, pero replicante. No podía cercar la experiencia. No podía rotular ni connotar el espacio corpóreo recién amanecido. Sudaba y temblaba como un crío ante el manto negro de una diosa del trueno.

    La sensación se parecía a otras sensaciones. Lo curioso es que ninguna de ellas estaba vinculada al mundo abstracto, y menos al de la literatura. La sensación era similar a un estrechamiento.

    El Estrechamiento

    lo que sentía mientras leía los poemas de “Residencia en la Tierra” era un estrechamiento, un abrazo envolvente y mullido, un cierto amparo terrible, paroxístico, como un sacudimiento apenas salvaje. Me sentía la hembra contenida, vibrada. Tomaba conciencia de la erogeneidad de mi cuerpo, o de mi cuerpo como manojo sensorial, como propuesta.
    Me he preguntado desde entonces, si la feminidad, no es llanamente, un estado de insomnio, una recuperación espacio-táctica del cuerpo propio, una ocupación profusa y precisa de todo el volúmen ontológico, una espera.
    Yo sentía que Neruda me ceñía diligentemente, iniciáticamente. Que me incluía y abarcaba en secuencia, que sus poemas consumaban una opresión benigna entorno a mí.
    Neruda me otorgaba el beneficio de un cuerpo, la conciencia de la soberanía material de un artificio capaz de ser rodeado.
    Estaba sorprendido. Hasta ese momento, la lectura, había sido para mí un modo de estrujar al otro, una invasión en la oscuridad del no-yo. Leía emprendiendo excursiones, belicosamente. Leía conquistando masas negras. Leía irradiando, derramándome en la superficie de la realidad exógena y denominando a dicha maniobra o conjunto de maniobras: desvelación.
    De pronto, los mantras de Neruda operaban una inversión de polaridad, un lance insospechado. Ahora era yo el asediado, el acometido, el captado, por una otredad.
    Me leían.
    Antes de los poemas de Neruda, yo expoliaba ciudades literarias y rendía tesoros. Mi mente depredadora velaba como el ojo de un cíclope. Organizaba la república de la memoria de un modo gélido. Era un geómatra, un chauvinista.
    Los libros habían sido hasta ese tiempo concubinas, torsos femeninos, objetos esclarecidos. Pero a partir del contacto con la poesía de Don Pablo, comenzaba a descolonizar la intemperie; se alzaba un afuera.
    Me sentía amado por primera vez, y esta sensación habilitaba un grado de amor propasado, un amor intempestivo y foráneo que reducía mi celo, que me sojuzgaba dulcemente.
    El reino era abatido por el caballero.

    En Brazos del Asombro

    isla_negra_neruda_casaUna vez domiciliado este ramo de sensaciones nuevas en mi estructura estable de personalidad, el romance con “Residencia en la Tierra” pasó a su fase de memorización esteretipadora. Quiero decir: como todo proceso mnemotécnico, el racimo de sensaciones referido, perdió cierta especial actualidad, extravió la exaltación o euforia coyuntural y fue deslizándose ineviotablemente hacia la intelectualización.
    Todos sabemos que el erotismo de los hechos presentes se diluye por el simple transcurso. Sabemos que las figuras vivas se desprenden del urente presente endocrinológico, y se van tornando indeterminadas, teoréticas. Lo rojo se vuelve lentamente azul. Olvidamos el escozor. La causticidad rabiosa del instante se disuelve y muda en abstracción lógica. Se desangran los “hechos objetuales” y quedan desnudos. Lucen en lo profundo de la noche de la memoria como arquitecuras frígidas, como estereotipos. Hemos salido de la primicia de la vida para entrar en los palacios del recuerdo.
    Y esto me sucedió con los poemas de “Residencia en la Tierra”. El estupor dejó paso al hábito. El deslumbramiento inaugural se volvió reserva o incluso usanza. Y, como si la mutación de un estado vigente en recuerdo, entregara forzosamente y como recompensa una prenda, fui poseído por la necesidad de volver a estar en brazos del asombro, y además, como corolario: emularlo.
    Neruda había despertado, creado o iluminado en mí, una zona durmiente: la zona erótica, el agua.
    Tenía conciencia permanente de mi cuerpo como fiesta, como intersección de esferas cósmicas o fenomenológicas. Lo vivía como nudo, como zona invitatoria, como lazo y como jardín para el encuentro con el sentido. Lo llevaba cual secreto gritado.
    Sabía que mi cuerpo era regalo para el cuerpo. Que era conciencia de la superposición de formas. Que era una forma privilegiada por la selección morfológica. Comprendía que mi cuerpo era resonancia, choque. Resultado de infinidad de encuentros y colisiones previas. Me sabía como pacto formal provisorio en el caos, como acuerdo de líneas.
    Comencé a entender cada cuerpo como una emergencia causal o caprichosa en un océano de tensiones antojadizas.
    Y yo, nada menos que yo, iba en un cuerpo. ¡Increíble! Yo era un cuerpo. Yo era ese haz apretado, ese núcleo nacido de mútiples topetazos y de los encontronazos de fragmentos y causas previas.
    Podía amar y ser amado.
    Podía estrechar escribiendo y ser estrechado leyendo.

    Rafael Teicher

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • San Juan de la Cruz. Una Síntesis global para nuestro tiempo (III)

    Monumento a San Juan de la Cruz que está erigido en la Plaza de su nombre frente al Convento que él fundó (Ávila)

    Monumento a San Juan de la Cruz que
    está erigido en la Plaza de su nombre
    frente al Convento que él fundó (Ávila)

    Deténgase, querido lector, sólo un momento y eche un vistazo a los congresos que sobre espiritualidad y mística hay este verano en España. Se dará cuenta de que tiene una oferta variada. Lea la prensa o mire la televisión: resulta que Zapatero le regala a Ingrid Betancourt una biografía de Teresa de Jesús como símbolo de mujer luchadora de su tiempo y parece que de todos los tiempos. Con esto les quiero decir que, efectivamente, los místicos siguen ofreciendo alternativas de Ser para el hombre y la mujer de hoy. Juan de la Cruz también, sobre todo desde que se produce esa liberación de la que hemos venido escribiendo en los dos artículos anteriores. Pero toda liberación, aunque en teoría no tuviera que ser así, tiene un precio. Y Juan de la Cruz también lo pagó. El éxito del que gozan hoy sus escritos, su pensamiento tan actual, su oferta como paradigma para el ser humano del siglo XXI, tienen mucho que ver con la traducción y la manipulación sufrida por su obra literaria, especialmente el Cántico Espiritual (la obra que abre y cierra su periplo literario). No es algo que se descubra ahora en la historia universal de la literatura: miren, si no, los casos de Anne Frank y la manipulación que su padre hizo en el diario; o el caso de Elisabeth Nietzsche cuando manipuló algunos de los textos de su hermano para hacerlo pasar como precursor del nazismo. Lo de Juan de la Cruz, aunque tenga tintes comunes, es diferente a todo. Lo de Juan de la Cruz yo lo llamo, siguiendo una idea del escritor Enrique Vila-Matas, la metáfora del destino.

    El marco temporal en el que les obligo a situarse comprende desde que Juan de la Cruz sale de la prisión carmelitana de Toledo en 1578 hasta que se publican sus obras completas en la capital de España, incluido el Cántico Espiritual, en 1630. El intervalo histórico es muy amplio, pero los límites lógicos de este artículo excusan o justifican que no me adentre en demasiados detalles, sino que explique los acontecimientos y sus consecuencias “a vista de pájaro”.

    Para tener una visión sinóptica de este recorrido, antes de entrar en posteriores explicaciones, propongo el siguiente esquema.

    San Juan de la Cruz

    San Juan de la Cruz

    1578 Juan de la Cruz sale de la prisión de Toledo llevando consigo el manuscrito de las 31 primeras estrofas del Cántico.1578-1586 Concluye Cántico Espiritual y escribe “Noche oscura” y “Llama de amor viva”. Redacta los comentarios de estas tres obras. Mientras, las copias manuscritas de sus poemas, sobre todo de Cántico, crecen considerablemente.

    1591 Muere Juan de la Cruz en diciembre sin ver publicados sus escritos (asunto muy común en la época).

    1592-1603 Después de muerto, los manuscritos apógrafos de sus obras siguen en aumento. En 1601 se encarga una primera edición completa de su obra a los carmelitas Tomás de Jesús y Juan de Jesús María. Este último es apartado pronto de esta tarea (en 1603, no sabemos si por mandato de la Orden o si por desavenencias con Tomás de Jesús sobre los mismos escritos sanjuanistas) y el primero también es relegado de esta función poco después. Parece que el General de la Orden, Alonso de Jesús María, no veía con buenos ojos la publicación de la obra sanjuanista.

    1618 El carmelita Diego de Jesús es el encargado de editar por primera vez las obras completas de Juan de la Cruz. Pero, por problemas inquisitoriales, no aparece el Cántico Espiritual. En 1619 aparece una edición similar en Barcelona.

    1622 Ana de Jesús, carmelita descalza, se lleva consigo el Cántico, que Juan le había dedicado, al salir de España. Esto propicia su publicación en Paris en este año en lengua francesa.

    1627 El Cántico se publica, en lengua española y como obra independiente en Bruselas.

    1630 Aparece la edición madrileña preparada por Jerónimo de San José en la que ya se incluye el Cántico Espiritual, fundamentalmente por miedo al constante plagio.

    CUEVA DE SAN JUAN DE LA CRUZ

    CUEVA DE SAN JUAN DE LA CRUZ
    Se encuentra situada en el huerto de la
    hospedería Real de Pastrana. Bajando
    unas escaleras está la cueva, donde
    se cuenta que escribió muchos de sus
    pensamientos. En la parte superior hay
    una cruz que simboliza a San Juan de la Cruz

    Durante el período en que Juan de la Cruz estuvo preso en la prisión carmelitana de Toledo comenzó a escribir el poema que, sin duda, le ha proporcionado, con el paso del tiempo, un éxito mundial indiscutible. Me refiero, naturalmente, al Cántico Espiritual, o, mejor dicho, a la Declaración de las canciones que tratan del ejercicio de amor entre el Alma y el Esposo Cristo, que así las llamó originariamente el místico carmelita. Allí, en una habitación que más bien parecía un “zulo”, Juan escribió 31 de las 39 estrofas que contiene la versión más primitiva de este poema, que la crítica especializada denomina actualmente “poema primitivo” o “poema toledano”. Cuando logró escapar de la cárcel se dirigió al convento de las monjas carmelitas y allí parece que dictó a una de las hermanas estas 31 primeras canciones. Juan se marcha de Toledo, camino de Andalucía. Y en Beas de Segura (Jaén) le pide a la hermana carmelita Magdalena del Espíritu Santo que haga algunas copias del poema. Más tarde, Juan de la cruz completa este primer “Cántico” con ocho estrofas más y un comentario o glosa a las mismas que la crítica denomina CA (Cántico A). Por tanto, tenemos un primer poema de 31 estrofas que ya está circulando a través de manuscritos (primitivo) y un segundo poema, llamado CA, que es re-escritura aumentada del primitivo. A partir de este momento, se produce una bifurcación entre el poema “primitivo” y CA, en la que ambas versiones comienzan a copiarse abundantemente. Prueba de ello es la cantidad importante de manuscritos que se conservan, unos que acaban con el último verso de la estrofa 31 y otros que concluyen con el último de la 39. Incluso existen manuscritos del llamado CA que contienen importantes retoques en el comentario en prosa, por lo que la crítica ha distinguido otro grupo textual denominado CA’. Más adelante volveremos sobre este asunto.Mientras tanto, San Juan de la Cruz sigue en Andalucía: Beas, Baeza, ambas en la provincia de Jaén, y, sobre todo, Granada, donde permanece hasta 1588 como prior del convento de los Mártires en el mismo entorno de la Alhambra y que, sin duda, puede ayudar a comprender mejor el estilo y el mensaje sanjuanista. Este largo período andaluz de casi diez años es decisivo para el Juan escritor. Escribe el poema “Noche Oscura”, que dará lugar a dos glosas o comentarios explicativos: por una parte, los tres libros de la “Subida del Monte Carmelo”; y, por otro lado, los dos libros de la “Noche oscura del alma”. Redacta también el poema de la “Llama de amor viva”, que dará lugar a dos comentarios distintos denominados LA y LB, aunque entre ellos no hay diferencias sustanciales. Donde sí se va a producir una diferencia esencial, y volvemos ahora sobre CA y CA´, es que mientras estos dos poemas van corriendo independientes en multitud de copias y por muchísimas “manos”, Juan de la Cruz vuelve a re-escribir el poema en el que introduce una nueva lira que ocupará el lugar 11 (Descubre tu presencia…) con lo que el poema resultante ya no tendrá 39 sino 40 liras. Es el conocido por la crítica especializada como CB. Para este nuevo poema, Juan de la Cruz también redactará un nuevo comentario estrofa por estrofa.

    EL Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz

    EL Cántico Espiritual de
    San Juan de la Cruz

    Así que, recapitulando y reordenando esta primera etapa de la historia textual sanjuanista, que se extiende hasta 1586 aproximadamente, nos encontramos, junto al resto de sus escritos, el “poema primitivo”, tres familias de redacciones diferentes del Cántico Espiritual (CA, CA´y CB) y tres comentarios a cada una de las estrofas, uno para CA, otro con serios retoques para CA’ y otro para CB. Sólo de la familia de CA se conserva, como hemos apuntado en la nota 8 de este mismo estudio, un ejemplar en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), que se conoce como manuscrito S y que está anotado en los márgenes por San Juan de la Cruz. Este ejemplar era el que él llevaba y en el que escribía anotaciones, correcciones, etc. Esto quiere decir que, ni de la familia de CA´ ni de CB (y ni de las glosas, naturalmente) tenemos constancia de la autoría sanjuanista, sino fuera porque el manuscrito S permite, como afirma Paola Elia, establecer relaciones directas con las otras dos familias.Juan de la Cruz muere en la madrugada del 13 al 14 de diciembre de 1591. Muere sin ver cómo sus obras eran llevadas a la imprenta. Esto tendría su importancia si no fuera porque, comparando con otros autores de la época, el asunto era harto común en la época, sobre todo en lo que se refiere a la poesía. Ésta usaba fundamentalmente dos canales para su difusión: los pliegos sueltos que se copiaban y difundían manuscritos en abundancia y, por otra parte, la recepción auditiva. Por tanto, Juan de la Cruz no se convierte, en este sentido, en rara avis. Lo que sí se puede afirmar es que sus poemas gozaban en esta primera época de su difusión de un notable éxito, a pesar de que eran tres las diferentes versiones del Cántico que circulaban y de las múltiples variantes que existían entre unas copias y otras, dentro incluso de la misma familia. (continuará…)

     

    Antonio José Mialdea Baena
    Doctor en Filología Española
    Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
    Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación
    Director de la revista internacional ”San Juan de la Cruz”
    director@revistasanjuandelacruz.org

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • La última revelación europea: Irene Némirovsky

    nemirovsky01El que, por obligación crítica o devoción literaria, siga la narrativa que se publica en España  tendrá que leer bastantes best-sellers, obras  de género, lanzamientos basados en la notoriedad de un autor… De vez en cuando, una perla, que compensa de todo lo anterior.

    Eso me ha sucedido a mí con Irene Némirovsky: desde que “descubrí” Cien años de soledad  no me había impresionado tanto una novela de autor para mí desconocido como su Suite francesa. Claro que, como en el caso de la obra de  García Márquez, este “descubrimiento” lo comparto con la crítica más exigente de todo el mundo.
    En este caso, además, la biografía de la autora añade un valor insólito. Pero lo esencial, por supuesto, no es la anécdota sino la calidad literaria, verdaderamente extraordinaria.

    Como decía un famoso descuartizador inglés, vayamos por partes. Irene Némirovsky nació en Kiev en 1903. Era hija de un banquero judío ucraniano. Su familia huyó de la Revolución rusa y llegó a Francia en 1919. La joven estudió Letras en la Sorbona y muy pronto empezó a escribir, además de llevar una vida mundana. Hablaba ruso, francés, polaco, inglés, finés, yiddish y hasta vasco.
    En 1926 se casó con Michel Epstein, otro banquero judío y tuvo dos hijas. Poco después alcanzó cierta fama literaria con sus novelas David Golder y El baile, alabadas por el judío Joseph Kessel y el antisemita Brassillach. En España, sin embargo, no tuvo ningún eco, que yo sepa.

    La invasión alemana afecta al matrimonio: ella no puede publicar ni él, trabajar en la Banca. Se refugian, con sus hijas, en un pueblecito del interior, Issy-l’Evêque: allí, escribe incansablemente.
    En 1942, Irene es detenida y llevada al campo de Auschwitz, donde muere de tifus. Poco después le sigue su marido, asesinado en la cámara de gas en el mismo campo.
    En el año 2004, sus dos hijas publican una novela que había quedado inacabada, Suite francesa. La había escrito en letra minúscula, para economizar tinta, y papel de muy mala calidad. Sesenta años después de haberla escrito, recibe el Premio Renaudot. Un par de años más tarde, se publica en España y los libreros españoles lo consideran el libro del año.
    Es una historia tan conmovedora como la de Ana Frank, quizá, pero con una obra de mucha mayor calidad literaria.

    La crítica del mundo entero se rinde a su talento, visible en todas las obras que se siguen publicando: la última, el año pasado, El ardor de la sangre (eds. Salamandra).
    La Suite francesa pretendía ser una gran sinfonía de la guerra mundial, con una estructura musical  – que hoy la crítica compara a la Quinta sinfonía – y muchos personajes . De las cinco partes previstas, sólo llegó a escribir dos.

    La primera presenta los horrores de la guerra, la ocupación alemana de París y la huída de la gran ciudad de personajes de todas las clases sociales. Es un fresco histórico comparable a  Guerra y paz, de Tolstoi. La segunda nos sitúa en un pueblo francés ocupado y puede recordar a Madame Bovary, de Flaubert o algunos relatos de Maupassant: estas referencias suponen ya un máximo elogio.

    nemirovsky03Denuncia la autora el nazismo pero no es maniquea. Son malos tanto muchos personajes alemanes como los franceses
    y también los judíos: la guerra, con sus condiciones extremas, hace aflorar los defectos que hay en el fondo de cada ser humano…
    Caracteriza a la Némirovsky la ausencia de sentimentalismo, el tono implacable: “quiero contar lo que le pasa a la gente y nada más”. Muestra, como Conrad, la “línea de sombra” que a veces traspasamos, pero también el nacimiento del amor. Para ella, la causa de todos los males, además de la condición humana, es creer que se debe sacrificar el individuo a la sociedad, al “espíritu de la colmena”, sea el que sea.

    Se ha dicho que su obra es una comedia: como la Comedia humana de Balzac o la Divina Comedia del Dante. Como Shakespeare, ve lo grande a través de lo pequeño: una hoja, un gato, un juguete abandonado…
    Su propósito literario, en la Suite francesa, era hacer algo verdaderamente trascendental; llevarnos, como Beethoven y Goethe, “por el dolor a la alegría”.
    Ese es el poder de la gran literatura. Y la tragedia de una gran escritora, reconocida ahora, en el mundo entero, mucho después de haber desaparecido.

    Andrés Amorós Guardiola.
    Ensayista, crítico literario, historiador de la literatura española.
    Doctor en Filología Románica, Catedrático de Literatura Española en la Facultad de Filología de  la Universidad Complutense de Madrid. 

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Gabriela Mistral y la educación

    Dormitorio de Gabriela Mistral

    Dormitorio de Gabriela Mistral

    La obra de Gabriela Mistral es, en resumidas cuentas, la obra de una de las más importantes poetas de la historia. Ella, residente americana y maestra por vocación, es un referente obligado de quienes se acercan a la literatura y, como en este caso, a su función social desde una perspectiva pedagógica. La amplitud de su mirada, la hondura de su interno, la profundidad de sus motivos, hacen de ella una mujer aún en descubrimiento, donde sus pasos son leídos y atendidos de formas renovadas. Es que quizás la riqueza de su mundo interno, aún no es captada por los más hábiles estudiosos; prueba de ello, el reciente hallazgo de parte importante de su obra en prosa y en verso. Es que la trascendencia de la obra de Mistral resulta inmensa y de innumerables y extensos análisis. Pero si quisiéramos hablar de la obra relacionada con la educación en Mistral, no encontraremos un libro publicado y ordenado por ella misma en esta rama importante de su vida. Sin embargo, es posible encontrar antecedentes en poemas y, principalmente en prosa, sobre lo que era su profundo amor por la enseñanza y la educación.

    Tras revisar gran parte de la obra de Mistral, podemos encontrar que sus poemas, tratan temáticas relacionadas con la educación; de hecho, “Poema de Chile” es una obra que está en gran parte relacionada de forma indirecta con la labor pedagógica y guía que recibe un niño indígena diaguita por el largo camino de Chile. Así también encontramos aspectos similares y menciones en otros de sus libros. Pero, en sus prosas es donde se expresa de forma más tácita o directa respecto al ámbito educativo; debido a esto, ya que resulta difícil realizar un resumen de una de sus obras relacionándola directamente con la educación, y posteriormente realizar un análisis interpretativo de una de ellas en particular; el resumen abarca, primeramente una breve mención de algunos aspectos esenciales de su pensamiento, y un posterior análisis interpretativo de parte de sus prosas referidas al tema de la educación, considerando las que tienen, a mi modesto modo de ver, mayor relevancia en cuanto a lo que nos convoca.

    Obras

    – Sonetos de la Muerte (1914)
    – Desolación (1922)
    – Lecturas para mujeres (1923)
    – Ternura (1924)
    – Nubes blancas y breve descripción de Chile (1934)
    – Tala (1938)
    – Antología (1941)
    – Lagar (1954)
    – Recados contando a Chile (1957)
    – Poema de Chile (1967, edición póstuma)

     

    Ilustracion por Daniela Estrada

    Ilustracion por Daniela Estrada

    Los textos que señalan la grandeza de la visión mistraliana respecto a las actividades pedagógicas son poemas que de forma particular se encuentran en algunos de sus poemarios, y algunas prosas tales como las que se señalan a continuación, están principalmente dedicadas al ámbito educativo:

    “Oración del estudiante a la gracia”, escrita en el año 1924, en ella Mistral elabora una prosa en la cual el estudiante suplica para tener las capacidades intelectuales que le que le permitan un entender el conocimiento.

    “La oración de la maestra”, que es una prosa conocida de Mistral, escrita en 1919 donde Gabriela Mistral suplica la sabiduría necesaria para ejercer su oficio de forma plena y adecuada.

    En el año 1918, según un manuscrito presente en la Biblioteca Nacional de Chile, escribió las “Palabras a los maestros” donde mencionando a Rodó, insta a los pedagogos a cumplir su oficio de forma adecuada dentro de los establecimientos, señala algunos aspectos cualitativos que permitirán un mayor acercamiento al estudiante.
    “El oficio Lateral”, escrito en 1949, señala cómo con sólo quince años de edad estaba trabajando en la escuela de la Compañía Baja, y su relación con la lectura y la vida de los serenenses de aquel entonces y la posterior visión de la educación que fue adquiriendo a medida que transcurre en sus viajes, y cómo los maestros y las personas de las comunidades viven de acuerdo felices o encerradas en su soledad de acuerdo a sus circunstancias.

    En los “Derechos del niño” de 1927, también plantea fuerte y claramente la necesidad de una educación adecuada y el derecho a recibirla por parte de las instituciones establecidas.

    “Biblioteca y escuela” del año 1947, donde trata el tema de la calidad de la lectura popular que se da en la biblioteca, como las personas no tienen una conciencia lectora y suelen leer libros sin mayor peso; además trata el trabajo del bibliotecario.

    “Niño y libro” de 1935, donde comienza tratando la idea de un cine educativo, pues es más atractivo para los niños; así como la accesibilidad que tienen los libros en los kioscos y cómo estos deben renovar sus propuestas; así como también las lecturas programadas por los programas estudiantiles y otros aspectos relacionados.

    En abril de 1929, escribió “Contar”, prosa en la que señala algunos aspectos relacionados con la retórica en las distintas áreas de la vida, y cómo es posible lograr más contando de una mejor manera dentro del aula.

    Gabriela Mistral en la BBC de Londres, conversando con Sir William Haley, Director General de la BBC, antes de la transmisión de un concierto en su homenaje, 20 de enero, 1946

    Gabriela Mistral en la BBC de Londres,
    conversando con Sir William Haley,
    Director General de la BBC, antes de
    la transmisión de un concierto en su
    homenaje, 20 de enero, 1946

    “Madrinas de lectura”, de marzo de 1926, donde habla de las instituciones y personas que en sus distintos cargos son las que invitan a la lectura.

    “Dar un apetito” de 1935, donde insta a los maestros a despertar la curiosidad de los lectores infantiles.

    “Lecturas para mujeres” donde hace una larga lista de lo que se debe procurar tanto al leer, como escribir, ya sea en la enseñanza y en las lecturas propias, promueve un planteamiento estético y señala algunos patrones a seguir en la forma de enseñar estas lecturas.

    “Recado sobre una maestra argentina” de marzo de 1944, explica una serie de aspectos relacionados con Marta Solotti, y explica su forma de vida, su manera de leer, y la estética y ética que ella persigue dentro de su actuar pedagógico.

    “La geografía humana: libros que faltan para la América nuestra” de marzo de 1929 congrega una lista de libros que deberían ser estudiados en América.

    “La reforma educacional de México” redactada en París, entre junio y julio de 1926, representa una obra importante pues es factor de medida de acción y del constante reconocimiento que se le otorga a Gabriela Mistral en las tierras aztecas.

    “Cómo se ha hecho una escuela granja en México”, escrito en México en 1922, da cuenta de cómo aún en la humildad y la escasez fue posible levantar un proyecto escolar y agricultor.

    “Divulgación de principios de las nuevas escuelas” escrito en La Serena en 1922, trata el tema de las escuelas y su compromiso con la lectura a partir de las situaciones dadas en las bibliotecas populares, con el fin de que más personas puedan acceder a ellas.

    “La escuela nueva en nuestra América”, es una carta escrita por Gabriela Mistral a Julio R. Barcos, y que fue utilizada como prólogo al libro: Cómo educa el Estado a tu hijo; fue escrita en Buenos Aires en 1928 y trata la temática del estado docente, los maestros, y el estado espiritual que representa la Escuela Nueva, en los distintos países de América.

    “Con el doctor Decroly, reformador de la escuela belga”, escrita en septiembre de 1926, es una prosa que narra una visita al doctor y su biografía e influencia en algunos países americanos.

    “El método Decroly”, diciembre 1926, trata de la forma en que se lleva a cabo el sistema educativo que plantea Decroly, Mistral lo explica mediante la narración de éste.

    “Imagen y palabra en la educación”, escrita entre julio y agosto de 1956, trata sobre el tema de la imagen en la enseñanza del niño, cómo aprovechar los medios audiovisuales presentes, como en aquel tiempo el cine, dentro del aula.

    “La escuela obrera superior de Bélgica” escrita en agosto de 1926, en ella se explica cómo es que se forma a los dirigentes obreros de todo el país.

    Mistral con un niño

    Mistral con un niño

    “La imagen de Cristo en la Escuela” de mayo de 1950, señala el papel que debe ocupar la religiosidad en la escuela y cómo esta debe ser no impuesta, sino entregada de una forma adecuada promoviendo la libertad.

    “La escuela imagen de García Moroto”, escrita en noviembre de 1934, en la cual muestra cómo a partir del modelo de este pintor, ayuda a los niños sordomudos a recibir la educación.

    “Una exposición de la infancia”, en enero de 1927, donde Mistral narra su experiencia a partir del magisterio en una galería que tiene una exposición.

    ”La radiofonía y los niños”, de agosto de 1924, es una narración de Mistral donde ella cuenta su último recuerdo hasta ese periodo de México y los niños a través de una experiencia radiofónica.

    “Instituciones Europeas: La Cruz Roja de los Niños”, de febrero de 1927 en ella Gabriela Mistral analiza la institución y su instancia educativa.

    “Sobre el intercambio universitario”, escrito en mayo de 1924, explica su visión sobre por qué el joven recién graduado o el estudiante aún, deben salir y conocer otras fronteras para así tener un desarrollo más amplio y, a la vez, tener presente a quienes son menos dichosos en el ámbito cultural.

    “Conferencias para maestros: El cultivo del amor patrio”, escrito en 1916 o 1917,Mistral explica por qué y cómo deben los maestros enseñar un amor por lo patrio y un equilibrio en esta enseñanza, cómo es productiva.

    “Discurso a graduados de 1933” en ella la poeta explica en su función pedagógica, cómo es que el hecho de estar titulado es un compromiso social y cómo debe llevarse este a cabo, además de la modestia y humildad, así como la constante curiosidad intelectual que debe tener el graduado.

    “Palabras para la Universidad de Puerto Rico”, escrita en noviembre de 1948, en ella Gabriela Mistral habla sobre su visión pedagógica a los estudiantes y maestros de la Universidad respecto al humanismo y a lo que significa ser un profesional.

    “La enseñanza, una de las más altas poesías”, escrita probablemente en 1971, en ella Gabriela Mistral hace un análisis del género y de la forma en que la poesía se enseña y debería enseñarse dentro de las aulas.

    “Poesía infantil y folklore”, Madrid 1935, en ella entrega una guía sobre las lecturas adecuadas para los estudiantes, qué leer, de acuerdo a sus edades y, además, el tipo de escritura que se debería hacer. Además, hay registros de cartas personales donde Gabriela Mistral deja en claro su postura como maestra y pedagoga.


    Video introductorio de la obra “Gabriela Mistral: Ronda de sueños y fantasmas”,
    escrita por María Angélica Díaz y dirigida por Miguel Anabalón

    Resulta difícil enmarcar el pensamiento de Gabriela Mistral en una sola vertiente y conseguir con ello, un resumen de su visión. Tal vez, por la hondura y trascendencia de su trabajo, sería aventurado y erróneo encontrar un resumen de su pensamiento. Sin embargo, pese a todo, si se tuviera que establecer un factor común en toda la obra mistraliana, tanto en la poética como la escrita en prosa llegaríamos a la fuente de sus motivos, y ahí nos encontraríamos con el inmenso amor con que ella realizaba sus funciones poéticas, literarias, pedagógicas y familiares.

    La obra de Mistral, tiene como base una profunda entrega a su quehacer, en este caso, y como lo demuestran sus escritos relacionados al ámbito pedagógico. Por ello, el pensamiento de Mistral, en lo referente a la educación, habla de una entrega docente que parte con la intencionalidad o con la vocación. La verdadera vocación, según Gabriela Mistral, es la que motiva el trabajo concienzudo y preciso en el ámbito de la educación. Por este motivo, en sus escritos tanto de prosa como poéticos, cuando se relacionan con la educación, hablan de una entrega que supera el aula, que va más allá del texto de clases o de la funcionalidad, a veces fría, de los libros. Gabriela Mistral jamás se desprende de su papel docente, y lo que es más, en muchas oportunidades éste toma una importancia mayor que su trabajo literario. En este sentido, podríamos decir que su labor de poeta no se remite a la sola creación literaria, sino que es completa y genuina, pues la poesía es en ella un hecho ligado a todo lo que realiza.

    Gabriela Mistral recibiendo el premio Nobel.

    Gabriela Mistral recibiendo el premio Nobel.

    El trabajo pedagógico, según Gabriela Mistral, se inicia en una amistad, que va más allá de la relación docente – alumno, es un querer al otro y un preocuparse por sus necesidades. El docente debe tener un acercamiento con preocupación genuina por aquellos de escasos recursos o que tienen limitadas sus virtudes por la infelicidad de la vida. Además, demuestra verdadero profesionalismo aquel que es capaz de alejarse de un academicismo frío e ir en pos de quienes están marginados en la ruralidad o en la incapacidad física. Por otro lado, el pensamiento de Mistral en lo relacionado con la educación, aborda temáticas que están ampliamente por los gestores de la educación en su etapa más básica, prestando así ella, una atención especial a los niños, concibiéndolos a estos como los que forjan el futuro, a la manera de Federico Fröebel. Es por este motivo que presta mayor interés en las metodologías de la enseñanza, en la libertad de culto y en la amplitud de miras que debe tener el docente. Además, su visión apunta a relacionar las nuevas tecnologías con el área educativa y así potenciar los conocimientos que el educando adquiera. El pensamiento de Mistral además, presta importancia significativa en la elección que se hace respecto a los autores que se investigan. Prevalece la función social de los textos, la hondura que estos tengan en cuanto a la capacidad reflexiva y motivadora en los estudiantes.

    A modo de conclusión, un texto redactado por Gabriela Mistral referente a su propio pensamiento en lo relacionado con el docente.

    Pensamientos pedagógicos de Gabriela Mistral

    gabriela_003Para las que enseñamos

    1. Todo para la escuela; muy poco para nosotras misma.

    2. Enseñar siempre en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto, y la palabra.

    3. Vivir las teorías hermosas. Vivir la bondad, la actividad y la honradez profesional.

    4. Amenizar la enseñanza con la hermosa palabra, con la anécdota oportuna y la relación de cada conocimiento con la vida.

    5. Hacer innecesaria la vigilancia de la jefe. En aquella a quien no se vigila, se confía.

    6. Hacerse necesaria, volverse indispensable: esa es la manera de conseguir estabilidad en un empleo.

    7. Empecemos, las que enseñamos, por no acudir a los medios espurios para ascender. La carta de recomendación, oficial o no oficial, casi siempre es la muleta para el que no camina bien.
    8. Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela ¿dónde podrán exigirse estas cosas?9. La maestra que no lee tiene que ser mala maestra: ha rebajado su profesión al mecanismo de oficio, al no renovarse espiritualmente.

    10. Cada repetición de la orden de un jefe, por bondadosa que sea, es la amonestación y la constancia de una falta.

    11. Más puede enseñar un analfabeto que un ser sin honradez, sin equidad.

    12. Hay que merecer el empleo cada día. No bastan los aciertos ni la actividad ocasionales.

    13. Todos los vicios y la mezquindad de un pueblo son vicios de sus maestros.

    14. No hay más aristocracia, dentro de un personal, que la aristocracia de la cultura o sea de los capaces.

    15. Para corregir no hay que temer. El peor maestro es el maestro con miedo.

    16. Todo puede decirse, pero hay que dar con la forma. La más acre reprimenda puede hacerse sin deprimir ni envenenar un alma.

    17. La enseñanza de los niños es tal vez la forma más alta de buscar a Dios; pero es también la más terrible en sentido de la tremenda responsabilidad.

    18. Lo grotesco proporciona una alegría innoble. Hay que evitarlo en los niños.

    19. Hay que eliminar de las fiestas escolares todo lo chabacano.

    20. Es una vergüenza que hayan penetrado en la escuela el couplet y la danza grotesca.

    21. La nobleza de la enseñanza comienza en la clase atenta y comprende el canto exaltador en sentido espiritual, la danza antigua – gracia y decoro-, la charla sin crueldad y el traje simple y correcto.

    22. Tan peligroso es que la maestra superficial charle con la alumno, como es hermoso que esté a su lado siempre la maestra que tiene algo que enseñar fuera de la clase.

    23. Las parábolas de Jesús son el eterno modelo de enseñanza: usar la imagen, ser sencilla y dar bajo apariencia el pensamiento más hondo.

    24. Es un vacío intolerable el de la instrucción que antes de dar conocimientos, no enseña métodos para estudiar.

    25. Como todo no es posible retenerlo, hay que hacer que la alumna seleccione y sepa distinguir entre la médula de un trozo y el detalle útil pero no indispensable.

    26. Como los niños no son mercancías, es vergonzoso regatear el tiempo en la escuela. Nos mandan instruir por horas y educar siempre. Luego, pertenecemos a la escuela en todo momento que ella nos necesite.

    27. El amos a las niñas enseña más caminos a la que enseña que la pedagogía.

    28. Estudiamos sin amor y aplicamos sin amor las máximas y aforismos de Pestalozzi y Froebel, esas almas tan tiernas, y por eso no alcanzamos lo que alcanzaron ellos.

    29. No es nocivo comentar la vida con las alumnas, cuando el comentario critica sin emponzoñar, alaba sin pasión y tiene intención edificadora.

    30. La vanidad es el peor vicio de una maestra, porque la que se cree perfecta se ha cerrado, en verdad, todos los caminos hacia la perfección

    31. Nada más difícil que medir en una clase hasta dónde llegan la amenidad y la alegría y dónde comienza la charlatanería y el desorden.

    32. En el progreso o el desprestigio de un colegio todos tenemos parte.

    visita a la embajada de Chile en Londres

    visita a la embajada de Chile
    en Londres

    33. ¿Cuántas almas ha envenenado o ha dejado confusas o empequeñecidas para siempre una maestra durante su vida?

    34. Los dedos del modelador deben ser a la vez firmes, suaves, amorosos.

    35. Todo esfuerzo que no es sostenido se pierde.

    36. La maestra que no respeta su mismo horario y lo altera sólo para su comodidad personal, enseña con eso el desorden y la falta de seriedad.

    37. La escuela no puede tolerar las modas sin decencia.

    38. El deber más elemental de la mujer que enseña es el decoro en su vestido. Tan vergonzosa como la falta de aseo es la falta de seriedad en su exterior.

    39. No hay sobre el mundo nada tan bello como la conquista de almas.

    40. Existen dulzuras que no son sino debilidades.

    41. El buen sembrador siembra cantando.

    42. Toda lección es susceptible de belleza.

    43. Es preciso no considerar la escuela como casa de una, sino de todas.

    44. Hay derecho a la crítica, pero después de haber hecho con éxito lo que se critica.

    45. Todo mérito se salva. La humanidad no está hecha de ciegos y ninguna injusticia persiste.

    46. Nada es más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto.

    Revista de Educación, Año II N° 1
    Santiago, Marzo de 1923

    Benjamín León

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los poemas y los días.

    Paco, consuelo, Benjamín, Blanca, Sara, Amparo, Alonso, Ana, Julio, Rosario, Rafel, Ferreiro y Paco, el marido de Rosario

    Paco, consuelo, Benjamín, Blanca, Sara, Amparo,
    Alonso, Ana, Julio, Rosario, Rafel, Ferreiro
    y Paco, el marido de Rosario

    Olvidé la costumbre de sentir a distancia,
    al aire entre los labios que silban un poema.
    Fue la revolución de las letras en celo;
    faquires de amistad embrujando palabras.

    Inolvidable reunión en Málaga, por la boca de un Vesubio en erupción, nutriendo lo distinto, entre laureles que hablan. En ristre la sonrisa, el candor se hizo cuerpo y, las enormidades que caminan, resultaron ser verso. Al borde incombustible de humano-sonrisa se acercaron los duendes, aquello fue fusión de palabras en vilo, y un resto de bondad se jugó entre poetas al póquer recital con los naipes-metáfora.

    No puedo recordar una estancia más grande, envuelto en la virtud de las letras sin techo. No quiero remediar el delirio sin tregua de los fastos de Málaga ni las introspecciones del luminiscente grupo de poetas que acudieron el sábado de autos.

    Hubo alguien, no quiero recordar quién fue, que no pudo perder el vuelo de regreso. El tipo llegó al aeropuerto con dos horas de retraso sobre la hora de salida prevista. Lo malo fue que el vuelo no se cerró hasta pasadas dos horas del tiempo señalado. El interfecto, en la idea de que el avión no había despegado por esperarle, no quiso hacer un feo a la compañía aérea y embarcó sin más preámbulos. Luego supo que el retraso se debió a que el avión había sufrido una avería. Porca miseria, si lo llega a saber se queda en Málaga. Y es que los tiempos han cambiado, ¿para bien? no sé. La cuestión es que ahora ya no bastan dos horas de retraso para perder un pájaro de hierro.

    Andrés Amorós

    Andrés Amorós

    Hablando de cosas del Foro, os diré que el premio de poesía virtual sufrirá cambios. Aprovecharemos el periodo de calor para ir reflexionando sobre la manera de tratar el premio y, a la vez, publicaremos un mensaje en nuestro Foro, en donde se podrán exponer las opiniones de todos los compañeros. Nos interesa saber vuestra opinión, dado que el premio no pretende otra cosa que ser un acicate para todos los foristas. Motivar a la participación efectiva, a la interrelación en el Foro, para recibir el reconocimiento general, de los propios compañeros, por las virtudes de nuestra creación.

    Por otro lado, la subida del nivel de calidad, en los trabajos que se publican en nuestro foro, está siendo notoria. No hago más que darle vueltas a ese asunto, porque quiero hallar la causa, para proteger el fenómeno y, en su caso, potenciarlo.

    A mi juicio, en nuestro Foro hay varias autoras y autores con un potencial lírico notable que están en una fase de continua progresión.

    Antonio Gamoneda

    Antonio Gamoneda

    Precisamente en un mensaje, en su último poema, nuestro amigo Esteban Granado, nos decía que se trata de poner toda la carne en el asador en el poema que toque escribir en aquel momento. Trabajar continuamente los detalles; buscar la perfección, aun sabiendo que la perfección no existe. En todo caso (probablemente a eso se refiere Esteban), al final del periplo, serás mejor de lo que eras aunque nunca llegues a ser perfecto.
    Como es natural, me sumo a la opinión de Esteban y apostillo que, a mi juicio, ese es el quid de la cuestión.Se trabaja, se investiga, se estudia, se intercambian ideas constantemente, se escribe con el máximo rigor, se es, como afirma Esteban Granado, sincero consigo mismo, sin más recompensa que el día a día. Solo que, en mi opinión, esa teoría de nuestro amigo Esteban, está reservada para los que quieren ser mejores poetas que ayer y son peores poetas que mañana.
    Por fortuna, en nuestro Foro ese espécimen de autor es abundante.
    De ahí la constante evolución del instinto que crea poesía.

    En cuanto a la revista Alaire deciros que, la versión web, pretendemos que se publique el día 15 de cada mes. Eso ahora me parece difícil, pero el asunto ha mejorado porque antes me parecía inaudito. Ciertamente, es complicado cumplir los plazos, por ello deberé guardarme de anunciar fechas si no quiero darme un patinazo detrás del otro.
    Antonio Mialdea
    Como podréis observar, la incorporación de grandes especialistas, a los contenidos de la revista Alaire, es incesante. Contamos con Antonio Mialdea, uno de los mayores expertos del mundo en san Juan de la Cruz y, Andrés Amorós, considerado un primer espada mundial en Crítica Literaria, también será colaborador habitual.

    Ahora viene anunciaros una auténtica bomba: Antonio Gamoneda, el maestro Gamoneda, uno de los mejores poetas del siglo XX, historia viva del verso, convertirá la sección de poesía de la revista Alaire en un referente histórico mediante la publicación de un poema inédito. Contar en cada número con un trabajo sin estrenar del maestro, es realmente impagable.

    Para la versión el papel, ya estamos preparando el primer número. No quiero dar una fecha, pero, la salida a la venta, será después del verano.
    Con cada revista incluiremos un libro de regalo. El primer volumen que regalaremos será una antología de una selección de poetas del Foro Alaire.
    A todos los poetas seleccionados, en esta primera antología, se les mandará un correo en donde les será explicado el asunto y, en su caso, se les solicitará la imprescindible confirmación.

    En fin, en pleno periodo vacacional, no me queda más que desearos que paséis un buen agosto.

    Un fuerte abrazo amigos.

    Rafael Calle

    24 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Reportaje: Francisco Alarcón

    francisco_alarconEl sábado 14 de junio 2008 se celebró en la Librería Lectura
    de Caracas – Venezuela, el acto de presentación del nuevo libro de poesías de Francisco Alarcón titulado Da la Cara.

    En un cálido compartir, los asistentes tuvieron la oportunidad de disfrutar los poemas del libro, recitados por Julio César Arreaza, Pancho Massiani y Eduardo Mayorbe .

    Julio César Arreaza seleccionó para declamar el poema A veces:

    A veces, dejo que la “suerte” me guíe,
    como un “papagayo” sin cola
    Son los días de hastío
    viendo un país indiferente,
    inelocuente,
    destartalado,
    salen las figuras plañideras,
    individuos en desuso dando consejos.

    A veces, me provoca aunque sea tirar una piedra,
    romper el vidrio de la indiferencia,
    comenzar algo que de en el blanco,
    no dejarle todo a la indolencia
    que me lleva al fastidio

    Críticas redundan como lluvias en letargo,
    todo el día llueve pero no pasa nada,
    de qué sirven las filípicas si no erosionan,
    si no hay volcán, únicamente las cenizas de siempre
    las que abundan aquí

    A veces, me quiero ir
    hacia donde la geografía me quiera recibir,
    donde la lluvia lave la cara y la honra
    donde eructen las lavas

    Los Baleares, no lo sé,
    pero que no haya calma,
    sino lo que ha de haber
    Donde retumbe y rompa mi fastidio
    Días de hastío, sólo son…?

    Pancho Massiani destacó que el nombre del libro fue tomado del poema A ti:

    …Dónde te ocultas, da la cara
    muestra tu bondad en cada acto de la humanidad
    y no tiembles ante la propia desconfianza
    que tu mismo no puedes contener
    descúbrete alguna vez no en esencia etérea
    para saber quien eres tú, con tu bondad infinita
    con responsabilidad pagana y sabiduría humana
    dime por qué te escondes del hombre que has creado.

    Intelectuales, artistas, pintores, escritores y diversos representantes de la sociedad venezolana se dieron cita en la Librería Lectura del centro comercial Chacaíto de Caracas, entre ellos: Antonieta Bustamante, Rosana Ordoñez, América Ratto, Elizabeth Genesca, Carolina Jaimes Branger, Susana Colucci,Teódulo López Meléndez, Régulo Pérez, Américo Martín, Jorge Gómez Mantelini, Héctor Pérez Marcano, Cipriano Heredia, Miguel González, Fredy Salazar…
    A casa llena, luego de la amena presentación, el poeta dedicó personalmente los libros y, entre copa y copa de vino, todos compartieron en una agradable tertulia.
    DIVAGANDO
    Yo no tengo ningún erario,
    sólo sol y paz
    Dejarlo en algún lugar
    será mi cumbre final,

    poca cosa me pide la tierra
    de alabastros llena, de boñigas y piedras
    Generación no espontánea que yació en el universo
    veré como se destruye todo o se recompone en algún umbral

    Ya estaré, en la más lánguida existencia
    sin perturbar a nadie aún queriéndolo
    No tendré provisiones de subsistencia,
    no necesitaré de la amistad ni de la compañía de ninguno

    No arrastraré afiliación seré yo en el nirvana del universo
    Tragando polvo, comiendo alabastro, transformándome en un desaforado espectro
    Sin voz ni voto; sin amor placentero, sin recuerdos que me aten a alguna esperanza
    Estaré en libertad, como ha de estarse cuando todo desparezca

    No tendré morfología, no me pareceré a nadie,
    No seré el oscuro recuerdo de los desalmados
    Perteneceré a otra esencia de cálidas temperaturas
    O cubierto de glaciares cuando amanezca

    No habrá pensamiento que prevalezca
    Los átomos no piensan, no hieren, o insultan
    No son seres, son partes y solo ellas
    desunidas o unidas no volveré a tener ser

    Me perdonaran, los perdonaré,
    jamás lo sabré por haber transcurrido en estas mustias tierras
    de adoquines, asombros de ignominia, destrezas de la “vida”
    no oiré, desprendido de la galaxia superior estaré reflotando quizá para siempre,

    quizá para siempre, pensando en ti, si mi cerebro funciona inmanente a tus pasos
    Podrá ser, no lo sabré hasta tanto me halle en el paseo sideral
    Sin penas que me atosiguen, sin gente que me rodee
    Sin perjuros que rindan amistad infame

    Sin lealtades “familiares”,
    sin vida que me acompañe,
    para un recordar de almas sin existencias
    no es la muerte a lo que me refiero ni al “mas allá”

    Es a mi viaje cósmico
    para el cual me preparó ahora que todo está descompuesto,
    deshecho, compartido con mediocres coexistencias
    Con pertenencias ajenas,
    con la diatriba diaria como el tema augural.
    No muere el firmamento, mueren ellos,
    o en mejor castellano fenecen en su propio quehacer

    La desgracia nos abrumó y nos seguirá abrumando
    no hay final para estos quehaceres
    Solo hay treguas entre uno y otro abatimiento
    para allá voy, para allá siempre quise ir en retiro

    Francisco Alarcón

    En austera autobiografía -próxima a salir-, dice el poeta: soy hombre de breves palabras en la vida cotidiana, mi vida me la debo a mi mismo. No he podido hacer fortuna porque nunca fue mi propósito final. Me afino a la poesía porque es el lenguaje más breve y hermoso para comunicarme con los seres humanos. Es conciso, directo, cierto, veraz, proviene de la entrañas, no caben las mentiras, ni hay remilgos. Es la realidad tangible del ser. Creo en la filosofía como vehiculo de compresión del cosmos, creo en Dios.

    Los avatares de la vida son parte de ella. Hay que vivirlos. Hay que sobrellevarlos con dignidad, no me gusta la pobreza ni la riqueza extrema. Soy partidario de un término medio, donde podamos existir con decencia. Una vez escribí ‘soy hijo de nadie’, pues no lo soy, tuve un padre bastante honorable y tengo una madre igual. Reniego, a veces, de lo que no vale la pena renegar, no siento odio por nadie, prefiero el olvido que los malos reencuentros. Volver a lo que fue es como volver a lugares ignotos… Desde que navego en Internet veo un mundo sin cotos, igual me da ser italiano, español o de donde soy. El termino ‘Patria’ es mezquino y la libertad y principios son universales… En oportunidades el recuerdo nos juega malos repasos. Mi vida, es como es hoy, estoy aquí, mañana no lo sé. Me entrego a mis escritos, convivo con ellos… Resido en Caracas en el mismo sitio donde casi nací… Cumplida está autodescripción que quizá abre la parte de su obra más profunda y transparente con “Da la Cara” y que continuará en una nueva entrega con “Prosas Fúnebres

    DA LA CARA

    © 2008, FRANCISCO ALARCÓN
    1ª edición
    ISBN 978-980-12-2926-1
    Depósito legal If 25220088002017
    http://poesias.venezuela.com/
    Copia suministrada a mi persona por francisco Alarcón para su difusión.
    Antonietta Valentina Bustamante
    Caracas-Venezuela

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Las lágrimas de Don Quijote. La aventura del puerto de Aralla

    don_quijoteLos aerogeneradores recortaban sus aspas en el azul intenso de la primavera. En la crestería de la sierra sólo las águilas disputaban su espacio. Un zumbido rítmico y grave se esparcía en el aire y rodaba suavemente por la ladera sobre la que se aparecían las figuras quietas de Sancho y su rucio con Rocinante y  su amo Don Quijote.
    – A fuer de sincero, Sancho, convengo en no saber qué lugar es éste ni qué camino el que llevamos; ni por qué la ventura nos quiere necesarios aún en este mundo del que hace tanto tiempo y de manera harto conocida despedimos una vez y para siempre, como cualquier mortal, nuestras vidas.

    – No me preguntéis, señor, por lo que vos mismo responder no sabéis –contesta Sancho abrazado al pescuezo de su jumento y temblando ya de miedo ya de los fríos que las primaveras acostumbran traer con el deshielo a las montañas-, ni esperéis que sepa más allá de lo que los ojos me dicen, y yo con ellos digo que si estas alturas no son las mismas que conocísteis en Sierra Morena, no son, a lo menos, menores y menos pavorosas.

    – Dices bien, Sancho amigo; que sólo de verlas me vienen a los miembros y costillas aquellos mismos dolores sufridos en aquellos altos riscos, al par que a la memoria alcanzan los recuerdos de los terribles y esforzados sacrificios que el amor por Dulcinea justamente demandaba.

    – Y digo, señor, si no será bueno que alcancemos aquella majada que al fondo se ve, tan bien hecha y guardada de mastines que maldito el lobo que se acerque a tentarla.

    Dicho lo cual, amo y escudero van descendiendo por el puerto de montaña extrañados del raro pavimento del camino, así como de los largos postes de madera que cruzaban parte del monte siguiendo la dirección que habían tomado y de los cuales parecían pender largas sogas que ataban los unos a los otros. No decían nada, absorto el caballero, temeroso Sancho, mientras el aire helado de la mañana parecía quemar sus gargantas y aún sus pulmones, sin que la escasa ropa que llevaban puesta sirviera demasiado en la desigual batalla contra el frío.

    A poco de allí creyeron distinguir la figura de un zagal que, acompañado de su perro pastor, se dirigía por la parte baja del monte hacia la misma majada que ellos  pretendían alcanzar. Avivando el paso y a poco de darle alcance, Don Quijote, alzando la voz, le dijo:

    – Ténte, buen hombre, y dínos, pues que  así os lo pedimos, qué lugar es éste y qué majada es esa y qué clase de hombre o genio hizo este camino y con qué clase de materiales y quién, de igual modo, levantó esos mástiles desarbolados y pastranos atados entre sí y con qué humano propósito.

    Pasmado se quedó el pastor ante la apariencia y aparición de aquellos personajes que se le representaban literalmente sacados de un libro, pues aunque poco leído y estudiado, sí tenía alguna idea de por dónde iban los tiros y lo que representaban, tanto el hombre bajito y rechoncho del burro, como el escuálido y armado caballero al que acompañaba; digo que de todo ello se hacía conjeturas por oídas y por haber visto su imagen en algún libro antiguo de la poca escuela a la que pudo asistir, en periódicos o tal vez en alguna revista o alguna serie de televisión. Por eso  se rascó la cabeza, confuso; luego pensó en alguna clase de broma o en que estaban rodando alguna película. Pero, evidentemente, ni se trataba de una película ni eran horas para bromas e, igual que Sancho, se pellizcaba la cara mientras se preguntaba si realmente era verdad lo que tenía ante sus ojos. Porque Sancho, de parecida manera, había reparado en las vestimentas del pastor, las cuales y a su entender, siendo básicamente las mismas y pareciendo hechas para los mismos fines, distaban mucho en hechura y acabado de las que acostumbraban a tener los cabreros y pastores de su tierra.

    Como mejor pudo,  el pastor les explicó que aquello era el puerto de Aralla y que la carretera que venía de La Pola y el más cercano pueblo de Geras seguía hacia Los Barrios de Luna o hacia Cubilla de Arbás, según se tire a derecha o izquierda…
    Las palabras le salieron al pastor de un tirón, más empujadas por el estupor que por la conciencia de lo que estaba ocurriendo y, como si de un conjuro se tratara, esperando ver deshacerse aquella aparición al pronunciarlas,. El perro ladró, Sancho abrió la boca más asombrado, si aún cabía, con el sonido, entonación y discurso del pastor. El burro esbozó un rebuzno y Rocinante no hizo nada. Sólo Don Quijote animó al pastor a continuar con un suave gesto del rostro y la mano.

    – El redil que véis, es mío, y en él guardo hasta trescientas veinticuatro ovejas…

    Siguió contándoles, sin apartar un momento la vista de sus interlocutores, cómo las había traído la semana anterior desde Extremadura con el fin de pasar el verano en estos montes; y  sobre la carretera y sus arreglos, aclaró que tal vez fuera cosa de la Diputación  o de los de Obras Públicas que se encargan de arreglar los baches que el frío y la nieve sacan en invierno. Los postes, añadió, unos son de la luz y otros del teléfono.

    .- ¿Qué queréis decir, buen hombre, con carretera, bache, poste de luz o teléfono? Aunque sí entiendo, por cuanto hasta aquí he oído, que estamos en tierras de la casa de Luna o cercanas de ellas, y que habéis hecho la trashumancia por las cañadas reales, de cuanto infiero que estamos pisando suelo del famoso y antiguo Reino de León…, por lo que forzoso es preguntaros, y así os preguntaré, por aquel leonés cautivo conocido por capitán Viedma que se casó con la bella Zoraida, hija del moro rico que le había comprado como esclavo y que ella, enamorada y convertida a la fé cristiana, ayudó a liberar, y juntos emprendieron su vuelta a la casa paterna después de servir valerosamente como soldado a las órdenes de Diego de Urbina y haber sufrido cautiverio, como ya os he dicho y como tal se cuenta en la primera parte del libro donde se narran mis aventuras, en el capítulo que empieza: “En un lugar de las montañas de León…” y etcétera.

    A punto de desmayarse, el pastor todavía acertó a preguntar por los nombres verdaderos de sus interlocutores, en la duda de si se trataban en realidad  del auténtico don Quijote y el verdadero Sancho.

    –     ¡Panza! –remata Sancho afirmando con grandes cabezadas en las que cabía, con la afirmación, la mayor perplejidad que describirse pudiera- El mismo que en las aventuras que mi señor Don Quijote cita, aparece; conocido por su gracia y, aunque escaso de seso, gobernador prudente que fue de la isla Barataria…

    –      Calla, Sancho, y deja que este buen hombre acabe de explicar lo que se le solicita.

    El estupor no dejaba balbucir palabra a nuestro conturbado pastor que repetía una y otra vez de forma mecánica que aquello, por imposible, no podía ser.

    –     ¿Qué no ha de ser, buen hombre? Serenáos y responded de una vez.

    Queriendo convencerse de que todo aquello formaba parte de una broma descomunal o algo relacionado con algún programa de la televisión, uno de esos que buscan conseguir el mayor número de telespectadores a base de presentar situaciones exageradas e irreales, se dirige al que se hacía pasar por el caballero manchego para preguntarle:

    .-¿Así que eres Don Quijote? ¿El del libro? Y todo esto no es cosa de la tele…

    .-¿¡Cómo si soy!? Pongo por testigo al cielo y en el mismo lance el amor que profeso a la sin par Dulcinea del Toboso de que soy el que dices; y entiendo de libros, aunque no entiendo de tele ni por qué, realmente, estamos de nuevo en este mundo, ni qué mago o encantador o llamada del destino quiso que llegáramos adonde ahora estamos.

    –     Y yo soy Sancho, como la madre que me parió. Y éste es mi rucio, que no me dejará por mentiroso.

    El pastor se deshace en noes de incredulidad explicando y razonando con ánimo de desembarazarse de la pesada broma que estando en 2008 y siendo su historia de hace tantísimo tiempo, de por lo menos –aventuró-  cuando los moros, no va a creerse, ni él ni nadie, que sean quienes dicen ser.

    –      ¿Dos mil ocho? – dice Don Quijote desorbitando los ojos- ¡Eso hace el remoto siglo XXI!

    –     ¡Ay, señor –exclama Sancho- que esta aventura se sale de los libros y la Historia, y paréceme a mí más terrible, si cabe, que aquella de los batanes…!

    –      Espero, Sancho, no termines con tu persona igual que entonces, que aún atormenta mi nariz el olfato de aquellas aguas, que por ser y llamarse mayores, responden a la conveniencia de hacerlas en lugar apartado y ventilado.

    –      No es menester que me lo recordéis más, mi señor, que aunque no sé cuánto tiempo ha que no entra pan ni queso, ni avellana o nuez o tan siquiera un torrezno asado en mi boca, y qué decir, en mi estómago, la tripa se me retuerce como si de todo ello y aún de lechones, cabrito o cabrón, o incluso de humildes truchuelas, estuviera lleno y necesitado de excusar lo que una vez comido sobra y al cuerpo no aprovecha…

    –      No sé cómo haces, Sancho, que todo lo enredas y confundes y, las más de las veces, acabas arrimando el agua a tu molino.

    –      Pues aunque fuera el ascua a mi sardina, que duelos con pan son menos y a buen hambre no hay pan duro; porque a falta de pan, buenas son tortas, y como tan presto se va el cordero como el carnero…

    –      No abuses de mi paciencia, Sancho, no sea el caso que cumpla ejecutar lo que por castigo te mereces y advertí. Pues que, además, tú y yo sabemos que todos hemos de morir y morimos, el caso es hallar explicación a lo que hoy nos acontece y ver si este digno pastor, con cuya profesión, como tengo ya explicado, el mundo es mejor, puede ayudarnos en lo que nos proponemos.

    El desventurado pastor sigue sin entender ni la situación, ni del todo bien las extrañas palabras del armado caballero. Indica, resignado, las instalaciones del redil. Piensa que realmente se ha topado con dos locos de remate; pero viéndolos inofensivos, decide seguirles la corriente a la espera de ver en qué para todo aquello o cuándo se van y termina su pesadilla.

    Ya en la casa, les ofrece unas lentejas de las que Sancho, haciendo gala de su proverbial fama, dio buena cuenta enseguida, amén de unas truchas del río Casares que don Quijote alabó pródigamente mientras el escudero las trasegaba asintiendo con la boca llena a todas cuantas razones su señor puntualmente iba ennumerando en favor de las mencionadas suculentas y bien sazonadas truchas, razones que si Sancho no alcanzaba a comprender en su totalidad, nuestro pastor no conseguía entender en absoluto, amén de que si hubiera tenido algún apetito, la sorpresa que se le había atragantado y digería con tanta dificultad, le hubiera impedido de todo punto el probar ningún otro bocado, por pequeño que fuere.

    En este punto, don Quijote alcanzó a reparar en la olla que hervía lentamente sobre el fuego y, percatándose de su olor, exclamó:

    –     Caldereta me parece que es lo que en esa olla se cuece, y no de las malas por lo que el aroma de sus carnes nos está dando a entender.

    –     De cordero paréceme a mí –añadió Sancho-, que se echa de ver en lo bien que casa al olfato con la hora del día,  y el apetito que abre si ésta es la  de comer, que por sí solas tienen estas carnes éstas y otras virtudes las cuales no es menester enumerar por no alargarse en demasía.

    –     Con todo ha de casarte a ti, Sancho, que no hay manjar que no cuadre con tu apetito, más parecido que otra cosa a un saco sin fondo.

    –     Con la necesidad digo yo que escuadra –responde el escudero-, que en estas aventuras que por la mano de vuesa merced seguimos, nunca se sabe a ciencia cierta en dónde, cómo y de qué habrá ocasión de cumplir como es razonable con el estómago, y que no hay camino bueno sin estómago contento…

    –     Cuadra has de decir, Sancho, y no escuadra; pero ahorrémosle otras molestias innecesarias con estas disertaciones a nuestro anfitrión y veamos si fuere posible probar semejante caldereta.

    Antes de que concluyera don Quijote sus razonamientos ya el pastor les había servido de la caldereta que era, efectivamente, de cordero y cocinada a la manera de la montaña y el estilo –les explicó- del pueblo próximo de Geras. Aceptó  henchido de gozo Sancho el plato bien cumplido que se le acercaba. Don Quijote alcanzó un trozo menudo y, degustándolo, volvió a las disertaciones  que había dejado en suspenso con las truchas, añadiendo tantas y tan sobradas razones en favor de la caldereta, que no había más que decir ni aún en un punto o una coma.

    –     Pardiez, que mi señor tiene razón en todo cuanto habla, y eso sólo con probar un poco que apenas cabe en la punta de los dedos, que si  comiera al estilo escuderil, que es como usamos los que de esta manera servimos a los señores caballeros andantes, no habría libros capaces de contener el número de las virtudes que al caletre se le llegaran,  en tanto tropel, que parecieran en la cazuela todos los corderos de un rebaño, y aún más.

    Y en éstas y otras semejantes iban transcurriendo las horas en las que el pastor se esforzaba en responder como mejor podía a las numerosas preguntas que le hacían, sobre todo don Quijote, acerca de cuanto les rodeaba y llamaba tan poderosamente su atención.

    Difícil le resultó al pastor del puerto de Aralla explicarles, y no consiguió que aceptaran cabalmente, la existencia de la luz eléctrica, de la nevera, la cocina de gas y el teléfono. Tales y tantos inventos que hacen que ocurran las cosas sin ser vistas ni apreciadas por sentido común alguno, más se les parecían cosas de magos y encantadores que de industria humana, al menos buena y cristiana. Cuando don Quijote vio aparecer las imágenes en la televisión, desenvainó la espada y se puso en guardia, asomándole a los ojos un punto de ira contenida. Pero las cosas no llegaron a mayores, de lo que se felicitó Sancho y, sobre todo, el atribulado pastor. Y aún más, que a medida que el día corría y la tarde traía la noche, cabe decir cómo el pastor se sentía cada vez más a gusto en su compañía, y ellos en la del pastor, unos con otros embebidos en los mundos que se descubrían, en un idioma español tan en todo igual y tan diferente como la noche del día.

    Don Quijote echó de menos el calor de un fuego bajo, aunque reconoció que la temperatura de la casa y la estancia en que se hallaban era agradable; sus ojos no se cansaban con aquella luz tan intensa como con el pálpito temeroso de las llamas de las velas, pero le impedía soñar en medio de aquel mundo sin sombras. Nada había más triste que aquella luz cegadora que de tanto alumbrar todo lo ocultaba. ¿Cómo, en fin, podían vivir y enseñar las obras escultóricas de los artistas sabios del medievo su mensaje, fuera de la luz vacilante de los hachones? ¿Dónde se recogía el titubeo de la sombra que da expresión al rostro de la piedra para traer desde la oscuridad la advertencia de la palabra, el juicio de lo justo, lo efímero de la vida y tantas verdades como se enseñan por buenas a las personas honestas y temerosas de Dios? Pero, sobre todo, en qué rincón de aquella luz podía recogerse el alma enamorada –y su imaginación voló a Dulcinea- cuando todo se hacía tan descarnadamente visible y sin secreto ni intimidad. Y, finalmente, con el rostro entristecido y mudo, lloró. Las lágrimas de Don Quijote conmovieron a Sancho.

    –     No llore vuesa merced, que estos son los tiempos venideros por los que luchó tan esforzada y valerosamente, que no ha habido ni habrá caballero andante que igualarle pueda, ni amor más grande que el de Dulcinea…

    –     No habrá, y dices bien. Y lloro, Sancho, no por lo que fuimos, sino por lo que ya no seremos. Lloro porque no habrá, no ya caballeros, sino un sólo hombre, uno bueno, que llene este mundo que el progreso ha inundado de luz, con justicia. Que la luz no quita sitio a la justicia, y si la una forma parte del progreso, la otra es la llave para abrir las puertas de ese ansiado progreso a la no menos necesaria paz, la concordia y la armonía sobre las que, como bien sabes, trataba mi discurso. Y no digas Dulcinea, di amor o la expresión más humilde de él, que es el cariño, el bálsamo necesario que no pude hallar en la cueva de Montesinos por aquellas circunstancias que todos conocen y que hubiera desencantado a Dulcinea, liberado el amor, desencadenado la ternura, que hace a los hombres, en su sentido cabal, humanos.

    –      Pero mire, señor –dijo Sancho sorbiendo los mocos y resecando las lágrimas con el dorso de la mano-, que estoy llorando yo también y parece que me siento mejor… ¿No será, por ventura, éste el bálsamo de que habláis y desconocíamos, a lo menos, en sus usos diferentes? Que no es lo mismo, digo, señor, llorar por la causa y efecto de unas cebollas, que por dolor de muelas y digo igual de miedo o rabia. Pues a lo que a mí se me alcanza, paréceme que éstas son lágrimas tan distintas que no vienen no digo ya de cebolla alguna, de pena o de tristeza, sino de otras partes de nuestro cuerpo o de… Y Sancho, a fuerza de querer buscar una palabra se le salían los ojos por la mirada incrédulo de lo que a la boca se le venía junto con su pensamiento.

    –      De amor quieres decir, Sancho; y yo digo que nunca estuviste tan juicioso, tan sabio y tan hombre en todo como en esta ocasión. Y aún más, Sancho amigo, que creo saber y vislumbrar para qué estamos aquí, ahora y en este comienzo de un siglo de aquellos que nosotros imaginamos venideros, y no digo más.

    Quedó en suspenso el mal armado caballero de la venta del andaluz, recompuesto el gesto con el torso erguido y la cabeza alzada a la vez que la mirada, y adelantando un poco más la barbilla y moderando el tono de su voz, exclamó:

    – Pero seamos discretos como conviene a los huéspedes que entienden y ejercen la virtud de la prudencia, y vayamos a dormir donde nuestro anfitrión se holgue acomodarnos, y agradezcamos su hospitalidad, que viniendo de pastor, aún siendo en tiempos tan extraños que conducen las ovejas no por cañadas, -como les explicó detalladamente el pastor el modo en que ahora se hacía la trashumancia- sino por máquinas que corren por caminos de hierro, más veloces que el viento y desafiando las leyes que la Naturaleza dicta para todas sus criaturas, digo que sigue siendo la hospitalidad actitud de persona honrada y generosa.

    Nadie dijo nada más. Durmieron, pasó toda la noche y a la mañana siguiente el pastor no pudo encontrarlos. Buscó rastros de su estancia, alguna pista o el mínimo indicio de su paso por la majada; pero realmente todo seguía como siempre, las ovejas en el redil y los mastines leoneses a la guarda,  y acabó por pensar y convencerse de que todo había sido un sueño, uno de esos increíbles sueños que alimentan la soledad y la altura de las montañas.

    No obstante, cuando nuestro pastor conoció que habían sido destruidos los aerogeneradores que sobre la sierra funcionaban desde hacía un par largo de años  con sus descomunales aspas batiendo el aire para alimentar el progreso; cuando supo cómo habían sido partidos por la mitad y que en la mitad del monte habían quedado tendidos con sus largos brazos inmóviles, bajados de sus arrogantes alturas y  fríos como metales muertos,  el pastor se empeñó en explicar a todo el mundo que había sido don Quijote, auxiliado por su escudero, el causante del descomunal destrozo, y que tanto él como Sancho Panza habían pasado todo aquel  día con su noche en su casa de la majada.

    Contó otros raros extremos referidos a las reflexiones que el caballero de la Triste Figura le había participado  aquella noche, como cuando le confesó saber para qué habían vuelto a este mundo y cómo a partir de entonces se le conocería por el sobrenombre de El Caballero del Puerto de Aralla.

    Y no solamente no le creyeron, sino que lo encerraron de por vida en un manicomio, donde desde entonces no ha vuelto a pronunciar una sola palabra y dibuja sin cesar frenéticamente dos cuadros, los dos siempre iguales. En uno, aparecen don Quijote y Sancho caminando por el puerto de Aralla; en el otro, se pueden ver los gigantescos molinetes vencidos, partidos por la mitad en la desolación de las alturas que sólo alcanzan, majestuosas, algunas águilas.

    Texto | Julio González Alonso

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Mi padre mono

    padre_mono_01Cuando empiezo a aceptar que desciendo del mono, aunque nunca me gust6 subirme a un árbol, me dicen ahora que hay otra familia simia más en consonancia por su parecido con la gente actual y que de esta venimos casi todos. Algunos están convencidos que llegaron en navíos interestelares y esas zarandajas. Esto no lo pondría bajo el microscopio de cualquier estudioso, por si dice que sí.

    Los científicos, que deben justificar sus horas extra y las otras, metidos en una habitación entre matraces y bocatas, nos suelen poner los genes de corbata cuando sueltan aquello de que llevamos implantado en nuestro cuerpecito el 90% de los genes de la mosca del vinagre. ¡Vaya asco!
    Se acabó el echarle aliño a la ensalada.

    Me inquieta que a estas alturas los descubridores se hayan dado cuenta de que el 60% de la genética gallinácea esté implantada en los seres pensantes. Pero ¿es que no pueden estarse quietos estos sabios de laboratorio y buscarse otros enredos? ¿Qué hago yo ahora con los muslos de gallina que tengo en el congelador? No me apetece nada comerme un trozo de familia.

    Y mejor no hablar de la secuencia vital del ratón, con su hociquito rosa. Llevamos un ramalazo de gen que nos invade de norte a sur, por todo el cuerpo playero.
    Si esto sigue así, vamos a ser hermanos de las baldosas del salón.

    Pensándolo fríamente, todo esto es una cochinada, por cierto…

    Texto | Consuelo Galán. Periodista.

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Notación Húngara

    hoySoyCapazDeLeerDeCorridoUnLibroDeMilPáginasEnNotaciónHúngara

    Pienso que intrínseca e íntimamente unida al aprendizaje, como si solamente se vendiera el conjunto, va la regla de oro de este juego que es la vida: Vida, manual de usuario, regla I: después.

    Porque es después de un tiempo jugando con los fonemas cuando se termina el primer maratón: ya sé leer. Después domino los palotes; después, poco a poco, mis dedos aprenden a sujetar correctamente el lápiz, y a dibujar las esquinas romas de las letras y de los números. Después: la abstracción, y «sabes» que tras un recorrido más o menos largo -si la mano no retrocede- el punto terminará en el lugar exacto en el que comenzó: la circunferencia abraza y contiene su propia área, el círculo. Después aprendes que hay una fórmula capaz de calcularla; que hay otras más complejas, y figuras geométricas menos simples. Pero todo eso, generalmente, llega después.

    Y después, cuando ya no se precisa del enorme esfuerzo que requerían los primeros ensayos, y lo aprendido resulta sencillo,  estos procesos se vuelven mecánicos. Todos. Todos, menos la emoción que suponía aprenderlos. Y es que la emoción no se aprende. La emoción camina de la mano de la incertidumbre:  el después. Así, en los ratos que probablemente sin motivo llamamos perdidos, me pregunto si tenía razón. Si sigo pensando que sobra algo de lo que he aprendido en este «juego», como me decía enfurruñada, mientras me esforzaba en adquirir la pericia suficiente para alcanzar aquella simplicidad.

    Hoy sé que de todo lo que he aprendido, sea esto mucho o poco, sólo hay algo que sin duda me sobra: meSobranEstáClaroLosEspacios.

    Texto | Balnca Sandino

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los olvidados: Juan Rejano

    juan_rejanoJuan Rejano
    Octubre de 1903 – Julio de 1976

    “Cuando se rehagan las medallas destruidas por la noche pestilente de estos tiempos, rota apenas por las rayas valerosas de la batalla española, recogeremos entre cieno y ceniza las lágrimas de esta poesía, su cola de cristales, de tal manera que estaremos orgullosos pensando cómo pasó la gaviota dejando una estela de platino sobre el cielo obscuro de la tempestad terrestre, y escarbaremos esa minuciosa moneda, fragancia estricta y resplandor, como documento de antiguos héroes, de mucha edad, de mucha congoja, de mucha primavera también…”

    Pablo Neruda

    Nos regalamos demasiados olvidos.
    A veces hacemos esperar, llenarse de polvo y hasta enmudecer la voz de muchos poetas; menguarlos, olvidarlos, anochecerlos…
    Hoy hablo de Juan Rejano, desde la mirada que me otorga el tono severo con que nos describe apasionado su tiempo y su destierro.
    “Aquí lejos, muy lejos,
    sin raíz y sin luna,
    desarbolado, ciego,
    cuando me han arrancado de los brazos
    de mi origen y oprime
    mi garganta un dogal de soledades,
    cuando llamo a las puertas más recientes
    y me responden los antiguos ecos
    y soy por ello un desangrado arcángel
    sin orillas, ni rosas, ni sorpresas.”
    Perteneció a la Generación del 27, y en su Libro de los Homenajes podemos encontrar recordatorios a algunos de sus representantes: Gacela de la Sombra, a Federico García Lorca; Imagen de Rafael Alberti y sus Poemas; El Mar Pregunta por Emilio Prados; A Luis Buñuel, Romanceador de Sombras; En la Muerte de Manuel Altolaguirre, y un largo etcétera de artistas y nuevos poetas.
    Al periodismo se dedicó hasta su muerte. Abundante fue su labor periodística en torno a temas culturales en España, antes y durante la guerra. Y ya en México continuó su amplísima aportación, al crear revistas y suplementos literarios y colaborar con publicaciones ya existentes.
    Como poeta de esa España peregrina que sufrimos todos, ahora, con mecanismo de ”sympathias”, nos muestra una “Mirada del hombre” entre la angustia y la esperanza.
    “Quiero a veces huir, huir a donde
    la memoria está exhausta
    y sólo es un acorde suspendido
    sin ayer ni mañana;
    huir a donde el hombre anida con el sueño
    más allá del espejo en que se abrasa,
    más allá de la duda,
    más allá, más allá de la esperanza.”
    Llega el exilio donde “vivir de ausencia es ya sobrevivirse”. Y tras su paso por el campo de concentración de Argelès parte a México.
    “Al alba va la noche del destierro ascendiendo
    como un bosque que emerge del mar y se ilumina…”
    Todos los libros de Rejano se editaron en México (muchos son hoy inencontrables) pero en su antología “definitiva”  con la que nos devuelve su diálogo trasatlántico su extensa e intensa obra, él mismo recopila y escoge poemas olvidados en otras publicaciones.
    Cuando nos habla de La Mirada del Hombre, el propio autor dice que este libro tiene la virtud de ponerle en contacto con el público español, con su pueblo, de quien forzosamente había vivido separado (y es que Rejano comenzó a sernos familiar al saber de su muerte).
    “Desnuda tierra donde está mi sangre,
    desnuda tierra mía encadenada,
    de caminos que lloran a sus hombres,
    de olivos y silencios con raíces hermanas.”
    Su poesía que comienza en 1939 con La muerte Burlada o Memoria en Llamas (libro prologado por P. Neruda) gira en torno a España: fuerza y pasión para con su patria, agitándose en intermedios de nostalgia y angustia.
    “Disuelve por mi sangre tu ceniza,
    tu viento y tu pasión ¡Oh, patria ardiente!
    Llega a mi exacto tronco transparente
    Y en verdes lechos vivos agoniza.”
    En esta angustia convocada de hombre, la muerte acecha a la esperanza: qué dura batalla.
    Arropado por la vehemencia del lenguaje del exilio, la lucha entre la conciencia del hombre en la Historia –hombre político- y mónada de la contemplación (dicotomía que le supongo de por sí a la poesía) se hace patente en Rejano que acaudala poemas en libros como un todo por su temática.
    Cuando la poesía es una necesidad para aliviar el alma de tanto y tanto recuerdo en la lejanía amarga, el compromiso es una obligación incuestionable.
    Con respecto a este compromiso nos deja pequeñas muestras a lo largo de toda su poesía, pero se hace más patente cuando más explícito és, y ahí está su libro Fulgor Violento dedicado a los guerrilleros y su  Oda a España dedicada por entero a Dolores Ibarruri (y como curiosidad alimentada he de nombrar aquí, un poema dedicado a Santiago Carrillo titulado Trébol de Octubre).
    Estos símbolos epocales que ahora nos dejan asombrados y que fueron la tónica habitual, son la síntesis del hombre que vive su tiempo.
    Juan Rejano quiso hallar palabras para expresar su mundo y entregarlo a los venideros.
    SEGUNDA ELEGÍA ESPAÑOLA
    A Francisco Giner de los Ríos

    Nube, viento será para el olvido,
    La sangre que alzó ayer como columnas
    Sus brazos sin defensa, solitarios,
    La fuerza que arrastraba las montañas
    Y ocultaba el latir de los espacios
    Donde cadentes ríos sin origen
    Sus enlazados pechos asomaban.

    Pero en viva batalla está su muerte
    Bajo pisadas que la luz condena;
    En más honda pasión está el latido
    Que cuando a verdes cimas ascendía,
    Por un himno de angustia convocado.
    Bajo la tierra en que el reposo habita,
    Alza su frente iluminada y abre
    Sus venas al que busca el bien perdido;
    Llama al hombre lejano y enardece
    El corazón, de los corazones vírgenes
    En que el dolor tan sólo abrió esperanzas
    Y vigilan sin número entre sombras.
    Y a su voz, de las tumbas como rosas
    Sales los dueños que jamás olvidan
    Los verdaderos cuerpos no extinguidos,
    Duros como la sal, como aquel día
    Cuyas ramas de fuego van creciendo
    Y al cielo alcanzan ya como una hoguera.

    ¿Quién detendrá esta suma, esta corriente
    donde truncados árboles navegan
    por una herida hacia la mar del sueño?
    ¿Quién negará este cuerpo, este horizonte,
    más claro en la tiniebla, más cercano
    para el que mira lejos y no duerme?
    Viviendo, ardiendo,  sube su centro,
    A libertar el viento encadenado,
    Los ánimo más puros cuyas manos
    Recorren avenidas temblorosas,
    Se crispan en un mundo calcinado,
    Poblado de cadáveres ausentes.

    No quisiera escatimar palabras.
    Quisiera seísmos de antologías para remover el almacén trasero de la memoria.

    Se muere una sola vez.
    O se muere tantas veces
    Que no se llega a nacer.

    Morir… cuando descansemos;
    Pero, mientras, que la muerte
    No nos lleve a su terreno.

    Que del nacer al morir
    La distancia no es muy larga
    Pero es dura de cubrir.

    Cúbrala el hombre con sus hazañas.

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Textos rescatados.- Una introducción a la lectura de “A la busca del tiempo perdido” de Marcel Proust

    Manuscrito de Proust

    Manuscrito de Proust

    Llevo muchos años leyendo y releyendo muy lentamente ese monumento literario: “A la busca del tiempo perdido” de Marcel Proust (París, 10 de julio de 1871 – ibídem, 18 de noviembre de 1922); creo que es una de la cumbres del arte y de la inteligencia del Ser humano. Es, además de una sátira de la alta sociedad francesa de principios del siglo XX —donde queda al descubierto su hipocresía, crueldad y anodina superficialidad— una novela total, donde nace lo que podíamos llamar: ” Un Ser poético-artístico superior” de la conjunción única entre la reflexión y el análisis —minuciosos e hipersensible— de los personajes y de las impresiones de la realidad, junto con una vasta cultura en todos los campos del arte: música, pintura, teatro, arquitectura, novela…. y también del devenir político-social de la sociedad francesa de la época.
    Es una lectura, por lo tanto, muy densa y compleja y no queda más remedio para el logro de semejantes objetivos que también lo sea muy extensa; consta de siete novelas: Por la parte de Swann (1913), A la sombra de las muchachas en flor (1919), La parte de Guermantes I y II (1921–1922), Sodoma y Gomorra I y II (1922–1923), La prisionera (póstuma,1925), La fugitiva (póstuma, 1927), El tiempo recobrado (póstuma 1927).
    Mauro Armiño es el responsable de una inmejorable traducción, y autor del magistral y brillante prólogo a la lujosa publicación en tres volúmenes de “A la busca del tiempo perdido” de la editorial Valdemar.
    La complejidad temática antes aludida va acompañada también de una complejidad de estilo narrativo que fue la piedra de toque sobre la que se auparon el rechazo casi total de los críticos más influyentes del momento.
    Dice al respecto Mauro Armiño en su prólogo:

     

    Manuscrito de Proust

    Manuscrito de Proust

    El tipo de escritura –empezando por el título mismo- era insólito: largas frases que se convertían en laberintos enhebrados por relativos y desviadas por constantes paréntesis.
    El lector se encontraba y se encuentra ante una sucesión de obstáculos a la comprensión inmediata de lo leído.
    El lector empapado en la gran tradición de la novela (Balzac, Flaubert, Stendhal, Dostoievski.., cuando se enfrenta a “A la busca del tiempo perdido” y trata de sumergirse en ella, la sorpresa puede llegar hasta el desagrado: hay una distancia infinita entre las propuestas de la narrativa decimonónica y Proust, en quien encontramos en vez de una trama lineal y un hilo del ovillo, una madeja absolutamente intrincada en la que múltiples hilos van tirando de algo inextricable a lo que muy difícilmente puede darse el nombre de acción o trama; hilos que se superponen, enredan y encabalgan hasta eliminar nociones sacralizadas por la narrativa tradicional: por ejemplo, el tiempo, uno de los arcos que sostienen la bóveda de esa catedral de “A la busca del tiempo perdido”.Estamos en una época en la que se percibe una perturbación en las ideas tradicionalmente fijistas tanto en la Ciencia como en la literatura, el terremoto Freudiano del inconsciente, en Geología las ideas movilistas de Wegener escandalizan a “los popes” de turno, según él, los continentes están cambiando de posición lenta pero constante y provienen de la fragmentación de un supercontinente; en la Biología, Darwin y su “Origen de las especies”, en la que afirma un origen común para la gran diversidad de seres vivos, en la que unos -algunos desaparecidos ya- provienen de otros, por evolución y en la que queda incluida el mismísimo “hijo de Dios” el Ser humano, escandaliza a la sociedad entera; en medicina-psiquiátrica el terremoto freudiano del inconsciente lo pone todo “patas pa arriba”; en la novela,  de la mano Proust, también entramos en esta concepción evolucionista de los ámbitos humanos, así nos lo muestra Mauro Armiño:

    “Es el propio Proust el que aplica a la construcción de su obra la metáfora de catedral, una arquitectura cuyos planos iniciales no son definitivos: sobre ellos, el tiempo y su paso irán alterando la idea primera, cambiando el sentido de las partes, modificando y añadiendo recovecos y capillas que alteran radicalmente el proceso de elaboración: en 1913, cuando aparece “Por la parte de Swann”, los planos de la totalidad de “A la busca del tiempo perdido” estaban trazados: diseñaban la vida interior de una sociedad caducada en la que pervivían los mitos que habían crecido al socaire del II imperio y alimentado la vida francesa de la “mondanite”, que era su expresión más acabada, cuando ya ese Imperio y sus aristócratas más representativos habían sido arrojado de la Historia; ese era el trazado general catedralicio, pero en las capillas, soldada al plano central, se alzan distintos altares: la belleza, la elegancia, el dinero, el amor con sus pormenores más angustiosos –Swann- o más venales; y en el centro mismo del trazado que vertebra la bóveda, la presencia extraña del Narrador articula la vida exterior de sus personajes –a los que presta situaciones y sentimientos propios, vividos repetidamente sobre todo en el apartado de la ansiedad amorosa- por él y por sus alter ego, y su propia vida interior, singularmente aguda para el análisis de la forma de procesar el pensamiento que tiene la mente humana.

    A la busca del tiempo perdido (tomo III) - La Fugitiva

    A la busca del tiempo perdido
    (tomo III) – La Fugitiva

    La obra de Proust se puede ver como un vaciado mágico de la memoria, mediante la varita mágica de los sentidos; continúa Mauro:

    la memoria proustiana está unida a la sensación, porque, porque son las sensaciones las que hacen brotar el recuerdo, y con ello las profundidades del individuo, la parte más auténtica del ser humano precisamente porque son inconscientes y porque, hundidas en la consciencia, perduran exentas de influencias exteriores: dice Proust: “En primer lugar, precisamente porque son involuntarios, porque se forman por sí mismos, atraídos por el parecido de un minuto idéntico, [los recuerdos] son los únicos que tienen una rúbrica de autenticidad. Luego, nos refiere las cosas en una dosificación exacta de memoria y olvido. Y por último, como nos hacen saborear la misma sensación en una circunstancia completamente distinta, la liberan de cualquier contingencia, nos dan su esencia extratemporal…” Pero el relato de la vivencia de un protagonista, si es que puede llamarse así al Narrador; no es más que estrato inferior del proyecto de “A la busca del tiempo perdido”: los sentimientos interiores despertados por las sensaciones y la memoria van a ir trasponiendo los límites de la conciencia personal, invadiendo otros dominios y transformando el resultado de la novela en una filosofía de la existencia. Dice Proust “lo que la existencia nos devuelve bajo el nombre de pasado no es él” y por lo tanto, voluntad y razón resultan ridículas a la hora de escribir; ni la inteligencia ni la memoria racional sirven para nada: es otra memoria, la sensorial, la táctil, la que de pronto hace surgir –a través de una magdalena, de la campanilla del Viático, de un perfume de azahar- el pasado sensitivo, el “recuerdo de un olvido”, diría Luis Cernuda. Escribe Proust en memoria de las iglesias asesinadas: “Si se supiese analizar el alma como la materia, se vería que, bajo la aparente diversidad de los espíritus lo mismo que bajo la de las cosas, sólo hay unos pocos cuerpos simples y elementos incompatibles, y que ese poco entra en la composición de lo que creemos que es nuestra personalidad, de las sustancias muy comunes y que se encuentran un poco por todas partes en el universo.

    En los “Textos rescatados” de este número, publicaremos una selección de algunos momentos de la sexta parte de “A la busca del tiempo perdido”, “La fugitiva” que impactaron de manera especial en sensibilidad del autor de esta sección.

    Algunos momentos de la fugitiva

    Fe experimental

    Es la vida la que, poco a poco, caso por caso, nos permite advertir que lo que es más importante para nuestro corazón, o para nuestro espíritu, no nos lo enseña el razonamiento, sino otras potencias distintas. Y entonces es la inteligencia misma la que, dándose cuenta de su superioridad, abdica por razonamiento ante ellas y acepta volverse su colaboradora y su sirviente. Fe experimental.

    Experiencia

    Pero lo que llamamos experiencia no es otra cosa que la revelación a nuestros propios ojos de un rasgo de nuestro carácter que reaparece naturalmente, y que reaparece con tanto más vigor cuanto que ya una vez lo hemos sacado a la luz para nosotros mismos,  de suerte que el movimiento espontáneo que no había guiado la primera vez resulta reforzado por todas las sugestiones del recuerdo. El plagio humano del que es más difícil escapar. Para los individuos (e incluso para los pueblos que perseveran en sus faltas y van agravándolas), es el plagio de si mismo.

    Felicidad

    Y sin embargo, por más alegría que ese regreso pudiera darme en el momento mismo, sabía que no tardarían en presentarse las mismas dificultades y que la búsqueda de la felicidad en la satisfacción del deseo moral era algo tan ingenuo como la empresa de alcanzar el horizonte caminando hacia delante. Cuanto más avanza el deseo, más se aleja la posesión verdadera. De modo que si es posible encontrar la felicidad o por lo menos la ausencia de sufrimientos, no es la satisfacción lo que hay que buscar sino la deducción progresiva, la extinción final del deseo.

    Amor y soledad

    Los vínculos entre un ser y nosotros no existen más que en nuestro pensamiento. La memoria al debilitarse los afloja, y, a pesar de la ilusión con la que querríamos engañarnos con la que por amor, por amistad, por cortesía, por respeto humano, por deber, engañamos a los demás, existimos solos. El hombre es el Ser que no puede salir de sí, que no conoce a los otros sino en sí, y si dice lo contrario miente.

    Amor y soledad

    No conseguimos cambiar las cosas a medida de nuestro deseo, pero, poco a poco, nuestro deseo cambia.

    Los cambios de la Atmósfera

    Los cambios de la atmósfera provocan otros en el hombre interior, despiertan unos yo olvidados, contrarían el adormecimiento de la costumbre, vuelven a dar fuerza a otros recuerdos, a ciertos sufrimientos ¿Cuánto más todavía para mí si este tiempo si este tiempo nuevo que hacía me recordaba aquel otro en que Albertine, en Balbec, había ido, bajo la amenazadora lluvia a dar, Dios sabe por qué, grandes paseos bajo el ajustado maillot de su caucho! Si hubiera estado viva, hoy sin duda., con este tiempo tan parecido, ¿se iría a Touraine para hacer debido sufrir por esa idea; pero, como en los mutilados, el menor cambio de tiempo renovaba mis dolores en el miembro que ya no existía.

    Sobre el amor

    Cierto que había conocido personas de mayor inteligencia. Pero lo infinito del amor, o su egoísmo, hace que los seres que amamos sean aquellos cuya fisonomía intelectual y moral es para nosotros lo menos objetivamente definido; lo retocamos constantemente a capricho de nuestros deseos y temores, no lo separamos de nosotros, no son otra cosa que un lugar inmenso y vago donde exteriorizar nuestras ternuras.

    Sobre la muerte

    La idea de que se ha de morir es más cruel que morir, pero menos que la idea de que otro ha muerto, que, plana de nuevo después de haber engullido a un ser, se extiende, sin un remolino siquiera en ese punto, a una realidad de la que ese ser está excluido, donde ya no existe ninguna voluntad, ningún conocimiento y de la que tan difícil es ascender de nuevo hasta la idea de que ese ser ha vivido como difícil resulta, por el recuerdo todavía reciente de su vida, pensar que es asimilable a las imágenes sin consistencia, a los recuerdos dejados por los personajes de una novela que se ha leído.

    Memoria y experiencia

    A parir de cierta edad nuestros recuerdo están de tal manera entreverados unos a otros que aquello en que se piensa, el libro que se lee, apenas si tienen ya importancia. En todas partes se ha puesto algo de uno mismo, todo es fecundo, todo es peligroso y pueden hacerse descubrimientos tan preciosos en los Pensamientos de Pascal como en la propaganda de un jabón. Memoria, tiempo y costumbre (la fugitiva)
    Levantando una punta del pesado velo de la costumbre (la costumbre embrutecedora que a lo largo de nuestra vida nos oculta casi todo el universo, y en una noche profunda, bajo su etiqueta inalterada, sustituye los venenos más peligrosos a los más embriagadores de la vida por alguna cosa anodina que no procura ninguna delicia), volvían a mí como el primer día, con la fresca y penetrante novedad de una estación que reaparece, de un cambio en la rutina de nuestras horas, que, también en el terreno de los placeres, si montamos en coche un primer buen día de primavera o salimos de casa al amanecer, nos hacen notar nuestras insignificantes acciones con una exaltación lúcida gracias a la cual ese minuto intenso prevalece sobre la totalidad de los días anteriores. Los días antiguos recubren poco a poco a los precedentes y son a su vez sepultados bajo los que los siguen. Pero cada día antiguo ha quedado depositado en nosotros como en una biblioteca inmensa donde, entre los libros más antiguos, hay un ejemplar que nadie irá a pedir nunca. Sin embargo, si ese día antiguo atravesando la traslucidez de las épocas siguientes, remonta la superficie y se extiende en nuestro Ser cubriéndolo por entero, entonces, durante un momento, los nombres recobran su antigua significación, los seres su antiguo rostro, nosotros nuestra alma de entonces, y sentimos con un sufrimiento vago, pero vuelto soportable y de breve duración, los problemas hace tiempo insolubles que tanto nos angustiaban entonces. Nuestro yo esta hecho de la superposición de nuestros estados sucesivos. Más esa superposición no es inmutable como la estratificación de una montaña. Perpetuos levantamientos hacen aflorar a la superficie capas antiguas.

    En la línea de la memoria

    …En esos retornos, por la misma línea, desde una tierra a la que no se volverá nunca, de la que no conocemos el nombre, el aspecto de todas las estaciones por las que ya hemos pasado a la ida, sucede que, mientras estamos detenidos en una de las paradas, tenemos por un instante la ilusión de que volvemos a partir, pero en dirección al lugar del que se viene, como habíamos hecho la primera vez. La ilusión cesa enseguida, pero durante un segundo nos habíamos detenido de nuevo llevados hacia él: tal es la crueldad del recuerdo.

    Placer de literatura

    …pero me daba cuenta de que no era verdad, de que si me gustaba imaginarme su atención como objeto de mi placer, ese placer era un placer interior, espiritual, postrero, que ellos no podían darme y que yo podía encontrar no hablando con ellos, sino escribiendo lejos de ellos; y de que, si empezaba a escribir para verlos indirectamente, para que tuviesen una mejor idea de mí, para prepararme una mejor posición en sociedad, escribir acaso me quitaría las ganas de verlos, y la posición que quizá la literatura me procurase en sociedad, ya no tendría ganas de gozarla porque mi placer no estaría ya en la sociedad sino en la literatura.

    Evolución de la personalidad

    Seguramente ese yo aún conservaba algún contacto con el antigua, de igual forma que un amigo indiferente a un duelo habla sin embargo a los presentes con la tristeza adecuada, y vuelve de vez en cuando a la habitación donde el viudo que le ha encargado recibir por él a las visitas, sigue dejando oír sus sollozos. Yo todavía los lanzaba cuando volvía a ser por un momento el antiguo  amigo de Albertine. Pero era un personaje totalmente nuevo al que tendía a pasar. No es porque los demás estén muertos por lo que se debilita nuestro afecto por ellos, sino porque morimos nosotros mismos. Albertine no tenía nada que reprocharle a su amigo. El que usurpaba su nombre no era más que su heredero. Sólo se puede ser fiel a lo que se recuerda, y sólo se recuerda lo que se ha conocido. Mientras crecía a la sombra del antiguo, mi nuevo yo le había oído hablar a menudo a Albertine; a través de los relatos que de él recogía, creía conocerla, le resultaba simpática, la amaba; pero no era más que una ternura de segunda mano.

    Madurez del sentimiento

    Adrée estaba dispuesta a amar a todas las criaturas, pero a condición de haber conseguido primero no imaginárselas como triunfadoras, y para ello humillarlas previamente. No comprendía que había que amar incluso a los orgulloso y vencer su orgullo con el amor y no con un orgullo más potente. Pero es que era como los enfermos que pretenden curarse con los mismos medios que alimentan la enfermedad, medios que aman y que dejarían de amar en cuanto renunciasen a ellos. Mas se quiere aprender a nadar y mantener sin embargo un pie en tierra.

    El presente continuo

    …. Porque el hombre es ese ser sin edad fija, ese ser que tiene la facultad de volver a ser en unos pocos segundos muchos años más joven, y que, rodeado por las paredes del tiempo en que ha vivido, flota en él pero como en un estanque cuyo nivel cambiase constantemente poniéndolo al alcance tan pronto de una época como de otra

     

    Texto | J.J.M.Ferreiro

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Blanca Sandino. Vencedora del V Concurso Poesía Virtual Alaire.

    Blanca Sandino

    Blanca Sandino

    Aún hoy se me da mejor manejar el tirachinas  que la aguja

    “No pertenezco a ningún grupo poético. Mi carrera es de ciencias, y creo que puedo decir que soy autodidacta”. Afirma Blanca Sandino, que poseedora de un temperamento persistente y a prueba de paciencia alega haber heredado de sus abuelos su afición por las letras y su temperamento inquieto: “Tener  abuelos como los míos, es  una suerte. El padre de mi madre, escribía (a mí me gustaba imitarle); el padre de mi padre sabía muchísimo de las tierras que cada año se llevaba la crecida del río, y  de prados, maizales y frutales; de cosechas en definitiva. Y sabía cómo estimular mi curiosidad por lo que me rodeaba (por todo lo que me rodeaba, excepto por las labores propias de una ‘señorita’ que era o que quería mi güelina que aprendiese). Aún hoy, y ha pasado tiempo, se me da mejor manejar el tirachinas  que la aguja. Actualmente mi residencia está  en Cádiz, no digo que vivo en Cádiz  porque por diversas circunstancias he de repartir mi tiempo entre Andalucía, Madrid y Asturias”.

    Continúa Blanca explayándose en sus recuerdos y ofreciendo parte de su memoria en esta entrevista: “Dice mi madre que pude haber nacido en cualquier otro sitio (hace algunos años, sus palabras me sonaba pelín misteriosas, y  su  ‘cualquier otro sitio’ me permitía dar rienda suelta a mi imaginación) pero que, gracias a la  insistencia de su padre, nací en Oviedo. No pude vivir allí más de dos meses: mis padres vivían en Madrid”.

    Sobre sus inicios en el mundillo poético afirma: “Mi currículo, el poético – qué extraño me resulta  hablar de él y llamarlo poético- es cortito: cabe en una cuartilla.  Y es que, a veces,  enviar cinco copias, debidamente encuadernadas, de un poemario de –mínimo- 500 versos, y  por correo certificado,  para que, caso de no ser premiado, las destruyan, supone un gasto que hay que estar dispuesto a hacer;  yo nunca  estaba dispuesta.

    El año 2001,  y  fue ésa la primera vez que lo intenté,  Edith Checa, directora de Rincón Literario de la UNED,  seleccionó de entre otros poemas míos que le envié: Insomnio (Airado). Recitado por ella –y muy bien-, se emitió a finales de abril de aquel año, en el programa: Tus poemas por las ondas,  de Radio 3.

    Más tarde,  Insomnio (Airado) fue elegido para formar parte del primer libro virtual (que patrocinaba la UNED)  “Todas las voces, una voz”.  Para mí fue, y es,  un orgullo que el poema que me  representa en el libro, represente también a España.  Igualmente fue una gran alegría que  para el programa que emitió La 2 de  TVE (y  el Canal Internacional, creo),  el 29 de mayo de  2004, titulado “Ayer y hoy de la poesía. El Humor”, fuera seleccionado y  leído: “De pronóstico… reservado”. Significó mucho para mí: no es fácil el humor en la poesía”.

    ¿Eso es todo Blanca, nada más que destacar?

    -Ajá, ¿creías que se me había olvidado? Pues no: ¡¡en 2008 me han concedido el V Premio de Poesía Virtual Alaire!!

    1.-Y al margen de imitar a tu abuelo ¿Qué es para ti escribir, que te apasiona del poema, del verso, de la poesía?

    No encuentro la respuesta. ¿Lo ves? A veces escribir es un suplicio, y el poema, el verso y la poesía, unos tiranos. Como ya he dicho, mi abuelo escribía. Me gustaba imitarle

    2.-De qué escribes ¿En tu poesía está implícito el compromiso?

    De qué escribo.., pues escribo de mí, sobre mí. Y es que, yo  soy lo que mejor conozco. Imagino que quedaría muy bien respondiendo que sí, que en mi poesía está implícito el  compromiso, pero no estoy segura de que sea así. Ni estoy segura de que sea bueno que haya un compromiso implícito, tampoco de que sea malo.

    3.-Cómo llegaste a la poesía, tú elegiste a la poesía o fue la poesía quien te eligió ¿sois buenos compañeros?

    Yo elegí la poesía (por  vagancia, creo) pues aunque me cuesta tanto expresarme que necesito muchos versos para  hacerlo, por muy largo que sea un poema siempre será  más corto que una novela.  Hoy,  tendría que replantearme la situación.

    No sé si somos buenas amigas, en realidad puedo amarla, y segundos después, y con la misma intensidad,  aborrecerla. Si te acercas demasiado a La Poesía,  ocurre como si te acercas demasiado a La Mar. Ambas son exigentes, muy exigentes, y si te regalan su amistad no permiten que permanezcas mucho tiempo alejada de ellas. Tremendo esto. Tremendo  porque  no puedo vivir sin poesía, ni sin ver la ‘carita’ de mi  mar  al amanecer, o al  atardecer.

    4.-¿Qué te sugiere esta frase: “El escritor nace, no se hace”? ¿Crees que se puede aprender a escribir?

    Me sugiere lo mismo  que si me hubieras preguntado qué me sugiere la frase: “El bombero nace, no se hace”. Por supuesto que se puede aprender a escribir, igual que se  aprende, por ejemplo,  a pintar muñecas de escayola.  Estoy segura de que se puede aprender cualquier técnica a poco que uno se esfuerce, pero ¿conocer la técnica te convierte en escritor?

    5.-Cada vez se  prodigan en mayor número y gracias sobre todo a portales webs especializados es fácil conocer las bases para participar, ¿Qué opinas de los concursos literarios? ¿crees que el afán por concursar está más justificado por dar a conocer la propia obra o porque ganar conlleva un aporte económico en algunos casos sustancioso?

    Los concursos literarios –sin entrar en honduras-  me parecen bien; y necesarios. En  mi opinión, quien desee darse a conocer debería optar, principalmente,  por concursos sin dotación económica, o con poquita: se presentan menos obras. Luego, cuando ya sea conocido… pues. Los nombres que aparecen en las  lista de ganadores de concursos literarios dotados con una cantidad de dinero importante, impresionan, la verdad. De todas formas y dado que hay que comer todos los días,  aplaudo a quien intente  ganar uno  de ésos que tienen una aportación económica  sustanciosa.  Y es que la libertad  es muy cara, amigo mío.

    6.-Qué aporta Internet y las nuevas tecnologías de la información y comunicación a la poesía y viceversa.

    Supongo que, aunque no somos conscientes de ello, aporta lo mismo que en su momento  aportó la imprenta a nuestra sociedad  (y viceversa).

    7.-¿y  al mundo, a la sociedad qué aportan?

    al mundo… no lo sé, a la sociedad, pues tampoco lo sé,  a la persona, sea ésta lo que sea, Internet le confiere el poder  de resguardar su intimidad. En esa fotografía que te envío, trabajábamos en un tema que es para mí casi una obsesión: Seguridad Informática. No sé si sabes cuánto inconsciente pulula  por Internet, charlando, charlando sin parar sobre sí mismo, y sin  hacer nada por proteger su equipo. Su actitud nos expone a todos.  (Sorry, no puedo evitarlo)

    8.-los poetas

    Si te refieres a su trabajo: pinceladas de sentimientos o de su forma de vivirlos,  o  de interpretarlos.

    9.-¿De qué forma debería ser la poesía para que gane adeptos y que no sea considera como mera cosa de gente sensiblera y como dijo Celaya  ”La poesía es un arma cargada de futuro”

    La poesía es –y será-  lo que queramos que sea. Me gusta Celaya, pero opino que ese verso que, curiosamente, casi todos conocemos, no es una metáfora afortunada: armas y futuro no me parece que se lleven demasiado bien. Las armas  las carga el diablo.

    10.-De todos tus trabajos ¿cuál es el más entrañable para ti?

    “Retrato de mujer con mar al fondo”, es uno de los poemas que más trabajo me ha costado considerar  como terminado.
    “Amaneceres”, es un relato que me marcó mucho (no quería tomarme el tema a la ligera, así que leí bastante, demasiado quizá), para documentarme. El matrato es… iba a decir una desgracia, pero  me quedaría muy corta
    Manuel y Gañán, de El descubrimiento, aún despiertan mi ternura, incluso me hacen sonreír cuando los recuerdo. Son buenos chicos.

    11.-¿Qué supone para ti haber conseguido el Premio Poesía Virtual Alaire?

    ¿Además de una sorpresa? Es un premio que  me han otorgado mis compañeros de foro, por eso lo valoro muchísimo.

    12.-En tu poesía empleas imágenes cotidianas con un toque personal muy expresivo e intimista, así como otros recursos expresivos que la hacen tan explícita y sugerente; ¿Eres consciente de que parte de tus poemas conllevan un guiño de erotismo?

    ¿El erotismo no es una parte del todo que conforma al ser humano?  Soy tan tonta, que en lugar de decirte que no, que, realmente,  no soy consciente de ello, respondo con una evasiva. Sin embargo, ¿por qué no decirlo?, y dando por hecho que sea cierto, me alegra saberlo.

    13.-¿Dime tres matices  que te pueden influir en tu manera de escribir y sentir la poesía?

    No precisamente por este orde, pero bueno:  1.- ese instante que precede al amanecer:  todo parece inmovil.  2.- La costumbre en la que, con más frecuencia de la que me gustaría, vivo.  (“qué triste es esta muerte lenta que llamamos costumbre”, escribí en algun poema). 3.- La injusticia.

    14.-¿Cómo es tu proceso al escribir ¿Cómo haces, qué cosas remueves hasta concretar un poema?

    ¿Yo? Más quisiera, Alonso. Hace tiempo le comentaba  Edith Checa que a La Poesía le pediría que me dejase elegir a mí el tema. No suele ser así. Algo, vete a saber qué, ocurre –ocurre generalmente en mi entorno-, y ese algo que convive conmigo equis semanas (que no solo convive conmigo, sino que emplea cada segundo  en convertirme en su rehén (y no vale que te rías : )),  un día, o una noche, decide que ya tiene edad para vivir  por su cuenta, así que..,

    15.-¿Qué libros nunca has podido terminar de leer  y qué  libros debieran ser leídos y que tu recomiendas?

    “Cien años de soledad” lo terminé por puro pundonor (quizá porque era jovencilla –o porque tenía más pundonor-). Actualmente  no me da cargo de conciencia cerrar un libro  en la página veinte si para entonces no ha conseguido atraparme. La narrativa actual (la española al menos), salvo raras excepciones, no me interesa lo más mínimo.
    No soy dada a las recomendaciones, pero bueno:  “Pedro Páramo”, de Juan Rulfo me gustó muchísimo.  “Romance de Lobos”, de Valle-Inclán,  también. “Nubosidad variable”, de Carmen Martín Gaite, lo disfruté mucho y lo recuerdo gratamente. Muy gratamente.

    16.-¿Qué dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía y que ha decidido ser poeta?

    Que no desprecie las normas de la métrica, al contrario, que se esfuerce en conocerlas, aprenderlas y practicarlas. Que es normal –incluso deseable- tratar de parecerse a su  poeta preferido en tanto encuentra su propio estilo. Y que si ser poeta es lo que desea, que persevere. Que persevere.

    17.-La experiencia de la vida ¿te ha curtido, se refleja en tu forma de escribir?

    Supongo que sí me han curtido, y supongo que se reflejarán en todo lo que hago.

    18.-¿Con qué sueñas?

    Con un velero. No quisiera morirme sin ver la constelación de Orión desde alta mar, y desde cubierta.

    19.-Un mensaje a tus compañeros del Foro Poético Alaire

    Siguiendo el hilo de mi  respuesta anterior,  se impone un  S.O.S : ))

    20.-Deseas decir ó comentar algo que no te haya preguntado?

    Pues ahora que lo dices, sí, pero…  no soy yo quien te entrevista a ti : )

    21.-Un poema

    ¡Figúrate!: uno. Tantos como hay. En fin, si tuviera que elegir uno, sin duda sería  éste:
    Amor constante más allá de la muerte

    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    sombra, que me llevare el blanco día,
    y podrá desatar esta alma mía
    hora, a su afán ansioso lisonjera;

    mas no de esotra parte en la ribera
    dejará la memoria en donde ardía;
    nadar sabe mi llama la agua fría,
    y perder el respeto a ley severa;

    Alma a quien todo un Dios prisión ha sido,
    venas que humor a tanto fuego han dado,
    médulas que han gloriosamente ardido,

    su cuerpo dejarán, no su cuidado;
    serán ceniza, mas tendrán sentido.
    Polvo serán, mas polvo enamorado.

    Francisco de Quevedo

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista: Roxana Aristy

    Entre el cálido encanto de un corazón que desborda poesía, la sutileza de oriente y la fuerza de una mujer luchadora que guerrea tan sólo con las armas del amor y la belleza, sucede Roxane Aristy, una poeta en el multiculturalismo de New York que aspira a volver a su maravillosa isla, República Dominicana y terminar su primera novela de ciencia ficción.
    Hoy hemos querido acercarnos a la inmensa energía sensual de Roxane , a su madurez espiritual y su expléndida serenidad poética.

    1 – Háblanos un poco de ti, ¿quién es Roxane Aristy y qué hace tan lejos de su tierra?

    Primeramente gracias, Sara y a todos en Alaire por darnos a poetas desconocidos medios como ésta valiosa revista.  La mejor forma para responder es compartiendo un poema que escribí durante mi quimioterapia y que en síntesis expresa mi sentir con la vida.

    El Ciclo De Las Hojas

    Observo en mi misma que no es perfeccionar la búsqueda,
    es no perder todo aquello que nos sobrecoge.

    Hoy, es un día glorioso
    caen rojos, amarillos
    los atardeceres
    de los ciclos de las hojas,

    y no importa si sufra,
    o suspire,
    o muera,

    Es el camino al camino
    lo que nos llena de asombros.

    E. R. Aristy
    ERA©2003/La fenomenología del Ser
    Oceanside, New York
    Me creo ser una persona sencilla en relación con los demás. pero, sin duda en mi, como en todos hay grandes complejidades.

    Soy parte del multiculturalismo de Nueva York.  Pero sufrí inmensamente ser desarraigada de mi primer núcleo social, Santo Domingo, República Dominicana, ya cuando me iba encaminando muy bien en las Bellas Artes. Tomó unos catorce años para que empezara a sentirme  integrada a ésta sociedad y ese proceso fue posible gracias a nuevos afectos con gente muy especial.

    En mi caso, no fue mi idea ni deseo emigrar a los Estados Unidos. Fue más bien una decisión de mi madre quien se sintió acosada por alguien en poder, y en países donde no hay instituciones que protejan y respalden al ciudadano común, y en especial, a la mujer y a los niños, la ley es del que abusa del poder.

    Podría haberte contestado con formulismos como “vine a estudiar”, “en busca de una vida mejor”, pero, la verdad para mí es importante, la verdad supera a la ficción.

    Soy madre de Alejandro y Christopher, hijos que al igual que yo, buscan entender los códigos, las instalaciones de las conexiones humanas.  Es por gracia que en medio de la ceguera de mi propia imperfección veo la gloria del poema humano.

    2 – Retrocedamos en el tiempo, llévanos a ese primer recuerdo que tengas de tu contacto con la poesía.

    Doy gracias a mi madre quien me regaló la poesía.  Me subía en una silla desde los tres años, y me enseñaba poemas para luego declamar en lugares como el Centro Libanés, en Santo Domingo República Dominicana.  El dulce Milagro de Juana Ibarborou fue un poema que declamé varias veces en mi vida y es parte de mi alma.

    El libro de las manos
    A Juana Ibarbourou y a Alfonsina Storni
    Miro mis manos vacías
    con la misma fascinación
    del primigenio,
    se remontan en la lejanía,
    en las alas sutiles de Storni,
    ¿qué es esto?
    mis manos florecen,
    versos, versos, versos,
    en mis dedos crecen!

    E. R. Aristy
    ERA©1978/Detalle de las manos
    Santo Domingo, República Dominicana

    3 – ¿Qué poetas y escritores recomendarías como lectura indispensable? ¿En qué forma te han influido en tus textos?

    Jorge Luis Borges, George Orwell, Isaac Asimov, Maya Angelou, Shel Silverstein, Khwaja Abdulla Ansari y Gabriel García Márquez.

    La  naturalidad de Borges con lo extraordinario y fenomenológico. El agudo  poder de observación y profecía de Orwell, la cosmogonía imaginativa de Asimov,  la obra y el poema viviente que es Angelou, su trascender cultural y espiritual, Silverstein por escoger la belleza de los niños, Ansarí por su misticismo, Márquez por ofrecernos la dinámica del psique en los núcleos de las familias, el poder que ejercen los eventos emocionales.  Hay otros más, muchos más escritores y poetas que admiro y en cuyas obras me he sumergido en asombro, admiración y respeto.

    Me parece indispensable leer los libros inefables como La Biblia y el Tao Te Ching.

    Todas mis lecturas me llevan a un diálogo en lo remoto. El lenguaje que permanece es el de la búsqueda de la identidad, el sentido de propósito y la incógnita inefable de la muerte.

    4 – Cuéntanos cómo se fueron fraguando tus poemarios, ¿de dónde parte esa primera idea que después compone una obra?

    Mi primer amor no fue la poesía, fue el baile, pero  empecé a escribir a los diez años  cuando me dejaban sola los domingos en casa de una tía.  La soledad si no se llena de ocio se llena de exploraciones y de la necesidad inherente de comunicación. Estoy convencida de que solo se puede hablar de la libertad cuando se ha sido prisionero.  A partir de ese trance inicial, la poesía se convirtió en mi pan de cada día.

    5 – ¿ Qué visión tienes de la poesía femenina actual? ¿Crees que hay futuro para las mujeres en el mundo editorial?

    Para mí el sexo de la persona es irrelevante cuando se trata de la capacidad evolutiva de sus talentos.  Nunca había pensado en eso, te soy franca. Pero veamos la calidad de contribuciones literarias de las mujeres laureadas con el Nobel: Selma Ottilia Lovisa Lagerlo, Grazia Deledda, Sigrid Undset, Pearl Buck, Gabriela Mistral, Nelly Sachs, Nadine Gordimer, Toni Morrison, Wislawa Szymboska, Elfriede Jenlinek y Doris, Lessing.

    6 – ¿Cuál ha sido el mayor aporte que te ha hecho la poesía en tu vida?

    El ejercicio de la poesía es el filtro de mi yo interior, el pulmón.

    7- Háblanos un poco de tu visión poética, en tu opinión ¿por qué cauces crees que debe discurrir la poesía para ser de calidad?

    El único cauce que la poesía de calidad afluye y confluye en resonancia es la verdad emotiva de sus imágenes.  Mi propósito, mi atento,  es siempre la integración de la funcionalidad, la ciencia, y el sueño del arte,  con esto queda claro que estoy loca, y es esa alucinación de las abstracciones que me compromete a ir en pos de la cordura y el amor de Dios al través de la poesía.  El grado que mi vorágine poética cause conmover a alguien o hacer un remolino en las aguas estancadas del espíritu, es algo que no sabré a ciencia cierta, sin embargo, el trance me embebe y no tengo más remedio que llegar hasta aquí a compartir mis versos, creo que es un sentimiento que compartimos los que aspiramos a la Poesía.

    8 – ¿Dónde están tus metas con respecto a tu obra? ¿En qué medida crees que podría influir para conseguirlas tu participación en foros poéticos?

    En la actualidad acompaño a mi madre de 91 años en su tercera edad, mis hijos se independizaron hace casi dos años, pero deseo mantenerme cerca hasta que se hagan más fuertes, tienen 22 y 23 años.  En ésta transición me preparo para mi regreso a la República Dominicana, específicamente a Jarabacoa, el municipio ecológico de la provincia de La Vega. En el corazón del Cibao.  Espero dedicarme por un tiempo totalmente a completar BRECHA, una novela de ciencia ficción que empecé hace cuatro años, y que se ha congelado en  diecisietes capítulos. Ya me he desprendido de lo poco material que poseía y pues como comprenderás nada, ni siquiera mis sueños de Poesía se antepone a la poesía viva que son mi madre y mis hijos.  Agradezco contar con uno que otro poema, pero siento que me falta mucho por ejercitar, explorar. Solo dedicándole por entero mi atención es que llegaría a evolucionar y madurar en mis escritos. Deseo entregar algo que valiera tanta pena.

    Los foros poéticos son de suma importancia. Pertenecer a una comunidad como ésta nos mantiene lubricados, y nos da la sin igual experiencia de conocer a  nuestros contemporáneos, de descubrir otras voces, de filo con filo pulirnos.

    9 – Qué te sugiere esta definición de Shelley : “Los poetas son los legisladores desconocidos del mundo”.

    Acabo de deleitarme nuevamente leyendo   A Defense of Poetry de P. Shelley, y tengo que concordar con Harold Bloom que más que un ensayo es una prosa-rapsodia que instala a la Poesía en una función crítica en las sociedades.  Hablar de Shelley conlleva a Baudelaire en Notes nouvelles sur Edgar Poe “L’Imagination est une faculté quasi divine qui perçoit tout d’abord, en dehors des méthodes philosophiques, les rapports intimes et secrets des choses, les correspondances et les analogies”. Baudelaire se refiere aquí  a su precursor, Shelley y su idea de que la poesía es una facultad divina. Shelley presenta una acérrima  defensa de la expresión poética como semilla divina del yo interior que precede y sobrevive a las demás artes por interpretar el pensamiento al través de la germinante imaginación, transforma el lenguaje y transforma las tendencias morales de la época.

    Para entender cuando Shelley dice que “Los poetas son legisladores desconocidos del mundo” hay que aprehender primero su definición de la imaginación como instrumento de buena moralidad, la Poesía que “administra” Los valores Eternos, la innovación del idioma que el llama “vestido”. “Few poets of the highest class have chosen to exhibit the beauty of their conceptions in its naked truth and splendor”, “Pocos son los poetas de la más alta clase que escogen exhibir la belleza de su concepción en el esplendor de su desnudez”.

    Shelley le asigna el más alto honor a la Poesía, ve poesía en las demás artes como su fundamento.  Al concebir la Poesía ligada intrínsecamente con la empatía la traduce a un instrumento para ejercer cambios, verdaderos cambios. En ésta forma son legisladores los poetas que interpretan y aplican la ley y la sabiduría del Amor. ‘A poet is a nightingale, who sits in darkness sing. To cheer its own solitude with sweet sounds; his auditors are as men entranced by the melody of an unseen musician, who feel that they are moved and softened, yet know not whence or why”. “Un poeta es un ruiseñor, que se sienta a cantar en la oscuridad. A levantar los ánimos de su propia soledad con dulces sonidos; sus oyentes son hombres fascinados por la melodía de un músico oculto, quien a su vez siente que ellos se conmueven y se ablandan, sin embargo no sabe cómo ni por qué”. “The great secret of morals is Love”, “El gran secreto de la moralidad es el Amor”.

    Un punto crítico entre estas analogías que distingue a Baudelaire de Shelley es la problemática con el lector. “ Hypocrite lecteur, -mon semblabe-, mon frère!”.  El poeta pierde el aura de profeta y de sabio con la controversia de “Elevado”, y al mismo tiempo coincidir con las peripecias del ciudadano común.  Pero esto solo puede ser una complicación desde el Intelectualismo, no en la experiencia humana que todos tenemos en común.

    10 – Para terminar, tan sólo, pide un deseo.

    ¿Uno nada más? Jajajajaja, salud, y lo siento, tengo que pedir uno más, agradecimiento, no perderme de agradecer demostrablemente a la vida.

     

    Texto | Sara Castelar

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Etnoliteratura: poesía mapuche

    Graciela Huinao

    Graciela Huinao

    Dentro de las culturas originarias de Latinoamérica, el pueblo mapuche ha tenido que hacer frente a los distintos procesos de globalidad que nos invaden a menudo. Por ello, ha adquirido un valor inigualable el fortalecimiento de su identidad étnica y cultural. El proceso identitario no ha quedado relegado dentro de la literatura mapuche; más bien, mediante ésta se ha logrado preservar y difundir parte importante de su legado cultural. En la poesía mapuche, el hablante ha debido ritualizar su discurso desde un estado asumido de periferia cultural; entendiendo el discurso urbano como la voz validada por la sociedad y su cultura industrializada. Lejano de los modelos consumibles de cultura, y a partir de cierta hibridez en el plano lingüístico y en lo referido a su cosmovisión, tan necesarias para la codificación y decodificación de textos, el hablante plantea su discurso en medio de la interculturalidad.

    Lo anterior no es menos significativo, pues a partir de un factor de orden semiótico podemos entender el grado de hibridez existente en la poesía mapuche: éstos al aprender las normas de producción de textos de la literatura y discursividad europeas y de la escritura mediante el contacto con otras lenguas y otros tipos de discurso, han transformado su sistema discursivo y su expresión artística al mezclar categorías provenientes de tradiciones textuales y culturales diferentes: la propia y la extranjera. Sin embargo, es fundamental precisar que dentro de este proceso de adaptabilidad, los mapuches sólo incorporan elementos adecuables a su estructura cultural. De esta manera, a medida que se mantiene una etnoliteratura proveniente de la tradición propia, ha surgido una etnoliteratura intercultural, una expresión verbal de base mapuche, pero con muchas categorías mixtas que remiten simultáneamente a las dos culturas en contacto o limítrofes. Aún así, el grado de hibridez no resulta ni positivo ni negativo, es sólo un fenómeno que se produce debido a las relaciones interétnicas o interculturales en todas las sociedades y en cualquier época. Por ello, en menor o en mayor grado, el discurso mapuche resulta de interés en su análisis y lectura.

     

    Elicura Chihuailaf

    Elicura Chihuailaf

    Es significativo recordar, que la lírica mapudungún es, a lo menos, novedosa; pues, hasta mediados del siglo XX fue prácticamente desconocida, principalmente por la inexistencia de la escritura en mapudungún y por la no aceptación de su cultura y lengua. Por este motivo, es doblemente importante que dentro de las principales temáticas de la poesía mapuche se encuentren los mitos ancestrales, el apego a la naturaleza y la lucha por la pérdida de identidad provocada por la interculturalidad, lo que se traduce en un despliegue estético con características propias.Por otro lado, es importante tener presente que mucho de lo conocido en la tradición mapuche puede ser denominada como folklore literario, entendiendo éste como lo no registrado que existe en la memoria y está expresado en situaciones específicas de la vida de la comunidad para entretener, educar, recordar, acompañar al trabajo etc. Esta función altamente social trae consigo lo  poco innovador que es el texto folklórico, requiere que tenga semejanza con textos ya conocidos y que siga las normas de la tradición. La literatura, a diferencia del folklore literario, tiene su existencia en la escritura; los textos, que generalmente permanecen inalterados, son el producto de un solo autor que se esfuerza por escribir textos únicos, distintos a los demás, y en ellos predomina la función estética del lenguaje.

    Elicura Chihuailaf, destacado poeta mapuche, afirma que el verdadero mapuche se distingue no sólo por dominar su lengua sino también por tener el espíritu. El verdadero mapuche conoce sus orígenes, tiene su experiencia y su historia mapuches. Lo mapuche está dentro de él. Esta, según Chihuailaf, es la base de la auténtica poesía mapuche.

    Dentro de los poetas mapuches de la actualidad, destacan: Elicura Chihuailaf, Leonel Lienlaf, Jaime Huenún, Emilio Antilef, Lorenzo Aillapán, Jaqueline Caniguán, Graciela Huinao, Ricardo Loncón Antileo, Monica Huentemil, Carlos Levi Rañinao, Erwin Quintupil, Armando Marileo, Rayen Kvyeh, María Teresa Panchillo y Bernardo Colipán.
    Jaime_huenúnPor último, y a modo de conclusión, es importante tener presente que los poetas mapuches suelen publicar sus textos en doble lengua, tanto en mapudungún como en castellano De lo anterior podría desprenderse que los textos son biculturales; sin embargo, la lectura de estos lleva a una profundización del ser mapuche. En cuanto al estilo, se desprende el uso de figuras retóricas que indican la identidad asumida por los poetas mapuches; logrando de esta forma, principalmente, un acercamiento a la oralidad. La historia, y la temática del período de colonización en adelante son temas recurrentes en la poesía mapuche, aun cuando esta historicidad y la búsqueda de una suerte de paraíso perdido, bien puede referirse en más de un caso a experiencias personales del autor, más que al proceso de interculturalidad.La poesía mapuche es una poesía en descubrimiento. Una poesía que reafirma la identidad un pueblo originario de Latinoamérica. Una poesía exuberante de su cultura singular, limítrofe y sureña en la extremidad del mundo.

     

    LEONEL LIENLAF

    “Se ha despertado el ave de mi corazón
    Extendió sus alas y se llevó mis sueños
    [ para abrazar la tierra.”

    Nepey ñi güñüm piuke Lapümu ñi müpü
    Ina yey ñi pewma Rofülpuafiel ti mapu
    Lluvia

    Bajó como pétalos de flores
    gota a gota
    y cayó sobre mi cabeza
    luego se escurrió
    cerca de mi corazón
    refrescando mis venas sedientas
    Nagpay tapül rayen kechi
    Kiñeke wag nagpay
    Uñülünmu rupay
    Kachill ñi piuke
    Ka füchküllmaenew ñi mollfüñ

     

    ELICURA CHIHUAILAF
    La llave que nadie ha perdido

    La poesía no sirve para nada, me dicen
    Y en el bosque los árboles se acarician
    con sus raíces azules y agitan sus ramas
    el aire, saludando con pájaros la Cruz del Sur
    La poesía es el hondo susurro de los asesinados
    el rumor de hojas en el otoño, la tristeza
    por el muchacho que conserva la lengua
    pero ha perdido el alma
    La poesía, la poesía, es un gesto, el paisaje
    tus ojos y mis ojos muchacha, oídos corazón
    la misma música. Y no digo más, porque
    nadie encontrará la llave que nadie ha perdido
    Y poesía es el canto de mis antepasados
    el día de invierno que arde y apaga
    esta melancolía tan personal.

     

    PABLO HUIRIMILLA
    Canto a la cascada

    Bajamos con mi madre a la cascada
    para tomar remedios de su neblina
    Aquí está la flor azul en su arroyo
    llama el botero de la otra isla
    El lucero de la mañana nos alumbra
    En el rocío decimos el romance:
    ay! piedra azul que vienes a crecernos
    el corazón
    Azul ha sido el relámpago
    Aquí te traemos el oro que el padre  hoy duerme
    con la luna  más arriba del arco-iris
    Ella ha plantado un árbol de plata
    en el pantano
    y ancianos desatan nudos con una flecha
    en lluvia nieve luego granizo.

    (Del libro inédito “Palimpsesto” )

     

    Ül trayenko

    Nagininchiw tami ñuke trayenco mo
    Nun lawen ñi chiwai mo
    Few mülefei ta kalfurayen ta witrinko mo
    Mütrumfei ta nontufe aye ka wapi
    Ti weñelfe pelomtukei
    Ti mulfen fey pininchiw ta ül:
    Ay! Kalfukura munakupan ka treminchiw ta piwke
    Kalfumüley ti yefkeñ
    Aye kupalyen ti milla
    Manachawantü fachantü umagtuy
    Ta küyen mew doiwenu relmu
    Fey um ta kiñe aliwen rutar ta nieiñen mo
    Ka feyemun kuifikeche naltun pu trío
    Kiñe pulki mo
    Mawün mo yapus michai pire.

     

    GRACIELA HUINAO
    Nawel buta (tigre grande)

    A veces
    en las azules noches del sur
    a mi puerta llega
    el agónico canto vegetal
    de Nawel Buta.
    No sé si es
    cuando agita sus ramas
    protestando
    porque le han arrancado los ojos
    o en el momento
    en que desangra sus ríos
    por el mutilamiento
    de sus brazos.

    Se rompe mi alma
    en angustiado canto de Pewen
    y voces antiguas
    acuden a mi puerta
    pero sólo yo
    entiendo sus lenguas
    que frías de miedo
    surcan la selva
    para morir en ella.
    mientras en mis ojos
    se pierden
    las últimas estrellas.

    Futa nawel

    Kiñeke meu
    Chi pu kallfü willi meu
    Ñi wülngiñ meu akui
    Ngelleke Füta Nawel ñi
    Karüntu ül.
    Kimalan ñi witrantu meken
    Nengümnengümngelu ñi nge
    Kam petu ñi mollfün ñi leufü
    Ñi katrüñmangemun ñi lipang.
    Wichafi ñi am
    Weñangkün ül pewen meu
    Ka pu kuifike dungun meu
    Akui ñi wülngiñ meu

    Welu inche kizu
    Kimfiñ ñi chem pin engün
    Wütre meu ñi llükalen
    Wengamnierpun chi füta mawidantu
    Ñi larpuam.
    Feymeu ñi nge meu
    Petu ñami
    Doy inalechi pu wangülen.

    ( Del libro “Walinto” )

     

    JAIME HUENÚN
    Envio a Anahi

    Era madrugada y yo
    cortaba flores para ti en mis libros de poesía.
    Llovió largo sobre el mundo y en mi sueño
    se abrieron los primeros rojos brotes de poroto.
    Hacia el bosque volaron los güairaos,
    y el tue-tue cantó tres veces
    sólo para confundirme.
    Amanecí después: mariposa era el cielo,
    liebre era la tierra corriendo tras el sol.
    Te vi luego zumbando en las celdillas de la miel,
    haciendo olas en la blanca
    placenta de tu madre.
    La muerte es lo que escribe
    el agua sobre el agua, me dije contemplando
    el rocío de las hojas.
    Lloré, entonces lloré,
    sólo por el delirio de respirar tu aire.

     

    BERNARDO COLIPÁN
    Noche de wetripantü

    Anochece.  Una mano dibuja en los vidrios
    El rostros de una helada, cuyo nombre no ha olvidado
    Los manzanos sueñan la felicidad
    De compartir el mundo con los pájaros.
    La Nueva Salida del Sol ilumina
    El camino de los perdidos.
    El invierno hunde sus pies
    Dejando una huella sin forma.
    La estación de las lluvias es nuestro único consuelo.
    Noche de Wetripantü.  Un nuevo orden perdura en las
    /cosas.
    La memoria recupera el silencio
    Anterior a la palabra.

    Bibliografía

    Carrasco M., Iván. 1990. “Etnoliteratura mapuche y literatura chilena: relaciones”. Actas de Lengua y Literatura Mapuche 4: 19-27, Chile.

    Carrasco M., Iván. 1981. “En torno a la producción verbal artística de los mapuches”. Estudios Filológicos 16: 79-95, Chile.

    Chihuailaf, Elicura. 1990. “Poesía mapuche actual: Apuntes para el inicio de un necesario rescate”. Liwen 2: 36-40, Chile.

    Texto | Benjamín León

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

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