Poesía, literatura y arte
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  • San Juan de la Cruz. Una síntesis global para nuestro tiempo (II)

    sanjuan2En el anterior artículo decíamos que desde el primer tercio del pasado siglo Juan de la Cruz comienza a despertar un inusitado interés en territorios en los que anteriormente le había sido denegado el paso o a los que no había tenido acceso en ese afán de ocultación al que este carmelita, por diferentes circunstancias, había sido sometido. La Literatura, la Lingüística, la Psicología, otras creencias religiosas, otras espiritualidades, la Historia, la Ecdótica, etc. comienzan a hacerse eco de los versos y la prosa sanjuanistas conformando así, decíamos, el amplio caudal de riqueza que la mística de Juan de la Cruz ofrece al hombre de nuestro tiempo. En esta segunda parte nos centraremos en el ingreso de Juan de la Cruz en el canon de la literatura española.

    Siempre que nos enfrentamos a cuestiones como el canon literario, de tanta actualidad en el último decenio del pasado siglo, podemos optar por hacerlo desde una visión dinámica incluyendo la historia, o desde una visión ahistórica o estática. Es evidente que según lo hagamos en relación a la obra literaria de San Juan de la Cruz, el resultado será muy distinto.

    Si prescindimos de la historia, podemos encontrar afirmaciones de este tipo:

    Juan de la Cruz representa, en el ámbito de la literatura española desde sus comienzos hasta nuestros días una de las figuras más interesantes; su talla literaria se ha impuesto no sólo por el propio valor de su obra poética -que ha sido definida “sublime” pero también la “más enigmática”-, sino además por el interés que su obra comenzó a suscitar ya desde el siglo XVII y que se mantiene hasta el presente sin mostrar signos de disminución. Es más, habría que decir que la dificultad de aclarar la compleja problemática ínsita en su obra o relacionada con ella, lejos de agotarse en intentos llamados de antemano casi necesariamente al fracaso, ha despertado un fervor y un volumen de estudios que ha traspasado las fronteras nacionales, y que se ha extendido a disciplinas distintas de las de impronta específicamente literaria: los millares de aportaciones publicados hasta la fecha son la prueba evidente de un interés y de una fama que ya nacieron apenas pasados treinta años de la muerte del autor, a raíz de la edición -en el 1618- de sus primeras obras. (ELIA, PAOLA: San Juan de la Cruz. Poesías, Madrid, Castalia, 1990, pp. 9-10)

    La visión que sobre la obra literaria de San Juan de la Cruz ofrece la autora de estas líneas nos parecen demasiado optimistas. Decir que “Juan de la Cruz representa, en el ámbito de la literatura española desde sus comienzos hasta nuestros días, una de las figuras más interesantes”, supone utilizar un contexto demasiado amplio para que en un caso como el de la obra literaria de San Juan de la Cruz no se precise de más especificación. Si  Paola Elia se refiere al período en el que nace y va desarrollándose la historiografía de la literatura española, no podemos estar en absoluto de acuerdo con su afirmación. Nuestras investigaciones no nos han conducido a esa conclusión, sino que hemos advertido que la obra literaria de San Juan de la Cruz comienza a ser interesante para la historiografía sólo a partir de mediados del siglo XIX. Es evidente que la autora se eleva sobre la historia y mira un conjunto en el que sobresale San Juan de la Cruz como una de las figuras más representativas de la literatura española, entendida ésta en el conjunto global de sus disciplinas científicas. De cualquier manera,  la afirmación que se sigue de la anterior plantea un problema aún mayor. La recordamos: “Su talla literaria se ha impuesto no sólo por el propio valor de su obra poética […], sino además por el interés que su obra comenzó a suscitar ya desde el siglo XVII y que se mantiene hasta el presente sin mostrar signos de disminución”. Al contrario que en el caso precedente, nos encontramos ahora con una afirmación que no escapa de la historia. Sin embargo, es errónea, al menos, tal y como aquí ha sido expuesta o necesita más aclaración y especificación. Si volvemos de nuevo la mirada al principio del párrafo y observamos que el contexto científico sobre el que la autora asienta sus afirmaciones es la literatura española, decir en tal caso que la obra literaria del místico de Fontiveros no ha cesado de despertar interés desde el siglo XVII,  y desde ahí se ha mantenido intacto y creciente hasta nuestros días no responde del todo a la verdad histórica. La atención de la literatura española a la obra literaria de San Juan de la Cruz durante los siglos XVII y XVIII es prácticamente nula. No ocurre lo mismo con los siglos XIX y XX, siglos en los que Juan va progresivamente despuntando hasta elevarse a la cima de la poesía española, gracias, fundamentalmente, a una de sus obras poéticas: el Cántico Espiritual. Si Paola Elia se hubiese referido, no sólo al ámbito de la literatura española, sino también al ámbito teológico, su afirmación hubiese gozado, sin duda, de más valor de verdad.

    De hecho, en un asunto como la relación entre el canon y la obra literaria de San Juan de la Cruz, lo primero que tendríamos que diferenciar es el canon teológico del canon literario, entre otras cosas porque el fraile carmelita no ingresa al mismo tiempo en estos dos cánones. Ya sabemos, además, que fue problemático para ambos.

    San Juan de la Cruz ha sido un autor bastante controvertido, tanto para la teología como para la literatura. La teología, por una parte, ha tenido dos problemas fundamentales: primero, el de la crítica textual, con el consiguiente problema de la fijación del canon de las obras del místico, asunto que nos lleva hasta casi la mitad del siglo XX; y en segundo lugar, el problema del contenido teológico del texto, sobre todo en lo referente al Cántico Espiritual y su relación con cierta lectura del Cantar de los Cantares, texto realmente conflictivo, teológicamente hablando, en el siglo XVI -véase, por ejemplo, el conocido caso de fray Luis de León y su lectura literal de este texto bíblico-. Tanto es así que, precisamente, en la primera edición de las obras de Juan de la Cruz (Alcalá de Henares, 1618), el Cántico Espiritual no aparece. Este problema teológico ha sido reflejado por algunos especialistas en la materia.

    Tanto tomismo en la orden de los místicos se debe en buena parte a la permanente precisión de defender a sus fundadores del acoso a que fueran sometidos ante la Inquisición por soñadas connivencias y coincidencias con los alumbrados. (EGIDO, TEÓFANES: “Religión”, en AGUILAR PIÑAL, FRANCISCO (ed.): Historia literaria de España en el siglo XVIII, Madrid, Trotta, C.S.I.C, 1996, pág. 788).

    De cualquier manera, y poco a poco, Juan va liberándose del problema teológico que despertaban sus místicas enseñanzas. Y tenemos, naturalmente, unas fechas que se nos presentan como claves en la historia de este proceso de liberación que se inicia en 1618 con la editio princeps de su obra literaria, y que, progresivamente, van convirtiendo a San Juan de la Cruz en miembro de pleno derecho del canon teológico, y no sólo del español y el cristiano. Estas fechas son las siguientes: 1675, 1726 y 1926. La primera es la que corresponde a su beatificación, la segunda, a su canonización, y la tercera a su proclamación como Doctor de la Iglesia. Con estas tres fechas, incluida también la de la primera edición de sus obras, los escritos de Juan de la Cruz solventaron los problemas teológicos inherentes al propio texto, aunque todavía no lograron esquivar los literarios. Esto ocurrirá algo más adelante, entre la fecha de su canonización y la de su nombramiento como Doctor Ecclesiae.

    Esta es la razón y no otra por la que defendimos líneas arriba, al comentar el texto de Paola Elia, la necesidad de una mayor especificación si lo que tratamos de explicar es la relación de San Juan de la Cruz y su obra poética con los siglos XVII y XVIII, períodos en los que los centros de interés no sobrepasan ámbitos estrictamente teológicos y, dentro de éstos, los carmelitanos.

    La relación de San Juan de la Cruz, su obra literaria y su ingreso en el canon de la literatura española son cuestiones bien distintas a las del ingreso en el canon teológico, aunque puedan existir conexiones e influencias mutuas.

    Lo tardío y quebrado del proceso de ingreso de Juan de la Cruz en el canon literario español va unido necesaria e inseparablemente a lo quebrado y cambiante de la propia historia del canon en el devenir de la literatura española. De esta forma, insertamos al santo carmelita en el contexto de la historia de la literatura española: para poder comprender de una forma más adecuada cuándo y por qué la obra literaria del místico de Fontiveros ha sido considerada un valor y cuándo y por qué un contravalor. Por otra parte, la recepción en las obras de creación literaria y el interés de los creadores por un cierto autor no coincide, en muchas ocasiones, con el reconocimiento oficial como autoridad literaria de ese mismo autor. La aparición, realmente tardía, de San Juan de la Cruz en el canon de autoridades de la literatura española, independientemente de su inclusión en algunas poéticas o historias de la literatura española, también presenta sus fechas esenciales, claves: 1856, 1878 y 1881. Curiosamente estas tres fechas se encuentran situadas entre la canonización de San Juan de la Cruz (1726) y la celebración del tercer centenario de su muerte (1891) con la posterior proclamación como Doctor de la Iglesia (1926). La primera fecha propuesta, 1856, se corresponde con la publicación de las obras del místico en la Biblioteca de Autores Españoles, precedida de una extensa introducción de Pi y Margall, que tuvo su respuesta en la introducción que hizo Juan Manuel Ortí y Lara a otra edición de las obras del santo, esta vez en 1872. La segunda fecha, 1878, corresponde al ingreso de San Juan de la Cruz en el “Catálogo oficial de escritores que pueden servir de autoridad en el uso de vocabularios y frases en la lengua castellana”. Y la tercera, 1881, desde nuestro entender, la fundamental, corresponde a la lectura del discurso de ingreso en la Real Academia española de un joven Menéndez Pelayo, discurso dedicado a la poesía mística española. En este intervalo que va desde 1872 a 1881, el místico carmelita comienza a ser protagonista de nuestra historia literaria, protagonismo que ya no cesará durante todo el siglo XX.

    ¿Por qué ahora y no antes? ¿Qué factor o factores han influido en este cambio, de no existir a existir para la literatura española, para el canon literario?

    El siglo XIX español, en lo que a lo literario se refiere, posee dos vertientes esenciales y muy marcadas: por un lado, se produce una revisión y rescate de autores,  sobre todo de nuestros siglos de oro, hasta entonces no demasiado reconocidos; y, por otro, es el momento en que nace propiamente la historiografía de la  literatura española, coincidiendo, además, con la época en que dicha Historia se convierte en asignatura de índole universitaria. Estos dos aspectos, reunidos, hicieron posible la aparición en escena de un personaje, hasta ese momento, poco tenido en consideración en el ámbito de los estudios literarios. San Juan de la Cruz es, de esta forma, rescatado y, también, depositado en la cima del Parnaso de los poetas españoles.

    Texto | Antonio José Mialdea Baena
                   Doctor en Filología Española
                   Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
                   Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación.
                   Director de la revista internacional ”San Juan de la Cruz”

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Premio de Poesía Virtual Alaire. Nominados Sexta Edición

    Treinta y nueve poemas de veintisiete autores en la presente convocatoria del Premio de Poesía Virtual Alaire. Poemas pertenecientes a poetas del Foro Alaire como son José Manuel Sáiz  “Txopo” y Hallie Hernández Alfaro con tres poemas cada uno que encabezan no solo la lista de poemas nominados sino también en el momento de escribir estas líneas encabezan la clasificación empatan con 11 puntos en el seguimiento de las votaciones. Con dos poemas nominados figuran el veterano Valentín Martín; el notable poeta de San Juan, Puerto Rico, Raúl Castillo; el habitual y vencedor de la tercera edición de este premio Ramón Carballal, la estudiante uruguaya Luna de Nos, la cubana residente en Paris Lourdes Spin, el profesor vasco Julián Borao y el pastor riojano Adrián Pérez y con un poema cada uno de los siguientes poetas: Viví Flores Massares, Venezia Lesseps, Santiago Redondo Vega, Rosario Alonso, Ricardo Serna, Norma Duch, Martín Desormeaux, Just Gafar, Juan Cruz Bordoy, Isabel Rodríguez, Federico Ruibal, Eduardo R. de la Cruz, Eduardo Díaz, E. R. Aristy, Amparo Guillem, Alejandra Goerne y Alberto Batania

    “Lo mejor de los premios literarios es no saber que existen y sean tus propios compañeros quienes te presenten. Me pone ser finalista de un concurso donde abunda la buena poesía y donde está -por ejemplo- Isabel Rodríguez, mujer infinita y maestra de poetas” Así afirma Valentín Martin, natural de Salamanca y que tal como afirma ha escrito siempre y ha vivido de escribir casi siempre; habiendo ejercido el magisterio durante dos años de su juventud y el resto ejerciendo su profesión periodística en diversos medios de Madrid. Valentín Martin, afirma, escribir como búsqueda y huida. Sus versos nacen para encontrar complicidades y escapar de la desolación que le produce el que nada tiene remedio ante la finitud y la fugacidad. En estos momentos Valentín Martin nos advierte sobre su delicada salud, circunstancia personal agravada en los últimos días por un brutal ataque al corazón de Teresa, su esposa, del que afortunadamente ha logrado superar y disfruta del poema Teresa que ha colgado en nuestro foro y en estos momentos ya disfruta de una saneada y merecida estrella roja. Desde aquí le enviamos nuestros mejores deseos de recuperación y felicidad para esta pareja entrañable. En su poema DICEN QUE EN LA NOCHE NO HAY CAMINOS dedicado a nuestro compañero y amigo Jerónimo Muñoz el poeta de una forma lírica y profunda tiene la oportunidad de  arrancar del pasado sus recuerdos a la vez que reflexiona sobre el presente que ironiza con la entereza de quien en la vida lo tiene todo cumplido y poco o nada le queda por perder; no trata el poeta de detener su tiempo, solo utiliza el instante huidizo para asumir su propio origen en la evocación del recuerdo que aún mantiene del rostro de su padre: “conozco ya la hostilidad del mundo / y no me importa / Aún recuerdo el rostro de mi padre”; y  estos versos para tenerlos prendidos en la conciencia:  “Nada cambia con el paso de los siglos, jamás / un hombre pastoreó de verdad su vida / y los inviernos se llevaron siempre mal  con los ancianos”.

    “Me considero ya un veterano –afirma Ramón Carballal- en este concurso de poesía y debo decir que conservo intacta la ilusión de participar en él como si fuera el primer día. Creo que el nivel de los poetas que escriben aquí es muy alto, he aprendido de todos porque todos tienen algo que aportar y lo hacen con un estilo propio y en la mayor parte de los casos brillante. Uno de los indicadores del éxito que está teniendo el foro (y el concurso) es el incremento progresivo en el número de poetas que se han registrado. Por mi parte solo quiero mostrar una vez más mi agradecimiento a quienes me permiten escribir y publicar en este magnífico espacio poético”. Con estas elocuentes palabras define nuevamente Ramón Carballal su entusiasmo por el ambiente que se respira en el Foro Alaire; en su poema  LA MEMORIA DEL DESEO el poeta muestra su punto erótico en un texto cuya lectura atrae,  pleno de imágenes sugerentes donde la sensualidad roza al lector con una sugerencia directa al deseo: “…No fue sueño / el aguijón de tu acuarela / pero la tarde me quiere en otro sitio / y me cita entre tus piernas / cuando ya no caminas”.

    Adrian Pérez, residente en Autol, La Rioja, nuevamente en las nominaciones, afirma: “saber de nuevo que he sido seleccionado para este concurso me llena de satisfacción, hay poemas de una alta calidad poética y será muy difícil decidirse por un ganador, este concurso mes a mes , se va superando por la selección de los poemas, es una buena labor la que se lleva a cabo para decidirse por los poemas que pasan al concurso, el hecho de saberse ya participante es ya un buen premio al reconocimiento poético”. Un pastor ante la muerte es el título de un extenso poema de 54 versos endecasílabos y un soneto escritos en homenaje a Miguel Hernández en el 64 aniversario de su muerte producida el 28 de marzo de 1942 al cual pertenece este notable cuarteto: “Con un dulce sonido de cencerros / se embriagaba la tarde en Orihuela, / cubría con su olor la correhuela / los barbechos, las huertas y los cerros”

    “La revista de Poesía” en formato digital, es actualmente la modernidad y el vehículo literario del futuro por su inmediatez, espontaneidad,  bajo coste y por la globalización del mensaje y no tiene duda de que alrededor de este tipo de propuestas, si mantienen la necesaria calidad y buen hacer, se aglutinará la “poesía” del futuro como ya viene haciéndolo en ésta y en alguna otra de la red.” Así de Categórica y convencida del formato Alaire, afirma Venezia Lesseps, heterónimo de Emmanuelle-Marie-France Jollivet, 37 años de edad,  de cultura española pero nacida en Francia, reside actualmente en Sevilla; es  escritora de narrativa, a la que dedica su tiempo libre, habiendo escrito, no obstante tres libros de poesía: Por el camino de la diurnidad, Los reflejos del Ángel y Lydia. Venezia Lesseps  veterana de los foros poéticos de Internet ha sido nominada por su poema Reminiscencia donde a través de ritmo fluido y lenguaje culto e impecable recorre huellas propias evocando desde la más brillante estrella, Aldebarán, de la constelación de Tauro que la sumerge en recuerdos tempranos en la Bretagne a los verde, blanco, verde de su realidad en el sur excepcional de España: “Cómo será así el recuerdo, / tan luminoso como forja de herrero / o como Aldebarán / o como un plenilunio antiguo / y gastado en mi mente / y el mítico blasón de los bretones / en mi sangre tibia / y dulce, / abadías del mar / con miríadas de estrellas / y verde sangre verde sobre la labrantía”.

    “Gracias nuevamente por brindarme una vez más la oportunidad de concursar con mi poesía y de expresarme con mi  palabra. Verso y prosa como herramientas inherentes a la capacidad humana de ser diferentes. Cuando el animal habla y escribe supera un nuevo estadio para empezar a ser persona. No digo que quien no sepa leer ni escribir no lo sea, todo lo contrario, más y más fuerte quizá”. Palabras de Santiago Redondo Vega quien prosigue: “Otra cosa es lo que diga y cómo lo diga. Y yo vengo a decir que me reafirmo en la calidad poética en general del foro, en la de los poemas a concurso, en el aliciente que parece atraer como consecución de un premio y en que generalmente se vota por proximidad o amistad más que por calidad literaria, porque a la postre resulta que no creo que se lean todos los poemas a concurso y que se decanta una lucha final entre tres o cuatro poemas a lo sumo, porque acudimos -todos- a tomar parte en la pugna por la “foto finiss” del último sprint a meta. Y obviamos poemas de un pelotón que concita mucha más calidad de la que se le reconoce en último término. Pero somos humanos, injustos y además poetas, ¿qué más se nos puede pedir?” En esta nueva nominación, su poema  CELOS DE POSTRE aborda la nostalgia, desde lo cotidiano y el día a día, la vida misma con su dolor, ausencia y distancias: “Guisar para mí sólo carece de sentido; / ni gruñe la campana, ni en el lavavajillas / se duchan los cubiertos”.

    Nuevamente el veteranísimo Ricardo Serna, nos ofrece su opinión: Estoy contento por ser nuevamente nominado en la “6ª Edición Premio de Poesía Virtual Alaire”.  Muchas gracias a todos. La poesía es para mí un tesoro que enriquece mi corazón y mi espíritu. Me hace feliz  pertenecer- como ya lo he dicho- a este foro de amistad  que deja huella. He encontrado un sincero apoyo en ustedes: comentarios sinceros, motivadores, con la sonrisa y corazón por delante en cada palabra y luz de alegría que vale oro. Y entrego el mismo cariño que recibo. ¡Viva la amistad y la poesía! En su poema Dejé la madurez de su voz toma forma a través de un poema pleno de imágenes sugerentes: “Nombré / con guiño de cordero, la brisa del silencio / en dones de soledad / encendiendo el fondo de las lágrimas”.

    “En relación al concurso, me parece una propuesta estupenda, donde se puede  obtener una evaluación participativa… me encanta la fórmula que han desarrollado”. Afirma Norma Duch Roveri, quien amablemente prosigue su comentario: “decirte que me siento honrada, es poco… en esta casa de poesía me han acogido maravillosamente… y debo disculparme por no estar más presente, pero el trabajo a veces es absorbente. Lo primero que quiero es decirles: Gracias. Compartir junto a tantos poetas de la calidad de los que frecuentan este espacio, ya es suficiente premio. Te cuento que escribo en foros desde el 2005. Tengo un poemario publicado, allá en vuestras tierras, en Sevilla, se lanzó, Eterna Pleamar, mi primer libro de poemas, en Noviembre de 2007. Soy de nacionalidad chilena, y resido en un pueblito cercano a la capital, Santiago, rodeada de naturaleza… fuente inagotable de belleza y bondad”. En su poema distinguido con la estrella roja, VENGO A PEDIRLES QUE MIREN el poeta inquiere, escarba en los signos y gestos y clama la realidad con palabras y versos: “vengo a piarles al oído que miren, / miren el pasar de los arpegios dorados, / bañando de almíbares las arterias milenarias / donde habita la palabra  / de quien ama al prójimo; / no hablo de lenguaje sino de gestos”.

    El poeta colombiano, Just Gafar, nacido en Cúcuta y residente en Pamplona, ambas localidades situadas al norte de Santander, Colombia; nos ofrece su opinión: “Como lluvia tardía, como abono, como ese último rayo de sol necesario para germinar el pequeño tallo de palabra que muchas veces duerme bajo nuestra tierra, así podría definir la labor que el espacio de Editorial Alaire brinda para la poesía. Desde el primer momento en que se ingresa, desde el primer comentario que se realiza, ya se puede percibir la magia, el respeto y la compañía de las personas que de una u otra forma hacen parte del foro, personas con esta misma necesidad de estrujar, de palpar y absorber hasta los tuétanos la esencia prima de lo que sentimos. Ha sido un honor, poder  compartir con compañeros cuya calidad poética es digna de aplaudir ebriamente, y cuyas obras no hacen otra cosa que incentivar aún más este querer ser, este querer vivir y construir PALABRA”. En su poema nominado DESPERTAR desde una concepción personal, reflexiona Just Gafar, rastreando el abigarrado origen de la creación poética: “Algún día los poemas te sacarán los ojos / Cantaba mi madre en el patio trasero / bajo la sombra oscura de los antiguos cipreses”.

    E. R. Aristy (ERA) que afirma vivir entre dos mundos: “mi ciudad natalicia: Santo Domingo, República Dominicana y La Cittá d’a mare de Long Beach, New York” afirma: “Es la primera vez que participo en un concurso de Poesía y ¡Enhorabuena! Me parece que estos eventos nos sirven de estímulo y nos da perspectiva. Nos insta a elevar el nivel de nuestras expectaciones, a esmerarnos en la calidad de nuestra obra”.  Prosigue E. R. Aristy (ERA): “La Poesía es mi pan de cada día. No recuerdo que me faltara nunca, a veces dura como un pan bandito cuando el hambre aprieta, pero siempre un sustento y una entrada al jardín del paraíso”. Su poema nominado, MËDULA pleno de emotivas y agitadas imágenes, no deja indiferente al lector: “La yema de la vida se nutre de albumino, / Le nacen venas / por donde el alma corre a confluir / en el ocaso, / salpicada de estrellas se baña bajo la lluvia, /
    embebida de lunas se mece entre los matorrales”.

    En el momento del cierre de esta edición, son 4 los poemas de esta edición que pugnan entre sí, empatados a 17 votos cada uno de ellos, lo que nos da idea de la dificultad de decantar el voto por uno u otro poema depositario de la preciada estrella roja.

    Felicitamos a la totalidad de los poetas nominados en esta Sexta Edición del Premio de Poesía Virtual Alaire y alentamos a todos y cada uno de los usuarios registrados a que lean con atención los poemas nominados y hagan uso de su derecho al voto.

    Vuestro en la poesía
    Alonso de Molina

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Grupo Texturas

    J.J. M. Ferreiro

    Desde la grandiosa  exaltación de la naturaleza y la complejidad del ser en conexión con la misma, J.J M . Ferreiro hace de cada verso un incontenible caudal de fuerza, Celebración es una clara muestra de que la poesía se percibe con todos los sentidos, con un contenído lírico que se desborda, este poema actua como nexo de unión entre el hombre y los elementos, la belleza y el ser como todo indisoluble y  como plataforma en la que observar la condición humana desde la grandeza de la palabra en estado puro.

     

    Celebración

    Ante la apatía del dios

    el ritmo obliga

    a un soplo inédito.

    Se abre, palpitando, la tierra:

    aquel llamado a celebrar

    ha emergido.

    ¿Dónde está tu consumación sensible?

    ¿Hacia dónde se hundirá el sueño

    de tu impalpable música?

    La conciencia es memoria

    y tu más bello cántico

    ha de ser breve.

    Pero la huella de tu paso

    es permanencia:

    todo lo que has mirado

    también

    lo serás tú.

     

    Sal hacia la pregunta

    ―cada vez que te alejas

    estás más cerca.

    Tus manos se abren.

    Se transforman tus medios.

    Celebra el polvo

    que te renueva.

    Celebra el manantial

    que es semilla de un dios inconsistente.

    Vivir es celebrar el agua.

    Celebra el fruto renovado

    que es el amnios del firmamento.

    Quien vive solicita

    un lugar de celebración.

     

    Aquel llamado a celebrar

    ha emergido

    como un diamante

    en el silencio de la pérdida.

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Foro Alaire

    El amor ha sido uno de los principales temas de la poesía de todos los tiempos. El amor soñado, el amor celebrado, el amor perdido, el amor desesperado… y hasta el desamor. Aun hoy, después de todo el surrealismo, el dadaísmo, el ultraísmo, el creacionismo y todas las vanguardias, después de la poesía de la existencia, los novísimos, el postismo… aun hoy, Bécquer y Darío siguen vivos y el amor sigue siendo uno de los temas preferidos, tanto por los poetas como por aquellos que se acercan a la poesía solo para degustarla.
    Traemos hoy siete poemas extraídos de nuestro Foro. Son muy distintos, pero todos están cobijados por la sombra transparente del amor.

    Valentín Martín.- TERESA

    Antes de ti la nada.
    Tú desatas los nudos del silencio,
    subes el tiempo al altar de los relojes,
    adoras gentilmente a los vencidos
    y conviertes los puños en caricias.
    Hoy camino por tu rumbo sin sombra
    de sospecha, voy de la T a la A
    con la devoción de los discretos,
    como una golondrina herida que busca
    su refugio y me proclamo
    prófugo de un pasado ingrávido.
    Suave es la S donde se arrodillan
    las noches de los suicidas aparentes
    mientras la E levanta banderas
    y la R escribe tormentas de amor.
    A la sombra de tu nombre me reinvento,
    reclamo afinidades con el hombre
    y ya nunca estaré solo como un árbol
    mientras no decline tu talle
    o siembres de olvido las mañanas.

    El autor declara que su integridad vital sólo la consigue si tiene a su amada, si está unido a ella, si la posee y a su vez es poseído. Sin ella, la vida no es que esté incompleta, que sea imperfecta: es que no existe esa vida.
    Es la amada quien acerca la palabra a su boca silenciosa, quien inyecta en su pecho la ilusión de futuro, quien sabe amarlo incluso en el fracaso, quien aplaca su masculina ira y la transforma en amor.
    Antes de ti la nada.
    Tú desatas los nudos del silencio,
    subes el tiempo al altar de los relojes,
    adoras gentilmente a los vencidos
    y conviertes los puños en caricias.

    Lourdes Spin.- BOLERO EN PARIS

    Por fin la noche llega y respiro tu hombro;
    falo fugaz, insecto de mis rías.
    La ventana abierta
    y los tejados tangibles de París.

    De pronto me descubres limpia:
    ángel de espuma dices,
    flor del agua dices,
    tierna tú.

    Y yo que me reviento de las ganas,
    mujer de carne y huesos
    y otra vez carne abrasada.
    Pulpa puta de puma yo.

    Te revuelco hasta mi sima turbia.
    Ángel hambriento,
    flor del magma.
    Tientas tú.

    Huí otra vez por la ventana. Adentro,
    patinan tus ojos asombrados
    por los tejados tangibles de París.

    Encendida:
    —¿A dónde irá la luna
    mientras tú me sondeas con caricias?—

    —Tu eres la luna,
    dices.—
    El amor cobra su cromatismo más purpúreo. El amor ha dejado de ser platónico para convertirse en amor consumado. La pasión primaria e instintiva se ennoblece con la sublimación poética y el acto de amar adquiere un matiz diferenciador; humano, sí, pero, a la vez, celestial.
    Te revuelco hasta mi sima turbia.
    Ángel hambriento,
    flor del magma.
    Tientas tú.

    Alejandra Goerne.- EN CONTRA

    “Porque a veces somos peces
    nadando contra corriente
    y aún así…. se disfruta
    la humedad de las escamas”
    Te amo
    contra la pared que se desploma,
    tu gesto fruncido,
    la lagrima que hace fila.
    Una larga lista de cosas por hacer,
    contra el hastío de las horas.

    Te amo
    contra los bolsillos vacíos,
    la posibilidad debilitada,
    la permanencia de las cargas.
    Contra la labor  detenida,
    y los sueños de crayolas.

    Te amo
    contra la desfondada almohada
    tu desgano y mi desgano acéfalo
    o las ganas de oleaje repentinas.
    Contra esta, sola historia
    vacía y tan llena al mismo instante….yo te amo
    La poeta sabe que el camino del amor no está tapizado de pétalos. Sabe que amar es una constante lucha contra todo lo que se opone al amor.
    Sabe que ha de luchar contra la persistencia del tiempo, que arruina los más firmes muros; contra las mil dificultades de la vida, que nos sumen en la tristeza e, incluso, en el llanto; contra la monotonía del agotador trabajo cotidiano y contra el tedio de una vida que nos oscurece en la mediocridad, sin más luz que el amor.

    Te amo
    contra la pared que se desploma,
    tu gesto fruncido,
    la lágrima que hace fila.
    Una larga lista de cosas por hacer,
    contra el hastío de las horas.

     

    Ricardo Serna G.- YO TE AMO

    Yo te amo…así como soy
    en el mismo bosque de mis palabras
    con apariencia de viento en libertad,
    con las manos de pasajero
    pronunciando la vida,
    con venas de arena y playa,
    con el sol de pecho ardiente
    y pez que se asfixia
    con los sueños desarmados;
    así como soy
    crucificándome antes de morder
    el manjar que nace de tu boca,
    el disfraz que cubre las ganas
    de sirena con lámpara
    de grito en reclamo;
    aquí, con el silencio,
    con labios de primavera,
    con la tormenta que vive
    el tiempo de los nudos
    del recuerdo
    en suspiro de éxtasis de luna;
    más allá, de los días fatigados,
    que no alcanzan con su danza
    a celebrar las luces
    doradas de la cosecha
    perdida.

    Y pongo mi hambre
    en el plato que sonríe sin frutos.
    Quien ama, quien verdaderamente ama, magnifica tanto al ser amado que teme no merecerlo.
    El poeta ofrece su amor con sencillez, con humildad de amante desnudo, arropado solo por sus palabras, por sus versos, por sus infinitos anhelos de libertad compartida, por la simple y humana capacidad de su esfuerzo, y por su  límite existencial: su tránsito.
    Yo te amo…así como soy
    en el mismo bosque de mis palabras
    con apariencia de viento en libertad,
    con las manos de pasajero
    pronunciando la vida,

    Hallie Hernández Alfaro.- HABEAS CORPUS

    Aquí tienes mi cuerpo, sin islas desiertas ni antifaces
    contiguo, pálido de caricias
    sujeto a las barandas de una apología triste de jazmines.

    Parece vagar como un cromo deshecho en bajorrelieve
    cuando la llovizna brama la frialdad nocturna
    y los tobillos sangran el claustro de las hiedras mansas.

    Toda yo, incauta de pupilas y marasmos
    desenvaino la espada de mis chacras
    y quiebro la amnesia del cautiverio.

    Aqui tienes mi cuerpo, consignas de cristal hechas agua
    silencioso y expectante a la genealogía de tus pasos.

    Magnífico. La poeta (el “yo poético” creado por la poeta) se ofrece en total entrega, y se ofrece tal cual se ve a sí misma.
    No hay en ella misterios ni engaños. No establece distancias. Su cuerpo se está marchitando por la falta de amor y su lozanía se refugia solo en el perfume inmaculado de una piel desdichada.

    Aquí tienes mi cuerpo, sin islas desiertas ni antifaces,
    contiguo, pálido de caricias,
    sujeto a las barandas de una apología triste de jazmines.

    Viví Flores Massares.- HERIDA

    Tu voz quiebra la noche
    y no es tibia la herida que nos nombra.

    ¿No es acaso esta lágrima que arde entre mis labios
    la que nació en tus ojos al mirarme?

    Llanto tuyo es mi llanto,
    cuando tu mano es molde de mis senos
    y sus líneas son cauce de la ausencia.
    Mírame amanecer entre tus dedos
    al restañar las huellas del dolor,
    y escúchame gritar cuando preguntas
    por quién fluye mi sangre:
    Heme aquí, siempre amándote.

    Digo el ala que oculta va en tu frente,
    rizo bruno en la mía;
    ala de Nos que fuera desgarrada
    y aún nos desconoce,
    cuando lloran los hados sobre la tumba abierta del olvido.

    Heme aquí, siempre amándote,
    pecho tuyo que tiembla en mis pestañas
    cuando acecha la sombra.
    Ala de Nos que vuelve del silencio
    para encontrar tu lengua lejana de mis dientes.
    Llanto suyo es la herida de tu voz
    cuando quiebra la noche
    gritando que ya es tiempo de volver;
    llanto suyo el furor de mi respuesta:
    Heme aquí, siempre amándote.
    El amor como dolor asumido que jamás hará claudicar al sentimiento. El amor como herida que crece en la ausencia y se restaña en el encuentro. El amor que es motor de una vida, que hace latir el corazón e impulsar la sangre por el cuerpo de quien ama. El amor inmortal, para siempre.
    Mírame amanecer entre tus dedos
    al restañar las huellas del dolor,
    y escúchame gritar cuando preguntas
    por quién fluye mi sangre:
    Heme aquí, siempre amándote.

     Carmen Iglesia.- TE QUERÍA INSTANTE

    Te quería muy dentro de mi cuerpo,
    un recipiente que se sabe próximo
    a la humedad que fija en las paredes
    el perfil de los rostros que no están.

    Te quería tormenta en las ciudades,
    arena en el desierto,
    sábado en el renglón que se traduce
    en la mitad de un párpado.

    Yo te quería instante,
    no futuro, ni pieza de la herida.
    Ni materia en la noche.

    Invierno es lo que suena cuando pacto
    con un balcón mi huida.

    Y el mundo vuelve a ser un mapa amplio
    donde los dedos mueven el deseo.
    Donde la soledad define el límite
    de un tacto que se hospeda en la palabra.
    El sueño del amor. La poeta no pretende un inaccesible amor duradero: sueña con el amor puro, aunque fuese instantáneo, aunque no se prolongara en el tiempo. Sólo una gota de amor cuya pérdida irrevocable no duela en el pecho ni se ansíe en la soledad de la noche.
    Yo te quería instante,
    no futuro, ni pieza de la herida.
    Ni materia en la noche.

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Los poemas y los días

    Es muy gratificante ver plasmado un anhelo de poeta sin prejuicios.

    En este lugar se esta gestando un proceso de rebelión técnico-lógica que abrirá, no me cabe la menor duda, el abanico formal de escribir los versos de siempre.

    Partamos de la base de que, sin un grupo de autores que tengan el talento suficiente (no somos lingüistas, luego, tenemos que ser, por lo menos, buenos poetas), no sería posible intentar el agrupamiento de ciertas reglas que me parecen primordiales, y, por ello, serían susceptibles de confrontar antes que cualquier otra cuestión. Y la pausa versal es la piedra angular sobre la que giran las reglas que la siguen.

    A mi juicio, la diferencia fundamental entre un poema en verso y un poema en prosa es la pausa versal. Por ello, cuando hablamos de un poema en verso, la pausa versal se tiene que respetar siempre. Lo contrario que en un poema en prosa, donde no existe la pausa versal.  Con esta formulación tan simple tenemos una manera de distinguir un poema en prosa de un poema en verso.

    Esto, que parece muy fácil de decir, en ocasiones es difícil de aplicar por mor del encabalgamiento.

    El encabalgamiento es un desajuste que producen, al no coincidir, la pausas morfosintáctica y versal.

    Si hay una división en un grupo de palabras que no admite pausa en su interior, entonces se da el encabalgamiento.

    Sin perjuicio de que haya en la historia de la poesía grandes genios que lo hayan utilizado como ellos han entendido que debían hacerlo, en mi opinión, un buen encabalgamiento, tiene que admitir la pausa versal sin perder el sentido en la unidad del verso.

    Supongo que el hecho de escribir composiciones que se ajustaban ineludiblemente a combinaciones con metro, rima, y cantidad de versos inalterables (soneto, madrigal, décima, silva, epigrama, etc.), produjo la utilización de las licencias poéticas en aras de superar todas las premisas que surgen, cuando queremos escribir un poema,  con una combinación de versos premeditada.

    Pero, hoy en día, los poetas no se rigen por un número determinado o inalterable de sílabas en los versos ni por una cantidad de estrofas ni por una rima cerrada.

    Decir que la pausa versal es obligatoria, modifica la formulación de los versos, porque, aunque los versos estén encabalgados en su significado, también admitirán la pausa versal. Obviamente, para que eso se produzca, ambos versos encabalgados tienen que funcionar, a su vez, de una manera autónoma.

    Es, desde luego, mucho más difícil dejar dos versos que se puedan leer entre una pausa y que, sin embargo, tengan sentido por sí solos, que, dejar dos versos que tengan que leerse de corrido, sin pausa, salvo que se quiera perder el sentido de lo que se está diciendo.

    A mi juicio, dos versos que no se puedan encabalgar, respetando la pausa, deberían tratarse de otra forma, por ejemplo, colocándolos uno al lado del otro, etc.

    En la prosa no existen los versos, luego no hay pausa versal. El poeta escribe hasta finalizar el renglón y, después, cuando lee el poema, trata de que no se note mucho el momento en el que finaliza ese renglón, precisamente, para que no se pierda el sentido de lo que está diciendo. Justo lo contrario a lo que ocurrirá con un poema en verso, que, al no transigir con la pausa versal, también nos obligará a escribir los versos que, como he dicho anteriormente, se puedan sostener, por sí solos, dentro del conjunto.

    23 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas de los autores de la Asociación Poético Cultural Alaire

    Título: Dédalo conversa con su hijo muerto.

    Autor: Ramón Carballal.

    Yo, el mago y el príncipe, un estigma
    cuyo ojo de diamante ciega.

    Yo el planeta sin hemisferio, el que inventó
    la red de los ventrículos de sal.

    Ahora, en mi torpe habitación el cielo se vuelve rojo
    pero hay un don y un mapa abierto de banderas y mar.

    He aquí la sombra, alguien teje en los ovarios de la pluma
    su piel de pájaro y noche.

    Mira esa cruz que el horizonte maltrata, en su yermo elixir
    las islas se abren como indómitos planetas.

    Es así el futuro, un hogar extraño como el rocío y la caléndula,
    un viento que acicala los miembros mutilados del azar.

    Toma el dibujo (pues no son alas mis esferas
    ni mi orgullo tienta la hélices del fuego).

    El viaje ama las estaciones, la libertad rompe el color
    y en su encendido azul acuchilla las crestas de la espuma roja.

    No invites al sol, tu músculo es un alacrán que desafía al nadir,
    ¡no! las cornisas del aire no son tu templo, ¡no! la efigie
    no mide su mármol ni su olimpo.

    De pronto la curva de un dios o el hospitalario abril
    de una encina.

    No hay destino incomprensible, toda vida escribe su verbo
    con pétalos insomnes.

    ¿Esperabas acaso una muerte de sirenas o es que el invierno
    se hizo escarcha y sinrazón?

    Sólo falta la prontitud del oráculo, la sombra
    como un laberinto de espejos, y tu maquillaje
    y tus heroicos leones bajo columnas de pálpito.

    Yo no sé si hay nubes o sol en mi raíz sin huella,
    solo sé de las horas viejas, de su luz y su incógnita,
    de ese rostro que hoy me vigila, de tu corazón fósil
    sobre el mar donde yo elegí un nombre. ICARO,
    icaria, edén.

    Título: El Círculo.

    Autor: Pilar Morte.

    Pronuncio agua
    cuando el cántaro suda entre mis manos
    y el contenido se derrama de mi boca,
    quedando la figura
    que disipa el secreto de su fondo.

    Digo río y no alcanzo su cauce
    mientras se extiende su fluido
    ondulando avenidas
    de cosechas sin nombre.

    Digo asfalto y me sepulta el cielo,
    un bullicio baldío, las prisas que me empujan
    ante el autobús donde los cuerpos
    se miran sin sonrisa
    bajo adoquines que expiran a mis pasos.

    Todo danza cercano en lejana canción
    y extiendo mis dedos por alzar el sueño,
    por encontrar colores a la brisa.

    Necesito volver al yo,
    arrimarme a las hojas tiernas,
    humedecer la piel en sus aromas,
    ser olmo, termal en los arroyos,
    regresar y ser tierra, bancal sereno.

    Ya sabes que retorno
    envuelta en vibración serena,
    aunque me pierda una y otra vez
    bajo estrellas de humo,
    porque el círculo de sangre
    siempre hace volver.

    Título: Soneto en blanco.

    Autor: José Manuel F. Febles.

    ¿Por qué tan infeliz? Mas qué tristeza
    te llega sin razón por tus caminos.
    Pues eres primavera
    que avanza sin cesar por su ancho río.

    Te late el corazón, revolotea
    en reto colosal, soy su testigo;
    tú sola eres poema,
    sueño de amor, cantar de verde olivo.

    Para ese desembarco que nos duele
    llegué hasta tu cielo,
    ganada la ribera a la corriente.

    Allí encontrarás luna, amor, que espere
    el día del encuentro,
    sonrisas que no mueren con la muerte.

    Título: Diógenes.

    Autor: E.R. Aristy.

    Te acabas,
    Te derrites como un suspiro en los labios de los ángeles.
    Tu cara ha visto el loco palidecer de la injusticia,
    y son tus propias manos las que se enredan
    en el infranqueable duelo de las pupilas.

    Tus manos se llenan del espanto que deja el paso absurdo del tiempo
    y te marchitas entre las flores siderales de un ocaso maldito,
    sin tregua, avanzas al borde del infinito
    y te suicidas lanzándote al fuego de las estrellas
    que cruzan los espacios;
    memorias que descienden a un infierno bendito.

    Quieres morirte en tu encierro,
    no hablar de todo aquello que te delata
    cuando fumas compulsivamente,
    aquello tramontano y vulgar que nos une
    en la médula del miedo.

    Te malogras, Diógenes,
    con esos aires de poeta mohoso
    crispas las neuronas de los que sienten
    que sus percepciones son indestructibles,
    ven acá, mi buey, mi amigo.

    Título: La evolución de las estirpes.

    Autor: Rafel Calle.

    Huele a miserias de la pluma ajada
    cuando un cisne se mece
    en la metamorfosis que avalará su límite,
    la estampa se degrada,
    el pico palidece,
    la presunción de los fracasos finge
    a la vez que se aviva un imperio de escamas,
    sólo colas, son peces
    que sufren el furor de las olas hostiles
    si rulan en silencio o gritan y avasallan,
    al calor de los vuelos o la mente
    que resume las alas imposibles.

    El volar se ha resuelto en canallada,
    no consigue el indulto del lago decadente
    que tratará de herir lo enhiesto de los cisnes
    en las formas de ser invertebradas,
    la rectitud se tuerce,
    la levedad es insufrible
    o el cuello de las aves se curva a bofetadas.

    Surge la evolución del tránsito a la farsa,
    se forma un microclima de necrosis latente,
    las bandadas acosan una estirpe de peces
    que quisieron volar; algo tan imposible
    como que tengan escamas los cisnes.

    Título: Corbain en la campa nada de los cuartos.

    Autor: J. J. M. Ferreiro.

    Como si de una voz
    se tratase, Corbain florecía
    en pétalos extraños y extrañas procreaciones;
    crecimiento,
    descubrimiento,
    conocimiento,
    las imágenes nuevas,
    las nuevas cristalizaciones.
    Sus manos regresaban de otro mundo.
    Tenía la mirada vertical
    y el pie desnudo hundido en el sudor.
    Con el dedo meñique,
    limpió los desperdicios del tiempo ensangrentado
    que manchaban los bordes del reloj.
    Se puso el traje con la novia dentro,
    y al descender las escaleras
    su sombra se desvaneció,
    pero luego, afuera,
    hacia la esquina donde los campos de fresas,
    regresaba de nuevo, tímida e inclinada,
    con el Sol casi muerto.
    Muy lentamente iban ocultándose todos los ruidos,
    solo quedó
    el de la luz tardía al rozar las calles desiertas
    y el de los pájaros posados en los cables
    que siempre se reclinan al vacío
    con el estruendo de una catarata.
    Quedaron también ataúdes
    de tonos alcanforados,
    con olores plomizos y desvencijados
    por un aire, tan silencioso,
    que parecía
    querer secar las luces
    de todos aquellos años atascados en la campiña.

    Fue entonces cuando,
    de repente,
    la campanada de los cuartos
    rompió
    el opaco cristal del día.

    Título: Canto a la vida.

    Autor: Ricardo Serna G.

    A la vida le pregunto, con ternura, me pregunto,
    cuándo los mágicos espejos se abrirán
    deshojando las caricias, desgastando las palabras
    del abandono:
    extraño sentimiento de dolor a oscuras.
    Cuándo la melancolía tocará el torrente de la distancia,
    del sonido del silencio, con el latido que disfraza
    de lluvia las lágrimas de un corazón con canto extraviado.
    Por qué soy esclavo de las alas del tiempo
    cuando las sonrisas nos dejan; por qué
    me das el agua de la certeza sin vientre que se resbala
    por las ramas del fruto; por qué,
    cuándo, el ángel cruzará la luz más clara y
    encenderá las miradas que rocen mis miradas.

    A la vida la amo, con ternura, me amo
    con ese corazón que libera los misterios
    que me hacen dueño de las heridas que llaman a la puerta,
    de ese efímero hambre que suavemente corona las horas,
    las piezas del sudor y carne del reloj descompuesto
    mientras la quebradiza nota se convierte en espera;
    con esa dicha del recuerdo presente
    que me aprieta las manos con la fiebre del delirio
    y hace madurar el toque predilecto de la resignación.

    A la vida le pregunto, con ternura, me pregunto…

    Título: Dulcemente olvidada.

    Autor: Cecilia Martos.

    Suave viento que a solas me embelesa
    no sabe el huracán que llevo dentro
    cuando soy de la noche el mismo centro
    a pesar de la niebla tan espesa.

    Y soy roca de mar, ola traviesa,
    la misma tempestad de tu epicentro
    y aunque nunca lleguemos al encuentro
    te dejo el corazón y el alma impresa.
    Más allá del instante está la vida
    como un salvoconducto de ilusiones
    con su mejor metáfora y sin verso.
    Después nada, me siento confundida,
    efímera palabra, sin razones,
    donde el tiempo resulta tan perverso.

    Título: Autoelegía.

    Autor: Julio González Alonso.

    Ya eres luz de universo, negrura del espacio
    en carne abierta de amapolas. Vienes
    como incendios de primaveras
    a mi nombre de sílabas de aire
    a mi boca
    y tomas mi voz y mi palabra.

    Miro el paisaje, los árboles bebiéndose las nubes;
    respiro con tu noche la soledad umbría,
    callada sombra de los abesales.

    Veo alzarse la lluvia
    y llorar el silencio que ya eres,
    ausencia toda, plomiza densidad del pesimismo,
    memoria en espirales
    de voces esparcidas al viento de las horas,
    matraz de la existencia a polvo reducida
    y besos ya sin labios, y bocas ya sin hambre.

    Siento el peso de la vida que me falta, la muerte que te sobra,
    la negra luz que nos envuelve y torna
    cenizas de la nada.

    Ya somos canto de alondra peregrina.

    Ya eres
    fugaz aroma de higueras y de sueños
    en círculos de agua, soplo que mece el junco de tu risa
    entre los carrizales.

    Título: Suspiros al viento.

    Autor: Mario Martínez.

    ¿Adónde viento vas? ¿Qué secas hojas
    arrastrará la furia de tu enfado?
    ¿Dónde ocultas tu voz cuando cansado
    de tu soplo voluble te despojas

    y en un atardecer de nubes rojas
    respetas de la calma su peinado?
    ¿Dónde quedó el perfume que robado
    de la tierna corola que deshojas

    desnudó la fragancia desbordada
    de mi flor de pasión? Dime qué esconde
    tu cálido temblor cuando te inspiro,

    el arrullo sutil que en la alborada
    estrena libertad, y dime dónde
    vas a sembrar de amor este suspiro

    DEL SUEÑO Y EL AMOR.

    Autor: Juan Fionello.

    Como si por aguardarte inquieto hubieras de girarte más deprisa,
    me tienes aquí apostado, espalda contra lecho, en tu espera.

    Así tuviste siempre al sacerdote de tus versos,
    si no en casa, mudado al amparo de los árboles de siempre,
    como si por aquello tu presencia se alargara
    tras tus horas,
    ese breve espacio del tiempo que le dieras.

    Abandona tu silencio guardaespaldas,
    vuelve a las voces y escucha:

    Aún habrá madera o hierba que te adore,
    a pesar de que mi cama trepadora se te escape de impaciencia
    y duerma al fin y al despertar, estés delante.

    Título: Nana sentimental. Para el hijo que nunca tuve.

    Autor: José Manuel Sáiz

    Cierro los ojos…
    Te siento.

    Sabes que podrías llegar a ser
    aquella realidad que hiciera más grande
    el horizonte de mi pequeño mundo.

    Sí. Yo puedo imaginarte.

    Puedo sentirte frágil, vulnerable;
    entregado al amparo inabarcable de mis brazos.

    Te imagino sonriendo, sabiéndote amado; que duermes
    reconociendo mis besos, mis manos… pensando
    que te tranquilizas luego al susurro de mis palabras.

    Podrías tener -es tan fácil imaginarlo- una madre
    cautiva de tus gestos, de tu sollozo… Ella y yo,
    a tu lado.
    Pero abro los ojos y no estás. (¿Acaso eso importa?)

    No te conozco. No me conoces.
    Tampoco necesitas decirme nada.
    Sabes que me basta pensar en ti, cerrar los párpados,
    para sentir ese amor del que te hablo. Después
    el cielo se abrirá para nosotros.

    Quisiera llamarte por tu nombre, guiar tus pasos;
    quisiera darte vida sobre este lienzo de papel
    y arroparte con cada verso en un alarde de cariño.

    Podría fácilmente -sólo tengo que desearlo-
    ¡llegar a quererte tanto!
    Luego tú podrías -romperías mi corazón-
    decirme que nadie ama una imagen transparente…

    Pero yo podría amarte así. Sí,
    yo podría.

    (Para eso hijo mío,
    ………………pequeño mío,
    ……………………sólo tienes
    que nacer).

    Título:

    Autor: Javier Dicenzo.

    La libertad se muere en ciudades de barro
    donde los hombres viven despertando mañanas
    para cantar canciones con los cuerpos de octubre
    enamorando lirios de celestes otoños.

    La libertad revive pescadores del campo
    en los azules ríos donde nacen los peces
    alimentando aves con fragancias de abejas
    que van preñando flores como madres jardines.

    La libertad con árboles ensombrece los días,
    aquellos lunes largos entre hojas de bosques,
    donde amanecen tardes, unas luces de invierno,
    luces de invierno tenues alumbrando las calles.

    La libertad más libre en los puertos de Europa,
    va con los barcos verdes a ocultarse por mares,
    con caracolas nimias hermosean la playa
    donde se pierden solos esos sueños con cantos.

    Título: El difícil parto de un poema.

    Autor: José Luis Preciados.

    Gota a gota se vierte la memoria
    sobre la palidez de un pergamino
    si acosada por fiebres de zarzales,
    allá donde nacen los equívocos,
    no germinan volutas de laurel.

    En este mundo incólume a los gozos,
    el ámbar que arrebata los instintos
    es canto de las hiedras amarillas.

    ¿Qué importan los remotos horizontes,
    los latidos ardientes de los lirios
    o el vértigo del párpado caído,
    si el cordón umbilical de los sueños
    derrama la voz de su soledad
    sobre la yerma tierra de los astros?

    Nada brilla en el fondo de las sienes
    como una caracola de cristal
    buscando la sonrisa de sus ecos,
    ni despliega sus alas la palabra
    en el cauce delgado de la noche
    sin la antorcha que viste las ojeras.

    Todo es sosiego si al cruzar las horas
    afloran los paisajes como espejos
    en el pozo secreto de las luces,
    porque ya sin temor a los eclipses
    enarbola su léxico cautivo
    el rostro cavernario del amor.

    Con los candados abiertos, sin miedo,
    un venero de lunas y gorjeos
    alumbra su distócica eclosión
    sin el llanto de viejas cicatrices.

    Es tiempo de nubes y de pájaros
    con zapatos calzados de poemas.

    Título: APUNTES.

    Autor: DANIELA MIÑO.

    Por accidente
    ignoramos la confesión.

    Y todo era pan dentro de la bestia del olvido.

    Y dudamos de Dios
    y lloramos
    y nos quemamos la lengua
    y salimos a correr a través del río
    mientras sucedía la noche.

    A veces sangraban las ventanas.
    -Lo peor de todo
    -dijo-
    es que algún día vas a dar frutos.

    Inventamos algunas tareas
    para silenciar los berrinches del pensamiento,
    por inercia descubrimos la enfermedad de las noches
    y la paciencia de la sed en las avenidas.

    Luego todo volvía a tener la edad de un paraguas
    mientras se conjugaba la derrota con el insomnio.

    Colapsó el mundo en una crisis sin bandera,
    ni agujeros en la lluvia,
    ni vos,
    ni palabras,
    ni círculos.

    Yo volví a ser traspasada de a sorbos,
    y jugaba a caminar
    y a fumarte,
    con sólo sacarme los ojos.

    Título: De valses, de giros y de olvidos

    Autor: Alejandra Goerne

    “Es en una esquina de la música
    en donde nace un verso
    para danzar con el recuerdo”
    Y en la armonía de una nota
    donde se pesca la nostalgia
    del tiempo ido”
    Volteretas de alas

    en el mismo ángulo

    el recuerdo

    el olvido

    se quiebran

    por la misma

    esquina

    se doblegan

    al instante

    prematuro

    en donde

    pesco

    tu nombre

    en la distancia.

    Título: Así te quiero

    Autor: Josefa Sánchez

    Así te quiero yo. Total. Sincero.
    Con tu dolor a cuestas. Con tu historia.
    Yo no quiero una piedra sin memoria
    en que esculpir un cuerpo hermoso y huero.
    Te quiero con tus lágrimas. Te quiero
    con tu risa y tu gesto de victoria.
    Te quiero con un pie puesto en la gloria,
    o sumido en el más hondo agujero.
    Te quiero con tu fuerza y tu flaqueza.
    Con tus ternuras y con tu fiereza.
    Te quiero así, rayano en lo absoluto.
    Sin más miserias y sin más riqueza.
    Como un rayo de luz en mi cabeza
    y ofrecido a mi boca como un fruto.

    Título: Cantos de Erato

    Autor: Isabel Moncayo

    Hay en este prólogo un suspiro enamorado,
    palpita el corazón su vendimia solazada.

    Tus manos de cítara
    desvisten mis cantos de Erato
    y los eriales se colman de aromados manzanales,
    me recorres despacio
    trepando enredadera coronando mis girasoles
    con el racimo cálido de tu lengua,
    -anidan en pétalos las golondrinas-
    alojando en mi vientre licores de malvasía.

    En la embriagada vereda de tu mies sembrada
    un retoce de besos de la fontana de tu boca
    anticipa la danza de la primavera.

    Y soy dogal de muslos en tu cintura de barcarola
    cuando despeinas las estrellas que dormitaban en mi playa.

    Al compás del deseo tu excelsa hermosura
    se desgrana en vaivenes que redimen las acacias,
    brotando al unísono la flor de los cerezos.

    Título: Cuarto Meguante

    Autor: Miguel Alcantud

    Eres niña aunque corones lunas,
    flor de aurora aunque te enredes hiedra,
    embravecido mar, aunque remanso,
    tormenta y huracán aunque peines trigales,
    aunque duermas.

    En mi llano incendias aún,
    y arrasas,
    aún pasas al galope,
    desbocada.

    Me gustas tempestad, ola infinita,
    y navegarte herido por tu furia,
    y sentir los azotes de tu galerna
    arañando las esloras fatigadas de mi otoño.

    Me gustas libertad, locura, infierno,
    carne de estío y grito desgarrado,
    ensangrentado amor,
    y desafío.

    Me gustas piel desnuda
    y pechos de alabastro,
    y manos de anaconda reptando entre los olmos,
    y muslos de presidio
    hirviendo con mi herida, besando mis llanuras
    con la boca partida de tu sexo.

    Me gustas deslizada
    por entre mis caminos,
    detenida en mis campos,
    en el rocío, empapada en los versos
    de mis entrañas,
    erguida como el aire,
    eterna, como el cielo de agosto.

    Eres niña,
    aunque me duela sentirte desbordada
    en el cuarto menguante de mi cuerpo.

    Título. Quiero aprender

    Autor: Antonietta Valentina

    Enséñame a decir así, poemas puntiagudos
    Con aristas redondas y sutiles paisajes
    Tan dulcemente deliciosos
    Que no hieran al otro
    Que nadie salga herido…
    Que la bruma y la brisa se peguen a mi piel
    Como el rocío a la flor en madrugada límpida
    Sin fuegos, sin armas, así salvajemente dulces

    Que no se me retuerzan las palabras
    Y los versos sean libres
    Como la libertad que anhelo al que está del otro lado del mundo
    Y terriblemente sufre, como un perro rabioso
    abandonado en el camino

    Que el líder nefasto o el dueño de cualquier holocausto
    Se mezan en mis letras antes de dormir
    Y que cuando despierten, cambien la tierra que creen suya
    De un solo suspiro se suspendan los cohetes, los fusiles
    Y que la crean capaz de albergar almas libres
    Lejos de toda miseria, lejos de guerras
    Y se riegue la paz que nunca he visto
    y que sea anestesia a tanto dolor ” de otrora”…

    Y me dirán: ilusa vendedora de versos
    Y no es verdad, solo quiero aprender

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Relato: La creatividad en tiempos de cólera

    La creatividad no se vende por kilos, ni en frasquitos. No está en un carrito de paletas del que podamos escoger el color y el sabor. La creatividad es proporcionada en gran medida por la “intuición personal”, es decir, por aquello que nos provoca idear, pensar, actuar sin miedo, confiados en que hacemos lo correcto. Es, también, recibir ese leve momento de iluminación y, pretendiéndose encendido, no soltar la luz. Se parece tanto a estar enamorado que por ello elegí este título.

    En el amor, como en el momento creativo, no se racionaliza, se siente y se presiente todo; se puede ir a tientas y con los ojos cerrados, como jugando a la “gallinita ciega”, intuyendo a cada paso el que le sigue y donde la intuición nos proporciona las certezas, más allá de lo que con la lógica consideramos seguro, verdadero o correcto.

    Cuando se es niño, se posee el don de la intuición en enormes proporciones. Recuerdo que cuando yo tenía alrededor de 9 años, monté en el jardín de mi casa un teatro. Primero, conformé la compañía artística con todos mis vecinos, niños igual que yo. Leía un cuento y yo misma escribía sencillos guiones y parlamentos. Después realizaba el casting para los estelares. Debo confesar que invariablemente yo quería ser la actriz principal pero, como siempre me ha perseguido la honestidad, finalmente no me quedaba más que reconocer que Sonia, mi vecina y actual hermana de sangre, era mucho mejor actriz que yo y, además, mucho más bonita para el papel de princesa, así que, yo desistía y me conformaba y alegraba con ser la productora, directora, escenógrafa, guionista, apuntadora y muchas cosas más.

    Mi mamá me rentaba sillas metálicas de la “Carta Blanca” (que eran muy económicas), armábamos la escenografía con colchas y sábanas que convertíamos en telones, colgadas de un par de grandes árboles que había en el jardín, sacábamos todo lo inimaginable de mi casa, vendíamos entre todos los boletos en las cuadras circunvecinas y luego comenzaba la función. Y, cada dos sábados del mes, teníamos un éxito rotundo. Las mamás llegaban con sus hijos de la mano; otros llegaban solos, ocupaban sus asientos y disfrutaban tanto como nosotros de la función.

    Todo este proceso era, precisamente, un proceso creativo en donde no cabía el miedo al fracaso y en donde todos y cada uno de los problemas que se presentaban se resolvían de manera divertida e innovadora. Éramos creativos, jugábamos y nos dejábamos guiar por la intuición, ese momento de luminosidad en donde nos permitíamos ser lámpara.

    Los procesos creativos están en todos los ámbitos, la ciencia y la tecnología, el arte, el amor y hasta en la cocina, porque cuántos de nosotros hemos sido capaces de crear un platillo con los ingredientes que muchos consideran imposibles, y, sin embargo, luego a la postre, se queda para siempre a vivir en el menú familiar. Recuerdo el “arroz de Mechita”, el “pollo de la tía Teté” o las ya institucionalizadas “salsas de Ale”, deliciosas combinaciones de uvas verdes, pepinos, cebolla morada, especias y chile habanero, además de un ingrediente secreto, que finalizó en una placentera experiencia que ahora usamos siempre que comemos mariscos o tacos de camarón.

    La creatividad es, pues, un momento de conexión profunda casi mágica con Dios, con uno mismo, con la parte más profunda de nuestro ser. Como el que seguramente viven los santos cuando de manera irremisible creen que lo que está sucediendo “es”. Si Colón, Graham Bell, los hermanos Lumiere y tantos otros, no hubieran tenido ese instante de albor, ese acto de fe, seguramente nuestra historia, la tuya y la mía hoy serían otra.

    Es así que viviendo desde la creatividad en tiempos de cólera, podemos explotar y explorar nuestro proceso creativo. Conformando así el círculo virtuoso que llamamos vida, una vida llena de iniciativa, imaginación y empuje.

    Alejandra Goerne.

    Poeta.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Relato: El extraño habitante del espejo

    No recuerdo muy bien lo que estaba soñando esa mañana, suponiendo que estuviera soñando algo, lo que si recuerdo bien, por desagradable, fue el sonido machacón del despertador. No había duda, era un día laborable más, y, por consiguiente, había que levantarse para ir al colegio.

    Como siempre, con más pereza que otra cosa, rutinariamente puse los pies sobre el suelo y me dirigí al cuarto de baño, primera parada obligatoria de la mañana.

    Me metí en la ducha con los ojos casi cerrados, como si con ello fuera a ser un día diferente.

    Con toda la calma del mundo dejé que el agua se deslizara por mi cabello y, pensando en mis cosas, pasados unos minutos, acabé con el ritual mañanero de mi ducha.

    Una vez cuidadosamente secado me situé delante del lavabo observando en el espejo mi expresión de día laborable.

    Miraba detenidamente mi cara, así como si no me la supiera de memoria, y, también, como cada mañana, buscaba algo que no me fuera a ser familiar.

    No sé si ese pequeño lunar que vi en aquel espejo había estado siempre allí, o, simplemente no me había dado cuenta antes de su existencia, el caso es que acerqué mis dedos a esa pequeña manchita y, todavía no sé muy bien por qué, dirigí mi mano hacia el espejo no fuera a ser que la mancha siempre hubiera estado allí y no en mi cara.

    De pronto, un escalofrío recorrió mi espalda de punta a punta…, mi dedo se deslizó como por encanto hacia el interior del espejo. Involuntariamente presa del pánico retiré mi mano y di un enorme salto hacia atrás.

    A ver, me dije sin pronunciar palabra, esto no me puede estar pasando, ¿realmente estoy despierto? Inconscientemente me pellizqué con fuerza y a juzgar por la reacción de mi piel, efectivamente lo estaba.

    Durante unos instantes me quedé mirando fijamente aquel espejo, supongo que para cerciorarme de que era yo el que estaba allí delante, y despacio, muy despacio, acerque de nuevo el dedo hacia él, temblando pero decidido a saber qué estaba pasando, y nuevamente mi dedo se introdujo atravesándolo sin que por ello notara sensación alguna. Detrás de mi dedo entró la mano y así sucesivamente hasta que mi cuerpo entero pasó al otro lado.

    Curiosamente yo seguía viendo la luz del cuarto de baño a mi alrededor, pero solamente la luz, nada más había en aquella especie de sitio vacío, ninguna otra extraña sensación.

    Una vez en el otro lado, me volví de espaldas y pude ver con claridad todo el cuarto de baño enfrente de mí. Enormemente asustado regresé por donde había venido y sin ninguna dificultad volví a entrar al cuarto y me situé de nuevo ante el espejo, terminé de vestirme y salí apresuradamente de allí.

    Me tomé unos minutos para intentar relajarme, pero curiosamente aquella situación dejó de producirme miedo para pasar a ser una sensación indescriptible de superioridad. No podía ser, pero el caso es que era, yo tenía el poder especial de atravesar los espejos, o al menos uno, y probablemente siempre lo había tenido porque, que yo recordara, nunca había sentido la curiosidad de meter un dedo en el espejo, claro que la cosa tampoco era como para haberlo imaginado.

    Pensándolo fríamente, bueno, más o menos, quizás aquello no era solo cuestión de un espejo. Al pasar por el recibidor, no pude evitar fijarme en el otro espejo que estaba colgado de la pared, algo más pequeño que el otro, pero, quien sabe…

    Efectivamente, de nuevo mis dedos atravesaron aquella pared en la que solo estaba mi cara y mi cuerpo mirando cómo desaparecíamos.

    Esta vez ya me lo tomé con más calma y estuve un buen rato de pie dentro de aquel espejo mirando hacia fuera, esperando no sé qué, pero, como las sorpresas nunca vienen solas, en ese momento mi madre apareció al otro lado del espejo y se detuvo a retocarse un poco el pelo antes de salir a la calle. Y allí estábamos los dos, una en su sitio, mi madre, y el otro en el sitio que no debía, o sea yo, como casi siempre.

    No pude resistir la tentación de llamarla y, cuál fue mi sorpresa, ella no reaccionó, como si yo no existiera, o sea que evidentemente ni me veía ni me oía… y así pasaron unos segundos, en los que yo pude observar entre asustado y divertido, cómo mi madre terminaba de arreglarse mientras yo la miraba fijamente dentro de aquel espacio extraño.

    Sin embargo, lo peor y más espeluznante estaba aún por venir, detrás de mi madre, justo cuando se dirigía a la puerta de la calle, cargada con mi mochila y de la mano de mi hermana… pasaba yo hacia la puerta para salir con ellas y dejar vacío el espacio de mi vista, solo el suelo y las paredes, y yo allí dentro.

    Cuando se marchó, yo volví a salir de mi espejo y me fui al colegio, supongo que persiguiéndome a mí mismo, con la extraña sensación de tener superpoderes que, probablemente, no servían para nada, o sí, quién sabe, pero lo cierto es que desde aquel día tengo la sensación de ser algo superior y, sobre todo, ahora que lo he contado, seguramente tenga más amigos o enemigos, no lo sé, pero lo que sí es cierto es que todos aquellos que estéis leyendo o escuchando esta historia, os pondréis con un poco más de cuidado delante de algún espejo por el que yo pueda andar cerca, porque lo que no sabréis nunca es si es el de fuera o el de dentro del espejo el que os esta hablando.

    ¿Verdad que sí?

    Miguel Alcantud.

    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Relato: Vivos como Espuma

    Se miraban largamente, conquistándose, refrendando con los ojos la voluntad de ser amigos.

    Se escogían por la presilla de la mirada, entre la golpiza del antojo, en medio del primado de la rutina, burlando la inmovilidad congénita del mundo.

    Se buscaban con el rabo agitado de la mirada, se movían como monos en los árboles de los ojos, y sonreían como barcos llenos de gente.

    Volvían, de alguna manera, volvían.

    La jaula estaba temblando como una mano de mujer, deseosa como un huevo bajo el sol.

    Se miraban como dos intrusos asomados a la lluvia en el mismo escaparate, como los dos pies de un brujo cuando invoca.

    Se querían cual dos gárgolas en el mismo techo, cual partes del único vitral de un templo.

    Llevaban prendas bien cosidas, limpias como globos, tibias cual cuerpo de cigarra que canta en el pozo de estrellas.

    Llevaban todos los botones ajustados, secos como dientes de ardilla, mínimos, hermosos y exactos.

    Alrededor de ellos las mujeres se tocaban los hombros las unas a las otras, se escondían detrás de abanicos blancos, se pasaban el brazo de marfil por la cintura, alegres y vacías como espejos, festivas.

    El mar proponía la forma de los mapas, soplaba en el fuelle de la vida como un herrero retinto, invitaba con los pelos barrosos.

    Un viento anisado, espeso como la sopa, duro como el pan de un preso, aguado como la pulpa de la papaya, relamía las motocicletas, las fecundaba, las volvía de sal.

    Iban confirmándose como lechuzas en el palo que mueve la tormenta, se hablaban por debajo de lo dicho, hacían mimos con los ojos profundos, abiertos como galeras de mago.

    Fluían uno en el polvillo de luz del otro, se agolpaban como balsas en el lomo de la noche, se tomaban el pulso, se daban sol por el contacto.

    Bien podrían hundirse un estilete por el cuello, bien podrían sangrarse como matarifes sobre el cuerpo de un toro vencido.

    Bien podrían arrojarse vasos en el rostro, machacarse los huesos hasta quedar como papeles sueltos.

    Bien podrían darse besos de rosa colorada y estrujarse, o acompañarse hasta las escaleras, o tomarse de las barbas y romperse las costillas como boas constrictoras.

    Pero se miraban, se mantenían en una periferia de tentaciones de baja frecuencia cinemática, se ponían el vestido de la separación a punto, se rompían los fantasmas antiguos.

    Entre los dos no crecía ninguna presencia nacida de la fusión, no emergía un más, no brotaba una mixtura denominada tercero, nada.

    Tampoco había entre ellos negrura de gato, o ceniza lunar, o diablos con olor a pis. Nada: espacio, silenciosa música del ida y vuelta de los átomos, formaciones apenas resonantes en una noche flaca.

    Se odiaban el talle como enamorados, se simplificaban según el cruce metálico de los ojos.

    Se daban tiros de diferencia por las manos, manos velludas, sexuales.

    Bebían en copas celosas la bebida de la muerte, se perdían como el fuego por el borde de la vista de las hembras.

    Se miraban hasta el limo, hasta la espera de un óvulo materno ya mudado.

    Se decían la forma enemiga con los ojos, buscándose infinitamente durante el largo del vuelo.

    Se trataban en el muelle como mechas amansadas, se contenían en el cáliz del amanecer como manchas de la boca amante.

    Eran como palabras, intrascendentemente divinos como cuentos. Perfectos como horóscopos.

    Se daban las espaldas al modo de los locos, tiraban la pelusa del bolsillo sobre la huella para no perderse.

    Únicamente reales en la playa cianótica que visitan los ángeles enfermos. Recogían cáscaras de oro de la pierna del sol, escupían contra la ola con las solapas volando.

    Dejaban la carne a dorar sobre la arena húmeda, vivos como espuma.
    Rafael Teicher.
    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Artículo: Filosofía del antiguo Egipto

    Introducción

    La Filosofía es la capacidad individual y colectiva de asombrarse ante los fenómenos generando en la conciencia humana una serie de preguntas acerca de las causas de esos fenómenos. Filosofía es un querer aprender sobre lo profundo y esencial, es una natural inquietud o inclinación a preguntarse y buscar respuestas a esas preguntas. De la misma manera Filosofía de la Historia es querer aprender realmente del pasado, ir un poco más allá de los datos históricos y comprender qué sentido tenía la vida para los hombres y mujeres de épocas anteriores a la nuestra. Lo que nosotros llamamos “Filosofía” del Antiguo Egipto fue Filosofía Moral y Sabiduría entrelazadas, de tal manera que los valores éticos que orientaron la vida cotidiana de los egipcios de aquellos tiempos estaban inspirados en un profundo conocimiento de las leyes que ordenaron el cosmos. En este breve artículo mostramos aquellas ideas fundamentales con las que los egipcios construyeron su arte, su ciencia, su política y su religión. Aquellas ideas fundamentales fueron los principios en los que basaron todo lo demás. El Egipto Antiguo fue, desde este punto de vista, el resultado de la conjunción de las leyes naturales, las ideas que las hicieron comprensibles y los valores éticos que las hicieron presentes en la vida cotidiana.

    Tema

    Los antiguos egipcios sabían que todo el universo procede de una misma causa u origen: la diosa Nun como espacio primordial del que surge la dualidad Atum-Ra. Este Ser-Constructor hace el mundo a su imagen y semejanza, esto es, dual y armónico. Todo en el Antiguo Egipto expresa esta dualidad y la posibilidad de conjugarse armónicamente. En lo político la dualidad es el Alto y el Bajo Egiptos. Desde la más remota Antigüedad el País de los Faraones se componía de diferentes pueblos que fueron unificados por la Dinastía de Menes-Narmer. Es el primer caso constatado históricamente de unificación de diferentes pueblos sin necesidad de guerras, luchas ni enfrentamientos. Es un hecho histórico importantísimo al que se ha dedicado muy poca atención. Se logró armonía, convivencia y solidaridad.

    En lo cotidiano, los egipcios antiguos, vivían la dualidad en las dos orillas del Nilo que también era dual (Nilo celeste-Nilo terrestre). La orilla oriental representaba la vida en la tierra, encarnados, la vida en este lado de las cosas, en el mundo físico. La orilla occidental representaba la vida en el más allá, en el otro lado de las cosas, en el mundo o plano metafísico, la vida de la conciencia sin cuerpo físico. Estas dos orillas no estaban en oposición, sino que vida y “muerte” se sucedían de manera natural. Ponemos entre comillas la palabra muerte porque para los egipcios antiguos esta no existía. De hecho, en la escritura jeroglífica no habría traducción literal para nuestro concepto de muerte. Cuando una persona moría se decía que había vuelto a nacer, pero en el siguiente mundo o dimensión y se representaba con el jeroglífico MUT, que significa “madre” y que en el contexto de la separación del alma del cuerpo, significaba “pasar al ka”.

    Otra expresión de la dualidad que se armoniza es la doble concepción del tiempo. Para la civilización del Nilo el tiempo se expresaba en lo cíclico (NEHET) y en lo eterno (DJET). Todas las cosas comienzan y terminan, el día, las estaciones, la vida. Sin embargo, todo regresa, el día con el sol, las estaciones con la inundación y la vida en este lado de las cosas. De ahí que las cosas realmente importantes había que mantenerlas para que pudieran servir de orientación ciclo tras ciclo, generación tras generación. Este renovar lo esencial se tradujo en el Antiguo Egipto como el valor de la permanencia. Ninguna de las civilizaciones conocidas nos ofrece la continuidad de la egipcia. Figuras teológicas como Hathor, la diosa madre del universo, bajo el aspecto de una vaca constelada de signos estelares, las hallamos en las primeras dinastías tinitas y en el Egipto helenizado. Símbolos como el Ankh o Llave de la Vida, cruzan 4000 años de intensa vida religiosa sin variación. La institución del Faraón duró más de 3000 años; el complejo religioso de Karnak permaneció activo más de 2000 años.

    Otra de las ideas fundamentales de la Filosofía del Antiguo Egipto fue la de orden natural, correspondiente a la diosa MAAT. MAAT es la armonía del Cosmos, el Orden natural que aporta felicidad, estabilidad y salud. Los sabios egipcios eran conscientes de que vivir de espaldas a la armonía de la naturaleza era ir hacia el desastre. Los ciudadanos, los gobernantes y los sacerdotes debían observar la Regla de Maat para poder vivir en armonía, para poder gobernar con justicia y para realizar las ceremonias y el ritual que reestablecieran el orden natural de las cosas. Esta idea de orden basada en el orden de la naturaleza, se reflejaba en muchos aspectos de la vida personal y social. En lo personal hacía que cada persona buscara su vocación para amar lo que hacía. En lo social inspiró un sistema de organización colectiva que tenía las siguientes características: cada ciudadano debe tener el grado de responsabilidad que le corresponda en función de sus capacidades morales e intelectuales; a mayor cargo de responsabilidad en la administración pública, mayor es el nivel de exigencia tanto en la realización de los trabajos como en la conducta moral; comenzando por faraón y hacia abajo, cada componente de la sociedad egipcia debía ser un ejemplo moral para los que dependían de él.

    Otra de las ideas fundamentales es la renovación. Todo en el País de las dos tierras nos habla de renovación. El jeroglífico NEFER es la capacidad de renovación, a la vez que designa a lo divino. Osiris, la divinidad de la renovación por excelencia es llamado OUNEN-NEFER, el ser perpetuamente renovado, ya que la vida renace de la muerte sin cesar. De ahí que la civilización egipcia no fue nihilista, dado que no le tenían miedo a la muerte. La muerte, para ellos, no era el final de todo, sino un cruce de caminos, el paso de una vida en cuerpo material, a una vida en dimensión espiritual. Así la reencarnación ha sido una idea fundamental sobre la vida para el Egipto Antiguo.

    Estas son algunas de las ideas fundamentales de la Filosofía del Antiguo Egipto, ideas que son atemporales y pueden seguir inspirándonos para seguir aprendiendo a vivir.

    Francisco Capacete González
    Filósofo.
    Director del Espacio de Filosofía y Voluntariado
    Es Racó de Ses Idees

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Poemas con voz: Romance del lazo, recitado por Blanca Sandino

    Escúchalo aquí recitado por Blanca Sandino

     

    Lo nuestro es la corola que atrae gestos de ternura,
    estímulo y celada del encanto.

    Lo nuestro es habitar la flor que complace los sueños
    de un polvorín que prenden febreros incendiarios.

    Lo tuyo es abrigar la espuma que tirita en las almendras,
    lo tuyo es una llave de un portal olvidado,
    el abril de un cometa, el ritual de un estilo
    cuando el tiempo clausura la morada del tacto.

    Y lo tuyo es un pálpito de juventud celosa,
    el hueso de una edad que el norte ha rebañado,
    vestigios de dureza del sino intransigente
    que llama a nuestra puerta cautivo del pasado.

    Lo mío es devoción al muslo inteligente,
    simpleza motivada sufriendo Sol avaro,
    y lo mío es mirar la rebeldía de tu rostro de estatua
    con mis ojos pequeños y asustados.

    Y lo nuestro recuerda una canción de cuna,
    un despertar buscándonos las manos.
    Lo nuestro, por fin, nos solicita habitar en el nudo que forman dos latidos
    y una imagen de hogar, estrecha, honestamente enlazados.

    Rafel Calle

    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Artículo: Análisis sobre el ritmo

    En cierta ocasión, un “poeta versado” llegó a escribir públicamente:

    “Un soneto debe ser suave, fluido y expresivo. Debe, si es posible, carecer de signos de puntuación que sólo tratan de ocultar la incapacidad de su autor para mantener el ritmo de una estrofa. Los artificios para conjugar las rimas con palabras encajadas forzosamente demeritan su valor y los versos cortados que utilizan quienes pretenden dar un tono exclusivo a sus creaciones sólo expresan impotencia. El soneto es el soneto como el sol es el sol. Único.”

    A prósito de ello viene el siguiente análisis del ritmo, que le dedico con aprecio a Rafel Calle.
    El ser humano realiza dos fases que se alternan en la respiración: la inspiración (toma de aire) y la espiración (expulsión de aire y gases). La comunicación lingüística solo es posible en la segunda fase, dado que el aire ha de salir por la tráquea, mover las cuerdas vocales y adquirir una vibración semejante al producido en cualquier instrumento musical, de cuerda o viento, para ser modificado en la boca, atendiendo a la estructura de la misma, a los movimientos de lengua, labios, etc. La cadena fónica castellana es una construcción rítmica constituida por una cadena de aire vibrado en la cual los núcleos fónicos o sinfonemas (agrupaciones fonemáticas, sonidos) no se integran formando una secuencia enteriza y constante, sino que constituyen grupos melódicos fragmentarios ( porque tenemos que respirar, entre otras motivaciones).

    Utilizando un símil, podríamos decir que la cadena fónica castellana es como la vía de un tren, fragmentada. Estos “trozos” están delimitados por pausas. La ordenación de los eslabones que forman la cadena fónica constituyen el ritmo de tono en la cadena rítmica castellana. Negar esto, decir que solo existe el ritmo de intensidad (acentual), es un disparate. Podríamos escoger una nota musical cualquiera, por ejemplo un “mi” y hacer una combinación de esta nota con pausas, para intentar crear ritmo, por ejemplo:

    mimimi (pausa de 0, 25s.) mimi
    mimimi (pausa de 0, 25s.) mimi
    mimimi (pausa de 1, 00s.) mi
    mimimi (pausa de 0, 25s.) mimi
    mimimi (pausa de 0, 25s.) mimi
    mimimi (oaysa de 1, 00s.) mi

    ¿Se puede negar que hayamos conseguido una unidad rítmica? ¿El palmear que acompaña el cante flamenco no tiene ritmo, no es ritmo? Pienso que es una temeridad contestar negativamente. Pero volvamos a las vias de un tren, a las de aquel de nuestros abuelos: supongamos durante diez quilómetros una isometría en los raíles: tendremos el ritmo que algunos recordamos (los de más edad). Si cambiáramos las longitudes, alternando, por ejemplo, raíles de cinco metros con otros de quince, ¿tendríamos el mismo ritmo que en el caso anterior?, ¿no existe ritmo en estos supuestos? Así pues, en el verso castellano se dan tres tipos de ritmo: el de tono, el de timbre o rima y el de cantidad (que se refuerza con un ritmo de intensidad o simetría de acentos prosódicos).

    Sentado que en el verso existe un ritmo de tono, debido a las pausas, y siendo los signos de puntuación motivo (aunque no excluyente) de éstas, parece inaceptable afirmar que la puntuación sólo trata de ocultar la incapacidad de un autor para mantener el ritmo de una estrofa, cuando las pausas son las que confieren al verso, por ende a la estrofa y al poema, su peculiar y único ritmo tonal.

    En las inflexiones pausales de la estrofa castellana se destacan tres tipos fundamentales de pausas rítmicas:

    a.- Pausa rítmica estrófica
    b.- Pausa versal
    c.- Pausa rítmica interna.

    Ésta última se hace en el interior de los grupos melódicos (versos) y marca en ellos dos o más grupos tonales o hemistiquios. Si bien es cierto que se puedan dar sin el concurso de un signo de puntuación, al contrario no es posible, ya que éstos son “marcadores” de pausas “mecánicas” y fonológicas. Sin entrar en detalles, podríamos decir que la pausa interna (medial) origina en las estrofas mayores hemistiquios asimétricos sin proporción numérica de sinfonemas (heterostiquios), o hemistiquios enteramente simétricos, con pausas sintácticas (cesuras).

    Atendiendo a éste tipo de pausa rítmica, los grupos melódicos que integran la estrofa castellana se pueden clasificar en :

    a.- Versos simples, en los que no se hacen pausa interna. Generalmente son los versos menores, los que no miden más de ocho unidades cuantitativas.
    b.- Versos compuestos, en los que se da una pausa medial o cesura.
    c.- Versos articulados, que se configuran con pausa interna medial. Aunque no es única, la representación más numerosa y genuina de este tipo versal, en castellano, es el endecasílabo.

    A tenor de lo expresado en el tercer apartado, se ha de inferir que lo lógico es que los endecasílabos tengan pausas, muchas de éstas marcadas con signos de puntuación.

    ¿Cómo influyen las pausas en el valor expresivo de una estrofa o verso en el ritmo? Hay que tener en cuenta que la altura tonal con la que se profiere una estrofa está en relación inversa a su longitud. De aquí que los versos largos, que integran un gran número de sinfonemas, confieren un ritmo tonal grave, solemne, ampuloso, sereno. Cuando el desarrollo melódico es breve (pocos sinfonemas, muchas pausas) la expresión es viva y aguda. Teniendo en cuenta lo que antecede, el poeta puede “jugar” con las pausas para conseguir en su trabajo un fin determinado; puede escribir con braquistiquios ( hemistiquios cortos, de menos de cinco sinfonemas) o dolicostiquios (de más de cinco), según la impresión que quiera trasmitir: viveza o serenidad.

    Un soneto, por ejemplo, podría empezar con hemistiquios múltiples como recurso de intensificación expresiva, y llegar a los tercetos con dolicostiquios para llevar al lector a un climax de serenidad. También podría hacerlo al contrario. Por ello, el climax melódico se llamaría descendente en el primer caso y ascendente en el segundo. También se podría escribir un poema sin pausas mediales, lo que le daría grado de solemnidad y tranquilidad, o con pluristiquios, que le conferiría gran viveza. Lo mismo valdría para un solo verso. Decir que los versos cortados restan valor a un soneto me parece un despropósito. Depende de lo que el poeta quiere trasmitir: si serenidad, de acuerdo.

    Para fundamentar lo que antecede, veamos como puntúan los grandes poetas, si es que lo hacen. Se analizaron más de trescientos sonetos de la antología “El soneto y sus variantes”, de Marcela López Hernández, y se observó lo siguiente:

    Rubén Darío, en su soneto Caupolicán, usa veintinueve signos de puntuación.
    Antonio Machado, en “Esta luz de Sevilla…”, veinticinco.
    Luís Barahona de Soto, en “Contra un poeta…”, cuarenta y dos.
    Francisco de Quevedo, en “Quien quisiere ser…” , cincuenta.

    Pienso que nadie se atreverá a calificar como incapaces a estos autores. Buscados sonetos sin signos de puntación, se encontraron dos.

    ¿Se puede escribir un poema sin usar ni un solo signo de puntuación, o mal puntuado? Pienso que sí. El poeta “crea”, hace obras de arte, y tiene libertad para hacer lo que él estime oportuno en aras a buscar la belleza. He leído a muchos autores – Panero, por ejemplo- que a veces no puntúan o lo hacen mal. Así atraen la atención del lector hacia determinados vocablos o versos, que quedan resaltados, tal como en los encabalgamientos. ¿Y en un soneto? En este caso lo dudo – por ser poesía “culta”- pero más me inclino, en aras a la libertad, a que sí. El poeta que haga lo que quiera: si pretende conseguir un valor expresivo fuerte, agudo, vivo, usando versos largos sin pausas, – o viceversa- allá él. Si lo consigue, será el genio que estamos esperando, un “Picasso” que pinta un retrato con la boca en la frente.

    Francisco Lobo.
    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Crítica literaria: Crimen y castigo

    Crimen y castigo.- Fiódor Dostoievski

    Ediciones Cátedra.- 2ª edición Mil Letras; Madrid, 2009.- Edición de Isabel Vicente; cubierta de Diego Lara

    La novela de F. Dostoievski, Crimen y castigo, se desenvuelve -grosso modo- en dos ámbitos, el de la miseria y el del desamor. La búsqueda permanente de la superación de la miseria y la de la emoción pura del amor constituye el eje transversal de la obra, con cuyo pretexto ofrece, amén de la pintura realista de colores vibrantes y fuertes claroscuros de la sociedad de la época, una crítica social implacable desde la encrucijada moral de los personajes. La mirada crítica sobre la sociedad del momento no está exenta de intuiciones y descubrimientos de verdades permanentes, realidades consustanciales al modelo social del que, básicamente, seguimos formando parte; así, ante la corrupción y el robo representado en la figura de un profesor de Moscú que falsificaba bonos, la justificación es la de que “todo el mundo se hace rico de una manera o de otra“(sic) en el sentido de “ganar dinero de inmediato y sin esfuerzo“(sic) porque “nos hemos acostumbrado a encontrarlo todo hecho, a avanzar apoyándonos en los demás, a comer el pan ya masticado.

    Y, en cuanto las circunstancias lo han permitido, todos se han lanzado a aprovecharse“(sic) Por si lo citado anteriormente nos parece poca cosa en relación a los problemas actuales, podemos detenernos en la visión que del poder se refleja en las siguientes palabras: Y ahora sé, Sonia, que tiene poder sobre las personas quien es más fuerte por su inteligencia y su espíritu. Para la gente, el que se atreve a mucho es el que lleva la razón. El que más cosas menosprecia se convierte en su legislador y el más atrevido es el más escuchado. Así ha ocurrido hasta ahora, y así será siempre.¡Sólo un ciego no lo vería!(sic) El desarrollo argumental sigue las pautas de la novela policiaca; a fin de cuentas se trata de resolver la autoría de dos crímenes cometidos en la persona de una vieja usurera y su criada, pero lo que revela en última instancia es el policía que todos llevamos dentro con la interiorización de los códigos éticos y las conductas aprendidas.

    Pretender ser buenos exige, entre otras cosas, no infligir daño a los demás y, si se actúa con daño contra los demás, tendrá que estar asistida dicha actuación por argumentos de peso que nos permitan seguir siendo buenos. Este conflicto es el que llevará al protagonista a ni siquiera poder aprovecharse del robo tras la comisión de los asesinatos. El problema de conciencia que le atormenta le llevará a confesar y admitir su culpabilidad. En medio de la pobreza de la que surgen las distintas relaciones entre los protagonistas, el amor y su búsqueda ocupará el segundo espacio de peso en la novela. Amor por interés, por egoísmo, amor como mercancía en la prostitución, amor por los hijos y los padres, amor como pura expresión de comunión de sentimientos, de atracción, de ayuda o de amparo.

    El torbellino del amor sacude las vidas de los personajes y será, finalmente, el que triunfe y se manifieste como herramienta de felicidad y como camino de progreso social. Final sorprendente en el que Dostoievski quiere dejar un camino abierto a la esperanza o tal vez él mismo necesitara creer en ese camino. Sorprende agradablemente el desarrollo de la novela en la trama argumental y el tratamiento de los diálogos. Los personajes hablan, se duelen y dicen cosas; pero, sobre todo, argumentan, reflexionan, buscan razones por encima de todo sin dejarse embotar por las condiciones más precarias de la circunstancia de la pobreza que es, en algunos casos, franca y descarnada miseria.

    Y del mismo modo que podemos palpar su vida física y material, se nos ofrecen su vida espiritual, sus creencias, dudas y atormentadas reflexiones sobre la existencia, sobre su grandeza de ánimo, en ocasiones, y en otras sumergiéndonos en la depravación de sus motivaciones. Parece como si el alma rusa y su visión pesimista de la vida se desarrollará mirándonos directamente a los ojos con el desgarro de una confidencia; algo que, decididamente, no nos puede dejar indiferentes.

    Julio G. Alonso.
    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Poema Inédito: Un equívoco

    retrato_gamoneda

    Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
    por aceros vivientes, sus cartílagos
    abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
    y mis cabellos enloquecidos
    en tus manos. Amo también
    mi sangre atravesada por gemidos.

    Amo la calcificación y la melancolía
    arterial, y la pasión del hígado
    hirviendo en el pasado, y las escamas
    de mis párpados fríos.

    Amo el estambre celular, las heces
    blancas al fin, el orificio
    de la infelicidad, las médulas
    de la tristeza, los anillos
    de la vejez y las sustancias
    de la tiniebla intestinal. Amo los círculos
    grasientos del dolor y las raíces
    de los tumores lívidos.

    Amo este cuerpo incomprensible
    y su miseria clínica.
    El olvido
    disuelve la materia pensativa
    ante los grandes vidrios
    de la mentira. Aquí
    no van a quedar residuos.

    No hay causa en mí. En mí no hay
    más que imposibilidad y
    un extraño extravío:
    ir de la inexistencia a
    la inexistencia.
    Es
    un sueño; un sueño vacío.

    Pero sucede. Yo amo
    todo cuanto he creído
    viviente en mí. Amé las manos
    grandes de mi madre y
    aquel vértigo antiguo
    de sus ojos y aquel
    cansancio lleno de luz
    y de frío.

    Desprecio
    la eternidad. He vivido
    y no sé por qué. Ahora
    he de amar mi propia muerte
    y no sé morir. Qué equívoco.

    Antonio Gamoneda.
    Premio Cervantes, Premio Nacional de Poesía, Premio Reina Sofía, Premio Castilla y León de las Letras.

    16 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Grupo Texturas

    Procedimientos retóricos

    Como todos sabemos, los procedimientos retóricos no son solo aquellas figuras retóricas que aparecen listadas en los manuales. Hay multitud de giros imprevisibles que modifican el significado de una o más palabras del poema, en función de alguna o algunas palabras del contexto o del contexto entero. Hay multitud de recursos, además de la sempiterna metáfora, que amplifican, densifican y/o dan nuevo valor a las expresiones.
    Vamos a hacer un corto recorrido por un poema de cada integrante del Grupo Texturas, poniendo de manifiesto las figuras y demás recursos estilísticos empleados.

    Sara Castelar: Calíope desterrada o Las musas

    Ella se peina las edades tristes
    y canta su destierro.

    El tiempo y las mañanas en su voz
    la noche que no amaina
    la eternidad que en llanto se desploma.

    ¿Cómo aflorar del verso siendo carne?

    Las musas de fecundos pechos
    recaudan el dolor en cofres amarillos,
    ahí, como un rumor de nadie
    como el oscuro soplo de la sombra
    maceran las palabras
    y la verdad recicla su turno de mentira.

    Ella sólo sabía de la tierra.

    Todo sucedió antes de sus ojos
    antes de su silueta fértil.
    Un pájaro erizando los contornos del cielo
    con su bordón de lluvia
    frente a una loba gris lamiéndose los hijos.

    El alfabeto es un burdel sin nombres
    donde abrigar la pena

     

    Ya en el primer verso existe una rotunda metáfora que nos llama la atención: En el lenguaje directo, conceptual, resultaría absurdo pretender “peinar” unas “edades”.
    Sin embargo, en el lenguaje poético, ese primer verso cobra un sentido de una altísima emotividad, cuyo significado real a nadie escapa, a pesar de quedar envuelto en una nube ambigua: no es una acción que realice “Ella” lo que se expone en el verso, sino su estado de ánimo, y esto se hace de esa forma indirecta, sutil, imprecisa y, a la vez, hermosa. La poeta alcanza de lleno la belleza expresiva gracias, precisamente, a haber esquivado el lenguaje denotativo y haber encontrado esa forma, como decimos, imprecisa y sutil: amplia.

    Alonso de Molina: La historia que se excluye de la vida

    Contemplar desde el tiempo el susurro tenaz,
    la amistad que derrama el pacto de las horas
    y el concierto del agua que párvula desciende
    desde el transcurso incierto de las estaciones
    a un destino sediento;

    llegas,  danza anunciada, despertando la fibra
    como  tierno reptil que a nuestro paso exhorta
    el justo y terrenal lamento de los árboles;
    te apresura el camino a lograr sensaciones
    que esperabas sentir y azorado recurres
    al impúdico pecho que nos prestó la vida
    y parco, la reclama.

    No calma este silencio, esta supuesta paz
    que el abandono erige en germen iniciático
    y duele el desamor que desviste a la tierra
    de sus panes y peces, de la sal de la vida,
    transmutando en desierto la escarcha y la memoria.

    Cada misterio prende un alma a sus enigmas
    y congregan sus miedos los chakras irredentos;
    óvulo, rojo cieno, arrodillado  al tiempo,
    las penúltimas células de un arquero glorioso
    y a nuestros pies,
    la historia que se excluye de la vida
    Lo primero que llama poderosamente la atención en este poema es el juego que se realiza con la persona de los verbos o su modo. Esta oscilación dota al poema de una multiplicidad de interpretaciones, todas ellas proveedoras de gran emoción poética.
    Vemos que el poema comienza por una forma impersonal (infinitivo) de un verbo, en lo que parece ser una perífrasis verbal con el verbo auxiliar elidido. La figura de la elisión deja muy abierta la puerta a la evocación, la provoca y la enriquece.
    En la segunda estrofa, el poeta habla a un “tú” desconocido, recurso empleado cuando se pretende conseguir (y aquí se consigue) dotar al discurso de una intimidad o privacidad que magnifica los elementos sentimentales que se expresan.
    En el resto del poema, el poeta habla al lector, expone, declara. Ahí el poema cobra su aspecto más universal, la palabra cobra holgura y trascendencia, se llena de vida, de esa vida de la que se excluye la historia.

     

    Rafel Calle: 1, el hombre sin sombra

    Me pregunto por qué no tengo sombra,
    por qué mi afinidad
    al 1 mal sumado,
    álgebra custodiándome en la umbra,
    como el ámbar que cela un organismo
    de número fatal:
    El 2 en el ocaso.

    Me siento ya vestigio de una huida constante,
    del espasmo de un coito
    de navaja y cuchillo,
    metal y furia en cueros que empuñaba el encanto
    y una mella en la hoja color desasosiego,
    emblema del hastío.

    Quisiera los arrullos de un febrero insolente,
    asesinar presagios que procura su ausencia,
    renacerme paloma de un gorjeo furtivo
    y el mensaje de invierno de una historia de pájaros,
    inminente bandada
    de unidades sin nido.

    Y tengo tres sollozos de cristal asfixiante
    prisioneros del aire que nutre carne rota,
    1 el yo de la tierra del peligro,
    el 2 es un temblor de momentos que abrasan,
    y el último es atajo
    de un espíritu ansioso por hacer el camino.

     

    El poeta comienza con el doble clarinazo de dos paradojas: “no tengo sombra” y “1 mal sumado”. Y continúa con una serie de imágenes suavemente crípticas que nos llevan a la fatalidad del “2” periclitado. Y entonces, las paradojas empiezan a adquirir el valor de figuras de mayor empaque. Y se advierte que “sombra” es el símbolo del amor, de la amada; y que “1 mal sumado” es una metáfora que sustituye al prosaico “hombre solitario”. Y todo esto se advierte gracias a otra metáfora (“el 2 en el ocaso”) que representa la pérdida irrecuperable del amor.
    Vemos que, en solo siete versos, el poeta ha conseguido introducir una abundancia de figuras, algunas de ellas dobles, dotando al texto de una expresividad poética difícilmente alcanzable.

     

    Luis Oroz: LA  MUERTE

    Matadme si queréis
    echadme al foso de la noche
    y cubrid mi silencio con un mejor silencio.
    Incinerad las ropas
    con que se visten la verdad y el sino,
    santiguad el cansancio de las horas vacías,
    la lentitud sonora
    del corazón y sus convencimientos.
    Escupid en la cripta donde llegan con flores
    la nostalgia y los años,
    los hijos del instante
    que no supieron escapar del tiempo.

    Después, si os interesa el pánico,
    arrancad las raíces de la tumba en que escribo;
    descubriréis la muerte que se agolpa latiendo
    en renglones profundos,
    las cruces que levanta sobre el mármol
    el desconsuelo de la incomprensión.
    Si os incomoda el daño que no puede contarse,
    solo bajad mis párpados
    y afrontad la costumbre que se mueve en las lápidas,
    el epitafio hipócrita que adorna
    el privado y precioso cementerio.

    Aprenderá el olvido a desatarse
    igual que las palabras en la tumba de un libro.
    El poema está pleno de figuras de todo tipo. Desde las basadas en complementos nominales o adjetivaciones “impertinentes” (foso de la noche, lentitud sonora, hijos del instante) hasta la misma “impertinencia” en los complementos del verbo (cubrid mi silencio con un mejor silencio, se mueve en las lápidas) Pero nos llama la atención esa figura tan poco usada que es la que llamaríamos “transitivación”. El verbo “santiguar”, cuyo uso mayoritario es el pronominal, en el fragmento

    santiguad el cansancio de las horas vacías,
    la lentitud sonora
    del corazón y sus convencimientos

    adquiere un carácter transitivo verdaderamente poco usado, cuando le asigna un complemento directo que no le es propio.  Esto da fe de un dominio léxico que, adoptando como fondo la semántica primigenia de las palabras, la ensancha y la adapta a los requerimientos expresivos del poeta.
    Una verdadera obra de arte.

     

    J. J. M. Ferreiro: DESEMBOCADURA

    ¿Qué ajenos mares me convocan?
    ¿Qué nuevo barro ya me enfanga?
    ¿A quién aguardo
    en esta desembocadura?

    ―Hermana Tierra,
    esos frentes de polvo me arrancan la memoria,
    mientras la afluencia sensitiva
    se excede como un cuerpo al Sol:
    con todo su obsesivo sufrimiento.

    Persevera la luz en su penetración
    pero la noche hiende el canto
    desangrando su carne oscura,
    sus irascibles hierros.
    Todo cuanto percibo
    se inquieta, se estremece,
    y se impregna de escombro turbulento
    como un delta roído
    por la dilatación marína.

    ¿Has catado la sangre cruel,
    el sitio impuro?
    ¿Te has untado en la nata
    de la belleza?
    Entonces ya es bastante;
    unos y otros
    codiciarán tu inadecuado amor,
    seguro nombrarán la sed de tu palabra
    y la penumbra de su vértigo.

    Cuando sea ya tarde
    suelta las armas.
    Que sea el ansia recia, la hierba respirable.
    Que se muestre la hechicería
    con toda su humareda.

    Invoca los ruidos de la infancia.

     

    Las metáforas de J. J. M. Ferreiro tienen casi siempre una primera apariencia críptica y hasta irracional. Pero nunca, nunca, son gratuitas. Veamos los cuatro primeros versos:

    ¿Qué ajenos mares me convocan?
    ¿Qué nuevo barro ya me enfanga?
    ¿A quién aguardo
    en esta desembocadura?

    Si desechamos esa primera apariencia hermética, si profundizamos (placentera profundización) en el significado coherente de este fragmento, veremos representada la máxima tragedia del hombre: la muerte. La proximidad de la muerte es la desembocadura del río del vivir, río que se extingue en esos “mares ajenos” que “convocan” ineludiblemente. Final de la vida cuya proximidad presentida “enfanga” las ilusiones con un lodo nuevo, fatal, distinto a aquellos lodos de antes, que, de alguna manera, podían eludirse. Final de la vida que, a la insufrible tortura que conlleva la propia anulación, añade el sentimiento de soledad que acompaña antes, en y después del trance: “¿A quién aguardo en esta desembocadura?”
    Como vemos, metáforas vivas, dinámicas, expresivas, vestidas con un bello ropaje de hermeticidad.

     

    Benjamín León: Poema 24

    Decaiga en tu blancura el peso de la edad y así me nombres.
    No sean sino párpados sin luz,
    raíces de un lugar del universo ya marchito que ausenta el corazón
    los muertos de tu patria. Tenga piedad la tierra,
    los cementerios fríos en la sangre
    y las retinas que la lluvia inscribe
    de mi pobreza ya sin alas.
    Un hombre puede hundirse en los racimos,
    callar su cuerpo con el barro, saber dónde la paz desata el fuego;
    pero arribar al corazón,
    a sus fractales o balanzas, quién,
    qué tenebroso río puede sacudir sus tropas
    y hallarse en el probable del amor, la atribulada luz.
    De todo aquello que es la carne, de su silencio y de su hondura,
    sean tus años sangre indivisible,
    el peso del amor bajo su abismo,
    el fuego o la oquedad tras la función de la materia,
    el ruido y su pronombre.

     

    La poesía culta y primorosamente elaborada del poeta está colmada de esos símbolos, de ese irracionalismo consistente en la utilización de palabras que nos emocionan, no solo en cuanto portadoras de conceptos, sino en cuanto portadoras de asociaciones irreflexivas con otros conceptos que son los que realmente conllevan la emoción. Veamos este fragmento:

    Un hombre puede hundirse en los racimos,
    callar su cuerpo con el barro, saber dónde la paz desata el fuego;

    Es esa poesía “nueva” (de Darío para acá) en la que el lector primero se emociona y luego, si acaso, comprende, contrariamente a lo que ocurría con toda la poesía anterior, donde el lector primero comprende y luego, precisamente por haber comprendido, se emociona. El simbolismo de “hundirse en los racimos”, “callar su cuerpo con el barro” y “la paz desata el fuego” nos emociona formidablemente en un primer acercamiento y ese es el fin pretendido por el autor. Luego, el lector, haciendo aflorar la pluralidad de connotaciones que cada palabra guarda en su recuerdo, asocia, hila, ensarta… y entiende. Entiende de alguna de las múltiples maneras que esta obra de arte puede ser entendida.

    Jerónimo Muñoz: MI BARCO

    Anochece y mi barco no ha llegado.
    En el gris malecón de sal y viento,
    semblanza mineral de mi frente agredida,
    espero desde el alba.
    Llegaron muchos barcos con velas transparentes,
    y otros de cuyos mástiles colgaban vacuos fósiles.
    Llegaron los navíos de potentes motores
    y las barcas a remo, enamoradas
    de las olas del mar y sus gaviotas.
    Han atracado todos entre palmas y vítores
    de esa gente de tierra que sueña singladuras.
    Pero ahora anochece sin que mi barco llegue.
    La vista se me enturbia de otear y otear
    el desnudo horizonte.
    Y mi barco no llega.
    En vano quiero verlo, en marino espejismo,
    acercarse triunfante, sus velas desplegadas,
    su proa transgresora erguida ante la espuma,
    su bauprés apuntando hacia el gris malecón
    de mi frente enmohecida.
    Y ya es noche cerrada y no ha llegado.
    Y me duermo, llorando, sobre la sal y el viento.
    ¡Mi barco no se ha hundido!
    Lo esperaré mil días, desde el alba al ocaso,
    y cuando llegue, al fin, escribiré el poema.

     

    El poeta adopta aquí un procedimiento retórico que algunos han denominado “signos de indicio” o técnica de engaño-desengaño. (Carlos Bousoño)
    Como vemos el poeta espera la llegada de su barco desde el dique, y este, para su desesperación, no llega. No se aprecian metáforas de consideración hasta el primer indicio: “su bauprés apuntando hacia el gris malecón / de mi frente enmohecida.” Pero puede este indicio pasar desapercibido para el lector, el cual puede pensar que se sigue hablando del barco. Y hay que llegar a las tres últimas palabras del poema para comprender que todo el lenguaje anterior era engañoso, que era una sucesión de metáforas (sí, había metáforas) relativas a ese barco, ese barco que no es otra cosa que la inspiración poética que el poeta espera y no llega. Los barcos con velas transparentes son ahora los preciosos versos de otros poetas; los vacuos fósiles son los versos que no innovan; los navíos de potentes motores son los versos de poetas importantes, movidos por la fuerza de las editoriales; las barcas a remo son los sencillos pero sublimes versos de autores casi anónimos… Pero, por el uso de esta técnica del engaño-desengaño, esto no se hace patente hasta el final.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del Foro. Los versos iluminados.

    “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”
    Pablo Picasso

    Cuando el poeta escribe, busca un rayo de luz. Y lo hay. Hay un cálido, invisible pero sensible rayo de luz que a su vez, busca al poeta. Y muchas veces, aunque sea por un momento, ambos se encuentran. Es entonces que el poeta, iluminado, escribe su mejor verso, sus mejores versos. Eso versos sublimes que emocionan al lector y lo iluminan también a él.
    Vamos a leer, con la atención que merecen, varios poemas de los aparecidos en nuestro Foro, y vamos a intentar encontrar en cada uno ese momento sublime, esos versos iluminados.

    Valentín Martín:  DICEN QUE EN LA NOCHE NO HAY CAMINOS

    He perdido la turbación de la palabra,
    la impostura de los adioses a destiempo,
    ahora que la prosperidad vive en las ucis
    y fuera los besos son delito.
    Sueño con volver a casa y ya no hay casa,
    la casa se deshizo con la primera muerte,
    todo es una brizna fugitiva camino
    del leve fervor de la metáfora,
    Dios no sabe no contesta y las estrellas
    se suicidan todas suavemente al amanecer.
    Nada cambia con el paso de los siglos, jamás
    un hombre pastoreó de verdad su vida
    y los inviernos se llevaron siempre mal
    con los ancianos. Paremos, pues, los relojes
    en este instante de piedad:
    nunca más seré un animal en celo,
    ni tendré los ojos azules de un niño,
    yo aquí no pinto nada, aunque me gusten
    todavía el olor a lluvia, la sonrisa
    de los paisajes y las mocitas casaderas;
    la oscuridad es mi cómplice
    -nos amamos-
    conozco ya la hostilidad del mundo
    y no me importa.

    El poeta recorre su alma con su misma alma, mira sus ojos con sus mismos ojos, recuerda sus recuerdos. Y advierte la transitoriedad de todas las olas, lo efímero de todas las cimas. Nada permanece. Solo le queda ampararse bajo el manto protector de la poesía:

    todo es una brizna fugitiva camino
    del leve fervor de la metáfora

    Femmeble: SUSPIROS

    Pour mademoiselle Guillem.

    “De lo que oigas no te creas nada,
    de lo que veas, la mitad.”

    Te miro, y te conozco desde siempre.
    Eres memoria recién sangrada,
    eres esperanza para tu puesta de largo:
    atrévete a ser.

    Te me sustentas a través de la voz
    que ya no es más que recuerdo.
    Te beso con la ternura
    que los siglos engendraron en tu parto.
    Te reclamo parte de mi existir
    como si desde ti fuera yo.

    Si alguna vez te llevo de la mano,
    es porque nos espera una sendera
    caliente, donde reposan tus abuelos,
    La poeta ve al niño incipiente, lo ve desde la plenitud  (nunca plena) de su conocimiento de adulto, lo conoce, no solo a él sino a la especie humana que él representa. La poeta sabe de las acechanzas de falsedad, de mediocridad, de conformismo a la que la nueva criatura se verá sometida. Y rompe su contemplación con unos versos cargados de esa filosofía perenne que impregna a quien sabe mirar:

    Te miro, y te conozco desde siempre.
    Eres memoria recién sangrada,
    eres esperanza para tu puesta de largo:
    atrévete a ser

     

    Francisco Lobo: Invitación a Narciso

    Advertí la revelación en el canto crédulo y misterioso
    de los cisnes.
    La fuente era lamento de aflautados acordes,
    copla de soledad y soledad misma.
    El soplo del silencio ardía retenido
    en la rosaleda en vilo,
    preludio del amor bajo un fluir de pétalos de fuego
    ardiendo en la extenuación de su símbolo de belleza,
    por luz primera en un rosal en lágrimas.
    Nada estaba en el rostro, sino
    la desaparición de la sangre,
    la fiebre de la ausencia.
    Contemplé mis pupilas restauradas
    en las espinas del recuerdo,
    que flotaba en el agua.
    Reverberaba en ondas concéntricas la melancolía
    de indiferentes nenúfares en el llanto.
    La luz trepaba por ella.
    Todo era cierto y a la vez impreciso:
    el misterioso y crédulo canto de los cisnes,
    y los acordes aflautados de la soledad,
    y la fiebre de la ausencia,
    y el silencio en las llamas de la rosaleda,
    y las punzantes lágrimas del recuerdo,
    y mi rostro flotando en el agua,
    y esta desgracia mía
    de estar tan solo
    y tener que amarse a uno mismo.
    El mito de Narciso cobra aquí una nueva dimensión. El poeta se descubre (en la ambigua ficción poética) como un ser que se ama a sí mismo, no por su belleza, sino por no tener a nadie a quien amar, por estar sumido en la soledad. Y tras expresar, en agridulces paralelismos con el mitológico joven, la tristeza invencible de su aislamiento, da la clave de las trágicas causas de su auto-contemplación en estos versos que resumen el rayo inspirador del poema:
    y esta desgracia mía
    de estar tan solo
    y tener que amarse a uno mismo.

     

    Venecia Lesseps: Reminiscencias

    Qué secreta la luz,
    qué solícita mano si recorre
    los hayedos del tiempo y la floresta
    densa  de ese pequeño corazón
    que late en mi memoria.
    Qué corazón de un tiempo que me urge
    al regreso y que  tiende esa mano
    a través del espejo
    como gato encelado.

    Y recorro mis huellas
    soñolientas y mudas
    cuando -vestal de media luna
    o de garza naciente-
    era toda mi vida
    la plata inmaculada de la noche
    y el dulce nácar de la soledad.
    Cómo será así el recuerdo,
    tan luminoso como forja de herrero
    o como Aldebarán
    o como un plenilunio antiguo
    y gastado en mi mente
    y el mítico blasón de los bretones
    en mi sangre tibia
    y dulce,
    abadías del mar
    con miríadas de estrellas
    y verde sangre verde sobre la labrantía.

    Tus blancas manos revoloteando
    sobre mi dorado cabello, manos
    como palomas blancas
    y tenues
    como de vena o llanto.

    Cómo será así el dulce vino
    de la reminiscencia
    en la forja gaélica del tiempo
    cuando en mi sur
    tan sólo floran soles de adelfas de Cartago,
    y mirtos atenienses
    dentro del corazón…

     

    En este recorrido nostálgico de la poeta por su cándida niñez, contrapuesta a su actual y sensata edad adulta, traza un paralelismo entre esa niñez y sus sencillos ancestros bretones y entre la edad adulta y la reflexión griega o mediterránea. Pero todo tan lírica, tan sutil, tan refinadamente expuesto que prende en la emotividad del lector. Veamos los versos iluminados de esta visión nostálgica:
    Tus blancas manos revoloteando
    sobre mi dorado cabello, manos
    como palomas blancas
    y tenues
    como de vena o llanto.

    Hallie Hernández Alfaro: Azar

    I

    Nena dulce, ángel nuevo en la tierra,
    tu nombre cortaría manzanas tristes
    y daría un palmo de tragedia
    a los relojes de enero.

    II

    Casi mujer, casi jardín de rosas blancas,
    volabas con tu resplandor en los pasillos de una vida cana
    las cajas de terciopelo, las manos/promesas
    desvastaron tu Si de ilusión germinada.

    III

    El vientre inflamado, el rostro más bello que antes
    un fruto /presagio moviendo la sonrisa,
    mientras la luna desencajaba luciérnagas
    vos repartias caricias en F

    IV

    La muerte pronunciada a ciegas, amarilla, imperdonable
    se apoderó de los versos con penumbra
    de las uvas amargas y  del lecho frío.
    El Hado se colaba en tu ventana para verte llorar.

    V

    La vida equilibra el Sur herido, los pianos con esperanza.
    El hombre exacto sucumbe a tu piel de madre rota,
    a los besos de nobleza, al encanto de afrodita vestida de reina.
    El mundo tiembla cuando retomas la vida con todos sus lazos.

    VI

    Esa noche temías a la oscura manta de Julieta,
    los pantanos llevaron los dedos a la boca
    para no gritar la sangre  en tu espalda.
    El amor coagulado e inerte no ha de pronunciar el olvido.

     

    En estas seis pequeñas/grandes secciones poemáticas se expone la tragedia de una vida. Una niña nace, crece, se enamora, concibe un hijo… y, súbitamente, la muerte  se acerca a esa desafortunada mujer. El azar, que dice la poeta en el título, actuó con su faceta más malvada. Nos ha llamado la tención esa sección IV, cuando la vida de la mujer cambia de rumbo. Versos iluminados en los que la poesía se viste de desgracia:
    La muerte pronunciada a ciegas, amarilla, imperdonable
    se apoderó de los versos con penumbra
    de las uvas amargas y del lecho frío.
    El Hado se colaba en tu ventana para verte llorar.

    Isabel Rodríguez: Primavera mortal

    Me deslumbra el fulgor de esta mañana
    atónita y redonda, su sol alto,
    ese hachazo de luz
    hendiéndome la carne desde arriba,
    esta carne de sombra,
    de silencio y de flores agostadas.

    Me hace daño este azul
    de quieta aguamarina suspendida,
    este aire incierto y denso y sus aromas
    de magnolia lejana,
    su toque levemente corrompido
    sobre mi carne ajena,
    sobre mi piel inerme.

    Me sobresaltan las tempranas voces
    de primavera en todas las esquinas
    de este día que surge,
    oro y rosa y azul,
    su algarabía
    de pájaros cantores en la fronda,
    el tañido del aire entre las ramas,
    las voces del amor
    asaltando en tropel esta paz muerta
    de soledad y asombro.

     

    ¡Qué bella parece siempre la primavera y cuánto dolor puede producir! La poeta, a quien la primavera promueve dolorosas nostalgias de su adolescencia, se siente desgarrada por esa explosión de vida que no puede devolverle los años idos. El poema, fruto de una iluminación creativa constante, pasa por su momento más crucial en esa estrofa segunda en que, con el delicado y refinado vocabulario de que siempre hace gala, la autora nos engrandece su aflicción:

    Me hace daño este azul
    de quieta aguamarina suspendida,
    este aire incierto y denso y sus aromas
    de magnolia lejana,
    su toque levemente corrompido
    sobre mi carne ajena,
    sobre mi piel inerme.

    TXOPO: PADRE (1965), MADRE (2008)

    Padre
    (1965) .
    Padre, tengo miedo.
    Tengo miedo de la noche, del hombre malo
    y de la araña negra.
    Me da miedo la tormenta, padre,
    me asusta el ulular del viento.
    No apagues la luz, quédate conmigo esta noche,
    veo sombras de dragones mirándome al acecho.
    ¿Qué se mueve bajo la cama? ¿quién vive tras el espejo?
    ¡Me dan miedo los fantasmas azules del silencio!
    Abrázame padre, dame tu consuelo. En el colegio
    hay muchachos que se burlan de mi inocencia.
    No te vayas nunca, nunca te vayas; ¡espera!
    Temo quedarme solo y que tú ya no me quieras.
    ¿Por qué te fuiste padre? ¿por qué me dejaste entonces
    cuando más fuerte rugía la tormenta?

    Yo perdí a mi padre a la edad de siete años.
    Se fue también con él
    la tierna voz del hombre que envuelve de paz al trueno.
    Perdí de golpe aquellas cosas buenas que protegen
    a los niños de sus sueños.

    Padre, no era al hombre malo a quien yo temía
    (era el miedo a perder el mundo bueno de tus manos)
    Padre, no era el miedo a la araña lo que yo sentía
    (era al veneno de llamarte y no tenerte a mi lado)
    Padre, no era la burla de los muchachos la causa de mi desdicha
    (era la herida de mi orgullo sangrando ante tus ojos)

    Madre
    (2008)

    Fue entonces, madre, fue entonces
    cuando tus ojos y tus brazos
    fueron también los de mi padre.
    Fue el escudo de tu cariño, madre,
    mi confortable refugio ante la vida.
    Fuiste la caricia suave, el trabajo duro
    y el candor de un cuento que no se acaba nunca.
    Yo perdí la sonrisa de los labios de mi padre,
    tú perdiste el futuro de un amor
    que yo apenas concebía.
    Madre, yo crecí al amparo de tus manos
    sin imaginar siquiera que tú también temblabas
    como yo de puro miedo.

    Ya no tengas miedo, madre, yo te quiero
    y estoy contigo.
    No temo ya a la sombra, ni al silencio oscuro.
    Soy un hombre libre. Un hombre nuevo.
    Es de noche, y está lloviendo.
    Padre, madre, venid conmigo a disfrutar de la tormenta.

    Era imprescindible reseñar aquí esta extraordinaria elegía, dotada de un lirismo conmovedor y una altísima capacidad emotiva. La inspiración creadora está patente a lo largo de todo el poema, de todas sus impresionantes imágenes. Pero queremos destacar aquí ese fogonazo de inspiración que manifiestan los últimos versos, verdaderamente excepcionales:
    No temo ya a la sombra, ni al silencio oscuro.
    Soy un hombre libre. Un hombre nuevo.
    Es de noche, y está lloviendo.
    Padre, madre, venid conmigo a disfrutar de la tormenta.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Premio de Poesía Virtual Alaire. Nominados Quinta Edición

    Un total de 24 temas pertenecientes a 20 autores conforman el acervo poético de esta Quinta Edición del Premio de Poesía Virtual Alaire. En esta ocasión el zaragozano Pedro Arguedas Ibáñez destaca por el número de nominaciones, tres estrellas rojas, conseguidas frente a las dos estrellas rojas conseguidas por la asturiana Blanca Sandino, el coruñés Ramón Carballal, o el villalones Santiago Redondo Vega; con un poema nominada figuran en esta ocasión Cavicchia, Elena Donnalizio, Fatamorgana, Federico Ruibal, Francisco Lobo, Hallie Hernández Alfaro, Ignacio García, Isabel Rodríguez, Juan Cruz Bordoy, Julio Serrano Castillejos, Eduardo Reyes KngSuggar, Lourdes Spin, Rafael Teicher, Ricardo Serna y Susana Palma

    pedro_arguedas2“Hay cuatro hijos míos con un clavel de cinco puntas en el ojal, pero ,si se dan cuenta, si los ponen al lado de los hijos de los demás, puede verse claramente que mi prole es bajita y desgarbada, como un niño vestido de comunión con un traje heredado; en cambio, las criaturas de los demás, son verdaderos adonis, impresionantes y capaces pretendientes de la victoria que, tarde o temprano, terminarán desposando” Pedro Arguedas escribe bastante mejor que cuenta, son tres los hijos con clavel de cinco puntas y no cuatro como señala en su comentario, por supuesto que nada de desgarbados en mi opinión; y prosigue el zaragozano Arguedas: “Es lo bueno de este concurso, que todos los pretendientes, son justos merecedores del premio; eso da fe y confianza en la poesía, como ente deliberadamente nuestro, de todos. Da gustito estar en él”. En  su poema Ocaso, Pedro Arguedas, consigue recrear un ambiente arcano, donde la condición humana se conjuga en lamento y misterio: Hoy quiero la flor que dulcifica al lobo / ciego de morder y deshojar / sin sangre ni perfume. En Habla la fosa de nuevo el lirismo más crudo donde la muerte es sentencia y camino:  “…desnudo y sin sombra / pereció abrazado a su sonrisa. / Pasa el desierto. Ya nada es verde”. En Trono y lecho con un lenguaje severo se derrama en una pluralidad de encendidas  imágenes que le son propias: “Escucha, escucha ahora / cómo la piedra se abre y deja ver. Escucha al horizonte segando la distancia”.

    Ramón Carballal

    Ramón Carballal

    “Respecto al Certamen de Poesía Virtual Alaire y después de haber participado en las ediciones anteriores, mi opinión sigue siendo altamente positiva”. Matiza Ramón Carballal, vencedor de la Tercera Edición y nuevamente nominado en esta quinta, quien prosigue: “Es un honor compartir este espacio poético con excelentes poetas y magníficos compañeros. Quiero felicitar también a los organizadores y colaboradores del foro por la gran labor que están realizando y por la oportunidad que dan a otros poetas de darse a conocer”. En su poema La fiebre del deseo produce desvaríos, se muestra el poeta a través de una limpia y templada voz, entre la sensualidad y el ardor de un reto apasionado: “…siento la sangre / caer por las persianas y me juego a las cartas / el futuro contigo, cuando sé que en tu mano / no cabe la palabra tiempo…” En Nocturno, su otro poema nominado, con precisión y originales imágenes, encara cuestiones que inquietan al poeta:  “¿De dónde vino la altura de tu imagen profana,  / de dónde el acento de las tardes desvalidas?”.

    santiago_redondo_vega“Gracias una vez más por la oportunidad que me brindas de exponer mi opinión sobre el Concurso Alaire”, confiesa Santiago Redondo Vega, a quien preocupa la proliferación del verso libre en detrimento del rimado: “Sigo pensando que los poemas seleccionados tienen bastante calidad. No obstante observo la predisposición de los autores al verso libre en detrimento del verso rimado. Pienso que hay una tendencia errónea a presuponer que el verso rimado suena a poco moderno, o que coarta la expresión personal, o sencillamente que una gran parte de poetas actuales carecen de los conocimientos necesarios para implicarse en este tipo de poesía. Así las cosas es muy fácil que el verso libre acabe en prosa, y eso es algo bastante distinto de la poesía, aunque parezca sonar bien. A veces identificar los distintos estadios poéticos o literarios no está de más. Pero estos son los tiempos que corren y allá cada uno con su propia opción”. Su poema TIENE LA POESÍA, dedicado al poeta Juan María Sanz en el aniversario de su muerte, guarda la cálida esencia de la emoción y la dulzura en un texto pleno de  imágenes que expresan sencillez, afecto inusitado por la persona homenajeada y que se desprende de principio a fin de su hermoso soneto: “Tiene la poesía el privilegio / de pintarles el rostro a los poetas”. En su otro poema nominado, YO NO LLAMÉ AL VIENTRE DE MI MADRE, con la maestría y soltura de quien domina el soneto, nos lleva el poeta a una razonada introspección sobre el propio origen: “Yo no llamé, ni a cobro revertido, / al vientre de mi madre en aquel día / en que preñó su vida con la mía / y me parió su amor con un gemido”.

    El veterano poeta malagueño Francisco Lobo, a modo de recomendación, nos apunta las siguientes reflexiones: “pienso algunas cosas que habría que pulir en las normas del concurso: 1º.- Son muchos los poemas a leer, por lo que la mayoría no leerán y votarán por motivos ajenos a los literarios. 2º.- Es posible que algunos poetas estén registrados con nombres distintos, por lo que podrán votarse a sí mismos. 3º.- Se suele votar más al poeta (por amistad o prestigio) que al poema. 4º.- Los ganadores no deberían concurrir hasta un plazo prudencial, dos o tres meses. Lo cierto es que el certamen prestigia al sitio. Muchos poetas vendrán motivados por concursar. Pienso que se debería publicitar el concurso en otros portales de divulgación literaria”. Encomiendas que denotan el interés y la preocupación por el Portal Poético Alaire del poeta y amigo Paco Lobo que ciertamente compartimos, si no en todos, sí en algunos puntos; y el tiempo, padre y madre de la experiencia nos dará las razones para los ajustes pertinentes. Su poema nominado, Invitación a Narciso, sumerge al lector en el submundo del desconsuelo y soledad en un texto ciertamente desgarrado y desgarrador, en suma desesperado, que se ve reforzado, positivamente a mi entender, con el bien utilizado polisíndeton de los versos finales: “Todo era cierto y a la vez impreciso: / el misterioso y crédulo canto de los cisnes, / y los acordes aflautados de la soledad, / y la fiebre de la ausencia, / y el silencio en las llamas de la rosaleda, / y las punzantes lágrimas del recuerdo, / y mi rostro flotando en el agua, / y esta desgracia mía / de estar tan solo / y tener que amarse a uno mismo”.

    poetahallei“Para mí la  poesía es un arte esencial, continuo y honesto”. Afirma la poeta de Caracas, Hallie Hernández Alfaro, quien prosigue: “El  foro literario Alaire cuenta con poetas excelentes y consagrados.  También con aquellos que, como yo, somos aprendices osados de las letras en verso. El concurso y sus bases me parece una opción hermosa para participar y la calidad de los trabajos expuestos es notable”. Hallie, que es su nombre de pila; nació en Caracas, Venezuela, y nos comenta que tiene lazos afectivos inmensos con la Argentina y reside por ahora en el norte de Holanda, donde deseamos que se encuentre como en su casa. Su poema nominado, Inventario, se explora reflexivo a través de un lenguaje donde firmeza y ternura caminan de la mano: quise llenar los vacios medulares, / la carne ansiosa de mi carne, / el anillo ontológico de tu ser en mi, / los enigmas siderales posados en tu frente.
    nacho_garcia“Muy buenas tardes Alonso, recibo con sorpresa tu mail sobre mi candidatura al premio. Soy relativamente nuevo en el foro y todavía no conozco los métodos por los que se otorga tal galardón ¿Cuantos poemas son seleccionados, de qué forma y como se establece la posterior votación?”. Así se expresa el logroñés afincado en Madrid Ignacio García, quien finalmente toma confianza y prosigue: ”La poesía es sacarse los mocos con un cuchillo afilado, escribo esto en los márgenes de un catálogo del Lidl (un supermercado), lo pienso, recapacito y me percato de que no significa nada. Tacho la frase. No sé que es la poesía. No sé por qué la escribo. En internet hay personas que escriben sus poemas. Yo lo hago. Hay gente que las ama y las odia. Hay un concurso. Hay un premio económico. Puede que empiece a saber porqué escribo poesía. Me quiero hacer millonario hablando sobre amor y pajas. ¿Por qué te ríes? No me hace gracia. Nací en Logroño, vivo en Madrid y os quiero mucho a todos”. Para quienes como Ignacio aún no conozcan la mecánica ni el Reglamento del Concurso desde este mismo enlace pueden acceder al mismo que lleva expuesto en el foro desde el mes de diciembre de 2007 y posteriormente en la Revista Virtual en febrero 2008. En su poema nominado, Pobre Dámaso, con la misma exacta crudeza que Dámaso Alonso describiera Madrid en su conocido poema “Insomnio” Ignacio García puntualiza sobre el dolor y la fragilidad humana de forma severa, reflexiva  y profunda: “He leído Insomnio tantas veces / que lo he escrito yo. / Pobre Dámaso, según las últimas estadísticas / hay más de tres millones de cadáveres / en esta ciudad de Madrid”.

    poetaisabelrodriguezIsabel Rodríguez, madrileña afincada en Andalucía desde hace muchos años, los veinticinco últimos en Priego de Córdoba. Escribe poesía desde hace muchos años y ella misma reconoce: “Soy incapaz de decir en unas pocas líneas qué es para mí la poesía. Seguramente coincido con Machado en percibirla como -una honda palpitación del espíritu-. Del certamen ¿qué decir? Me parece bien, puede ser estimulante”. En su poema HOY estremecen sus versos plenos de lirismo y melancolía: “Hoy, verdaderamente, siento que no me queda nada, / si es que hubo algo en verdad alguna vez, / algo que fuera mío…”

    juan_cruz“Estimado Alonso, te escribe Miguel, papá de Juan Cruz Bordoy. Nos emociona que a nuestro hijo, lo traten con sus posibilidades relativas, y no como en la página yo escribo, que dicen que debe superar a los mayores, para ser literariamente considerado. Únicamente puede tratar así, alguien que lo hace desde un punto de vista comercial. ¿Sabes amigo porqué ustedes lo tratan bien? Porque son sensibles, y valoran su trabajo porque lo aman. Yo juego al ajedrez, y me emociona ver un niño que juega bien”. El pequeño Juan Cruz –San Pedro, Argentina-, nuevamente nos sorprende con un poema que por su madurez no parece corresponder a un niño de tan solo ocho años de edad. EL MUNDO SE DERRAMA “El viento preguntón /
    le pregunta a las hojas: / ¿Por qué pregunto? ¿Por qué existo? El porqué. / Y se distrae / yendo sobre las hojas que caen. / El mundo se derrama”

    julio_serrano_castillejos“Los concursos de poesía son un incentivo hacia la superación literaria y debemos atender a sus convocatorias para darle salida a nuestros esfuerzos en la materia buscando siempre competir con honestidad”. Afirma Julio Serrano Castillejos – Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México-, quien prosigue: Todos Los concursantes son merecedores de mi respeto y de mis mejores deseos por su superación. Su poema nominado El retrato de la Gioconda de corte clásico e impecables endecasílabos escruta el lienzo y se recrea en imágenes bien logradas: “Dime mujer, de ayer encantadora, / el secreto de mágicos pinceles / que dieran al entorno de tus sienes / el marco insustancial de aquella horas”

    Eduardo Reyes, firma sus poemas como KngSuggar, nació un 5 de Mayo en la Ciudad de México donde reside, manifiesta: “Vivimos en una apoca donde la poesía para pervivir, necesita ser reinventada, por aquellos que no tienen nada que ver con ella. Reinventada con los actos ordinarios que le dan a la vida su significado, con las voces que nunca la leyeron pero que, a fuerza de sobrevivir son ladrillos o retoques de una poética que hace ya algunas décadas vive con arritmia y desazón. No me he enterado hasta que recibo la noticia, que soy finalista concursante en un certamen que, premia aquellos que soportan ese hastío. Y hay poetas brillantes, y quisiera reconocerlos no porque participen o hayan sido participados, sino porque en un mundo de crudas realidades, hasta su propia belleza es antagónica”. Su poema nominado Historia de una torre, a través de un excelente texto y con buena dosis de ironía, el poeta presenta un paisaje urbano actual –según revela el mismo autor, al sur de su ciudad- y desolador en el contexto social que con juicio crítico, abierto y valiente dibuja a modo de denuncia para purgar, si es que eso hoy es posible, las conciencias:  “Canta un bolero, un vendedor de postales, un vendedor / de ilusos, unidos, holgazanean los últimos días / del año de las desgracias”.

    “Gracias, queridos poetas, por ser nuevamente nominado en la “5ª Edición Premio de Poesía Virtual Alaire”. Y como dice una de mis poesías: -Nosotros, los que estamos manchados por el color de la fiesta de la locura, dormimos con las palabras enredadas en la sombra de los labios. Dormimos, pensamos, abrazamos y comemos poesía-.” Así de exultante se muestra el mexicano, veteranísimo de los foros poéticos en Internet Ricardo Serna, quien prosigue: “Muchas gracias a los compañeros participantes, a los administradores, a los poetas amigos todos y a los votantes en el concurso. Y como lo dije en otra ocasión: He encontrado un sincero apoyo en ustedes: comentarios sinceros, motivadores, con la sonrisa y corazón por delante en cada palabra y luz de alegría que vale oro. Y entrego el mismo cariño que recibo. ¡Viva la amistad y la poesía!”. Su poema nominado  Diamantina, un emotivo texto con imágenes sugerentes y llenas de ternura que crecen especialmente en su estrofa final: “Las piedras tocarán en su amanecer / la sal de mis ojos cerrados, / el mudo pelo en guerra que entierra / las armas del último aliento”.

    Felicitamos a la totalidad de los poetas nominados en esta Quinta Edición del Premio de Poesía Virtual Alaire y alentamos a todos y cada uno de los usuarios registrados a que lean con atención los poemas nominados y hagan uso de su derecho al voto.

    Vuestro en la poesía

    Alonso de Molina

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Mandrágora: surrealismo chileno

    “La imagen es una creación pura del espíritu”
    Pierre Reverdy

    El año 1924, André Breton, revolucionaría las vanguardias con el primer manifiesto surrealista; a partir de entonces, pese a tener su fundación en Francia, su influencia se vio en el desarrollo de las artes y se expandió a todo el mundo. En poesía, los más importantes poetas de nuestra lengua recibieron, de forma directa o indirecta, la herencia del surrealismo. En el contexto chileno, bajo la reciente dictadura del presidente Carlos Ibáñez del Campo, ocurrida entre 1927 y 1931, las secuelas de la crisis económica mundial de 1929 que en Chile se verían en el ámbito minero del salitre y el cobre, los efectos sociales y políticos de la guerra civil española, el inicio de la segunda guerra mundial, se forjaría uno de los grupos poéticos más importantes en la historia de la literatura chilena.

    Aun cuando se ha señalado el año 1938 como el año en que el surrealismo chileno vio la luz mediante el grupo Mandrágora, se puede afirmar que el proyecto poético ya se estaba engendrando desde 1932 entre tres de los componentes de este grupo, los poetas Braulio Arenas, Enrique Gómez Correa y Teófilo Cid; y que a partir de 1935 se preparaba el camino para la publicación de la revista Mandrágora, que finalmente daría inicio al surrealismo en Chile con la presentación de ésta el día martes 12 de julio de 1938 en la Universidad de Chile. En el memorable primer número de la revista Mandrágora, colaboraría un reconocido Vicente Huidobro, lo que según Octavio Paz, hace de él uno de los impulsores del surrealismo hispanoamericano. Paz señala, además, del grupo Mandrágora “la actitud de los surrealistas chilenos fue ejemplar; no sólo tuvieron que enfrentarse a los grupos conservadores y a las milicias negras de la Iglesia Católica sino a los stalinistas y a Neruda. La acción y la obra de Arenas y sus amigos ha sido cubierta por una montaña de inepcias, indiferencia y silencio hostil”. En cuanto al papel de Huidobro dentro del grupo Mandrágora, es importante que la figura del poeta creacionista era impulsora de poesía y debate, como señala Gómez Correa en una entrevista refiriéndose a Vicente Huidobro “él nunca fue maestro, nosotros nunca fuimos sus seguidores. Le reconocíamos una serie de méritos, pero seguirlo, no. Esa es la diferencia. Por eso la Mandrágora nunca pudo haber estado con Neruda. Porque Neruda quería aduladores, seguidores. En cambio nosotros teníamos un sentido crítico. Yo habría durado una hora con Neruda y punto. Con Vicente se peleaba, se discutía. Era dialéctico. Nuestra pelea era por que le decíamos”. Aunque cuando existió un divorcio posterior entre el grupo Mandrágora y Huidobro, sólo fue una lejanía en el ámbito poético.

    Por otro lado, otro importante aporte al desarrollo de Mandrágora en su proceso inicial, vendría de un joven Gonzalo Rojas, quien producto de su trabajo como profesor desertaría más tarde, según Braulio Arenas. Ya desde 1937, señala Rojas, una serie de discusiones ardientes entre él y quien fuera reconocido como el indiscutible capitán del grupo, Braulio Arenas. Rojas indica de Mandrágora: “extraña alianza de unos cuantos rebeldes que intentamos la renovación del oxígeno total, como nuestros antepasados los románticos alemanes y los surrealistas franceses. Ver claro de día y de noche, estar siempre despiertos a la más lúcida realidad. No sólo ser poetas sino vivir como poetas responsables, sin avidez literaria de ninguna especie. Ni la fama ni la gloria ni, mucho menos, el dinero. Nada con la publicidad vergonzosa, ni con el sucio oficialismo de los premios. ¿Qué premio podríamos esperar, de qué tribunal? La vuelta al principio, al origen. La ida y la vuelta al mismo tiempo, como el sol; sin abstracciones ni miedos a los irrisorios aparatos de la realidad. Porque lo que estaba en tela de juicio era la realidad misma.”

    Como se ha señalado, inicialmente el grupo fue conformado por Braulio Arenas, Teófilo Cid y Enrique Gómez Correa. Al poco tiempo, y con tan sólo 14 años, se les unió Jorge Cáceres, quien potenció considerablemente al grupo. Además de estos cuatro poetas que principalmente conformaron el grupo, existe una considerable cantidad de poetas que compartieron el sentir y las ideas de Mandrágora, entre ellos Fernando Onfray, Mario Urzua, Gonzalo Rojas, Gustavo Osorio, Armando Gaete, Mariano Medina y Eugenio Vidaurrazaga. Además, Octavio Paz , no omite dentro del surrealismo chileno a un notable Rosamel del Valle.

    En Mandrágora, existe una importante idea de poesía vinculada a un concepto oscuro o negro de lenguaje, añadiéndole una cuota de misterio y oscuridad, pues implica una suerte de carácter enigmático y disolvente de las categorías racionales de percepción, buscándose un modo expresivo que colinda con un intento de aprehender la inasibilidad de lo real. El grupo Mandrágora desarrolló su propuesta estética a través de revistas, exposiciones, difundiendo manifiestos, efectuando lecturas poéticas. Pero abarcaba más, tenía que ver con una actitud vital, expandir el habitual conocimiento personal de la realidad a través de un constante ejercicio poético. Estos son el gran aporte del surrealismo chileno de Mandrágora: lenguaje y actitud. La propuesta, apuntaba a la poesía como conocimiento de sí y del medio humano, poesía reveladora y visionaria, con una dimensión especial en la existencia, el erotismo y lo onírico. Además, el poder de creación de un objeto nuevo y autónomo, por parte del poema, principalmente derivado de la desviación lingüística – semántica, es otro elemento característico. Por último, la poesía como destrucción o reconstrucción a partir de la trasgresión, palabras como actos.

    Aunque el epílogo del surrealismo chileno en Mandrágora, adquiere un dejo de desconocimiento o una carencia de reconocimiento, su aporte es indudable y, a partir de él, se levantan figuras de renombres en la escena chilena de la poesía. Pero más allá del reconocimiento, en parte despreciado por los mismos gestores del movimiento, puesto que para eso estaba la figura de otros autores; Mandrágora supone un cambio en el contexto literario y una respuesta al relato histórico de la época en Chile, una luminosa floración en la poesía surrealista de Latinoamérica.

    Braulio Arenas

    La mujer nupcial

    Con labios de obsidiana con una piedra de tinta
    Multiforme pesada rutilante
    Que en el fondo del mar los árboles de dragones
    Se aligeran con el frenesí de tener
    Luz encerrada en un banco de hielos
    De lobos desprendidos de sus párpados de mueble
    De su boca de fuego y de mujer
    Amontonadas estrellas
    Que comen de día y duermen por la noche
    Viven en los pantanos por la ley de la herencia
    Memoria de luz vaciada
    Bate entre mí como un vecino interno
    Como la separación del luego y la familia
    De la respiración que cae de pisada en mirada
    Círculo irreal irreflexivo
    De sombra a placer por una orden
    Por un vocablo de áspid
    Donde las aves se reúnen y estallan
    Pasas con una estrella por toda vestidura
    Dormida con tus misterios a flor de agua
    Ella se atormenta con una instrucción de heridas
    Y pasa por un terreno de silencios
    Con ellos que no giran
    La belleza
    La tórrida destrucción del porvenir
    Pasas con avidez
    Silencio digital.
    De El mundo y su doble, 1940

    Enrique Gómez Correa

    La pérdida de la mandrágora

    El pájaro azul de la angustia
    Estira sus alas y se prepara a la más singular de sus aventuras
    Seguramente su conocimiento de las cosas la hiere más que la quemadura de la luz
    Porque el amor en él fue carne y espíritu
    El tú y el mí que se habían hecho uno en la planta mágica.

    El pájaro azul te ha mirado
    Y tú eres una extraña
    Un singular vacío
    Eres más extraña que su recuerdo
    Que su misma nostalgia.

    Las paralelas deben seguir su camino
    El azar existe gracias a lo imprevisto de tu belleza
    Y tú has dicho partir
    Entonces vientos de soledad llenan las alcobas.

    El pájaro azul te ha herido
    Y tú bien sabes
    Que toda melancolía es infinita.

    Te había encontrado con el azar
    Y te he perdido con el azar
    Juntos nos sumimos en lo desconocido
    Hasta ser desconocidos el uno del otro.

    Dijiste:
    “Todo designio se cumple
    “Todo azar junta las paralelas
    “Toda luz se reintegra a la tiniebla
    “Y tú habiendo alcanzado lo desconocido
    “Eres un extraño
    “Has vendido tu alma a lo desconocido”.

    Ya no te pertenezco
    Soy el que parte con el azar
    Con la noche que precipita los elementos
    Soy el pájaro azul de la soledad.

    De Reencuentro y pérdida de la Mandrágora, 1953

    Jorge Cáceres

    Pasos públicos

    1
    Sobre los pájaros la nieve sin salida
    Y el pájaro sin cabeza canta
    Sobre las nubes de vidrio rojo
    Y a lo largo de los árboles blancos
    La nieve es una estrella de agua clara.

    2
    Las alas sangran ellas son doradas
    Alas de nieve sobre el parquet
    Y la luz la luz una estrella.

    3
    La primavera deliciosa la visita del médico
    Y el mar que ondula y el color de las cerezas
    Las manos fértiles las coronas de llamas.

    4
    Los pájaros de gala buscan a los pájaros de hojas
    Pero los barrios de invierno agonizan
    Y los lagos de cuerdas doradas
    Hieren los extremos de los invernaderos.

    De René o la mecánica celeste,1942

    Teófilo Cid

    Nichos ovales

    Por una mala cuenta torcí los pies al verte
    Redimido el instante perverso en sus años
    Loco de aquel enfermo cauce que tiene estrellas en el fondo
    Me miro en tu presencia sin ultraje de invierno
    En ti la fruta sigue su porvenir de rayo
    El hambre tiene inconvenientes para arrugar el ceño
    En vano el mirador se encuentra en turbias aguas
    Más semejante a un fúnebre que buzo en el océano
    Te encuentro en este manual de lluvias educadas
    Al ver con qué sonrisa el mundo su mágdala pervierte
    De ayunos y vergüenzas se hicieron tus saludos
    Orden de dual martirio suspende su hora líquida
    El sabe que ha de poner sus manos entre mis manos
    El hambre y la tortura vagancia de sí mismo
    Tiene un par de aretes para bailar el sable
    Me incomodo y salgo de tu anuencia
    Con voz de terremoto se aplastan verdes llaves
    El chorro que cayó en mi soledad
    Con cifras de agrado y témpano me doblo en tres mitades
    Así presiento el numen del conscripto enamorado
    En pie de madrigal su sien izquierda late
    Por ver la maravilla que corre entre dos pistas
    Negra de soledad tú vienes hacia mí.

     

    Poema publicado en Lectura de Poemas, folleto publicado con ocasión de la primera aparición publica del grupo Mandrágora, Santiago, Julio de 1938.

    Bibliografía

    Baciu, Stefan. Surrealismo Latinoamericano. Valparaíso: Ediciones Universitarias de Valparaíso, 1979, Chile.
    Paz, Octavio. Sobre el surrealismo hispanoamericano: el fin de las habladurías. Plural, N° 35, 1974, México.
    Arenas, Braulio. El mundo y su doble. Ediciones Altazor, 1963, Chile.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Julio González Alonso. Vencedor del IV Concurso Poesía Virtual Alaire

    “La poesía es una ocasión de ser más feliz, un buen ejercicio para conocer mejor a los demás y sentir la vida”

    Julio González Alonso

    Julio González Alonso

    Julio González, “leonés de nacimiento y de vocación” según afirma además de ostentar el haber sido “criado al aire y el paisaje de La Pola de Gordón, en la montaña central leonesa de las estribaciones cantábricas”. Prosigue  Julio respecto a su origen: “Esas son la raíces de mi sentir poético y literario; diría más, esos son los poetas que prendieron la lumbre de los primeros versos: León, La Pola de Gordón, la infancia, la escuela y el patio de la escuela, los juegos interminables, las interminables orillas del río y los salguerales, la nieve y el frío, el verano, la primavera breve, los primeros grandes amores”.

    “Habrá ocasión, como es natural, de entrar en contacto con la poesía a través de los textos escolares en los que, aunque en aquella época de la dictadura se escamoteara o falseara nuestra historia, no dejaron de aparecer, junto a los clásicos que llenaron el Siglo de Oro, autores como Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández o León Felipe, entre otros más o menos censurados. Pero el primer poeta que cayó en mis manos, todo para mí, fue el leonés Victoriano Crémer, como premio en un certamen literario de la Escuela de Magisterio de León en el año 1968; el libro en cuestión, Poesía Total (1944-1966), lo conservo todavía y todavía sigue siendo fuente de admiración y aprendizaje. Luego llegarán todos los demás, los que se han ido quedando con sus voces y su palabra en los rincones de la escritura”
    “En otra ocasión mencioné la importancia que el espacio teatral ocupó en mi vida joven, formando grupos o tomando parte en otros, como la breve experiencia de los Cátaros de Alberto Miralles en Barcelona. Esa experiencia y la participación activa en la agitación social de la época desembocó en la militancia anarquista en la CNT, constituyendo ambas el ámbito de resonancia para los versos que nacerían entonces y creo que los de ahora, pese a estar alejado del teatro, al que acudo como mero espectador, y del compromiso militante. No han existido grupos literarios o poéticos en los que haya estado integrado, con los que haya poseído o posea afinidad, gusto o tendencia. En este sentido, si la palabra autodidacta significa algo, podría ser empleada, ya que ni siquiera mis estudios universitarios –centrados en la Psicología- tuvieron algo que ver con la Literatura”.

    1.- De dónde, desde cuándo, tu afición, vocación por la poesía y por escribir poemas

    El momento de la aparición de los primeros versos coincide con el periodo de la infancia y viene servido, como he dejado dicho en otro lugar, por los sentimientos tempranos, el paisaje, la luz, el frío y los sueños que nacen de las historias y los cuentos, muchos de los cuales oía contar a mi madre al calor y el amor de la lumbre. De ahí y de la ocasión de leer en el instituto de la Pola de Gordón, en soledad y a puerta cerrada. Acostumbro a decir a los alumnos del colegio cuando se celebran charlas de aproximación a la poesía con ocasión del Día del Libro, que leer es muy importante, porque de los buenos lectores salen los grandes escritores; así que les invito, tanto a leer como a escribir. No he llegado a gran escritor, aunque en la infancia no fui mal lector de todo lo que se cruzaba en mi camino. Pero no desespero. Sigo leyendo

    2.- ¿Qué es para ti escribir? ¿Qué te apasiona del poema, del verso, de la poesía

    La poesía, como cualquier otro tipo de expresión artística, es un fenómeno de catarsis, una ambición de explicar el mundo, descubrir las aristas dolorosas de la vida, las superficies planas de la serenidad, tocar y acariciar las curvas del amor, es necesidad de explicarse a sí mismo, sorprenderse a uno mismo y, tal vez, emocionar a los demás. Los poemas, si me gustan, es porque son como los hijos o los niños, que los traes al mundo o compartes su existencia, pero que luego crecen solos, se hacen adultos e independientes y ya no te pertenecen. En ocasiones no son siquiera como tú habías imaginado, para sorpresa o desesperación

    No quiero decir que sea la obra literaria la que domine al autor, sino que no es el escritor quien domina en su totalidad la última realidad y el destino de la obra literaria. Siempre cabe, en último extremo de disconformidad o discrepancia, romper el texto, matar al hijo; aunque sabes que ya será otra voz y otra emoción diferentes. Por eso, el hijo puede malograrse en su concepción, pero una vez nacido acabas aceptándolo y queriéndolo tal cual es

    3.- De qué escribes. ¿En tu poesía está implícito el compromiso

    Escribo del mundo que me ha tocado vivir, lo que incluye la memoria histórica que legaron mis mayores. El mundo, sigo pensando, es la poesía; la percepción del mundo y el modo de explicarlo. La herramienta para este fin es la palabra y su poderosa capacidad de evocación y de emoción al crear belleza

    El compromiso explícito como actitud militante no es la tónica general de los temas de mis poemas; pero es que –en sentido lato- el hecho de expresarse y explicar el mundo implica una toma de postura, encierra un compromiso. De esta situación no puede escapar nadie; es más, diría que es una nota característica implícita al hecho creativo

    4.- ¿Cómo llegaste a la poesía; tú elegiste a la poesía o fue la poesía quién te eligio a ti? ¿Sois buenos compañeros?

    No creo que haya habido o exista posibilidad de elección en el caso de la poesía. Se trata de una circunstancia de la vida y de una oportunidad; si tienes medios, cierta capacidad o habilidad, ganas, y compruebas que te sirve como enriquecimiento personal, que te ayuda y que puede ser un instrumento de expresión y comunicación, lo usas. Aunque pueda resultar prosaico, se me ocurre pensar en el trabajo del atleta, virtuoso de un ejercicio que realizará durante toda su vida útil si encontró la ocasión, los medios y las circunstancias adecuadas, siendo para siempre compañeros inseparables. Tal vez somos atletas de la palabras y el mensaje

    5.- En tu poesía empleas imágenes cotidianas con un toque personal muy expresivo e intimista, así como otros recursos expresivos que la hacen tan explícita y sugerente; describes a menudo paisajes de tu tierra que, por cierto, en alguna ocasión  has comentado que abundan los poetas. ¿Cómo ves la poesía actual de tu generación respecto a las anteriores?

    Mi tierra, las extensas tierras del antiguo Reino de León, continúan siendo patria de nacimiento y de adopción de extraordinarios escritores; particularmente, de buenos poetas. No sé por qué se da este fenómeno, que no va en detrimento del innegable valor creativo de otras regiones españolas ni regiones del mundo del habla hispana, se entiende.

    En cuanto al presente y pasado de la literatura leonesa, percibo una realidad nueva –ni mejor ni peor a realidades anteriores-, pero diferente, fresca, de la que subrayaré el fenómeno de escritores y escritoras muy jóvenes y otros no tan jóvenes que se expresan en leonés. Entre quienes han optado por utilizar la lengua leonesa en su obra literaria y poética se encuentran Eva González, Roberto González-Quevedo, Pablo Martínez Muñoz, Caitano A. Bardón, Camino García Presa, Abel Uxeniu Pardo, Héctor Xil, etc. Aunque yo soy incapaz de expresarme en leonés, admiro y respeto a estos autores que producen textos costumbristas o actuales y que lo hacen con una calidad y calidez admirables

    6.- Entre prosa y poesía, ¿se han roto las fronteras?

    Este es un tema recurrente en cualquier debate literario. Yo me pregunto si alguna vez han existido fronteras en este territorio, aunque habrá que admitir algunas diferencias.

    Mi opinión al respecto se orienta por la comprensión de que toda producción literaria se basa o sustenta en el ritmo. He dejado dicho en alguna otra ocasión, que la música es el arte más próximo a la poesía. A la poesía, y a la literatura en general. Lo que ocurre es que la poesía se apropia del ritmo y lo utiliza de una forma muy eficaz para acompañar al mensaje. En este sentido, existen textos narrativos poéticos o poesías con estructura narrativa. Toda novela o texto teatral encierra elementos poéticos de primera mano dentro de su género. La diferencia con lo que damos en llamar género poético estriba en que lo rítmico no es lo dominante en el texto. Tampoco es determinante la estructura del texto, pues poner un mensaje en verso no garantiza la existencia de elementos poéticos. El Siglo de Oro español está lleno de obras de teatro en verso, pero solamente unas pocas composiciones de entre ellas son poesía.

    Las fronteras, en este sentido, entre el concepto de poesía y de prosa, son extensas, encontrándose en un extremo la expresión poética con estructura en verso o prosa, pero atendiendo prioritariamente a la emoción, la belleza, el compromiso o la denuncia desde la posición subjetiva del autor que apela más al sentimiento que a la argumentación, y pudiendo encontrar en el otro extremo el texto narrativo con estructura predominantemente en prosa (El Cantar de Mío Cid está escrito, no obstante, en verso), en el que el ritmo se mide en otro tiempo y predomina la función narrativa basada en la argumentación.

    Todo esto ha sido, es y seguirá siendo objeto de discusión interminable. Está bien, aunque yo pienso que no debe limitar a la persona que se decide a escribir. Que escriba, y ya está.

    7.- ¿Qué aportan internet y las nuevas tecnologías de la información a la poesía, y viceversa?

    La caja de resonancia que supone la red y su inmediatez son un descubrimiento extraordinario y una herramienta útil para publicar y comprobar –en cierto modo- el resultado y efecto del texto producido. Yo no hubiera sacado mis poemas de sus carpetas ni hubiera escrito algunas cosas si no hubiera tenido esta oportunidad. En este sentido, considero muy positivo este soporte para la difusión y expresión de la poesía. Ahora bien, la red es muy grande y caben infinidad de contenidos, buenos, regulares y malos. Serán el tiempo y la calidad de los espacios quienes determinen la oportunidad del éxito y el reconocimiento o que se pierdan en el vacío y el olvido.

    8.- ¿Qué aportan al mundo, a la sociedad, los poetas? ¿De qué forma debería ser la poesía para que gane adeptos y que no sea considerada como mera cosa de gente sensiblera y como dijo Celaya “la poesía es un arma cargada de futuro?

    La poesía es una poderosa herramienta de cambio y transformación, como intuyó el poeta vasco Gabriel Celaya. Pero es la sociedad la que recurre a la poesía para expresar su sentimiento de lucha y sus reivindicaciones históricas cuando lo considera necesario. Así ocurrió en España durante la dictadura cuando cantantes como J.M.Serrat o Paco Ibáñez pusieron música a poemas de Antonio Machado, García Lorca, Miguel Hernández o Pablo Neruda. Es más, en momentos de crisis, las sociedades llegan a descubrir y actualizar las claves del compromiso y la reivindicación incluso en obras clásicas, como ocurrió en el periodo histórico mencionado con poetas como Garcilaso de La Vega, Calderón, Lope de Vega o Francisco de Quevedo. Entiendo, en este sentido, que la poesía está y debe estar ahí siempre, volcando su voz y sentimiento, llegando al compromiso militante cuando sea exigido, aún a costa de sacrificios personales como los históricos de García Lorca o Miguel Hernández en España o del cantante y poeta Víctor Jara en Chile, a modo de escueto ejemplo. Entiendo, finalmente, que será la sociedad de cada momento la que sepa servirse de la poesía y sus poetas.

    9.- De todos tus trabajos, ¿cuál es el más entrañable para ti?

    No lo sé, sinceramente. Tal vez dependa del día y la ocasión. A veces, abrir un poema que hace tiempo no leías, te sorprende y agrada. En ese momento, es el trabajo más entrañable. Pero si se trata de responder ahora y no escurrir el bulto, te diré que –personalmente- le tengo un cariño especial al poema Nacido en marzo, que formaba parte de los finalistas del IV Premio Alaire y, como no podía ser de otro modo, siempre va a ocupar un lugar entrañable el poema El habitante que mereció la atención de la Comisión Evaluadora y de los compañeros que lo votaron después, para quienes reitero mis más sinceros agradecimientos

    10.- ¿Qué supone para ti  haber conseguido el Premio Poesía Virtual Alaire?

    En primer lugar, supone saber lo que es recibir un premio. Nunca me he presentado a concursos, salvo en los tiempos de estudiante, y nunca había recibido -consiguientemente- un premio. Y puedo decirte que sienta bien, que te da alegría, mayor confianza en ti mismo y, por otra parte, te hace pensar en los trabajos futuros con el ánimo de superarte o de encontrar nuevos temas que sean merecedores de lecturas o de premios, si hubiere ocasión. Estoy satisfecho y agradecido.

    11.- Dime tres matices que te pueden influir en tu manera de escribir y sentir la poesía.

    Vamos a ver si los encuentro, pues jamás se me había ocurrido pararme a pensar en esta cuestión; tal vez la manera de mirar el objeto de la poesía, la búsqueda de lo oculto en lo cotidiano o lo ignorado y la voz de esperanza entre la desesperanza.

    12.- ¿Cómo es tu proceso al escribir? ¿Cómo lo haces? ¿Qué cosas remueves hasta concretar un poema?

    El poema, o lo que constituye su idea central, nace de las situaciones cotidianas que nos rodean; basta pararse un poco y mirar sobre ellas desde fuera, para volver a su interior con actitud de descubrimiento, dispuesto a dejarse sorprender y emocionar. De las anécdotas cotidianas, comprar el pan, saludar al vecino, la sonrisa perdida de una jovencita, las gracias de alguien que te pregunta por una dirección o una calle, el juguete abandonado en un banco, el abrazo de un amigo, la emoción de pedir perdón, el reloj parado de una torre o la foto antigua que encuentras casualmente, surgen los poemas. A estas situaciones se les suman el cúmulo de experiencias que constituyen la memoria emocional, los paisajes, olores y sensaciones. Todo ello forma parte del proceso de escritura. Y muchas más cosas que tú sabes que vienen en auxilio de la idea primera, eso que suele llamarse inspiración y que se concreta en un pensamiento que te mueve a iniciar el poema. Pero, insisto, me parece muy importante la actitud relajada, entregada, casi de infantil curiosidad y disposición a la sorpresa y la emoción.

    Después de escribir un poema, lo guardo (continúo escribiendo en papel, ocasionalmente con pluma estilográfica) y trato de olvidarme de él por un tiempo, de alejarme de su influencia. Lo dejo enfriarse. Y pasado algún tiempo paso a releerlo. Si encuentro que merece algo la pena, que escucho la voz que pretendidamente había dejado en sus versos, paso a retocarlo, corregirlo, puntuarlo lo más correctamente posible. Soy de los que entienden que la corrección sintáctica es importante. Me gustan los poemas pulcros, bien escritos. Finalmente, si la ocasión se presenta, lo publico o lo leo y compruebo el resultado. Esto es, más o menos, lo que acostumbro a hacer.

    13.- ¿Qué libros nunca has podido terminar de leer y qué libros debieran ser leídos y que tú recomiendas?

    No he podido terminar de leer Ulises, de James Joyce, ni En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. Es un desafío de lectura que espera su oportunidad.

    Si tengo que recomendar algún libro, empezaré por el Quijote. Después de éste, recomendaría leer todo lo que sea y se pueda. Pero si a alguien le ocurre con el Quijote lo que a mí con las obras citadas, que no se desespere y que espere la ocasión. Llegará.

    14.- ¿Qué dirías a alguien que está comenzando en esto de la poesía y que ha decidido ser poeta?

    Bueno, pues son cosas que me las tendría que decir a mí mismo, como principiante que soy pese a haber escrito más o menos regularmente a lo largo de mi vida. Me digo que la poesía es una ocasión de ser más feliz, un buen ejercicio para conocer mejor a los demás y sentir la vida. No da dinero, pero puede darte muchos amigos y, sobre todo, la satisfacción de expresarte y ver reflejado el modo de entender el mundo. Todo son ventajas. Ningún inconveniente. Eso sí, la decisión de adoptar el título de poeta no entra dentro de mis planes. Siguen pareciéndome alforjas demasiado grandes para mis posibilidades. Pero cada cual es libre de adoptar el título que le apetezca.

    15.- ¿La experiencia de la vida te ha curtido, se refleja en tu forma de escribir?

    La vida tiene a cada edad su dosis suficiente de experiencia para poder escribir, igual que la vida se vive en su totalidad, obviamente, dure lo que dure. Tal vez cada época de la vida venga acompañada, eso sí, de sus virtudes y pecados; la impaciencia e ímpetu de la juventud, la serenidad de la madurez o la prudencia de la vejez. Pero -aparte de estos tópicos- he encontrado poemas de extraordinaria madurez en jóvenes de 18 o 20 años y poemas de una pasión incontrolada en personas de 80. No hay reglas fijas. En mi caso, que no soy una excepción, pues ocurre igual. La única diferencia es que cuantos más años cumplo paradójicamente sé que tengo más tiempo para escribir, si la vida me concede la gracia de una edad avanzada.

    16.- ¿Con qué sueñas?

    De noche, cuando cierro los ojos, sueño con personas desconocidas. De día, sueño con las personas que conozco, con los niños y niñas de mi clase, con mi familia, con mi país, con el mundo. Y siempre sueño lo mejor para una realidad que tercamente se nos muestra en las peores noticias de los telediarios. En lo personal, sueño o imagino que soy un pequeño grano de arena que ayuda a mejorar las cosas; por eso me duelen los errores y me entristece pensar que alguien pueda sufrir por mi causa. En lo referente a la escritura, me gustaría publicar en papel mis poemas o algunos de ellos y participar en hacer que la poesía llegara a formar parte de la vida de más personas.

    17.- Un mensaje a tus compañeros del Foro Poéstico Alaire.

    Les diría que traten de ser libres en la vida para ser libres escribiendo y que busquen algunas de estas satisfacciones de las que nos habla Betolt Brecht:
    La primera mirada por la ventana al despertarse
    el viejo libro vuelto a encontrar
    rostros entusiasmados
    nieve, el cambio de las estaciones
    el periódico
    el perro
    la dialéctica
    ducharse, nadar
    música antigua
    zapatos cómodos
    comprender
    música nueva
    escribir, plantar
    viajar
    cantar
    ser amable

    (1956)

     

    18.- ¿Deseas decir algo comentar algo que no te haya preguntado?

    No, casi prefiero callar un rato; ¿no he hablado, tal vez, demasiado? Espero que quienes lean sepan disculpar.

    19.- Un poema.

    Como esta tarde de respuestas y reflexiones sigue un poco plomiza y lluviosa, he tenido ocasión de leer algo de Vicente Aleixandre (Espadas como labios. La destrucción o el amor) y de Bertolt Brecht, del que he extraído sus maravillosas Satisfacciones; así que puedo despedirme con otro bello poema de Brecht titulado Canción de la buena gente:
    A la buena gente se la conoce
    en que resulta mejor
    cuando se la conoce. La buena gente
    invita a mejorarla, porque
    ¿qué es lo que a uno le hace sensato? Escuchar
    y que le digan algo.
    Pero, al mismo tiempo,
    mejoran al que los mira y a quien
    miran. No sólo porque nos ayudan
    a buscar comida y claridad, sino, más aún,
    nos son útiles porque sabemos
    que viven y transforman el mundo.
    Cuando se acude a ellos, siempre se les encuentra.
    Se acuerdan de la cara que tenían
    cuando les vimos por última vez.
    Por mucho que hayan cambiado
    -pues ellos son los que más cambian-
    aún resultan más reconocibles.
    Son como una casa que ayudamos a construir.
    No nos obligan a vivir en ella,
    y en ocasiones no nos lo permiten.
    Por poco que seamos, siempre podemos ir a ellos, pero
    tenemos que elegir lo que llevamos.
    Saben explicar el porqué de sus regalos,
    y si después los ven arrinconados, se ríen.
    Y responden hasta en esto: en que,
    si nos abandonamos,
    les abandonamos.
    Cometen errores y reímos,
    pues si ponen una piedra en lugar equivocado,
    vemos, al mirarlos,
    el lugar verdadero.
    Nuestro interés se ganan cada día, lo mismo
    que se ganan su pan cada día.
    Se interesan por algo
    que está fuera de ellos.
    La buena gente nos preocupa.
    Parece que no pueden realizar nada solos,
    proponen soluciones que exigen aún tareas.
    En momentos difíciles de barcos naufragando
    de pronto descubrimos fija en nosotros su mirada inmensa.
    Aunque tal como somos no les gustamos,
    están de acuerdo, sin embargo, con nosotros

    20- Poema premiado

    EL HABITANTE.
    Pasajero de los trenes suburbanos
    y habitante de todas las calles;

    tu mundo

    la parada del autobús,
    el banco
    verde,
    la sombra oblicua de las catedrales.

    Todavía llevas puestos los zapatos
    que no se te harán viejos mientras dormís, olvidados,
    la noche del barrio gótico hasta el último silencio,

    y luego

    despertarás
    descalzo, como viviste siempre,
    en un puerto encalmado de acribillados diques.

    Alguna vez supiste lo que buscabas
    donde
    buscar es un peligro,
    la asechanza mortal de la libertad anclada
    en el mar que mirabas sin definiciones.

    Tal vez por eso ahora te encuentro en las esquinas
    con la barba crecida,
    fresco entre los ojos el beso de la vida

    y creo que es mentira que ha muerto la bohemia.

    La trampa se ha cerrado. Sí, la ciudad es maldita;
    mas, sobre los tejados,
    tu canto irracional
    encontró los zapatos
    huérfanos de pies;

    ¿qué hacen –nos sorprendes- los zapatos en las azoteas
    y en las aceras los pasos?

    ¿qué hacen –nos respondes- los hombres que se arrastran
    hacia ninguna parte
    en los pasos que encierran sus zapatos?

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • LOS OLVIDADOS: Pedro Garfias

    Pedro Garfias
    Mayo de 1901- Agosto de 1967

    “De obscuro pájaro ganchudo la faz,
    reverso insólito de un alma luminosa,
    melancólica, manadora de sueños,
    como la sepultada estrella de la niñez.”

    Juan Rejano

    La memoria se hace vaporosa cuando hablamos de los olvidados.

    pedro_garfiasHacer memoria es, en cierto modo, hacer poesía, porque esta, a su vez, es memoria de memorias, y voz reconstruida.
    La memoria suele perder alguna vez al hombre.
    Un poeta puede permanecer en el anónimo y ser un gran poeta. Un poeta, suele pasar muchas veces, del anónimo a la popularidad por razones ajenas a su obra.
    En el caso de Pedro Garfias, para su olvido, influyeron las circunstancias de nuestra guerra y nuestros exilios; y además la costumbre del poeta de guardar sus poemas en la memoria y recitarlos infinitamente sin dejar constancia de ellos más que en el recuerdo de quienes escuchaban, o también dejarlos dispersos como regalo a multitud de amigos.
    “Pasear mi tristeza por la fiesta…
    ¡Qué embriaguez! Y como un loco
    decir en voz alta mis soliloquios.
    Decir mis soliloquios a las niñas,
    Que nunca han de leerlos,
    Con música de risas.”
    Pedro Garfias es un poeta aislado y excepcional en el conjunto de la lírica española de nuestro tiempo, pero no por ello su obra dejó de recoger las experiencias comunes a casi todos los miembros de su generación: vinculado en un principio, a las escuelas de vanguardia, halló posteriormente una voz personal  fincada en la riquísima tradición  (“lastre sentimental” que le reprochara Guillermo de Torre), y  al mismo tiempo, expresión fiel de su  mundo y del tiempo que le tocó vivir: a la postre la guerra y las honda desgarradura del exilio.
    “Porque te siento lejos y tu ausencia
    habita mis desiertas soledades
    qué profunda esta tarde derramada
    sobre los verdes campos inmortales.”
    En la poesía de Garfias es donde podemos encontrar uno de los ejemplos para poder vislumbrar un sentir razonado y un razonamiento sentimental, sin pugnar a exclusión.
    Garfias perteneció, por generación y afinidad con la corriente revolucionaria poética, a los grupos ultraístas que, de 1918 a 1922, removieron un poco el ámbito literario español. Aunque siempre mantuvo un “ultra” propio.
    “Libertad para el preso,
    justicia para el pobre,
    respeto para el loco.”

    Dirigió la última revista ultraísta española, que se llamo “Horizonte” y donde colaboraron desde Juan Ramón Jiménez y Machado, hasta Espina y Jarnés, con Alberti y Lorca.
    Durante la guerra publica en el periódico Frente Rojo y en la revista Hora de España.
    En 1938 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por su libro Poesías de la guerra española, del cual canta Víctor Manuel su “Asturias”:
    “Prepara tu salto último
    lívida muerte cobarde
    prepara tu último salto
    que Asturias está aguardándote
    sola, en mitad de la Tierra,
    hija de mi misma madre.”
    En abril de 1939 marcha a Inglaterra donde escribe Primavera en Eaton Hasting, que en palabras de Dámaso Alonso es el mejor poema del destierro español:
    (poema bucólico con intermedios de llanto).

    INTERMEDIO: LLANTO SOBRE UNA ISLA

    Ahora
    Ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado
    La cabeza en la bruma y los pies en el agua
    Y el cigarrillo apagado entre los dedos…

    Ahora
    Ahora sí que voy a vaciaros ojos míos, corazón mío,
    Abrir vuestras espitas lentas y vaciaros
    Sin peligro de inundaciones.

    Ahora voy a llorar por vosotros los secos
    Los que exprimís vuestra congoja como una virgen sus pechos.
    Y por vosotros los extintos
    Que ya exhaláis vapor de hieles.

    Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber por qué
    Cuyos porqués resuenan todavía
    En la tirante bóveda impasible…
    Y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas madres,
    Vientres de larga voz que araña los caminos.
    Un llanto espeso por pueblecitos
    Que ayer triscaban a un sol cándido y jovial
    Y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas.
    Y por las multitudes
    Que pasan sus vigilias escarbando la tierra…
    Un llanto viudo por los transeúntes
    Tan serios en el ataúd de su levita.

    Ahora
    Ahora puedo llorar mis llantos olvidados
    Mis llantos retenidos en su fuente
    Como pájaros presos en la liga.

    Los llantos subterráneos
    Los que minan el mundo y lo socavan
    Los que buscan lo flor de la corteza
    Y el cauce de la luz, los llantos mínimos
    Y los llantos caudales acudan a mis ojos
    Y fluyan en corrientes sosegadas
    A incorporarse al llanto universal.

    Sobre esta roca verdinegra
    Agua y agua a mi alrededor
    Ahora sí que voy a llorar a gusto.

    Pedro Garfias, nómada por las circunstancias, engendró un desarraigo personal de trovador.
    Un camino de anecdotarios que sus coetáneos nos traen para nuestro gozo: saquemos sus poemas al viento, que nuestra voz remede la voz del poeta, y no muera lo importante.

    “A veces grito iracundo:
    aquí me falta un lucero,
    aquí me sobra una estrella.
    ¿Quién hizo este firmamento?
    Una voz piadosa dice
    Que no es cielo sino techo.
    ¡Por mi vida, grito yo,
    dejadme saber mi sueño!
    Donde yo pongo los ojos
    Todo es cielo.”

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El gusto hedonista y sensual francés en el crepúsculo del “Antiguo régimen” (3ª parte)

    Amor por la naturaleza

    hedonista_6Hay un transito en la mentalidad que va del arte racional-intelectualista al naturalista-emocional. Addison propone en los Placeres de la imaginación el abandono de las reglas destacando la fantasía y la imaginación. Pide que el arte imite la naturaleza aunque no como una fiel copia de ésta sino “actuar como actúa la naturaleza, y crear formas cuya belleza sea similar a la de la bellezas naturales, y no a la de figuras geométricas” 1 .

    El arte se influencia de la naturaleza y de las formas y líneas orgánicas, libres, vivas… que permitan al artista dar vía libre a su imaginación, a la fantasía, a los formas anárquicas que de cierta manera se corresponden también con la anarquía espiritual imperante.

    El arte no imita la naturaleza sino que la naturaleza atiende a los caprichos del hombre: ya sea con los jardines, la pintura, el paisajismo, etc. El  objeto deseado está en el cuadro y es esa la realidad, no la exterior. “El cuadro es el marco donde se realizan los deseos del hombre del siglo XVIII” 2 . Aquí no sólo nos referimos al cuadro como superficie bidimensional, sino también al cuadro como ambiente recreado por el hombre atendiendo a sus deseos. Resulta fascinante observar cómo la felicidad está en la ficción y el modelo de la realidad debe parecerse al del cuadro:

    Una tarde, fuera de París, en el campo,
    iba siguiendo un sendero,
    a solas conmigo mismo, sin más compañía
    que el dolor que el dolor que me daba la mano.
    El aspecto de los campos era severo y gris,
    en armonía con el de los cielos;
    ningún verde en la llanura sin límites,
    a excepción de un parque de árboles muy viejos.
    Miré durante mucho tiempo por la verja:
    era un parque a la manera de Watteau:
    olmos esbeltos, negros tejos, verdes pérgolas,
    senderos cuidados y trazados con exactitud.
    Me alejé, con el ánimo triste y arrebatado.
    mirando aquello, había comprendido que estaba
    cerca del sueño de mi vida.
    Que mi felicidad estaba encerrada allí.3

    La vida pastoril es sugerente y se convierte en modelo de conducta. La Arcadia es un país imaginario “mito de nuestros deseos y de nuestras esperanzas” 4 . El siglo XVIII recrea constantemente este espacio  no sólo como temática del arte, sino también de la vida; un claro ejemplo son las fiestas pastoriles en las que se nos muestra un ambiente bucólico y los personajes se disfrazan de pastores y pastorcillas que danzan al son de la música, completamente embriagados por el ambiente. Al estar la mujer vestida de pastora se le presupone una actitud dispuesta al juego amoroso, en esta naturaleza artificial puede expresarse con toda libertad, bajo la sensación que produce al hombre el encontrarse en mitad de la naturaleza. Se construyen también pequeñas residencias o pabellones en mitad de bosques o jardines que se decoran interiormente con motivos o emblemas pastoriles. Este género se da también en la poesía, el teatro, etc.

    La naturaleza se hace susceptible de ser retratada como paisaje, mostrando escenas de caza, flores o naturalezas muertas. Es muy habitual la representación de animales tanto en escenas pictóricas, esculturas o decoración de mobiliario, tapices y vajillas. Existe un interés científico por estudiar su anatomía, sus movimientos y actitudes.

    El pequeño formato

    hedonista_2La sala polifuncional de grandes dimensiones, no sólo a lo ancho sino también en altura, da paso a espacios más reducidos: los salones. Esto se relaciona con una nueva moral y un gusto por la intimidad, el paso de una sociedad grandilocuente a una sociedad educada en unos valores más humanos, donde los buenos modales se convierten en un arte (que no se entiende como una férrea educación moral, sino más bien como un juego o manera de comportarse en sociedad). El individuo educado y de buen gusto es un ser privilegiado en dicha sociedad.

    La decoración se hace más reducida y minuciosa con una belleza agraciada y refinada. Tanto el barroco como el rococó poseen una ornamentación profusa, pero mientras el primero es monumental, el rococó es delicado, mesurado y mantiene el pequeño formato. El motivo decorativo (una concha, una flor, unas hojas…) se repite constantemente por la estancia, pero de forma decreciente, y multiplicándose hasta el infinito, no sólo por la proliferación sino también por el reflejo en los espejos y cristales.

    La pintura abandona el gran formato para convertirse en algo reducido y muy exquisito, cuyo tamaño lo diferencia del barroco y del neoclasicismo. El cuadro debe adaptarse a un espacio determinado en los salones, disponiéndose en el dintel de una puerta por ejemplo o adaptándose a una yesería. Su función es meramente decorativa, lo cual no debe entenderse como algo peyorativo o negativo, puesto que en este momento lo superfluo y decorativo es lo importante.

    El arte se hace más íntimo, estableciendo una estrecha relación con el espectador que lo contempla. Favorece el diálogo entre ambos y la contemplación placentera y distendida de la obra, que no sobrecoge o se auto- impone al espectador por su contenido moral o intelectual, sino por su candidez, su gracia, su aptitud… El efectismo barroco da paso al artificio rococó.

    Los géneros pictóricos modifican también su temática que se complace con lo galante, el tema pastoril, los retratos mitológicos, las escenas de caza, las flores, los paisajes, etc. Son temas banales y mundanos cuyo único fin es el deleite sensual.

    hedonista_3El retrato será un género muy solicitado donde se pintan a sus protagonistas en actitudes cotidianas, pero (sobre todo) en el caso de las mujeres la retratada mantiene con el espectador un juego de insinuación y provocación sutil. Estará de moda entre la aristocracia y la alta burguesía del momento el retratarse a modo de diosas mitológicas, en un mundo idílico y despreocupado.

    La pintura mitológica hace fortuna en este ambiente. Las grandes temáticas de los dioses del Olimpo como alegorías morales se sustituyen por escenas banales y cotidianas como Diana en el baño, las ninfas correteando, Pan y los sátiros… No se nos muestra lo heroico de estos dioses, sino lo sensual, las pasiones y su deleite mundano 5 . Abundan las alegorías del Templo del amor con Eros y Sique en un altar, con Juno en una nube por ejemplo.

    El desnudo femenino es un tema muy recurrente que nos muestra a la mujer en actitud distraída e intimistas sin abandonar nunca el juego seductor. Lo pequeño se deja ver en las formas de la modelo que son menos voluptuosas y más comedidas que los desnudos anteriores. Su boca y su nariz son diminutas al igual que lo son también sus senos y sus carnes no son tan rubicundas como podían serlo en el barroco. El ideal estético femenino atiende a una belleza graciosa que nos remite a un ideal estético diferente, no tiene como modelo de imitación la antigüedad sino pintores más cercanos en el tiempo, como pueden ser Rubens, Veronese o Corregio ente otros.
    La escultura deja de ser monumental, reduce su formato y se dispone en los salones o bien en los dormitorios sobre el mobiliario a modo de bibelot o copia reducida de piezas famosas. Pasa a ser un elemento decorativo más, susceptible de ser cambiada de ubicación  atendiendo al capricho de su dueño.

    hedonista_4Se produce un cambio en la temática predominando las figuras semidesnudas en actitudes banales con curvas en forma de c y de s, en posturas imposibles que nos recuerdan al manierismo. Es el reino de las Venus, de jóvenes muchachas, de niños y niñas, amorcillos que mantienen en todo momento la elegancia y gracia requerida. También prolifera la temática de la comedia del arte con grupos escultóricos o bien personajes individuales; los personajes que aparecen en la comedia del arte también aumentan en número.

    Los materiales que se usan varían con respecto al periodo anterior. Se incurre en falsearlos, imitando el bronce o el plomo. El mármol se sigue usando pero pierde la pesadez y seriedad habitual, lo cual se consigue puliendo las superficies hasta que adquiera morbidez y un brillo similar al de la seda. Destaca el uso del barro cocido que facilita la viveza y las posturas imposibles de estas figuras, así como la rapidez de ejecución.

    El material por excelencia será la porcelana, cuya formula es descubierta en 1709 en Sajonia por Böttejeu. Se importan por toda Europa abaratando costes y, aunque en un primer momento copian los modelos de la porcelana china, pronto comienzan a adoptar una temática propia cercana al rococó, con sus colores pasteles, o llegando incluso a hacerse en blanco mate. Se abren distintas fábricas por Europa y cada una adopta una característica propia. La porcelana llega a utilizarse como decoración muraria y de cubrición de algunos muebles. Es muy usado también el biscuit.

    La importancia del uso de la porcelana no se reduce sólo al interés por dichos objetos, sino también al interés por lo Oriental y su cultura, como regiones de indescriptible belleza y una riqueza fabulosa. La moda chinesca es reflejo de dicha admiración 6 . No en balde, la chinería proporciona una gran libertad al artista que las realiza en Europa ya que crea un imaginario realmente inventado partiendo de los motivos chinos. Oriente se convierte en una evocación que no sólo se reduce a la decoración en porcelana, sino también al empleo de las lacas propias del mobiliario oriental. El uso de las lacas se adapta a todo tipo de objetos, al mobiliario o las paredes, por ejemplo, influenciando también en los jardines, sobre todo los ingleses, así como en la realización de pequeños pabellones en forma de pagodas.

    Según se ha apuntado, en la arquitectura como hemos venido diciendo los espacios se hacen más pequeños, la altura se reduce y los ventanales aumentan dando unas amplias vistas de espacios infinitos. El exterior se vuelve bastante austero, quizás más que en el clasicismo, no refleja en absoluto lo que acontece en el interior de la vivienda donde la decoración domina a la arquitectura. Los órdenes desaparecen, se produce un lapso en esta larga tradición que luego retomará el neoclasicismo. En el interior se favorece la verticalidad 7 , mediante grandes paneles que en ningún momento se dividen en altura por un entablamento. Lo atectónico  8 reina en este espacio.

    hedonista_5La ornamentación del paramento se realiza mediante el dominio de la línea curva (que ya se había usado en el barroco pero en el rococó se usa de forma distinta) irregular y con menos dinamismo que en el Barroco. Destacan las formas en s y c. La unidad de las formas se realiza mediante lo irregular en equilibrio, similar al equilibrio de lo discordante del que habla HERÁCLITO. Como paradigma de esta decoración es necesario hablar de la más usada y de la cual se desprende el término rococó, la rocaille que ya se usaba en épocas anteriores pero que será, precisamente, en este momento cuando se traslade al interior de la vivienda.

    Para P. Minguet  9 esto tiene unas motivaciones determinadas que no son casuales: la concha en el diccionario Larousse universal posee una acepción, además de “envoltura de molusco como casa o alojamiento”. La forma cóncava de la concha deja un espacio interior que no se deja ver al exterior debido a lo opacidad de la misma, mientras nos habla de un interior vacío que suscita una gran curiosidad y pone en marcha nuestra imaginación. Se produce una ambigüedad entre el animal baboso y amorfo, y el exterior mineral casi calcáreo y regular de la concha. Se puede establecer un paralelismo entre las conchas y la decoración rococó: “En lo que toca  a los colores (blancura veteada de rosa y nácar), las materias (sustancia dura y frágil, como la porcelana), las dimensiones (pequeños objetos preciosos)”. Como una simbología aparte, Venus tiene como atributo la concha. Se usan todo tipo y modelos de conchas, que se aplican no sólo como decoración sino que su forma se adapta también a la forma de una cama, una salsera, una mesa, las patas de una silla, etc.

    La sintomatología de lo pequeño, se revela en la aparición de multitud de cajitas con distintas funciones, realizadas con gran exquisitez, que se introducen en los múltiples bolsillos de la ropa. Se hacen cajas para el tabaco, pastillas o el rapé en materiales diversos en los cuales la imaginación del orfebre da paso a un mundo de virtuosismo, favoreciendo la integración de distintos artesanos, puesto que una caja podía estar realizada por un orfebre en oro y tener incrustaciones de porcelana por ejemplo.

    hedonista_6Lo pequeño debe ponerse en relación con la incursión de lo femenino y a su vez, de la gracia como representación de ésta. Es una mujer aristócrata o burguesa de cultura elevada y gran inteligencia quien motiva y hace posibles los distintos salones, favoreciendo una vida social que antes no se contemplaba. En torno a ella se centran las conversaciones ya que, como anfitriona, debe guiar en todo momento el discurso y mantener la vivacidad de éste. Se tratan temas banales o de cualquier otro tipo, pero siempre abordado con liviandad, destacando incluso más que la belleza de una persona y su rango social su ingenio en la conversación.

    La mujer se convierte en protagonista de las artes, es el tema más recurrente para los artistas e incluso el mundo masculino se influencia de tal feminidad; tan sólo hay que ver un cuadro de esta época para observar el refinamiento y la feminidad que desprenden los individuos masculinos, tanto en la vestimenta como en el amaneramiento de sus gestos. La concha alude a la feminidad: así como el ave del barroco es el pavo real (macho, no hembra) es el barroco un arte portentoso, grandioso, robusto, patético que no puede confundirse con la gracia y sutileza del rococó francés, cuyas características son meramente femeninas. La ligereza es también propiedad femenina que se refleja en este arte que hace alarde de su ligereza tanto temática como formal.

    Silvia Alzueta.

    Historiadora del Arte.

    __________________

    1  Ibidem, pág. 66.
    2  TRIADO, J. R.: Las claves del arte Rococó, Barcelona, Ariel, 1986.
    3  VIÑAMATA, A.: op.cit., pág. 19.
    4  SCHÖNBERG, A. y SOEHNER, H.: El rococó y su época, Barcelona, Salvat, 1963, pág. 80.
    5  TRIADO, J. R.: op.cit, pág. 86.
    6  SCHÖNBERG, A. y SOEHNER, H.: op.cit, pág. 84.
    7  MINGUET, P.: Estética del rococó, Madrid, Cátedra, 1992, pág. 163.
    8  Íbidem, pág. 161.
    9  Íbidem, págs. 164-164.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Pedro Arguedas

    pedro_arguedas31- Cuéntanos quién es Pedro Arquedas y a qué le gusta jugar.

    De momento soy un ciego que escribe ( por eso tan mala letra, por eso tan ilegible ) para ver su propia sombra, para adivinar de dónde viene la luz. Y no juego a nada, no me gusta jugar. La palabra juego la asocio al entrenamiento, a la preparación, al adiestramiento, y no me gusta sentir que estoy entrenado para nada, preparado para nada, adiestrado para nada. Me gusta creer que soy capaz de ir por ahí despreciando bagaje y experiencia. Como decían los electroduendes, los de la bola de cristal, ” Hay que aprender a desaprender. ”

    2-¿ De dónde procede todo ese caudal de poesía que tienes, quiénes te soplaron al oído que debías dedicarte a escribir?

    Gracias por lo de caudal de poesía, pero creo que “torpe fragor”, “inútil chapoteo en el estanque” es más apropiado. Yo escribo desde la rabia, desde la rabieta del niño, desde el miedo, desde la sed de palpar un absoluto, un arquetipo; escribo desde la gana idiota e ingenua de conocer qué es lo que sé, de dar un paso más allá del antisocratismo de Cortázar, ” sólo sé que sé algo.”
    Nadie me dijo que debía dedicarme a escribir, como nadie me dijo que debía respirar, lo necesito, necesito escribir, y me parece más probable que alguien venga un día y me grite a la cara que por favor, que lo deje. Me acuerdo de un poema, bueno, sólo del principio; lo leí en una revista, hace mucho tiempo, y dice muy bien lo que yo no sé decir: “Hay un perro agachado, sobre la dura nieve, cagando…” después pasa un coche cerca del perro, y lo cubre por completo de nieve, y el perro ni se inmuta, él a lo suyo, a su necesidad fisiológica. Ese perro es el poeta. Nadie le dijo que hiciera lo que hace, y nadie puede hacer que deje de hacerlo.

    3-¿ Qué poeta es el que más te ha sorprendido?

    Voy a dar un nombre,pero hay varios poetas sorprendentes en los foros. Billy Macgregor es uno de ellos; mientras tipos como yo, vamos dando manotazos al aire, él toca con un sólo dedo, donde debe, donde sabe, y lo hace dejando huella, marca. Después de leerlo, siempre me quedo satisfecho, siempre me renueva la fe en la literatura. Escribe sin aspavientos, parece que le quita hierro a todo, y lo que hace, en realidad, es darle más peso.

    4- Si tuvieras la intención de inventar un estilo poético, cómo se llamaría y cuales serían sus premisas básicas.

    Eso es imposible, imposible. No puedo imaginarlo. No me gusta la palabra estilo, me parece otra de esas palabras trampa. Se empieza adquiriendo un estilo, y se temina siendo un complejo de sí mismo, un prejuicio sobre la propia estética, alimentado por la etiqueta, por el ismo, por la necesidad ajena de ubicar y dar nomenclatura a algo que nunca puede estar definido: la poesía.
    Me gusta más la palabra naturaleza. Pienso que hay que responder sólo ante ella, y para ello, siento que debo estar virgen ante el poema, como si nunca hubiese escrito uno. La naturaleza es cambiante, y por eso inmanente. La naturaleza tiende a buscarse a sí misma en todos los espacios, en todas las voces. Sólo hay una premisa básica en poesía y en la vida,en mi opinión, claro: la libertad.

    5- Un personaje de la literatura con el que te gustaría sentarte a charlar y otro al que le cantarías las cuarenta.

    Pues me sentaría a escuchar al Persio, el de Los Premios, de Julio Cortázar, escuchar, ver cómo va constelando, cómo hace de mi conciencia un aleph, usando la palabra como herramienta imbricadora de algo que después será una imagen total, en la que no pueden verse las costuras, porque no existen ya, porque se ha trascendido todo.
    Y no le cantaría las cuarenta a nadie, pero sí le diría a Lord Jim, ese proscrito de la culpa, que me ha dado tanta belleza como dolor, que yo he llegado a llamarme uno de los suyos, precisamente porque mi propia conciencia ha reclamado para sí misma un pecado que me impide ser capaz de ese aleph que he mencionado antes.

    6-  ¿Es necesaria una revolución en la poesía?

    Yo creo que no, tampoco leo mucha poesía, la verdad, pero me parece que una revolución, siempre va encaminada a la instauración de un nuevo orden. La palabra orden tampoco me gusta.
    Sí creo en la revolución interior, aunque esté manido el término. Y creo porque esa revolución no conduce a ningún orden, sino a otra revolución que conduce a otra revolución que lleva a otra revolución …. No hay descanso en el poeta, no puede haberlo. El poeta es la carne de la dialéctica, de la lucha constante, contra todo y contra todos, el que ama y por eso mismo destruye, el que odia y por eso crea.

    7- ¿Tiene alguna trascendencia la poesía en internet?

    Pues ha de tener alguna, todo lo que es poesía ha de tenerla, sea cual sea el medio por el que camine. Por lo pronto, internet permite que se pueda gritar más alto y más lejos. No sé si eso será trascender, pero alivia.

    pedro_arguedas28-Cuál es tu estado ideal para escribir y qué haces para lograrlo.

    Pues soy maniático. Tengo que estar completamente solo. Nada de ruido, silencio absoluto ( uso tapones para los oídos ). Y soy incapaz de escribir sobre el papel, necesito la tecla. Me da fobia mi caligrafía, hace que me juzgue constantemente, que sienta que la letra, el trazo,traicionan lo que escribo. Pero eso es a la hora de escribir, el poema o lo que sea viene antes. En el trabajo, conduciendo, andando por la calle, en el wáter, antes de dormir, durante el sueño… En fin, que las palabras se fijan sin ser palabras, sólo formas, pero están. Luego sí, escribo, y ahí lo estropeo todo, lo pervierto, pero eso es el lenguaje, una perversión, una adulteración de lo que es puro y sin forma.

    9-Háblanos de ese poema que te gustaría escribir y que aún no has escrito.

    No sé, no soy capaz de mirar hacia delante. No me gusta lo que escribo, suelo despreciarlo de inmediato. Lo que yo quiero es sentir, tocar, ver, oler, estar y ser en la plenitud, sin necesidad de un poema, sin necesidad de la palabra. Quiero lo que no puedo. Así que todo lo que escriba, nunca, nunca será lo que yo quiero escribir.

    10-  ¿Se puede ser lírico y actual al mismo tiempo? ¿ Cuál es el secreto?

    No sé si se puede, no sé si hay un secreto para ello. Pero se me ocurre que,de la misma manera que hay un lirismo de manual, basado en la sacralización de conceptos tradicionalmente inherentes a la poesía, también hay una poesía que se basa en la transgresión gratuíta, destinada a desacralizar tales conceptos sin ocuparse de naturalizarlos. Ese lirismo y esa transgresión, me parecen exentos de libertad. Miguel Labordeta, un poeta de aquí, dijo: ” vuelve sagrado cuanto toques natural, cuanto toques sagrado, vuélvelo natural ” Quizá haya que probar a ser un iconoclasta que se arrepiente de inmediato de sus actos, un iconoclasta esquizofrénico, un obseso de la dialéctica, alguien que no puede quedarse quieto durante mucho rato sobre la misma baldosa.
    No sé, ya digo que no sé.

    11- ¿ Qué le falta al mundo que pueda darle un poeta?

    No creo que un poeta pueda darle nada al mundo. El poeta es parte del mundo, aunque se niegue a veces a reconocerlo. El poeta es el mundo, y toma de sí para darse a sí mismo. Todo está dentro, todo está fuera del poeta. Nada puede darse, nada puede quitarse.

    12- Para terminar, déjanos una crítica que estés deseando hacer en cuanto a la poesía actual.

    Pues no tengo ninguna crítica. Si se siente el impulso de escibir, se escribe, y no hay crítica posible, y mía mucho menos. La poesía, al fin y al cabo, es, para mí, una experiencia personal, del individuo, que siente la necesidad natural de gritar porque algo le duele o le da placer. Todos los gritos son legítimos.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Entrevista a Vicente Bausá Puigserver

    vicente_violin2Enemigo del peso de los genios y casi en genio convertido, sustrato de crines de Mongolia, aliento de labor que mece el palisandro, simpatía y amabilidad, carisma educado y humilde, Vicente Bausá Puigserver (Palma de Mallorca, 1989), valor de cedro sublimado en alza, es el prototipo de hijo que, cuando lo miran sus padres, hace llorar a sus abuelos.

    1ª) ¿Qué significa la palabra ‘’violín’’ para ti?

    Violín para mí significa muchas cosas; esfuerzo, constancia, estudio… Pero también  compensación, ganas de superación, emoción. Para mí el violín lo es todo. Con él puedo expresar todo lo que llevo dentro, es como un amigo que nunca falla.

    2ª) ¿A quién le echamos la culpa de lo que eres hoy día?

    En gran parte a mis padres; de mi madre he heredado la parte artística y musica, y mi padre me ha inculcado la virtud de la perseverancia y de la satisfacción por el deber cumplido.

    3ª) Dime, ¿de dónde vienes? ¿adónde vas?

    Vengo, como la mayoría de la gente, de estudiar, de estar proyectando un futuro muchas veces incierto. Y voy hacia el objetivo que me marqué hace ya unos años que no es ser el mejor violinista del mundo ni cosas imposibles de realizar, sino ser simplemente un buen músico, un buen violinista. Aunque dicho así suene fácil no lo es, ni siquiera es fácil ser violinista, pero lo difícil es ser realmente bueno.

    4ª) ¿Descríbenos el mundo del duende cuando no habita entre las cuerdas? Tu mundo.

    Mi mundo está ligado a la música, la música y yo, son dos cosas que no puedo separar y aunque no esté tocando el violín, escuchando música o, esté de juerga con mis amigos,  la música siempre está ahí. Podría decir aunque suene exagerado que sueño música. Por lo demás no soy muy diferente de la gente de mi edad.

    5º) Sin cachondeo, ¿vas para genio o ya lo eres?

    Yo creo que un genio de verdad no se hace, sino que nace. Hay muy pocos genios ya que un genio es aquel que hace algo casi a la perfección y sin suponerle mucho esfuerzo, por eso, te aseguro que no es mi caso, jajaja.
    Como es normal, a los genios les tengo una envidia sana pero por otra parte creo que cuanto más te cuesta algo más lo valoras.

    6º) ¿Qué sería de ti sin el trabajo?

    Sinceramente, no me gusta nada trabajar, odio levantarme pronto, coger el violín y repetir nota a nota los pasajes que menos me salen hasta que logro que me salgan. Me da mucha pereza, pero sé que sin ese trabajo no estaría donde estoy, más bien estaría perdido.

    7ª) Tener espejos donde mirarse, y verse claramente, hasta qué punto nos ayuda a mantener  en forma la silueta o, bueno, para que no haya equívocos, para mantener en forma al ser humano.

    Tener esos espejos donde mirarse y ver claramente lo que eres, no  es que me parezca necesario, es que me parece fundamental. Y esos espejos tan necesarios para mí son la humildad y la autocrítica, si ellas esos espejos acabarían convirtiéndose en espejismos.

    8ª) ¿Qué se necesita para ser amigo del éxito?

    Hay gente que piensa que para conseguir el éxito se necesita dinero, poder, fama… yo no lo veo así.
    Al menos para mí, tocar un concierto delante de bastante público, que te salga bien y recibir el aplauso sincero del público, me parece un gran éxito, pero también pienso que el éxito no se consigue sólo en el escenario, sino en tu cuarto de estudio, con todas las horas que has pasado preparando ese concierto. El éxito es la recompensa a tu trabajo.

    9ª) ¿Descríbenos el mundo que te ha tocado vivir, qué cambios harías?

    A todo el mundo le toca vivir en un tipo de sociedad que no ha elegido, no puedo pedir que a todo el mundo le guste la música, ni que se emocionen leyendo una poesía, o que se llenen los teatros y las salas de exposiciones. Para eso hace falta un cambio radical, del que tenemos que concienciarnos los artistas, ya que es una misión que nos toca realizar a nosotros y que consiste en despertar a la sociedad del letargo en el que vive y del que no tiene la culpa, y abrirles los ojos a la belleza.

    10ª) ¿Quién es para ti el músico más grande?

    Tengo muchos músicos favoritos, pero si tuviera que elegir a uno elegiría a Mozart; era un músico un poco loco, pero con una locura genial (en eso coinciden la mayoría de los genios). Mozart era un GENIO con mayúsculas.

    11ª) ¿Qué piensas de Los Beatles, cuál es su importancia en la evolución de la música moderna?

    Tengo un par de discos de los beatles y me encantan.
    Cuando salieron causaron sensación, pero también fueron duramente criticados por sus “looks” o por su nuevo estilo y su forma de entender la música. pero bueno, la historia les ha puesto donde merecían. Un ejemplo de eso es que las canciones más versionadas de la historia son de los Beatles como “let it be” o “imagine”.
    Una curiosidad: todos los miembros de los Beatles estudiaron música en el conservatorio.

    vicente_violin12ª) Hablando de música, ¿qué es la música?

    Podría estar hablando horas de la música. La música es el Arte total, el Arte absoluto, el que nunca se acaba, es un arte abstracto que, sin embargo, permite expresar más emociones y sentimientos que ningún otro.
    Una vez le hice la misma pregunta a mi profesora de violín cuando era pequeño pero me convenció tanto que aún me acuerdo, me dijo: la música es como una princesa de los cuentos, de esas que están encerradas en una torre muy alta. Cuesta mucho llegar hasta la torre y escalarla y son muy pocos los que lo consiguen, pero cuando ya has escalado la alta  torre y estás junto a ella, te compensa de tal manera que te das cuenta de que todos los esfuerzos que has hecho han merecido la pena.

    13ª) ¿Adónde vas, a quién acudes cuando necesitas una mano?

    Acudo a mis amigos, pienso que es muy importante tener, más que muchos amigos, buenos amigos. También acudo a mi padre que, aunque cumpla su función de padre, para mí también es como el mejor de los amigos.

    14ª) ¿Rezas, meditas, pides, exiges, ríes, lloras, o el ser humano no espera nada más?

    Pienso que todo es importante y necesario: reír, llorar, pedir, incluso a veces exigir, pero lo mas importante es creer en algo, si no ¿cómo le das sentido a tu vida? Rezar o meditar es una cosa que casi no se hace, pero que ayuda mucho a las personas.

    15ª) ¿Alguien de carne y hueso que tenga tu admiración?

    Puede sonar a tópico, pero una de las personas que más admiro es a mi madre; pianista, profesora de música y de piano, con cuatro hijos, eso para mí es lo más difícil, además de tenerme a mí de hijo, jajaja. Y después de todo ese panorama aún le quedan fuerzas para ponerse a estudiar filosofía y estética. Para mí es un ejemplo, y la admiro mucho.

    16ª) Me gustaría que me recordaran como alguien…

    Como a un buen amigo, alguien divertido y sobre todo como un buen violinista.

    17º) ¿Tu mejor amigo?

    Mi primo Felipe, que, aunque no nos parecemos casi en nada( él es mucho mas responsable, menos impulsivo etc.), le puedo contar todo lo que me pasa y siempre tiene alguna solución o algún chiste para contarme.

    18ª) ¿Crees que hay algo de mágico en el ser humano?

    Sí, no sabría como llamarlo: mágico, especial… pero sin duda el ser humano es realmente increíble, y cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de ello. Quizá sea la ambición o el afán de superación que tiene el ser humano por naturaleza y que el resto de animales no tienen, pero en mi opinión lo que nos hace “mágicos” es el alma.

    19ª) Imagínate que puedes pedir a la mujer ideal. ¿Dinos lo que pedirías?

    Sería más difícil responder si no tuviera novia, pero como a mí ella me parece la mujer ideal (y no lo digo para quedar bien, jaja), solo hará falta describirla un poco, solo un poco porque si no me matará.
    Mi mujer ideal tiene las mismas ideas fundamentales que yo, es un poco tímida, pero cariñosa a la vez, valora lo que hago, le encanta que toque el violín, es graciosa, es muy guapa, buena, etc.. Mi chica ideal es la que hace que, cuando la miro, me sienta el chico con mas suerte del mundo.

    20ª) ¿La primera pieza que aprendiste a interpretar con tu querido violín?

    No lo recuerdo bien, primero llegaron las notas sueltas, luego las escalas, pequeños estudios y supongo que, de lo primero que toqué, fue algún minueto o alguna pequeña obra adaptada de Bach o Vivaldi.

    21ª) ¿Esa melodía que no te cansas de tocar?

    ‘’Salut d’amoir’’, del compositor inglés Edward Elgar.

    22ª)  ¿Es bueno dudar o la firmeza es algo incuestionable?

    Es bueno dudar, si no se dudara nunca no se habrían inventado ni la mitad de las cosas que conocemos, la duda hace pensar y eso es bueno. La duda es lo que da emoción a las cosas.

    23ª) ¿Te gusta leer, háblanos de tus temas preferidos?

    Sí, siempre me ha gustado leer y  leo bastante; no tengo temas preferidos pero últimamente voy combinando autores clásicos como Shakespeare o Goethe, con autores contemporáneos como J.D Salinger o Herman Hesse.

    24ª  ¿Te gusta la soledad?

    La soledad es algo a lo que la mayoría de la gente tiene miedo; quedarse solo es triste, lo que pasa es que, si sabes administrarla bien, en pequeñas dosis, puede ayudarte mucho, porque te proporciona tiempo para ti, para pensar en tus próximos proyectos. Te olvidas del mundo y de las prisas, etc.. No puedo decir que me guste la soledad, pero sí puedo decir que me ayuda.

    25ª) ¿ El músico al que admiras de la actualidad?

    En música clasica hay muchos músicos a los que admiro : Inma Shara (directora de orquesta), Nigel Kenedy (violinista), etc.
    De la música actual, que no sea clásica, me gustan mucho los grupos o músicos: Andrés Calamaro, Pereza o Fito y Fitipaldis, entre otros.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Un futuro cargado de poesía

    A lo largo del tiempo la poesía ha ido evolucionando y adaptándose a la naturaleza de sus días; vocabulario, temática y  formas, han ido cambiando, constante pero pausadamente.
    A pesar de ello, esa  transformación  es mínima si la comparamos con el trasfondo universal que lo poético sujeta.
    La poesía no hace más que regenerarse a partir de unas ideas emocionalmente latentes,  porque la vida siempre será  el jardín donde se cultivan todos y cada uno de los versos.

    Todo es susceptible de ser poetizado, tenemos diversos ejemplos para comprobar ese nivel de absorción poética, que indudablemente se adecua a todas las personalidades.
    Que trascienda o no, depende únicamente de la capacidad trasmisora que el poeta sea capaz de ejercer.

    La poesía debería cubrir todas y cada una de las necesidades sensoriales, sin embargo, todo es insuficiente bajo la perspectiva de una felicidad incompleta.

    Si los seres humanos fuéramos completamente felices no existiría la literatura.

    Porque el acto de escribir, de leer, de interrelacionarse a partir de una ausencia selectiva, no es más que la voluntad por llenar un vacío psíquico, la mayoría de las veces ignorado.

    En este contexto, poeta y lector de poesía son claros ejemplos de esa, oculta y casi desapercibida infelicidad.

    La mente como continente, como presa que retiene la líquida verdad de nuestro tiempo, tiene grietas, aberturas provocadas por diferentes factores como pueden ser la  hipersensibilidad, la soledad, el desengaño,  la incomprensión  etc.… y por las que van cayendo sistemáticamente los nutrientes de la emoción impresa.

    ¿Por qué la literatura es una forma de llenar esos vacíos?

    La palabra escrita implica un anonimato, una invisibilidad que nos hace libres, tanto a lectores como a escritores, y que es indispensable para exprimir el zumo que contiene la conciencia.
    Es pronto,  siempre será pronto para hacer una valoración sobre el futuro poético, cada época llevará en su cuello ese diamante sin pulir, que es la palabra, pero es fácil alimentar una esperanza basada en la profundidad del pensamiento.

    Posiblemente el humano que sea capaz de ir más allá de la evidencia, el que abarque la vida mirando más allá de la línea real del horizonte, el que sepa  comprender la importancia de lo aparentemente menos importante, tendrá un mayor porcentaje de probabilidades de supervivencia.
    Como un animal que presiente el peligro y lo bordea, el humano podrá oler el rastro de las pieles poéticas, ese aroma que puede ser alimento, aviso, o esperanza.

    La mujer y el hombre de los siglos venideros tendrán que aprender a convivir con su propia espiritualidad  y  hacer de la felicidad, no una meta, ni un puente, sino un inmenso territorio donde asentar la vida.
    Cuando llegue ese día, tal vez estaremos hablando de una convivencia universalmente cordial, y paradójicamente, del día en que la literatura “por fin” deje de tener sentido.
    Luis Oroz.

    4 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • TEXTOS RESCATADOS. Luís Buñuel: Del plano fotogénico

    el-nacimiento-de-una-nacionLa revista “Poesía”, dirigida por Gonzalo Armero y editada por el Ministerio de Educación y Cultura, fue una publicación de acreditado prestigio desde su aparición en la década de los 70  hasta su número final en 1994. En ella se trataban temas relacionados fundamentalmente con la poesía, pero también abordaba temas de arte en general, siempre desde el punto de vista del impacto poético, con originalidad, calidad literaria e ilustraciones, de diseño y maquetación muy innovadores. En la época fue muy famoso un monográfico que “Poesía” dedicó al cine (nº22) ―un poster gigante que se regalaba con la revista y que mostraba la imagen de Al Johnson, el protagonista de la primera película sonora, “El cantante de Jazz”, estaba pegado en muchas de habitaciones de estudiantes, pubs… etc. de aquellos años―; en dicho número se recogían artículos sobre cine de las prestigiosas plumas de Abel Gance, Luis Buñuel, Dalí, Pío Baroja, Rafael Alberti, Vicente Huidobro, Ramón Gómez de la Serna, etc.

    En este primer número de la revista “Alaire” rescataremos uno de los tres artículos que Luis Buñuel firma en la citada publicación, titulado “Del plano fotográfico”.
    Luis Buñuel es quizá el mayor exponente del cine de este País, y uno de los genios cinematográficos de todos los tiempos. Nació el 22 de febrero de 1900 en la población de Calanda, Teruel (España). Cursó estudios en la estricta disciplina de los jesuitas, que dejaría una gran influencia en una simbología cinematográfica de demoledora carga irónica. En 1917 se trasladó a Madrid, para matricularse en Ingeniería agrónoma. Se alojó en la Residencia de Estudiantes, donde el azar de la historia dio en reunirlo con otros dos genios de las artes: Federico García Lorca y Salvador Dalí. Pronto germinó entre ellos una fructífera y compleja amistad que influiría de manera crítica en la carrera artística de cada uno de ellos.
    Dicen que el cine del director alemán Fritz Lang, fue decisivo para que Buñuel abandonase definitivamente la carrera de Ingeniería para dedicarse al cine en cuerpo y alma surrealista, ya que en 1929 dirige, junto a Salvador Dalí, un film crucial, y enseña no sólo del movimiento surrealista, sino de toda la historia del cine.

    los_olvidadosEl movimiento surrealismo, surgido en Francia en la primera década del pasado siglo, bajo la batuta maestra de André Bretón e influido por las teorías de Sigmund Freud y Alfred Jarry,  intentaba romper con los presupuestos artísticos tradicionales, tanto estéticos como temáticos, quería conjurar lo más profundo que late en el inconsciente del Ser humano, su más íntima verdad; para ello no quedaba más remedio que romper de manera contundente y definitiva con la tradición en todos sus ámbitos: artístico, histórico y social.

    La filmografía de Luis Buñuel está repleta de obras maestras de sello único e  intransferible: el citado “El perro andaluz (1929) “La edad de oro” (1930); de su exilio mejicano tras el estallido de la Guerra Civil debemos destacar “Los Olvidados” (1950), “Él” (1953), “La vida criminal de Archibaldo de la cruz o Ensayo de un crimen” (1955); otros inolvidables títulos son: Nazarín (1959), “Viridiana” (1961), “El ángel exterminador” (1962), “Simón del desierto” (1965), “Belle de Jour” (1967), “Tristana” (1970), “El discreto encanto de la burguesía” (1972), “Ese oscuro objeto del deseo” (1977)…

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    Del plano fotogénico

    Introducción

    En los albores del cine y aprovechando las innovaciones cruciales de Griffith al arte cinematográfico, Buñuel nos da una lección del cómo y del porqué el cine se hace arte, y no una indolente y fiel muestra de la realidad; el cine que aprovecha una gran diversidad de planos supera la realidad porque la corta y la vacía expresando y significando sus contenidos más íntimos (ese ojo cortado del perro andaluz).
    D.W.Griffith inventa el plano cinematográfico, mediante el cual el narrador cinematográfico concibe su historia y la expresa. En el cine de Buñuel, en sus planos cinematográficos, se entremezcla lo real o consciente con lo “sureal” o inconsciente, apareciendo ante nuestros ojos todo un espectáculo multidimensional, con aristas y perfiles entremezclados, algo así como esas imágenes de Picasso donde una mujer aparece observada desde todos los puntos de vista, incluidos los interiores o psicológicos.
    Debemos apuntar también que en algunas partes del artículo “Del plano fotogénico”, Buñuel parece renegar e infravalorar el porvenir del color y el sonido, no debemos olvidar que este artículo fue escrito en la década de los años veinte; desde aquella lejana época las posibilidades técnicas y visuales del cine han avanzado de manera considerable y han demostrado su alto voltaje artístico, y algunas de ellas han sido utilizadas por el propio Buñuel con gran maestría.

     

    Del plano fotogénico

    Por Luis Buñuel

    En el proceso evolutivo de las artes plásticas, en la música mismo, acontece un momento de vital importancia. Han subsistido hasta allí, alimentándose de una exhausta tradición, sin haber explorado aún lo los espacios más fecundos y específicos de su expresión. Sumidas en secular letargia, el tiempo mismo parece haberse detenido en los umbrale de su evolución. Mas llega el instante en que la época, por medio de su genio, les presta un vigor nuevo y hasta entonces insospechado: sus horizontes se multiplican y suceden como las ondas dejadas en la arena por el mar, y el concepto de tal arte queda ya íntegramente establecido: crisálida que llegó al estado perfecto y definitivo de su vida.
    Lo que para las otras artes significan los nombres de Cimabué, Giotto, Bach o Fidias, representa para el cinema el de D.W.Griffith. Hace algunos años hubiera podido parecer sacrílega tan extraña comitiva de nombres… Hoy, ya no puede extrañar a nadie, Griffith, además de innovador, es el auténtico creador del arte fotogénico, cuyas dos épocas separa con la barrera de su genio. La primera época, la cinematográfica, está tan lejos del arte como puede estarlo un cromo del lienzo. A lo más época de tanteos, en busca del instrumento, de su pincel o de su mármol, pero inconsciente absoluto de su devenir. La Fotogenia comienza en 1913, cuando surgido Griffith, coloca el cine, por obra y gracia del gran plano, entre las bellas artes.

    El espectador de hoy se sentiría defraudado ante la contemplación de uno de aquellos paleolíticos films de Griffith. Siendo ya fotogénicos, los otros elementos de que constan —iluminación, actores, decoración, etc… — resultan toscos e imperfectos. Porque todos estos elementos  componen un a modo de retórica del cinema, necesaria, por otra parte, al actual; mas lo medular y lo substancial a la fotogenia, es, después del objetivo, el gran plano. Cerebro con que piensa y palabras que construyen y expresan lo pasado.

    grupo_residenicaLlamamos gran plano —a falta de un vocablo más específico— a todo aquel que resulta de la proyección de una serie de imágenes que comentan o explican una parte de la vista total, sea paisaje u hombre. El cineasta concibe por medio de imágenes, distribuidas en planos. Su idea, ya realizada, se compone de una serie de elementos dispersos que luego habrá que acoplar, mezclar, intercalar: en una palabra, se verá forzado a componer, a ritmar y ya sólo con este acto, comienza el arte. Porque el cine si es, ante todo, movimiento, tendrá que ser ritmo para que llegue a fotogénico.
    Si nos limitamos simplemente a impresionar un hombre que corre, habremos conseguido el  objeto cinematográfico. Pero si en la proyección, y en plena carrera, desaparece todo y vemos unos veloces pies, luego el desfile vertiginoso del paisaje, la cara angustiada del corredor, y, y en sucesivos planos el objetivo presenta abstraídos los elementos esenciales de esas carrera y de los sentimientos de su actor, tendremos el objeto de la fotogenia. No se nos describe únicamente un movimiento o una sensación —nos hemos visto en el hombre que corre—, sino que, además, en la armonía de luces y sombras, una serie de imágenes, por su desigual duración en el tiempo y distintos valores en el espacio, producirán el mismo puro goce que las frases de una sinfonía a las abstractas formas y volúmenes de una moderna naturaleza muerta. En ese templo pueden quedar plasmadas las modernas tendencias del cinema, que pudieran denominarse cine-foto, cine psicológico y cine-puro. Una variedad de este último son los films absolutos de de Vikin-Eggeling o la Sinfonía diagonal, de Ruttman, en los cuales sólo luces y sombras de variable intensidad, interposiciones y yuxtaposiciones de volúmenes, geometrías móviles, son objeto para el artista. Allí todo queda deshumanizado. No se pueden llevar más lejos el apartamiento de la Naturaleza. Resulta curioso denunciar que estos ensayos —no muy conseguidos— datan a partir de 1919.

    intoleranciaToda la personalidad que le presta Griffith al cinema, su rápido ascenso en la jerarquía de las artes, repetimos que es debido al empleo del gran plano. Años antes, hacia 1903, lo había concebido ya Edwin Porter en su The Great Train Robberty, más de un modo inconsciente, no inspirado de creadora intuición, sino meramente impulsado por el azar. Todos hemos visto fotografías de esa época en que siempre aparecía el modelo-polisón, patilla, levita de cuerpo entero. Un buen día se le ocurrió al fotógrafo aproximar el aparato, y, a partir de entonces, los retratos de busto se ponen en boga. Edwin Porter desempeñó ese papel para el gran plano.
    Resulta pertinente recordar  que desde los primeros balbuceos el cine contaba ya con la mayoría de sus recursos técnicos —iris, sobreimpresión, caches, volets, etc. Su progreso, después de la aportación de Griffith, no está más que en la perfección de sus antiguos medios. Poco o nada se ha creado. Cabe aún esperar en la mayor y completa perfección de aquéllos, pero la evolución técnica toca a su fin, aunque paralelamente se halle en gestación el advenimiento de una época de bajo realismo y de mal gusto. Nos referimos al cine de color y al sincronismo verbal. Desde estas líneas nos adherimos a la cofradía del Claro-Obscuro, fundada recientemente en París por el crítico de los Cathiers d`art, Bernard Brunius. Infinidad de cofrades han ido a ponerse bajo los auspicios de la Musa del Silencio, envuelta en la pura túnica del Claro-Obscuro. ¡Que su reinado perdure entre las gentes de buen gusto!
    Hemos visto que el cinema encuentra su lenguaje en el gran plano. El objetivo puede expresar y, en múltiple proporción, aumentar el caudal de sus ideas. En ese momento surgen los verdaderos artistas del cine, que se encuentran con un instrumento inteligente. Con ellos comienza la segunda y gran conquista de la fotogenia, la de la inteligencia y sensibilidad. Así el cinema dejará ya para siempre la bávara garita de las ferias para instalarse en sus actuales capillas. Salida apenas de su época subterránea, de catacumbas, esta nueva fe, que había a todos los hombres con la misma lengua, se halla ya extendida por todos los rincones de la tierra. Silencioso como un paraíso, animista y vital como una religión, la mirada taumatúrgica del objetivo humaniza los seres y las cosas. “A l`ecran il ný a pas de nature norte. Les objets ont des attides”, ha dicho Jean Epsein, el primero en hablarnos de esa calidad psicoanalítica del objetivo.
    Un gran plano de Greta Garbo no es más interesante que el de un objeto cualquiera, siempre que éste signifique o defina algo en el drama. Fraguado en el cerebro de los hombres, y ligado a su propio cuerpo, el drama termina por subordinarse también a las cosas. En un momento determinado, una de ellas se alza con todo lo demás, incluso el elemento humano, como cosa mediata y farragosa. Cada plano del film es el nudo –necesario y suficiente– por el que pasa el hilo tembloroso de la emoción. Eliminando lo contingente y accesorio, presenta aislado, intacto, lo necesario, lo esencial. Es ésta una de las grandes virtudes del cine, una de las auténticas ventajas que lleva sobre el teatro.
    Recordemos un episodio de la viuda alegre: tres hombres reunidos en un palco, deseosos de la misma mujer que danza ahora en gráciles torbellinos por la escena. De pronto se detiene. Según en vista de cada uno, se nos da descompuesta en tres planos: pies, vientre, ojos. Inmediatamente tres psicologías quedan explicadas por el cine: un sádico refinado, un primitivo sexual, un puro amante. Tres psicologías y tres móviles. El resto del film es un comentario a esas tres actitudes. Hay tantos ejemplos como planos. Recuérdese el papel que juega en El abanico de Lady Windermere el personaje puerta o el gran plano tantas veces empleado, en el que dos manos trémulas de amor llegan a estrecharse.
    El gran poema del plano fotogénico lo dio Griffith en 1919 con Broken Blossoms; a partir de entonces, su creador entra en una manifiesta decadencia. Como siempre sucede todos quisieron imitarle, y durante cuatro o cinco años se abusó de él hasta el exceso. Después, el arriba citado film, de Ernst Lubitch, marca el sereno equilibrio en su empleo. El abuso del gran plano, en lugar de reforzar la emoción, la disminuye y diluye. Téngase en cuenta, además, que en cierto modo esa palabra encierra un sentido más amplio: el de “plano que se ha de montar o ritmar”. Nuestros cineastas indígenas no han comprendido esta segunda y anagógica acepción que es la más importante, la única. Quiere decirse que ni uno sólo de ellos comulga en el altar de Apolo. A lo más merienda en el de Mercurio.
    Mucho se habla en estos últimos tiempos de la influencia ejercida por el cine —por el gran plano— sobre las artes y la literatura. Ella puede ser producto del cine o de nuestra acelerada época, o de las dos cosas a un tiempo. Pero el hecho indudable es su existencia. En muchos se da intuitivamente. Otros establecen un método para llegar hasta ella. Por instinto buscaríamos la verdadera, desnudad de literatura, entre los primeros. Y hay uno entre ellos a quién le corresponde el primer lugar, por haber sido creador del gran plano en literatura. No sé de qué fecha datan los primeros grandes planos greguerísticos de Ramón; pero si son anteriores a 1913 y Griffith los conocía, sería innegable la influencia de la literatura sobre el cine. Desgraciada o afortunadamente, el señor Griffith no debe poseer una nutrida biblioteca, y aun ahora, para él, Ramón será uno de tantos Ramones como andan por el mundo.

    3 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • San Juan de la Cruz. Una síntesis global para nuestro tiempo (I)

    san_juanNunca me ha gustado, al menos desde que me dedico a estos asuntos de la mística cristiana, afirmar que vivimos en una época de orfandad espiritual (Inés Riego de Moine, 2005). Siempre he sido, en este sentido, más hegeliano y mucho más de Teilhard de Chardin. Me explico: pienso que en el universo la espiritualidad tiene sus etapas pero nunca se queda huérfana, ni tampoco el ser humano se queda en estado de orfandad. Se trata únicamente de distintas tonalidades de luz. Puedo aceptar que se hable de crisis de fe (Metz, 1979) porque la historia del hombre, también la espiritual, tiene sus luces y sus sombras (sombras que incluso siempre se asombran, como dijo Rosalía). En definitiva, estoy más cerca de los que afirman, como el agnóstico Malraux, que “el siglo XXI o será místico o no será el siglo XXI”, o de los que afirman como Rahner que “el cristiano del futuro o será un místico, es decir, una persona que ha experimentado algo, o no será cristiano” (1969), que de los que creen que la época espiritual del ser humano ya ha tocado a su fin. La dimensión espiritual del ser humano sigue estando presente en formas muy diversas y cada vez con mayor resonancia. Incluso las viejas y anquilosadas formas de religiosidad histórica claman por una renovación profunda que, en algunos casos, se viene produciendo progresivamente desde hace algunas décadas. Teólogos católicos actuales como Eugen Biser anuncian que la presentación moral y dogmática del Cristianismo está llegando a su fin, pero ahí está, inamovible y seguro, su futuro místico.

    Desde este futuro místico, en un mundo global e intercultural, emerge la figura y la obra de San Juan de la Cruz, quien hunde sus raíces no en su temporalidad propia de hace más de cuatrocientos años, sino en la mismidad de la condición humana y es por eso que, aparte de ser un poeta fuera de su tiempo y de cualquier tiempo, se presenta como un eterno y siempre contemporáneo compañero de viaje del ser humano. El lenguaje de Juan de la Cruz tiene la capacidad de re-inventarse. No lo digo solamente yo, ya lo han dicho muchos, cristianos y no cristianos, ateos, marxistas, agnósticos, budistas, musulmanes, hindúes… El lenguaje de este carmelita descalzo del siglo XVI tiene los espacios en blanco suficientes como para poder entablar un diálogo fecundo con cualquier persona de cualquier época y con una sola finalidad: insistir una y otra vez en que esto que llamamos lo absolutamente Otro, Dios, o si quieren, ese Misterio que continuamente se nos escapa, no es otra cosa que una etapa del Universo. Siempre me gusta decir a mis alumnos que Dios es el Universo mismo pero no como una forma de panteísmo es decir, afirmando a Dios en cada individualidad, sino como una forma de globalidad, inabarcable para el ser humano. Nadie así puede ver ni conocer, completamente a Dios, hasta que el Universo no llegue a su final. Esto que yo les explico más o menos modernamente, ya lo expresó Juan de la Cruz cuando en la canción decimotercera del Cántico Espiritual, la esposa cae en la cuenta después de una larga búsqueda de que:

    ¡Mi amado, las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos…

    Ya saben, y si no lo saben yo lo explico, que la ausencia total de formas verbales en esta estrofa tiene como único objetivo conseguir la identificación de Dios, el Ser amado, con todo el Universo, con lo cercano y lo lejano, con lo conocido y con lo extraño con lo que comprendemos y con lo que nos resulta incomprensible. Igual que ocurre hoy. No importa que seas creyente, no importa de qué religión, no importa tampoco que seas ateo o agnóstico, a san Juan de la Cruz le basta con que tengas conciencia de que eres un “yo”, un sujeto dentro de esto que llamamos Universo. Esto es suficiente para que el pueda ofrecerte su explicación actualísima de su propia comprensión de Dios, del hombre y del mundo.

    No en vano, a partir sobre todo del primer tercio del pasado siglo (porque antes pasó como un desconocido excepto en ambientes estrictamente religiosos), Juan de la Cruz comienza a despertar un inusitado interés en diversos territorios en los que anteriormente le había sido denegado el paso o a los que no había tenido acceso en ese afán incomprensible de ocultación al que este carmelita había sido sometido. La Literatura, la Lingüística, la Psicología, otras creencias religiosas, otras espiritualidades, la Historia, la Ecdótica, etc. comienzan a hacerse eco de los versos y la prosa sanjuanistas conformando así el amplio caudal de riqueza que la mística de Juan de la Cruz ofrece al hombre de nuestro tiempo. A estas particularidades dedicaremos nuestros próximos artículos..

    Antonio José Mialdea Baena
    Doctor en Filología Española
    Licenciado en Estudios Eclesiásticos.
    Diploma de Estudios Avanzados en Traducción e Interpretación

    Director de la revista internacional ”San Juan de la Cruz”

    3 junio, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Pintura y poesía una historia de amor

    Esta relación de amor entre las dos artes es muy antigua, así pues, ya nos decía Horacio (65 a.C.-8 a.C., poeta); “Una pintura es un poema sin palabras” , pero, claro, Horacio era poeta.

    Tiempo más tarde, Leonardo da Vinci (1452-1519), pintor e inventor, dándo una vuelta de tuerca al tema, decía ; “La pintura es poesía muda, la poesía pintura ciega” . Uniendo en su frase ambas artes. Pero, decantandose por la pintura, diría; “La pintura tiene un objeto más digno que la poesía, y da a las figuras de las obras naturales con más verdad que el poeta (…) Es mucho más digno, por tanto”. Evidentemente, Leonardo era pintor.

    Los poetas chinos de las dinastías Song y Tang, creían que la pintura tenía algo de poesía y la poesía algo de pintura, que entre ellas había una correspondencia,así, muchos, cultivaron ambas artes. Para ellos la pintura, la poesía, junto con la caligrafía y el laúd (Qin, Chin) eran considerados Arte mayor, por encima de la escultura, la arquitectura, el grabado y la música de instrumentos vulgares, que se consideraba Arte menor.

    Asi, Kuo Hsi, pintor y ensayista de la dinastía Song del Norte escribió: “La poesía es una escritura sin forma; la pintura es una poesía con forma”.

    Su Shi-Su Dongpo, escribió lo siguiente acerca de Wang Wei, poeta, pintor y calígrafo de la dinastía Tang: “En cada poema de Wang Wei hay una pintura y en cada pintura un poema”.

    Algo así, de esa correspondencia entre pintura y poesía sucedería mucho más tarde con los árabes y persas.

    En la Antigua grecia se denominaba Epictesis al nombre griego de un poema destinado a glosar, a reflejar, a recrear un cuadro valiéndose de la poesía.Y que evidencia la atención dispensada de los poetas hacia la pintura.

    Cabe decir que el amor de los poetas por la pintura hizo de algunos ellos buenos críticos de arte, así muchos poetas la han practicado con mayor o menor asiduidad, y con ella han tratado, no de explicar la obra plástica, sino de crear en el público una disposición receptiva a la pintura. En el siglo XIX destacó Baudelaire, y ya en el siglo XX, para dar algunos ejemplos: Valéry, Max Jacob, Breton y, en España, lo hizo Juan Eduardo Cirlot.

    Hay una fusión, en algunos casos, total y absoluta entre la pintura y la poesía, es el caso de los poetas-pintores o pintores-poetas, de ellos el más extraordinario sin duda es William Blake(Londres, 1757-1827) fue poeta, pintor y grabador. Blake veía estas dos disciplinas como dos medios de un esfuerzo espiritual unificado, y son inseparables para apreciar correctamente su trabajo. Aplicó su arte pictórico para ilustrar tanto composiciones propias como ajenas: el Paraíso perdido de Milton (una de sus obras favoritas), o Las noches, de Edward Young.

    Otros poetas pintores fueron Miguel Angel, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, Kandisnky, Klee, Rimbaud, Victor Hugo,etc…

    Hay una simpatía mutua entre pintores y poetas a la largo de la historia, que ha permitido una colaboración de ambas artes, como en el caso de Blake, por ejemplo, un amigo conocido de muchos poetas fue Miró, al igual que otros artistas plásticos, había colaborado en libros de poetas con grabados o litografías, y los poetas, a su vez, presentaron con poemas o prosas sus exposiciones o redactaron textos para libros dedicados al gran artista catalán.También es el caso de Antoni Tàpies.

    Muchos poetas han sentido admiración por la pintura en todos los tiempos, por ejemplo; Goethe y Rilke admirador de pintores españoles, como Goya y Velázquez e incluso amigo íntimo deZuluaga con el que mantenía correspondencia. Apollinaire, amigo personal y admirador de la obra Picasso.

    No quiero extenderme más en relacionar estas dos artes, que para mí sin duda están relacionadas. Lo que pretendo es traeros a esta ventana a varios poetas conocidos que han escrito algunos poemas sobre cuadros de pintores famosos, acercar así poesía y  pintura. Hay cientos de poemas dedicados a cuadros, quizás además de esa unión citada anteriormente, se puede decir también que los cuadros son una buena fuente de inspiración para los poetas, ya sabéis todos como de negra es -a veces- esa musa que llamamos inspiración.

    En este pequeño itinerario que os propongo de 5 poemas y 4 pinturas, he escogido  cuatro casos diferentes, para hacerlo si cabe más sugerente.

    Para la primera parada de este itinerario he escogido a un poeta ilustre, Premio Nacional de poesía 1988, Premio Cervantes, 2006 y Premio Quijote 2009, y presidente de honor de nuestra Revista Alaire, Antonio Gamoneda. Su amor al arte le ha llevado a incluir la obra plástica de artistas entre algunos de sus libros de poesía, ha realizado trabajos con; Félix Cárdenas, Albert Agulló, Alvaro Delgado, Antoni Tàpies, Alvaro Sanjurjo, Amaya Bozal y Juan Carlos Mestre entre otros.En el ejemplo que he escogido versa sobre el cuadro Deux femmes nues enlacées de Pablo Picasso.

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    DEUX FEMMES NUES ENLACÉES. PICASSO, 1906-ANTONIO GAMONEDA

    La suciedad está
    creciendo hacia la belleza.

    Vez abajo: material
    ciego, trágico, roído,
    cuajo triste de toda
    sangre de desecho;
    lodos sin tumba, grumos
    miserables, esputos
    de multidud cobarde.

    Mas la miseria tiene
    una fuerza: el dolor.

    Color de perro y llanto,
    de abajo a arriba, nace
    desnuda una mujer;
    impura como el mundo,
    de abajo a arriba, negra.
    roja en los muslos, siempre
    distinta a la esperanza.

    Mas, de pronto, hay un gesto
    de palona en el aire.
    Oh, manos poderosas,
    gracias por estos senos
    humildes; ya dos pájaros
    oscuros, dulces, cantan.

    Más arriba, más alto,
    vivos en la ternura,
    los hombros temblarían
    bajo un manto de música.

    Más alto, más aún
    -¡oh salvación !-, dorada,
    una cabeza vive,
    mira con ojos, piensa
    dulcemente en el mundo.

    Para la segunda parada de este singular itinerario pictórico-poético, he escogido una rareza, vamos a ver a un pintor que se inspira en un poema para construir su cuadro, algo muy inusual, pues en general es al revés.Los escogidos para el ejemplo son Charles Baudelaire (1821-1867) y René Magritte (1898-1967), el poema de Baudelaire y el cuadro comparten identico nombre La Giganta, en este caso el poema pertenece a las Flores del Mal de Baudelaire (1857) y el cuadro de Magritte está realizado en 1929, es algo muy poco común, se explica porque Magritte además de pintor era un enamorado de la poesía y admirador de Baudelaire.

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    LA GIGANTA DE CHARLES BAUDELAIRE, 1857. RENE MAGRITTE. 1929

    Cuando Naturaleza con su vigor intacto,

    concebía a diario cachorros monstruosos,

    junto a una gran giganta quisiera haber morado,

    como al pie de una reina un gato voluptuoso.

    Y ver cómo al unísono florecen su alma y cuerpo

    y crecen entre juegos libres y pavorosos;

    descubrir si una umbría llama alberga su pecho

    por las húmedas nieblas que nadan en sus ojos;

    recorrer a placer esas formas magníficas;

    trepar por la ladera de su inmensa rodilla,

    y a veces, en verano, cuando el sol aplastante

    le obliga sobre el campo a tenderse cansada,

    indolente a la sombra de sus pechos tumbarme,

    como aldea apacible al pie de una montaña.

    Para hacer el tercer paso del itinerario un poco más divertido, he elegido algo también novedoso dos visiones de dos poetas sobre un mismo cuadro; una Premio Nobel de Literatura 1996, Wislawa Szymborska (1923-2012) y el poeta Manuel Rivas Pastor (1957, La Coruña) escritor, poeta, ensayista y periodista contemporaneo que trabaja y publica en El país, nos versan sobre el famoso cuadro de Vermeer “La Lechera”.

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    VERMEER. WISLAWA SZYMBORSKA.

    Mientras esa mujer del Rijksmuseum
    con esa calma y concentración pintada
    siga vertiendo día tras día

    la leche de la jarra al cuenco
    no merecerá el Mundo
    el fin del mundo

    LA LECHERA. MANUEL RIVAS PASTOR.

    A Carmen, de Corpo Santo, que me crió

    Hace siglos, madre, en Delf, ¿recuerdas?,
    tú vertías la jarra en casa de Johannes
    Vermeer, el pintor, el marido de Catharina Bolnes,
    hija de la señora María Thins, aquella estirada,
    que tenía otro hijo medio loco,
    Willen, si mal no recuerdo,

     

    el que deshonró a la pobre Mary Gerrits, la criada que ahora abre la puerta
    para que entres tú, madre,
    y te acerques a la mesa del rincón
    y con la jarra derrames mariposas de luz
    que el ganado de los tuyos apacentó
    en los verdes y sombríos tapices de Delft.
    La misma que yo soñé en el Rijksmuseum,
    Johannes Vermeer encalará con leche
    esas paredes, el latón, el cesto, el pan,
    tus brazos,
    aunque en la ficción en el cuadro
    la fuente luminosa es la ventana.
    La luz de Vermeer, ese enigma de siglos,
    esa claridad inefable sacudida de las manos de Dios,
    leche por ti ordeñada en el establo oscuro
    a la hora de los murciélagos.

     

    Por fin, para terminar este lúdico recorrido he escogido a un poeta poco conocido Antonio de Zayas-Fernández de Córdoba y Beaumont, duque de Amalfi (1871-1945), poeta modernista español que lucho contra el Academicismo y la retórica de su época y fue amigo personal de Antonio y Manuel Machado y de Juan Varela, escribió cuatro poemarios entre los que se incluye Retratos Antiguos, en los que hacia poesía sobre cuadros famosos. El cuadro escogido en este caso pertenece a Leonardo da Vinci y si bien hay otras poemas de cuadros de Leonardo más famosos o de cuadros más conocidos de él (por ejemplo La Gioconda), os propongo una diversión, para la cual recomiendo leer el poema y después mirar el cuadro y volver a leer el poema. (el cuadro está escondido  en el enlace). Sin dudas veréis que el poema parece una fotografía exacta del retrato.

    1389895117

    LUCRECIA CRIVELLI. (LEONARDO DA VINCI). ANTONIO ZAYAS.

    Cual si fuese una toca, su cabeza
    cubre en dos bandas dividido el pelo
    y sus ojos vivísimos, recelo
    dicen mirando con viril firmeza.

    Las líneas de su rostro, la dureza
    emulan del cincel de Donatello,
    y un corpiño de obscuro terciopelo
    su busto encuadra de gentil belleza.

    Una fina cadena rutilante
    lleva del cuello escultural pendiente
    del firme seno a terminar delante;

    y diadema de la sien luciente,
    engarza un hilo de oro un diamante
    astro en el cielo de su tersa frente.

     

    Bueno, queridos amigos, ha sido un itinerario lúdico por la pintura y la poesía que sólo tenía a priori la intención de haberos entretenido, espero que os haya gustado.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas de la Asociación Poético Cultural Alaire

    Si fuese agua.

    Julio G. Alonso

     

    Si fuese agua

    sería el mar; no gota.

    Si aire,

    el cielo; no viento.

    Si luz, el sol

    entero

    y si arena,

    delgada arena; no grano,

    no playa,

    no desierto.

    Mar, cielo, sol, delgada arena

    que se prende en tu cuerpo.

    Si fuese mar

    de tu cuerpo,

    cielo, sol, delgada arena;

    no gota,

    no viento,

    no rayo sólo de luz

    ni grano de arena

    de tu cuerpo

    sería

    lo que fueses tú, luz

    en tu mirada,

    aire en tu pelo

    agua en tu sonrisa

    arena en tus besos.

    Si fuese agua sería el mar;

    no gota.

    Si aire, el cielo;

    no viento.

    ————————————————————————————————————————————–

    Cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe.

    Alonso de Molina
    Oración a la Virgen del Mar, Patrona de Almería(Poema para el día antes de mi cumpleaños)
    No es que mis ojos huyan tu miraday me persigan vanas tus sendas sin mis huellas.
    Se insinúa mi credo como una convicción

    que huye hacia la piedra

    como un desesperado salmo anclado en el misterio.
    Nunca razón y fe

    convocaron la calma del límpido fervor,

    las palabras no son oraciones de sal

    en la verdad de los instantes

    ni pueden las metáforas trepar las alambradas

    para culpar a los océanos

    del azafrán impúdico del aire

    en la incendiada ofrenda del mar y sus arrojos.
    Incierto es que la paz

    sea el estado natural del hombre,

    sobre el dolor dormido

    no hay sístoles ni bálsamos

    si el corazón reniega de su origen,

    de su esencia y sus votos.

    Como la estrella, el ser humano,

    muere rompiendo el estallido de la sangre,

    la carne y el espíritu olvidan sus premisas

    como heridos planetas en la raíz del sol.
    Siendo silencio anónimo

    fuimos cavando formas, géneros impasibles

    como la masculina ribera de tus playas

    o los tercos rompientes de tus costas.
    Hoy

    un día antes de mi cumpleaños,

    debo salir volando, a contemplar inmune

    una acuarela ilesa de alborotos;

    hay sermones y cánticos

    ofrendas y renuncias,

    votos y mercachifles.

    Con multitudinario fervor

    una Esmeralda consagrada en la mar

    extiende su perfil glorioso sobre la arena.

    (Y yo tan aturdido sigo que podría creer también en una virgen fea, fea y coja, tartamuda y ciega; una virgen cercana con colonia barata de los bazares chinos; una virgen tan pobre y sin papeles que buscaría esposo para unir su pobreza al aprecio de un hombre que la hiciera feliz, llanamente feliz con su hipoteca y sus quehaceres, sus macetas y sus retoños, sus risas y sus lágrimas y sus ratos humanos horizontal a un hombre).

    Frente a la sal y al viento,

    el agua estaba fría como cada enero

    y yo cierro otra vez mis ojos desnudos a la fe.

     

    Historias de cualquier otoño

    La Virgen del MarCorría la noche del 21 al 22 de diciembre de 1502 cuando ocurre la Aparición de la Virgen del Mar.Cubría guardia el torrero morisco Andrés de Jaén, y dice la crónica que “vio algo que rebrillaba en la mar, por lo que tuvo gran temor. Bajó de la torre y acercándose a la orilla, y estando así espantado, no sabía que pensar, cómo o en qué manera aquella imagen hubiese allí aportado, y dijo más, que por otra parte se halló tan consolado y con tanta devoción, aunque indigno y pecador por haber tal tesoro hallado. FUENTE: http://www.hermandadvirgendelmar.es/

    —————

    La balada del niño fósil.

    Ramón Ataz

     

    Padre, cuando esté muerto,

    quiero quedar oculto por las piedras.
    Que no me moje el agua

    ni me erosione el aire,

    que permanezcan juntos

    mis huesos ensamblados.
    Cuando los años pasen

    quiero ser descubierto

    al fondo de una sima

    a la que el sol penetre.
    Que mi sonrisa absurda

    de alegre calavera

    sorprenda a un cazador

    (o si es posible a un niño

    que corra tras su perro)
    Que manos temblorosas

    me vayan extrayendo

    con plumas, rociadores

    y blandas herramientas,

    hasta que al fin resurja

    sin rostro, sin historia,

    sin nombre y sin señales.

    Tan solo un armazón

    desnudo y abatido.
    Entonces, padre, quiero

    que cuantifiquen pronto

    mi edad cifrada en siglos,

    que luego me acicalen,

    me pongan entre vidrios

    y un día, algún muchacho

    como yo, pero entero,

    me mire fijamente

    al hueco de los ojos

    y atrape en su memoria

    mis fósiles recuerdos.
    ——————————————————————————————————————————-

    Consejos para amar en las tormentas.

    José Manuel Sáiz

     

    Amarse improvisada

    e irreflexivamente mientras cae una tormenta no digo

    a resguardo de un casa bajo un techo

    o al abrigo de una sábana sino en el campo a cielo abierto

    en el frescor del musgo y de la hierba y si es posible sobre las raíces

    sedientas de los árboles debería ser una experiencia

    común y necesaria
    Para ello es condición indispensable

    nos pille la borrasca de improviso no exista un previo

    acuerdo entre las partes desnudarse uno a otro

    despacio y sin palabras mientras la lluvia y los relámpagos

    van mojando los cuerpos y la tierra
    Resulta imprescindible llegados a este punto

    obviar el miedo al rayo y la aprensión al trueno inspirar

    muy fuerte y muy profundo cerrar los párpados con calma

    y abandonarse en brazos de los duendes

    del agua y de la brisa que por costumbre en las tormentas

    huelen siempre de forma indescriptible

    dejar que la humedad penetre poco a poco desde la piel

    a los órganos y huesos para que así sin mucho esfuerzo

    las manos y los dedos proyecten ese tacto

    febril y adolescente los amantes en esos casos

    han de amarse como aman bajo el mar

    los peces y delfines es decir instintiva

    y mansamente y una vez acabada la tormenta despedir

    al cúmulo y al viento fundirse en un abrazo prolongado abrir

    los ojos muy despacio y observar cómo asoman por el barro

    los hongos y lombrices
    Si hubiera tiempo y ganas se aconseja

    permanecer un rato mirando cómo escampa

    por detrás del arco iris pero evitando a toda costa

    llorar y hacer preguntas

    finalmente

    es primordial guardar silencio cubrirse todo el cuerpo

    de besos y caricias como urdiendo un impermeable

    muy tierno y muy sensible y escuchar cómo crecen bajo tierra

    las raíces sedientas de los árboles

    Con la cámara en las manos. Pilar Morte.
    Te reclama el paisaje,

    tiembla el entorno en tu mirada,

    pálpito de los sueños que cosechan

    el perfume de la memoria.

    Fijas tu mirar para hundirte en la intensa quietud del iris

    Hay una expectación mística por el albor y la belleza

    que se adentra en la vida abandonada

    que aún susurra en el aire

    y tú captas exhorto en la plegaria.
    Descubres la luz y el color sobre ecos transitados.

    Enamorado y lleno, atento a los sentidos

    atrapas los rincones solitarios

    plasmando tu universo visual

    que se hace poema en tu mirada, sonido líquido en tus ojos.
    La cámara se anuda al paisaje,

    ciñendo tu retina a la razón,

    la seducción a la armonía de la vida

    que desciende en tus manos al vibrar más puro.
    Entra en el aire el pulso de tu esencia

    y esperas a que el duende excite la emoción,

    el placer de hacer arte.

    Estimulas la luz en tus incendios

    y te entregas sensible a la perfección sin límite.
    Se recobra el segundo

    cuando abres la ilusión para mostrarte eterno

    sosteniendo la gravedad del tiempo,

    el espacio que apresa el mundo.
    Edificas la tierra en formas y luz,

    pirámides de los sentidos,

    un espejo inmortal que sangra su belleza

    y un bosque de candelas que relumbra

    en lo abisal de tus rincones.

    ————————

    Esta casa.

    Ramón Carballal
    No habrá quien cuente las habitaciones,

    el espejismo de un desnudo, la raíz del ser.
    Esta casa ha parido vientos de amargura,

    sus paredes han vestido la luz del papel,

    sus ágiles zócalos revientan como golpeados

    por el azul de un sueño.
    Hay una voz que regresa a la voz, y hay música

    que va poblando la arquitectura del devenir.
    Tres niñas, tres mujeres con un mensaje unívoco.
    Mi sol de espejos, mi desnuda ausencia

    en el salón hospitalario.
    Las navidades sin carmín, el ojo exhausto

    de la ceniza.
    Podría nombrar el silencio de las grecas,

    el timbre que nunca suena en mi nube.
    Los años me devuelven a la habitación gris.
    Es mi futuro el mástil de este barco que se llama edad.

    Miro sus caderas(esmeriladas, torpes, afligidas

    como un rosal marchito).
    y siento la vida que fluye a pesar de mi.
    Inmortal.

    El rostro que me habita. José Luis Preciados Galán
    Sostén de un laberinto de presagios,

    el rostro es un espejo

    donde duerme su voz el vaticinio,

    donde cuelga la vida sus jirones

    humillada por tantos desafectos.
    Como libro que se incuba en tiempo de vaivenes,

    entreabre la piel de sus enigmas

    regresando a su origen de volcán

    en una ensoñación de ojos ardiendo.
    Qué ominosa es la historia de mi rostro

    -bemol del sufrimiento-

    porque sólo entre lunas de metal

    derritieron su culto iconoclasta

    las pálidas bengalas.
    Lo aprendí con la sed de cada día:

    No perduran vidrieras más amargas

    que aquéllas que vacían sus acíbares

    en corolas de anocheceres ciegos.
    Para ser flor de anís

    hace falta algo más que una sonrisa.

    ————————————————————————————————————————————–

    Contarte la historia.

    Cecilia Martos
    Un día descubres que el mundo poco tiene

    que decirte y aunque gires en ayeres.

    Lidia Beatriz Biery
    A mi Padre
    Supongo que algún díafuera ya de la tiranía del tiempo

    sin el fanatismo de la inmortalidad,

    cuando el corazón deshoje su última impotencia

    interrogando las sílabas suicidas de la tarde

    y entre líneas descubras la palabra infartada de amor,

    la ironía intacta frente a ti

    escribiendo con alevosía tu nombre,

    ese nombre incapaz de contener su propio corazón

    que acomodaba sus lágrimas en la inteligencia de un poema

    cuando la soberbia jugaba con las letras

    en las noches sin luz.
    Porque el tiempo es todo un paisaje

    un palco en primera fila,

    nada se sabe del vértigo de las alturas

    ni de los cementerios.

    Somos como una leyenda cargada de impaciencias

    mientras la casualidad se distrae con los silogismos

    agotándole el verbo a los adjetivos

    antes de que decline la tarde en vocablos en desuso,

    pues nunca nos habla del orden de las palabras

    de cómo el pasado nos clausura las verdades a medias

    y los sueños nunca se repiten;

    así vamos de espera en espera diseñando la huida

    viajando sin un itinerario fijo,

    abordando el amor de formas diferentes,

    disponiendo del futuro, jugando a ser infinito,

    mientras que la costumbre de vivir nos acosa

    pisándole los talones a todas las metáforas,

    y ya no sé si me gusta el blues o prefiero el invierno,

    si me duele estar sola o es parte de la vida;

    luego escribo de la fe, ahora que no tengo respuestas,

    entonces me escucho llorar, la noche me descubre,

    hasta que llegamos a ese tiempo que ya no tiene tiempo

    que no es sino una excusa para sobrevivir

    y nos volvemos pretérito, vacío,

    duda, porque no hemos entendido nada.
    Y pensar que estamos tan sólo de paso

    pues no reservamos el derecho de admisión,

    que somos la misma sinrazón de ese horizonte de vanguardia,

    un manual de despedidas, ese retrato de familia

    que sólo sostiene la apariencia de las formas,

    proyectos acumulados que se quedaron en un cajón.

    Es tarde, se me cortan las sílabas,

    son demasiados edictos para este tiempo

    de caramelos, analgésicos y citas semanales con la nostalgia.
    Supongo que algún día,

    por encima de todo lo que no hemos sido

    coincidiré con tu abandono

    para hundirme en la geografía de sus ojos

    y saber al fin dónde habitan las interrogaciones

    cómo se desinventan los afectos;

    me niego a ser una crónica de la desolación

    un preámbulo para seguir muriendo.
    Supongo que algún día fuera ya de contexto

    sin el dolor de saberse a destiempo,

    deduciré su verso enmudecido,

    no hará falta siquiera que le nombre

    ella es como un arma cargada de gorriones,

    una parvada de silencios sobre el cielo oscuro.

     

    ————————————————————————————————————————————–

     Nostalgia en las sombras.

    José Manuel F. Febles

    ¡Qué lejos estoy contigo,/qué cerca cuando te vas!
    Federico García Lorca
    Como un niño perdido y tristeando por los espacios de la ciudad

    empañados los ojos por el sereno

    de la noche.

    Debo estar castigado de años

    al pie de un volcán con color

    a sombra, porque allí la vida

    afianza su parada en mí.
    Me he preguntado en estos versos

    si necesitan una declaración

    que justifique mi fugitivo vacío,

    si este naufragio en su desnudo

    ha suprimido los límites de la edad

    en un tiempo perverso,

    donde anidaron las noches de mi juventud.
    Quien ha soñado con los ojos cerrados

    no comprende el sabor amargo

    de las lágrimas que arrastra la nostalgia:

    el vuelo

    de una paloma sin regreso.
    (Del poemario, aun no he muerto dertrás de la palabra.)

    ————————————————————————————————————————————–

    Primera plana.

    Josefa A. Sánchez
    Darán la voz de alarma los vecinos,despues de estar sin verme varios días.
    Cuando el buzón vomite las facturasno escuchen descargarse la cisterna

    ni Carmina Burana a media tarde.
    Se amontonarán en el rellano.
    Derribarán la puerta de mi casa.
    Entre el desorden de una vida plenay un rastro de migajas de recuerdos,

    encontrarán- acaso en la butaca-

    rodeados de un charco de silencio

    (portada de esa noche en las noticias),
    sonriendo todavía
    los restos del cadáver de una ancianadevorado hasta el hueso por sus libros.
    ————————————————————————————————————————————–

    Vengo de pronunciar tu nombre junto al fuego.

    Isabel Moncayo
    Apañé les pallabres pela nueche,inda la piel duelme.

    Güei xuxurié amor, posóseme la lluz

    y enlleneme

    A ti, claro, a quién si no.

    Vengo de pronunciar tu nombre junto al fuego,

    trae la tarde un temblor pequeño:

    -Tu pelo alborotado, secretos del sarmiento-

    Anida remilgos este frío invierno,

    y es que hay tardes de a sorbos y cortinas echadas,

    tardes de té y barbecho que imploran ríos de agua.

    Vengo de pronunciar tu nombre junto al fuego,

    (un azogue tozudo caldea desvalido,

    sien y daga y brizna al bies)

    Miro el hogar, ciega quimera,

    y me pregunto, mientras nieva:

    ¿Quién le ha puesto alas a esta insolencia

    de trino celado con cálamo de malvasías?

    Las pavesas contestan, ruidosas se amotinan,

    las sombras gesticulan al compás del incienso

    y siento que disiento con el tiempo

    pedrusco desnudo bogando miedos.

    Despunta de nuevo la anochecida,

    y yo, crepito, tris tris tristán no estás.

    Pronunciando tu nombre junto al fuego

    abro tu mejor botella de vino

    y me la bebo.

    ————————————————————————————————————————————–

    Amo y siervo de la luz.

    Rafel Calle
    A Onofre Prohens, amigo y pintor.
    El genio del color halla en el lienzo la histórica misión de la hermosura,

    él, amo de la luz, de la luz siervo,

    la luz es un lenguaje que su pincel captura.
    En el mundo que siente, las flores tienen alma, son ímpetus de un sol policromático,

    delirio de la rosa enamorada,

    lirios paradigmáticos,

    violetas incendiarias.

    Definitivamente, el colorido mágico

    del jardín de la luz mediterránea.
    Morada y condición de un robusto talento, es algo más tangible que el astro que se ve

    en sus formas telúricas. Es la paz del invierno

    en una gran persona de la cabeza a los pies.

    San Joan es la memoria y el color de un nacimiento.

    Sí, es Onofre Prohens.

    ————————————————————————————————————————————–

    Borges y el tango del sur de Buenos Aires.

    Javier Dicenzo
    Gime el arpa de las dos cuadras que pisó Borges,

    esos míticos cuchilleros en un tango,

    arrabal de los suicidas en Buenos Aires,

    la epopeya en el suburbio de mujeres arañadas.

    Borges y el tango es una metáfora hecha escritor.

    Existen polvorientos museos,

    laberintos llamados en el clarín de los dioses griegos.

    Existe un fantasma allá junto con los arrabales,

    Borges caminando la sombra de Muraña.

    Se trasladan las oposiciones,

    los delicados dedos que juntan míticos sabores.

    Es el azul de la daga hostil,

    la penumbra de las guitarras,

    la vida en una mujer destruida en el río manso,

    ese río de Heráclito.

    Borges y el tango son una misma voz anulada.

    Los gritos se escuchan mas allá de las historias,

    mudos dioses susurran historias.

    Gime el arpa de las dos cuadras que pisó Borges.

    He visto a dos escritores surcando

    una calle alejada

    en una eternidad de guasos perros porteños.

    He visto a dos mitades de hombre

    dándose la mano en la luna dada vuelta

    de otro gringo peludo ensangrentado

    como el potro que ciega las veredas

    de aquella Buenos Aires limpia

    como una marioneta pura;

    aparecer de dos escritores dándose la mano,

    mirándose…

    Borges y Borges,

    Buenos Aires y el limbo en la calle de las utopías

    hasta la sangrienta secuencia

    donde Jorge Luis aparece en un túnel

    hiriendo plumas de pasos,

    oliéndose.

    Buenos Aires y Buenos aires,

    duda tras duda,

    el cimiento de una cultura avecinada

    con el Abadón exterminador,

    el filo de la daga junto a dos pasos.

    Borges preguntando al infinito

    ¿dónde estás elegía para perdonar

    los domingos,

    los domingos donde me canso

    para pedir perdón en Ginebra

    de los dos ejércitos enfrentados?

     

    Estatuas. Mario Martínez.

    Este poema que hoy os dejo lo escribí cuando murió el poeta Ángel González (12 de Enero de 2008) en su memoria.No he leído mucho de su obra y ahora no recuerdo que poema lo inspiró, sólo sé que hablaba de estatuas.
    No se deshace, no, la piedra pura,la rocosa verdad de la palabra

    esculpida en un verso

    con cincel de esperanza y de memoria.

    No la lacera el viento del olvido,

    ni la lluvia mudable y corrosiva

    de la mentira infame,

    de la verdad a medias,

    del forzado silencio.

    Sigue ahí,

    firme,

    altiva,

    inhiesta en pedestales

    de sencilla cordura,

    donde el odio no llega a mancillar su gloria,

    donde nada la alcanza aunque a veces la manchen

    de excrementos las aves

    del rencor y la envidia.

    Es totalmente inmune al pasar de los años,

    ni el tiempo puede herirla

    con su latido lento,

    si plasma certidumbres,

    aventa sentimientos

    y el testimonio inquieto de su época refleja.

    La palabra es la forma

    que en la boca,

    en la pluma,

    quedará si limpiamos

    de la piedra sobrante que es el miedo a expresarnos,

    el libre pensamiento.

    ————————————————————————————————————————————–

    Tu parte más sensible.

    Victor F. Mallada
    Me dan escalofríos al pensar en su bagajede ayes estremecidos,

    tránsito de Venus por entre las edelweiss

    de un bosque en el deshielo.
    Allí estás, en medio del diluvio, de pie,como una diosa inesperada,

    labios de lapislázuli, temblando al son

    de tu pura desnudez.
    Tu parte más sensible tremendamente expuesta,por eso encoges algo los hombros

    cuando te fijas en el reloj de arena

    que gotea impertérrito promesas por cumplir.
    No tocas la espita del rojo porque no quieresmancillar tu piel en ese instante,

    mientras, en el recuadro de tu ventana,

    dibuja el mensajero de alas fijas

    una estela blanca de incertidumbres.
    Al fin, resuelta, dejas que el agua heladate recorra la espalda mientras suspiras

    por una mano amiga que te sostenga el beso

    abrazador de una toalla.

    ————————————————————————————————————————————–

    Espejo rojo.

    Ricardo Serna G.

    Después de tantas muertes trágicas consecuencia de la delincuencia, las palabras brotan como sangre en un espejo
    Contra lo injusto se enciende la tristeza
    y el árbol que no marcha con reloj
    de vida, de vida que con soledad
    se viste-voz y aliento-, sufre
    con ojos de amargura, olor de raíces
    que surgen con corazón de presagios de botella y mensaje:
    despierto hay que estar para cubrir tu humilde vestido,

    la lámpara apagada manchada de sangre,
    mirar lo que nadie, mirar en ti los labios sin brillo,
    el agua que buscará a ciegas una menuda luz que no existe;
    los pensamientos cerrarán los ojos sin regalar desdicha
    ni la ternura con aire de espanto,
    ni la voz, ni tu cuerpo separado desde los pies hasta la nuca.
    Contra la maldad se enciende el corazón amenazado
    y una imagen clara brota como flor de lejanía
    dejando entre sus brazos sueños heridos,
    juventud sin escudo, pétalos desnudos

    esperando su más ávido recuerdo
    y sus silencios, sus silencios no son correspondidos:
    despierto hay que estar para cubrir tu vestido,
    la memoria de abandono y oídos sordos,
    muriendo, el cuerpo amargamente maltratado,
    la traición huyendo de las sombras de lo humano;
    los pensamientos cerrarán los ojos que se esconden,
    que nunca sabrán de las joyas que no lloran,
    que no recibirán cartas de consuelo
    ni secretos que aclaren las respuestas,
    ni su belleza romperá la gruesa pared de la indiferencia.
    Contra el espejo rojo sólo la luz del milagro, tu escalera
    y el rostro de la palabra en lluvia de plegaria.

    ————————————————————————————————————————————–

    EN ESTE FRÍO DE PIES INCANDESCENTES, TÚ.

    Renán Mongue (Gerardo Mont)

    (a mi esposa)

     

    En este frío de pies incandescentesque consumen mis caminos, tú.
    En mi sequía de horizontes, tú,

    con la voz de los remansos

    y los peces que ululan en los libros

    y en los dedos que tiemblan

    en la música los nombres.

     

    En este frío de pies incandescentes

    y dioses del vacío dictándome los miedos, tú.
    Tú, los humedales,

    las islas en la nada de los náufragos

    de mis labios resignados a sus peros.
    Tú, forjando una cabaña frente al lago

    de mis crónicas cenizas,

    componiendo de mi arritmia

    la balada del segundo,

    sucediendo en mis ojos desahuciados

    como hormigas con el pan para el invierno…
    A veces, sin embargo,

    sólo una hoguera en la memoria de ese invierno;

    pero siempre –excluyendo estos paréntesis–

    otra perspectiva

    sin orillas que incriminen nuestros pasos.
    Yo, a veces el exánime,

    que se oculta entre lo que fue bajo la nieve,

    –un cubo sin pendientes en los ojos–

    negociando con la muerte nuevas clausulas,

    pero siempre el niño–excluyendo sociedades que subyacen– ,

    amamantado por los cuerpos que se funden

    ………………………—–.estrenando

    ……………………….……………………….nacimientos.

    Mujer de fuego.

    Jose Junco

    Para mi hija.

    Ahora esa muchacha de intenso pelo negro

    que como quien dice hasta no más ayer se columpiaba,

    hablaba de la música y buscaba amigos por la frente,

    por los rincones de las discotecas, por los labios,

    por la sangre buscaba amigos la muchacha,

    por los secretos de los ojos y otros lugares raros

    buscaba la muchacha indefinida amigos,

    es sílice que fluye del centro de la tierra,

    es una chimenea por donde se desbordan

    sin miedo y sin prejuicios el hierro y el magnesio,

    es magma que acelera e irrumpe por el cráter.

    Ah, cuando una muchacha irrumpe, cuando irrumpe

    de veras, como avanzan los siglos y se ponen

    azules los caballos y se alegran los niños sin refugio,

    y el espacio se amplía por metros y kilómetros de fuego,

    una muchacha quema el aire putrefacto con su fuego de añil

    desde lo hondo, desde lo más oscuro, desde el centro

    cordial donde se juntan la base de los sueños con la altura,

    donde se dan la mano ríos de lava interminable,

    y el cráter se les queda pequeñito y abunda por los lados,

    y no hay manera humana, ni muerte, ni cadenas

    para aplacar la fuerza primitiva que irradia sin ambages

    a terrenos de luz desconocidos, a edificios de acero

    indestructible, como ese pelo azabache que se enciende

    de pronto y algunos corren despavoridos hacia el valle

    mientras las fumarolas hallan cauce en los ojos de la muchacha

    feliz que desespera, y quién no desespera en una noche así,

    y los puntos calientes encuentran proyección en los brazos

    extendidos de la muchacha, en sus dedos de amianto,

    en su espalda de oro que porta un desafío sin banderas,

    en los rocosos muslos de la muchacha donde los piroclastos

    ensayan para luego un parto horizontal sin condiciones,

    una nueva estrategia de enfrentarnos al hecho de estar vivos,

    otra manera de entregar los frutos que nacen imparables

    del fondo más profundo de la joven del fuego

    que es ya montaña, arriba, inexpugnable,

    rematada por ese pelo negro cubierto de basaltos y cenizas

    Ahora esa muchacha es una revolución en marcha,

    el comienzo de un hito que nadie sabe ni cómo acabará,

    ni qué parte del mar se va a quedar ardiendo para siempre.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Selección de poemas del foro Alaire

    WETLAND

    Espero que mi cordura cubra el costo
    para remover la mancha de mi amor.
    (Damién Rice)

    Una gota minúscula (lo llamarás deseo)

    sobre el párpado oculto de mi frente. Ni esperanza
    ni puerta de naufragio
    (pero tú, laberinto, todo lo distorsionas y perjuras)
    cae ciega, silenciándose cómo

    palabra que no admite
    lo que en verdad sabía del amor:
    habrá que hacer un alto, rediseñar la flota de quimeras, aventurarse
    al centro de la lágrima:

    Tuya y falaz. Escrita a contrabando. Sucia. Sola.

    Bastará con un soplo de cordura, o un desnudo poema de lamentos y otra gota
    arraigada
    a la mala costumbre  de besar  por la espalda  replegará su hambre

    para acechar los sueños (donde brotas desquicias
    y reduces el ojo pueril de mi tormenta).Habrá que hacer un alto
    en los ahogos, redelinear el mapa de ternuras , desconocer el puerto:
    tu mutismo y mi llanto.

    Salvarme restañando la evidencia.

    Viví Massares

    ———

    EL CUERVO

    Más tarde, sucedieron los desastres naturales.

    Terremotos que dejaron inservible la escala de Richter
    sacudieron el armazón de las últimas ciudades en vela,
    donde hileras de voraces refugiados disputaban a tremendas fieras
    las sobras de la catástrofe.

    Por tanto,
    aconteció el final de la hermosura con un hondo suspiro de besos atrofiados.
    La última princesa reclinó su espléndida figura en un altar de escombros,
    los héroes cargaron con sus cruces
    y los malvados vieron la luz en un charco de sangre.

    Cualquier amanecer tuvo su cuervo, su bestia negra sobre fondo azul,
    su antítesis desagradable.

    Subió a los cielos la belleza, ascendió en su ataúd, oro y marfil,
    vaporosa como una inclinación al tedio, como una discusión finalizada,
    y dejó en su lugar una franja de silencio,
    un violento deseo de inmovilidad.

    La fuerza universal de los acontecimientos volcó sobre el futuro
    un número infinito de desgracias.

    En todas sus vertientes, el vértigo sustituyó al equilibrio,
    colosales caídas hicieron temblar los cimientos de las civilizaciones,
    dios abandonó sus diferentes tronos con un rabioso movimiento herético,
    rasgó la niebla un vigoroso estruendo y, de la nuda sombra,
    surgieron mil volcanes que sepultaron siglos de memoria y arte.

     

    Esteban Granado

    ————–

    DE UN MOMENTO A OTRO

    La vida, si te fijas,

    es paulatinamente
    un pensamiento incómodo;
    ese ir y volver de un silencio heredado,
    el lento alejamiento de un destino
    por las ramas crecientes de los árboles.

    La vida solo ocurre algunas veces,
    el resto es otra cosa. Son borrachos de noche
    que regresan hasta encontrar su almohada,
    que tienen una lengua envejecida.
    Me pregunto por ella,
    esa orilla del mundo, que se acaba,
    sobre las tapas duras de los libros.

    Cada palabra chisca
    como el viento sonámbulo del tiempo,
    y es largo el recorrido de sus lunas,
    y son largas las calles
    al grito de sus pasos.

    Miradas apretadas con las manos,
    como aquel equilibrio
    que se quedó encerrado,
    buscando un equinoccio
    por dentro de tu abrazo.

    Manuel Sánchez

    ———————

    TRES DE NOVIEMBRE

    No digas tonterías,

    te dije que la edad es un milagro,
    no vengas con remilgos ni pienses que el ciempiés no quiere botas,
    ¿ prefieres ser licántropo en lunas tan vacías ?

    Ahora… a los taitantos, te queda descubrir
    que hay ojos de domingos, conejos con chistera,
    chisteras con palomas, hormigas paseando
    – si quieren –
    barrigas de los novios jugando a las manitas,
    luciernagas a oscuras y curas sin tonsura
    -arriba-
    en la cuneta que ajusta los cabellos.

    ¿ No ves que todo es magia ?

    Por hoy, por un momento, por todos los segundos,
    los siglos de los siglos… haz hueco a Peter Pan y
    ven..
    … donde Nunca Jamás entiende de bolillos y rocas en escorzo
    (abur a Campanilla, es tonta y muy chismosa )

    Lucas, es sólo una propuesta, dejemos que los dientes
    se rían en los vasos que tienen las mesillas
    que dícen son de noche y yo

    pinto del día de hoy, tres de noviembre.

    Concha Vidal

    ——–

    POLICROMÍAS

    Vino el alba. El vértigo

    del cielo tornóse azul de Indias,
    llamarada. Florecía el árbol del coral
    en las aceras. Huía
    un pájaro de súbito, de pluma fina.
    El aire se regodeaba en la piel
    y el equinoccio aventábase
    en el ojo del corazón
    como un tornado de jade. Salí.
    Las calles ardían en vivo ensimismadas
    en natural ausencia.
    Nadie reparó en mí. Entré.
    Desayunaban todos. Me sonreía
    mi amor. Pero por las paredes,
    de vanguardia cuadros,
    se iban depositando las sombras
    de la absurdidez. Cuán breve todo. Cuán cruel.
    Sin embargo, cerré los ojos, y seguí.

    Julio Bonal

    ——–

    VOSOTROS, LOS DE ENTONCES

    Vosotros, los de entonces, nunca sereis los mismos.

    Ya no tenéis la chispa de los piratas del Caribe ni el aplomo de Bogart.
    Y es que no basta haber tenido celos
    de una Françoise Sagan con tristezas proustianas
    ni haber hecho el amor de espaldas a Pigalle para exigir respeto.
    Vosotros, los de entonces,
    sobrevivientes trepas de noches maldormidas
    amables pigmaliones de alcobas de arrabal
    rebeldes insurrectos de un orden primigenio,
    ya no sois los de antes
    Podría deciros que ya no os asiste la gracia de otros tiempos
    y resulta hasta pueril vuestra actitud altiva.
    Ya veis, nosotros,
    los de ahora,
    a falta de demiurgos taoístas
    y geishas de salón
    trenzamos la estrategia del desfalco
    y hasta sin ir más lejos
    yo mismo me he apropiado los versos de Prevert.
    Pero esto no es decente en estos años.
    Sucede que hoy en día nos dormimos con cantos de sirenas
    y una sopa de letras imposibles en sucesión confusa,
    que inventamos princesas populares
    que lloran y se mueren a golpe de hip hop
    y aunque no sea lo mismo, a cambio
    gozamos de otras señas….
    de sueños inalámbricos y dioses de diseño.

    Vosotros, los de entonces, creed lo que os digo,
    nunca seréis los mismos
    si acaso el último jalón de un vodevil profano
    que agoniza
    entre cuatro paredes tristes
    de un ático art decó con vistas a la jungla.

    Vicente Fernández Cortés

    ——–

    PORVENIR

    Anhelo de vaticinios, la mañana.
    Con todos mis andares
    hoy te espero,
    detrás de las barandas del olvido;
    no dejes que crezca
    el abismo que interpones a tu sed,
    ciega enredadera.
    Sé total:
    No cicatrizará la llama del encuentro,
    por él tú sueñas como yo subsisto,
    tú tiemblas mientras te recorro,
    tú balbuceas cuando ya yo canto,
    y en fila, como gotas de un sudor de albricias,
    por nuestras pieles pasan las quimeras
    de no dejar al azar ya descubierto
    y con una daga en el pecho a la mañana.
    No hay porvenir que intentar
    si tú no acudes,
    y postulas y plantas con tu beso
    el augurio inequívoco del aire.

    Ronald Bonilla

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El entierro de Herminio

    Una mañana de Agosto después de soportar la tediosa misa de difuntos –que por costumbre de mi familia se celebra a los seis meses de un fallecimiento, en la iglesia parroquial situada sobre una pequeña colina en el medio del valle– mi marido y yo, alejándonos de la concurrencia, que centró su atención en el cementerio, nos acercamos al murete que lo rodea para contemplar la bellísima vista que a nuestros ojos se mostraba. Los oblicuos rayos del sol atravesaban la limpia y todavía fresca atmósfera para acariciar con vehemencia la superficie de la tierra, engalanando la vegetación de colores festivos; incluso los trasquilados alisos que acompañan al pequeño Río Verde, nos parecían distintos. El silencio era absoluto sosegado y placentero.

    De pronto, avisté a lo lejos la casa de mis padres con su tejado de color chocolate y su gran terraza abierta a la altura del primer piso que se prolonga un buen trecho hacia el sur, también distinguía la pequeña cancela que da paso a un camino corto y recto a través del jardín flanqueado por adelfas, y a unos cuarenta metros hacia la izquierda de ésta, la gran puerta corredera de dos hojas que da paso a un camino asfaltado por donde suben los coches para aparcar en el lado izquierdo de la casa, ya que desde allí también se puede acceder al interior por la puerta de poniente, atravesando un pequeño bosque de acebos y viejos robles, que dan esa sombra tan codiciada en las tardes de verano, y que si miramos directamente tumbados panza arriba, nos permite jugar con las figuras irisadas que hacemos con los ojos medio cerrados, cuando dejan pasar por entre sus hojas a los rayos de sol en su cenit ¡Qué sensación más extraña mirarla de lejos! Busco el viejo magnolio, y al adivinarlo luciendo sus blancas flores, recuerdo a mi tío Herminio, un solterón misántropo, fanático religioso, que después de una longeva e infructuosa vida, murió un día de febrero a una hora en la que todavía la escarcha entiesaba las hojas de los tojos.

    Fueron mis padres los que se ocuparon de los trámites del entierro. En el “cónclave” de familia se decidió que el velatorio se celebraría en casa, y con tal fin se preparó con ayuda de la funeraria “Amigos de lo Eterno”, una habitación en la planta baja. La mañana fue avanzando sin apenas darnos cuenta, mientras que el intenso frío iba retrocediendo para dar paso a un mediodía claro donde las nubes, unas blancas y otras grises corrían espantadas llevando el alma de mi tío, ora hacia el norte, ora hacia el sur, y de pronto amontonadas, se detenían sobre la montaña que rodeaba el valle y finalmente empujadas por un fuerte viento tomaban el camino del cielo, por él… tan deseado.
    Mientras tanto, mi hermana Julia llamaba por teléfono a los familiares para comunicarles el deceso; Luisa, mi otra hermana, recibía las condolencias de los vecinos más cercanos y mi padre hablaba con D. Agustín, el párroco, acerca de la hora más conveniente para la celebración del entierro; puesto que las autoridades acababan de recordarnos a través de los medios de comunicación, algunas medidas de prudencia a tener en cuenta por la ciudadanía ante el gran vendaval que se esperaba para esa noche y jornada siguiente. Ante tales previsiones, la familia decidió que la misa de funeral se celebraría a las once de la mañana y finalizada ésta, el entierro.

    Llegadas ya las tres de la tarde, nos dispusimos a comer las viandas que mi madre –mujer esforzada– había preparado entre rezos y sollozos. Nos sentamos todos a la mesa en silencio; un largo vacío que la fatiga y la conmiseración nos imprimían. Así permanecimos durante toda la comida; un golpe corto, rápido y fuerte de la persiana contra los cristales puso fin a nuestros pensamientos, por lo que me sentí repentinamente muy angustiada y corrí hacia la ventana. El día había cambiado. Soplaba un viento huracanado, y el cielo, antes de una inquietante claridad, se había vuelto de un gris azulado. Se podían ver las hojas del circunspecto magnolio del jardín moviéndose enfebrecidas, y plantas y arbustos, como bailarinas de ballet, se balanceaban hasta el suelo para levantarse y repetir el mismo paso hacia el otro lado, tan rápido que me resultaba difícil seguirlas con los ojos. Me separé de la ventana con un cierto desasosiego; estábamos inmersos en un fuerte vendaval. Pero a pesar de todo teníamos que recoger la cocina, y, como costumbre muy arraigada en estas vicisitudes, preparar unos “tente en pie”, colocar sobre la mesa del comedor los pocillos para el café, y en la sala, para el buen goce de los hombres durante la noche, las copas, las botellas de coñac y el aguardiente.

    La primera en llegar a casa fue mi prima abuela Ángela. Caminaba con resolución a través del jardín con su bastón en la mano derecha y el gorro de lana en la izquierda, la cabeza gacha, labios fruncidos y el cabello revuelto apuntando a todos los lados como atraído por una fuerza cósmica. Una hora después, la casa se abarrotaba de familiares y de amigos, se formaban y rompían grupos, las mujeres mayores hablaban del tiempo, los hombres, de sus negocios y preocupaciones habituales en ellos, excepto mi primo Luis, que le estaba contando a su interlocutor, el medio que él encontró, dice, para joder a esos “hijos de puta” de los tres poderes. Con esas y otras distracciones y sin hacerle mucho caso al vendaval, la tarde fue transcurriendo, dejando paso a la noche. Las visitas se iban marchando poco a poco, huyendo del desastre que se avecinaba. Nosotros, ya más sosegados, acompañados del resto de la familia nos reunimos en el comedor para cenar. Por costumbre, antes de sentarme a la mesa, me acerqué a la ventana para observar la noche estrellada y repasar en la distancia infinita cada uno de las constelaciones: el cinturón de Orión, las Osas… cosa imposible; fuera la negritud era total, como la de un profundo pozo.

    Sobre las nueve de la noche, un viento frío doblemente encrespado, después de ordeñar el agua de las nubes, lanzaba las gotas como flechas sobre todo lo que encontraba a su paso. Nosotros escuchábamos como se clavaban en el tejado, ventanas y persianas. Las ramas desnudas del roble azotaban las tejas de la parte de atrás con una fiereza desmesurada. El viento no daba tregua. Muy preocupados, abandonamos la habitación del difunto y nos reunimos en la sala. Poco después quedamos sin luz eléctrica, y no la volvimos a tener hasta el día siguiente; a tientas, mi padre consiguió llegar hasta el difunto para coger uno de los cuatro cirios que le alumbraban. Con él buscamos las velas que teníamos en casa, incluso las que mi madre utilizaba de adorno; las encendimos todas. La pesadilla aún no había comenzado. Empezamos a escuchar el chirrido de la cancela pequeña, el sonido lastimero de los árboles que querían dejar sus ataduras, de las ramas que se partían y arrastradas por el viento golpeaban contra elementos más sólidos, para seguir adelante y repetir el golpe, El roble ya no azotaba las tejas sino que las arrancaban. En medio de todo este desastre, de repente, escuchamos un nervioso y chirriante claxon, rápidamente nos acercamos a la ventana y vimos un taxi entrando por la puerta corredera, después de aparcar, salió el conductor, que agarrándose fuertemente al vehículo, se dirigía a abrir la puerta lateral trasera por la que emergieron dos monjas dominicas, amigas del finado; su hábito blanco se abría como un paraguas, fueron levantadas del suelo unos centímetros y desplazadas en volandas como peonzas acrobáticas a merced del viento, que las llevaba y las traía de arriba para abajo. Las desdichadas gritaban enloquecidas. Los velos negros de sus cabezas siguieron el camino del viento. Nosotros, mirando desde casa las dimos por perdidas, de ninguna manera podíamos socorrerlas. Quizá, por sus buenas obras, el viento les concedió unos segundos de tregua, suficientes para agarrarse a la tierra y entrar en casas a cuatro patas, descompuestas y aterrorizadas. El taxista, como pudo, dio la vuelta y no supimos más de él. Las religiosas parecieron recuperar la vida después de tomar una taza de café con leche muy caliente y de rezar un rosario para dar gracias .

    Los minutos, las horas y las velas se iban consumiendo. Nos olvidamos del cadáver y nos reunimos en la sala, donde permanecimos en un silencio desamparado. Yo cerré los ojos y me entretuve tratando de asociar con más minuciosidad los ruidos provenientes del exterior con los objetos que los causaban. El primero que llamó mi atención por su persistencia, era un sonido rasposo, metálico y destemplado que se arrastraba desde el punto donde se oía muy intensamente, iba menguando hasta otro punto más lejano desde donde regresaba para volver al comienzo y repetirse. Así permanecí algunos minutos, hasta recordar que en la terraza estaban unas sillas atadas con una cadena. El segundo ruido que traté de reconocer era muy distinto, parecía provenir de la tierra; era ahogado y bisbiseante, como si miles de pequeños cuerpos bajo las entrañas de la tierra tratasen de sujetar algo. No recuerdo haberlo identificado. Me quedé dormida.
    Los nueve tañidos del reloj de pared me despertaron desapaciblemente. No llovía, pero se podía sentir como las exaltadas ráfagas de viento empujaban el aire húmedo y frío. Al incorporarme me encontré con los ojos de mi padre, hundidos y enrojecidos, que me observaban desde el sillón de enfrente con una mirada perpleja. Me levanté para sentarme en sus rodillas. Le abracé. Le acaricié los cabellos y fui percibiendo como iba recuperando la confianza que le caracterizaba, esa certidumbre que da la seguridad en uno mismo, no por vanidad sino por el correcto juicio en sus decisiones. Los cirios que guardaban el cadáver y todas las velas de la casa se habían consumido, solo la chimenea del salón y la cocina de leña daban el suficiente calor y un poco de luz. Escuché voces en la cocina y supuse que el resto de la gente estaría allí. Al dirigirme de la sala a la cocina pasé junto a una ventana y miré al exterior. Un estupor enajenado me detuvo; al viejo magnolio le habían mutilado muchas de sus ramas y lo mismo le había ocurrido a las camelias; el pequeño tejo piramidal yacía arrancado mostrando sus raíces, la tierra que lo rodeaba estaba amontonada como prueba irrefutable de su lucha con el viento; las adelfas que se quedaron, las veía destrozadas y tiradas en el suelo; la cancela pequeña ya no chirriaba, también había desaparecido. No se veía gente, ni coches circulando. El viento seguía sin dar tregua. No quise ver más y apoyada en mi padre pude llegar a la cocina. Todos estaban allí, nueve personas alrededor de la lumbre, y nos unimos a ellas. Conversaban en grupos, a los de más edad les preocupaba el entierro y razonaban acerca de las distintas formas de llevar el cadáver al cementerio, puesto que se estaba acercando la hora y por allí no aparecía, ni el sacerdote, ni la funeraria, ni ser humano alguno. Los más jóvenes cambiaban de tema muy rápido. Todos querían hablar excepto mi hermana Luisa que por carácter es callada y reservada: Asiente y aguanta todo, hasta que se cansa, se pone nerviosa y en ese momento te las lanza a la cara. Me uní a este grupo en el momento que mi otra hermana nos relataba el entierro de su suegra; hablaba mirando sus manos, y ladeaba la cabeza de derecha a izquierda pero sin levantarla, solamente movía los ojos en todas las direcciones, como los pájaros. Yo, a menudo, interrumpía la conversación para decir algo que se me ocurría en ese momento, sin relación con lo que se hablaba, por fastidiar o quizás por apatía. A las diez y media entró por la puerta corredera el coche fúnebre conducido por el dueño de la funeraria. Después de aparcar lo más cerca de la puerta de poniente, y tras su lucha con el viento y la lluvia le costó entrar en casa a pesar de ser un hombre joven alto y fuerte.

    Tras intercambiar los pésames acostumbrados, los hombres comenzaron la tarea de cargar el féretro solo, sin coronas ni ramilletes de flores. Mi madre lloraba inconsolablemente y musitaba entre hipos:
    –Llevar así un cadáver ¡Es como si lo tirásemos a una cuneta! ¡Como en la guerra civil, sin cura para enterrarlo!.

    Salieron de la casa dos coches y cinco hombres. Corrí al piso de arriba y haciendo uso de unos prismáticos veía avanzar despacio la comitiva, zarandeada por las fuertes ráfagas de viento, que por momentos se detenía para volver a recorrer unos metros más, y así hasta que finalmente llegaron al cementerio. El pequeño muro que lo rodea me impedía ver más. Me tendía en la cama, y esperé.

    Al regreso, mi padre nos contó que a pesar del apresuramiento causado por los nervios, lo que allí vio le sobrecogió terriblemente el ánimo. Con el paso de los años, y ya lejos la seriedad circunspecta correspondiente al entierro familiar, mis hermanas y yo recordábamos el relato de mi padre como una dosis de humor negro que nos hacía partir de risa, este que sigue fue lo que él nos contó:
    La cruz del campanario de la iglesia colgaba misteriosamente de un hilo de metal. Había tejas esparcidas y rotas por doquier. Las lápidas, unas de granito, otras de mármol, rotas o enteras, ya no daban nombre a los allí enterrados; afirmaba de manera vehemente, sentir que allí soplaba un aire sobrenatural de terror. Entre cuatro hombres sacaron el ataúd del coche lo más rápido que pudieron, corriendo con él a través del cementerio, pisando tumbas y esquivando los pocos cipreses que sujetados por sus raíces se resistían a abandonar su lugar, pero que a cada ráfaga de viento se estremecían embriagados de terror. Cuando llegaron a su destino lanzaron el ataúd adentro del nicho, lo cerraron rápidamente con una losa sin cementar y sin mirar atrás salieron del cementerio. Con premura y prudencia intentaron llegar a casa. Escuchando el relato de mi padre recordé unos versos del poeta orensano José Luis Valente: “Mas todo estaba consumado. Huyó la poesía del ataúd y el cetro….”

    Por la tarde cesó el vendaval y regresé con mi marido a Viveiro. Me prometí olvidar esos días de negros vientos apocalípticos, pero sé que no podré lograrlo, porque mi memoria se agarra a estos recuerdos con la firmeza de un ancla que fondea al navío en el océano interminable.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Antonio Vega, Semillas de poesía

    En su obituario de Antonio Vega, Agustín Fernández Mallo decía que ningún otro autor musical había influido tanto en su formación como poeta. Cuando lo leí, no pude evitar pensar en mí mismo con veinte años, allá por finales de los ochenta, dándole algunas vueltas a un sorprendente decasílabo que burbujeaba en su canción Vidas agridulces: la cuerda floja como un altar. Tal vez sería esta metáfora una de las primeras combinaciones que inyectaron en mi cabeza una durable afición por los juegos con palabras. En aquella época no conocí a nadie que leyera a Juan Ramón, ni siquiera a Bukowski, pero todos había escuchado a Police y Dire Straits, y los más espabilados hablaban de Joy Division y de los Smiths con los ojos en blanco.

    Antonio Vega era otro rollo. Era como el vecino de arriba o el hermano mayor que tocaba la guitarra. No era necesario saber Inglés para entenderle. Sus divagaciones entre la Física y la emoción -que inspiraron el entramado Postpoesía de F. Mallo- flotaban a años luz de las provocaciones punkies, cada vez menos graciosas, de muchos colegas de generación. En aquella época en la que todos necesitaban oír gritos y gritarlos, algunos triunfaron con tres o cuatro acordes de rabieta adolescente. Antonio no. Antonio cuidaba, pulía, lustraba sus textos, para situarlos a la altura de su extraño talento como compositor y su virtuosismo a la guitarra, que comenzaba a desplegarse. Por aquel entonces practicaba ya los recursos que mejor resultado le dieron: la emoción estética ante el Universo Físico en Una décima de segundo (¡en plena era postpunk!); el intimismo de Chica de ayer (¡en plena era postpunk!); la expresión dolida de una personalidad con dificultades de adaptación social en canciones como Tragaluz, Lo que tú y yo sabemos o la prodigiosa Lucha de Gigantes; y mi preferido: la yuxtaposición de contrarios ensamblados con lógica poética. Mil caras que estudiar/ mil caras que olvidar, mar bandeja de plata / mar infernal, no me canso nunca de hablar / porque vivo en el silencio más total, una historia que es a veces mentira / y otras no es verdad…

    Tras la disolución de Nacha Pop, Antonio Vega decide acabar y empezar siglo madurando correctamente, como no podía ordenar menos su talentoso criterio. Esto, que debería entenderse como algo normal, no lo es en absoluto si hablamos de estrellas de rock. Deja a un lado el sonido de la banda y ensaya soluciones más acústicas, demostrando en esa época un dominio de las guitarras al alcance de muy pocos. Al mismo tiempo afila su sobresaliente intimismo, pariendo letras de muchos quilates como Tesoros, Se dejaba llevar, Estaciones, Tuve que correr, Háblame a los ojos, El sitio de mi recreo…

    A los que no conozcan su obra les propongo el texto de esta última como ejemplo de su lirismo:

    Donde nos llevó la imaginación,
    donde con los ojos cerrados
    se divisan infinitos campos;
    donde se creó la primera luz,
    germinó la semilla del cielo azul,
    volveré a ese lugar
    donde nací.

    De sol, espiga y deseo
    son sus manos en mi pelo,
    de nieve, huracán y abismos,
    el sitio de mi recreo.

    Viento que en su murmullo parece hablar
    mueve el mundo y con gracia la ves bailar,
    y con él el escenario de mi hogar.

     

    Mar, bandeja de plata, mar infernal
    es su temperamento natural,
    poco o nada cuesta
    ser uno más.
    De sol, espiga y deseo
    son sus manos en mi pelo,
    de nieve, huracán y abismos,
    el sitio de mi recreo.

     

    Silencio, brisa y cordura
    dan aliento a mi locura,
    hay nieve, hay fuego, hay deseo,
    allí donde me recreo.
    Mucho se ha especulado sobre el significado de esta canción. El lugar de juegos de la infancia tiene mucho que ver; hablan también de una casa en Valencia donde solía descansar, unos campos en Soria que gustaba de visitar… Antonio Vega nunca explicó claramente qué lugar era el sitio de mi recreo, sin duda para no cortar las alas de la interpretación personal que cada oyente pudiera darle. Así que yo voy a dar la mía. El sitio de mi recreo es ese momento mágico que le pertenece a cada uno y a nadie más, cuando de repente, leyendo un párrafo o un verso, o escuchando Tuve que correr en el coche, las palabras adquieren mil significados diferentes que explican tu vida, y es como si te lijaran las mejillas por dentro o te taladrasen la memoria.

    Antonio Vega sabía provocar muy bien esa emoción y no es por ello extraño que su obra resulte semilla de poesía, ni es extraño que en su biografía autorizada Mis cuatro estaciones, de Juan Bosco, dejara patente su afición por las letras y declarara que le encantaban los sonetos (¡en plena era posmoderna!) o que pusiera música al soneto LXVI de Neruda y A trabajos forzados de Antonio Gala.

    Tal vez algunos aficionados a la poesía de hoy en día seamos antonios frustrados, con insuficiente valor o habilidades sociales para formar una banda, salir de gira y tener un amor en cada plaza, resignados por tanto al silencio de la hoja.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El ritual

    El remero estaba condenado por los dioses a remar por toda la eternidad. En algunos momentos de esos ciclos eternos, bajaba un ángel que le traía un fruto para saciar su sed, ya que remar lo martirizaba. Faltaba un ciclo para que se cumpliera la promesa de los dioses. El mar estaba tempestuoso, a su derredor flotaban peces muertos, que olían a putrefacción. El remero sudaba y miraba unos pájaros como mitológicos. Veía como unas víboras que cruzaban al costado de un islote.

    El remero estaba expectante cuando bajaría el ángel de luz penetrante, para iluminar las tinieblas de ese infierno. De pronto los cielos comenzaron a oscurecer, el mar se puso con un azul intenso, y las aves espantadas volaron en bandada, el remero espero, dejo de remar, sabía que el canto de las sirenas eran la anunciación del ángel, del ritual al anochecer, era un ciclo en ese período donde una bendición caía sobre el remero.

    Los colores de los peces fluían y desde el cosmos todo era relámpagos. En el cielo aparecieron imágenes de minotauros y el ángel bajó, cumpliría con la orden de los dioses. En sus manos tenía una fruta brillante como una estrella, era el alimento santo para sanar las heridas del remero. Caían rayos en el mar, tronaba. El ángel se sentó en un altar de madera e inició el ritual. Gritó:

    Dioses, beberé del fruto y de esta copa mágica.

    Y bebió la copa, el cielo se estremeció.

    Luego gritó:

    Dioses, este sacrificio santo será para saciar el tormento del remero eterno, convoco a las fuerzas del universo para santidad de este sacrificio estelar.

    Y comió hasta saciar su sed

    El remero se dirigió al altar y con sus manos tocó el fruto, su corazón latía se estremecía a cada instante. El ángel se tornó en forma de mujer y comenzó a besar al remero, lo rozaba con sus labios. Luego le daba de comer del fruto y le decía al oído

    No sufras por tus tormentos en este mar infinito, sacia tu sed con mi boca

    Le hablaba y lo mordía, luego le daba de comer del fruto.

    El ser de luz tomo la punta de un cuchillo y lo hirió al remero y fue besándolo dejándole marcas en su cuerpo.

    Luego del ritual, volvió a ser hombre y gritó a los cielos:

    ¡ Que las fuerzas del universo glorifique este sacrificio consumado!

    Entonces el remero miró al ángel y  desapareció junto con una estela brillante.

    Entonces una lluvia sangrienta cayo al mar, y unas voces se escuchaban, desde lo alto. El remero comenzó a internarse en el mar, los pájaros salvajes lo seguían.

    Su cuerpo se llenó de un rocío. Poco a poco la eternidad fue llenando todo y el remero se dispuso a seguir entre el fantástico mar y sus islas llenas de criaturas monstruosas que lo seguirían torturando hasta la venida de otro ciclo donde el ángel bajaría otra vez para hacer el ritual. Y mil ecos monstruosos se escuchaban a lo lejos tras el paso del remero.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • El secreto

    Llegó el momento, el día, la hora, la hora nona, la hora de cenar, la hora de decir la verdad, alguna verdad, un poco de la verdad que nos aflige y atormenta; porque, verdaderamente, la verdad suele atormentarnos. Vamos a hablar de la poesía, vamos a contar mentiras, tralará… Bien, no mentiremos nada, la mentira es contraria al arte, el cacho del arte excluye los pedazos engañifosos de la mentira.
    Ocurre, simplemente (la cosa es simple, pequeñuelos, simple), que la poesía es el secreto (deberíamos subrayar esto, ennegrecerlo con negrita, cursivarlo, mayuscularlo, emascularlo…¡uy!, no, eso no, disculpen, que nos embalamos) y cuando se habla del secreto no se puede decir toda la verdad.
    Bien, hemos empezado con una potencia indiscutible nuestra perorata, quizás con demasiado énfasis hemos puesto los puntos sobre las íes, nos hemos dejado llevar por el entusiasmo de la revelación y hemos revelado algo.
    La gente habla de la poesía, Gombrowicz lo hace con saña, y todos lo hacen, todos los poetas y los dramaturgos y los novelistas (hasta Marías, si nos apuran, habla de la poesía con la familiaridad que se le supone a un superventas literario, es decir, sin tener ni remota idea de lo que dice). Todos manifiestan su particular opción, su opinión, su sentimentalismo, todos exhiben su conocimiento y se llenan la boca con la génesis del verso, se hacen los interesantes para acabar por reconocer que bueno, que es difícil dar una definición, que la poesía es el intangible, lo inefable, que no saben y que no contestan, en una palabra. Ah, y quedan bien, quedan como señores, que a ver  quién es el guapo que define ahí,  a ver quién lidia con ese miura descastado, a ver quién denomina, quién explica, quién bautiza a la niña de papá. Y la criaturita tiene ya unos cuantos siglos de edad, centurias de crecimiento, milenios de rodaje.
    La criatura, hoy, es un monstruo tremebundo que no hace mucha gracia, y todo porque la gente es cada vez más pofesional. Ni Gongorilla era tan profesional como Luna Miguel. Y para ser profesional hay que aprender el oficio, pero, ¿cómo se aprende el oficio de poeta?, ¿en qué academias se imparte el don?, ¿cómo te rebobinan para que vivas otra vida, otra niñez en la que te inflen a hostias, por ejemplo?
    Entonces, los poetas tienen sus referencias, esotéricas o mundanas, referencias por doquier, los clásicos que no falten, como los místicos, y los románticos y luego los revolucionarios, los malditos y los experimentados, los novísimos y el nuevo mester de juglaría. Una extraordinaria pila de nombres, una alineación invencible para cada míster. Esto es, que los poetas se leen entre sí, cuanto más contemporáneos, mejor. Yo te leo a ti, tú me lees a mí y a otros tropecientos mil igualitos que yo, y después leemos juntos a Cavafis, porque hay que leerlo, que los poetas tienen sus obligaciones.
    Pero, a la poesía, ha de llegarse sin querer, no queriendo. La poesía ha de ser el ente extraño, lo extraño que seduce, que sorprende. En las sucintas biografías que leemos de algunos nuevos valores, ya vienen diciendo que si a los siete años el niño o la niña escribían sus versos a los patitos del río, y siguen a los veintisiete, sin solución de continuidad, pero ahora prefieren los clítoris a las aves de corral. Hijos de parejas universitarias, de arquitectos y catedráticos, de escritores y traductores, que han respirado un ambiente artístico en su infancia, como Miguel Bosé, y han respondido con naturalidad a los estímulos de su entorno haciéndose artistas, poetas o estrellas de pop, que tanto da.
    A Gombrowicz, el poeta le parece ridículo, sus versos, ridículos, sus discusiones, ridículas, y ridícula la forma en que habla de sí y de su arte, más si lo hace en sus propias creaciones. En la diana, por supuesto. Porque la poesía, no seamos remilgados, tiene un componente de vergüenza ajena importante, es una ocupación bastante estúpida, por lo prescindible, y es una ocupación demasiado personal como para pasar desapercibida. No para ellos; nada ridículo y sí mucho de sublime en su titánica tarea juvenil (juveniles que cabalgan, aunque tengan sesenta años). Y los recitales. En su salsa, los tíos viejunos y las ninfas, en comandita, en su salsa barbacoda, hablando de Cavafis. Bohemios de una izquierda quinceeme, algunos con aspecto de andar todo el día drogados, otros en plan profesoral, rústico, campechano. Niñas sofisticadas que recitan engolando la voz y haciendo estúpidas pausas melodramáticas que se les han ocurrido a ellas solas. No se avergüenzan de nada, por el contrario, miran por encima del hombro, ningunean, desprecian a los observadores imparciales que ven en sus representaciones una forma del vacío, una niñería que desprestigia (más, si cabe) el verdadero oficio del poeta. Hoy, en pleno siglo veintiuno, en plena efervescencia tecnológica, los profesionales de la lírica reivindican la figura del juglar, el rollo juglaresco, con sus trajes de bolas incluidos. Y, hala, veinticuatro horas de recital, maratón poético, jornadas, conferencias, presentaciones de libros, ferias, acciones de calle en plan acción directa, pintadas ocurrentes.com (en los muros de facebook), asaltos poéticos a la intimidad de los transeúntes… Una sinfonía de actuaciones para dar a conocer ¿qué? Vale para hacerse los interesantes y los trascendentes, por lo demás, es una manifestación más de la cultura del espectáculo, el show-business de toda la vida. Pero, claro, si eres joven y has decidido que vas a vivir de ello, estás obligado a moverte, debes ser visto y oído, y leído, debes conseguir que se hable de ti a cualquier precio. Y, desgraciadamente, no todos son Miguel Hernández, casi ninguno lo es, uno entre un  millón.
    Es un modo de vida, su modo de vida jaleado por los medios de comunicación, que también están en el ajo, comen del mismo puchero, se retroalimentan. Luego, a través de sus amañados torneos, logran abrir una vía competitiva para su arte, una vía que les integra en sociedad (permitiendo, maquiavélicamente, sus despiadadas críticas al sistema del que participan tan ufanos) y les instala con comodidad en el eje de la maquinaria productiva; se acabaron los tiempos del poeta inadaptado, del excluido social, ahora, los niños de la poesía, siguiendo el ejemplo intachable de sus mayores, todo hay que decirlo, practican una suerte de superadaptación al medio, banalizando su obra de raíz, desacreditando inapelablemente su figura literaria.
    Que escriben todos igual y tanta elegancia cansa. No obstante, hay excepciones, existen grandes poetas que interactúan como el que más y no se pierden por las veredas luminosas del estrellato o los patéticos cauces de las terceras filas, pero constituyen una minoría insuficiente. La mayoría está en la competición, en el mercado, arañando votos como candidatos permanentes, en permanente campaña electoral. Tratan de controlar su imagen pública y se acostumbran a los flashes de las cámaras, destellos que invaden sus poemas y los uniformizan, los visten a todos con el mismo traje de fiesta. Puede distinguírseles por las ocurrencias, cada cual con las suyas, algunas muy… ocurrentes; el mismo traje de fiesta y cierta libertad para combinar los complementos, que si unos zapatos rojos, que si un collar, un reloj, una corbata de fantasía… Y todos tan felices, repitiendo a coro hasta la extenuación una retahíla de presuntas profundidades de la mente humana. La muerte, el amor, todo va por el fregadero con el destello del flash pegado al culo; todo tan original que termina por ser idéntico al original.
    Nosotros, muy humildemente, pensamos que a la poesía hay que llegar cenado, es decir, drogado, bebido y arrasado; no acertamos a imaginarla como vehículo para una vida turbulenta. Para nosotros, significa un remanso de paz, una familia que no espanta, un espacio para la contemplación, no para ser contemplados.
    Y qué manía de poner un altavoz a lo que debería susurrarse. Como decía un buen amigo nuestro, ¡qué preponderancia! Esta clase de recitalistas -que definitivamente son multitud- podría dedicarse a escribir verdaderas obras de teatro popular y a representarlas luego por los barrios de las ciudades de provincia, por los pueblos, ¡en contacto con el pueblo!. Ah, no, pero en un villorrio de quinientos habitantes no se firman contratos importantes, ni van a verte jóvenes diseñados por ordenador. Allí va a verte el agricultor, el pastor, el panadero, y a esos no se la das con trascendencias de cartón piedra ni afectaciones. ¿No necesitan al público?, ¿no añoran el calor humano, la comunicación in person? Ahí los tienen, expectantes, ansiosos por abandonar las reaccionarias series de televisión y entregarse en brazos de la cultura. Que les reciten primero a ellos y que vengan después, con lo aprendido, a conquistarnos a nosotros, que vengan luego a firmar los contratos de su vida.
    Pero en España tenemos una forma mafiosa, maliciosa de entendernos. Aquí solo existen la relaciones familiares. O se es de la familia, o no hay nada que hacer. En el exterior de la familia impera lo grotesco, lo que no interesa, se congelan las ideas. Y los poetas no son una excepción. El poeta busca una familia, un grupo con el que coincida en sus gustos literarios, en sus lecturas, su política; al final todos ven el mismo cine, leen lo mismo y escriben casi lo mismo, cada uno con sus talentosas ocurrencias a cuestas, con su estilín al hombro, por supuesto. Y las editoriales que nos venden siempre el mismo libro y nosotros que no nos enteramos. Ahora, ¿es bueno el libro?, ¿vale la pena?, porque si el libro vale la pena, vale la pena todo lo demás. Si el libro es bueno, si es un compendio, una suma, la epítome del verbo, entonces, nos tendríamos que dar la vuelta avergonzados de nuestra osadía, nos veríamos obligados a emprender una deshonrosa retirada, a retirarnos a nuestros cuarteles de invierno para intentar mejorar nuestra dialéctica. ¿Y si argüimos que no lo sabemos?, ¿que no nos consta?, que bien podríamos decirlo porque no hemos leído a Cavafis, entre otras cosas, pero sería una trampa, porque, aunque no hayamos leído a Cavafis, conocemos algo, una muestra -ignoramos si fielmente representativa- de la poesía que se hace en nuestro entorno inmediato, en el país, de los nuevos y los viejos valores… Leemos algo por aquí y algo por allá, en la web, en los periódicos, sin ir más lejos, participamos en el concurso de la página de crítica y contracrítica, y allí tuvimos la ocasión de echar un vistazo por encima a algunas voces interesantes, tampoco diríamos que subyugadoras, voces diversas más por la temática que por el estilo, aunque también se podían encontrar algunas propuestas experimentales o diferentes, algunas formas arriesgadas. Y no nos emocionaron demasiado. Nos emociona más Henry Roth hablando del problema (leemos “Un americano”, la culminación de la obra de Roth, un tipo que escribió una gran novela antes de los treinta y luego permaneció mudo hasta pasados los ochenta años de edad; el problema es el de la creación literaria).
    Resulta que la poesía puede ser muy peligrosa. Para el poeta, a menudo, la escritura presenta efectos terapéuticos, pues, verso mediante, saca de paseo a sus particulares monstruos, airea lo peor de sí mismo (porque recordemos que el poeta tiene que decir la verdad) y experimenta un cierto alivio al hacerlo, como cuando se le cuentan las penas a alguien que parece escuchar con atención. El lector, sin embargo, empatiza, comparte un sentimiento muchas veces dramático, casi siempre mucho más dramático que el suyo propio, chapotea y se hunde en una profundidad que le es ajena El poeta se ve abocado a escarbar sin piedad en el pozo negro de su conciencia y a hurgar en el de la conciencia colectiva.
    También la poesía puede celebrar, optimizar la realidad, es un hecho, pero para eso ya está la música pop; lo natural es que transite por sendas más apartadas, que frecuente las sombrías callejuelas de los barrios bajos más que las grandes avenidas tachonadas de neón. Esto explica que los poetas conformen el bloque más numeroso del público aficionado a la poesía, ya que solo ellos son capaces de abstraerse en la forma, de relativizar convenientemente lo que leen, en una palabra, de desdramatizar con propiedad.
    La solución para el poeta está en asumir una distancia irónica con su obra, que no haga huir de ella al lector no profesional. El buenismo no sirve para estructurar una obra; una poética del optimismo siempre será una poética falsa. Un libro de poesía nunca podrá ser un manual de autoayuda. Para alguien que padezca depresión, por ejemplo, antes recomendaríamos una novela de John Fante que un poemario de León Felipe.
    Además, cuando el poeta que no es un genio (y los genios no abundan) abusa de lo trascendente, cuando no se concede un respiro, suele desbarrar con fatal asiduidad, como es lógico, añadimos. Por eso, las poéticas de extrema juventud suelen defraudar, no aciertan a desprenderse de la grandiosidad inherente al descubrimiento del tesoro lírico y creen tener respuesta para las cuestiones primordiales.
    A tenor de lo que advierten los amigos Addison de Witt, el panorama de nuestras letras cursivas, del verso patrio, presenta tintes desoladores. Los instalados promocionan medianías juveniles para resituarse y afianzarse en el escalafón, pero, sobre todo, controlan el mensaje, con el fin, entre otros de dudosa honestidad, de impedir la denuncia de sus atropellos, valiéndose para ello de la impresionante nómina de certámenes que manejan a través de sus contactos políticos o económicos (editoriales). Ellos se lo comen y ellos se lo guisan y, mientras tanto, la auténtica poesía avanza en la red. Ya no pueden parar a los Batanias, los ciberactivistas, como Addison de Witt, las nuevas estrellas que abruman con encanto sus fuegos de artificio. Tienen la batalla perdida, y lo saben, y se encastillan en sus posiciones de privilegio, que todavía quedan pedazos de la tarta por repartir. Los pedazos del pastel, en tiempo de crisis, aguantan el tirón con extraordinaria placidez, permanecen fragantes y transferibles a una cuenta corriente cualquiera.
    También los instalados abucharan en la web, aunque su tufo oficialista, perceptible a gigabytes de distancia, les preceda. Hoy, los lectores de poesía se vuelcan en las páginas independientes huyendo de las propuestas rancias con olor a naftalina de los jóvenes (y viejóvenes) mejor situados.
    La red esconde joyas de incalculable valor, frente a las alhajas mal repartidas por los escaparates de las librerías, pero también se encuentra horriblemente preñada de zafiedad, lo que certifica su carácter democrático. De zafiedad y de conformismo; incluso a la escala ínfima de los foros poéticos, las minorías dirigentes conspiran de continuo para proteger su posición de preeminencia.
    Centenares de licenciados en filología inician sus prometedoras carreras en la cosa lírica. Los demás son llamados por los popes, despectivamente, autodidactas, ¡ah!, ¿y qué poeta no lo es? Ja, pero eso no les vale a ellos; a ellos les valen sus comentarios de texto, esos que estrujan las molleras de los universitarios, que se ven impelidos a establecer conexiones que nunca se les habrían pasado a los autores por la imaginación (y, si no, que se lo digan al anónimo del Cantar del Mío Cid). Todos hacen sus comentarios y aprueban las asignaturas, los mismos comentarios, las mismas asignaturas: una gran cultura, sin duda; conocen el lenguaje y pueden pasar a la siguiente fase, hacer magia con él. En estas, llega el palurdo autodidacta y comienza a escribir poesía, lejos de las referencias académicas, con sus propios referentes, hitos que no precisan de la cita constante para establecerse, sino que horadan el terreno con naturalidad, utilizan la azada con pericia para plantar sus flores imposibles, trabajadores del verso.
    El aspecto comercial de la poesía es bien desagradable. A todos nos gustaría ser Machado,… lo triste es que algunos se conforman con dar el pego a lo Elena Medel, ven ahí su meta. A todos nos encanta la pasta gansa, el dolce far niente, nos atrae la posibilidad de una vida consagrada al arte, sin preocupaciones laborales, porque para escribir se necesitan tiempo y tranquilidad, y ambas cosas pueden conseguirse con dinero. Ira Stigman, preludio de la beat generation, el alter ego de Roth, al que mencionamos antes, escribe una primera novela de cierto éxito, patrocinado por su amante, una señora bastante mayor que él a la que utiliza. Ira quiere vivir de la literatura, pero encalla en su segunda tentativa y, obnubilado, rompe con su mecenas y se lanza a lo desconocido en un desesperado intento por recuperar la inspiración; tiene tiempo, pero no dinero, es decir, no está tranquilo, tiene que buscarse la vida para salir adelante.
    Nosotros comprendemos esas aspiraciones, comprendemos a los que viven de ello y a los que lo pretenden. Entendemos que deben proteger su corralito, que deben construir una religión en torno a sus quehaceres, una secta, una organización cerrada y, a la vez, suficientemente abierta como para satisfacer su vocación de servicio público. Lo comprendemos, pero nos desagrada.
    Y el marketing. Si una obra es encumbrada por los medios de comunicación, tarde o temprano, su autor acabará siendo un superventas, como Reverte. Porque entre la masa culta no lectora del país, existe una facción importante que atiende sin rechistar al reclamo de la publicidad y compra lo que le dicen que es de listos comprar (aunque luego no lo lea ni por asomo). De modo que el medio es el mensaje (¡ja!), los medios nos indican lo que debemos leer, no eligen a los mejores sino a los que ofrecen una mejor opción comercial en cada momento, según las prospecciones de mercado. De esto a Aída hay solo un paso.
    La pregunta que surge es la siguiente: ¿es compatible la participación en los engranajes del sistema con el mantenimiento de una razonable independencia creativa?, ¿cabe la posibilidad de llegar a ser un autor de éxito sin atender a los requerimientos estilísticos o temáticos de las editoriales, por ejemplo? Queremos creer que sí, que, aun siendo difícil, sí es posible que haya algunos poetas que aúnen en su obra el reconocimiento de la industria y de los buenos aficionados, la cuestión es otra, la cuestión es la larga nómina de sobrevalorados hasta el infinito, autores populares que van aprendiendo el oficio a golpes de subvención y premio gordo. Esto hace que la presión competitiva sobre los artistas verdaderos resulte poco menos que intolerable.
    En síntesis, la eterna lucha entre el secreto y el altavoz. Pero, ¿es lícito ponerle altavoces al poema? Nada en contra. Que lo griten, si así les place. Que ya lo gritan, vaya si lo gritan, lástima que suelan hacerlo frente a un público que ya lo conoce, un público que acude a los recitales como quien va a un concierto de rock a corear sus canciones favoritas poniendo cuernos al respetable. Nada que objetar. Porque el que no conozca el poema no va a enterarse de nada, y saldrá de allí sin saber si es bueno o es malo, si está escrito a conciencia o es mero subproducto de un resacón en Las Vegas.
    Tú vas a un recital y, de pronto, aparece una banda indie que te toca sus temazos al oído sin el menor rastro de piedad. Acto seguido, entran en foco una serie de artistas invitados que declaman sus obras a toda velocidad, con resultados dispares, y son largamente aplaudidos por la amistosa concurrencia (que ignora si les han leído un poema o la lista de la compra). Por fin, pasado un tiempo suficientemente largo como para incrementar el ansia viva del personal, se materializa la estrella de la velada que puede ser una chica moderna con las uñas pintadas de negro o un tipo con pinta de drogadicto (ojo, que no quiere decir que lo sea), quien se aplica al recitado componiendo una voz semejante a las de los actores de las pringosas series españolas de televisión, tratando de aparentar una seguridad de la que carece y consiguiendo enredar lo necesario el verso para que no sea tenido en cuenta. Es decir, que, en definitiva, no presenta el poema, por el contrario, lo oculta, lo maquilla de forma que pierde su identidad, lo mezcla con un ambiente nada idóneo para el entendimiento y la reflexión.
    También las composiciones de estos rapsodas deben amoldarse a su futuro destino exclamatorio, poemas de reducida extensión (¡que se lo digan a Browning!) o muy fragmentados en los que se recurre a pulsar resortes teatrales, repetidos golpes de efecto que construyen un híbrido con características particulares de género. Bien, que ya no estamos hablando de poesía sino de un arte escénica, una performance, de otro tema.
    Sustituido el cendal por el clítoris, saneados los versos de todo indicio felibre (lo que no deja de agradarnos, por otra parte), la nueva revelación de la crítica se prepara para el recital en su camerino. Mientras, al otro lado de la ciudad, el poeta enfermo forcejea con el lenguaje y va actualizando sin prisa su pinturero blog, que apenas recibe unas decenas de visitas al mes. ¿Adivinan ustedes a cuál de los dos elegimos nosotros?, ¿con cuál nos quedamos?, ¿cuál de ellos nos inspira mayor confianza?
    Hoy, los poetas mediáticos, los que se presentan a numerosos certámenes y publican sus libros en conocidas editoriales, los que aceptan ser jurados en premios concedidos de antemano, prestándose a las maquinaciones empresariales, se mantienen en  precario equilibrio, por un lado, quieren vender como Marías y por otro refuerzan sin pausa el sectarismo de sus propuestas literarias, se solapan, cada vez más atrincherados en su mitología y más reducido el espacio vital de su obra por los requerimientos comerciales.
    Comentábamos antes el asunto, la moda de las pintadas poéticas, acertadas, en nuestra opinión, como instrumentos divulgativos; sin embargo, ¿por qué las firman como orgullosos grafiteros?, porque la firma las anula, al final solo permanece la firma en la retina del observador. En la cultura del espectáculo no es admisible el anonimato, el anonimato no produce beneficios. Pero el asunto de las pintadas entronca con algo que denominaremos cultura twitter, el paraíso de la ocurrencia y, para eso, ya teníamos el cómic (o a Faemino y Cansado, ¡qué tiempos aquellos!). La pertinaz reiteración de la ocurrencia solo conduce a que sea tomada como estrategia publicitaria de esa nueva poesía twitter que se nos intenta imponer como reflejo del vértigo social.
    Tenemos a nuestro nuevo valor entre bastidores: no suda, se sabe la lección. Se dispone a canturrear una cascada de versos a tono con la estética del local. Los enterados, los simpáticos, los que se hacen los interesantes y los que adoptan un estilo campechano, se toman copas con nombres enrollados y aguardan a que el pianista dé comienzo a la celebración.
    Entre tanto, al otro lado del espejo, en su barrio de bloques emblemáticos del desarrollismo franquista, el poeta intenta controlar la tos improductiva que le martiriza. Escribe con honestidad, porque entiende que es la única manera de hacerlo, porque, si no respeta a sus lectores potenciales (el ser honesto con uno mismo es algo diferente, uno es honesto consigo hasta donde puede serlo; los ochenta y tantos de Roth se nos antoja una edad razonable para saldar cuentas con el pasado), acaba por notarse el hedor de la pofesionalidad. Tampoco es que acumule certezas. Su obra es cierta, verdadera, sus versos dicen la verdad, pero es la verdad del instante, es la certeza del momento en que las palabras saltan de la mente a la pantalla del ordenador, certezas momentáneas que a veces se establecen y resultan duraderas y otras veces pierden vigencia estética al cabo del tiempo; su poesía aspira a la verdad universal, sin más cortapisas que las dictadas por las circunstancias del momento creativo.
    Lo que ha pergeñado nuestra figura, pueden figurárselo. Nuestra figura ha preparado un popurrí de frases de impacto aderezadas con vocablos en la onda, un revuelto de universidades. No en vano, al concebirlo, ya imaginaba lo que podía dar de sí en su representación (y ya contaba los billetitos de colores). Algo de poesía, también, pero que se desvanece al contacto con el aire, se diluye entre la maraña de agudezas (¡stushevatsa!).
    Oh, pero el secreto es el recital inverso, la antítesis de la feria del libro, archienemigo de la tertulia y de la red social; el secreto es una biblioteca, es una librería, o un banco a la sombra en la mañana luminosa del parque; el secreto es un libro bajo el brazo, un libro en el buzón, un libro en la mesilla de noche (bueno, La Biblia no vale, no pequemos de inocentes). El secreto es un niño que recita cuando nadie puede oírle.
    Ellos dicen que no. Se ríen de nosotros. Ellos albergan la ilusión de ir a recoger el Nobel vestidos de etiqueta, se buscan la vida, y se buscan un profesor particular que les dé unas clases magistrales de gestualidad para hacer mejor el ridículo en sus actuaciones, alardean en su blog de palmarés descomunal . Mas, no, no seamos rapaces. A ellos les va bien así, se adaptan. Y nosotros somos unos inadaptados. Hasta aquí, nada nuevo bajo el sol.
    Pero esa compleja y completa aclimatación al medio que demuestran, por fuerza, ha de condicionar el mensaje de su obra en cierta medida. Existe una secuencia principal trazada por los premios literarios que se van concediendo, modelos a los que deben ceñirse, sin olvidar sus referentes de pertenencia al clan. ¿Cuántos jóvenes poetas españoles intentan parecerse a Luna Miguel o Elena Medel, por ejemplo? Hasta inconscientemente lo hacen. Y nombramos a estos dos dechados de virtud poética a cuenta de lo que conocemos de su trabajo a través de la página de crítica y contracrítica, no por una arrebato de misoginia: las encontramos bastante paradigmáticas de lo que queremos explicar.
    Naturalmente, los premios que se van concediendo enlazan con los ya concedidos, y ahí queda comprendido todo. Poemarios idénticos en su concepto, en su ironía o su crudeza, aptos para competir en una prueba forgesiana de agudeza visual, inundan de clímax los salones de actos de las diputaciones, un gigantesco poemario horizontal invade los estantes de las librerías. Y esa renuncia de estilo se apoya, fundamentalmente, en la ocurrencia, como apuntábamos antes, para desarrollar una apariencia de pluralismo.
    En realidad, el margen del poeta a la hora de escribir resulta sumamente angosto; el imaginario, esto es una obviedad, señala los caminos que no deben recorrerse. Por eso, es preciso huir despavoridos de todo aquello que suponga una traba innecesaria para la cristalización adecuada del proyecto creativo, de las etiquetas que achican el espacio como entrenadores de fútbol argentinos, de los grupos, tertulias o camarillas, cuyos integrantes compiten entre sí, cada uno armado con el poso de su estro (alguno seguramente bien hediondo), en los juegos olímpicos del ego, de los concursos y concursetes y de sus jurados imparciales. Hay que esconder el verso, hay que guardarse el verso, calcular bien las propias fuerzas, no desperdiciar energía; hay que guardarse el verso, luego, basta con decirlo una sola vez.
    La poesía disfruta, hoy, de su mejor momento histórico, sin discusión. La universalización de la enseñanza en los países más desarrollados ha conseguido que una gran cantidad de personas, muchas más que en ninguna otra época en la historia de la humanidad, posean las habilidades académicas imprescindibles para la producción literaria. Por otra parte, las nuevas tecnologías han hecho posible que la poesía cuente en las redes globales con una presencia importante (diríamos que una sobrerrepresentación). ¿A qué viene, pues, esta hemorragia de actos sociales con la poesía como telón de fondo?, ¿no estaremos ante los efectos de una dinámica puramente empresarial, una dinámica que con sus exigencias de inmediatez y brillo, de asimilación a los gustos del cuerpo social, pervierte por sistema los fundamentos del arte poética? Por desgracia, lo estamos. El capitalismo se divierte hinchando sus burbujas por doquier. El problema es que no existe tanto público como reclaman para el negocio lírico y la única forma de encontrar nuevas vetas de lectores pasa por devaluar el contenido de la oferta, por popularizarlo.
    ¡Ah!, el secreto es anticapitalista (por ahí, empieza con su honestidad), es un antisistema. No requiere montañas de seguidores, ni le aflige la perspectiva de no ser estudiado en las aulas del colegio. El secreto prefiere el vis a vis, la comunicación más íntima, la intimidad del silencio. Es una precaución en sí mismo. Y, por supuesto, en absoluto excluye la publicación y promoción de la obra (sin esperar más de cincuenta años para hacerlo, como Henry Roth: hay que ver el juego que nos está dando “Un americano”, quién lo iba a decir). Bien, hay que publicar; la obra artística tiene derecho a obtener un juicio de valor sobre su alcance. El arte es un sofisticado medio de comunicación que utiliza el artista para influir en otros, en el caso de la poesía, los lectores. Otra cosa es plegarse como grapas a los criterios organizativos de los poderes económicos.
    Lo decía Gombrowizc en relación con los museos de arte, donde la superabundancia de obras maestras llega a producir una insensibilización del visitante. No todos los días uno tiene la oportunidad de pararse frente a un cuadro de Velázquez. Si a usted le llevan a su casa un cuadro de Velázquez y se lo dejan allí un par de días, ¿no lo miraría durante unas largas horas?, probablemente lo haría, si tiene interés por el arte, sintiéndose privilegiado. Sin embargo, en el museo usted mira el cuadro de Velázquez durante un par de minutos y pasa al siguiente, que puede ser de Rubens o de el Greco; y esa proximidad de las grandes obras produce un efecto de degradación de su valor, pues su contemplación pierde el carácter de acontecimiento, su singularidad se diluye en un todo sublime que al final no significa nada (si usted cata una copa de buen vino, se deleita, si se toma media docena, a partir de la tercera ya lo único que hace es ponerse ciego).
    Ocurre lo mismo con los recitales poéticos (ya sean de los mejores poetas, que de los demás ni hablamos). El poema es como la cápsula milagrosa del doctor: una al día y para los enfermos graves. Un maratón poético es el club de la comedia, una ensalada de verbos que por fuerza ha de dejar frío al espectador. El recital es como el concierto de Shakira, que casi todos se conocen los temas y los corean con fervor y el que no los conoce por lo menos menea el esqueleto. Y nada más. Es un evento mercantil del que, en términos artísticos, no se saca nada en limpio.
    Luego se llenan la boca con que si la fiesta de la poesía y memeces similares. Pero la poesía no necesita festivales, ni los poetas son  cofrades de las chirigotas del carnaval de Cádiz. ¿Que son jóvenes y modernos y les va la marcha?, pues que tengan el buen gusto de apartar la poesía de su actividad social: no es lo mismo leer un poema que echarse unas risas compartiendo unos canutos con los colegas. La poesía no tiene por qué ser divertida, ni social, en ese aspecto frívolo. El poeta se presta a recitar, a presentar su poemario, sabiendo que, en realidad, está menospreciándolo, notando el rechazo instintivo de parte de la concurrencia hacia su persona e, incluso, el de sus amigos y familiares (porque una característica de los recitales es que son aburridos, y cuando la gente se aburre empieza a pensar mal hasta de su padre).
    Pobre poeta, siempre al filo del “ente de risión” -como dicen en la Fiera Literaria-, a punto de quedar en evidencia, bordeando el ridículo, rozando la cursilería. Algunos piensan que su juventud les salva del ridículo (los mayores, en especial los que van con chaqueta y corbata, no tienen salvación), que su seriedad juvenil les dispensa de soportar una ética del trabajo, y cuanto menos trabajan, más se vacía su estética, hasta que, al final, solamente el look permanece en pie, el poema solo se sostiene en su apariencia moderna, en su lealtad, su adscripción al mamotreto reglamentario. Oh, claro que lo hacen, hacen el ridículo porque lo son sus ocupaciones, sus pintadas inteligentes que en seguida aparecen en los blogs, sus conferencias estomagantes, sus tertulias medio fachas barnizadas de pensamiento (repetimos: el medio es el mensaje), sus locales de moda, donde se dejan ver en plan trascendente y vestidos con estudiado descuido, por si cae algún periodista por ahí, que vaya usted a saber, sus recitales, en fin, esos aquelarres del fingimiento masivo y la adulación, con sus apoteósicas entregas de premios (accésit para los pringados).
    No es sencillo ser poeta, porque hay que serlo sin parecerlo. Y la poesía también tiene que parecer otra cosa.
    Pueden irse de la lengua, pero la poesía es un secreto susurrado al oído.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Poetas en la sombra

    Pedro Mir

    ALGUNOS DATOS BIO-BIBLIOGRÁFICOS.

    La poesía es una forma de comunicar por medio de las palabras aquello que no puede ser comunicado por medio de las palabras.

    De esta manera respondía el poeta a la periodista venezolana Coromoto Galvis en una larga entrevista publicada en la revista cultural informativa Auditórium en 1994 (Internet. espacio latino.com). No sólo trata el poeta de explicar cuál es el sentido de la poesía sino que analiza su propio proceso creador, desde unos orígenes más o menos balbuceantes hasta la consecución de un singular maestría que lo sitúa en nuestra opinión entre los grandes de la poesía escrita en español.

    Pedro Mir nace en 1913 en La República Dominicana.. Sus primeros poemas son publicados en 1937en las páginas literarias el diario El Listín. Esta publicación merece la atención del literato y posteriormente presidente La República Dominicana Juan Bosch que comenta respecto a los mismos: “Aquí está Pedro Mir. Empieza ahora y ya se nota la métrica honda y atormentada en su verso. A mí, con toda sinceridad, me ha sorprendido. He pensado: ¿Será este muchacho el esperado poeta social dominicano?”

    Inicialmente influenciado por Rubén Darío de quien admira, sobre todo, su cadencia rítmica, se muestra también admirador de la obra de autores como Julio Herrera y Reissig, Víctor Hugo., Julio Verne, Joyce, Proust, Baudelaire, y Rimbaud. Posteriormente entra en contacto con las vanguardias y conoce a poetas como Neruda, Jorge Amado, Luis Aragón… Se le sitúa como miembro del grupo “poetas independientes del 40” junto a Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco y Héctor Cabral. Se gradúa como Doctor en Derecho en 1941. Por presiones de la dictadura de Trujillo se ve obligado a emigrar a Cuba en 1947 y no volvería a su país hasta la caída del dictador.

    En 1949 publica en la Habana, HAY UN PAÍS EN EL MUNDO.

    Este poema le daría un gran prestigio continental. Posteriormente, su obra se iría incrementando y adquiriendo mayor prestigio y relevancia. Publica, entro otros, SI ALGUIEN QUIERE SABER CUÁL ES MI PATRIA (1952);CONTRACANTO A WALT WHITMAN (1952); SEIS MOMENTOS DE ESPERANZA (1953); AMÉN DE MARIPOSAS(1969); POEMAS DE BUEN AMOR Y A VECES DE FANTASÍA (1969); EL HURACÁN NERUDA (1975); A JULIA SÍN LAGRIMAS (1998)

    Regresa a Santo Domingo en 1962 bajo el gobierno de Juan Bosch. Pedro Mir destaca también como ensayista y novelista. A su vuelta a Santo Domingo se dedica a la investigación histórica y estética como profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En 1984 el Congreso de su país lo declara “Poeta Nacional” por la importancia de toda su obra. Fallece el 11 de junio de 2000.

    BREVE COMENTARIO DE HAY UN PAÍS EN EL MUNDO

    “…lo que pasa es que esa intimidad es conformada socialmente, nadie nace con esa intimidad, con esas pasiones, con ese, sonido, con esas esperanzas, con esas fantasías, con esas experiencias, con esas tristezas, con esas alegrías, con esos amores, con esos odios, todo eso proviene de la sociedad y cuando el individuo comunica esta experiencia la sociedad se reconoce en ella en la medida en que sea auténtica la poesía y que sea sincero el autor.” (Parte de la entrevista anteriormente citada)

    Nos ha parecido pertinente introducir este apartado con la larga cita de las palabras del poeta sobre el sentido de la poesía porque en ella se condensa en gran medida el propósito y el sentido de toda su obra poética.

    HAY UN PAÍS EN EL MUNDO

    El poema rompe con la ubicación geográfica del país en la que contrastan día y noche, luz y oscuridad, no oponiéndose sino complementándose. Recurso éste del que se valdrá el poeta en reiteradas ocasiones a lo largo de su obra.

    Hay un país en el mundo

    colocado

    en el mismo trayecto del sol.

    Oriundo de la noche.

    Llama nuestra atención el reiterado uso del adverbio, no solo con voluntad de acotación o matización, sino con la intención de enfatizar y fortalecer la visión del poeta. Introduce así, en nuestra opinión, un elemento dramático y una potenciación de la sonoridad del poema.

    … Sencillamente liviano…

    … Sencillamente claro…

    … Sencillamente frutal. Fluvial. Y material…

    Otro recurso que destaca en el poema es el uso de la repetición, lo que le confiere un sentido de canto coral, de musicalidad, en la que determinadas notas se reiteran para ganar intensidad y dramatismo.

    …y tierra bajo los árboles, y tierra

    bajo los ríos y en la falda del monte…

    …y tierra desde el canto de los gallos

    y tierra bajo el galope de los caballos

    y tierra sobre el día, bajo el mapa…

    La concepción del poema parece obedecer a un plan de escritura prefigurado, a un análisis a través de la palabra poética de la realidad de un país y de los habitantes que lo viven y lo sufren.

    Algún amor creerá

    que en este fluvial país en que la tierra brota,

    y se derrama y cruje como una vena rota

    donde el día tiene su triunfo verdadero

    irán los campesinos con asombro y apero

    a cultivar

    cantando

    su franja propietaria.

    Pero no.

     

    La rotundidad del último verso deja al lector a la expectativa de la siguiente estrofa en la que se intuye se nos dará la clave de la auténtica realidad. Aquí podemos observar otra de las características de Pedro Mir en lo referente al uso de diversas métricas, rimas, pareados, como si se tratara de una sinfonía cuya música va variando y reflejando distintas emociones y estados de ánimo. La sonoridad buscada y el dominio de la forma que permiten el uso de una técnica que sólo se adquiere con el conocimiento. Cual director de orquesta interpretando su propia obra.

    Ahora el poema se centra en la denuncia, en la paradoja, en el uso de la anáfora y la metáfora como recursos retóricos que potencian el efecto de la palabra poética.

    …El aire brusco de un breve puño

    que se detiene junto a una piedra

    abre una herida donde unos ojos

    los campesinos no tiene tierra.

    Los que la roban no tiene ángeles

    no tiene órbita entre las piernas

    no tiene sexo donde una patria

    los campesinos no tiene tierra.

     

    No tiene paz entre las pestañas

    no tienen tierra no tienen tierra.

    En el siguiente fragmento de este largo poema podemos observar el uso de la repetición anafórica a modo de verso coral que va acumulándose hasta llegar a su apoteosis final.

    Miro un brusco tropel de raíles

    son del ingenio

    su soporte de verde aborigen

    son del ingenio

    y las mansas montañas de origen

    son del ingenio

    y la caña y la yerba y el mimbre

    son del ingenio

    y los muelles y el agua y el liquen

    son del ingenio…

    El uso del polisíndeton es aquí manifiesto para no perder el ritmo del verso y mantener una tensión que abruma. El ingenio (lugar donde se produce y comercializa la caña de azúcar. Pedro Mir nace en el ingenio Cristóbal Colón en 1913) se convierte aquí en símbolo de dominación y poder. De modelo económico de explotación, colonización y usurpación por intereses extranjeros.

    El poema termina llamando a la paz tras haber alcanzado por la lucha la redención del pueblo explotado. Una vez más la metáfora y la metonimia acompañan a esta parte final. Y una vez más, cual parte final de una grandiosa sinfonía el ritmo se acompasa con el sentido de los versos:

    Quiero ver su amargura necesaria

    donde el hombre y la res y el surco duermen

    y adelgazan los sueños en el germen

    de quietud que eterniza la plegaria…
    Después no quiero más que paz.

    Un nido

    de constructiva paz en cada palma.

    Y quizás a propósito del alma

    el enjambre de besos y el olvido.

    BREVE COMENTARIO DE CONTRACANTO A WALT WHITMAN

    “…Yo estoy completamente convencido de que el poeta se hace, pero además se hace con un trabajo muy riguroso, y además con una consagración a veces tan profunda, que desplaza todas las otras actividades de la vida, y no es raro ver que los poetas más eminentes hayan sido también los hombres más desposeídos de la fortuna y más abandonados de la gran vida, porque precisamente, la consagración de su vida al oficio le sustrae de los otros compromisos que tiene uno consigo mismo.” (Entrevista hecha por Carlos T. Martínez publicada en el libro Grandes Dominicanos.)

    Nos ha parecido procedente destacar esta cita porque en nuestra opinión refleja a las claras la visión que el poeta tiene de su propio trabajo y el rigor y la seriedad con que se enfrentó al su propio proceso creativo.

    CONTRACANTO A WALT WHITMAN

    Aunque no es el objetivo de esta reseña proceder a un análisis en profundidad de la obra de Pedro Mir, sino más bien dar algunas muestras de su labor poética, nos ha parecido oportuno comentar brevemente este inmenso poema porque desde nuestro punto de vista sintetiza toda la sabiduría poética del autor. Nuestra recomendación es no obstante, la de leer toda su obra poética al entender que la misma ocupa un lugar esencial en la poesía escrita en español a la altura de un Vallejo o un Neruda y su desconocimiento priva al lector de una experiencia única, independientemente de cuáles sean sus preferencias literarias. Se trata de un larguísimo poema del que sólo comentaremos algunos fragmentos en el que Pedro Mir reivindica la poesía de Whitman como inspiradora de principios democráticos universales y cómo eso yo, democrático y libertario, fue prostituido y manipulado por los poderes políticos y económicos de su país hasta desfigurarlo. Concluye el poema haciendo una reivindicación del nosotros en lugar del yo, como expresión máxima de los anhelos de las clases populares.

    El poema comienza con un declaración de intenciones en las que el poeta se sitúa antes de comenzar el diálogo imaginario:

    Yo,

    un hijo del Caribe,

    precisamente antillano…

    vengo a hablar a Walt Whitman.

    Un cosmos,

    un hijo de Manhattan.

    Se adentra luego en una descripción del paisaje y del espíritu de la tierra que más tarde serán Los Estados Unidos haciendo uso continuo y reiterado de la metáfora, la anáfora y el polisíndeton, tan características de su poesía, para concluir en la señas de identidad que ese pueblo encuentra en las palabras de

    Whitman:

    Y un día

    (¡ Oh Walt Whitman de barba insospechada…!)

    al pie de la palabra

    yo

    resplandeció la palabra

    Democracia.

    Más adelante, el poeta comienza a manifestar los símbolos de la adulteración del sentido profundo de ese concepto y su reconversión en un modelo de avaricia, tiranía y expansión hegemónica:

    …Mas se le vio otra mano comprar la conciencia.

    Y del fondo de los ríos, de los barrancos, de la

    médula

    de los arbustos, del filo de las cordilleras,

    pasando por torrentes de sudor y de sangre,

    surgieron entonces los Bancos, los Truts,

    los monopolios,

    las Corporaciones,…

    Intereses bastardos vaciando de contenido la palabra democracia y adulterando el sentimiento de fraternidad del pueblo. Palabras como sangre y sudor surgen continuamente en el poema como símbolos del poder y la avaricia desbocada.

    …y ya mas nadie tuvo acceso a la palabra mío

    y ya mas nadie ha comprendido la palabra yo.

    El poema deriva reclamando una vuelta a la esencia misma de la democracia, pero ahora no es el momento del yo, sino del nosotros como constatación de que la vuelta a los valores pisoteados sólo es posible desde la liberación colectiva:

    Y ahora ya no es la palabra

    yo

    la palabra cumplida

    la palabra de toque para empezar el mundo.

    Y ahora

    ahora es la palabra

    nosotros.

    Y ahora,

    ahora es llegada la hora del Contracanto.

    Hasta aquí, hemos pretendido hacer una breve presentación de la obra del que consideramos un poeta imprescindible. A los amantes de la poesía su lectura les resultará no sólo un descubrimiento literario sino también un enriquecimiento de la propia sensibilidad. No es poco para los tiempos que corren.

    BIBLIOGRAFÍA.

    Poemas. Pedro Mir. Ediciones La Discreta S.L. Madrid. 2ª edición. Abril 2009.
    Destacamos singularmente esta publicación por ser de la primera que contribuyó a difundir en España la obra mayor del autor en 1999. Se caracteriza por una esmerada y cuidada edición y un estudio introductorio realizado por Miguel Ángel García, profesor de la Universidad de Granada que ayuda a comprender con bastante exactitud la dimensión de la obra del autor.

    Asimismo destacamos una reseña bibliográfica que aparece como anexo y que permite profundizar más en el conocimiento de la obra de Pedro Mir.

    PARA SABER MÁS

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte, Revistas • Vistas: 0

  • Carta a un rehén

    Traducciones

    Esta es la traducción que hice hace seis años de esta obrita de Antoine de Saint Exupéry que me pareció fascinante, hay que tener en cuenta el momento en que la escribió y cuantos sentimientos le habían llevado a un estado depresivo; ruptura sentimental con Consuelo, Francia vendida por el gobierno de Vichy, su amigo Léon Werth y otros muchos, escondido y alentando la Resistencia… No he encontrado ninguna traducción en castellano en el momento que me he decidido a hacerla; hace unos dos años encontré una en un blog de un autor mexicano que me pareció muy buena y me sirvió para reafirmarme en la mía, ya que tenía un poco de miedo de no haberlo hecho bien por no tener un conocimiento demasiado profundo de la lengua de Víctor Hugo. Acabo de cambiar algunas cosas porque pienso que en nuestra lengua no se deben decir como el autor las dice en la suya. Ahí va, espero que os guste.Cuando en diciembre de 1940 llegué a Portugal en mi camino hacia los Estados Unidos, Lisboa se me representó como una especie de paraíso claro y triste. Se hablaba entonces mucho de una invasión inminente, y Portugal se aferraba a la ilusión de su dicha. Lisboa, que había levantado la exposición más brillante que el mundo hubiera conocido, sonreía con una sonrisa algo pálida, como aquella de las madres que han dejado de tener noticias del hijo que fue a la guerra, y tienen que guardarla para alentar su confianza: “Mi hijo sigue vivo puesto que sonrío…” Mirad, decía también Lisboa, lo dichosa, tranquila e iluminada que estoy…” Todo el continente oprimía a Portugal como si fuera una montaña agreste cargada de tribus de presa; Lisboa en fiesta desafiaba a Europa: “¡Cómo van a tomarme como objetivo cuando no muestro interés alguno en esconderme! ¡Cuándo soy tan vulnerable…!”

    Las ciudades en mi patria eran cenicientas durante la noche. Allí había perdido yo el hábito a cualquier resplandor, y esta capital radiante me producía un malestar inexplicable. Si las inmediaciones son oscuras, los diamantes de un escaparate iluminado atraen con más fuerza a los truhanes. Se les siente al pasar. Yo sentía sobre Lisboa el peso de la noche de la Europa infestada de manadas errantes de bombarderos, como si estos hubieran olfateado desde lejos su tesoro.

    Pero Portugal se empeñaba en no ver el apetito de la bestia. Rehusaba creer en los malos augurios. Conversaba sobre el arte con una confianza desesperada. ¿Se atreverían a aplastarla a pesar de su culto al arte? Había sacado a la calle todas sus maravillas. ¿Se atreverían a aplastarla con todas ellas?. Enseñaba sus hombres ilustres. A falta de ejércitos y cañones, había adornado todos sus centinelas de piedra contra la metralla del invasor: los poetas, los exploradores, los conquistadores. A falta de ejército y de cañones, todo el pasado de Portugal empalizaba el camino.

    Yo vagaba con melancolía cada tarde entre los logros de esta exposición de un gusto exquisito, donde absolutamente todo rozaba la perfección, así la música, tan discreta y elegida con sumo tacto, manaba sobre los jardines dulcemente, sin estridencia, como si fuera el canto de una fuente. ¿Iban a arrancar del mundo ese maravilloso gusto por la mesura?

    Y yo encontraba Lisboa, detrás de su sonrisa, más triste que mis ciudades descoloridas. Conocí, quizás vosotros lo hayáis hecho, a esas familias un poco extrañas que seguían, al sentarse en la mesa, conservando la plaza de uno de sus miembros ya difunto. Se rebelaban contra lo irremediable. A mí no me parecía que ese reto les sirviera de consuelo. Los muertos están muertos. Entonces, en ese papel, encuentran una manera distinta de estar presentes. Pero estas familias aplazaban su regreso. Los convertían en ausentes eternos, huéspedes que nunca acaban de llegar. Ellas cambiaban el duelo por una espera sin substancia. Y estas casas me resultaban sumergidas en un malestar inevitable más agobiante que la pena. Del piloto Guillaumet, el último amigo que he perdido y que fue abatido durante el servicio postal aéreo, ¡Dios mío!, he aceptado llevar el luto. Guillaumet no cambiará nunca. No estará nunca presente, pero tampoco estará nunca ausente. He bendecido su cubierto en mi mesa, engaño inútil, y lo he convertido en un auténtico amigo muerto.

    Pero Portugal intentaba creer en su alegría, reservándoles sus cubiertos, sus farolitos y su música. Se jugaba a ser feliz, en Lisboa, con el propósito de que Dios tuviera a bien creérselo. Lisboa adquiría también un clima de tristeza por la presencia de ciertos refugiados. No me refiero a proscritos en busca de refugio. No hablo de inmigrantes a la búsqueda de una tierra que fecundar con su esfuerzo. Hablo de aquellos que huyen lejos de la miseria de los suyos para poner en lugar seguro su fortuna.

    No habiendo podido alojarme en la propia ciudad, lo hacía en Estoril al lado del casino. Yo venía de una guerra densa: mi grupo aéreo, que durante nueve meses no había jamás interrumpido sus vuelos sobre Alemania, había perdido entonces, en el transcurso de una única ofensiva germana, las tres cuartas partes de su equipaje. Yo había conocido, cuando volví a casa, la atmósfera sombría de la esclavitud y la amenaza del hambre. Yo había vivido la noche densa de nuestras ciudades. He aquí que, a dos pasos de mi alojamiento, el casino de Estoril se llenaba de espectros cada noche. Cadillacs silenciosos que parecían ir a algún lugar, los depositaba sobre la arena fina del porche de la entrada. Se habían vestido de gala para cenar, como antaño.

    Mostraban sus corazas o sus perlas. Se invitaban los unos a los otros como figurantes, donde no tendrían nada que decirse. Después jugaban a la ruleta o al bacará según sus fortunas. Yo iba a veces a verlos jugar. No sentía indignación ni sentimiento de ironía, sino una angustia vaga. La misma que nos incomoda en un zoológico delante de los supervivientes de una especie extinguida. Se colocaban alrededor de las mesas. Se amontonaban sobre un crupier austero y se esforzaban en sentir la esperanza, la desesperación, el miedo, la envidia y la alegría. Como seres vivos. Se jugaban unas fortunas que quizás en ese preciso momento, no tenían sentido. Usaban monedas probablemente caducadas. El valor de sus cofres quizás estaba avalado por fábricas ya confiscadas o amenazadas por las escuadrillas aéreas, a punto de ser aplastadas. Sacaban sus cheques en la Luna. Se empeñaban en creer, aferrándose al pasado, como si nada hubiera empezado a temblar sobre la tierra, en la legitimidad de su ardor, la cobertura de sus cheques, lo eterno de sus convenciones. Era irreal. Era un ballet de maniquíes. Pero era triste.

    No sentían nada, sin duda alguna. Yo los dejaba allí. Me iba a respirar a la orilla del mar. Y este mar de Estoril, mar de ciudad marítima, mar sometido, me parecía como si entrara también en el juego. Empujaba al golfo una única ola suave, reluciente de luna, como la ropa de un deporte fuera de temporada. Encontré a mis refugiados el barco. Este barco desprendía también una ligera angustia. Este barco transportaba de un continente a otro a estas plantas sin raíces. Yo me decía a mí mismo: “Quiero ser un viajero, no un emigrante.

    He aprendido tantas cosas en mi patria que en otra parte serían inútiles.” Pero he aquí que mis emigrantes sacaban de sus bolsillos sus agendas, sus vestigios de identidad. Ellos jugaban todavía a ser alguien.Se aferraban con todas sus fuerzas a cualquier significado. ¿Sabéis? Yo soy tal, decían, de tal ciudad, amigo de Mengano… ¿conoces a Mengano? Y os contaban la historia de un amigo, de una responsabilidad, o la historia de una ausencia, o no importa que otra historia que le pudiera relacionar con algo concreto. Pero nada de ese pasado, ya que se exiliaban, les podría servir. Todo era todo cálido todavía, reciente, vívido, como son al principio los recuerdos de amor. Se hace un fajo con las cartas aún tiernas. Se anudan todas ellas con suma delicadeza, y la reliquia, al principio desprende un melancólico encanto. Después pasa una rubia con los ojos azules, y la reliquia muere. Pues el amigo, la responsabilidad, la ciudad nativa, los recuerdos de la casa palidecen, ya no sirven.

    Les sentaba bien. De la misma manera que Lisboa jugaba a ser feliz, ellos lo hacían a creer que pronto regresarían. ¡Qué dulce es la ausencia del hijo pródigo! Es una ausencia ficticia ya que, detrás de él, permanece la vivienda familiar. Que se esté en la casa de al lado o en la otra punta del planeta, la diferencia no es esencial. La presencia de un amigo que, en apariencia, se ha alejado, puede hacerse más densa que una presencia real. Es la de la plegaria. Jamás he añorado más mi casa que cuando estaba en el Sáhara. Nunca unos prometidos han estado más cerca de sus novias que los marinos bretones del siglo XVI, cuando doblaban el Cabo de Hornos envejeciendo contra el muro de los vientos contrarios. Empezaban a volver desde su partida. Es el retorno lo que preparaban al izar las velas con sus manos robustas. El camino más corto desde el puerto de Bretaña hasta la casa de la novia pasaba por el Cabo de Hornos. Pero, he aquí, que mis emigrantes no se parecían en nada a los marinos bretones a los que se les había privado de sus novias. Ninguna prometida bretona encendía en la ventana su humilde lámpara por ellos. No eran hijos pródigos, de ninguna manera. Eran hijos pródigos sin casa a la que volver. Entonces empieza el verdadero viaje, ese que está fuera de uno mismo.

    Cómo reconstruirse? ¿Cómo edificar en uno mismo los pesados escalones de los recuerdos? Este barco fantasma estaba cargado, como el limbo, de almas que aún debían nacer. Sólo parecían reales, tanto que se apetecía tocarlos con las manos, aquellos que, miembros de la tripulación y ennoblecidos por funciones auténticas, portaban las bandejas, limpiaban los cubiertos, lustraban los zapatos y, con un desprecio difuso, servían a estos muertos. No era desde luego la pobreza lo que provocaba, el ligero desdén del personal de a bordo hacia estos emigrantes, sino la densidad. No era el dinero lo que les faltaba, sino lo esencial. Ya no eran los hombres de tal casa, tal amigo o tal responsabilidad. Jugaban ese papel, pero no era verdadero. Nadie les necesitaba, nadie se precipitaba a llamarles. Es maravilloso ese telegrama que te sobresalta, te levanta en medio de la noche, te arrastra hacia la estación: ¡Ven! te necesito. Descubrimos rápido a los amigos que nos ayudan.

    Merecemos lentamente a aquellos que nos exigen que les ayudemos. Ciertamente, a mis aparecidos, nadie los odiaba, nadie les envidiaba, nadie les molestaba. Pero nadie los amaba con el único amor que importa. Yo me decía: serán admitidos, desde su llegada, en los ágapes de bienvenida, las cenas de celebración: Pero quién llamará a su puerta exigiendo ser recibido: “¡Ábreme! ¡Soy yo!” Hay que alimentar mucho tiempo a un niño antes de que exija. Hay que cultivar mucho tiempo la amistad de un amigo antes de que reclame su derecho a ella. Es preciso haberse arruinado durante generaciones reparando el viejo castillo que se resquebraja para aprender a amarlo.

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte • Vistas: 0

  • La poesía es juventud

    Soy el que comienza a no existir

    y el que solloza todavía.

    Qué cansancio ser dos inutilmente.

    Antonio Gamoneda

    Lápidas .-(Esta luz)

    Antonio Gamoneda y Julio González Alonso

    Antonio Gamoneda me decía: la poesía es la juventud; y sus manos grandes se abrían hacia los demás mientras él se refugiaba detrás de su mirada y una amplia sonrisa. El poeta leonés nacido en Oviedo, cosas del destino, me dejaba también con un abrazo la dedicatoria en su libro Esta luz (Poesía reunida 1947-2004) en la fraternidad del paisanaje y de la poesía. Palabras y abrazo fraternos de un paisano cuyos versos ya son rumor incesante de aguas orilladas en las márgenes del Bernesga y el Torío, aliento de aire helado en los pináculos de la catedral, memoria de trenes atravesando el barrio de El Crucero y piedra tallada en estrofas esparcidas por el suelo del Parque de la Poesía compartiendo espacio con el busto del Padre Isla, en los aledaños de lo que fue la estación de vía estrecha o de Matallana, o de Bilbao, que era hasta donde llegaban los trenes del carbón y ahora los de los pocos viajeros que transitan, con menos fatigas que antaño, esas vías.
    León siempre se deberá y estará en deuda con uno de sus más silenciosos, abnegados y entregados de sus habitantes; siempre verá esta ciudad por sus ojos y encontrará su alma en la voz lenta y amasada de tiempo, compromiso y dolor, del poeta. Tal vez pueda parecer excesivo, pero creo que lo leonés y su fama de parco, un poco abrupto y árido, de silenciosos interiores, se entiende mejor en la escritura de Antonio Gamoneda, la cual nunca dejó de ser la vida, materia única del poema.
    Por encima de definiciones acabadas, la poesía del autor leonés se eleva en una unidad del lenguaje que no sólo depende de su cauce tonal, sino que es mucho más profunda, asentada en la raíz (1). Y al margen de movimientos, tendencias, corrientes y escuelas, la voz del poeta se hace así misma y madura en una conciencia lúcida expresada con palabras cargadas de un fuerte valor simbólico en un hermetismo que se disuelve en la lectura. Antonio Gamoneda sabe para qué escribe; se escribe para preguntarse, para intentar comprender, haciendo un esfuerzo que es paralelo al del lector, frente a una materia que impone su presencia, que desborda en sentido, que no lo cede, que no muestra otra claridad que la repetición, el retorno obsesivo (2).
    El carácter existencial y humanista de su poesía le hace concebirla como una unidad en la que se resuelve la tensión entre el impulso estético y el compromiso social y político. Entiendo ahora sus palabras al cuestionarme el hecho de la existencia de una poesía social. Me aseguraba que era una cuestión difícil al alcance de muy pocos el escribir poesía social sin que lo escrito no pasase de ser un panfleto. No quiero decir que no exista la poesía social y que no haya quien la escriba; me refiero, más exactamente, a la posibilidad de su realidad intrínseca como poesía, al margen de la forma en que se exprese, verso o prosa. Creo, en lo que puedo comprender, que Antonio Gamoneda ha tocado el fondo de la esencia de la poesía, que se hace y nutre del yo interior que vive y experimenta globalmente el mundo y lo recrea e interpreta desde el subjetivismo cargado de tensión emocional y belleza. En esa unidad vital subsiste lo social y lo costumbrista, lo histórico y lo descriptivo. Compartimentar la poesía en temas resulta ser un trabajo baldío, porque la poesía tiene, como he apuntado al principio, un tema único, que es la vida misma que lo engloba todo reinterpretándose en la voz del poeta con las calidades que le son propias. El que en un poema predomine el colorido de un cierto tema, sea amoroso, social, costumbrista, etc. o se exprese con un determinado estilo, no hace a la poesía que contiene algo diferente a lo que es, poesía. Del mismo modo la música siempre es música, al margen del tema, ritmo o formato en el que sea interpretada. En este sentido quiero entender lo comentado hasta aquí sobre la poesía social.
    Pero vuelvo al poeta y escritor leonés. Con indisimulado orgullo escribo su nombre y el reconocido trabajo del hombre, la labor poética comprometida a resguardo de tendencias, grupos, modas y otras liturgias. Escribo su duda, la atormentada conciencia de lo limitado de la acción y lo ilimitado del sueño, tal vez la esencia de la revolución y, por eso mismo, de la juventud. Antonio Gamoneda, en todo, sigue siendo joven mirando a la luz de la existencia la realidad que mueve nuestros pasos por las calles de las ciudades y los pueblos, los campos y las casas y la vida, y se duele y se sorprende y abarca con su ancho abrazo nuestro desconcierto y nuestra duda. Tiene razón; la poesía es juventud. Al margen de las edades del hombre. Es voz del sentimiento y grito de la necesidad. Por eso su poesía nos resulta tan imprescindible.
    Esta luz.- Epílogo (Miguel Casado); pag. 587
    Esta luz.- Epílogo (Miguel Casado); pag. 589

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte • Vistas: 0

  • Textos rescatados

    Hola de nuevo, amigos, “Textos rescatados”, para iniciar esta nueva andadura de la Revista virtual Alaire, quiere homenajear la figura de uno de los grandes poetas norteamericanos de todos los tiempos William Carlos Williams.

    Williams Carlos Williams (1883-1962) nació, vivió casi toda su vida y murió en Rutherford (Nueva Jersey).

    Williams, además de inglés, habló pronto español y francés. De 1897 a 1899 estudió en Suiza, pasando algún tiempo en París. En 1902 terminó el bachillerato en un centro neoyorquino y decidió estudiar medicina en la Universidad de Pennsylvania. Allí conoció a Ezra Pound, con quien mantendría una intensa amistad hasta el final de sus días. Debido a la influencia materna, flirteó algún tiempo con la pintura. Después, tras un tiempo estudiando pediatría en Leipzig, viajó por los Países Bajos, Francia, Inglaterra y España.

    En 1909 publicó su primera colección de poemas (Poems) y en 1913 Elkin Mathews, el editor de Pound, dio a la luz la segunda de ellas (The Tempers) en Londres; ambas pasaron prácticamente desapercibidas. A partir de entonces, salvo un par de viajes a Europa durante la segunda mitad de los años veinte, permaneció en Rutherford dedicado a sus labores médicas y a la escritura.

    En cierto modo, Williams tuvo una doble vida, viviendo en una suerte de destierro interior voluntario. Por una parte, convivió cincuenta años con su mujer, residiendo siempre en la misma casa, dedicado a su familia y a su profesión, llegando a asistir el parto de más de dos mil neonatos; por otra, fue una creador infatigable y un considerable teórico de la poesía y el lenguaje que –a base de robarle tiempo a su vida civil– produjo a la sombra la práctica totalidad de su obra: poesía, relato, novela, ensayo, una autobiografía y alguna obra de teatro. El reconocimiento sólo le llegaría muy al final, cuando todos sus compañeros de generación habían ido recibiendo paulatinamente la atención que a él se le negaba.

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    El entorno de un escritor, su día a día (trabajo, pacientes, familia, etc.) está íntimamente relacionado con su obra y es –en cierta medida– su humus.

    Williams impulsó el uso literario del habla coloquial. Su buen oído para los ritmos naturales del inglés hablado le ayudó a liberar a la poesía de la métrica que imperaba en la versificación en inglés desde el Renacimiento. Superada la tendencia imagista, es un poeta de gran sencillez expresiva y de fácil comprensión, con cierto gusto por la adivinanza, interesado en la constante experimentación y en la intimidad lírica. Como otros modernistas, procura diluir la figura del poeta, dejando que hable el poema por sí mismo. No busca los símbolos en las cosas sino más bien las propias cosas, que expresa imitando la fluidez del habla.

    Un evento distintivo del calendario anual de arte de Nueva York es The Armory Show, feria de arte internacional que durante este año de 2013 coincide con el Centenario del Armory Show original, celebrado en 1913.

    El siguiente texto que aquí presentamos es un extracto del articulo que fue publicado en el nº15 (Julio 1982) de la Revista “Poesía” −ya mencionada en otros “textos rescatados” y que viene actuando como el “baúl de los recuerdos” de la sección− y entronca muy directamente con aquella primera exposición y el ambiente modernista en poesía, pintura, fotograífa y actitud creativa general que reinaba en Norteamérica.

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    (Texto de Kevin Power; traducción: Carmen García del Potro y Pedro Casariego)

    William Carlos Williams formaba parte de una naciente vanguardia que pretendió, en las dos primeras décadas del siglo, convertir la literatura y la pintura en un vehículo que expresa la experiencia americana y que, por lo tanto, no fuera una mera imitación de sus colegas europeos. Escritores, pintores, escultores y fotógrafos, ansiosos de entregarse a lo siempre nuevo. se reunieron originando un clima sumamente abierto al intercambio de ideas. Sin embargo estos cambios fueron debidos tanto al sentido de aislamiento social del artista como a un programa estético común. Norteamericano era esencialmente una sociedad pueblerina obsesionada por su estabilidad y su continuidad, y por el verdadero principio democrático del derecho del hombre a hacerse rico lo más rápidamente posible. Roosevelt, tan orgulloso de hablar en nombre del americano medio, adopta la postura típicamente del liberal inculto frente a lo que no entiende, y declara que “el progreso es bueno con tal de que no degenere en extremismo”. El extremismo que atacaba en ese momento era el del Armory Show, que representa la primera ocasión que los americanos tienen de enfrentarse con el arte moderno. La escala de la exposición es gigantesca, inmoderada, ambiciosa, excesiva, americana. Hay más de mil obras, de las cuales una tercera parte son europeas, predominando las francesas. Se abre en febrero de 1913 y el resultado es una polémica impresionante. Roosevelt sigue hablando en nombre del pueblo y afirma que el “Desnudo bajando la escalera” de Duchamp le parece una manta navaja. Es la señal que esperan el público y los críticos para atacar todas las ideas de vanguardia. Un periódico lanza un concurso para encontrar el desnudo en el cuadro de Duchamp, y el ganador, con una gracias fuera de lo corriente, dice que no se trata de una mujer sino de un hombre.

    El Armory Show no solo sacudió violentamente al público americano también afectó la artista americano, que vio cuán vacilante y limitada era su obra en contraste con la atrevida confianza de los europeos. Se demostraba precisamente lo que temía Roosevelt, que un arte radical implica una política radical, una política que América rechazaba. Para algunos artistas la exposición se convirtió en algo así como el caballo de Troya, no quedándoles prácticamente otra opción que producir imitaciones de segunda clase del cubismo, durante los veinte años siguientes. Para el público fue la confirmación de sus sospechas sobre los intelectuales de la ciudad.

    Marcel Duchamp “Desnudo bajando una escalera”

    Marcel Duchamp “Desnudo bajando una escalera”

    Era este, el momento en que Norteamérica estaba tratando de absorber trece millones de inmigrantes –con el consiguiente temor de perder el empleo y de recibir un pedazo más pequeño de la tarta− y la exposición proporcionó un blanco para todo un cúmulo de prejuicios y de miedos. Los americanos van a verla en masa, pero van (trescientos mil visitantes) sobre todo para burlarse y para fijarse en los excesos decadentes de los europeos. De Nueva York la exposición fue a Chicago, donde los estudiantes de Bellas Artes se dedicaron a quemar efigies de Matisse y Brancusi y a hacer imitaciones grotescas de sus cuadros. Sin embargo, un pequeño círculo de artistas, agrupado en torno a Alfred Stielglitz, había ya recogido el desafío de los europeos y se había propuesto liberar al artista norteamericano de su abrumador sentido provinciano, tratando de definir las particularidades de la experiencia norteamericana. Muchos de estos artistas como Demuth, Harley y Sheleer, eran amigos de Williams.

    Williams empezó como pintor y conservó siempre su interés por las artes plásticas. Su amistad con los círculos de Arensberg y Stieglizt, le matuvo en relación con las teorías y las obras de los artistas europeos y le puso en contacto con un grupo clave de artistas americanos. Williamas pensaba que la pintura era las más avanzada de las artes contemporáneas y que podía aprender de ella. Él mismo escribe en su autobiografía:

    “Había en aquel momento, antes de la Primera Guerra Mundial, un gran interés por las artes. Nueva York hervía. La pintura iba a la cabeza. Para nosotros eso de puso de manifiesto en el Armary Show”.

    Williams dejó muy claro que él cree que el Armory Show era el resultado de lo que había estado ocurriendo en la Galería 291 de Stieglitz durante muchos años. (…..)

    Stieglitz describía así su objetivo: “Tratar de establecer una América en la que se pueda respirar como hombre libre”. Es un punto de vista que Williams compartía y de esta forma ambos mantuvieron actitudes opuestas a las de todo una generación de escritores y artistas expatriados, quienes, en lugar de enfrentarse a la hostilidad de Norteamérica hacia el modernismo se marcharon a Europa. Stieglitz mantuvo contacto con estos artistas expratiados y les hizo sitio en su revista Camera Work. El fue, por ejemplo, el primero que publicó la obra radical de Gertrude Stein. Williams no conoció a Stein hasta 1927 y no se puede decir que su encuentro fuera un éxito.:

    “Ella me preguntó qué haría yo si los libros no publicados fueran míos y si yo tuviera que hacer frente a las dificultades que ella tenía…. Mi respuesta fue “Si fueran míos, y teniendo tantos, seleccionaría los que me perecieran mejores y echaría los otros al fuego”.

    Siempre, Williams reconocía lo que Stein estaba haciendo para liberar al lenguaje de algunos de sus exigencias más onerosas y para descubrir una forma de escribir más directa.

    Pájaro

    Pájaro con extendidas

    alas en el aire suspendidas

    no abrazando lo inviolable

    pero alcanzando

    tu imagen este noviembre

    planea

    hasta detenerse

    milagrosamente fijo en mis

    ojos que lo atrapan

    “Camera Work fue uno de los mayores logros de Stieglitz. Fue a la vez un vehículo para la discusión teórica, examinado las ideas de Matisse y Cezanne, del fauvismo y edel cubismo, y una plataforma para la provocación, de espíritu pre-dadá. Stieglitz nunca abrazó abiertamente el dadaísmo, aunque acogió a Picabio (mucho más cerca del campo de los futuristas en aquel momento) y enfocó sus incursiones en la naturaleza de la fotografía en términos de arte y antiarte. Clamaba por la independencia de la fotografía con respecto a las bellas artes y trataba de mantener su integridad científica. En otra palabra rechazaba cualquier punto de vista que redujera la fotografía a una imitación de la pintura. La fotografía directa iba a ser el instrumento ideal para captar el paisaje y el esiritu de América, ide d que Lange y Evans iban a captar plemanente en los años de la depresión. Williams mostraba un respeto similar por los materiales y buscaba explotar formas naturales del habla sin alteraras. Paradójicamente, la fotografía ayudó al artista americano a enfocar su relación con la realidad de un modo enteramente nuevo. Pueden citarse como evidencia de este cambio de perspectiva la manera en que Marin veía Nueva York, la versión de Sheeler de la América industrial, la visión mística de O´Keefe del paisaje de Nuevo Méjico, o el deseo del propio Williams de hacer del poema un objeto de consonancia con su época. Marin se pregunta retóricamente sil la ciudad no tendrá su propia danza estructural interior:

    “¿Hemos de considerar la vida de una ciudad reducida simplemente a la gente y a los anímales que viven en sus calles y edificios? ¿Están muertos los edificios?.

    Alguna vez se nos ha dicho que la obra de arte es una cosa viva. No se puede crear una obra de arte a menos que las cosas que uno sostiene respondan a algo que se lleva dentro, De ese modo las ciudad entera está viva, edificios, gente, todos están vivos, y cuanto más me impresionan, más vivos los siento”.

    Después de la muerte de Marín, Williams escribió una breve crítica para el catálogo de una exposición conmemorativa, en la que pone en relieve el fondo común de las dos:

    “Siempre pensé que Marin como una expresión candente de la tierra de la que los dos brotamos. Él fue una afirmación de todo lo que yo sentía, un apoyo para mis épocas de cansancio, algo que necesitaba en mi vida cotidiana. Podía contar con él para que me ayudara… Nacimos a menos de media milla uno de otro (en Rutherford) y nunca nos separamos más de una millas. Siempre supimos el uno del otro e incluso nos conocimos y nos entendimos bien, pero nunca fuimos amigos íntimos.

    Williams también tenía amistad con Georgia O´Keefe, que iba a ser uno de los símbolos de la nueva mujer , semejante a Isadora Duncan, una mujer liberada y poco convencional. Es una época muy confusa en las actitudes hacia la mujer. PARA Picabia es un máquina animada y para Lawrence más positiva de la vida. Segú Williams la sexualidad se presenta como el problema central de los americanos…. ¡y varios incidentes a los lardo de su vida parecen darle la razón! (…..)

    Se mantiene apartada de sus contemporáneos europeos y a través de su obra muestra su preocupación por una estructura visual de naturaleza orgánica. Las flores le proporcionen una de sus más logradas metáforas estéticas. Este es un tema cercano a Williams y en su introducción al catálogo para una exposición en An American Place habla de las flores, que a pesar de sernos familiares tiende a pasar desapercibidas.:

    “Me dije: voy a pintar lo que veo, lo que la flor es para mí, pero lo voy a pintar grande y la gente se sorprenderá al ver el tiempo que han estado mirando el cuadro. Incluso haré que los atareados neoyorkinos se paren a ver lo que yo veo en las flores”

    Como Williams, O´Keefe aprecia lo que suele pasar desapercibido y al ampliar la flor en el lienzo consigue un aumento y una intensificación de sus cualidades formales.

    Naturalezas muertas

    Todos los poemas pueden sr representados por

    naturalezas muertas por no decir

    acuarelas, la violencia de

    la Iíada sugiere la disposición

    de narcisos en una jarra.

    La matanza de Héctor por Aquiles

    puede mostrarse a través de ellos

    casualmente unidos amarillo sobre blanco

    radiantemente dibujando un círculo

    oscuros lienzos golpes de pincel

    en un desorden más o menos azaroso

    Mientras Williams intentaba hacer una virtud del hecho de quedarse a vivir en los alrededores de New Jersey (una insistencia en lo local que tiene tanto que ver con su profesión de médico como un principio estético), otro de sus amigos pintores, Marsden Hartly, viajaba incansablemente. En 1912 fue a Paris subvencionado por Stiegliz, quien organizó una subast en la que willams compró “Montains in New Mejico por ciento cinco dólares (…..)

    Al volver a los Estados Unidos continuó sus viajes visitando el sudoeste americano, quedando un tiempo en Taos y Santa Fe: es probablemente el espacio más grande que un blanco pueda sentir, el indio sabe con certeza lo grande que es porque ha hecho su mundo allí, su cosmos entero.

    Heartley, como Williams, estaba preocupado por los potenciales míticos de la tierra y por la necesidad del mito moderno. Reconocía la inutilidad de describir temas indígenas y sabía que tenía que descubrir un lenguaje propio, de su tiempo. El empirismo primitivo de Cezanne era un ejemplo claro, por insistir en que la pura sensación deriva directamente de la naturaleza In the American Gray, obra de Williams, es, de un modo similar, un intento de dar proporciones míticas a una serie de figuras históricas “puramente americanas” y de hacerlo en el lenguaje contemporáneo del collage. Su poema largo “Patterson” es, incluso más abiertamente, un mito del lugar.

    Williams compartía la admiración de Hartley por Cezanne y admitía que su afirmación de que un cuadro era una cuestión de pigmentos sobre un trozo de tela tensada en un bastidor podría servir como principio para el poema y ayudarle hasta llegar a la definición de que el poema es una maquina hecha de palabas. El poema “Wild Orchard” (“Huerta salvaje”) recuerda mucho el tono y la estructura de Cezanne. Como en los paisajes provenzales de Cezanne la perspectiva es plana y bidimensional; la ladera es un muro; el cuadro se construye línea la línea y plano a plano de hierba, de huerto, rocas , ladera y cielo. Todo es inmóvil, pesado; no hay sentimiento, ni filosofía, ni incidente.

    Según Hartley, la verdadera piedad se hala sólo entre los pobres que vivjen cerca de la tierra o del mar. Al trata el cuadro como un objeto en si mismo, Hartley podía controlar sus emociones entregándose a la lógica pictórica.

    Williams también llama sobre las características que comparte con el pintor: la insistencia en los materiales concretos del arte u en la necesidad de la percepción directa e intensa como valor moral:

    los colores y las forma habían sido vistos muy de cerca, y estaban pintados enérgicamente e incluso con crudeza, con osadía y con agresiva simplicidad. Los perfiles (por ejemplo, los de dos abedules blancos, medio arrancados, apoyados uno contra otro en el bosque) eran inequívocos y expresaban con dramatismo lo que tenían que expresar…., una tragedia ineludible a la que todo el lienzos apuntaba despreciando lo marginal. Un torrente de montaña estrellándose contra la roda no estaba menos dramáticamente centrado, p también podía ser un canto rodado solo, un canto rodado hendido, las dos mitades eternamente separadas.

    Williams sentía una gran admiración por las naturalezas muertas de Hartley que conseguían un equilibrio ente el sentimiento y la forma. Le gustaba particularmente “Vista marítima de Nueva Inglaterra” y, como no podía permitirse comprar el original, Harley le regaló una reproducción dedicada. El poema de Williams “Trucha de mar y pez-mantequilla”) aunque no naciera directamente derivado de este cuadro, parte claramente de la misma poética. Williams presenta su reevaluación del objeto en forma de naturaleza muerta, disponiéndolo según sus elementos visuales.

    Trucha de mar y mantequilla:

    Los contornos y el brillo

    mantienen el ojo –cautivo y fijo

    aletas naranjas y los dos

    la mitad de su tamaño, muecas

    al lado, sobre el plato blanco –

    Escamas de plata, pesadas

    rápida colas

    latigando oblicuamente las corrientes.

    El ojo desciende ansioso

    libre del mar

    separa esto de aquello

    y las afiladas espinas de las finas aletas.

    Tributo a los pintores

    Tributo a los pintores

    ¡Danza de sátiros!

    todas las deformidades alzan el vuelo

    centauros

    conduciendo a la desbandada de los vocablos

    en los escritos

    de Gertrude

    Stein –pero

    tu no puedes ser

    un artista

    por pura ineptitud

    ¡El sueño

    nos persigue

    Las esbeltas figuras de

    Paul Klee

    llenan los lienzos

    pero ese

    no es el trabajo

    de un niño

    La cura comienza, quizá

    con las abstracciones

    del arte arábigo.

    Durero

    con su melancolía

    se daba cuenta de ello–

    la mampostería hecha añicos. Leonardo

    lo vio

    la obsesión

    y lo ridiculizó

    en la Gioconda

    del Bosco

    cúmulos de almas torturadas y demonios

    que las devoran

    peces

    tragándose

    sus propias entraña

    Freud

    Picasso

    Juan Ofis

    La carta de un amigo

    diciendo

    Durante las tres

    últimas noches

    he dormido como un niño

    sin

    licor o droga de ningún tipo

    Sabemos

    que un éxtasis

    de una crisálida

    ha extendido sus alas

    como un toro

    o el Minotauro

    o Beethoven

    en el sherzo

    de su Novena sinfonía

    plantando con furia

    sus pesados pies

    vi al amor

    montado desnudo sobre un caballo

    sobre un cisne

    sobre el dorso de un pez

    el congrio sediento de sangre

    y río

    recordando al Judío

    en la fosa

    entre sus camaradas

    cuando el tipo indiferente

    con la ametralladora

    rociaba la montaña de cuerpos

    Él

    no había sido alcanzado aún

    pero sonreía

    confortando a sus compañeros

    Los sueños me poseen

    y la danza

    de mis pensamientos

    figura animales

    las inocentes bestias

    y allí me llegó

    ahora mismo

    el conocimiento de

    la tiranía de la imagen

    y cómo

    los hombres

    en sus dibujos

    han aprendido

    a destruirla

    sea lo que sea,

    que la angustia

    en sus mentes

    será calmada

    acostada

    de nuevo

    8 enero, 2015 • Poesía, literatura y arte • Vistas: 0

  • Entrevista a Rafel Calle

    Rafel Calle

    Rafel Calle (Palma de Mallorca, 1954), periodista, publicista, escritor, concebido en la madre Poesía.

    Disciplinado, estudioso de las formas y las técnicas. Altruista. Ocupado en el oficio de tallar la piedra filosofal; caminante y fundador de ámbitos literarios. Ponderado y objetivo; capaz de acunar la ternura que defiende La cita con la flor de tus labios, los Apetitos en el canto eros-ionado. Lírico que admite un Romance del Lazo,  un Tesoro de la luna. Responsable absoluto del inolvidable Pess, árbol de la carne. Hijo, padre y tan amigo de sus amigos. Justo y necesario mencionar su docencia ininterrumpida y laboriosa en el foro Alaire.

    ¿Qué ha hecho la poesía contigo?

    Me ha tenido obnubilado durante los últimos ocho años. Por la poesía, he vivido en un mundo hecho a la medida de mi escritor. Y me he olvidado de otros asuntos que son primordiales para poder subsistir, por ejemplo, ganar dinero o cultivar el amor. Se diría que para poder escribir he creado un caos a mi alrededor, de donde extraer los asuntos de mis poemas. Y, sí, estoy en manos de mi poesía, puesto que me lo he jugado todo a que seré un autor interesante. Si no lo consigo, todo habrá sido en vano.

    Cómo ha evolucionado aquel proyecto nacido en el 2007 llamado Foro Alaire?

    Rafel CalleEl foro de poesía Alaire nació para ser un libro vivo de poemas servidos por un grupo de autores que escribían y publicaban constantemente, expoleándose unos a otros para conseguir que aumentara el nivel de calidad en las obras de todos ellos. A día de hoy, creo que lo hemos conseguido; Alaire está conformado por una serie de autores que tutelan, día a día, los continuos poemas y comentarios que son publicados. De los cientos de poetas que publican en nuestra página, hay un grupo que tiene una calidad equiparable a la de los autores que están en el candelero poético, de eso no me cabe duda, y son ellos con su talento y solidaridad los que hacen de nuestro foro un referente en la poesía virtual. Actualmente, la calidad media del foro está más alta que nunca y, en todo lo alto, hay varios autores y autoras con obra importante.

    Por otra parte, se ha hecho realidad el viejo sueño de formar una escuela de poesía, ya que, a base de muchos años, mucho trabajo y mucha paciencia, hemos conseguido que un grupo de colegas trabajen con la base de ciertos conceptos que nos diferencian, en el aspecto formal, de cualquier otra poesía que se haya escrito. A día de hoy, técnica y estilísticamente, Alaire es un referente en el mundo del poema, tanto dentro como fuera de Internet. Ya no somos uno o dos los que trabajamos el poema desde una perspectiva clásico-vanguardista, sino que cada día son más compañeros los que se adentran en nuestro ideario poético. Hemos actualizado los poemas monométrico y polimétrico; en cuanto al verso libre, hemos demostrado que no es tal, sino verso multimétrico y, además, le hemos conferido vitola de verso incuestionable. Hemos equiparado la prosa versicular y el poema en verso, con la única distinción de la pausa versal. En fin, podría seguir, pero con lo dicho creo que ya he mostrado ejemplos de que en Alaire se ha trabajado a conciencia.

    ¿Qué autores clásicos y contemporáneos han impactado tu cerebro poético?

    Muchos. Empecé cuando tenía ocho años, con Amado Nervo, seguí con Quevedo, hasta que llegó Bécquer, me aprendí de memoria todas sus rimas y luego, mucho más tarde, supe que se trataba de un virtuoso del verso. Después, vino Miguel Hernández y me caló profundamente; también me aprendí de memoria muchas de sus obras. A Bukowski y Shakerspeare, los he estudiado y traducido durante mucho tiempo. Ya de mayor, he leído a todos los autores que he podido conseguir en lengua castellana, con especial mención para Lorca y Borges a quienes también he estudiado a fondo. De todas formas, creo que es mejor hablar de poemas impactantes, puesto que muchos autores los tienen aunque su obra, en general, no resulte impactante.

    ¿Se considera Rafel Calle un poeta de género? ¿Has escrito alguna vez un poema desde una imaginada pespectiva femenina?

    No sé si soy un poeta de género, aunque es difícil que lo sea porque no creo en géneros ni masculinos ni femeninos, Autores, solo eso, el género me importa menos. En cuanto a mí, me limito a crear personajes para vestir los pensamientos. Pueden ser niños, hombres, mujeres, animales, vegetales, minerales… Se trata de darles vida aunque sean objetos inanimados. Imaginar una realidad, darle forma, adentrarse en la fantasía de un mundo de símbolos. Universalizar el fondo para que cada lector lo pueda percibir a su manera. Eso es lo que persigo, aunque lo consiga muy de vez en cuando.

    Estoy convencida de que ser poeta es condición vitalicia. En los últimos cinco años ¿ha habido algún momento en el que sientas -al menos de manera consciente- no haberlo sido?

    Rafel CalleNo. Los últimos cinco años han sido durísimos, no diré los peores de mi vida puesto que, a pesar de su dureza, han sido más benévolos que cuando murieron mis padres. Ahora, que el sol parece volver a despuntar, se disipan los negros nubarrones que han presidido el último lustro; en él he tenido que pagar una factura carísima por haber querido ser poeta. Soy un poeta que quiere escribir poemas interesantes y que para ello ha invertido la mayoría de su tiempo. Solo faltaría que, después de escribir, estudiar y leer poesía como un poseso, no me sintiera un poeta. Otra cosa es que llegue a ser un poeta leído, ahí tengo muchas dudas. Por lo demás, ser poeta no es nada del otro jueves, somos escritores de poemas; solo eso.

    He mirado con atención videos y fotos de recitales en Palma de Mallorca. ¿Cómo ha sido tu experiencia declamativa con estos grupos de poetas?

    Bueno, me gusta asistir, como oyente, a recitales de poesía. Aunque en muchas ocasiones recito para no desairar a quienes me lo piden en los numerosos actos culturales y sociales a los que debo acudir por mi trabajo; no me gusta recitar, porque no soy un rapsoda. Conozco a fondo la técnica del recitado, puedo enseñar a recitar, de hecho lo hago porque, lastimosamente, no hay muchos rapsodas ni tampoco muchos poetas que sepan recitar correctamente, puesto que para un buen recitado se precisa conocer las peculiaridades del verso, pero, a decir verdad, no me gusta recitar mis poemas, prefiero escucharlos en otra voz. A todo esto, el hecho de recitar en público me ha aclarado algunos asuntos versales que me tenían bastante liado, por ejemplo, del ritmo, de la cadena fónica, de la polisemia…

    ¿Hay alguna obra, sea poética o meramente narrativa, que haya producido espasmos líricos en tu alma?  Si fue así, me encantaría que compartieras con nosotros tu vivencia.

    Don Quijote de la Mancha, Macbeth, La divina comedia, Cien años de soledad, La vida es sueño, Platero y yo, Moby Dik, y, como obras, bastantes más de una lista interminable. De Shakespeare, Dickens, Miguel Hernández, García Lorca, Quevedo y Bukowski me gustan muchas de sus obras, incluso hoy en día, al leerlas me estremezco.

    ¿Tiene Rafel Calle sueños de incursionar en otros géneros literarios, por ejemplo la novela o el ensayo?

    Sí, por supuesto. Estoy terminando un manual del poema. Comencé dos ensayos filosóficos, uno de política y otro de religión, pero los tengo aparcados en beneficio de una novela que empezó queriendo ser una obra de teatro; ciertamente, me está resultando muy complicado escribirla; adentrarse en la novela son palabras mayores, jamás había intentado algo tan sumamente difícil.

    Si tuvieses ahora mismo la posibilidad de publicar las obras de tres autores, ¿cuáles serían los elegidos?

    Rafel CalleSi me preguntas por autores de Alaire, no sabría decir solo tres nombres, pues, en nuestro foro, hay muchos más de tres autores con un nivel apropiado para saltar a la palestra poética. Como ya he comentado, se da el caso de que en Alaire convive un grupo bastante numeroso de autores con una gran calidad técnica. Soy el primer sorprendido de que se hayan reunido tantos buenos poetas, pero es así, y yo me congratulo por ello. En cuanto a publicar, nuestra Asociación Poético Cultural Alaire, edita un libro más o menos cada año en el que recoge los mejor de sus autores asociados; ahora contamos con 25 socios, pero, en breve, propondremos como nuevas incorporaciones a varios compañeros que han entrado últimamente en nuestro foro de poesía y que tienen un óptimo nivel de calidad. Así que, para próximas publicaciones, podemos ser más de 30 autores.

    Sin embargo, cada día me interesa menos publicar las obras en papel; teniendo como tenemos a un gran número de lectores en nuestra página de Alaire, el hecho de publicar en papel, sabiendo que los libros serán leídos por muy poca gente, no es que me seduzca demasiado. Seguiremos publicando libros, pero no es un tema prioritario.

    ¿Qué piensa Rafel Calle de la dinámica y de los foros de poesía en Internet? ¿Qué le queda de las personas?

    De los foros de Internet, me quedo con dos, Poesíapura y Ultraversal; no es baladí nombrarlos puesto que muchos poetas de Alaire nos formamos en ellos. Estos foros, cada uno con su estilo, me han marcado y no puedo ni quiero olvidarlo. De aquella época, tengo una espina clavada con Enrique Gutiérrez Isoba, un tipo muy interesante y con grandes cualidades como poeta. En fin, le cogí mucho aprecio y siempre he querido ponerme en contacto con él, pero no me ha sido posible.

    En cuanto a Alaire, pienso muchas cosas y todas gratificantes. De las personas me queda mucho y entre los muchos amigos en la poesía, es cierto que tengo colegas que son como hermanos (chicos y chicas); es verdad que hay un ramillete de autores (chicos y chicas) que sobresaldrían en cualquier ámbito poético, pero prefiero no hacer distinciones. Alaire es un sitio de poemas y camaradería donde varios cientos de autores se esfuerzan cada día para presentar sus obras, de la manera más digna, a los numerosos lectores que tiene nuestra página. Solo daré dos nombres porque es de ley reconocérselo: Pilar Morte que siempre ha estado muy cerca, y J. J. M. Ferreiro que nunca ha estado muy lejos. Ambos han sido y son fundamentales en el desarrollo y asentamiento de Alaire.

    Hablando de la dinámica de los foros, pues, es como la vida misma, pero en un mundo de poesía. Unos vienen y otros van, mientras pasan los días y pasan los poemas, hasta que nos volvemos a encontrar en el poema. Y, sí, tratándose de poesía, no hay nada comparable a un foro, ni Facebook, ni los blogs, ni cualquier otro soporte le llega en cualificación, lectores, apoyo didáctico… Sencillamente, los foros de poesía son sitios altamente especializados y son el mejor lugar para publicar las obras.

    En Alaire han habido pérdidas fundamentales; por ejemplo, el fallecimiento de nuestra Blanca Sandino y de nuestro Ramón Ataz. ¿Qué sientes al respecto?

    Blanca y Ramón han sido fundamentales en el devenir de Alaire y en el mío como poeta y también como persona. De entrada, Blanca y Ramón fueron dos personas eminentemente buenas con las que llegué a formar grandes sinergias. Ellos están entre los mejores autores que he conocido a lo largo de mi vida en el poema. Siento muchísimo su pérdida y no es porque hubieran sido dos grandes apoyos en mi labor foral, dos colegas con los que siempre podía contar, sino porque es una gran lástima que, precisamente, cuando estaban creciendo a marchas forzadas, se extinguiera su travesía. Sinceramente, han dejado una obra importante que hubiera podido ser mucho más amplia si el destino no hubiese sido tan cruel. Sí, Blanca y Ramón han sido dos compañeros importantísimos, nunca los olvidaré.

    Creo que tantísimos años en la experiencia virtual interactiva y poética agudizan el tránsito intuitivo.  ¿Qué opinas al respecto?

    Rafel CallePosiblemente sea cierto. Con la interacción continuada llegamos a conocernos mucho a nivel poético, pero también a nivel personal; se crean grandes amistades que perduran a través de los años. Por los poemas y comentarios, podemos saber el estado de ánimo de los compañeros. Por otra parte, uno se llega a hacer un experto en la obra de sus colegas, así, es más fácil detectar las subidas y bajadas -nivel literario, ingenio, la propia creatividad- que se producen en los autores a lo largo de sus trayectorias. Quizá una de las labores más importantes que a los responsables de Alaire nos toca llevar a cabo, es la de velar por los compañeros cuando sufren los apagones creativos que suelen redundar en falta de confianza en sí mismos, etc. Para ello, intentamos estar muy alerta con la intención de darles un aviso cuando aumente o disminuya el punto de creatividad en su obra.

    El foro Alaire. Lugar que lleva en sus sienes un alto vuelo de pájaros verdaderamente azules. Si pudieras usar, solo tres  líneas, ¿qué le dirías a este amantísimo grupo de poetas y lectores?

    Muchísimas gracias por todo, queridos amigos y colegas; ha sido, es y espero que siga siendo un auténtico privilegio crecer como autor y como persona, junto a vosotros. Fuertemente, razón de sentir. Verdaderamente, dedicación vital. Alaire, poesía, todos nosotros. Salud y amistad.

    28 octubre, 2014 • Banner rotatorio, Poesía, literatura y arte • Vistas: 0

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