Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

Aquí tendrán cabida discusiones y todo tipo de estudios sobre temas relacionados con el ámbito literario: técnica, oficio, valores poéticos, etc.

Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por Óscar Distéfano » Sab, 30 Abr 2016 14:09

Podríamos teorizar sobre la aprehensión de un poema, en el sentido de analizar la respuesta intelectual y emocional del lector ante su lectura. El modo de aprehensión de un poema no puede ser generalizado, así como no puede aceptar únicamente la voluntad interpretativa del autor.
El mensaje del autor de un poema no es siempre aceptado por el lector según la perspectiva de aquél, porque cada lector interpreta los símbolos del poema basado en su riqueza cultural, en su profundidad intelectual y en la experiencia de su propia vida. Por esta razón, la trasmisión de un mensaje que conlleva un poema, puede variar significativamente de la comprensión emotiva que le dé el lector.
Teniendo en cuenta este fenómeno que se da entre autor y lector, es importante que esa variación de interpretación no sea arbitraria; es decir, que el lector no cree o invente otro poema. Y, para que esto no suceda, el poeta no debería escribir poesía que plantee adivinanzas o jeroglíficos, so pena de quedar aislado en su propio mundo. La poesía no debería ser un juego de acertijos, donde los símbolos personales del poeta lleven el texto creado a un hermetismo insuperable o, en todo caso, a la necesidad de que el mismo poeta creador nos facilite la llave para acceder al mundo polisémico de su poema. Advertirá el lector que hablo de “mundo polisémico”. Con esto quiero significar que no se exige al poeta un mensaje llano, explícito, racional. No, de ninguna manera. Lo que se pide es que el poema no sea una tumba cerrada a las posibilidades de aprehensión. En este punto, podría objetarse que el problema de aprehensión depende mucho del grado de agudeza mental poética que tenga el lector, y de que existen poemas que son aparentemente impenetrables, pero que, en el fondo, sólo necesitan ser estudiados, analizados, diseccionados, para acceder a sus mensajes. Reconozco que estos poemas existen (Mallarmé, Valente, Celam, etc), cuyos poemas son, poco a poco, rescatados, por los analistas, del hermetismo simbólico e intelectual. No me refiero a este tipo de poemas, sino a los que son encriptados de adrede, como método de composición, sin dejar pistas que pudieran llevar a acceder a sus mensajes. Una cosa es el hermetismo nacido de una mente profunda, y otra el que nace de una mente que pretende ser profunda.

Sabemos que el lenguaje funciona de una manera especial cuando encara una creación poética. En el habla común, el lenguaje queda sometido a la realidad; esto quiere decir que el lenguaje trata de recrear la realidad según el significado que la convención social ha asignado a las palabras. El proceso es denotativo. Sin embargo, el lenguaje poético es especializado, es connotativo, lo cual significa que el poeta, utilizando palabras, cláusulas semánticas que, muchas veces, no tienen relación unas con otras, crea una realidad nueva, que es muy distinta de la realidad que avizora el hombre de habla común. En este punto no está demás señalar que en el habla común se puede dar, en algunos casos, una cierta irrupción en el campo connotativo que puede provocar la emoción poética; mientras que, por otro lado, en el lenguaje utilizado en un poema se puede caer en el campo denotativo.

connotar.
(De con- y notar).
1. tr. Ling. Dicho de una palabra: Conllevar, además de su significado propio o específico, otro de tipo expresivo o apelativo.

denotar.

Del lat. denotāre.

1. tr. Indicar, anunciar, significar.
2. tr. Ling. Dicho de una palabra o de una expresión: Significar objetivamente. Se opone a connotar.


Aquí yo señalaría que ese lenguaje connotativo no significa que el poeta deba esconder de adrede del lector la nueva realidad creada. Yo diría que poemas de estas características son poemas fallidos; y, entre estos, incluyo a los poemas surrealistas ortodoxos (el automatismo psíquico puro que elude absolutamente a la razón), porque la característica comunicacional exigida a todo poema queda anulada, destruida. Se podrá aludir que los mensajes de los poemas herméticos y surrealistas son, precisamente, la negación y la carencia de mensaje, y que el lector tiene la opción de disfrutar de las incomprensibles pero curiosas voces que llegan del abismo interior del poeta; pero, sinceramente, esto me resulta ya un sofisma poético.

Un poema, cuyo carácter es esencialmente comunicativo, necesita que existan, como condición sine qua non, cuatro particularidades: 1.- Objeto o Realidad. 2.- Poeta. 3.-Poema. 4.- Lector. El proceso se vuelve obvio cuando el mensaje carece de connotación (se vuelve denotativo); es decir, se remite a la descripción de un hecho corriente: “Luís pasea con María por el parque”. La cosa se complica cuando el mensaje es susceptible de ser interpretado por el receptor en una clave distinta a la del emisor: “Luís pasea con María por los sueños del futuro”.

El lenguaje poético, en su generalidad, pertenece al grupo del lenguaje connotativo. Es evidente también que tanto el poeta como el lector poseen miradas y percepciones distintas de la realidad, sus respuestas mentales nacen de conclusiones existenciales distintas. No resulta extraño, entonces, que un mismo mensaje tenga tantas derivaciones como lectores.

Ya no dudamos, entonces, de que la poesía posee un lenguaje connotativo; es decir, que lo expresado por el poeta puede llegar al lector con significados transformados, y que pueden no ser los mismos que los del autor. Pero, creo que dichas connotaciones conllevan, a su vez, ciertos lazos sutiles que no deben permitir al lector caer en interpretaciones arbitrarias del poema. El mensaje del poema, estando enriquecido por un abanico de sugerencias (polisemia), tendría que estar limitado, sin embargo, por un código de la aprehensión; es decir, no llevar al lector a intentar, con “palos de ciego”, encontrar una interpretación caprichosa (o íntimamente unipersonal), forzando su intelecto y su imaginación, de dicho mensaje (tal como sucede en encontrar formas lógicas en las manchas de las paredes o en los matices de sombras que proyectan las nubes). Debería estar regida por una ley tácita de probabilidades receptivas. Cuando la interpretación se dispara hacia ángulos absolutamente arbitrarios es cuando el poema, digo yo, ha sido desnaturalizado en la mente del lector, y pierde su característica primordial, cual es el de la comunicación. Quiero creer que la poesía es trasmisión de impresiones, de emociones, además de sugerencias de cosmovisiones que, tal vez, el poeta sólo lo intuyó; pero que, en la mente lectora, adquiere la naturaleza de realidad creada. Pero, lo cierto es que, no debería, yo, lector, estar inventándome (o adivinando) mensajes del contenido de un poema. Ese enfoque diferente que el lector ha percibido, no puede chocar diametralmente con la visión creada por el poeta.
Estoy también de acuerdo sobre esa convicción de que la poesía debería ser un viaje, una aventura, una búsqueda de uno mismo; pero, no deberíamos olvidar nunca que todo lo que se escribe está dirigido a un lector (sin el cual, la obra poética no existe). ¿Qué significa esto? Que la poesía es comunicación pura. Y esto, a su vez, ¿qué significa? Que el mensaje poético engendrado en la mente del poeta creador busca un lector que asimile ese mensaje, que lo amplíe, que lo enriquezca, que le aporte su propio “mapa mental”; pero que, de ninguna manera, se dispare hacia otro mensaje distinto, contrapuesto, nacido de un proceso adivinatorio.
Trascribo la definición del Drae, con las acepciones que interesan en este texto:

adivinar.
(Del lat. addivināre).
2. tr. Descubrir por conjeturas algo oculto o ignorado.
3. tr. Acertar lo que quiere decir un enigma.
4. tr. Acertar algo por azar.

Quisiera agregar, a modo de anécdota, que este problema, suscitado por la poesía críptica (tan en boga en nuestros tiempos), ejerce sobre mí una enorme desazón y duda poéticas, que hasta hoy no he podido desentrañar. Incluso, soy más inclinado a aceptar y comprender la naturaleza de un poema surrealista o creacionista (ya que carecen de trampas compositivas), antes que la de un poema hermético o críptico, cuya cripta es creada por el poeta creador, y cuyas llaves se las guarda, impidiendo toda posibilidad de comunicación. Todo campo de la actividad humana posee sus propios límites; así, pues, rechazamos que la poesía sea un arte infinitamente libre. Y, teniendo en cuenta que en este trabajo sólo hemos encarado la relación autor-lector, considerando el tema desde un punto estrictamente semántico, yo creo que este principio aquí defendido, debe aplicarse también a la forma poética (pero este es ya un tema para otro trabajo).

Saludos. Óscar
Última edición por Óscar Distéfano el Mar, 24 Abr 2018 2:30, editado 2 veces en total
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Gerardo Mont » Sab, 30 Abr 2016 23:04

Estimado amigo, vengo con todo respeto a tratar el tema contigo, y solamente para ofrecer otra perspectiva. No pretendo ser axiomático. Mi intención, de ninguna manera es bélica y si alguna expresión sonara irrespetuosa, te aseguro que es accidental. No creo que el tema amerite siquiera discutir, pues cada uno desde esa libertad (relativa) que nos define como humanos y que nos permite la búsqueda de nuestros propios caminos (sin ser Sartreanos) tiene derecho a creer o desechar lo que va encontrando y de utilizarlo o no en la conformación de su existencia. Por eso pretendo no participar más, sino ésta vez.
Propones un tema de nunca acabar, que supongo, que para ti como para mí es fascinante por diferentes razones. Intuyo que para ti este tipo de creación genera la pregunta ¿cómo alguien desperdicia su tiempo en esto? y sin embargo no puedes sencillamente ignorarla. No digo esto como una crítica destructiva. Supongo nuevamente que compartes conmigo la fascinación por la psique humana (no imagino otra razón más elevada que sustente tu interés).

Pues bien, empecemos por ahí, la mente humana, que así como la naturaleza emocional y ¿espiritual? del hombre es paradójica y a veces, terriblemente profunda. Los procesos que llevan a la comunicación son complejos y las palabras limitadas, tanto que algunos científicos ven en el lenguaje la barrera del conocimiento, en el sentido de que las matemáticas (lenguaje de símbolos) y los idiomas se convierten en una limitante para alcanzar otros estadios. Así por ejemplo se habla de una matemática aún por inventar para sustentar y permitir el desarrollo, en todo su potencial, de la Teoría M que supone no sólo las 4 dimensiones conocidas sino hasta once ( además, es fascinante la infinidad de universos que propone ( 10 a la 500 ), que como membranas paralelas se rigen por leyes propias, que limitan su propia materia a su propio espacio). Los conceptos tradicionales que sustentan nuestra concepción de realidad son cuestionados, pues la física cuántica ha demostrado (científicamente en los laboratorios) que a nivel infinitesimal la materia se comporta de manera paradójica y sus estados superpuestos permiten hasta estar en dos lugares simultáneamente. De acuerdo a esto es el observador el que hace que la realidad se incline hacia una de las probabilidades que las partículas cuánticas ofrecen. Yo relaciono esto con las múltiples interpretaciones, es decir, me parece que ésta forma de expresarse poéticamente, no obedece a la casualidad, sino, necesariamente al estado evolutivo de nuestro conocimiento actual. (En mi poema “Mi gato de Schröndinger”, ofrezco al final unos links, entre los cuáles está uno sobre el tema de la realidad cuántica: “La paradoja de Schröndinger”. Dicho sea de paso, este poema, sin duda, lo encasillarías como críptico – por eso los links –, pero en realidad lo será sólo para aquel que no esté familiarizado con el contexto. Vuelvo a la ciencia: si hasta el tiempo es relativo, ¿por qué no también esto de la “cripticidad” expresiva si como humanos estamos insertos en esa relativa realidad?).

Pues bien el complejo entramado de la psique humana y sus interrelaciones, así como las recientes propuestas de una realidad cuajada por la conciencia (se dice que la realidad cuántica es como una gelatina que el observador cuaja), afecta necesariamente, a la humanidad y sin duda a sus procesos creativos. Con esto quiero decir, que las libertades, por ejemplo en poesía (que entiendo que no te terminan de agradar) están influidas por filosofías que han ido calando (como el existencialismo) en la visión colectiva y en los procesos creativos; y actualmente muchos entendemos el arte como expresión de un camino propio entretejido con muchos otros. No cabe, desde esta visión, aprender reglas y limitarse a ellas, si antes no se han interiorizado y aprobado por el individuo mismo. He aquí las razón primordial de las libertades creativas, que además responden a esa “irrealidad de la realidad” que se ido descubriendo. Recientemente escuché una entrevista a un Físico de Harvard, realizada por un español. A la pregunta del entrevistador: “¿Qué cree usted?”, el físico respondió: “Creo que todo es una ilusión. Aún el movimiento – él movió su mano ante sus propios ojos – es una ilusión. Eso creo”. Pues bien, si vamos a esta altura del camino, supongo que es absolutamente válido que el nuevo paisaje cale en el nuevo enfoque. Por eso algunos hablamos de mundos poéticos (hasta surreales), y no creemos que exista limitante para el proceso creativo de cada individuo y tampoco en la exploración de nuevas formas de expresión y recepción de mensajes. Mira por ejemplo. Estoy leyendo una novela de Greg Egan llamada Cuarentena, que desde la ciencia ficción aborda algunas posibilidades que los nuevos conocimientos implican ¿Por qué no hacerlo desde el plano poético? Las múltiples interpretaciones son una muestra de cómo van permeando en la poesía los nuevos conocimientos y posibilidades.

Vamos aún más allá, el surrealismo es necesario, digamos que es la versión escrita del test de rorschach, interesantísimo desde este punto de vista. Qué de cosas dirá un poema surreal a la persona adecuada. Y un poema “críptico” ¿no contendrá verdades o mentiras que nos son comúnmente aceptadas pero a las cuales no nos hemos expuesto? Si no nos sometemos a los procesos cognitivos cercados por los sentidos humanos, como hace un físico teórico para permitirse imaginar las paradojas y las deducciones contrarias a lo que dictan esos sentidos y que se deduce de sus ecuaciones, podríamos gradualmente superar las limitantes que nos condenan al confinamiento en ellos. Einstein por ejemplo, reconoció en sus ecuaciones la posibilidad de los agujeros negros porque aducía que la naturaleza no podía – según él – crear semejantes monstruos, pero el tiempo ha demostrado que existen una infinidad de ellos y que en el centro de nuestra galaxia uno gigantesco traga y traga y desaparece cantidades inimaginables de materia y energía. Podríamos algún día, como un río que encuentra en su camino un agujero sin fondo, dejar de ser una galaxia. Que no nos pase lo de Einstein, negando lo que nuestros prejuicios, gustos o esperanzas no aceptan, pero que sin embargo, serán porque serán.

Volviendo a la novela antes mencionada, la ficción del autor, fundamentada en la nanotecnología y la computación cuántica que está en proceso de investigación, imagina un artefacto del tamaño de una partícula de caspa, ubicado en la cabeza, que permite (como un celular futurista), la comunicación mental con otros individuos, al captar y analizar las ondas cerebrales previas a la articulación del lenguaje. Imagina que por un salto evolutivo (que se han dado en el pasado y que se esperan en el futuro), desarrollamos una habilidad sensorial para captar esas ondas y procesos eléctricos, de manera que se hace innecesaria la palabra articulada, aumentarían en tal caso, exponencialmente, las posibilidades comunicativas. No es descabellada la idea, y sirve como ejemplo del contexto probable al que nos dirigimos, pero entretanto, creo que existen formas de comunicación más allá de la racionalidad del lenguaje, por ejemplo la atracción “feromónica”, los gestos, el tono, y la aprehensión sentimental de un poema, que podemos lograr siendo receptivos en ese plano (el sentimental o el espiritual). No sé si alguna vez has tenido una premonición o si crees en experiencias de ese tipo, pero como sea, algo semejante ocurre cuando te expones a un poema críptico para la razón, pero profundo y verdadero para esa área sensible del ser humano, que no requiere de una comprensión racional. De todas maneras, no hay derecho de cerrar puertas o posibilidades. Quién podría haber evitado los caracoles y los relojes fláccidos de Dalí, o la cúbica realidad de Picasso. La expresión creativa no puede ser frenada por el prejuicio (Ambos, tú y yo estamos esbozando opiniones personales que quizás muchos otros compartan y hasta hayan estructurado maravillosamente, pero lo cual no les hace superar el ámbito de lo personal. Hasta que la ciencia lo estudie y supere el plano teórico, comprobando sin lugar a dudas y en el laboratorio, la veracidad de una u otra propuesta, sólo nos queda aceptar la diversidad de ofertas que hay en este arte. Aunque te recuerdo, los estudios de Jakobson son muy esclarecedores y científicos. En respuesta a un comentario tuyo en uno de mis poemas recientes mencioné algo sobre el asunto).

Hay un plano psíquico-emocional y otro espiritual, que además del racional se puede explorar, pero hay que ser receptivo en el mismo plano para valorar la propuesta. El síndrome de Stendhal no tiene mucho de racional, pero si es profundamente humano y nos asegura la posibilidad de ser receptivos en ese plano.

Lo dicho anteriormente es solamente para justificar cualquier exploración en poesía, y el derecho, más bien, la necesidad de hacerlo impelido por el contexto actual. Desde luego, respeto, pero no comulgo con aquel que pretende negar tal exploración. No existe razón para no hacerlo, es más, humanamente, e históricamente, se reconoce una fuerza que nos obliga a explorar nuevas formas y verdades.
Después de lo dicho vuelvo a lo mismo que tantas veces hemos hablado sobre el lenguaje metafórico y la forma de aplicar el principio de semejanza. Esto ha sido estudiado por lingüistas modernos, ha sido harto documentado por ellos y ofrece el único asidero, más o menos científico para definir que es o no poesía. Cosa que, no nos corresponde a ti ni a mí, estimado amigo, como tampoco establecer límites a la creatividad humana. Estos estudios implican además, una forma específica de abordar un poema para su interpretación, es decir, hay que familiarizarse con el proceso de construcción del lenguaje metafórico y entonces la supuesta “cripticidad” de ciertos poemas cae solita, y la comunicación se da en ese plano diferente al de la prosa. La facilidad de aprehender tales procesos tiene (según los estudiosos) un factor genético importante. Claro, con lo dicho no pretendo descartar tus razones, sino más bien, señalar enfáticamente que existen, en esto de la poesía, muchas formas de pensar válidas y hasta contradictorias a las que nos adherimos por simples preferencias o afinidades. Así, todas las teorías que tú puedas citar y yo también no son conclusivas, como tampoco en la ciencia. En ésta las teorías se van validando con la comprobación por medio de la observación y la experimentación. No veo por qué no pueda ser así con la poesía. Pero ya un poco cansado de escribir, cito parte de lo que te contesté en un poema reciente que me comentaste.

“Lo que hacemos (metaforización del texto) es absolutamente válido y moderno, y además amparado en preceptos lingüísticos muy bien establecidos por los estudiosos actuales de la lengua. Por ejemplo, los estudios de Jakobson (y muchos otros) sobre las afasias y los dos polos extremos de las mismas, que no son más que los elementos que sustentan el lenguaje y que en los afectados por este problema se polariza, pero que en los demás mantiene un equilibrio con cierta inclinación a un lado u a otro, muestran científicamente (estudios serios controlados), que existen dos principios por medio de los cuales se construye el lenguaje y sus variantes, tales son: el principio de contigüidad y el de semejanza, el primero es el principio que sustenta la prosa y el segundo el que sustenta la poesía. A partir de aquí debemos señalar (los metafóricos), en honor a la razón (capacidad de establecer razones lógicas y demostrables) que no existen otros argumentos de este calibre, con esta validez científica para sustentar otras teorías. Si bien, se han propuesto muchas, no es difícil notar contradicciones, pues se fundamentan en opiniones (quizás muy elaboradas) solamente. Poetas, críticos, etc., etc., proponen sus teorías (poco científicas) sobre el tema, pero al fin todas son válidas en la medida que el lector sienta afinidad con ellas. El punto es que si somos rectos con los procesos para establecer verdades tenemos que tomar en cuenta los estudios mencionados y el asunto entonces es sencillo y claro. La prosa escrita, obedece al principio de contigüidad y es la forma culta de esta forma de expresión, asimismo, la poesía obedece al principio de semejanza y es la forma culta de ésta forma de expresión. Pues bien, el asunto no queda aquí porque la comunicación por contigüidad no es más ni menos que la comunicación metonímica, y la comunicación por semejanza no es más ni menos que la comunicación metafórica. Así pues, sustentados en esto, la mayoría de los estudiosos modernos (y nosotros los metafóricos) amparados en ellos (los principios) establecen claramente las base para definir que es poesía (la forma culta de la expresión metafórica). Por más vueltas, estudios, opiniones y argumentos que se esbocen contra esta forma de expresión, consideramos con no poca razón, que el asunto es claro y contundente. A partir de ahí, se han elaborado teorías como la de Bousoño, que considera este elemento en su definición de poesía, pero se aventura a ir más allá con opiniones muy bien elaboradas y cuidadosamente razonadas, pero tan valiosas como cualquier otra opinión personal muy bien trabajada. (Sobre éstos temas he propuesto varios post, que incluyen una amplia bibliografía de lingüistas reconocidos. En el Taller de poesía después de mi segunda intervención en el tema “Lenguaje metafórico, metonímico y múltiples interpretaciones, encontrarás, referencias de libros, además de una tesis de grado que basada en obras de Neruda y en una polémica de la época respecto a que uno u otro de los libros tratados eran o no poesía. En tu foro de Crítica y Debates, encontrarás el post: “¿Capricho de ultraístas o forma del Lenguaje”, en el que propongo el estudio sobre las afasias y los links correspondientes de Jakobson. En ese mismo foro encontrarás el link de una tesis sobre la obra de Bousoño y algunos comentarios de Pablo y míos al respecto).

- Segundo: existe una diferencia básica entre metaforizar el texto y ser críptico o hasta surreal. A pesar de que muchos hablan de un surrealismo razonado, este no es más que metaforizar el texto, es decir, para nada es surrealismo, pues desligado de la escritura automática, el surrealismo no existe. Por otra parte el grado de “cripticidad” de un escrito lo establece el grado de semejanza que logre el lenguaje metafórico usado y el nivel cultural y la habilidad del lector. En este punto debo señalar una convicción personal: “la semejanza no la establece la costumbre, porque ésta nos conduce sin remedio, al “lugar común”. Recuerdo haber leído que Bousoño (creo que fue él) dijo: “El primero que llamó perlas a los dientes fue un genio, el último es un tonto”. Yo me adhiero a esto, a pesar de la dificultad que implica usar nuevos elementos con un buen grado de semejanza (Ojo: muchas veces no lo hago, porque es muy difícil). Es tamaño reto para cualquier poeta, aún de gran nivel, evitar frases que hayan sido dichas de la misma manera o muy semejante. Hay poemas que se escriben (uno mismo también) y que con una regular memoria se puede captar que una buena cantidad de versos ya fueron dichos de esa manera o son tan comunes que alguien tuvo que haberlos escrito alguna vez. En este sentido me parece que el mejor camino es evitar el uso de símbolos gastados. Cierta vez encontré en una compraventa una serie de tres tomos sobre los símbolos utilizados en poesía por siglos. La rosa, las azucenas, las violetas, los colores, las piedras y metales, etc., etc., etc., llenaban sus páginas conformando una especie de manual o diccionario poético. Estuve tentado a comprarlo, pero sin duda hubiera terminado utilizando símbolos usados por muchos poetas durante siglos; y la originalidad, tan difícil de alcanzar, se hubiera convertido en un imposible. De esta manera uno se condena a repetir el símbolo, el verso, e inclusive los conceptos desarrollados por otros. En el poema, el símbolo, la metáfora y el lenguaje deben constituir una unidad, coherente horizontal y verticalmente y además de transmitir, debe permitir (si no es surrealismo o la voluntad del autor no es ser entendido, sino cierta musicalidad con palabras, o simple y sencillamente ser críptico) una interpretación de su mensaje o hasta una traducción a prosa”.


A continuación cito del Debate sobre surrealismo y con el respeto que me merece, a Ferreiro:

“Me gustaría que os pronunciaseis de manera comparativa sobre los valores poéticos entre estas dos propuestas de un mismo tema:

"La tristeza de Julia":

"Julia está triste, y mira hacia afuera
tras los ventanales,
la tarde ya está casi oscura"

"La tristeza de Julia"

"Tras los ventanales
entran las fibras moribundas de luz con sus estambres marchitos.
Julia mira hacia afuera
y en sus pupilas crecen dos anillas de plomo."


Pues hagamos la comparación.
Traigo además, dos poemas citados también en el mismo debate por Ferreiro (ojo hablamos de premios nobel):

“Un ejemplo de unos de los maestros de este lenguaje sublime:

Galope muerto (Pablo Neruda)

Como cenizas, como mares poblándose,
en la sumergida lentitud, en lo informe,
o como se oyen desde el alto de los caminos
cruzar las campanadas en cruz,
teniendo ese sonido ya parte del metal,
confuso,pesando, haciéndose polvo
en el mismo molino de las formas demasiado lejos,
o recordadas o no vistas,
y el perfume de las ciruelas que rodando a tierra
se pudren en el tiempo, infinitamente verdes.

Aquello todo tan rápido, tan viviente,
inmóvil sin embargo, como la polea loca en sí misma,
esas ruedas de los motores, en fin.
Existiendo como las puntadas secas en las costuras del árbol,
callado, por alrededor, de tal modo,
mezclando todos los limbos sus colas.

Es que de dónde, por dónde, en qué orilla?
El rodeo constante, incierto, tan mudo,
como las lilas alrededor del convento,
o la llegada de la muerte a la lengua del buey
que cae a tumbos, guardabajo, y cuyos cuernos quieren sonar.

Por eso, en lo inmóvil, deteniéndose, percibir,
entonces, como aleteo inmenso, encima,
como abejas muertas o números,
ay, lo que mi corazón pálido no puede abarcar,
en multitudes, en lágrimas saliendo apenas,
y esfuerzos humanos, tormentas,
acciones negras descubiertas de repente
como hielos, desorden vasto,
oceánico, para mí que entro cantando,
como con una espada entre indefensos.

Ahora bien, de qué está hecho ese surgir de palomas
que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda?
Ese sonido ya tan largo
que cae listando de piedras los caminos,
más bien, cuando sólo una hora
crece de improviso, extendiéndose sin tregua.

Adentrp del anillo del verano
una vez los grandes zapallos escuchan,
estirando sus plantas conmovedoras,
de eso, de lo que solicitándose mucho,
de lo lleno, oscuros de pesadas gotas.



La selva y el mar (Vicente Aleixandre)

Allá por las remotas
luces o aceros aun no usados,
tigres del tamaño del odio,
leones como un corazón hirsuto,
sangre como la tristeza aplacada,
se baten con la hiena amarilla que toma la forma del poniente insaciable.

Largas cadenas que surten de los lutos,
de lo que nunca existe,
atan el aire como una vena, como un grito, como un reloj que se para
cuando se estrangula algún cuello descuidado.

Oh la blancura súbita,
las ojeras violáceas de unos ojos marchitos,
cuando las fieras muestran sus espadas o dientes
como latidos de un corazón que casi todo lo ignora,
menos el amor,
al descubierto en los cuellos allá donde la arteria golpea,
donde no se sabe si es el amor o el odio
lo que reluce en los blancos colmillos.

Acariciar la fosca melena
mientras se siente la poderosa garra en la tierra,
mientras las raíces de los árboles, temblorosas,
sienten las uñas profundas
como un amor que así invade.

Mirar esos ojos que sólo de noche fulgen,
donde todavía un cervatillo ya devorado
luce su diminuta imagen de oro nocturno,
un adiós que centellea de póstuma ternura.

El tigre, el león cazador, el elefante que en sus colmillos lleva algún suave collar,
la cobra que se parece al amor más ardiente,
el águila que acaricia a la roca como los senos duros,
el pequeño escorpión que con sus pinzas sólo aspira a oprimir un instante la vida,
la menguada presencia de un cuerpo de hombre que jamás podrá ser confundido con una selva,
ese piso feliz por el que viborillas perspicaces hacen su nido en la axila del musgo,
mientras la pulcra coccinella
se evade de una hoja de magnolia sedosa...
Todo suena cuando el rumor del bosque siempre virgen
se levanta como dos alas de oro,
élitros, bronce o caracol rotundo,
frente a un mar que jamás confundirá sus espumas con las ramillas tiernas.

La espera sosegada,
esa esperanza siempre verde,
pájaro, paraíso, fasto de plumas no tocadas,
inventa los ramajes más altos,
donde los colmillos de música,
donde las garras poderosas, el amor que se clava,
la sangre ardiente que brota de la herida,
no alcanzará, por más que el surtidor se prolongue,
por más que los pechos entreabiertos en tierra
proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

Pájaro de la dicha,
azul pájaro o pluma,
sobre un sordo rumor de fieras solitarias,
del amor o castigo contra los troncos estériles,
frente al mar remotísimo que como la luz se retira”.


Para reforzar lo dicho algunas citas: R Jakobson, en Ensayos de lingüística general afirma categóricamente: “La orientación hacia el mensaje como tal, el mensaje por el mensaje, es la orientación poética del lenguaje”, y en otra parte continúa: “la poeticidad no consiste en añadir una ornamentación retórica al discurso, sino una revalorización total del discurso y de cualesquiera de sus componentes”. Luego Todorov en su libro Literatura y significación afirma: “ En Lingüística, la finalidad del análisis no es nunca la descripción de un enunciado, sino el mecanismo subyacente y abstracto que hace posible la existencia de tales enunciados (…) Quiero designar con el nombre de poética a ese tipo de acercamiento al hecho literario”. Por último cito al gran Carlos Bousoño y su definición de poesía, en Teoría de la expresión poética: “La poesía debe darnos la impresión (aunque esa impresión pueda ser engañosa) de que, a través de meras palabras, se nos comunica un conocimiento de muy especial índole: el conocimiento de un contenido psíquico, tal como un contenido psíquico es en la vida real. O sea de un contenido psíquico que en la vida se ofrece como algo individual, como un todo particular, síntesis intuitiva, única, de lo conceptual-sensorial-afectivo.”
Dicho lo anterior, si un escrito es metafórico o simbólico (si se ha trabajado con cuidado), no se trata de una comunicación sin sentido y desordenada, sino de un mensaje codificado de otra manera, una manera propia de la comunicación poética."
Resumiendo, la poesía compleja, simbólico-metafórica y que apela a procesos de interpretación diferentes a los de la prosa es completamente válida, actual, y refleja el estado espiritual y de conocimiento en el que se encuentra la humanidad del siglo 21. Esto no implica, que de alguna manera se descarten, las formas anteriores de hacer poesía, sino que se amplían los horizontes.

Sea cual sea tu respuesta, amigo, no tengo más que decir, pues mi intención es defender una posición absolutamente válida, pero no descartar la tuya.
Un gran abrazo.
"Para saber que sabemos lo que sabemos, y saber que no sabemos lo que no sabemos, hay que tener cierto conocimiento" (Nicolás Copérnico)
Ver es más que abrir los ojos y apuntar nuestras angustias. Es más que calibrar las agujas del pecho a la rutina.
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Ignacio Mincholed » Mié, 04 May 2016 21:00

Óscar, he leído atentamente tu exposición y he recordado, a propósito de algunos pasajes de la misma, una respuesta que di a las consideraciones que me planteabas acerca de uno de mis poemas.
Repito un fragmento sobre el asunto connotación/denotación, y te decía:

“Semánticamente, encuentro todavía mayor defensa a lo que propongo ya que, el estudio del referente propio de la semántica, o sea; aquello que denota la palabra como sustantivo común frente al sentido, la imagen mental que puede generar, apoya mi intención.
Si estuviera hablando de gastronomía me interesaría el referente en primer plano, pero hablo de la particularidad desde una visión fuera del campo propio del referente, en una facilitación del lenguaje como inductor del sentido y no del significado. Esto es, “denotación” vs. “connotación”, no es mi intención en este caso la denotación sino la connotación, por lo tanto extiendo el campo semántico, no lo reduzco, y amplio la riqueza semántica que mencionas”.

Y, te decía previamente en el mismo escrito, para perfilar el ámbito, que:

“Cuando me enfrento a una pieza de arte, y una poesía lo es o al menos tiene vocación, lo hago de tal forma que entiendo que lo manifestado, así como el modo, es lo que el autor ha pretendido”.

O sea, que lo hay es lo que quiere el autor que haya.

He leído, igualmente con atención, la amplia exposición de Gerardo con quien estoy de acuerdo en lo general. Al final, Gerardo, de modo prudente, dejas claro que tu posición es defender tu exposición y no descartar la de Óscar. Bien. Yo, de un modo que no pretende ser imprudente, si quiero descartar algunas concepciones que manifiesta Óscar. Dicho con respeto mutuo por delante. Al decir descartar, aplicando al término de Gerardo, me refiero a despejar. Mal avanzaríamos si no despejáramos ideas y propuestas una vez filtradas.

Óscar, dices:

El lenguaje poético, en su generalidad, pertenece al grupo del lenguaje connotativo. Es evidente también que tanto el poeta como el lector poseen miradas y percepciones distintas de la realidad, sus respuestas mentales nacen de conclusiones existenciales distintas. No resulta extraño, entonces, que un mismo mensaje tenga tantas derivaciones como lectores”.

Cierto. Para qué sí no abundar fuera de los terrenos de lo evidente a la busca de lo que subyace entre cielo y tierra; o sea, para qué andar en busca de la poética. Para eso ya tenemos la prosa meridiana.

Continuas:

Ya no dudamos, entonces, de que la poesía posee un lenguaje connotativo; es decir, que lo expresado por el poeta puede llegar al lector con significados transformados, y que pueden no ser los mismos que los del autor. Pero, creo que dichas connotaciones conllevan, a su vez, ciertos lazos sutiles que no deben permitir al lector caer en interpretaciones arbitrarias del poema”.

¿No acabamos de acordar una parte connotativa en la identidad de la poesía?

¿Cómo es esto? ¿El poeta debe ser preceptor del lector? ¿Instructor?

Sin entrar en si es adecuado hablar de “permitir” cuando a Arte nos referimos, lo que expresas es sin duda una importante acotación de la voluntad del poeta, acotación que rompe toda idea de poética [como muy bien apunta Gerardo al traer la cita de Todorov]. El lector, el estudioso o el curioso, concluirá - porque al Arte se enfrenta y no a un manual - su interpretación ya sea arbitraria o académica sin que el poeta haga de lazarillo.

Continuas en el mismo aspecto con:

tendría que estar limitado, sin embargo, por un código de la aprehensión; es decir, no llevar al lector a intentar, con “palos de ciego”, encontrar una interpretación caprichosa (o íntimamente unipersonal), forzando su intelecto y su imaginación, de dicho mensaje (tal como sucede en encontrar formas lógicas en las manchas de las paredes o en los matices de sombras que proyectan las nubes)”.

El poeta no es un cartógrafo, no levanta curvas de nivel ni proyecta mapas detallados de un camino que nos lleva a…

En eso consiste, en forzar, como modo de profundizar, “su intelecto y su imaginación”, tanto por el poeta como por el receptor. ¿No está precisamente ahí, “en los matices de sombras que proyectan”, no es precisamente ese el lugar donde descubrimos la poética de las cosas para que luego resulte o no poesía? ¿Por qué no ir hacia una “nueva lógica” si ese es el objeto del poeta? Dejemos al poeta sin limitar, no le hagamos guiar, dejémosle que nos lleve fuera del sendero por dónde quiera, ya habrá quien decida no seguirle en su “insensatez” y preferirá ir por el camino marcado abandonando su lectura. Pero no busquemos en el poeta un guía de montaña.

Y esto, querido Óscar, referido a la poesía, no sé cómo interpretarlo, la verdad, cuando dices:

[i]Debería estar regida por una ley tácita de probabilidades receptivas[/i]”.

No sé si debería entenderlo como una boutade, o como qué.

Tampoco estoy en esa visión cuando dices:

el poema, digo yo, ha sido desnaturalizado en la mente del lector, y pierde su característica primordial, cual es el de la comunicación”.

Ni hay desnaturalización, porque no hay una ley de la gravedad que mantenga la “naturalización poética” sujeta a nada, ni hay comunicación en un poema; hay información. El poeta informa desde sí mismo, no “se comunica”.

La comunicación supone un flujo informativo dentro de un contexto de grupo, implicando relaciones entre los agentes y estructuras del grupo.
Cuestión esta que no se da como “característica primordial” en la poesía.

O, como dices previamente:

Un poema, cuyo carácter es esencialmente comunicativo, necesita que existan, como condición sine qua non, cuatro particularidades: 1.- Objeto o Realidad. 2.- Poeta. 3.-Poema. 4.- Lector”.

Pero este es otro asunto a tratar. Por lo tanto, no entraré a valorarlo dado que, dentro de la simplificación, aludes a un axioma que no es tal y nos llevaría por otros derroteros.

Pasas a decir:

Ese enfoque diferente que el lector ha percibido, no puede chocar diametralmente con la visión creada por el poeta”.

Qué sería del arte, de la imaginación que lo crea y de los múltiples factores que le dan forma, si el receptor tuviera que entender aquello que se le muestra como una tabla de multiplicar. Esto por esto da lugar a esto. Como creo haberte comentado alguna vez, el Arte sin crítica no es Arte. Y, dentro de los aspectos de la crítica, y del crítico en sí, está la facultad de componer, a la vista de lo percibido, una nueva obra que puede llegar a ser tan importante como la obra misma. Lo percibido no es necesariamente lo mostrado. Esa mancha que se muestra en la pared cada cual la percibe según cómo y cuándo este constituido el que mira.

Y, estoy en desacuerdo cuando dices:

“Todo campo de la actividad humana posee sus propios límites; así, pues, rechazamos que la poesía sea un arte infinitamente libre”.

El ser humano tiende inevitablemente a ser “infinitamente libre”. ¿Qué otro aspecto nos caracteriza en la búsqueda del propio ser, y, en consecuencia, del entendimiento? Otra cosa será que no asumamos lo encontrado en ese ejercicio, cuestión inherente a ejercer la libertad.

Así pues, dejemos al poeta su aire, que nos muestre su entender, entendamos o no.

Todo lo dicho manifestando que, no defiendo en absoluto la práctica inconsistente mediante la que se hilvanan palabras y se sueltan al papel como el riego por aspersión, mojando la pradera pero sin voluntad de hacer crecer la hierba.

Asumo que la obra poética es una conclusión fruto de un planteamiento intelectual y emocional con una intención alejada de la farsa. Pero, indudablemente, también está abierta a los farsantes.

El problema no es que pueda ser arbitrario el entender del lector ante el supuesto cripticismo del poeta, sino que sea arbitrario aquello que, con forma de poema y pretensión de poesía, esté vacío de poética y resulte una peregrina solución sobrevenida por generación espontánea que ni refleja el sentir del autor ni él mismo sabe hacia donde se dirige; hecho que lamentablemente se produce más de lo deseado y que, a fin de cuentas, entiendo es lo que denuncias, y a eso sí me sumo.

Saludos y un abrazo.
Ignacio
 
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Óscar Distéfano » Mié, 04 May 2016 23:54

Estimados, amigos. De ninguna manera desearía aparecer como descortés al no responder con mayor prisa al comentario de Gerardo. Sucede que, cuando estaba meditando y preparando mi respuesta, aparece el comentario de Ignacio, y vuelto a rebobinar todo el asunto. Quisiera decirles a ambos que es muy difícil un debate ante la profusión de planteamientos que habéis hecho; planteamientos que, en varios pasajes, se alejaron extremadamente del tema central de este pequeño ensayo mío. En el último párrafo del texto de Ignacio está, prácticamente, basado el quid que yo he planteado. Nada debe sacarse del contexto. Entonces, sí, podríamos encauzar un debate sin irnos por las ramas.


El problema no es que pueda ser arbitrario el entender del lector ante el supuesto cripticismo del poeta, sino que sea arbitrario aquello que, con forma de poema y pretensión de poesía, esté vacío de poética y resulte una peregrina solución sobrevenida por generación espontánea que ni refleja el sentir del autor ni él mismo sabe hacia donde se dirige; hecho que lamentablemente se produce más de lo deseado y que, a fin de cuentas, entiendo es lo que denuncias, y a eso sí me sumo. (Ignacio, dixit)

He aquí la causa, la idea que ha motivado mi planteamiento. Yo siempre me baso en los hechos reales cuando voy a trasmitir una convicción. Todo lo que he escrito se basa en observaciones hechas; no sólo en este foro, sino en todos los otros en los que he participado. Yo me refiero, justamente, a los poetas tramposos que, a falta de vuelo poético, esconden la semántica de sus versos, el mensaje de sus poemas (o lo que sea). Gerardo ha interpretado mal mi enfoque: ha dicho que yo podría considerarlo un poeta críptico o hermético. No es así, amigo Gerardo: yo te considero a ti un poeta con acceso restringido (ya he planteado este fenómeno en un escrito cuyo link trascribo: viewtopic.php?f=4&t=27017). Recuerdo un poema de Gerardo "con explicación"

Gerardo Mont Un poema explicado

Va de nuevo en los terceros días (LXII) (Explicado)
por Gerardo Mont » Lun, 10 Dic 2012 0:59

Hay tantos árboles que lloran
y tantos hombres sin paraguas,
que harta ha de estar de lágrimas su tierra.

Hay tantos hombres subyugados
que harto ha de estar el miedo de sus miedos
y de aros la ecuanimidad de los cigarros,
como de rostros edulcorados el café,
cuando delira la desnudez de aquellos cuerpos,
que en las doncellas siempre encallan.

Hay tanta tristeza en las copas escarchadas,
en las componendas del camino,
en esos rumores del paisaje adoquinado
–tan lejano de tan cerca a los adioses–,
que el prudente cierra un ojo,
apuntando a la hora adelantada su desfé.

Y el hombre de vaho en las ventanas
desclava sus ramas aún devotas,
trazadas por los breves dedos de los nombres
que pasan por la calle,
violando los abismos entre la sed y el paso…

Y asalta las puertas del sueño,
que calla y acalla los miedos madurados,
despeñándose de heridas
en las zarpas de una luz que no sucede.

Hay tantas ceremonias en los ojos,
tantos clavos que repican en los pasos.
Tantos credos transigiendo nuevas razas
–nuevas lenguas babilónicas–,
que mendigos del salario
–por debajo de los mínimos–
van pasando por las horas
encarnando epitafios repetidos
de este drama de final apresurado.

Y la gente va cayendo
desahuciada a la avenida
–desquicio de andamios y parales–…
porque en las calles aledañas
gritan niños congelados en los frízer
de esos soles que no asoman
su perfil esperanzado.

Y las clámides del éter
van batiendo las nostalgias en el mármol de costumbre
y con las gubias incesantes de lo poco que les queda,
esos hombres arrumbados, van tallando sus retornos.

Tantas tristezas penden de verdades que no cuajan,
como paisajes penden de las vallas comerciales
enarbolando ofertas de políticos colores,
que al barrial del día solo caen sendas preguntas.

Sin embargo el tiempo
regurgita al tiempo,
el atajo antiguo,
la intrínseca respuesta…,
ese amor resucitado en los terceros días.




----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Hablando un poco de lo que quise decir.

El árbol sugiere en el escrito lo mejor del hombre enraizado en la historia. A este hombre le ha tocado el camino escabroso de la lágrima bajo el yugo del poder y este, manifestado en diversas formas, tales como guerras, sistemas opresores, distribución injusta de la riqueza, de la educación del acceso a los sistemas de salud y justicia, y de su participación en los conceptos morales y espirituales que rigen la sociedad, simulados tras valores universales que solo esconden otras intenciones. Desde esta perspectiva el hombre que ama y ha sabido amar, considerando esta manoseada palabra desde su mejor acepción, esa que trasciende lo inmediato y egoísta, ha sido relegado de esos trazos precursores de los sistemas presentes y futuros, económicos, políticos, sociales, a tal grado que no se vislumbra siquiera, una pequeña participación de los buenos hombres en las grandes decisiones, si no, una subsistencia del estado de cosas presente, con ligeras modificaciones para acallar o atenuar, con la intención de anular, las mejores voces de la historia.
En este contexto, el miedo, en las variantes consideradas en el poema, es la mordaza que asfixia las intenciones del hombre promedio y no las deja traducirse en un peso que incline, al menos un tanto la balanza, a favor de una sociedad menos materialista y egoísta, que permita reconocer al hermano en sus prójimos.
De ahí viene el hastío; de esas abismales cercanías, de soñar y despertar en una realidad que no admite la consolidación de giros importantes, que no permite completar los círculos de las buenas intenciones (“…y de aros la ecuanimidad de los cigarros…”), como tampoco logra consolidar las relaciones afectivas de pareja, de acuerdo a sus más loables expectativas, por la artificialidad del amor que se profesa hoy…, físico, temporal, material (“…como de rostros edulcorados el café cuando delira la desnudez de aquellos cuerpos que en las doncellas siempre encallan…(Uso doncella con una connotación irónica)”). Por supuesto, no pretendo negar las bondades de la atracción meramente física, pues, forma parte de nosotros, pero sí, las de un amor que empieza y termina con lo físico, ¿o acaso no están de moda las noticias o escándalos en las que el poder económico adquiere los físicos perfectos como esposas o amantes?
Surge entonces la tristeza, como un símbolo de hastío o abandonarse a la corriente, de la opresión y la soledad, representada por esas copas escarchadas – a propósito de la navidad en algunos lugares – y reflejada en esas componendas que forjan los erráticos caminos de la historia y del paisaje de rumores que se alejan de tan cerca a los adioses. Es prudente, pues, avanzar con pies de plomo (desfé).
Entonces, el buen hombre es como un vaho en las ventanas, fruto del frío, y pasajero, que intenta y reintenta seguir, extenderse, preservar sus devociones – su nombre y otros nombres – violando los abismos entre la sed y el paso, entre esa necesidad de ser y de tener hoy, y el ineludible transcurrir del tiempo y el espacio. Impelido por esa necesidad intrínseca, abre y cierra puertas tras una luz que no sucede y por lo tanto duele. Mientras los ojos deliran ceremonias distantes, los pasos transcurren entre clavos y el hombre bueno transige nuevas formas de decir “por dicha” cuando duele lo mismo – esos salarios por debajo de los mínimos.
Y al día a día, lo atrapa la rutina de las multitudes desahuciadas; y los niños que alguna vez fueron –en los frízer de los sueños postergados–, ya no juegan más sus inocentes aventuras. La nostalgia y la desesperanza son así una clasificación del hombre bueno, que a pesar de todo, con lo poco que le queda o que le dejan, forja los retornos, entre verdades que no cuajan y sistemas que le engañan… Se hace las preguntas y surge poco a poco la intrínseca respuesta, el atajo antiguo, ese amor resucitado en los terceros días. Es decir, la verdad de los niños en los frízer. Vuelve el hombre bueno a gritar otros caminos… El poder de la palabra, que dicha por muchos transforma.


No sé. Esta explicación no se justifica. El poema en cuestión es, como dice Gerardo: "metafórico". No contiene conocimientos enciclopédicos que necesiten ser previamente asumidos por el lector, como sucede en su poema: “Mi gato de Schröndinger", donde sí es necesario adentrarse en conocimientos científicos para luego recién estar en condiciones de leer el poema.

Como pueden ver, todavía no he podido "entrar en tema". Yo seguiré. Necesito responder puntualmente muchas cuestiones que habéis planteado. Les rogaría que no se apresuren en seguir sumando planteamientos. Mi idea es descartar todas las formulaciones que nada tienen que ver con el tema, y luego centrarnos en el verdadero punto que yo propuse: una discusión sobre el hermetismo natural y el hermetismo artificioso. Además, en estos días, no dispongo de todo el tiempo que quisiera, aunque me comprometo a seguir con este debate hasta el agotamiento del tema.

Gerardo: no existe en mí el más mínimo resquemor luego de algunas confrontaciones que tuvimos. Yo pienso que eso es sano. Te respeto como poeta y como intelectual; así, pues, sería yo un tonto si no buscase tu amistad. Yo sólo huyo de los soberbios, de los imbéciles, y tú no eres ni lo uno ni lo otro. Es mi deseo que aceptes la franqueza de mis impertinencias críticas; no los hago para jorobarte la vida, amigo, sino para crecer junto a ti (y es posible siempre siempre que yo pueda estar equivocado).

Saludos a ambos.
Óscar
La improvisación está a un nivel muy bajo en comparación con las ideas elaboradas con seriedad y esfuerzo. (Nietzsche)

La poesía se atrofia cuando se aleja demasiado de la música. (Ezra Pound)

La poesía no es escribirla, es corregirla. (Ida Vitale)



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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por E. R. Aristy » Jue, 05 May 2016 1:11

Creo que todos estos posteos son muy interesantes. Tengo una pregunta para Oscar, querras decir poemas "inintelegibles" en vez de poemas hermeticos? La poesia hermetica es otra cosa*2 a lo que tu defines. Ahora que quien escribe en cualquiera de estas formas*1 tiene su audiencia. La audiencia no es el public en general. Es siempre un public, o en este caso, lector, que se elige a si mismo.

*1
El poema es inexplicable, no ininteligible.

Poema es lenguaje rítmico –no lenguaje ritmado (canto) ni mero ritmo verbal (propiedad general del habla, sin excluir a la prosa).

Ritmo es relación de alteridad y semejanza: este sonido no es aquél, este sonido es como aquél.

El ritmo es la metáfora original y contiene a todas las obras. Dice: la sucesión es repetición, el tiempo es no-tiempo.

Lírico, épico o dramático, el poema es sucesión y repetición, fecha y rito. El happening también es poema (teatro) y rito (fiesta) perocarece de un elemento esencial: el ritmo, la reencarnación del instante. Una y otra vez repetimos los endecasílabos de Góngora y los monosílabos con que termina el Altazor de Huidoboro; una y otra vez Swann escucha la sonata de Vinteuil, Agamenón inmola a Ifigenia, Segismundo desubre que sueña despierto –el happening sucede sólo una vez.

El instante se disuelve en la sucesión anónima de los otros instantes. Para salvarlo debemos convertirlo en ritmo. El happening abre otra posibilidad: el instante que no se repite. Por definición, ese instante no puede ser sino el pultimo: el happening es una alegoría de la muerte.

El circo romano es la prefiguración y la crítica del happening. La prefiguración: en un happening coherente con sus postulados todos los actores deberían morir; la crítica: la representación del instante último exigiría la extirpación de la especie humana. El único acontecimiento irrepetible: el fin del mundo.

Entre el circo romano y el happening: la corrida de toros. El riesgo, pero asimismo el estilo.

El poema hecho de una sola sílaba no es menos complejo que la Divina Comedia o El paraíso perdido. El sutra Satasahasrika expone la doctrina en cien mil estrofas; el Eksaksari en una sílaba: a. En el sonido de esa vocal se condensa todo el lenguaje, todas las significaciones y, simultáneamente, la final ausencia de significación del lenguaje y del mundo.

Comprender un poema quiere decir, en primer término, oírlo.

Las palabras entran por el oído, aparecen ante los ojos, desaparecen en la contemplación. Toda lectura de un poema tiende a provocar el silencio.

Leer un poema es oírlo con los ojos; oírlo, es verlo con los oídos.

Al leer o escuchar un poema, no olemos, saboreamos o tocamos las palabras. Todas esa sensaciones son imágenes mentales. Para sentir un poema hay que comprenderlo; para comprenderlo: oírlo, verlo, contemplarlo –convertirlo en eco, sombra, nada. Comprensión es ejercicio espiritual.

Duchamp decía: si un objeto de tres dimensiones proyecta una sombra de dos dimensiones, deberíamos imaginar ese objeto desconocido de cuatro dimensiones cuya sombra somos. Por mi parte me fascina la búsqueda del objeto de una dimensión que no arroja sombra alguna.

Cada lector es otro poeta; cada poema, otro poema.

En perpetuo cambio, la poesía no avanza.

En el discurso una frase prepara a la otra; es un encadenamiento con un principio y un fin. En el poema la primera frase contiene a la última y la última evoca a la primera. La poesía es nuestro único recurso contra el tiempo rectilíneo –contra el progreso.

La moral del escritor no está en sus temas ni en sus propósitos sino en su conducta frente al lenguaje.

En poesía la técnica se llama moral: no es una manipulación sino una pasión y un ascetismo.

El falso poeta habla de sí mismo, casi siempre en nombre de los otros. El verdadero poeta habla con los otros al hablar consigo mismo.

La oposición entre obra cerrada y obra abierta no es absoluta. Para consumarse, el poeta hermético necesita la intervención de un lector que lo descifre. El poema abierto complica, asimismo, una estructura mínima: un punto de partida o, como dicen los budistas: un “apoyo” para la meditaxión. En el primer caso, el lector abre el poema; en el segundo, lo completa, lo cierra.

La página en blanco o cubierta únicamente de signos de puntuación es como una jaula sin pájaro. La verdadera obra abierta es aquella que cierra la puerta: el lector, al abrirla, deja escapar al pájaro, al poema.

Abrir el poema en busca de esto y encontrar aquello –siempre otra cosa.

Abierto o cerrado, el poema exige la abolición del poeta que lo escribe y el nacimiento del poeta que lo lee.

La poesía es lucha perpetua contra la significación. Dos extremos: el poema abarca todos los significados, es el significado de todas las significaciones; el poema niega toda significación al lenguaje. En la época moderna la primera tentativa es la de Mallarmé; la segunda, la de Dadá. Un lenguaje más allá del lenguaje o la destrucción del lenguaje por medio del lenguaje.

Dadá fracasó porque creyó que la derrota del lenguaje sería el triunfo del poeta. El surrealismo afirmó la supremacía del lenguaje sobre el poeta. Toca a los poetas jóvenes borrar la distinción entre creador y lector: descubrir el punto de encuentro entre el que habla y el que oye.

Desde la disgregación del catolicismo medieval, el arte se separó de la sociedad. Pronto se convirtió en una religión individual y en el culto privado de unas sectas. Nació la “obra de arte” y la idea correlativa de “contemplación estética”. Kant y todo lo demás. La época que comienza acabará por fin con las “obras” y disolverá la contemplación en el acto. No un arte nuevo: un nuevo ritual, una fiesta, la invención de una forma de pasión que será una repartición del tiempo, el espacio y el lenguaje.

Cumplir a Nietzsche, llevar hasta su límite la negación. Al final nos espera el juego: la fiesta, la consumación dela obra, su encarnación momentánea y su dispersión.

Llevar hasta su límite la negación. Allá nos espera la contemplación; la desencarnación del lenguaje, la transparencia.

Lo que nos propone el budismo es el fin de la relaciones, la abolición de las dialécticas –un silencio que no es la disolución sino la resolución del lenguaje.

El poema debe provocar al laector: obligarlo a oír –a oírse.

Oírse: o irse ¿A dónde?

La actividad poética nace de la desesperación ante la impotencia de la palabra y culmina en el reconocimiento de la omnipotencia del silencio.

No es poeta aquel que no haya sentido la tentación de destruir el lenguaje o de crear otro, aquel que no haya experimentado la fascinación de la no-significación y la no menos aterradora de la significación indecible.

Entre el grito y elcallar, entre el significado que es todos los significados y la ausencia de significación, el poema se levanta. ¿Qué dice ese delgado chorro de palabras? Dice que no dice nada que no hayan ya dicho el silencio y la gritería. Y al decirlo, cesan el ruido y el silencio. Prearia victoria, amenazada siempre por las palabras que no dicen nada, por el sielncio que dice: nada.

Creer en la eternidad del poema sería tanto como creer en la eternidad del lenguaje. Hay que rendirse a la evidencia: los lenguajes nacen y mueren, todos los significados un día dejan de tener significado. ¿Y este dejar de tener significado no es el significado de la significación? Hay que rendirse a la evidencia…

Triunfo de la palabra: el poema es como esos desnudos femeninos de la pintura alemana que simbolizan la victoria de la muerte. Monumentos vivos, gloriosos, de la corrupción de la carne.

La poesía y la matemática son los dos polos extremos del lenguaje. Más allá de ellos no hay nada –el teritorio de lo indecible; entre ellos, el territorio inmenso, pero finito, de la conversación.

Enamorado del silencio, el poeta no tiene más remedio que hablar.

La palabra se apoya en un silencio anterior al habla –un presentimiento del lenguaje. El silencio, después de la palabra, reposa en un lenguaje –es un silencio cifrado. El poema es el tránsito entre uno y otro silencio –entre el querer decir y el callar que funde querer y decir.

Más allá de la sorpresa y de la repetición: –––––


– Octavio Paz, “Recapitulaciones”. Obras completas I: La casa de la presencia.



*2"Hermetismo (literatura)


El hermetismo fue uno de los más importantes movimientos poéticos y de crítica literaria italianos de la primera mitad del siglo XX; sus miembros más importantes fueron Giuseppe Ungaretti (1888-1970), los premios Nobel Eugenio Montale (1896-1981) y Salvatore Quasimodo (1901-1968), Dino Campana (1885-1932) y Mario Luzi (1914-2005).

Su denominación procede del ensayo La poesía hermética (1936) de Francesco Flora, en que este caracterizaba su voluntad de oscuridad y la utilización profusa de analogías que permitían burlar la censura del fascismo. Pocos años después, en 1938, Carlo Bo publicó un ensayo en su Frontespizio, Letteratura come vita, que contenía los fundamentos teórico-metodológicos de la poesía hermética.

El nombre deriva de Hermes Trismegisto, figura legendaria entre los siglos II y III después de Cristo fundadora de una mística pagana inscrita en su Corpus hermeticum y supuestamente heredada de los jeroglíficos egipcios, pero también de Hermes, el dios griego de la magia, del ultramundo y de lo incierto. La poesía hermética deriva del simbolismo (Stephane Mallarmé en especial) y del decadentismo y experimentó el influjo de la poesía pura de Paul Valéry1 y del surrealismo europeo. Fue un fenómeno esencialmente florentino; su órgano oficial fue la revista Campo de Marte dirigida por Alfonso Gatto y Vasco Pratolini.

Aunque inicialmente el término Hermetismo nacía con intención crítica y polémica, lo cierto es que, al final acabó afirmándose para denotar una poesía alejada del gran público, destinada a pocos lectores y concebida, en parte, como una revelación. El hermetismo surgió en los años 20 y tomó fuerza como movimiento entre 1935 y 1940, no estando exenta su popularidad del hecho de que la oscuridad de su expresión le permitía, como se ha dicho, burlar la censura del partido fascista y exorcizar la estupidez del lenguaje triunfalista oficial, pues todos sus autores sienten la misma repugnancia, idéntica angustia, la misma inestabilidad ante un mundo demasiado glorificado y oficialmente optimista para ser verdadero.

Para luchar contra ese lenguaje falso experimentan la necesidad de inventar uno nuevo que los libere. Lo buscaba, por ejemplo, Dino Campana en sus Canti orfici ("Cantos órficos", 1914). Poeta maldito, Campana se pierde en "la noche de feria de la pérfida Babel" y, efectivamente, se volvió loco. Ungaretti escribía también: "los viejos maestros parecen agotados y ya suenan a falsos... El poeta moderno recoge la palabra en situación de crisis, la hace sufrir con él, prueba su intensidad y la iza en la noche". Pero estas preocupaciones formales no estaban exentas del horror que les habían producido las dos guerras mundiales, el fascismo y la colaboración con Hítler. El helenista siciliano Salvatore Quasimodo, premio Nobel, se muestra como el ejemplo más acabado de evolución del movimiento: cultivó una poesía al principio aristocrática, perfeccionista, imitadora de los modelos de la líria griega arcaica que tradujo, mero pasatiempo de intelectual y que, al ponerse en contacto con la vida a partir de 1946, se carga de indignación, para después convertirse en clara expresión de los valores que debían ser instaurados de nuevo en un mundo liberado de sus ponzoñas.2 3 4

Quasimodo expuso en su obra Oboe sumergido (1932) las principales características formales de este modo de labrar poesía: el lenguaje evocador y oscuramente analógico a partir de la asociación de ideas por yuxtaposición, la utilización de sustantivos absolutos (sin usar el artículo), los plurales indeterminados y las imágenes oníricas. Con el hermetismo el texto se sale de lo cotidiano y deviene mensaje atemporal, en el que la literatura no se empeña en propósitos prácticos.

Los herméticos propugnaban una literatura como modelo de vida absoluta, más allá del tiempo, que fuera, así, revelación integral del ser humano. El distanciamiento de la realidad lleva a una poesía concebida como intuición, revelación comunicable sólo mediante analogías. Los poetas herméticos como Giuseppe Ungaretti y Eugenio Montale buscaron la pureza original de la palabra, oponiéndose al énfasis retórico de Gabriele D'Annunzio y a la temática convencional de Giovanni Pascoli, continuando, en cambio, la experiencia simbolista francesa de Mallarmé y Valéry, buscando reasignar al mensaje poético una carga expresiva absoluta que lo alejara del aspecto meramente comunicativo del lenguaje para conseguir, así, una impresión sentimental directa. Buscaron hacer de la palabra en el poema un momento puro y absoluto en el cual culminaran las tensiones existenciales y cognoscitivas de cada uno con el sentido de la vida, no estando exentos de ello los valores religiosos más o menos acentuados.5 6"
© E.R.A.

"La gente habla a veces sobre la crueldad bestial del hombre, pero eso es terriblemente injusto y ofensivo para las bestias, ningún animal podría ser tan cruel como un hombre, tan artístico, tan artísticamente cruel."

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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Gerardo Mont » Jue, 05 May 2016 4:28

Hagamos un trato: consideren que este es una extensión de mi post inicial para no faltar a mi sincera intención de no seguir participando, porque me parece que rodamos sobre lo mismo, tantas veces tratado y que no tiene respuestas concluyentes, sino solamente simpatizantes a posiciones diversas. Pues al grano.

1º) Yo (ojo yo) veo en la poesía metafórica un instrumento para reflejar el estado espiritual y de conocimiento actual. Es una opinión personal basada en mis creencias y lecturas sobre ciencia y lingüística, pero como tal no puede ser demostrada y tampoco descartada. Òscar, no lo ves de esa manera, pero, lo tuyo está expuesto en un plano personal también.

2º) El lenguaje metafórico, fundamentado en un principio diferente al de la prosa, ha sido harto estudiado por lingüistas (lo más aproximado a científicos de la lengua) de renombre, y estudios como los de Jakobson han demostrado que existen dos polos en los que se fundamenta el lenguaje humano. De esto ya he hablado mucho y con múltiples citas y abundante bibliografía. Tú mi estimado amigo, sencillamente lo pasas por alto y así caemos (ambos) en un estira y encoje de opiniones personales. Sin embargo, la verdad tras todo esto, es que los conceptos que tú manejas han cambiado y lo refleja la poesía moderna y universal. Mucha de la poesía actual es difícil de entender racionalmente, sin embargo, gana premios de gran renombre y a mí me fascina (casi como las complejas teorías que hoy en día propone la ciencia). Pues bien, respecto a esto, no puedo decir que la discusión se establece en un plano personal porque cuando trato el tema, me apego a citas y ejemplos de aquellos que facultados por la Academia para dilucidar el tema se han dedicado muchas décadas a establecer las bases. Te cuento que cuando empecé a participar sobre el tema en los foros, asumí que la teoría que se manejaba era más o menos lo que se había desarrollado en los últimos tiempos, pero poco a poco me di cuenta que la mayoría maneja los conceptos desarrollados por poetas y críticos (no lingüistas) y a veces, muy antiguos. Y aunque eso sea así, quien pretenda estudiar en serio el tema, o formarse como un crítico serio, debe ajustarse a esos nuevos conocimientos. Pero si a pesar de todo se sigue apegando a sus creencias, debe al menos, en honor a la razón y al bagaje intelectual de la humanidad presente, reconocer que aunque no es de su gusto es lo que se ha desarrollado al presente. Implica, mi estimado amigo, que la “metaforización” del texto (tal cual he presentado con múltiples citas, en múltiples oportunidades), es requisito para que la poesía sea tal, y además existe la posibilidad, más bien la necesidad de crear nuevas formas de decir las cosas bajo este principio, por lo cual hay y habrá muchísima de esa “cripticidad” que tú señalas hoy y en adelante, porque cada nueva forma de decir, para aquel que no esté familiarizado con ese proceso de metaforización, implica un esfuerzo extra, un “establecer semejanzas” continuamente. Claro está que hay que gente a la que se le facilita, quizás (dicen los lingüistas) por algún factor genético. La facilidad interpretativa de algunos elementos que se usan en poesía, se debe en gran parte a su uso continuo que tarde o temprano desemboca en el lugar común, perdiendo su calidad creativa y ese factor de originalidad que hace de la poesía un instrumento propio del poeta, para comunicar sus verdades. Pero insisto no se puede prescindir de estos conceptos, sencillamente porque a ellos se ha llegado después de décadas de estudio profundo y científico.

3º) Aunque hasta ahora no habías dado a conocer que tu crítica va dirigida a aquellos que metaforizan sin ningún sentido o dirección, ni para ellos mismos (de los cuales no me he encontrado ninguno, pero sí muchos a los que no se me hace fácil comprender), tengo que decirte, que existen muchas formas de expresar metafóricamente cualidades de una persona o cosa. Por ejemplo, Neruda, utilizaba algunas veces, una serie de elementos que en conjunto apuntaban hacia una cualidad específica. Un ejemplo (no de Neruda): “Mujer ¿qué has hecho en mí? Serpiente de la piedra, a la que una honda antigua diera nombre. Mujer de Oymyakon, avispa de mar, en tu umbrela el corazón de basalto…” Una serie de atributos: Frío intenso, criatura venenosa en extremo, piedra durísima y opaca, se atribuyen a la mujer serpiente de la piedra a la que una honda antigua diera nombre (alusión clara a la honda y la piedra que derribó a Goliat). Pues ese es un proceso metafórico complejo, pero válido de acuerdo a los preceptos modernos. Creo, compañero, en lo que llamo metáfora condensada, que es aquella que tiene la capacidad de expresar en pocas letras lo que en prosa requeriría páginas. Para mí esa es la máxima expresión creativa en poesía.

Entonces, compañero, no hay forma de descartar la metáfora, por más compleja que sea si obedece al principio de semejanza. Paso a otros ejemplos:
“Tras tu casa esa montaña de pumas desgarra tu débil carne, con el fuego de incisivos en los ojos” Bueno, “esa montaña” se complementa con “de pumas” y “desgarra la débil carne, con el fuego de incisivos en los ojos” confiere y limita el significado. “Montaña de pumas” se refiere (poéticamente) a una montaña oscura, donde habitan depredadores, pero “que desgarran la débil carne” señala en paralelo a lo que hace el depredador, al pecado de la carne (sexual). Y “con el fuego de incisivos en los ojos”, apunta hacia un acoso ardiente y peligroso en los ojos de algún hombre… “Huele a peligro”, jeje. Pues bien, según Cohen, esta es una complementación impertinente, la cual es propia del lenguaje poético, porque no se acoge al lenguaje denotativo, sino connotativo, lo cual requiere que el lector después del choque inicial, vuelva a codificar el mensaje para captar la carga emocional, las nuevas connotaciones. Ese choque no hubiera sucedido si el mensaje dijera: “Ese hombre que te acosa en tu casa, con su mirada lasciva está doblegando tu virtud”.

Veamos otro ejemplo que le he robado a un compañero que ya no nos visita:
“Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados”. (Alfonsina Storni)

Notamos cuatro complementos impertinentes: Un adjetivo, “terrosas” y tres grupos nominales “de rocío”, “de hierbas” y “de musgos escardados”. La gran densidad poética del fragmento es innegable y nos recuerda el suicidio de Alfonsina.
Ahora sí, para conceder una posibilidad a lo que expones, hablemos del absurdo. Por ejemplo si se dice: “Tras tu casa, una lluvia de sombrillas y un taxi pa’que escojas como manejar el temblor de tus ventanas”, podríamos reconocer algún nivel de automatismo, aunque se le podría encontrar significado y belleza. Pero vamos más allá: “El pan de tus rodillas, las rosquillas de tu pelo. Tu cocina”. Es difícil establecer una semejanza entre el pan y las rodillas o las rosquillas y el pelo. Caemos en lo absurdo del surrealismo. Aunque a esto no se le podría llamar metaforización porque no obedece al principio de semejanza, sigue siendo válido si la voluntad del autor es escribir de tal manera y será el lector el que determine de acuerdo a su manera de procesar, si le gustó o no, si le emocionó o no.

4º) Ahora me refiero al ejemplo que pones de mi traducción de un poemilla también mío. Creo que cuando la metaforización es correcta permite una traducción a prosa, pues son formas diferentes de decir una misma cosa y cuando me lo soliciten o cuando se me antoja hago la traducción. No creo que solamente cuando hay referencias a conocimientos poco generalizados se deba aportar datos extra o investigar. Como ya dije, creo en la metáfora condensada y buscar en ella permite aprehender mucho mejor el mensaje. Sin embargo, insisto, con un poco de esfuerzo (como los ejemplos anteriores demuestran) se pueden establecer las semejanzas y llegar al mensaje. Pero, claro, cuando el mensaje se puede catalogar como “lugar común”, de inmediato sabes de que trata el texto, pero estaríamos condenados a decir lo mismo siempre. Por otra parte, las claves son necesarias cuando las semejanzas no son suficientes, porque si no se escriben dos textos entremezclados: el primero poético y el segundo en prosa. No hay que menospreciar la inteligencia o la sensibilidad de los lectores.

Un gran abrazo.
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Óscar Distéfano » Jue, 05 May 2016 12:16

Gerardo: te estoy respondiendo desde un móvil. No puedo explayarme mucho. En esta última intervención has interpretado mal mi respuesta. No estoy en contra del lenguaje metafórico. No entiendo porqué me haces aparecer como lo que no soy. Te pediría que te sosiegues, amigo. Aún falta mucho por discutir. Y también pe pediría que dejes de insinuar con tu no participación y con tu cansancio. Decidete si te quedas o te vas, para proseguir el debate sin ventajas psicológicas para nadie.

un abrazo.
Óscar
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Ignacio Mincholed » Jue, 05 May 2016 12:30

Óscar, me he limitado a seguir tu senda expositiva, y a comentar algunas de tus concepciones implicándome según mi criterio; nada más. Como punto final, he abierto el capítulo de la farsa cargando las tintas no hacia lo hermético sino hacia lo falaz, no por falso sino por las pretensiones engañosas que conlleva. Yo no abogo por el “indefenso lector” ante lo hermético exigiendo al poeta orientación; en cambio, sí soy beligerante con el poeta farsante.

Estuve tentado por introducir una aclaración entre críptico y hermético, y la dejé pasar por no sacar flecos al asunto; pero debí hacerlo ya que en el título, Óscar, queda viciado el debate al hacer sinónimos esos conceptos. Existen matices de gran interés e importancia entre críptico y hermético. Lo críptico supone una connotación de desvirtuar, de camuflar con una intención de oscuridad. Lo hermético supone preservar, hacer impenetrable aquello que así queremos mantener. Esta fue la tentación que dejé pasar y que ahora veo más necesaria poner de manifiesto a colación del texto de Octavio Paz señalado certeramente por Era. Paz alude al “falso poeta”, y esa es la clave. Asimilar el debate considerando al “verdadero poeta” y descartando al “falso poeta”.

De ahí mi defensa hacia el poeta que exponga lo que mejor desee sin limite alguno, ya que considero que es poeta y no un farsante, y, si no estoy entre los iniciados no será achacable al poeta mi falta de entendimiento. Muy diferente de aquel que pretende crear oscuridad donde sólo hay fango y pretende camuflar un sentir donde no hay nada.


[A la vista del nuevo post de Gerardo, me atrevo a decir que Óscar no ha apuntado en ningún momento a descartar la metáfora. Entiendo que no es la metáfora lo que está en debate, sino los oscuros tratamientos en un intento falaz por rizar el rizo].

Saludos y un abrazo.
Ignacio
 
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Marius Gabureanu » Jue, 05 May 2016 14:44

Hola, estimados amigos/as, es un debate muy enriquecedor, que ha beneficiado de aportes valiosos de cada persona que ha dejado su respuesta, hay tanta información que probablemente necesitaré leer más ( ya lo he hecho dos veces). Os agradezco. He sentido en la respuesta de E.R.A una pasión especial, más el espacio que ha dejado entre las lineas me ha facilitado la lectura, así que le agradezco doblemente el esfuerzo y tiempo dedicado.
He aquí mi punto de vista, soy uno de los que tiene versos crípticos y versos herméticos en casi todo lo que escribe, pero yo le encuentro belleza a esto, y no está en mis posibilidades dejarles una argumentación, pero les dejo un ejemplo que viene al tema, donde casi todos los versos son así. Abrazos.

La disección

Se coge un poema
muerto -estrellado-
se apartan sus miembros inferiores,
se cuentan una vez más sus dedos de luna,
se averigua si poseen o están poseidos por uñas suficientemente largas
para enterarlas en gargantas de silencio.
Se apartan sus miembros con la intención -inútil- de descubrir
el sexo caduco, ya que no hay papel que conserve la hormona
que regó su especie.
Generalmente los poemas, los muertos -estrellados-
sufren una desfiguración invernal.
Como un campo, los puntos que no se ven
son cuervos nevados.
Se trae un cura -un arquetipo de criterio-, un cóctel de cruces
del que beben las bocas que nunca han besado el clítoris de la verdad.
Digamos vírgenes de infamia.
Se cose con agujas que saben aplaudir, de las que tienen los reyes en el alma.
Agujas de sangre noble, que muchos confunden con la esperanza.
Se ausenta una patria, se inventa el lector.
Para ese tiempo, en las afueras, alguien lee en la biblioteca de los charcos.
Alguien de ojos carcomidos por el viento
descubre la ecuación del desastre
y la somete a la inquisición de las farolas,
la desprende de su dios de barro,
la deposita en la cárcel del ojo.
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos o herméticos

por Óscar Distéfano » Jue, 05 May 2016 21:20

Bueno, ahora Ignacio presenta un nuevo problema interpretativo: cripticismo o hermetismo. Como ambos términos figuran en el título de mi texto, y como yo no he pretendido de los vocablos en cuestión características de sinonimia, conviene estudiarlos y aclarar este asunto, antes de proseguir. Quizás no sea buen método, pero empecemos por el DRAE.

críptico, ca (tomo sólo las acepciones que corresponden al tema)
Del gr. κρυπτικός kryptikós 'oculto'.
1. adj. Perteneciente o relativo a la criptografía.
2. adj. Oscuro, enigmático.

criptografía
Del gr. κρυπτός kryptós 'oculto' y -grafía.
1. f. Arte de escribir con clave secreta o de un modo enigmático.

hermético, ca
Del lat. mediev. hermeticus, y este der. del lat. tardío Hermes [Trismegistus] 'Hermes [Trimegisto]', nombre griego del dios egipcio Tot, a quien le atribuyeron conocimientos esotéricos y de alquimia.
2. adj. Impenetrable, cerrado, aun tratándose de algo inmaterial.
3. adj. Dicho de una corriente filosófico-religiosa: Seguidora de los escritos atribuidos a Hermes Trimegisto. (hay material en Wikipedia)

Ahora los conceptos de Ignacio:

Estuve tentado por introducir una aclaración entre críptico y hermético, y la dejé pasar por no sacar flecos al asunto; pero debí hacerlo ya que en el título, Óscar, queda viciado el debate al hacer sinónimos esos conceptos. Existen matices de gran interés e importancia entre críptico y hermético. Lo críptico supone una connotación de desvirtuar, de camuflar con una intención de oscuridad. Lo hermético supone preservar, hacer impenetrable aquello que así queremos mantener. Esta fue la tentación que dejé pasar y que ahora veo más necesaria poner de manifiesto a colación del texto de Octavio Paz señalado certeramente por Era. Paz alude al “falso poeta”, y esa es la clave. Asimilar el debate considerando al “verdadero poeta” y descartando al “falso poeta”.

Bien, es cierto que existe una diferencia significativa a la hora de profundizar en sus etimologías; pero, en el sentido ético, ambos conceptos pueden ser utilizados con intencionalidad arbitraria (ya sea noble o innoble). Para los propósitos del tema propuesto, no creo que sea muy relevante diferenciarlos tan puntillosamente. Quiero creer que tanto en el poema críptico como en el hermético, el poeta o autor del poema esconde el mensaje y se guarda la llave. Quizás el poema críptico sea un poco menos ético que el hermético, y con esta duda yo he reconocido (con más intuición que conocimiento) la sutil diferencia cuando me referí a Mallarmé, Celam, Valente, etc. , como poetas herméticos, cuyos poemas son pasibles de ser desentrañados sin ayuda autoral, posibilidad que está reducido a un número determinado y especial de personas. De cualquier manera, asumo que el título confunde, y que me he equivocado en no haber utilizado la conjunción “y”, que nos determina claramente la adición. Corrijo pues el título, y te agradezco tu observación atinada.

Convengamos, entonces, si os parece, dar por válida la aclaración hecha por Ignacio. Seguimos:

Óscar, me he limitado a seguir tu senda expositiva, y a comentar algunas de tus concepciones implicándome según mi criterio; nada más. Como punto final, he abierto el capítulo de la farsa cargando las tintas no hacia lo hermético sino hacia lo falaz, no por falso sino por las pretensiones engañosas que conlleva. Yo no abogo por el “indefenso lector” ante lo hermético exigiendo al poeta orientación; en cambio, sí soy beligerante con el poeta farsante. (Ignacio, dixit)

Ninguna objeción hago a esta aclaración en lo referente a la forma de implicancia. Yo también practico esa forma.
Quiero aclarar, de paso, que yo tampoco exijo del poeta una orientación. Lo que yo digo es que si el poeta “tramposo” se guardara la llave para siempre, el trabajo poético se convertiría en un poema fallido, ya que su finalidad existencial, cual es la comunicación, volverá a fojas cero. En este punto, no he utilizado la expresión: "poeta falso", porque este concepto descalifica al poeta para todos sus trabajos. Sin embargo, si decimos "poeta tramposo" sólo nos referimos a un poema, a la obra donde se ha aplicado lo críptico. Además, un "poeta verdadero", en determinadas circunstancias, también puede convertirse en un "poeta tramposo".

Ignacio: cambiado de tema, creo que deberíamos debatir en otro post el tema: “La libertad infinita del poeta”, porque, a fuer de meditarlo, aún discrepo contigo.

Saludos.
Óscar
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por Carmen López » Vie, 06 May 2016 1:27

Sin profundizar en los muchos temas que se han tocado en el post.

Yo creo firmemente que la naturaleza del poeta es comunicar, y en esa naturaleza hay poemas que son muy claros , otros más herméticos, incluso los hay crípticos, pero en general se nos transmite un sentimiento, un estado de ánimo, una situación, una historia… que por regla general puede ser interpretada.

Fuera de lo que sería puramente escritura automática y por tanto del subconsciente del autor, algo que creo que ya ha pasado de moda, y se practica muy poco, no hay tantos poetas que no sean entendibles o que sean ininteligibles.

De la misma forma creo que la naturaleza del lector es interpretar de un modo propio, sólo hay que ver cómo nos fastidia no poder hacerlo a algunos, me incluyo irremediablemente en ello, es algo muy obvio.

Hablar de poetas tramposos con el lector, me parece una sentencia, un término totalmente irreal en poesía. En cine, hay un término muy claro, para ello se llama Mcguffin, término que acuñó Hitchcock, poner en la trama un elemento que no tiene ninguna relevancia argumental con la intención de confundir al espectador, para crear suspense…yo, lo observo con mucha frecuencia en el cine, pero, no lo veo en general en poesía, pues implica una clara intencionalidad de confundir al lector, que creo que en poesía no se da. Sí, por el contrario, existe el hecho de dejar los poemas abiertos , lo cual no me parece una trampa, puedo comunicar por ejemplo aflicción sin decir qué es lo que me aflige y no creo ser tramposa por ello. En cuanto a lo de falsos poetas… es un término que todavía entiendo menos, pues, siempre conlleva la pregunta para quién y hablaríamos de mayorías o minorías, algo que también es puramente subjetivo en el tiempo.

Pongo un ejemplo de una canción de Perales…

Mirándote a los ojos juraría
que tienes algo nuevo que contarme.
Empieza ya mujer no tengas miedo,
quizá para mañana sea tarde,
quizá para mañana sea tarde.

¿Y Cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale,
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón, que me ha robado todo.

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale,
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón que me ha robado todo.

Arréglate mujer se te hace tarde
y llévate el paraguas por si llueve.
Él te estará esperando para amarte
y yo estaré celoso de perderte.

Y abrígate, te sienta bien ese vestido gris.
Sonríete, que no sospeche que has llorado.
Y déjame que vaya preparando mi equipaje.
Perdóname si te hago otra pregunta.

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale,
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón que me ha robado todo.

¿Y cómo es él?
¿En qué lugar se enamoró de ti?
¿De dónde es?
¿A qué dedica el tiempo libre?
Pregúntale,
¿Por qué ha robado un trozo de mi vida?
Es un ladrón que me ha robado todo.

El mensaje nos llega muy claro, muy nítido, no es hermético, ni críptico, ¿verdad?

A esta canción se la conoce mayoritariamente en España como la de “los cuernos”, fue número 1 en España, y todo el mundo entiende que el que cuenta la historia es el marido, que le habla a su mujer del amante de ésta, pues bien, nada más lejos de la intención del autor, se la dedicó a su hija cuando ésta le anunció que se había prometido. ¿Es una canción tramposa?, ¿es críptica?, ¿es hermética?. Perales, se quedó perplejo ante la interpretación mayoritaria de la audiencia, ambas dos, si se lee de nuevo la canción pueden ser correctas, en este caso el público inventó otra canción y además la llevó al número 1 de las listas de éxito, yo no veo nada malo en ello, ni por parte del autor, ni del público, no hay falsedad, ni trampa.

Las probabilidades receptivas son infinitas….y no hay ninguna ley tácita de probabilidades receptivas.

La naturaleza del lector es interpretar…y todo aquello que no podemos interpretar sin equivoco o que se nos escapa a un total entendimiento (propio), nos sonará irremediablemente un poco hermético o críptico, a veces sin serlo y sin ninguna intención de serlo.

Saludos.
La primera tarea del poeta es desanclar en nosotros una materia que quiere soñar.
Gastón Bachelar.
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por Ignacio Mincholed » Vie, 06 May 2016 2:38

Claro, Óscar, cuando mejor te parezca. Encantado.

Sólo un par de aclaraciones sobre lo último que comentas. No es ser puntilloso, no en cuanto a buscarle cinco píes al gato, sino cuestión de ser preciso. Los sinónimos no son tales cuando entramos en terrenos fuera de lo denominativo. En lo parecido hay diferencias. Y, de ahí, la necesidad de precisión.

En cuanto a “falso” referido al poeta. Tras el texto de Octavio Paz, cuando he dicho, Paz alude al “poeta falso”, me ha parecido esclarecedor, viniendo de él, aplicar su término como extensión en el sentido. Yo me he referido a farsante en cuanto a mi exposición.

Saludos y un abrazo.
Ignacio
 
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por Gerardo Mont » Vie, 06 May 2016 2:40

Oscar dijo: "Gerardo: te estoy respondiendo desde un móvil. No puedo explayarme mucho. En esta última intervención has interpretado mal mi respuesta. No estoy en contra del lenguaje metafórico. No entiendo porqué me haces aparecer como lo que no soy. Te pediría que te sosiegues, amigo. Aún falta mucho por discutir. Y también pe pediría que dejes de insinuar con tu no participación y con tu cansancio. Decidete si te quedas o te vas, para proseguir el debate sin ventajas psicológicas para nadie".



Óscar, amigo, estás sensible. Siempre te he respondido con mucho respeto, a pesar de las muchas veces que me pides llaves (es decir me consideras críptico). Me aplico a traducir mis poemas a prosa y explico la forma de afrontar un escrito que ha sido metaforizado y las características que hay que contemplar en tales casos. A veces es divertido y a veces cansado, pero nunca me he enojado, sin embargo, creo que tal situación personal, me da completo derecho a creer que tienes algo contra ese lenguaje que se llama metafórico – que no es una suma de eso que comúnmente llamamos metáforas –, o al menos contra las mías, y probablemente con esa intención has citado un poema mío, muy antiguo y con traducción. Sin embargo, eso no es suficiente para problemas, a mí en realidad me interesa aclarar el tema a algunos que pudieran leernos (la perspectiva moderna del mismo), para que no se abstengan de crear que – estoy seguro – después de un tiempo depurarán su arte y su voz propia. Esto último me interesa: que cada cual desarrolle su voz propia y no se limite a repetir el trabajo de otros ocultando con algunos arreglos “lo mismo que dijeron tantos” (cita de una canción). Esto sí me parece una trampa.

No tengo que sosegarme nada. Tu pensamiento sufre un giro en este momento ante mis ojos. Y si tu deseo es tratar solamente ese nuevo aspecto que yo no conozco ni te conocía, sobre un “cripticismo tramposo”, pues empieza por dar ejemplos y limitar adecuadamente el tema, porque el otro cripticismo que muchas veces has señalado (a mí y a otros), ya ha sido muy tratado y es cansado siempre girar y girar sobre lo mismo. Yo no tengo ningún interés en hacerte parecer de alguna manera. Lo único que me ha movido es defender los conceptos modernos sobre la poesía, a los que en el pasado te has opuesto. Yo no insinúo nada…Aquello me cansa pero algo me impele a seguir defendiendo lo que sé (basado en la teoría de los lingüistas que he citado y otros).

Yo no juego a las ventajas psicológicas. Te voy a decir muy claramente, que no soy críptico, soy metafórico y una y otra vez te he explicado los principios que bajo esta perspectiva se aplican. Sin embargo, defiendo también a los crípticos o herméticos o como se llamen porque tienen un espacio infinito en la psique humana y en los multiversos, para desarrollarse. Mi amigo, es una posibilidad que nadie puede cerrar, y una opción que el autor puede escoger, sin que nadie tenga derecho a decirle que hace mal, porque la teoría moderna lo permite.

Pues bien, me voy y me quedo (paradoja cuántica jeje). Haces unos días me iba, después volví, y tú me traes de nuevo, insinuando que uso armas desleales y nunca pero nunca lo hago. Me voy y me quedo, mi voluntad luego dirá...

Vuelve a leer tu propuesta, limítala a los tramposos y por favor dame ejemplos, que sinceramente, no he leído a ninguno en mi vida. He leído semejanzas mal logradas o poco refinadas, pero no tramposas…De verdad. Lo primero tiene cura, lo segundo es muy difícil que se cure. Lo más aproximado a una trampa que leí, fue en otro foro, años atrás, donde alguien denunció que un supuesto poeta había hecho un cambio de palabras a unos versos muy conocidos, para lograr exactamente el mismo ritmo, pero desde mi perspectiva los versos carecían de “poeticidad” y en prosa eso ocurre continuamente.

Un abrazo grande y adelante.
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por M. Sánchez » Vie, 06 May 2016 7:00

Como el tema tratado en este caso es, a mi entender, y con ligera variante de presentación, el mismo que ha sido tratado en otras ocasiones, y que detrás de las palabras críptico y hermético lo que existe es la incomprensión, me parece que lo que procede es posicionarse una vez más para de esta forma sostener una visión antigua.

No olvido que tengo inteligencia, voluntad, memoria ( cada vez menos) y que manejo un invento que se llama lenguaje del cual me valgo para mostrar algo de mí, y por tanto que sea reconocible y que permita ser compartido. Esta es la parte de la realidad que me atañe de manera directa y que me involucra en la vida emocional en mayor medida. Después está el campo de las sensaciones placenteras o no, que el espíritu es capaz de captar como consecuencia de una lectura, dando por hecho que el ámbito de la incomprensión tiene sus adeptos, y que en el hecho mismo de la incomprensión existe también una posibilidad de placer para algunos.

Todo es susceptible de ser utilizado para fines diferentes de los que fue creado, el lenguaje también ( un ejemplo es la mentira), y no solo eso, hay personas que disfrutan utilizando cualquier instrumento desnaturalizadamente…………..nada que objetar. El lenguaje tiene en su ser el significado que le hemos querido dar ( es un acuerdo) pero lo tiene para algo, y una vez acordado el mismo, romper ese acuerdo supone inmediatamente la incomprensión y en general la imposibilidad de participar en el mismo juego. La relatividad termina cuando se asignan elementos de acuerdo: por ejemplo, se pueden crear infinitos sistemas numéricos utilizando diferentes bases de numeración, pero una vez elegido el decimal, dos más tres son siempre cinco, y si no lo son y nos empeñamos en que no lo sean, estamos en el campo de la irracionalidad, de los malos entendidos, de la confusión.

La poesía se vale del lenguaje, ¡nada menos!, pero nada más.
El asunto es que una palabra sugiere muchas cosas, además de su significado semántico, todas aquellas que la mente humana sea capaz de relacionar porque su imaginación y su biografía se lo permitan, y no digamos nada de la asociación de palabras y de las ideas. La elección del tipo de poesía y su disfrute dependerá de la personalidad del lector.
 
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Re: Consideraciones sobre los poemas crípticos y herméticos

por Óscar Distéfano » Vie, 06 May 2016 18:48

Gerardo: no tengo nada contra el lenguaje metafórico (Ignacio ha comprendido esto). No tengo nada contra ti. Pienso que eres críptico en algunos poemas; en otros, no (en el sentido de que tus símbolos no son convencionales, porque tienes una fijación con los lugares comunes, una necesidad casi obsesiva con la originalidad). No pretendas asignarte el paradigma de los metafóricos. No me quieras ver en una dimensión poética distinta a los poetas contemporáneos, a los poetas que como tú, escriben en un lenguaje metafórico. Tengo yo también poemas muy íntimos, herméticos (aunque nunca tramposos). Nada te puede dar derecho a agredirme, a "adivinar" lo que pienso o creo. Tus especulaciones nacen de una convicción sofista. Has hecho mal las secuencias del silogismo, amigo. Nuestros lectores, es cierto, se percatarán de quién se está yendo por la tangente. Sácate esa tirria que tienes en mi contra y sigamos debatiendo el tema. Como habrás podido comprobar, tengo la suficiente humildad como para reconocer mis errores. Sin embargo, tú no quieres aceptar que te estás equivocando conmigo. Todavía no he visto nobleza en tus respuestas.

Saludos cordiales.
Óscar
La improvisación está a un nivel muy bajo en comparación con las ideas elaboradas con seriedad y esfuerzo. (Nietzsche)

La poesía se atrofia cuando se aleja demasiado de la música. (Ezra Pound)

La poesía no es escribirla, es corregirla. (Ida Vitale)



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