En el silencio de aquella noche...

Cuentos, historias, relatos, novelas, reportajes y artículos de opinión que no tengan que ver con la poesía, todo dentro de una amplia libertad de expresión y, sobre todo, siempre observando un escrupuloso respeto hacia los intervinientes.
Moderadores: Hallie Hernández Alfaro y Ventura Morón.

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En el silencio de aquella noche...

por Dark Moon Walker » Mié, 12 Feb 2020 18:09

La noche que su amigo regresó de Holanda y lo fuera ha recoger al aeropuerto para dejarlo en su casa justo después, en un momento dado, de repente, sintió que el pueblo estaba en completo silencio. No se oía ni el pasar a lo lejos de una moto o un coche, no se oían ni si quiera las palomas que siempre revoloteaban, pues, en el tremendo silencio de aquella noche, en aquel denso silencio, en aquel pueblo de pescadores en el que habitaba, sólo se oían en el mar las olas lamiendo constantemente la orilla, una y otra vez, de forma muy audible, una y otra vez... Por lo que sintió que el pueblo estaba vacío, y salió a la calle con una extraña certeza, que se encontraba solo en todo el pueblo, que nadie más habitaba entre todas aquellas casas que lo componían. Que algo terrible había ocurrido...
Por ello, caminó por las calles donde ni vio a los gatos que solía vivir en sus callejones, ni a los perros, ni si quiera, en la quietud de la noche, a algún roedor. Caminó hasta la playa de cayados y se internó más allá de la luz de las farolas con la esperanza de que ocurriese que, en la penumbra, hubiese alguna joven parejita en su intimidad, alguien paseando a su perro, o un pescador con su caña. Que hubiese alguien que le salvara del terrible y creciente miedo que le iba atenazando por dentro al entender que algo terrible había ocurrido con la gente del pueblo y que, muy posiblemente, en la ciudad cercana, la capital, hubiese sucedido lo mismo.
Por ello salió casi corriendo de la playa y se internó así por las calles del pueblo, entre las que fue volteando su cabeza a cada lado en las encrucijadas de las calles por ver si divisaba, aunque fuese a lo lejos, a alguien, pero ya como un gesto instintivo, sin la mínima esperanza. Dirigiéndose a la carrera a la parte más elevada del pueblo, la que daba a la montaña. Donde en un mirador se paró a divisar todo el pueblo y las lejanas luces de la capital en busca de algún movimiento, un cambio de luz o algo que le indicase que no estaba solo en el planeta.
De repente, a lo lejos, en el camino que llevaba desde la capital hasta el pueblo vio unas extrañas luces rojas, verdes y blancas. Le extrañó muchísimo pero… ¡Había alguien! ¡No estaba solo! Por lo que salió a la carrera en dirección aquellas luces para preguntar a aquella gente si sabía que terrible suceso había ocurrido. Pero, al irse acercando a ellas, para su espanto, pudo comprobar que no eran personas, sino unos seres con tres pares de brazos cada uno, unas antenas cual estrellas en sus puntas, con luces rojas, verdes y blancas pero que, para su asombro, hablaban como lo hace la gente del pueblo. Él, cuando así los distinguió, no dejo tiempo a su cerebro de pensar qué tenían que hacer sus piernas, simplemente de su garganta salió un grito aterrador y salió corriendo. Corrió, corrió sin parar hasta meterse en su casa y esconderse en el sitio donde más seguro se sintió. Bajo la cama.
En ese momento, de repente, sucedió lo incomprensible, sonó su teléfono móvil, el cual, tras el tercer tono, decidió coger saliendo de la cama con un movimiento rápido para volver a ocultarse bajo ella.
Cuando miró el identificador de llamada vio que era su amigo, el que había regresado el día anterior de Holanda, así que, súbitamente esperanzado, descolgó y dijo a gritos.
-¡Bien, a ti no te han abducido!
-¿Qué dices, tío?
-Eso, que ni a ti ni a mí nos han abducido.
-¿De qué hablas? ¿Me estás vacilando?
-No, no, fuera bromas, que el pueblo está vacío y hasta he visto tres extraterrestres.
-Niño, creo que ya sé qué pasa, son los Carnavales de la capital.
- ¿Carnavales?
-A ver...Tú, del ácido que traje de Holanda, del L.S.D.. ¿Cuántos te has comido?
-¿Cómo que ácido?
-Si, los micropuntos negros que te di, las bolitas negras. ¿Cuántas te has comido?
-¿Micropuntos? Ni idea…
-¿Cómo que ni idea? Si hasta te dije al dártelos: Estos son “regalitos de Holanda”.
-Es que yo te entendí que eran...”regalís de Holanda”…
-¿Y cuántos te has comido?
-Pues yo sólo me he comido uno... ¡Mierda!
-¿Qué pasa?
-Que a mi abuela le encanta el regalí…
(En ese momento, el amigo oye como dejan el teléfono apresuradamente sobre una mesa y escucha desde lejos y a gritos.)
-¡Abuela! ¡Abuela! ¡¿Estás ahí?!
-¿Qué quieres, mi niño?
-¿Tú sabes dónde están los regalís que había sobre mi mesilla de noche?
-No, mi niño, ni idea, pero...¿Tú has visto el dragón azul que hay en el balcón?
 
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