El Desdibujador de Sonrisas

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Moderadores: Hallie Hernández Alfaro y Ventura Morón.

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El Desdibujador de Sonrisas

por Dark Moon Walker » Mar, 09 Abr 2019 20:26

Mi oficio es ser Desdibujador de Sonrisas. Trabajo de alta responsabilidad en el que, básicamente, me dedico a atenuar las sonrisas de la gente, no permitiendo así que su presencia hiera a los más infortunados, pero sin dejarlas nunca tan apagadas como para que no puedan transmitir un sentimiento como la alegría. Un trabajo arduo y delicado. Pues ya sólo por nuestra mera presencia, siendo Desdibujadores, las sonrisas suelen retraerse, hacerse más pequeñas, minimizarse. Por lo que tenemos que ser muy comedidos en nuestro obrar para evitar que, en un descuido, sólo por hacer notar nuestra presencia por más tiempo de lo debido, la sonrisa llegue a morir sin haber realmente vivido.
La verdad, hubiese preferido casi cualquier otro oficio, Saludador, Repartidor de Preguntas, Aventador de Nubes, Recogedor de Olvidos, Saltador de Charcos, o ser un simple Rascador de Espaldas. Casi cualquier otra labor hubiese escogido, pero resulta que los Desdibujadores de Sonrisas adquirimos el oficio por herencia. Así, mi padre lo fue, y mi abuela, y mi bisabuelo también, y mi tatarabuelo, y también la madre de este, y así sucesivamente. Perdiéndose en los anales de mi familia el ser Desdibujadores de Sonrisas. Y no unos cualquiera pues, para ser más exactos, todos fueron grandes Desdibujadores de Sonrisas. Hasta que me tocó a mí.
Y es que yo no soy como mis antecesores, que buscaban siempre la sonrisa estricta, comedida, y en la que no veían más que un mero elemento de su oficio. No, a mí me encantan las sonrisas, desde siempre. Y más las sonrisas grandes y luminosas, las que se ven desde lejos, las que no se pueden ocultar y todo lo ocupan. Motivo por el que soy un pésimo Desdibujador de Sonrisas.
Pues, a diferencia de mis predecesores, que iban por la calle dejándose ver, advirtiendo su presencia con la notoriedad propia de nuestro oficio, yo voy sigiloso, acercándome a las sonrisas poco a poco, cuanto más lento mejor. Disfrutándolas en cada instante que las contemplo.
Así, cuando me toca el turno de día voy caminando muy despacio, siempre por el lado más sombreado de la calle, deleitándome con la mirada ante las sonrisas que encuentro, gozando hasta el último momento de su inigualable belleza, antes de atenuarlas, muy a mi disgusto, por mi simple pasar. Algo que me es muy frustrante. Pero, por suerte, cuando me toca el turno de noche, todo cambia. Y es que, esas noches, practico un acto ilegal, una caza furtiva, algo que va contra la moral social, pues me convierto en un Coleccionista de Sonrisas.
Cosa prohibida porque dicen que, si todos lo hiciéramos, en poco tiempo el mundo se quedaría sin sonrisas. O eso creen los pánfilos y los supersticiosos. Pues yo, por mi experiencia de Coleccionista de Sonrisas, he podido comprobar que estas son infinitas. Que se reproducen casi por contagio. Y que no se clasifican sólo en negativas, neutras y positivas, como adoctrina el gremio de Desdibujadores, sino en una multitud de tipos y subtipos que a su vez, al mezclarse, se multiplican dando inacabables variedades.
Por esto, por la noche, en vez de atenuarlas las capturo y las añado a mi colección de sonrisas. Colección que llevo haciendo, muy en secreto, desde que era un niño y mi padre me enseñaba el oficio de Desdibujador. A veces siento que lo traiciono, pues sé que si supiera que soy un Coleccionista de Sonrisas tanto él como mi madre me llamarían hasta monstruo. Pero es mi pasión, mi razón para vivir, desde siempre. Pese a que la pena por tal delito es convertirse en un Sin Nombre, un paria que sólo puede hacer los desempeños más despreciados, como Recogedor de Colillas, Escupidor de Asfalto o cosas de índole mucho más sórdida y despreciable.
Sin embargo, soy un experto Coleccionista de Sonrisas, y no capturo cualquier sonrisa que vea, las selecciono bien. No hago como esos novatos que se quedan con toda la sonrisa, agotándola. No, yo las tomo en su momento de mayor clímax, por unos segundos, y luego las libero aún con esencia. Para que tengan todavía posibilidad de reproducirse. Y soy tan buen Coleccionista de Sonrisas como mal Desdibujador de las mismas pues, después de tantos años de así hacer, es tal mi pericia que, en ocasiones, ni siquiera se dan cuenta de que algo ha cambiado en sus sonrisas cuando ya las he capturado.
Realmente soy un buen Coleccionista de Sonrisas, nunca titubeé con ninguna, mi caza fue siempre calculada, digamos que milimétrica, hasta que encontré a la más espléndida, a la inagotable, a la mejor de todas las sonrisas. A la que, por un breve tiempo, y con pasión, llamé mi sonrisa. Sin saber el grave peligro que me aguardaba.
La encontré una noche en la que fui a cazar a la ciudad, donde la zona de los bares, lugar y hora en el que se suelen dar esas sonrisas explosivas que, pese a su corto clímax, algunas son merecedoras de colección. Allí la vi, sentada en una escalera, sola, viendo pasar a la gente. La más cautivadora sonrisa que he visto en mi vida. Me acerqué con torpeza por la fascinación, aturdido por la esencia de aquella inigualable sonrisa. Hasta que me paré a su lado anonadado, me miró y, en vez de atenuar su sonrisa, se hizo más grande aún, hasta hacerse inmensa, sólo para mí. La primera sonrisa que me destinaban en mi vida sin estar censurada por todas las estrictas normas de los Desdibujadores.
Después de aquella noche nos volvimos a ver muchas más veces, siempre en aquellas escaleras de la zona de los bares. Sin quedar nunca previamente, como si siempre de un casual se tratase. Allí siempre la encontraba. Ella apenas hablaba, sólo escuchaba mostrando aquella magnífica sonrisa y, poco a poco, algo en ella me impulsó a hablar de mí. Al principio le hablé de cosas banales mientras no dejaba de contemplar con adoración tal sonrisa. Le hablé de mil cosas superfluas para rellenar el vacío que dejaban sus silencios. Hasta que no me quedó nada irrelevante que decirle y, queriendo ser franco, queriendo que me aceptara tal cual era, con voz queda, como quien confiesa un crimen, le dije que era Desdibujador de Sonrisas. Al instante después ella hizo algo que en ese momento me llenó de ternura, se acercó a mis labios y los besó, para sonreír aún más radiantemente. Y eso me enamoró, me enamoró tan profundamente que sentí que podía confiarle todo, que debía sincerarme al completo. Y, aún esperando lo peor, ya asumiendo que su maravillosa sonrisa se apagaría, le dije que también era un Coleccionista de Sonrisas. Pero, contra todo pronóstico, no sólo no dejó de sonreír sino que me volvió a besar. Así que decidí enseñarle mi colección de sonrisas sin percatarme ni un momento del error que cometía. Pues, cuando se la enseñé, su luminosa sonrisa cambió y pude ver en su rostro una expresión de avaricia, de egoísmo y de codicia. Fue cuando, tarde, me pude dar cuenta que me había enamorado de una Absorbe Esencia, esos seres nocturnos que se alimentan de los sueños de otros.
Ya apenas tengo colección, se la llevó ella, pero sigo con mi vida y trabajando de Desdibujador de Sonrisas. Sin embargo, ahora las atenúo estrictamente, sin reparo, y las que capturo o las escondo muy en mis adentros o las suelto a la vez. Aunque aún evito salir por la zona de los bares de noche, por si me encuentra. No es bueno beber los mares por quien la sangre te quiera beber.
Última edición por Dark Moon Walker el Jue, 11 Jul 2019 12:43, editado 3 veces en total
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Re: El Desdibujador de Sonrisas

por Arturo Rodríguez Milliet » Lun, 15 Abr 2019 0:47

Interesante catalogo de oficios los que describes en este alucinante relato.
Disfrute mucho de tu original narrativa. Un abrazo.
Te presento a mi padre, el que está a su lado es mi hijo.
Si los sumas y divides entre dos, obtendrás su promedio...
ese soy yo. Mucho gusto!
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Re: El Desdibujador de Sonrisas

por Jorge Busch » Jue, 09 May 2019 13:39

Me resultó muy simpática esta fantasía sobre oficios insólitos, bien escrita en una prosa ágil. En la cita te dejo entre corchetes algunas notas (hay tildes que la RAE eliminó, como la de «solo» y «este», que no te señalo).

abrazo
j.


Dark Moon Walker escribió:Mi oficio es ser Desdibujador de Sonrisas. Trabajo de alta responsabilidad en el que, básicamente, me dedico a atenuar las sonrisas de la gente, no permitiendo así que su presencia hiera a los más infortunados, pero sin dejarlas nunca tan apagadas como para que no puedan transmitir un sentimiento como la alegría. Un trabajo arduo y delicado. Pues ya sólo por nuestra mera presencia, siendo Desdibujadores, las sonrisas suelen retraerse, hacerse más pequeñas, minimizarse. Por lo que tenemos que ser muy comedidos en nuestro obrar para evitar que, en un descuido, sólo por hacer notar nuestra presencia por más tiempo de lo debido, la sonrisa llegue a morir sin haber realmente vivido.
La verdad, hubiese preferido casi cualquier otro oficio, Saludador, Repartidor de Preguntas, Aventador de Nubes, Recogedor de Olvidos, Saltador de Charcos, o ser un simple Rascador de Espaldas. Casi cualquier otra labor hubiese escogido, pero resulta que los Desdibujadores de Sonrisas adquirimos el oficio por herencia. Así, mi padre lo fue, y mi abuela, y mi bisabuelo también, y mi tatarabuelo, y también la madre de éste, y así sucesivamente. Perdiéndose en los anales de mi familia el ser Desdibujadores de Sonrisas. Y no unos cualquiera pues, para ser más exactos, todos fueron grandes Desdibujadores de Sonrisas. Hasta que me tocó a mí.
Y es que yo no soy como mis antecesores, que buscaban siempre la sonrisa estricta, comedida, y en la que no veían más que un mero elemento de su oficio. No, a mí me encantan las sonrisas, desde siempre. Y más las sonrisas grandes y luminosas, las que se ven desde lejos, las que no se pueden ocultar y todo lo ocupan. Motivo por el que soy un pésimo Desdibujador de Sonrisas.
Pues, a diferencia de mis predecesores, que iban por la calle dejándose ver, advirtiendo su presencia con la notoriedad propia de nuestro oficio, yo voy sigiloso, acercándome a las sonrisas poco a poco, cuanto más lento mejor. Disfrutándolas en cada instante que las contemplo.
Así, cuando me toca el turno de día voy caminando muy despacio, siempre por el lado más sombreado de la calle, deleitándome con la mirada ante las sonrisas que encuentro, gozando hasta el último momento de su inigualable belleza, antes de atenuarlas, muy a mi disgusto, por mi simple pasar. Algo que me es muy frustrante. Pero, por suerte, cuando me toca el turno de noche, todo cambia. Y es que, esas noches, practico un acto ilegal, una caza furtiva, algo que va contra la moral social, pues me convierto en un Coleccionista de Sonrisas.
Cosa prohibida porque dicen que, si todos lo hiciéramos, en poco tiempo el mundo se quedaría sin sonrisas. O eso creen los pánfilos y los supersticiosos. Pues yo, por mi experiencia de Coleccionista de Sonrisas, he podido comprobar que estas son infinitas. Que se reproducen casi por contagio. Y que no se clasifican sólo en negativas, neutras y positivas, como adoctrina el gremio de Desdibujadores, sino en una multitud de tipos y subtipos que a su vez, al mezclarse, se multiplican dando inacabables variedades.
Por esto, por la noche, en vez de atenuarlas las capturo y las añado a mi colección de sonrisas. Colección que llevo haciendo, muy en secreto, desde que era un niño y mi padre me enseñaba el oficio de Desdibujador. A veces siento que lo traiciono, pues sé que si supiera que soy un Coleccionista de Sonrisas tanto él como mi madre me llamarían hasta monstruo. Pero es mi pasión, mi razón para vivir, desde siempre. Pese a que la pena por tal delito es convertirse en un Sin Nombre, un paria que sólo puede hacer los desempeños más despreciados, como Recogedor de Colillas, Escupidor de Asfalto o cosas de índole mucho más sórdidas y despreciables[corresponde «sórdida y despreciable», por calificar a «índole»].
Sin embargo, soy un experto Coleccionista de Sonrisas, y no capturo cualquier sonrisa que vea, las selecciono bien. No hago como esos novatos que se quedan con toda la sonrisa, agotándolas[corresponde «agotándola»]. No, yo las tomo en su momento de mayor clímax, por unos segundos, y luego las libero aún con esencia. Para que tengan todavía posibilidad de reproducirse. Y soy tan buen Coleccionista de Sonrisas como mal Desdibujador de las mismas pues, después de tantos años de así hacer, es tal mi pericia que, en ocasiones, ni si quiera[corresponde «ni siquiera»] se dan cuenta de que algo ha cambiado en sus sonrisas cuando ya las he capturado.
Realmente soy un buen Coleccionista de Sonrisas, nunca titubeé con ninguna, mi caza fue siempre calculada, digamos que milimétrica, hasta que encontré a la más espléndida, a la inagotable, a la mejor de todas las sonrisas. A la que, por un breve tiempo, y con pasión, llamé mi sonrisa. Sin saber el grave peligro que me aguardaba.
La encontré una noche en la que fui a cazar a la ciudad, donde la zona de los bares, lugar y hora en el que se suelen dar esas sonrisas explosivas que, pese a su corto clímax, algunas son merecedoras de colección. Allí la vi, sentada en una escalera, sola, viendo pasar a la gente. La más cautivadora sonrisa que he visto en mi vida. Me acerqué con torpeza por la fascinación, aturdido por la esencia de aquella inigualable sonrisa. Hasta que me paré a su lado anonadado, me miró y, en vez de atenuar su sonrisa, se hizo más grande aún, hasta hacerse inmensa, sólo para mí. La primera sonrisa que me destinaban en mi vida sin estar censurada por todas las estrictas normas de los Desdibujadores.
Después de aquella noche nos volvimos a ver muchas más veces, siempre en aquellas escaleras de la zona de los bares. Sin quedar nunca previamente, como si siempre de un casual se tratase. Allí siempre la encontraba. Ella apenas hablaba, sólo escuchaba mostrando aquella magnífica sonrisa y, poco a poco, algo en ella me impulsó a hablar de mí. Al principio le hablé de cosas banales mientras no dejaba de contemplar con adoración tal sonrisa. Le hablé de mil cosas superfluas para rellenar el vacío que dejaban sus silencios. Hasta que no me quedó nada irrelevante que decirle y, queriendo ser franco, queriendo que me aceptara tal cual era, con voz queda, como quien confiesa un crimen, le dije que era Desdibujador de Sonrisas. Al instante después ella hizo algo que en ese momento me llenó de ternura, se acercó a mis labios y los besó, para sonreír aún más radiantemente. Y eso me enamoró, me enamoró tan profundamente que sentí que podía confiarle todo, que debía sincerarme al completo. Y, aún esperando lo peor, ya asumiendo que su maravillosa sonrisa se apagaría, le dije que también era un Coleccionista de Sonrisas. Pero, contra todo pronóstico, no sólo no dejó de sonreír sino que me volvió a besar. Así que decidí enseñarle mi colección de sonrisas sin percatarme ni un momento del error que cometía. Pues, cuando se la enseñé, su luminosa sonrisa cambió y pude ver en su rostro una expresión de avaricia, de egoísmo y de codicia. Fue cuando, tarde, me pude dar cuenta que me había enamorado de una Absorbe Esencia, esos seres nocturnos que se alimentan de los sueños de otros.
Ya apenas tengo colección, se la llevó ella, pero sigo con mi vida y trabajando de Desdibujador de Sonrisas. Sin embargo, ahora las atenúo estrictamente, sin reparo, y las que capturo o las escondo muy en mis adentros o las suelto a la vez. Aunque aún evito salir por la zona de los bares de noche, por si me encuentra. No es bueno beber los mares por quien la sangre te quiera beber.
 
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Re: El Desdibujador de Sonrisas

por Dark Moon Walker » Vie, 05 Jul 2019 19:18

Muchas gracias Arturo, eres muy amable.
Y mil gracias, Jorge, valoro mucho que me corrijan, pues suelo cometer mil y un errores que, sólo cuando alguien tiene la gran gentileza de señalármelos, me doy cuenta de ellos.

Un cordial saludo, a ambos.
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Re: El Desdibujador de Sonrisas

por Desire Sole » Jue, 11 Jul 2019 2:59

Felicitaciones prosador, tu prosa es exquisita. Desire Sole
 
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Re: El Desdibujador de Sonrisas

por Dark Moon Walker » Jue, 10 Oct 2019 12:16

Gracias, Desire.
Eres muy amable.

Un saludito.
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