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Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Dom, 14 Abr 2019 23:48
por Arturo Rodríguez Milliet
Contó en su monedero algo más de doscientos euros además de un par de tarjetas de crédito con un límite de gastos complaciente, “un apuro económico no sería el pretexto” –se dijo a sí misma con sorna, mientras escuchaba de nuevo los parlantes– “Señores pasajeros, Air France anuncia la salida de su vuelo…” En realidad, nunca lo había hecho por dinero pero, con frecuencia, algunos hombres –desconcertados por su accesibilidad inmediata– hacían el gesto de pagarle, cosa que solía rechazar muy ofendida, hasta que finalmente comprendió que aceptar cualquier pago resultaba menos embarazoso que ofrecer una ofuscada explicación post orgásmica sobre su condición, así que comenzó a tomar el dinero y gastarlo en regalos a sus sobrinos o en algún aprendiz de gigolo.

Había salido de su casa hacía apenas cuatro días y estaba por abordar el sexto vuelo, estas giras de supervisión trimestral que le había asignado la empresa la afectaban terriblemente, no tanto por la fatiga, que sin duda sentía, sino por la abstinencia. Aún sabiendo que en un par de días se encontraría con Phillippe en Niza, se le hacía cada vez más difícil la espera.

Suele comenzar al final del segundo día: leve jaqueca, palpitaciones, sudoración profusa, discreto temblor y voz jadeante al tratar de controlar la hiperventilación. Luego sigue lo más intenso: se congestionan sus pechos, los pezones se yerguen y se inicia una interminable serie de incómodas contracciones vaginales, acompañadas de una profusa lubricación que la obliga a cambiar varias veces el protector de sus pantys.

Recordó cómo lograba calmar esos episodios al principio. Era tan evidente su excitación que todos los hombres –y algunas mujeres– comenzaban a mirarla lascivamente. Elegía entonces la mirada más lujuriosa y se entregaba a ella en ritual exhibicionista: subía su falda, entreabría las piernas, bajaba el descote y sabiéndose observada, comenzaba a contraer y relajar rápidamente los músculos de la pelvis por espacio de un minuto, luego se detenía y esperaba los espasmos involuntarios, que ahora sucedían más frecuentes e intensos. Sin dejar de mirar al desconocido de turno, repetía la maniobra hasta lograr un orgasmo espontáneo, sin siquiera un roce externo. Se trataba de paroxismos breves, poco intensos, pero suficientes para disminuir la tensión sexual, al menos por un par de horas. Poco a poco, este recurso de éxtasis auto administrados se fue agotando, al punto que ahora, en vez de alivio, generan un incremento voraz del deseo, una imperiosa necesidad de ser penetrada, de colmar plenamente su vagina por una presencia viva, palpitante, irreverente “… favor abordar el avión por la puerta de embarque número 14” –alcanzó a escuchar remotamente–.

Todo cambió cuando entró al grupo de terapia y conoció a Phillippe. Tenían el mismo problema, pero al unirse dejó de serlo. La fórmula resultó sencilla, sexo al levantarse todos los días antes de salir al trabajo y contener el deseo solo hasta la noche, cuando lo hacían dos, tres o cinco veces (cuatro era un número prohibido) y los fines de semana, sin límites ni normas, cada vez que uno deseaba el otro complacía.

Está por terminar el cuarto día (mal número) y los síntomas comienzan a tornarse molestos. Sentada en la sala de espera trata de relajarse, pero las gotas de sudor caen desde su cuello aumentando la transparencia de su vestido. Al otro lado del pasillo, una mirada la desnuda con absoluto descaro. Al percatarse, el rubor la enciende y en automático inicia el ritual: sopla sus pezones ya erguidos, permite que su falda muestre el bronceado de sus piernas cruzadas y bailotea el agudo tacón de una sandalia que apenas cubre la desnudez de su pie. Detiene el descenso de una gota de sudor entre sus pechos y con ella se humedece los labios, luego, desvía furtivamente su mirada hacia los lavabos, la fija nuevamente en quien la observa y con movimientos felinos se dirige directo al servicio de los discapacitados.

No tardó en entrar el improvisado amante. Sin mediar palabras la ciñe por la cintura, ella, arqueando su torso se entrega y lo recibe sin más con un primer orgasmo. Se inicia un beso profundo, sin sutilezas, ávidamente, una lengua carnosa repta cada exquisito resquicio de esa hembra lujuriosa que invita al brutal apareamiento. De los íntimos pliegues manan generosos los fluidos, uñas y dientes libran desaforada batalla urgidos de posesión. Finalmente, unas manos grandes y fuertes logran ejercer dominio absoluto en sus caderas, hunde seguro sus dedos en la carne firme de sus nalgas y la empuja contra su febril protuberancia. De un solo tirón le arranca las bragas y ella alcanza jadeante el segundo orgasmo, el tercero se produce apenas la penetra y el cuarto, en la penúltima embestida de Phillippe. Cuatro, es un número no permitido…

Re: Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Dom, 21 Abr 2019 13:58
por Óscar Distéfano
Me gustó. El relato es ágil, interesante y valiente. Sin caer en lo pornográfico, describe escenas muy eróticas. Un texto limpio, cohesionado, que agrada leer.

Un abrazo, amigo.
Óscar

Re: Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Dom, 19 May 2019 12:27
por Hallie Hernández Alfaro
Un relato extraordinario; acabo de leerlo por primera vez.
Una obra exquisita que merece más de una ovación.

Cautivas al lector de inmediato y lo mantienes en vilo hasta ese número par cuatro, no permitido.
Exquisita la propulsión narrativa y riquísimo el mundo descriptivo.

Hay universalidad en el lenguaje, el tema es llevado a la literatura con fina erudicción.

Inspirada en esta obra tuya voy a intentar un relato llamado Adicción también.

Abrazo enorme, querido amigo.

Re: Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Mar, 28 May 2019 13:46
por Jorge Busch
Bueno... la verdad es que no conozco toda esta sintomatología que describes en forma tan realista, pero admito que tu descripción me resulta muy plausible dentro del contexto que sí conozco. El tono casi quirúrgico de tu exposición le resta emoción: no me resulta excitante; doy por descontado que tampoco lo quisiste.

Bien escrito el relato; revisaría las tildes, algunas faltan.

abrazo
Jorge

Re: Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Dom, 29 Sep 2019 3:36
por Arturo Rodríguez Milliet
Óscar Distéfano escribió:Me gustó. El relato es ágil, interesante y valiente. Sin caer en lo pornográfico, describe escenas muy eróticas. Un texto limpio, cohesionado, que agrada leer.

Un abrazo, amigo.
Óscar


Gracias querido amigo, por tu siempre grata visita y
la generosidad de tus comentarios.
Un abrazo.

Re: Adicción

Mensaje sin leerPublicado: Dom, 22 Dic 2019 17:22
por Hallie Hernández Alfaro
Arturo, querido amigo, este magnifico relato tuyo ha sido fuente de inspiración para uno mío; Sergio es el título.

Gracias mil.

Abrazos.


Aquí te dejo el enlace:

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