Textos rescatados
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  • Carlos Oroza: entrega, autenticidad y vida en simbiosis con la poesía

    Autor: J. J. Martínez Ferreiro

    (Este artículo no podría ser escrito si la aportación de documentos de Xaime Oroza, su sobrino.)

    Grazas, Xaime.

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    17 mayo, 2018 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

  • El afán explorador de José Moreno Villa

    Hola, amigos, bienvenidos a esta nueva andadura de la Revista Alaire, en esta esquina de la “cultura con telarañas” que representa Textos Rescatados, en la que intentamos recuperar, dando brillo y esplendor, textos y autores un poco perdidos en el olvido y que por su calidad e interés merecen ser devueltos de nuevo a la luz, aunque sea ésta, la de la pantalla de un ordenador.

    Esta vez hemos elegido un texto de José Moreno Villa, una figura de gran talla intelectual y precursor de la generación del 27, de gran prestigio en su tiempo, y ahora un tanto injustamente olvidada. Si hubiera que encontrar una explicación a este injusto olvido, podríamos aplicar lo que él mismo escribió a la muerte de Don Manuel B, Cossío, “si no fue –ni será– popular, se debe precisamente a la multiplicidad de elementos finos que lo componían”. Pero una cosa es no ser popular y muy otra ser olvidado.”

    Nació José Moreno Villa en Málaga, en Febrero de 1887 y murió en Ciudad de México en 1955. Fue una personalidad de gran amplitud intelectual ya que fue archivero, bibliotecario, poeta, articulista, crítico, historiador de arte, documentalista, dibujante y pintor. Al comenzar la guerra Civil, debido a su compromiso con la República se exilió a EEUU y finalmente a Méjico.

    Después de estudiar química en Alemania, a donde lo envió su padre, fundó en Málaga la Revista “Gibralfaro”, única revista cultural de la ciudad durante mucho tiempo. Posteriormente en Madrid, participó intensamente en las actividades de la Institución Libre de Enseñanza y de la Residencia de Estudiantes. Podemos decir que fue uno de los introductores del surrealismo y en general de los movimientos artísticos de vanguardia en nuestro país.

    Esta considerado un “poeta de transición”, ya que en cierto sentido es un precursor de la generación de 1927. Pero su obra de madurez se introduce de lleno en la poética del grupo. En cuanto a su obra pictórica, el Museo de Málaga conserva cuarenta y nueve de sus obras, de diversas técnicas y estilos. José Moreno Villa es uno de los personajes importantes de la última novela de Antonio Muñoz Molina, “La Noche de los Tiempos”; en ella se reivindica su figura, dejando entrever que fue el precursor de ideas que no supo o no pudo rentabilizar y que otros las utilizaron como propias.

    Rescatamos desde ese joyero que es la Revista “Poesía”(publicación cultural del Ministerio de Cultura que vio la luz desde 1977 hasta 2005, se editaron 45 números), el artículo titulado “El afán explorador”, publicado en el periódico madrileño el Sol el 5 de Octubre de 1927, en el apreciamos todo el entusiasmo decididamente “moderno”, indagador de todo lo nuevo, de Jose Moreno Villa, y que tanto iba a impregnar los movimientos artísticos de la época.

    El AFÁN EXPLORADOR

    José Moreno Villa

    Buscar, indagar, perseguir el secreto más recóndito y el modo de expresarlo más eficazmente; meter la inteligencia donde no llega el auscultador médico, explorar todos los campos, creo que es también muy nuestro, muy de la hora. Y con entusiasmo, con saltarín afán. En muchos, significa este fenómeno deseo vivo de conocimiento, pero en nosotros significa más que deleite aventurero. Para estos las consecuencias no importan, porque, si son dolorosas, el nuevo arranque de la futura exploración o intentona, borrará el pasado.

    Nada tan grato para el hombre moderno como ver el panorama del Mundo en forma de vivero de problemas. Esta visión le encandila o enciende. Le anima porque le asegura el entretenimiento a lo largo de su corta existencia. Jamás aparece el tedio en el horizonte del explorador. El mejor bien con que la Providencia puede regalarnos será, por consiguiente , el de la disposición para avizorar los problemas.

    La mentalidad burguesa no admite semejante afirmación, puesto que grita: “A mí me deja usted de problemas, ya tengo bastante con los que me trae la vida sin yo buscarlos” . Pero el hecho importante es, que todo avance, lo mismo en pintura que arquitectura, medicina o historia, poesía o filosofía se debe al entusiasmo explorador del hombre, a la satisfacción que el problema le reporta.

    Hay una palabra vulgar que resume este espíritu: INTERESANTE. Fijaos que el mayor elogio sobre una persona o cosa, desde hace unos años, se concreta en este vocablo: ¡Que interesante es este libro! No me interesa Fulano. ¡Qué país más interesante! No recurrimos hoy a las palabras “bello”, “hermoso”, “grande”, como en otras épocas. Procuramos bautizar de interesante lo que nos afecta.

    Y si nos detenemos a ver qué es lo interesante, nos chocará, que en la mayoría de los casos, es “lo desconocido”. Hay muchas cosas y personas desconocidas que carecen de interés, pero lo interesante es desconocido, o lo que es igual, campo de exploración que nos atrae porque nos convierte en indagador de problemas, en detective. Y uno de los mayores halagos para el hombre consiste en suponerle capacidad para el descubrimiento.

    Ensartemos las palabras después de una discreta selección y tendremos el espíritu de nuestra época. Relacionemos la palabra “interesante” con otras “curioso” “extraño” que aluden también al mundo de lo desconocido, al mundo de la exploración. Y, alargando, el brazo, sujetemos luego a la palabra “ensayo”, que puede servirnos igualmente.

    No tenemos que reducirnos a pensar en Proust, Picasso, Lindbergh, Lenin o Pirandello, formidables ensayistas, populares ya. La tierra de 1927 se encuentra en ebullidor ensayo. Todos a una tenemos un laboratorio. Fijémonos en que el pintor llama hoy a su taller “cocina”, y esto porque se acerca a laboratorio. Ciertos espíritus filosóficos que con la mira más elevada quisieran imponer derrotero a los hechos, solicitan ya el laboratorio del ensayo, el paso a la otra −¿cómo llamar a esta obra?−. Pero ese paso sería un ensayo más, un intento de sobrepasar el ensayo.

    He visitado estos días el estudio o “cocina” donde un pintor joven, Francisco Bores, anima o vivifica las telas encoladas. Y con este amigo, que acaba de remover en París la conciencia artística con sus obras –a la par que Viñes, González de la Serna, Cossío, Manolo Ortiz, Peinado y otros− he hablado y explorado un poco en la materia. También con Hinojosa, ensayista lírico.

    No pasa todavía la época del ensayo, al revés, se consolida y agudiza. Bores empuja ya los elementos de la pintura a los límites del colmo. A la vera de sus cuadros, los cubistas van resultando perfectamente canónicos, sentados, normalísimos. El ensayo de Bores irritará, como siempre, a los mismos. Y, sin embargo, no puede renunciar a su camino; es su vida, su alegría, su salvación. Lo que no es ensayo, es copia, y como tal, aburrimiento, castigo, deber, pedagogía. Y el arte no es lo que nos imponen, sino lo que conquistamos, es decir el fruto de la exploración.

    −¿No será caedizo todo esto? –les pregunto para explorar la firmeza del convencimiento que los anima–. ¿No será fruto de un día, sin mañana, sin eternidad? Y ellos contestan con un perfecto acorde moderno.

    –No tenemos esa pretensión. Nos basta con sea eficaz hoy, al presente. Nuestros cuadros o nuestros versos responden con sinceridad a lo que vivimos, a lo que queremos y necesitamos.

    –¿Son como los zapatos?

    –Sí, y como las casas, y los muebles, y el vestido, y el habla. Van cargados de nuestro hoy. No podemos pretender que dentro de un siglo se usen los mismos tranvías ni los mismos pensamientos, ni los mismos sostenes de paredes –cuadros– que hoy. Nuestros cuadros serán historia entonces, y harán a nuestros bisnietos la impresión que los del Museo a nosotros, los no hipócritas.

    Así piensan los que podemos llamar exploradores. Y si de sus palabras pasamos a examinar sus obras, no encontramos, en efecto, con que en ellas hay entretenimiento para la inteligencia, interés, enigma, claridad, sorpresa y lógica; una porción de cualidades, a cambio de otras que tenía lo antiguo. No digo que sean mejores ni peores; son otras y son más eficaces, más atrayentes; carecen de pretensiones, rehúyen la transcendencia en el asunto o motivo; buscan el secreto del arte en los elementos de éste y nada más. Como el aviador busca el secreto en el motor, en las corrientes de aire y demás elementos del vuelo, sin preocuparse de la mitología, la historia o cualquier otro motivo transcendental.

    Estas condiciones primarias de la producción actual conducen, sin embargo, al estancamiento, monopolio y subdivisión de gentes.

    Los gustadores no son, en realidad, más que técnicos, los profesionales; éstos disfrutan de un monopolio y por eso protestan los demás, el público. La solución es difícil, porque al explorador le interesa el público, muy en última instancia. Sobre todo, sabiendo que a éste no le gusta más que lo conocido.

    El Sol, Madrid, 5 de Octubre de 1927

    J. J. M. Ferreiro.

    Poeta y escritor.

    16 junio, 2015 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

  • Dalí y el Cine

    dali_imageSi la significación del término “genio” se le puede aplicar a alguien, uno de los candidatos que más justificadamente lo merece es “Salvador Dalí”, dado lo exclusivo de su personalidad, creatividad e imaginería artísticas. Aquello de “el genial Salvador Dalí…” es moneda corriente desde las primeras décadas del Siglo XX tanto en el mundo periodístico como en cualquier tipo de ensayo sobre Arte en general.

    Dalí siempre iba un paso más allá del mundo que nos rodea, tanto en lo social como en lo ético y estético; nunca cayó en la trampa virtual que nos ofrecen los sentidos.

    Las relaciones con el cine de Salvador Dalí fueron esporádicas pero siempre con el sello, personal y contundente, de su exclusiva mirada a la realidad consciente e inconsciente.

    Es lógico pensar que en los años veinte —cuando la iniciación artística de Dalí y Buñuel— la relativamente reciente aparición del cine incidiera directamente, dado sus posibilidades estéticas, sobre la concepción que del arte ambos tenían.

    daliLa más importante aportación de Dalí al séptimo arte se encuentra en la colaboración con Luis Buñuel para la realización del film “Un perro andaluz” (1929) peo también debemos destacar la “sonada” colaboración en “Recuerda” (1945) de Alfred Hitchcock, concretamente en la parte referente a los decorados, cuando la secuencia de regresión hipnótica en la que Gregory Peck desvela sus sueños para mediante la psiquiatría interpretarlos y hacer que de esa manera recupere la memoria. Otra importante incursión fue la realización del cortometraje “Destino”, encargado a mediados de los 40 por Walt Disney a Salvador Dalí, pero que no fue estrenado hasta el año 2003, y nominada al Oscar en 2004.

    Dejamos aquí el vídeo de “Youtube” para su visionado:

    Profundicemos un poco en la génesis y motivación de ese gran hito en la historia del cine: “El perro andaluz”.

    perroEl primer concepto de naturaleza estética que aparece en Dalí es el de “putrefacción”. Lo putrefacto, ya se trate de personas u obras de arte o literatura, es lo arcaico e inactual, lo conservador y tradicional, lo tópico y lo retórico, lo sentimentaloide y lo pompier .

    Dalí y Lorca planearon hacia 1925 un libro sobre ”la putrefacción”, para el que Dalí realizó muchos dibujos, que se refieren a la hipertrofia de las emociones melodramáticas, la autocomplacencia del figurón orgulloso de su preeminencia social, con grandes bigotes, uniformes y medallas, el arraigo del burgués bienpensante y la sensiblería ñoña .

    Muchos estudioso afirma que desde este punto de vista es posible entender “un perro andaluz” como “un putrefacto andaluz”, y esto último como una alusión a Lorca en el momento en que Buñuel lo sustituye en la intimidad de Dalí, tras haberle éste reprochado la “putrefacción” de Canciones y Romancero gitano , en cartas de junio de 1927 y septiembre de 1928, respectivamente.

    La razón es que en la reseña de Un perro en La Gaceta Literaria de junio de 1929 por Eugenio Montes, que pudo asistir al preestreno privado en París el día 6, se señala que el film se oponía a la lírica con “drama y tradición” -¿la de Lorca y similares, que Dalí y Buñuel consideraban putrefacta?

    perro_1En sus memorias, “Mi último suspiro” escribe Buñuel : “Esta película nació de la confluencia de dos sueños. Dalí me invitó a pasar unos días en su casa, y al llegar a Figueras yo le conté un sueño que había tenido poco antes, en el que una nube desflecada cortaba la luna y una cuchilla de afeitar hendía un ojo. Él, a su vez, me contó que la noche anterior había visto en sueños una mano llena de hormigas.

    (…) Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple, adoptada de común acuerdo: no aceptar idea ni imagen alguna que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Abrir todas las puertas a lo irracional. No admitir más que las imágenes que nos impresionaran, sin tratar de averiguar por qué. En ningún momento se suscitó entre nosotros la menor discusión.”

    perro_2En rodaje fue muy rápido y debió de ser pintoresco, según cuenta el mismo Dalí : “El encargado del atrezo] nos confesó que creía estar soñando. He aquí algunas de las cosas que le pedimos: una modelo desnuda para quien debía hallar modo de que llevase un erizo de mar vivo bajo cada brazo; un maquillaje para Batchef en que apareciera sin boca, y otro en que su boca fuera reemplazada por pelos (…), cuatro asnos en descomposición, cada uno de los cuales debía colocarse sobre un piano de cola; una mano cortada, un ojo de vaca y tres hormigueros”

    En cuanto a las hormigas, Buñuel había escrito a Dalí el 22 de marzo de 1929 pidiéndole que las llevara consigo a París, “cogidas el mismo día de tu viaje” y transportadas “en una caja pequeñita de madera cerrada por todas partes excepto por un agujerito cubierto con tela metálica fina”y quería hormigas españolas “porque las francesas son parvas”.

    De declaraciones directas al autor de este artículo, del gallegista en el exilio mejicano Elixio Rodríguez  (amigo personal, y compañero en el exilio, de Pepín Bello, a su vez íntimo amigo, desde su paso por la Residencia de Estudiantes, de Buñuel y Lorca)  fue el cineasta gallego Carlos Velo quien suministró las tales hormigas recogidas de los montes aledaños a la Localidad orensana de Cartelle.

    El artículo que “rescatamos” en esta entrega ―publicado en la Revista “Poesía”, de la que ya dimos reseña en el numero anterior de esta revista―  Dalí, con el léxico y tono que le carecteriza, reflexiona sobre el espíritu cinematográfico (el pájaro del film), arremetiendo contra lo “putrefacto” que muchas veces el cine aporta (el film artístico en terminología dalinina –pone como ejemplo de el “Metrópolis” de Fritz Lang) y alabando sus virtudes y posibilidades en su faceta más creativa (film anti-artístico).

    Debemos de tener en cuenta que este texto fue escrito al poco tiempo de estrenada “Metrópolis (1927)” de Fritz Lang, o sea estamos en los albores del cine, y entre los artistas, y sobre todo los plásticos, había mucha discusión sobre los derroteros que habría de llevar este nuevo “arte” para ser considerado como tal.

     

    Film Arte/Film-Antiartístico (a Luís Buñuel, cineasta)

    El pájaro del film, igual que el de la fotografía no hay que irlo a cazar lejos;  está en todas partes, en cualquier lugar, en el sitio más insospechado. El pájaro del film, no obstante, es de un tan sutil y perfecto mimetismo, que permanece invisible en sus vuelos por entre la desnuda objetividad. Por esto, el descubrirle es de gran importancia poética.

    Ninguna caza más espirirecuerdatual que la de este pájaro, del que no podemos percibir la presencia. Ninguna caza tan poco menos cruenta y más desangradora, a la vez es casi un juego, el pájaro es preso, cerrado dentro de la cámara oscura y libertado de nuevo por el cristal de la lente, ausente de anilina y con las alas cloroformizadas.

    Si escuchamos, oiremos la música blanca y negra de las diversas velocidades de estos pájaros al salir por la Vía láctica, eléctrica, del proyector. Entonces será dulce de percibir cómo los más vertiginosos vuelos son una sucesión de quietudes, y los más inesperados batimientos de ala, un seguido de calmas anestesiadas: cada nueva luz, una nueva anestesia.

    recuerda_1La luz del cine es una luz toda espiritual y toda física a la vez. El cine capta seres y objetos insólitos, más invisibles y etéreos que las apariciones de las muselinas espiritistas. Cada imagen del cine es la captación de una incontestable espiritualidad.

    El árbol, la calle, el partido de rugby, en el cinema, son perturbadoramente transustanciados; un dulce pero mesurado vértigo nos lleva a sensuales trasmutaciones específicas. El árbol, la calle, el partido de rugby pueden degustarse lentamente con una paja, como los granizados. El temblor vivísimo del viento en el ligero vestido de ella puede recogerse en una cajita de aluminio igual que el mercurio. El pájaro del cine es un timbre, el pájaro del cine es aún el aire de un ventilador.

    Se necesita más fantasía para disparar sobre un árbol de pájaros invisibles que sobre otro en el que estos hayan sido dispuestos previamente disfrazados de pájaros cubistas,  el pájaro del film, no obstante, transparente y delicado, muere instantáneamente bajo cualquier disfraz,  bajo cualquier capa de pintura.

    El filmador anti-artístico dispara sobre una pared de ladrillos y caza inesperados y auténticos pájaros cubistas.

    El filmador artístico dispara sobre falsos pájaros cubistas y caza un inservible ladrillo. El filmador ignora el arte; filma de una manera pura, obedeciendo únicamente a las necesidades técnicas de su aparato y al instinto infantil y alegrísimo de su filosofía deportiva.

    El filmador artístico conoce el arte casi siempre groseramente, y obedece a las arbitrariedades continentales de su genialidad.

    El filmador antiartístico se limita a emociones psicológicas, primarias, constantes, estandarizadas, así tienda a su supresión de la anécdota.

    Cuando se llega a la monotonía y repetición de ésta, cuando se sabe lo que tiene que pasar, entonces empieza a sentir la alegría de la inesperada diversidad técnica y expresiva. El filmador antiartístico llega a acción y signos constantes.

    Cara rasurada del bueno; agudísimo y fino bigotito del malo;  persecución y tiros en el auto, etc., etc.

    Pipa, frutero, guitarra, racimo de uvas, botellita de rhum, papel de música, etc.

    metropolisSe sabe que los grandes trágicos griegos escribían, los unos después de los otros, trazadamente sobre los mismos temas. El público no iba a emocionarse en el espectáculo de acontecimientos inesperados; buscaba su placer, su emoción, en el desenvolvimiento de acontecimientos inesperados, ya que eran conocidos.

    Por estos caminos, el cinema anti-artístico ha creado todo un mundo característico y diferenciadísimo de emociones e imágenes-tipos, propias, completamente definidas y claras en el concepto común de los miles de gentes que forman los grandes públicos cinemáticos. Además, toda esta creación es una creación orgánica y homogénea, producto de anónimas aportaciones y de un perfeccionamiento logrado por el camino de la estandarización.

    La máscara del malo, sus gestos, su vestuario, la mano que llama a la puerta va afinándose de emoción dramática y visual, todo esto va puliéndose y está mejor a cada nuevo film, llega a la perfección por proceso análogo de embellecimiento cada día más turbador de los aeroplanos.

    El cine artístico, en cambio,  no ha logrado fijar ningún tipo universal de emoción: muy al contrario, cada nuevo film ha tendido al máximum descuartizamiento a la más absoluta disociación, al más incontrolado inorganismo.

    dali_image2El filmador artístico, corrompido por la absorción inasimilada de la literatura y con un afán risible de originalidad, tiende a la máxima complexidad de conflictos psicológicos y expresivos, intrincados, dentro el más grande y variado surtido de recursos muchas veces extracinematográficos, todo eso lleva, naturalmente de cabeza a la anécdota con apariencias de trascendentalismo, pero en el fondo, de una perfecta inocencia y puerilidad.

    El anónimo filmador anti-artístico filma una blanca confitería, una anodina y simple habitación cualquiera, la garita de un tren, la estrella del policeman, un beso en el interior de un taxi. Una vez proyectada la cinta resulta que se ha filmado todo un mundo de cuento de hadas de inenarrable poesía.

    Frizt Lang organiza un magno espectáculo: arquitectos, ingenieros, intersección de reflectores potentísimos, grandioso escenario dantesco, proporciones llamadas grandiosas, donde se mueven las multitudes, las luces y las máquinas, etc., etc., con todo el teatralismo de la peor pintura de historia. Que un Moreno Carbonero pinte Edad Media y rascacielos no es indiferente. El cine, de este modo, deviene instrumento expresivo de la más gratuita y vulgar anécdota; su palpitación pura, recién nacida es espantosamente infectada con todos los gérmenes de la putrefacción artística.

    Cuidado también con el inocente concepto de la grandiosidad; Miguel Ángel con el Juicio Final no es más grande que Wermeer  de Delft con su Dentèliere de Van der Meer, al lado de una Sixtina puede calificarse de dimensiones grandiosas.

    El cinema, por su riqueza técnica puede darnos la visión concreta y emocionante de los espectáculos más grandiosos y sublimes, sólo privilegio hasta hoy de la imaginación del hombre, dice el filmador artístico. Así, el film deviene pura ilustración de lo que imagina el artista genial.

    El film anti-artístico, por el contrario, lejos de todo concepto de sublimidad grandiosa, nos enseña,  no la emoción ilustrativa de los desvaríos artísticos, y si la emoción poética completamente nueva de todos los hechos más humildes e inmediatos, imposibles de imaginar, ni prever antes del cinema, nacidos del espiritual milagro de la captación del pájaro film.

    El metteur en scène artístico necesita de innumerables y extrañas circunstancias para sus realizaciones, necesita, por ejemplo, trasladarse mil años en el porvenir y filmar la emoción cósmica (siempre ilustrativa) del ritmo imponente de una monstruo manifestación huelguística, desfilando entre inmensos edificios blindados…, pero para nosotros más conmovedor es el ritmo de la ágil pero lenta ascensión de la absenta, en la soleada capilaridad de un inmediato terrón de azúcar… Y no por la sencilla y humilde física de nuestro drama, dejaremos de sentir una emoción menos cósmica, sino que, por el contrario, el pulverizado titilar niquelado de punto de aguja fonográfica de la mica sacarínica aproxima más espiritualmente nuestras pupilas a la tierna pulsación lejana y débil de las constelaciones.

    ¡Oh, Fritz Lang!, que buscas el espectáculo en los más desorbitados y grandiosos escenarios y tienes el espectáculo de emoción única, cosquilleante la carne. La mosca que se pasea por entre los pelos de tu brazo recién arremangado, rápida y calma a patas de aparato sensímetro, y que está a punto de volar y describir sobre el cielo límpido y helado de la mañana la caligrafía más viva e insospechada que nunca puede crear tu grosera fantasía.

    Los mejores intentos del film artístico, algunos selectos, citemos el de Man Ray y el de Fernand Leger, parten de una inexplicable equivocación fundamental; la emoción más pura sin salirnos de los ojos (el film de Man Ray es únicamente dirigido a los sentidos) no hay que buscarlo tampoco entre un mundo de formas inventadas. El mundo del cine y el de la pintura son bien distintos; precisamente las posibilidades de la fotografía y del cinema están en esta limitada fantasía que nace de las cosas mismas.

    En las demás producciones de cine, más o menos artísticas, los principios de cansancio, aburrimiento y tristeza característica del hecho artístico, están presentes; sólo el cinema anti-artístico, especialmente el cinema cómico, produce films cada vez más perfectos, de una emoción más inéditamente intensa y divertidísima.

    Cinema anti-artístico, jovialísimo, claro, soleado, producción de máxima sensualidad dormida a copia de inyecciones del anti-opio, que es la objetividad desnuda.

    DOCUMENTACIÓN:

    Cine Cuak: Crítica y opinión de películas de cine: http://www.cuak.com/?p=1160
    Foros Salvador Dalí: http://foros.salvador-dali.net/index.php?sid=da15ac805bebd1b411cb83af81341531
    Revista Arce: Un perro andaluz, de Dalí y Buñuel, y Viaje a la luna de García Lorca: http://www.revistasculturales.com/articulos/6/arte-y-parte/319/1/un-perro-andaluz-de-dali-y-bunuel-y-viaje-a-la-luna-de-garcia-lorca.html

    1 junio, 2015 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

  • Jazzbandismo. Ramón Gómez de la Serna

    al_jolsonLa revista “Poesía”, dirigida por Gonzalo Armero y editada por el Ministerio de Educación y Cultura, fue una publicación de acreditado prestigio desde su aparición en la década de los 70  hasta su número final en 1994. En ella se trataban temas relacionados fundamentalmente con la poesía, pero también abordaba temas de arte en general, siempre desde el punto de vista del impacto poético, con originalidad, calidad literaria e ilustraciones, de diseño y maquetación muy innovadores. En la época fue muy famosa un monográfico que “Poesía” dedicó al cine (nº22) ―un poster gigante que se regalaba con la revista y que mostraba la imagen de Al Johnson, el protagonista de la primera película sonora, “El cantante de Jazz”, estaba pegado en muchas de habitaciones de estudiantes, pubs… etc. de aquellos años―; en dicho número se recogían artículos sobre cine de las prestigiosas plumas de Abel Gance, Luis Buñuel, Dalí, Pío Baroja, Rafael Alberti, Vicente Huidobro, Ramón Gómez de la Serna, etc…

    de_la_sernaUno de estos artículos, era “Jazzbandismo” del genial Ramón Gómez de la Serna. De la Serna se recrea, con su perculiar estilo, en el mundo de las grandes bandas pioneras del jazz, intentandonos trasmitir a través de metáforas y léxico imposible, toda la explosión de vitalidad libertaria que suposo esta música a principios y mediados del  pasado siglo.

    Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 3 de julio de 1888 – Buenos Aires, 13 de enero de 1963) fue uno de los más prolíficos, polifacéticos y originales escritores que dio a la luz la literatura del siglo XX en nuestro país. Su actividad como periodista destacó por su gran fuerza imaginativa, con un fuerte carácter  nihilista que atacaba despiadadamente a una sociedad hipócrita, conservadora y sin expectativas. Ramón es el creador de la greguería, que podemos definir como una metáfora con una gran carga humorística e irónica, de marcada influencia en toda la literatura posterior.

    jazzbandismo

    Jazzbandismo por Ramón Gómez de la Serna ¿Fecha del nacimiento del jazz?

    ¿Qué importa si el origen, si se ha adaptado a la época y ha roto la enervadora música de los halagos mustios?
    ¿Qué importa que esa sucesión del viejo charivari ―gran charivari el de toda época― nos venga de Norteamérica y se sostenga que procede de una orquesta que había en el café Schiller en 1915, y en la que el negro Jasbo Brown, en la hora más excitada por las avispas de los cok-tails, era interpelado con gritos de “Otra vez, Jasbo!”, y, por fin, en abreviatura, “Otra vez, jazz”?
    Poco importa también que se vea confundido su origen con el ragtime o los coon songs y que se cite el nombre de Irving Berlín como su verdadero padre, por ser el autor de un cakewalk en que estaban ya todos los rumbos del jazz.
    …Alguna vez se trazarán los mapas de la emigración y nacimiento del jazz, mapas escondidos en el portamantas del libro, y que sólo se abren en la hora del sueño.
    En 1918 es cuando llega el jazz-band a Europa, siendo servido en el Casino de Paris bajo el feliz auspicio de Gaby Deslys y M. Pilcer.
    El jazz-band  define la mezcla libertaria, y por eso no hay que buscarle fuentes oscuras, sino aceptar lo que tiene de la nigricia y lo que ha tomado prestado de los claxon que trazan la línea de las aceras en la calle moderna.
    Mucha rebeldía hay en el jazz cuando hasta el instrumento que más destaca en sus conciertos, como el tenor de un conjunto, el saxofón, fue perseguido cuando lo inventó Adolfo Sax, al que se llegó a querer asesinar por como verborreaba su aparato, y porque, según dieron en decir, volvía tísicos a los que lo tocaban.
    Triste persecución la de todo precursor, que hoy debe congregarnos, lanzando compensativos: “¡vivan los saxofones!”, en gritería que añada: “¡duro con los ragtimes, que engañan; con los fox-trops, llenos de sustos, y los shimmys, llenos de saltos! ¡Vivan los trombones, ricos en grandes burbujas como globos musicales de gran bazar! ¡Y viva el susto que nos da la trompeta cuando su pistón se ha disparado!
    Todo nos encanta en el jazz, hasta esa cosa negra que tiene, y cuyos sones profundos se siente la nostalgia de los zambombazos en la matriz sonora de los inmensos troncos vaciados y convertidos en tambores milenarios, nostalgia que pasa a través de los negros civilizados de los Estados Unidos.
    El intento del jazz es el de sacar el mundo a la superficie. Las otras músicas tienen un sentido más recóndito, más subterráneo y más religioso, en un sentido introspectivo y letal.
    La música del jazz pone en circulación al mundo, hace bailar las palmeras, despierta el apetito del ja-ma-la-ja y se lanza sobre el gran sandwich de la realidad.
    Aparece en todo momento mezclado de lo selvático y de lo moderno, y por eso sus pitos no son pitos de verbena, ni pitos tranviarios, sino los pitos de los referees en los grandes estadiums y pitos del director de esclusas del Canal de Panamá ¡Así que no es nada! El pito que sirve nada menos que para unir dos mares y que se abracen como dos inmensas morsas liquetificadas es el que pitea en el jazz.

    El jazz ha inventado también una voz humana, que es la voz que resuena en los bosques y con la que parecen que nos llaman, cuando en verdad es voz de pájaro y de viento en las flautas vivas de los cañaverales, flautas con tantas virginidades como nudos tienen; voz humana de parque zoológico, limpia de sufrimiento, hija del roce de los instrumentos raros, audaces de sincopaciones.
    No es lo importante estudiar a los chocoleyt en su alma negra para entrar en el jazz, puesto que le basta la última razón que le asiste, la de sincopar con sus notas la emulación de la vida contemporánea y ser el estimulante que nos arranca de los mareos de la circulación y la vorágine.
    Parece que de lo que se trata es de que va llegando el europeo a la sinceridad de los negros. De ahí que los mismos ritmos le sirvan.
    Una reacción como la del jazz es antigua en la historia. Los romanos, cansados de la dulzura de las flautas, inventan los címbalos y, lo que es más decisivo, el verbo cimbalizar, cimbalizándose con todo, hasta con las ásperas conchas de las ostras, que eran restregadas unas con otras.
    En España el jazz ha estado siempre en todas las rondas de noche que solemnizaban algún motivo de estrepitosa alegría y en las comparsas de Carnaval y de despedida de los años.
    Pero no es lo principal del jazz su historia ni sus razones, sino su sinhistoria y sus sinrazones, y una cosa valiosa sobremanera, “que es simpático”.
    Los negros que viniesen a Europa saliendo de su país con los oídos tapados, al llegar al cabaret jazzbandático, oirían con sorpresa el guiriguay del jazz y les parecería música de metrópoli, como a los chinos cuando oyen la música nuestra, siempre, hasta al oír un vals, creen que es música guerrera.
    ¡Que hipotético es eso de las influencias! En Hawai, por ejemplo, todos los que van a disfrutar de la isla exótica consideran su música autóctona, cuando ha sido influida enormemente por el fado, que llevaron allí los portugueses cuando tuvieron cuenta de la isla, de tal modo que le banjo es la guitarra portuguesa redondeada, y la agudeza metálica que le caracteriza la he oído mallante y quejisonante en las noche atufaradas de Lisboa.
    ….La música ya no tiene el aire mecedor de ciertas músicas que alegraban la vida fuera de los conciertos. Ahora suena en esa vida marginal a los conciertos otro estampido, otro zambombazo, mezcla de nostalgias exóticas y de lo que es exótico y nuevo en las Grandes Vías modernas, movida la vida con un ritmo más disparatado y precipitado y mezcladas a él las venas azules de la calle que muestran su pulso en los anuncios del Gas Neón.
    El jazz, y por lo tanto la oratoria de jazz, ya no se promiscua con la melifluidad terne.
    Se habrá desbarrado, habremos tocado notas de espanto, pero lo prohibido nunca.
    Lo barroco se vuelve a encontrar en el jazz.
    Lo que no es amanerado, ni dinguilandero, ni sobón, sino lo que tiene de arranque y siempre pretende destacaciones altas, concepciones poderosas, sin halago a lo que es flaqueza de los demás.
    En el jazz sentimos el abrazo de las civilizaciones, la negra de la época que éramos sapos aguanosos y la época de las Grandes Vías y los sorprendentes escaparates. ¡Qué abrazo de emigrantes más estupendo!
    En el jazz se dan un abrazo todas las razas y completa el abrazo el tango, que tiene madre también africana, la tangana.
    La alta frecuencia civilizada gusta de mezclarse así a los ritmos lentos y al relenti.
    Sabio e ignorante al mismo tiempo, el jazz-band sabe mezclar los nuevos gallos, y los glisandos, y los trémoolos neuropáticos. No rechaza ningún ¡ay! y saca exóticas resonancias de la caja china y de los quejidos que los negros lanzan para que no se note su olor.
    Todo el desplante de la vida moderna, con su particular meningitis bien soportada, tiene entrada en el jazz, y el veraniego atorrante, con su sombrero de paja sobre la nariz y su puro de brea de la Habana en la boca, puede hacer una equis de cakewal, y el que ha perdido en el juego, pude dar el aullido del arruinado, u el turista que no sabe adónde ya puede lanzar el bostezo definitivo de su indecisión, y las almas de los suicidas pueden agarrarse a las cuerdas del banjo y lanzar un suspirillo desacordado.
    Por el jazz-band se rompe la hipocresía social, y el hombre importante y enlevitado que está deseando dar el grito intempestivo del magistrado loco tiene consignado su grito en el conjunto.
    El jazz-band está muy bien en los grandes hoteles, cantado por la nariz y tatareando como borracho que se recuerda una música oída durante su lucidez rítmica. En los grandes hoteles sirve para saltos y contorsiones de los algo desmedulados, tapa lo que se dicen de mesa a mesa los un poco détraqués, y jaleador del jazz-band ―empleado de banco recién echado― lanza los latigazos de sus desplantes como domador del público que boxea con él a gritos.
    Busquemos el sitio en que el jazz está más corrompido y donde su fermentación dé más alcoholes; este jazz entre cuyos bardales de notas y gritos de pisotón y del peritoneo hay hasta una comadre que irrumpe con desgañitamiento de mujer a la que han robado su hija.
    En el jazz, y sin darlos importancia, como los novelistas sensibleros, lloran y ríen las cabareteras, ahogadas entre voces de caballeros con la voz tomada, que en la tertulia nocturna representan a los que han salido de juerga, aunque debieran estar en la cama y haber llamado al médico.
    ¿Cómo suprimir este desahogo de la vida moderna, como han intentado algunos americanos puritanos, mientras algún compatriota pagaba diez mil dólares a la mejor orquesta del jazz sólo por tocar una noche en un baile de multimillonarios?
    Imposible; además de que el jazz estaba en el vals, como en la dosis pequeña con que comienza su vicio el cocainómano está la fatalidad de la dosis grande en que acabará.
    En el jazz-band está la chacota de la vida moderna, su absurdidad, su incoherencia, su deseo de jolgorio continuo, y en él se mezclan todas las fugas de los amores tristes, y de las patosidades desesperadas y el desteñido de las bocas, siempre como heridas sin restañar, mezclados a otros mil ingredientes, como tecleos de máquinas de escribir lejanas, reclamos de pato y perdiz y estallidos de pulgas de elefante.
    A veces me siento yo mismo músico de jazz-band y estoy dispuesto a escribir una música de carcajadas sobre los papeles pautados de los compositores, uyuyuyais jay-jay,  ondulantes que se mezclan al sonar de los matasuegras musicales, que se estiran y se encogen en su propia tubería, y al inacabable piporro del saxofón, que hace sonar su cachimba sultánica, lanzando grandes bocanadas de humo sonoro.
    Es tan pretencioso todo, que bien merece esa trituración y mezcolanza que promueve el jazz amalgamando sentimentalismos, colillas de ideas, amores que se acaban de romper, todo mezclado en uno de esos barriles en que el cemento danza la danza del vientre.
    Las notas de jazz machacan toda nuestra lexicografía, nuestra ideología, todo nuestra sentimentalogía.
    El martillo pilón de la orquesta jazzbandista deshace las piedras de nuestra alma, que son más difíciles de disolver que las de nuestro hígado.
    La sabiduría principal del jazz es la de adornar una melodía con trinos, arpegios, trémolos, variaciones, cadenzas, todo a lo que da tiempo la infrecuencia del ritmo, todo lo que llena la vida del chacota, de absurdo, de jolgorio, de banalidad, de incoherencia, de cabaretismo, mezclándose música y vida como dos mares a través de anchísimo estrecho.
    Sólo una introducción del jazz puede abrir ciertas almas y que vayan a buscar ciertos libros y comprendan ciertas ideas. El jazz es lo único que hace variar de sitio los prejuicios depositados en un calete.
    ¿Qué ha sucedido ahora? ¿Qué atiplación es esa después de un zambombazo? Que el bombo ha tenido un niño, el niño que no ha tenido nunca después de estar hecho un bombo de siempre.
    Sólo el jazz exprime la vida hasta la última esencia. Los instrumentos de jazz son de dos clases.
    Los de percusión o de batería (a los que se puede asimilar el banjo), que sirven para subrayar la medida, y los de viento, que son la imagen de la voz del negro, es decir, glisantes, ligeros, sensuales, extrañamente dulces. El saxofón está cerca de nuestra sensibilidad como antes en la orquesta de zíngaros el violoncello. Esa perpetua conversación de los instrumentos del jazz, enzarzados en ella sobre un ritmo dado, tiene también preciosas distracciones, que son los calderones premeditados de la antigua orquesta.
    Lo que hay en el jazz de música coral protestante ―de los viejos coros sabatinos― es tomado por su negrura y añaden abismos a lo religioso y lo hacen más profundo y ponen un frenesí rafagueante en sus notas, unas veces flojos de piernas hasta caer prosternados y otros altisonantes, entregados al salto del deliquio.
    Pero esa calle moderna es fondo exaltante de esa mezcla de miedos y videncias religiosas, y eso acaba de desmanotizar la película.
    ― ¿Qué es eso que ha sonado ahora?
    Un grito de polichinela
    Ese caballero que medio canta unido al jazz. Es un doctor loco.
    ―Es una orquesta a la que hay que aspirinar
    ―¿Y qué es eso?
    ―Pues darles a todos aspirinas.
    Aplausos que completan el jazz, liberación de los aparatos, aplausos de los gorilas en sus jaulas.
    Risa negro xilofónica y aguda.
    Hay un momento genial que es necesario recoger, y es cuando se cae toda la vajilla o se hunde la cama.
    Voces de marineros borrachos. Más voces de empleados de Banco que han perdido su timidez en el día santo del patrón, del patrón de oro.
    De vez en cuando es un dios negro que sortea aplausos sin objeto, de alegría cuadrohumana, de comedor de gran hotel.
    En medio de ese jazz aparece una máscara con la voz tomada.
    ¿Qué ha sucedido ahora? Qué el bombo ha tenido un niño.
    Hay en el jazz sonidos sospechosos que, a veces, se producen con una oreja o con la nariz.
    Los patos ya había yo notado que llevaban en el pico un pito de feria que les había olvidado quitarse de la boca; pero sólo al ver el saxofón he visto que tiene pitorro de pato.
    Yo injertaría un clarinete en un saxofón y saldría un aparato mejor y más completo, unida laringe y esófago en la perpetración del nuevo vertebrado musical.
    El jazz-band  monumental, el estrepitoso y retumbante es el que tocan los elefantes las noches de luna, en el cabaret de la plazoleta.
    Se puede sostener también que la música del jazz da masaje.
    El jazz es el asombro de todo entre tarariras y zalagardas.
    El banjo ha vencido al arpa, con su traje de color antiguo terciopelo oro y polvo. El banjo tiene el pelo cortado a lo garÇone y enseña bastante las piernas y tiene bastante descote. ¡El arpa llevaba una larga cola inadmisible, que sólo dejaba ver algo cuando la mujer romántica se tiraba por el balcón! ¡Y no era cosa de estar esperando siempre ese preciso momento!
    El saxofón, ese gran piporro musical, hace sonar su pipa sultánica, la cachimba enorme de humos sonoros.
    El jazz no pude olvidar el rugido, que ese el primer rasgo de altisonancia de la vida y que será, probablemente, el último.
    Ese sonido de maderas nudilleadas que hay en el jazz, ya lo habrá en ese intercalado digiteo a la puerta de la guitarra, discreta llamada a la amante dormida.
    Mac-Orlan ha dicho que la dinámica del jazz “podría poner en marcha una máquina de acero”.
    Todos se vuelven locos en el bruabrú de la orquesta y acaban dando una zurra a las mujeres ideales del jazz.
    Los diablos funcionan y tocan el jazz como ninguna otra orquesta.
    Ensayo balubamte es el salvajismo que nos salvó de la música academizada.
    Todas las curiosidades de las revistas, todas las novedades, todo cabe en el jamalajá del jazz.
    Todas las curiosidades quedan desmentidas y es la hora de los hombres sin falacia que no tienen oído.
    El jazz-band nos caza más que nos seduce.
    El jazz-band  es la música del presente, bocinante, laminante y corruscante.
    No es ser hombre de nuestro tiempo no comprender el jazz-band con sus abismos del encanto y sus montañas rusas de voluptuosidad.
    El parlamento moderno de la música esta en el jazz-band, silencioso como un nido de amor, y de pronto con un tren en lo alto, ese tren que cruza las grandes ciudades que tienen metropolitanos por arriba y por abajo.
    Tiene cada pieza del jazz-band  una cosa de viaje alrededor del mundo, haciendo escala en Groenlandia y en la isla de Java.
    Es giratoria la música del jazz-band, y gracias a un sinhilismo moviente nos damos una vuelta en el carrousel del Zodíaco, y yo monto piscis y tú escorpio.
    En los diplomáticos que salen a bailar se nota más la dualidad del salvaje y del civilizado, sobre todo si en sus facciones se anuncia un poco el negro: bailan con finura diplomática y con aire de guateque.
    En el jazz-band se dejan en libertad y se les da prestigio a esos gritos que antes tenían que aprovecharse de los grandes barullos o del cataplaneo de las grandes máquinas para ser lanzados.
    ¡No es nada ver cómo agrada el grito espontáneo sin tenerse que meter entre los ruidos que lo borran todo!
    Todos los que oímos el jazz-band parecemos víctimas de una buena noticia. Nos han traído, con su cola azul, un telegrama notificándonos algo muy bueno.
    Ahora que descorchen el bombo! ¡Y que en ese aparato que se mete y saca preparen el cock-tail de la hilaridad!
    Sacad toda la cristalería y todas las compotas y los aguardientes del aparador del jazz-band.
    Se nos ocurren gansadas de bautizo y gritos de ¡viva la novia! en una supuesta boda.
    Aparece el que pisa las bocinas que gritan como perros a los que ha pillado el tranvía.
    Hay latas de foigrás de música… ¡Camarero otra lata!
    También las hay de caviar. ¡Camarero otra de caviar!
    Tantanes lejanos están llamando a cenar siempre.
    ¡Como abunda el candome! ¡Cuánto candome!… Ya pasó el candome.
    Ahora un rato de letanía.
    Los metales del jazz-band son los metales de mejor clase del mundo, y hay todo un ruido de cacerolas en sus notas… ¡Ah, en la cocina nos preparan una mayonesa! ¡Eso es que hay langosta con sus ricas desnudeces!
    Los jazz-band son como la risa en las barbas de la seriedad del pasado, que queda en el presente y que no quiere dar cuenta. En él aparece ese hombre solemne, cuanto más solemne mejor, y mejor si tiene barbas negras y gafas con marco de concha, pues así resultarán más intempestivos e inesperados sus gritos carcajeantes y su interrupción parlamentaria.
    ¡Oh si tuviese tipo de naturalista!
    Pero dejemos que en el jazz-band zarandee de lo lindo la seriedad del mundo y demuestre, a ratos, que el también tiene su corazoncito, y escribamos al dorso de los menús ya comidos, y sobre los que hay impresas lágrimas de vino, los pensamiento que la vorágine del jazz-band nos sugiere, y después, como náufragos marineros del jazz-band, echemos al lector en la botella vacía del Champagne los últimos pensamientos de la tempestad.
    Se cumple más que en ninguna orquesta jazzbandática, ese deseo que tiene la voz humana de mezclarse entre la música.
    ¡Qué quejidos de policlínica!
    ¡Oh! ¿Qué es eso? Los antiguos sonajeros… ¡Que gusto! ¡El tiempo que hacía que no oíamos uno de aquellos magníficos sonajeros de los rorros de Carnaval!
    ¡Bien parece negro que da con los palillos en las estrellas, y después, en el platillo petitorio!
    Es la única orquesta en la que cabe el claxon, ese tipo de timbre para los enfermos.
    El jazz es una orquesta para las grandes cataratas, para las grandes selvas en silencio, cuyos músicos no conocían el papel pautado, ni las notas, de ahí el desorden y la desmemoria que reina en cada partitura.
    Ruido de colleras… Ya sabemos de qué amigos y enemigos nos acordamos en seguida.
    En medio del jazz aparece una máscara con la voz tomada y llena de guasa, que también parece un agrupamiento que ha salido de casa no debiendo haber salido.
    Todos los reclamos de cazador que venden en las tiendas de caza, el de abubilla, el de pinzón, el de tordo, el de perdiz, etc., etc., toman parte en el concierto jazbandero.
    ―¿Qué hace aquel?
    ―Pues toca una zapatilla
    Los seres mecanógrafos y cautivos hallan en el jazz su inyección, su cargar de nuevo los acumuladores, rehaciéndose los agotados.
    Los alculeles precipitan los ¡alalay! Macabros y las sensaciones de trepidación se intensifican con una especie de tifón de ruidos.
    Tocad jazz en una reunión de sombreros de copa y el jazz soplará todos los sombreros, los que sin él se hubiesen entronizado y nos hubieran engañado a todos.
    El baile de jazz es el baile de bosque corrigiendo el amaneramiento de los perímetres. Es un baile en que figuran los negros moviéndose según un ritmo de ciénaga voluptuosa, avanzando con engaño de baile, siendo los cotrafantasmas que, gracias a sus arrumacos, logran meterse en casa.
    Los homoplatos se mueven como alones desplumados.
    Todos los aspavientos de sus bailes son aspavientos de camino, gestos de sorpresa en la plazoleta de la tribu, siendo quizá su baile más típico, el que representa los movimientos del que pasa el río con pisadas inciertas, temblantes, de meter el pie en abismos sospechosos, de sentir escalofríos de agua, de saltar un pozo sobre arenas, unas veces flojas y otras duras.
    ¿Para qué decir en inglés todos esos pasos y danzas de peregrineantes salvajes? Así, sólo se consigue desorientar de lo que esto significa de natural, en grotesquería de las selvas vírgenes, e gesto exagerado del desperezarse procaz al mismo tiempo que del balancearse elegante.
    Burla de todo lo imposible, meningitis de una hora, paroxismo de juego de empolisonados, aire de marcha solemne descompuesto por los gestos exagerados de las mandíbulas, las piernas demasiado en flexión y las curvas anteriores y posteriores enarcadas y pomposas, imitación del canguro y del avestruz, descenso de las posaderas azules y gesto retrospectivo del mono, etc, etc.
    Todos los negros parecen que se sienten en una nochebuena europea, en francachela de hacer el ganso aprovechando todos los recursos a mano: el plumero, el traje de la niña de la casa, los zorros, en fin, todo eso que se complica en las bromas caseras.
    Lo que tienen aún de nadadores de la época diluviana les hace bracear en el aire, cortándole con cuchillos de dedos, como quién corta el mar con gestos de irse abriendo camino en un queso más espeso que el de la atmósfera, avanzando con ímpetu de través en un aire más caliginoso y enmarañado que le nuestro, desperezando todo su cuerpo en cada movimiento y sacándole e enervaciones que lo envaren entre innervaciones que le pungen
    Baile de ver a una serpiente o de recibir en la pantorrilla el golpe de la primera ola, combinándose muchas veces con el gesto de ver los primeros exploradores blancos o con esa eterna que tienen los negros de estar bailando con su sombra, imitando y proyectando sobre las paredes blancas de sol o de luna el gesto burlón de dejar con un palmo o dos de narices a sus perseguidores y la rigidez aspaventada que es el sarcasmo y la elegancia de las sombras.
    Todo es movilidad en el jazz. Me acuerdo de la gran orquesta de Jack Hylton, uno de los mejores jazz de Norteamérica, presentándose con sus sesenta músicos sentados; pero poco a poco todos se levanta de su asiento, se adelantan al proscenio, saxofonizan bailando, dicen dos palabritas sentimentales en el inglés más engañoso y terne el mundo, y después se sientan.
    Movimiento, movimiento… El director es el culpable, pues ya es el director sin batuta, el director que dirige bailando febril, multiplicando sus brazos y sus pies, tomando el saxofón de unos de sus músicos, envidioso de tocar él también con el frenesí y llantina sentimental con que suena el saxofón.
    ¡Todos saxofonizaban bailando, porque la música del jazz es traslaticia y escéptica!
    ¡Qué bien interpretado esos, terribles de bailar, cakewalk: nos dan unas suelas descosidas!
    El jazz, sin embargo, no puede ser lo último; habrá nuevas generaciones de sonidos, sonidos vibrantes superiores al aparato auditivo, y de los que ya han hecho algunas experiencias matando a un camello en el parque zoológico y a un pez en una pecera.
    Esos sonidos no habrá que oírlos y, sin embargo traspasaran todos los tímpanos y atravesarán todas las porosidades.
    Las matracas, los marimbáfonos, los vibráfonos y los tribáfonos quedarán postergados, y los doctores, que ya han llameado al jazz “afección cardíaca y locura puestas en música”, no sabrán qué decir.
    El jazbandismo cambia la ilusión del fin del mundo y habréis de saber que cuando llegue su último día no serán trompetas las que suenen, sino el más enorme jazz, el jazz triturante y resurrectante, a cuyo son caerán las ciudades y se despertarán los muertos.
    Se oirá de pronto un tan-tan que llamará a la última comida, esa que Dios nos janvará a todos después de lanzarnos al baile de la vorágine.
    Y para acabar, un último consejo a las madres lactantes sobre todo:
    No acostéis a los niños sin que hayan oído una pieza de jazz, pues ellos, como todo hombre nuevo, deben acostarse con esa última impresión cotidiana.
    Y añadiré que si podéis, no en el chocolate condenado del gramófono, opiáceo y retestinado, sino en la fuente directa del cabaret.
    ¡Adiós!

    1 junio, 2015 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

  • Mensaje ecologista del Jefe Indio Seattle en 1854

    Jefe Indio Seattle

    Jefe Indio Seattle

    Continuando en la línea de una de las inquietudes sociales que impregnan el comienzo de este siglo XXI y que tantas organizaciones ecologistas han abanderado a lo largo de los últimos tiempos, y de la que se ha hecho eco la UNESCO, nombrando el presente año, como EL AÑO DE LATIERRA, permitidme, de estas líneas, os invite a realizar una reflexión crítica, sobre la responsabilidad contraída por nosotros como civilización occidental, y concretamente, en lo referido al continente americano, (pero que se extiende a otros continentes en la actualidad) por la acción misma del descubrimiento de dicho continente americano, y por los hechos acaecidos posteriormente, derivados de la imposición de nuestra cultura occidental, sobre las preexistentes en dicho territorio.

    Reflexión que ha de hacerse respecto a los efectos producidos en la consecución de la destrucción del medio ambiente en nuestro planeta.

    No sólo sobre el genocidio acumulativo de razas y culturas autóctonas, sino sobre las heridas infringidas en la piel misma de su tierra, que ésta, malamente, sobrelleva.

    La destrucción de las extensas praderas de la zona norte donde, sioux, cheyenes, pies negros, cherokees y otras tribus, desarrollaban su quehacer, y el aniquilamiento paulatino de los bosques tropicales y de la amazonia, ha sido y sigue siendo, aterradoramente, constante.

    Los bosques tropicales son los únicos pulmones existentes en la Tierra. Cuando ellos se agoten, con ellos moriremos.

    chief_seattleCon la extinción del bosque tropical, no sólo se extingue nuestra única posibilidad de continuar respirando, sino, además, una serie ingente de especies vegetales y animales aún sin descubrir por los científicos, destruyéndose así, la herencia que, a lo largo de tiempo, y por medio de los diferentes procesos evolutivos, la Tierra, ha acumulado. Herencia que nosotros no tenemos derecho a sustraer, no sólo a las generaciones venideras derivadas de nuestra propia especie, sino a las descendientes del resto de las especies vivas que pueblan el planeta.

    A continuación reproducimos el texto íntegro de la carta que en el año 1854, escribía el Jefe indio Seattle, a Franklin Pierce, Presidente de los Estados Unidos en aquél entonces. Constituye un impresionante documento de cómo entendían la ecología los pueblos nativos de Norteamérica, al final de la conquista por los blancos, de su tierra.

    Generalmente los hechos, traducidos en costumbres y ritos de estos pueblos antiguos, son anónimos. Pero, en este caso, ha quedado constancia de su autor, el Jefe de las tribus Dwamish y Suquamish, y de su fecha, ya que se trata de un acontecimiento rigurosamente histórico que, como todos los hechos testimoniales, surge como reacción contra la injusticia: la constitución de una reserva india en la que serían confinados, los que hasta entonces, habían sido señores de los grandes espacios libres y naturales. La oferta hecha por el Gran Jefe Blanco de Washington en 1854, de crear la reserva, motivaría la respuesta del Jefe Seattle, que hoy nos emociona y que, sin este motivo, permanecería siendo desconocida.

    El 21 de enero de 1855, se firmaba el Tratado de Point Elliot. El gran Jefe que logró la alianza de las tribus Dwamish y Suquamish, recibiría amistosamente, en cumplimiento del Tratado, a los colonos blancos que llegaron a la región.

    La defensa de su pueblo y de sus tierras, su tolerancia y pacifismo. El conocimiento   profundo de su entorno, un temperamento dispuesto a conocer y a apreciar esa belleza, la respuesta estoica ante la adversidad, una filosofía profunda, teñida de una cierta ironía, sobre el fin de la vida y sobre la unidad y destino de la humanidad, son, en definitiva, las motivaciones de este escrito que, sin proponérselo su autor, tendrá una formulación exacta y poética en palabras inmortales, que sacudirán a toda persona sensible a la naturaleza, sin distinción de razas, creencias, tiempos ni fronteras.

    jefe_indio_seattle2Seattle, ha dado nombre a una ciudad del Estado de Washington, situado en el extremo noroeste de los Estado Unidos, que hoy es centro obligado de paso en las relaciones con Canadá, Alaska y Japón. Fundada en la fecha de la carta “en la era india llamada de  Kamakian y Ledjii”, el Jefe Seattle, no estaba conforme con el crecimiento de esta aldea, ni con que llevara su nombre, pues, aunque católico, conservó las costumbres ancestrales indias y, entre ellas, la creencia de que después de su muerte (acaecida el 7 de junio de 1866), tal cesión, perturbaría su alma, cada vez que alguien pronunciara su nombre, por lo que aceptaba donaciones en vida para compensarle de molestias futuras. La ciudad, aunque importante desde el punto de vista comercial e industrial, conserva en sus alrededores aún parte de la hermosura de unos paisajes, que el progreso no ha conseguido degradar.

    ESTE ES EL TEXTO DE DICHA CARTA:

    “El gran jefe de Washington, ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos las tierras junto con palabras de buena voluntad. Mucho agradecemos este detalle, porque bien conocemos la poca falta que le hace nuestra amistad. Queremos considerar el ofrecimiento, porque bien sabemos que, si no lo hiciéramos, podrían venir los rostros pálidos a arrebatarnos las tierras con armas de fuego.

    Pero, ¿CÓMO PODÉIS COMPRAR O VENDER EL CIELO O EL COLOR DE LA TIERRA?. Esta idea nos resulta extraña. Ni el frescor del aire, ni el brillo del agua, son nuestros: ¿cómo podrían ser comprados?

    Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. La hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos…….son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan su viaje a través de las estrellas. Nuestros muertos, nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos una parte de ella, y la flor perfumada, el ciervo, el caballo y el águila majestuosa, son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, pertenecen todos a la misma familia. Por eso, cuando el Gran Jefe de Washington, nos hace decir que quiere comprar las tierras, dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir confortablemente entre nosotros. El se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideramos su oferta de comprar nuestra tierra. No es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros. Es demasiado lo que pide.

    El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos, no es solamente agua, sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos, tendríais que recordar que son sagradas y enseñárselo así a vuestros hijos……..También los ríos son nuestros hermanos, porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran los peces, y que cada reflejo en las claras aguas de los lagos, cuenta los sucesos y las memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua, es la voz de mi padre. Sí, Gran Jefe de Washington: los ríos son nuestros hermanos. Si vendemos esta tierra, tendréis que enseñarles a vuestros hijos, que también son hermanos suyos, y deben tratarlos con la misma dulzura con la que se trata a un hermano.

    Por supuesto que sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra manera de ser. Tanto le da un trozo de tierra u otro, porque es como un extraño que llega de noche a sacar de la tierra todo lo que necesita. No la ve como su hermana, sino, como enemiga. Cuando ya la ha hecho suya, la desprecia y sigue caminando delante, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle. Tampoco le importa, tanto la tumba de sus padres, como el patrimonio de sus hijos. Trata a la tierra, su madre, y al firmamento, su hermano, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devora la tierra, dejando atrás un desierto.

    No lo puedo entender. Vuestras ciudades hieren los ojos del piel roja. Quizá sea porque somos salvajes y no podemos entender. No hay un solo sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda escuchar la primavera, el despliegue de las hojas o el rumor de las alas de un insecto. QUIZA ES QUE SEA UN SALVAJE Y NO COMPRENDO BIEN LAS COSAS. El ruido de la ciudad es un insulto para el oído. Y yo me pregunto: ¿qué clase de vida tiene el hombre que no es capaz de escuchar el grito solitario de la garza o la discusión nocturna de las ranas, en torno a una balsa?

    El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten el mismo aliento: la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira. Como un moribundo que agoniza durante muchos días, es insensible al hedor.

    Cuando el último piel roja haya desaparecido de esta tierra. Cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una nube que pasa por la pradera, entonces todavía estas riberas y estos bosques, estarán poblados por el espíritu de mi pueblo. Porque nosotros amamos este país, como ama el niño los latidos del corazón de su madre.

    Tengo vistos millares de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas, muertos por el hombre blanco a tiros desde un tren en  marcha. No comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo.

    ¿Qué puede ser el hombre sin los animales? Todas las cosas está ligadas.

    De una cosa estamos bien seguros: la tierra no pertenece al hombre. Es el hombre el que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, como la sangre en una familia. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá al hombre.

    También los hombres blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus. El hombre no ha tejido la ley de la vida, pues es sólo uno de sus hijos, y está tentando a la desgracia si osa romper esa red. Si ensuciáis vuestro lecho, cualquier día moriréis sofocados por vuestros excrementos.

    Pero, vosotros camináis hacia vuestra destrucción, rodeados de gloria. Este designio es un misterio para nosotros, pues, no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los potros salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres, y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas, con cables parlantes.

    ¿Dónde está el bosque espeso?…..Despareció…..¿Dónde está el águila?…..Despareció…..

    Así se acaba la vida y comenzamos a sobrevivir tan solo. “

    Fdo.: Jefe Indio Seattle
    1854

    EVENTOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO:

    El Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, Sr. Srgjan Kerim, convocará los días 11 y 12 de febrero de 2008, en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York, el debate temático “La lucha contra el cambio climático: las Naciones Unidas y el mundo en acción”.

    La Tercera Conferencia sobre el Cambio Climático de la Organización Meteorológica Mundial de 2009 instará a la comunidad científica internacional, incluidos los gobiernos, a mejorar los pronósticos climatológicos estacionales a fin de contribuir a que el planeta se adapte al impacto ocasionado por los cambios y la variabilidad, al mismo tiempo que se salvarán vidas y se protegerán los sistemas económicos.

    La UNESCO anunció que inaugurará el próximo 12 de febrero de 2008, el Año Internacional del Planeta Tierra.

    Al evento acudirán científicos y líderes de todo el mundo para debatir sobre desafíos como el crecimiento demográfico, el cambio climático, los recursos naturales y catástrofes.
    La celebración del Año Internacional del Planeta Tierra, que tendrá lugar durante el 2008, tiene por objetivo utilizar eficazmente el conocimiento de más de 400.000 científicos para construir sociedades más prósperas, sanas y seguras.

    LECTURAS RECOMENDADAS:

    Cuarto Informe Técnico de Evaluación “Cambio Climático 2007” del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio. El Informe de síntesis ordena la información en las siguientes áreas temáticas:

    •  Grupo de Trabajo I: “Base material científica del cambio climático”
    •  Informe del Grupo de Trabajo II : “Impacto, adaptación y vulnerabilidad al cambio climático”
    •  Informe del Grupo de Trabajo III: “Mitigación del cambio climático”
    •  Informe de síntesis sobre el Cuarto Informe de Evaluación del IPCC

    “LA VENGANZA DE LA TIERRA” de James Lovelock, editorial Planeta, Barcelona, España, 2006

    “GAIA, una nueva visión de la vida en la Tierra”, de James Lovelock, editorial Herman Blume, Madrid, 1983

    “Las edades de Gaia” de James Lovelock, Tusquets ediciones, Barcelona, 1993
    “Homenaje a Gaia”, de James Lovelock, editorial Laetoli, Pamplona, 2005

    29 mayo, 2015 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

  • Poesía y poema

    “Textos rescatados” intenta eso, rescatar o revelar selecciones de textos de entre los más significativos ensayos y reflexiones sobre literatura y arte en general, que por los ojos del responsable de esta sección pasen o hayan pasado; siempre, claro está, desde su subjetiva visión y preferencias.

    octavio_pazSin duda, Octavio Paz es uno de lo más prestigiosos poetas y lúcidos ensayistas sobre arte, y ámbitos relacionados con la actividad artística, del pasado siglo XX. En su obra “La casa de la presencia” (primer volumen de una cuidada edición de toda su obra completa, llevada a cabo por Galaxia – Gutemberg), reflexiona y “poetiza” sobre el poema y la poesía; nombra, establece y clasifica el hecho poético en sí mismo y en la historia, estableciendo las interactivas relaciones entre poesía, mito, revolución y sociedad, que rigen y evolucionan el ecosistema sensible y sentimental de la humanidad.
    Seleccionamos aquí un texto perteneciente a la introducción: “Poesía y poema”, perteneciente a uno de los libros, “El arco y la lira”, de este primer volumen: “La casa de la presencia”:

    “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar el mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia.

    kaneExorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. Expresión histórica de las razas, naciones, clases. Niega a la historia: en su seno se resuelven todos los conflictos objetivos y el hombre adquiere al fin conciencia de ser algo más que tránsito. Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no dirigido. Hija del azar; fruto del cálculo. Arte de hablar de una forma superior; lenguaje primitivo. Obediencia a la reglas; creación de otras. Imitación de los antiguos, copia de lo real, copia de una copia de la Idea. Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia, coito, nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. Juego, trabajo, actividad ascética. Confesión. Experiencia innata. Visión, música, símbolo. Analogía: el poema es un caracol donde resuena la música del mundo y metros y rimas no son sino correspondencias, ecos, de la armonía universal. Enseñanza, moral, ejemplo, revelación, danza, diálogo, monólogo. Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita, popular y minoritaria, colectiva y personal, desnuda y vestida, hablada, pintada, escrita, ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno: el poema es una careta que oculta el vacío, ¡prueba hermosa de la superflua grandeza de toda obra humana!
    ¿Cómo no reconocer en cada una de esta fórmulas al poeta que la justifica y que al encarnarla le da vida?  Expresiones de algo vivido y padecido, no tenemos más remedio que adherirnos a ella ―condenados a abandonar la primera por la segunda y a ésta por la siguiente. Su misma autenticidad muestra que la experiencia que justifica a cada uno de estos conceptos, los trasciende. Habrá pues que interrogar a los testimonios directos de la experiencia poética. La unidad de la poesía no puede ser asida sino a través de trato desnudo con el poema.

    ojo_poeticoAl preguntarle al poema por el ser de la poesía, ¿no confundimos arbitrariamente poesía y poema? Ya Aristóteles decía que “nada hay de común, excepto la métrica, entre Homero y Empédocles; y por esto con justicia se llama poeta al primero y fisiólogo al segundo”. Y así es: no todo poema ―o por ser exactos: no toda obra construida bajo las leyes del metro― contiene poesía. Pero esas obras métricas ¿son verdadero poemas o artefactos artísticos, didácticos o retóricos? Un soneto no es un poema, sino una forma literaria, excepto cuando ese mecanismo retórico ―estrofas, metros y rimas― ha sido tocado por la poesía. Hay máquinas de rimar pero no de poetizar. Por otra parte, hay poesía sin poemas, paisajes, personas y hechos suelen ser poéticos: son poesía sin ser poemas. Pues bien, cuando la poesía se da como una condensación del azar o es una cristalización de poderes y circunstancias ajenos a la voluntad creadora del poeta, nos enfrentamos a lo poético. Cuando ―pasivo o activo, despierto o sonámbulo― el poeta es el hilo conductor y transformador de la corriente poética estamos en presencia de algo radicalmente distinto: una obra. Un poema es una obra. La poesía se polariza, se congrega y aísla en un producto humano: cuadro, canción, tragedia. Lo poético es poesía en estado amorfo; el poema es creación, poesía erguida.  Sólo en el poema la poesía se aísla y revela plenamente. Es lícito preguntar al poema por el ser de la poesía si deja de concebirse a éste como una forma capaz de llenarse con cualquier contenido. El poema no es una forma literaria sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre. Poema es un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía. Forma y sustancia son en si mismo”

    29 mayo, 2015 • Revistas, Textos rescatados • Vistas: 0

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